viernes, 19 de junio de 2020

AguaProfunda - Refugio de Conspiraciones Oscuras - ACTO III - Sesión 1 - Monedas de Sangre

Esta nueva tierra es confusa. Incluso para alguien como Bolgahr UrkFel, cuyos rasgos de orco encumbran sus rasgados ojos humanos orientales, lo convierten en un extraño entre extraños. Las salvajes costumbres de los guerreros no contemplan el refinamiento de la entrega al poder de la ira, templado con una exquisita formación en combate. Toda esta tierra es... tan extraña.
Pero alguien cuya cabeza tiene precio en el lejano este no puede permitirse ningún remilgo al refugiarse fuera del hogar. Pero incluso allí ha llegado la cacería de la que debe huir.
Drum Fume, un avezado hombre de acción, siempre pensó que su entrenamiento marcial le sería más útil al servicio de la sociedad. No es que fuese un hombre de moral elevada, sino que era un tipo práctico. Siempre se vive mejor en una civilización donde los criminales no estorban tu vida y la tranquilidad de los demás, agitando el desorden, así que el luchador del puño cerrado comenzó a dedicar sus esfuerzos a librar a sus semejantes de los criminales... cobrando por ello de paso. ¿Por qué no iba a lucrarse de algo que se le daba bien?
Rauch Winder, espíritu libre, siempre consideró que, al margen de su capacidad para trabajar con substancias volátiles como su propia naturaleza, la libertad de elegir qué tomar de los demás era un don que aferraría con fuerza. Así, mientras su formación le llevó a ser buen profesional de su oficio entre alquimistas, en sus ratos libres más nocturnos se encargaba de aligerar las bolsas más llenas de sus semejantes, mezclándose aquí y allá con diferentes grupos sociales, aprendiendo que en muchas ocasiones, "parecer" era sinónimo de "ser".
Gracias al gusto por el dinero de Rauch y su búsqueda de negocio, sus caminos se cruzaron con los de Drum en una zona de los Muelles donde Rauch era conocido como tal, en vez de sus distintos engaños y timos sociales. Cuando el extraño luchador se cruzó con el pícaro de las calles, éste último vio que, a medida que le solicitaba información sobre diversos individuos, los escasos escrúpulos de Rauch le brindaron una oportunidad doble. Si se convertía en informador de aquel hombre podía lograr dos cosas: eliminar competencia en el caso de criminales que se interpusiesen en sus planes, además de un porcentaje de la cacería a la que encaminase por buen rumbo a Drum. Pronto su relación comercial se volvió más firme, y a menudo uno y otro acudían a pedir ayuda o favores entre sí, considerando que sus mutuos acuerdos convertían aquel amago de amistad interesada en algo que desembocaba en un lazo relativamente firme. Y así, pronto a sus manos llegó un extraño acuerdo. Si bien no era mediante un cauce de los más normales, no era tan extraño, dadas las circunstancias de más de una búsqueda, en la que los contratantes no deseaban ser reconocidos y buscaban formas ingeniosas de contratar un servicio sin aparecer en el mismo. Así pues, la cacería de un semiorco llamado Bolgahr había comenzado. Lo más llamativo en su descripción era que se trataba de un forastero del este lejano, más allá de Cormyr, cuyos ojos no coincidían con la estructura habitual de alguien como un mestizo de ese calibre. Al parecer, eran más rasgados y estrechos, y su físico se marcaba por una estructura muscular más fina y elongada que la acostumbrada por otros de su ralea. Rastrear al tipo no fue difícil, ya que alguien como él y con unos modales tan extraños como los que representaba (además de un extraño colgante verde en forma de dragón-serpiente a su cuello) destacaba en los ambientes que trataba de frecuentar. Finalmente, al descubrirlo, entablaron un encuentro casual, como desconocidos que frecuentaban el mismo recinto. Pronto se percataron de que aquel extraño era... diferente. Si bien prestaron atención al anuncio de su búsqueda, en el que se le requería como siervo fugado de una dinastía a la que debía honor y respeto, habiendo quebrantado lazos de tradición milenarios, conversando con él, pronto se percataron que, según el sentido del honor y el orgullo presentado por el semiorco llamado Bolgahr, sus modales y pensamiento lo llevaban a tener muy claros sus orígenes y principios, entre los que no contaba al parecer una traición tan clara y sencilla. De hecho, ahondando a lo largo de la tarde y la noche, entre bebida y confesiones, Bolgahr confesó que su condición en sus tierras formaba parte de una casta de esclavos sin derechos a los que sus señores tiranos trataban peor que al ganado, cuyo único crimen fue levantar la mano contra su amo, abofeteando al hijo de éste en el momento en que mató a un compañero de trabajo por un mero capricho, harto de su sometimiento. Desgraciadamente, aquel golpe envió al muchacho a un coma, al golpear su cabeza contra una roca, desequilibrado por no esperar la reacción del esclavo. Desde entonces, Bolgahr viajó huyendo de su pasado y de su tierra, buscando un nuevo hogar más sencillo y tranquilo. Extrañados por la historia, aunque Drum y Rauch mantuvieron un ojo sobre su presa, por la que se pagaba una suma de 100 Monedas de oro (el trabajo de 3 meses de un asalariado especializado, más propinas), pronto empezaron a investigar las incoherencias. Así, tirando del hilo por parte de contactos entre ambos, descubrieron algo bastante perturbador: al parecer, los contratistas de la caza en ocasiones habían incumplido su parte del trato por meros "tecnicismos", dejando en la estacada y sin el pago de gastos a sus contratados, o bien éstos, al contrariar a los contratantes... al poco tiempo simplemente habían desaparecido sin dejar rastro. Como poco, era una situación intrigante, así que, de momento, Rauch y Drum aparcaron aquel trabajo como un asunto "a estudiar", mientras el joven semiorco se convertía en su compañero de taberna al cabo de los días, demostrando ser un conversador interesante y un secreto del que averiguar una realidad en la que, quizá, sería más interesante mantenerlo a su lado como sus "mejores amigos" en AguaProfunda, y así servirse de su fuerza para resolver situaciones complicadas.
Y hete aquí que, una noche, en la Posada de Haylgar el Tranquilo, el grupo se relajaba de sus diferentes obligaciones... de hecho, se relajaba en tensión pensando en que sus ingresos suponían una falta de liquidez bastante evidente... y precisaban hincarle el diente a algún asunto cuanto antes. Así, mientras Rauch regateaba flirteando con la camarera -de la que no obtuvo rebaja, pero sí la promesa de una madrugada interesante tras su turno-, Drum y Bolgahr encargaban una cena contando las monedas disponibles para poder pagarla.
A su alrededor, aquí y allá se reunía el entorno de lo más variopinto, incluyendo una calaña interesante para el Distrito del Puerto, pues incluso las razas más conflictivas tenían cabida en aquel entorno. Sólo el conocimiento de que alguien tan capacitado como el Capitán Hyustus Staget, quien tenía fama de honrado pero firme en sus decisiones, mantenía controlado el entorno más violento... la mayoría de las ocasiones.
Mientras aquello sucedía, todos pegaban el oído a uno y otro lado, tratando de captar cualquier oportunidad para un dinero -más o menos fácil- que les era en aquellos momentos escaso.
Mientras Drum pegaba el oído a un grupo de trasgoides cercano a su mesa, con un goblin y dos hobgoblin, quienes al parecer preparaban un golpe desde las alcantarillas a un negocio que prometía ser un golpe rápido y lucrativo, Bolgahr saboreaba su bebida... y Rauch se fijaba en un elfo solitario entre una multitud de aguerridos combatientes -quienes valoraban la posibilidad de unirse a la Guardia de AguaProfunda para implementar un cuerpo especial de acción mejor preparado y armado, desde luego más que el guardia habitual de la misma-.
Junto a la chimenea, su aspecto elegante -al igual que el del propio Rauch con sus vestiduras nobles para atraer la atención o fingir una posición social- destacaba infaliblemente, junto con unas botas recias que habían soportado sin inmutarse gran cantidad de viajes.
Curioso por ver la elegancia de sus ropajes y la calidad de su arma, el pícaro se acercó a él, presentándose como un hombre de negocios en busca de una oportunidad. Consultando a quienes podría buscar como patrocinadores de una empresa, el elfo mantuvo una actitud distante, apenas hablando, aunque dejó claro que, por su observación, si las vestimentas del recién llegado eran compatibles con su posición social, no le costaría encontrar un lugar en el Distrito Norte o el Distrito Marino... salvo que aquel aspecto fuera una fachada, teniendo en cuenta las compañías que frecuentaba en su mesa. Algo incómodo por la actitud del extraño, Rauch volvió con sus compañeros un tanto incómodo, a pesar de tener presente que aquel tipo era algo extraño, pues mientras lo estudió antes de acercarse, se dió cuenta de que observaba a todo el local, como estudiándolo concienzudamente... quizá a la busca de algo indefinido. Sin embargo, su distanciamiento bien podía simplemente indicar que sólo pretendía saber dónde había entrado y con quién no entrar el conflicto.

Al poco de volver con sus compañeros, tanto Rauch como Drum y Bolgahr se fijaron en la entrada de un hombre mayor de aspecto bastante elegante -quien no concordaba- en absoluto con las pintas de quienes estaban allí. Nada más entrar, el recién llegado echó un rápido vistazo al local, y sin vacilar se dirigió hasta la mesa más cercana a la puerta, donde los trasgoides tramaban entre susurros. Sin inmutarse, el hombre se dirigió a ellos en su idioma, sobresaltándolos.
Mientras conversaba en aquel idioma gutural y chillón a partes iguales, su lenguaje corporal dio a entender a Drum que se traía un negocio entre manos de algún tipo, y buscaba entre los presentes con quién compartirlo. Cuando en la conversación fue rechazado con no muy buenos modales por parte del grupo, se giró en dirección a la mesa, momento en que el monje lo interceptó, presentándose a sí mismo como miembro de la Cofradía de la Moneda Dorada. Sus miembros tenían la habilidad de olfatear un negocio cuando se estaba fraguando, y el recién llegado "apestaba" a negocio por todas partes.
Cruzando su mirada con el monje, el hombre hizo un amago de sonrisa, acercándose a la mesa del grupo, aseverando que, en efecto, estaba buscando contratar a personas que pudiesen realizar un trabajo fácil.
Presentándose como Vincen Trench, el hombre saludó a los aventureros y, antes de sentarse, llamó a la camarera, a quien pagó una generosa suma (6 monedas de oro, como pudo contar Rauch que intercambió discretamente con ella desde un bolsillo secreto de su gabardina) para agasajar la mesa en la que se había sentado... abonando incluso la comida que el grupo había pedido con tanto esfuerzo un rato antes.
Victor necesitaba de gente dispuesta a obtener información sobre ciertas... personas de las que había escuchado se movían por el puerto del Distrito de los Muelles. Dado su elevado volumen de trabajo, no podía ocuparse personalmente de todos los asuntos que le atañían, así que delegaba en misiones menores para gente capaz de resolverlas sin mancharse las manos. Así pues, si el grupo aceptaba, podría pagarles una bonita suma sin despeinarse.
Cuando los aventureros empezaron a interesarse, entre suspicaces e intrigados, el hombre les informó que estaba buscando a alguien con el aspecto racial del elfo junto a la chimenea... pero cuyos cabellos eran blancos como la nieve y la piel negra sin lustre como la brea. Con un respingo, el grupo se miró unos a otros, sospechando de las historias y habladurías que habían oído de los Elfos Oscuros... o Drow. Preguntando por el interés en esos seres, Vincen comentó que posiblemente habían escuchado hablar de ellos como crueles, traidores, esclavistas y taimados, que preferían la compañía de la noche, pues la luz del día les era extremadamente molesta.
Preguntando si Vincen había visto a alguno de ellos en otro barrio de la ciudad, el recién llegado comentó que, de ser así, no sospecharía por sus fuentes de información que pudiesen utilizar un lugar tan variopinto como el puerto para realizar sus actividades sin levantar tanta sospecha, aunque estaba claro que, a priori, nadie en el puerto los había visto en acción. Continuando la conversación, alentado por el prudente interés del trío, Vincen explicó que, simplemente, por 5 días de clavar ojos y afinar oídos a lo largo de los muelles, si no le traían ninguna noticia, pagaría 5 monedas a cada uno por las molestias. Al fin y al cabo, era su tiempo y, como les explicó, un trabajador especializado cobraba 30 monedas de oro al mes. Básicamente recibirían 5 días de trabajo especializado por nada. Era una ganga. Pero, el verdadero trabajo constaba de conseguir información veraz y verificable sobre aquellos seres. Si en el transcurso de ese tiempo recibían ese tipo de información y se la transmitían a Vincen (quien se pasaría durante los próximos seis días todos los atardeceres por esa misma posada para saber de los progresos), éste pagaría una suma de 25 monedas de oro por cabeza.
Y la guinda del pastel representaba algo un poco más complejo... pero que no precisaba ninguna muerte: traer vivo a un Drow a un lugar acordado en el muelle -básicamente, había edificios por todo el Distrito sin habitantes, donde poder reunirse con su presa, y nadie haría preguntas mientras se escondiesen dentro-. Aquel "extra", si deseaban correr el riesgo, aportaría 50 monedas de oro a repartir por la suma general. En ese momento, las alarmas saltaron a Rauch, quien comentó que, ya que buscaba la contratación de profesionales como ellos, la suma por arriesgar sus pellejos suponía un coste superior al que fuesen a acordar, pues les exponía a un posible daño físico por capturar al tipo. Vincen comentó que "en calidad de profesionales", si no traían a nadie, eso no les supondría ningún perjuicio a su salud, cobrando una bonita suma por un trabajo absolutamente sencillo. Pero si lo que hablaban era de negociar, y querían más dinero, en ese caso Vincen arriesgaría pagarles 50 monedas a cada uno, pero en ese caso exigiría recibir a un Drow vivo. Cuando Vincen siguió presionando sobre el precio, Vincen sonrió con cierto deje depredador, comentando que evidentemente aquella actitud de profesionalidad dejaba claro que estaban seguros de poder conseguirlo, así que la oferta para el trabajo se cerraría por no menos que recibir un drow -obviando cualquier información de las andanzas del mismo u otros en el puerto-, y cada ejemplar vivo que le trajesen les reportaría 50 monedas de oro adicionales POR DROW (no por aventurero). Ya que parecían tan seguros de sus capacidades, aquella menudencia les haría dignos de su renombre... dijo mirando especialmente a Drum Fume. Éste, recogiendo el guante, comentó que estaba seguro de que podrían hacer el trabajo, lo que esperaba les abriese el terreno para una colaboración futura más lucrativa e interesante por ambas partes.
Considerando que los términos del acuerdo habían quedado claros por ambas partes, Vincen se marchó saludando cordialmente al grupo, deseándoles buena velada, no sin antes dejar 15 monedas de oro sobre la mesa por las molestias, además de indicar que sus alojamientos habían sido dispuestos en la posada. Debían estar descansados para el día siguiente.
Abandonando la posada, el grupo quedó pensativo sobre la actitud a tomar con el extraño. Así, mientras Rauch llamaba a la posadera y le pedía referencias sobre Vincen Trench -recibiendo una andanada de informes contradictorios, como que los rumores contaban de él desde que trabajaba en secreto para los Señores de AguaProfunda, que formaba parte de una unidad de ayuda para la investigación en el cuerpo de Guardia de AguaProfunda, o incluso que se trataba de un asesino al servicio de la ciudad, del que nadie conocía nada concreto-, Drum se fijaba en que los trasgoides habían estado los últimos minutos pendientes de los aventureros con marcado interés. Y mientras a su alrededor la posada comenzaba a vaciarse poco a poco, el monje se dirigió a los trasgoides con un trozo de carne en la boca, hablando de forma tan incomprensible -aunque con gestos de "sin rencores" o "que tengáis buena noche"-, el grupo al que se dirigía quedó tan confuso que se marchó en cuanto apuró sus jarras segundos después.
Pensativo sobre lo dicho por Vincen y la misión que debían acometer, Rauch se dirigió una vez más al elfo solitario -que parecía ser de los últimos en querer abandonar su puesto frente al fuego de la chimenea- y, tendiéndole una moneda, solicitó comprar parte de la información que estaba seguro guardando en su mente, pues parecía procesar muchos datos. Y lo primero que deseaba saber era su nombre, antes de negociar por otros datos.
Con un gesto ausente, y mirando de soslayo al extraño mestizo elemental, el elfo apartó suavemente la moneda, y sólo dijo "Eliah". Con aquel nombre, Rauch preguntó si Eliah conocía a elfos de la descripción que Vincen le había dado, información por la que podría pagarle. En ese momento, la mirada de Eliah se clavó en los ojos del pícaro como una lanza a fuego. Aquella intensa mirada de gesto hosco quedó acompañada de varias palabras. Si Rauch o sus amigos deseaban no acabar muertos... o mucho peor... despertando un día bajo un techo de piedra, rodeados de drow y esclavizados de por vida hasta el día de sus muertes, lo mejor sería apartarse de los drow... y eso implicaba apartarse del puerto, un lugar que posiblemente atraería a los de su calaña.
Mejor vivir en la ignorancia de una vida de excesos que permitir a esos seres atrapar a nadie. Y si algún momento lo hacían con él y sus amigos, mejor sería que rezasen a Selune por una muerte rápida, pues sería el final más piadoso. Y aquello no era en absoluto una amenaza, sino el consejo más altruista y sincero que el mestizo elemental recibiría en su corta vida. De pronto, éste sintió la mano firme de Bolgahr en su hombro, apartándolo con suavidad del elfo. El semiorco hizo un leve gesto de disculpa al solitario bebedor, mientras se llevaba a la mesa a su compañero, comentando que ya estaba bien de incordiar a aquel tipo que, si deseaba estar solo, no era preciso estropear su diversión con compañía no deseada.
Finalmente, cuando sólo ellos quedaron en la posada, el dueño les indicó sus aposentos.
Mientras se retiraba para continuar las labores finales de la zona de taberna, los compañeros se dirigieron a la habitación de Rauch para planificar qué harían al día siguiente, cómo enfocarían aquel trabajo, y si existía la posibilidad de adquirir algunos componentes para preparar un somnífero, pero dada la experiencia del mestizo elemental como parte de su trabajo más mundano, estaba seguro de que el coste del preparado excedía en aquel momento sus exiguas monedas.
Planificando qué opciones tendrían para trabajar en aquel encargo, a pesar de algunos flecos que llegaban a sus mentes, los compañeros de pronto escucharon que la puerta de acceso a las habitaciones se abrió suavemente, y unos pasos acompañaban al ruido hasta que el gruñido de una madera provocó un rezongar incomprensible en voz gutural.
Drum reconoció aquella voz en la de los trasgoides junto a su mesa hacía un rato, pensando que se habían marchado. Pidiendo silencio, señaló a Bolgahr -el más cercano a la puerta- que mirase por la cerradura para ver qué había allí. Lo que el semiorco percibió fue que, al otro lado, alguien se acercaba con cuidado a la puerta, con intención -supuesta- de atravesarla de alguna forma. Y con discreción.
Entre gestos, el semiorco informó que alguien al otro lado iba a entrar, así que el grupo se apostó para recibirlo, ya fuese preguntando qué es lo que quería... o directamente abriendo fuego disuasorio.
Cuando al otro lado de la puerta alguien abría el picaporte, Bolgahr directamente tiró de la puerta,sorprendiendo al recién llegado -un grantrasgo de los que habían estado sentados junto a su mesa... junto a un trasgo de gesto avieso a su izquierda-, quien, después de sobresaltarse, gruñó para intentar atacar al grupo, a pesar de que le preguntaron cuales eran sus intenciones.
Viendo que los recién llegados pretendían entrar por las malas, Bolgahr -espadón en mano- cruzó armas en un choque metálico con el grantrasgo, aprovechando Drum para hacer una pirueta colgándose de la hoja de la puerta interior, con la que al mismo tiempo que trataba de atravesar con su espada el cuerpo del grandullón, el talón de su pie lo golpeó en el rostro, escuchándose un crujido en su nariz, chorreando ésta de golpe un borbotón de sangre que provocó el parpadeo del tipejo.
Rauch, por su parte, al ver al pequeñajo que parecía buscar apoyo y distracción para su musculoso colega, fijó su objetivo en él y le atravesó la garganta de un flechazo. El trasgo cayó mudo con un gorgoteo líquido al suelo.
En ese momento, el grandullón golpeó repetidas veces sin éxito con su propia espada a Bolgahr, provocando una danza metálica de hojas en el aire... al tiempo que el tercer miembro de la comitiva trasgoide pasó tras él -mientras su aliado presionaba momentáneamente hacia la puerta- envuelto en una sutil aureola que deformaba el aire a su alrededor.
Con un gesto casual, liberó una andanada de proyectiles de energía mágica, cada uno de los cuales causó un doloroso impacto en los tres aventureros arracimados en la habitación.
Alertados por el peligro, fueron conscientes de que, aunque la amenaza inicial de la lucha parecía el matón, el verdadero peligro radicaba en el usuario de magia que se protegía del combate con su compañero.
Saltando desde la cama, el pícaro trató de hacer un complicado blanco en el usuario de magia tras su guardaespaldas, pero la flecha silbó inofensiva hasta estrellarse con su barrera protectora, saliendo despedida. Frustrado, Rauch se ocultó de la trayectoria de la magia enemiga en un punto ciego para la misma de la habitación.
Al mismo tiempo, Bolgahr clamó a la furia ancestral de su sangre, alzando la espada sobre su cabeza. Cuando ésta cayó, a pesar del intento de su enemigo por desviarla, la hoja de la misma arrancó el brazo y parte del hombro del torso del grantrasgo, cortando profundo hacia abajo. Donde el ser trataba de gritar de dolor, su pulmón abierto dejaba escapar un siseo que impedía a la voz emitir más sonido que un quejido rasposo, hasta desplomarse en el suelo con los ojos en blanco.
Empujando con el hombro su cadáver, el semiorco, resoplando espumarajos, se encaró a un preocupado hechicero que había perdido su primera línea de batalla para el combate.
De hecho, aquella situación le fue tan poco propicia como para sentir que, a pesar de que una espada salida de la puerta chocaba con su barrera mágica, la perturbación de la misma cedió al poderoso ataque hasta que la hoja trató de cortar su carne, pero un escudo místico se alzó en el último momento rechazando la hoja. En su lugar, una pierna que giraba sobre sí misma impactaba contra su rostro, desestabilizándolo con el golpe que dejó una rápida inflamación bajo su pómulo.

Preocupado por la situación, de pronto se esfumó en un estallido de humo, seguido de una ráfaga de viento que acompañaba un fino hilo de vapor hacia el pasillo interior de las habitaciones. Bolghar, gruñendo en busca de su presa, persiguió aquella hebra de aire enrarecido hasta llegar a una esquina del pasillo. Pero allí no había nadie.
No obstante, sus agudos instintos casi animales le hicieron fijarse en la pared del fondo del pasillo. Extrañamente, y aunque recordaba vagamente la estructura de la posada por otras visitas, estaba seguro de que allí siempre habían existido dos puertas al fondo... momento en que comprendió que la profundidad del pasillo no era la misma.
Sacudiendo la cabeza, de pronto su mente se aclaró, percibiendo que el muro lejano en realidad era una ilusión translúcida, tras la que se ocultaba el grantrasgo, preparando su siguiente movimiento. En ese momento, con un gruñido animal, el semiorco se arrojó contra el muro ilusorio, golpeando fiero con su espada al adversario.
Desgraciadamente, aquel impacto en ese momento chocó con su barrera de energía, arrinconando al conjurador con una promesa de muerte contra la puerta final del pasillo. En ese mismo instante, al mismo tiempo que Rauch profería amenazas de muerte contra el enemigo, sin ningún tipo de respuesta, él y Drum salían de la habitación, buscando libertad de acción, momento en que, al escuchar el choque en el pasillo, el monje corrió hacia la esquina. Al ver a su adversario arrinconado por el semiorco, lanzó un dardo contra él, sin mayor impacto que rebotar inofensivo contra su barrera mágica invisible, cayendo al suelo inutilizado. Viendo la situación, prefirió mantenerse al margen de cualquier ataque místico buscando cobertura en la esquina del pasillo, pensando que el hechicero estaría contenido por Bolghar. Nada más lejos de la realidad. Cuando el bárbaro pensaba que tenía entre las cuerdas a su enemigo, éste volvió a desaparecer en una explosión de bruma, apareciendo en la esquina del pasillo junto a Drum. Buscando un lugar de escape, el ser abrió la puerta del retrete... pero al ver que no había más que un estrecho ventanuco para airearlo, se planteó volver y plantar cara, arrojando una nueva andanada de proyectiles de energía, los cuales en esta ocasión derribaron con un fuerte impacto en el pecho a Rauch, dejándolo moribundo en el suelo, mientras que Drum y Bolghar, aunque aturdidos y tambaleantes por la magia, todavía parecían capaces de aguantar un asalto más.
En efecto, mientras el bárbaro se giraba en busca de su adversario, Drum aprovechó un feroz ataque combinado de puño y espada, acuchillando profundamente en el abdomen al brujo, a la vez que lo abofeteaba con el dorso de la mano, buscando debilitarlo lo bastante como para noquearlo.
Pero el monje subestimó la fiereza del grantrasgo, quien antes de que el semiorco se arrojase sobre él, liberó un estallido de energía ígnea contra el pecho de Drum, lanzándolo por los aires hasta el suelo, donde quedó inerte, gimiendo y sujetando su pecho humeante. Y en ese momento, como un mamut furioso al ver a sus camaradas caídos, Bolgahr cargó espada en alto sobre el hechicero. Cuando la hoja cayó inmisericorde, la protección que lo guarecía estalló como una cáscara de cristal incapaz de soportar la fuerza del arma, la cual abrió en dos el cráneo del enemigo, el cual tembló con un único espasmo de muerte, cayendo al instante al suelo, inerte.
Respirando pesadamente, mientras pedía ayuda a gritos, el semiorco trataba de estudiar el estado de sus amigos, incapaz de entender si sería capaz de salvarlos. Por suerte, unos pasos apresurados ya se escuchaban acercarse desde hacía unos segundos.
El dueño de la posada y su camarera abrieron el pasillo. Sobresaltados por lo que hallaron, de pronto la chica se lanzó a ayudar a Rauch, y después a Haylgar. Al parecer, mientras su patrón era un gran artista culinario y cervecero, la muchacha había optado por aprender de forma práctica el curtido arte del remiendo de matones y aventureros que pasaban por su posada y decidían decorar las paredes ocasionalmente con su sangre. Por suerte, el aprecio momentáneo desarrollado por Rauch provocó que la chica ayudara a estabilizar a ambos aventureros, pidiendo después ayuda al posadero y al semiorco para trasladarlos a sus habitaciones, donde terminaría su remiendo.
Mientras tanto, Haylgar preguntaba con cierto tono calmado si debía denunciar a los aventureros por algún tipo de ajuste de cuentas. No esperaba tener que hacerlo al Capitán Hyustus si la explicación le sonaba razonable, así que estaba abierto a no tener que meter a la Guardia en sus asuntos.
Además de la verificación de Bolgahr, quien comentó no sólo lo ocurrido, sino dónde se encontraban los atacantes antes de la trifulca, indicó que podían observar la posición de los agresores delante de la puerta, el lugar donde murieron al recibir golpes desde el interior, que confirmaba que quienes habían comenzado el asalto eran, efectivamente, ellos.
Después de escuchar la historia, Haylgar decidió conceder un voto de confianza, yendo y viniendo con telas y agua para ayudar a su ayudante. En ese transcurso, el semiorco aprovechó para saquear las pertenencias que los asaltantes ya no necesitarían, y después ayudó al tabernero a sacar los cadáveres al exterior, donde contestaría las preguntas de la Guardia cuando los encontrasen... si es que estaban allí por la mañana. Cuando los afectados espabilaron, la chica saludó afectuosamente a Rauch, comentando lo sucedido e indicando que, por desgracia, aquella noche el muchacho necesitaría descansar... ya terminarían su "asunto" en otro momento. Dolido y preocupado, Rauch preguntó a Drum, cuya voz lastimera vino desde la habitación de al lado. Al escuchar a ambos luchadores despiertos, Haylgar corroboró la versión de su amigo, dejando descansar a ambos... ya que sus estancias estaban pagadas, y por suerte no se había roto nada... salvo unas manchas de sangre que podrían limpiarse más o menos. Al retirarse, el semiorco explicó lo sucedido, además de mostrar un suculento botín que al menos compensó la dolorosa experiencia en la posada (entre armas, pasta y un modesto libro de conjuros que, de seguro, se vendería bien en el Mercado Nocturno). Pensando que el grupo necesitaba mejores pertrechos, Rauch comentó que, después de un descanso, antes que despuntase el alba, haría una incursión al Mercado Nocturno de Los Muelles con la pasta conseguida, preguntando si sus compañeros necesitaban algo. Planificando sus compras, cuando fue el momento de negociar, Rauch madrugó y, en un tiempo prudente, volvió no sólo con pertrechos razonablemente decentes para el equipo, sino con la satisfacción de haber regateado de forma admirable y componentes para fabricar una poción curativa, guardando otro paquete de componentes para crear otra cuando el tiempo lo dispusiese. Así, mientras sus compañeros se levantaban tras un sueño reparador, Rauch seguía dormido tras una larga noche de trabajo, no esperando que lo despertasen probablemente hasta alcanzar el mediodía.
Un nuevo día que prometía ser largo... e interesante.

CONTINUARÁ

No hay comentarios:

Publicar un comentario