Mientras caminaban junto a Ygrein y Bildrath, Xing y Yoreil aún sentían que algo les rondaba lo profundo de la mente. Una pregunta que necesitaba más respuestas. El origen de todo aquello, que resultaba más inquietante que un simple enriquecimiento.
Ygrein, deteniendo el paso, se percató del aspecto meditabundo de Yoreil, más extraño que el del monje -su expresión bastante habitual-, y preguntó qué se les pasaba por la cabeza. Al explicar que sentían que algo se les escapaba, con un suspiro, la sacerdotisa puso sus manos sobre el hombro de cada uno -vigilando a Bildrath por el rabillo del ojo-, y entonó un sencillo cántico curativo para recuperar algo de la salud que los compañeros habían perdido.
Agradecidos, indicaron a la sacerdotisa que se quedarían con las pruebas documentales obtenidas en la Tienda de Bildrath para seguir buscando pistas (dejándolas allí para cuando ella pudiese recogerlas más tarde), mientras ella se acercaba a la guarnición y, con la ayuda de Ismark, entregaba a la oficial inconsciente, buscando una buena explicación para tal circunstancia.
De vuelta a la Tienda -no sin antes poner derecho el carruaje que habían derribado, enganchando los caballos medio aterrados por el evento al mismo, y llevándolos a la cuadra improvisada-, Yoreil y Xing descansaron un rato, recuperando parte de sus energías físicas, místicas y sagradas al mismo tiempo que echaban un nuevo vistazo a todas las notas que esparcieron sobre la repisa del mostrador, a la vez que echaban un vistazo -y expoliaban- los cadáveres vistani.
Xing encontró un colgante en el cuello de los mismos y una buena suma de dinero. Dicho colgante -que se quedó, dejando otros dos exactamente iguales en los dos cadáveres restantes- era idéntico al que Bildrath ocultaba en su cuello, lo que estaba claro que los ponía en cierta alianza, dando a entender que, probablemente, por dicha cantidad de dinero y gemas, vendrían a negociar con él.
Volviendo a mirar con atención todas las notas, los aventureros se percataron de que Bildrath poseía ingresos y transacciones mensuales con los Vistaní -según suponían las entradas en el libro-. No obstante, esa periodicidad se vio rota hacía unos días -justo cuando los aventureros se dirigían hacia el Castillo de Strahd-, en la que los vistani trajeron los bienes que Bildrath estaba distribuyendo por el pueblo -incluyendo los objetos mágicos que el tendero vendió a Xing y Yoreil-. Los transportes procedían de Vallaki. Pero, según la pareja recordaba, desde que los recogieron de Vallaki, tenían claro que los vistani no eran bienvenidos en ninguna población, y Vallaki era una villa fortificada en la que no eran bienvenidos. Así que, o bien aquella información era falsa, o utilizaban algún punto en las afueras de Vallaki como lugar de contacto para comerciar. Sin embargo, ya que las mercancías venían en carro desde allí, estaba claro que podía tratarse de un asentamiento que se detuviese allí durante el tiempo suficiente como para comerciar, y después marcharse. Dando que pensar, y sabiendo que el pan -como ponía en las notas comerciales- provenía de Vallaki, Xing comentó a Yoreil que podían tomar un carro de los de Bildrath y viajar hasta allí como comerciantes, intentando ponerse en contacto con ellos. Pero Yoreil observó que, probablemente, los vistani, dadas las circunstancias que los aventureros habían explicado, así como la joven vistana que los acompañó hasta el Castillo -y a la que luego perdieron, junto a algunos aventureros-, no eran muy hospitalarios -aunque sí pillos- con quienes comerciaban con ellos, y todos los despreciaban a tal efecto. Así pues, ir como comerciantes sin ningún tipo de salvoconducto, enlace o contacto privilegiado, no sería de mucha ayuda, contando además que los vistani no conocían en absoluto al humano y al elfo. Pensando con un poco más de cabeza fría, investigaron los caballos y carruajes, y se percataron de que los adornos de los carruajes y marca a fuego de los mismos eran muy similares a los abalorios de los vistani muertos en la tienda, así como a los adornos del carruaje de Ezmerelda -una vistana-. Aquello dejaba la cosa más clara de cual era el origen de los suministros de Bildrath.
Preocupados por el cariz que tomaba aquello, y pensando en una forma rápida y discreta de viaje, Yoreil informó de que podría transformarse en un águila gigante, viajando hacia Vallaki (la cual recordaban que era la villa de la que el grupo venía por el camino hacia el oeste de donde habían encontrado a ambos en tan desastrosas circunstancias hacía unos días).
Tras convertirse en una majestuosa águila gigantesca, Yoreil tomó entre sus garras a Xing, y emprendió el vuelo.
En la noche, y con el brillo de la luna a través de largos y tenues jirones de nubes, ambos pudieron ver, tras tres horas de vuelo, a lo lejos hacia el noroeste el brillo de Vallaki. Y, para los agudos sentidos de Yoreil, el águila se percató de el pequeño asentamiento justo al norte de la villa más grande, al que probablemente deberían dirigir su vuelo.
Virando suavemente, el viento silbó entre las alas del águila.
Justo al tomar tierra en la oscuridad de los bosques cercanos al asentamiento, la magia de Yoreil lo abandonaba, devolviéndolo a su aspecto élfico.
Allí, en medio de la madrugada, los sentidos del elfo serían los que guiarían a la pareja, pues por temor a ser descubiertos, no querían utilizar ninguna luz para permitir al monje caminar más seguro.
A pesar de la incomodidad de avanzar a oscuras, el humano confió en el elfo para no verse impedido en su incursión, siendo recompensado con un avance relativamente sencillo.
Recordando haber observado desde el aire dos grandes casas con más actividad y algo de luz alrededor de las mismas, así como columnas de vapor, y un par de carruajes encima de la colina donde se asentaba la comunidad, hacia aquellos pequeños edificios medio enterrados en la colina dirigieron sus sigilosos pasos.
Poco a poco, Yoreil informaba de las evoluciones del paisaje, así como aquello que encontraban, como una modesta casa de rasgos élficos por delante de la que iban a pasar avanzando hacia su destino.
Pero al instante, el elfo se percató de la presencia de otro elfo que rodeaba la casa en dirección a la puerta.
De pronto, la actitud del elfo cambió a alerta, haciendo una llamada de aviso hacia la oscuridad, al mismo tiempo que Yoreil y Xing trataban de no llamar la atención, agachándose y fundiéndose con el entorno.
Después de unos tensos momentos, en los que el elfo (Bastarre) ojeaba con atención, éste pareció calmarse, continuando su avance hasta el edificio, en el que entró y cerró la puerta.
Con un suspiro, los incursores esperaron unos momentos hasta seguir avanzando hasta rodear la casa y echar un vistazo por una de las pequeñas ventanas.
Sin embargo, al hacerlo, Yoreil fue consciente (y después Xing, por las luces) que en la casa que se encontraba a unos 15 metros de distancia al norte (la primera de las dos que iban a estudiar por su actividad y el humo que salía por su chimenea), tres humanos bárbaros (vistani similares a los que habían derrotado en la tienda de Bildrath) rondaban alrededor del edificio con antorchas.
De hecho, lo más peligroso fue que uno de ellos se detuvo y giró su mirada hacia el edificio en sombras en el que estaban, preguntando con un fuerte acento si "alguien" en aquella dirección no se había acostado aún. Lo mejor sería que aprovechase para descansar unas horas, porque todavía quedaba mucho trabajo por delante.
En silencio, los incursores se movieron despacio para rodear el edificio y salir del ángulo de visión de los vigías, hasta que, llegando al otro ala de la casa, observaron que en el interior, a través de unas sencillas cortinas que cubrían por dentro una firme ventana de madera y vidrio, se adivinaba la silueta del elfo que llevaba una vela, se acostaba en una esquina del edificio, y apagaba la luz.
Tratando de pensar en cual sería su siguiente movimiento, Xing indicó que sus sentidos allí no le serían de mucha ayuda si quería pasar desapercibido, así que dejó a Yoreil el peso de investigar la casa vigilada, mientras él se retiraba con dificultad y despacio hacia el punto de partida, donde esperaría a su compañero hasta que trajese noticias... o la alarma despertase a toda la pequeña comunidad.
Solo ante el peligro, el druida rodeo el edificio que lo ocultaba, y avanzó en silencio (murmurando una plegaria susurrante que mejorase sus capacidades), hasta una distancia prudente en la que estudió la pauta de vigilancia alrededor del edificio durante unos minutos.
Cuando por fin captó el estilo de vigilancia (dos vistani en lados opuestos del edificio, girando en sentido opuesto al sol, y un tercero entre ambos, girando en el sentido del sol),
al encontrar un hueco en la percepción y la luz de las antorchas, comenzó a avanzar, confiado en que su especial calzado élfico lo protegiese de oídos indiscretos, como hasta ahora.
A toda prisa, justo cuando dos vistani se alejaban del mismo punto de su vigilancia en direcciones opuestas, volvió a susurrar su plegaria de excelencia y pasó a través de ellos como una exhalación, saltando cual felino de caza sobre el techo de la casa de elegante y sencilla manufactura élfica.
Su movimiento provocó que uno de los vistana se girase preguntando por alguien llamado "Gregor", y si había visto algo en la ronda. Pero, al escuchar una voz lejana que le indicaba que no, continuó su ronda. Yoreil, en el techo, suspiró aliviado.
Sin embargo, dada la peculiar disposición de aquel asentamiento sobre una colina, puesto que el techo de la casa en la que se encontraba era recto y alejado de la elevación,
la parte al fondo de la casa se enterraba parcialmente en la propia colina, dejando cierto ángulo de visibilidad desde la parte posterior cuando un vigilante pasaba por detrás, así que hubo de utilizar la chimenea como cobertura y el ángulo superior del tejado en más de una ocasión para librarse de ser descubierto.
Mientras tanto, en el transcurso de su tiempo allí, desde el interior de la casa le llegaban lúgubres cánticos, el sonido de vasijas y morteros, un olor a extrañas especias e hierbas que servían para potenciar cualidades místicas para doblegar la voluntad en bebedizos... y el aroma a pan recién horneado.
Buscando una nueva ventana de discreción en los movimientos de guardia, Yoreil dejó caer levemente su cabeza por el borde del tejado, mirando por una ventana.
Y allí, a la luz de los candiles, observó una escena algo perturbadora: entre diversos potes y vasijas de preparados, dos vistani (un hombre y una mujer) preparaban mixturas de polvo, amasaban pan... y vertían sobre la masa dicha mixtura y un líquido de aspecto rojizo espeso para empapar suavemente la masa antes de meterla en un horno para ser horneada.
Cerca de la mesa de preparación se encontraban diversos paquetes de comida preparada con botellas de vino y otras bebidas, que en apariencia también se habían cocinado en aquella casa. Al mismo tiempo, junto al fuego también se encontraba una extraña olla de metal cerrada y sellada con una tapa, la cual poseía un círculo de runas extrañas alrededor de la tapa en la propia olla.
El objeto vibraba suavemente y emitía un sutil resplandor, mientras se mantenía caliente junto al fuego (de llamas verdosas), dejando escapar de vez en cuando ligeras volutas de vapor. Sobresaltado por el descubrimiento, Yoreil pensó que ya había tenido suficiente.
Raudo, silencioso y fiel (con una plegaria por la buena consecución de sus objetivos), Yoreil una vez más aprovechó el hueco menos protegido de la vigilancia, y saltó en silencio hacia el suelo, avanzando agazapado sin un ruido (aquellas botas eran una maravilla del arte élfico) entre dos vistani, quienes ni siquiera fueron conscientes del paso del druida.
Con un supiro, Yoreil se alejó por fin del campamento, volviendo junto a Xing. El monje, sobresaltado en principio, supo que su aliado se acercaba porque éste procuró avisarlo de su llegada y evitar un encontronazo desafortunado.
Una vez reunidos, el druida explicó con torpe detalle aquello que había observado en una de las dos casas de mayor actividad en la comunidad, además de un detalle del que se había percatado mientras observaba las técnicas de vigilancia de los vistani: todos poseían el mismo colgante que Bildrath y sus matones vistani tenían en la tienda. Al ver elucubrar a Xing, de nuevo entonó unas palabras de orientación y perspicacia para que guiasen hacia un momento de inspiración en los pensamientos del monje quien, en un atisbo de conocimiento, recordó que los conocimientos necesarios para grabar y utilizar los escritos arcanos sobre aquel extraño objeto -que parecía un artefacto mágico de tiempos antiguos- formaban parte de una magia que concentraba el poder que se "cocía" -literalmente hablando- en su interior, para enviarlo en la distancia hacia un punto determinado, potenciando los efectos de alguna extraña magia a largo plazo. Desconociendo poco más sobre los efectos de aquel objeto, pero teniendo claro ya de dónde salía el pan tan poco agraciado, Xing indicó a Yoreil que no les quedaba mucho más que hacer allí, salvo tomar una decisión en frío apoyados por sus compañeros, pues una lucha en aquel lugar podría atraer mucho peligro -al margen de los deseos de hacer saltar por los aires de Yoreil aquel edificio lleno de prácticas inmundas-.
Una vez más, el Druida Ave alzó el vuelo con Xing sujeto entre sus garras. Y allí, en vuelo, pasada la primera hora del mismo, ambos observaron el amanecer desde el este, tímido y enfermizo, con un sol pálido que calentaba poco aquellas tierras de bruma, las cuales, al ser observadas desde los cielos, insuflaron el horror de su presencia en las mentes de los viajeros, quienes se percataron de que, a pesar del tamaño de aquel valle, estaba completamente rodeado de una espesa niebla que ocultaba la visión de cualquier cosa más allá de la misma, como si el mundo se hubiese anclado sobre un banco de nubes que, de dispersarse, lo hiciesen caer hacia el abismo.
Y, por fin, bien entrada la mañana, monje y druida aterrizaron a las afueras de la villa de Uarowia, en la cual podía observarse una ingente actividad a sur y a norte (abadía y mansión), además de un flujo sospechoso de ciudadanos hacia el centro de la población... donde habían dejado las notas y pistas para que Ygrein las recogiese esa misma noche.
¿Habría podido hacerlo la mujer? ¿La habría retenido la explicación sobre la captura de la oficial? Hasta reunirse con sus compañeros recientes de aventuras, no podrían saber nada.
CONTINUARÁ
UBICACIÓN ACTUAL DE AVENTUREROS
Akon: Templo de Xion de Erekar, junto a Exezhanter
Ezmerelda, Zhia y Savid: Huyendo por sus vidas del Castillo de Strahd. Paradero: DESCONOCIDO.
INFORMACIÓN CONSEGUIDA
Libro de Notas de Bildrath (Tratos con Luvash)
Fajo de notas de Bildrath de los cajones cerrados de su escritorio (investigación inicial fallida)
TIEMPO PARA LA CONJUNCIÓN
9 Días, 21 Horas, 30 Minutos - +24 Horas de Conjunción
(10:30 a.m. en Uarowia -Día-)




















































