RECURSOS AGOTADOS: Queda 1 día gratuito de habitación -noche- en Posada El Portal Bostezante. SITUACIONES DE ESPERA: Quedan 4 días para la Reunión del Gremio de Posaderos en la que tratar el asunto de ingreso de la Posada CraneoTrol.
En el transcurso de sus tribulaciones nocturnas sobre donde descansar mientras cenan en El Portal Bostezante, Karla Naëris y Randy se percatan en la decreciente actividad del local que dos personas de aspecto sospechoso hablan en privado en una mesa, y de pronto el metal brilla intercambiado entre sus manos.
Si bien Näeris no percibe la fuente, Karla y Randy se percatan de que se trata de un afilado cuchillo largo que pasa de las manos de una mujer a un enmascarado.
El aspecto peligroso de aquel intercambio alarma a los aventureros, quienes deciden que, por habilidad de Sigilo de la Monje, ésta seguirá al enmascarado que sale el primero de la posada después de su reunión, mientras Naëris y Randy siguen a la mujer que se dirige a otro lugar.
Mientras el Elfo Crepuscular Brujo y la Humana Clériga callejean tras la furtiva en las calles poco pobladas del ocaso, siguiéndola por la Calle Venero de Lluvia hacia la Calle Cocinero, pierden su rastro al llegar a la Calle Soldado, sospechando que, probablemente, la esquiva mujer se estaría percatando de su persecución poco profesional.
Molestos por la situación, vuelven sobre sus pasos para seguir el rastro reciente de Karla a través del calor dejado por sus pasos... para los ojos Drow de Naëris.
Por su parte, Karla avanza entre las sombras de la poco transitada Calle Venero de Lluvia hasta la Calle Caracol (algo más poblada a pesar de las horas), viajando hacia el norte hasta la esquina hacia el este con la Calle Sencilla.
Al llegar allí, el silencio y la tranquilidad de la misma permiten percatarse a la monje que, más allá del cruce con la Plaza Virgen, rodeando la primera gran casa al otro lado de la plaza, una silueta se introducía por un estrecho callejón. Al llegar a su altura, Karla Moore observó en la oscuridad del callejón que la silueta había forzado una ventana y se había metido en un gran edificio de una planta. Sospechando una peligrosa fechoría, fue tras él al interior del oscuro edificio.
Allí, escuchando las evoluciones de a quien estaba persiguiendo, se percató de que su presa a su vez acechaba a una mujer de mediana edad, atractiva y sencilla, que estudiaba con interés y preocupación diversos papeles sobre un escritorio de trabajo, iluminado con velas.
A través de la luz de la mujer, Karla logró, desde su posición oculta, observar como una silueta enmascarada se acercaba desde las sobras a la mujer desprotegida. Mientras tanto, siguiendo el rastro de Karla, Näeris y Randy llegaron hasta el edificio asaltado, y con cierto cuidado entraron al percatarse de las evoluciones lentas y sigilosas de su compañera tras alguien compañero de a quien no habían podido rastrear. Dejando a Randy y su ceguera a la oscuridad en el interior de la ventana forzada, Naëris avanzó hasta tener buena perspectiva de aquella gran sala de estudio y exposiciones, además de la mujer sola, una silueta furtiva que la acechaba, y la imagen de Karla tras la misma. Cuando Karla se percató de la intención de atacar del desconocido, le lanzó un certero dardo que lo hizo quejarse, exponiendo su presencia a voces en la penumbra, para así alertar a la mujer, que se arrinconó atemorizada. Pero, a pesar del dolor, el asesino se lanzó veloz contra la mujer, a la que acuchilló hasta hacerla caer ensangrentada y moribunda en el suelo, huyendo hacia la penumbra, alejándose de la luz por el lado opuesto de la sala, susurrando que a quien lo persiguiese, aquello era un asunto que no le concernía, y si quería salvar la vida, mejor se apartase de su camino.
Al percatarse ya de la situación, Randy se enfurece, y avanza a toda prisa, convocando luz a su paso para iluminar su camino en la penumbra, y lanzando una voz de mando sobrenatural para impedir la huida del asesino. Pero la fuerza de la oración no fue suficiente contra la voluntad del mismo, que se mantuvo firme en su fuga.
Tras ella, Naëris se descubrió desde las sombras lanzando una poderosa descarga de energía embrujada que, sin embargo, no llegó a alcanzar a su enemigo, haciendo estallar una mesa a su lado, provocando la risa y la burla del asesino.
Furiosa por la violencia desatada, Karla corrió con empuje sobrenatural hacia el hombre en fuga -saltando sobre los muebles que para ella no suponían obstáculo alguno-, lanzándole un certero bastonazo por la espalda, aunque el hombre se giró sobre sí mismo, respondiendo con una lluvia de cuchilladas que alcanzaron terribles puntos vitales, causando una copiosa lluvia de sangre en la monje, quien se sintió muy débil.
Viendo la peligrosidad del enemigo, Randy entonó un cántico sanador sobre su compañera Karla, que sangraba terriblemente, cerrando sus heridas y lanzando una andanada de fuego sagrado sobre el enemigo quien, sin mucha dificultad, lo esquivó con una finta.
Furioso por su fracaso, Naëris envió una nueva descarga mágica contra el incursor, quien esta vez no demostró ser demasiado rápido y ágil, causando que la energía lo golpease salvajemente. El intruso empezaba a ser molesto. Apartándose de su lado con una pirueta -y una patada en retirada- mientras evitaba ágil su gran cuchillo, Karla -que ya no sangraba- se situó junto a la mujer moribunda. Canalizando la energía de su mente y su alma, la monje curó los cuerpos de ambas -ella y la moribunda-, dejando a la víctima inconsciente en una esquina, preocupándose de escudarla frente a cualquier nuevo ataque. Furioso por ser interrumpido, y viendo que la más peligrosa del grupo era quien podría sanar a todos con rapidez, el asesino se arrojó contra Randy con una lluvia de cuchilladas (algunas de ellas sangrantemente certeras), tratando de rodearla y escapar por la ventana, mientras se acercaba al sorprendido brujo. Por desgracia, un poderoso espadazo de la sacerdotisa en su huida junto a ella puso al enmascarado alerta del peligro de no atender a sus enemigos. Así, y sin descuidar su seguridad, Randy pasó a perseguirlo, estimulando su velocidad y efectividad combativas con una oración a Tempus, arrojándose sobre el desconocido y estampando dos certeros espadazos de fuego en su espalda, que lo hicieron gruñir de dolor, sangrando profundamente, a la vez que también lo hacía la sacerdotisa. Naëris, sorprendido por la incursión del enemigo que lo cercaba, trató de bombardearlo descuidadamente con su poder sobrenatural sin demasiado éxito, pues las maniobras del atacante tan cerca no le permitían enfocar correctamente su poder sobre él. Así, un estallido en el techo de piedra fue el objetivo final de su energía arcana. Una vez Karla se había asegurado de que la mujer a la que había salvado de la muerte estaba estable, corrió a toda prisa contra el fugitivo, quien detuvo su bastó con su espada corta, trabando armas de forma amenazante. Buscando una arriesgada retirada, el enemigo lanzó estocada tras estocada a Randy, aunque esta vez sin éxito, pues la sacerdotisa las desviaba con facilidad. Estaba claro que el atacante sólo estaba preparado para asesinar desde las sombras, pero conforme pasaba el tiempo expuesto, su efectividad disminuía sensiblemente. Con ello, al percibir su impotencia, el enemigo se zafó con seguridad del bastón de Karla y los puños de Naëris, pero no así de la feroz espada ígnea de Randy, que abrasó una vez más la carne del asesino en fuga hacia la ventana. Pero la sacerdotisa no iba a dejarlo marchar con tal facilidad. Con ello, arrojando la espada al suelo y el escudo, desenvainó su hacha familiar y se lanzó contra el fugitivo, quien sufrió una andanada de hachazos terribles. Al verse derrotado, pidió clemencia, argumentando que aquel trabajo no merecía la pena el resultado, con lo que Randy lo golpeó en el rostro, dejándolo inconsciente.
Cuando el combate terminó, el grupo se aseguró de encadenarlo contra una mesa, mientras se ocupaban de la mujer. Viendo que estaba a salvo, Randy y Naëris despertaban al desconocido, mientras Karla atendía a la mujer inconsciente.
Al examinar al tipo y hablar con él, descubrieron un tatuaje zhentarim en su cuello. El hombre no hablaría por ningún medio, y moriría antes de hacerlo. Ante una amenaza de Naëris, el prisionero lo confundió con un supervisor de los Zhentarim que habían mandado para ver cómo cumplía su contrato, y se sintió avergonzado de no haberlo cumplido, así que esperaba su castigo por su torpeza. Ante ello, y por un susurro de la Hoja de Sombras de Naëris, éste aceptó su culpabilidad y lo ejecutó con ésta decapitándolo. Randy, por su parte, registró al cadáver (cuya marca Zhentarim estropeó la decapitación), en el que encontró un papiro doblado con un lacre roto... en blanco.
Extrañada, fue con Naëris y Karla a despertar a la mujer, quien se asustó de su presencia. Pero al explicarle que la habían salvado de un intento de asesinato, ésta se calmó, presentándose como Nëally McBorne, directora de una modesta Academia de Conocimientos familiar. Al interrogarla sobre por qué el asesino había sido "contratado" para asesinarla, según deducciones, la mujer se extrañó de tener enemigos, salvo una disputa con su hermana Ludmilla por la herencia de su padre muerto hace dos semanas al respecto de la propiedad de la Academia McBorne. Aunque Ludmilla quería que se vendiese el edificio por 500mo y se repartiesen los bienes, a pesar de no haberse preocupado del negocio familiar, cuando Nëally le explicó que continuaría con el modesto negocio, su hermana se molestó y dejó de hablarle por unos días. No cree que la herencia suponga tal odio como para contratar a alguien, pero no sabía en realidad nada. Agradeciendo la ayuda, la mujer solicitó otro favor para tratar de desenmascarar a su hermana esa misma noche. Sin embargo, aprovechando la muerte en el edificio del sicario, los aventureros planificaron para el día siguiente actuar con cautela para exponer a la hermana culpable.
Así, descansarían en su casa, y por la mañana temprano Karla buscó por el Distrito del Comercio un oficial de Vigilancia y un alguacil de Justicia para denunciar un intento de asesinato con muerte en la Academia McBorne, explicando que, estando ella de visita en la Academia, un extraño entró y, tanto ella como la dueña tuvieron que defenderse.
Así, acompañada de dos soldados de Guardia, Karla volvió a la Academia, y mientras el Oficial y los Soldados cercaban la escena del crimen, el Alguacil investigaba todas las pistas: ventana forzada, manchas de sangre en distintas zonas del área, y los papeles revueltos sobre una mesa.
Mientras tanto, Karla explicaba lo sucedido indicando su sorpresa, e incluyendo que el hombre murió "ejecutado" por la dueña de la Academia, presa de un ataque de ira, momento en que lo decapitó. Entonces, entre voces y aspavientos, otra mujer entró en escena desde la calle: Ludmilla, hermana de Nëally.
A pesar de su interpretación, a Karla no la engañaba. Y aunque en un principió entró a sabiendas de que había muerto alguien, llorando por su hermana, de pronto irrumpieron en escena Naëris, Randy y Nëally. Al verla viva, su mueca se torció -sólo perceptible por ojos muy atentos-. Así, el encuentro derivó en un abrazo con lágrimas y muchas preguntas, a lo cual el Alguacil se encontraba muy atento a todo. Poco a poco, las mentiras y la fachada a la expresión y verdaderas intenciones de que Ludmilla estaba relacionada con aquel crimen se hicieron poco a poco patentes, y aunque no había ninguna prueba hasta el momento de los hechos, la tensión creciente en la hermana apenada empezaba a aflorar con gestos de molestia e intentos de apartar a su hermana de aquella situación... para marcharse también de allí. Finalmente, el Alguacil fue requerido para entregarle el pergamino de lacre roto. Al verlo, el hombre se ajustó unas lentes... peculiares... y al hacerlo y leer su contenido "mágico", su expresión cambió al mirar a Ludmilla, volviéndose dura.
Entonces, disculpándose con el resto, se llevó a Ludmilla aparte. Por sus gestos y la tensión de la conversación, estaba claro que el alguacil estaba "leyéndole la cartilla". En efecto, mientras Ludmilla trataba de escabullirse con excusas, el alguacil ordenó la detención y evacuación al cuartel de la Guardia más cercano. Así, a la luz de los acontecimientos, Ludmilla sería juzgada y castigada, y la agraviada tenía derecho a ofrecer parte de la compensación económica a su salvadora. Tras la marcha de las autoridades, ya que Randy y Karla rechazaron su generosidad (pero no Naëris), la mujer les indicó que podrían visitar su Academia y preguntarle cualquier cosa de origen no mágico sobre conocimientos, ya fuese de la Ciudad u otro ámbito que ella dominase. Ante eso, los aventureros indicaron que se sentirían orgullosos de invitarla a la futura apertura de la Posada CraneoTrol.
Tras despedirse de la mujer, los aventureros volvieron a CraneoTrol, donde se encontraron con Wull Arknor, quien les explicó que sus compañeros de guarida estarían más que gustosos de trabajar en la reforma de la Posada, pues aquello les abriría las puertas al trabajo legal en AguaProfunda.
Por su parte, Karla consultó en qué otros lugares podría pedir más permisos de trabajo a otros Gremios para empezar las obras, a lo que se le informó que en la reunión del Gremio de Taberneros y Posaderos se la informaría al respecto de pedir los permisos oportunos. Así, mientras la tarde pasaba, el grupo recibió un mensaje de la guardia en la que se les recompensaba con un dinero por su ayuda ciudadana, además de una carta de parte de Lady McBorne en la que agradecía de todo corazón la ayuda desinteresada, por la cual otorgaba un documento lacrado con un permiso de Consulta de 1 Año Completo para cualquier libro o conocimiento de la Academia McBorne a los dueños de CraneoTrol. Por otra parte, para más preparaciones de la posada, Randy envió mensajeros a la familia de Bodegas Peabody para hablar de negocios sobre aprovisionamiento de bebidas a la mañana siguiente, además de a la familia Ashante-Shalley, para surtirse de tapetería, ropa de cama, uniformes y otras telas con las que acondicionar la Posada y su servicio.
La mañana siguiente sería realmente movida, así como los próximos días.
Terminando la jornada, los aventureros viajarían hasta El Portal Bostezante para gastar su penúltima noche gratis en la Posada.
¿Qué sucedería mañana?
Después de dormir... mañana lo sabrían.
CONTINUARÁ



















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