En el pasado, la actitud honorable de Valam Galadrel le ganó el odio de un enemigo misterioso. Un frío plan para acabar con alguien que podría interponerse en los planes que éste tenía en la región por la que el elfo se movía. Y para ello envió a una asesina despiadada. Tenía que acabar con él sin dejar huella... e Idris IthilNael parecía la chica apropiada. Sin embargo, cuando la mujer se acercó a su presa, descubrió que su objetivo era aquel a quien había dejado atrás en su infancia, un joven preocupado por su comunidad y algo intrépido... al fin y al cabo, un amigo leal.
Al acercarse a él, no fue como alguien a quien robaría la vida, sino como quien recuperaba un recuerdo perdido en el pasado, reencontrándose y retomando con calma aquel contacto, pensando en el futuro cómo hacer entender al elfo que se había metido en el camino de un hombre peligroso, cuyo secuaz, alguien llamado Numa "Costura" (con una larga cicatriz que corría desde su pómulo izquierdo sobre la nariz hasta casi la yugular derecha) se había encargado de estudiar y contratar a Idris. El adelanto del trabajo estaba pagado. Pero el trabajo aún no había sido hecho. Entre Kurgan Nagruk y Chen Kao siempre hubo una camaradería como soldados que les otorgaba un mutuo respeto. Frente a la disciplinada práctica marcial de Chen en el campo de batalla, Kurgan se abría camino como una ola entre las rocas, desafiando sin temor a los enemigos. En el yunque de Chen, el martillo de Kurgan aplastaba a los enemigos comunes. Pero un día se encontraron peleando contra un enemigo al que desconocían por sus sucias tácticas de venganza. Se habían interpuesto en las operaciones ilegales de contrabando de cierto individuo que no toleraba el fracaso, y su venganza no pasaría por un simple aviso ejecutando a un oficial por su intromisión: toda una fuerza militar fue el objetivo de su ira... el pelotón de Chen y Kurgan. Y no sólo eso. Aunque Chen salió mejor parado porque no poseía una familia conocida a la que hacer pagar por la osadía del soldado, Kurgan sí que fue arrasado por la pena y la rabia al descubrir que su esposa fue asediada por el mismo hombre que deseaba al ejército al margen de sus operaciones. Chen no volvió a oír hablar en mucho tiempo del emocionalmente arruinado enano. Mientras tanto, cuando Idris meditaba su curso de acción con respecto a Valam, su destino se cruzaba en los bares con el licenciado Chen, quien vendía su espada al mejor postor: no sabía hacer otra cosa.
Coincidió que su sentido ético disperso y su gusto por la violencia los convirtió en compañeros ocasionales de bebida, hasta llegar un momento en que incluso se cubrían las espaldas en las trifulcas de taberna. Huyendo de su patrón, Idris decidió buscar fortuna en AguaProfunda, donde Chen no tenía nada mejor que hacer que continuar su periplo como espada de alquiler y, aunque no quisiese admitirlo, había desarrollado cierta tolerancia social por la elfa con gustos similares a los suyos. ¿Por qué no? Viajaría con ella para encontrar un patrón que pusiese precio a su espada. Sorprendentemente, en sus viajes de ebriedad y olvido, Kurgan coincidió siendo sacado de una posada por un extraño joven elfo más preocupado porque el enano no causase más problemas que por el mero hecho de que éste estuviese a salvo de los parroquianos. En su delirio, Kurgan habló en sueños de sus demonios interiores. Por curiosidad, el patrón de acción y las marcas de los individuos que actuaron contra el enano, su unidad y su mujer coincidían con el sello que Idris había enseñado a Valam cuando le confesó que alguien buscaba su cabeza por algo en lo que se había metido, y no pararía hasta encontrarlo. Kurgan se encontró esa mañana despierto bajo una fría corriente de agua junto a un elfo risueño que lo observaba. Antes de dejarse llevar por la cólera, Valam le lanzó un papiro con un garabato. Coincidía con el sello de los hombres que causaron la ruina a Kurgan.
Preguntando qué significaba para el elfo aquel dibujo, éste explicó que la vida o la muerte... y dependía de una vieja amiga de la infancia. Kurgan necesitaba encontrar a aquella chica, porque era la respuesta a sus plegarias a Moradin. Preguntando por la muchacha, la capacidad de Valam para rastrear a sus presas le permitió encontrar tras semanas de búsqueda la pista de Idris, acompañada de un humano de aspecto rudo, que se dirigían hacia el sudoeste... al parecer camino de AguaProfunda, una gigantesca urbe en la que podrían perderse. Valam sabía que quizá Idris estaba escapando de su trabajo y su compromiso para asesinarlo, o bien estaba meditando un nuevo plan, y para eso necesitaba distancia entre ella y su contratador. Quizá una ciudad con tanta gente le permitiría ocultarse. Pero no de Valam y Kurgan. Con una fama como la de los aventureros, éstos orbitaron poco a poco en aquella ciudad hacia los Distritos del Castillo y del Muelle, pues en aquel lugar la calaña era más bienvenida y alguien que quisiese pasar desapercibido podía encontrar un agujero entre los callejones donde esconder sus magras pertenencias y tratar de sobrevivir. Así, una noche, Valam e Idris volvieron a encontrarse, y se prometieron una charla más profunda sobre lo que había pasado antes de separarse por segunda vez, con aquella amenaza pendiente del cuello del joven elfo.
Aquella noche de otoño, en el Distrito del Puerto, la Posada M&M (Maurice y Mina) abría una vez más para calaña de todo tipo. Diversas razas se mezclaban sin armar demasiado jaleo (entre trasgos, humanos, orcos, enanos... y un extraño elfo con la piel oscura como la brea), pues según contaban los parroquianos, Maurice había sido especialmente generoso y amable con un mago en la antigüedad, y éste había accedido a utilizar un embrujo permanente en la puerta del local que amortiguaría la violencia y la agresividad manifiesta de quienes entrasen buscando camorra.
Así pues, M&M tenía cierta fama de segura. No sólo porque en su interior había casi siempre dos peligrosos guardaespaldas ojo avizor a lo que ocurriese, sino porque, además de que el Distrito del Puerto era territorio de caza del Capitán Hyustus Staget (de todos conocido un hombre recto y honorable, con cierto espíritu de camaradería, a quien una buena justificación tras un arresto y una sanción podía provocar que todo quedase en una amonestación y algo de dinero perdido... pero sólo si, después de investigar un poco, corroboraba la versión de los hechos del inocente. Pues en caso contrario... que Tyr se apiadase del necio mentiroso), aquella noche un Guardia de AguaProfunda había decidido tomarse un descanso y una cerveza tranquila en la puerta del local.
Y allí era donde Valam e Idris habían decidido encontrarse, máxime porque la última sabía que el lugar era relativamente seguro para charlar. Así, presentándose ambos con sus respectivos compañeros, Kurgan y Chen volvieron a verse las caras después de mucho, mucho tiempo, sonriendo el enano por primera vez desde que supo que su causa y la de Valam tenían cierto sendero tangente... fuera lo que fuese lo que eso significaba, según Kurgan. Mientras compartían confidencias y recuerdos pasados, Idris confesaba a Valam que no sabía cómo resolver el asunto concerniente a su amigo de la infancia, porque su reputación exigía que acabase con su vida... algo que se negaba a hacer, preguntándose qué diablos había hecho el muchacho para enojar a Numa y su señor. Valam no podía más que sentirse impotente ante aquellos hechos, pues no tenía ni idea de qué iba el asunto, pero junto a Kurgan estaba dispuesto a averiguarlo, pues el enano también tenía cuentas pendientes con el señor de ese tal Numa... alguien que se preocupó de diezmar a su unidad (como el compañero de bebidas de Idris bien debía saber, según señaló Kurgan a Chen con gesto desdeñoso) y mucho más.
Así, mientras charlaban, unos enanos de las colinas confraternizaron momentáneamente con Kurgan de las montañas, indicando que les alegraba ver una cara nueva que, por su aspecto, parecía demasiado ociosa como para que su naturaleza enana lo soportase. Dándole la bienvenida a AguaProfunda, los enanos comentaron que, si se manejaba bien entre aceros, en el Distrito del Comercio o en la Espléndida Orden de Armeros-Cerrajeros y Orfebres podría buscar trabajo como herrero, o quizá emplomador entre el Gremio de Fontaderos y Cimentadores. No era bueno que el ocio en las manos de un señor enano entorpeciese las manos con el vicio del mal beber. De hecho, una de las últimas noticias que los enanos habían tenido es que, gracias a la promoción reciente de una compañía herrera: El Martillo de Gorkak,
el renombre de los enanos como herreros y armeros proveedores de pertrechos para la guardia de la ciudad había mejorado, lo bastante como para que estos hermanos sufriesen un intento de robo o un extraño asalto fortuito cerca del Portal Bostezante. Por suerte, unos aventureros que se hospedaban allí les ayudaron con el problema rápidamente.
Aunque en un principio Kurgan sospechó de tan cordial acercamiento, al ver que la oferta era sincera, agradeció la misma invitando a los enanos a unas bebidas de su cuenta. Al mismo tiempo, Valam y Chan encargaban una buena ración de comida y bebida para aderezar la reunión, llamando a Mina para que Maurice les preparase una generosa ración de estofado, pescado a la plancha, vino y cerveza de barrilete. Durante la conversación, por un momento Valam se percató de que un enorme cofre tras la barra parecía haberse movido por sí solo, pero Idris lo convención de que la bebida parecía hacer mella en el delicado organismo del elfo.
Así, durante la charla de tiras y aflojas, el grupo observaba a los parroquianos a su alrededor, donde de pronto se percataron que un grupo de rufianes cercanos a la barra conversaban demasiado cerca unos de otros, y lanzaban mirabas de soslayo hacia una alejada esquina de la taberna, donde una semiorca llevaba un buen rato al margen del ruido del lugar (incluyendo una pequeña dotación de alegres músicos) reunida con un hombre que parecía tratar de venderle algo. Al mismo tiempo que la semiorca miraba la "mercancía", lanzaba nerviosas miradas hacia la entrada de la posada.
Cada vez que se abría la puerta para que un cliente entrase, se sobresaltaba con cierta esperanza, pero pronto se deshinchaba al percatarse de que nadie a quien esperaba parecía llegar. Aunque Valam se sentía incómodo por la presencia de un orco en la barra que bebía alegremente junto a un par de grantrasgos y el extraño elfo de piel de ébano y cabellos blancos, la muchacha semiorca bien podía haber sido engendrada de forma accidental, y su naturaleza no adecuarse del todo a la de aquella odiada raza. El comportamiento de los rufianes llegó a un cenit en el que éstos se levantaron uno a uno despacio, con amago de marchar hacia la puerta. Pero en un instante, su camino se torció, dividiéndose entre los huecos de las mesas en dirección a la semiorca. Ésta finalmente fue consciente de que estaba siendo emboscada, y por el gesto de su rostro, el hombre que trataba de venderle algo se giró. Al ver lo que se ceñía sobre ellos, escurrió el bulto con rapidez. Los rufianes ni siquiera le prestaron atención.
Con el acercamiento de los rufianes, la esquina de la taberna se sumía en un silencio, en el que los parroquianos se apartaban del camino de la amenaza. De un codazo, Kurgan señaló la puerta a Valam, indicando que allí sobraban, aunque al levantarse no se olvidó de coger su jarra de cerveza y rematarla. Valam, señalando con la cabeza a Chen e Idris, hizo un gesto con el pulgar hacia la puerta y el índice hacia la futura pelea. Lo mejor era salir de allí. No merecía la pena meterse en líos. Aunque Idris se levantó junto a Valam y Kurgan, Chen no perdió el tiempo y siguió comiendo, como si no fuese con él el asunto. A mitad de camino, los compañeros comenzaron a escuchar de fondo la conversación. Al parecer, los rufianes acusaban a Yagra de haber huido de su último encuentro, pero que en aquella ocasión no sería como en el Portal Bostezante, donde tuvo la suerte de que la ayudaran unos extraños. En aquel momento estaba sola, y pagaría por sus estupideces pasadas. Yagra arrinconada, apretó la maza que tenía en su costado, alzándola para confrontar a sus enemigos. Valam, con un suspiro, no fue capaz de luchar contra su naturaleza altruista, y a mitad de camino -regañado por Idris entre susurros y chisteos- se dió la vuelta para acercarse al núcleo de la futura disputa. Kurgan, por su parte, a pesar de que la bruma de la cerveza ya empezaba a afectarle, no quería dejar atrás a su compañero de venganza, pero decidió que la prudencia en ese momento sería lo mejor, dando un toque a uno de los guardias de la posada y señalando el sitio del problema. El guardia, al ver la situación, dio un suave chiflido a su compañero, y ambos se acercaron al grupo en disputa. Cuando trataron de refrenar a los rufianes, dos de éstos se giraron hacia ellos. Indicándoles que aquella situación estaba bajo control, y no habría daños perjudiciales para nadie, deseaban una buena noche a los guardias, con un apretón de manos y el intercambio de una valiosa joya de rufián a guardia. Kurgan, asombrado, refunfuñó sobre el honor y el dinero, y apartando a uno de los guardias se dirigió hacia el grupo, preparado para actuar cuando Valam se lo dijese. Pisoteando el sueño con saña, Idris resopló al ver la actitud de "niño bueno" de Valam. Pero al fin y al cabo, no sabía si por amistad o porque era su deber ejecutarlo ella, se volvió enfurecida, agachándose tras una mesa que los clientes abandonaban, y escurriéndose debajo para ver cómo se desarrollaba la situación. De pronto, observando el tempo que disparaba la violencia del grupo, Valam sacó sus espadas y, saltando sobre una mesa, atravesó con ambas los costados de uno de los rufianes que amenazaba a la mujer. El enemigo, sobrepuesto al ataque a duras penas, escupió sangre y se liberó de las cuchilladas, viendo a su agresor con una mirada promesa de muerte. A la vez Idris reptaba bajo la mesa y se colocaba detrás de otro, cruzando detrás de Kurgan, quien acompañando a los guardias sobornados se había acercado lo suficiente a los rufianes como para amenazarles que lo apropiado sería dejar en paz a un cliente y no molestar al resto de la taberna con sus tonterías. Cuando el rufián respondía que aquel no era asunto suyo, y lo mejor sería ir a beber a otro lugar más tranquilo, en vez de meterse en asuntos que no los concernían, Idris, orgullosa, respondió clavando hasta las entrañas su espada en el matón, que gruñó con sorpresa, al mismo tiempo que el puñal de la chica en la otra mano abría aún más la herida. Antes de que el tipejo (un malencarado grantrasgo) pudiese reaccionar, un virote de ballesta viajaba a toda velocidad desde la mesa donde Chen aún comía, quien arrojó a un lado el arma para sacar su arco al mismo tiempo que el rufián se ahogaba en su propia sangre, con la traquea atravesada por el proyectil. Furioso por la muerte de su líder otro de los matones se acercó a Idris pisando a su compañero por el camino. Su cimitarra abrió un profundo tajo en el brazo de la chica, que renegó de su descuido. Al mismo tiempo, el matón tambaleante frente al elfo lanzó un tajo que alcanzó los muslos sobre las rodillas del explorador, cuyas heridas mancharon de sangre las perneras del pantalón. Por su parte, otro de los matones que observaba la situación, de pronto se encontró con la mirada furibunda de un enano con cara de pocos amigos dirigida a la altura de su pecho. Tratando de espantar al mismo de un espadazo, por desgracia el arma quedó trabada en el astil del hacha gigantesca del enano, a quien los ojos empezaron a inyectarse de sangre. El rufián que quedaba vivo se encaró con la semiorca, gritando "¡Estás muerta, Yagra!¡Una zorra como tú ensuciará las calles con sus entrañas!", e intentando cortarle la garganta de un tajo. Por desgracia, la velocidad de la mujer, junto a una maza que cogía de su cintura, provocó que la hoja de la cimitarra fuese desviada de un fuerte golpe con la maza, con un vibrante tintineo. Kurgan ya sólo veía bultos enrojecidos. Todos eran de pronto los asesinos de su unidad. Todos eran los mancilladores de su mujer. Todos eran... carne de carroñeros. Con un grito de cólera, el enano incrustó profundamente su hacha en el costado de su enemigo, quien resopló del dolor y el esfuerzo de mantenerse en pie, observando ahora con cierto miedo la mirada enloquecida de aquel enano de barba empapada en cerveza y comida, cuyos dientes se apretaban en un rictus de pura ira. El rufián que no controlaba la situación por hallarse trabado con Yagra esquivó un mazazo con facilidad, pero la semiorca parecía tener unas aptitudes combativas más allá de lo esperado, estrellando el arma en las costillas, provocando un sonoro chasquido en el hueso que encogió los ojos del adversario por el dolor. En aquel instante, Valam lanzó un tajo doble desde su posición, cortando la garganta del objetivo ante él, que se desplomó inerte rodando por encima de la mesa en la que se apoyaba el elfo, mientras que con la otra espada dejaba un fino surco de sangre desde el hombro a media espalda del rufián que se enfrentaba a Yagra. Idris, mirando su herida en el hombro, lanzó una profunda puñalada hasta el matón que la amenazaba sobre el cadáver de su líder, quien en un descuido por observar tan cerca al furioso enano junto a la elfa, perdió de vista la perspectiva lo bastante como para sentir la espada hundirse en su costado, así como el puñal clavarse sobre el hombro dolorosamente. Justo en ese instante, un silbido sonó junto a su oído, producto de la flecha que Chen disparaba desde la distancia tras arrojar su ballesta sobre la mesa y coger su arco. Al ser consciente del golpe seco del proyectil, observó como el mismo se incrustaba en la garganta del rufián frente a la elfa, quien sólo gorgoteó una amenaza ininteligible, escurriéndose aferrado a las piernas de la mujer hasta el suelo. Una vez más, el rufián que encaraba a Kurgan intentaba cortarlo en pedazos, pero la instintiva habilidad del bárbaro desviaba sin esfuerzo el ataque del hombre con un molinete de su hacha. Por su parte, el otro matón, dividiendo su atención entre Yagra y Valam, se giró proyectando un tajo siseante hacia el elfo, el cual éste bloqueó con un fuerte tañido metálico. Al girarse, el rufián se percató de un hecho atroz cuando, con el giro de su hacha apartando el arma del enemigo ante él, el enano lo abrió en canal con un rugido bestial de un hachazo, avanzando sin miramientos tras arrancar del esternón el hacha incrustada con un empujón de su pierna en dirección al superviviente. Sobresaltado por el terror, el tipejo sólo pudo apartarse de un primer mazazo que silbó cerca de su cabeza por mano de la semiorca, con tan mala fortuna que tropezó con una silla, exponiendo su guardia, momento en que la atacante le aplastó la cara hasta el cráneo de un sonoro porrazo. Cuando los adversarios cayeron, y Chan recogía la munición clavada en sus cuerpos, Idris saqueaba sus pertenencias y apartaba las armas y munición sobre una capa extendida para llevárselas como útiles trofeos de guerra. Por su parte, con un resoplido que mostraba confusión y desprecio, Yagra miraba lo sucedido, acercándose a uno de los cadáveres, a quien descubrió el antebrazo, encontrando en él un tatuaje en forma de dos círculos concéntricos rodeando un grueso punto central, todo ello rematado con diez radios excéntricos como los rayos de un extraño sol.
Al alzarse escupiendo a los cadáveres, el grupo comentó que lo menos era mostrar agradecimiento por salvar el culo a la semiorca. A lo lejos, cerca de unos inmóviles miembros de seguridad de la taberna -la cual había quedado despejada en la trifulca-, Maurice llamaba a los aventureros para agradecerles su intervención -y que ningún mobiliario hubiese quedado dañado permanentemente-. Los aventureros empezaron a arrastrar los cadáveres fuera de la taberna para deshacerse de ellos, indicando a la semiorca que lo mejor sería esperarlos para hablar de qué había pasado allí, cuando el tabernero les explicó que tenía un método más sencillo para hacer aquello, llamado "LimpiaPruebas".
Así, los aventureros recién reunidos descubrieron que "LimpiaPruebas" se trataba ni más ni menos que de un mimeto con forma de cofre junto a la barra, al que el tabernero ofreció los cuerpos. La criatura los devoró con deleite, agradecido en un sonido de gorjeos y sílabas inconexas por tal festín, mientras su tapa infestada de dientes hacía un extraño gesto de sonrisa, empapada en sangre con trozos de carne chorreando entre las fauces. Cuando el grupo comentó la facilidad con la que los protectores podían ser sobornados, el tabernero -cuya chica del servicio había huido también- comentó que esa misma semana quedarían despedidos, para lo que, habiendo visto el desarrollo del combate, solicitó a los aventureros contratarlos como servicio de seguridad. Ante unas condiciones económicas que no convencieron a algunos, el tabernero se lamentó -aun así agradeciendo la intervención- porque su "sistema de seguridad" en la entrada no pareciese haber mantenido a raya a aquellos tipejos. Quizá había fallado porque no era auténtico... o los bandidos estaban protegidos por algún tipo de magia poderosa.
Durante la conversación, en el exterior de pronto se escuchó el sonido de varios estallidos de cristal, y en un momento Valam e Idris vieron como unas lenguas de llamas se colaban por entre los tablones de dos esquinas de la posada, además de iluminar por debajo de la puerta de uno de los cuartos. Alarmado por el fuego, Maurice gritó a todo el mundo que debían salir de allí, lamentándose al mismo tiempo de que su negocio se iba a ir al garete por culpa de una estúpida pelea de taberna. Así, cuando el grupo salió, encontró al Guardia de AguaProfunda que bebía en la puerta sospechosamente quieto y tranquilo, apoyado en una esquina de la entrada, sobre cuyo tabardo parecía escurrirse algo líquido y oscuro desde la boca... pero no parecía cerveza. Al mismo tiempo, Valam y Chen se percataron que, junto a una esquina en llamas del edificio, al lado de un callejón, un hombre encapuchado de ropajes oscuros observaba el avance del fuego con fascinación.
Al percatarse de ser descubierto, trató de huir... con una flecha incrustada en su costado del arco de Chen. En el momento en que el hombre se perdió en las sombras de la noche, el grupo corrió tras él, con Yagra a la zaga. Mientras Kurgan lo localizaba en la lejanía, Valam cruzaba de lado a lado el callejón, disparando un flechazo inútil contra el fugitivo, quien se veía a lo lejos renqueando para girar un nuevo callejón...
acompañado de cerca por otro hombre de aspecto similar que embocaba hacia el callejón por el que intentaba huir el bribón. Girando por la esquina con cuidado, antes de que el fugitivo se percatase de su presencia, Idris trató de acercarse a las sombras producidas por los edificios cerca de las llamas, con la intención de abalanzarse en un descuido sobre el fugitivo, tratando de atraparlo. Chen, a toda prisa, se encaró en la distancia con el bandido, disparando una nueva flecha que silbó a su lado inofensiva, momento en que el fugitivo, mirando a su compañero que se escabullía tras él por una esquina, hizo un gesto con la cabeza en dirección a dos pares de pasos que corrían para alejarse. Acto seguido, se lanzó en carrera por el callejón hacia los aventureros, arrojando una botella que sacó de entre sus ropas hacia la esquina por la que se había ocultado Valam para buscar un tiro con cobertura. El frasco estalló en una bola de fuego que envolvió al elfo, causándole graves quemaduras. Por suerte, parecía vivo cuando Kurgan avanzaba con decisión hacia el rufián. Mientras lo hacía, desde las sombras apareció Idris armada con una de las cimitarras de los bandidos de la posada y su fiel espada corta. Si bien la espada fue desviada por el certero giro de muñeca del pirómano, que detuvo el arma con una maza, la cuchilla de la cimitarra cortó profundo el vientre, haciendo temblar las piernas del bandido con un quejido ahogado. Justo en ese instante, Kurgan, ya sacudida la ira del interior de la posada, giró su hacha sobre sí mismo, incrustándola en las costillas del enemigo, que reculó con el golpe escupiendo sangre. Ese momento fue aprovechado desde lejos por Chen quien, viendo que Kurgan no entorpecía su ángulo de tiro, lanzó una nueva flecha que, en esta ocasión, atravesó una pierna del bandido, haciéndole caer de bruces en el suelo, hiperventilando en sus estertores de muerte. Debilitado por el fuego, Valam trató de disparar al cuerpo que caía, rompiendo su flecha en el lugar donde el cuerpo aterrizó una brizna de tiempo después. Frustrado, sintió que las piernas le fallaban, cuando le sorprendió ver que el moribundo golpeaba con fuerza su pecho con el mango de la maza. Un estallido de cristales dio paso a una deflagración de fuego químico que envolvió el cuerpo del hombre, quien murió entre chillidos de agonía, dejando perplejos a los aventureros. Abogando por una rápida fuga, Chen cogió del brazo a Yagra, a quien indicó que tenía que explicar algunas cosas. Ésta, por un momento, se zafó del guerrero para ir hacia el cuerpo ardiente -cuyas llamas semejaban a las de las esquinas del edificio, producto de la alquimia-. Pisoteándolo, trató de apagar el fuego lo bastante como para levantar la manga de su mano. Y allí, entre ampollas, descubrió un tatuaje con la forma de una serpiente negra alada. Viendo aquello Chen e Idris, que estaban a su lado -la ladrona tratando de saquear al muerto-, el hombre volvió a tirar de la semiorca, cuyo rostro se había quedado lívido por la sorpresa. Aquella apostura la hizo ser arrastrada con facilidad. Por su parte, Idris se retrasó lo bastante como para escuchar a lo lejos una marcha marcial numerosa acercarse -la guardia-, con cierta figura reconocible a la cabeza, de la que mejor era salir por piernas: el Capitán Hyustus Staget.
Callejeando por los caminos del Distrito del Puerto, los compañeros arrastraban sin una pregunta a Yagra, hasta que se detuvieron en un callejón sin concurrencia, poblado en su mayoría por casas abandonadas. Allí, viendo en la distancia como los curiosos se dirigían hacia donde crecía una iluminada nube de humo, el grupo se encaró con Yagra, indicando que tendrían una conversación en el momento en que Idris hallase un sitio tranquilo donde esconderse. Precisamente, en aquel mismo callejón, un edificio algo más grande con todas sus puertas y ventanas entablonadas, daba la impresión de ser un almacén. Prestando una palanqueta a Kurgan, éste despejó con facilidad una ventana por la que todos entraron, para después camuflarla con excelente habilidad por dentro, por parte de la elfa. Una vez hecho, recogiendo restos de maderas y cajas vacías para una hoguera, y adecentando varias telas y mantas abandonadas para echarlas en el suelo (comentando la elfa al humano que, en peores sitios se habían visto para descansar... ya que allí al menos había techo y fuego), el grupo puso las cartas sobre la mesa con la semiorca.
Al preguntar sobre el tatuaje concéntrico, la mujer, que se presentó como Yagra, explicó que pertenecía a una cofradía criminal violenta llamada Los Xanathar o La Cofradía Xanathar. Unos matones con los que había tenido una trifulca en el pasado y que salieron mal parados en la posada de El Portal Bostezante. Idris y Chen comenzaron a presionar a la semiorca con que, debido a que le habían salvado el culo y, además se habían visto implicados -lo cual los ponía en el punto de mira de los tipos que habían huido- lo mejor sería que la mujer hablase también de éstos y su tatuaje serpiente. En ese momento, Yagra guardó silencio. Presionando aún más, la mujer hizo un trato inicial en el que, si el grupo le enseñaba sus brazos desnudos, ella hablaría del tema. Al percatarse de que no tenían ninguna marca sospechosa, Yagra comentó si estaban al corriente de las noticias del día anterior en los diferentes periódicos. Ante la negativa de los aventureros, Yagra explicó que la noche del día anterior un noble llamado Lord Philleas Atriu de AguaProfunda había sido asesinado en el puerto. ¿Por qué? Pues porque ella lo había puesto en contacto con un grupo de aventureros para que lo escoltase a un turbio encuentro de negocios en el puerto, en vez de usar a la guardia familiar, para no llamar la atención. Cuando Yagra se percató de que el grupo tardaba en volver, pensó que algo había ido mal.
Así, recogió sus cosas y se marchó de su lugar habitual de reunión: El Portal Bostezante, donde había quedado con el noble y los aventureros para pagar el resto del contrato de protección. Al día siguiente, Yagra se enteró del asesinato en el que habían puesto un anuncio de busca y captura de ella, pues se había abierto una investigación que la señalaba como sospechosa de cómplice del asesinato, y la ley la perseguía. En la posada de Maurice, Yagra esperaba contactar con un grupo de aliados que la escoltasen -por un precio- hasta las afueras de la ciudad, para alejarse de la misma y la caza de su cuello por un tiempo. Al preguntar qué tenía que ver la marca de la serpiente alada negra con todo aquello, Yagra explicó que se trataba de la Red Negra, una sociedad criminal que cubría muy bien todos sus actos para no dejar pista de sus actividades. Y ella lo sabía por algo muy concreto: recogiéndose la melena del cuello, mostró el mismo tatuaje del moribundo en llamas justo en el nacimiento del pelo en el cuello.
Sorprendidos, los aventureros preguntaron cual era su relación en todo aquello. Yagra explicó que, para la Red Negra, un trabajo no acabado o una exposición pública era un cabo suelto, y al saber de su error, Yagra esperaba que acabasen con ella. Así que contacto con algunos aliados de confianza -supuesta- que le quedaban entre los Zhentarim para, por un precio, sacarla por un túnel secreto de la ciudad. Sin embargo, al parecer la habían traicionado. Así, no le quedaba nadie a quien acudir para huir de AguaProfunda. A menos que... ...en ese momento, la semiorca se arriesgó a pedir los servicios del grupo que había sobrellevado de forma tan eficaz la lucha en la posada, para que la escoltasen hasta las afueras de la ciudad. Sólo llevaba 100 monedas de oro encima -que formaban parte del adelanto a sus aliados para sacarla de allí-, y podría pagar eso como adelanto al grupo, más otras 200 al estar a salvo a las afueras. Por supuesto, no podrían usar ningún túnel de huida de los Zhentarim pues estarían vigilados para capturarla. Así que esperaba que aventureros resueltos como ellos pudieran urdir un plan que les hiciese ganar un buen puñado de monedas. ¿Qué podían perder?
Cruzando miradas, el grupo decidió que, dado su estado de salud, lo mejor sería descansar -vigilando a Yagra-, hasta que al día siguiente, un buen reposo les permitiese ver las cosas con perspectiva, aprovisionarse con las buenas monedas saqueadas a los cadáveres... y decidir qué hacer en aquel turbio asunto.
CONTINUARÁ
NOTAS:
TESORO COMÚN ACUMULADO
- 4 Cimitarras
- 5 Ballestas Ligeras
- 120 Virotes + 5 Aljabas
- Ballesta Pesada
- Maza
TIENDAS CERCANAS AL ALMACÉN ABANDONADO - DISTRITO DEL PUERTO
- Hojas Silbantes (Armas) - Carril Estrella Negra (JUNTO CUARTEL DE LA GUARDIA)
- El Herrero Escamoso (Equipo de Aventurero y Armaduras) - Carril de la Víbora
























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