Y aunque circunstancias como éstas apenas son una anécdota para la población en general de la villa, regularmente controladas y en contingencia por la Milicia Urbana con Brion SwornStone a la cabeza, hay uno de unos cuantos que conocen la realidad de los inadaptados: el tiflin Therai Aleatorio. Criado en la niñez en una lejana ciudad, cuando a los pocos años de nacer se manifestó en su exterior su naturaleza de ascendencia demoníaca, su familia renegó de él y lo arrojó a las calles, para sobrevivir por sí mismo.
Desconocedor de lo que aquello implicaba, hubo de huir de acá para allá en la gran ciudad que lo vio nacer y lo despreció por su linaje no deseado, hasta que empezó a aprender de los pillos de la calle. No obstante, cuando se manifestó que, tanto su naturaleza demoníaca, como la herencia ancestral caótica más arraigada del poder de la hechicería en su espíritu, provocando accidentes a su alrededor y causando desastres mientras intentaba ganarse la vida en las calles, Therai hubo de marchar escondido en una carreta de comercio que viajaba lejos de la ciudad, hacia un lugar perdido hacia el sur, a donde el muchacho llegó y se escondió entre los callejones tranquilos de la comunidad:
(Therai Aleatorio)
AnderVille.Allí, observando la escasez de crimen, aprendió a esconderse en los resquicios de los hogares que no eran utilizados mientras sus dueños labraban la tierra o protegían la comunidad y el condado, viajando durante algunos días fuera de casa. Graneros, caballerizas, establos, almacenes, tiendas, trasteros, tejados y otros lugares escondidos se convirtieron en su hogar, transformándose el joven tiflin en la leyenda urbana de la comunidad, el "coco" para los niños malos... y en la inspiración para otros pequeños criminales huérfanos o pillastres advenedizos para que su propia comunidad al margen de la ley prosperase.
Aleatorio pronto se dio cuenta de que ni siquiera entre los suyos había un verdadero código de honor, y pronto las mentiras y engaños hicieron que se volviese huraño y resentido, reservado, y cínico revelando las mentiras de los demás a plena vista.
No sólo eso, sino que hastiado de la pobreza, empezó a hurgar en los hogares de los pudientes, hasta que la suerte le llevó a la puerta abierta de una casa robusta, firme y en apariencia opulenta, dentro de la que encontró un collar de eslabones de oro engarzado en una hermosa joya verde, que decidió se convertiría en su válvula de escape para la pobreza, porque estaba harto de vivir como una rata callejera, y en su corazón ansiaba algo mejor para sí mismo, al margen incluso de otros que jamás habían cuidado de él, y que ahora deberían cuidar de sí mismos o morir en el intento, porque él al fin había encontrado algo valioso que podría servirle, una vez desmontado, despiezado, cortado, fundido y dispersado, vendido por monedas o servicios para salir adelante.
Pero aquel golpe pronto se dejó escuchar en la comunidad, y Therai supo que había robado a alguien que parecía bastante influyente en la comunidad, momento en que su desesperación empezó a crecer, y su estado de paria de la sociedad sufrió un revés, escondiendo constantemente sus intenciones, y tratando de pasar desapercibido, a pesar de su naturaleza preternatural.
Así el tiempo pasó, en un juego incansable del gato y el ratón en la comunidad, en la que pronto su existencia se hizo evidente para las autoridades y los vecinos de la villa quienes, después de un tiempo, aunque recelaban de su presencia, empezaron a tolerarla como todo aquello que era extraño pero inocuo en la comunidad.
Así, cuando Therai se sintió lo bastante cómodo en su nuevo "hogar", empezó a adaptarse y a practicar por su cuenta sus capacidades arcanas, creciendo en habilidad y experiencia lo bastante como para sentir que podría sacarle provecho entre su "comunidad secreta".
Por fin, una mañana tras un terremoto nocturno, una de las muchachas que acudía temprano a revolver entre los deshechos de Humo de Roble, corrió con comida en buen estado de la noche anterior al refugio de los Ratones del Granero, como se llamaba a sí misma la diminuta comunidad de huérfanos rateros de las calles en AnderVille, y con la noticia de que alguien había clavado un anuncio en la puerta de la posada de Mila, y quizá Therai podría estar interesado en echar un vistazo por si había dinero de por medio.
Curioso y suspicaz, a pesar de su posición en la comunidad, Therai decidió comprobar de qué se trataba, y después acudió al Fortín de la Moneda a probar suerte.
Allí, recibido con cierto desagrado por los perros guardianes privados de la familia LenguaRápida, los mercenarios acompañaron muy de cerca al joven de ojos amarillos, piel roja, colmillos, cola prensil y cuernos demoníacos hasta el despacho de Aubrey LenguaRápida, quien dispersó a los escoltas e hizo pasar a Therai.
Cuando el muchacho, en silencio, observó de arriba a abajo al Señor de la Moneda, y éste le devolvió una mirada altiva y penetrante, ambos comprendieron el estricto valor de los negocios en aquella transacción, y lo que debían hacer al respecto. El tiflin consultó al noble cual era el trabajo, las especificaciones y el precio, y por contra Aubrey le contestó con algo bastante revelador... y perturbador.
Al parecer, Lord LenguaRápida estaba al tanto de un asunto turbio del pasado de Therai que éste había tenido bastante cuidado en ocultar, puesto que la pieza robada por el muchacho hacía tiempo pertenecía a alguien cercano y conocido a Lord Aubrey. A pesar de la información, Therai se revolvió en su silla y miró sin arrellanarse al hombre, indicando que, si hubiese pretendido detenerlo o arrojarlo a un calabozo, no estarían hablando en ese momento. La risa fría del banquero dejó claro que estaba conforme con aquellas palabras, y que, evidentemente, no sólo comerciaba con dinero, sino con favores. Así pues, aunque ofrecía el mismo trato que otros tres aventureros que habían marchado hacía unas horas a cumplir su cometido, también ofrecía algo que a Therai podría interesarle, y es la protección e inmunidad ante el dueño del "objeto sustraído" de su propia casa hace tiempo, como compromiso de que Therai cumpliría con el contrato que Aubrey iba a presentarle, y mientras entre ambos hubiese relaciones cordiales, la situación no cambiaría, además del hecho de que, si Therai se enterase de que algo iba a ocurrir en relación con algún robo o asalto al dinero que alimentaba a la comunidad, no dudaría en informar adecuadamente... por un justo precio, claro está.
Sopesando los pros y los contras de la información privilegiada de que disponía Lord Aubrey, y el hecho de que una persona tan influyente como él podría hacer la vida algo más fácil al tiflin hasta que éste hallase su propio camino, a pesar de ser consciente (y así expresarlo a viva voz) de que aquello era otra vulgar extorsión en el mundo de los negocios bajo cuerda, el hechicero decidió aceptar el contrato y las condiciones, así como necesitar conocer la identidad de los demás contratados por Lord Aubrey, para no producir ningún accidente inesperado, incluyendo un salvoconducto que lo identificase a él como miembro a sueldo del Fortín de la Moneda.
Sin tiempo que perder, Lord Aubrey entregó la copia del contrato firmado a Therai Aleatorio, con la misma condición que habían incorporado el resto de los participantes, de quedarse en propiedad cualquier adquisición valiosa al margen del Fortín de la Moneda que surgiese de la investigación en SiempreMuerte, y le dejó partir, a sabiendas de que parte de su destino y su futuro no pertenecía aún por completo al muchacho, si no cumplía su parte del contrato.
Adquiriendo una bestia de carga y consumibles para el camino, Therai partió hacia SiempreMuerte.
En poco más de un día de viaje, sus pasos le llevaron al alcázar en ruinas en el interior del cráter muerto de la montaña, donde, al acercarse al patio de armas abandonado, escuchó como los ecos de una lucha reciente se apagaban bruscamente.
Silencioso y prudente, descendió por las escaleras que le llevaban a las catacumbas bajo el alcázar, susurrando para llamar la atención y darse a conocer, por si alguien lo escuchaba, que venía en son de paz.
Y en son de paz encontró a tres saqueadores... de las mismas características que Aubrey describía en el contrato al que los había sometido, por lo que, antes de que aquello resultase en una situación peligrosa, decidió sincerarse hasta donde se lo permitía su prudencia con ellos, para informarles que había sido enviado como refuerzo por parte del Fortín de la Moneda en esta empresa de investigación. Kirk, sorprendido por el aspecto amenazador que aquel humanóide demoníaco, decidió mantenerse cerca de Rando, por si había que desenvainar con presteza una espada, mientras que el rostro de disgusto de Shail ante un ente fruto de la intrusión del Abismo en el vientre de una mujer no dejaba lugar a dudas de que, a pesar del contrato, no se sentiría cómodo con él, aunque pronto varió su expresión a la de una imperturbable tranquilidad.
Hechas las presentaciones, Rando recomendó que Kirk se mantuviese cerca de él, con Shail a su espalda... y el recién llegado Therai estuviese unos pasos más atrás... algo que curiosamente el muchacho cumplió con sumo gusto, avanzando casi a tres metros del resto de sus aliados eventuales. A pesar de haber oído hablar de él... y el de seguro de ellos, sobre todo del charlatán "RamaBaja", aquella situación era, por supuesto, un mero acuerdo comercial de un hombre que pretendía mantener este asunto en secreto por motivos poco claros (como había expresado sin tapujos en voz alta el tiflin al presentarse a los demás), y eso quedaría claro en la forma de actuar y colaborar. Se cubrirían las espaldas... pero nadie moriría por nadie... a menos, de momento.
Con la firmeza de las cartas sobre la mesa, el grupo se dispuso a seguir su exploración, después de investigar el cadáver reciente del nomuerto al que el trío inicial acababa de eliminar. Explicando a Therai lo que habían averiguado sobre el mismo y las runas que habían encontrado al entrar, así como la Antorcha SiempreArdiente que los acompañaba, todos se preocuparon del efecto extraño y gélido de la bruma blanquiazul que no se movía del lugar en el que se asentaba, y comenzaron a estudiarla, dejando a Shail y a Therai las especificaciones relativas al origen sobre el Arte o el Poder de aquella manifestación. Aunque ambos reconocieron las facultades puramente arcanas de la manifestación, se trataba de algún tipo de magia permanente más allá de las capacidades de Therai, aunque disponía de un juego de escritura arcana, glifos y sellos místicos que podrían ser cancelados con el conocimiento apropiado, del que nadie disponía en ese momento. Sin embargo, ante la insistencia de Kirk sobre el objeto metálico que refulgía entre la bruma, al parecer algún tipo de colgante o collar, Rando se acerca poco a poco, pero cuando siente el mordisco del frío que quema su piel, se aleja a toda prisa, negándose a continuar. Finalmente, realizando un nudo seguro en un extremo de una palanqueta para forzar puertas y cofres asegurados, arrojando el objeto metálico varias veces hacia donde se encontraba el collar, lograron atraerlo fuera de la bruma, con la cuerda y la palanqueta ya visiblemente cubiertas de escarcha. Al parecer, el objeto no se encontraba afectado por el extraño frío sobrenatural, lo que indicaba una posible procedencia mágica, que investigarían con tiempo y paciencia. Lo más peligroso de intentar avanzar a través de ese espacio que continuaba más allá por un pasillo hacia lo profundo de las catacumbas era ser incapaces de soportar aquel frío mágico, así que después de descartar la zona a la izquierda del mismo como un paso sin salida en el que parecía haber estado el nomuerto que los había atacado, por el profundo hedor a carroña y podredumbre que se había incrustado en sus paredes, incluyendo el hecho de que el hombre parecía haber sido arrastrado hasta allí, en lugar de haber llegado por su propio pie o con vida, los exploradores se dirigieron en sentido opuesto, llegando a una esquina tras la que encontraron un pasillo que giraba más adelante, adornado con dos nuevas criptas, cuyo aspecto daba la impresión de pertenecer a un sabio y a un noble de tiempos ancestrales... y la sorpresa de otro fornido cadáver reanimado de un hombre grande con un inmenso mazo de trabajo oxidado, al que las llamas sagradas de Shail brotadas desde el techo de la cripta, convocadas por el Símbolo de Lathander, la firme hacha de Rando desviando y reteniendo ataques, la certera puntería de daga y espada de Kirk correteando entre las piernas de Rando para evitar ser presa de un impacto que lo habría empotrado en el suelo como un viejo clavo oxidado, y las certeras flechas de fuego mágico brotadas de la nada del nuevo recién llegado Therai a través de un espectral arco de llamas formado por sus manos mediante gestos arcanos, llevaron a caer, a pesar de su resistencia sobrenatural, enviado por fin al descanso definitivo. Intrigados por la presencia del anterior cadáver andante, al investigar a este otro y el martillo en sus manos, Kirk y Rando, al ver el sello gremial de la cabeza del martillo, recuerdan a un joven aprendiz de herrero gremial de rasgos y constitución similar al cadáver, desaparecido hacía ya más de dos semanas en un viaje desde Villa Ander por el camino de Castillo Alto. A pesar de la reticencia de Shail en que Kirk y Rando saqueen las tumbas olvidadas de las catacumbas, encontrando viejas joyas y gemas valiosas entre los cadáveres de los moradores de los sarcófagos de piedra, no puede evitar seguir en su compañía, amen de Therai, quien se adelantó a sus compañeros y, sigiloso, descubrió que más allá de la esquina del pasillo adelante, y también más lejos del círculo gélido, se encontraba un hombre de oscuros ropajes junto a un modesto laboratorio de alquimia, que al parecer estaba trabajando con conjuraciones e invocaciones tenebrosas.
Retornando silenciosamente por su camino, Therai informa a sus colegas de contrato de lo que ha descubierto, y todos deciden avanzar lo más sigilosos posible para ocuparse de lo que parece un peligroso nigromante cultista.
Al ponerse al alcance de sus sentidos, el brujo descarga una violenta lluvia de llamas sacrílegas sobre Theray, quien responde con su propia versión del poder sagrado sobre el acólito de las tinieblas, al tiempo que el tiflin decide hacer la vida del enemigo más interesante, cubriendo el suelo bajo sus pies de grasa, haciendo perder al hombre la concentración de su magia y los nervios en un ataque de furia y torpeza, lo que aprovechan los aliados para avanzar en su dirección... aunque al llegar a la esquina de un pasillo que divide el paso entre ellos y el enemigo, de la oscuridad surgen dos enemigos inesperados que hielan la sangre de Rando y Kirk, los más cercanos a llegar al cuerpo a cuerpo con el cultista: de un salto, una criatura de aspecto humanoide, lengua afilada, larga y negra envuelta en dientes puntiagudos de aliento hediondo a muerto y cuerpo escuchimizado, avanzando entre a dos y cuatro patas con negras garras al final de sus dedos, saltaba en dirección a Kirk, lanzando zarpazos por doquier y haciendo retroceder, seriamente herido al mediano con surcos sanguinolentos y una extraña sensación de entumecimiento en el cuerpo, sospechosa al observar las heridas ennegrecidas de las garras de la criatura. Por su parte, Rando a punto está de chocar con lo que asemejaba la versión más hambrienta de un soldado, en forma de huesos animados, armados con una vieja (pero efectiva) espada y un firme (aunque oxidado) escudo, que detuvo el avance del guerrero con una andanada de espadazos, claqueteando su mandíbula en forma de risa macabra.
(Con Castle Ravenloft Board Game pude desarrollar esta parte del Entorno de la Aventura)
Por suerte, los reflejos de Kirk permiten a éste utilizar de parapeto a su compañero Rando una vez más, convirtiéndose ambos en una extensión cada uno del otro, golpeando con hacha firme desde arriba y con espada presta desde abajo, hasta lograr reducir a astillas y carne despedazada y apestosa a ambos enemigos, mientras Therai y Shail se ocupaban desde la distancia, mediante proyectiles de fuego mágico y estallidos de llamas sagradas, del cultista que parecía controlar a los espantosos nomuertos que intentaban acabar con la vida de sus aliados. Al fin, entre las llamas de la grasa y la purificación del fuego de la fe, el fiel de la oscuridad enemigo cayó por fin, derrotado y muerto, momento en que Shail aprovechó para acercarse al peligrosamente cerca de desfallecer Kirk a causa de las crueles heridas del muerto viviente ávido de carne de los vivos, y orando por la sanación del mediano, canalizó la fuerza de su fe en forma de una suave y cálida luz rosa y dorada brotando de las heridas del joven, que poco a poco las fueron cerrando, hasta quedar sólo las líneas cicatrizadas suaves de las mismas.Suspirando aliviado el sacerdote, y con una sonrisa sincera Rando, ambos incorporaron al protestón mediano del suelo, que demandaba más atención para poder enfrentarse adecuadamente a enemigos como esos asquerosos nomuertos, observado todo desde una prudente y silenciosa segunda posición por parte del suspicaz tiflin. Después de sacudir el polvo del cuerpo del muchachito, Rando se giró confiado en dirección al cuerpo caído del enemigo, y cuando se puso al descubierto en el acceso al pasillo por el que habían llegado los dos nuevos enemigos, una flecha voló de la nada, y a punto estuvo de atravesarle el cuello, pasando a escasos centímetros de su garganta y volando en dirección a la bruma gélida.
¡Por mi madre...!
Más allá de las ruinas...
En otro lugar... cerca de la pequeña capilla de la Fuerza de la Vida, entre las colinas esmeralda cercanas a Villa Ander, bajo el Altar construido por Shail, quien ahora se encuentra lejos de allí, el Sello brilla tenuemente violáceo en la mayoría de su superficie, dejando sólo unas líneas plateadas con un resplandor plateado entre el color violeta. Sin embargo, construida en secreto la cobertura del altar de la Fuerza de la Vida que se alza sobre el Sello fundido con la roca del suelo, los habitantes del lugar sagrado no son conscientes de lo que puede suponer para la comunidad o la comarca.
¿Cual es su propósito? ¿Qué signos o señales podría profetizar con su comportamiento?
Sólo el viajero que ahora se encuentra en las entrañas de SiempreMuerte quizá encuentre la respuesta.
Dentro de un edificio en plena urbe... sin una luz que viaje al interior de una habitación oculta, salvo para su dueño, sólo una lámpara de resplandor violeta y plateado permite reconocer una escritura en un pergamino que otra luz no podría revelar.
Poco a poco, en el pergamino, letras de color rojo sangre refulgen y se forman al ser iluminadas por esa extraña lámpara con forma de nido de insecto, y unas manos firmes, ágiles y algo pálidas, marcadas por la edad, repasan el texto deliberadamente más de una vez, para asegurarse de que lo que lee no es un error ni una mala interpretación de aquella lengua.
Finalmente, una vez las palabras grabadas en la memoria, el pergamino es cuidadosamente desplegado y alisado, para ser depositado en un cajón de madera fuerte, protegido por una cerradura especialmente segura, en el que se acumulan otros pergaminos en blanco que, al recibir un leve baño de luz plateada, por un momento empiezan a formar remedos de palabras que se detienen cuando la luz se apaga y el cajón se cierra.
En las profundidades de la tierra... la silueta de una criatura humanoide con el rostro de una alimaña entre las sombras se alza al escuchar un ruido.
Aunque hacía unos minutos algo se había escabullido más allá de su atención y la de sus compañeros, a lo que no le habían dado importancia, ya que no había sucedido ningún altercado, ahora el ruido lejano de algo que alborota el silencio del lugar abandonado envía un chispazo de atención a la conciencia de los visitantes de esta zona en tinieblas.
La alimaña, chasqueando sus dedos, señala a tres de sus compañeros, y en dirección a las tinieblas, hacia el lugar donde su atención le indicaba.
Uno de ellos, de rostro pálido y labio inferior carmesí, manchado por un líquido escarlata, asiente y sonríe con una blanca dentadura formando una mueca fiera de anticipación. Entonces camina despacio hacia una de las estancias de la zona.
Los otros dos, mudos y gélidos ojos bajo los yelmos de sus armaduras, aprietan los mangos de sus armas, buscando una posición ventajosa por si sucede algo que no hubiesen previsto.
Más allá, entre la oscuridad, dos figuras delgadas y traqueteantes arrastran algunos sacos mecánicamente, aunque cuando escuchan el sonido de los chasquidos, sueltan sin miramientos los bártulos, y se disponen con movimientos espasmódicos momentáneos, hasta que recuperan su fluidez, hacia zonas predeterminadas por las órdenes iniciales al llegar, y así poder protegerse apropiadamente.
Quizá estas ruinas, en el fondo, no estaban tan abandonadas como parecía.
CONTINUARÁ








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