Zia Yae, la hermana que hace décadas había desaparecido del hogar de los Yae y tomado un rumbo propio en su vida, con independencia de los deseos u órdenes de su padre y madre, o de los prejuicios de su seres cercanos, trabajaba ahora para Katy, una Líder Criminal de la ciudad de portuaria de Azur, el Mercado del Este, la región comercial más grande existente que aglutinaba casi todas las razas conocidas en cuanto al intercambio de mercancías de todo tipo.
La mujer había tomado por la fuerza y por venganza el título de Líder de la Organización de El Jade, y con el tiempo contrató a Zia, al conocer su existencia... quizá por sentir en ella una afinidad como miembros criminales de intenciones y capacidades comunes... o tal vez, al investigar el pasado de la molesta Panit Yae, saber de una familiar completamente opuesta a ella a la que, al parecer, no toleraba demasiado por su carácter absolutamente divergente (posiblemente, de forma mutua), y eso hacía que tenerla cerca supusiese cierta diversión cuando la maga mida se pusiese algo pesada.
Al final, y conociendo el sentido de responsabilidad y código ético de Zia, Katy no sólo la tomó bajo su mando, sino que la envió a proteger a su amigo más querido, mientras ella no podía estar a su lado.
Todo ello pasó hace quizá algo más de una semana... y tras ello han sucedido muchas cosas, como haber acompañado a cierta distancia al grupo de aventureros que se unieron a Bukko -antes incluso que la propia Katy se decidiese a echar una mano a su viejo amigo-, vigilando sus pasos tanto dentro de la mansión Lordel como al viajar hasta los aledaños del hogar de una familia noble un tanto frívola en Azur, o incluso internarse en un bosque cercano donde correteaba cierta caravana prófuga de bárbaros humanos bastante anacrónicos.
Lo siguiente fue decidir sobre una extraña conspiración vampírica y un objeto histórico del clero de Ahuraz del Sol, además de apoyarse en una antigua nota olvidada dentro de un diario del fundador de la Familia Lordel: Markov Lordel, escrita por un tal Kolyan Indirovic, buscando ayuda para su hija y un azote impío que la acosaba.
No sólo eso, sino que, cuando los bárbaros indicaron que su señor deseaba conocer al último Espada del Sol (Bukko), fue un acicate más para ponerse en marcha y atravesar una extraña nube de brumas asentada sobre un río cercano al campamento bárbaro que había desaparecido ante las mismísimas narices de los aventureros, como si se tratase de un espejismo.
Todo lo demás, es historia hasta el momento en que el grupo llegó a Uarowia y se asentó en el hogar Indirovic por invitación de Ismark para proteger a su hermana, descubriendo que la carta tenía 1600 años de antigüedad y que, además, su letra no pertenecía a un hombre que, en teoría, había muerto hacía 3 días... Demasiado extraño para cualquier mente cuerda.
Y lo peor fue el acoso nocturno de aquella criatura... aquel ser de poder inconmensurable quien, mientras sus sentidos distraían a sus aliados, convocó a las sombras para que abrazasen a Zia y la arrastrasen a un limbo de oscuridad, donde sólo unas manos gélidas como la nieve de las montañas y unos ojos rojos como ascuas recién olvidadas tras las llamas eran la única presencia... además de una voz cruel, atiborrada de poder y autoridad indiscutible, que trataba de clavarse en su cerebro.
Desde su prisión, Zia podía ver a lo lejos, a través de grises sombras, como la criatura identificada como Stradh, Conde de Uarowia y Señor del Castillo de Ravenloft, manipulaba sutilmente las mentes de sus aliados para que pensasen que ella, Zia, había decidido quedar en la mansión de Ismark e Ireena para vigilarla mientras ellos volvían de enterrar al padre de la misma en la iglesia de la villa, cosa que jamás hicieron.
Y mientras el tiempo pasaba paralelo, y Zia observaba las evoluciones de sus compañeros, ella seguía prisionera en la oscuridad, sólo con una mano ajena rodeando su garganta, apenas dejándola respirar lo suficiente como para no morir, mientras el rojo brillo de aquellos ojos se clavaba en los suyos y abrasaba su mente, al tiempo que la voz le ordenaba 'sírveme. Tus deseos son la muerte, y yo puedo proporcionártela. Matas a una orden, y yo puedo darla. Puedo otorgarte poder, riqueza, control, notoriedad... sírveme libremente, y te daré todo lo que puedas desear'.
El tiempo se hacía difuso, los momentos se arrastraban lentamente, con aquellas palabras en ecos que alejaban el silencio sofocante, pero a la vez eran un todo que envolvía a la mida, siendo incapaz, en apariencia, de soportar aquella dulce canción de cuna que arrebataba su voluntad. Pero, al igual que era una asesina fría y despiadada, también eran firmes sus convicciones, y poco a poco sus conflictos internos empezaron a ordenarse, a pesar de que la voz le recordaba que Panit sólo era una desconocida que más valdría quitarse de encima, porque dilapidaría con su locura la fortuna familiar, e incluso su contratista Katy poseía unas capacidades similares y, quien sabía si las usaría contra ella una vez no le fuese útil, o si decidía que ya no podía proteger a Bukko y sólo era un estorbo.
Pero los labios, temblorosos de Zia, sólo susurraron un sonido: 'no'.
'Entonces', dijo la cruel voz, quebrándose en un rugido rasposo, 'no me sirves para nada. Más te vale ser castigada por tus crímenes, y conozco el sitio ideal: un solitario cadalso en medio del camino, donde nadie te llorará y sólo serás una muestra de la justicia para quienes deseen seguir tu camino'.
Así, la férrea garra en la garganta de Zia de pronto desapareció, sustituida por el abrasivo contacto asfixiante de una cuerda de cáñamo que la estrangulaba. La oscuridad se apartó en un segundo, sustituida por el tenue brillo de un medio día nuboso, y la sensación de ingravided que aquel lugar de tinieblas otorgaba, cambió a la dolorosa presencia de la gravedad que tiraba de ella sin piedad hacia el suelo, al tiempo que su cuello era aprisionado y le robaba la vida. Sus ojos sólo distinguían sombras y luz, sin reconocer nada, y a lo lejos sólo escuchaba voces indistinguibles. Se moría.
...En el momento presente.
Cuando el carromato de los compañeros se apartaba del cadalso amurallado en mitad del camino, Bukko sintió un escalofrío, y activando sus sentidos sobrenaturales para captar la existencia de presencias divinas, demoníacas o de ultratumba, por el rabillo del ojo, al escuchar que el viento empezaba a traer un sonido como de crujidos de una cuerda sosteniendo un cuerpo pesado, giró su mirada para observar una imagen impactante:
en dos de las sogas del patíbulo colgaban dos cuerpos. Uno de ellos, pálido, con los ojos estrábicos en la muerte, y la lengua hinchada y negra sobresaliendo de su boca, Panit colgaba inerte, mecida por el aire, fláccida y sin vida. Otro, agitándose y boqueando en agonía, mostraba el cuerpo con vida de Zia Yae, espasmódica, pataleando y sujetando la cuerda tensa alrededor de su cuello, con los ojos enrojecidos, la cara encarnada, los labios tornándose azules, y un gemido rasposo que indicaba la necesidad inminente de aire para no morir.
Esa visión transmitió una emanación sobrenatural impregnada de un mal atroz de ultratumba que sacudió el corazón del paladín, quien se sobresaltó y detuvo el carro de un tirón.
Al hacerlo, Panit, Katy, Viktor y Akon se sobresaltaron, y al ver como Bukko se sobrecogía al mirar hacia atrás y, siguiendo su mirada, vieron lo mismo que él, aguantando la respiración por la sorpresa algunos, plasmando una mirada de sorpresa sin habla otros.
Cuando todos vieron aquella imagen, en su corazón fueron conscientes que, desde que partieron de la mansión Indirovic, Zia ya no se encontraba junto a ellos y, como saliendo de un extraño sueño, se pusieron en marcha, al mismo tiempo que el cadáver de Panit empezaba a deshacerse en jirones de sombras y bruma.
Sin dudar, Panit conjuró una flecha de fuego para tratar de destrozar la cuerda sobre la cabeza de Zia, pero mientras el proyectil pasaba junto a la misma sin alcanzarla, de pronto el firme brazo de Bukko incrustó una jabalina en el travesaño donde la cuerda estaba atada, partiéndola y haciendo caer por su propio peso a la mida, que apenas fue capaz de amortiguar su descenso con los pies contra las tablas del patíbulo, de las que rodó hasta el suelo entre una extensión de jirones de niebla y tumbas -algunas abiertas, otras en uso- rodeando el área de ejecución.
Pronto, todos los compañeros se lanzaron sobre Zia quien, derrumbada, trataba de quitarse la cuerda, apenas oyendo nada a su alrededor salvo su propio pulso y voces lejanas irreconocibles, y viendo solamente sombras y luces que se cernían sobre ella. La ayudaron a quitar el nudo de su cuello, y le dejaron aire y un momento para toser, jadear e incorporarse, y cuando lo hizo, preguntó: '¿Dónde estoy?'
Sorprendidos por su presencia allí, los aliados preguntaron cómo había llegado a ese lugar, a lo que Zia se mostró primero reticente en contestar, tratando de ocultar la verdad, hasta que finalmente contó lo que había sucedido, azuzando los sentimientos de repulsa de todos ellos. Aún así, ya que Ireena e Ismark habían quedado rezagados junto al carruaje, no escucharon lo que había ocurrido, y los compañeros, mientras atendían a la mida para que recuperase el aliento, olvidaron comentarlo. Aquello sólo podía significar que debían apresurarse en su marcha de la influencia del castillo Ravenloft, el cual, ominoso, podía observarse desde aquel lugar en lo alto de un risco por encima de los enormes árboles, al norte, más cerca de lo que desearían tenerlo.
Recomponiéndose, y preocupados por el extraño evento que había dislocado sus mentes hasta hacer que la ausencia de uno de ellos les resultase irrelevante, como si no hubiese sucedido, su temor por la maldad de aquel lugar alejado del discurrir natural del mundo provocó en ellos la reacción de continuar su camino apresuradamente, cuando, a unas decenas de metros más adelante, en una curva hacia el sur, se encontraron la dicotomía de dos caminos, uno dirección al sur, ascendiendo lentamente por una loma en el lateral de una formación montañosa en ciernes, y otro en dirección norte, atravesando al poco la inmensa foresta.
Dudando de su dirección y por donde viajar hacia las villas de Vallaki o Kretz, las cuales podrían encontrarse más allá de la influencia de la sombra del castillo Ravenloft, Bukko consultó a Ismark sobre el camino a tomar, sobre todo al percatarse que el camino del sur era algo más ancho y comercial, trabajado por el tiempo y el paso, aunque ausente de huellas recientes, mientras que el paso del bosque tenía trazas de haber sido atravesado por carromatos, caballos y huellas de pisadas con más frecuencia. Entonces, Ismark, confesando que, aun siendo hijo de un noble, no había dedicado tiempo en exceso a realizar ninguna cacería por los bosques, sí reconoció que los bosques solían ser refugio de bárbaros, ladrones, timadores y asesinos, aunque también era cierto que éstos podían comportarse de forma muy diferente ante viajeros solitarios, a los que asaltaban y robaban sin miramientos, o si sus presas eran un grupo armado y capaz de mostrar fuerza de respuesta a un intento de agresión, en su lugar mostraban una cara más amable, comerciando e intercambiando chucherías y mercancías variadas. Pero la decisión, ya que el grupo había sido tan amable de escoltarlos fuera de Uarowia, era de los aventureros. Ellos los acompañarían por cualquier camino que propusiesen.
Entonces, mientras tomaban una decisión, detenidos en medio de la encrucijada, escucharon un extraño ruido chirriante, como un eje sin engrasar, a lo lejos, tras el carromato, así como un balbuceo cloqueante de una voz cascada. Con curiosidad, al observar en dirección al sonido que, casualmente, provenía del camino recorrido, los aventureros vieron a una mujer muy anciana, encorvada sobre su edad, cubierta de toga y capucha ocultando sus viejas facciones, tirando de un pequeño carrito de dos ruedas, con dos travesaños y una tabla cruzada delante para permitir traccionar con facilidad del mismo.
La mujer, al ver el carromato detenido, se detuvo y lo observó durante un rato con suspicacia. Las miradas se cruzaron desconfiadas de uno a otro lado, hasta que la señora decidió echar un carrito al lado que el camino no estaba ocupado por el carromato, y continuó avanzando con la cabeza gacha, mascullando.
Bukko, al ver su avance penoso y lento, se ofreció a ayudarla, igual que Panit, aunque Katy la miraba recelosa, pero la mujer negó con una mano y una voz vieja y chillona la ayuda, con gesto evidentemente desconfiado. No quería molestar a los viajeros y deseaba llegar pronto a casa, así que no deseaba entretenerlos.
No obstante, de pronto un olor delicioso y dulce, brotando de su carrito tapado por pesadas mantas, azotó el olfato de Bukko, quien, con un rugido de su estómago, bajó del carromato y consultó que, si la mujer vendía comida, él podría adquirirla, a lo que ésta se negó de nuevo, porque el hipótido 'no tenía la clase de pago que ella deseaba'.
Extrañado, el grupo al oler el apetitoso y evocador aroma de los pasteles, empezó a consultar en masa por los precios de los pasteles, ya que deseaban probarlos, y ante la insistencia abrumadora, la mujer se negó una y otra vez, a lo que, cuando Zia se asomó por la ventana del carromato amenazando a la mujer con palabras vedadas y dagas colgando lánguidas entre sus manos que, si no comerciaba con ellos, podría tener un problema, la señora, entre gruñidos, dijo a la asesina que podría hacerse daño con esos cuchillos de cocina si no tenía cuidado, y que la dejaran en paz que todavía tenía mucho camino hasta llegar a casa.
Ante la insistencia de Bukko, y que Katy se interpuso en el camino de la señora, la cual trató de apartar con insultos y escasa fuerza a la asesina de su camino, ésta, con una mirada de deseo oculta en su expresión huraña, dijo que a lo mejor podían hacer negocios... si le entregaban a Viktor.
Aquella revelación sobresaltó a los compañeros, más aún cuando Katy y Bukko se percataron de que algo se agitaba entre las mantas. Así, tratando de desviar la atención de la perspicaz anciana, empezaron a maniobrar con palabras y posiciones, hasta que Katy destapó las mantas que había sobre su carrito, con la consiguiente alarma en la voz de la mujer, que constantemente quería mantener fuera del alcance de sus pertenencias a los viajeros... momento en que encontraron que, además de varias cestas de jugosos y aromáticos pasteles recién hechos, aún calientes, había un enorme saco en el que algo se agitaba dentro, frenético.
Sobresaltados los compañeros, furiosa la anciana, trató de alejarlos a manotazos de su carrito, instante en que Zia, de dos tajos, abrió el saco, del cual salió un aterrorizado niño rubio, mirando a todos lados, confuso y lloroso.
Bukko, montando en cólera, acusó a la anciana de secuestro e intento de asesinato, decidiendo así que sería apresada ya para ser juzgada por las autoridades más cercanas, en ese caso, Ismark de Uarowia, en quien recaía la ley a falta de su padre fallecido, por línea de sucesión. Por su parte, Ireena a punto estuvo de desenvainar su espada para acercarse a la extraña anciana, y proporcionarle un castigo, a la vez que Zia evaluaba cual sería la mejor forma de hacer sufrir a una secuestradora de niños. Por su parte, Katy ya tenía su espada en la mano, y apuntaba con ella a la mujer, para que no tuviese ninguna intención de huir.
Fue entonces que la mujer confesó que, si la dejaban marchar a casa, si la dejaban vivir, podría compartir con ellos muchos secretos de aquella tierra maldita y su señor, a pesar de que, por supuesto, ninguno deseaba tal intercambio, y Bukko estaba deseoso de imponer un severo castigo, habiendo un cadalso cerca, a aquella anciana terrible.
El paladín no deseaba negociar por la libertad de aquella mujer, y decidió amarrarla y sentarla en el asiento del conductor del carruaje, mientras que, atando cabos, Panit, de pronto, se dio cuenta de que, en mitad de la conversación, cuando los aventureros empezaron a lanzar acusaciones de que la mujer estaba raptando niños para hacer pasteles con ellos, a lo que ella contestaba con evasivas, recordó haber estudiado entre los tomos de El Desentramado la existencia de unas criaturas sobrenaturales, llamadas Sagas, que comerciaban con niños para fabricar ungüentos, pociones, preparados y otro tipo de cocciones gracias a sus cuerpos por lo que, antes de que Bukko llegase a una conclusión similar, decidió llevárselo consigo para tratar de calmarlo, mientras el resto intentaba 'negociar' con la mujer para sonsacarla, al tiempo que ella observaba con mirada hambrienta a Viktor, quien se alejó con repugnancia de su cercanía.
Así, y mientras Panit intentaba calmar al paladín, éste imploró por la ayuda de Ahuraz/Uarowi para otorgar veracidad a las palabras de los allí reunidos, incluida la mujer, momento en que sintió como la voluntad de su fe azotó la mente de la misma, habiéndola hecho presa de su oración (además de a Katy): la anciana diría la verdad.
Poco a poco, Zia y Katy, con la atenta mirada de Ireena, sonsacaron el nombre de la mujer, Morgantha, y el del chico, Lucian Jarov, al que Ismark e Ireena reconocieron como el hijo de unos granjeros de Uarowia.
Morgantha se dedicaba a vender pasteles con efectos de fuga mental y felicidad a las gentes del lugar, a cambio de sus pequeños niños, cuanto más jóvenes mejor, ya que, ante la pregunta sobre la desaparición de otra niña en Uarowia, cuando describieron la edad de la misma, la mujer confesó que aquella edad no era la apropiada para sus... asuntos.
También la mujer indició que, a 10 millas de allí por el Viejo Camino de Svalic (la ruta que el grupo estaba siguiendo, por la loma de la montaña -y no por el bosque-), se encontraba su hogar, el Viejo Machaca Huesos, un molino donde horneaba sus pasteles, dulces y delicias.
A medias entre mentiras y reticencia, la mujer confesó que no había más niños 'vivos' en su hogar... lo que quería decir que todos habían muerto ya para servir a los fines de la señora. Cuando Katy se acercó con evidentes intenciones hostiles de atravesar la garganta de la mujer atada y apresada, de pronto los ojos de la misma se volvieron negros como el petroleo, y respondió a la amenaza con una voz cavernosa en la que advertía que más valdría a la agresora no tentar al destino, porque ella se marcharía de allí de una forma u otra, y mejor sería hacerlo por las buenas.
Entonces, ante el sobresalto de Katy, Akon salió del carro, oliendo los ricos pasteles, y viendo la situación, al tiempo que, cuando Bukko observó lo sucedido, y al escuchar las palabras de Panit sobre la verdadera naturaleza de la mujer, decidió que aquello tenía que acabar con la ejecución sumaria de aquella bruja. Cuando se acercó con intenciones hostiles, la señora trato, de nuevo con su voz de anciana, de buscar negociar otra vez por su vida, revelando que conocía peligrosos secretos de la tierra y de su señor, que podría compartir a cambio de su libertad. Al indicar Zia que, si esos secretos eran tan importantes, por qué Stradh no había acabado ya con ella, la anciana contestó que en una tierra de la cual era imposible escapar, revelarlos a quien estaba dentro no suponía un peligro, pues Stradh podría cazar a cualquiera que los supiese en cualquier momento y sin esfuerzo.
Aún así, las palabras de Morgantha intrigaron lo suficiente a los aventureros, quienes consultaron sobre tales secretos, lo que incluía el origen de Stradh, su poder, sus aliados y sus enemigos. Morgantha reveló que, en principio, todos los bárbaros de las caravanas que rondaban por las tierras de Uarowia eran aliados de Stradh, sus ojos y oídos, además de que el oscuro señor poseía poder sobre la tierra y el clima, pudiendo hacerlas enemigo de sus enemigos, llegado el momento.
A tal efecto, la anciana indicó que, si el grupo seguía el camino del bosque cerca de ellos, llegaría a un campamento bárbaro a orillas del Lago Tser, y quizá encontrarían allí información relevante... además de un buen vaciado de bolsillos.
Suspicaces por toda aquella información, los aventureros siguieron escuchando a Morgantha, la cual añadió que, si esperaban enfrentarse algún día al mal de Stradh, quizá deberían aceptar aliados. Los aventureros despreciaron esa información como si se tratase de ella, pero la mujer dijo que, en realidad, se refería a una orden de caballeros nomuertos que había adquirido una enemistad más allá de la vida con Stradh, pues fue él quien los maldijo a ese estado. Se trataba de la Orden del Dragón Plateado, una cofradía refugiada en una antigua mansión muy al noroeste, más allá de Vallaki, la cual podría ser de ayuda. A pesar de que aquella revelación contrastaba no sólo con las visiones de Panit en las que caballeros luchaban contra Stradh, además de la historia de Ismark sobre el pasado de unos caballeros protectores de la región que desaparecieron hace mucho tiempo, el hecho de recurrir a la ayuda de unos nomuertos para derrotar a otro resultaba una aberración para Bukko, quien no deseaba utilizar, de momento, aquellos datos, pues suponía combatir un mal con otro mal, con las posibles desastrosas consecuencias que aquello acarrease.
Cuando el grupo preguntó a Morgantha sobre las intenciones de Stradh con Ireena, así como el origen de ésta, la mujer, al observar a la muchacha, dijo que desconocía de dónde provenía la misma, pero que había oído rumores de que Stradh podía desear una unión carnal con la misma, con intención de perpetuar su legado. Bukko, sorprendido por tal blasfemia, afirmó que era imposible que un nomuerto engendrase hijos, a lo que la anciana explicó que existía una muy poco frecuente raza de criaturas, llamadas dhampiros, que podían surgir de la unión de vampiro y humana, aunque no era exactamente carnal, sino la infección de una mujer encinta por un vampirismo gradual sin llegar a su conclusión, dando origen a aquel extraño linaje nigromántico de seres ni vivos ni muertos. Asqueado por tal revelación, la ira de Bukko seguía en aumento.
Pero las preguntas seguían corriendo aquí y allá, revelando, a su vez, que el origen del poder de Stradh se encontraba en un santuario al otro lado de los Montes Ghakis, las grandes montañas por las que ascendía el camino del sur, aunque su acceso se encontraba lejos, al otro lado de las mismas. Ese santuario estaba guardado por alguien poderoso que ocultaba ese secreto de Stradh, el cual ella desconocía. Aunque, al revelar tales datos, Panit recordó que, en una visión al tocar la reliquia de Ahuraz en la mansión Lordel, y antes de ello, en el cuarto del joven noble que la había robado, vio un ancestral templo de rasgos antiquísimos, de la era de los Peregrinos, dentro del cual había cámaras con estancias llenas de bloques de Xion amarillo del tamaño de un féretro, algunos de los cuales albergaban en su interior formas difusas, como encerradas eternamente. También, Bukko, Panit y Katy recordaron las palabras de Akon cuando entraron en este reino, en el que sintió la llamada de su primer ancestro que le daba la bienvenida al hogar... y también provenía del sur.
Un escalofrío en toda aquella información no revelaba nada bueno.
Después de que la mujer hubiese liberado de su conciencia el conocimiento de todo lo sucedido, incluyendo haber negociado con los padres del niño aquella misma mañana por pasteles, Zia decidió que su ejecución había llegado ya, momento en que la anciana la acusó de mentirosa, ya que había prometido liberarla si hablaba. Entonces, Bukko se percató de que la prisionera estaba gesticulando con las manos a su espalda, y no pudo refrenarse más, atacando sin cuartel.
Su aullante (con el sonido de almas en pena) martillo sobrenatural golpeó el pecho de la vieja con ira, estrellando ésta su espalda contra el carro, lo que tal impulso provocó que el siguiente balanceo del arma no la alcanzase al haberla alejado, pero hizo brotar un chillido de la garganta de ésta, además de que, con el poderoso martillazo, de las manos de la prisionera cayó una especie de piedra de obsidiana alargada y tallada que, al rebotar en el carruaje y caer al suelo, provocó un chillido desesperado de la mujer al perder el agarre de la misma.
Cuando aquello sucedió, Panit envió una andanada de proyectiles de pura fuerza mágica con el aspecto de pequeños cráneos de bruma, que alcanzaron sin piedad el cuerpo de la prisionera, desgarrando parte de sus ropas y provocando contusiones en su piel. El bombardeo hizo que la enemiga balbucease de dolor por cada impacto.
Por su parte, Katy de pronto saltó con un movimiento ágil, apuñalando profundamente la carne del vientre de la mujer, enterrando allí su fiel espada corta, y causando un gruñido húmedo de los labios de la herida, que se curvó hacia adelante con una mueca de sufrimiento, momento en que Zia, aferrándose con simiesca agilidad al lateral del carromato, descargó un tajo fiero de su cimitarra en un hombro al descubierto de la atacada, empapando de sangre las vestimentas de la misma, y haciéndola chillar de dolor.
Entonces, con un balbuceo extraño que levantaba ecos a su alrededor, la mujer se envolvió de jirones de sombras, reduciendo su tamaño, hasta convertirse en un grajo que intentó arrancar a volar.
Dado su pequeño tamaño, daba la impresión de que escaparía de los ataques, pero Bukko, certero como con la cuerda del cadalso, lo impactó de un martillazo, lanzándolo por los aires dando vueltas sin cesar. Aunque Katy trató de asaetearlo sin éxito en su trayectoria, Zia trazó un tajo que partió la forma del ave en dos, momento en que jirones de sombras volvieron a concentrarse y a formar un cuerpo grande y sólido, que rebotó contra el asiento del carromato y rodó, golpeando el suelo, con un nuevo corte en su espalda.
Sin embargo, la figura que ahora se presentaba ante sus captores en absoluto era la de una anciana endeble, sino una criatura de rostro oscuro, coronado por un par de cuernos de carnero que cercaban un largo y aceitoso cabello espeso y sucio, rematado el aspecto por unos ojos negros como la pez, una protuberante nariz picuda sobre una boca llena de pequeños dientes afilados, y un enjuto cuerpo correoso encovado y rematado de grandes manos con garras, vestida ella con diversos colgantes, abalorios, saquitos y paquetes, mirando a todas partes como un animal atrapado, y sopesando sus opciones.
En tal circunstancia, y acorralada, pidió nuevamente clemencia al haber colaborado y revelado toda aquella información, pero Ireena decidió no dar cuartel, avanzando tajo a tajo y, aunque su espada apenas dejó marcas visibles en la recia piel del monstruo, la criatura pareció sinceramente abrumada por el ímpetu de la muchacha, acompañado de su hermano, quien también trataba de penetrar la carne con lanzadas de su propia espada, que apenas arrancaban algunos cortes y gotas de sangre.
Akon, sorprendido y frustrado, al grito de 'sólo hay un brujo que merezca un nombre como tal aquí', alzó su mano, golpeando el suelo, y tres brillantes rayos ígneos alcanzaron la piel oscura del monstruo, levantando ampollas y humo allí donde tocaron, dejando profundos surcos quemados y cicatrices sangrantes, ante el chillido inhumano de la bestia sobrenatural.
Aprovechando su postración en el suelo, mientras seguía siendo acosada por los ataques de sus acompañantes, Bukko levantó su martillo, y con un grito de batalla golpeó una y otra vez, aunque la agilidad felina de la criatura la apartó brincando a cuatro patas y rodando de su asalto, haciendo que el martillo sólo aplastase tierra y barro, en lugar de carne.
Buscando un hueco por donde alcanzar a su enemiga, Panit se movió hasta poder concentrar la energía de su magia en un proyectil formado por puro ácido, el cual lanzó contra la bestia, y aunque el impacto fue en el suelo a su lado, la salpicadura cayó sobre su carne con un siseo, haciendo que la lengua del monstruo se agitara en un chillido de dolor.
Cuando Morgantha se giró ante aquel certero ataque, descuidó su defensa contra Katy, quien con un impulso se apoyó en peso sobre su espada plateada, incrustándola profundamente en el costado de la bruja, la cual gorgoteó al sentir el metal clavándose en sus entrañas. A pesar de todo, la ira de sus ojos todavía azotaba con esperanza de hacer pagar a todos por aquello.
Pero aquella furia fue en vano, cuando por encima de los combatientes que acosaban por todas partes a la criatura, Zia saltó y, con una impecable pirueta mientras pasaba por encima del ser, lo decapitó limpiamente con un siseante tajo de su cimitarra plateada.
Al caer al suelo en silencio, tras ella sólo se oyó el golpe del cráneo del monstruo en el suelo, y seguidamente la sacudida de su cuerpo al desplomarse sin vida.
Sorprendidos por la resistencia impía de la criatura, el silencio fue roto por una antorcha al encenderse en una mano de Ireena, dispuesta a quemar el cuerpo de la monstruosidad.
Aunque, antes de ello, el agudo ojo de Katy descubrió un hermoso abalorio (muy caro), además de que Panit, echando un ojo al cuerpo sin vida, se percató de que, además de la piedra negra rúnica en el suelo junto al carromato, en la cintura del cadáver había una bolsa cosida con intrincados patrones sobrenaturales que la identificaban como un objeto que atrapaba almas de recién fallecidos a su alrededor.
Antes de que las llamas devorasen la carne insana, Panit explicó a Bukko la esencia de aquella bolsa y de la piedra (que poseía poderes curativos contra la enfermedad), a lo que Bukko, tomando la bolsa y, elevando una oración al Sol, la abrió, liberando varios espíritus translúcidos de niños atrapados en ella, tras lo que el objeto fue devorado y destruido en las llamas que ya consumían a la saga.
Acordando que Akon llevaría al pequeño abandonado a la iglesia de Ahuraz con el padre Donavic (después de que, una vez más, Viktor se ofreciese, y su petición fuese rechazada por Bukko, por las obligaciones que ataban al muchacho), el brujo se llevó al niño y los pasteles, prometiendo que "se ocuparía a su manera" de la familia.
Tras ello y todas las revelaciones, los compañeros recordaron que los bárbaros cerca de la mansión de la familia Lordel habían recomendado a Bukko y sus compañeros visitar a Madam Eva, una de los suyos muy sabia y antigua, que podría tener más información sobre el antepasado Markov Lordel, los Espadas del Sol, y el viaje de Markov y su descendiente Rudolph Lordel Ricten. Por lo tanto, y tan cerca como se encontraban de aquel campamento, podrían perder algo de tiempo y averiguar qué relacionaba a aquellos viajeros con todo el asunto.
Despidiéndose de Akon y el joven raptado, el resto de los viajeros, con el consentimiento de Ireena e Ismark, se internaron por el camino más castigado, hacia el bosque.
Más allá, atravesando la espesura, y junto a un río que se ensanchaba hasta convertirse en un cristalino lago, bajo un cielo nublado y gris, un campamento de bárbaros, entre carromatos y tiendas, la mayor de las cuales estaba junto a la orilla cerca de varios caballos sueltos que bebían agua, iluminada desde dentro, los recibió con doce de estos peculiares bárbaros cantando, tocando música y riendo. Los nómadas invitaron cordialmente a los recién llegados a comer y a compartir su vino, ciertamente bebidos como ya estaban algunos, hombres y mujeres de edades entre 15 y 40 años.
Con un enorme y rico estofado en la hoguera central de su campamento, los bárbaros compartieron su rico alimento, comiendo ellos también, a lo cual Bukko, recordando que no había probado los impíos (y deliciosamente aromáticos) pasteles, comió tanto como le permitieron sus anfitriones, quienes parecían amistosos con sinceridad. Así, entre comida, chanzas y música, la hora de la comida se alargaba y pasaba despacio, momento en que uno de los bárbaros, sonriente y satisfecho, reveló que era hora de contar una historia, acorde a la llegada de los viajeros. Pero, antes de empezar, se escuchó una anciana voz, cargada de autoridad, desde la gran tienda iluminada en su interior, voz que revelaba si los viajeros eran quienes ella estaba esperando. Cuando el cuentacuentos respondió ante la voz como "Madam Eva" que, posiblemente, eran los destinados a llegar allí, la voz indicó que fuesen a su tienda a visitarla, porque era urgente verlos.
Así, aunque una historia comenzaba junto al fuego, Bukko y Katy se acercaron a la tienda, mientras el resto (con Ireena e Ismark algo desconfiados, y muy atentos -junto con Viktor, que se había quedado dentro del carro para vigilarlo-) se disponía a escuchar la historia.
Que decía así:
'Un poderoso mago vino a esta tierra hará un año. Lo recuerdo como si fuese ayer. Se sentó exactamente donde tú -Panit- estás ahora. Un tipo carismático, lo era. Pensó que podría alzar a la gente de Uarowia contra el diablo Stradh. Los agitó con pensamientos de revuelta y los llevó en masa hasta el castillo. Cuando Stradh apareció, el ejército de obreros del mago huyó aterrado. Algunos plantaron cara y jamás se les volvió a ver. El mago y el vampiro se lanzaron hechizos y conjuros.
Su batalla fluyó de los patios del castillo hasta un saliente por el que podía verse un precipicio desde el que se contemplaban las cataratas tras nosotros -dice el bárbaro, señalando el lago y, más allá, la sombra del castillo y unas cataratas cerca de un puente de piedra frente al mismo-. Ví la batalla desde aquí... con mis propios ojos. Truenos sacudieron la ladera de la montaña, y grandes rocas se desprendieron sobre el mago, pero por su magia aguantó. Rayos de los cielos golpearon al mago, y de nuevo se mantuvo firme. Pero cuando Stradh el demonio cayó sobre él, el poder del mago no pudo salvarlo. Lo vi caer a más de mil pies hasta su muerte. Bajé hasta el río para buscar su cuerpo, para ver... ya sabéis... si tenía algo de valor... pero el Río Ivlis ya se lo había llevado.'
Y, mientras la envolvente voz vibrante del bárbaro envolvía a quienes se habían quedado junto al fuego con la historia, Bukko y Katy llegaron a la entrada de la gran tienda iluminada, caminando hacia su interior.
CONTINUARÁ






















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