jueves, 4 de julio de 2019

D&D 5ed - EL TUERTO Y EL DESTINO - Sesión 5 - ROMPIENDO EL HIERRO

Al día siguiente de la lucha contra los trasgos, los Héroes de Villa Ander y Siempre Muerte se despertaron, encontrando que, ingeniosamente, Petricor había utilizado el interior de una de las carretas siniestrada como tienda de campaña improvisada para descansar, frente a cuya puerta había realizado un confortable fuego.

(Menudos pirados estamos hechos)
Mientras Shail y Kirk realizaban sus rezos matutinos en el tejado de su fortaleza mágica portátil y, después, el sacerdote preparaba el desayuno, pensaron en qué hacer, al mismo tiempo que el explorador elfo echaba un vistazo a los destrozos del día anterior en el combate. En ese momento, de la nada, Gygar se materializó frente a la puerta de la torre, llamando con su voz chirriante.
Estaba aquí para recoger el tributo de perdón de Rando (correctamente elaborado) que le permitiría ser obsequiado con la Ayuda del Spriggan, además de informar de que su Señora Fata estaba de acuerdo con el trato.
Dicho aquello, se marchó, a la espera de que, cuando convocasen 3 veces su nombre, aparecería para concederles los "regalos" individuales o colectivos que hubiesen elegido, incluyendo a Petricor.

Tras marchar, Rando se fijó en que Petricor se las había apañado bastante bien esa misma noche, y le preguntó si era de aquella región, porque quizá podría ser de ayuda con el rastro de los maleantes que habían provocado el asalto a la caravana de Ulma. Entonces, Petricor, ciertamente reservado, les recordó que sí, en efecto era de las cercanías, y actualmente se dirigía de vuelta a su hogar presente en Daarmaar. Eso hizo recordar a Kirk y Shail que el mapa emborronado del ManoHierro que había estado con Fryda tenía una marca en Daarmaar junto a una marca de orco, con lo que el grupo debía dirigirse hacia allí.

Antes de partir, el grupo decidió enviar una avanzadilla con Talion hacia Ander, haciendo fonda en SternTale, para informar de las noticias actuales sobre el descubrimiento de la caravana. Así, Ulma tomaría las medidas necesarias al respecto. Asintiendo con cierta incomodidad, Talion, consagrado a la Venganza, aceptó marcharse no sin pensar que podría haber vengado la posible muerte de los viajeros fallecidos en la operación de los ManoHierro para apoderarse de la mercancía de las caravanas.

Dividiéndose, mientras Talion se dirigía al este a toda velocidad con su caballo espectral, el resto (Petricor incluido) empezó a seguir el rastro que se marchaba del lugar del asalto. Aunque todos parecían estar seguros de lo que hacían, cuando un ladrido de Manberulf (el lobo de Petricor) les llamó la atención, se dieron cuenta de que avanzaban entre la clara vegetación dirección este, pero el lobo se encontraba claramente orientado hacia el norte. Incluso Petricor, confundido, había perdido un rastro tan claro que, precisamente, en su inicio, había empezado a viajar hacia el nordeste (el lugar que marcaba -posiblemente- el mapa tosco que Rando obtuvo de manos de Fryda en SternTale).

Corrigiendo su rumbo, durante más de cuatro horas, todos avanzaron entre matorral y grupos de árboles que a veces cubrían el cielo, y pasados el medio día, todos alcanzaron los aledaños cultivados de la aldea de Daarmaar. Allí, grupos de labriegos humanos, medianos y semielfos trabajaban la tierra, cerca de retirarse pronto para almorzar, quienes portaban unas armas bien dispuestas para la lucha. Petricor comentó que, encontrándose en un lugar fronterizo tan peligroso, todos los habitantes, varones y mujeres, habían aprendido a luchar con habilidad, además de formar parte en turnos rotatorios en partidas de exploradores y batidores para vigilar las cercanías de incursiones enemigas. Tras los cultivos y entre las granjas, una empalizada de casi dos metros estaba abierta por un portón principal, y en su interior parecían esparcirse las casas de la villa.

Dos medianos y un fornido humano que charlaban cerca de un sembrado, al ver aparecer a Petricor, lo saludaron con una media sonrisa, pero cuando el resto surgió tras él, sus rostros se apagaron con miradas ceñudas. Todos apoyaron sus manos en el pomo de sus ballestas o hachas. Aquella respuesta confundió al explorador, acostumbrado al carácter ceñudo pero hospitalario de sus vecinos. No sólo él se había dado cuenta: sus recién adquiridos compañeros también notaron lo mismo.
Intercambiando palabras sobre quién eran los recién llegados y si eran un nuevo rescate piadoso del elfo, éste contestó que se trataba de unos viajeros descarriados que buscaban cobijo para la noche.
Con cierto tono hosco, los lugareños respondieron que mejor sería buscar posada al este en SternTale, porque seguro que personas tan bien posicionadas como los viajeros preferirían tales comodidades en vez de descansar en un lugar tan agreste. Los aventureros comentaron que sólo deseaban pernoctar, y no molestarían. Cuando se preguntó por sus intenciones, volvieron a repetir dichas palabras, aunque Rando empezaba a sentirse molesto y Shail sentía que algo ocurría, pues las miradas nerviosas de los labriegos parecían más preocupadas por la villa que por los recién llegados. Conforme se desarrollaba la conversación, de otros campos de cultivo se acercaban más trabajadores y trabajadoras, manteniendo la distancia, pero pendientes de lo que ocurría. Petricor, sabiendo que allí todos los vecinos eran buenos luchadores, no quería llamar demasiado la atención, pero aún así preguntó a sus vecinos si sucedía algo para que estuviesen más tercos que de costumbre.
Por la insistencia de tomar posada de los recién llegados, al final los lugareños les indicaron que lo único que podrían hacer para descansar es que alguna familia les alquilase una habitación o un granero para dormir, o podían preguntar en la Taberna de Weylan por si les dejaba un camastro en la sala común, ya que al parecer no tenía posada que ofrecer en esos momentos.
Restando importancia al comportamiento levemente hostil de los lugareños, Kirk recomendó seguir adelante, para ver qué es lo que estaba ocurriendo, pues el hecho de que el rastro les hubiese llevado no a rodear la villa, sino DIRECTAMENTE hacia ella, dejaba claro que la partida a la que perseguían estaba en el interior de la población, y quizá había algún problema.
Despidiéndose de los vecinos (los cuales, en última instancia, tratan de evitar más conversación incómoda y se alejan hacia sus casas, reuniéndose después en comidillas para hablar de los forasteros recién llegados), el grupo avanzó con seguridad hacia las puertas abiertas de la aldea, en cuyo interior encontró un puñado de casas sólidas de una planta dispersas, sin calles empedradas o adoquinadas, con un gran edificio en el centro que había sido aprovechado utilizando la abandonada estructura de un alcázar con una única torre para adecentarla y convertirla en un ayuntamiento, además de un pequeño altar a Chauntea, rodeado de paredes para dar cobijo quizá a no más de 5 o 6 personas, atendido por un anciano y fornido sacerdote de cabello blanco, con una pesada maza colgada a su cinto y una túnica sencilla de tejido basto,
un molino de agua al otro lado de la población, que abastecía de agua corriente y grano molido, un (relativamente) enorme edificio de dos plantas, que según indicaba Petricor correspondía a la Taberna de Weylan, y tras el mismo, un edificio algo más grande y sólido, de madera y piedra, que formaba parte de la logia de Vigilantes de la aldea, donde todos los exploradores, batidores y milicianos rendían cuentas e informes terminada su jornada. La pequeña población rebosaba actividad, pues era hora de almorzar, y entre las pequeñas patrullas de milicianos de mirada firme, vecinos de ojos sorprendidos y suspicaces que observaban el paso de los aventureros y los saludaban con una inclinación de cabeza, y gente que se dirigía a sus hogares, destacaba una gran congregación de gente frente a la puerta de la Taberna, que no dejaba ver la entrada. Parecían discutir entre ellos, molestos por algo, y aunque se veían interesados en entrar, lo que sucedía era precisamente lo contrario: salían más parroquianos de los que entraban.

Curiosos, Kirk, Rando, Shail y Petricor se metieron entre la gente para ver qué ocurría, y entonces vieron como, junto a la puerta cerrada de la Taberna, un hombre se apoyaba con desinterés, de aspecto curtido, ya pasada la treintena, y bien pertrechado con una armadura, en cuyo peto se encontraba grabada una mano cerrada de metal negro: la insignia ManoHierro.

Cuando Rando avanzó hacia la puerta, el hombre que estaba ausente de lo que ocurría a su alrededor, de repente se interpuso con la mano en alto, indicado que la posada estaba completa. Tenía que buscar otro alojamiento. Rando, mirando con desdén al hombre, le dijo que él iba a pasar, y lo mejor sería que se apartase, porque estaba cansado y tenía sed. El mercenario, con tono sarcástico, le señaló que si desconocía el símbolo de los ManoHierro en su armadura, lo mejor sería que se informase sobre quienes eran si no quería tener problemas, porque eran conocidos como los protectores de las caravanas del camino desde los Astilleros de Azufre al Oeste hasta más allá de Villa Ander, dirección AlzaEscudo por el camino Alto Castillo.
Mientras Shail negaba la autoridad de los ManoHierro en aquellas tierras, Rando, señalando su propio escudo de armas, indicó que él era un Guardia de Ander, así que lo mejor sería que, ya que el tipejo no estaba "protegiendo un camino", se apartase, porque no tenía muy clara su jurisdicción. Cuando el vigilante relegó a Rando a marcharse a viajar su Condado, que era donde podía ejercer la ley, éste, cansado, lo agarró del brazo y lo apartó de un empujón, dejando su rostro confuso y haciendo que la multitud soltase un gemido de sorpresa. Desplazado bruscamente, Kirk apunta que no cree que los Guardianes del Trono estén muy de acuerdo con la actitud de la Compañía ManoHierro con respecto a vigilar donde no tienen jurisdicción, y teniendo en cuenta que ellos conocen a uno de sus oficiales, posiblemente eso acarrearía muchos problemas a aquel tipo y sus compañeros bastante más pronto de lo esperado.
Con el soldado tambaleándose para recuperar la compostura, Rando se mantiene con los brazos en jarras ante él, y le indica de forma tajante que, por si le sirve como dato adicional, MataLobos le recalca que él mismo ha sido soldado del reino y un cretino como él no iba a decirle dónde tenía y dónde no jurisdicción.
Alrededor de la situación, todos los lugareños caen en un silencio mortecino.
Al lado de Rando, Shail pasó como una exhalación abriendo la puerta, y Kirk se puso con los brazos en jarras frente a la entrada, llamando la atención sobre su presencia en el lugar, presentándose en toda su pompa, y mirando de soslayo a los presentes, indicando con una frase desinteresada que podían entrar.
Con una sonrisa, Petricor sentencia, rompiendo el silencio atronador, que a pesar de sus modales, los recién llegados son gente simpática, provocando que todas las miradas de la comunidad se enfoquen en su persona con expresión incrédula.

En el amplio y vacío de clientela habitual interior, varias mesas se habían apilado en el centro de la sala, donde 9 siluetas las rodeaban en dos grupos diferenciados, las cuales detuvieron su charla ruidosa y se quedaron mirando fijamente con sorpresa a los recién llegados, creando otro espacio de silencio incómodo en el interior del edificio.
(Azura - Sacerdotisa de Tempus de SternTale, cuya lealtad cambió a Divor "ManoHierro")
Tras los extraños visitantes, el servicio de la taberna, un muchacho, una chica y un hombre fornido con una calva incipiente de cabellos grises se alejan hacia la cocina, ocultándose, y toda la atención se centra en los "clientes" actuales: una mujer joven con una armadura metálica con placas y malla de cabello corto y mirada ceñuda, con un símbolo sagrado sobre su pecho (de Tempus, según pudo identificar Shail); un hombre de una edad similar al de la entrada quien, por el aspecto, coincidía con la descripción que hacían de él en la Guardia de Ander como ex miembro de la Milicia Urbana... Divor "Mano Firme", o "Mano de Hierro", como se hacía llamar ahora, enfundado en una armadura completa, con un escudo y una espada apoyados junto a él sobre las mesas apiladas; cerca de él, un semiorco de rasgos curtidos, armadura de piel curtida y una lanza junto a un largo cuchillo sobre la mesa frente a él, con un colmillo algo desportillado y el cabello despeinado; un hombre más joven y desaliñado, con armadura de piezas de cuero y las mismas armas que su compañero semiorco; una semiorca de aspecto más marcial y rasgos firmes, embutida en su cuerpo poderoso con una armadura de malla y un escudo a su diestra, colgando una ballesta ligera de su cinto y con una espada ancha y corta apoyada sobre sus muslos; y las otras cuatro figuras, todas parecen muy fornidas y embutidas en capas que cubren sus cuerpos enormes y ocultan sus rostros y manos, respirando con pesadez tras la oscuridad de las telas.
Una de las siluetas posee una constitución extremadamente poderosa, dejando claro que bajo la capa hay una armadura tan firme como la de Divor, al tiempo que un enorme espadón descansa cerca de sus manos, y un arco se apoya a su diestra contra la mesa. Otra, más pequeña, pero también de firme aspecto, da la impresión de que también posee una armadura bastante recia y metálica bajo la capa, además de un escudo profusamente usado junto a una maza llena de filos y púas a su lado. Una tercera silueta da la impresión de ser de volumen similar a la primera, aunque su armadura metálica al moverse es más flexible, mientras sus manos se encuentran cerca de otro escudo muy trillado y una recia espada ancha y corta, cuyos dedos juguetean con la cuerda de una ballesta ligera sobre la mesa. La última figura, también de constitución y volumen recios, aunque similares a los de la primera criatura encapuchada, también oculta una armadura rígida bajo su capa, aunque las armas que lleva consigo son de lo más peculiar: un enorme mazo de madera... y un tambor de pieles y garras, sobre el que tamborilea aburrido con sus dedos.
Todos los "clientes" de la taberna que no están encapuchados, llevan un símbolo ManoHierro en sus armaduras o escudos, y los encapuchados no parecen llevar signos indicativos claros.

(Weylan)
Con la forma de presentarse que encuentran los comensales al abrirse la puerta por parte de los recién llegados, mientras los dos grupos se miran entre sus miembros y uno a otro, Divor alardea de su autoridad y grita al hombre de la puerta que por qué hay mentecatos no invitados en su fiesta privada. Se supone que han pagado por todos los alojamientos, y no quieren ser molestados mientras terminan sus negocios.
El hombre trata de disculparse tras los aventureros que entran con indolencia y piden bebida y comida: cerveza para todos y vino para el mediano.
Divor indica a Weylan que no se moleste en servir a nadie más que a ellos, porque para eso han gastado un buen dinero allí, y nadie va a recibir más servicio.
Los aventureros, extrañados, indican que ahora Divor no sólo es ex militar y mercenario, sino que parece que se ha comprado una taberna... ¿o quizá no? Porque da órdenes como si aquel lugar fuese suyo... y la taberna, según todo el mundo sabe, se la conoce como "de Weylan"... y él no se llama Weylan.
Cuando Divor se percata de que los aventureros (por mediación de Kirk) parecen conocerlo, siente cierta confusión y curiosidad.
'De escolta a posadero', apuntilla Shail, con sorna.
'Comerciante, escolta... traidor... escoria', sigue la retahíla Rando. 'Muchos títulos', continúa Kirk.
La Compañía ManoHierro se envara en sus asientos, acercando las manos con languidez a sus armas, mirando de hito en hito a su líder y a los recién llegados, que sin importar lo más mínimo las miradas, se acomodan en una mesa cerca de la puerta, poniendo sus armas sobre la mesa.
Entonces, cambiando su voz de sorna a un tono más amenazador, informa de que los impertinentes tienen muchos huevos y muy poco cerebro para llegar hasta su "casa" a tocarle los cojones, y eso les podría pasar factura.
Kirk, deslenguado, dice que su intención es tomar algo, al margen de que no han sido ellos los que han impedido entrar a más clientes que calmen su sed, en su "verdadera casa", al margen de que los ManoHierro hayan pagado por "uso exclusivo".
Entonces, Kirk vuelve a la carga, gritando a Weylan que lo que hayan pagado se lo resarcirán los recién llegados de sobra para que se abran otra vez las puertas, ignorando el tono de Divor.
Cuando el posadero se asoma al ser llamado, Divor habla como golpeando con un látigo, ordenando que se marche, con unas formas promesa de una amenaza velada. Un momento después, se dirige a Kirk como "pequeñajo" y le indica que, ya que parece que lo conocen bien y él a ellos no, quizá quieran contarle una historia que le haga reír lo bastante como para no ordenar a su compañía que arranque la cabeza al mediano y sus amigos.
Al tiempo que Shail y Rando defienden a Kirk, sugiriendo que si sus secuaces vienen de uno en uno, a lo mejor hay una buena diversión, Kirk hace las presentaciones de todos, haciendo encogerse de hombros con desdén por el desconocimiento al líder de los ManoHierro, salvo ante Petricor, de quien le han hablado algo recientemente, y del bocazas de Rando, de quien reconoce, al menos, a la orden militar a la que pertenece... además de soltar una pulla en la que le extraña que le hayan dejado entrar, teniendo en cuenta que, cuando fue soldado del reino, toda su compañía murió por una negligencia y él sobrevivió... en extrañas circunstancias.
Al escuchar eso, Kirk comenta que posiblemente no hay mayor negligencia que trabajar para una compañía comercial como la de Ulma, y después traicionarla para viajar a la frontera a tratar con... orcos, aunque Shail trata de contener la lengua de su compañero "RamaBaja"... sin demasiado entusiasmo.

En medio del intercambio de palabras, chanzas y amenazas veladas, un encapuchado, con voz gutural, detiene la verborrea y se descubre como un orco de rasgos recios y feroces, amenazando que si los visitantes no se marchan de inmediato, lo harán con las piernas por delante. Sus asuntos son sólo de ellos, así que será mejor que se largasen antes de morir, porque les están perdonando la vida. Cuando Shail le dice que no se exalte y se presente, entre espumarajos, el orco le amenaza gritando que antes le arrancará las orejas y se las comerá crudas que dirigirse a él, mientras mira al resto gritándole que se larguen. Shail, a pesar de mantener su porte impasible, siente una gota de sudor caer por su sien.
Extrañado, Kirk pregunta si el orco se llama Gragh.
Y, con esa pregunta, el orco detiene sus amenazas y mira con estupor al cerrajero. Tras él, los demás encapuchados mueven las cabezas como si intercambiasen miradas.
El aludido se presenta como Gryloc, Siervo de Gragh, Puño de Gruumsh. Antes de que termine sus palabras, Kirk lo interrumpe diciendo que por eso no lo conoce. Gryloc se interesa por saber de qué conoce Kirk a Gragh, a lo que éste responde que conoce a muchos líderes de la región, porque para eso es el grandioso Kirk "RamaBaja", Elegido por los Dioses, que ha llegado aquí porque el destino lo ha traído aquí para encontrar a alguien.
Creando un silencio incómodo con esas palabras, Kirk termina indicando que, por piedad, no le dirá a Gragh que su siervo Gryloc se está interponiendo en algo que no es de su incumbencia, puesto que él y sus amigos sólo están allí por Divor.
Gryloc, pillado por sorpresa, se queda en blanco, sin saber qué decir o hacer, como si algo se le escapase. Buscando respuestas, mira a la primera capucha descrita, y su dueña se descubre como una sacerdotisa de cierta edad de Gruumsh al bajar la tela que escondía su rostro, la cual se acomoda enderezándose en su asiento.
'Soy Harando, Sacerdotisa de Gruumsh, y no tenía constancia de que Gragh tuviese tratos con alguien como tú. Pero, si es así, di lo que tengas que decir, y quizá esta situación no termine con vuestro derramamiento de sangre'.
'Venimos a por Divor, por traicionar vendiendo a los suyos, además de derramar la sangre de sus camaradas', explica Kirk.
'Si es capaz de traicionar a los suyos', añade Rando, '¿por qué no os traicionaría a vosotros?'
Harando mira pensativa a Rando (que le guiña un ojo, haciendo que la hembra quede tremendamente confundida por un instante) y a Gryloc. Mientras esas miradas se suceden, Petricor y Shail perciben confusión ante esas palabras entre orcos y ManoHierro, y los mercenarios empiezan a sentir que, quizá no salgan tan bien parados en aquella reunión.
Shail, con tono condescendiente, mira a Harando y le dice '¿No sabíais con quién estabais tratando?', haciendo a la hembra aumentar sus dudas. Consultando a uno de los aún encapuchados, la mujer pregunta sobre qué compañeros traicionados se refieren los recién llegados, a lo que otra voz de orco bajo la tela informa sobre un grupo muerto y enterrado de camino a aquí.
Al recibir esas palabras, se hace un silencio profundo en el que la sacerdotisa evalúa en profundidad a los aventureros y, tomando aire, sentencia: 'si lo único que necesitáis es prender a este humano... podéis cogerlo por mi parte. Nos vamos. Podéis hacer lo que estiméis oportuno. Nosotros ya hemos acabado aquí'.
Al levantarse, acompañada de sus aliados, Harando provoca en Divor una expresión de furia y miedo a partes iguales, al dirigirse a ella incorporándose de un salto, y dando un manotazo en la mesa.
'¡¿Cómo?! ¡Pero teníamos un trato!', a lo que ella contesta tranquilamente: 'y ya hemos cumplido con nuestra parte. El resto es cosa vuestra'. Los orcos, dispuestos, recogen sus pertrechos y empiezan a marcharse.
Divor, empuñando sus armas, grita que de allí no se marcha nadie.
Los tipejos recién llegados sólo están allí con viles trucos de palabras para tratar de confundirlos, sin saber quienes son.
Kirk, con una chanza, le recuerda que, cuando él traicionó, no le importaba, pero ahora que lo dejaban tirado, la cosa era diferente por sentirse ofendido, con lo que el hombre, al escucharlo, escupe espuma de ira.
'¡Harando!¡Habíamos hecho un pacto!¡Matadlos!'
'Nos vamos, humano', concluye la sacerdotisa antes de salir por la puerta y dejar atrás a todos, haciendo un hueco entre los espectadores del exterior, cuyas miradas sorprendidas discurren entre los orcos que se marchan y la penumbra del interior de la taberna, llena de gritos y amenazas.
Divor, mirando a sus muchachos, señala a los aventureros, gritando que acaben con ellos, en el instante en que Shail trata de convencerlos de que sólo buscan a Divor, y el resto podría salir bien parado de allí, a la vez que Rando propone mediar la disputa entre él y su líder, sin que los demás salgan heridos.
Dos de los mercenarios parecen dudar, pero finalmente Divor, gritando '¡La Compañía ManoHierro no se retira!¡La Compañía ManoHierro no se rinde!¡A por ellos!', lanza a sus hombres contra los aventureros.
Conforme se dispone la lucha, Rando golpea la mesa con su hacha y grita '¡No te preocupes por los desperfectos, Weylan!¡Te los pagaremos!'

A pesar de su coordinación, Kirk salta sobre su taburete, desenfundando su ballesta ligera, y atravesando con letal certeza bajo una clavícula de Divor, a quien causa una profunda mueca de dolor, el mediano grita '¡No sabéis con quién os la estáis jugando!', para, en la confusión, rodar bajo su mesa y apartarse de la vista.
Mientras Kirk abre fuego y se esconde, Shail comienza a rezar en voz alta, elevando con firmeza su símbolo sagrado.
'¡Lathander!¡Castiga la carne de mis enemigos con tu juicio abrasador!' Una explosión de luz ardiente alcanza a todos los enemigos provocando dolorosos chillidos en la mitad de ellos (Divor, la semiorca y el espadachín de la puerta entre ellos), mientras el resto se queja y maldice, habiendo hallado algo de cobertura al ver la explosión de luz solar.
Cuando Rando avanza con determinación hacia Divor, tras él se escucha una voz entre las sombras de Kirk 'no lo mates, lo necesitamos vivo'. Entonces, al alzar su hacha, ésta cae con un estruendo contra el escudo del líder ManoHierro. Tal impacto desequilibra a Divor lo bastante como para que, con un movimiento de retorno del arma, ésta golpea entre las grietas de la armadura pesada, quebrando costillas y hendiendo carne, probando sangre y causando un resuello en la respiración del cabecilla. Enardecido por tener a su merced al traidor, Rando se deja llevar por la adrenalina y lanza otra andanada de hachazos contra él, gritando '¡Te has metido con quien no debías!'. Sin embargo, la prudencia y entrenamiento del mercenario rechaza golpe tras golpe con su espada y escudo, apresado su rostro por una sincera expresión de preocupación. '¡Protegedme!', exclama el atacado a sus subordinados, como la única medida inmediata a tomar contra su atacante.
Desde su posición, Petricor mantiene en retaguardia a Manberulf y, concentrando su voluntad sobre Divor, sus sentidos se hacen más precisos y su pulso más firme al apuntar su arco contra el líder ManoHierro. Dos flechas vuelan implacables hacia él. La primera pasa cerca del cuello de Divor... y de Rando, clavándose en la pared del fondo de la posada. Rando, apretando los dientes por la sorpresa, aprovecha la situación con una risotada despreocupada que dice '¡Ese será el último aviso!¡Jajajaja!'. En efecto, al moverse el mercenario para evitar el primer impacto, queda al descubierto del segundo, que se clava profundo en su brazo, provocando que sus ojos queden en blanco y caiga desmayado.
Con la caída de Divor, Petricor avisa al resto que su líder ha caído, y si ellos desean conservar la vida, deberían rendirse. Pero sus palabras caen en saco roto al interrumpir su voz la del semiorco gritando '¡A muerte!'.
En efecto, ante aquel grito, Erlynd el Espadachín, que guardaba la entrada antes de llegar el grupo, avanza haciendo cabriolas con su espada hacia el arquero, a quien trata de golpear. Pero éste esquiva con despreocupación el golpe (y bajo la mesa se escucha una risita por tan inútil despliegue de habilidad).
Sin embargo, continuando la inercia de su arma, el atacante hace una cabriola en el aire y se retira, evitando represalias al acercarse en zigzag hacia Rando.
Mientras Erlynd se mueve tras el Guardia de Ander, uno de los humanos con un gran cuchillo y una lanza corta avanza hacia Rando, tratando de atravesarlo con ésta. Pero un estallido ante sus ojos de luz rosada y dorada, provocado por un chasquido de la mano de Shail que se percata de sus intenciones hace que su mirada se desvíe para no resultar afectada, con lo que su lanza golpea a un palmo del cuerpo del MataLobos. Cuando recupera la visión, el hacha del atacado vuela en su dirección, hundiéndose en su hombro hasta que el hombre cae muerto al suelo.
Con la fuerza del impacto, Rando se transforma en un tornado de muerte, aprovechando la inercia del objeto, y la desvía en un intento de decapitar al espadachín saltarín, aunque los movimientos de éste son lo bastante fluidos como para apartarse por unas pulgadas de su filo letal, el cual mira a Rando con un escalofrío recorriendo su espada. El MataLobos dice 'Dejad vuestras armas en el suelo. No lo volveré a repetir', aunque un carraspeo en su voz no lo hace parecer demasiado convencido de sus posibilidades.
Enfurecida por lo ocurrido, la semiorca avanza con un grito de guerra en los labios, armas en manos, en dirección a Shail, saltando por encima de la mesa. Dejando caer su espada contra el Guardia de Ander, el arma se encuentra con la firmeza del escudo del sacerdote elfo, que no mueve una ceja al verse acosado por la mujer.
El otro semiorco avanza con su lanza contra Shail, lance tras lance, hombro con hombro junto a su compañera, pero el escudo del clérigo barre a un lado el arma con desdén.
Tras ellos, la sacerdotisa de Tempus concentra una oración de energía en uno de sus puños, en el cual empiezan a formarse tres pequeños martillos ardientes y fantasmales, los cuales se convierten en tres rayos de fuego. Dos de ellos se estrellan inútiles contra el bastión infalible del escudo del sacerdote, y un tercero cruza por una grieta en la defensa, estrellándose con una fea quemazón tras estallar sobre el hombro de Shail, que sonríe, restando importancia al doloroso ataque. Al ver el efecto de su poder y el rumbo que está llevando el combate, la mujer opta por huir hacia una ventana lejana, con intención de escapar y sobrevivir.
En la confusión, Kirk rueda bajo la mesa para salir de ella, y activando su Espada de Luz Solar (iluminando todo en unos pasos a su alrededor), clava la energía en las entrañas de la semiorca, a la que por un instante se le iluminan las vísceras. Con un gemido, cae echando humo por la boca, muerta y abrasada por dentro.
Con su resplandeciente maza disruptora en su mano, mira a la hembra que cae a su lado, y con una sonrisa reza una plegaria a Lathander, señalando a la sacerdotisa. Ésta siente como unos lazos de energía dorado azulada tratan de apresarla para dejarla inmóvil, pero su voluntad es lo bastante fuerte como para, gritando '¡Tempus no lo quiere!', liberarse del poder con una sacudida de su cuerpo.
Ignorando su seguridad, Rando avanza hacia la sacerdotisa en fuga, y cuando el espadachín trata de acosarlo por un costado, Rando desvía con el astil de su hacha la espada de éste, y con un molinete hunde la hoja de la misma en la ingle del asaltante, que muere desparramando sus entrañas con un gemido agudo. El Guardia de Ander continúa su avance levantando el arma en dirección a la fugitiva. Acorralándola contra la pared, empieza a lanzar un hachazo detrás de otro. El primero la alcanza en un costado cuando trataba de marcharse, y aunque para el segundo trata de prepararse, alzando el escudo ante ella, el hacha la alcanza en un costado, provocando roturas en sus huesos y un oscuro moretón, arrojándola contra la pared.
Analizando la situación, Petricor concentra sus sentidos en afinar su puntería contra la sacerdotisa, apartando su atención del caído Divor, y cuando empieza a formarse una sombra verdosa de ramas sobre la piel de ésta, el explorador elfo abre fuego con su arco. Pero ambas flechas golpean contra el escudo alzado, partiéndose una de ellas y otra saliendo rebotada de forma inocua por el aire hasta un rincón.
Cuando el semiorco se percata de que su situación no va a mejorar, suelta sus armas y se rinde: 'No quiero más problemas'.
Su compañera, furiosa, concentra su voluntad divina en una oración sobre Rando, susurrando 'eres mío'. El hombre, con una sonrisa dentada, mira a la mujer y le habla entre dientes: 'nosotros los hombres a veces tenemos una flaqueza... con las mujeres... desconozco el término'.
Confusa, la clériga golpea con el mango de su maza la ventana, pero la sólida madera no cede, dejando a la mujer con una expresión profundamente frustrada, acompañada por el grito de '¡Tempus no tolera a los cobardes!'.
Kirk, corriendo, se apoya en el gemelo de Rando y, con un salto, se arroja contra la última resistencia de los ManoHierro, hundiendo su hoja de luz solar por el hombro sobre el escudo de la misma, gritando '¡Kelemvor me ha dicho que pronto será tu hora!'. La enemiga chilla de dolor... y temor, temblando las piernas en su apoyo, aunque no cae.
Shail, aprovechando que la situación está controlada, encadena al semiorco y a Divor, al tiempo que Rando gira la cabeza de su hacha para usarla de plano. El primer golpe retumba metálico contra el escudo de la mujer, que aprieta los dientes por la fuerza del golpe, pero el segundo se estampa contra su pecho, provocando que suelte todo el resuello, se estrelle contra la pared a su espalda, y caiga con los ojos desorbitados al suelo, inconsciente. Al derrumbarse la mujer, Rando susurra a su lado 'cuando despiertes, hablaremos'.

Mientras Shail toma prestado el símbolo sagrado de la sacerdotisa, envolviéndolo en una tela y guardándolo, y el grupo se disculpa por lo sucedido con Weylan y sus trabajadores, poco a poco en la puerta de la posada aumenta un murmullo hasta convertirse en una riada de gente tras ella, y la puerta se llena de ciudadanos de Daarmaar que entran en tromba para ver el resultado de lo ocurrido.
Weylan, agradecido, resta importancia a la trifulca en su establecimiento, aunque Rando remarca que le pagarían cualquier desperfecto. Así, registrando los cuerpos de los enemigos derrotados, el grupo toma un buen puñado de monedas y se lo entrega al posadero, bromeando que, en realidad, los responsables del problema van a ser muy amables de correr con los gastos, además del hecho de que Shail añade una pequeña parte de su dinero.

Conversando con el posadero, éste se interesa por el destino de los prisioneros, los cuales los aventureros van a entregar a las autoridades pertinentes. Algunos vecinos se alarman de que los orcos se están marchando impunes, a lo que Kirk contesta que, en ese momento, no pueden hacerse cargo de ellos, pero que todo se andará. Acercándose a Weylan, el mediano le consulta qué pudieron escuchar él y sus asistentes sobre lo que los orcos y los ManoHierro habían tratado antes de que ellos llegaran, ya que es muy importante, pues es posible que se avecine una guerra.
Weylan comenta que los ManoHierro se reunieron con los orcos porque traían para ellos un cargamento de armas para que las usasen en sus batallas. Los orcos ya se han hecho con ellas.
Según parece, Divor esperó la oportunidad de encontrar un arma tan potente como para cambiar las tornas de una batalla. Cuando se le informa de que se trata de armas de fuego, Weylan se alarma.
Sabe que los orcos no están muy versados en ellas, y alguno podrían volarse la cabeza... pero en cuanto aprendiesen a usarlas, serían una auténtica amenaza. Sacudiendo la cabeza, el tabernero continúa explicando que los ManoHierro se jactaban de haber acabado con la vida de los capataces y ayudantes principales de la caravana, que no pertenecían a su compañía mercenaria, sacando una buena suma de dinero. Probablemente, sus pertenencias, al margen de las armas, se hayan quedado en las habitaciones.

Los Daarmanos saludan al grupo, felicitándolo y aliviándose de que la amenaza de los ManoHierro y los orcos sobre las familias de los aldeanos si no los dejaban tranquilos con sus triquiñuelas el tiempo que estuviesen aquí haya terminado.
Según los vecinos, una horda de orcos atacaría la villa, no dejando piedra sobre piedra si cualquiera de los lugareños interfería en los asuntos de Divor y los orcos. Con la exaltación del momento, varios requieren información de Rando, como Guardia de Ander, para saber si la amenaza era cierta o si el ejército de los Guardianes del Trono aparecerá por allí para ayudar.
Desviando la atención, el grupo pregunta sobre el líder de la aldea, a lo que otros aldeanos contestan que, en ausencia del alcalde, Weylan suele ser el consejero al que todo el mundo acude con sus problemas para ver qué puede hacer por ellos.
Y, en cualquier caso, el alcalde está de batida rutinaria por los alrededores con un grupo de aldeanos, y desconoce lo sucedido. Cuando eso sucede, Weylan recoge la información importante y los chismorreos de la aldea, para luego hablar con el alcalde y ponerlo al corriente.
Pensando en cómo plantear una situación delicada, los aventureros se retiran con Weylan a las habitaciones de que dispone la taberna para descansar, en caso de que alguien necesite posada.
Cuando todos se encuentran alejados del barullo principal formado en la sala de la posada, donde los vecinos comparten impresiones por lo sucedido acaloradamente, Weylan es informado de la realidad y la veracidad sobre que una horda de orcos se acerca a la frontera para hacer la guerra, alertando y asustando al hombre. Lo apropiado, como consejo del grupo al tabernero, es que la población se dirija a SternTale y solicite asilo.
El hombre comenta que el cobijo en SternTale cuesta dinero.
A pesar de que sea un precio razonable, movilizar a las más de cien personas de Daarmaar va a ser caro, ya que no sabe cuánto tiempo estarán allí. Kirk le dice que es preferible pagar a perder la vida, ya que los orcos son muchos, más de lo que Daarmaar sería capaz de rechazar. Weylan palidece aún más, mirando al mediano y preguntando cómo sabe eso. Kirk le dice que conoce muchas cosas porque tiene datos precisos sobre fuentes que no desea revelar, y se están encargando de informar al ejército y a los líderes de las comunidades cercanas al desastre. Como ejemplo, le revela que, si escuchó la conversación antes de la lucha, sabrá que Kirk conocía el nombre del líder de la horda. Entonces Weylan, haciendo cábalas, indaga que, si están haciendo aquello es porque los envía alguien. El mediano confiesa que el Consejo de Villa Ander es el que está moviendo el asunto. Sopesando todo lo escuchado, Weylan murmura que espera del ejército, ya que conocen la situación, tome más en cuenta las peticiones de Daarmaar sobre reforzar la defensa en su zona. Shail se interesa por saber cuánto podría costar a cada ciudadano refugiarse en SternTale. Weylan, haciendo un cálculo rápido, estima que, con toda seguridad, un mínimo de 1 moneda de oro por persona y mes, racionando recursos para acogerla, quizá más. Shail, generosamente expresa que, si es por el dinero, no deben preocuparse, y aunque Weylan musita una oración de agradecimiento a Lathander, explica que no sólo se trata del oro, sino de las reservas que SternTale tiene que desviar de sus alimentos y cobijo para ubicar y mantener a todos los que acoja.
Cuando Rando pregunta que, siendo una aldea de batidores y exploradores, alguno podría saber dónde se esconden los orcos que han venido hasta allí, Weylan supone que alguno de los habituales podría saberlo, a lo que se gira hacia Petricor y le consulta, a sabiendas de que éste está muy versado en trasgos y orcos. El elfo indica que podría ocuparse de rastrearlos para saber más sobre ese grupo en concreto. Sin embargo, Kirk añade que, lo que en realidad buscan es rastrear la mercancía robada. Rando continúa con el hilo de la conversación diciendo que lo que ellos buscan de alguien entre los ciudadanos es si los ManoHierro junto con los orcos pudiesen tener un lugar donde refugiarse al margen de esta aldea, donde pudiesen esconder las armas. Si alguien de entre los Daarmaanos supiese de esa información, los aventureros se harían cargo de rescatar la mercancía de las armas de fuego, y después se ocuparían de los orcos que se habían marchado.

Al final de la conversación, el grupo se aposta frente a la puerta de la habitación de Divor, y tras abrirla, encuentran un arcón de seguridad de tamaño mediano, cuya cerradura posee una sofisticada trampa de cuchilla que, sin usar la llave que el líder ManoHierro tenía entre sus pertenencias (y que el grupo recupera), podría cortar los dedos de quien manipulase sin éxito el cierre. Así, pensando que sería una gran adquisición para ellos, los aventureros piensan en quedárselo, después de encontrar una importante suma de dinero en cobre, plata, oro y gemas en su interior, junto con una extraña piedra pulida con motivos mágicos delicadamente tallados en su superficie.
Con toda seguridad, el dinero forma parte no sólo de los negocios con los orcos, sino también las pagas de los ManoHierro y, seguramente, del resto de miembros de la caravana, junto con las dietas otorgadas para el camino por Ulma.
La enorme cantidad de cobre es entregada a Weylan para añadirse al pago de alojamiento para su aldea en SternTale junto con la comida que pudiesen necesitar comprar allí, además del propio dinero que los aldeanos puedan aportar, mientras que el grupo observa de qué se trata la extraña piedra.
Preguntando al semiorco prisionero (Kirk con sutileza, Rando de un guantazo, a lo que Shail lo reprende de un efectivo empujón que lo desequilibra, sorprendiéndolo -y Kirk pidiendo disculpas por su barbaridad al prisionero-), cuyo nombre es Tamjon, parece que la roca es un objeto mágico que permitía a Divor comunicarse con los orcos en la distancia para ir acordando los tratos que iban a poner en marcha. Siendo un objeto potencialmente útil, el grupo decide quedárselo, aunque es consciente de que no puede usarlo para sus propios fines si no tiene la piedra gemela, al margen de que el prisionero ManoHierro también informa de que no se debería tocar la piedra con la piel desnuda, si no se desea que "al otro lado" alguien escuche lo que se está hablando junto a ella. Por ello, el objeto es guardado en la cajita ornamentada en la que había sido encontrado.
Paralelo a ello, Weylan se retira para hablar con los vecinos, explicando algunos datos de la situación, y aunque trata de hacerlo de forma sosegada, bastantes de ellos expresan preocupación y temor por las palabras de su consejero, generando una reacción en cadena de sorpresa y frustración.
Volviendo a solicitar la ayuda de Weylan, el grupo se dirige a él para pedir que una batida de buenos rastreadores busque un lugar cercano donde los orcos y los ManoHierro pudiesen reunirse para esconder la mercancía robada a la caravana de Ulma, mientras el resto de la población empieza a organizarse para abandonar la villa, ya que ellos van a llevar hasta SternTale para encerrar a los prisioneros, y en el tiempo de ida y vuelta (que esperan regresar a primera hora del día siguiente), necesitan tener la información solicitada -el lugar no puede andar muy lejos, porque la mercancía es pesada y eso reducirá la velocidad de desplazamiento con la misma a cuestas-, además de que avisarán a Falk Vilner del éxodo masivo de los Daarmaanos hacia su ciudad, que no le pille de sorpresa. Aunque la mayoría de los vecinos estén en marcha ya cuando los aventureros vuelvan, lo que éstos no de sean es perder el rastro, y encontrarse aquí al día siguiente con quienes puedan buscarlo, para continuar con esa tarea mientras los que lo han encontrado se marchan con sus vecinos (aunque es posible que, cuando el grupo vuelva, la aldea todavía esté de preparativos para marchar).

No perdiendo más tiempo, despidiéndose de Weylan, después de que Shail celebre un sencillo sepelio con los cadáveres, para no deshonrar sus cuerpos fallecidos, el grupo ata a los prisioneros a los lomos de sus caballos fantasmales, y galopa a toda velocidad hacia SternTale, no sin antes entregar los pertrechos bélicos (armas y armaduras) de los prisioneros y fallecidos a la aldea, para que los usen como mejor estimen.

Sin detenerse siquiera para comer algo, y con las nalgas doloridas, ya en mitad de la noche (rozando la 1 de la mañana), cuando los caballos empiezan a mostrar signos de que la magia pronto se acabará hasta el día siguiente, el grupo observa y escucha que, entre la espesura al norte del camino, seis monstruosos orcos fanáticos surgen para tratar de atacarlos, pero al ver que los jinetes desvían su cabalgada para no cruzarse con ellos, frustrados, arrojan jabalinas contra ellos, sin que éstas alcancen un sólo objetivo. En el momento en que los enemigos están siendo rebasados de lejos por los jinetes, un estallido de luz solar de Shail aturde sus ojos en la noche lo bastante como para que, al alejarse, les pierdan el rastro. La voz de Shail gritando '¡Apartaos!' es lo único que perciben en medio del estallido luminoso. Tras los jinetes quedan unos orcos frustrados y sin víctimas a las que torturar y matar con dolor, por lo que se dedican a berrear y farfullar en nombre de Gruumsh.

A un par de kilómetros de SternTale, los caballos se deshacen en la nada, derribando a sus jinetes y prisioneros, haciendo rodar a todos por el suelo. El golpe sacude de la inconsciencia a Divor y su sacerdotisa, provocando a su vez sonoras quejas del semiorco. Sin importar su estado físico, el grupo sigue la marcha, llevando Kirk de sus cadenas a Tamjon, Rando a Divor y a la sacerdotisa al hombro. El líder ManoHierro intenta forcejear con Rando. Tamjon advierte a Divor que deje de hacer tonterías antes de que se arrepienta. Kirk lo apuñala en un muslo, advirtiendo que deje de resistirse si no desea morir, mientras el hombre se libera de una retención mágica de Shail. Cuando el líder ManoHierro hinca la rodilla, trata de frenar su avance de la cadena de Rando. A pesar del poder mágico de éste, Divor consigue retenerlo lo bastante como para causarle la molestia de girar y, de una bofetada, devolverlo a la inconsciencia y cargarlo sobre su hombro. Por su parte, la sacerdotisa, advertida por Kirk de que si no se calla le pasará lo mismo, no deja de proferir amenazar en nombre de Tempus y pedir al cerdo de Rando que la suelte para vérselas con ella, buscando venganza y llamando "cobardes" a los aventureros, momento en que éstos le recuerdan que ella fue la única que se planteó huir, así que es muy probable que el dios de la guerra no se encuentre muy satisfecho con eso. Para evitar seguir escuchando tonterías de la mujer, Rando se la entrega a Shail, dejándola en el suelo y llevándola de sus cadenas.

Tratando de que los prisioneros no los retengan más, al llegar a la puerta oeste de SternTale, solicitan entrada, mostrando sus credenciales de Cuota de Paso, e informando que deben entregar unos prisioneros para que sean retenidos en la ciudad, además de reunirse urgentemente con Falk Vilner y ponerlo al corriente de noticias importantes. Rellenando el consiguiente papeleo obligatorio de tránsito para Petricor -e informando a Rando que no pique espuelas durante unos días a Holg, para evitar trifulcas innecesarias-, se les asigna una escolta después de que un guardia corra a llamar al alcalde.
En el camino hacia el ayuntamiento, los guardias se interesan por los crímenes de Divor, de los cuales Kirk informa, incluyendo la masacre de varios miembros de la caravana, robando a Ulma. Uno reconoce a la sacerdotisa y al semiorco, lamentando que éste se uniese a los ManoHierro por dinero, dejando la guardia de los Aceros Prestos. Sólo le quedaba rendir cuentas ante las autoridades. Tamjon confiesa que era una oportunidad de riesgo que quiso tomar, y le salió mal. Kirk recalca que, después de todo, no es que vaya a quedarle mucho dinero.
En cuanto a la mujer (cuyo nombre es Azura, como comentan los vigilantes entre susurros), la guardia parece divertidamente preocupada por su destino, porque si cae en manos del culto a Tempus, puede que no salga con vida de su castigo por traición y cobardía.
Sin embargo, los aventureros no desean eso, así que esperan que no se informe al culto hasta tomar una decisión. Kirk, pensando en que él no huyó del combate en vez de la mujer, empieza a divagar que posiblemente no sólo Gond (por su artesanía) y Kelemvor (por su facilidad para matar) lo hayan elegido, sino también Tempus... por su eficacia en el combate.
Enarcando una ceja, un soldado comenta que en realidad tiene entendido que los dioses son quienes eligen a los que los venerarán. Y con ello, el mediano hincha el pecho pensando en su futuro.
Cuando Falk sale a su encuentro escoltado y vestido informal, como recién levantado de la cama, saluda a los aventureros, comentando que está al corriente del paso del SemiDrow hace unas horas con información importante para Ulma. Al ver a los prisioneros, sonríe con sorna al descubrir a Divor entre ellos (después de que Kirk comente que vienen de recoger la basura), indicando a sus guardias que se los lleven a encerrar (a la espera de que sean trasladados por el grupo hasta Villa Ander.
Ya que no le gusta estar a mal con el templo de Tempus, concederá a los aventureros tiempo suficiente antes de informar de la retención de la sacerdotisa -tiene mucho papeleo que arreglar y gestionar la retención no es algo urgente-, puesto que si ha cometido cobardía y traición, el culto debe estar al corriente), mientras habla con sus invitados, no sin antes reprender a Tamjon por marcharse con Divor, a pesar de las buenas condiciones económicas bajo el auspicio de Falk y los Aceros Prestos. Shail, en defensa del semiorco, revela que se rindió pacíficamente. Con una triste sonrisa, Falk reconoce que, al menos, no ha perdido parte de las honradas costumbres de su antiguo trabajo. Por parte de los viajeros, esa noche dormirían en la alcaldía, después de hablar.
El gran edificio es cómodo, acomodado, con un toque marcial y armas dispuestas para ser usadas expuestas por todas partes.
En un salón junto a un gran ventanal, cerca de una chimenea, Falk los acoge, percibiendo los compañeros que, al margen de sus acompañantes guardaespaldas, Falk parece vivir solo.
Al ser informado de que los Daarmaanos vendrán en no más de un día a solicitar refugio en SternTale mientras ofrece algo de comida y bebida a sus invitados, siente un cierto peso sobre los hombros, al calcular lo que eso implica.
Falk también es puesto al corriente de la traición de Divor y sus negocios de armas de fuego con los orcos, lo que preocupa más que acoger a la villa de Daarmaar entre sus muros, pues considera que la estupidez de negociar con los orcos es muy superior a dejarse llevar por la codicia. Por ello, los aventureros han aconsejado refugiarse a los vecinos de la villa allí, pues si la horda llega pronto, serán los primeros en sufrir su asalto. Falk calcula que los suministros y el espacio en la ciudad se verán considerablemente mermados al alojar a tantos refugiados. Aunque Kirk informa que el dinero de Divor pagará esa estancia, Falk resta importancia a ello por el hecho de que el dinero no es tan necesario en una circunstancia de aislamiento como la comida y su drástica reducción con el consiguiente racionamiento.
Kirk trata de aliviar la presión indicando que la Guardia del Trono debe estar al corriente y puede que envíe ayuda, además podrían pedir refuerzos y apoyo a Villa Ander, que se encuentra más lejos de la frontera. Además, siendo Daarmaar una villa de exploradores y batidores, podrían valerse por sí mismos aportando algo para amortiguar el impacto.
En cualquier caso, el grupo comenta que partirán temprano al día siguiente de vuelta, porque intentarán recuperar las armas de fuego. Esperan que, cuando lleguen, reciban información de una batida de emergencia de exploradores de Daarmaar que tratan de seguir el rastro de los bienes robados.
Falk les dice que, si consiguen tal hazaña, tanto Ulma como la ciudad de SternTale estarán en deuda. Y, si van a viajar de vuelta al día siguiente, que por favor informen a los Daarmaanos que traigan cuantos víveres puedan transportar, para menguar el esfuerzo de acogerlos.
Cuando el alcalde es informado de que no debe preocuparse al respecto, porque Weylan se comprometió a hacerse cargo de los preparativos del éxodo, Falk se alegra de tener noticias del loco Weylon. Al ser informado de que está a salvo, porque le rescataron de estar retenido mientras los ManoHierro hacían negocios turbios en su posada con los orcos, Falk se enfurece de pensar que Divor haya podido poner una mano encima a Weylan o haberle hecho daño. Se tranquiliza al saber que está bien, pero en caso contrario, se habría arrepentido de haberle hecho un sólo rasguño. Ese hombre salvó la vida un par de veces hace años en la frontera. Shail, al percatarse de la amistad del alcalde, alaba a los Daarmaanos como gente muy capaz que no hinca la rodilla fácilmente. Falk coge el relevo de las palabras, revelando que no se explica por qué la villa no se ha unido aún a los Aceros Prestos como vigilantes a sueldo, aunque entiende que se sienten más libres en la naturaleza que entremuros. Son buenos tipos y buenos combatientes.
Así que, cuando los aventureros vuelvan, Falk pide el favor de que saluden a Weylan de su parte, y le digan que el dinero no será necesario. Con que traigan víveres, todo estará en paz.
Bromeando sobre que Divor se hará cargo de la acogida por el dinero "aportado", el grupo arranca una sonora carcajada y la aceptación de ese dinero por parte del alcalde.
Concluyendo la reunión, Shail aporta un pergamino sagrado que permitiría crear comida y agua (a lo que Falk señala el río que atraviesa la ciudad bajo su casa con una sonrisa) para ser utilizado por cualquier sacerdote capacitado, y Rando entrega los suministros consumibles al alcalde, para hacer más llevadera la acogida, presentes que son aceptados con agrado y respeto, considerando que, para los consumibles, ajustará cuando sea preciso el pago a Ulma.
Después de la animada charla, éste se excusa para retirarse y empezar los preparativos de todo, dejando a sus invitados para que descansen.

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(Nota de Rando a la ventana de Fryda envolviendo un collar engarzado escondida en la ventana de la vivienda de Fryda en SternTale)
["Mi querida Fryda. Te dije que pasaría a verte cuando volviese, pero al visitarte he visto que aún seguías trabajando. No puedo detenerme a nada más, pues hay orcos que requieren del filo de mi hacha. Te dejo un pequeño regalo. Cuando termine con mis asuntos, volveré. RANDO"]
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Antes de ir a dormir, Rando lleva un presente a Fryda, dejándolo en su ventana, para que lo recuerde, mientras Kirk se dirige al templo de Tempus a buscar respuestas sobre si el dios lo ha elegido (después de donar una moneda al cepillo). Una de las sumas sacerdotisas, una mujer mayor de color, fornida, atiende firme y amable sus plegarias, diciendo que, a pesar de su fe, su camino no está con Tempus, porque sus ojos no contienen vida... sólo muerte, así que quizá sea otro quien lo reciba con agrado.
Cuando Kirk se marcha a descansar, tras él aparece desde las sombras Shail, quien entrega el símbolo de Tempus tomado a su prisionera al templo, para que la sacerdotisa lo guarde, pues lo encontró en una batalla.
Ésta, aparentemente molesta, parece reconocer a su dueña, y pregunta si sabe dónde se encuentra Azura (la portadora del símbolo), a lo que Shail contesta que en ese momento desconoce su paradero, aunque por respeto al dios ha decidido entregar el símbolo para que llegue a alguien digno. Pareciendo comprender las palabras del servidor de Lathander (sobre todo en lo relativo a la indignidad de lo sucedido con su dueña), y agradeciendo sinceramente la muestra de respeto, la sacerdotisa acepta nuevamente la entrega, comentando que tarde o temprano será llevada ante la justicia de Tempus, y su destino quedará sellado porque, si la encuentran, se ocuparán de ella.
Reuniéndose con Kirk para marcharse, el pequeño mediano convierte el camino de vuelta hasta el ayuntamiento del sacerdote en una insufrible verborrea divina.

La noche acoge finalmente a todos los viajeros en un profundo sueño, hasta el día siguiente.
(Turk "El Errante")
CONTINUARÁ

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