lunes, 13 de enero de 2020

CROSSOVER: EL RESURGIR DEL DRAGÓN & LA MALDICIÓN DE STRAHD - PARTE 16 - LA RUPTURA DE LA ALIANZA

Con la ciudad de Vallaki aún sumida en la confusión, en la Capilla de San Andral el grupo valora sus opciones con el prisionero Ernst Lanark y el resto de sus decisiones a partir de ese momento.
Al revisar los objetivos sobre la lectura de cartas de Eva, Akon recuerda que, en su incursión a Uarowia junto con Ygrein, separándose temporalmente de sus compañeros, creyó encontrar por casualidad a aquel de quien hablaba el Tarotte como el Aliado, quien ayudaría en la derrota del Peregrino de alguna manera:
se trataba de un hombretón de mente simple que trabajaba en la tienda de la aldea de Uarowia. Aparte de ello, cuando Bukko expone que uno de sus destinos es un alcázar donde antiguamente moraban los Caballeros de Argynvolsthold, Akon expone su conocimiento sobre que, actualmente, esa orden se convirtió en una orden caballeresca de nomuertos, y comenta su encuentro con Sir Meriath de Argynvolsthold, además de mostrar los textos de la conversación con dicha criatura. Como apunte, es posible que los nomuertos podrían colaborar si no se muestra hostilidad contra ellos, como Ygrein y Akon pudieron constatar en su encuentro.

Valorando un punto positivo en esa opción cuando los aventureros salgan de la villa, el grupo entrega a Ernst Lanark al cuidado de la guardia de la ciudad para encerrarlo en el calabozo, y deja a Ismark, Viktor y Katy cuidando de la convaleciente Ireena, para dirigirse a investigar los restos del incendio en la Mansión Wacter tras descansar en el templo.

Cuando los compañeros llegaron al edificio incendiado, lo primero que pueden observar es que, aproximadamente la mitad de la planta baja del lugar ha sido arrasada por el fuego, pero sólo una pequeña parte de la primera planta ha sufrido daños.
Bukko, tomando posiciones con la mayoría de los compañeros, rodea el lugar para mantener alejados a los curiosos, mientras las hermanas Yae planifican entrar para, llegado el momento de tener que huir a causa de la posible inestabilidad del edificio quemado, tengan más posibilidades de salir de allí (al estilo Zhia en el molino Viejo MachacaHuesos).
Antes de entrar en el edificio, Panit abre sus sentidos a las emanaciones mágicas de su entorno, y junto a su hermana penetra por la puerta arrasada por el fuego... para observar asombrada las devastadoras consecuencias de su fuego mágico.
Sólo una habitación de servidumbre, una salita y el comedor de la mansión se han librado de la mayor fuerza del incendio en la planta baja, aunque su hedor a quemado y lo oscuro de las paredes no las hacen susceptibles de ser muy habitables, aparte de no hallar nada importante que rebuscar entre el entorno oscurecido por el humo.
En cuanto a la primera planta, la suerte ha permitido que la mayoría de las habitaciones, a pesar del humo y el olor, se encuentren en un estado aceptable para echar un vistazo.
De hecho, algunas se encuentran cerradas con llave, cuya cerradura ha resistido el intenso calor. Una de ellas, al ser abierta utilizando las "habilidades" de Zhia, libera una bocanada de humo. Limpiando las lágrimas para observar mejor, las mida encuentran el cadáver de una chica detrás de la puerta. Sus uñas están ensangrentadas y destrozadas tratando de abrirse paso por la madera arañada de la parte interna de la puerta, y su expresión es de agónica asfixia. Aunque Panit no parece inmutarse por las consecuencias del fuego, sorprendente Zhia toma una sábana maloliente por el humo y la arroja sobre el cuerpo. Recordando los datos de Ernst Lanark, posiblemente por su vestimenta (un simple salto de cama estropeado) y los cabellos despeinados de no haberse adecentado en un tiempo, probablemente fuese la hija (INOCENTE) de Lady Fiona Wacter. Otro de los cuartos más llamativos (por su contenido) es el dormitorio de Lady Fiona, el cual también está cerrado con llave. Al forzar la cerradura y entrar, las visitantes se percatan de la presencia de una chimenea apagada en la esquina sudeste de la habitación -irónicamente, con un hedor a humo flotando por la estancia-, y al mirar sobre el muro de la misma, pueden observar un cuadro con una familia de aspecto regio y orgulloso, en la que el marido del matrimonio -donde se reconoce a Lady Fiona más joven- sostiene a una bebe.
Junto a ambos padres, dos niños pequeños de sonrisa maliciosa se sitúan a ambos lados (estos niños son lo que a día de hoy fueron los dos jóvenes borrachos y pendencieros en la Posada del Agua Azul al llevar a Vallaki). La habitación tiene sus paredes cubiertas de paneles de madera ennegrecidos, un armario con un espejo enmarcado (con extraños grabados en su marco -que irradia una suave aura mágica-) se encuentra junto a una ventana con cortinas amarillentas por el humo que mira al sur, y una amplia cama con dosel (también oscurecido por el humo) se encuentra encajada entre dos mesitas de noche a juego con lámparas de aceite apagadas en las mismas. La visión más macabra es un cuerpo de un hombre pálido vestido elegantemente de negro y de brazos cruzados sobre el pecho, tendido a un lado de la cama, cuyos ojos cerrados están cubiertos por monedas de cobre, que posee un enorme parecido al hombre de la pintura, cubierto por una sábana translúcida, también arruinada por una capa de tono amarillento debida al incendio.
Su cuerpo irradia una tenue aura de magia nigromántica que, al parecer, mantiene intacto el cuerpo... que se trata puramente de un cadáver.
A pesar de ello, Zhia, rememorando su encuentro con vampiros en el taller de ataúdes, desenvaina su espada, dando un salto hacia atrás con un chillido, mientras grita "vampiro". Seguidamente, arranca la pata de una silla y la afila con una daga, con intención de empalar el cuerpo, pero Panit lo detiene, explicando que sólo se trata de un cadáver. A pesar de ello, su hermana Zhia no le quita los ojos de encima.
En el momento en que Panit se descuida un instante, su hermana estaca el cadáver, pero éste no pierde su aura mágica. Sorprendida por la ausencia de reacción ante el daño, Panit finalmente deduce por la magia que emana el cuerpo que se trata de un encantamiento que permite conservar la carne del cadáver inmaculada e incorrupta... durante un tiempo.
Curioseando cerca de la cama, después de saciar sus miedos interiores, Zhia encuentra un cofre de hierro cerrado a cal y canto, y al tratar de forzar su cerradura, una aguja salta y se clava en uno de sus dedos. Por suerte, su constitución como mida es lo bastante recia como para sufrir sólo un efecto menor del veneno que allí había, y que le deja la mano insensible y dormida... durante un buen rato.
En el interior del cofre, los restos de un esqueleto descansan. Al parecer, estaban ahí escondidos para que nadie pudiese utilizarlos con ningún tipo de magia nigromántica sobre ellos.
Cansadas de esa habitación, las hermanas Yae continúan su periplo, abriendo otra habitación que las sorprende con una horda de gatos aterrorizados que salta sobre ellas, arañando y mordiendo para abrirse paso. Los pobres animales se dispersan por la casa, escapando del terror del incendio que, por suerte, no había logrado matarlos (por las inhalaciones del humo). Tranquilizándose después del sobresalto, las mida entran en la habitación, encontrando una biblioteca relativamente intacta -a pesar del incendio-.
Curioseando por los libros, las hermanas encuentran tomos relacionados con la propia familia, como contabilidad, ramas familiares, y otros asuntos poco interesantes.
Al margen de ello, un botellero con varias botellas relativamente intactas llaman poderosamente la atención de Zhia. Por su parte, Panit sigue su búsqueda. Al tirar de uno de los libros, la resistencia del mismo a extraerse provoca un "click" que causa que un panel de madera tras una estantería se abra levemente.
Tras el panel, una habitación polvorienta a oscuras -merced a unas densas cortinas que tapan la luz exterior- revela más estanterías y cajones con libros, papeles y notas, además de un enorme cofre de acero cerrado con llave.
Revisando el cofre con su mano tonta, Zhia se percata de que una trampa de cuchilla protege la cerradura, impregnada en algún tipo de veneno. Por suerte, a pesar de su dificultad para manipular con una mano, la mida consigue abrir el cofre.
Repasando a conciencia la habitación, las hermanas hallan dinero, escrituras notariales sobre tierras concedidas a la familia por el Conde Strahd Von Zarovic de hace al menos 4 siglos, una flauta tallada exquisitamente como regalo a la familia Wacter, un manifiesto escrito por Lady Fiona sobre su investigación con respecto a la adoración de diablos para obtener felicidad, éxito, libertad, riquezas y longevidad, un tratado de poesías blasfemas (una copia falsa, revisada por Panit) de un poeta diabolista llamado Devostas (encarcelado por sus propios novicios infernalistas... aunque no murió por ello), y finalmente una carta muy vieja que Lady Fiona guardaba de un ancestro llamado Lovina Wacter, a la que un noble llamado Vasili von Holtz agradecía su hospitalidad, fidelidad y amistad durante tantos años.
Percatándose de la escritura de Lord Vasili, y recordando los sucesos en el taller de ataúdes, Panit se dio cuenta de que aquella carta era, ni más ni menos, que del puño y letra de Strahd Von Zarovic, el noble que también había engañado al fabricante de ataúdes para conseguir sus fines, y a quien el grupo al llegar a Vallaki había visto negociar con el fabricante de ataúdes, tras lo cual desaparecía en un jirón de niebla oscura.
La carta de Lord Vasili es una prueba fehaciente de la relación personal de la familia Wacter con "Lord Vasili/Strahd".
(Las poesías y el tratado de Lady Fiona acabaron en la saca de Akon... CERTIFICADO)
Finalmente, antes de salir de la propiedad (y habiéndose apropiado Zhia de unas botellas del botellero, originales del viñedo El Mago de los Vinos), las hermanas Yae encontraron las capas que los aventureros habían dejado a la propietaria para que las guardase en su anterior visita a la casa... antes de reducirla a un desastre calcinado.

Marchando de la propiedad quemada, el grupo se dirige hacia la mansión del gobernador de Vallaki.
En el camino, la situación en las calles comienza a calmarse. No obstante, a pesar de que Bukko lleva el sello del Capitán de la Guardia, la gente observa el paso de los aventureros con suspicacia.
(De hecho, en el transcurso de la investigación de las hermanas Yae en la mansión calcinada, distintas unidades de guardias de la ciudad iban a aquel lugar, en busca de Bukko, para distintos informes y consultas... a pesar de mantener una saludable actitud recelosa. Algunas de las solicitudes son: tras capturar a algunos miembros de la secta de Lady Wacter, qué hacer con ellos -Debéis llevarlos a prisión, es la respuesta de Bukko-. Se ha hallado gente que intentaba terminar de consumir en llamas el taller del fabricante de ataúdes, qué hacer con ellos -Para los vándalos y alborotadores, el cepo es el mejor castigo de momento, es la respuesta de Bukko-.
También se han encontrado grupos de linchamiento tratando de ahorcar a sectarios, qué hacer con ellos... sectarios y linchadores -De donde yo vengo, no se consiente que haya gente que se tome la justicia por su mano. Consultando sobre la ley vigente en la ciudad [Encarcelamiento, Juicio y Castigo, responde un guardia], Bukko responde que se debe cumplir a rajatabla).
Durante la ruta de regreso, dos soldados interceptan a Bukko para informar que se ha agotado el espacio disponible de los calabozos de Vallaki, y ante eso, cual sería el curso a adoptar. Bukko indica que a aquellos criminales cuyo crimen sea de menor importancia, lo primordial sería encerrarlos en las cuadras donde el grupo dejó su carruaje, vigilados hasta que pasasen su proceso legal, compensando económicamente al dueño por ello. Zhia añade que deberían engrilletar en cadena -persona a persona- para evitar fugas en ese proceso. Uno de los soldados recuerda a Bukko que él mismo, como Capitán de la Guardia, tiene la responsabilidad de juzgar y castigar a los culpables, como dicta la ley de Vallaki para su posición. Bukko, negándose a la responsabilidad de juicio, comenta que el burgomaestre debería hacerse cargo. Uno de los guardias indica que el Capitán Izek era el responsable de esa tarea, nombrado directamente por el burgomaestre.
Indicando que nadie del grupo tiene conocimiento sobre las leyes de Vallaki, Bukko comenta que un profesional autóctono debería hacerse cargo del proceso.
Zhia entonces sugiere que lo apropiado, en lugar de un cepo, podría ser un tronco, una cimitarra... y decapitación. Perturbados por el comentario, los guardias preguntan si las órdenes son esas: decapitación. De fondo, Akon añade que los sectarios serán incinerados y purificados con fuego. Bukko piensa en voz alta que quizá lo apropiado para algunos vándalos y criminales sería ponerse a hacer reparaciones por los desperfectos provocados en la ciudad debido a los acontecimientos recientes.
Totalmente desconcertados, los vigilantes preguntan si los castigos serán, de una vez: decapitación, hoguera, o trabajos forzados.
Ygrein comenta que podrían dividir los delitos en dos factores, para evitar males mayores: los delitos menores, ser enviados a la iglesia de Andral para rezar por sus pegados y meditar sobre sus actos, mientras los delitos mayores que quedasen en las mazmorras retenidos, a espera de juicio y castigo, eliminando un exceso de prisioneros.
Aún así, Bukko considera que las turbas ejecutoras de sectarios son carne de presidio.
Pero los alborotadores serán enviados a la iglesia, y después a reparar los daños causados.
Y a quienes aún tuviesen ganas de alborotar, la guardia tendría autoridad para dispersarlos, con la violencia necesaria si fuese preciso para retirarse a sus casas en vez de perturbar la paz.
Por supuesto, a los curiosos que entorpeciesen las investigaciones y castigos se les obligaría a dispersarse para que se ocupasen de otros asuntos.
Para los delitos de juicio, Bukko se encargaría cuando tuviese tiempo, ya que en ese momento estaba pendiente de otros asuntos. Puesto que se dirigía camino de la mansión del burgomaestre, indicó a los guardias que esperasen noticias al respecto de juicios de crímenes mayores, momento en que los despachó para que todos siguiesen con sus asuntos (alejándose los guardias, conversando entre ellos, y mirando de reojo hacia atrás mientras lo hacían, hacia el grupo de aventureros).

Por fin, después de un tedioso camino, el grupo llega a la mansión del burgomaestre, encontrando su entrada custodiada por cuatro guardias de la ciudad. Cuando Bukko se acerca, con su insignia visible, los vigilantes saludan reticentes: "Capitán".
Al informar el hipótido que desean ver al burgomaestre, los guardias indican que éste no desea ser molestado en sus aposentos. Insistiendo en la urgencia del motivo, aunque los guardias tratan de detenerlo con cierto respeto, Bukko, utilizando su masa y aplomo, los aparta de su paso y continúa el camino, seguido de sus aliados, quienes saludan amablemente a la guardia siguiendo la estela del paladín. Los soldados, aturdidos por la falta de decoro, no saben que decir, quedando atrás al cuidado de las puertas, rascándose la cabeza alguno de ellos con expresión confusa.
Caminando por los pasillos de la mansión, Bukko se concentra en sus sentidos sagrados, tratando de absorber las presencias antinaturales del edificio. Durante este rastreo, el grupo se percata de que el burgomaestre y su esposa se han desplazado a la biblioteca, vigilados por dos soldados en la puerta de la misma, y con sus mastines en el interior de la habitación.
Más allá, aunque la puerta de la habitación del gobernador emana una energía impía... antes de la misma, un suave poder del inframundo brota de la puerta justo antes de llegar a ella. Señalando en dirección a la puerta recién descubierta, al abrirla, el olfato del grupo queda inundado por aroma a maquillaje y perfume exquisito.
Un tocador con un espejo se encuentra adosado a un muro junto a un maniquí de madera sin rostro con un vestido blanco de boda encima. Sobre otro muro hay un espejo de cuerpo entero con un borde dorado. Una puerta cercana da la impresión de llevar a un guardarropa. Al entrar el paladín, el espejo de cuerpo entero emana un poder inframundano bastante evidente. Panit, por su parte, percibe potente magia en el espejo, combinación de magia de la muerte e invocación. Bukko, molesto por aquel objeto, hace amago de destruirlo, pero Panit frena su mano. "Antes de destruirlo, déjame saber cual es su uso y naturaleza", dice la mida. Bukko accede reticente.
Al convocar su poder de identificación mágica, Panit detecta unas palabras brumosas en el centro del cristal del espejo: "Espejo mágico del muro, invoca tu sombra. Venganza de la oscura noche, oye mi llamada. Desenvaina tu hoja asesina". Alrededor de las palabras se forma la silueta de lo que parece un hombre, agazapado con una mano alzada, con intención de aferrar algo con mango tras su hombro. Akon, usando su propio ritual de detección, percibe los mismos rasgos y revelaciones. Ahondando más en la revelación, Panit y Akon son conscientes de que el espejo es capaz de convocar a una criatura bajo el control de quien la llama (en aquel instante, en su mente queda manifiesta la fórmula mágica para activar el espejo, además de que es preciso tocarlo para usar la fórmula al completo), cuya función es enviarla para asesinar a alguien. La criatura es un espíritu perteneciente a un asesino sin nombre, perteneciente a una sociedad de ejecutores llamada Ba'al Verzi.
Informando Panit sobre lo hallado, la maga mida recuerda una información hace tiempo hallada en la Sociedad Mágica del Desentramado en la ciudad de Azur, en la que se hablaba que hacía casi un milenio o quizá más, al parecer existió una sociedad de asesinos que utilizaba métodos sobrenaturales para eliminar a sus adversarios. Se creía que esos asesinos en realidad eran monstruos, y no criaturas normales. En concreto, se utilizaba a nomuertos incorpóreos para encargar las tareas más peligrosas de la sociedad. Y quizá esa sociedad y ésta fuesen la misma. Akon e Ygrein, por su parte, reconocen a esta sociedad de asesinos como una organización muy antigua que desapareció -o se cree- hace tiempo, al servicio de los Peregrinos, utilizada para ejecutar a quienes no cumplían con sus mandatos, pero se sabe que esa sociedad siguió existiendo tiempo después de la desaparición de los Peregrinos como una sociedad secreta por derecho propio, que se extinguió con el tiempo.
Tras conocer su función, Bukko considera su destrucción inmediata. Panit, por su parte, propone utilizarlo para eliminar a alguno de sus enemigos más peligrosos, igual que Ygrein y Zhia.
En el momento en que la sacerdotisa está hablando al mirar hacia el espejo, de pronto su vista se nubla concentrándose en el espejo. Al instante, su mirada viaja hacia el interior del objeto, hasta penetrar en él, hacia un espacio pequeño e indeterminado cercado por una bruma plateada, en cuyo interior se halla una silueta.
En medio de la bruma, la silueta en ese instante se manifiesta como un hombre de espaldas, vestido de flexibles ropas oscuras como si se tratase de una armadura negra de cuero elástico, cuya cabeza se encontraba envuelta por una capucha negra que sólo dejaba ver sus ojos a través de un pequeño hueco en el centro de la cara.
Un cinturón de utensilios se encontraba rodeando su cintura, así como un pantalón también flexible y oscuro, rematado por un calzado que abrazaba con facilidad sus dedos. Además de ello, una espada larga y recta se encontraba envainada a su espalda, al alcance de sus manos anudadas por cintas negras de tela.
Al percibir la presencia de Ygrein, el hombre se gira hacia ella, susurrando:
"¿Cuales son tus órdenes?". "Duerme", susurra la sacerdotisa. "Desde que no tengo cuerpo, no puedo descansar. Sólo existo para obedecer al dueño de este espejo", responde la criatura. "Entonces mi orden es que deseo tu respuesta a una pregunta", indica la clériga. "Puedes preguntar lo que desees", dice la figura oscura, "pero mi orden principal es asesinar". "Lo sé, pero, tengo una duda", dice Ygrein. "¿Quién fue la última persona que te dio esa orden?". "Leonard Dilysnia", responde el ser.
"Me ordenó asesinar a Strahd Von Zarovic en la rebelión de Andral y los Caballeros del Dragón Plateado". "¿Hace cuánto fue eso?", sigue consultando la sacerdotisa.
"Mi cómputo de tiempo está alterado. Percibo tres líneas de tiempo diferentes", dice el espíritu -refiriéndose al pasado original de la región, al pasado relativo dentro de la misma, y al presente fuera de la misma-. "Un asesino valeroso como tú, a la vez que guerrero, no merece un destino así. ¿Cómo puedo liberarte?", pregunta la clériga con sinceridad. "Si destruyes el objeto, mi alma quedará liberada. Pero sólo sirvo para obedecer. Ese es mi castigo", responde el espectro.
Justo al terminar esas palabras, Ygrein emite un profundo suspiro y vuelve en sí, con su mirada clavada en el espejo.
En el transcurso en que la sacerdotisa observaba el espejo en trance, Akon, estudiando místicamente el mismo, descubre que la silueta en su interior se divide en dos: una es la silueta del hombre agazapado, y otra es una criatura que surge de la primera, con aspecto más etéreo, con largas garras y un sudario que la envuelve, similar al fantasma que el brujo vio en la mansión maldita de Uarowia. Es la manifestación de la dicotomía entre un espectro y una criatura corpórea.
Ante la opinión de destruir el espejo, Ygrein explica su experiencia en el interior del mismo. Al expresar aquel descubrimiento, Panit recuerda que, al principio de todo el periplo antes de llegar a este lugar maldito, tuvo una visión sobre una batalla entre dos fuerzas que llevó a enfrentarse el poder de un Peregrino contra un dios. Y, según parece, el culto de Ahuraz, el Dios del Sol, y los Espadas del Sol, provienen de esta región. Y no sólo eso. Sino que la antigua nomenclatura de Ahuraz era Andral, quien en el pasado... fue un elfo de carne y hueso.
Ygrein, al saber de esos datos, pregunta a Panit si puede decirle en tiempo cuánto pasó de aquello. Panit expone que unos 1600 años aproximadamente. En ese caso, Ygrein presupone que en ese tiempo, Strahd todavía disponía de algún tipo de representación carnal como Peregrino. Panit corrige que, al parecer, la información era que el Peregrino deseaba adquirir cuerpo físico, y el experimento salió rematadamente mal. Ygrein, señalando al objeto, explica a Bukko que un alma sufre dentro del espejo, y debe ser liberada.
Akon puntualiza que no es un alma la que está atrapada, sino dos. Ygrein, confusa, indica que sólo hay un alma allí, y Bukko sólo percibe un alma. Pero Akon informa que en el interior del objeto hay un guerrero y un espectro: dos almas. Aunque Akon trata de defender su postura, Panit, Ygrein y Bukko expresan diferentes perspectivas en las que sólo hay un ser en el interior del espejo, confundiendo al brujo.
Por su parte, Zhia, viendo que el deseo general es destruir el artefacto, golpea con la punta de su espada el cristal que, aunque se agrieta, sigue manteniendo magia en su estructura (como corroboran Akon y Panit). Akon y Panit saben que la magia se transfiere desde el marco hasta el cristal, como si éste fuese un portal.
Akon se acerca a tocar el cristal, intentando comenzar el ritual, curioso por su naturaleza, lo que alarma a Panit porque es parte del inicio del ritual. Informando a Bukko, éste da una palmada en la espalda a Akon, preguntándole qué hace, a lo que el brujo contesta que desea saber por qué ve dos criaturas en el espejo.
Bukko, apoyándose en el espejo, mirando a Akon, deja caer su peso y fuerza en el marco... provocando un chasquido en la madera. En ese momento, la magia del objeto parpadea y desaparece rápidamente a ojos del brujo y la maga.
"Ops... perdona Akon. Ha sido sin querer", dice el hipótido con una sonrisa.
En el momento en que la magia se desvanece, una especie de silueta -UNA ÚNICA SILUETA- plateada brota del espejo hacia la habitación -"Descansa en paz", murmura Bukko-, que se transforma en una voluta de bruma plateada, la cual atraviesa la ventana y se deshace en la nada. Akon, ciertamente frustrado, empieza a comprender que, quizá, ante su visión arcana, la doble silueta era más bien una manifestación de la naturaleza dual de la criatura, el hecho de que no sólo fuera algo que podría manifestarse físicamente para matar a alguien, sino también un espíritu atrapado.
Por ello, Akon observaba su naturaleza intrínseca de fantasma, así como la forma física que adoptaba para matar.
Por suerte, la resolución de aquella extraña situación no había provocado excesivo ruido que llamase la atención, así que el sentido sobrenatural de Bukko, ahora libre de la sensación del espejo, volvía a enfocarse en dirección al dormitorio principal.
Al liberar el espíritu del espejo sin utilizar su poder de asesino, una presión en el alma de algunos de los compañeros reduce su presencia en ellos (Zhia, Ygrein y Akon, quien ya no parece revelar sus extraños tics involuntarios, provocando en los sentidos de Bukko una reducción de su esencia demoníaca).
Tratando de no dejar un rastro de su paso por el lugar, Panit -antes de que todos se marchasen- repara los daños en el espejo, para evitar sospechas.
Ya junto a la entrada de la habitación del burgomaestre, donde Bukko percibe el mal en su interior, Zhia sale por fuera del edificio (no sin antes recibir un aviso de Ygrein que dice "recuerda lo que sucedió la última vez") en dirección a la ventana que se abría hasta el dormitorio, antes de que el resto de aventureros entrase por la puerta principal de la estancia, cerrada con llave. Ojeando desde fuera, Zhia es consciente de que nadie habita en ese lugar entonces, a pesar de que, al volver con sus compañeros e indicar lo visto, Bukko insiste en que allí hay alguien.
Sospechando de alguna presencia invisible, antes de entrar Akon activa un conjuro que permite percibir las presencias invisibles, para lo que, entrando en el dormitorio y echando un vistazo, descubre que... realmente no hay nadie invisible en el lugar.
Entrando al completo en la estancia, asegurándose de que nada los acecha, Bukko sigue percibiendo la extraña presencia... esta vez en el techo de la estancia.
Aunque todos tratan de observar qué podría diferenciarse en el techo de la habitación, sólo Zhia, acostumbrada a los lugares ocultos, es capaz de percibir los sutiles relieves de una trampilla camuflada. Apartando a sus compañeros, con una pirueta aérea, la mida se aferra a un resalte de la misma, tirando hasta que la pequeña trampilla cede y se abre, desplegando una escalera de madera hacia una estancia superior.
Sospechando de las presencias, ya que al abrir la trampilla la sensación de malignidad aumenta para los sentidos de Bukko, éste enarbola sus armas, imitado por el resto. Llamando la atención a quien quiera que se encuentre en la estancia de arriba, Bukko no halla respuesta. Panit, por su parte, conjura luz en los bordes de la trampilla, para iluminar la oscuridad de la habitación superior, permitiendo revelar una polvorienta buhardilla sobre el dormitorio. Cuando Bukko se dirige decidido a las escaleras, Ygrein convoca sobre él una protección contra las fuerzas oscuras que podrían drenar su energía y vitalidad.
Tratando de preparar una emboscada apropiada, Panit y Zhia salen por la ventana del dormitorio para subir hasta la planta superior, con intención de, si hay alguna ventana en la habitación recién abierta, entrar al mismo tiempo que Bukko, por si hubiese problemas. Entre susurros, indica a Bukko que, como señal para entrar con él, sería preciso que el hipótido -o alguien con él- silbase como aviso.
En efecto, una ventana mira al exterior desde el ático revelado. Por desgracia, el cristal emplomado está cubierto de polvo, y es difícil distinguir nada.
Al llegar a la pequeña habitación, el paladín queda sofocado por la cantidad de polvo de la misma, además de percatarse de la ausencia de muebles salvo una pequeña mesita vacía cubierta con una tela y un cajón vacío, y una puerta que accede a otra zona de la buhardilla. Asomándose a la ventana, Bukko se encuentra a Zhia con su espada en mano preparada, y a Panit con sus manos formando símbolos... momento en que las hermanas mida frenan su intención, y con un resoplido, el hipótido les indica que pasen, pues no hay peligro.
Tras Bukko, Akon sube para asegurarse de que no hay criaturas invisibles, y cuando Ygrein llega, ojea el suelo para ver pisadas en el polvo que no pertenecen a sus compañeros, las cuales -de un tamaño humanóide adulto con calzado cómodo de andar por casa- se dirigen desde la trampilla hacia la puerta de la habitación, y viceversa, junto con pisadas de animales cuadrúpedos muy pequeños.
Akon expone la posibilidad de que alguien se encontrase recluido en esas estancias, dada su ubicación en la casa, así que propone actuar con cautela y no utilizar una fuerza desmedida. Zhia, sospechando de esa exposición, además de conocer el poder de disfraz mágico de Akon, propone una idea descabellada: quizá el burgomaestre podría ser un impostor, teniendo al verdadero burgomaestre encerrado en aquella buhardilla.
Akon, con seguridad, se acerca a llamar a la puerta educadamente, pero Zhia lo detiene antes de llamar, tras lo que estudia la puerta meticulosamente para asegurarse de que la puerta no está protegida por trampas. Acto seguido, cede el paso a Akon, quien llama a la puerta e indica que quienquiera que estuviese al otro lado podría salir sin miedo, sin recibir respuesta.
Bukko, impaciente, abre la puerta, que da acceso a una enorme habitación -trastero- llena de utensilios de diversos tamaños cubiertos por sábanas amarillentas, llena de polvo y telarañas, y un rastro de pisadas que va y viene desde la entrada en la que el hipótido se encuentra hasta una puerta al fondo, de la que emana malignidad.
Akon, viendo el lugar y recordando cierta experiencia en una casa embrujada, detiene a Bukko un instante por prudencia. "La última vez que estuve en una habitación como ésta, incluso más pequeña, los objetos volaban y atacaban... de hecho, casi me mata una escoba... controlada por un espectro". Con una mirada de incredulidad, Bukko y sus compañeros miran a Akon, extrañados. "El mal, en cualquier caso, está tras aquella puerta", señala el paladín.
Avanzando con decisión, dispersándose por la habitación, Zhia avanza por delante de Bukko, mientras Panit y Akon caminan unos pasos por detrás del paladín, e Ygrein camina junto al hipótido. A lo lejos, Panit escucha una voz humana pronunciando extrañas palabras, que le recuerdan la activación de algún tipo de conjuro de teleportación... muy mal ejecutado. Sobresaltada, señala la puerta diciendo: "¡Corred!¡Se escapa!", y empieza a moverse rápidamente hacia allí, seguida de cerca por los pesados pasos de Bukko. Cuando sólo les restan unos pasos de la puerta, se percatan de una enorme calavera tallada a cuchillo en la puerta, con un texto escrito en el que pone '¡TODO NO ESTÁ BIEN!'.
Poco antes de llegar apresurada a la puerta, Panit siente que una magia protectora y dañina -en área- imbuye su superficie. Al contrastar el sonido del avance de sus compañeros, la maga percibe que tras la puerta el cántico se detiene.
"¡Quietos!¡La puerta puede explotar!¡No la toquéis!", advierte Panit ante el avance implacable de sus compañeros, que se detienen preocupados. Al explicar el paladín que, para sortear la trampa, desea arrojar un objeto pesado contra ella, Panit lo disuade. Frustrado, pregunta en voz alta a quien está en la habitación 'quién es' y 'qué hace', sin recibir respuesta, acto seguido ordenando, también sin éxito, que quien esté dentro 'salga para fuera'.
Discutiendo sobre qué hacer con la puerta, Ygrein pregunta a Panit entre susurros que, habiendo avisado ella de si se estaba teleportando, lo estaba haciendo bien (a lo cual la mida contesta que no), Ygrein sugiere que hable a quien está dentro de que ella puede hacerlo mejor para enseñarle, y a ver si con esa triquiñuela hacen salir a quien quiera que estuviese dentro. Panit, tomando la iniciativa al respecto, se dirige al interior de la habitación, informando de que la persona que está en el interior no comprende los entresijos de la magia de teletransporte... pero ella sí está al corriente de los mismos. Desde el interior, una voz nasal de hombre adulto -desconocida- contesta que quien le habla es la primera persona que sabe que él está haciendo magia de transporte. Panit contesta que el resto quizá sea incluso más torpe que con quien está hablando. Akon, ante eso, mira a Panit incrustando sus pupilas en ella con cierta inquina ("¿Perdooonaaaa?"). El hombre pregunta la identidad de quien sabe que está usando magia de teletransporte, y cómo sabe lo que está haciendo.
Panit responde que también es una usuaria del Arte Arcano y sabe del tema. El hombre pregunta por las cualidades mágicas de la interlocutora, a lo que Bukko contesta que desactive la trampa mágica de la puerta, y quizá sigan hablando. El hombre se niega, pues la magia de la puerta lo protege de ser molestado en su sanctum. En ese instante, Panit se identifica como Panit Yae de la Sociedad del Desentramado, Artesana Arcana en activo e investigadora de los secretos ocultos. Extrañada, la voz pregunta si esa sociedad es real. "Que tú no la conozcas no significa que no exista. Quizá deberías informarte mejor", responde airada la mida. La voz responde que, en cierto modo, lleva bastante tiempo sin salir de casa. Tomándose un momento, la voz vuelve a preguntar sobre los conocimientos de teleportación de la voz.

Zhia comenta entre susurros a Bukko que podría salir por fuera, rodear el edificio, ver si hay una ventana para acceder a esa habitación, y echar un vistazo. Con una mirada alarmada, Bukko contesta "tú misma", recordando todas las "hazañas en una ventana" de la mida.

Entendiendo que, principalmente, la forma y cadencia de pronunciar las palabras del conjuro son inapropiadas, y podrían provocar un accidente, Panit pregunta si las está leyendo -y mal- de algún pergamino. La voz responde que está leyendo un libro de conjuros, añadiendo que es autodidacta en el aprendizaje de magia.
Panit, en ese momento, le propone un intercambio intelectual de conjuros. Cuando la mida hace una exposición de todos los que tiene a su disposición en su libro, la voz parece quedar prendada de la magia que la maga posee en su poder, pues no posee el conocimiento de varios de sus conjuros. Después de exponer varios de ellos (pero no todos), Akon detiene la enumeración: "Suficiente. Si quieres saber más, abre la puerta", dice con aplomo. "¿Quién es ese?", dice la voz, sorprendida.
"Akon de las Mil Caras, otro usuario de lo arcano", responde el tiflin. "¿Otro?", dice maravillada la voz. "Si quieres que sigamos compartiendo conocimientos, sal. No somos hostiles.
Si hubiésemos querido entrar en la habitación, ya lo habríamos hecho. Por cortesía, solicitamos que salgas tú", dice el brujo. "He oído más personas en el exterior y pasos pesados. ¿Venís los dos solos?", pregunta inquisitiva la voz. "Nunca hemos dicho que viniésemos solos", contesta Akon. "No tengo por qué mentirte. Somos un grupo de cinco individuos haciendo una investigación", continúa el brujo. "Bien, bien. Un momento", dice la voz. "Espera", interrumpe Bukko. "¿Qué tipo de demonio tienes contigo?", pregunta impaciente. "No hay ningún demonio aquí", dice la voz.
"Entonces, lo eres tú", sentencia el paladín. "Ehm... no", contesta la voz confundida. Akon, en ese momento, comenta que lo que Bukko podría estar detectando es el mal uso de la magia que el tipo estaría usando, que probablemente esté sintonizada con energías malignas que, tarde o temprano, le reventarán en la cara.

Mientras tanto, Zhia utiliza el tiempo de la conversación para rodear el edificio, y ver otra ventana emplomada donde se supone que se encuentra la habitación a la que aún no habían accedido, a través de la que la mida observa movimiento de cosas pequeñas.

Cuando la voz pregunta por quién ha hablado en último lugar (Bukko), Akon expone que es el nuevo capitán de la guardia, mientras Bukko añade que es un servidor de Waroui, que detecta un poder demoníaco en la sala de la voz, así que ordena que quien quiera que sea esa voz, abra la puerta y salga. "Ehm... ¿quién es Waroui?", dice la voz. "Soy un adepto adjunto al poder de Andral, La Espada del Sol", explica Bukko. "Abre de inmediato la puerta". "No puedo abrir... no ante un servidor de Andral... porque no le va a gustar lo que va a ver", dice la voz nasal.
"¿Y si no es a un servidor de Andral al que abres la puerta?", insinúa Akon.
Bukko, frustrado, sugiere que esa persona debe ser castigada, y si lo que interesa a Panit y Akon son sus conocimientos mágicos, pueden quedarse con ellos sin problema.

[MOMENTO VENTANA o "NO HAY DOS SIN TRES"]

Zhia, en el exterior, manipula sigilosamente la ventana para poder abrirla...

...y desde el interior del edificio, sus compañeros escuchan la voz de Zhia decir "¡OSTIA!¡OSTIAOSTIAOSTIA!". Al abrir la ventana, Zhia apenas puede evitar que seis pequeñas formas -angulosas y duras, de color blanquecino- salten sobre ella a toda velocidad y sin hacer ruido alguno. Aunque el tumulto provocado causa que la mayoría se confunda y no llegue a agarrarse a la mida, una llega a alcanzar el rostro de la asesina, arañandolo con saña (momento "OSTIAOSTIAOSTIA").
Sorprendida por el ataque, Zhia rueda por el tejado, consiguiendo agarrarse a una cornisa, evitando así una dolorosa caída. Aprovechando la inercia, la mida golpea con un manotazo a la criatura que la ataca, enviándola a rodar por el tejado... momento en que es consciente de que las criaturas que la rodeaban son esqueletos de gato animados, que se aferran a las tejas, giran en dirección a Zhia, y realizan silenciosos gestos agresivos felinos en su dirección. En el interior de la habitación, la voz nasal se sobresalta: "¡Quién está en la ventana!¡¿Me estabais emboscando?!¡Ésto es traición, malditos!"
"¡Por supuesto!", grita Bukko, agarrando en peso una mesa lejana a la puerta, mientras sus compañeros se alejan alarmados de la misma. Con tremenda fuerza, el objeto vuela por los aires, estrellándose contra la puerta, la cual estalla en pedazos, no sin antes chisporrotear con un letal zumbido eléctrico que desintegra en humo la mesa. Con el acceso abierto, al fondo de la habitación que tras el mismo, una ventana filtra luz por la que se observa en el exterior a Zhia zafándose del asalto de una horda de extrañas y pequeñas criaturas esqueléticas que intentan abrumarla.
Aprovechando la confusión, Panit se acerca por un hueco de la puerta reventada, conjurando una pegajosa y gigantesca telaraña en el interior de la habitación, desde la que se escucha la nasal voz con tono frustrado: "¡Argh!¡Maldita sea!".
Akon entra por la puerta de la habitación, solicitando la inmediata retirada de cualesquiera encantamientos que el habitante de su interior estuviese realizando.
Al ver la habitación (Akon, y Zhia desde la ventana), el tiflin se percata de que se trata de un estudio polvoriento, malcreado por muebles de diferentes estilos, iluminado por una sencilla lámpara de aceite. Pueden encontrarse mesas cubiertas con piezas de pergamino grabadas con extraños diagramas, y en el suelo hay un extraño círculo arcano tallado en el suelo, junto a una alfombra apartada y arrugada junto a una caja -tamaño baúl- de pino. Varias estanterías y librerías guardan diversas colecciones de huesos... y lo más extraño de todo son tres niños de pie y de espaldas a la habitación en la esquina nordeste de la misma (Zhia es consciente de que los niños son, en realidad, muñecos de madera pintados y disfrazados de niños).
En el centro de la habitación, colgando en el aire en el interior de la telaraña mágica, puede observarse una silueta invisible (humanoide) de algo atrapado en ella.
Akon, con su visión especial para percibir la invisibilidad, es consciente de que la silueta pertenece a un hombre joven, con rasgos prematuros de canas en su cabello oscuro. A sus pies se encuentra un viejo libro de tapas de cuero caído, el cual el tiflin reconoce como un libro de conjuros.
Zhia, fintando a los monstruitos en el tejado, salta al interior de la habitación de la que habían surgido, y hábilmente cierra tras ella la ventana con la cola, tras la cual las criaturas se estrellan y arañan el cristal impotentes, intentando una y otra vez sin éxito entrar. Al caer en el interior de la habitación, la asesina sobresalta a Akon, evitando a su vez quedar presa de la pegajosa telaraña de Panit.
"No intentes nada hostil, o te calcino. Veo dónde te encuentras... incluso más allá de tu invisibilidad", amenaza Akon al tipo atrapado en la telaraña, abriendo una mano y envolviéndola en llamas. El hombre, sobresaltado, parece tan atemorizado que no tiene intención inicial de hacer nada.
Ygrein cruza la puerta, situándose junto a Akon. Mirando en dirección a la hebra apelotonada de telaraña con forma humanóide, expone que el grupo no viene con intención hostil, así que si el tipo se queda quieto y no intenta nada raro, no sufrirá ningún daño.
Panit, conociendo los efectos beneficiosos de la cercanía de Bukko para poder moverse con libertad por el cuarto sin ser afectada por su propia telaraña, dice que la acompañe para acercarse al responsable de este problema.
"¡No!¡No os acerquéis a ese libro!¡No!¡Dejadlo en paz!¡Maldita sea!¡He prometido no haceros nada... pero... dejad el libro!", dice el muchacho. "¿Has escuchado bien lo que te he dicho?", recuerda Akon. "¡Me estás obligando a usar mi poder!", amenaza el muchacho envejecido. "¿Quieres que use yo el mío'", vuelve a amenazar Akon. "No me conoces..."
Viendo a Panit entrar por la puerta, mirando hacia Bukko y luego hacia el libro, al entrar el hipotido tras ella, quien al ver la madeja envolviendo un cuerpo invisible alza su martillo presto para castigarlo, de pronto el hombre apresado e invisible lanza una poderosa orden hipnótica hacia Bukko, al mismo tiempo que Panit se mueve veloz hacia el libro en el suelo, cogiéndolo y alejándose: "¿serías tan amable de defenderme de las acciones hostiles de tus compañeros, y echarlos de mi cuarto?".
En ese momento, la imagen del mago queda revelada a todos, al concentrarse con intensidad en un nuevo poder.

A SUS ORDENES (salvación fallida de Bukko -JAJAJA-)

La verdad es que la idea del extraño no parece tan mala idea al paladín (JAJAJA). Bukko, girándose a sus compañeros, les pide que deben salir, dirigiéndose a ellos de forma suave pero firme, acercándose para tratar de moverlos hacia la puerta.
Con un movimiento continuo y enérgico, el hipotido desplaza hacia el exterior a Panit, Ygrein y Akon, que se encontraban junto a la puerta, quedándose en el marco de la misma para impedir su paso.
La asesina, aprovechando el despiste de Bukko, trepa hacia el techo, balanceándose para tratar de acuchillar al mago atrapado, dejando algo trabada la hoja de su espada en la telaraña.
Akon, utilizando una maniobra ágil, saltando entre los utensilios de la habitación y rodando por el suelo, envía dos peligrosos proyectiles sobrenaturales hacia el mago atrapado, buscando el poco hueco que pudiera haber entre el marco y el hipótido. Por desgracia, su torpe maniobra envía a Akon a tropezar tratando de encontrar un buen disparo. Aunque uno de sus proyectiles alcanza la maraña, provocando un quejido, el otro se estrella en el marco de la puerta, astillándolo, mientras el brujo choca con la cabeza contra un armario, contusionándose.
Ygrein, rezando por el bien de sus amigos, manifiesta su maza sobrenatural junto al mago, mientras trata de coger la mano de Bukko e intenta apartarlo de allí, diciendo que "la situación ya ha terminado y se pueden marchar", aunque el hipótido no puede resistir la sugestión, y no desea marcharse, e informa a Ygrein que ahora no puede entrar nadie en la habitación, y no debe irse, momento en que el consciente de que la sacerdotisa convoca su poder, a lo que pregunta por qué lo hace si no hay enemigos, pero la clériga justifica su acción por unos gatos monstruosos que hay en el exterior de la casa, que habían atacado a Zhia. Al señalar Ygrein en dirección a la mida, Bukko puede ver cómo ésta intenta acuchillar sin éxito al mago, momento en que el arma sobrenatural de la clériga se manifiesta ante el prisionero, arrojándose de forma hostil hacia él. Con un resoplido, Bukko entra caminando a la habitación, dispuesto a sacar de allí a Zhia por la fuerza.
Aunque la maza sobrenatural castiga con dureza al mago, éste mantiene su férreo control sobre Bukko, chillando por su ayuda.
Panit, bastante molesta por la situación en la que Bukko se ve envuelto, llama a una manifestación física de su poder, creando una fuerza con aspecto de un enorme perro guardián junto al mago atrapado, el cual comienza a ladrar fieramente hacia éste, para unos momentos después, morderlo con saña en una pierna, causando un terrible chillido de dolor en el mago, liberando de su influencia mágica al paladín.
Desesperado, el mago utiliza una vez más su influencia mágica, esta vez sobre Panit, tratando de que cumpla la misma orden que Bukko unos instantes antes.
Una vez más, otro miembro del grupo (PANIT LA PIRÓMANA) piensa: "Vaya... qué buena idea... quizá haga falta un poco de fuego para dispersar a mis compañeros de esta habitación".
Preocupado por el giro de la situación, Bukko carga contra el brujo invisible enredado, orando por su justo castigo. En un primer y monstruoso martillazo, la mente del mago queda embotada, liberando de su magia a Panit, y en un segundo golpetazo, el cuello del mago cruje con un feo sonido, quedando su cabeza colgando en un horrendo ángulo de la telaraña.
Chasqueando los dedos, la telaraña se disuelve, liberando la espada de Zhia, y cayendo el cuerpo inerte del mago al suelo. Cuando el mago muere, las criaturas de la ventana huyen del lugar... posiblemente creando, con el tiempo, una oleada de pánico entre los habitantes de Vallaki.
Dejando a un lado la atención por el cadáver, Bukko percibe una terrible fuente de mal en el círculo grabado en el suelo.
Panit, a su vez, abriendo sus sentidos arcanos al mundo, percibe que no sólo aquel extraño grabado es mágico, sino también el tomo que lleva consigo.
Al margen de ello, Panit considera que el libro podría abrir un canal para lograr que el grupo saliese de aquel lugar maldito, pero Strahd debe ser derrotado primero. Por su parte, Akon no entiende muy bien de qué trata. Al margen de ello, es un peligroso grimorio de conjuros.
Bukko, con independencia del interés de Akon y Panit por el libro, convence a sus compañeros de investigar de quién se trata este muchacho. En las notas del libro mágico, realizadas sobre un estudio de teletransporte, están firmadas por un tal Viktor Vallakovic.
Ygrein, fijándose en el detalle, se percata de que las elegantes ropas del tipo, junto con sus zapatillas (DE ANDAR POR CASA), además del apellido, le hacen sospechar que podría tratarse de un miembro de la familia del burgomaestre.
Después de esa pesquisa, Ygrein se enfoca en el círculo grabado, levantando su maza para destrozarlo, a lo que Bukko lo secunda, acercándose con su martillo.
En ese momento, Akon los detiene, pues desea estudiar el círculo, y después pueden hacer lo que deseen con él. Ante ese planteamiento, Ygrein recuerda que Panit había comentado que el libro podría llevarlos de vuelta a casa. Quizá el libro y el círculo tengan relación. Bukko no queda convencido por ningún argumento, pues sus sentidos sobrenaturales indican claramente aquel grabado como fuente de maldad, y como tal no puede permitir que un conocimiento impío manche la mente de Akon.
Sin embargo, plegándose a una decisión democrática, el paladín deja que al menos Panit y Akon puedan echar un vistazo al círculo. Mientras Akon no comprende bien de qué se trata, Panit percibe que el círculo está terriblemente incorrecto.
Mientras Akon empieza a tomar notas sobre el círculo, Panit compara el círculo con la información del libro, encontrando incongruencias, y percatándose de que lo que el libro explica está incorrectamente plasmado en el grabado. Panit, dirigiéndose a Akon, le explica que no es necesario tomar notas sobre un trabajo fatalmente realizado, como puede ver en el grimorio tomado del cadáver... está claro que el mago era un inútil interpretando ciertos aspectos básicos, y estaba creando una aberración mágica. Bukko, mirando a Panit, le dice a Akon: "¿Ves?¿Ves?".
Akon, indicando que está en su derecho de estudiar y experimentar por sí mismo ese círculo, escucha de fondo a Zhia que, cuando vaya a hacerlo, avise a Katy para que ésta informe y todos puedan pedirle permiso para marcharse prudentemente del lado del tiflin.
Tras haber permitido disertar filosóficamente sobre el grabado, Ygrein y Buko se dedican sistemáticamente a destrozar el círculo del suelo... y de fondo se escucha la voz de Panit suavemente decir: "Con rascarlo un poco era suficiente". Mientras ambos servidores de los dioses se lanzan con alegría al destrozo, rezan por la salvación del lugar. Y, en un momento, Ygrein se detiene, mirando a Panit, diciendo: "No utilices tu magia para reparación, ¿eh?", para continuar con el destrozo.
Terminando la tarea, Bukko se acerca a los muñecos de madera, y asqueado por los maniquíes, abre la ventana y los lanza hacia la calle.
Desde abajo, se escucha: "¡Antes bichos feos!¡Ahora muñecos!¡Pero ¿qué pasa ahí arriba?!". Ygrein, asomándose, grita "¡Da gracias a que no tiremos un espejo!".

Momentos después, frente a la biblioteca, protegida por dos guardias y dos mastines, los vigilantes saludan a Bukko, quien solicita acceso para hablar con el gobernador. Los guardias detienen el paso, explicando que tienen órdenes de que no se debe molestar al burgomaestre. Cuando el paladin insiste en la gravedad y urgencia de su visita -relacionada con asuntos de seguridad de la villa y cuestiones sagradas-, los guardias, a regañadientes, dejan pasar al grupo, abriendo la puerta de la gran estancia. En su interior, el burgomaestre está sentado en su mesa de estudio bebiendo vino con manos temblorosas, mientras su mujer, con gesto lánguido, observa el paisaje por la ventana, con la mano apoyada en la cara y evidentes síntomas de haber llorado.
Al entrar en la habitación, el burgomaestre se sobresalta, señalando en dirección al grupo: "...vosotros... eh... ¿qué pasa? ¿Qué ocurre... capitán?". "Burgomaestre.
Hay un asunto delicado que tenemos que tratar con usted", comenta Bukko.
"¿Sí? Usted dirá", responde el hombre. "Es sobre Vallakovic", retoma el hilo el paladín. "Ese es mi apellido", contesta el burgomaestre. "Sobre Victor Vallakovic", sigue Bukko. "Ese es mi hijo", indica el burgomaestre. "No sabíamos que tenía...", empieza a argumentar el paladín, aunque Akon le da un codazo en las costillas. "Perdón. ¿A qué se dedica su hijo?", retoma el hipotido. "Mi hijo se encierra por completo en su habitación a menudo y... no sé... hace cosas extrañas... está despierto hasta altas horas de la noche... de hecho, cuando estamos durmiendo, lo escuchamos bajar por las escaleras de la buhardilla...", diserta el gobernador con extrañeza.
"Pero, ¿qué clase de padre es usted, que deja que su hijo deambule a altas horas de la noche por la casa sin saber qué hace o a donde va?", interrumpe Ygrein. "Pues porque es nuestra casa... y suya también", comenta sorprendido el burgomaestre.
"¿De quién recibe educación?", pregunta la sacerdotisa. "¿Quién lo instruye?".
"Pues... el instructor de la familia y nosotros, fundamentalmente", comenta el burgomaestre. "¿Quién le enseñó a leer y escribir?", sigue su ronda Ygrein. "Lucian, el sacerdote", responde el hombre crecientemente confuso.
Retomando su disertación, Bukko explica que la guardia ha arrestado a una serie de sectarios, apresados para ser ajusticiados. "Todo va bien", añade el paladín.
Con una sonrisa al escuchar aquellas palabras, el burgomaestre pregunta si el paladín está restaurando la paz en su ciudad. Bukko explica que la situación está controlada. El burgomaestre expresa abiertamente su alivio por ello. Acto seguido, pregunta si, por fin, podrán celebrar el festival del Sol Llameante. Bukko dice que, mientras los sectarios estén controlados, no ve por qué no podría ser.
Después de sus explicaciones, el paladín añade que el grupo debe marcharse. Entonces, con una expresión confusa, el burgomaestre indica que no lo entiende, ya que el paladín ha aceptado el cargo de capitán, en ese caso, ¿por qué marcharse?.
Bukko indica que otros asuntos los esperan fuera de la villa.
De pronto, Ygrein comenta que hay un par de asuntos que han quedado en el aire.
"¿Echan de menos algún ejemplar de su biblioteca?", pregunta, a lo que el hombre dice no creer tal cosa. Mirando a Bukko, tratando de hacerle entender que va a mover ficha sobre el asunto de Victor Vallakovic, piensa en hacer más pesquisas sobre el libro de conjuros. Entonces, el barón cambia su expresión y comenta que sí recuerda haber echado en falta un libro, que supone que tendrá su hijo.
"¿Cual es el título?", pregunta Bukko con firmeza. El burgomaestre no recuerda bien, pues al no entender las letras, como no le era de utilidad, lo descartó y olvidó entre sus estanterías. Pensando en si hay alguna relación entre la naturaleza demoníaca del brazo de Izek con el grimorio de Victor Vallakovic, Bukko pregunta por el antiguo jefe de la guardia, a lo que el gobernador comenta que está retenido en su cuarto.
"¿En su cuarto con las muñecas?", dice Panit.
"Su ¿qué?", pregunta el burgomaestre.
"Nada", contestan al unísono Akon, Ygrein y Bukko.
Despidiéndose Bukko para dejar al gobernador a solas con sus asuntos de estado, el gobernador se interesa por saber por qué preguntaban por su hijo, si es que hay algún problema con él. De forma lapidaria, Bukko indica que su hijo está muerto.
"C... ¿Cómo?", dice con un suspiro el gobernador, tembloroso.
"Se ha roto el cuello intentando colgar algo en su habitación", se adelanta Akon a Bukko.
"P... pero... ¿Cómo que está muerto? Si estaba en el ático...", susurra el burgomaestre.
"Estaba haciendo cosas malignas y está muerto", vuelve a abrir la boca Bukko, ante el estupor del gobernador y las expresiones chirriantes de sus compañeros.
"C... ¿Cosas malignas?", alcanza a susurrar el burgomaestre.
"Y además ha roto el suelo", insinúa Ygrein.
"Seguramente porque le haya fallado la magia", interviene Panit.
"¿Magia?", dice el burgomaestre, cada vez más afectado.
"Claro. Deja coger cualquier libro extraño de la biblioteca a su hijo, y pasa ésto", continúa la maga mida.
"¿Cómo?¿Libro extraño?", dice con incomprensión el hombre.
De pronto, mientras Zhia intenta dar una explicación en el barullo, la baronesa se gira con el rostro descompuesto hacia el grupo, preguntando entre lágrimas: "Pero, ¿qué ha pasado?".
"Si suben es mejor que suban acompañados porque es cierto que estaba haciendo algo muy raro, porque la puerta la encontramos destrozada y el suelo reventado, y su hijo con el cuello roto", toma una retahíla Zhia. Tras ella, Bukko tratando de contener una sonrisa, comenta en un susurro "y estaba tirando cosas por la ventana".
"Pero si acabamos de oír ruidos de cosas que caían por la ventana. ¿Cómo se ha muerto mi hijo si se estaban oyendo ruidos de cosas caer por la ventana? ¿Cómo es posible?", dice desesperada la mujer.
"Creo que asomándose a la ventana, le ha fallado al pobre el apoyo para izarse, y al resbalarse se ha roto el cuello", comenta compungido Akon.
"¿Que se ha roto el cuello con la ventana...?", solloza la mujer incrédula.
"No no no. Que su hijo, apoyándose en la ventana, para asomarse o tirar algo por ella, le ha fallado el apoyo, ha caído y se ha roto el cuello", trata de razonar el tiflin. "Y así lo hemos encontrado nosotros".
Llorando desconsolada, aunque Akon trata de explicar que ellos habían encontrado al muchacho así al llegar, la mujer pregunta qué es lo que han hecho para llegar a ese horrible sino, subiendo arriba y sucediendo tal desatino cuando iban a las estancias de su hijo.
"Hacíamos una ronda por la mansión para ver los puntos vulnerables con el Capitán de la Guardia", sigue el hilo el brujo.
"El libro que había en su biblioteca", empieza a relatar Bukko, "seguramente era un libro de magia y hechizos malignos. Y de seguro su hijo ha estado mal influenciado por el mismo. Posiblemente haya estado perpetrando cosas realmente nocivas a causa de tal influencia, posiblemente movido por alguno de los enemigos de la familia."
"Pero, ¿por qué?", vuelve a preguntar la dama, que no comprende lo sucedido.
"¿Por qué?", responde molesto el paladín. "La ciudad ha estado llena de sectarios, vampiros... su hijo de seguro ha caído en manos del mal".
"Y, ¿por eso está muerto?", llora desconsolada la mujer.
"¿Tenía perro el muchacho?", pregunta de pronto Zhia.
Parpadeando desconcertada, la mujer mira a la mida, y explica que sólo los dos mastines que siempre van con ella y su marido.
"Pues algún perro le ha mordido", concluye su extraño alegato la mida.
Ygrein se acerca al burgomaestre, y tomándolo por el hombro, se encara con él, clavándole una profunda mirada adusta.
"Sólo lo admiro por una cosa: su valor para enfrentarse a Strahd. Pero por todo lo demás, es usted un pusilánime, un cobarde, y su hijo ha muerto porque no ha sabido educarlo y mantenerlo como debe ser."
El hombre, totalmente roto, se echa las manos al rostro, gritando: "¡NOOOOOOO!", cayendo de rodillas en su biblioteca.
Sobresaltada, su esposa se acerca a él, mirando furiosa a la sacerdotisa, y señalando la puerta con una mano engarrotada, grita histérica: "¡Marchaos de esta casa!
¡Abandonad esta ciudad!¡Largaos de aquí!". Mirando a Bukko, continúa: "¡Entrega esa placa y largaos de nuestra casa y de nuestra vida!".
"Adios, señores. Tengo cosas más importantes que hacer", comenta Bukko, girando sobre sus talones y marchándose. Tras él, la baronesa ordena desquiciada a los guardias prender al grupo. Ante esas palabras, los guardias se asoman confusos por la puerta.
Ygrein los mira con el ceño fruncido: "Os hemos salvado de Strahd una vez. Hemos defendido esta ciudad. Hemos tomado cargos que nos corresponden. Os hemos apoyado y protegido. Y, ¿ahora osáis mirarnos, dudando sobre qué hacer con respecto a nosotros?". Frente a ella, Bukko avanza con decisión.
Por un momento, los guardias parecían cerrar filas ante la puerta, pero al escuchar a Ygrein, miran a ésta y a Bukko, se miran entre ellos, separan las lanzas y flanquean el paso con absoluto respeto, a pesar de los ladridos de los mastines a su lado, amenazando a los aventureros que salen tras Bukko e Ygrein.
En el momento en que se alejan de la biblioteca los aventureros, Ygrein toma el símbolo de Capitán de la Guardia de Bukko, se acerca al guardia al que ve más capacitado, y entregándoselo en la mano, le dice: "Defiende la ciudad con tu vida, y demuestra que eres digno de ésto". Acto seguido, corre hacia sus amigos.


Saliendo por la puerta de la mansión, Bukko sugiere ir a por el carro a las cocheras y marchar de la villa, porque tienen mucha tela que cortar y aquí no hay bastantes costureros. Sin embargo, en el camino de la plaza frente a la mansión, el grupo empieza a pensar que hay algunos cabos sueltos en su haber, ya sean los hijos de la difunta Lady Fiona, de quienes se desconoce su paradero, y el ex Capitán Izek.
Panit expone, mientras el grupo camina, que toda la información relativa a Fiona y su culto -incluyendo la proporcionada por Ernst Lanark- podría entregarse al padre Lucian, y si los hermanos Wacter tratasen de hacer algún movimiento contra la ciudad siguiendo los pasos de su madre, esa información se usase para deslegitimizarlos, contrarrestando cualquier maniobra política o social. En consorcio, el grupo admite la idea como bastante apropiada.
Con respecto a Izek, Akon propone volver a entrar, aunque Bukko comenta que, si los pillan, entonces sí que habrá gresca, y no podrán justificarla.
Akon comenta que podría transformarse ilusoriamente en un guardia de la ciudad, para entrar a la mansión, confirmando que Izek en efecto está confinado en su cuarto.
Antes de continuar su camino, el grupo se dirige a los guardias de la puerta, preguntando por el lugar donde se encuentra Izek, a lo que éstos contestan que se encuentra encerrado en su cuarto. En ese momento, uno de los guardias se percata de que el paladín no posee la insignia de Capitán de la Guardia. Entonces pregunta si sucede algo que deban saber. Bukko les confirma que ya no es su capitán. El guardia pregunta si el puesto ha vuelto a Izek. Mientras Bukko explica que él ya no tiene lazos con ese puesto, y se marcha de la ciudad, Ygrein explica que su nuevo capitán es uno de los dos guardias personales del burgomaestre -incluye su descripción física-, mientras Akon añade que no deberían volver a fiarse jamás de Izek. Confusos, se miran entre sí, dejando a los aventureros marchar ante sus rostros anonadados.
Mientras el grupo se marcha, Akon recuerda que Izek está obsesionado con Ireena, y quizá si se entera de que se han ido de la ciudad, podría salir de caza tras el grupo.
Bukko, pensando en su situación, piensa que quizá, si lo liberan de su brazo (en efecto, amputándolo) lo liberarían de su condición de locura, posiblemente infectada por dicho apéndice demoníaco. Ygrein comparte la idea. Sin embargo, el paladín expone que la situación debe hacerse con una infiltración quirúrgica y sigilosa.
Antes de ejecutar su plan, el grupo da una vuelta por la ciudad, buscando un lugar donde mejorar su equipo, comerciando con parte del equipo obtenido en sus aventuras, y equipándose para el futuro más inmediato (ésto es: la misión de Infiltración y Extirpación).
Después de prepararse a conciencia, vuelven a la plaza de la mansión, estudiando la situación desde lejos, pensando en la infiltración. Pensando Panit si el hecho de amputar el brazo demoníaco podría provocar que le creciese uno nuevo o matase al hombre, no tiene mucha información que aportar a la misión.
Conociendo los poderes mágicos de Akon y Panit, Bukko comenta que ambos podrían entrar mágicamente disfrazados de soldados, burlando la guardia de la entrada, mientras Zhia entra por la ventana. Una vez todos en el cuarto, entran, inmovilizan al tipo, lo amordazan y le cortan el brazo, cauterizando la herida.
Zhia comenta que ella misma podría hacerlo sola desde la ventana, y si el tipo chilla mucho... cortarle la lengua... o el cuello. Con una mirada reprobatoria, Bukko comenta que los usuarios arcanos podrían inmovilizarlo mágicamente en vez de hacer las cosas tan expeditivas.
(Ventana... Zhia... Ventana... Zhia... ¡¡ALARMA!!¡¡ALARMA!!)
Recordando Panit que no tenía preparada magia ilusoria para disfrazarse, decide acercarse entre las sombras de los callejones anexos a la mansión junto a Zhia -quien le indica por dónde moverse-, subiendo a los tejados hasta llegar a la mansión.
Mientras, Akon, adoptando el aspecto de un guardia, se acerca resuelto a la entrada de la gran casa.
Unos instantes antes, Bukko consulta si Ygrein tiene agua bendita, en cuyo caso pueden usarla para echarla en la herida de la amputación por ver si cauteriza dicha herida en la carne demoníaca, destruyendo los restos de carne impía.
Cuando Akon llega a la entrada, los compañeros lo saludan y le comentan si conoce las nuevas noticias. Ante la sorpresa de Akon, le explican que se ha designado un nuevo capitán: el soldado Piotr. Fue nombrado por la sacerdotisa que acompañaba al extraño nuevo capitán... el bicho grandote.
Akon comenta que no tenía noticias al respecto, y él sólo venía a cerciorarse de que el antiguo capitán sigue recluido en sus aposentos. Los soldados confirman que, en efecto, está allí. Cuando Akon va a pasar para confirmarlo, los soldados le dicen que no necesita subir, que ellos mismos ya se lo han dicho. "¿Necesitas algo más?", preguntan con curiosidad.

Mientras tanto, las hermanas Yae ya se encuentran junto a la ventana de Izek, esperando pacientemente. Al mirar hacia el interior, pueden ver que el ex capitán murmura muy enfadado, sentado en la cama mientras mira atentamente sus muñecas.
En otro lado, Ygrein y Bukko se han marchado hacia las cocheras donde se encuentra su carruaje, que se disponen a preparar para marcharse. Allí, los guardias que vigilan a los retenidos en las mismas, que sobrepasaron la capacidad de los calabozos, al ver a Bukko, se acercan a él para preguntarle si hay alguna orden más del nuevo capitán. Bukko informa que ya no es el capitán de la guardia, porque debe marcharse de Vallaki por asuntos más importantes. Ha dejado su cargo, por el que los guardias le preguntan sobre quién ha recaído. Ante el desconocimiento de la identidad (el nombre) de la persona, la guardia, confundida, deja pasar a ambos devotos, indicando que el carro está dentro. Señalando al dueño de las cuadras, Bukko se acerca a él, pidiendo la cuenta del alquiler y abonándola con una generosa propina. El dueño se alegra de tener clientes... sobre todo que paguen. Bukko le comenta que, si vuelven, sabrán donde hospedar su carro. "Que Waroui te proteja", dice el hipótido. "Y que Andral te guíe", responde el anciano. Entregando la llave del cepo del carruaje, el ancianito y su esposa se despiden de los aventureros, informando de que los caballos que dejaron en la última visita están junto al carro en un establo vacío de prisioneros.

Tras marchar de allí, el paladín y la clériga se dirigen a la iglesia de Andral, donde recogen a Victor, despidiéndose del padre Lucian, entregándole las notas de Ernst Lanark que incriminan a la familia Wacter junto con los papeles de sus propiedades y la carta de su antepasada. Al presentar los papeles, Bukko explica la importancia de éstos para luchar contra la influencia de los Wacter que aún quedan en activo en la ciudad. Victor se despide con respeto del sacerdote, junto a Bukko. El hipotido indica que desearía que unos huérfanos hallados en el camino podrían ser atendidos por el sacerdote, quedando a su cargo y formándose como devotos del culto. Aunque Lucian accede, cuando el paladín, la sacerdotisa y el joven clérigo van hasta la Posada del Agua Azul, la dueña de la misma, cuando los pequeños son requeridos, explica que a ella no le importaría quedarse con ellos, porque hacen la vida más alegre a sus hijos, y se están haciendo buenos amigos.
Bukko explica que el sacerdote también se hará cargo de su educación. La posadera confirma que se trata de un buen hombre. Explicando los últimos coletazos de lo que está ocurriendo, Ismark e Ireena son informados de que ese mismo día partirán de Vallaki, pues poco más pueden hacer en esta ciudad, que quizá no sea la más adecuada para dejar allí a la hija adoptiva del burgomaestre de Uarowia.
Ygrein, en un generoso gesto, deja un depósito de varias monedas de oro en el templo, para ayudar a Lucian en la educación de los niños, y en la posada, para la manutención inicial de los niños por parte de la posadera.

En otro lugar, Zhia engrasa los cierres de la ventana de Izek, aprovechando cuando éste no mira hacia ellos, abriendo el acceso en silencio. Acercándose sigilosa por la espalda del hombretón, siente las susurrantes palabras de la magia de Panit tras ella, y al instante una vibrante energía veloz recorre el cuerpo de la asesina.
Como una exhalación, Zhia corta el brazo demoníaco de un limpio tajo a Izek, quien apenas reacciona en ese momento, salvo al sentir la amputación, contrayendo su rostro, a punto de gritar. En un instante, la asesina golpea con su espada de plano el rostro del hombretón, quien trastabilla mientras su brazo cae al suelo, comenzando a gritar desesperado por la herida letal.

Ante el grito, los guardias de la entrada se sobresaltan, a lo que Akon reacciona, indicando que va a subir a toda prisa para ver que sucede, indicando a los guardias que sigan en su puesto para cualquier contingencia. "¡Corre! Estaremos aquí. Da la alarma si nos necesitas".

En la habitación, desde la ventana, Panit concentra su poder, liberando una andanada de proyectiles místicos que sacuden por todas partes el cuerpo del maltrecho Izek, desplazándolo impacto tras impacto hacia el muro junto a la puerta entre gemidos y quejidos.
Habiendo sorprendido al ex capitán, Zhia realiza una cabriola, aprovechando la sorpresa, lanzando un profundo tajo desde el hombro hasta la cadera del enemigo, vertiendo sobre el suelo una cascada de sangre. Sin esperar reacción, fiel a su velocidad antinatural, la mida lanza un cuchillazo ascendente, abriendo la herida aún más -con un chillido del enemigo- a la altura del vientre. El impacto lleva al ex soldado a tratar de huir torpemente, tropezando y golpeando la pared junto a la entrada, cayendo sentado a plomo. Desde su posición, con su único brazo, trata de agarrar una de las piernas de Zhia, aunque ésta aparta ágilmente la extremidad, apoyándose únicamente sobre la otra, provocando un gruñido doloroso de frustración en Izek. Intentando apartarse de la mida asesina, ésta aprovecha el intento de fuga para apuñalar de nuevo al herido, causando un nuevo chillido de sufrimiento y una mirada perdida que augura el fin próximo de su vida.

Desde el exterior, Akon llega a la entrada, intentando entrar -sin éxito- la puerta de la habitación... cerrada con llave.

Sin piedad, arrojando una lluvia de nuevos proyectiles místicos, Panit evita que la mano del fugitivo se aferre a una silla del cuarto para intentar usarla como arma, cayendo finalmente su cuerpo destrozado impacto tras impacto, hasta que el hombre queda destrozado y sin vida, sangrando sobre el suelo con la carne completamente vapuleada. El pesado golpe se produce frente a la puerta de entrada, desplome que Akon percibe de inmediato.
Con una sonrisa, Zhia coge la bolsa de contención, en la que mete las dos partes del cadáver.
Al otro lado de la puerta, Akon escucha una extraña manipulación de un cuerpo pesado arrastrándose, y después dos pares de pies alejarse en silencio hasta salir de la habitación.
Mientras las mida huyen murmurando entre sí, momentos después llega la guardia, abriendo la puerta, y encontrando el cuarto revuelto con sangre y la ventana abierta.
Pronto empiezan a especular que ha habido una lucha terrible, y el ex capitán Izek, junto con su atacante, huyeron. Preguntando a Akon, éste, confuso, explica que sólo escuchó ruido, pero como la puerta estaba cerrada con llave, no pudo entrar. Cuando todo quedó en silencio, llegaron sus compañeros guardias, así que sabe lo mismo que ellos. De pronto, con fingida emoción, empieza a especular que Izek, fugado, se vengará de sus subordinados si vuelve, así que empieza a temer por su salud. Sería preciso montar un perímetro de búsqueda y evitar que los guardias se muevan solos por la villa, para evitar emboscadas.
Cuando la guardia empieza a movilizarse, y Akon (disfrazado) se dispersa con ellos, en una maniobra de despiste, se pierde entre los callejones... abandonando su identidad de "guardia" para adoptar la forma de alguien del servicio del burgomaestre, momento en que aprovecha para huir de allí.

Reuniéndose todo el grupo cerca de la puerta oeste de Vallaki, Zhia muestra a sus compañeros que el brazo y el cuerpo del ex capitán están guardados entre sus pertenencias, ante lo que Bukko confirma que la esencia demoníaca del brazo ha partido con la muerte del hombre maldito.
"Veo que habéis hecho el trabajo DEMASIADO bien", observa el paladín con gesto de desaprobación.
Informando al resto de sus aliados que ha dejado las escrituras de las propiedades Wacter en poder del Padre Lucian, Bukko da la orden de partir.
Sin mirar atrás, el grupo sube al carro, y abandona la villa lentamente, mientras la noche se va cerniendo sobre ellos, alcanzándolos en el camino de salida.
Tras ellos, varias columnas de humo empiezan a debilitarse sobre la villa, mientras la guardia llama a las armas buscando a los asesinos de Izek o a sus cómplices de fuga.
Misteriosamente, cuando el grupo huyó de la mansión por diferentes caminos, al reunirse a la salida, Katy apareció con una gran bolsa a la espalda y una sonrisa. Su expresión exultante, pensando en el saqueo de la mansión del burgomaestre, la lleva a compartir con sus subordinados los tesoros "extraviados" de aquel edificio, que han llegado a su saca. Aunque Bukko, con el ceño fruncido, pregunta si aquello son bienes del gobernador, Katy niega con una media sonrisa, comentando que son cosas que se "ha encontrado por el camino".

Y el camino sigue... y sigue...

CONTINUARÁ

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