Shanna, guerrera sin parangón, pelirroja, de cabello largo y revuelto, mirada mortal, cuerpo macizo y piel bronceada, lleva dos días sin saber de Vitus, Robin y Taeron. Ha esperado demasiado en Nesovia, y cree que dos días son más que suficientes para saber que Robin y Taeros, con su capacidad para meterse en líos y ser incapaces de salir de un atolladero cuando se trata de una mazmorra, están en verdadero peligro.
Utilizando sus dotes de persuasión y su agudo oído, escucha el rumor de que un consejero del cuerpo de mando de la Fortaleza de Nesovia la Regia, Randy, envió hacia el sudoeste a los tres aventureros a investigar por algún asunto privado un santuario abandonado de la Diosa de la Codicia Egrevius, así que, tras lidiar con los silbidos de asombro de los guardias de las puertas de Nesovia con una mirada hostil que hizo a los soldados preocuparse rápidamente de otros menesteres, la mujer encontró una caravana comerciante a las puertas de Nesovia, que pronto partiría hacia el sudoeste, de paso desde CimientoFirme, perteneciente a un hombre obeso y sudoroso, con cabellos aceitosos y largos y una gran calva sobre la coronilla, de dedos regordetes y anillados, ropas elegantes aunque sucias por el camino, y voz melosa, llamado Vardus.
Shanna acordó viajar, debido a su fama como "La Roja", guerrera sin par en toda Nesovia, con la caravana de Vardus, mientras éste la agasajaría sin ponerle una mano encima (a pesar de sus claras y lascivas intenciones), a cambio de información sobre los viajeros, de los cuales Vardus tenía precisos conocimientos sobre su camino dirección sudoeste, aunque existía la posibilidad de que, siguiendo el sendero adoquinado principal de comercio, probablemente se habrían alejado del camino en algún momento, y sus pasos serían más difíciles de seguir.
A lo lejos de allí, cerca del desfiladero del Valle de Corvia, Robin, Taeron y Vitus se tomaban un descanso acampando cerca del borde de la caída de roca hacia la guarida del trol que sospechaban estaba allá más abajo, para concentrarse en asimilar todo lo que les había ocurrido hasta el momento. Así, mientras Vitus estudiaba y diseñaba nuevas capacidades mágicas para desarrollar un nuevo conjuro que anotar en su libro, Taeros se armonizaba con el entorno y descansaba, al tiempo que Robin indicaba que era hora de hacer una batida de caza para empezar a desarrollar sus capacidades de cazador, tal y como Taeros esperaba de él.
Para cuando la caravana de Vardus atravesó el desfiladero de Corvia a través del robusto puente de piedra llamado PuenteLargo, por su enorme diseño y alcance para cruzar tan profundo y ancho desfiladero oscuro, Shanna ya estaba harta de las lascivas y cargantes atenciones de Vardus. En un recodo del camino, la caravana descubrió un claro donde parecía que, recientemente, hubo un campamento de viajeros, además de una lucha con algún tipo de elemento vegetal del entorno.
Mientras Shanna investigaba el lugar, con intención de descubrir pistas del posible paso de sus conocidos (segura de que se habrían metido en problemas en aquel lugar, que parecía bastante útil para detenerse a descansar en cualquier viaje), dos de los mercenarios que se habían estado burlando de la cercanía con que Vardus y Shanna intimaban, a pesar del asco evidente de ésta hacia el comerciante, se acercaron a la mujer con intenciones también provocativas. Radus, un hombre de piel morena y cabello negro ensortijado, robusto, junto a su compañero Orek, un hombre delgado, de piel clara, pómulos marcados y cabello claro y muy corto, se insinuaban de forma hostil a la mujer, la cual se sentía incómoda ante tal situación, y no deseaba matarlos, a pesar de dejar clara su postura si éstos no cejaban en sus intenciones. Ambos hombres, de intención ahora más violenta por intentar querer forzar a la mujer, cercaron a la guerrera, dejando a medio desenvainar uno de ellos su espada, dejando claras sus intenciones. Entonces, Shanna, utilizando su Espada-Látigo Familiar, golpeó tan fuerte la espada que el hombre desenvainaba que ésta cayó al suelo, quedando el hombre sorprendido y sacudiendo su mano entumecida. Justo cuando su compañero desenvainaba, Shanna apeló a voz en grito a la palabra de Vardus de que no se le pondría una mano encima mientras viajase con la caravana, momento en que el comerciante apareció ante la escaramuza, y despachó a sus hombres, quienes miraron con intenciones vengativas a la mujer. Ésta, no deseando permanecer más tiempo allá, acordó terminar su compañía junto a Vardus, quien se despidió de ella con un largo y húmedo beso en la mano de Shanna, indicándole que Vardus siempre estaría a su disposición.
En el crepúsculo, la guerrera vagó sin rumbo claro por la espesura del bosque, teniendo como referencia la cercanía del borde de la sima que daba nombre al Valle de Corvia, hasta que, acosada por sonidos nocturnos sospechosos, animales, siluetas y figuras que se movían y se acercaban, y otros aspectos nada agradables de la oscuridad, a lo lejos observó una fogata que, si bien podría ser cualquier cosa, al menos supondría un asentamiento de alguien que la acogería lo suficiente como para seguir su camino o aclarar sus ideas.
Entonces, ante ella, se dibujó un círculo de runas verde tenebroso alrededor de la fogata, y un hombre con un bastón alzó una mano envuelta en una aureola de pequeños relámpagos del mismo color, mientras del suelo brotaban ramas y hojas que azotaban ante la mujer, de forma hostil. A su vez, una silueta gruñona tumbada junto al hombre en pie al lado de la hoguera se removía y observaba lo que estaba ocurriendo.
Cuando Shanna golpeó al aire contra las ilusiones con una destreza de sobra conocida en la región, Vitus y Taeros reconocieron su inconfundible estilo de combate, y el mago convocó su magia con un golpe de su bastón para envolverse de una mágica luz del mismo color que las runas que habían avisado de la presencia de la mujer.
Ésta les informó de que su presencia allí obedecía a su preocupación por la habilidad de Robin y Taeros para meterse en problemas, y el hecho de que Vitus no era lo bastante fuerte como para desenvolverse fuera de una ciudad, así que tomó rumbo a buscarlos gracias a la información en la ciudad y la caravana de Vardus, que la llevaron hasta ellos. Al intercambiar información entre los tres, el mago y el druida la informaron de todo lo acontecido los dos últimos días de su viaje hasta las ruinas de una cripta embrujada junto a un templo abandonado, así como sus habitantes (buenas piezas para que Shanna se enfrentase a ellos), además del pergamino quemado y la necesidad de sangre de Trol al que irían a cazar para un ritual que usaría Vitus con que reconstruir el pergamino, así como el hecho de que Robin estaba dando una vuelta para perfeccionar sus habilidades.
Justo cuando el cachorro de lobo de Taeros se arrojaba sobre Shanna y la mordisqueaba y gruñía sin impresionarla demasiado, protegiendo a su nuevo alfa, una risa socarrona y dos figuras salieron de la espesura, indicando que el momento de tomarse la venganza por los insultos y la humillación de Shanna, así como saquear los cadáveres de sus recién encontrados compañeros, serían una buena recompensa por el suceso ocurrido hacía un rato de los dos hombres recién llegados, espada en mano: Radus y Orek.
Vitus, envalentonado, amenazó a los recién llegados con que si no se marchaban por donde habían venido, lo pagarían. Al mismo tiempo, sabiendo que su compañera de batalla había intentado ser violada por estos hombres hacía un rato, no se detuvo a meditar en algo más sutil, y se transformó, envuelto en una aureola azul y verde, cubierto momentáneamente por un manto de hojas otoñales que cayó a sus pies, en un Jabalí Colmilludo, aunque los pensamientos letales de la bestia se apoderaron momentáneamente de su voluntad.
Mientras tanto, ya que Shanna cruzó amenazas con los hombres que éstos no se tomaron bien, cuando Vitus se concentró y liberó su nuevo poder contra ellos, una poderosa Bola de Fuego de llamas verdes, uno de ellos se apartó de ella al lanzarse agresivo contra la propia Shanna, mientras el otro estallaba en llamas y se consumía detrás de él, a la vez que Taeros cargaba contra el superviviente y la guerrera.
En un choque brutal, Shanna detuvo parte del impacto de un colmillo del jabalí con sus brazos, aunque el otro se le clavó profundo en el muslo.
A la vez, la espada del maleante atravesó un hombro del jabalí, al mismo tiempo que un puñetazo demoledor de Shanna destrozaba la mandíbula y arrebataba la vida del hombre que había ensartado a Taeros.
Dolorida, Shanna observó como Taeros la liberaba de su colmillo transformándose en elfo, y cuando Vitus observaba la herida de la espada clavada en Taeros, indicando que podría resultar peligroso extraerla sin cuidado, Shanna la arrancó violentamente del cuerpo de su amigo con rapidez. Aunque maltrecho, Taeros se empapó en la sangre de Shanna para, con su poder vital, tocar su muslo y curar en algo su herida, a la vez que Vitus, acercándose con protestas ante la actitud temeraria de ambos compañeros, tocaba las heridas de ambos para cerrarlas con su magia lo bastante como para que no se desangrasen por la gravedad de las mismas, después de saquear de un buen puñado de monedas el cadáver del hombre que había muerto ante ellos.
Agotados unos, preocupado otro, decidieron descansar (y ajustarse a sus recientes y nuevas capacidades Taeros y Vitus), tras convocar un conjuro de Alarma alrededor del campamento.
Por la mañana, mientras Shanna se despertaba para unos ejercicios matutinos, criticando que, aunque el poder del mago era eficaz, sus capacidades físicas debían mejorar mucho para que su manejo en la magia se afinase (por aquello de "mente sana en cuerpo sano", que dicen por ahí), y Vitus realizaba los estudios matinales de preparación de su magia, Taeros, tras salir de su trance armonizador, observó junto al borde del precipicio por el que se bajaba a la caverna del Trol un objeto metálico pequeño: una daga rota y doblada de Robin. ¡Ahora recordaba! No sólo el pequeñajo no había vuelto, sino que aquel arma estaba tirada cerca del lugar por donde estaba el acceso a la cueva. Así que, después de todo, era posible que el Trol hubiese atrapado al pequeño peligro andante.
Tras transformarse en un águila y transmitir mentalmente sus pensamientos de revisar el risco más abajo del campamento, Taeros despegó y descendió, observando que, allá abajo, en el saliente donde se encontraba probablemente la entrada a la guardia del Trol, unos pedacitos de metal precioso y gemas en dicho saliente donde había restos de diferentes partes de cadáveres en distintos estados de descomposición dejaban constancia de que por allí había pasado Robin, y que el abandono de aquellos objetos valiosos dejaba claro que Robin no los había dejado por propia voluntad: ¡era prisionero... o aperitivo... del trol! Taeros volvió a la zona superior del risco e informó a sus compañeros. Había que rescatarlo.
Mientras sacaba un equipo de escalada de su mochila Shanna, indicó a Vitus que, si salían de esa bien parados, éste se prepararía físicamente lo bastante como para sobrevivir por sí mismo. De hecho, no se quedaría satisfecha hasta ver a Vitus lograr una proeza física por sí mismo sin ayuda de la mujer. Por su parte, Vitus, con una sonrisa, prometía a Shanna que, si él le demostraba que era capaz de lograr tal proeza, ella empezaría a usar la mollera para algo más que como arma con la que partir narices en una pelea de taberna, y se pondría a estudiar.
Cuando la mujer le dio su palabra, ya que Vitus había estudiado con anterioridad la pared del risco por la que el Trol daba la impresión de subir y bajar, echó un vistazo al equipo de escalada y, tras comprender su funcionamiento, usó sus conocimientos para hacer una buena escalada hasta el saliente del risco que estaba en la boca de la cueva del Trol. Su inteligente treta ahora tenía a Shanna atada por su palabra para que la mujer se pusiese a hincar los codos cuando fuese posible. Shanna la Roja, bufando, se agarró a la cuerda de escalada y descendió refunfuñando, al tiempo que Taeros se dejaba caer planeando con su forma de águila, aterrizando junto a Vitus y recuperando su forma de elfo, para estudiar la entrada de la cueva.
A su vez, Taeros procuraba que su cachorro de lobo se quedase a salvo por los alrededores del campamento que estaban dejando atrás temporalmente, para evitar que sufriese daños, a pesar de la lástima del pequeño animal por ser abandonado por su alfa y sus lamentos al intentar acompañarlo sin éxito.
Al detenerse delante de la enorme entrada, de unos 3 metros de diámetro aproximados, junto al borde del saliente, un movimiento en los restos cadavéricos los hizo prestar atención a los mismos, cuando de la carne descompuesta brotaron en una explosión tres grandes gusanos bulbosos y blanquecinos, con enormes fauces insectoides, que saltaron con avidez contra los aventureros. Taeros, impulsivamente, se transformó en oso de los bosques para intentar apartar a las criaturas de la trayectoria Vitus , al mismo tiempo que Shanna, preocupada por la actuación de Taeros, se lanzó con su escudo por delante, no sólo con la intención de proteger a Vitus de las criaturas, sino también de un zarpazo desafortunado de un Taeros descontrolado. En efecto, mientras Vitus despachaba a dos criaturas con una descarga mágica (de un nuevo color morado infernal) que las hacía estallar y dispersar parte de sus entrañas por el rostro y la boca de Shanna (al tiempo que las llamas de la magia provocaban que la visión del mago quedase impedida de forma intermitente durante un rato con pequeñas lenguas de fuego ilusorio danzando ante sus ojos), quien probó el amargo sabor de los trozos de las mismas, Taeros chocó contra Shanna, con su zarpa, torpemente intentando apartar de Vitus sin éxito la criatura que lo atacaba, impactando contra el escudo de Shanna y haciéndola golpear con su hombro contra el mago, después de que éste observase como la criatura que no había sido golpeada por Taeros lo atacaba, chocando con sus fauces insectoides contra una barrera arcana que lo rodeaba sin causarle daños, dejando caer de ellas unas pequeñas esferas blanquecinas desde el picotazo al suelo. Desequilibrado por chocar contra una Shanna que se movía a tumbos por el impacto del oso, Vitus se despreocupó de encontrarse a un paso de caer al vacío, cuando lanzó una segunda descarga que fulminó al gusano restante. Entonces, Taeros, recuperando la compostura, se lanzó para apartar al mago de la caída con su garra, a la vez que Shanna frenaba su avance también para intentar agarrar a Vitus, imposibilitada por el corpachón peludo del Druida-Oso. Taeros, tras conseguir evitar que Vitus cayese por el precipicio, él mismo cayó rodando por la aguda pendiente del valle (al tiempo que Vitus recuperaba el equilibrio y se apartaba del borde del risco), golpeando rocas en su descenso hasta que fue detenido por un saliente, con un tremendo impacto que lo dejó inconsciente. Había salvado de una caída mortal al mago, pero a cambio había sufrido una caída que, aunque por suerte no lo había matado, sí que había resultado incapacitante al sacudir sus huesos con el impacto, devolviéndolo a su forma élfica inconsciente.
De nuevo, con un nuevo uso de más equipo de escalada, Shanna descendió a toda prisa a buscar a Taeros, a quien administró una poción curativa para evitar que perdiese la vida en aquel lugar abandonado. Taeros, parpadeando al recuperar la consciencia, se sintió fascinado al ver que Shanna estaba sobre él, cuidando por su salud.
Entonces, allá en las alturas, y proveniente del interior de la gruta, un rugido bestial producto de un monstruo más que de un animal, heló la sangre de los aventureros.
¿Amigos? Dijo Vitus, preocupado. ¡Venid aquí que se acercan problemas!
Mientras Shanna comenzaba a subir de nuevo tan rápido como sus cansados brazos le permitían, Taeros estalló en una nube de hojas de otoño para transformarse en un muflón trepador, que adelantó a la guerrera en dirección al saliente del que Vitus se apartaba, mirando preocupado en dirección al interior de la cueva.
Allá, en lo profundo, la gigantesca silueta de una criatura encorvada, con enormes garras de largos dedos, cabello musgoso y deshilachado, hileras de grandes y afilados dientes oscuros, piel verrugosa, cuerpo delgaducho y ojillos brillantes y malignos, se recortaba contra la penumbra, con un enorme garrote en una mano, y sosteniendo el cuerpo inconsciente de Robin en la otra.
Con un alarido espeluznante, el Trol anunció su llegada.
Una poderosa descarga de color morado liberó una explosión de fuego contra el trol, a la vez que la criatura lanzaba el cuerpo de Robin como arma arrojadiza contra Vitus.
Esfera mágica y cuerpo de mediano cruzaron a mitad de camino, y mientras una estallaba, envolviendo de fuego al trol que aulló de dolor, el mediano se estrelló contra el mago, haciéndolo tambalearse pero sin perder el equilibrio, ya que se había adelantado lo bastante hasta la entrada de la caverna al conjurar su magia para evitar caer como su compañero Taeros antes.
Enardecidos por la lucha, Shanna y Taeros cargaron contra el ser, siendo advertidos por la voz de Vitus de que necesitaban su sangre.
Con un golpe de bastón que conjuró luz mágica morada, y avanzando tras ellos, Vitus preparaba una segunda bola de llamas sobrenaturales.
Mientras Taeros se lanzaba como un ariete contra el monstruo aullante, Shanna atrapó el brazo de la criatura con su Espada-Látigo, evitando que éste aplastase al druida de un mazazo. Aunque la fuerza del monstruo dislocó el hombro de la guerrera, ésta de un tirón seccionó el brazo del ser, arrancándolo, a la vez que una segunda descarga de fuego dejaba incapacitado al trol, y Taeros de un salto atravesaba de un testarazo el pecho que se desmenuzaba en cenizas de la moribunda criatura.
Corriendo para recoger sangre de Trol en el vacío envase de poción curativa del brazo que, por sí solo, empezaba a regenerarse para crear un nuevo Trol, mientras Shanna se recolocaba por sí sola con gran dolor su hombro dislocado, Vitus prendía con un truco el garrote del monstruo y quemaba el brazo restante hasta que ni éste ni el cuerpo abrasado del ser fueron capaces de formar nueva carne.
Taeros se preocupó de observar el aspecto del pobre Robin, al que encontró inconsciente, arañado, mordisqueado y contusionado, momento en que aprovechó para usar sus capacidades vitales para sanar un poco de sus heridas, además de imponer cataplasmas e hierbas sanadoras en sus lesiones que las ayudarían a recuperar en poco tiempo.
Cuando Vitus y Shanna se encontraban solos, éste observó la boca de la mujer y el feo rastro de restos parasitarios en la comisura de su labio. Entonces, recurriendo a sus conocimientos y la sabiduría de Taeros, fue consciente de las huevas que habían caído al suelo con el picotazo frustrado del que atacó su brazo protegido por magia, y recordó que entre sus pertenencias tenía un antídoto que podría acabar con la posible infección de la criatura.
Dando a toda prisa el bebedizo a Shanna, e informándola de que podría estar infectada de esos parásitos devoracarroña, la mujer tomo un trago. Al poco, un vómito intenso brotó a su garganta, incontenible, haciendo salir su desayuno y unas huevas algo mayores de algo blanquecino que se agitaba dentro de ellas, con forma de pequeño gusano. A pisotones, el mago acabó con aquellos parásitos en desarrollo.
Una vez que ya se habían preocupado de estabilizar a Robin y de que el propio Vitus dedicase con más eficacia su poder sanador sobre Shanna y Taeros, decidieron que el interior de la gruta probablemente escondería algunas sorpresas lucrativas, así como las pertenencias de Robin
Taeros, para allanar terreno, se transformó en un murciélago gigante que trataría de aventajar con sus sentidos la exploración antes de que sus compañeros percibieran amenazas con sus ojos velados por la oscuridad de la gruta. Para mejorar sus opciones, Vitus atrajo a un sirviente invisible al que cargó con una roca imbuida en una luz rojo sangre que acompañase a su paso a Shanna la Roja, además de quitar de la mano de Taeros la antorcha hecha con el garrote del Trol que había dejado caer al suelo al transformarse en murciélago, y conjurar su propia fuente de luz morado infernal sobre el bastón.
Más allá, los extraordinarios sentidos de Taeros percibían un ensanchamiento de la gruta, así como múltiples formas pequeñas de seres calientes que se desplazaban de un lado a otro de la misma.
Entonces, cuando la luz llegaba hasta la boca interior de una caverna que se ensanchaba, desde la oscuridad apareció un trasgo quien, sorprendido, dio la voz de alarma a una hueste de trasgos, indicando que estaban asaltando la guarida del amo trol, el protector de la tribu.
Mientras Shanna y Vitus se ponían en guardia, viendo como otros trasgos mugrientos se acercaban dubitativos y cuchicheantes con lanzas y dagas de mala calidad, Taeros voló hacia el techo de la caverna, preparado para cualquier eventualidad, enganchándose al techo.
Entonces, en un arranque de creatividad, los aventureros confesaron que el trol ya no volvería a mortificarlos porque habían acabado con él y que, si les dejaban pasar para revisar las pertenencias del trol, se marcharían con lo que venían a buscar. Los ingenuos y maliciosos trasgos lograron arrancar la promesa de no ser agredidos por los aventureros, si éstos guardaban las armas, y les dejarían entrar al camastro del amo trol para revolver allí lo que quisiesen, siempre que después volviesen por donde habían venido, dejando en paz a la comunidad libre de trasgos.
En la negociación, a pesar de las amenazas de Taeros y un intercambio desafortunado de palabras malinterpretadas desde los trasgos a Shanna, todo iba bien, hasta que uno de los trasgos descubrió el símbolo de los Árboles del Este en propiedad de Vitus, momento en que volvieron a su actitud hostil, indicando que no deseaban unirse a ellos, y que si eran otra embajada para llevarse a más hermanos como habían hecho recientemente con uno de ellos, que mejor abandonaran el lugar para no volver.
Intentando dejar claro que no pertenecían a ellos, y que les habían robado aquel amuleto, los aventureros vigilados de cerca por los desconfiados trasgos revisaron el camastro del trol, hallando no sólo las pertenencias de Robin, sino una hermosa espada de impoluta empuñadura con un grabado de guillotina en ella, y unas inscripciones arcanas en la vaina. Dejando en paz a los trasgos, abandonaron la cueva, usaron el equipo de escalada para elevar al convaleciente Robin hasta el borde superior del risco, y se alejaron hasta el último campamento para hacer acopio de lo encontrado hasta ahora, mientras eran felizmente abordados por el joven lobo que se había mantenido a salvo y al margen del peligro.
No sólo descubrieron que el objeto (gracias a la magia de Vitus) encontrado era mágico (además de la Espada Familiar de Shanna), sino que se trataba de una poderosa Espada Vorpal, objeto que, después de ofrecerla a Shanna y ser rechazada por ella, Vitus decidió hacerse cargo para su uso ante la insistencia de Shanna de que debía entrenar su cuerpo para ser digno y capaz de su manejo. También, cuando hacían recuento de las monedas y pertenencias de los maleantes que atacaron la noche anterior el campamento, descubrieron, por una parte, que la acuñación de éstas no pertenecía al modelo común, sino al escudo de Egrevius, una acuñación que parecía de curso legal, a pesar de no llevar el sello normal de la moneda de comercio de la región, al mismo tiempo que, del cuello del maleante que no había sido calcinado, desanudaban un pañuelo de embozo, en cuyo interior había dibujada una mano oscurecida como si se hubiese dibujado brotando de un humo negro. Aquella marca era el distintivo de los ManoSombra, una peligrosa organización criminal que pugnaba por controlar el crimen en la región y empezaba a dejar huella de su influencia.
Para terminar de encontrar hechos sospechosos, donde los cuerpos de los atacantes de la noche anterior habían sido puestos a reposo eterno al ser quemados (para evitar, según Vitus, que la Diosa de la Codicia Egrevius los alzase de entre los muertos como señalados y elegidos por sus deseos y necesidades monetarios) empezaban a brotar unas hierbas trepadoras que no eran originarias de aquella región del sur, sino más bien de los lejanos bosques del Este, de donde el Culto Druida de los Árboles del Este era originario.
Así que, no sólo los aventureros tenían la certeza ahora de que los Árboles de Éste estaban extendiendo su influencia, sino que trataban de reclutar siervos. También eran conscientes de que el culto de Egrevius se había introducido en las finanzas de la región, y tenía interés en pagar los servicios de unos matones que formaban parte de los ManoSombra, una de las organizaciones criminales más aviesas conocidas por aquel entorno.
¿Dónde se habían metido nuestros aventureros y qué esperarían encontrar al final de aquella gesta?
Lo veremos... EN LA PRÓXIMA SESIÓN


















