Desde su lugar oculto, los aventureros evaluaban las opciones que tendrían de solventar la situación, aunque dadas las circunstancias, tendrían que aceptar un acercamiento agresivo dado que las criaturas que retenían a los fieles no parecían querer liberarlos. Sorprendentemente, poco antes de su llegada al templo, los aventureros tuvieron la oportunidad de encontrarse con el extraño Elfo Crepuscular que había sido liberado de Uarowia tras la destrucción de Strahd. No pudiendo explicarle lo sucedido, solicitaron su ayuda para liberar un grupo de fieles de la ciudad capturados por peligrosas criaturas invasoras. Yoreil, a pesar de su reticencia a este extraño mundo futuro, sabía que su única conexión con el mismo eran los aventureros con los que colaboró en su viejo mundo, por lo que se unió a ellos en su incursión.
Calculando sus posibilidades, el grupo (resistiendo a duras penas la atracción de la criatura que representaba sus más profundos deseos, rodeada de una extraña aureola dorada) se ponía nervioso ante las evoluciones de los seres que mantenían presos a los fieles, siendo Katy la primera en sentirse impulsada a actuar. Deslizándose como una sombra entre la penumbra del templo, se acercó hasta la estatua de El Peregrino, motivo de adoración en el lugar sagrado, a la expectativa de actuar en cuanto se diese una oportunidad para clavar profundamente sus armas en el cuerpo de una de las criaturas. Su habilidad le permitió desplazarse sin que las criaturas amenazadoras reparasen en ella.
Durante su avance, aún podía escucharse la conversación tirante entre la criatura mayor, que recordaba a la más atractiva que habían venido a por una reliquia, y que las esperaban, así que había que darse prisa; mientras, la interpelada expresaba con laxitud que quería un poco de tiempo para divertirse antes de seguir las órdenes, después de tanto tiempo prisionera. No tardaría demasiado. Bukko, observando el avance de Katy, convoca el poder divino sobre sí mismo para incrementar su velocidad, momento en que carga hacia el interior de la sala de adoración, espada en mano. "Creo que ustedes no han sido invitadas a la ceremonia, señoras", comentó, jocoso, sopesando su maza entre las manos, al tiempo que las criaturas se giraron en su dirección, sorprendidas. Yoreil el druida, concentrando su poder natural, susurró unos extraños zumbidos entre los labios, arrodillado.
Al hacerlo, por un instante sólo se escuchó el tenso silencio posterior a las palabras de Bukko, cuando de pronto cuatro avispas del tamaño de un gato entraron por un pasillo, zumbando con fuerza en el aire, llenas de agresividad. El elfo se alzó desde su posición oculta, señalando a las criaturas que atemorizaban a los fieles. Con una orden silenciosa, envió a las criaturas a coser a aguijonazos venenosos a aquellos monstruos, en concreto al ser objeto de atenciones y deseos por parte de muchos en el lugar. Los enormes insectos furiosos aguijonearon a la extraña mujer sin piedad, aunque su efecto no pareció ser más allá de una molestia y algunos picotazos eficaces... aunque poco dañinos. Envueltos por el cántico sagrado de guerra de Ygrein, que trajo a la existencia un martillo sobrenatural, lanzado al ataque hacia la criatura de deseo para tratar de golpearla -estrellándose en su espalda con un gran impacto-, ninguno de los presentes se percató de que la mida maga, poco a poco, se desvanecía de la vista como un viejo recuerdo. En ese mismo instante, una horda de espíritus furiosos de guerreros ancestrales se materializó alrededor de la clériga (error de Combate. No debería haber lanzado el conjuro de Espíritus Guardianes junto al de Martillo Espiritual, pero aún no controlaba bien las reglas de Acción Adicional a la hora del lanzamiento de Conjuros).
Avanzando en zigzag para evitar ataques desprevenidos, Katy desenvainó una extraña daga que había hallado en Uarowia y, con grácil velocidad, incrustó la daga donde se suponía que estarían las costillas del bello ser que perturbaba sus sentidos, momento en que el arma quedó trabada entre los huesos, provocando una fuente de dolor y sangre en la criatura, momento en que, cuando ésta se revolvió tratando de alcanzar a su atacante, Katy realizó una ágil pirueta hacia atrás, pasando entre los bancos de oración, para acabar parapetada tras una columna, evitando una posible represalia en aquel momento. Al ver aquello, la criatura con aspecto élfico, pero de grandes dimensiones, desenvainó una espada envuelta en susurrantes tinieblas que la envolvían en un torbellino de oscuridad, y partió en vuelo hacia sus enemigos, cargando contra la nube de avispas gigantes -murmurando "pequeños insectos"-. Sin embargo, el impacto de la espada sólo logró una herida parcial en el lomo del insecto, que todavía estaba listo para dar guerra. Rabiosa, la gran atacante lanzó un grito de guerra que provocó un estallido de llamas negras a su alrededor. Atrapados por ellas, muchos de los fieles, embelesados por la criatura más pequeña, cayeron al suelo envueltos en aquella ardiente oscuridad, aunque sobreviviendo a duras penas a la misma. De la misma forma, Bukko y Panit, que habían sido envueltos en las llamas, se sacudieron alejándose de ellas, sintiendo que se habían salvado de algo mucho peor, aunque percibieron que éstas consumían su esencia vital. Tanto como para acabar de un plumazo con los insectos que atacaban a la criatura de deseo. Bukko aprovechó su velocidad impresionante para esquivar lo peor del ataque, y donde Yoreil perdía contacto mental con los insectos convocados, unos pasos ante él las llamas formaron una silueta invisible que, de pronto, salió de dicha invisibilidad para formar el cuerpo de Panit, alcanzada por el fuego del abismo. Castigada por todas partes, la criatura deseada se encaró al grupo de aventureros, mostrando todo su esplendor -subjetivo a las mentes de cada ser que la contemplaba-, momento en que alzó la voz con tal potencia, que toda la sala empezó a temblar. Los oídos de los fieles comenzaron a sangrar, dejándolos sordos por completo, postrados y lamentándose de todas sus heridas anteriores y actuales. A pesar de la influencia benéfica de la presencia de Bukko junto a sus aliados, todos ellos -salvo el paladín- de pronto sintieron como toda posibilidad de escuchar se apagó en un suspiro, quedando confundidos y mareados por el efecto sobrenatural. Ygrein, extrañada, durante un instante se rascó con el dedo meñique de la mano las orejas, tratando de liberarse de aquella sensación. Pero era imposible. Bukko, sintiendo la indefensión de sus aliados, cargó a velocidad sobrenatural contra la belleza sobrenatural, golpeándola con un torbellino de justicia -totalmente silencioso a ojos de sus compañeros-. Aunque el martillo silbó en un primer intento junto a la cabeza de su enemiga, el siguiente, aprovechando la inercia del giro del arma, la alcanzó en pleno rostro, volando varios de sus dientes en un extraño chorro de sangre antinatural. Sin poder recuperarse del impacto, la criatura recibió un segundo martillazo en el pecho, hundiendo ligeramente las costillas, y doblándola por la cintura, vomitando aún más fluidos hacia el suelo... perdiendo parte de su digna y regia belleza en el proceso. Vibrando sus labios, el druida observó el combate, mientras de nuevo llamaba a otras cuatro avispas gigantes en el silencio de su sordera.
Logrando concentrarse lo suficiente en su magia, cuando liberó el conjuro pudo ver que otros cuatro insectos voladores gigantes cargaron furiosos contra la belleza mancillada a martillazos. Y, si bien no lograron conectar demasiados aguijonazos -aunque sí algunos-, molestaban lo bastante como para ponerla nerviosa. Ygrein, bramando en silencio, saltó a la batalla envuelta en sus criaturas defensoras girando a su alrededor y aullando bramidos de guerra. Los espíritus envolvieron a sus dos enemigas, golpeándolas con sus espadas espectrales -aunque la criatura mayor parecía no molestarse demasiado por ello-, a la vez que su maza sobrenatural subía y bajaba sistemáticamente, buscando el cuerpo de su contrincante mancillada. La clériga de guerra, sujetando su maza con la mano del escudo, lanzó su mano libre al cuello de la criatura bella, agarrándola como una tenaza. Susurrando entre dientes "yo te bendigo", Ygrein liberó un contacto de feroz energía divina mientras apresaba aquel hermoso cuello, haciendo a la criatura gritar de dolor y horror, mientras su martillo sobrenatural volaba por la espalda hacia ella, estrellándose entre sus omóplatos. La luz que la rodeaba se apagaba a ojos vista, apenas una antorcha comparaba con su brillo inicial, mientras su cuerpo humeaba por todas las heridas sufridas. Panit, concentrando su poder entre sus dedos, liberó cuatro esferas de energía azul que volaron raudas para estrellarse contra el monstruo que Ygrein inmovilizaba con su mano implacable. Cuando la magia impactó en varios lugares sobre ella, la criatura emitió un chillido -que sólo Bukko escuchó-, comenzando a arder con una energía interior extraña, descomponiéndose su cuerpo poco a poco, como si no pudiese sostener las energías que lo llenaban, cayendo al suelo medio en pedazos, envuelta en un nimbo de llamas azuladas. En su muerte, la daga que Katy había enterrado en el costado de la criatura cayó con un tintineo metálico en el suelo.
Katy, apartada del combate por un momento, avanzó hacia la monstruosidad enorme, desenvainando una daga que brillaba con un tono verde venenoso. Pero la enemiga fue más veloz y, cuando la asesina trató de asestarle una cuchillada en el muslo, la giganta la apartó con un vaivén de su espada, riéndose de la humana. Ésta, con gracia felina, se apartó de su objetivo con una serie de volteretas, tratando de salir de su área de alcance para no ser engullida por las sombras de su espada. Rabiosa, la giganta bramó "no creáis que vais a salir indemnes de aquí después de haber destruido a mi ama". "Si ella era tu señora y ha durado un suspiro, imagina tú que eres sirvienta", contestó socarrona Ygrein (que estando sorda no debería haber podido oír aquellas palabras, y mucho menos contestar... pero fue cosa entre jugador y DJ, así que se pasó por alto). Con un grito, la mujer incrustó su espada en el suelo junto a las avispas, lanzando una explosión de fuego oscuro a su alrededor. Los insectos, ágiles en su vuelo, esquivaron la onda. Bukko, sobrenaturalmente veloz, logró también esquivar el poder de la mujer enorme. No así Ygrein, quien al ser alcanzada por las llamas, sintió su piel escaldarse con el frío de la muerte... pero no sólo eso, sino que el fuego se introdujo en su cuerpo... paralizándolo momentáneamente, dejando a la sacerdotisa inmóvil durante unos preciosos segundos, sólo protegida por los espíritus que giraban a su alrededor y usaban sus espadas espectrales para golpear a la enemiga. Yoreil, avanzando cuidadoso hacia Panit, mientras ordenaba a sus insectos cargar contra la enemiga que trataba de quemarlos sin éxito, llegó junto a la maga, aplicando en ella una curación menor para sacudirle los leves efectos perniciosos que había sufrido hasta aquel momento. Por su parte, las avispas gigantes buscaban sin éxito dónde golpear con sus aguijones, hasta que una de ellas clavó e inyectó su veneno en la giganta, que se sobresaltó por el doloroso picotazo. Bukko, casi tan veloz a pie como las avispas en vuelo, envolvió en una energía sagrada su martillo, cargando hacia la única enemiga que quedaba. Con golpes tan certeros como devastadores, su primer impacto estalló con una luz sagrada en la pierna de la enemiga. El segundo, al provocar un desequilibrio en su adversaria, ascendió hasta la cadera, y el tercero se estrelló contra el vientre de ésta, en rigurosa concatenación experta. Con cada impacto, las sombras de la espada se disipaban progresivamente, gritando la criatura a cada impacto. Mientras la atacaba, Bukko gritaba "¡¿Por qué diablos habéis venido, maldita?! ¡¿Qué reliquia buscáis?! ¡Lárgate de aquí si es que aún puedes salir por tu propio pie!". Con los dientes apretados por el sufrimiento, la enorme criatura gruñó "¡me lo arrancarás de mis labios muertos!". Ygrein, imposibilitada en su movimiento, observaba con incontenible odio al ser, tratando de escapar de su cautiverio. De pronto, sintió como una fuerza externa la liberaba de su parálisis. Al acercarse Bukko a ella, la influencia divina de éste sacudió el efecto paralizante en la sacerdotisa, y ésta envió a sus espíritus a castigar a la bestia. A su vez, el martillo sobrenatural voló hacia la enemiga, impactando en el pecho de la misma, quien dejó escapar el resuello en un soplido por el golpe. Con un gesto socarrón, la sacerdotisa avanzó decidida hacia la giganta, apoyando su mano cargada de energía dañina en la pierna de ésta, al grito de "yo te bendigo". Un crujido mágico de poder saltó de la mano a la pierna, generando un chillido de dolor en el ser, aterrado por el ataque. Pero... en un instante empezó a reir de buena gana, mirando con sorna a Ygrein. La magia, en realidad, no había hecho mella alguna en ella, pues parecía inmune a esa clase de poder. Panit, a lo lejos, considerando que aquel combate tenía que acabar lo antes posible, concentró su magia y su voluntad en una fuerza invisible que arrancase la espada de las manos de la enemiga. Alrededor de la maga y de la giganta, el suelo empezó a vibrar, elevándose del mismo pequeñas nubes de polvo y algunos fragmentos esparcidos del mobiliario movido y castigado por la lucha. Cuando la mente de la maga empezó a buscar un objeto físico al que aferrarse, concentrada en la espada de oscuridad de la criatura... allí no había nada que coger. Se trataba de una manifestación de la voluntad aniquiladora de la criatura, hecha de energía de sombras. Frustrada por el descubrimiento, empezó a moverse buscando otra posición más apropiada para su siguiente maniobra.
Katy, de nuevo volviendo a la lucha con gráciles piruetas y tumbos, trató de apuñalar en un descuido a la monstruosidad. Pero ésta, con una velocidad impensable en alguien de su tamaño, interceptó con su propia espada la cuchillada. Con una mirada interesada en la daga de Katy, la enemiga asintió levemente con el rostro, murmurando: "ahá. Así que tú también tienes un objeto. Serás la siguiente en morir". Pero no logró su objetivo, al chirriar el acero de la asesina alejándolo del arma de la atacada. Volviendo a zafarse de su área de ataque, Katy se marchaba diciendo "sí, sí... siempre y cuando consigas atraparme". Revolviéndose de ira, la criatura liberó otra explosión de fuego oscuro, que en esta ocasión sólo alcanzó de lleno a Katy, quien quedó momentáneamente paralizada por el horror que le causaba aquella energía de muerte, mientras el resto de los alcanzados sólo sufrieron los efectos dañinos atenuados del fuego... siendo además inmunes a su efecto aterrador, al encontrarse cerca de la influencia benéfica de Bukko. Sólo las avispas gigantes fueron de nuevo arrasadas por las llamas (a pesar de su agilidad). Ofendida por el comportamiento despreciativo de la criatura, Ygrein cargó hacia ella, dejando que sus espíritus envolviesen y desgarrasen el alma de la contrincante, a la vez que golpeaba con su maza la pierna de la misma. Su martillo sobrenatural voló como un meteoro... alcanzándola en la cabeza. Un crujido... un extraño ángulo en el cuello... y la mirada perdida del ser dieron a entender que Ygrein había derribado... y derrotado por fin, a aquella bestia, que cayó con un estruendo derribada en el suelo.
Cuando la acción empezó a calmarse, los aventureros se observaron unos a otros y a su alrededor. Bukko fue consciente, de pronto, que los fieles y sacerdotes se ayudaban a incorporarse, mientras se gritaban entre sí cosas como "¡¡¿QUÉ DICES?!!", "¡¡QUE NO TE OIGO!!". Bukko, caminando decidido hacia la última enemiga, seguido de cerca por Panit, observó al acercarse que la criatura, junto con su espada, poco a poco empezaban a deshacerse en sombras... pues era la materia de la que se componían por completo. Frustrado por aquello, Bukko echó un vistazo a su alrededor, mirando hacia sus compañeros, y señalándose a los oídos, dando a entender que preguntaba quién estaba sordo. Ante la confusión de todos tratando de comunicarse sin oír, Bukko hurgó en un oído de Panit, mientras utilizaba una bendición para eliminar la sordera, momento en que ella empezó a escuchar de golpe todo lo que quienes habían quedado sordos estaban gritando a pulmón lleno... sobre todo entre los sacerdotes. Al mirar en su dirección, vio que éstos en principio no se entendían entre sí, pero poco a poco fueron convergiendo unos sobre otros, tocándose, y pequeñas oleadas de magia divina los liberaba unos a otros de la sordera, aliviándose por el mal trago. Al ver aquello, Panit y Bukko cogieron a sus compañeros, prácticamente arrastrándolos hacia los sacerdotes, para que aplicasen sobre ellos las curas apropiadas a su sordera. Después de devolver la audición a todos, los sacerdotes y fieles de El Peregrino observaron alegres a los recién llegados. "Gracias, hermanos", repetían contentos por la intervención. "Estábamos sometidos". Ygrein proclamó si habían contemplado el poder del Dios de la Guerra. Los fieles proclamaron que Dekaeler, en efecto, era poderoso. Bukko reclamó su parte de atención, proclamando la fuerza del brazo de Waroui, a lo que los presentes agradecieron también la presencia del Espada del Sol. "La voluntad de la criatura más pequeña nos tenía subyugados. Y la más grande guardaba la entrada, impidiéndonos salir. De hecho, nos tentaban para convertirnos en criaturas de las sombras", dijo uno de los rescatados. Bukko preguntó sobre la reliquia que estaban buscando. Uno de los sacerdotes comentó que buscaban uno de los objetos más antiguos del templo, aunque no era importante. Sólo se trataba de un trozo de un mecanismo de los Peregrinos, que ni siquiera funcionaba. Panit, de inmediato, preguntó dónde estaba ese objeto. Ante aquella petición, fieles y sacerdotes se miraron suspicaces, pero a lo lejos, Rauh el anciano mida sacerdote que había ido a buscarlos los instó a la calma y la confianza, pues él mismo les había pedido ayuda, porque la Hermana Mayor Rumiah se había marchado, sin saber a dónde, sin dar explicaciones, dejando al templo indefenso ante aquella amenaza. Bukko reveló que aquella mida, en el fondo, era una hereje que no creía en nada. Una atea. Aquellas palabras causaron desconcierto y duda, ya que era la Suma Sacerdotisa del Templo de El Peregrino. Aquello era imposible. Bukko reveló que ella misma lo confesó de sus labios. "Espada del Sol... pero eso... no puede ser... no blasfemes...", susurraban los fieles presentes. Bukko continuó diciendo que ella misma era la que blasfemaba contra los dioses. Los allí presentes seguían en la duda, ya que Rumiah era su guía espiritual, y aquello era impensable. Y mientras los fieles se lamentaban, Panit decía que, siendo débiles de mente como parecían mostrar, eran incapaces de aceptar la verdad. Viendo el posible desenlace de la discusión, Rauh tomó la palabra, restando importancia a una discusión de cuestiones teológicas, comentando que lo importante era que aquellas criaturas habían ido al templo por algo. Bukko reafirmó aquellas palabras, pidiendo que le mostrasen la reliquia. Cuando Rauh se acercó a una pared, apoyando la palma de su mano en ella, sus compañeros le suplicaban que no lo hiciese, aunque el anciano explicó que los aventureros eran de confianza, y siguió con su tarea. Murmurando unas palabras en Peregrino (que Panit pudo comprender: "Uno de los Más Sagrados solicita Humildemente tu Audiencia"), provocó que unas runas de Peregrino comenzasen a brillar en la pared. Dichos símbolos provocaron que la pared se volviese translúcida, mostrando al otro lado un enorme, exótico y complejo mecanismo Peregrino. Panit, al echar un rápido vistazo... se percató de que estaba incompleto, ya que formaba parte de algo mucho más grande, con toda seguridad. Ante sus ojos, Panit sabía que ensamblándolo en algo mayor, podría provocar una reacción en otro mecanismo... si no fuese porque estaba roto. Lo más peculiar es que la maga mida estaba segura de que aquel objeto era importante. Panit, dirigiéndose a la congregación, preguntó con desparpajo si aquel objeto poseía energía. Los fieles, mirando con temor a Rauh, dijeron que no podían hablar de sus reliquias con profanos, a lo que el maestro mida volvió a reiterar que eran de confianza. Les pidió ayuda para que salvase a los fieles del templo, y así hicieron, ayudando en las mejores de sus posibilidades. En el intercambio de palabras, Ygrein se acercó a uno de los fieles que más protestaba, y acercándolo a los cadáveres de un suave tirón, le preguntó quién se había encargado de ellos. Sin esperar respuesta, se señaló a sí misma y a sus aliados, terminando en que debería ser menos quisquilloso sobre qué temas hablar y cuales no con quienes se habían arriesgado sin motivo alguno para salvarles el pellejo. A la vez, Bukko miraba extrañado el artefacto, comentando con Rauh que una reliquia de culto solía tener un aspecto más ancestral y bien distinto... como la del templo de su hogar en los pantanos: una vieja mata de arbustos que tenía siglos de antigüedad, alrededor de la cual se construyó el templo a Waroui. Rauh comentó que aquel objeto era uno de los secretos mejor guardados del templo. Formaba parte de las reliquias de su pasado, siendo transportado hasta allí, cuando se construyó el templo, por sus primeros hermanos. Bukko, mirando a Panit de reojo, comentó que, según la expresión de la maga, aquello tenía toda la pinta de chatarra... porque no funcionaba. Durante la conversación, Panit accedió a sus conocimientos sobrenaturales, realizando un ritual para comprender el nivel y clase de energía mágica que despedía aquel objeto. Al terminar, la mida se sobresaltó al descubrir que en el núcleo de aquel mecanismo aún había energía acumulada, sin uso, y bastante poderosa. Al parecer, algún tipo de acumulador mágico estaba lleno de poder puro. Al acercarse a la pared translúcida, sobresaltando a Rauh, Panit tocó la misma, percibiendo un tacto cristalino y denso bajo su mano, imposible de atravesar. Tomando detalle de qué se trataba aquella barrera, Panit al final entendió que se trataba de una magia permanente que formaba un muro sólido e invisible, protegiendo aquel artefacto: un "Muro de Fuerza". Mientras Panit se apartaba a un lado, conversando con Yoreil la mejor forma de acabar con aquella barrera y saquear el objeto, tratando de apartar a Bukko del lugar y que los ideales de éste no interfirieran, Katy observaba de lejos el aparato, comentando socarrona: "¿Y por esa mierda estabais preocupados?". Los sacerdotes, abrumados, dijeron: "Hermana, ¿por qué dices esas cosas? Éste es uno de nuestros objetos más preciados." Panit se acercó a Rauh. "Señor Rauh. Como usted comprenderá, este objeto por sí solo es inservible. Sin embargo, las criaturas que han venido por él probablemente quieran unirlo a un mecanismo mayor, para hacerlo funcionar. Mi intención es extraer su poder del mismo para, en caso de que se lo llevasen, no pudieran usarlo por encontrarse sin poder que lo alimente." Al escuchar aquello, Bukko puso sus brazos en jarras mirando a Panit, con una expresión sorprendida en el rostro.
Durante la conversación de Bukko y Panit con Rauh, la descomposición en sombras de la criatura gigante había concluido. Y donde se encontraba la mano de la espada, un anillo cayó tintineando al suelo. En principio su tamaño lo hacía más apto para ser una muñequera... hasta que poco a poco se redujo al tamaño de un dedo grande, engarzado en un diamante negro (125 Mo). Y allí donde la criatura de belleza embrujadora había caído, en aquel momento sólo quedaba un montoncito de polvo (polvo de hada, que reconoció Panit). Entre sus restos había una tiara de mithril y platino con ópalos blancos (de un valor aproximado de 5000 Mo). Continuando el saqueo, quienes no atendían a la charla teológica pudieron encontrar entre los restos de la armadura de la criatura gigante (lo único físico que quedó) había engarzada a una pequeña cadena de plata una poción curativa. Sin embargo, dado su tamaño y concentración, podía proveer de hasta cinco dosis de la misma (cosa poco usual). Ygrein, tras encontrar la diadema, se fijó en que el polvo, al ser desplazado para extraer el adorno, reveló bajo el mismo un pequeño saquillo dorado, en cuyo interior había dos minúsculas bellotas del mismo color (sanadoras de estados perniciosos), que Yoreil reclamó para uso del grupo.
Bukko, junto a Panit, se dirigió a Rauh, tratando de convencerlo para que eliminase la barrera protectora y permitiera a Panit manipular el objeto. Rauh se negó a ello, argumentando que era uno de los objetos más sagrados, imposible de acceder a los no fieles. Bukko continuó su explicación, indicando que debían averiguar por qué deseaban apoderarse de él aquellos seres. Aquella información beneficiaría al Principio Rector. Rauh murmuró que ya era bastante peligroso revelar su existencia para que los aventureros lo viesen. Pero, por sus votos, le era imposible permitir que lo manipulasen. No podían pedirle aquello, a pesar de sentirse compelido a tratar de ayudarlos de la mejor forma posible... salvo aquello. Bukko, a pesar de sus convicciones teológicas, trataba de entender cómo un grupo de devotos eran capaces de adorar algo que entraba más en el campo de la ingeniería que de la religión, y por tanto se encontraba vacío de significado divino, tal y como conversó con Rumiah en su encuentro antes de que ella desapareciese. A tal efecto, intentaba convencer incansablemente al anciano. A él se unieron Panit e Ygrein, tratando de apoyar sus argumentos, explicando que el motivo último de que criaturas como aquellas podrían seguir apareciendo era aquella estructura. Y por ello necesitaban entender el por qué de la misma y su importancia para estos seres. Panit volvió a añadir su explicación de que, si aquel artefacto era despojado de su energía acumulada, supondría la diferencia entre perderlo o no... a pesar de que en lo alto del bastón de la estatua del Principio Rector había un enorme cristal de xion... CARGADO. Panit intentaba convencer a Rauh de que aquello formaba parte de un diseño mayor que deseaban robar para usar en su provecho. Bukko, esperando que Panit pudiese acceder a la reliquia, se apartó hacia el libro de las escrituras del Principio Rector, y empezó a estudiarlo para tratar de dar sentido a los argumentos que permitiesen lograr acceso a tal objeto. Por su parte, Panit tenía que sopesar claramente lo que ocurriría si afectaba de forma permanente una reliquia del Principio Rector, deidad principal del Imperio Mida. Si ella estaba ya mal vista a ojos de la sociedad mida por el desplante hecho a su influyente familia cuando era más joven... aquello podría producir una ruptura irreparable, y había que sopesarlo. Al observar a la mida ofuscada por el desconocimiento de qué ocultaba aquel objeto, Yoreil se acercó a ella. Apoyando con suave firmeza su mano en la mida, la giró hacia él, apoyando la palma de su otra mano en la frente de la misma. "Abre tu mente", susurró junto a una plegaria, momento en que el pensamiento de la maga se volvió mucho más lúcido y fluido de lo que recordaba. Al girarse hacia el artefacto, y observarlo con la mente preclara... Panit fue consciente que se trataba de un mecanismo de una torre de xion. Un "interruptor" que permitía desviar la energía, canalizándola a distintas fuentes. La energía en su interior formaba parte de un apartado capaz de activarlo a distancia. Sin embargo, la ausencia de funcionamiento era producto de no encontrarse dentro de una estructura que le enviase órdenes para ser activado... como el interior de una torre de fulgor (un transformador de luz solar en energía xionica). Panit recordó que en su visión había una torre de fulgor. Quizá buscaban aquel mecanismo para utilizarla en su provecho.
[En un inciso, los jugadores recordaron que querían ir a visitar un monte llamado La Aguja del Peregrino, cerca de la frontera entre el Imperio y Azur, al este de Kiro pues, al parecer, una antigua estructura que encontraron allí antes de viajar a Uarowia, al descubrir que Katy era objeto de una conspiración para usar la energía psíquica de su dolor para alimentar a un Vestigio Peregrino encerrado en la Prisión del Arcano, y devolverle parte de su pasada energía... el Peregrino llamado Ehurimar]
Durante todo el proceso, los sacerdotes, a pesar de su reticencia a que interactuasen con el artefacto, agradecieron a los aventureros que salvasen sus vidas y a su templo, comentando que las criaturas al parecer no sólo estaban interesadas por el objeto, sino que además tratasen de alimentarse de los pensamientos negativos y la lujuria espiritual de los sacerdotes... como deseando la fe de los mismos... pero antes de devorarla, esperaban poder corromperla. Rauh añadió que, al darse cuenta del ataque, escuchó algo que ambas criaturas comentaban: parecía ser que su intención era acabar con El Peregrino. Aunque los aventureros sabían a qué se referían aquellas palabras, Rauh las asumió como que las criaturas habían llegado para acabar con La Religión... La Iglesia de El Peregrino. En todo aquel revuelo, los fieles volvieron a recurrir a Rauh, quien de nuevo explicó que Rumiah había desaparecido diciendo que tenía una importante reunión en Kiro, y no supo más de ella, aunque el grupo de salvadores fue el último que estuvo reunido con la misma, y probablemente sabía más al respecto. Los hermanos acudieron a los aventureros, preguntando una vez más por todos aquellos aspectos. Bukko repitió que Rumiah había perdido la fe, alterando una vez más el estado general a causa del fallo en su guía espiritual. En aquel momento, uno de ellos recordó que todavía quedaba un sacerdote más antiguo que Rumiah, aunque no había ascendido en el escalafón político de la misma: Rauh. Quizá en la ausencia de Rumiah podrían apoyarse en él, aunque éste trataba de evitar tal responsabilidad replicando que "era un simple escriba. Era incapaz de sostener la fe de la ciudad". Sus hermanos en la fe trataban de convencerlo que de debía tomar partido en aquella crisis dentro del clero, y necesitaban la guía de alguien con sabiduría. Rauh buscó con una mirada silenciosa a los aventureros, suplicando sin palabras qué hacer. En ese momento, Panit alzó la voz indicando que ella los guiaría, pues nadie salvo ella sabía de qué se trataba aquel artefacto. Bukko añadió que la maga tenía más conocimientos sobre los Peregrinos que cualquiera de aquella sala, lo que la capacitaba a tal efecto. Debía ser elegida. Cuando se hizo el silencio ante aquellas palabras, un devoto comentó suavemente: "¿Dónde está tu medallón de El Peregrino para guiarnos?". "Dadme uno", dijo ella. "Dadle uno", añadió Bukko. "Eso significa que no eres miembro de la iglesia", contestó el mismo devoto. "Yo soy ciudadana del mundo, no miembro de un clero", declaró orgullosa Panit. "Recita las primeras palabras de El Peregrino", solicitó un segundo devoto de la congregación. Sorprendentemente, la memoria de la mida permitió que expusiese sin balbuceos lo que le pedían. Sorprendido, otro devoto preguntó: "En la Parábola de la Transformación, ¿cuáles fueron los primeros mandatos del Peregrino a sus huestes?". Nuevamente, Panit fue capaz, sin esfuerzo, de exponer lo que le solicitaban. Los hermanos, asombrados, se giraron hacia Rauh. Éste, mirando a Panit, y conociendo quién era en realidad, frunció el gesto, a pesar de que Bukko se dirigió a él diciéndole "sabes que ella puede ser la elegida. Cuestiona la fe y la hace renovarse". Rauh observó a la congregación, solicitando un momento para reunirse con los aventureros -con Panit- en privado. Al estar apartados, Rauh se sinceró con Panit: "entiendo que, como erudita, conozcas las Escrituras. Pero eres miembro de El Desentramado, y sé de lo que hablas. El problema es que no eres una fiel." "Vuestra antigua líder tampoco lo era, y a nadie le importaba", respondió Panit. "Y por eso necesitamos a alguien que comprenda a un nivel espiritual nuestras escrituras. Si tú te conviertes en cabeza de la religión, probablemente crees un cisma tan grande como para que el Imperio Mida nos excomulgue a todos". Con una mirada clavada en los ojos de la maga, añadió, señalando a los devotos: "¿quieres eso para ellos? No te lo digo por mí, pero, ¿deseas que ellos sufran ese destino?". Panit, totalmente ajena a un sentido espiritual, contestó: "esta religión necesita un cambio. Yo lo puedo hacer perfectamente de líder administrativa, a nivel erudito, y lograréis gran provecho de mis conocimientos, como el saber qué hacía una reliquia que teníais aquí y desconocíais su función... y tú, cuya devoción y fe, podrías encargarte del corazón y el alma de los fieles". Bukko, a unos pasos, apuntó que podría tratarse de un duunvirato en la cabeza del clero. Panit continuó: "Tú te encargarías de las cuestiones más profundas del corazón y el alma...". Pero Panit no entendía realmente lo que trataba de hacer, pues lo hacía desde una perspectiva fría y lógica. Bukko continuaba diciendo: "sabéis que si no hacéis algo, vuestra religión se desmoronará aquí". Rauh, con un suspiro, miró a Panit, frotándose la frente. "¿Quieres que este templo caiga en el cisma religioso y político del Imperio Mida?". "Una cosa es una reforma, y otra un cisma", señaló Bukko. Panit siguió con su argumento: "Exactamente. Tú has visto mi habilidad en combate. Si volviesen a atacar el templo, te vendría bien mi presencia". Rauh no sabía como hacer entrar en razón a Panit: "no me refiero a eso, hermana. Estamos hablando de una cuestión espiritual. Creo que incluso tus compañeros Ygrein y Bukko entienden más de ese asunto que tú. Eres una erudita. Puedo aceptar que te conviertas en una asesora. Pero no puedes ser el miembro más alto del clero porque ni siquiera estás ordenada... No tienes fe". Panit arremetió sin comprender lo que ocurría: "La antigua cabeza de culto tampoco tenía fe. Allí hacía falta un cambio... y los cambios se hacen desde fuera... y desde dentro... alguien que no esté torcido." Con un suspiro final, el sacerdote mida dijo: "convocaré un Concilio con mis hermanos. Haremos una reunión, y lo tenemos en cuenta. Después del Concilio, te trasladaremos nuestra respuesta. Ten presente que, si te conviertes en miembro de pleno derecho, tendrás que aceptar todos los votos, aceptar nuestra fe y respetar nuestras costumbres... lo que implica que, posiblemente, en el Desentramado te expulsen. De todas formas, hablaré en tu favor. Cualquiera que sea la decisión final, tendréis todos tanto el respeto como la ayuda del templo en caso de que la necesitéis." Panit se extrañó de aquellas palabras, pero comprendió que Rauh estaba haciéndolo de buena fe, humildemente, y agradecido por la ayuda prestada. Tras escuchar aquello, Bukko tomó la palabra: "Una cuestión importante. Si vuelven a por la reliquia, ¿qué vais a hacer?". "Estaremos preparados", intentó decir Rauh. "No lo estáis", respondió Bukko. "En efecto, no lo estábamos porque no lo esperábamos", dijo el mida anciano. "Si vuelven estas criaturas, ¿qué haréis?", siguió el hipótido. "Peor", añadió Panit. "Si son otras bestias, monstruos o criaturas, ¿qué pasará?". Ruah, abrumado por los aventureros que los presionaban, trató de explicarse: "Convocaremos a nuestros hermanos marciales, retiraremos a los asesores espirituales de las calles para ayudar exclusivamente en el templo, y cerraríamos el culto salvo a los hermanos ordenados y a nuestros aliados... como vosotros. Y si fuese necesario, podrían convocar al Templo de Dekaeler". Ygrein, resoplando, murmuró que hacia falta un servicio militar como el comer en aquel templo. Disciplina para la batalla. Bukko dijo: "Creo que, de manera excepcional, el templo no está protegido. Deberíais trasladar la reliquia a la Prisión del Arcano bajo El Desentramado." Rauh, sorprendido, dijo que desconocía de qué hablaba Bukko. El hipótido entonces recordó que aquel lugar era secreto, salvo para el Desentramado, Panit, Katy y él... y sus aliados más cercanos, como Ygrein. Bukko tomó las riendas de sus palabras, explicando que se trataba de un lugar extremadamente seguro, en el que nada puede entrar o salir sin ayuda de quienes lo guardaban. Rauh respondió que, al igual que con la propuesta de Panit, también expondría aquella propuesta en el Concilio, y responderán lo antes posible. Con todo, apostaría por los aventureros e intentaría convencer a sus hermanos para hacer lo mejor por el templo. La conversación continuó con Bukko explicando que si los monstruos volviesen, se llevarían la reliquia porque habría pocos efectivos para montar guardia. Rauh replicó que en la congregación eran más de cien fieles, esperaba tener efectivos para comenzar las labores de defensa. Bukko respondió que no habían podido hacer nada, siendo más de una docena. Rauh añadió que los líderes más importantes y poderosos no estaban presentes. Al ver el rumbo de aquella conversación, Rauh preguntó por qué tanto afán en llevarse la reliquia. Cuál era el motivo. Bukko explicó que no deseaba que los monstruos se la llevasen para cumplir su objetivo: una catástrofe. Panit afinó comentando que con ella reactivarían una torre de xion para canalizar energía solar y provocar mayor caos. Rauh, extrañado, comentó que en la región no existían torres de xion. Panit no podía aceptar aquellos argumentos... aunque empezaba a frustrarse por no encontrar respuestas, y respondió con las mismas palabras al sacerdote, pero en un tono burlón, concluyendo "pero hay más torres fuera de aquí", al tiempo que Ygrein se situaba tras el anciano, con el rostro contraído por la frustración. Rauh, molesto, solicitó que no se burlase de él o de su fe. Bukko trató de ahondar comentando que el sacerdote era experto en las profecías de las que habían hablado antes del ataque al templo, incluyendo la situación en la que los Peregrinos utilizaban a la Cacería del Odio para arrojarla unos contra otros por motivos insondables, cosa que Rauh corroboró. El hipótido comentó que aquellas criaturas necesitaban aquel mecanismo para activar un artefacto Peregrino. Rauh preguntó por qué sabían aquello, o cómo pensaban que aquello era así. Bukko volvió a referirse a la función del objeto y su relación con una torre del fulgor, además del origen de la Cacería del Odio. Deducía que estas criaturas pensaban usar aquella fuente de energía para sus fines, activando algo dentro de una torre de aquel tipo. Rauh expuso que se sentía cada vez más presionado, a pesar de que el paladín le explicó que la ciudad había estado bajo ataque, con eventos de asesinatos y desapariciones de ciudadanos y la aparición de peligrosas criaturas, lo que les llevaba a tomar esa decisión, a pesar de que el sacerdote mida les dijese que a ellos era la primera vez que les sucedía algo así. En el tira y afloja de argumentos, Rauh expuso que Bukko debía entender su postura desde su propio punto de vista, en el que si alguien del Principio Rector llegaba al templo de Waroui a llevarse una reliquia fundamental para el sacerdocio, el paladín comentó que, en caso de recibir razones de peso, se lo pensaría y lo plantearía, pero aún así, el Principio Rector no podía dedicar demasiado tiempo a tomar una decisión que ponía en peligro al templo, ni traer a expertos de muy lejos que tardasen en llegar. En efecto, Rauh dijo que, siendo una situación urgente, propondría la reunión con premura, pues en efecto peligraba tanto su fe como su templo y sus bases. En eso estaban de acuerdo. A pesar de todo, Bukko insistía en que aquella situación no sólo implicaba al templo, sino a toda la ciudad por lo que había ocurrido, y debían tomar una decisión ya. Rauh añadió a toda la conversación que aquel templo podía considerarse como una embajada del Imperio Mida en Azur, y si hubiese un problema con una reliquia del templo, el incidente con el Imperio se convertiría en un enorme problema.
[Después de una interacción de tira y afloja sin llegar a ninguna parte, el grupo de Aventureros no había tenido en cuenta que todo el argumento de que las criaturas volverían fallaba en un punto principal: las criaturas, antes del combate, comentaban que debían marcharse porque las estaban esperando. Aquello echaba por tierra un peligro inminente de "volver a por la reliquia", pues al parecer tenían otros planes. La respuesta a posteriori a aquella información fue "si los monstruos muertos llegaban tarde... sus aliados volverían para ver qué sucedía"]
Y, durante toda aquella laaaaaaarga conversación, Yoreil, pensando a largo plazo, decidió conocer a diferentes formas de vida (mayormente, insectos o pequeños roedores) del templo, por si en algún momento necesitaba canalizar su poder a través de los sentidos de éstos y ver qué podía suceder dentro del templo después de que lo abandonase (para lo cual necesitaba un objeto de un valor como el de la diadema... buena forma de aprovechar un recurso monetario).
Tras la reunión con Rauh, Panit tuvo en cuenta que, en cualquier momento en que recuperase el uso completo de sus poderes, se podría mágicamente en contacto con Rumiah, la sacerdotisa sin fe huida, para extraer más información al respecto de todo aquello o, simplemente, por qué había huido, mientras el grupo se planteaba cuál sería su siguiente punto de investigación sobre la Cacería del Odio. Bukko, cansado de toda aquella charla, se puso en camino de atiborrarse de fruta y verdura adquirida en el mercado, mientras el sol se ponía.
CONTINUARÁ
NOTA: Regla de la Casa. Para aquellos personajes permanentemente Sordos, los Conjuros que precisen Componentes Verbales necesitan una tirada de Salvación de Carisma a CD 10 + Nivel de Conjuro para poder ser ejecutados correctamente, o fallarán su ejecución, aunque el Espacio de Conjuro no se pierde, pero sí la Acción Estándar para intentar lanzarlos.
NOTA II: Como podréis observar, Akon, Groac e Iikil no han aparecido en esta Sesión. Oficialmente, quedaron escondidos a la espera de ver cómo se desenvolvían sus aliados y héroes en la situación, y así aprender de ellos. Extraoficialmente... los jugadores no pudieron venir.















