jueves, 20 de junio de 2019

D&D 5ed - EL TUERTO Y EL DESTINO - Sesión 4 - ALTIBAJOS Y SORPRESAS DE TODO TIPO

En otro lugar...

(Talion, elegido por su Jugador)
...La guardia, tras un duro día y un atardecer molesto a la luz del sol había concluido para Talion, patrullando junto a la Guardia de Ander por las tierras de alrededor de AnderVille, junto a algunos efectivos de la Milicia Urbana, cedidos a tal fin como refuerzo de infantería.

Así, y dada su preocupación por lo sucedido aquella misma mañana en el hogar del Comandante de la Milicia Brion SwornStone, el MedioDrow prefirió informarse apropiadamente de lo sucedido a los oficiales de la Guardia y la Milicia presentes (Duma y Paxton) sobre lo ocurrido y la toma de decisiones por parte de sus rescatadores y compañeros de SiempreMuerte y ForjaEscudo. Ambos vigilantes lo refirieron al hogar de Ulma GoldenFinger, la Consejera y Líder de la Cofradía de Artesanos de la Calle del Sudor, a la cual se encaminó el joven mestizo con algunas preguntas.

La gnoma lo recibió con cierta suspicacia ya que, aun siendo alguien respetado por sus acciones en la InfraOscuridad, además de un miembro por linaje directo de una familia de trabajadores de AnderVille, y por supuesto compañero de andanzas de Rando Lothar como miembro honorífico destinado al turno nocturno de la Guardia de Ander -a la que también pertenecía por fin el MataLobos- hasta que su visión se acostumbrase al brillante sol de la superficie (incluso en estos días de Otoño), el aspecto cercano a los Drow de bajo la superficie no era del todo grato a quienes conocían su existencia y sus relaciones con el reciente pasado de AnderVille y el Camino HighCastle.
Así pues, Ulma atendió al mediasangre con cordialidad, y cuando éste preguntó si ella conocía el paradero de los compañeros, la mujer meditó profundamente sobre la decisión tomada hacía ya unas horas con respecto a ellos, e hizo la misma oferta a Talion, incluyendo la firma del Contrato Confidencial y la oferta de servicios o pago acorde a la misión a realizar sobre la pérdida de suministros desde el oeste -añadiendo información adicional sobre sus buenas relaciones comerciales con SternTale y su Alcalde, además de la necesidad de pago de un peaje de protección del camino comercial por parte de sus fuerzas militares-, a lo que Talion, considerando que su estancia en la villa, aunque era tolerada, todavía tenía visos de necesitar cierta reputación, le dio facilidad para la elección de acompañar a quienes se convirtieron en su libertad y, más adelante, en fieles compañeros de armas.

Con ello, Talion aceptó el trato, recibió un Corcel Fantasmal mágico para correr a toda velocidad tras sus aliados, alejándose de la presión social aún no aceptada de la comunidad que se convertiría en su hogar si él así lo deseaba, y marchó a toda velocidad.

Por suerte, en el camino del oeste, casi al amanecer del día siguiente, encontró a la patrulla de Guardianes del Trono que se había cruzado la tarde anterior con sus compañeros, y al preguntarles sobre ellos, los soldados informaron de la distancia que les separaba del nuevo Guardia de Ander que viajaba en su dirección, en misión para el Gremio de Artesanos de AnderVille. Tanto el uniforme, como el extraño caballo y la notificación de trabajo de Ulma GoldenFinger evitaron que el extraño aspecto embozado de Talion suscitasen demasiadas preguntas, como el hecho de que, siendo de día, sería extraño encontrar a alguien tan similar a un Drow en campo abierto y sin que se sintiese molesto por la luz del sol.

Agradeciendo la atención de los Guardianes, continuó su veloz cabalgada prácticamente sin detenerse, salvo para tomar frugales alimentos y seguir su camino. La mejor forma que encontró de viajar fue en las horas nocturnas pues, a pesar de la aparición de algunos animales por la ruta, ninguno se detuvo a enfrentarse a un solitario jinete sobre tan extraño animal, y su camino se hizo más veloz.

La suerte de su llegada y paso por SternTale también le valió adelantar aún más su paso, informado tras el pago del peaje del paso de los compañeros de viaje, y por fin, a media mañana tras su salida de la fortificada villa, pudo adivinar a lo lejos, en el horizonte, tres figuras que cabalgaban a buen paso, pero sin azuzar demasiado sus caballos, hasta que se detenían, las cuales tenían el aspecto de sus compañeros, conforme más se acercaba a ellas.

De hecho, cuando se encontraba a menos de 100 metros de las mismas, Rando decidió hacer uso de una extraña chanza, poniéndose junto al camino y, cuando Talion aminoraba la marcha para llegar hasta ellos, Rando convocó el poder de su Torre Sobrenatural, haciéndola brotar justo en mitad del camino por donde pasaría en unos segundos el SemiDrow, provocando que su montura fantasmal se encabritase para evitar un posible impacto, y que el propio Talion se sobresaltase.
Tras bajar de su montura con mirada reprobatoria, el Paladin de Elistrae y Guardia de Ander Honorífico por fin se reunió, bastante doloridas sus posaderas, con el resto de viajeros, y cuando compartieron información y detalles sobre el camino, éstos le señalaron más adelante lo que parecía la caravana que Ulma estaba esperando, y que tenía trazas de haber sido atacada y descarrilada a un lado del camino del oeste.

Así, todos juntos se acercaron con cautela, Talion pendiente del entorno de monte bajo a la espera de alguna emboscada, Kirk y Shail observando los restos de las caravanas para ser conscientes de lo sucedido, y Rando percatándose con sus lentes mágicas de que, tras las dos carretas volcadas con sus caballos muertos y destrozados (no por el accidente, sino por golpes de armas cortantes) había movimiento de alguien que se desplazaba despacio de uno a otro lugar. Entonces, al informar a sus compañeros, mientras Kirk se ocultaba entre la alta maleza y avanzaba sigilosamente rodeando el lugar del siniestro, Rando descolgaba su inmensa hacha mágica y, con voz poderosa, preguntaba quién se encontraba allí en más de una ocasión.

(Petricor, elegido por su Jugador)
Petricor, un elfo de los bosques que había vivido durante bastantes años en la villa fronteriza de Daarmaar, compartiendo sus conocimientos y habilidades con los lugareños, después de haberse alejado de su propia comunidad en EmeraldCanopy varios días al este de allí, Sabía que al abandonar a los suyos y vivir de la tierra y el entorno estaba respondiendo a la llamada de la naturaleza en su interior, y sentía que vigilar los bosques para evitar amenazas era un trabajo mucho más tranquilo que hacerlo dentro de su propia comunidad, donde se había sentido en más de una ocasión ofendido porque otros como él no encontraban saludable su exceso de aislamiento. De hecho, su extraño origen, tras ser arrancado del seno de su familia por una manada de lobos que lo arrastró hasta las profundidades del bosque y, por un extraño giro del destino, decidió adoptarlo como un miembro más de la manada en lugar de devorarlo, hacía mucho más sencillo para él alejarse de los suyos, a pesar de la reticencia de sus familiares cercanos, y pronto decidió que los caminos serían su destino.
Con el tiempo, su formación y entrenamiento le llevó a moverse por los rincones más remotos y alejados de su comunidad, y empezó a ganarse el sustento como guía de viajeros perdidos, cazadores, rescates de ciudadanos raptados y olvidados en medio del mundo salvaje, e incluso protector de viajeros y comerciantes por toda la ruta del oeste. Aquel trabajo le permitía alejarse de la sensación de pensar que otros como él lo observaban de lejos y le dedicaban insultos o agravios que no podía soportar, pero en el fondo también le permitía llevar a los torpones civilizados por lugares en los que no hiciesen daño al entorno que él había empezado a considerar como su verdadero protectorado. Así, separaba cada mundo donde debía estar, y todo estaba en paz.

Pero aquello no podía durar.

De hecho, la pequeña colina que había convertido en su hogar, tiempo antes de adoptar una vida más cercana a la civilización en Daarmaar, cuando él estaba viajando para encontrar a unos pequeños perdidos por una caravana de viajeros de la ruta comercial del oeste, al volver, la encontró arrasada y quemada, y toda vida animal que en ella había habitado hasta el momento había huido o quedó despedazada, destrozando nidos, madrigueras, manadas y familias enteras de criaturas que sólo vivían según su forma de hacerlo, sin preocuparse de quienes existiesen más allá de su entorno.
Aquel hecho se convirtió en un amargo puñal incrustado en el corazón de Petricor, quien empezó a viajar de uno a otro lugar, buscando respuestas y causando algún que otro alboroto por sus métodos poco ortodoxos para encontrarlas.
Así fue como la comunidad de Daarmaar lo encontró, apalizado y medio muerto por un nutrido grupo de matones y soldados que lo superaron en número y táctica, aprovechando su cólera y falta de pensamiento estratégico en esos momentos de sufrimiento, y desde entonces Petricor no sólo ha buscado el origen de la destrucción de su protectorado, sino también a aquel grupo de matones que lo había humillado sin necesidad cuando buscaba respuestas.
En sus pasados años en busca de lo sucedido, recopilando pistas sobre actividad de humanoides que reunían las características propias de quienes habían provocado tal destrucción, se convirtió en un experto en el origen de aquel mal: orcos y trasgos. Además, también comprendió que, más al norte y al oeste, en los territorios conocidos como las Llanuras del Ocaso Perpetuo, se conocía que existían numerosos clanes de orcos y trasgos que a menudo se movían para disputar territorios y conquistar a los miembros más débiles de sus razas, causando disturbios más allá de sus fronteras como el que arrasó su colina y a sus preciados animales, y eso le llevó a pensar que necesitaba un plan de acción sobre tales criaturas.

El tiempo pasó... y de vuelta de uno de sus viajes de trabajo hacia el oeste, hasta casi la costa, encontró que más adelante, cerca del desvío hacia Daarmaar, una caravana de carretas había quedado destrozada y volcada a un lado del camino.
(Petricor y Manberulf)
Sin preocuparse demasiado, se acercó para ver qué podía sacar de provecho pero, al ver que no había cadáveres salvo los pobres animales domesticados de tiro, y que entre las numerosas huellas que rodeaban el siniestro, se hallaban varias humanas... y otras de orcos... aquello le hizo plantearse el saqueo e investigar un poco más, sobre por qué quienes habían asaltado aquella caravana se habían llevado no sólo una buena cantidad de bienes, sino también los cadáveres de quienes la protegían.
Pero, mientras hacía su reconocimiento, una voz ruda y fiera de alguien acostumbrado a imponer su fuerza se oyó más allá del lugar del asalto, y Petricor tuvo que tomar una decisión... acompañado de uno de los bisnietos de los pocos lobos supervivientes de la manada que lo había criado en su juventud: el lobo Manberulf.

(Manberulf)
Tras reclamar la atención del lugar, Rando vio como, desde detrás de las carretas volcadas, se erguía un elfo de los bosques, junto al cual daba un salto un fiero lobo que parecía proteger al aparecido con puro instinto de rabia. Apretando con sus manos el astil del hacha y lamiéndose los labios con anticipación, Rando "MataLobos" observaba de lejos la amenaza, y se aseguraba de que el recién aparecido no fuese parte de lo sucedido allí.
Por su parte, tras Rando, Talion y Shail cercaron por ambos flancos al guerrero humano, observando al elfo recién aparecido y al animal que lo acompañaba, y decidieron calmar un poco los ánimos, preguntando por la presencia de aquel muchacho. Éste explicó que, al ver aquellas carretas, se decidió por apoderarse de cuanto pudiese quedar y fuese útil, y después seguiría su camino. Entonces, cuando Talion se identificó y comentó que tanto las carretas como el contenido estaban bajo la protección de la Guardia de Ander, el muchacho indicó que no había cogido aún nada, y que podían registrarlo.
Cuando Kirk, que había estudiado concienzudamente y de cerca al elfo rodeando silenciosamente una de las carretas tras la que éste se parapetaba (adelantándose veloz gracias a unas botas que le conferían una velocidad vertiginosa), reveló su posición, sobresaltando al elfo y convirtiéndose en un nuevo foco de agresividad del lobo, confirmó con voz alta a sus acompañantes que el chico no llevaba nada encima que no fuese suyo, ante lo cual el grupo pidió amablemente al desconocido que se apartase unos metros del desastre, porque necesitaban investigar lo sucedido.
Así, mientras Talion y Shail se acercaban a Petricor y comenzaban a conversar con él, presentándose, al tiempo que Talion se acercaba al lobo -para tratar de congraciarse con él-, a quien Petricor había pedido que no agrediese a los recién llegados, Kirk investigaba concienzudamente los carromatos, concluyendo que, fuese lo que fuese lo ocurrido, habían saqueado a conciencia lo que había en su interior, dejando sólo algunos restos menos valiosos de comida, bebida y herramientas, mientras que, al moverse unos metros más atrás, por donde se veía que los carruajes habían virado bruscamente hasta caer y volcar, estaba claro que no habían sufrido un asalto sorpresa, ya que no se veían rastros de nadie que chocase contra ellos, e incluso las pisadas de los caballos se veían erráticas en el momento de descarrilar, como si algo los hubiese sobresaltado y, en su terror, tratasen de romper las cinchas pero se estrellasen, y después sufriesen una muerte atroz.
Por su parte, Rando ojeaba rastros alrededor del suceso, y encontró algo bastante revelador, como que un rastro que venía del noroeste, formado por pisadas grandes y pesadas (no tanto como las de un ogro, pero sí más rotundas que las de un elfo o humano... y de zancada más larga que las de un enano) llegaba hasta las caravanas, se confundía en un maremágnum de pisadas y sangre -como si hubiese habido una lucha sangrienta alrededor de los carruajes-, y después se alejaba junto a otro grupo de pisadas en formación -de aspecto y contundencia más humanas o similares- hacia el noreste, en dirección a interceptar un desvío del camino que había más atrás de por donde habían llegado los aventureros.
Así, siguiendo durante unos metros el rastro, de pronto sintió el zumbar de varios proyectiles, alcanzándolo dos en un costado. Aunque el dolor no fue tan atroz como para arredrarlo, decidió hacerse el muerto en el suelo, para averiguar qué había ocurrido.
Y, gracias a ello, escuchó unas susurrantes voces chillonas que se confiaron en haberlo derribado, las cuales empezaron a planificar acercarse al resto de los recién llegados para rodearlos.
Así, de pronto, y salvo por los instintos y sentidos aguzados de Manberulf que lo previnieron de estar alerta para ver qué estaba ocurriendo, el resto de los aventureros no se percataron, hasta que era tarde, de que estaban siendo rodeados de una numerosa fuerza compuesta por un gran número de trasgos, reforzados por dos grantrasgos desde la retaguardia que ordenaban avanzar y atacar antes de que los recién llegados pudieran preparar un ataque de rechazo, junto con lo que parecía una criatura similar a un ave de presa negra de tamaño humanóide y manos más similares a alas que a brazos, armada con espada y arco, todos ellos comandados por un extraño trasgo de piel grisácea y mirada malévola, con un brillo de inteligencia nada común entre los trasgos.
Consultado por sus menos avispados compañeros trasgos comunes, la intención de la criatura-trasgo extraña era clara, con el deseo de atacar y acabar con los aventureros, para después tener tiempo de repartir el tesoro de las carretas y el portado por ellos.
Mientras los enemigos avanzaban, de pronto liberados en un frenesí de furia que sobresaltó a los emboscados, la criatura-ave se acercó con precaución hasta el cuerpo caído de Rando, y se apostó junto a él, en cuclillas, examinando si parecía haber caído muerto.

Observando su entorno, Petricor, en una rápida ojeada, catalogó prácticamente a casi todos los adversarios como trasgos y grandes trasgos -todos en apariencia al servicio de un extraño trasgo de aspecto inteligente y color grisáceo de mirada totalmente feroz, muy astuta-.
Sopesando sus opciones, y pensando rápidamente que ese extraño trasgo, realmente, NO era un trasgo, trepó con sobrenatural agilidad hasta el lateral de uno de los carros caídos y, apuntando una flecha hacia un grupo de trasgos y grantrasgos, disparó a uno de los trasgos.
(Petricor)
Mientras la flecha volaba y empezaban a crecer picos a lo largo de todo su astil, al impactarlo y derribarlo atravesado, liberó una explosión de espinas que se clavó en la carne y armadura de los dos acompañantes.
Antes de que se recuperasen, y a pesar del aviso del grantrasgo de derribar al tirador del carruaje, una segunda flecha incrustada en su cuello por parte del elfo explorador recién encontrado por los aventureros de AnderVille acabó de un único impacto con su vida. El trasgo superviviente, parpadeando, tragó saliva y, con una gota de sudor recorriendo su frente, pensó que a lo mejor no eran las víctimas más apropiadas para asaltar.

Por su parte, y desprevenido mientras investigaba los carruajes, asegurándose de que el Sello de Transporte GoldenFinger estuviese tanto en el lateral como en las cajas, barriles y provisiones del mismo, incluidas unas correas de seguridad abiertas sin forzar, que de seguro llevaban una mercancía valiosa, lo que confirmaba que las cerraduras habían sido abiertas con su llave (como su profesión de cerrajero le permitía identificar), Kirk vio por el rabillo del ojo, tras escuchar el alboroto de la carga enemiga, que un trasgo especialmente bien armado trataba de sorprenderlo y acuchillarlo, pero entonces, chasqueando unas botas por los talones que le conferían un movimiento vertiginoso, el mediano (con una suave voz que decía 'Éste no es ahora mi sitio', respondida por la chillona del trasgo que le gritaba '¿Dónde vas? ¡No huyas!') se zafó del ineficaz ataque del sorprendido trasgo, y se desplazó entre los carruajes derribados -saltando y rebotando entre sus paredes- acercándose a sus compañeros, desenvainando el mango de su espada solar y otra espada corta convencional, hasta colocarse a la espalda de Shail entre la espesura, frenando en seco frente a un trasgo con aspecto bastante curtido, mejor equipado y con actitud experta en combate en la espesura. La velocidad del mediano tomó por sorpresa al Batidor Trasgo, que al atacarlo con un certero espadazo, Kirk logró apuñalarlo en firme y convertirse en su objetivo primordial... si sobrevivía, sangrando y empapando su armadura tras la acometida de "RamaBaja". En medio de aquel lance, ambos se amenazaron entre dientes, buscando la muerte pronta y cruel del otro.

Por su parte, el ser-cuervo, en cuclillas junto a Rando, disparó su arco contra el tirador elfo (señalando su localización al ser herido), impactando de firme en su hombro, y cloqueando un sonido graznado de ave de rapiña al hacerlo. Avanzando con rapidez y desenvainando su espada para entrar en liza, sus agudos sentidos le permitieron percatarse del logrado engaño de Rando al fingir su muerte, y el hacha mágica de éste zumbó a unas pulgadas de su pata de piel correosa, momento en que la criatura volvió a graznar y saltar para apartarse del impacto, avanzando hasta situarse junto al extraño trasgo gris.

Entonces, convocando el poder de Lathander, Shail alzó su símbolo sagrado, en el centro del maremágnum de aliados y enemigos, y una abrasadora luz solar estalló desde su mano alzada, abrasando entre chillidos y aullidos de dolor y muerte la piel de los asaltantes, arrasando con la vida de casi todos ellos, dejando en pie sólo a un grantrasgo que se acercaba desde un parapeto apartado del camino, al ave humanoide, al trasgo que había acechado a Kirk tras los carros, a aquel que había sido atacado por Kirk, y a otro que se encontraba junto a él, con una pesada armadura de piezas estrafalarias, lo más parecido a un posible adalid entre los trasgos, además de al extraño "trasgo" gris, quien, con roncas palabras, declaró que 'El Dios Trasgo no sería derrotado por las menudencias de un hereje que adoraba a un falso dios, y sus fieles demostrarían la firmeza de su fe y su poder'.
Por su parte, Shail se burló con socarronería de tales afirmaciones, viendo que la carne del trasgo gris se había socarrado tanto como la de aquellos que aún seguían en pie.

Cuando la explosión de luz dejó de cegar el entorno, Rando se percató de que, tras el ave-humanóide avanzaba a toda prisa en una feroz carga un grantrasgo, e incorporándose de un salto, sorprendiendo a la criatura, incrustó en el pecho de ésta el hacha hasta el astil, dejándola sin aliento y con la boca inundada de sangre. Al extraer el arma de un fuerte tirón, al grito de 'Rando está aquí' (respondido por una voz chillona que gritaba en la distancia '¿Y ese quien es?'), Rando aprovechó la inercia de tal impulso para cargar con rabia contra el trasgo más acorazado junto al extraño trasgo gris.
Éste, a la defensiva protegiendo al que parecía su "amo", preparó su escudo, espada y potente armadura para la embestida del fiero guerrero, consiguiendo desviar dos implacables impactos de su hacha con un sonoro tañido, haciendo a Rando, por una vez, dudar de sus capacidades frente a tal esmirriado enemigo, quien empezó a protestar de que su atacante podría enfocarse en otros de sus compañeros, en vez de encabezonarse sólo con él. Girando los ojos en sus órbitas con una mirada de frustración, Rando finalmente superó dejándose el resuello el escudo del trasgo, aplastando de un hachazo un resquicio de su armadura con un crujido, y empapando desde el interior con su propia sangre verdosa y negra sus vestiduras. Un cruce de miradas de dos luchadores expertos enfrentó también sus voluntades, a pesar del sufrimiento del más pequeño. Y, finalmente, cuando la velocidad del humano fue un ápice mayor que la de su menor contrincante, el último hachazo de Rando buscó de nuevo la herida anterior, y en esta ocasión la hoja del hacha se abrió camino como una cuña, abriendo en canal el cuerpo del trasgo, haciéndolo caer entre estertores y gorgoteos.
Con la voz ronca y resonante, el soldado declamó: 'YO SOY RANDO'.

En el momento en que Rando acababa con la vida de uno de los protectores más fieles y acorazados del trasgo gris, éste, con una voz más profunda y clara que la de sus aliados de color pardo claro, gruño a Shail que 'No debería haberse atrevido a causar molestias al Dios Trasgo. Ese sería su último error'.
Entonces, ante la visión de todos, el extraño trasgo lanzó un grito estremecedor y creció de una forma veloz y sorprendente, hasta alcanzar unos inmensos 3 metros y medio de altura, acompañados de una monstruosa complexión muscular y unas armas que se habían adaptado a su nuevo peso, sorprendiendo a los aventureros, y llenando de adoración a sus propios aliados trasgos supervivientes con un susurro de fervor y asombro. Con semejante maniobra de sorpresa, en la que su piel también había cambiado, curando las heridas abrasadas por Shail, levantó su descomunal espada y, demostrando que el efecto no era simple ilusión, lanzó un golpe terrible con su agigantada espada, desplazando el aire a su paso. Sin embargo, por puro instinto y reflejos, Shail alzó nuevamente su símbolo sagrado, descargando un estallido de luz momentánea ante los ojos de la criatura, confundiéndola lo bastante como para que el impacto se desviase un palmo y hendiese profunda la tierra junto al sacerdote. Pero, pese a la confianza impuesta en su dios y el fallo en el impacto, Shail no se percató de que el monstruo gigante giró la muñeca y, arrancando la espada del suelo, aprovechó el impulso para golpearlo por el costado, cortando armadura y carne con saña, tiñendo de sangre las vestiduras sacerdotales.
Cuando la herida se abrió camino en la carne del clérigo de Lathander, el monstruo mutante rugió con voz poderosa '¡Matadlos a todos!', a lo que los supervivientes de la explosión sagrada corearon en conjunto '¡Sí, mi Dios Trasgo!'. Shail, entre dientes, escupió con rencor otras palabras despreciando la voz del monstruo, y revelando la verdad sobre la adoración al verdadero Dios Lathander.

Cuando Shail declamaba sobre su Señor, el trasgo curtido, herido por Kirk, descargó su propia espada por la espalda al elfo clerical, apuñalando su carne de nuevo y vertiendo más sangre, mientras gritaba con un chillido de ira '¡A nuestro Dios no se le daña, a nuestro Dios se le adora!', y después de eso, dando tumbos y cabriolas, huyendo de los lances ineficaces de Kirk, rodeó a Shail, subiendo a uno de los barriles abandonados, para disponer de un mejor ángulo de ataque contra el hereje de su gran Dios, escupiéndole amenazas sobre que moriría ante el Dios Trasgo por su herejía.

Persiguiendo a su furtiva presa, otro de los trasgos con una mejor equipación (armadura de mallas y ballesta, entre otras cosas) que trataba de alcanzar al veloz mediano que se le había escapado de entre las manos, se subió al carro frente al que usaba de posición elevada el tirador elfo, y descolgando una ballesta cargada de su costado, apuntó al usurpador elfo de la fe y le incrustó un virote en la cadera con una sonrisa y una risa sádica entre dientes.

Sorprendido por los acontecimientos de lo sucedido, el ojo calculador de Petricor permitió a sus conocimientos evaluar la naturaleza de la criatura cambiante, siendo capaz de comprender que su verdadera naturaleza no era la de un trasgo... sino una extraña fata.

(Talion)
Talion, estrechando su mirada con fría ira, desenvainó su espada mágica de mithril, y susurrando en élfico la palabra 'préndete', provocó que un estallido de llamas envolviese su filo. Así armado con la terrible hoja, lanzó un tajo abrasador tras otro contra la inmensa criatura, el primero mordiendo y arrasando su carne con un corte cauterizador -y un rugido de dolor del ser herido- que le provocó una profunda herida en el torso, y el segundo siendo bloqueado con un chasquido metálico por la monstruosa espada corta empuñada por su gran mano. Ambas miradas coléricas se cruzaron, una absolutamente desprovista de piedad, la otra cargada de rabia sobrenatural. Escupiendo espumarajos furiosos, el monstruo volvió a gritar '¡Os enfrentáis a la ira del Dios Trasgo!¡Moriréis todos!'.

Desde su posición elevada, Petricor concentró sus sentidos e intención en acabar con la criatura amenazadora, y al hacerlo, en el pecho del monstruo empezó a formarse un extraño dibujo de entramados de ramas y hojas que confundió la atención del mismo, al enfocarla en el poder del elfo que invocaba tal capacidad. Entonces, con dos flechas colocadas al mismo tiempo en la cuerda de su fiel arco, el arquero liberó los proyectiles, que volaron como un relámpago. Aunque el primero impactó en profundidad contra el torso y el músculo de la criatura, la reacción al súbito dolor del ataque lo apartó con un movimiento brusco de ser atravesado por la otra flecha, que pasó con un silbido cerca de Rando, quien se encontraba a la espalda del adversario. Con una mirada de sospecha y frunciendo el ceño, Rando recordó que el recién llegado no era aún ningún aliado, y si alguna de sus flechas lo golpeaba, toda cordialidad acabaría a golpe de hacha, por muy elfo que fuese.

Por su parte, escabulléndose entre sus aliados, Kirk empuñó la espada de luz solar, activando su poder. Se acercó temerario al inmenso trasgo mutante confiado en sus capacidades y la velocidad que le conferían sus botas, y trazó un luminoso tajo en el vientre de la criatura que no sólo le arrancó un gruñido de dolor, sino también una mirada preocupada por el castigo sufrido hasta el momento.

El cacareo embravecido del hombre pájaro siguió a su movimiento hacia Rando, dejando caer su arco y desenvainando una pequeña espada con tajos intimidatorios al aire, y con un lance engañoso, hizo desviar el hacha del soldado hacia donde parecía dirigirse su ataque, cuando el avance de la punta de la espada se desvió unos palmos y sajó la piel bajo el costado del guerrero, provocando una perturbada y molesta mirada en éste, con arraigados sentimientos de venganza ante tal agravio. La expresión de Rando y sus compañeros cambió a una de extrañeza, cuando el ave humanóide, con idéntica voz a la del monstruo gigante, dijo '¡Nadie osa desafiar al Dios Trasgo!'. Una imitación perfecta. Rando, más extrañado que dolorido, respondió con sorna: '¿Y con esa puntada de aguja me piensas parar?'.

Shail, enardecida su fe por las palabras de la monstruosa criatura, abrazó su símbolo sagrado, y cantando en voz alta el nombre de Lathander para que su voz melodiosa cerrase algunas de las heridas sufridas por la abrumadora cantidad de ataques, de nuevo liberó una gigantesca explosión de luz abrasadora, rostizando la piel del gigante gris que aulló de rabia y dolor, levantando ampollas enrojecidas en el trasgo que había huido de los lances de Kirk, oscureciendo en carne humeante al tirador trasgo sobre el carro tumbado, y convirtiendo en una masa calcinada al ave humana, que murió entre graznidos de agonía.
Cuando la poderosa luz dañaba el enorme cuerpo grisáceo del líder de la turba trasgo, éste, alzando sus brazos y cubriéndose el rostro, negó con un grito su destino, y mientras la luz se desvanecía, así también lo hacía el enorme tamaño del ser, recuperando su pequeño tamaño original, además de parte de su salud perdida, quedando apenas rastro de las quemaduras en su pequeña figura desaliñada de mirada fiera y desafiante, mientras farfulla '¡Maldición!'.
Entre las risas de Rando, comentando '¿Ahora dónde piensas ir así? ¡Haz que vuelva el grandote, que tú no me sirves!', la vocecilla de Kirk se filtra burlesca, diciendo: 'Se ve que tu dios te ha abandonado, ¿verdad?'.

Con la mirada cargada de intenciones crueles, mientras Rando alza su hacha contra la criatura-trasgo, Shail advierte '¡No lo matéis! Necesitamos a alguno vivo por si tenemos que hacer preguntas.', con lo que las manos del soldado giran para que el hacha vuele de plano en su ataque, y con un sonido vibrante, el arma se estampa contra la nuca del pequeñuelo sobrenatural, haciendo que caiga con los ojos estrábicos de un único impacto, gimiendo al derrumbarse. Con una sonrisa fiera, Rando ojea a su alrededor, y se acerca al curtido trasgo que huía de los ataques de Kirk con anterioridad, esta vez con la clara intención de una muerte rápida. A pesar de que el pequeño monstruito trata de evitar el tajo, la fuerza y precisión del ataque lo hace volar por los aires, prácticamente partido en dos, golpeando contra el costado de la carreta derribada tras él, y desplomándose como un ensangrentado fardo roto en el suelo, en silencio. Por el rabillo del ojo, Rando observa un movimiento a su derecha, percatándose de que un trasgo bastante bien pertrechado intenta recargar a toda prisa su ballesta, sudando a borbotones y con una expresión de puro terror. Viéndose incapaz de alcanzar al cuerpo a cuerpo al miserable, decidió arrojar su inmensa hacha, que se incrustó por el filo justo a los pies del enemigo, el cual perdió en un suspiro todo el color de su rostro con el temblor del impacto.

Con una sonrisa aterrada llena de dientes, y pensando seriamente en su situación actual, el trasgo observa a todos los enemigos y sus aliados caídos y, tragando saliva, susurra: 'No es nada personal, ¿vale?', y acto seguido sale disparado, bajando de un ágil salto del carruaje, y corriendo de vuelta a toda velocidad por donde había venido, tratando de internarse entre la espesura de las hierbas altas y perderse de vista.

(Talion)
Observando calculador la intención del trasgo en fuga, Talion cierra los ojos, murmurando una oración somera a Elistrae, momento en que se transforma en un jirón de bruma que se desplaza a toda velocidad hasta la espesura por donde huye el trasgo, y al momento vuelve a aparecer varios metros más adelante en plena carrera con su espada llameante, pero la velocidad de su carrera y la confusión momentánea del desplazamiento mágico no dejan calcular con precisión su primer tajo, lo que aprovecha el trasgo para rodar por el suelo y apartarse del arma en llamas, que deja un rastro de hierba socarrada a su paso.
Con un gesto aterrado, y reculando casi de espaldas, el trasgo chilla '¡Dejadme en paz!', pero Talion no muestra clemencia, y esta vez su espada se lanza como un rayo de fuego al pecho del fugitivo, ensartándolo y escaldándolo en las entrañas, convirtiendo la mitad de su cuerpo en una tea que chilla de dolor durante unos breves segundos, hasta que queda fláccido sobre el arma, y cae al suelo humeante. Con un gesto marcial que sacude la hoja del arma, Talion vuelve a pronunciar en élfico 'préndete', y la espada absorbe las llamas hasta que su filo queda inmaculadamente metálico y frío al tacto, limpio de sangre y restos.

Petricor, evaluando la capacidad destructiva de los recién llegados, mientras Rando arranca su hacha del lateral del carruaje derribado y después se dedica a saquear los cuerpos de los caídos de dinero y cualquier objeto de valor, como el metal de las armaduras más pesadas de los trasgos y grantrasgos, considera que la prudencia de no haber provocado su ira había sido una decisión acertada.
Rando, por otra parte, también compara las pisadas de los grantrasgos con las de los rastros hallados al llegar, siendo consciente de que las de los enemigos derrotados son prácticamente de tamaño humano, a diferencia de las recias botas anchas de uno de los rastros en fuga. De hecho, las botas de los grantrasgos no coinciden con ninguno de los rastros previos, lo que revela que los trasgos y grantrasgos no habían pasado por aquí antes del momento del ataque, al menos no recientemente.

Después de revisar el campo de batalla y apartar los cadáveres más molestos de los alrededores, los aventureros, observados por Petricor -quien recoge las flechas entre el campo de batalla que aún pueden ser de utilidad-, discuten sobre qué hacer con el monstruo-trasgo.
Rando, ordenando a su cuerda mágica que envuelva a la criatura y se anude a su alrededor con firmeza, inmovilizándola, da pie a Shail para curar someramente las peores heridas del prisionero después de que Kirk estudie con cuidado de nuevo los carruajes derribados -explicando a sus compañeros la minuciosidad del saqueo de quienes los atacaron, incluyendo el hecho de que cada transporte poseía una zona asegurada con cinchas metálicas para sujetar de forma segura al suelo y un lateral interior del carro algún tipo de baúl grande, cinchas que habían sido abiertas por la cerradura con la correspondiente llave, en lugar de forzadas-, momento en que éste se agita, se sobresalta, respira varias veces a toda prisa, y observa con temor y curiosidad su entorno, viendo la situación en la que se encuentra.
Rando clava su mirada en la del monstruito, riendo cómicamente y diciendo 'Vaya, ¿qué ha pasado, amiguete?¡Jajaja!'.
'Malditos seáis todos... pero... bien pensado, al menos me habéis librado de una molestia', comenta de pronto la criatura. Relajando su postura en el suelo, mira a todos sus aprehensores y pregunta:
'¿Queréis algo por mi libertad?'.
Cuando Kirk le rebate con desprecio que su libertad no vale nada, el ser le dice que no hablaría así si supiera quién es él. De hecho, una criatura como él podría ofrecer un rescate por su libertad, a cambio de un pacto que asegure esa libertad.
No muy interesado en ese razonamiento, Kirk comenzó a preguntar qué estaban haciendo allí, a lo que el ser explicó que iban a saquear la zona después del incidente, asegurándose primero que no había nadie que los molestase, y después de ver llegar al grupo, los trasgos pensaron que podrían acabar con los aventureros por su superioridad numérica... lo que no era así, dado el resultado.
Mientras el prisionero hablaba, Rando parecía convencido de que la criatura, a pesar de su natural expresión ladina, estaba lo bastante tranquila como para no estar mintiendo sobre todo lo que explicaba.

En medio de la situación de tensión verbal, y gracias a mantenerse en un segundo plano, Petricor seguía estudiando los hechos, recordando más información sobre algunas fatas y su naturaleza. Recordó que hay varias que, por su naturaleza, no pueden incumplir un trato una vez acordado, pero siempre que hubiese una reciprocidad también cumplida en el mismo, lo que también obliga a la otra parte que hace el trato con las fatas a cumplir la suya o sufrir consecuencias. Además de ello, también existen fatas que pueden ocultar en algún lugar difícil de encontrar objetos mágicos valiosos, o mucho dinero en diversas formas, ya sea monedas, joyas u objetos de artesanía.

Continuando con sus preguntas, cuando Kirk quiso saber si él sabía quién había hecho aquello, la fata dijo que no sólo lo sabía, sino que cuando los responsables se marcharon, él informó a sus aliados trasgos para venir a saquear lo que quedase... incluso soportando los deseos de sus compañeros trasgos de querer trocear lo que quedaba de los caballos para llevárselo como comida.
A la pregunta de si quienes se marcharon de allí eran todos humanos, la fata dijo que no, que varios eran "del norte". Con la confusa respuesta, Kirk especificó si el ser conocía la raza, a lo que éste le respondió con otra pregunta sobre 'si conocía la naturaleza de quienes habitaban al norte de aquella zona'. Pensando en las Llanuras del Ocaso Perpetuo, los labios de Kirk susurraron 'orcos', y la fata asintió con una dentuda sonrisa.
Algo cansado de hablar, el ser preguntó sobre cuándo empezaría la negociación, y como Kirk reveló que sólo lo estaban interrogando y que, en caso de no hablar, lo matarían, la criatura se encogió de hombros y dijo que, aunque la matasen, siempre podría volver en 100 años y buscar al linaje natural de los personajes y ocuparse de que sufriese por lo que sus ancestros hicieron en el pasado. Al señalar Rando que, posiblemente, después de 100 años el ser podría encontrarse a Shail y Talion más experimentados pero no mermados por la edad, quizá debería pensar en retirar esa amenaza. Shail, en ese momento, bromeó sobre que podrían no matarlo pero sí encerrarlo durante tanto tiempo que no pudiese cumplir su amenaza, como por ejemplo... en un barril... o como atracción de circo en su casa, se ofreció Kirk entonces. La fata farfulló entre dientes que, 'a pesar de las bromas de mal gusto, quien ríe el último, ríe mejor'. Ante esas palabras, Kirk confesó que su apunte no era una broma, con lo que su muestra al público podría reportarle buenos beneficios antes de su muerte. La fata se extrañó ante ese comentario, comentando que ella nunca había dicho que pudiese morir.

Una vez más, la criatura volvió a ofrecer un trato, en lugar de ser una mascota.

Y, en todo ésto, Petricor observaba en silencio. Pensando...

El monstruo, sibilino, preguntaba sobre los deseos de los aventureros y lo que él podría concederles, de forma individual o en grupo.
Y al Kirk insistir en que no estaban negociando por su libertad, sino por su vida, el monstruo entonces indicó que, hasta el momento de empezar a negociar, su boca quedaría sellada... y, efectivamente, los labios se unieron de forma extraña, como si nunca hubiese habido rastro alguno de una boca en la parte inferior de su rostro.
Al manifestar ese extraño efecto, la fata se inclinó hacia adelante, hasta dejar a la vista sus manos atadas, y comenzó a frotar sus dedos, de los que brotó una nubecilla metálica de polvo dorado.
Sobresaltados, al tiempo que Kirk daba un puntapié en el pecho al prisionero, frenando el efecto, el resto miró a Shail, quien utilizó sus oraciones para percibir si aquello era la manifestación de un conjuro, pero su magia le indicó que, aunque aquello era un efecto de transmutación, no tenía nada que ver con un conjuro, sino con la materialización espontánea de una minúscula cantidad de materia a través de la transmutación no convencional: una ínfima pizca de polvo de oro. Kirk, molesto por el gesto, desenvainó una espada y, apuntando al pecho del pequeñajo, le advirtió de no hacer más trucos sucios so pena de morir atravesado por su espada. Por su parte, la criatura se encogió de hombros y, transformando su boca ausente en un gesto en forma de O, su rostro hizo una mueca cómica.
En un segundo plano, preparado para cualquier contingencia, Talion de nuevo concentró su naturaleza bendita en sintonizar con la esencia de la criatura, descubriendo que ésta no era maligna en sí misma. Al revelarlo, el prisionero suspiró, declarando que se alegraba de encontrar a alguien con algo de mollera.
Al escuchar ésto, Talion se agachó ante su presa, y con una sonrisa se descubrió el rostro bajo el casco, revelando su naturaleza de sangre de elfo oscuro, haciendo que Petricor se sobresaltase, bastante preocupado al saber las cuitas que las razas élficas mantenían con esos primos de bajo tierra, aunque el hecho de ser acompañado por un sacerdote elfo del dios del sol era algo sorprendentemente extraño, que se prestaba a ser valorado a conciencia.
Cuando la fata descubrió la naturaleza de Talion, con una sonrisa le dijo que él sí podría hacer un trato, seguro.
Talion, entonces, cogiéndolo por las ataduras, lo llevó a un árbol cercano en volandas -ante las protestas del prisionero que le dijo que podría dejarlo en el suelo y caminaría a su lado, para menos molestia- y, manteniendo sus labios y los de la criatura a la vista de Kirk y su habilidad para comprender la lectura de labios, lo ató bruscamente al tronco, para después entablar una conversación "privada".
Talion le preguntó sobre su oferta.
La criatura indicó que podría ofrecer oro, información o magia.
La única condición es que estaba atado por su naturaleza a ofrecer un gran don a un único miembro del grupo, o un don menor a cada uno de ellos. Al tiempo que el semielfo oscuro conversaba con la fata, Rando manifestó el poder de su Fortaleza Sobrenatural (del mismo material que las armaduras de Talion y Shail), y la aprovechó para guardar en su interior todo el material aprovechable que aún quedaba esparcido alrededor y dentro de los carruajes -incluyendo comida que empezaba a pasarse, susceptible de ser tratada y purificada por el poder de Shail-, para tratar de hacerlo llegar a Ulma cuando fuese apropiado, además del botín de los enemigos, y también para mostrar el poderío mágico al sorprendido ente mágico prisionero... y a Petricor.
Por su parte, el ser explicaba las diversas bondades de los poderes que podría otorgar, como mejorar el cuerpo o la mente, potenciar las capacidades ofensivas o defensivas, convertir a alguien en invisible o insubstancial, y otras posibilidades interesantes.
Observando la torre, la criatura reconoció que, en lugar de algún objeto mágico, los aventureros podrían adquirir bendiciones del mundo primordial, su mundo de origen, canalizadas desde su Señora a través de él. Bendiciones como otorgar el poder de la magia en las armas, el poder de la sanación, la protección sobrenatural, la resistencia al daño, la salud eterna, la bendición de los guerreros salvajes, y otros encantamientos a su servicio.

Casi todos podrían servirse de esos poderes... salvo alguno, maldito por tener sus manos manchadas de sangre de fata inocente, un hermano.
Al decir ésto, miró en dirección a Rando (quien hacía pocos días había matado a un sátiro).

Las bendiciones de su señora o cualquier trato no podría hacerlo partícipe, salvo que realizase un acto de contrición.

Una vez más, y tras explicar todo ello, la criatura volvió a realizar su oferta por su libertad.

Talion, al girarse para hablar con sus compañeros y evaluar qué hacer al respecto, se percató de que éstos miraban tras él, llevando las manos a las armas.
Al volverse, vio que la criatura se había liberado de las ataduras como si fuesen agua, pero seguía, apoyada en el árbol, esperando.
Al parecer, el hecho de que negociaba por su libertad era algo literal, pues daba la impresión de que, hasta que no llegasen a un acuerdo, no podría ser dueño de sus actos para marcharse.
Con esa información, y el hecho de que Petricor validó la misma al revelar la naturaleza de la criatura y el poder de los pactos que la ataban al ser atrapada viva por un adversario, todos valoraron una decisión distinta: después de que les diese la posibilidad de ofrecer, en lugar de una bendición, una ayuda o información para alguna tarea específica que necesitasen completar, la criatura podría marcharse según otros términos, dando su palabra de que volvería cuando la necesitasen, para conceder a cada uno un don individual, o uno colectivo, que decidirían en el momento de llamarla. El ser explicó que podría llegar hasta ellos si lo llamaban, pero sólo si estaban cerca de algún lugar natural, o dentro de una ciudad pero que hubiese vegetación en ella. No podría alcanzar ningún lugar subterráneo ni el interior de una construcción sin vegetación.

Pero, una vez más, Rando debería mostrar una sincera disculpa, realizando un acto de perdón, para formar parte del trato -al margen de que el recién conocido Petricor podría pedir una bendición o pacto distinto, ya que no formaba parte del grupo de aventureros de momento-.

Rando, refunfuñando, escuchó las condiciones del trato.

La criatura, que reveló su nombre (Gygar), solicitó que Rando debía grabar con su trabajo (herrero) de forma artesanal el nombre del fallecido (el sátiro Trygor entregado como carne para el hombre jabalí Colmillo-Martillo) en la espada que le robó tras matarlo, y entregarla a Gygar para devolverla a la corte a la que pertenecía la criatura. A pesar de la molestia que causaba en Rando desprenderse de un "trofeo de caza", finalmente accedió en bien común, y cuando el pacto hubo sido sellado, los compañeros, viendo que empezaba a hacerse tarde, decidieron descansar, compartiendo su presencia con Petricor y Gygar, hasta que, al día siguiente, una vez finalizado el descanso y el trabajo de Rando sobre la espada, se separarían de la criatura y volverían a partir para resolver la investigación que les había traído hasta allí.

CONTINUARÁ

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