jueves, 30 de mayo de 2019

CROSSOVER: EL RESURGIR DEL DRAGÓN & LA MALDICIÓN DE STRADH - PARTE 7 - ASUNTOS DE FAMILIA

Desde las entrañas del sótano en la iglesia de Andral en Uarowia, un alma en pena suplica por alimento, al tiempo que la comitiva de Akon, Bukko, Katy, Panit, Viktor, Ireena e Ismark entran en la destartalada iglesia de Andral de la villa, encontrando al sacerdote Donavic arrasado por la pena y el cansancio. Al percibir que alguien se encuentra afligido por el sufrimiento, los personajes interrogan al sacerdote, quien les indica, tras una intensa persuasión, que se trata de su hijo, al que ha debido de encerrar en el sótano por su propio bien.
Presionando un poco más a Donavic, éste confiesa que su hijo, junto a un grupo de aldeanos, azuzados por un mago loco de quien sólo recuerda la primera sílaba de su nombre: "Mor...", se lanzaron en una loca persecución de venganza por acabar con la tiranía de Stradh, y todos desaparecieron, salvo su hijo, que regresó pocos días después, convertido en un bebedor de sangre de la noche.
Aterrado, Donavic decidió encerrarlo usando su fe y su devoción en el sótano de la iglesia, mientras investigaba un posible remedio para la aflicción de su hijo, al parecer a través de la sangre del cadáver de su conversor, para realizar un ritual que lo libre de su estado actual.
Sorprendidos por la revelación, Panit y Akon piensan de forma paralela que hay muy pocas condiciones de nomuerte que puedan revertirse con un proceso como ese, y que quizá la única forma fiable es destruir al objetivo como nomuerto y luego tratar de resucitarlo por los medios adecuados, esperando que su alma se restaure en un cuerpo vivo, en vez de un ritual tan oscuro y extraño.
Observando el comportamiento errático y temeroso de Donavic, el grupo se percata de que su temor se basa en que no acepta lo que está sucediendo, y a pesar de los ruegos de los compañeros, en particular de Bukko, amen de los comentarios despectivos sobre su hijo y que "debería pasar a mejor vida" por parte de Katy y Akon, el paladín de la Libertad desea liberar ese alma de alguna forma y redimir a su padre doliente. Bukko, incluso utilizando los razonamientos del padre Donavic, le indica que, si realmente es necesario que se recoja la sangre de aquel que maldijo a su hijo, podría acompañarlos a luchar contra Stradh, llevando tantas reliquias en su haber como fuese necesario para derrotarlo, a lo que el sacerdote se muestra reacio, no sólo por abandonar a su hijo a su suerte, sino porque la comunidad de Uarowia quedaría por completo desprotegida espiritualmente, a pesar del lamentable estado emocional y espiritual de su sacerdote.

Mientras esta conversación se da, Akon decide enviar a un nuevo siervo demoníaco (Familiar) invisible en busca de entradas al sótano para ver dónde puede encontrarse la criatura, a lo que el familiar demoníaco encuentra un acceso cerrado por cadenas y cerrojos recientes.

Mientras tanto, en el tira y afloja de tratar de atajar el asunto del hijo de Donavic, Doru, Ismark toma la palabra y trata de explicar a Donavic que no sólo se encuentran aquí para ayudarle, sino para dar sagrada sepultura a su padre Kolyan Indirovic, de quien nadie sabe que murió hace tres días, y la familia desea que sus restos descansen en paz, como un hombre bueno y justo que luchó por la villa de Uarowia y sus habitantes.
Es en ese momento cuando Donavic muestra una cara más oscura de sus conocimientos sobre el lugar, indicando que, quizá, debido a los extraños acontecimientos de la adopción de Ireena, puede que la "virtud" de Kolyan no esté tan bien valorada, y que es posible que un hombre con esos secretos pueda tener un corazón lo bastante oscuro como para no tener cabida en el cementerio.
Ireena, tremendamente molesta por esas palabras, se acerca con rostro hosco hacia Donavic y es detenida por su hermano.

Por su parte, Bukko se dirige al sacerdote con duras palabras en las que indica que no sólo se encuentran aquí para redimir esta tierra, como Espada del Sol, sino que esas palabras sólo acarrearán problemas al sacerdote.
Ante esta amenaza velada, Donavic cuenta cómo el padre de Ireena la encontró en la frontera del Bosque de Svalic, cerca de la bruma, y que acordó una cuantía económica como donación a la decadente iglesia para que el sacerdote anotase en su libro de registro a la niña como si se tratase de una adopción "legal" para cubrir cualquier trámite, así pues dicho trapicheo podría ocultar un secreto más turbio en el trámite de la adopción y el verdadero origen de la chica.
Visiblemente molesto por las hirientes palabras de Donavic, Bukko decide, en un intento para persuadir al sacerdote ayudado por parte de las rudas palabras de Katy, que éste les permita salvar el alma de su hijo, ya que no su cuerpo.
Entonces, ya que Donavic se interpone en el camino de Bukko al dirigirse al lugar que Akon le indica como donde se encuentra el hijo maldito, harta de la situación y lo que está sucediendo, Ireena lo coge del cuello de la túnica y lo arrincona contra una pared, vigilada por su hermano Ismark, para no hacer daño al anciano, lo cual tampoco es deseo de Bukko.

Así, y arrastrado hacia un rincón por los hermanos, Donavic sólo puede asistir impotente y lloriqueante al desfile hacia una de las habitaciones traseras de la ruinosa capilla, contenido por Viktor, Ireena e Ismark, donde hay una habitación casi abandonada con un gran charco en el suelo, producto de un orificio en el techo de la habitación, y estantes rotos de madera mohosa con hojas y libros desencuadernados y carentes de escritura.
De tres poderosos hachazos, tras un intento fallido de Katy por abrir los candados, Bukko atraviesa cadena de metal y listones de madera por igual, abriendo un boquete lo bastante amplio como para agrandarlo a patadas y poder pasar.
Hacia el interior, una penumbra intensa por la que sólo algunos rayos anaranjados y dorados de las velas a través de las grietas del suelo de la iglesia iluminan -además de la luz mágica en forma de neblina plateada que brota del bastón de Panit-, Bukko sostiene su símbolo sagrado y avanza, percibiendo la presencia de dos criaturas de ultratumba en el enorme sótano, atiborrado de diversas cajas y embalajes con materiales desconocidos -probablemente- de la capilla. Encabezando la marcha con su Martillo de Alarma, y orando por la protección de Uarowi contra la oscuridad de la nomuerte, además de estimulado por la magia veloz de Panit en sus músculos y reflejos, tras él se mueve con sigilo Katy, seguida de Akon, dispuesto para el combate, y Panit, curiosa por ver dónde les lleva la incursión, algo descuidada de su propia protección.
Entonces, de la penumbra, asalta al grupo un chirrido múltiple y sacudidas de decenas de pequeñas alas, en el momento en que una horda de murciélagos se lanza en su dirección, al tiempo que una inmensa araña del tamaño de un perro con enormes pelos en el lomo y unos quelíceros blancos como colmillos avanza hacia la bajada de las escaleras.
Sorprendidos por las criaturas que pululan por el lugar, no son conscientes (salvo Bukko, que trata de dar la voz de alarma) de que sombras gélidas que roban el calor de la vida se condensan detrás de la última de la comitiva, Panit, y una silueta sombría desde el techo se despega de la superficie, similar al perfil de un hombre joven y delgado, alargando un delgado brazo con siniestros dedos finos y puntiagudos, que atraviesan la espalda de la Mida y brotan por su pecho de una forma espectral, robándole la vida y la fuerza, palideciendo su piel y haciéndola gemir de dolor.
Sobresaltados por el grito, los aventureros escuchan el repiqueteo del insecto gigante que se mueve dando golpecitos al avanzar por la pared y el techo, y de pronto, la araña enorme cierra el paso de las escaleras, impidiendo que puedan seguir adelante sin enfrentarse a ella.
Por su parte, la horda de murciélagos llega casi a la barandilla de madera de las escaleras, y cuando está a punto de envolver a los héroes, Akon libera una explosión de energía sónica que pilla por completo desprevenidos a los roedores voladores y al inmenso insecto, dañándolos y asustándolos lo bastante como para que frenen su ímpetu momentáneo.
A lo lejos, los sentidos sobrenaturales de Bukko perciben que, entre los embalajes y paquetes que hay en el sótano medio abandonado, una silueta humanóide enjuta que marca profusamente los huesos de su cuerpo contra su tirante piel, se mueve de una forma antinatural, saltando hacia el techo y quedando allí sujeta de forma preternatural, avanzando a toda prisa entre gruñidos y olfateos, susurrando con voz no humana "puedo oler vuestra ssssannngreeee... alimeeentooo... sssaaangreeee...".
Su cabello corto revuelto rodea un gesto demente, con labios retraidos para mostrar unos colmillos afilados y enormes, y unas manos con garras que se aferran a la madera, dejando muescas, además de ropajes que cubren a jirones el cuerpo de lo que parece un muchacho.
Katy, aventajada en el uso de sus habilidades acrobáticas, se escurre entre sus aliados, apoyándose incluso en el muro que soporta la escalera de madera y sorteando de una sorprendente voltereta al insecto descomunal -que trata de clavar sus quelíceros en la acróbata sin conseguirlo-, hasta caer tras su lomo peludo, el cual atraviesa de una certera estocada, desparramando fluidos y entrañas de insecto gigante por toda la escalera con una sonrisa fiera.
Pero a pesar de su velocidad, Katy a duras penas puede evitar -lo cual le enfurece, sobre todo por venir de la fuente que más la irrita: Panit- las llamas de una inmensa bola de fuego que socarra todo a su alrededor, dejando abundante humo y manchas de quemadura en el entorno, además de arrasar la nube de murciélagos, dejando una lluvia de pequeños cuerpos abrasados en el suelo, además de convertir a la sombra en un jirón de humo negro estampado contra una pared, cuando las llamas y la luz la devoran sin piedad. Panit, respirando aliviada, sostiene su pecho, con las piernas temblorosas por la pérdida de fuerza. Katy, gruñendo entre dientes, ruge a Panit que debería andarse con más cuidado con a quién decide sacudir con su magia, a menos que quiera que le abra otro agujero por debajo de la boca con su cuchillo.
Sobresaltado por la ola de fuego, y aprovechando la luz momentánea que marca el lugar por donde avanza el monstruoso hijo de Donavic, Bukko voltea una botella de agua bendita que acaba de sacar de su morral en la mano, y apuntando certero, la arroja gritando "¡Por Uarowi! ¡Vuelve a la sombra!", estrellándola en el rostro de la criatura, que empieza a humear y ennegrecerse, haciendo chillar al nomuerto "¡Aaaagh! ¡Paaadreee!", el cual aun así no cesa su avance famélico. Desde arriba, la voz de Danovic responde "¡Noooo! ¡Doru! ¡Noooo!".
Observando la respuesta del monstruo al agua bendita, Akon decide utilizar su poder embrujado, arrojando una explosión de color morado oscuro con el aspecto de una garra demoníaca, que golpea sin éxito junto al engendro, astillando más madera del techo del sótano.
En su movimiento veloz para evitar el ataque del tiflin, el monstruo aprovecha para avanzar a toda prisa hacia Panit y, clavando a toda velocidad una garra en el hombro de la mida con un doloroso golpe, la atrae hacia sí con una fuerza inhumana a través de la baranda de la escalera, y le muerde en el hombro, arrebatándole la sangre y la vida, dejando una fea y pálida herida de colmillos de la que se escurre sangre, además de la que cae por la baba del monstruo, que se deleita con una sonrisa y un suspiro.
Poco dura su sonrisa, cuando un costado del ser es atravesado desde lejos por una certera flecha de Katy, quien piensa para sus adentros que sólo ella rige el destino y el dolor de la mida que le causa tantos dolores de cabeza. El vampiro sisea de rabia y frustración.
Panit, tremendamente pálida y débil, aprovecha el momento de descuido de la criatura para empujarla con una mano, y alejarse hasta la esquina de las escaleras, esperando que el resto de sus compañeros cubra su retirada y la proteja, mientras prepara un nuevo asalto mágico.
Por su parte, Bukko enfurecido carga con el nombre de Uarowi en los labios, invocando la fuerza castigadora del sol, y lanza martillazos a diestro y siniestro contra el ser colgado del techo. Su primer martillazo hunde en su torso el hombro derecho del monstruo con un fogonazo de energía sagrada, mientras que el segundo se estrella en su esternón y le destroza varias costillas, con tanta fuerza que lo desplaza a medio metro, haciendo que el tercer martillazo falle en el impacto y, en su lugar, se estrelle contra uno de los soportes de la escalera de madera, haciendo que toda la estructura se derrumbe hasta el suelo, queriendo la suerte y los reflejos que todos los combatientes caigan sobre sus propios pies, ilesos, salvo el monstruo que se descuelga, dolorido en el estruendo y la sacudida de la estructura, golpeando su espalda contra el suelo con un golpe seco.
Sacudiéndose el polvo y viendo la situación, Akon rebusca en su zurrón y, sacando una botella de agua bendita, la arroja contra el monstruo, que gira sobre sí mismo, aunque la salpicadura del envase roto contra el suelo junto a su cuerpo hace que algunas gotas laman su piel nomuerta y siseen al quemarla, provocando un lamento sufrido de sus labios manchados de sangre.
Revolviéndose como un animal acorralado, Doru salta como un felino cazando sobre Bukko, y con un zarpazo de relampagueante velocidad, le causa surcos sangrantes en un hombro junto al cuello, aunque al intentar agarrarlo de la armadura para atraerlo y morder su carne, los dedos se le escapan del amarre y el mordisco chasquea a unos centímetros del morro del paladín, inofensivamente.
Aprovechando el arrebato colérico, Katy se funde entre las sombras del sótano en penumbra, y cuando el vampiro olfatea a su alrededor, tratando de localizar a todos sus objetivos, Katy surge de su espalda, sujetándolo por el hombro, y clavando profundamente su espada corta en la espalda del ser una y otra vez, sacando la punta de la hoja por el pecho, provocando gorgoteos de dolor en el monstruo, que aún tiene fuerzas para seguir luchando.
Panit, sacudiéndose el miedo de la sorpresa que le causaron los ataques tanto de la sombra como del vampiro, hace de tripas corazón, y enfocando su voluntad y su furia en el rostro aullante del nomuerto, gesticula con palabras de poder, haciendo volar tres proyectiles mágicos con el aspecto de pequeños cráneos blanquecinos, que estallan, uno tras otro, contra el rostro de la criatura, haciendo pedazos el cráneo, y dejando sólo la mandíbula inferior colgante de su cuello envuelto en una nube de cenizas que hacía un momento eran sus sesos.
Suspirando, apoyada contra la pared, sólo puede escuchar un aullido lastimero sobre su cabeza, cuando Donavic, consciente de lo sucedido, se derrumba ahogado en su pena por la pérdida definitiva de su hijo.
(Iglesia de Uarowia)
Utilizando una estaca de madera arrancada de la pata de una mesa, Bukko reza una oración fúnebre por el alma de Doru mientras la clava en el pecho del monstruo con su maza, al mismo tiempo que llena su traquea de dientes de ajo, y Akon vacía otra redoma de agua bendita sobre el cuerpo de la criatura, la cual, progresivamente, se va deshaciendo en cenizas, dejando sólo los restos destrozados de ropa del chiquillo. Con cuidado, mientras Akon se guarda un puñado y Panit otro, Bukko recoge el resto de las cenizas y las mete dentro de una vasija obtenida entre los cachivaches del sótano, momento en que Katy y Akon rebuscan por el lugar, entre los suministros olvidados, encontrando múltiples pergaminos y libros encuadernados en blanco, con pequeños tarros de tinta llenos y plumas, y en el interior de una caja de embalajes, dos apartados con frascos separados en dos grupos, algunos de ellos vacíos, y otros llenos con una substancia rojiza espesa (pociones de curación estándar), además de varios llenos de agua (bendita). Mientras Bukko termina el pequeño ritual, Akon y Katy deciden repartir una poción y un frasco entre ellos dos, guardando otro también para Panit y Bukko.
Cuando todo acaba, y sólo se oyen los sollozos en el silencio, Bukko aplica algo de curación sobre Panit, tratando de sanar sus heridas más infectas del mordisco del vampiro y el toque de la sombra, y tratan de improvisar una escalinata para salir del sótano.
Bukko se dirige a Donavic, que está arrodillado y rodeado de Ireena, Ismark y Viktor, llorando desconsolado, y derrumbado.
Apoyando su mano envuelta en un halo de calidez sagrada, el paladín derrama su poder liberador sobre la mente y el alma de Donavic, diciéndole: "Padre. Tu hijo ahora descansa en paz, y su alma se ha reunido con los dioses. Ahora puedes bajar y despedirte de él, honrando su recuerdo, y liberándote del dolor de su pérdida y sus errores. Ve en paz. Yo te perdono."
El padre Donavic, sintiendo la fuerza de Andral introducirse en él, levanta el rostro y parpadea, limpiándose las lágrimas, y la sensación de que un velo se retira de su mente atormentada hace que suspire, como si se quitase un peso de encima.
Sosteniendo la enorme mano de Bukko entre sus frágiles y viejos dedos, mira al rostro del paladín, y asiente con una media sonrisa. "Tienes razón, hermano. El dolor se había enraizado en lo profundo de mi corazón, y su azote no me permitía reconocer la verdad y la realidad de las cosas, que mi hijo, al marchar hacia el castillo de Stradh, había tomado su propia decisión y escrito su propio destino, al margen de mí, y eso, aunque no cambiará lo sucedido, también me debe hacer entender que aunque soy el guía espiritual de la comunidad, no puedo tomar decisiones por los demás, por muy cercanos a mí que sean. Ahora... llévame ante los restos de mi hijo, pues he de darles sagrada sepultura y despedirme como se merece."
Levantándose débilmente, el hombre mira con pesadumbre a los hermanos, y con voz entrecortada, apoya su mano en el hombro de Ismark, diciendo "perdonad mis palabras de antes. La pena y la culpa me han hecho cubrir mis pensamientos de dolor y lanzarlos a mi alrededor como un arma, pero en absoluto pienso que vuestro padre fuese un hombre malvado.
Todo lo contrario. Ha sido el hombre más noble y entregado a esta villa desde que recuerdo, y por Andral que podéis traerlo aquí para que sea enterrado dignamente y como se merece".
Bajando al sótano, Bukko acompaña a Donavic en los rezos de despedida sobre las cenizas de Doru, las cuales el hipótido entrega solemnemente al anciano.
Cuando todo ha pasado, y el cansancio se apodera de todos, el grupo decide descansar en la iglesia, bajo la protección del suelo sagrado.

Esa misma noche, en la vigilia del paladín y sus rezos nocturnos, éste observa un resplandor verdoso azulado que se levanta del camposanto tras la iglesia, y al abrir la ventana trasera, es testigo de un espectáculo fantástico y terrible a partes iguales: decenas de espíritus de las tumbas del cementerio (aunque no de todas, quizá una cuarta parte) surgen del suelo, adoptando formas de caballeros, conjuradores, sacerdotes y batidores de diversas razas, que se reúnen en un contingente y marchan flotando en dirección al camino del oeste que sale de la villa, perdiéndose en la distancia, para reaparecer como una fina línea de color verdoso azulado que cruza allá en las alturas a lo lejos el puente que lleva al interior del castillo del Condado, y tras varios minutos, las diminutas motas de color azul verdoso empiezan a despeñarse desde las almenas y muros del castillo hasta el acantilado junto a la fachada del castillo, desvaneciéndose en la nada. Bukko susurra una plegaria de protección al ver el espectáculo, y le sobresalta la presencia de Donavic que lo observa desde la distancia. Cuando Bukko le consulta, el sacerdote explica que los espíritus son los restos de un antiguo contingente de fuerzas reunidas desde más allá del condado, quienes se congregaron para confrontar al Conde Stradh, convocados por un poderoso mago (el mismo que al parecer se hizo con los deseos de venganza de los aldeanos desaparecidos de Uarowia, incluido su hijo) y, como puede verse, su destino fue el mismo que el de la turba de la villa: el fracaso.

A la mañana siguiente, cuando todo el grupo ha descansado, mientras Victor (voluntariamente) y Donavic han empezado a limpiar, ordenar y hacer reparaciones en la iglesia, Ismark e Ireena recogen el cadáver de su padre, y junto a las cenizas de Doru, ambos son colocados en el camposando, celebrando el ritual funerario apropiado.
Tras la celebración, el grupo trata de convencer a Donavic de que ahora es el momento de que los acompañe para vengar a su hijo y librar a la tierra de la maldad del conde, pero Donavic, ahora con la mente clara y segura, expresa su deseo de quedarse para proteger a la comunidad, pues es el único capaz de hacerlo ante las depredaciones del monstruo, esperando que otros se unan a él, ahora que su fe se ha fortalecido.
Por su parte, y como Ismark e Ireena expresan su deseo de que ésta parta lejos de la villa hacia un lugar más allá de la sombra del castillo y la influencia del conde, Donavic sugiere que podrían viajar al oeste hacia la villa de Vallaki, donde se encuentra el santuario de San Andral, morada de la reliquia de los Huesos de San Andral, o a Krezk, también al oeste, donde se encuentra la Abadía de San Markov (como el nombre del primer ancestro de la Familia Lordel), también santuario de Andral.
En la discusión que acompaña la indecisión sobre a dónde partir, Victor, con gesto humilde, se acerca a Bukko, solicitando abandonar su compañía y quedarse con Donavic, para ayudarle a revivificar la fe de la villa y así fortalecer a sus aldeanos contra el mal de Stradh, cumpliendo además el juramento de Libertad de Bukko. Éste, apelando a sus entrañas y a un leve sentimiento de culpa, debe recordar a Victor que éste también ha hecho un voto para acompañar y asistir al grupo, enviado aquí por Ethelia Lordel y el clero de Ahuraz, así que no debería utilizar una retórica astuta para librarse de su deber, a pesar de sus buenas intenciones para con el anciano.
Así, y después del duelo por la muerte de Doru y simplemente pensando en partir camino adelante, en dirección al oeste, para ver hacia dónde podrían dirigirse, si a la Abadía de los seres antropomorfos malditos, o a la Abadía de los huesos de San Andral, el grupo pone rumbo al Camino de Svalic, saliendo de mañana de la villa maldita de Uarowia.
Atravesando un descuidado y ruinoso puente de piedra, más firme de lo que su aspecto a primera vista deja adivinar, sobre las aguas claras y cristalinas como un cielo invernal del río Ivlis, la comitiva se interna en un camino jalonado por el asfixiante bosque de Svalic, denso y amenazador en su penumbra, sobre cuyas copas se condensa un plomizo cielo nublado, por el que apenas se distinguen ráfagas del limpio azul o rayos de sol.
Casi en el momento del medio día, el grupo alcanza una zona ligeramente más despejada en el camino, donde a su izquierda, en un área elevada del terreno, pueden ver un patíbulo de madera con cuerdas abandonadas que se balancean mecidas por el viento susurrante de la tarde en el travesaño superior, rodeada la estructura de un murete bajo, cuyo terreno cercado por el mismo parece invadido por una espesa capa de neblina que se alza a un palmo del suelo.

La visión resulta, cuanto menos, fatalista.



CONTINUARÁ

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