No sólo eso.
Los aventureros habían concertado una cita de noche (a la romántica luz de las estrellas... sí sí) con los ManoSombra, pues los criminales estaban interesados en sus servicios. Frael, durante la exposición, comentó la viabilidad de convertirse en agentes dobles, aunque Ratón le recordó que tenían el lomo bastante curtido por el cansancio y el trajín, y necesitaban un poco de siestecilla para reponer fuerzas.
Myrtle comentó que había una posada relativamente tranquila cerca de allí, donde podrían reposar, y a sabiendas de los precios actuales, todavía podía salir relativamente bien de coste (en torno a las 4 monedas por aventurero -cuando los personajes protestaron por el precio, Myrtle sacó las tarifas de coste, mostrando que era 1 moneda más caro de lo normal, logrando que el grupo no se viniese arriba muy rápido con los gruñidos-).
A pesar del coste, Myrtle -siendo quizá uno de los pocos habitantes de la ciudad en quien se puede confiar por su sinceridad- demostró su honestidad al explicar el precio, dejando que los aventureros valorasen el descansar allí o no.
Se trata de la Posada del Gnomo Borracho. Si el grupo va de parte de la Capitana, probablemente se les atienda con diligencia y eficacia.
Pensando en que contratarán una noche de descanso, aún así, los aventureros pretendían descansar sólo por la tarde, para levantarse frescos a la hora de la puesta del sol, y así atender a sus planes de encontrarse con los ManoSombra y conocer sus asuntos turbios de primera "mano" (valga la redundancia, jejeje).
Despidiéndose de la Capitana, el cuarteto se desplaza -orientado por la mujer- hacia un área del recinto ciudadano de la guardia, hasta llegar al lugar.
La posada no parece muy concurrida, salvo por algunos soldados de aspecto matón.
Sin embargo, ya que esta zona es la más cercana al área noble y gobernante, implica que la actitud de los guardias de la ciudad es un poco más respetuosa, porque si diesen problemas aquí, no podrían justificar un brote de violencia gratuita como en la zona donde podría haber más "chusma", señalándose como candidatos a una sancionaria "patada en el culo" que los largase de su trabajo permanentemente.
Al entrar en el edificio, el interior huele a madera cuidada y barnizada, dando un aspecto de arreglos y reformas recientes.
La escalera que se dirige hacia la parte superior donde se encuentran las habitaciones parece bien cuidada. El suelo no cruje al caminar sobre él, y las mesas aparentan buena firmeza, varios tamaños (mesas largas y estrechas para reuniones sociales, pequeñas en las zonas de reservados, o redondas para encuentros más formales) y calidad. En un lateral pueden encontrarse zonas de reservado con cortinas -o puertas- para ocultar la visibilidad, separadas por biombos de madera gruesa que delimitaban el espacio de cada uno -algunos más grandes, otros más íntimos-.
Además de los guardias, un gnomo de cabello rubio rizado y una gran sonrisa se mueve tambaleándose (como si estuviese borracho) por un defecto que retuerce ligeramente una de sus piernas.
Con una voz chillona y algunos gorgoritos, el tabernero da la bienvenida a los recién llegados a la Posada del Gnomo Borracho. "Soy Glonack. ¿En qué puedo ayudarles?". Cuando Ratón solicita comida y cama y el gnomo responde si para cuatro, Avon comenta que si piensa que alguno de ellos va a pasar su descanso en la calle como el desastrado de Frael, va listo, así que mejor busque algo digno. "Yo no juzgo a nadie, siempre que haya dinero de por medio y se comporten como buenos clientes", contesta Glonack. "Además, como pueden ver", señala a unos guardias que toman unas bebidas y comen en una mesa cercana, charlando de sus cosas y pasando de todo lo que ocurre a su alrededor, "tengo seguridad privada". "No daremos problemas", dice Ratón. "Entonces Glonack es vuestro 'hombre'... jejeje... bueno, vuestro gnomo".
"Somos personas respetables", dice el ladrón, poniendo carita de Jim Carrey. "Sí, claro... respetables", dice el gnomo, entrecerrando los ojos al mirar a Ratón.
"Seguramente serán tan respetables como el peso de sus bolsas de dinero, ¿verdad?".
"Mucho más respetables", dice el ladrón con gran confianza. Avon, por su parte, parece sacar una bolsa de dinero de entre sus pertenencias, a punto de golpear la cara del gnomo como quien reta a alguien a duelo con un guante... pero con más dolor y contundencia, mientras mira intensamente al gnomo, quien levanta las manos diciendo "sí sí, me lo creo... me lo creo. Ya he escuchado el tintineo, gracias.
Eh... siéntense donde quieran, en seguida les atiendo. ¿Qué van a tomar?".
"Una pinta de cerveza y medio jabalí", dice Frael sin delicadeza ni miramientos.
"Eeeh... eeehmmmm... bueno... tenemos cerdo de bellota. Jabalí... en este momento... no hay". "Medio cerdo, pues", responde el elfo bárbaro con un manotazo en una mesa.
"Yo quiero... una ensalada", dice con una sonrisa socarrona el ladrón fortachón.
"De rúcula, de lechuga, de escarola...", empieza a nombrar el gnomo. "Me da igual, pero acompañada de algo de carne", frena al embalado tabernero Ratón. "Una Cesar, vamos", concluye el gnomo. "¿Y usted?", se dirige a Pendrell. "No quiero nada", contesta el interprete. "De eso ni destilamos, ni preparamos", dice sonriente Glonack. "Agua", responde casi escupiendo el bardo. "Vengo sediento". Avor, arreglando su repulgo antes de sentarse, mira dignamente a su anfitrión, solicitando un te con pastas. El gnomo lo mira, repitiendo sus palabras un tanto sorprendido, antes de tomar nota y marcharse.
Pasando la tarde en un grato descanso, conversando sobre todo lo sucedido hasta el momento, las vivencias, aprendizajes, personas y seres conocidos en el camino, los compañeros se enriquecen de su conversación hasta que los conocimientos empiezan a cosquillear en sus mentes, llevando a conclusiones firmes que permiten hacer crecer sus personas a través de las vivencias.
Después de muchas observaciones en la resolución de peligros por parte de Frael el Bárbaro, a pesar de no querer reconocerlo, Avon empieza a creer que, en el fondo, Frael tiene un corazón de erudito, y espera que pronto emerja y demuestre tal verdad, para sentirse orgulloso (fue uno de los Vínculos nuevos tras la resolución del anterior con respecto al Elfo Bárbaro).
Durante la conversación, Ratón recuerda que aún está en poder del medallón familiar de Avon... y quizá sería interesante deshacerse de él para desviar la atención de una personalidad tan... fulgurante (por decirlo finamente)... de alguien como el mago. Así que una buena posibilidad sería dejarlo en el Alcázar de Nesovia... por si las moscas a Avon se le girase la pinza y convirtiese al ladrón en un ninot de las fallas de Valencia. Otra posibilidad sería colocarlo entre los ropajes de los contrabandistas con los que el grupo había quedado esa misma noche (una forma un poco jodida de cumplir un vínculo... ya podéis ver cómo las gastan mis jugadores. De hecho, ante ese comentario, Frael podría ver cumplido su propio vínculo después con Avon, ya que lo que Frael está deseando es que Avon se libere de sus capas de civilización para exponer al mundo el crudo poder que late en su interior... a saber... una bonita 'mascletá' humana a base de bolas de fuego a los supuestos 'ladrones' de su medallón... cortesía de Ratón el Cabrón). En el brainstorming de Vínculos sin Resolver, el jugador de Pendrell recordó en ese momento que, a pesar de las meteduras de pata mágicas que Avon ya había realizado en más de una ocasión, el bardo no había usado ninguna de ellas para resolver su vínculo con el mago: conoce el secreto del mismo, y es que no es tan buen mago como las historias cantan sobre él, ya que él lo conoce desde el pasado y podría escribir una balada con las 'verdaderas aventuras' de Avon (como su Invisibilidad a Medias)... y ésto también desencadenaría la resolución del Vínculo de Avon con Pendrell, en el que el mago sospecha que el bardo le esconde un secreto (que le guarda las espaldas ante sus fracasos, en vez de soltarlos a los cuatro vientos). Dungeon World y sus maravillosos Vínculos puteantes, señoras y señores.
(Sí, ya sé que es una mierda de descripción para decir que los Personajes aprovechan para SUBIR DE NIVEL... pero no había otra forma más descritiva y literaria de decirlo sin usar las palabras clásicas: SUBIR DE NIVEL)
Prácticamente pasado el crepúsculo, entre cena y charlas, hablando sobre la situación y preocupados sobre la ciudad y el hecho de que, si el grupo no se pone en marcha con respecto a la mujer druida astada, lo más probable es que Nesovia no sólo se disponga a sufrir una recesión económica, sino también un boom vegetal, convirtiéndose en pasto de la vegetación -con toda la ironía que ello conlleva-.
Avon también recuerda que la caravana Egrevia comentó que había un grupo de aventureros que viajó hacia el sur, en busca de algo importante... y no habían vuelto. También se rumoreaba que la búsqueda de estos aventureros formaba parte de una historia antigua de la región.
Aunque Ratón, con su inusitado valor, deseaba que la Capitana Myrtle los acompañase a su reunión clandestina, Frael comentó que su intuición le decía que no era una idea muy brillante. Mientras los compañeros planifican, el tabernero gnomo se acerca renqueando para preguntar si "todo ha sido del agrado de los señores", a lo que Frael responde que el cerdo estaba excelente y en su punto. Jugoso y sabroso.
El gnomo se alegra del halago, porque teniendo en cuenta los problemas recientes con los suministros, el tabernero había hecho cuanto había podido con lo que tenía en el almacén y la cocina. "Mis felicitaciones al chef", continúa Frael, y el gnomo las recoge con una sonrisa, indicando que el chef se sentirá halagado por ello.
Girando la cabeza, grita "¡IMELDA!¡UNOS CLIENTES TE FELICITAN POR TU TRABAJO!" en dirección a la cocina. Una voz profunda y ronca responde desde el lugar "gracias, jefe", dejando a los aventureros con los ojos abiertos como platos.
Partiendo en busca de los rufianes, el grupo percibe que la noche es bastante fresca, y las calles no están tan iluminadas como deberían. De hecho, los faroles de gas de la ciudad sólo están encendidos uno de cada tres. A pesar de que Ratón sospecha que podrían estar saboteados, Frael, más pragmático, piensa simplemente que la falta de economía no surte de suficiente combustible.
Los sentidos de los viajeros avisan de que en las zonas sombrías hay más figuras que se mueven sigilosas que en aquellas con luz. Parece que la noche también trae vida, con susurros intercambiados por aquellas siluetas, junto con tintineo de metal... además de algún profundo sorbo nasal que otro (junto a "oooohhh tíiio").
Ignorando las imágenes y los sonidos, los compañeros viajan hasta la zona gremial justo por debajo del área militar y noble de la ciudad.
El silencio de las calles, sumado a las tiendas cerradas a cal y canto -y atrancadas-, y la ausencia de gente -salvo el grupo-, al margen de un triste galgo abandonado que se acerca lastimero a los viajeros lamiendo sus manos, muestran la ominosa quietud de la noche. Si una antorcha se colocase al otro lado del perro, podrían verse sus vísceras más allá de sus costillas expuestas. Frael se fija en que el pobre chucho no parece tener dueño, y su aspecto de cicatrices, patas temblorosas y suciedad no deja duda de que es callejero. Apenado por el animal, Frael decide adoptarlo. Al acercarse, el perro lame sus manos con mirada suplicante. El elfo entrega parte de su comida al animal, que la devora haciéndole festejos, brincando alrededor de su "nuevo amigo", con los ojos hechos manzanilla. Su rabo se mueve a tal velocidad que amenaza convertirse en el látigo de un verdugo si alguien se acerca demasiado. Si lo agitase más rápido... se alejaría volando.
Mientras Frael alimenta al animal, se escucha una voz rasposa en el silencio:
"Vaya vaya. Si son los tipos de esta tarde".
"Ah sí, son ellos", añade una voz aguda y nasal. "Bueno. Supongo que quieren más negocios, jejeje".
Ratón, mirando a las sombras entre las sombras, saluda con cara de idiota.
Una de las sombras se asoma, distinguiéndose la nariz característica con aspecto de porreta de un criminal feo y bajito, vestido con ropajes, capa y capucha oscuras, con un parecido bastante evidente al de uno de los guardias del alcázar del gobernador.
"Eeeeh... conozco a tu primo", dice Ratón, señalando al tipo. Éste pone cara de sorpresa. "¿Cómo? ¿A mi primo?", dice, con actitud a la defensiva. "¿Quién te ha hablado de mi primo? ¿Quién ha sido?". De su capa sobresale algo bajo la tela con aspecto puntiagudo. "¿Quién te ha hablado de mi primo? Nadie conoce nuestra relación. ¿Cómo estás tan seguro?". Al ver que lo que hay bajo la capa no ha salido a relucir, carraspea, mira el bulto, pide disculpas, y lo extrae a la luz, mostrando un largo cuchillo. "¿Quién te ha hablado de mi primo?", continúa.
"Él mismo", comenta Pendrell de forma casual.
De pronto, un mandoble descomunal cae entre Ratón y el rufian de parte de Frael, mostrando una clara frontera que debería ser un aviso de 'NO PASAR' para el tipejo.
Ante el golpe, seis tipos más brotan de las sombras, cargando sus ballestas de entre sus capas oscuras y apuntando al elfo bárbaro, mientras una voz rasposa dice "creo muchacho que no deberías haber amenazado en vano a... LOS MANOSOMBRA".
Un grillo se escuchó en la noche.
Tras una breve risotada de Ratón (durante la que desenfunda su estoque con cuidado, quedando preparado para cualquier contingencia violenta, sin que ninguno de los rufianes se percatase de ello), Frael comenta que no está allí para perder el tiempo: "En primer lugar, la información que tenemos sobre tu primo es porque es un bocazas y la ha soltado él..."
"Por cierto, dice que es El Guapo", deja caer Pendrell entre medias -sin acritud-.
"...Segundo. No estoy aquí para perder el tiempo. ¿Qué queréis?"
Ante el comentario de El Guapo, todos los rufianes miran al nariz porreta, y comienzan a partirse de risa. El aludido mira a todos lados, desde sus compinches a los aventureros y de vuelta, comenzando a hacer aspavientos en dirección a sus camaradas. "¡¿Quién ha dicho que os riáis?!¡Nadie debería reírse de una situación familiar! Además... ¡él no es el guapo! Bueno... puede ser guapo... ¡pero yo soy El Listo!¡Por eso yo estoy aquí y él está donde está!".
Entre sus compañeros se escuchan expresiones de 'sí, sí... claro... lo que tú digas, muchacho...''Claro claro, por eso siempre ganas a las cartas, ¿verdad?'.
"Bueno. Aquí venimos porque nos habíais prometido negocio", interrumpe Ratón.
"Es cierto", dice el de la voz rasposa y grave. "Bajad las armas, muchachos". El de la voz surge entre sus compañeros, exponiéndose como 'la voz cantante' en ese momento. Las ballestas se descargan y desaparecen entre las capas como si nunca hubiesen existido. "Pues sí, es cierto. De hecho, teníamos intención de resolver una situación que nos tiene un tanto preocupados en la aldea Mediana de AguasTranquilas".
"Y ese lugar está al norte-sur-este...", empieza a consultar Ratón el ladrón.
"Al sur, al sur. Hemos tenido un... pequeño altercado con... algunos tipos peligrosos.
Y... eeeehhh... os podría decir que vuestros servicios serían gratamente recompensados".
"Eso se traduce eeen...", vuelve a interrumpir Ratón, ante la mirada frustrada del interlocutor rufián.
"Dinero... o bienes".
"Cuánta pasta", sigue insistiendo Ratón, provocando que las cejas del rufián se unan un poco más. "Lo pregunto porque aquí el dinero vale más bien poco. Los bienes son bien caros".
"Eh... bueenoo... Depende de a quién se los compres. Los ManoSombra disponemos de un amplio catálogo de mercancías".
"De bienes ajenos", apuntilla Ratón, haciendo rechinar los dientes del rufián.
"No. Son propios", expresa éste con fingida ofensa. "Ahora sí", trata de corregir Ratón. "Lo son desde que salen de nuestras manos", sigue el contrabandista. "¿Cómo puedes decir que son bienes ajenos? Además, se te ve del gremio, amigo. No deberías tener la lengua tan suelta en una circunstancia como ésta".
"Es que tampoco es muy listo", susurra Pendrell.
"Eso se nota", responde con una sonrisa cruel el malhechor.
"Ni lo confirmo ni lo niego", comenta Ratón, dejando perplejo al criminal, que responde: "Es decir, que ni siquiera sabes si eres tonto o listo".
"Más o menos, sí", asiente Pendrell con cara de circunstancia.
"Más vale parecer tonto que abrir la boca y confirmarlo", comenta con desdén Frael.
Los matones y rufianes ríen ante tal cantidad de puyas.
"Veo que el cerebro de la operación", dice el rufián, señalando a Pendrell, "eres tú, amigo, el del sombrero con el floripondio".
"Es que la inteligencia persigue a mi amigo Ratón... pero él es más rápido", comenta Pendrell con palabras hirientes.
Una nueva oleada de risas brota de los criminales.
Ratón mira a Avon, comentando "pensaba que era a él, pero...".
Avon mira fijamente a Ratón, susurrando con tono amenazante: "Él... ¿Quién?".
"Ehm... calla calla", dice el ladrón fornido del grupo, agitando su mano ante el rostro del mago.
Avon susurra con el ceño fruncido: "O sus chistes son muy buenos... o son rematadamente absurdos".
En ese momento, el grupo es consciente de que todos los rufianes están observando la conversación con gesto profundamente confuso.
El que parece el portavoz sacude la cara para recuperar la compostura, y trata de dirigirse a Pendrell, momento en que se escucha la atronadora voz de Avon dirigida a Ratón: "¡¿Me estás diciendo tonto?!"
Ratón se ríe sin justificación, mirando a Avon.
El mago señala con el dedo al ladrón: "Rat. Tonto es el que hace tonterías. Y, de momento, el único que las está haciendo eres TÚ".
"Bueeeno. Pero soy feliz con ello", responde risueño el aludido. "Sigamos hablando con estos señores", continúa, mientras los ojos del mago relampaguean con pequeñas llamas. "No provoques mi ira", susurra. "Sí sí", dice el ladrón. "Espera que estábamos hablando con estos señores, a ver qué nos proponen", intenta desviar la atención.
De fondo, los siete ManoSombra observan a Avon y Ratón como los espectadores de un partido de Roland Garros.
Cuando la discusión concluye, se miran entre ellos, y como esperando una aprobación, el cabecilla mira a Pendrell con gesto frustrado: "¿Podemos seguir?", pregunta malhumorado. "Sí", contesta el bardo. "Gracias", responde el criminal.
"Como decía... NUESTROS -recalca la palabra mirando a Ratón- bienes son abundantes y a un precio razonable".
"¿Y de quién tendríamos que ocuparnos para saber si el pago es proporcional al riesgo que supondría?", inquiere el bardo con interés.
"Uuuuhmmm... pueeesss... buenoooo...", remolonea el rufián.
"No, amigo. Queremos saber si el riesgo de la misión merece la recompensa", interrumpe bruscamente Frael, a su más puro estilo bárbaro.
Rufián portavoz: "Pues, se trata de una mujer pelirroja, un viejo chiflado, un mediano escurridizo y un hombre que cambia de forma".
"No quiero saber qué son. Pregunto QUIENES son", vuelve a hablar el bárbaro.
Rufián portavoz: "Un problema. Eso es lo que son. Un problema..."
Frael: "No me has entendido. ¿A qué se dedican?"
Rufián portavoz: "Son... buscadores de fortuna".
Frael: "¿Alguna cualidad especial que haya que destacar?"
Rufián portavoz: "Parece que uno de ellos cambia de forma -de fondo se escucha una risa de Ratón mientras tararea 'soy una taza... una tetera... soy un cuchillo... un tenedor', a lo que los rufianes susurran al nariz porreta 'efectivamente, tú eres el listo de la familia, y más considerando a un tipo como ese', dicen señalando a Ratón. Una risa nasal brota, junto a un 'pues claro, ya os lo había dicho. Desde luego, con competidores como ese o mi primo, es fácil ser el listo'. Con semejante estupidez, sus compañeros vuelven a reírse... de él-, y parece transformarse en distintos animales. La chica es una combatiente muy avispada y feroz. El mediano es realmente escurridizo y hábil con los cuchillos a corto alcance. Y el chiflado, al parecer, comanda poderes más allá de nuestra comprensión".
Al escuchar aquello, Avon da un paso al frente, y dice: "Eso es imposible. YO soy el único capaz de enarbolar esos poderes", momento en que despliega mágicamente su nombre en llamas (AVON EL MAGNÍFICO)... y Pendrell comienza a tocar una canción sobre Avon... pero la que muestra que, en realidad, no es tanto un gran mago como un poco un fraude al manejar tales poderes con más fallo que acierto.
"Avon", dice Frael. "Creo que en este pequeño viaje que acabamos de tener, se ha demostrado que no eres el único usuario de magia. Piensa un poco".
Ratón da un paso atrás.
"Mi magia es LA MAGIA", dice con orgullo el mago.
"Avon, no", trata de razonar el bárbaro.
(NOTA: 'Razonar EL BÁRBARO. Ahí lo llevas')
"Lo otro son supercherías, brujerías y poderes extraños. Pero YO soy el que enarbola LA MAGIA", sigue con su monólogo el mago."Avon... bájate de la parra", dice el bárbaro agitando la mano con desdén ante el rostro del mago.
"Frael", dice Avon. "Parece mentira. Lo único que has visto son trucos de salón con plantas".
"Y parece mentira que tú, siendo lo ilustrado que eres, tengas ese tipo de pensamiento tan retrógrado", acribilla el bárbaro al mago. "Crees que eres el único en el mundo con lo ancho y amplio que es, como usuario de magia".
"El es el único Mago", comenta Pendrell.
"Yo soy el único MAGO", se reafirma Avon.
En ese momento, la Balada del Hombre Intermitente comienza a sonar en el aire, interpretada por Pendrell, ridiculizando los poderes y hazañas de Avon como un usuario de magia mediocre, en absoluto similar a las historias que se cuentan sobre él de otras fuentes, incluyendo huir en vez de afrontar el peligro y otras lindezas.
Al sonar la canción, Ratón aprovecha para acercarse a quien parece el portavoz -ya que la atención se ha perdido por completo de él-, bailando al ritmo, pretendiendo dejar caer en el interior de uno de sus bolsillos 'algo': un medallón que Ratón, en un momento de debilidad, había robado a Avon. Un recuerdo personal del mago que éste ya sabía que había perdido en algún momento.
Dándose cuenta Frael de que Ratón se está exponiendo demasiado a la vista al peligro de ser descubierto, el bárbaro comienza a interpretar con gestos la canción de Pendrell, con despliegues como usar su capa para liarsela de cintura para arriba, dejando sólo sus piernas al descubierto (más o menos como ocurrió en el pantano). Aunque consigue atraer la atención de los rufianes -cuyo cerco rodea ligeramente al grupo- para desviarla de Ratón, siente que en una de sus piruetas experimentales -justo cuando usa su capa para imitar el momento 'Intermitente', algo lo roza... despojándolo 'inocentemente' de unas monedas... aunque los rostros de los rufianes son completamente angelicales.
Gracias al despiste, Ratón deja caer el medallón en el bolsillo del rufián elegido.
Pero en el momento en que lo coloca, una ballesta cargada se aprieta contra la sien del ladrón aventurero, mientras un susurro se le acerca por la espalda: "¿Intentabas robar a MI Jefe, amigo?".
"Nada, nada... sólo quería saber si tenía más mapas como el que nos enseñó en nuestro anterior encuentro", trata de disculparse el aventurero.
"¿Sabes?", dice el tipejo. "Por permitirte vivir, deberías pagar un diezmo a los ManoSombra, ya que estás actuando en terreno ajeno. ¿Qué tal si sueltas unas monedas y nos olvidamos de ésto?"
"Bueno", contesta con desinterés el aludido. "Después nos pagaréis más de eso cuando terminemos vuestra misión, ¿verdad?"
"Sí, claro", contesta el matón.
En ese momento, el dinero cambia de unas manos a otras, con Ratón haciendo malabares con ellas al lanzarlas a su extorsionador -que tiene que soltar la ballesta para poder cogerlas torpemente-, y el aventurero continúa su baile estrafalario con una apretada sonrisa de 'os la he colado, cabroneeees'.
Ante la interpretación de la 'leyenda', los ladrones expresan su incredulidad evidente en sus rostros por las torpes hazañas del mago. Avon, por su parte, mira a Pendrell, cuyo rostro adopta diferentes tonos de color... dando la impresión de ser un nuevo efecto mágico, porque la prestidigitación suele hacer cosas así, pero el mago no ha gesticulado con sus manos, lo que podría demostrar ser una magia innata muy intrincada. El rostro pasa del blanco al amarillo, luego al rojo, púrpura, casi morado... y entre la canción de Pendrell, las piruetas de Frael y los colores de Avon, los rateros terminan rompiendo en sinceros aplausos y 'bravos', alabando la interpretación, el acompañamiento y el baile.
"¡Ha sido estupendo! Pero... vosotros... ¿sois aventureros o una troupe de espectáculo?"
"Ambas, ambas", comenta Pendrell, esperando que el mago no se cabree demasiado.
"¿Ah, sí?", responden confundidos los rufianes.
Ratón, en ese periplo, vuelve hasta situarse tras Avon, gritando: "¡¡Y él hace de payaso!!"
Aunque las risas de los rufianes permiten relajar el ambiente, se percibe a Avon realmente enfadado. Mirando al bardo, pregunta con un suave gruñido: "¿Esa es la canción que se suponía estabas escribiendo para mí?".
Pendrell, mirando compungido al suelo, susurra un escueto: "sí. A ver... el problema es que si no consigues logros, no puedo escribirlos".
Entonces, Ratón y Frael son conscientes de que, quizá Pendrell tuviese esa canción guardada desde hace tiempo, habida cuenta de las peripecias contadas en ella, que van más allá de las vividas en los últimos días. Además, el detalle de la misma es que está muy bien escrita, con una melodía escogida con tino, y un acabado magistral... como si se hubiese trabajado en ella durante mucho tiempo... o quizá Pendrell sea un genio.
(MENTIRAAAAA)
"Mira. Después de que resolvamos el tema de esos pobres desgraciados, esa canción nos podría permitir sacar tanto dinero como en el último pueblo. Es muy buena", comenta Ratón con saña.
Avon, ya furioso su rostro, clava su mirada en Ratón. "Pero... ¡¿Quieres callarte?!"
"Me callo, me callo", susurra Ratón con las manos en alto.
Muy enfadado, el mago mira a todos sus compañeros como queriendo atravesar sus cráneos con la mirada, se da la vuelta refunfuñando, realizando un gesto con su capa que revolotea a su espalda, y desaparece magistralmente.
"Ahí os quedáis, ¡panda de ineptos!"
El ladrón fortachón mira al bardo, diciendo: "Esta vez le ha salido bien".
Y a lo lejos se escucha la voz furiosa de Avon gritando: "¡¿TE QUIERES CALLAR, RATÓN?!"
Atrás quedan los aventureros y unos contrabandistas que se parten de risa con esa salida dramática, comentando: "¿Ese era el tipo de la canción?".
Pendrell asiente suavemente.
"Pero... si la magia que ha usado ha sido espectacular".
"Ya, pero a veces falla y se equivoca como todo el mundo", justifica el bardo.
"Amigo. Esa canción decía que sus fallos eran mucho mayores a lo que parecía".
"Es que ya llevamos mucho tiempo juntos", responde Pendrell.
"Y un golpe de suerte lo tiene cualquiera", añade Frael, refiriéndose al último conjuro de invisibilidad.
En la distancia, apenas audible, la voz de Avon grita "...Fra eeel... te vas... a enteraaaar..."
"Cambiar el rostro de colores se le da muy bien. Eso no es muy complicado", comenta distraído Pendrell.
"Pasemos a otros asuntos", comenta serio Ratón. "¿Qué problema tenéis con ese grupo de tipos? ¿Tienen algo vuestro?"
"Ah sí", retoma el líder rufián. "En realidad, tenemos constancia de que saquearon unas ruinas que, casualmente, pertenecen al Culto de Egrevius. Y nosotros... eeehmmm... trabajamos para ellos. En realidad no es que sea así específicamente, sino que nos han encargado de vez en cuando alguna que otra misión de espionaje..."
"Aaaah", interrumpe en voz alta Ratón, "Entonces para el Culto de Egrevius. Eso explica muchas cosas. Vale. Sí".
Tal respuesta provoca miradas encontradas de confusión entre los malhechores.
"Y si había algo tan valioso en esas ruinas", interfiere Frael, "¿Por qué no había nadie vigilándolas?".
Líder rufián: "Porque no se conocía su existencia hasta que esos tipejos las saquearon".
Frael: "¿Y cómo os habéis enterado de que han robado algo valioso?"
"Porque seguimos a uno de ellos hasta la aldea de AguasTranquilas. Digamos que presumía mucho de sus capacidades, y la boca le perdió... como a él", dice el criminal, señalando a Ratón.
Frael: "Te refieres al cambiaformas".
Líder rufián: "No. Al mediano. Al manos largas. Con las manos más grandes que su estatura".
Frael: "¿Sabéis algún nombre de alguien de ese grupo?"
Líder rufián: "Claro. Uno de ellos sabemos que tiene amistad con el Lord Chambelán de Egrevius, y se llama Vitus 'el Grande'... el hombre que maneja extraños poderes. Otra es la guerrera llamada Shanna 'la Roja'. El nombre del cambiaformas es Taeros. Y el pequeño manoslargas se llama Robin".
"Y... ¿cómo los queréis?", toma la conversación el ladrón fortachón. "¿Muy hechos?¿Poco hechos?¿Vivos?¿Muertos?"
"A ser posible, que aún coleen, porque tenemos que hacerles algunas preguntas", dice el portavoz mirando a Ratón. "Tienen algo valioso que podríamos compartir con vosotros".
"En su defecto", interrumpe Frael, "con que traigamos ese objeto también os vale, ¿no?"
"No... no es el objeto robado. Es... información. Al parecer, en esa gruta en la que entraron hallaron un pergamino. Y, según tenemos constancia, es un pergamino antiguo y muy valioso... y podríamos... en fín... compartir su valor. Además de ello, profanaron un templo de Egrevius y robaron sus riquezas. También queremos recuperar eso", explica el portavoz.
"A ver qué podemos lograr con esas especificaciones", aventura Ratón. "Y... ya que tenéis mercancías a buen precio... necesito raciones".
Solícito, el líder rufián indica que, en efecto posee raciones, aunque un poco más caras de lo que se venderían en un mercado normal. Ratón y Frael adquieren algunas, a sabiendas de la pequeña subida de precio con respecto al valor estándar.
Durante la transacción, el líder criminal recomienda precaución al atrapar al grupo, pues son gente bastante escurridiza. De hecho, los ManoSombra saben que han tenido ciertos problemas con alguien que está implantando algún tipo de culto en el sur. También se rumorea que han sido capaces de derrotar a una tribu de goblins, y eso es importante. Son gente capacitada, al igual que los aventureros. Derrotar a esa gente beneficiaría al grupo tanto a nivel económico como de reputación. Frael comenta que sus amigos y él están más que capacitados, pero explica algo más: si el grupo descubre que está siendo usado para aprovecharse de ellos de alguna forma, Frael volverá... pero con poca actitud amistosa.
"Lucca Avilegne aquí presente", dice el portavoz, mirando fijamente a los ojos del bárbaro, "no engaña cuando se trata de un negocio".
"Aunque no voy a desprestigiar lo que hacéis, porque todo el mundo tiene que ganarse la vida de alguna manera", dice Frael -"mírame a mí", comenta Ratón-, "no me voy a fiar del todo de vuestras palabras hasta que lo compruebe yo mismo. Aparte... quien roba a un ladrón..."
"¿Me estás llamando ladrón?", dice con voz rasposa el portavoz.
"Hablando en plata", contesta Frael.
"Amigo... Eres un tipo que se calienta muy fácilmente", dice el rufián con una risa sarcástica. "Vamos, vamos... estaba bromeando. Creo que si estáis aquí, todos sabemos qué es lo que nos mueve. Y como muestra de buena fe, tomad. Para que veáis que estamos en esto juntos. Y si queremos ganar dinero, es mejor que colaboremos".
El líder rufián entrega más raciones al grupo.
"Tenéis una semana para resolver la situación", expone el tipo.
Cuando Frael pregunta por las prisas, el rufián indica que es importante. Cuando el bárbaro comenta que no sabe qué se encontrarán al llegar donde se encuentran sus objetivos, el líder rufián comenta que ya les ha explicado lo que van a hallar.
Aunque Frael trata de enredar al criminal para sacar más información, éste comenta que sólo deben pensar en ellos mismos, y ponerse en su propio pellejo para enfocarlo como si fuesen enemigos, para saber a qué pueden enfrentarse.
Frael trata de poner la última palabra diciendo que si el trabajo fuese fácil, no habrían encargado a nadie hacerlo, pero el líder criminal no parece hacer mucho caso al intento de sonsacar más datos.
(EN ESTE MOMENTO EL RESTO DE JUGADORES DIERON UN TOQUE AL QUE LLEVABA A FRAEL, DICIENDO QUE DEJASE DE ACAPARAR LA SITUACIÓN Y LOS DEJASE INVOLUCRARSE... SÍ... AL BÁRBARO ELFO SE LE FUE LA PINZA... O HABÍA COMIDO LENGUA)
Admitiendo que podrían ocuparse ellos mismos del asunto, el líder también comenta que, al disponer de pasta, pueden contratar a otras personas y lavarse las manos en el asunto, desviando la atención mientras se ocupan de otras cosas más importantes.
Y, por supuesto, como se había dicho antes: "todo el mundo tiene que ganarse la vida".
"Cuando volváis, preguntad por mí: Lucca Avilegne. Y si tenéis alguna duda, buscad el símbolo de los ManoSombra". Subiéndose una de las mangas, enseña una mano negra tatuada en la muñeca.
En ese momento, Ratón maniobra para abrir un poco de espacio en la apelotonada reunión, y permitir que el hombre de la marca se vea de cuerpo entero... incluido el colgante que sobresale algo de su bolsillo.
De repente, una llamarada de luz evoluciona a espaldas de los aventureros, escuchándose la voz de Avon gritar: "¡¿QUÉ HACES CON ESOOOOOO?!".
Acto seguido, una bola de fuego como un meteoro cruza el cielo hacia los criminales, pasando justo al lado de sus compañeros.
(LA BAR BA CO A... LA BARBACOA...)
Un estallido de fuego ilumina el callejón donde se reúne todo el grupo, convirtiendo en carbonilla instantánea a seis de los siete rufianes. A unos metros, los cabellos de Avon se agitan salvajes al viento con un grito triunfante y un rostro demente.
La explosión alcanza la pared de madera de los edificios más cercanos, uno de los cuales sufre un desprendimiento de un muro junto al mago, debilitada la madera por la llama . El muro se derrumba sobre el mago.
Avilegne, envolviéndose en su oscura capa, salta más allá de las llamas, gritando "moriréis por ésto, traidores", mientras huye en la oscuridad.
Al ver el muro caer sobre el mago, Frael se arroja a toda velocidad sobre su compañero. Al llegar junto a él, lo empuja lejos del fuego, dejando que la parte del muro que se derrumba se parta sobre su espalda con un aullido de dolor y cólera.
Aunque la herida parece peligrosa, sólo algunas ampollas y una piel colorada se manifiestan como lo sucedido en el cuerpo del elfo.
Junto a él, los restos de muro arden a su alrededor, y Avon trastabilla alejándose por el empujón de la zona del siniestro ígneo.
A lo lejos se ven siluetas moverse con rapidez, y se escuchan gritos de "¡Allí!¡Guardias, guardias!¡Por allí!". Un grupo de personas con fanales de luz avanzan por las calles oscuras en dirección a los aventureros.
Frael: "¡¿Has visto lo que has provocado, maldito loco con ínfulas de poder?!"
Por su parte, Ratón se despreocupa de Frael, tomando a Avon por el brazo, y tira de él susurrando: "Corre, corre, vámonos".
Avon aparta la mano del ladrón, gruñendo: "Ese tipo debe morir. ¡Me ha robado un medallón!".
Ratón: "Ya lo veré. Vamos... vamonos...", insiste.
(Y ASÍ ES COMO TRES PERSONAJES RESUELVEN VÍNCULOS E INTERPRETAN ALINEAMIENTO... LIÁNDOLA PARDA Y DÁNDOSE CAÑA UNOS A OTROS)
En esos instantes, entre las sombras de la noche, cuatro aventureros se escabullen por las calles, escapando de sus perseguidores.
Frael y Ratón huyen con tanta prisa que, en el forcejeo con Avon para que corra junto a ellos, el ladrón deja caer una daga al suelo, quedando el pertrecho atrás.
Frael, por su parte, no se percata de que un 'amigo' reciente lo sigue a cierta distancia, de forma llamativa: un bonito galgo callejero (el cual hace cabriolas de cerca, juguetea, jadea y mueve el rabo, quedando a la vista... y señalando la posición del bárbaro elfo). En la carrera por huir, tras azuzar al mago, ambos compañeros -después de un trecho- son conscientes de que han perdido de vista a Avon y Pendrell.
"El mago se habrá hecho invisible", dice Ratón.
(SEGURO, SEGURO... dice el DJ -hehehe-... y seguro que Pendrell se ha metido por alguna ventana, aprovechando para cortejar a alguna mujer para que lo deje dormir en su casa... seguro)
Sin embargo, Avon y Pendrell corren sin control por las calles de una desconocida ciudad... hasta ser conscientes de que... se han perdido entre las sombras del distrito de los gremiales.
Totalmente confuso por la situación, Pendrell decide que su mejor opción es colarse a través de una casa por una ventana -abierta, a ser posible- hasta que pase el temporal. Echando un vistazo a su alrededor, un edificio de buena fachada parece cumplir los requisitos necesarios en su primera planta, con la hoja de una ventana ligeramente abierta. PendrellMan -primo de SpiderMan-, comienza a trepar cual arácnido -con sus discretos ropajes bordados en oro- por entre las grietas de la mampostería, apoyándose incluso en el alfeizar de la puerta, hasta alcanzar la ventana abierta que refresca el hogar con la nocturna brisa de otoño y colarse por ella.
Avon, viéndose en una situación tan apurada, vuelve a convocar el poder de la invisibilidad con un chasquido... y hace un discreto mutis en la noche, tal y como Pendrell puede ver desde las alturas antes de entrar en la casa elegida.
Parece que la herida en el amor propio del mago le ha valido para ponerse las pilas.
En el interior de la oscura habitación, Pendrell descubre una cama de buena calidad vacía, junto con el mobiliario que representa la decoración del cuarto de una mujer -tocador, armario empotrado-. Por el pasillo tras la puerta cerrada de la misma, se escuchan unos pasos sigilosos. Tratando de evitar ser descubierto, Pendrell se esconde en el armario. Desde allí observa una luz tenue que entra en el cuarto, junto a un susurro: "Mi marido no está. Se encuentra de viaje. No hagas ruido". Otro susurro responde: "Vale cariño, pero sé discreta. Los vecinos no pueden enterarse". La primera voz responde: "Muy bien, tesoro". Tras ello, se escuchan más pasos suaves.
Después, se escucha fijarse el cierre de la ventana, y ropas empiezan a escucharse caer por la habitación, junto a risas... de dos mujeres.
(FUE EN ESTE MOMENTO CUANDO DOS DE LOS JUGADORES EMPEZARON A PLANEAR CUAL ERA LA FORMA MÁS DIVERTIDA Y PUTEANTE DE APROVECHARSE DE UNA SITUACIÓN TAN PECULIAR COMO ÉSTA -el tercer jugador aprovechó para poner la canción de Mecano: "Mujer contra Mujer", liando el cachondeo padre-)
Pendrell, confundido con la situación, piensa que la mejor forma de salir de allí es con discreción, sin que nadie sepa nunca que estuvo allí, por las múltiples consecuencias nefastas que podrían desencadenarse en general.
Con el sigilo de una mangosta, Pendrell escapa entre las sombras tan silencioso como la muerte... pero al salir al pasillo con un suspiro, se seca el sudor de la frente... notando que su sombrero de plumas SE HA QUEDADO ATRÁS EN EL ARMARIO.
(ME CAGO EN LA PUTAAAAA)
Frustrado y harto de la situación, Pendrell entra sin tapujos por la puerta -"hola buenaaaas"- en busca de su sombrero, sobresaltando a ambas mujeres, que emiten un quedo gemido al ser descubiertas, aunque su sorpresa es mayor al ver que el extraño simplemente coge un sombrero del armario y trata de marcharse por la puerta con un sonriente "graciaaaas". Una de las mujeres chilla: "¡¿Quién eres?!¡Llama a la guardia!¡Tenemos a un ladrón!".
"Tranquila", dice Pendrell. "Ya me marcho. Vengo huyendo de unos rufianes de ropajes negros".
"¿Ropajes negros?", responde la mujer confundida. "¿Quienes son esos rufianes?". La otra mujer a su lado susurra: "¿Túnicas negras?¿Los ManoSombra?". "Sí", dice Pendrell. "Y para despistarlos he entrado aquí. Ahora me marcho... vosotras seguis a lo vuestro..."
"¡Espera espera espera!", dice la mujer que ha pronunciado ManoSombra. "No. No te vas a ir", trata de hablar muy dignamente, a pesar de la circunstancia. "Porque si sales por esa puerta, llamaré a la guardia, vendrán y te detendrán".
"Y, ¿qué quieres a cambio?", responde el bardo con un mohín.
Dama de la Casa: "Quiero... que investigues dónde se encuentra el cuartel secreto de esos criminales, y me devuelvas el tocado que le robaron a mi marido, como pago por un soborno para que dejaran en paz su tienda. Si no, le diré a la guardia que has entrado aquí y te detendrán por pervertido, por asalto, por acoso... e intento de violación".
"Y entonces yo le digo a tu marido que te estás enrollando con la vecina... la prima... la sirvienta... o vete tú a saber que está contigo en la cama... so cacho de adultera".
Las palabras del bardo provocan que la otra mujer se sonroje hasta adoptar un color encendido.
"No... no le digas eso", consigue articular la mujer acongojada.
La dama de la casa, con una sonrisa malévola, expone: "¿A quién crees que van a creer, a un desconocido y extraño en la ciudad... o a mí, la señora de esta casa?"
"Sepa usted que no sólo no soy un desconocido en esta ciudad, sino que, a diferencia de usted, que sólo la conocen aquí. A mí me conocen más allá de estos muros. Yo soy un músico de prestigio".
"Y mi marido es un mercader muy importante".
Pendrell: "Sí, que no puede entrar por las puertas cuando va a las tabernas".
Dama de la Casa: "¡No te burles!"
Pendrell: "Hay que reconocer que la situación es hilarante".
Dama de la Casa: "Si me traes la diadema, daremos este asunto por zanjado. Te doy... una semana".
Pendrell: "Eso requerirá un precio por ese trabajo".
Dama de la Casa: "Mi silencio".
Pendrell: "Pero si el peligro es demasiado grave, quizá no sea bastante".
Dama de la Casa: "¿No es suficiente con que tu reputación siga en esta ciudad siendo conocido, en lugar de convertirse en mujeriego asalta casas?"
Pendrell: "Sabes que eso revaloriza a los artistas, ¿verdad?"
La expresión de la mujer cambia a 'ostia, ahí me ha pillao'. "Pero... este no es el momento de discutirlo. Eh... trae la diadema... y te recompensaré, aparte de mi silencio".
"Es un trato justo... pero esta noche la paso aquí... en otra habitación. Buenas noches".
Pendrell se marcha, dejando a dos confusas damas tras una puerta cerrada, con expresión de absoluta incredulidad.
El bardo no sólo ha pagado una habitación de una posada que no va a usar, sino que va a dormir en una cama mucho más cómoda en la habitación del marido acomodado de una mujer adultera, que se encama con otra mujer, y no tendrá ningún problema con la guardia, pues estará fuera de las calles donde menos se le espera. Sabiendo que las damas van a pasar un rato entretenido, incluso se permite el lujo de bajar a la cocina y la despensa, y comer opíparamente a la salud de una familia de mercaderes adinerados, además de guardar comida incluso para el día siguiente al marcharse de allí, incluyendo una exquisita botella de vino de calidad de la bodega de Iclisto el Mercader.
(Nuevo MOVIMIENTO Dungeon World: Gorrón a Full)
En otro lugar, Frael y Ratón son absolutamente conscientes de que dos de sus compañeros se han quedado atrás, y tardan en llegar. Después de doblar varias esquinas a toda prisa, dejan de correr y comienzan a andar con calma, simulando dar un paseo sin llamar la atención, dirección la posada, tratando de escuchar los ruidos de la noche, y dando por hecho que sus dos compañeros conocen el camino al lugar.
Al llegar allí, el gnomo saluda a los clientes, comentando que son los únicos del grupo. "¿Sus compañeros van a dormir aquí?", pregunta con interés. "Se supone", comenta despreocupado el ladrón. De pronto, el gnomo cambia su expresión por una de aspecto asqueado, señalando a la puerta. "Y, ¿ese perro?¡Fuera, fuera!", comienza a gesticular violentamente hacia el animal. "Las mascotas no están permitidas en este establecimiento. Largo... largo de aquí perro... ¡Fueeera!".
"Si tiene una cuadra", interrumpe Frael con cara de pocos amigos, "le agradecería que lo acogiese en ella". "Claro, señor. Una moneda". Cuando el elfo paga la tasa, el gnomo se acerca al perro, y llamándolo para que lo acompañe, sale al exterior, guiándolo en efecto a las cuadras de la posada. "Vamos... ven conmigo... eh... ¡No me muerdas!¡Quieto, quiet...!¡Vamos chucho!". Se escucha un golpe y unos gemidos animales.
Al escuchar aquello, Frael se asoma justo cuando el gnomo vuelve de las cuadras.
"He oído llorar a mi perro", dice con voz ronca. "Sí. No quería entrar en las cuadras y he tenido que cerrar la puerta con fuerza detrás de él", se excusa el gnomo -aunque no se había escuchado ninguna puerta cerrarse-.
Frunciendo el ceño, Frael deja pasar la oportunidad de aplastar aún más al aplanchetado gnomo, y decide junto a Ratón que es preciso descansar, a la espera de que los compañeros vuelvan pronto.
Pero bien entrada la madrugada, se escuchan unas llamadas fuertes e insistentes en la puerta de la posada: "¡Abra la puerta, posadero!¡Avon ha llegado!". Con un chirrido, se abre la puerta. Tras ello, la voz chillona del gnomo se escucha claramente: "¿Señor? Sus compañeros han llegado hace bastante rato. ¿Por qué no ha llegado usted antes?"
"Porque NO ES de su incumbencia", responde el mago malhumorado.
"Vale vale... la cena está preparada".
"Gracias. Buenas noches".
Unos pasos suben raudos por la escalera a las habitaciones.
En ese momento, la puerta de Frael se abre como un resorte, y la mano del elfo arrastra al mago dentro.
"¿Eh?¡Eh!¡¿Qué haces?!", grita sorprendido Avon.
"¿Es que no te das cuenta de lo que has hecho?", gruñe Frael. "¿Y así demuestras ser el más inteligente?¿Te haces invisible para irte y dejarnos abandonados... y no puedes usar esa misma habilidad para quitar un puto medallón de un bolsillo?"
Avon: "¡Estoy muy furioso, Frael! Déjame descansar. No es momento para tonterías".
Frael: "Calla esa boca antes de que te la parta, mago estúpido".
Avon: "Si vuelves a hablarme así, te abrasaré la cara, impertinente".
Frael: "No te preocupes. Ya me he abrasado la espalda por tu culpa. ¿Algo más... como por ejemplo, disculparte?"
Con un resoplido, el mago comenta que lo mejor será que se marche a dormir, que mañana será otro día... otro día en el que el medallón volverá a sus manos. "¡Porque es mío!¡De mi familia!"
Frael: "Que sí, que sí. Tira. Pero hay otras formas de hacer las cosas. Anda a la cama ya".
Avon: "No vuelvas a sorprenderme como hace un momento, Frael. Podría haberte hecho daño".
Frael: "O yo a tí. Y con motivos. Tira ya".
Avon: "No me provoques, elfo".
Frael: "No me calientes las pelotas, mago".
En un violento cruce en el que ambos forcejean y discuten, Frael arrinconando a Avon contra una pared, y las manos del mago comenzando a brillar y calentar las del elfo para que lo suelte, Ratón se acerca a ver lo que ocurre, observando la preocupante escalada de amenazas.
En otro lugar, Pendrell rebusca en una bien provista despensa, calibrando la excelente calidad del embutido y el vino, el sabroso aroma del queso curado, la hogaza de pan aún esponjosa y crujiente...
Untando su guante en veneno calmante, Ratón sostiene del hombro y el cuello a Avon, dejando que el preparado haga su efecto, y cuando el mago se tranquiliza, lo acompaña tranquilamente a la cama, donde lo deja descansar, murmurando amenazas al elfo hasta que se duerme como un bebe.
Cuando el ladrón sale del cuarto del mago, sacude la cabeza pensando 'la que he liado'.
A la mañana siguiente, el bardo aparece por la posada bien temprano, con un brillo magnífico en los ojos del descanso en una buena cama, unas chapetas coloradas y un aire de satisfacción como pocas veces se le había visto, aún oliendo a buen queso y buen vino.
Mientras sus compañeros se levantan y se preparan para desayunar, el bardo ve en la puerta del edificio a un grupo de guardias acercándose con un perro callejero -algo familiar- agarrado a una cuerda.
Deteniéndose ante la puerta, llaman con tono firme.
Al ver aquello, Pendrell se detiene a observar el curso de los hechos.
En el salón de la posada, los aventureros escuchan desde sus habitaciones mientras se visten una llamada a la puerta. "Sí. Un momento", responde el posadero.
"¿Sí?¿Dígame?", continúa. Desde el exterior, se oye una voz potente y marcial: "Buenos días. ¿Es usted el dueño de la posada?". "Sí, claro", contesta el gnomo. La voz retoma su frase: "Necesitamos ver si el dueño de un animal que llevamos con nosotros está dentro".
Abriendo la puerta de la posada, el gnomo contesta: "Pues sí, es un cliente que vino ayer por la noche". "Y, ¿a qué hora fue eso?", solicita la voz del exterior. "En realidad vino dos veces", contesta el gnomo. "¿Dos veces?¿Cómo es eso?", pregunta la voz del exterior. "Sí. Una cerca del atardecer... y luego bien entrada la noche... y trajo a ese perro", explica el tabernero.
"Muy bien", concluye la voz. "Muchachos. Quedaos en la puerta. Tú... tú... venid conmigo".
Desde el exterior, Pendrell ve como el que parece el líder del grupo de vigilantes imparte órdenes, dejando a varios hombres en la entrada, y pasando a la posada con dos soldados seleccionados.
En ese momento, el bardo se adelanta rápidamente, dirigiéndose a quien parece el oficial del grupo: "Perdone". "¿Sí?", contesta éste, deteniéndose. "¿Por qué buscan al dueño del perro?", pregunta curioso Pendrell. "Es sospechoso de asesinato", responde el oficial. "¿Asesinato?", se sorprende el bardo. "Verá. Yo sé quién es el dueño de ese perro, pero es que en realidad su dueño le dio de comer anoche, y nos siguió hasta aquí. ¿No se da cuenta de que no tiene ningún distintivo? Es un simple chucho de la calle. Nos dio pena y lo alimentamos, nada más. Mire... casi se puede ver a través de él", dice el bardo, señalando las costillas del animal.
"Pues da la casualidad", comienza a explicar el oficial, "de que este perro fue encontrado anoche junto a unos restos de comida cerca de un lugar en el barrio gremial donde se sucedió en la madrugada una trifulca que acabó con la vida de seis persona y un edificio medio en llamas".
"¡Por los dioses! Pero, ¿qué me está contando usted? Menuda barbarie", finge asombro Pendrell. "Así que si usted conoce al dueño de este perro", continúa el guardia, "dígale que baje. Tenemos que hacerle algunas preguntas". "Yo le pediré que baje, pero anoche estuvo conmigo", responde el bardo. "¿Con usted?", dice el oficial, mirando fijamente a Pendrell, cambiando su expresión a suspicacia.
"Ya se lo he dicho. Dimos anoche de comer al perro. Lo que pasa es que, si me ve ahora aquí, es porque me gusta hacer deporte por las mañanas. Es sano, ¿sabe?".
El guardia, incrédulo, observa las chapetas y la barriga de Pendrell. "Supongo. Eso me han dicho", responde sin convicción. "Y... ha salido usted a correr ahora por la mañana. ¿Y su amigo?".
"A él no le hace falta. Está fuertote", trata de divagar Pendrell. "Yo soy un bardo y... ya sabe... a veces, cuando acabamos en el cuarto de una doncella, y esa doncella explica que tiene marido, tenemos que correr. Así que hay que estar en forma, y por eso yo corro todas las mañanas".
La explicación deja al oficial y sus hombres con los ojos bastante abiertos por la sorpresa.
"Es lo que tenemos los artistas", sigue Pendrell, a lo que el oficial responde: "Sí. Está claro que usted es un 'artista'".
Mientras el oficial y el bardo hablan, uno de sus soldados se acerca al oficial y le susurra algo: Pendrell es uno de los tipos que se metió en problemas con la guardia DOS VECES -al entrar en la ciudad y en el barrio de los mercaderes-, junto con un elfo de muy malas pulgas y peores modales. Se ve que la guardia está bien informada de los aventureros.
Girando sobre sí mismo despacio, Pendrell entra por la puerta y comienza a canturrear y bailar, tratando de influir en la mente del recién llegado.
De pronto, el soldado cambia su expresión junto al rostro de su oficial, quien aparta ligeramente el rostro del subordinado como si le cosquillease en la cara, momento en que el soldado monta en cólera al percibir un momento de tiranía, y al grito de "¡Oye!¡Que yo sólo te estoy informando!", lo empuja violentamente, estampándolo contra el marco de la puerta.
Pendrell, con las manos en la boca, dice: "Pero... ¿cómo trata así a un superior?"
El rostro, entre sorprendido y furioso del oficial, se encara al soldado: "Pero ¡¿qué haces, subordinado?!", soltándole una bofetada con el revés de su mano.
Cuando el soldado se rebela ante la agresión, el oficial empieza a ordenar que sujeten al rebelde. "¡Insubordinación!". Los compañeros, anonadados por el hecho, se arrojan sobre el agitador, tratando de contenerlo. "¡¿Cómo insubordinación?!", se escucha otra voz en el tumulto. "Su actitud seguro que está provocada por una venganza por no saber perder a las cartas la noche pasada. ¡Y yo soy un jugador limpio!", alza la voz el oficial. Desde la barandilla del piso superior a la taberna, Ratón empieza a azuzar: "¡¡Bieeeen!! ¡¡Pelea de tabernaaaa!!"
De pronto, lo que parecía una formación militar bien preparada se transforma en un tumulto barriobajero, entre gritos de '¡Yo soy la autoridad!' o '¡Tú lo que eres es un fullero!' De fondo, la voz del gnomo trata de calmar la situación para que no se produzca una pelea en la puerta de su establecimiento, aunque es silenciada bruscamente por un golpe que acalla al tabernero, quien tras caer por los suelos, empieza a amenazar con llamar a los superiores de la patrulla.
Con el tumulto, Avon se levanta quejándose de una resaca, además de que el dolor de cabeza se le acrecienta al oír gente gritar en la puerta. A gritos pregunta qué es lo que está pasando en la puerta, mientras se dirige a la escalera hacia la taberna. Ratón lo detiene a medio camino, asegurando que 'no está pasando nada', indicando que mejor no se metan donde no les llaman.
Ante la insistencia del mago, el bardo aparece por las escaleras, explicando que la guardia de la ciudad venía a buscar a Frael, pero gracias a la intervención de Pendrell, la cosa termine por otros derroteros. Avon, con una sonrisa sádica, se frota las manos, diciendo que eso lo soluciona él ahora mismo, volviendo a ser frenado por Ratón y Pendrell, por mucho que el mago intenta explicar que tiene a un 'colega' suboficial entre los guardias. Siempre puede volver a reunirse con otro 'amigo'. Ratón comenta que no le importa, pero mejor esperar a que termine la pelea. Valorando la situación, Avon sopesa que lo mejor será marcharse ahora que los vigilantes están entretenidos 'con sus cosas'.
Frael se asoma al pasillo, y al verlo Pendrell, le explica lo sucedido en la entrada en relación al perro y su vínculo con el bárbaro, incluyendo acusaciones de vandalismo, incendiario y sospecha de asesinato.
Cuando Frael razona que él no fue responsable de aquello, Pendrell trata de hacerle entender que se lo explique a los guardias que venían tan dispuestos, a ver qué pasa, dado su expediente en la ciudad con ellos.
Lo mejor será marcharse, antes de que el tumulto decaiga y recuerden por qué estaban allí, comenta Pendrell.
Avon comenta que, además, hay que ir a otro sitio A ENCONTRAR UN MEDALLÓN.
"Y un tocado", añade el bardo, sorprendiendo a todos los compañeros. Frente a tal revelación, Avon pregunta a Pendrell dónde ha estado esa noche, lo cual explica el bardo, camino de la escapada del edificio -incluyendo explicar a Avon que dos mujeres pueden tener relaciones íntimas entre ellas, a pesar de la mente retrógrada del mago-. La explicación concluye que, total... ya que hay que ir a por un medallón... qué más da incluir en el lote un tocado.
La inverosimil explicación -con detalles- del bardo provoca un shock momentáneo en el cerebro de Avon.
"Lo suyo sería volver a hablar con la Capitana", comenta Ratón. Pendrell apunta que "quizá lo de la muerte de los ManoSombra de la noche anterior habría que obviarlo de alguna forma". Ratón explica que se refería a revelar la presencia de los ManoSombra. También, además, podrían avisar a los aventureros a los que los ManoSombra tratan de eliminar, para intentar buscar aliados en ellos. En medio de la explicación, Ratón recuerda el mapa a Pendrell y si lo ha abierto de una vez. Ante la negativa de Pendrell por no haber tenido tiempo, Avon vuelve a pedirlo para estudiarlo él. El bardo vuelve a negarse porque fue SU COMPRA.
El mago insiste en que el bardo seguramente desconocerá de qué se trata su contenido.
Aunque Pendrell asegura que podrá hacerse cargo, Avon comenta que, si es un mapa místico, él podría usar sus conocimientos y ayudar en su descifrado.
Frael vuelve a recordar que el bardo es el dueño y puede hacer con él lo que quiera, ya que lo reconoció al verlo.
Cuando Pendrell comienza a comentar que, aunque Avon sabe lanzar conjuros, puede que desconozca lo que hay en el pergamino. En ese momento, Avon saca a relucir la balada del Hombre Intermitente al decir Pendrell lo de 'que sabe lanzar conjuros'.
Pendrell contraataca diciendo que de momento sus baladas han sido más útiles que la magia del mago.
(De fondo, Frael hace un redoble de timbales)
Gracias a sus baladas e historias, Pendrell pudo reconocer lo que era el pergamino.
Cuando el bardo desconozca algo, lo entregará a Avon para que lo estudie.
Suspirando, Avon entonces desvía su conversación hacia los aventureros que se supone que tienen otro pergamino, y qué hacer con ellos. Ratón expone que deberían ayudarlos y avisarlos, pero Pendrell considera que lo primero y más rápido sería recuperar el medallón de Avon.
Frael comenta que deberían hablar con la Capitana para ver si puede prestar apoyo con gente de confianza, y después seguir por partes con el resto de sus tareas en espera.
De fondo, en la puerta de la taberna, ya se escucha una muchedumbre apostando por la pelea y los implicados. El gnomo, aprovechando la coyuntura, comienza a anunciar cerveza a buen precio, y la bebida empieza a correr entre los espectadores, incluyendo convertirse en el corredor de las apuestas.
Ratón expone que podrían exponer a la Capitana su conocimiento sobre los asesinatos de la noche anterior... relacionados con los ManoSombra -sin implicarse ellos directamente-. Frael añade que deben revelar la existencia del tatuaje en la muñeca.
Pendrell recomienda que lo mejor sería no mentir, y exponer que tuvieron que defenderse del asalto, pues el riesgo de la mentira sería que no volviese a confiar en los aventureros. Frael añade que, como parte de la defensa, a Avon se le fue la mano con un conjuro... y bueno... el humo es la respuesta. Ratón concluye el alegato comentando que lo mejor es no entrar en detalles y decir que, simplemente: "Nos defendimos", incluyendo la huida de un ManoSombra. De hecho, si la explosión salía a relucir, el grupo empezó a desvariar sobre que los contrabandistas trataron de vender un artefacto explosivo defectuoso y... bueno... en fin... pues eso.
Antes de marchar, y pensando en si el perro puede ser rescatado del tumulto, Avon confiesa que debe una disculpa a Frael, comentando que podría encargarse de coger el perro. Desapareciendo, de vez en cuando en algún lugar por donde pasa, el aire vibra, dejando pequeñas muescas de ondas de color.
Al marchar el mago, Ratón tararea el estribillo de 'El Hombre Intermitente'. Un susurro mezcla con un gruñido se escucha en la distancia: "Ratón... si no te callas te quemaré las cejas cuando duermas..."
Marchándose de la posada, dirección a la zona militar en busca de Myrtle la Capitana en su casa, a lo lejos el trío escucha: "¡Eh!¡Tú!¡¿Qué haces con ese perro?!¡Tráelo aquí!¡Quieto!¡Quieto!¡Cogedlo!¡No te remangues la túnica para correr más, maldito loco!"
Acelerando el paso, el trío tiene la terrible sospecha de que, en estos instantes, la guardia (los visitantes de la posada) de la ciudad persigue a Avon, quien lleva un perro a cuestas.
Poniendo el ladrón la mano sobre el hombro del frustrado bárbaro, comenta que lo mejor sería llegar hasta la Capitana, y que pusiese algo de órden en toda la situación, antes de que llegase a mayores. Un terrible pensamiento empieza a rondar por la cabeza del grupo, en el que se forma la idea de que la guardia ahora persigue al mago... COMO POSIBLE SOSPECHOSO Y DUEÑO DEL PERRO CON RESPECTO A LA NOCHE ANTERIOR.
Perro... Magia... Fuego... Suma y sigue...
(Oh My God...)
Los compañeros, sacudiendo la cabeza, llegan poco después a casa de Myrtle, con Ratón apoyado en el marco de la misma y frotándose los ojos llenos de lágrimas (de risa, pensando en el follón de Avon).
Al abrir la puerta, la Capitana aparece uniformándose, y se sorprende de ver a los aventureros. "Buenos días. Iba a ocuparme de un asunto".
"Tenemos cosas urgentes que comentar", dice Ratón con cierto apremio.
"¿Un asesinato múltiple", comentan Frael y Pendrell.
Con gesto extrañado, la mujer asiente.
"Entonces hablemos antes de que te vayas", se acelera Frael.
"Supongo que no me va a gustar lo que vais a contar, ¿verdad?", dice Myrtle con gesto compungido.
Ratón sigue llorando en la puerta, mientras Pendrell responde: "O sí, no sé".
"Es una buena y una mala noticia", dice Frael, frotándose los índices.
"A todo ésto... ¿qué va a ser primero: la supuesta reunión que ibais a tener con los tipos que me dijisteis...? o..."
Pendrell interrumpe a la mujer: "Es que fue todo a la vez".
Frael empuja a Ratón y Pendrell, murmurando: "Dentro de la casa... deeentro de la caaaasa", mientras mira a la Capitana y la acompaña atropelladamente al interior, cerrando la puerta detrás.
"Pasad, contadme, y que evalúe yo antes de tomar una decisión a nivel oficial", murmura la Capitana con cara de pocos amigos.
"Dejadme hablar a mí", decide Pendrell, tratando de amortiguar el golpe. "Nosotros quedamos con ellos. Estuvimos hablando. Al principio todo parecía ir bien, peeeero... parece que le robaron algo al mago... el mago los acusó de ladrones... dio la impresión de que querían robarnos algo más... se pusieron agresivos... y el caso es que tuvimos que defendernos".
"Y sacaron ballestas", interrumpe Rat(on).
"Sí, tenían un montón de ballestas", corrobora Pendrell. "Aparte, querían que pegáramos una paliza a unos aventureros que hay en una villa cercana, cosa que en absoluto íbamos a hacer".
Myrtle resopla. Pendrell sigue soltando mierda.
"Tuvimos que defendernos. Iban a por nosotros y tenían intenciones y actitudes muy violentas".
"Por cierto", interrumpe ahora Frael. "El líder del grupo se llama Lucca Avilegne. Sospecho que durante el día los villanos mantienen unas actitudes muy distintas a las de la noche".
"Y huyó", añade Pendrell.
"Sí. Sobre todo porque nos enseñaron que, para reconocerse entre ellos, tienen un tatuaje en la muñeca con forma de mano negra, y reconocieron que trabajan para el Culto de Egrevius", apuntilla Rat(on).
"Es que Lucca Avilegne es el secretario personal de Lord Randolph Cavern, Senescal de la Moneda de Egrevius y Asesor Económico de la ciudad", dice preocupada la Capitana. "Pues ya sabe usted", apuntala Pendrell.
"Si han reconocido que trabajan para el culto, y encuentra a Lucca con las cejas quemadas... sume dos más dos", comenta desenfadado el ladrón.
"Pero Lucca es el agente encubierto de Lord Randolph Cavern para investigar asuntos ajenos al templo que pudieran causar problemas a la Casa de Nessus y al Gobernador", dice Myrtle preocupada.
"¿Qué mejor tapadera?", dice Frael.
"Yo le digo lo que vimos y hablamos con ese tipo", se encoge de hombros Pendrell.
"Con esa posición, Lucca tiene la excusa perfecta para no dar explicaciones de por qué está con los ManoNegra", dice en firme Frael. "Y el Senescal tiene la excusa perfecta de por qué trata con Lucca, siendo un ManoNegra".
"Y así se aclara por qué el dinero se mueve tanto y desaparece", expone Rat(on).
"Tanto si pillan a uno como a otro, ambos puestos tienen una cobertura sólida", concluye el bárbaro.
"Señores", interrumpe la Capitana. "Creo que lo que me han contado no debe salir de aquí. No hasta que esta situación esté resuelta. Pero tengo un problema. Yo no puedo actuar directamente hasta tener pruebas de eso. Si ustedes se ofrecen a trabajar a mi servicio... en dicho caso, necesito que reúnan pruebas físicas..."
"¿Como Lucca Avilegne in fraganti?", interrumpe OTRA VEZ Frael.
"...puede alegar cualquier tipo de excusa, como un doble juego trabajando para el Gobernador y su subalterno Lord Randolph Cavern. Tiene que ser algo de peso".
"¿Y si le saco una confesión, estando tú cerca, sin que sepa que estás?", vuelve Frael a la carga.
"Eso es diferente. Pero si lo haces por la fuerza, podría alegar que fue coaccionado", explica la Capitana.
"Hemos de conseguir pruebas físicas y tangibles", resume Pendrell.
"Exacto", responde Myrtle.
"Seguro que tienen algún tipo de libro de cuentas o algo similar que podamos conseguir", revela Pendrell, pensativo.
"En su guarida", añade Frael.
"Si está al servicio de Lord Randolph, evidentemente, como comentáis, tenga que justificar sus acciones ante él, y eso implica que tendrá algún tipo de información escrita", revela la Capitana.
"A por ellos", dice Frael, golpeando la mesa.
"Pero no saben dónde buscar", frena al bárbaro la mujer.
"¿Sabe usted por dónde se mueve el tal Lucca?", pregunta Rat(on) para comenzar a acotar terreno.
"Tiene una mansión en el barrio noble", responde la señora.
"Vamos a aprovechar a mi perro, para que olfatee el rastro de los chamuscados a través de la ropa que nos pueda proporcionar la capitana", comenta Frael entusiasmado.
"Lo mismo te lleva a una barbacoa", ríe por lo bajo Rat(on).
"¿Qué perro?", pregunta la guardiana. "No veo ninguno por aquí".
"Lo están trayendo", dice el bárbaro, mirando de reojo por la ventana. "Bueno... ya llegará".
(Llamadas a la puerta de la Capitana. Ladridos de alegría y jadeos animales)
Rat(on) abre la puerta.
Avon, con su sombrero de ala caída, se encuentra en el exterior, con cara de pocos amigos. "Me busca...", dice, deteniéndose a media frase al ver la capitana. "Buscaba un momento para entregarte a tu perro", termina su frase el mago. "Señora... mis disculpas por haber llegado tarde". Cerrando la puerta tras de sí, su aspecto sudoroso y jadeante no deja lugar a dudas del esfuerzo realizado. "No tendrá agua por ahí, ¿verdad?", pide el mago con rostro enrojecido.
Mirando al mago y al resto, Myrtle pide que se le explique qué ocurre.
"Los guardias anoche vieron a ese perro", toma la palabra Pendrell, antes de que Frael empiece a hablar, "y venían buscándonos a nosotros. Como he dicho, nos defendimos, pero los guardias, al ver al perro, nos localizaron porque habíamos dado de comer al perro -callejero- y nos siguió. Avon, como tenía el perro en brazos, lo han perseguido como sospechoso de los hechos de la madrugada anterior. Habrá llegado aquí suponiendo que estaríamos, ya que no estábamos en la posada".
Mientras Rat(on) expone con fluidez datos, en apoyo a las explicaciones de Pendrell a Myrtle, la capitana lo mira fijamente con ojos de sospecha, comentando que sabe demasiado sobre asuntos de las personas de baja estofa. "Espero que no seas un espía de los ManoSombra que no esté aún marcado. Procura no cagarla, porque si algo sale mal, y tú estás por medio, tomaré medidas. Pero de momento lo que me dicen me vale". Ante esas palabras, Rat(on) expone que en el fondo es una bellísima persona para acusarla de esa forma. Cuando Frael trata de intervenir en la conversación, la mujer lo mira fijamente, hablándole: "Por cierto, Frael. Estoy empezando a recibir informes de la guardia que, a pesar de no ser muy profesionales... o al menos no demasiado habituales en lo del cumplimiento apropiado del decoro en las calles, me informan de que estás causando más problemas de los que a la gente le gusta. Y esos problemas incluyen amenazas a miembros de la autoridad pública en plena calle".
"¿Yo? Pero si no he tenido ningún problema", dice Frael con gesto confundido.
"Nada más lejos de la realidad", continúa la mujer, "salvo levantar por el cuello a un palmo del suelo a un soldado. Con ésto te quiero decir una cosa. Espero que si tienes que sacar tu ira, lo hagas de forma apropiada, y no pongas en evidencia a los miembros de la autoridad, porque eso me pone en evidencia a mí, y si yo te pongo bajo mi tutela, estaré en tela de juicio ante la familia Nessus y el Culto de Egrevius, lo cual me podría valer una bajada de escalafón que impediría poder protegeros".
"Entonces", dice Frael, "te pido que nos otorgues una identificación de que colaboramos contigo para que no nos molesten".
"Acabo de decir antes que no puedo hacerlo", dice la mujer.
"Entonces nos seguiremos metiendo en problemas por esa cuestión", refunfuña Frael.
"Sólo te pido que te controles un poco", dice la Capitana.
"Lo intento, pero a veces me molestan demasiado", comienza a explicar el bárbaro, "por lo que te estoy diciendo. No podemos andar dando explicaciones a diestro y siniestro sobre qué hacemos y a donde vamos cada cinco minutos en la ciudad".
"La guardia hace eso porque ES LA GUARDIA", reafirma Myrtle. "Es su trabajo".
"Yo puedo intentar ser diplomático, pero a veces me tocan las narices", continúa Frael sin hacer caso.
"Son la guardia. Es su trabajo", vuelve a decir la Capitana.
"No lo hacen como guardia, sino de forma personal", empieza a excusarse Frael.
"¿Estás cuestionando mis métodos o mi autoridad sobre cómo los llevo en esta ciudad, Frael?", dice con un tono acusatorio la mujer.
Cuando Frael intenta seguir argumentando, la mujer vuelve a hacer la misma pregunta, en un tono peligroso. Frael trata de desviar la atención sobre los guardias que no hacen bien su trabajo con métodos poco ortodoxos. Sin embargo, dada la gravedad del asunto, la Capitana explica que no va a tolerar que se amenace a un miembro de su guardia otra vez. Cuando Frael se empeña en decir que 'no son su guardia', Myrtle levanta el tono de forma tajante, explicando que son SUS SUBORDINADOS. Ella es LA CAPITANA DE LA GUARDIA. Frael sigue tratando de explicar que él se refiere a los que ella no puede controlar, y la mujer se acerca al bárbaro para decirle que no quiere una excusa más. "No vuelvas a amenazar, atacar o meterse en problemas con un miembro de la guardia de la ciudad". "Lo intentaré", dice el bárbaro. "No lo intentes. HAZLO. Punto", concluye la mujer.
Con un gesto gruñón, Frael no parece muy convencido, mientras la capitana se dirige a Pendrell, tratando de seguir escuchándole.
"Creo que debemos dirigirnos a la mansión Avilegne. Por cierto, en la posada que nos recomendó, sus guardias se estaban dando de ostias en la puerta, montando un buen espectáculo", dice el bardo. "Ellos solitos", apuntilla el bárbaro. "Y estaban apostando. No sé. Si son tus hombres... deberías echar un ojo".
"¿Otra vez con lo mismo?", gruñe la capitana. "¿No te he dicho que no me vuelvas a dar explicaciones sobre mis guardias?"
"Tengo boca", gruñe Frael.
"Pues cállala, porque no es el momento más apropiado para utilizarla", dice con ira contenida la Capitana, "sobre todo de esa manera".
"Puedo expresarme cuando quiera", empieza a discutir Frael, y Avon le pone la mano en el hombro, comentándole en voz baja que debería callarse y dejar de provocar a la Capitana, que es la autoridad. Cuando Frael no deja de hablar, Avon pide auxilio a Rat(on) y Pendrell para hacer entrar en razón al bárbaro. Aunque el grupo empieza a intentar convencerlo, Frael sigue diciendo que no se callará, pidiendo a la Capitana que se pase por la posada y vea la actitud macarra de sus hombres.
Harta del bárbaro y su sublevación constante, le ordena callar, a lo que el bárbaro se marcha de la casa, relatando sin parar... interrumpido de pronto por un chiflido molesto de Rat(on), quien empieza a empujarlo, diciéndole que salga a tomar el aire. Tras el bárbaro, Rat(on) sale, no sin antes decir en voz baja a la capitana: "tiene mucho carácter. Discúlpelo". La mujer responde que ese carácter le meterá en muchos líos con las autoridades.
"¿Siempre es así?", pregunta Myrtle a Pendrell, quien asiente compungido. "¿Y no sabe que eso va a meterle en muchos líos?"
"Bueno. El día que lo metan en la cárcel, será culpa suya", dice el bardo, encogiéndose de hombros.
"Bueno. Como te preguntaba... por algún sitio iréis a empezar", dice la Capitana tras un suspiro.
En el exterior, Rat(on) trata de tranquilizar a Frael, porque deben congraciarse con la única persona de la autoridad que podría estar de su lado y salvarles el culo en caso de problemas. Frael comenta que la capitana no puede defender lo indefendible con sus argumentos, y los abusos de poder no sientan bien al bárbaro.
"Por la mansión de Lucca", responde Pendrell. "Pero, si está implicado, lo obvio sería que no estuviese allí, ya que tendría que quitarse de en medio", expone la capitana.
"Aún así, debemos empezar por algún lado... algún sitio donde se sienta seguro, y quizá eso apunte a su casa", explica el bardo. "Y allí podría haber algún tipo de pista sobre dónde estarán escondidos los ManoSombra. No digo que vaya a estar seguro allí, pero algo podríamos encontrar".
"Podría haber varios lugares donde buscarlo. Si realmente está relacionado con el Culto de Egrevius, y lo habéis visto en el castillo Nessus, tenéis varias opciones", explica la Capitana. "El Templo de Egrevius, su propia casa, y el castillo serían los puntos de partida para hallarlo".
"Hablaré con mis compañeros y decidiremos por dónde abordar la situación", razona el bardo ante la información.
"Por favor. Intentad que vuestro amigo no se meta en problemas. No me gustaría tener que detenerlo y meterlo en la cárcel", concluye la Capitana, antes de despedirse.
"De todas formas, si necesitáis algo u os metéis en un lío, acudid primero a mí. Venid a mi casa. En un ladrillo falso justo en uno de los marcos de la puerta hay una llave. Podéis usarla si os metéis en problemas. Pero necesito que me ayudéis a resolver ésto. Si lo hacéis, me ocuparé de que tengáis una reputación intachable en esta ciudad".
"Haremos todo lo posible". Tras esas palabras, Pendrell se marcha, acompañado de Avon hacia el exterior, dejando a una pensativa Capitana continuar su preparación para partir a sus asuntos.
Cuando el mago sale por la puerta, mira al bárbaro y le dice: "¿Recuerdas lo que me dijiste anoche en la posada? Pues esta vez eres tú el que está metiendo la pata. Y deja de auto justificarte, bárbaro. Busques la excusa que busques, no tienes razón", concluye, ante un Frael peleando por explicar su postura frente a la de la capitana nuevamente.
Pendrell se dirige a Frael: "Sabes de sobra que he usado mi poder para que discutiesen entre ellos y se peleasen, igual que la otra vez. Y por ello no tienes razón, ya que nosotros hemos provocado esa trifulca".
"Pero eso la Capitana no lo sabe", vuelve a la carga el bárbaro.
"Con esas palabras le das la razón al mago", dice Pendrell.
"Lo que esa mujer no va a hacer es que pretende acabar con la corrupción, y a la vez defiende a los corruptos de la ciudad", expone molesto Frael.
"Son sus hombres, Frael. ¿Es que no lo entiendes?", trata de razonar Pendrell. "Es su guardia. Es su ciudad. Es su deber."
"¿Entonces debemos dejar que hagan lo que quieran aquí?¿O los que estaban en la entrada de la ciudad puede que estén a las órdenes del Chambelán de la moneda, extorsionando a los comercios?", trata de defender su postura Frael.
"Que no te guste una ley no implica que no tengas que cumplirla mientras estés dentro de una ciudad", expone el mago.
"Por muy matones que sean los guardias", dice Rat(on), "son los guardias".
"¿Y entonces por qué no les encarga a ellos lo que nos ha pedido a nosotros?", dice el bárbaro.
"Porque hay manzanas podridas, y precisamente nos está pidiendo que la ayudemos a limpiar esas manzanas", dice el bardo. "Pero eso no quita que sigan siendo su guardia y sigan estando bajo su mando".
"Pero es que no me fío de ellos", dice Frael.
"Pues tengamos más cuidado para no llamar su atención y tener problemas con ellos", razona Rat(on) -sorprendentemente-.
"Lo único que te ha dicho es que no les amenaces ni pegues sin justificación", concluye cansado el bardo. "Porque aunque intentes no hacerlo, si les pegas te van a encarcelar, y con toda la razón, porque estás agrediendo a LA AUTORIDAD. Te guste o no, estén abusando o no del poder, siguen siendo la autoridad, y estás en su ciudad. La vida no es justa, y las cosas no son justas".
En ese momento, Frael comenta: "Este tipo de 'barbarie' en estas tierras no la comprendo. A diferencia de lo que podáis pensar, estas cosas no pasan en mi tierra".
"Es verdad. Se impone la fuerza bruta. Es muchísimo mejor", responde con sorna el bárbaro.
"Para qué discutir, si puedes arreglar las cosas a tortas", añade Rat(on).
"Se parlamentaba de una forma muy distinta a la vuestra. Vosotros, sin conocer si alguien es culpable o no, lo encerráis", dice Frael, frustrado.
"¿Le has pegado a un guardia?", pregunta Pendrell, a lo que Frael asiente.
"Pues ese guardia es un superior. Listo. Ya podrías estar en la cárcel. La ley es así. Eres culpable, independientemente de las razones que tengas para hacerlo".
"Es muy sencillo", hila Rat(ón). "¿Por qué nos están buscando ahora mismo? Han muerto seis personas. Vale que fuesen unos delincuentes, pero... han muerto seis personas en la ciudad, y la guardia tiene que buscar a quienes los haya matado. Y no hay más. Nosotros tenemos que escurrir el bulto, y se acabó".
Avon señala al animal. "Por este perro, y por disculparme contigo por lo que pasó anoche, ahora yo soy sospechoso. Tú te encariñaste con el perro y lo trajiste. La guardia comentó que había encontrado la comida del perro cerca del lugar de la muerte. Y mínimo, el dueño del perro es un testigo o alguien que sabe algo. Y si el dueño huye, es sospechoso".
(A pesar de las explicaciones, FRAEL NO SE BAJABA DEL BURRO)
"¿Y qué me relaciona a mí con el perro?", pregunta incrédulo Frael."Que te han visto con él", responde Pendrell, "cerca de la zona de los asesinatos, cuando ya tienes antecedentes de violencia con la guardia".
"Y le has contratado alojamiento en unos establos", añade Rat(on).
"A la guardia le va a dar igual la explicación que des, debido a tus altercados con ellos", dice Pendrell. "Si de mí dependiera, no estaríamos teniendo esta conversación. Pero la estamos teniendo porque LO MISMO NOS METEN A TODOS EN LA CARCEL POR TU CULPA".
"Y no tiene nada que ver que el mago haya carbonizado a seis personas", dice Frael.
"Que os podían haber matado a ballestazos", responde Avon.
"No lo sabes", dice Frael.
"Eran ladrones", dice Rat(on).
"Y me robaron algo muy preciado", dice Avon.
"¿Quién actuó antes de tiempo?", comenta Frael.
"Tú, cuando entraste a esta ciudad y cogiste a un guardia por el pescuezo", escupe el mago.
(Y la discusión sigue y sigue, en la que Frael justifica el hecho de que, de dejar a los criminales vivos, podrían tener más información, aunque Avon comenta que quizá, como criminales, quizá planeasen matar a los aventureros después de que les hiciesen el trabajo sucio, para eliminar cabos sueltos)
"La guardia no persigue a Rat(on) ni me persigue a mi", dice Pendrell. "Te persigue a ti", señalando a Frael, "y es por algo: consecuencia de tus actos en público, porque es lo que importa".
"Sencillo. La próxima vez que os vayan a atacar, me estaré quieto", refunfuña el bárbaro.
"Siempre te gustará la violencia y no podrás frenarte", comenta Avon.
"Puede que la evite la próxima vez, señor mago", trata de justificarse Frael.
"Podemos hacer dos cosas", dice Rat(on). "Buscar la mansión de Avilegne..."
"O ir al Templo de Egrevius", añade Pendrell. "Porque si los ManoSombra sirven al culto, puede que la sede esté bajo el mismo, donde nadie miraría jamás, a riesgo de profanar suelo sagrado. Aunque la capitana también a apuntado al Castillo Nessus".
"Donde vimos a Lord Randolph conspirar con alguien que parecía un ManoSombra", comenta Rat(on).
La conversación deriva en hacerse pasar por unos ManoSombra por parte de Frael, pero Rat(on) especifica que no cree que los criminales no se conozcan entre ellos y sean tan pocos como para gestionar con un número reducido la ciudad y la región.
Frael explica que no ha visto a muchos como ellos, aunque Avon comenta que sólo los han visto por la noche y al atardecer. Rat(on) comenta que, en ese caso, podrían buscarlos en una localización de las indicadas, o esperar a la noche y buscar a más sospechosos de ser ManoSombra, para seguirlos hasta donde se escondan. Cuando Frael propone buscar en casa de Lucca, Rat(on) comenta que es una persona de renombre, e ir a ese lugar tendría que ser con todo bien consolidado, porque de entrar sólo con conjeturas, acabarían en el calabozo por allanamiento. Frael aclara que su idea es esperarlo salir de su casa para seguirlo. Avon comenta que si, en el estado en el que se marchó, de estar en su casa puede que no saldría, o bien buscaría otro refugio. Rat(on) explica que en la situación actual, Lucca es intocable, y deben buscar a un enlace menor que los lleve hasta él. Y para sonsacarlo, el bárbaro lo puede interrogar a placer con los métodos que considere oportunos en un lugar discreto.
Entonces, Frael propone que quizá el primo del porretas ManoSombra guardia de las puertas del Castillo Nessus podría proporcionarles información.
Cuando Pendrell comenta que posiblemente no sabrá nada, Frael recuerda que su primo se puso muy nervioso al ver que conocían su relación con el guardia.
Eso podría ser algo.
Rat(on) entonces propone mirar su muñeca, lo que Pendrell apoya. Avon comenta que si fuese un ManoSombra, se reuniría con los ManoSombra y no haría falta verle el brazo. Pendrell explica que lo mejor sería demostrar a plena luz del día que aquel tipo es (o no) ManoSombra, y si lo es, interrogarlo, porque está dentro, aun siendo un guardia.
Avon comenta que la casa de la Capitana está cerca del Castillo Nessus.
Rat(on) piensa que, en la estación de otoño en la que se encuentran, habiendo ya manga larga, es más fácil ocultar el tatuaje para alguien como el guardia.
Para tal plan, Rat(on) propone drogarlo (a Rufus), mientras que Avon sugiere que podría embrujarlo, contando con que sólo había un compañero a su lado, y alguien en el rastrillo (Melvin).
Rat(on) perfila el plan: hay que agarrar (amistosamente) a Rufus y su compañero, sin levantar sospechas en Melvin y cualquiera que lo acompañe.
"La primera vez fuimos capaces", dice Avon.
"Pero ahora la guardia, con los sucesos actuales, puede estar con la mosca tras la oreja", comenta Rat(on).
Avon recuerda que en su primera visita de audiencia de Lord Ardo Nessus, éste no los recibió, y se marcharon con la Capitana Myrtle, pues parece que el Señor de Nesovia es un tanto arbitrario con quién recibe y la burocracia. Rat(on) expone que esa podría ser su excusa para entrar. Además, añade que Rufus podría estar atento si conoce la muerte de su primo. La misión es tratar de convencerlo para que enseñe el brazo.
"Podríamos emborracharlo hasta que no se tenga en pie, y con ello investigar el brazal de su armadura", propone Pendrell.
"Podríamos usar el veneno de Rat(on), en vez de complicarnos la vida", propone Frael.
Después de cavilar cómo camelarse a los soldados, los aventureros se encaminan a la entrada del Castillo Nessus, donde encuentran en su puesto a dos soldados vigilando el portón, de los cuales... uno es Rufus.
Conforme los aventureros se van acercando, la peculiar -y nasal- voz de Rufus se escucha en la distancia. "Buenos días, señores. ¿Vienen a visitar de nuevo a Lord Nessus?"
"Enhorabuena, Rufus", comenta Pendrell, mientras Rat(on) prepara discretamente su anillo del 'veneno amistoso' para posar la mano en el hombro del soldado, 'acariciando' su cuello casualmente con el pincho emponzoñado del anillo.
"Enhorabuena, ¿por qué?", dice extrañado el tipo.
"Por el ascenso", expresa alegre el bardo.
Rufus: "¿Ascenso?"
Pendrell: "¿No te has enterado?"
Rufus: "Pues no. ¿La capitana ha reconocido mis méritos?"
Pendrell: "¡Siii!¡Va a ascenderte!"
En ese instante, la mano de Rat(on) se desliza casual con un pinchacito en el cuello de Rufus, quien se sobresalta y mira extrañado por un instante hacia atrás, aunque el ladrón busca pasar tras él y apartarse de su vista, para que el soldado se enfoque en el bardo. La mirada del soldado empieza a cambiar a un gesto más amistoso en dirección al bardo, mientras se frota el cuello.
"Pues... vaya... muchas gracias... eeeh... amigo".
Pendrell: "Sí. Nos ha dicho que vengamos a informarte".
Rufus: "Pero, ¿quién, quién?"
Pendrell: "La capitana".
Rufus: "Ah, ¿sí? Vaaaya... Muy amable por vuestra parte."
Pendrell: "Lo que ocurre es que nos ha comentado un requisito indispensable, y es no tener tatuajes. Así que nos ha pedido que te miremos los brazos..."
Rufus (cara de pánfilo): "Ehm... ¿sí?¿Seguro?"
"Si no tienes tatuajes, no tendrás problemas", concluye el bardo.
Rufus (con cara de culpabilidad): "Bueeeno... sí. Tengo uno".
Pendrell: "A ver. Enséñamelo. Si no es muy grande, diremos que no lo hemos visto".
Rufus: "Pero... es que me han dicho que no lo enseñe. Bueno... pero tú eres amigo... te lo enseño. Y además... te puedo recomendar... tengo 'mano' en ésto".
(Al unísono Rufus y Pendrel: "Eeeeehhh... hehehe")
Cuando Rufus muestra la muñeca, en efecto es un tatuaje ManoSombra. Pendrell comenta que no dirá nada a la capitana, pero, como tienen que ir a su casa, puede ir con ellos para que ella haga oficial el ascenso. Rufus explica que está en su ronda de trabajo y no puede irse. Pendrell comenta que su compañero puede cubrirlo en el rato de ida y vuelta.
En el momento de nombrar al compañero, Avon se acerca al otro soldado, saludándolo:
"Buenos días, caballero", tratando de estrechar su mano. El soldado, sin embargo, se pone farruco, apartando el brazo molesto: "Eh, ¡eh!¡¿Qué hace?!¡No me toque!¿Qué pretende, robarme?¡Alto ahí!¡Quieto!¡Rufus!¡Da aviso!¡Este hombre ha intentado agredirme!"
Mientras Avon forcejea con el guardia, Rat(on), que había pasado de largo por detrás de Rufus, busca el hueco para acercarse, tratando de usar su última dosis de 'veneno amigo'. Pero en el forcejeo del guardia y Avon, el vigilante miró hacia su compañero para pedir ayuda con la alerta, observando a Rat(on) en su trayectoria.
Rápidamente, el ladrón se acerca mirando a Avon, metiéndose en medio del forcejeo ("pero, ¡no os peleéis!"), empujando con una mano al mago, y con la mano del anillo al guardia, al que raspa en el pecho junto al cuello. Acto seguido, en el forcejeo el ladrón provoca la atención del guardia al empujarlo, para que fije su mirada en él. En ese momento, el veneno comienza su efecto. "Tranquilo, tranquilo. ¿No recuerdas que ayer solicitamos una reunión importante con Lord Nessus y teníamos que venir? Somos de confianza. Ya nos habéis dejado entrar antes", recuerda el ladrón al guardia.
"Eh... es verdad", comenta el guardia, sacudiendo la cabeza. "Rufus. Falsa alarma, no te preocupes".
"Sí, sí. No hay problema. Estoy aquí charlando con un amigo", responde Rufus.
"Ah, bien. Sí. Yo también...", corea el guardia junto a Ratón.
"Además, deberías cubrir a Rufus porque Myrtle lo ha llamado. Nos ha mandado aquí para llevarlo con ella", añade Rat(on).
"Este... bueno. Pero que vuelva pronto. ¡Melvin! ¡Rufus se ausenta unos minutos! ¡Dile a Argus que baje!", grita el compañero de Rufus. Una voz resonante y bobalicona responde tras la muralla: "Voy. Un momento. ¡Argus!". "¡Sí!", responde una voz rasposa y cruel. Melvin continua: "Dicen abajo que bajes, tienes que sustituir a Rufus". "Un segundo", responde la otra voz. "Me pongo la armadura y bajo". "Vale", concluye Melvin. "¡Ya está avisado, compañero!". "¡Gracias Melvin!", dice el aludido desde la puerta.
"Nos marchamos ya. Os traeremos un pellejo de vino como agradecimiento luego", dice Rat(on) mientras escurren el bulto.
"Muchas gracias", dice el guardia. "Y, por favor. Que no se me acerque de forma tan subrepticia tu compañero la próxima vez".
Avon levanta las manos en son de paz: "No se preocupe".
Mientras el grupo se marcha con Rufus, éste pregunta sobre qué ha contado Myrtle de él. Pendrell explica que lo han ascendido por sus capacidades extraordinarias, y por eso te requería. Rufus se pavonea comentando que, de seguro, el uso de sus contactos ha resuelto más de una situación peliaguda. Está seguro de que la maravillosa Capitana estará más que agradecida. Con una risa y un codazo a Pendrell, el guardia trata de hacerse el gracioso picaruelo. Pendrell le sigue el juego.
Pronto, llegan a la casa de la Capitana, que ya había abandonado hace rato sus dependencias para atender sus obligaciones.
Pendrell coge la llave que había dejado la capitana para emergencias, entrando a Rufus con ellos, y sentándolo en una silla. Mientras tanto, Frael comenta que va a buscar a Myrtle. Pendrell explica que la capitana tardará un poco porque tiene que ponerse su ropa de gala. Rat(on) comenta que aprovechará para ir al mercado a por el pellejo de vino. Rufus se muestra felizmente impaciente.
Avon comenta, junto a Pendrell, que se quedan en la casa para preparar la 'ceremonia".
Cuando Frael y Rat(on) salen, ambos dividen esfuerzos por la ciudad para buscar a la capitana.
Por su parte, Pendrell empieza a dar palique a 'su amigo' Rufus para despistarlo.
Mientras Rat(on) busca a algún guardia que lo oriente para encontrar a Myrtle -con suerte un vigilante lo orienta por una ruta apropiada-, Frael se encuentra francamente perdido en aquella urbe tan 'civilizada' que lo atosiga con sus hedores y población. En un cruce de calles, una patrulla de cuatro soldados y un sargento observa al bárbaro. Uno de los soldados lo mira fijamente, y susurra a un compañero: "Ese es el tipo. Es el de la puerta. ¡Sargento! -alza la voz- ¡Es el tipo de la puerta!". El cabecilla mira extrañado a Frael, y lo llama: "Eh. ¡Usted!¡Oiga!¡Un momento!¡Deténgase!". A la vez que el soldado llama la atención, el grupo al completo se acerca a Frael.
Cuando el sargento se encuentra más cerca, Frael se percata de que se trata del sargento al que Avon invitó a una bebida en la entrada de la ciudad.
"¿Habéis visitado ya a Lord Nessus?", pregunta el sargento.
"Estamos pendientes de ello. Y, mire. Tengo la suerte de encontraros. ¿Sabéis dónde puedo encontrar a la Capitana Myrtle?", pregunta relajadamente el bárbaro.
Sorprendido, el sargento mira a sus hombres, y vuelve a cruzar su mirada con la del elfo. "Pues, la verdad es que sí. Está supervisando las cuadras de la guardia.
Tendrás que subir a los cuarteles", responde el hombre.
"Pues, muchas gracias. Es que ya que íbamos a ver a Lord Nessus, ella quería verlo, y así podemos acompañarla. Así organizaremos una reunión conjunta para hablar una serie de asuntos", comenta Frael.
"Muy bien, muy bien. Que tenga suerte". El sargento se despide del elfo, y cuando el grupo se aleja de él, doblando una esquina, se escuchan risas de los soldados y el oficial.
En un momento de fortuna, Rat(on) y Frael se cruzan por una calle, en direcciones diferentes. Mientras Rat(on) se dirige hacia un lugar, Frael sube la vía principal de la ciudad, dirección Castillo Nessus. Cuando se encuentran, comentando que ambos 'van a ver a Myrtle', Rat(on) comenta que el soldado le informó que estaba haciendo preguntas por el barrio gremial. Frael expone una información distinta, a lo que Rat(on) comenta que pueden seguir su camino o ir juntos a uno u otro lado, y si no se ven, reunirse más tarde en casa de Myrtle.
Continuando su camino, Rat(on) encuentra a la Capitana en el barrio gremial, interrogando a algunos comerciantes con una escolta fuertemente armada.
Myrtle, al ver a Rat(on) le hace un gesto sutil de 'aléjate de la vista', lo cual el ladrón cumple rápidamente, metiéndose en un soportal. Tras acabar sus pesquisas, Myrtle se acerca al ladrón. "¿Qué ocurre?".
Rat(on): "Tenemos a un miembro de los ManoSombra".
Capitana Myrtle: "¿Ya?"
Rat(on): "Sí. Sabíamos que un ManoSombra tenía un primo y lo conocíamos, así que suponiendo la afiliación de ambos, hemos ido a tiro fijo. Nos ha confirmado su pertenencia al enseñarnos su tatuaje, y nos ha dicho que estaba en el ajo".
"Así, ¿tal cual?¿Por las buenas?", dice la Capitana, sorprendida.
"Más o menos. Lo hemos convencido... y ya verá usted", dice Rat(on), algo culpable.
"¿Cómo lo habéis convencido?", pregunta suspicaz la mujer.
"Muy suave. De hecho, cree que es amigo nuestro", dice el ladrón con una sonrisa.
"Le hemos dicho que usted le iba a dar un ascenso..."
"¿Dónde está?", solicita la mujer. "Ahora mismo, esperando en su casa -la de la Capitana, aclara Rat(on), no la del ManoSombra-, con unos compañeros que lo vigilan".
"¿En mi casa?", se extraña Myrtle.
"Ha sido la única forma de engañarlo con respecto a lo de que usted iba a ascenderlo", explica el ladrón.
Con los ojos como platos y la cara confusa, Myrtle susurra "¿un... ascenso?".
"Es una gran mentira, pero eficaz", sonríe el ladrón.
"Posiblemente lo ascienda, pero de una patada en el culo hasta el torreón de la prisión", refunfuña la capitana. "En media hora estoy con vosotros", suspira. "No dejéis que huya. Nos veremos en mi casa".
Separándose de Rat(on), la Capitana continúa su tarea, y el ladrón se dirige andando de prisa a las cuadras de la guardia, en busca de Frael, al que encuentra justo llegando a la puerta de las mismas. Frael, a punto de entrar en el edificio, escucha golpes y latigazos, y una voz que grita: "¡Myrtle!¡Siéntate!¡Myrtle!¡Al suelo!¡Myrtle!¡Al suelo!¡Quieta!¡Quieta!". Sorprendido, el bárbaro se asoma por la puerta principal, y ve a un soldado junto a una yegua brava, forcejeando con ella. Frael se frota las sienes, asombrado de saber que han puesto a ese animal el nombre de la Capitana. Mientras observa la situación, un mozo de cuadra da un latigazo al animal, que se encabrita, y lo cocea, mandándolo a volar por los aires hasta estrellarlo contra una columna. "¡Myrtle!¡Myrtle!", grita el soldado junto a la yegua, intentando controlarla.
Cuando Rat(on) alcanza a Frael y le explica lo ocurrido, el bárbaro pone gesto de pocos amigos, entendiendo que la guardia se ha burlado de él, y abandona el lugar con el ladrón, hacia el hogar de la Capitana.
Allí, al entrar, provocan que, con la sorpresa, Rufus se levante marcialmente de la silla. Al verlos, pregunta confuso por Myrtle. Rat(on) explica que llegará en media hora. Además, comenta que el mercado está carísimo, y no ha podido comprar nada para la celebración. Entonces, Rufus sonríe: "Claro... hehehe... las mejores mercancías...", y mira de reojo a Pendrell con gesto confuso. Rat(on) asiente, diciendo que sabe que hasta la noche no pueden adquirirlas. "Sí, algo así", responde Rufus. Mirando con gesto preocupado a Pendrell, le pregunta en voz baja si los amigos del bardo saben algo del 'tema'. "Como no son muy listos", susurra el bardo, "sí. Se lo he contado. Pero, total, quién los va a creer". Más tranquilo, Rufus añade mirando a los recién llegados: "Claro. Las mejores mercancías... y a precios asequibles. No os quepa duda".
"Volveremos esta noche entonces", dice Rat(on). "De momento nos toca esperar a la Capitana".
En efecto, aproximadamente a la hora convenida, Myrtle aparece por la puerta. Rufus se levanta con gesto marcial, comenzando a hablar: "Capitán, mucho gus..."
Un puñetazo de Myrtle en la mandíbula del hombre interrumpe a Rufus, lanzándolo al suelo. Acto seguido, lo agarra del pectoral de la armadura. "¡ERES UN TRAIDOR!¡MALDITO VENDIDO A ESOS LADRONES... ESOS MALNACIDOS!¡¿CÓMO SE TE OCURRE, COMO MIEMBRO DE LA GUARDIA?!"
Rufus, aterrado, entre lágrimas y sangre, suplica: "Myrtle... Myrtle... Lo siento... Mi primo August fue el responsable... debía mucho dinero y él se encargó de pagar mis deudas... y, claro... vi que era un dinero fácil... nos pagan más... ya sabe que la economía en la ciudad está muy mal... y Egrevius no suele invertir mucho dinero..."
Myrtle, enfurecida, lo estrella varias veces contra el suelo, gritando: "¡PERO ESO NO ES EXCUSA PARA SERVIR EN CONTRA DE LOS INTERESES DE LA GUARDIA DE NESSUS, Y DE LA REGIÓN!¡¿CÓMO TE ATREVES?!"
"Además", añade Pendrell, "los precios están así de mal porque vosotros los controláis". Junto a la Capitana, Rat(on) va desarmando metódicamente a Rufus con desdén. El soldado, confuso, suplica ayuda a su 'amigo' Pendrell, pidiendo que explique la situación a la capitana.
Frael pone una mano en el hombro de Myrtle: "Antes de que lo desmontes a golpes, queremos saber dónde está la guarida de los ManoSombra. Después, si quieres te ocupas a tu manera de él. Pero, contrólate".
Myrtle, mirando con los dientes apretados a Frael, cierra su puño y golpea con fuerza la mandíbula de Rufus, dejándolo KO. Por un segundo, Frael siente que ese puño iba destinado a su propio rostro. Rat(on) aparta suavemente al bárbaro de la mujer.
Ésta levanta a Rufus del suelo, lo sienta en una silla, lo ata con una cuerda, se marcha y vuelve con una jofaina llena de agua, lanzándola al rostro del soldado. Éste se sobresalta, despertándose y balbuceando. Comienza a suplicar, visiblemente afectado por el dolor de su mandíbula: "Ouh... Myrtle... M.. boca... m... duele... ¿C'pafado?"
Rat(on), acercándose a Rufus, le quita el brazalete de la armadura bajo el que se encuentra el tatuaje ManoSombra, señalándolo a la Capitana. La mujer, con cara de pocos amigos, mira al grupo y suspira, tratando de controlarse: "Ésta es vuestra investigación. Tomad nota de todo lo que diga. Tengo que seguir con los asuntos de la guardia. Dejad toda su confesión anotada aquí, y cuando termine, dejadlo bien atado en mi sótano, donde tengo el cuarto de entrenamiento. Atadlo a uno de los grilletes, y ya me ocuparé de recogerlo más tarde. Será mejor que me marche. Ya me contaréis la evolución de todo". Lavándose las manos, Myrtle se marcha en silencio, pegando un portazo.
Rat(on), mirando a Frael, susurra: "Ahora le puedes endiñar". Rufus, aterrado, susurra más súplicas. Pendrell, aprovechando que Frael y Rat(on) están hablando, dice al oído de Rufus: "Si me dices dónde está el cuartel general, lo mismo puedo llamar a algún compañero tuyo para que te saque de aquí. Delante de ellos, no puedo hacer nada". Rufus, con los ojos muy abiertos, mira aterrorizado a Pendrel: "Sí, sí... yo te lo digo... pero sácame de aquí... aléjalos... ¡Aléjalos de mí!¡Te contaré todo lo que quieras". De fondo, los nudillos de Frael crujen, y el elfo avanza despacio hacia Rufus. El bardo, girándose hacia sus compañeros, les hace el gesto de alejarse hacia un rincón, mientras pega la oreja al guardia. "¿Dónde está la sede?", susurra al hombre aterrado. Al mismo tiempo, hace un gesto a Frael y Rat(on) para que simulen que se marchan. Avon, fijando su mirada en el hombre, emite una llama demoníaca con sus ojos: "Espero que le cuentes todo", dice con voz amenazante, tras lo que se marcha de la casa. Frael y Rat(on) lo siguen, y el grupo espera fuera, simulando con sus pisadas que se alejan realmente.
"Corre. Ahora que se han ido. Dime dónde puedo buscar a tus compañeros", suplica Pendrell en voz baja. "En la fortaleza de Nessus", explica Rufus. "Hay un acceso por debajo del puente levadizo. Se puede llevar mediante unas escaleras ocultas en el lateral del puente levadizo. Hay una escala camuflada en el muro. Desde allí, baja al nivel del agua, rodeas el foso, y en la parte posterior del castillo hay un acceso hacia las catacumbas de los ManoSombra. Creo que las catacumbas tienen dos caminos: uno hacia la mansión Avilegne, y el otro está casi siempre vigilado. No se permite el acceso a ningún esbirro, salvo a los miembros de mayor confianza de Lord Avilegne. También se ha visto pasar por allí a Lord Randolph Cavern".
"Voy corriendo a buscar a tus compañeros", dice Pendrell. "Los que se han marchado tardarán un rato en volver. Quédate aquí".
"Vale, vale. Pero que vengan lo antes posible. ¡Que me saquen de aquí!", suplica Rufus.
Pendrell se marcha de la casa. Automáticamente, el trío en el exterior entra, capturando a Rufus, para encerrarlo en el sótano, entre gritos de "¡No!¡Pero vuestro... me dijo que me sacarían de aquí!¡No!¡Noooo!". "Nosotros no lo hemos visto", comenta ausente Rat(on), con el cortejo de Avon y Frael llevando al prisionero a la sala de entrenamiento de Myrtle para engrilletarlo.
El sótano, en efecto, tiene una sala de entrenamiento con maniquíes de madera, armas, un armero, e incluso una pequeña herrería para arreglar objetos de metal, equipada con una forja.
Frael desarma y registra a Rufus, para evitar cualquier objeto que le permita escapar, y acto seguido lo engrilleta en una zona donde no pueda alcanzar ningún objeto que le permita escapar. Rat(on), como trofeo, se apropia de la daga de Rufus antes de marcharse el grupo, en busca de lo desconocido.
CONTINUARÁ... PERO, ¿HACIA DÓNDE?



























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