lunes, 17 de junio de 2019

D&D 5ed - EN LO PROFUNDO - Sesión 3 - LA MUERTE TRAS LOS TALONES

Aquella flecha casi limpia de cera las orejas por dentro de Rando Lothar, quien, con un gesto, informó a sus compañeros de que la mejor opción en aquel momento era replegarse hacia una de las criptas descubiertas y saqueadas, que podía ser defendible si algún enemigo se acercaba, ya que permitía pocas opciones a atacar desde la lejanía. Después de haber lidiado con varios nomuertos y un servidor de algún dios oscuro, era la opción más sensata para replantearse estrategias.
Y, gracias a esa valoración, mientras todos se tomaban un pequeño descanso, Kirk "RamaBaja" se dedicaba a catalogar (bajo la reprochadora mirada de Shail "BrisaNocturna") las riquezas adquiridas en dobles fondos dentro de las tumbas de las dos criptas que habían encontrado -aquella en la que se parapetaban, y otra algo más adelante, antes de encontrar resistencia sobrenatural-.
Durante el tiempo de descanso, Shail decidió hacer una incursión arriesgada hacia el cadáver del acólito oscuro, y quiso la suerte que, al parecer, no recibió disparos desde lo profundo de las criptas, posiblemente porque la criatura que los estaba realizando en ese momento estaba ocupada con algún otro asunto, o quizá por merced a que, en realidad, fuese algún tipo de trampa ya activada. Cualesquiera fuese la suerte del elfo sacerdote, éste se acercó a investigar el cadáver del obrador de milagros oscuros, y al investigar su cuerpo, descubrió una extraña protuberancia bajo la piel del pecho quemado por la magia de los aventureros, momento en que, a pesar de su reticencia, decidió usar una daga para abrir la carne, bajo la que, sorprendentemente, encontró injertada mágicamente en su pecho una placa metálica con símbolos sobrenaturales. Con el mismo sigilo mostrado al salir del escondrijo, volvió -y a punto estuvo de recibir una andanada de cuchilladas y hachazos por parte de sus aliados al no avisar- para enseñar el objeto encontrado y estudiarlo, y al hacerlo, Therai y Shail descubrieron que las runas talladas formaban parte de un encantamiento que permitía cierto control nigromántico sobre nomuertos, aunque al morir el portador, la placa había quedado inactiva. Descubriendo más detalles, los dos usuarios del Poder y el Arte supieron descifrar que la parte de la placa fundida con la musculatura poseía una escritura similar a la élfica, entremezclada con el lenguaje dracónico de la magia.

...en otro lugar, a un día en el pasado...

(Zantaman -otra versión de aspecto más juvenil-)
Zantaman Gellantara, el profesor maduro que se preocupaba por inculcar algo de conocimientos en las duras molleras y cabezas huecas de sus convecinos más jóvenes, se percató de que el comercio con las comunidades exteriores a Villa Ander empezaba a sufrir por las consecuencias derivadas de los rumores que azotaban a la comunidad con respecto a ataques en el camino de Alto Castillo que habían provocado la desaparición de viajeros... e incluso algunos miembros de la comunidad. Estaba claro que eso era importante... no era apropiado que un niño quedase huérfano sin sus padres, los cuales inculcaban la educación necesaria para que se relacionase con los demás jóvenes, al margen de los estudios y conocimientos que Zantaman ofrecía... por un precio razonable. Lo más frustrante era que, con esos rumores, los componentes necesarios para sus propios estudios en las artes arcanas y la experimentación y creación de nuevos sortilegios comenzaban a escasear y encarecerse, y su trabajo no le bastaba para solventar el aumento de coste de los componentes que, poco a poco, empezaban a no encontrarse tan fácilmente... porque acababan en manos de algunos artesanos gremiales que los utilizaban para sus estupideces de desarrollos técnicos o formulaciones químicas. Un desastre.
Pero sus niños... sus niños no podían verse perjudicados por la falta de recursos con que la comunidad poco a poco mermaba sus opciones para estar bien surtido de los mismos, así que tenía que hallar una solución.
Así, una mañana, mientras tomaba un desayuno en el descanso de las clases de sus pequeños, junto al porche de la Posada de Humo de Roble, echó un vistazo a uno de los avisos más recientes que se habían clavado en el tablón de anuncios junto a la entrada.
"Trabajo remunerado. Se necesitan aventureros valientes. Acudir al Fortín de la Moneda, y contactar con Sir Aubrey LenguaRápida. La discreción es fundamental".
Uhm... Trabajo. Remunerado. Aunque... ssshhheeesssshh... 'aventureros'... ufff... eso siempre había significado 'problemas'. Pero, uhm... si no sólo se presentaba él, podría cubrir sus progresos con una buena espada de alguien más capacitado que él para el combate, y mientras sus capacidades mágicas le permitirían sobresalir para apoyar el desarrollo físico de alguien cuyo brazo tuviese más confianza en una espada que en la inteligencia, que de eso ya se ocuparía él.
Habiendo tomado una decisión, y terminando la jornada de clases de la mañana, Zantaman, con cierta confianza... además de una buena dosis de prudencia... se encaminó al lugar indicado, para solicitar audiencia con Lord Aubrey.
(Lord Aubrey, en sus años más bélicos)
Aunque la presencia de aquel potentado de la moneda resultaba sobrecogedora en algunos aspectos, lo más grato fue comprobar que, en ocasiones, uno podía encontrarse con un intelecto semejante en capacidades al de uno mismo... y eso permitía hablar en términos bastante fluidos, al margen de algunas precariedades obvias sobre el desconocimiento de los secretos del Arte, por supuesto. Así, Zantaman y Lord Aubrey pudieron establecer unos términos apropiados para explicar sin tapujos el tipo de trabajo y condiciones que requería el mismo, incluyendo el hecho de que el Profesor Mago contaría con soporte logístico al cargo de otros asociados que ya se encontraban en proceso de equiparse debidamente para el trabajo. Por supuesto, el Profesor obtendría un documento acreditando su situación laboral para con el Fortín de la Moneda (en concreto, Lord Aubrey), que le evitaría un conflicto violento con los otros asociados, pues habían estado llegando casi como un goteo y al Señor de la Moneda no le había sido posible reunirlos a todos bajo el mismo techo, para que así todos se conociesen y partieran juntos a su misión.

En cualquier caso, y dado el tiempo del que disponía Gellantara, éste pudo pertrecharse tan bien como supo para partir al día siguiente, tras firmar su contrato y acuerdo de discreción, y después de un corto viaje, se encontró en el interior de un patio de armas en apariencia en ruinas y abandonado, habiendo caminado prácticamente un buen trecho (e incluso haciendo noche en el camino) hasta llegar allí, y lo que más le sorprendió -aunque no lo suficiente, a sabiendas de que otros se le habían adelantado en esta misión- fue encontrar parapetados bajo lo que quedaba de una pequeña estructura en las ruinas del alcázar SiempreMuerte a un par de mulos que comían tranquilamente, con un buen surtido de comida y agua para aguantar un tiempo en aquel lugar, al margen de sus amos, como si éstos les hubiesen preparado un pequeño establo donde guarecerse hasta su vuelta. Así, y no deseando perder el tiempo, Zantaman se acercó a la entrada de unas catacumbas, siguiendo los signos de evidente paso por el lugar, y observando la tosca -pero efectiva- manipulación reciente de unas runas de protección y encantamiento en el suelo, junto a la entrada de dichas catacumbas, momento en que se arriesgó a hacer ruido para atraer la atención de quien se hubiese adelantado en su camino.
Quiso la suerte y la prudencia que el resto de la comitiva contratada por Lord Aubrey estuviese lo bastante cerca de la entrada para acercarse a investigar, y el Profesor se encontrase con un dispar grupo de vecinos de Villa Ander (algunos de ellos más conocidos -o reconocidos por sus actividades- que otros), los cuales se sorprendieron de encontrar al Profesor del pueblo en aquel lugar, más aún cuando éste les presentó el contrato de trabajo y confidencia para Lord Aubrey. Cuando Rando acercó la Antorcha Mágica fuera de las ruinas para enseñarla a Zantaman y que éste pudiese identificar el origen de su poder, de pronto la magia se deshizo del objeto al salir más allá del límite de las runas manipuladas en el suelo, y el objeto dejó de estar imbuido de magia.
"Así que era eso lo que hacían las runas", comentó, pensativo, Kirk. Zantaman, por su parte, se llevó la mano al rostro al comprobar la ingenuidad de sus acompañantes sobre los secretos del Arte, pero aún así, y con palabras lentas y pausadas, explicó sus motivos -someramente- de llegada al lugar y disposición de ayudarlos en la empresa para el Fortín de la Moneda, con lo cual, todo el grupo concluyó en explicar lo hallado hasta el momento, para poder continuar. Por desgracia para la curiosidad de Kirk, y por suerte para la natural suspicacia de Therai, Zantaman demostró, al igual que su compañero hechicero tiflin (cuando éste mismo llegó al alcázar un rato antes), que sus conocimientos y poder no eran rivales para el extraño encantamiento de frío gélido permanente que impedía un paso directo desde la entrada hacia el interior del alcázar, provocando que cualquier acceso tuviese que dar un rodeo por un área anexa de criptas. Therai se regocijaba en que un 'erudito estudiosos de las Artes mágicas' no fuese capaz de descifrar los entresijos de las runas talladas en el suelo de las catacumbas que alimentaban el poder de tal efecto, lo que así daba validez a sus pensamientos de que, ni siquiera una mente privilegiada tenía por que ser realmente digna del uso de la magia, como tan vehementemente hacía constar de vez en cuando Zantaman desde que se había instalado en el pueblo y cuestionaba las artes de otros no tan dotados como él, merced a sus estudios y esfuerzo.

Menudo mago de pacotilla (este comentario fluiría de los labios de Therai en muchas ocasiones, habida cuenta de la cantidad de errores mágicos que el Profesor cometería a lo largo de sus primeras intervenciones mágicas en combate).

Dispuestos para seguir adelante, y bajo la suspicaz mirada de Therai Aleatorio (sobre todo al nuevo usuario del Arte, el cual también lo observaba con cierto desdén y curiosidad, habida cuenta del distinto origen de sus capacidades), los compañeros de trabajo se acercaron al laboratorio improvisado de trabajo del cadáver del acólito (evitando un par de flechas perdidas que seguían disparando de vez en cuando al percibir movimiento junto al cruce en el que se encontraba el laboratorio, aunque sin percibirse a través de la oscuridad la fuente de los disparos), empezando a investigar y registrar concienzudamente tanto el lugar como el cadáver (encontrando entre sus ropajes dinero y algunos pergaminos de poder divino que Shail podría utilizar, llegado el momento), el sacerdote dio con un cuaderno de notas y registros en un cajón del mobiliario, el cual guardó cuando, desde las sombras, Rando fue sobresaltado por un pequeño felino escuálido que corría hecho un manojo de nervios.
El soldado, sin saber cómo reaccionar en ese momento, fue embestido por la espalda (mientras se giraba para concienciarse de que el gato salvaje no era una amenaza) por un lobo famélico surgido de una esquina del pasillo por el que volaban ocasionalmente flechas, y al trastabillar para encararse con la amenaza, se dio cuenta de que sus piernas empezaban a estar envueltas por pequeños cuerpos peludos y chillones que trataban de colarse entre su ropa y devorar su carne.
Tal fue la sorpresa y la ferocidad de los animales, que las heridas brotaron por doquier en la carne de Rando, quien trataba desesperadamente de deshacerse de las alimañas y la peluda bestia rugiente que mordía brazos y piernas sin descanso con sus afiladas fauces.
La prudente suerte y la táctica eficaz de Therai, congelando algunas ratas con pequeños estallidos de magia, y enviando saetas de fuego a otras así como al lobo, socarrando pelo y carne, además de los estallidos sagrados de fuerza divina de Shail, así como la intervención veloz de Kirk y sus pequeñas daga y espada, escurriéndose por entre las piernas de Rando cuando el gran lobo intentaba alejar al mediano a dentelladas de su presa, junto con una reserva de energía presa de la desesperación en los golpes del hacha oscilante del soldado, lograron abatir a las criaturas, dejando al soldado exhausto y sangrante, sentado contra un muro cercano, jadeando y rechinando los dientes de dolor. Cuando el grupo volvió a replegarse hasta el laboratorio, reuniendo las pertenencias que allí habían encontrado (entre las cuales se encontraba un sabroso petate de comida que Rando -fundamentalmente- disfrutó a placer mientras descansaba de sus heridas), y evaluando que la mayoría del laboratorio improvisado podía ser recogido y transportado con cierta facilidad, para agrado de la nueva adquisición Zantaman Gellantara, los compañeros del Profesor procuraron dejar claro a éste que su intervención en la lucha con las alimañas había sido bastante nefasta, ya que su magia no había estado a la altura de sus pomposas palabras, golpeando lejos de sus objetivos o, directamente, parpadeando y deshaciéndose entre sus manos antes incluso de liberarse para ayudar a Rando. Zantaman, con pose orgullosa, se excusaba al no estar moralmente preparado en ese momento, ya que no se había instruido adecuadamente en el arte del combate hasta la fecha, y el sobresalto había hecho que sus reflejos le fallasen a la hora de liberar su poder, lo cual le hizo titubear para no alcanzar con sus conjuros al maltrecho luchador, con lo que podría haber agravado su situación.
Mientras Zantaman era recriminado en su capacidad por sus compañeros, añadiendo una buena carga de reproche sarcástico por parte de Therai, demostrando así que ambos usuarios del Arte parecían rivales en la comprensión y aplicación de su poder, por su parte, Shail se apartó ligeramente para revisar las notas del sacerdote, en las cuales encontró una carta que trató de ocultar a los demás (sin éxito), haciendo que la sombra de una duda brotase en todos ellos, así como una vehemente señal de peligro en el tiflin, el cual, cuando el elfo revelaba el contenido de la carta, se apartaba prudentemente del grupo, y seguía investigando un poco más adelante las catacumbas.
Según la carta, sus palabras "extorsionaban al acólito para que sirviese a un tal A.S., de igual forma que éste sabía que también servía a las de los 'oscuros' del inframundo, quienes le otorgaban poder y siervos, pero no los recursos que A.S. podía ofrecerle, mientras siguiese vigilando y protegiendo las ruinas del alcázar". Intrigados por las palabras y la actitud de Shail al leer la carta antes de guardarla y no querer mostrarla a sus aliados, el grupo decidió colectivamente que no estaría de más ser honesto en lo sucesivo con todos a tenor de lo que se expresaba en la carta, ya que esas iniciales podrían suponer un aliciente en la investigación que aportase más beneficios. Al fin y al cabo, aquello era una expedición remunerada para, precisamente, recabar datos. Obviar algunos (o tratar de esconderlos) incurría en un menoscabo y, con ello, reducción de un posible pago adicional... tanto como una actitud sospechosa que no auguraba buenas intenciones en la apropiada conclusión de la misión.
Así como una discusión y cruces de palabras con ciertas sospechas se sucedía a su espalda, Therai escuchó más adelante unos sonidos sospechosos en la oscuridad, entre columnas y pasillos, ruidos que, a pesar de asemejar a una manada de reptiles, sus entonaciones y complejidad le hizo sospechar que se trataba de un idioma complejo. Acechando el origen de los sonidos, se percató desde un escondrijo que un pequeño grupo de criaturas más escuchimizadas que su compañero Kirk, con aspecto de reptiles bípedos y armados, trataba de no hacer ruido para emboscar a los aventureros. Pensando con rapidez, Aleatorio envolvió a las criaturas en un manto de grasa mágica que las hizo trastabillar y caer, entorpeciendo su avance, a la vez que daba la voz de alarma por la emboscada.
Apenas conscientes de la desaparición del tiflin, e inmersos en una escabrosa discusión, el resto de la comitiva se armó a toda velocidad tan ágilmente como permitía el momento de tensión, y se arrojó contra los enemigos con la saña nacida de la adrenalina generada por la discusión entre el elfo y sus aliados eventuales -hasta el momento-. Las pobres criaturas reptilianas, demostrando más capacidad para el intento de huir que de combatir, apenas fueron rivales para la embestida de las oscilaciones del hacha empuñada por Rando y los aguijones en forma de espada y daga de Kirk, quienes no dieron tregua, apoyados desde la distancia por las oraciones ígneas de Shail. Por su parte, una vez más, flechas mágicas de fuego volaban sin encontrar un objetivo al que golpear, dejando una estela de luz momentánea que sólo iluminaba por unos instantes los pasillos de más allá de donde los enemigos habían surgido, demostrando que la presencia de Zantaman no parecía estar, precisamente, a la altura de las circunstancias. Cuando los reptiles no fueron más que carne sajada y chamuscada en un suelo pringoso y resbaladizo, sus cadáveres fueron concienzudamente saqueados para aprovechar todo cuando pudiesen tener de utilidad, y tras ello, el grupo siguió avanzando por el camino del que habían surgido, encontrando más adelante lo que parecía una hedionda madriguera animal en una esquina, probablemente el lugar del que había salido el lobo y las ratas, que habrían establecido aquí su hogar temporal para resguardarse del exterior.

No encontrando el lugar por el que parecían haber surgido 'como por arte de magia' los pequeños reptiles, los aventureros continuaron su camino por el pasillo del que habían sido disparadas algunas flechas, hallando en una pared cercana a un área que parecía más despejada lo que parecía una fuente de agua estancada, la cual emitía una desagradable energía sintonizada con las fuerzas de la muerte (en este caso, los perspicaces sentidos sobrenaturales de Zantaman sí estuvieron a la altura de identificar tanto el poder del agua estancada como su naturaleza, indicando que lo mejor sería no tocar ese agua, de momento).
Cuando ojearon el área más abierta de las catacumbas, profundizando hacia su interior, lo que más les sorprendió fue que, además de la diversa colección de criptas de excelente calidad con féretros de piedra de distinta índole y nivel de clase social -por sus marcas representativas de lo que parecían escudos de caballería- que aparecían en algunos casos ligeramente abiertos, en el centro de la misma había otra monstruosa estatua alada, y adosada a una de sus paredes se encontraba una mesa de 'trabajo' con cinchas de sujeción recientemente colocadas, salpicada su superficie y el suelo a su alrededor con fluidos descompuestos de seres vivos. Llamativo era, por otro lado, que a pesar de los restos vitales, el resto de la sala se encontraba bastante limpio.
En el momento en que el grupo echaba una ojeada rápida a la luz de antorchas que ellos mismos habían traído y utilizaban mientras investigaban (aunque en algunos casos no eran necesarias, tanto por la visión especialmente adaptada a las tinieblas de algunos -como Shail o Therai-, como la magia utilizada por otros -como Shail o Zantaman- para iluminar el camino), otra flecha se escuchó zumbar desde un pasillo alejado al otro lado de la sala, pasando muy cerca de los recién llegados. En ese momento, y con el sobresalto, el sonido rasposo de la roca chirrió en las encías de la compañía, y sus ojos se abrieron de par en par, al observar que la monstruosa estatua del centro de la habitación 'cobraba vida', arrojándose en un silencioso rugido contra Rando, quien valerosamente se interpuso en el camino de la misma, para proteger a sus compañeros de la embestida brutal de sus garras y dientes de piedra.

Rando, con bravura, lanzaba hachazos que resonaban con un vibrante tintineo metálico poco halagüeño a la hora de ver si causaban daños al monstruo, apoyado en el combate por los ágiles movimientos de Kirk, quien danzaba aquí y allá tras su aliado, por entre sus piernas o rodeando a la criatura alada, y acosándola aquí y allá con puntadas de sus armas, con idénticos resultados. Los feroces zarpazos de ésta sacudían el corpachón de Rando, costando cortes y sangre, pero más peligrosos era, junto con los mordiscos aplastantes, al pobre Kirk, que parecía acusar mucho más el castigo, tropezando en ocasiones al tratar de debilitar al monstruo con sus ataques, agotado como parecía cada vez más, acusando moretones y desgarros en su ropa.
Aun con el apoyo de las oraciones de Shail que estallaban aquí y allá sobre la carne pétrea del ser, además de las oleadas de frío arcano de Therai que cubrían de escarcha rostro y alas del monstruo, y los fogonazos (a menudo fallidos) de flechas ígneas que Zantaman arrojaba sin descanso a los ojos y el pecho del enemigo, la situación se complicó en demasía al descubrir la fuente de las flechas voladoras: un macabro esqueleto con jirones de ropa de caballero colgando de sus huesudas extremidades, cubierto por pedazos de malla sobre sus costillas pulcras, y un casco abollado en su cráneo mascullante, aparecía armado con un imponente arco y un carcaj bien surtido de flechas por el acceso del que, con anterioridad, habían volado los proyectiles. El nomuerto, sin importar la integridad del otro enemigo, disparaba sin descanso su proyectiles por todas partes, alcanzando fundamentalmente a los luchadores, aumentando su castigo y sufrimiento hasta casi la extenuación. Sólo la certeza en los ataques sagrados de Shail y la furia arcana de Therai derribaron al nomuerto entre frío sobrenatural y llamas divinas, descomponiéndolo en un montón inútil de huesos en lo que antes había sido un letal tirador. Apenas sin fuerzas, luchadores, sacerdote y conjuradores, terminaron de forma muy sacrificada y sufrida con la bestia de piedra, quedando desmoronada en el suelo, y prácticamente arrastraron fuera de allí al agotado Rando y a un inconsciente Kirk, volviendo sobre sus pasos, tratando de encontrar un rincón tranquilo.
Shail, con sus ojos atentos y certeros, mientras el grupo se marchaba, no pudo evitar un escalofrío al descubrir que, desde el pasillo por donde había surgido el arquero esquelético, una especie de figura translúcida con la forma de un demacrado caballero, ajado por una violenta muerte, los observaba en la distancia, aunque su actitud distante y reservada no parecía, de momento, albergar hostilidad, pues dejó marchar a los aventureros a su suerte en aquel instante.
Por suerte, la prudencia (y distancia) combativa de Therai, además de su desconfianza natural, le hizo avanzar en primer lugar buscando un rincón donde guarecerse y tratar las heridas de los caídos, encontrando por suerte un pasaje más allá de donde había localizado a los humanoides reptiles que llevaba hasta un área donde podía sentirse cierto solaz espiritual. Tanto era así que, al indicar a sus compañeros que lo siguiesen, todos se sorprendieron al encontrar, entre tanta energía oscura que conducía a los seres de ultratumba hasta el mundo de los vivos, una capilla inmaculada consagrada a Lathander, el Señor del Alba, el poder que alimentaba la fe de Shail. Un sencillo altar frente a una enorme talla del Sol del Alba en una pared contigua hacían sentir el reposo espiritual en el corazón del elfo, y éste decidió de forma unánime que aquel era el lugar para remendar las heridas y la salud de sus aliados, así pues, el lugar se convirtió en un improvisado campamento en el que recuperarse lo suficiente para continuar. Loado sea Lathander, que ofrecía luz incluso en la oscuridad bajo las rocas.
Pero no todo serían albricias antes del reposo, ya que una visión azotó la mente de los más sensibles a las energías sobrenaturales: Shail, Therai y Zantaman. En ella, una hueste de fantasmas con aspecto de aventureros y saqueadores perdidos en diferentes actitudes de miedo, pesar y sufrimiento, miraban y señalaban en dirección a una zona inexplorada de las catacumbas, más allá del área de las criptas y la mesa de tortura, como si les aterrase aquel lugar, a pesar de que no pudiesen escapar de su influencia.
Con una evidente reticencia por parte de Therai a investigar la zona señalada, y una extraña curiosidad por parte de Zantaman por ver qué había provocado aquel augurio, por su parte, Shail se solidarizó con aquel sufrimiento y, si era posible, irían a echar un vistazo, ya que el sufrimiento de los muertos no era algo que un buen devoto de Lathander podía ignorar, si podía remediarlo de alguna forma. Tras estas elucubraciones, y acomodando a los heridos, sobre los que las bendiciones de Lathander a través de Shail cerraban algunas de sus heridas y les permitían descansar mejor, el grupo se preparó para un largo reposo, al abrigo del poder de Lathander.

Arropados por el temple curativo de las oraciones y el reposo al abrigo de un lugar sagrado y en paz, Rando y Kirk se recuperaron asombrosamente bien y preparados para continuar su incursión. Durante los preparativos, rezos, repaso de conjuros y colocación de armadura, el mediano dio rienda suelta a su curiosidad natural por la arquitectura y los secretos, y echando un vistazo en el altar a Lathander, se percató de que existía una hendidura que formaba un resquicio secreto donde encontró un frasquito inmaculado de líquido transparente... cuya energía sagrada permitió a Shail percibir que se trataba de agua bendita. Viendo aquel pequeño regalo divino, Kirk pensó cual podría ser su mejor uso, si guardarlo, utilizarlo en la fuente de agua impía estancada... o arrojarlo al espectro de las profundidades de las criptas. No tomando una decisión clara, el grupo se preocupó en su lugar de avanzar sigilosamente de nuevo a la sala de las criptas y la mesa de experimentación. No obstante, hay muertos que no reposan... y la luz que algunos aventureros necesitaban portar consigo atrajo la atención del fantasma quien, desde la lejanía, lanzó su poderosa voz de ultratumba para acusarlos de haber saqueado las pertenencias de aquel sacro lugar de protección. Eran ladrones sacrílegos que mancillaban el recuerdo de la Orden de los Caballeros Silenciosos, y su crimen no quedaría sin castigo. Así, con un alarido escalofriante que hacía helarse la sangre, el fantasma avanzó, llamando a las armas a una hueste de nomuertos que avanzó desde su posición a través de una entrada aún no encontrada por los aventureros, y los zombis y esqueletos que lo seguían cargaron con fiereza, claqueteos de huesos y lamentos temibles contra el grupo.

Los puños de los cadáveres castigaron sin piedad a Rando, Kirk, Shail e incluso Zantaman, y aunque sus bendiciones para otorgar más seguridad en los ataques de sus aliados y eficacia en evitar los poderes enemigos, trucos lanzando lluvias de chispas gélidas para quebrar el hueso y virotes de fuego para socarrar la carne, conjuros para detener los ataques, rodeándose de una aureola translúcida en forma de armadura, o esferas de energía elemental que envolvían a los enemigos en fuego, rayos o descargas de flujos ácidos, y oraciones para desatar la ira divina en forma de puro fuego sagrado contra los adversarios, el avance de los monstruos estaba sometiendo a sus invasores impacto a impacto, tajo a tajo... además del roce inmaterial de la furia espectral del protector robaba la vida poco a poco a los recién llegados.
Cuando la situación parecía perdida -a pesar de que los cadáveres y el espectro estaban siendo hechos pedazos a los pies de un exhausto Rando y un casi impotente Kirk-, el pequeñajo decidió que más valía sacrificar el agua sagrada antes de que, después de que Zantaman y Shail cayesen por la fuerza impía del espectro, el resto muriese sin remedio. Así, cuando el agua estalló a los pies del fantasma, los vapores sagrados de la misma envolvieron su esencia, haciéndole chillar como si lo quemase un incendio, momento en que una descarga arcana de Therai terminó por arrasar su esencia. Cubriéndose de lo que quedaba en el impulso agresivo de los nomuertos con el empuje del resistente Rando y el hacha que mantenía a raya a sus adversarios, el mediano tuvo que reaccionar con rapidez para evitar la muerte de los malparados Shail y Zantaman, utilizando un poco de conocimientos de auxilio y un bien utilizado equipo de sanación con unguentos y esencias para impedir el shock final de sus compañeros. Therai, desde la lejanía, seguía incansable utilizando los restos de su poder para hacer volar andanadas de energía ígnea cuando conseguía encontrar un hueco entre la defensa de Rando que le dejase expuesto el cuerpo de un monstruo, y segundo a segundo, el arma del dolorido guerrero consiguió terminar de despedazar los últimos restos de zombis que aún intentaban agitarse y devolver los golpes, hasta que todo quedó en calma.
Respirando pesadamente, y asegurándose de que sus compañeros derrotados en el suelo sobrevivirían al siguiente amanecer, recuperándose en la medida de lo posible, Rando, Kirk y Therai se derrumbaron contra una pared, respirando pesadamente, limpiándose el sudor y la sangre, y mirándose unos a otros con una pregunta evidente en sus miradas: ¿qué demonios estaban haciendo allí? ¿Toda aquella destrucción y riesgo de muerte realmente merecía la pena?
Con la cabeza apoyada en la fría roca a sus espaldas, sólo dejaron que el silencio los arropase por un momento, respirando pesadamente hasta intentar recuperar el aliento y las fuerzas lo bastante para continuar, con la esperanza de que Shail recuperase pronto la consciencia y apelase a su dios para curar algunas heridas.

...Menudo día había amanecido.

CONTINUARÁ

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