Sin embargo, la velocidad endiablada de Drum chasqueó su látigo ante el atacado por Rauch, marcando su mejilla, al tiempo que girando sobre sí mismo golpeó con la bola de su talón el estómago del mismo objetivo. Desequilibrando con su veloz ataque al bandido, tras el monje, su seguidor Valyar disparó su ballesta con precisión letal, atravesando de forma tan dolorosa el hombro del sectario que éste cayó fulminado por el shock al suelo.
Al mismo tiempo, con un giro de muñeca Bolgahr cruzó la cara del otro bandido, aplastando el plano de la hoja contra ella como un latigazo.
Al recibir el impacto, Bredda atacó verbalmente con una cruel energía psíquica al vigilante en pie de la sala, momento en que éste sintió un intenso dolor de cabeza que lo llevó a caer redondo al suelo, sangrando por las orejas y con los ojos en blanco, inconsciente.
Vigilando en silencio la sala a la que parecía acceder la entrada cerrada que veían entre dos braseros encendidos que iluminaban la sala, Drum pidió a Valyar que remendase lo suficiente al último derribado para espabilarlo, mientras Rauch lo sujetaba por el cuello tumbado, tapándole la boca.
Sobresaltado, el hombre despertó sujeto y silenciado, momento en que Bredda se acercó a él sensual. A pesar de sus gestos eróticos al arrodillarse junto a él, la voz de la mediana transmitió una suave amenaza de muerte para que hablase de todo lo que le preguntasen... a lo que el hombre, con los ojos abiertos y aterrados de la pequeña mujer, asintió a la petición de la misma, guardando silencio sudoroso, espantado por el extraño poder de la barda.
El vigilante fue interrogado sobre diversos aspectos, entre los que se preguntaba por el complejo que estaba al otro lado de la puerta o si había alguna salida al margen de por la que habían entrado los aventureros, a lo que el interrogado explicó que, aparte de que aquella era la única salida del complejo, en un nivel inferior parecía haber un templo sólo para los siervos más fieles. Al otro lado de la puerta podrían encontrar una especie de taberna secreta, en la que probablemente podrían encontrar unas 8 o 9 personas.
Cuando el grupo preguntó si había algún santo y seña para entrar al complejo, el interrogado comentó que sólo se utilizaba en aquella entrada ("Que las Sombras os Acojan"), y que el líder más poderoso de la zona era El Muy Reverenciado Ardem Tech, quien comulgaba con las fuerzas de la oscuridad del Abismo.
Ya que el grupo había logrado información apropiada, enviaron a la inconsciencia de nuevo al interrogado, a quien sentaron junto a su compañero herido -con muestras de heridas sangrantes ambos- sobre la mesa, como si estuviesen borrachos, al mismo tiempo que Valyar era enviado hacia la habitación del sótano donde llevaría el saqueo para mantenerlo alejado de manos indiscretas.
Entonces, durante la disposición engañosa de los vigilantes, el grupo decidió que, ya que Bredda podía alterar mágicamente su aspecto, tomando el de una sectaria -con una túnica oscura grabada con un símbolo en forma de esfera de tinieblas alada y con garras- que entraría con total confianza a la otra habitación, en la que escuchó el ladrido de un perro y una voz grave y monstruosa tratando de callar al animal ladrando.
Mientras la mediana entraba confiada, tras ella Rauch se disponía en la puerta, dejando una rendija abierta para ver y oír lo que sucedía en la otra habitación, además de verter aceite por debajo de la puerta, dejando una mancha resbaladiza al otro lado, y abrojos en su lado de la misma, ambas tácticas con intención de frenar cualquier acceso no deseado desde la otra estancia. Al mismo tiempo, activaba un objeto obtenido en su última lucha con los drow: un casco que le permitía leer superficialmente las mentes, momento en que pidió permiso para enlazar con la de Bredda y así tener constancia de los sucesos en la otra habitación de primera mano, e ir informando a sus compañeros.
Cuando Bredda accedió al lugar, se encontró sorprendida con una bien provista taberna subterránea poblada por un variopinto grupo de personas, entre las que se encontraba una mujer de aspecto guerrero con un subordinado (ambos humanos) militar y un mediano con pinta poco recomendable, sentados en una esquina. Nada más entrar, a unos metros frente a la puerta, una enorme criatura peluda que trataba de tranquilizar a un gran perrazo que ladraba y gruñía en dirección a la puerta miró a la recién llegada con un simple vistazo, gruñendo a su vez al perro por si conseguía callarlo.
A su vez, en la barra de la taberna, asistida por un camarero humano, dos tipos malencarados con aspecto similar a los de la puerta junto a una elfa (que coincidía con la descripción hecha por Rauch al entrar en el callejón por el que desapareció el tipo al que buscaban y una elfa con la que se había reunido), todos bebiendo y charlando entre susurros, aunque la elfa parecía más absorta en sus pensamientos. Bredda, simulando estar como en casa, se acercó a la barra y pidió una bebida, a lo que uno de los rufianes se giró a ella con una sonrisa, indicando que él sería tan amable de hacerlo por ella.
Mientras charlaban, la mediana comentó que acababa de llegar para sus asuntos sacerdotales en la guardia, momento en que a pesar de que el tipejo parecía interesado en el ligoteo, cambió su expresión y dejó tranquila con su bebida a la mediana. Al parecer, había ciertos estratos entre el culto en los que aquellos más comprometidos con la fe eran temidos en cierta manera. Sorprendida por la situación, la mediana dejó pasar el tiempo observando su entorno, momento en que, desde una puerta a sus espaldas, se escuchó la llegada de otro comensal de la taberna: el hombre al que buscaban.
Éste, dedicando una mirada de soslayo a la mediana, se acercó a la barra y entabló conversación con la elfa susurando, dejando de lado a la recién llegada, sin prestar demasiada atención.
Poniendo atención en sus oídos, Bredda logró escuchar que el hombre parecía hacerse llamar "Hermano Wildart del Fuego Elemental", y su conversación lindaba con la mujer elfa, a quien se refería con el apelativo de "Hermana Uthil de las Sombras Inferiores", y ambos parecían enfrascados en una dialéctica en la que el hombre estaba muy interesado en establecer acuerdos con la elfa de alguna índole.
Pensando en tratar de intervenir en la conversación, de pronto Bredda abordó a Wildart, comentando que quizá podría servirle de ayuda en un asunto relativo al culto, robando la atención de éste a Uthil. Educadamente, el hombre del iris blanco observó a la recién llegada, a quien estudió de pasada, deteniéndose medio segundo más en su generoso escote. Aprovechando aquel desliz, Bredda explicó que quizá estaría interesado en ayudarla con un asunto relativo a un grupo de posibles candidatos para entrar en el culto, y para ello podría acompañarla a verlos.
Con una sonrisa, Wildart explicó que agradecía su interés, pero él pertenecía a un culto que estaba interesado en unir fuerzas contra la ciudad, y no era miembro de las Sombras Inferiores, sino del Fuego Elemental. Aunque estaría más que dispuesto a ayudarla, aquel cometido no pasaba por él, sino por la elfa que lo acompañaba, quien sí que pertenecía al culto que él estaba negociando por anexionarse para unir fuerzas. De hecho, su interés rayaba en el hecho de que el Fuego Elemental y las Sombras Inferiores habían sido expuestas a causa de, al parecer, los mismos aventureros ante las autoridades de la ciudad, y sólo uniendo fuerzas podrían hacerles frente para expandir su sagrada palabra por esta impía urbe al a que convertir a una nueva visión del mundo, pura y sincera. En ese momento, Uthil se unió a la conversación, preguntando sobre esos futuros candidatos para unirse al culto. Bredda explicó que no estaba segura de si eran dignos, y necesitaba una valoración experta de alguien que la acompañase para confirmar su auténtico deseo de unirse a ellos, o por contra, algún burdo intento de desprestigiarlos. Uthil, con mirada extrañada, preguntó si, debido a que parecía ser un miembro nuevo del culto, no recordaba los protocolos básicos en los que a los futuros candidatos se los llevaba encapuchados hasta el refugio (que en este caso tenía que ser aquel, un lugar temporal -supuestamente- por la pérdida de su auténtico refugio a causa de quienes Wildart ya había comentado) y se les presentaba al Muy Reverenciado Ardem Tech, el que Vislumbraba el Abismo, para que auscultase los rincones de sus almas y comprobase la veracidad de su fe. Bredda entonces expuso que sospechaba de capacidades de aquellos individuos para percibir su entorno más allá de unos ojos y oídos cubiertos o amortiguados, por lo que no deseaba exponer el refugio a una incursión no deseada, y por ello necesitaba que alguien de confianza al acompañase para valorar a los futuros reclutas.
Molesta por la alteración del protocolo, Uthil indicó que aquella anomalía debía ser expuesta al Muy Reverenciado. Si esperaba en la posada, Uthil hablaría con él para exponerle la cuestión extraordinaria del asunto, y que el Hermano Mayor valorase las circunstancias para tomar una decisión.
Así, sin esperar respuesta, una malhumorada elfa se marchó por donde Wildart había llegado, dejando tras de sí a una preocupada mediana, que quizá podría estar metiendo la pata al desconocer no sólo los protocolos, sino quien pertenecía al culto y a qué nivel. Sin esperar mucho más, pensó en que debía sacar de allí a Wildart, a quien Eliah deseaba neutralizado, e intentó flirtear con él... especiando un poco la situación con magia sugestiva, tratando de que la acompañase hacia la puerta para "entretenerse" mientras esperaban a Uthil. Sin embargo, el humano percibió un extraño cambio de acción en el ambiente, sintiendo la intención de fuerzas mágicas sobre él. Tensándose, miró con rudeza a la mediana disfrazada con magia. En ese instante, Rauch envió desde la puerta una onda psíquica sugestiva sobre la mente de Wildart, quien una vez más rechazó la presión mágica en su mente, sobresaltándose violentamente. Cuando alzó la voz preguntando a la mujer qué es lo que estaba haciendo y qué pretendía, ésta alzó la voz en gesto de despecho, indicando que la hombría allí brillaba por su ausencia, y comenzó a marcharse indignada.
Entonces, a su espalda escuchó: "¡Cogedla!¡Es una infiel!", y aceleró el paso. Al otro lado de la puerta, una voz en su mente le indicó que antes de pasar saltase por encima de un charco de aceite para no caerse, así que de un brinco se aferró a la puerta, abriéndola hacia ella, saltando al otro lado... y exponiendo a Rauch.
Por suerte, momentos antes, mientras la situación se volvía algo tensa, el grupo -orientado por el pícaro- había preparado una barricada con la mesa en la que se sentaban los guardias de la entrada, entorpeciendo la salida de aquella taberna con sillas esparcidas al otro lado de la puerta, donde ellos se encontraban. Así pues, mientras Bredda pasaba al otro lado de la puerta hasta el recibidor del complejo, tras ella corría a toda prisa Wildart.
Sin embargo, al llegar al aceite, frenó su paso para avanzar con cuidado y no caer, viendo al otro lado como un extraño Genasí tras un parapeto le disparaba, silbando la flecha junto a él, sorprendiendo a todos los que se encontraban en la posada, sobresaltados.
Por su parte, al ver Drum que las sillas entorpecían el paso de Bredda, se acercó a ella retirándolas para apartarla del ataque de su perseguidor, interponiéndose en el ataque mientras la alejaba, recibiendo un doloroso tajo en su espalda que bien le valió su heroísmo.
En ese instante, Bolgahr cargó como un mastodonte hacia el recién llegado, aplastándolo de una metálica bofetada con el lado plano de su espada, cayendo el hombre con un vibrante sonido metálico en su rostro al suelo, sin mediar palabra.
Valyar, el apoyo de Tempus a Drum, se movió tras los aventureros, abriendo fuego con su ballesta, alcanzando a uno de los bandidos que prestaban servicio al culto, desprevenido por la sorpresa del encontronazo en la puerta.
Aprovechando el fuego amigo, mientras Bolgahr arrastraba el cuerpo del recién derribado hacia atrás, para no perder a su presa, Bredda buscó un hueco por el que, usando la ballesta que colgaba del costado de un inerte Wildart, la cargó y abrió fuego sobre el mismo tipejo al que Valyar había alcanzado, derribándolo con una flecha seriamente enterrada en su hombro.
En ese momento, una andanada de jabalinas voló hasta incrustarse en la mesa que hacía de parapeto ante Rauch, sobresaltándolo, a la vez que un mediano al que el pícaro reconoció como el fugitivo al que no habían podido entregar a la guardia en su pasada trifulca del puerto comenzó a conjurar un estallido de magia de sueño ya reconocible -con temor- por el genasi.
Advirtiendo de la situación al resto, por suerte cuando la burbuja mágica se expandió junto al pícaro, alcanzando a todos en la habitación, la voluntad colectiva de los aliados fue lo bastante fuerte como para resistir sus efectos con un mero parpadeo en los ojos de Bolgahr, quien gruñó de furia al recordar aquella situación.
Entonces, una carga colectiva de otros dos miembros que Rauch recordaba de aquel ataque y, en teoría, estaban bajo arresto en la guardia -la mujer líder de la turba que atacó a Bolgahr y uno de sus secuaces- además del enorme perrazo de los monstruosos osgos que protegían la taberna -uno de los cuales había entrado en ella durante la conversación entre Bredda y Uthil en el momento en que el cocinero servía una ronda de comida- se abalanzó contra la puerta.
Y mientras el perro saltaba sobre el aceite y una de las sillas del parapeto, tratando de morder sin éxito a Rauch, la mujer que iba tras el animal resbaló sobre el aceite, dándose un sonoro trompazo de espaldas en el suelo.
Su acompañante soldado pasó junto a ella, sorprendiéndose de la caída, sin ver que se dirigía a una manta de abrojos sobre el suelo al otro lado de la puerta, hasta que fue demasiado tarde, momento en que empezó a saltar sobre uno y otro pie, presa del agudo dolor de haberse clavado algunos de ellos en las plantas de los pies.
Aprovechando el momento, Rauch rodó junto al parapeto de la mesa, acercándose al feroz perro, a quien ensartó de una rápida estocada, además de cortar golpear con el plano de su espada contra el morro del perro, dejándolo inconsciente en el suelo.
Saltando ágilmente entre los enseres del parapeto, se alejó del peligro del fuego enemigo que volaba en forma de más jabalinas desde el otro lado, aunque una de ellas logró un potente impacto en un costado mientras el ágil luchador se apartaba del peligro.
Y mientras el pícaro se apartaba de la puerta, Drum danzó con su látigo alrededor de su cuerpo, entorpeciendo los ataques enemigos.
En un instante, el cuero chasqueó en el aire, y un profundo corte apareció rasgando ropa y carne en el hombro del guardia que brincaba de dolor sobre los abrojos.
Al mismo tiempo, la cólera de Bolgahr lo hizo arremeter contra la mujer que había sido un problema racial para él en el muelle... o eso pensaba... dejando brotar su ira divina contra ella. De pronto, su piel enrojeció y unos extraños tatuajes oscuros oscilaron por sus brazos y cuello bajo la armadura que portaba. Su brazo viajó a toda velocidad sin frenar su cólera, golpeando a la indefensa guerrera con brutal rabia, dejando un largo corte desde un hombro a una cadera en la mujer que se debatía por levantarse del aceite.
Tras el semiorco, Valyar abrió fuego, clavando en la pierna de la guerrera un virote profundo, con una sonrisa fiera en el rostro del joven seguidor de Tempus. Entonces, Bredda, cantando alabanzas a la batalla hacia Bolgahr, estimulando en él una poderosa confianza, cogió una vela de entre sus pertenencias y, prendiéndola en uno de los grandes braseros de bronce, la arrojó con certera puntería hacia el aceite bajo la mujer derribada.
Con un estallido de llamas, la guerrera empezó a chillar, rodeada de fuego que la abrasaba. Por más que intentó apagar el fuego, rodando sobre sí misma, el aceite la impregnó por completo, achicharrándola hasta la muerte. Desde el otro lado de la puerta, flechas y jabalinas volaban en dirección a Bolgahr, a quien el daño en su estado de ira no parecía medrar, a pesar de que una flecha se le incrustó en un costado. Pero el semiorco no cejaba en su empuje.
Entonces, a una velocidad difícil de percibir, entre el mobiliario, de nuevo Rauch volvió a cruzar la habitación abriendo fuego contra el soldado que bailaba sobre los abrojos, quien había sido incapaz de vengar a su superior, tratando de golpear sin éxito por el costado a Bolgahr con su lanza, encontrando la férrea resistencia del escudo del bárbaro. La flecha voló certera, atravesando por debajo de la clavícula al luchador, quien por el shock del dolor cayó inconsciente al suelo. Aprovechando el hueco dejado por el recién caído, Drum corrió para entrar por la puerta, sin darse cuenta de que, momentos antes, el mediano que había intentado dormir a todo el equipo había desaparecido en medio del aire por arte de magia.
Y por arte de magia, su invisibilidad le había permitido acercarse sigilosamente hasta la puerta, esperando su momento: éste. Justo cuando Drum, confiando, cruzaba la puerta sin obstáculos -salvo una mujer envuelta en llamas y un soldado por encima del que estaba pisoteando-, recibió una dolorosa puñalada envenenada en su vientre, viendo como de pronto, la silueta del mediano se materializaba frente a él desde su invisibilidad, con una cruel sonrisa en el rostro. Pero poco le duró ésta, al recibir por respuesta un espadazo que le recorrió todo el brazo y una poderosa patada en el esternón que lo dejó sin resuello.
Más aún, al verlo Bolgahr, recordó -al igual que Rauch y Drum- que aquel mediano fue el causante de sus desdichas en el puerto junto a la mujer que se asaba viva en el suelo, momento en que la espada del bárbaro cayó implacable sobre el hombro del pequeñuelo, dejando una profunda herida sanguinolenta que desequilibró al enemigo alcanzado, quien exhibió una dolorosa mueca de dolor. No sólo eso, sino que ante la amenaza de aplastarlo como un insecto infecto, el hombrecillo exhibió lo que parecía un intenso miedo... en una raza que parecía a menudo inmune al mismo.
Drum, seriamente lastimado, pidió ayuda a Valyar, quien refunfuñó por no ser partícipe de la gloria de la batalla, aunque curar a su patrón formaba parte de sus responsabilidades. Así, deseando un buen destino en la lucha mientras rezaba una oración curativa por Drum, el sacerdote sanó parte de las heridas del monje -que empezaban a acumularse peligrosamente-. Al apartarse de su lado, de pronto Bredda asomó por entre las piernas del luchador oriental, disparando la ballesta tomada a Wildart, dejando cojo por un virote en el muslo al peligroso mediano que casi atravesaba de parte a parte con su daga a Drum.
Seriamente preocupado por su salud, el mediano se zafó de la amenaza de sus enemigos, escurriéndose bajo sus armas, y ya en la distancia intentó enviar palabras maliciosas que aturdiesen la mente de Drum, aunque la voluntad del mismo sólo percibió una ligera presión en su cabeza que se sacudió con un parpadeo. Y a la vez que más proyectiles volaban desde la taberna por parte de uno de los bandidos y uno de los osgos a los que aún les quedaba algo que disparar, justo cuando uno de los virotes se clavaba en el brazo del arma de Bolgahr como un molesto insecto, Rauch nuevamente realizó su maniobra de golpea y corre, cruzando por detrás de sus aliados que bloqueaban el paso de los enemigos en la puerta, realizando un tiro fortuito hacia el interior de la posada a la vez que un osgo armado con una estrella del alba se arrojaba contra el semiorco, quien interpuso su escudo frente al aplastante y molesto golpe que le magulló el brazo. El disparo del arco alcanzó al mediano junto al rostro, arrancándole una oreja. El dolor que lo asaltó fue tal, que se derrumbó abrumado por el mismo, inconsciente.
Una combinación no muy eficaz de espada y piernas de Drum sólo consiguió enfurecer al osgo que intentaba machacar a Bolgahr, pemitiendo que el talón de un pie alcanzase las costillas duras como rocas de la criatura con un firme impacto. Pero el semiorco se bastaba para hacer entender a la bestia el mismo idioma que ésta transmitía, clavando en sus entrañas tres buenas pulgadas de acero que desparramó sangre por el suelo.
El rugido bestial del semiorco con el impacto aturdió con evidente temor al monstruo que intentaba someterlos, de forma que no vio venir el virote de Bredda y Valyar, dejando dos astiles de madera expuestos e incrustados en un costado de la criatura, severamente castigada por la andanada, hasta el punto de sentir como la vida se le escapaba a ojos vista, cayendo inconsciente al suelo por la piedad de Drum al pedir la contención en la potencia de los ataques de sus compañeros.
Una vez más, el fuego enemigo silbaba entre las llamas menguantes del cadáver frente a la puerta, provocando una estampida masiva de los aliados que salieron al encuentro de sus atacantes sin piedad ni miedo. Mientras una flecha de Rauch se incrustaba en el parapeto de la mesa volcada del tirador más alejado, Drum y Bolgahr se abalanzaban como una tormenta de patadas y espadazos sobre el segundo osgo, a quien sometían sin piedad golpe tras golpe, haciéndolo recular hacia la puerta por la que hacía un rato había marchado la Hermana Uthil.
Por su parte, Valyar corría en dirección al tirador al grito de "Tempus quiere batalla", aunque su maza no fue certera tratando de alcanzar a su enemigo, haciendo saltar sin embargo astillas de la mesa que lo protegía. Y mientras Bolgahr remataba sin miramientos al osgo, incrustándolo con su espada contra la puerta de madera cerrada tras él, Bredda disparaba un certero virote al enemigo que confrontaba al sacerdote de Tempus, quien, revolviéndose como una rata acorralada, cortó con un profundo tajo el brazo de Valyar, haciendo al joven chillar de dolor.
Mas no le sirvió de mucho aquella furia momentánea, pues tras el joven sacerdote, Rauch se apostó buscando un punto desde el que apuntar eficazmente, y cuando lo encontró, liberó una certera flecha que alcanzó bajo el esternón al luchador enemigo.
El impacto dejó sin respiración al mismo, quien calló resollando hasta quedar inconsciente por tan intenso dolor en aquella sensible zona del cuerpo.
Por fin, al sentir que el silencio inundaba el área, sólo roto por las pesadas respiraciones agotadas de los combatientes en pie, y los resuellos entrecortados de los enemigos inconscientes en el suelo, el grupo supo que la descomunal pelea había terminado.
Asegurando la zona, mientras algunos saqueaban a quienes pronto serían sus prisioneros, incluyendo al Hermano Wildart -buscado de alguna forma por Eliah-, Rauch se aseguró de apoderarse de algunos interesantes abalorios tras el mostrador -así como unas caras botellas de licor-, además de llamar a salir desarmados al camarero -cuyo nombre era Dagort- y su cocinero, quienes no sufrirían daño alguno si no hacían movimientos bruscos y respondían unas cuantas preguntas. Ambos supervivientes respondieron a todo lo que se les preguntó, incluyendo un recuento de las personas que sospechaban aún se encontraban en el complejo, una descripción bastante precisa de las salas que encontrarían más adelante, además de un acceso a un templo inferior al que tenían prohibido el paso, así como el hecho de que ellos estaban contratados -y bien pagados para asegurar su silencio- como asistentes del culto, pero en absoluto pertenecían al mismo. Hacían su trabajo y se marchaban a casa con su paga. Además de datos genéricos sobre la guarida, Dagort el camarero comentó que El Muy Reverenciado Arden Tech poseía un sanctum personal en el que exploraba secretos oscuros, vigilado por muertos vivientes, además de poseer una arena personal en la que entretenía a sus visitas con esclavos orcos que machacaban a todos los que eran arrojados a la arena.
Después de solicitar una ronda de bebida y comida a los trabajadores de la taberna que permitiese recuperar el resuello a los aventureros, éstos permitieron escapar a los sirvientes del culto por su información -y viendo que parecían sinceros en todo lo que habían revelado-, escuchando al mediano que acompañaba al camarero "yo no estoy hecho para esta mierda" mientras se marchaban. Y, en el silencio posterior a la lucha, observándose en silencio unos a otros, los aventureros meditaban cuál sería su siguiente paso tras haber recibido aquella información sobre qué hacer con la guarida.
CONTINUARÁ
Mapa Descrito por los Taberneros de la Guardia Demoníaca
SAQUEO:
3 escudos, 2 luceros del alba, 8 jabalinas, 2 camisas de malla, lanza, Maza, 54 Virotes, 4 estuches de virotes, daga, 5 cimitarras, 4 ballestas ligeras
Garnelia Violeta (300mo), Cinturón de Sangrelias y Broche de Plata (120mo), Arco Ornamental Enjoyado (525mo), Hacha Ornamental Enjoyada (320mo)
USO DE PODERES Y PG
Bredda: 1 Palabras de Terror, 1 Slot N1, 1 Slot N2, 1 Inspiración
Bolgahr: Furia 2/3, 27/34PG (Inspirado)
Drum: Ki 0/3, PG 17/29
Rauch: PG 15/22, 1 Slot Casco SUGESTIÓN
Valyar: PG 10/17, 2 Slot N1
ENEMIGOS CAPTURADOS VIVOS:
- 1 Cultista del Fuego Elemental del Mal
- 4 Bandidos a sueldo del Culto de las Sombras Inferiores
- 1 Osgo a sueldo del Culto de las Sombras Inferiores
- 1 Guardia (enemigo del grupo por paliza de puerto y detención posterior)
- 1 Mastín
- 1 Burlón Arcano (fugado del grupo por paliza de puerto)


















































































