domingo, 30 de junio de 2019

D&D 5ed - EN LO PROFUNDO - Sesión 4 - SERVICIO DE LIMPIEZA y CONFUSIÓN EN BANDEJA

El silencio hacía más sonoras las respiraciones de Kirk, Rando, Shail, Therai y Zantaman, conforme recuperaban el resuello y dejaban que sus cuerpos aprendiesen a tolerar el dolor sufrido. De hecho, cuando Shail volvió en sí, administró algunas de las oraciones de que aún disponía para recuperar parte de la vitalidad y salud perdidas por sus compañeros.
Mientras lo hacía, no fue difícil darse cuenta de que algo no iba bien, cuando todos escucharon un sonido retumbante y rítmico, como si algo caminase pesadamente en su dirección. Entonces, al echar un vistazo en una de las entradas no investigadas de la zona en la que estaban descansando, un escalofrío recorrió sus espaldas al ver una monstruosidad rocosa con aspecto de tosca estatua agacharse para salir de su interior pesadamente. A toda velocidad, tanto como sus doloridos cuerpos daban de sí, se alejaron en dirección a la fuente necrótica, tratando de salir del alcance de aquel terror rocoso. Mientras se marchaban, escucharon tras ellos que los pesados pasos de la criatura-estatua no modificaban su cadencia, y de vez en cuando se detenían, para alejarse, repitiendo la cadencia en varias ocasiones.
Tal comportamiento resultó del todo curioso, tanto como para hacer que Kirk se asomase a ver qué sucedía, viendo aturdido como la criatura, lejos de defender la posición del combate previo, se limitaba a recoger los restos de los enemigos abatidos, y llevarlos por donde había salido, hasta que no quedó rastro de ellos, momento en que la estatua viviente dejó de moverse fuera de la habitación recién descubierta, quedando todo de nuevo en silencio.
Extrañados, confundidos y... por qué no, aliviados, los aventureros avanzaron de nuevo a la habitación, ahora completamente libre de deshechos de batalla. Pensando en si debían agredir al extraño guardián, sopesaron sus opciones, en las cuales Therai y Zantaman estuvieron, por un momento, de acuerdo en que lo mejor sería olvidarse de provocar su ira.
Aún así, la curiosidad por lo extraordinario y nuevo podía más con Kirk y su compañero Rando, y comenzaron a investigar el lugar de la lucha, seguidos de cerca por Shail y Zantaman, y a varios pasos de distancia, de forma desconfiada, por Therai quien, aunque no confiaba demasiado aún en sus aliados laborales, confiaba aún menos en quedar solo en un lugar donde las amenazas saltaban (literalmente) desde cada esquina.
Así, haciendo una primera búsqueda, Kirk hizo gala de sus habilidades mecánicas al percatarse de una gran placa de presión ante una cripta (vacía, como así se atestiguaría, después de investigarla), la cual fue capaz de poner fuera de combate con un estudio concienzudo de su mecanismo y la anulación del mismo... con una prueba sobre la marcha para comprobar la eficacia por parte de Rando, quien saltó a pisotones sobre la misma hasta convencerse de que aquella trampa que disparaba una lluvia de lanzas desde una pared cercana había quedado desactivada.
Después de aquella, fue el turno de Zantaman al observar que, justo ante la sala por la que había salido la criatura de piedra, había unos relieves en el suelo grabados, difíciles de apreciar, pero esparciendo algo de polvo sobre ellos, el estudioso descubrió que se trataba de un mecanismo arcano que desataría un infierno de llamas sobre quien activase su poder al pasar por encima.
Kirk, una vez más, y guiado prudentemente por los conocimientos sobre runas y mecanismos mágicos de protección que Zantaman poseía, encontró las runas clave que agrietar apropiadamente, hasta que la energía mágica fluyó inofensiva fuera de la trama tallada. Ahora podrían entrar en la "guarida de la bestia"... aunque sólo Kirk, por algún motivo, estaba entusiasmado por ello. De hecho, al entrar, se dio cuenta de que en aquel lugar había una ingente cantidad de cadáveres en diversos estados de descomposición, entre ellos restos que parecían de aventureros como ellos, además de las criaturas con las que habían acabado en su último combate, y también cuerpos de aldeanos, comerciantes y viajeros perdidos del camino de Alto Castillo... lo que revelaba que, algunos de ellos habían llegado a parar aquí, pero la pequeña cantidad de los mismos no daba respuesta a todos los avisos de desapariciones recibidos por la Guardia de Ander durante los últimos años.

Aquello no cuadraba.

Y el único testigo, silencioso e inerte, era el guardián de piedra frente a los cadáveres, que sólo reaccionaba si alguien se acercaba a ellos y trataba de sacarlos de allí, pero no ocurría nada si sólo los observaba. Poca información se podría sacar de aquella manera.
Dejando aquel enigma para más tarde, el grupo continuó investigando la sala de la mesa de disecciones, y entre las tumbas, halló la que parecía de una dama de alta alcurnia, en cuyo interior se encontró no sólo sus restos mortales, sino también un hermoso espejo de plata tallada, que podría ser de utilidad, tanto para comerciar con él como para otros menesteres, llegado el momento.
Uno de los hallazgos más sorprendentes fue, en una tumba que parecía de un hombre joven, cuyo texto hacía referencia a un maestro armero con una habilidad extraordinaria con espadas, hojas y estoques, tal era su destreza que a menudo combatía sin siquiera una armadura pesada o escudo que protegiesen su cuerpo, el cadáver abrazaba con gesto protector una elaborada espada corta en perfectas condiciones, la cual, siendo concienzudamente estudiada por Therai y Zantaman, parecía forjada y labrada en los intrincados secretos de la magia. Ávido de poseer aquel tesoro sin par, Kirk decidió apoderarse de ella, sustituyendo su fiel espada corta por aquella belleza. La espada, en su mano, parecía guiar firme y rápida su muñeca con estocadas precisas, aunque su poder se desvanecía pasados unos instantes, como si el impulso de la misma sólo valiese para momentos concretos. Aún así, era una reliquia digna de apreciar por una mano ágil como la suya, y como tal, la guardó con celo, ante los suspicaces ojos de sus aliados.
Continuando su periplo, ya que Kirk parecía tan ávido de conocer los entresijos de aquel lugar, fue el primero en seguir avanzando por un recodo cercano fuera del osario del guardián de piedra, hasta una esquina en la que las catacumbas ya no parecían tener más accesos interiores, no sin antes percatarse de que, en el acceso, una extraña protección mecánica podría haberlos encerrado de forma indefinida en un área sin salida de las catacumbas, dejando que muriesen de hambre, sed, o falta de aire. Por tanto, antes de continuar el paso, estudió con detalle la zona hasta hallar los disparadores de presión que existían en el suelo, y con precisión milimétrica los inutilizó, colocando unos resaltos en las placas que impedían el descenso de las mismas para activar la trampa, así como la anulación del propio mecanismo disparador para que, con independencia de la presión, éste no hiciese activarse los resortes de los muros deslizantes.
Allí, en el interior de una tumba, un habitante de la otra vida trató de ejecutar sus últimas órdenes, sorprendiendo a Kirk y Rando al saltar de su lugar de reposo y atacar con velocidad y fiereza, resguardado en una oxidada armadura de combate, protegido por un viejo escudo de metal herrumbroso, y combatiendo con una estropeada (pero letal) espada. Por suerte, la velocidad y el poder combativo estaban del lado de Rando y Kirk, coordinados en su lucha para acosar por doquier al monstruo, y apoyados desde la lejanía por el fuego sagrado de Shail, los proyectiles ígneos de Therai, y los fracasos mágicos de Zantaman, que apenas sí llegaba a alcanzar al enemigo con su propia versión fallida de una saeta llameante. No obstante, la ayuda de todo el equipo fue fundamental, porque no sólo los combatientes se vieron sobresaltados por el nomuerto, sino que una araña enorme, del tamaño de un perro, decidió que aquellos nuevos visitantes estaban lo bastante jugosos como para ser su comida, tras mucho tiempo de hambruna entre criaturas que se agitaban en aquellas catacumbas, pero que no disponían de fluidos para ser comestibles.
(En este mapa de eventos hay un "Gazapo-Spoiler" de la siguiente sesión)
Por suerte, la magia a distancia fue mucho más eficaz en el momento del ataque del monstruoso insecto, que fue atrapado por una andanada combinada de fuego arcano y divino, convertida prácticamente en un frito de insecto al instante, antes incluso de que su telaraña pudiese atrapar a Kirk, el más "comestible" por tamaño de los dos luchadores.
Mientras Rando se apoyaba en el féretro rocoso más cercano al osario, Kirk había visto por el rabillo del ojo que, en el interior del féretro del muerto viviente, una hermosa (y enjoyada) gargantilla de adorno (masculino) había quedado desechada por el ser al atacarlos, y aparecía abandonada en el lecho de la tumba, momento en que se apoderó de ella.
Rando, por no ser menos, decidió abrir la tumba en la que reposaba, hallando, curiosamente, sólo un esqueleto inmaculado, cuyo cráneo estaba sorprendentemente pulido y bien conservado, y desprendía un aura de fuerza nigromántica, captada por Zantaman.
Curioso en su descubrimiento, decidió tomar entre sus manos la calavera, y de pronto un flash de luz violeta brotó de las cuencas ojos de la misma, y se introdujo como una bruma por los ojos de Rando, haciendo que cayese de rodillas, con la mirada perdida y un leve brillo violeta en sus pupilas, inmóvil, y balbuceando.
En la visión, un guardián estaba siendo testigo de un ataque dentro del alcázar, en el que de pronto las luces se habían desvanecido y había zonas de oscuridad aquí y allá. De pronto, percibió como las sombras se movían, y con relucientes espadas plateadas, caían sobre los guerreros de SiempreMuerte silenciosas y feroces. Las sombras silenciosas golpeaban letales aquí y allá, sólo enmarcadas por ojos como brasas encendidas, plenos de sed de sangre. El alma de la calavera era consciente que aquel ataque se había orquestado desde dentro, y que uno de los burócratas, o quizá alguien que no tuviese en tan alta estima a su señor Andervelius o la vigilia con la que la orden de los Caballeros Silenciosos comulgaba, había orquestado. Aún así, las sombras pronto cayeron sobre aquel traidor de ropajes de seda y caros anillos, sí, aquel tesorero avaro y ambicioso, y al menos había recibido su justo castigo. Pero él, ay él, no cobraría su venganza. Y jamás sabría quién los atacó, o desde dónde. Jamás... JAMÁS... De pronto, Rando se vio sacudido violentamente por Zantaman y Shail, que intentaban sacarlo de su ensimismamiento, en el que murmuraba palabras como 'traidor' o 'venganza', y su expresión se había vuelto furibunda. Cuando el soldado volvió en sí, miraba confuso a todas partes, sintiendo el tacto del cráneo en sus manos, el cual había dejado, sin darse cuenta, sobre la tumba, y que ahora empezaba a descomponerse, como si el tiempo por fin lo hubiese alcanzado, al acabar la visión.
Confuso, explicó la misma a sus compañeros, quienes empezaron a hilvanar pequeños retazos de historia con todo lo que habían encontrado en aquellas catacumbas, aunque la información distaba mucho de ser clara, pero de seguro Lord Aubrey pagaría la suma acordada por todo aquello, además de que ellos mismos conseguirían un buen estipendio por todas las gemas, joyas y reliquias obtenidas en su exploración.
Agotados por los últimos eventos, decidieron de mutuo acuerdo volver a descansar, con lo que este sería ya el tercer día de exploración dentro de las ruinas, además del día y medio que costaba la llegada a las mismas.
Pronto deberían pensar en regresar a AnderVille, pues el contrato firmado constaba de una semana de exploración, para recibir el pago del mismo con lo hallado allí. Pero todavía tenían tiempo para seguir descubriendo nuevos secretos.

De fondo, ya no les sorprendió escuchar los pasos pesados de la criatura de piedra, que en esta ocasión había ido a recoger el cadáver de la araña gigante y los restos del nomuerto furtivo junto a los huesos embrujados. Con una carcajada socarrona, algunos descansaron con cierta sensación de seguridad en el templo olvidado aquella noche.

Profundizando hacia la tumba en la que Shail había descubierto por primera vez al espectro en la distancia, y sospechando que la horda que los había atacado el día anterior y casi acaba con ellos había surgido cerca de la misma (en efecto, descubriendo una puerta abierta junto a la tumba del espectro derrotado), el cráneo embrujado enviaba progresivamente flashes de recuerdos a la mente de Rando, recuerdos de esa posible traición en imágenes mucho más claras, en algunos aspectos, de las sombras, como criaturas de rasgos élficos envueltas en oscuridad, armadas con espadas envenenadas y magia tenebrosa.
Tras ojear la tumba vacía del espectro, descubriendo un nuevo tramo de pasillos hacia la izquierda de la misma, los aventureros (y, en concreto, Zantaman y Kirk), se percataron que la apertura más cercana a dicha tumba espectral (una pared corrediza abierta) daba acceso a una sala, cuyo trabajo en excavación y talla no concordaba con el del resto de la construcción. En general, la arquitectura de todo lo hallado hasta el momento daba la impresión de ser un trabajo enano guiado a través de manos humanas, en una extraña amalgama armónica, en la que estaba claro que la artesanía no era tan exquisita como la de la ingeniería enana (bien observada en los hogares de los enanos en AnderVille), pero era un buen ejemplo de calidad en construcción. Sin embargo, aquella nueva sala, en la que podían observarse toscos féretros de roca abiertos y desplomados, como si recientemente (y así había sido) sus habitantes brotasen de su interior impetuosamente.
Rando, confiado en que ya no había peligro en aquel lugar, decidió avanzar para investigarla, y de pronto una bruma cargada de siluetas fantasmagóricas alrededor del umbral lo envolvió y llenó su mente de furia, locura y frenesí, momento en que se giró, con los ojos enrojecidos por la demencia y la confusión, y cogiendo completamente por sorpresa a su aliado Shail, lo incrustó en la pared del pasillo más cercano con sus dos espadas, con un gemido de confusión y sufrimiento por parte del elfo. Sorprendidos todos, apenas se percataron de que, pasando a través de ellos, Therai cogió al toro por los cuernos y, generando una peligrosa descarga de electricidad mágica en su mano, la estampó contra el pecho de Rando, y lo hizo bailar al son de una descarga que lo dejó completamente atontado... y libre de la extraña influencia mágica. Con la boca humeante, Rando se preguntaba qué es lo que había pasado, al verse arrodillado ante Therai, sujeto su pecho por el puño de éste, y Shail sangrando en abundancia por dos heridas en su abdomen, mirándolo con temor y confusión.
Aplicando sus oraciones sobre sí mismo, el sacerdote poco a poco recuperó la compostura, manteniendo momentáneamente las distancias con Rando, a quien, de forma despectiva, Therai explicó lo ocurrido, mientras Zantaman le recordaba, como si fuese estúpido, que las prisas en moverse por un lugar desconocido lleno de sorpresas sobrenaturales como aquel, podrían llegar a tener problemas de tal índole. Así que, a partir de ese momento, lo más apropiado sería moverse en grupo y coordinados, para superar cualquier eventualidad en el camino. Lo peor de todo fue que, tras el incidente, investigar las toscas tumbas de sus guardianes no ofreció siquiera la compensación de algo de valor que vender en el mercado. La sangre había corrido barata al descubrirlo.

(En este mapa de eventos continúa el "Gazapo-Spoiler" de la siguiente sesión)
Moviéndose a través de lo que parecía la última área a explorar de aquellas catacumbas, el grupo halló en un nicho una inmensa estatua de bronce vieja y oxidada, que representaba a Andervelius, el primer Señor de SiempreMuerte. Por desgracia, la suspicacia de los compañeros les llevó a alejarse de la inofensiva estatua, y seguir en dirección a las criptas frente a la misma, tratando de saquear su contenido... aunque antes Kirk tuvo la buena fortuna de percatarse del arco de orificios que rodeaba las paredes de la misma, cargados de andanadas de virotes, que se activaban al caminar por el suelo de dicha cripta. Procurando levantar con cuidado las losas falsas, el mediano se las ingenió para desconectar los mecanismos que movían los ingenios disparadores, dejando así inactiva la trampa, e investigando (sin éxito alguno) las criptas vacías, para frustración de su curiosidad (y codicia).
Más adelante, una regia tumba en una cripta tallada con el aspecto del Señor Fundador y un familiar más joven, al lado de un gran retrato exquisito mágicamente conservado, en el que se representaba al mismo y a una mujer con un espejo de plata en la mano, igual al encontrado en una de las tumbas dejadas atrás, hizo pensar que los aventureros ya habían hallado no sólo los restos del primer señor de SiempreMuerte, sino también de una esposa... o amante.

Habiendo recorrido de parte a parte toda la estructura, no encontrando ningún acceso por donde las criaturas reptilianas habían entrado, y tampoco algo que les hiciese sospechar de una entrada secreta por otro lugar, el grupo se inclinó a utilizar limaduras de plata del espejo de la mujer, para que Shail crease en un ritual consagrado viales de agua bendita.
Piadosos, en un momento de compasión, utilizaron uno de los mismos vertiéndolo en la fuente estancada, la cual fue imbuida del poder divino de Lathander, y cuando eso sucedió, se transformó en una fuente de agua corriente potable, comenzando a correr desde una boca de salida reseca hasta su rebosadero.
Pensando como un señor de la vida y la salud, Shail decidió tomar el resto del agua bendita, y se acercó al osario, donde realizó un ritual de expiación y reposo para todos los cadáveres allí encontrados. Durante una prolongada sesión de oraciones, plegarias y salmos de redención, vertió salpicando por todas partes el agua que había bendecido en el altar de Lathander sobre los restos mortales allí hallados, y después utilizó varios viales de aceite y antorchas para prender fuego a la carne y huesos, seguro de que las almas por fin podrían encontrar su lugar de reposo.
Mientras el fuego devoraba la carne corrupta y los viejos huesos, los ojos benditos de Shail observaron que, entre el humo que brotaba de los restos, se manifestaban rostros y cuerpos de aquellos que allí habían encontrado su último reposo inapropiado, y dichas siluetas translúcidas agradecían en silencio la ceremonia del sacerdote elfo, partiendo en paz.

Lo más satisfactorio de todo fue comprobar que, aunque los cadáveres habían sido destruidos, la estatua había permanecido inerte. Al menos, no había que lamentar más víctimas accidentales.

Así... después de todo lo que habían pasado por cada rincón del lugar, al parecer todas las Catacumbas habían sido exploradas... Pero, pensándolo bien y analizando cada paso... ¿habían sido todas? Bueno... en realidad había dos lugares que, con las prisas y la confusión de las diversas escaramuzas, el grupo no había investigado: una esquina de criptas junto a la Capilla de Lathander, y otra esquina al lado de la madriguera de las ratas y el lobo que habían sido eliminados con anterioridad. Es posible que allí hubiese algo que habrían pasado por alto. Pero, ¿seguro que lo encontrarían? ¿O su misión había terminado más pronto de lo que pensaban, con más preguntas que respuestas?

CONTINUARÁ

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