jueves, 30 de enero de 2020

DUNGEON WORLD - LA BÚSQUEDA DEL LEGADO DE RAYLIN - SESIÓN 5 - CONFESÉMOSLO: TODO ES "POR LA PASTA"

Pronto, Shanna, Vitus y Taeros decidieron que el método de acción para tomar cartas en el asunto sobre el tema de Robin y los ManoSombra pasaba, precisamente, por una puerta, una posada... y un tipo que protegía la entrada y que no parecía tener la intención de dejar paso así porque sí, salvo para negociar por la liberación de Robin con el grupo que lo acompañaba, y en apariencia se estaba metiendo donde no los llamaban.
Una de las cuestiones que una y otra vez pasaba por la cabeza del trío era: ¿por qué diablos tenían que echar una mano a Robin OTRA VEZ, si cada vez que tenían un problema, el mediano tenía la habilidad de ser EL CENTRO del mismo, fastidiando la existencia prácticamente de cada uno de ellos de formas totalmente creativas, con una gran dosis de cefalea persistente?
El hecho de que una carta de los ManoSombra les dijese que se había unido a ellos era, como poco, la gota que colmaba el vaso y, aunque si bien era cierto que sentían curiosidad por interrogar a Robin por cómo demonios se había metido en aquel berenjenal, también estaban un poco hartos de todas las tonterías en las que se llegaban a enfangar a causa de aquel liante.
De no ser por los negocios que pretendía poner en marcha con Vitus -de los cuales se arrepentía cada vez más-, posiblemente el mago habría escuchado un consejo sobre Shanna la Roja: ANDA Y QUE SE VAYA A TOMAR VIENTO FRESCO EL LIANTE... de no ser porque, por desgracia, los ManoSombra tenían ya conocimiento de alguna forma de lo que se traían entre manos los aventureros, tanto a nivel del pergamino transcrito de RayLin, así como cualesquiera otro conocimiento que Robin quisiese soltar por su boca -cierto o no- sobre lo que sus compañeros hubiesen hallado en el templo, incluyendo la sospecha -acertada- de que, siendo un templo de Egrevius, escondiese algún jugoso tesoro que los aventureros ya habrían descubierto.

Con la cabeza llena de rayos y truenos, y pensando en cantarle poderosamente las cuarenta al único miembro del grupo que ahora era la causa de sus preocupaciones, los aliados se encaminaron con decisión hacia la Posada de los Pies Calientes, pensando en sus opciones.
Shanna no dudaba en que, después de la visita del grupo, la aldea de AguasTranquilas terminaría cambiando forzosamente de nombre, tal era su cabreo con toda la situación.

Recordando una de las últimas palabras que la guerrera cruzó con el tendero que los había informado, a la pregunta de si el posadero valoraba mucho su posada, el mediano comentó que, efectivamente, como centro social de la pequeña aldea, Albertus el Tabernero la tenía en alta estima ("la culpa de la llegada de esos maleantes no es del tabernero", comentaba el tendero con cierta pesadumbre), sobre todo pensando en su reciente aliado Vitus y su conocimiento de las artes piromaníacas de la BOLA DE FUEGO que poseía entre su arsenal.
Por la emotiva respuesta y empatía con el tabernero, Shanna resopló con descontento al ser consciente de que la posada debería quedar en pie después de su intervención ("Mujer... a ser posible...", sugirió el tendero). A pesar de todo, Taeros sugirió tangencialmente que la posada siempre se podía reconstruir.
En ese momento, Shanna se puso a pensar: "Ahora que pienso... Robin, ¿está dentro con los
pillastres? Entonces creo que no saben lo que han hecho. Lo más seguro es esperar fuera
y ver saltar por las ventanas a los tipejos que retienen a Robin".

Las risas pudieron oírse desde bien lejos.

En el interior, mientras tanto, Robin, confuso por su captura, esperaba pacientemente que sus compañeros apareciesen para recogerlo, como habían informado "amablemente" sus nuevos "compañeros eventuales de negocios". En realidad, recordando que había prometido salir de caza para compensar el que no había vigilado en condiciones ni una puñetera vez las provisiones de viaje del grupo, y debía aprender los secretos de la naturaleza para congraciarse con Taeros, por supuesto Robin terminó perdiéndose en la espesura... siendo encontrado por un grupo de maleantes que, al parecer, habían sido informados por un mercader despechado al que le habían 'desaparecido' tres protectores... una de los cuales era una sensual y voluptuosa pelirroja guerrera.
Y ahora se veía aquí, 'escoltado' por estos amables 'compañeros del oficio', a la espera de que sus aliados -Vitus, Taeros y Shanna- llegasen para negociar algún tipo de acuerdo por su liberación: la situación no podía ser más jodida.
Así que, mientras esperaba, Robin pedía bebida para él y sus recientes colegas. Estar nervioso le secaba la garganta, y para remojarla hacía falta una buena cerveza. Total... ya estaba en una posada. ¿Por qué no aprovechar?
Insistiendo una y otra vez a sus acompañantes, Robin no dejaba de explicar que, probablemente, sus compañeros no vendrían. Los había metido en tantos líos por el camino de vuelta desde el Santuario de Egrevius que dudaba que deseasen nada más del mediano que muriese entre terribles sufrimientos.
Robin empezaba a intuir que su futuro en aquella posada se teñía más de negro que el sobaco de un grillo, así que decidió coger al toro por los cuernos. En un movimiento arriesgado, mientras el posadero servía comida a sus 'protectores' y bebida a todos (el ladrón mediano incluido), Robin utilizó unas dosis ocultas de veneno para dejarlas caer en una mano del posadero mientras éste servía las viandas, y en los cuellos de dos de los matones a los que agarró por los hombros -y el cuello-, simulando empezar a estar borracho por sólo estar bebiendo en vez de empezar a comer, aplicó también algo de veneno incapacitante de contacto sobre la piel de los dos tipos, que apartaron bruscamente los dedos del mediano, dejando claro que no permitirían ningún tipo de confraternización entre 'carceleros' y prisionero. Por suerte, cuando otro de los rufianes trató de apartar el contacto del mediano de sus compañeros, el ladrón supo aprovechar el momento para -también- envenenar a este último criminal.

Al mismo tiempo que el mediano trapicheaba para desestabilizar a sus captores, en el exterior, Taeros comentaba que el plan de ataque era bastante simple: mientras Vitus lanzaba su fuego mágico sobre la posada para arrasarla, el druida se transformaría en oso, y junto a Shanna, entrarían al trapo para no dejar dentro títere con cabeza.
"A ser posible, lanza una bola de fuego cuando no estemos dentro, ¿eh, Vitus?", recomendó Shanna rápidamente. "Aunque... Taeros. Si prende fuego a la posada... ¿para qué vamos a entrar? En ese caso, podemos esperar a ver lo que sale, y lo despachamos fuera?".
Una pequeñísima voz en la conciencia de la guerrera le recuerda -más o menos- las palabras del tendero: 'a ser posible, no reventéis la posada'.
Así, remangándose los faldones de la armadura, la pelirroja camina hacia el guardia de Egrevius en la puerta de la posada. Éste, observándola de reojo, se pone firme cuando se percata de que la mujer camina directa hacia él. Con un guiño en el ojo, el hombre dice: "¿Donde vas... pelirroja?".
"Tenéis algo que quiero, y vengo a por ello", contesta sin miramientos ni sutilezas la guerrera.
"Ah, ¿tú eres amiga del tipejo de dentro?", dice el vigilante con sorna. "No. Yo vengo a por algo que quiero y que tenéis ahí dentro. Lo de amistad ya es otro asunto", vuelve a decir sin mota de buenos modales la mujer.
"Bueno. Pero vienes a pagar, ¿no?", comenta con cierta inquietud el vigilante.
"En efecto. Vengo a pagar... y vosotros vais a cobrar", sentencia la guerrera.
Con una sonrisa socarrona, el vigilante de la puerta se gira hacia la misma, con intención de abrirla, momento que, a velocidad de vértigo, Shanna desenvaina su Espadón-Látigo presta a explicar al guardia las implicaciones de 'cobrar'.
Empotrándolo con una mano contra el muro junto a la puerta, la guerrera deja caer la inmensa hoja de su arma al mismo tiempo que, a la desesperada, el guardián desenvaina una pequeña daga en respuesta al ataque. A pesar de que las dos armas golpean al mismo tiempo, donde la daga se clava un par de dedos entre los espacios desprotegidos del peto de la armadura, la espada golpea descendente, abriendo en canal del hombro a la pelvis al vigilante, quien tiembla entre estertores y gorgoteos, muriendo con rapidez. De hecho, el impacto es tan salvaje, que la espada hiende profunda la puerta tras el vigilante, desmontando un buen pedazo de los tablones que forman la misma, sobresaltando a todos los presentes en la sala principal de la taberna.
Por un momento, cuando el fuego sobrenatural de Vitus empieza a formarse a espaldas de Shanna, ésta alza la voz, comentando: "¡No es por nada... pero tenemos en nuestro poder textos EN PAPEL importantes que a lo mejor no responden bien ante el fuego, mago!".
A través de la brecha de la entrada, Robin observa la creciente luz mágica que recorta la silueta de Shanna, y piensa: "ostia el mago... OSTIA EL MAGO...", al mismo tiempo que la guerrera se percata de que una luz a su espalda forma una sombra cada vez más oscura contra la puerta destrozada.
Taeros, transformándose en una terrible bestia-oso druida, al tiempo que Vitus arroja enloquecido su explosión de fuego contra el local, observa como Shanna se aparta a tiempo del proyectil ígneo que pasa sobre ella cuando se arroja al suelo, dejando a un mediano ladrón con los ojos como platos que salta por el aire, tratando de apartarse de la deflagración.

Así, una explosión de llamas hace que todo se llene de una luz anaranjada, convirtiendo al tabernero y a tres de los matones en una fotografía en negativo en el aire -al más puro estilo Terminator II: El Sueño Atómico de Sarah Connors- poco antes de ser sus restos dispersados por la fuerza del estallido, al tiempo que Robin sale despedido, aferrado a sus pertenencias, chocando contra el mobiliario y cayendo derribado tras una barricada improvisada, medio chamuscado por la deflagración mágica.
Gracias a la maestría arcana del mago, el estallido no ha provocado un incendio en el interior de la sala principal de la taberna. No obstante, todo aquello al alcance de su fuego mágico ha quedado reducido instantáneamente a cenizas, como parte del mobiliario o los propios cadáveres.
Entre la momentánea nube de humo negro, tanto Shanna -alzando la cabeza del suelo donde yace tumbada, tras evitar el conjuro- como Taeros -que se transformaba a la espera de los resultados del estallido- observan que un matón sale sobresaltado de una puerta anexa al espacio de la taberna -al parecer, un baño, habida cuenta de que se estaba ajustando los pantalones-, momento en que su mirada y su expresión se convierten en la viva imagen de la sorpresa -con mezcla de aparente ictus fulminante- al ver lo ocurrido.
Un rugido sobrenatural llena el ambiente cuando Taeros estalla entre una nube de hojas de otoño, brotando de la tormenta de hojarasca su aspecto de oso mágico de cuernos de alce, cargando como un auténtico mihura hacia el testigo del apocalípsis ígneo.
Al escuchar el rugido, Shanna -intuyendo lo que se le viene encima- ni siquiera se molesta en mirar el origen del ruido, y rueda sobre sí misma, apartándose de la puerta medio destrozada.
Las pesadas pisadas en carrera agitan el suelo sobre el que se asienta Shanna.
Robin se asoma humeante tras el mobiliario que lo ha protegido, observando la carga bestial de Taeros contra la puerta medio rota.
Vitus es testigo de la magnífica transformación de Taeros, y el fluido movimiento de su corpachón hacia la estrecha puerta, con intención de alcanzar al enemigo en fuga...
...y de una u otra forma, todos son testigos -escuchando o viendo- de cómo el inmenso cuerpo peludo de Taeros se atasca infaliblemente con un crujido atroz contra los marcos de la entrada de la taberna, frenado en seco su movimiento, tanto que casi los ojos se le salen de las órbitas con el sonido de un fuelle vaciado a toda velocidad al expulsar el aire de sus pulmones animales.
Paralizado de terror, el matón, de forma mecánica, con el rostro blanco como la cal, alza una pequeña ballesta en su mano, disparándola casi por instinto, sin modificar su expresión aterrada y paralizada, esperando en una remota zona activa de su cerebro que su pequeño proyectil sea capaz de hacer mella en tan descomunal bestia asesina, viendo como el virote apenas se clava en el grueso y graso pelaje del oso de majestuosa cornamenta.
Acto seguido, chillando como en un patio de colegio, se lanza por el pasillo junto a la puerta del excusado, tratando de atravesarlo para intentar alcanzar una ventana por la que huir de aquella horda de salvajes.
Levantándose como un resorte, dispuesta a acabar con toda resistencia aún operativa en el interior de la taberna... Shanna encuentra -por desgracia- su visión obnubilada por un inmenso culo peludo atrancado en la entrada. Pensando que la única opción de quien pueda estar huyendo -máxime por los chillidos de nenaza y los pasos apresurados- es buscar una ventana por la que escapar, Shanna empieza a rodear la posada... por el lado opuesto al que el criminal utiliza para huir (pero claro... la guerrera piensa que su decisión es la correcta... cuestión de perspectiva).
Además de que Vitus diga a Taeros "mete barriga, gordo, que no dejas pasar", observa la situación por el exterior... y al ver como Shanna sale disparada hacia una esquina del edificio, considera que la experiencia en combate y emboscadas de la mujer es lo bastante dilatada como para que no se equivoque en su intuición... y decide seguirla sin dudar (ni, dicho sea de paso, mirar hacia otra parte de la posada).
Desde su escondite humeante, Robin observa la delirante situación: la fuga del criminal por el pasillo de la posada, el taponamiento de la posada por parte del gordo culo de Taeros, y la alocada carrera... por donde no deben... de Vitus y Shanna en búsqueda de 'a-saber-qué'.
Intentando buscar un arma con que disparar POR LA ESPALDA al cretino que ahora intenta escurrir el bulto, por desgracia los ojos del mediano le lagrimean tanto por el humo y la explosión reciente que apenas puede tenerlos abiertos unos instantes tras cada parpadeo. A pesar de ello, chilla la dirección en la que el tipo se fuga, haciendo apretar el paso a sus compañeros fuera de la posada.
Con un rugido de ira y frustración, Taeros aprieta sus zarpas contra el suelo y empuja hacia adelante, haciendo estallar el marco de la puerta. Libre al fin de su confinamiento, avanza como un rinoceronte en una cacharrería hacia la espalda del fugitivo, que mira hacia atrás poniendo los ojos como platos al ver lo que se le viene (literalmente) encima.
El choque y el rugido de Taeros pone en aviso a Vitus y Shanna, que corren a toda mecha en dirección al estruendo. El oso astado salta y choca contra la espalda del fugitivo, con tanto ímpetu que ambos implicados en la embestida atraviesan -destrozando- la ventana frente a ambos, quedando lleno de dolorosos cristales y trozos de madera incrustados en el pelaje del oso, y desangrándose en el suelo por los profundos cortes del cristal en el cuello y zarpazos en la espalda el rufián.
El magnífico espectáculo de la atropellada salida es observado con sumo interés por los aliados que doblan la esquina de la posada y pueden disfrutar de semejante ostión al más puro estilo John Woo.
Pensando en que -posiblemente- no todos los matones hayan caído en el ataque, el grupo empieza a buscar signos de su presencia en el interior de la posada, ya que -teniendo en cuenta la posición en el interior de Robin, y el rodeo de Vitus y Shanna- no parece que hayan podido huir de allí sin ser vistos.
En la búsqueda del resto de los rufianes, Taeros se percata que, entre la precipitada entrada y el choque con el fugitivo, es consciente que -más que encontrar a sus adversarios- parte de su dinero se ha perdido por algún lugar donde el fuego ha golpeado la taberna, pero no puede ponerse a buscar, ya que es más importante hallar enemigos que pudieran emboscarlos y causarles problemas.
Cuando el mediano afina sus sentidos para percibir que hay ruido en la planta superior de la taberna, en el área de descanso de la posada, desgraciadamente también es consciente de que, tanto las fuertes pisadas que no intenta disimular Shanna en su intento de hallar al resto de malhechores, como los cánticos fervorosos de Vitus para concentrarse en su poder, ponen sobre aviso a quien se encuentra en la zona superior. Sus susurros indican que están preparando una defensa contra una incursión enemiga.
Robin, llamando la atención de sus compañeros y solicitando silencio -a pesar de que, después del destrozo, sería una circunstancia aún más sospechosa-, les comenta entre susurros que arriba probablemente se prepare la segunda parte de la fiesta en la taberna.
Caminando en completo silencio, el mediano asciende por la escalera de acceso a las habitaciones de la posada, pegando el oído.
Durante su incursión, el resto del grupo espera impaciente para las noticias que pueda traer el ladrón en su escapada sobre los enemigos en la zona... momento en que Taeros se percata de que, entre los restos cenicientos de una mesa de la taberna sobresale un collar de colmillos medio quemado... un collar especialmente familiar que él mismo se había fabricado a lo largo de sus incursiones con las criaturas durante su camino de ida y vuelta al templo abandonado de Egrevius. Shanna, al ver el rostro de circunstancia del druida, observa en la dirección de su mirada fija. El collar resalta a su vez en el rostro de la guerrera un gesto adusto pensando en lo largas que tiene las manos Robin para su diminuto tamaño.
Ajeno a las elucubraciones silenciosas de sus compañeros, Robin aguza la escucha cerca de una puerta al fondo del pasillo de las habitaciones. Al hacerlo, escucha entre susurros los preparativos de los enemigos que estaban buscando: al parecer, su intención para quien llegase hasta la habitación era, cuando alguien abriese la puerta de la misma, uno de ellos arrastraría a quien entrase en primer lugar hacia dentro de la puerta e intentaría apresarlo para inmovilizarlo, mientras otro cerraría la misma tras el intruso y lo apuñalaría por la espalda, todo ello justo después de que un tirador al fondo de la habitación acribillase al incursor nada más abrir la puerta a flechazos. La estrategia plantea separar y dividir al agresor de sus compañeros, intentando matarlo antes de que el resto llegase a la habitación, para debilitar al grupo de recién llegados.
Shanna, al ser informada por Robin de lo que ocurre, empieza a valorar qué objeto de gran tamaño y duro podría detener una andanada de flechas -una silla, una mesa, un cadáver... el culo de oso de Taeros... la jeta de Robin...-. De hecho, una parte de su razonamiento para una buena estrategia pasa por pensar cómo diablos el culo gordo y peludo de oso de Taeros podría pasar por el pasillo hasta la habitación.
Resolviendo una táctica más creativa que empieza a fraguarse en su mente, Shanna entrega un gran taburete a Robin, y recoge uno de los cadáveres abrasados de la posada.
Su plan pasa por la siguiente táctica: mientras Robin abriese la puerta y corre a toda mecha para atrancar la puerta con el taburete, Shanna arrojaría el cadáver hacia uno de los enemigos para desconcertarle y evitar su ataque. Taeros añade a esa planificación que, una vez sus compañeros controlasen parte de la situación -impidiendo el cierre de la puerta y anulando a uno de los enemigos-, se arrojaría cual tromba peluda dentro de la habitación para hacerse con el resto de los enemigos.
Shanna y Robin se miran de reojo ante la exposición de Taeros, pensando que lo único que va a provocar tal situación es que, mientras el mediano traba la puerta y la guerrera arroja el cadáver, el druida va a conseguir un magnífico tren de mercancías atropellando a sus compañeros, arrastrándolos dentro de la emboscada, y convirtiendo la habitación en lo que recuerda como una extraña visión mística de un mundo espiritual llamado "el Camarote de los Hermanos Marx"... o algo así.
Con gesto preocupado, Shanna empieza a plantear que, habida cuenta del volumen del Oso-Druida, lo más probable es que no sea necesaria tanta planificación ni subterfugio, si la mala bestia entra como elefante en una tienda de loza en la habitación: teniendo en cuenta lo sucedido en la entrada de la taberna, tampoco va a hacer falta una traba para impedir que se cierre la puerta de la habitación.
Cuando Vitus comenta que él podría limpiar la habitación de alimañas -nada desinfecta mejor que el fuego... si es servido en bola, como los helados, mucho mejor- en el momento en que Taeros la abriese, Shanna y Robin dan un paso atrás, soltando cadáver y banqueta, con expresión de "la hemos liao".
Preparándose para una posible represalia de los bandidos al abrir la puerta, el mago convoca con soltura un puñado de imágenes ilusorias de sí mismo para dificultar ser alcanzado por un disparo, al tiempo que concentra su voluntad de fuego purificador entre sus manos, recitando un peligroso mantra arcano. Cuando la guerrera escucha el inicio del conjuro, mira a Robin murmurando "entra tú que a mí me da la risa", y observando por una ventana al exterior, calculando la posible caída de enemigos heridos tras la explosión, decide bajar a toda prisa para situarse bajo la ventana de la habitación en conflicto... preparándose para un buen "remate" de "espadazo al pichón" por lo que pudiese bajar en barrena -o huida- de allí.
En el momento en que el oso ruge rascando el suelo cual mihura, Robin decide marcarse un "juego al despiste" y sale corriendo hacia la puerta -pasando por debajo del oso, rozando la pelambrera del vientre, causando un escalofrío de desconcierto en el druida-, pensando en abrirla para que su compañero Druida, en vez de estrellarse contra ella y la rompa con la cabeza, pueda pasar limpiamente... después de que el conjuro de fuego de Vitus... arrase la estancia... haciendo toda la planificación inútil.
En efecto, con un "click", la pequeña manita del mediano abre rápidamente la puerta.
Su baja estatura probablemente le proporcione cierta ventaja contra cualquier disparo preparado desde el interior... o eso pensaba. Aún así, previniendo posibles problemas, decide lanzarse al suelo justo cuando una saeta zumba por encima de su flequillo, clavándose en un hombro del Oso-Taeros. Éste, con un rugido, se dispone a saltar sobre el agresor en la habitación al final del pasillo, pero un zumbido de fuego que le chamusca el lomo lo previene de cometer una estupidez, al observar como una bola de fuego vuela certera desde su espalda hacia el interior de la habitación.
Desde el exterior, Shanna observa como una intensa luz cruza un pasillo de ventanas hasta una habitación final... y la explosión ilumina la primera planta de todo el edificio.
Un estallido de cristales rotos precede a un cuerpo en llamas que vuela en parábola cual meteoro celestial, que cae a plomo con un sordo golpe contra el suelo -sin rebote- frente a Shanna, la cual se acerca a los restos humeantes y los pincha con su espada, para asegurarse de que no hay sorpresa final. Después de eso, lo pisotea cual hoguera en ascuas para evitar que las pocas llamas sobre el mismo se expandan, apagando los restos, para revisar su cadáver -relativamente- entero -comparado con los dos del cuarto, que sólo sirven como restos de un buen cigarro recién consumido-.
Cuando Taeros y Robin devuelven la mirada al cuarto, en éste sólo queda una ventana destrozada por la explosión, y un mobiliario -junto con dos cuerpos inertes- convertido en cenizas o trozos carbonizados de madera y carne.
Mientras Robin trata de encontrar algo entre las cenizas, Taeros se lame los pelos chamuscados del lomo y Vitus sopla sus manos humeantes, Shanna, entre los restos del cadáver tostado a sus pies encuentra bajo la armadura un estuche de cuero, cuyo interior ha sido protegido por la piel curtida. Al abrirlo, en su interior encuentra una carta: "De vuestro señor Lucca. Procurad que esos entrometidos no se interpongan en los planes de los ManoSombra -en este punto, Shanna niega con la cabeza y chasquea la lengua, pensando que no lo han procurado demasiado bien-. Aún estamos por convencer a Lord Randolph por un trato que nos beneficie a todos. Os esperamos en las catacumbas del Templo de Egrevius".
Utilizando sus capacidades curativas, mientras Taeros lame su lomo, canaliza las energías de la vida en sus heridas, expulsando los cristales, astillas y proyectiles de su cuerpo, sanando gran parte del daño con ello.

Cuando el espectáculo pirotécnico ha pasado por fin, y el humo ya no es tan intenso por las llamas que aún morían en el interior del edificio, los medianos se acercan desde sus casas con gestos temerosos, mientras los aventureros bajan de la planta superior -Taeros en forma élfica, sacudiéndose el hollín y murmurando "la Posada está entera"-. Los habitantes de AguasTranquilas pueden ver que, efectivamente, está entera... salvo medio marco de la puerta de entrada, varios muebles hechos cenizas de la estancia de taberna, una ventana al fondo de un pasillo... y una habitación completamente reducida a cenizas en la primera planta.
Entera.
Completamente entera.
Robin, aprovechando la coyuntura, exclama en voz alta: "¡Eso os pasa por matar al posadero!¡Asesinos!", ante la mirada de reojo de '¿estás de coña?' de Shanna, la cual grita a su vez: "¡Vuestro castigo por matar al posadero, malnacidos!", tratando de contener la risa.
Mirando a Robin con gesto de asombro, uno de los medianos señala a Vitus, acusador: "Pero... pero ¡si el que ha quemado media posada es ese!¡Y los rufianes y el posadero están consumidos! Pero, ¡¿qué habéis hecho?!". Otro mediano se une a la queja: "¡Asesinos! Pero, ¡¿cómo se os ocurre entrar de esa manera en la posada?!¡¿Qué os ha hecho el pobre Albertus?!"
Agarrando una jarra de cerveza que no se había consumido por el fuego, Shanna expone con ella en alto: "¡Hemos visto lo que esta chusma había hecho con el pobre posadero!¡La sangre nos hervía de venganza!¡Por Albertus!".
Poniendo en el pecho del mediano que acababa de acusar al grupo al tiempo que expone su charla, éste agarra la bebida, lagrimea entre furia y pesar, y la alza junto a la guerrera: "¡Brindemos por Albertus, cuyas bebidas animaban el espíritu de este lugar!¡Muchachos, brindemos por Albertus, y por estos bravos aventureros que han vengado su muerte!¡Barra libre!"

De pronto, la noche termina con una fiesta de medianos -incluido Robin-, en la que Shanna termina la noche tras emborracharse hasta las cejas, meterse en dos peleas, cargarse varios de los muebles que aún quedan en pie en la taberna -y debe pagar los desperfectos-, quizá se haya enrollado con alguien -no sabe quien, con la turbiedad del momento- pero no puede decir que no se lo haya pasado estupendamente.
Robin, por su parte, se levanta al día siguiente de una cama revuelta, mientras escucha la voz de una fémina en el baño junto al cuarto.
Una de las cosas que más sorprende a todos -ciudadanos incluidos- es que, al amanecer, algunas de las paredes de la posada han quedado mágicamente decoradas con extraños colores -entre los cuales se encuentran líneas y burbujas de púrpuras y blancos-. De hecho, un grupo de medianos alrededor de Vitus se pelean por saber quién había ganado la apuesta con el mago sobre si éste podía decorar la posada más bonita de lo que la tenía Albertus, en honor al tabernero.

Taeros, sobrio y sonriente, es consciente de que todo lo que sucedió la noche pasada ha quedado vivamente grabado en su memoria... por si en algún momento lo necesita para 'dar un empujoncito moral' a sus compañeros en una situación peliaguda. Entre algunos de sus recuerdos, la imagen de Shanna pelearse con dos medianos, besarse con ellos, volverse a pelear por dejarse llevar por tan bajos instintos -valga la redundancia-, apostar en otra pelea y volver a encontrarse enzarzada en una pelea multitudinaria con medianos, quedando al final todos dormidos en un amasijo de cuerpos es un vívido recuerdo jocoso. Por su parte, Robin demostró una sin par habilidad para el baile, el flirteo... y el sexo en grupo cuando se marchó hacia las habitaciones superiores con un grupo variopinto de medianos y medianas... de los que sólo quedó arriba una chica y Robin.
Por su parte, Vitus se confirmó como un creativo mago de estupideces inagotables, como dragones rosas pintados mágicamente en las paredes. De dragones, continuó con lagartos, siguiendo a serpientes, haciendo una cabriola creativa hacia medianas ligeritas de ropa -criticado ampliamente por un mediano algo más moralista, quien le obligó a deshacer esa última parte de su expresión artística, a pesar de los gruñidos embriagados de protesta de Vitus-, hasta que finalmente su mente ebria se decidió por colores estroboscópicos cuajados de sueños alucinatorios dignos del mejor viaje de LSD medieval.

La resaca despierta a la mañana -y a los borrachos- con un tremendo martilleo en las sienes y una quemazón espantosa por el brillante color del sol a través de las ventanas de la posada.
Los gruñidos y quejas son el cántico del despertar, mientras los vecinos vuelven a sus hogares con extraños recuerdos turbios de la noche anterior, sabor a bebidas entremezcladas... y olores corporales de lo más variado.

Con Taeros tomando una infusión en una mesa tranquilamente, Shanna se sienta sobre el suelo y Vitus alza su sombrero para observar su entorno, viendo ambos como Robin baja por la escalera de la posada con un amasijo de ropas -no todas de su propiedad- y pasos sigilosos.

Mientras Shanna clava una mirada asesina -digna de la expresión más literal de 'una ostia bien dada'- en Robin, por permitirles meterse en tal fregado, Vitus empieza -con la voz pegajosa- a aleccionarlo sobre cómo se le ocurre aliarse con los ManoSombra para obligar al grupo a venir aquí a preguntar qué cojones está pasando con él y estos rufianes. "¿Sabes que podías haber sido calcinado como el pobre Albertus?". Ante esa frase, Taeros está a punto de atragantarse de la risa. De entre los medianos resacosos, una voz se alza "¡Es verdad!¡Pobre Albertus!¡Consumido en un incendio mágico por un asalto de rufianes al pueblo!¡Brindemos por Albertus y su recuerdo!¡Otra ronda!". Una vez más, las palabras de ahínco concentran a los medianos borrachos junto a la barra, organizando otra ronda de bebidas.
Cuando Robin trata de explicarse, el tendero -que también se encuentra allí- señala con su jarra medio llena y su boca llena de espuma al grupo: "Y esta ronda va por los valerosos aventureros que vengaron la muerte de Albertus, y de seguro van a acabar con el azote de los ManoSombra en estas tierras que hacen que los precios suban y que el comercio se resienta... y que el mercado negro luego revenda todos los bienes que nos roban... ¡seguro que lo conseguirán!", dice con voz pastosa.

Robin, por su parte, cuenta una excusa en forma de increíble historia sobre una búsqueda de comida por el bosque que se convirtió en una búsqueda de un buen lugar donde vaciar sus intestinos, que continuó en una búsqueda de un buen lugar donde huir de los rufianes que parecían querer atraparlo, que llevó a una búsqueda de una buena excusa para evitar morir degollado a manos de esos malnacidos, indicando que se uniría a ellos, pues sus habilidades para el latrocinio eran bastante hábiles, y finalizó con una huida de la zona, dejando atrás a sus compañeros, de los que Robin fue 'primorosamente persuadido' de contar cualesquiera cosas de utilidad y valor que tuviesen en su haber y sirviesen como pago para su rescate... o despelleje y uso de comida para cerdos, mientras los rufianes y su nuevo 'aliado a prueba' -o eso dijo él, mientras buscaba una mejor excusa para escapar de ellos- se marchaban hacia AguasTranquilas.
Shanna, con un dolor de cabeza de mil pares de demonios, empezó a decir que una excusa más sobre su estúpido comportamiento y la espuma de la cerveza no sería lo único en volar por los aires de un guantazo de su mano.
Robin, buscando apoyo, se acercó al mediano que ensalzaba a los aventureros, preguntando a éste si en realidad estos tipejos eran ladrones y sectarios. El aludido explicó con voz trastabillada que no sólo eso, sino asesinos y extorsionadores.

Taeros, terminando su bebida, se levanta de su mesa llena de hollín, y comenta en voz alta que el agradecimiento de los medianos será mucho más patente si abonan las acordadas dos monedas por cabeza de cada enemigo ejecutado. El aludido, con ojos estrábicos, observa a Taeros asombrado por tal elucubración a la que había llegado no se sabía por qué derroteros.
Ofendido, el mediano comenta: "¿Cómo? Pero, si son ellos los que nos roban y nos dejan sin dinero. ¿Por qué nos pedís dinero, si ellos nos han dejado tiesos?".
"Ya no os robarán más", argumenta el druida.
"Pero... si hay más", susurra el hombrecillo.
"Y vamos a por ellos", se reafirma Taeros.
"Bueno... pues cuando los traigáis...", trata de decir el hombrecillo, interrumpido por el druida: "Dos monedas por cabeza, ahora".
Al escuchar aquellas palabras, el grupo de medianos que observan la negociación comienzan a pasar de expresiones de borrachera feliz... a borrachera molesta... hasta borrachera ligeramente enfadada. "Eso fue lo acordado, ¿no?", intenta engatusar Taeros. "Ay la borrachera...".
Con un parpadeo absolutamente perdido, el hombrecillo aludido frunce el ceño, mirando confuso a sus vecinos, y empieza a dudar: "Esteee... puessss... ¿sssí? Sí... sí que es verdad... puede... puede ser... Bueno. Pero... a cambio tenéis que ir a la capital y acabar con la organización, ¿verdad?". "Sí, sí. Por supuesto. Pero ahora son ocho cabezas. Por favor, aflojad la mosca", zanja el druida totalmente firme en su argumento. Tambaleándose, el mediano se acerca a sus vecinos, y empieza a solicitar que aflojen la pasta para abonar el trato realizado con los aventureros la noche anterior.

(MENUDA SARTA DE SAQUEADORES MENTIROSOS Y LADRONES ESTÁN HECHOS LOS JUGADORES)

Shanna, acercándose a Taeros, le susurra que no está bien aprovecharse de estos pobres extorsionados, aunque el druida la chistea para que no le estropee el negocio. Así, acercándose al tendero, la guerrera comenta que, ya que los aventureros iban a pagar los desperfectos de la posada, en lugar de ello, esa deuda quedará saldada si el cobro de las cabezas también.
El mediano y sus compañeros, mirándose todavía extrañados unos a otros, finalmente se muestran contentos con el intercambio de favores, agradeciendo el trato a la mujer.
Taeros, una vez más, insiste en que, cuando traigan el resto de las cabezas de los ManoSombra, esperan cobrar las dos monedas convenidas por cada una. El tendero, parpadeando entre sorprendido y apenado, comenta que, sin ni siquiera saber cuántos son, y encima que están acabando con la economía de la región, ¿cómo van a poder pagar la cantidad, si puede que no haya tanto dinero, en caso de ser muchos?
Taeros, pensativo, explica que hablarán de renegociar el precio de los bandidos cuando traigan a toda la organización en un carro lleno de cabezas. De momento, quede la villa en paz sin la amenaza de los bandidos.

(OFF THE RECORD: Y, A TODO ÉSTO, LOS BANDIDOS DEL EXTERIOR, APOSTADOS PARA SORPRENDER A QUIEN LLEGASE A LA POSADA... EFECTIVAMENTE, SE HABÍAN COLADO POR UNA VENTANA TRASERA PARA TRATAR DE SORPRENDER A LOS AVENTUREROS... QUEDANDO CONVERTIDOS EN BARBACOA EN EL PISO SUPERIOR... para que l@s lector@s no se hagan un lío con la línea argumental)

Al explicar el mediano que no sólo la villa está afectada por la situación, sino también el resto de las poblaciones, Shanna apoya una mano en su hombro y comenta que así tendrán tiempo de ponerse de acuerdo con otros para hacer una colecta y pagar los servicios de limpieza como es debido. Total, el grupo no va a tardar un día en acabar con todos los bandidos. El mediano, preocupado por pensar que no está seguro de quién es aquí el verdadero extorsionador, promete intentar reunir el dinero correspondiente a la caza de bandidos.

Shanna, pensando en que este grupo recién confrontado, como parte de una organización, podría llevar un emblema o marca, examina de nuevo el cuerpo menos destrozado por el fuego, encontrando en su muñeca el tatuaje de una mano abierta negra. Elucubrando, se dirige a los medianos, preguntando si hay alguien en la aldea que sepa pintar. Ante la mirada de extrañeza de los medianos, la guerrera arrastra el cadáver más 'entero' y muestra su muñeca con el tatuaje.
"Quiero tener algo así". "Eso es un tatuaje, no una pintura", comenta un mediano. "Sí", dice Shanna. "Pero yo lo quiero pintado. No voy a tatuarme permanentemente esa mierda en mi piel".
"¿Es que te vas a apuntar al culto?", pregunta otro mediano. "No. Mi intención es pasar por uno de ellos para introducirme en sus filas, buscar al cabecilla, y pasarlo a cuchillo", expone de forma contundente la Roja. Los medianos alaban la idea con gestos de aprobación. "Pelirroja, guapa... e inteligente. Qué maravilla", dice un mediano con un guiño y una sonrisa. "No tientes la suerte, pequeño", dice la mujer. "Hombre... puestos a tentar...", empieza a comentar el tipo. Durante el extraño flirteo, el resto de medianos comenta la idea y las posibilidades, hasta que el tendero sale de entre ellos, diciendo que tiene en su poder un pigmento alquímico de color negro para la ropa que aguanta bastante bien el agua, y dura varios días. Si no se frota mucho ni se lava con jabón demasiado, podría aguantar en la piel un buen rato. "No te preocupes", dice Robin de fondo. "Shanna no es muy amiga de agua que no se beba". Anotando el comentario del tendero -y de Robin, de reojo-, Shanna pregunta si hay algún ebanista o alguien capaz de hacer un sello a modo de tampón con la forma de tatuaje. El tendero comenta que una mujer llamada Allegra podría ser de ayuda en eso. Suele hacer buenos sellos de imprenta. Preguntando sobre su ubicación y aspecto, el tendero orienta a Shanna hacia dónde encontrarla dentro de la villa: se trata de una mujer de buenas hechuras, brazos fuertes y manos callosas... y en ese momento, Robin se sonroja recordando vagamente una imagen similar en su mente -imagen que Taeros sí que recuerda perfectamente-.
Cuando la guerrera -sola- llega hasta la ebanistería de Allegra, ésta se alegra de verla, reconociéndola con una sonrisa como la amiga de... esteee... Ro... ¿Robin? "¿Robin sigue en la posada?", pregunta la hermosa mediana con una media sonrisa picaruela. Cuando la guerrera asiente con un gesto socarrón, la mediana pregunta si ha desayunado. Ante el desconocimiento de Shanna, Allegra le pide que, cuando regrese, la espere para desayunar. Con una sonrisa para sí misma, la guerrera asegura que cumplirá su palabra.
Tras ello, la mediana pregunta por qué servicios requiere la mujer, y ésta le explica las especificaciones del sello que quiere. Allegra comenta que lo tendrá en un par de horas, cobrando por adelantado el trabajo, el cual llevará a la posada ella misma (sonriendo con sonrojo) para aprovechar y desayunar con Robin... para hablar de la noche pasada.
Por su parte, aunque el pigmento es caro -comenta el tendero-, soportará varias impresiones, pero es preciso mantenerlo alejado de la luz -para evitar que se descomponga con rapidez antes de secarse-, y con ello su duración en líquido será mayor.
De fondo, Taeros explica a Vitus -al enterarse de las dosis que hay- que son pocas, porque posiblemente tengan que matar a mucha gente. Vitus, con una media sonrisa, agita unas pequeñas lenguas de llamas entre sus dedos, y Taeros las sacude de un manotazo entre risillas.

Cuando Robin se percata de que Shanna lleva un rato fuera, piensa que su camino podría ser más rápido a caballo, así que se decide por salir a solas para buscar caballos, momento en que ve a la guerrera en la distancia. Al ver al mediano solo caminando por la calle, Shanna le pega un chiflido, preguntando a dónde se le ocurre ir tan solo, a lo que éste explica que va a buscar caballos para el camino. "Mejor te esperas que los busco yo", dice la guerrera. "Y tú mejor te vuelves a la posada que una amiga quiere desayunar contigo". "Deja, que es un poco pesada", comenta esquivo el mediano. "Pues se lo dices tú, que yo ahí no tengo nada que ver", sentencia Shanna.

Durante su breve conversación, el ladrón y la guerrera se percatan de que, desde el oeste, varias siluetas de personas acompañadas de caballos -muy cargados de peso- se acercan en la distancia. Se trata de hombres bien armados de aspecto militar.
Frente a ellos, alguien que parece ser el líder vocifera: "¡Ha de la villa!¡Aldeanos!¡Despertad!¡Acercaos!¡Ha de la villa!¡Tenemos que hablar con vuestro alcalde!¡Ha de la villa!"
Al aproximarse, da la impresión -por su librea, armadura y símbolos sagrados, tejidos en la librea y grabados en su símbolo sagrado- de formar parte de la Orden de Egrevius.
Ojeando con desagrado a la comitiva, Shanna reconoce que -al menos- el heraldo tiene todas las papeletas de ser otro miembro de la Orden de la Diosa de la Codicia... como el guardia que protegía la puerta de la Posada de los Pies Calientes.
Durante su anuncio, una gran parte de aldeanos resacosos comienza a salir de la posada para ver qué está sucediendo.
Cuando se percatan de la presencia de Shanna y Robin, preguntan qué sucede, y la guerrera simplemente señala al tipo que pega voces, con gesto de encogerse de hombros. "¿Ésto pasa muy a menudo?", concluye Shanna. El mediano niega extrañado, y al afinar la vista, comenta que parece el recaudador de impuestos, pero aún quedan dos meses para el cobro de las tasas.
Sacudiendo la cabeza y preguntándose qué querrán ahora los chupasangres de la capital, los medianos empiezan a acercarse, entre recelosos y curiosos, a la comitiva de recién llegados.
Uno de los medianos resacosos grita que alguien debería llamar al alcalde, porque acaba de venir el recaudador de impuestos. Muchos medianos cerca del que acaba de hablar empiezan a increparlo por semejante tontería.
Shanna, molesta por la extraña situación, avisa a Robin que se apresure a buscar caballos, que van a salir de allí a toda pastilla, antes de que se monte un cirio de pelotas.
Cuando Robin y Shanna van a separarse, el heraldo los ve y los llama, indicando que también están interesados en las nuevas que trae.
"¡Hermanos!¡Acercaos, también es de vuestro interés!"
Con gesto de extrañeza, Shanna desvía su camino y se acerca despacio al lugar, a la expectativa de lo que podría suceder... manteniendo las distancias y en guardia por si hay algún problema.
"¡Al fin!¡Al fín hemos podido llegar a este ignoto lugar, abandonado de los dioses para proporcionaros...!", comienza a hablar el heraldo. "Perdona", interrumpe Shanna. "Nosotros no hemos abandonado este lugar".
Con semejante comentario, el devoto con aspecto inmaculado, flanqueado por una recia guardia de cuatro hombres acorazados, queda bastante confuso.
Tras él, cada caballo lleva unas pesadas alforjas con un gran y pesado arcón cerrado con llave encima.
"¡Ciudadanos, venid!¡Egrevius ha llegado para proveeros!".
Con semejante algarabía, el resto de aventureros también sale de la posada y se acerca.
Y al ver las hermosas y cargadas alforjas, tratan de acercarse con rápido interés hasta los caballos, momento en que su avance se ve interceptado por la imponente presencia de los guardias, cual barreras humanas. Vitus, precavido, prefiere mantener las distancias, a diferencia de su inconsciente -y poco elaborado en educación o formalismos civilizados- amigo Taeros.
El heraldo continúa su diatriba: "¡Por decreto de Lord Randolph Cavern, Chambelán de la Moneda en Nesovia, el nuevo cambio de divisas ha llegado hasta vosotros!¡Traed vuestras antiguas monedas y os las cambiaremos por la nueva moneda de curso!¡Estamos preparados para surtir a toda la población!"
Tales palabras atraen la presencia de la multitud, que se acerca.
El heraldo señala a los aventureros. "¡Vosotros también podéis cambiar vuestras monedas de curso antiguo por las nuevas monedas!"
"¡Podréis beneficiaros de este cambio antes que otras poblaciones más lejanas!", continúa el sacerdote. "¡Debéis hacerlo pronto!¡Si no, vuestra moneda actual dejará de tener valor!¡Acercaos, acercaos!".
Con una mirada de complicidad entre Taeros y Shanna, ambos miran de reojo al tipo, y con su lenguaje corporal exponen que aquello les parece un timo como una catedral.
Vitus es el único que conoce a Lord Randolph (Randy, para él), y sabe que acuña moneda para el reino. Pensando en si este cambio es auténtico, o una elaborada estafa, el mago se decide a cambiar un puñado de monedas, para ver si el metal de acuñación es el mismo que en las viejas, además de ser del mismo peso o distinto.
Al acercarse, el heraldo lo acoge amistosamente: "Hermano, ¿cuántas monedas deseas cambiar?".
Entregando un puñado, el heraldo mira a un guardia quien, sacando una gran llave de debajo del peto de su armadura, se dirige a uno de los cofres, extrayendo la misma cantidad de  monedas de nueva acuñación, entregándolas al heraldo, quien las cambia por las antiguas a Vitus. Éstas son entregadas al guardia, que las lleva junto a otro guardia quien, con otra llave, abre el segundo cofre, dejándolas caer a su interior. En apariencia, el cofre de las nuevas monedas está abarrotado, y el de las viejas parece bastante más vacío -aunque surtido-.
Tomando una de las monedas de Vitus, Taeros la ojea, calculando que el metal y el peso de la misma es el mismo que las monedas antiguas, con el agravante de que el rostro de Randy (el 'amigo' de Vitus) aparece en una de sus caras, sustituyendo al escudo del reino en la moneda antigua.
Al cambiar las monedas, el sacerdote alza las manos, vociferando: "¡Ya tenemos un nuevo hermano que se une a la causa de Egrevius! El resto, ¿cambiaréis vuestras monedas? ¿O esperaréis a que vuestra divisa no tenga ningún valor? ¡Vamos, hermanos! ¡Acercaos cuanto antes y cambiad vuestras monedas!"
Taeros mira a Shanna, y ambos sacuden la cabeza con una evidente seña de desconfianza.
Mientras aquello ocurre, Shanna se acerca a un guardia, preguntándole si viene de Egrevius, a lo que el guardia lo corrige diciendo que, efectivamente, vienen de Nesovia, del Templo de Egrevius. "¿Le suena a usted un tal Lucca, en esa ciudad?", continua la guerrera, pensando en que, si efectivamente lo conocen, no sólo podría pertenecer a los ManoSombra, sino tener relación con el Culto de Egrevius. Ante la pregunta, el soldado niega conocer a esa persona.
"¿Podría decirme, en ese caso -continúa Shanna- quien es el líder del Culto de Egrevius?".
"Lord Randolph Cavern, sin duda alguna, el actual Chambelán de la Moneda y Consejero de la Casa de Nessus, Gobernadores de Nesovia... y acuñador de la nueva Moneda de Egrevius", expone el soldado con orgullo. Pensando en todos los factores de la situación, Shanna es consciente de que el cambio de acuñamiento de moneda es demasiado sencillo, y sin ningún tipo de trámite para recoger divisa nueva por antigua que, en otras circunstancias, costaría un pequeño impuesto, junto a un informe de entrega y recogida de monedas, además de anotar la persona que realiza el cambio.
A lo lejos, Robin observa los hechos con gran curiosidad, pensando si acercarse -provocando las iras de la guerrera- o acatar las órdenes de Shanna de obtener caballos.
Inquisitivos en el desarrollo de la conversación entre Shanna y el soldado, Vitus y Taeros pegan la oreja, escuchando como la guerrera pregunta sobre si la comitiva ha visto por la zona a unos maleantes con ropajes oscuros y un tatuaje en la muñeca. El soldado, con desdén, contesta que de seguro serán vulgares maleantes: "Existen muchas bandas de bandidos y saqueadores que se organizan para robar a gran escala. Seguro que son un puñado de desgraciados".
"Seguro", sigue el juego la guerrera. "Sin embargo, me gustaría saber si ha visto alguna vez un símbolo con aspecto de mano negra en la muñeca de alguien. Me es bastante llamativo".
El soldado comenta que no le suena.
Escamada por tanta cerrazón, la mujer trata de fijarse con cuidado en cada uno de los soldados y el sacerdote de la comitiva... y de pronto es consciente de que algo semejante al tatuaje de los ManoSombra parece esconderse entre los brazales armados de los recién llegados, sobresaltando a la mujer. Pensando en que sus compañeros han acabado con un buen puñado de bandidos, la guerrera trata de pensar en cual será su siguiente movimiento. De hecho, el que ahora nuevos ManoSombra, esta vez con aspecto de guerreros curtidos y acorazados, podría significar que los ManoSombra se hubiesen percatado de algo y quisieran poner remedio expeditivo a la situación. De hecho, hay grandes posibilidades -piensa Shanna- de que ésto sea una conjura en forma de timo de los ManoSombra.
Situándose en un ángulo en el que es posible que los guardias no la observen -aprovechando que se aleja de ellos para que sigan con su exposición pública-, Shanna empieza a hacer el gesto de 'abortar' con la mano, pasándosela por el cuello. Y, a lo lejos, Robin al verlo, intuye que es hora de pasar a la acción y acabar con los recién llegados... alguna jugarreta se traerán entre manos ¡y es preciso exterminarlos!
Taeros y Vitus se percatan del gesto... así como una treintena de medianos, que ponen cara de 'What the fuck...' ante semejante indicación.
Vitus comienza a dar unos pasos hacia atrás, mientras sus dedos empiezan a chisporrotear y hormiguear.

(UN DOS TRES... UN PASITO PATRÁS...)

Por su parte, mientras Taeros se acerca con cierto disimulo a uno de los guardias, la guerrera en retaguardia empieza a realizar una cuanta atrás... momento en que, cuando Taeros empieza a transformarse para lanzarse sobre dos guardias desprevenidos, una aureola de luz estalla tras él como unos vistosos fuegos artificiales, señalando a Vitus como el causante de semejante despliegue de color, pelo de punta y rostro chamuscado.
Sobresaltados, los guardias ante un Taeros cambiante empiezan a gritar: "¡Infieles!¡Infieles al culto!¡Detenedles!", y comienzan a apalear al druida cual antidisturbios ensañados, provocando algunas contusiones al cambiaformas, las cuales lo enfurecen más que ponen en problemas, aunque impiden que su transformación se lleve a cabo.
De pronto, entre la turba de medianos, Robin surge con una emponzoñada daga en su mano, cogiendo por sorpresa por completo al portavoz de los recién llegados. El arma se entierra hasta la empuñadura en la garganta del hombre, cuya punta sobresale por una oreja. A toda velocidad, el arma desaparece de la herida, y su usuario se oculta entre la multitud que empieza a huir en desbandada entre gritos de horror.
Shanna, aprovechando que dos de los soldados aún están confundidos por lo que está ocurriendo, arroja su Espada-Látigo contra los enemigos, envolviéndolos entre sus cuchillas extendidas.
El corte en forma de hoja de sierra al tirar de la espada de vuelta hacie que la carne de los soldados se desgarre ligeramente. Los agredidos gritan de dolor, girándose hacia la guerrera, y al grito de: "¡Venganza!¡Egrevius no será mancillada!", empiezan a acosar a lanzadas a Shanna, causando diversas heridas de poca importancia, que sangran con cierto escándalo.
"¡Malditos seáis!¡Habéis matado al sacerdote!", continúan. "¡Moriréis todos!¡Infieles!".
Los medianos, corriendo por sus vidas, empiezan a gritar: "¡Nooooo!¡Nosotros no hemos hecho nada!". Señalando a los aventureros, gritan a coro: "¡Han sido ellos!¡Ellos!¡Maldita sea!¡En que momento nos hemos metido en este follóoooon!"
Vitus, observando a Robin que trata de tomar una decisión entre la multitud, conociendo de sus artes del subterfugio y el asesinato, decide tratar de hacerlo invisible para que aproveche tal circunstancia y ayude a sus compañeros.
Sin embargo, al tocarlo, la magia se desvirtúa por una extraña conjunción mística sus propiedades, y Robin queda envuelto por un estallido de luz, que al asentarse rodea al mediano con un poderoso halo brillante, sorprendiendo a todos sus compañeros y enemigos.
Al ver a su compañero, Shanna piensa con rapidez, y grita: "¡Arrodillaos ante el Dios de los Medianos!", mientras coloca su espada frente a ella en el suelo y se arrodilla en gesto de adoración. Extrañados y maravillados, los soldados que están combatiendo a Shanna miran en dirección a la luz, y al ver a Robin, su expresión apabullada hace que se arrodillen junto a la guerrera, intercambiando miradas entre ellos, Robin y Shanna.
"¡El Gran Dios Sugelfunkyn se ha manifestado en el mundo!¡Arrodillaos infieles!", grita Shanna para dar énfasis a su gesto.
Robin-Sugelfunkyn se acerca con gesto divino a los soldados arrodillados, con una mano extendida ante ellos.
"Sugelfunkyn os pide que inclinéis la cabeza ante él. A cambio, os bendeciré con mi poder", empieza a hablar con voz regia Robin.
"Oh, poderoso Sugelfunkyn. Bendícenos y así nos inclinaremos ante tí. Danos una muestra de tu poder", dicen los soldados.
Robin se acerca a Shanna, tocando su frente, y susurrando que el poder del Gran Dios mediano ahora formará parte de la guerrera, como nueva heraldo de su presencia en el mundo. Shanna empieza a sacudirse con los ojos en blanco, murmurando: "Oh, sí... lo noto... el poder está en mí..."
Al ver aquello, los hombres bajan la cabeza ante el mediano, momento en que éste desenvaina sus dos dagas y grapa los cascos de los guerreros a sus cráneos con ellas, haciendo que caigan fulminados, al grito de: "¡YA ESTÁIS BENDECIDOS!"
Por fin, aprovechando el momento, Taeros consigue transformarse en el poderoso Oso-Tótem. Sin embargo, el cambio se apodera momentáneamente de sus sentidos, olfateando nervioso sangre y lucha a su alrededor. Sorprendidos y asustados, los soldados que quedan en pie adoptan una posición defensiva, rodeando a la criatura, y continúan aporreándola para tratar de someterla 'por el poder de Egrevius'.
Tras ellos, una descojonada Shanna trata de gritar con lágrimas en los ojos: "¡Por Sugelfunkyyyn!", al arrojarse contra los dos soldados que quedan en pie, pero su grito y risas son tan evidentes que no logra cogerlos por sorpresa, y éstos adoptan una nueva posición defensiva, rechazando los espadazos de la mujer con sus escudos, acribillándola con nuevos porrazos que tratan de amoratar su piel, pero la armadura protege de los impactos con chasquidos metálicos.
Alrededor de la lucha, varios medianos con ojos como platos se acercan con devoción en la mirada hacia Robin, susurrando 'Sugelfunkyn ha venido a salvarnos. ¡Ayudanos, Sugelfunkyn!'. Comienza un acercamiento cada vez más masivo de medianos que se arrodillan junto al ladrón, pidiendo con oraciones '¡Sugelfunkyn, salvanos!'.
Tan muestra de devoción provoca una necesidad de ayudar -de salvar- a sus hermanos medianos.
"¡Sugelfunkyn exige un sacrificio!", vocifera Vitus, al tiempo que convoca una brutal explosión de llamas contra los guardias que aún resisten el envite de sus compañeros.
En efecto, la explosión brota del mismísimo ser de Vitus, cuya carne empieza a socarrarse en las manos por las salvajes energías liberadas, a la vez que los guardias restantes vuelan por los aires, convertidos en nubes de ceniza, aterrizando los restos de sus enseres entre una espesa nube de humo en las cercanías, provocando a Shanna y Taeros cubrirse los ojos con manos -y zarpas- para no quedar cegados, aunque la fuerza de la misma los arroja por los suelos.
"Sugelfunkyn, por mediación de sus fieles, os ha salvado, hermanos", proclama Robin a sus compañeros de raza de AguasTranquilas. "Veneradme".
Shanna, tras aclararse la vista, se acerca a los cadáveres más enteros para registrarlos... descubriendo que en absoluto poseían tatuajes en sus muñecas -sólo rozaduras de las armaduras-, y sólo su sospecha había colocado en su mente aquella marca sobre las pieles. Preocupada por la inmensa cagada, mirando que nadie en ese momento se fija en ella, Shanna toma el tampón y pone un sello de ManoSombra en la muñeca del cura (por si cuela), aunque con los nervios se le cae casi la mitad de la tinta, desperdiciada.
Obviando la adoración de Robin, Taeros, Shanna y Vitus se acercan a ambos caballos, y al tomar la llave de los soldados para abrir los cofres, el grupo se encuentra en poder de una enorme cantidad de monedas -normales y de Egrevius- en su poder, dejándoles los ojos como platos.
A pesar de la veneración a Robin, de pronto algunos medianos empiezan a sobresaltarse por el crimen cometido, habiendo matado a una caravana de adoradores de Egrevius, con el castigo que ello conlleva. Shanna, previsora, muestra la muñeca del heraldo, indicando que se trataba de los mismos bandidos -mejor equipados- que los de la posada... a los que ella 'ha descubierto' -añade con fingido orgullo-.
Cuando Robin mira a sus nuevos creyentes y hermanos de raza, junto a un Taeros que saca un buen puñado de monedas de Egrevius del cajón y las arroja al pueblo, indicando que un grupo de ManoSombra ha sido eliminado -sin el coste añadido por sus cabezas para los medianos-, y Vitus adopta una postura protectora junto al ladrón, éste se dirige a la muchedumbre.
"Os he salvado. Aquí, mis compañeros y yo hemos logrado que la organización de los ManoSombra haya quedado debilitada. Ésto sólo es el principio. Pero debéis seguir con vuestra adoración y veneración. Por lo tanto, debéis mantener silencio sobre mi existencia. Porque si se consigue la victoria, debe ser mediante un acto de sorpresa el que nosotros podamos llegar a la capital".
"Venerado Sugelfunkyn. Mantendremos vuestro secreto, al coste de nuestras vidas si es necesario.
Salvadnos de estos malévolos. Destruid a estos asesinos. Defenestrad a estos ladrones", empieza a expresar uno de los medianos.
"El momento de revelación del dios no ha llegado aún", expone Shanna solemne. "Consideraos bendecidos por ser los primeros que han visto a Sugelfunkyn".
"¡Alabado sea Sugelfunkyn!", proclama el mediano, y a su alrededor se eleva un coro de voces: "¡Alabado sea!¡Alabado sea!".
Eligiendo una de las armaduras más eficaces de los soldados con respecto a la suya propia, Shanna se apodera de ella, pues pronto necesitará de una buena protección... sobre todo con un desastre de compañero buscalíos como es Robin.

Así, dejando atrás la comunidad de AguasTranquilas (que pronto será bautizada como FeTurbia, o algo por el estilo), los compañeros se encaminan rumbo a Nesovia, donde les espera una cita con el destino, los ManoSombra, Egrevius, una lucha de Credos... y el secreto guardado de los Pergaminos de RayLin.


CONTINUARÁ

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