Mientras el Oficial de la Guardia de Ander Duma Oliver, junto con el Sargento de la Milicia Urbana Paxton Dextario, sus subordinados de la Guardia y la Milicia, acompañados por Kirk, Rando y Talion, se dirigen a Villa Ander, escoltando a los 4 orcos y el semiorco supervivientes de la defensa de los campos de cultivo, buscan un lugar donde poder asentarlos para reunirse todos con calma y hablar de qué es lo que traía a esos seres allí, y por qué no había sucedido una confrontación bélica, como parecía inicialmente la incursión de los mismos.
(Duma Oliver)
Al adentrarse por la zona oeste de la muralla y atravesar la avenida principal dirección a la Alcaldía, el Sargento Dextario es abordado por una miliciana, quien le indica que, habiendo sido informada hacía apenas unos minutos de la situación, ha sido destacada por Brion SwornStone para llevar a los orcos a su pequeña mansión, mientras él se ocupa de reorganizar a la milicia, cortando cualquier reducto de reacciones negativas en la población, a la vez que el Capitán Preston Sulliver, por su parte, controlaba las batidas exteriores con refuerzo de la propia Milicia.Así, con el informe de la recién llegada, Dextario se reúne brevemente con Oliver, y acuerdan llevar hasta la mansión de Brion a los orcos, para acomodarse allí y continuar su charla.
(Paxton Dextario)
Mientras tanto... más allá del noroeste, en la comunidad de Emerald Canopy, algunas horas antes, la capilla de Lathander ha recibido información sobre un revuelo en la comunidad cercana, cuando una incursión de orcos ha intentado robar en uno de los almacenes de alimentos del extrarradio, siendo rechazados con la ejecución de un invasor, pero por desgracia un defensor elfos también ha fallecido.El resto de los enemigos ha escapado hacia el sur.
(Tuviel "Brisa de Hielo")
Poco después, un oficial elfo del bosque de los Cercos del Verdor llamado Tuviel "Brisa de Hielo", de gesto adusto, acompañado de lo que parecía un Mago Ordenado de la Pérgola Viviente, así como una Sombra Diurna de los Fieles Esmeralda (con cierto parecido a Tuviel y mirada cargada de odio frío), se personan frente a la creciente comunidad de Lathander (ya contando con un nutrido elenco de 10 fieles, incluyendo al propio Shail y al Maestro del Alba Creciente Leynon Brithinial), solicitando una merced al sumo sacerdote, para la que es precisa la ayuda sacerdotal, con lo que Shail "BrisaNocturna" es requerido de forma condescendiente (sin demasiados miramientos, casi como una orden y una obligación, en lugar de una petición amable, más aún por el hecho de que Lathander no es "estrictamente" un dios élfico principal como el propio Corellon Larethian) para acompañarlos dirección sudeste, camino de Villa Ander, en persecución de unos orcos fugitivos (de los que los miembros del clero ya estaban informados, así como sus fechorías). Aunque el Maestro del Alba indica que hay otros congregados igual de capaces a los que acudir, al margen de Shail "BrisaNocturna", quien ahora es requerido para otras obligaciones más urgentes (como el hecho de que, ya que la capilla se está quedando pequeña, es imperativo reformarla y ampliarla), Tuviel se mantiene firme en su solicitud sin dejar lugar a dudas.
Al ver la mirada de preocupación de Shail, Leynon da su palabra que el joven Naeris "ShadowSun" BrisaNocturna quedará bajo su protección hasta que su padre vuelva, y puede confiar plenamente en el Maestro del Alba de que su palabra en la congregación es ley. Puede partir sin preocuparse de que su hijo no esté a buen recaudo. Ante la solicitud de intentar llevar a su hijo con él, Leynon se muestra tajante en su negativa de dejar que el niño se vaya y se meta en problemas en medio de un combate en el que su padre podría participar, por muy raro y preocupante que sea el origen del muchacho. Era la idea más estúpida que había podido surgir de una mente normal, y como tal sería desechada sin miramientos.
Así, después de zanjar la situación con el pequeño, los elfos entregan un caballo a Shail y cabalgan con él a la zaga, su montura siguiendo a la de éstos, dirección AnderVille.
En otro lugar, los orcos, el semiorco, los personajes, la escolta de la Guardia y la Milicia son llevados a la pequeña mansión de Brion SwornStone, Comandante de la Milicia Urbana, ya que éste se encontraba resolviendo otros asuntos y, al ser informado de la situación actual, indicó a un subordinado que la comitiva se dirigiese a su domicilio para tomar nota de la situación, mantenerla bajo control, e informar de la resolución, tras otorgar poderes legislativos y ejecutivos temporales al oficial de la Guardia de Ander al cargo.
En el camino hasta las dependencias de Brion, alrededor de los escoltados empieza a formarse una multitud de curiosos de mirada suspicaz contra los orcos y sorpresa por la forma tan diplomática de tratarlos por parte de la guardia. Cuando los recién llegados alcanzas el hogar de Brion, la noticia contrastada sobre el ataque de orcos y después la retención de los mismos -no como prisioneros convencionales-, es ya la comidilla por varios rincones.
(Arknor BrightSteel)
De hecho, mientras el grupo llegaba al hogar del Comandante de la Milicia, es interceptado por Ulma GoldenFingers, otro gnomo de aspecto bastante nervioso, joven y cargado de carpetas, papiros y notas, y dos enanos moderadamente armados, uno de ellos claramente un escolta de mirada severa, y el otro más joven y altivo, al que se puede reconocer como uno de los sobrinos de Marno, el joven Arknor BrightSteel. El grupo anexo se detiene junto al oficial Duma y su acompañante Paxton, para explicarles en firme que desean tener unas palabras urgentes con el Comandante Brion o el Capitán Preston Sulliver. Siendo a ningún mando de los acompañantes imposible poner en contacto en ese momento a Ulma y Arknor con quienes solicitan, sólo pueden indicarles que los acompañen mientras tanto. El aspecto inquieto de la gnoma, observando de soslayo a los orcos, da a entender que los asuntos que la traen aquí urgen, así que acepta el ofrecimiento. Amablemente, ambos oficiales permiten el paso junto a ellos al interior del domicilio al que se dirigen, mientras intentan acomodarse al espacio en el interior del mismo.
Kirk comenta al ver la necesidad de Ulma que, por desgracia, aquello es una reunión privada, y debería mantenerse al margen, buscando otras dependencias de la casa en las que esperar mientras el resto resuelve sus asuntos. La gnoma, al escuchar a Kirk, indica que, para lo que necesita hablar con Brion o Preston, también podría comentarlo aquí, porque probablemente tenga que ver con los orcos en Villa Ander. Así pues, es posible que permanecer con la guardia, los personajes y sus "escoltados" sea lo apropiado. Duma le indica que, por deferencia a su posición, la dejará entrar, pero sólo hablará cuando él lo permita, y entonces contará y preguntará lo que necesite, pero hasta entonces dejará el asunto en sus manos. Y, por supuesto, su acompañante gnomo y los enanos se quedarán fuera, lo que
provoca que estos dos últimos renieguen entre dientes mirando a la gnoma con impaciencia, argumentando que no debería quedarse un miembro del Consejo de Gobierno del Ayuntamiento desprotegido frente a unos orcos. Paxton dice que no sólo están ellos y sus subordinados, sino otros miembros de seguridad patrullando por el exterior. Evidentemente no va a haber ningún problema.
Ante tales argumentos, los enanos aceptan la autoridad y se mantienen al margen, dejando que los demás pasen a una zona apartada del edificio.
Los orcos observan todo el despliegue, mirando nerviosos de un lado a otro, incluyendo la disposición de Kirk y Rando que se encuentran en lados opuestos de su grupo.
Una vez ubicados todos los presentes, Ulma incluida, Duma se dirige a los orcos, y les expresa que escucharán lo que tengan que decir, merced a los héroes de Villa Ander y su oportuna intervención, aunque ello no es óbice para que, vigilados como se encuentran, si hacen algo que no convenza de intenciones no hostiles a los vigilantes, serán encerrados y la decisión sobre ellos será bien distinta.
Tomando la palabra, el cabecilla que había solicitado ayuda junto a los campos de cultivo, comienza a hablar de forma algo dificultosa al principio, haciéndose algo más fluida conforme las palabras dejan de atropellarse y se siente más cómodo expresándose.
Al parecer, su grupo busca solucionar un problema que podría extenderse a todos. Según él, la Tribu del Cuervo llevaba tiempo viajando a la cola de una horda orca que comenzó a reunirse hace algún tiempo en las Llanuras del Ocaso Perpetuo, al noroeste de la frontera con el reino al que pertenece Villa Ander y otros pueblos acogidos a este lado de la frontera.
Dicha horda está comandada actualmente por el hermanastro de sangre pura del semiorco al que acompañaba su grupo, cuyo nombre es Gragh "Vacío Implacable". Hace tiempo fue elegido por el poderoso Gruumsh del Ojo Vaciado. Cuando el dios señala a un Elegido, éste tiene la obligación que reunir y comandar a la horda para conquistar nuevos territorios, derrotar a sus pobladores, y reclamar esas tierras y riquezas para que los orcos colonicen nuevas regiones con las que crecer.
En el desarrollo de sus palabras, el resto de orcos expresa orgullosa conformidad al escucharlas, y aunque agarran sus armas enfundadas, no muestran actitud hostil, sino sincero respeto y aprobación.
Cuando Kirk ojea al semiorco y el parche en su ojo, se interesa por saber si él es sacerdote de Gruumsh. El cabecilla niega con la cabeza, explicando que su poder no proviene directamente de él.
Mirando de soslayo a otro orco que tiene aspecto de chamán, y volviendo al tuerto, comenta a éste último, llamándole por su nombre "Turk", que debería explicar "la historia", para que los anfitriones comprendan mejor su relación con el dios y entiendan qué ocurre.
(Turk "El Errante")
El aludido se suelta de los que lo sostienen, perdiendo por un momento el equilibrio, aunque en un par de traspiés lo recupera. Se quita el sombrero para engancharlo a su cincho, y sacudiéndose el pelo con una mano, mientras la otra se apoya pesadamente en un cayado -cuya cabeza tiene plumas negras y garras de ave rapaz anudadas-, cubierta su espalda por una capa con los hombros tapizados de plumas negras, y diversos tatuajes por sus antebrazos y cuello, exponiendo cuervos en diferentes posturas de vuelo, ataque o vigilia, da unos pasos al frente. Su voz, grave y poderosa, es sin embargo más suave que la de sus compañeros.Pidiendo disculpas por sus hermanos, explica que la Tribu del Cuervo se ha convertido en paria entre los suyos, de quienes llevan huyendo semanas, por no ser bienvenidos.
Tiempo ha, Gragh fue elegido por Gruumsh, pero en un extraño acontecimiento, parte del vínculo y la esencia del dios a través de la sangre del padre compartido, Borbag "Arranca Entrañas", se derramó sobre Turk. Cuando el mestizo se percató de lo ocurrido, además de sentir las palabras de Gruumsh que no sólo resonaban en la mente de su hermano sino también en las suyas, tuvo la desdicha de que uno de los sacerdotes principales de Gruumsh, Karkat "Sacrificio en Tinieblas", se dio cuenta de que la ley de Gruumsh prohibía más de un Elegido en comunión directa con su dios, así que Gragh desafió a Turk y lo retó a duelo, derrotándolo, y convirtiéndolo en un Omega, el escalafón más bajo de su sociedad, bajo las órdenes de Gragh y todos los que seguían al Elegido.
Al convertirse en omega, Turk se unió a otros descastados también derrotados en duelos de supremacía, que seguían a la horda en su avance... sumándose a los carroñeros que se movían en los límites de la misma, alimentándose de restos que sus hermanos dejaban atrás, recuperando bienes desechados por éstos tras sus saqueos, y ocupando zonas de vivienda que los demás habían rechazado por ser demasiado indignas. Aquella era la nueva vida de Turk y otros como él.
Tolerados, pero no aceptados, los carroñeros sobrevivían como podían, comprendiendo el valor de la colaboración entre sí, en vez de seguir la cadena de supremacía natural de sus hermanos, continuando vivos con ello. Su supervivencia entre sus compañeros omega, habiendo quedado claro que no suponía una amenaza, todavía rondaba los pensamientos de Gragh, quien no parecía de acuerdo con aquella situación. Quizá eran sus propias ideas, o algo insuflado por palabras ajenas, pero aquella nube de tormenta planeaba sobre el horizonte.
Con el tiempo, Turk reunió a cuantos descastados pudo junto a él, y todos se convirtieron en una nueva Tribu por derecho propio: Los Cuervo. Como tales, pasaron a desarrollar las cualidades de dichos animales... la búsqueda del sustento, la supervivencia, la sabiduría... y la providencia de los mensajes e información.
Se esforzaron en ser valiosos para el resto de la horda, y se transformaron en los heraldos y correos entre las diferentes tribus reunidas, ganando un grado de respeto por ello, fuesen las noticias buenas o malas. Aunque se les conoció desde entonces como "Los Agoreros", o pájaros de mal agüero, la nueva Tribu se labró un nicho entre las demás a base de esfuerzo e ingenio.
Pero una vez más, Gragh se levantó en armas contra Turk, aun habiendo ya demostrado con anterioridad su supremacía. A pesar de las súplicas de perdón de Turk, Gragh no cedió a su instinto, y atacó a Los Cuervos, diezmando a más de la mitad, mientras el resto se dispersó y huyó, abandonando por completo a la horda. Sus guerreros no cejaron en el empeño de masacrar hasta el último de Los Cuervos, y la reciente tribu sólo pudo huir sin cesar, día tras día, durante demasiado tiempo, siempre con la amenaza de la muerte tras los talones.
La situación de diaspora aún hoy día se mantiene.
Pero los Cuervos supervivientes ya están hartos de huir.
Según la ley de los orcos, si el actual Elegido de Gruumsh es desafiado y derrotado, su horda se dispersará en una lucha de poder y control por el resto de la hueste, dejando su afán de avance y conquista hasta que el próximo Elegido, dentro de mucho tiempo, vuelva a aparecer. Pero hasta entonces, la horda quedará deshecha.
El único problema es que no hay nadie entre los Cuervos lo bastante fuerte como para derrotar a Gragh. Lo que les llevó a un pensamiento distinto: más allá de las Llanuras del Ocaso Eterno, lejos de las fronteras de las tierras orcas, había razas capaces de plantar cara por motivos de protección de los suyos o prevención de una guerra a escala inimaginable, que podrían convertirse en campeonas para esa contienda, surgiendo héroes y luchadores entre sus filas con posibilidad de lograr la proeza de la derrota del Elegido de Gruumsh, pudiendo frenar con ello el avance de la horda antes de que las tierras colindantes a las llanuras sean anegadas de orcos que las conviertan en nuevas colonias.
Por eso, la partida de caza a la que pertenece Turk está aquí.
Gracias a su conexión con su hermano y el vínculo que lo une a él y a Gruumsh, puede conocer los planes de éste. Sabe el cuándo, el cómo, y el dónde de sus deseos y pensamientos.
Rando y Kirk, tras escuchar esas palabras, expresan en voz alta su sospecha de que lo que busca Turk es un luchador que mate a su hermano. Pero éste contesta que eso no es del todo exacto. También viene a advertir de que, si no se toman medidas pronto, la horda llegará sin posibilidad de ser contenida a las fronteras del reino en el que ahora se encuentran sus Cuervos, y es muy probable que sea anexionado y conquistado, con más derramamiento de sangre del que muchos puedan soportar, teniendo en cuenta que el fanatismo de la horda ante el Elegido provocará en sus guerreros un ansia por sangre y muerte pocas veces vista y contenida en este lado de las fronteras.
Ante esas palabras, Rando se encuentra tan nervioso que procura mantener bien vigilados a todos los orcos por si alguno realiza algo imprudente.
Por su parte, Kirk, que mira de lado a lado tanto a los orcos como a los anfitriones sentados a la mesa del salón, ve como Ulma se ha mantenido progresivamente más atenta de las palabras de los escoltados, y llega un momento en que se acerca a Duma, susurrando a su oído.
Afinando la vista, el mediano aprecia el movimiento de los labios de la gnoma, descifrando sus palabras: 'es posible que lo que cuenta este semiorco sea por lo que estoy aquí. Tenía que llevar a la Guardia de Ander el informe de problemas que incursiones orcas a caravanas de comercio hacia el oeste empezaban a sufrirse desde hacía poco, lo que posiblemente indicaría los primeros indicios de que la horda había decidido mostrarse más osada asaltando viajeros para apoderarse de sus bienes y matar a sus operarios, además de atacar áreas pobladas más débiles y alejadas de los núcleos bien defendidos del reino, cercanas a las fronteras de las Llanuras del Ocaso Perpetuo. Esa información debía también viajar hasta los Guardianes del Trono'. El oficial de la Guardia asiente con gravedad, al tiempo que sigue pendiente de las palabras de Turk.
Justo en ese momento, llaman suavemente a las puertas principales de la mansión. Duma solicita amable a Ulma que abra para ver quien es, mientras sus hombres continúan vigilando a los orcos.
La gnoma, al abrir, ve junto a sus acompañantes gnomo y enanos como cuatro elfos de diferente aspecto y actitud se adelantan entrando en el edificio, con corteses saludos.
Poco antes de que ésto suceda, los elfos provenientes de Emerald Canopy, habían llegado a caballo a los campos alrededor de Villa Ander, donde observaron como una patrulla formada por un jinete y dos infantes marchaba cerca de ellos en actitud de búsqueda, separada de un cuerpo principal de caballeros y milicianos que se dispersaban en idénticas formaciones hacia direcciones distintas, como peinando toda la zona en una expansión en semicírculo.
Cuando Shail fue a acercarse a la patrulla más cercana, Tuviel detuvo su avance, indicando sus sospechas de que aquello era sólo una batida porque ya habían encontrado a los orcos a los que buscaba la comitiva. Sólo había que observar la actitud de los soldados.
Shail, a pesar de ello, y ante la negativa creciente y constante de Tuviel, cuya voz se mostraba cada vez más firme y gélida, decidió preguntar a los soldados a riesgo de romper su propio protocolo de marcha. Viendo que el sacerdote no cejaba en su empeño, Tuviel avanzó hacia los soldados con el resto de su cortejo y, alzando una mano, hizo a ambos grupos detenerse. El jinete humano dio la bienvenida, disculpándose por no poder atenderlos, porque estaban en misión oficial.
Brisa de Hielo, con voz suave, disculpó también su intromisión, añadiendo que sólo les robarían un momento para preguntar qué sucedía, pues su excesiva actividad auguraba algún suceso importante.
La extrañeza llenó el rostro del soldado, quien indicó que, probablemente, los elfos supiesen algo de lo sucedido, porque la situación venía desde sus tierras. Asintiendo, Tuviel expresó que entonces todos buscaban lo mismo: orcos. El caballero confirmó esa sospecha, añadiendo que se trataba de una pequeña avanzadilla en incursión que había sido retenida por fuerzas combinadas de la Milicia y la Guardia, y que ahora estaría siendo interrogada dentro de Villa Ander, posiblemente en el Alcázar de la Guardia o el Cuartel de la Milicia, aunque también podrían estar en la casa del Comandante Brion de la Milicia.
Shail, despidiéndose cordialmente y agradeciendo la ayuda de los soldados, al tiempo que éstos recomendaban prudencia a la vuelta a su hogar por si se producía otra incursión, se acercó a sus compañeros de viaje, mientras Tuviel lo miraba de soslayo y susurró con desprecio que el sacerdote se relacionaba demasiado con esas gentes. Continuando su marcha, cabalgaron con prontitud hasta las murallas de la villa, dejando claro con su actitud que la presencia de Shail no era grata a sus acompañantes. Con su pensamiento puesto en su pasado y en su extraño hijo, el sacerdote de Lathander suspiró, pensando que esas formas tardarían bastante tiempo en desaparecer en una comunidad tan exclusiva como la de sus hermanos de raza. Y con esa congoja en el corazón, decidió consultar si sus hermanos se encontraban a disgusto con él, a lo que Tuviel, con gesto amargo y voz tensa, replicó que no era momento ni lugar para resolver asuntos personales. Bastaría saber que su presencia allí obedecía a la necesidad de saber si en el futuro el sacerdote sería fiel a la comunidad y respetable con sus hermanos, pese a sus errores del pasado. De otra forma, el líder de la comitiva podría haber elegido a cualquier otro entre los acólitos de Lathander. Además, tenía un interés particular en saber si sus intenciones futuras estaban relacionadas con lo que sucedió bajo SiempreMuerte, o esa parte de su pasado ya era un capítulo cerrado.
Cuando los elfos llegaron a la villa, percibieron un gran revuelo y un buen número de ciudadanos acercándose al barrio de los obreros, más particularmente a la mansión del Comandante Brion SwornStone, la cual estaba parcialmente rodeada de Anderianos. Cuando los ciudadanos se percataron de la presencia de los elfos, se apartaron de su camino, extrañados por ver un grupo de éstos armado y a caballo dentro de su pueblo. Sin prestar atención a la concentración, Tuviel desmontó, acompañado de sus soldados, y llamó suavemente a la mansión. Cuando la puerta se abría,
Ulma GoldenFingers saludó sorprendida, dando la bienvenida formalmente a los hermanos de las colinas y preguntando cuales eran sus deseos. Shail informó que se encontraban allí por unos orcos retenidos. Era un asunto de la comunidad élfica. Ulma, entonces, envaró la espalda con rostro de preocupación, informando de que los orcos estban dentro, pero reunidos con los soldados e interrogados por éstos. Cuando Shail empezó a explicar los motivos de su llegada, relacionados con el avistamiento en EmeraldCanopy, Tuviel lo interrumpió dirigiéndose con dulzura a Ulma, solicitando que tuviese la amabilidad de concederles paso para hablar directamente con el oficial, y así evitar la molestia a la líder Gremial.
Shail, entrelazadas en las palabras de su superior, percibió algo que no estaba expresando en su petición, y se guardaba para sí mismo, aunque no pudo tomar ninguna decisión en ese momento, pues los enanos situados en el exterior del salón donde se retenía a los orcos se acercaron a Ulma, preguntando con voces vibrantes y graves si era necesaria su presencia para solventar algún problema. Ésta, quitando tensión, informó de que los elfos estaban por el mismo motivo que el resto de reunidos, para informarse sobre las intenciones de los orcos. Arknor, con una mirada ceñuda a los elfos, respondió que si había algún problema, ellos estaban allí para protegerla.
La gnoma, agradeciendo la preocupación, abrió paso hasta el salón a los elfos, llamando y abriendo las puertas, provocando efectos encontrados distintos, incluyendo miradas frías de los elfos a los orcos y gruñidos de éstos a los primeros, así como un momento de alegría al encontrarse Shail de nuevo con sus compañeros de aventuras Rando y Kirk.
A pesar del momento de reencuentro y las miradas, Shail no pudo evitar percatarse de que uno de los elfos que acompañaba a los demás, al avanzar hacia el salón, se quedó rezagado y desapareció por el exterior de la puerta de salida, hacia su izquierda, dirección a la zona del muro externo del gran salón.
En ese momento, Kirk se desplazó tras Shail, poniéndose entre él y los orcos, y desenvainó su espada solar, provocando que su luz brotase suave del mango, entornando la propia figura del elfo de Lathander ante su líder, y haciendo que los orcos se sorprendiesen con aquel objeto que a sus ojos resultaba algo molesto. Su voz, fina y firme, apeló al elfo que iniciaba las hostilidades, indicándole el error de su actitud y la seguridad de que desenvainar en actitud de amenaza un arma bajo el techo de Brion el Comandante de la Milicia contra unos invitados estaba penado con la ley, así que debería pensar mejor lo que estaba a punto de hacer, desenvainando, de paso, su arma, además de explicar sus motivos.
Por su parte, Rando, avanzando hacia los elfos, descolgó su hacha del arnés de su espalda, al tiempo que indicaba que si alguno de sus elfos manchaba sus armas de sangre allí, sería la última vez que usasen ese arma.
Al mismo tiempo, Shail sostuvo por los hombros a Tuviel, clavando sus ojos en los de éste, recordándole que ellos allí eran invitados, al igual que los orcos, y por la ayuda que los elfos habían solicitado a Lathander y a su Maestro del Alba al traer a BrisaNocturna allí, estarían rompiendo la confianza del sumo sacerdote, que también era una ofensa a la comunidad élfica. Lo adecuado sería guardar las armas ya.
En el momento en que todo eso ocurría, los enanos en el exterior del salón se acercaban veloces, armas en mano, y tras ellos el gnomo que acompañaba a Ulma ponía tierra de por medio para no ser alcanzado por ningún golpe, alejándose unos metros.
Ante esa muestra de poder, Tuviel detuvo su mano, mirando intrigado a Kirk, para después observar desafiante a Rando, y terminar con una mirada de desprecio desnudo a Shail. Su acompañante a la vista, cuando todo sucedía, a una velocidad cegadora, ya se había interpuesto entre su líder y ambos enanos, con su arco en una mano y una flecha apoyada contra la madera, aunque sin tensar la cuerda, ojos acechantes que medían sus fuerzas con las cejudas miradas furibundas de los enanos, dispuestos a golpear a unos supuestos aliados de la comunidad... hasta ese momento.
Mientras los orcos se escuchaban respirar pesadamente, con anticipación a lo que supondría derramar sangre, después de haber sido despreciados por su propio pueblo, y sus armas apretadas en los puños, a punto de ser empuñadas -vigilados de cerca por el rostro amenazante de Rando y las expresiones prestas de todos los soldados de la villa-, Tuviel, con la misma agilidad que había desenvainado su acero, lo enfundó de nuevo, levantando ambas manos en gesto de rendición. De sus labios surgieron palabras de conciliación, esperando escuchar a los orcos y sus motivos, para después tomar una decisión al respecto. Pero Shail, inquieto, le preguntó por la situación del compañero desaparecido.
En ese momento, un rugido de dolor de Turk concentró toda la atención en él, observando como una silueta élfica a su espalda le clavaba una espada ligera por el costado hasta la mitad de la hoja, marcando su rostro en una mueca de sufrimiento y haciendo que sus rodillas le fallasen entre temblores.
Al descubrir el horror de la situación, Ulma gritó nerviosa y se alejó corriendo con la cabeza gacha para refugiarse tras una esquina de la mesa del salón. Duma y uno de los Milicianos, sin desenvainar sus armas, se arrojaron contra Tuviel, para retenerlo y evitar que participase en más violencia, forcejeando con él. Al mismo tiempo, Arknor y su guardaespaldas, armas en mano, levantaron sus escudos mirando directamente hacia el elfo arquero, y con gesto ceñudo, cargaron contra él, estrellándolo contra el marco de la puerta, e impidiendo allí su movimiento, aprisionado entre la madera y sus escudos. A pesar de la agilidad del elfo, la terquedad y resistencia de los enanos impidieron cualquier reacción posterior, a la espera de órdenes de Ulma. En otra parte, Paxton y el otro Guardia rodeaban por la chimenea a los orcos a toda prisa, tratando de alcanzar al elfo que intentaba asesinar a Turk, desesperados por detener una situación mucho más problemática de lo que ya era.
Fuera de la habitación, y pasando como una exhalación tras los enanos, el gnomo escriba acompañante de Ulma, aterrado, dejó caer sus papiros y carpetas y corrió hacia la salida, llamando a gritos a la guardia. Cuando los orcos fueron conscientes para reaccionar ante lo sucedido, montaron en cólera aullando, y levantaron sus armas, dispuestos a acabar con la vida del agresor a su líder de Tribu.
En medio de la trifulca, la voz de Rando se escuchó grave y amenazante, como el gruñido de un lobo antes de atacar 'dejadme a ese elfo. Dije que si alguno manchaba su arma de sangre, sería la última vez que la utilizaría', mientras caminaba pesadamente hacia la masa de orcos, soldados y elfo. Entonces,
con un golpe del astil de su hacha, arrojó a un orco que estorbaba su paso por los aires, chocando éste contra una esquina con un impacto que le hizo perder el resuello, y se encaró con el elfo agresor, levantando su hacha. El asesino, parpadeando ante la sorpresa, fue incapaz de evitar la lluvia de hachazos que cayó sobre él, salpicando sangre élfica a orcos y soldados entre los gritos de dolor del atacado, cuando el hacha rompió su armadura por el pecho, hendiéndolo profundamente, además de hacerle un largo corte en un muslo. En uno de los ataques del guerrero, un estallido de luz dorada y rosa, provocado por una suave oración de Shail, hizo flaquear la puntería de su compañero, reduciendo la severidad de su embestida contra el elfo agresor, evitando que éste muriese a manos de su aliado humano, haciendo que Rando parpadeara y mirase de reojo de dónde podría llegar ese efecto extraño sin éxito, y con los dientes apretados lanzó un último hachazo al vientre del enemigo, levantándolo del suelo al clavar con saña la hoja en su carne, aunque aún quedaba vida -muy sufrida- en él. La protección brindada al elfo por parte de Shail no pasó desapercibida a la suspicaz mirada de Kirk, que lo miró sospechosamente, pensando durante un segundo en quién estaba realmente su lealtad. Viendo que el elfo estaba siendo ampliamente superado por sus interrogadores, los orcos decidieron arriesgarse. Uno de ellos, más protegido por una recia armadura, trató de arremeter por su costado, pero Rando atrapó su hacha con la propia, y de un tirón desestabilizó su ataque, haciendo al orco bailar trastabillando, con un tajo inofensivo lanzado al aire que provocó un forzado giro de su cintura y un gruñido. Rando volvió a escupir más palabras amenazantes al rechazar al orco: 'he dicho que el elfo es mío y de nadie más'.
El semiorco, mirando de reojo a Rando, se adelantó sujetándose la herida del costado, y al apoyar su mano en el pecho del elfo, se escuchó un estallido eléctrico que hizo convulsionar al enemigo, quien entre balbuceos y chillidos cayó de rodillas en el suelo, humeando y sangrando por sus heridas. Al hacer eso, susurró al guerrero humano 'no merece la pena. No lo mates'. Mientras, a la espalda del semiorco, aquel adornado de extraños abalorios, bolsas y una gran maza aserrada, alzó una mano crispada y, con una oración salvaje, envolvió al elfo arrodillado en unas finas líneas de energía púrpura que inmovilizaron al enemigo en el suelo, sometido y paralizado en un gesto de sufrimiento.
Ya que Shail, Kirk y Rando estaban enfrascados en sus propios asuntos, apenas por el rabillo del ojo pudieron ver como el que parecía el cabecilla y portavoz de los orcos, cargó aullando como un toro embravecido, hacha en alto, contra el líder elfo, intentando golpear su rostro con el astil del arma, pero éste, con un gesto despectivo, y sin desenvainar su espada, trabó con la vaina de la misma el mango del hacha orca, quedando encarado a él... orco con mirada salvaje... y elfo con expresión de superioridad despreciable.
Entre el fragor de la refriega, se escuchó la clara voz de Shail exclamando que esa locura debía detenerse, pues nadie tenía que morir ese día, porque él había acompañado a los elfos aquí para hablar, no para combatir, así que era imperativo deponer las armas todos.
Aprovechando la parálisis del elfo, los soldados cercanos a él lo redujeron e inmovilizaron, mientras Shail ayudó a retirarlo de la cercanía de los orcos y Rando. En el exterior de la sala, seguía el forcejeo entre enanos, Duma y el soldado a su lado, con el líder y el arquero elfo, a la vez que el orco portavoz intentaba someter por número y fuerza a Tuviel. Con las palabras de Shail, a pesar del forcejeo, los soldados parecieron tranquilizarse intentando detener el desatino, aunque por su parte los elfos habían dejado caer su máscara de calma y ahora estaban indignados, al tiempo que los orcos trataban de contener sus ansias de sangre, cuando uno de ellos deja escapar 'ese maldito elfo de savia verde va a morir por el deshonor de atacar por la espalda a nuestro líder'.
En ese momento, Kirk alzó su espada solar, que estalló con luz cegadora, brotando incluso a través de las ventanas y provocando un murmullo en el exterior. Con su intervención, el mediano expuso con firmeza que la situación había de acabar de inmediato, y se resolvería según las leyes de la ciudad. Todo el mundo sería juzgado, para evitar que nadie volviese a tomarse la justicia por su mano. El elfo sería castigado por lo que había hecho, así como Brisa de Hielo. Señalando con su espada a los orcos, Kirk añade 'si no cumplís, haréis que Kirk se enfade, y no deseo eso'.
Después de la imponente exposición, toda la acción se detuvo, y poco a poco se calmó el ansia de sangre.
Los soldados que retenían al elfo paralizado terminaron de someterlo, el orco estrellado contra la pared por Rando miró al humano resoplando con rabia, pero no emprendió ninguna respuesta y se calmó, y el resto, al ver que su líder seguía vivo, también calmaron sus ánimos, aunque sus miradas seguían intentando lidiar entre el ansia de sangre y la prudencia.
En el momento de la calma, se escuchó un estruendo en la puerta de entrada al abrirse, seguido de pasos en formación de varios soldados combinados de las fuerzas de Ander que llegaban para responder a la petición de auxilio.
Al ver lo que ocurría, se dirigieron a Duma, explicando su presencia y consultando si era precisa su intervención. El oficial, respirando con pesadez, aunque más tranquilo, los despachó informando que todo estaba bajo control, pero les sugirió que se quedasen cerca, por si se diese un improbable caso de segundo brote, vigilando los accesos a la casa. La situación en el interior necesitaba cierta delicadeza, porque no podía ser dejada al margen antes de volver a otras obligaciones.
Así, habiendo alejado a los soldados, se redistribuyó a todos los participantes del altercado, mientras Shail era rechazado sin brusquedad y con incredulidad por el propio sacerdote de Gruumsh, cuando el elfo intentaba curar al semiorco: 'Gruumsh cuida de los suyos'.
Duma exigió que todas las armas, orcas y élficas, fuesen dispuestas sobre la mesa, porque no se sucederían más ataques hasta que esta estupidez hubiese sido erradicada.
Con gestos de desdén por parte de los elfos ordenando sus pertenencias, y gruñidos de desacuerdo entre los orcos que las echaban sin miramientos y con descuido encima de la mesa, todos cumplieron con Duma.
Sorprendentemente, la custodia de los elfos quedaba bajo el arbitrio de los enanos, que los vigilaban como halcones, y los soldados humanos se mantuvieron alerta de otras reacciones de los orcos.
Aunque Kirk exigió que todos los elfos fuesen amarrados por el delito cometido, Duma declinó la petición, alegando que bastantes problemas había ya mezclados en esta situación como para granjearse la animosidad de toda la comunidad élfica. Ese asunto se aclararía allí, y en privado.
Y, por supuesto, agradeció la rápida intervención de los protectores de Ander, qué duda cabía.
Organizando la disposición de los elfos a un lado de la mesa, y los orcos al opuesto, Duma se sentó en medio, para continuar la turbulenta reunión.
Por otra parte Shail, al tratar de sanar a su hermano de raza retenido y atado contra una esquina por los dos soldados de los dos cuerpos de guardia, percibió que éste se sentía avergonzado de ser atendido por alguien a quien su líder despreciaba.
Cuando todos se acomodaron en la mesa, y Rando se quedaba en medio de la sala, dando paseos de un lado a otro, nervioso, ambos oficiales miraron a los orcos y al líder elfo, y Duma se dirigió a Brisa de Hielo, explicando que había provocado una situación muy tensa y peligrosa, sin mediar explicación alguna, y eso podría haber resultado en algo mucho más problemático. Tuviel pasó su mirada de desdén del oficial a los orcos, y con voz melodiosa declaró que su única intención era ajustar cuentas con los salvajes, y no esperaba que los Anderianos comprendiesen que tener a los orcos en el pueblo sólo traería problemas. Como respuesta, uno de los orcos replicó con dureza que los elfos atacaron primero cuando ellos pasaban cerca de sus fronteras, sin pretender hacerles daño, y uno de sus compañeros murió en ese ataque.
Cuando esas palabras surgían, Brisa de Hielo volvió a pasar su mirada de los orcos a Duma, preguntando si realmente iban a creer en esas palabras, pues lo que esos asesinos realmente hicieron fue saquear un silo de reservas y matar a uno de sus soldados.
Cuando Rando escuchó eso, replicó que hasta el momento era más fácil creer a los orcos que a lo que pudiera contar Tuviel, debido a los hechos recientes en los que él había desenvainado un arma sin previo aviso tras ser invitado al hogar de Brion y provocó una situación potencialmente letal por culpa de uno de sus elfos, así que el resto de las palabras no podían ser dadas a crédito. Cuando Brisa de Hielo vuelve a extrañarse en que si de verdad los allí presentes van a confiar en unos asesinos y saqueadores, Rando le replicó que confiaba en lo que veía, no en lo que era incapaz de ver.
Al apoyarse en sus palabras de que los orcos habían matado a uno de los suyos, "MataLobos" le remarcó que él podría haber matado a otro por su insensatez. Al cruzar la mirada con el guerrero, Tuviel expresó que tenía muy en cuenta esa acción, en la que había estado a punto de matar a uno de los suyos.
En el intercambio de impresiones, lejos de intervenir, Kirk trataba de dilucidar todo lo que provenía de Tuviel, percibiendo que, a pesar de su frialdad, no tenía motivos para mentir, puesto que la comunidad élfica, a pesar de vivir fuera de la villa, formaba parte integrante del Condado de Andervelius, y era sabido que los elfos odiaban a los orcos. Y aunque los elfos conocían las leyes, esta reacción apasionada daba a entender que podría ser algo más personal que oficial. Cuando decidió intervenir, "RamaBaja" recriminó a Brisa de Hielo que posiblemente, antes de llevar al hogar de los Anderianos un asunto personal, debería haber informado a las autoridades para no provocar un altercado como ese. Para eso existían autoridades, milicia y guardias que hacían cumplir la ley y castigaban a quienes la infringían, leyes que él conocía y le atañían también.
Entonces, con unos ojos cargados de ira en su rostro impasible, Tuviel clavó su mirada de hielo en Kirk y le devolvió la recriminación, diciendo que cuando tuviese un hijo y un asesino segase su vida, entonces tendría el derecho a responder si le importaban las leyes hasta que la vida de su asesino hubiese sido exterminada. Ante esa acusación, Kirk recordó todos los sacrificios que había hecho en el pasado por toda la comunidad, para salvar vidas y proteger a otros que ni siquiera eran su sangre, y que eso no daba autoridad a Tuviel de dudar de su responsabilidad y sentido de la justicia y venganza. Apoyando su argumento, Rando gruñó, enseñando las cicatrices de su cuerpo y aportando que, cuando Brisa de Hielo tuviese tantas cicatrices por Villa Ander como él poseía, podrá hablarle en ese tono despectivo. Kirk, continuando, explicó a Tuviel que posiblemente comprendiese más cosas de las que el elfo pensaba al haber pasado lo que el mediano había sufrido y, por la actitud de los recién llegados, probablemente ellos habrían empezado el combate.
'¿Nosotros?' dijo Tuviel, entre confundido y asqueado.
'¿Quién empezó el combate, Turk?', preguntó Kirk, en dirección al semiorco. Éste, con la mirada baja y la expresión preocupada, confesó que desgraciadamente un elfo murió cuando ellos asaltaban un granero buscando comida, y no pretendían causar muertes. Sólo buscaban alimento para seguir su camino, famélicos como estaban. Por desgracia, cuando los elfos acudieron a proteger su propiedad, la sangre se inflamó, y al tratar de defender su vida ante los elfos, era matar o morir. Lamentablemente, no sólo murió uno de sus hermanos de Tribu, sino uno de los elfos que protegía el almacén asaltado.
Con una expresión de amargura, Tuviel señaló que Turk admitía públicamente haber matado a uno de los suyos. No sólo eso... a su propio hijo. A lo que Shail respondió que el orco pagaría por ello... pero según la ley, no por la espada de Tuviel.
Ante esas palabras, Brisa de Hielo miró con dureza a BrisaNocturna, preguntando si debía más lealtad a la villa que a su familia. El sacerdote, con amargura, respondió que la comunidad lo aceptó cuando sus hermanos de raza lo rechazaron por su pasado. Así que simplemente esperaba que se mantuviese la ley.
'Ya veo por qué eres un ermitaño', dijo con desprecio Tuviel, 'y por qué te relacionas con elfos que los demás repudiaríamos siquiera los dedos de nuestras manos con sólo tocarlos. Sea pues'.
Shail escupió sus palabras sobre Tuviel, preguntando si realmente habían venido por un asunto oficial o personal, a lo que Tuviel respondió 'AMBOS'.
Entonces, Shail recordó que un oficial de la guardia élfica no debería mezclar circunstancias personales con órdenes oficiales, a menos que quisiera que tales circunstancias llegasen a oídos de sus superiores.
'Visto lo visto', concluyó Tuviel, 'es posible que me haya dejado llevar por la situación. Pero, no puedo retener la mano de un hermano que quiere vengar a su hermano frente a su asesino'.
Del fondo de la sala, en élfico (comprendido por casi todos los aventureros), la voz del retenido susurraba 'y volvería a hacerlo una y mil veces'.
Kirk respondió a esas palabras, indicando que, al ser todos miembros de la comunidad, todos los crímenes serían juzgados, tanto el intento de asesinato por un lado de unos invitados, como la muerte del hermano elfo por otro.
'Invitados que antes de ello robaron en mi comunidad y asesinaron a uno de los míos', recordaba sin alzar la voz el líder elfo. 'Vuelvo a decirte que deberías haber hablado con la guardia antes de actuar', repitió Kirk, indignado.
'Consideramos que, después de nuestras acciones, habríais entendido lo que representaban y los motivos de las mismas puesto que, si vais a confiar en la palabra de un orco para cualquier colaboración con ellos, está claro que aceptaremos lo que suceda, pero a partir de ahora, nuestras relaciones con Villa Ander serán bien distintas. Y ahí', señalaba Tuviel a Shail, 'serás tú quien decida dónde quieres estar. Si con Lathander, dentro de la comunidad de EmeraldCanopy, o exclusivamente en su capilla, siendo un ermitaño paria de los tuyos, que sólo será amado por aquellos malditos por Corellon Larethian'.
'Estoy acostumbrado a ser repudiado por los míos, pero seguiré fiel a mis ideales', respondió Shail con firmeza.
'Entonces... está claro', terminó Tuviel.
En ese punto, Rando intervino con una sonrisa cruel indicando que si el elfo pensaba eso, habría que ver cuando una horda de orcos llegase hasta su comunidad y tuviese que volver a Villa Ander, llamando a sus puertas y pidiendo ayuda.
'¿Horda de orcos?', dice Tuviel, extrañado.
'Has preferido matar antes de hablar, y ese ha sido hoy tu problema. La venganza era más importante que otra información vital', sonrió Rando al ahora levemente sobresaltado rostro de Tuviel.
Fue entonces cuando la vocecilla suave y aguda de Ulma se abrió camino en mitad de la conversación, indignada y jurando por Garl GlitterGold, diciendo que intentaba explicar a todo el mundo lo que sucedía al oeste con los orcos, cuando empezó el acuchillamiento y la trifulca indiscriminados, interrumpiendo sus importantes noticias.
Cuando los elfos miraron con sorpresa a la gnoma, uno de los enanos expresó abiertamente su desacuerdo por comprobar que no podía esperar mucho de quien se alzaba en armas para pelear bajo el techo de un aliado. En vez de eso, los recién llegados podrían haber pensado en sus actos.
'Y lo dice un enano', susurró el elfo cautivo, provocando que Rando se lanzase hacia él con intenciones violentas, siendo retenido por uno de los guardias, tratando de calmarlo en nombre de la Guardia de Ander, a la que debería hacer honor ya que pertenecía a ella.
'Cállate ya, patán', susurró con voz rasposa cargada de hostilidad el MataLobos, 'que me pones enfermo'.
Con un suspiro, Tuviel miró a Ulma, pidiéndole que revelase lo que la había traído aquí, que sería escuchado, y con ello todos los que allí se encontraban aceptarían las consecuencias de sus actos.
'Menos mal', suspiraba Ulma, ordenando sus ideas. 'Caballeros, elfos... orcos... perdonad que me dirija a vosotros de esta manera... no sé cómo tratar con vosotros de otra manera... supongo que, por lo que habéis contado antes, sois los responsables de los asaltos a las caravanas que viajan por el oeste, cruzando las fronteras de las Llanuras del Ocaso Perpetuo'.
Turk, intrigado, negaba la acusación, añadiendo que en realidad esas eran las primeras incursiones de la horda ordenadas por el Elegido, para probar las defensas del reino, además de ayudar a aprovisionarse de bienes y otros enseres.
Ulma, jugueteando con sus dedos, confesaba que entonces la situación era más urgente de lo que parecía. Posiblemente era necesario someter a juicio al hijo de Brisa de Hielo y a quien mató a su hermano, pero eso posiblemente sería algo secundario, dejándolo a un lado para solventar lo que la había conducido a esa reunión. Mirando a Kirk, Rando y Shail, comentó que, al haber estado fuera de la villa un tiempo, lidiando con asuntos al margen de los Anderianos, podrían tener una perspectiva más objetiva al respecto que aportar a todos. Kirk, suspicaz, indicó que lo hicieron bajo el auspicio de la alcaldesa, aunque Ulma recordó que, antes de ello, fueron contratados bajo cuerda sin la supervisión de Mancy por Lord LenguaRápida, pero esa no era la cuestión, sino que las circunstancias de actuar y encontrar peligros más allá de las órdenes que un Guardia de Ander podía acometer en cumplimiento de su deber, a pesar de su experiencia, y a causa de sólo vigilar el Condado de Ander, permitía a los aventureros tener una perspectiva distinta sobre qué acciones emprender de forma más inmediata, gracias a todo lo que un aventurero vivía. Kirk, con su experiencia, explicó que la raza en ocasiones no debía ser un impedimento para tratar a otros seres. Rando añadió que, gracias a ello, no atacó de inmediato a los orcos nada más verlos.
Ambos aliados evaluaron la situación, viendo que los orcos no parecían acercarse en actitud hostil, y el encontronazo inicial fue un malentendido al que ahora se trataba de poner remedio. Los incursores en realidad huían de su horda, y carecían de recursos y alimentos para continuar. Lo que hicieron fue tratar de sobrevivir robando. Pero al ser descubiertos, la contienda resultó en una muerte no deseada.
'Según Turk... es así, ¿verdad?', interrumpe Ulma con dulzura. 'Por las palabras de Turk, en la lucha no sólo murió un elfo, sino uno de los suyos. ¿No crees, Brisa de Hielo', dijo Ulma, desviando la atención al líder elfo, 'que una muerte por otra resuelve esta circunstancia?'. Kirk, recordando el combate en el exterior de la villa, añadió que otro orco fue abatido por flechas de sus soldados antes de que pudiesen explicarse. Turk observó al elfo retenido y dijo que, por desgracia, ninguno de los orcos abatidos había sido el responsable de la muerte del elfo. Y, señalando con los ojos, indicó al orco salvaje al que Rando desplazó desviando su hacha para que no atacase al hijo aún vivo de Tuviel. El aludido, con una expresión de repugnancia mirando al elfo retenido y a su padre, resopló de indignación y negó con la cabeza. Al ver aquello, Kirk apeló a la calma de aplazar cómo juzgar y resolver los crímenes en estas tierras ante la comunidad élfica y de la villa, en base al asesinato del hijo de Tuviel, además del intento de asesinato bajo techo aliado por parte de los elfos a un invitado de la guardia, porque había algo más urgente que tener presente, que también precisaba comenzar a informar a las ciudades más cercanas para que corriesen la voz.
Duma, con el rostro hosco, detuvo la verborrea de Kirk, para explicar que no se podía proceder de esa manera tan a la ligera, puesto que la muerte fue en EmeraldCanopy, y sus leyes no eran exactamente las del Condado de Ander, aunque viviesen dentro de él. La comunidad élfica poseía normas aparte de la Villa que debían ser respetadas en virtud de las concesiones mutuas de ambas poblaciones, a pesar de las objeciones de Kirk de que deberían regirse por las leyes del Condado al vivir en él.
Duma, no dejando que la conversación volviera a perderse en verborreas, resolvió que tomaría una decisión provisional en aquel momento por la autoridad concedida de la Villa, para poder abordar el otro asunto.
Por su parte, Shail se ofreció a Turk para defenderlos en la comunidad élfica y asegurarse de que cualquier juicio allí sería observado como absolutamente justo, en el que el propio elfo acompañaría al acusado en todo el proceso. Turk agradeció la oferta con un gesto de asentimiento.
'Hasta que haya una resolución a largo plazo', terminaba Duma, 'ésta es mi decisión, que espero sea acatada por todos, hasta que llegue el momento de ser modificada y ajustada permanentemente: por el crimen cometido en EmeraldCanopy, y por el intento de asesinato bajo el techo del Comandante Brion, resuelvo que cualquier sentencia quedará en suspenso, puesto que el asesino del hijo de Brisa de Hielo no ha sido juzgado aún por ello, y el feudo de sangre provocado emocionalmente por la situación ha llevado a una decisión mal tomada por parte de Tuviel. Tanto el hermano del asesinado, como el orco que ejecutó a su hermano, quedarán bajo custodia de la Guardia de Ander, y se solicitará la presencia a posteriori tanto de Brisa de Hielo como de Turk, para un juicio y resolución oficial de tales circunstancias. Mientras tanto, el resto de los elfos podrán partir sin perjuicio, salvo Tuviel, que quedará vigilado por la Guardia de Ander, aunque podrá hospedarse en el domicilio de cualquier familiar elfo de la villa sin que sufra perjuicio de prisión preventiva y, al mismo tiempo, el resto de los acompañantes de Turk, así como él mismo, podrán asentarse provisionalmente en la villa, en cuanto se les encuentre un asentamiento apropiado...'
En ese momento, Kirk ofreció desinteresadamente su vivienda a los orcos, provocando que Duma lo mirase con curiosidad, así como Ulma, quien con una vocecilla tímida le dijo: 'pero... Kirk. Tu casa siempre debe estar limpia...', a lo que el mediano respondió que, ya que tenía una vivienda instantánea nueva, de la que se estaba ocupando, como no se encontraba en su domicilio habitual, podía ser usado por los orcos. En realidad, desde que estaban terminando las obras en su taller destruido, usaba su casa de taller, así que se encontraba manga por hombro y no le importaba cederla por un tiempo, si a los orcos tampoco les importaba el desorden. Turk, intrigado, aseguró que un domicilio urbano no supondría ningún tipo de desorden al austero sentido del hogar de unos orcos, y aceptó la oferta.
En ese momento, la memoria de Shail al llegar a la villa chisporroteó por un instante, recordando que, a cierta distancia hacia el exterior de las puertas de la muralla oeste, había una torre cuadrangular, con aspecto de estar construida en metal, que hasta hacía pocas semanas no se encontraba allí. Y, al oír a Kirk sobre ella, hizo una nota mental para consultarle más tarde.
Rando, escandalizado por la repentina e inesperada decisión de Kirk, lo reprendió diciendo que no había pensado bien la misma, porque cuando la comunidad viese a un puñado de orcos sueltos en sus calles, cundiría el pánico. Duma, al oír las preocupaciones de Rando, lo tranquilizó explicándole que se asignaría a una escolta de un Guardia y dos Milicianos para acompañar a los orcos por la villa, mientras se extendiese la información de su presencia allí y por qué se encontraban temporalmente asentados en Villa Ander, más concretamente en el domicilio de Kirk "RamaBaja". Además, estaba seguro de que Turk y su portavoz se encargarían de que no sucediera ningún altercado, a sabiendas de que estaban allí en una situación delicada. Aunque Shail propuso que podrían ser acogidos en la capilla de Lathander, alejada de EmeraldCanopy, sus fieles, mayoritariamente elfos, además de la cercanía de la comunidad, podría causar más mal que bien, así que Duma declinó la oferta a pesar de su buena voluntad. No sólo eso, sino que la conciencia de Shail le hizo ver que, por todo su pasado, su relación con una Drow y un hijo de sangre sucia, no ayudarían a mejorar la visión que los elfos tenían de él, a pesar de que la oferta fuese sincera. Además, en Villa Ander era más fácil protegerlos de otro intento de asesinato que cerca de la propia comunidad de EmeraldCanopy.
Con ese pensamiento en mente, Shail solicitó a Kirk que, a la vez que éste iba a utilizar de forma más permanente la torre erigida en las afueras, él podría ocuparla también pues, debido a su relativo aislamiento, le ayudaría a encontrar la paz en sus momentos de reclusión mientras se mantenía cerca de la Villa y se iban resolviendo los acontecimientos presentes. Rando y Kirk, con una sonrisa, aceptaban si el elfo se encargaba de las tareas del hogar, lo que éste, acostumbrado a la vida monacal, aceptó y asumió sin rechistar, a pesar de ser consciente de que la torre... de metal... era algo opresiva.
Kirk, aparte de ultimar las decisiones y logística al respecto de orcos y elfos, recordaba que debería reunirse el consejo de Villa Ander para informar de la situación con la horda y pensar en poner sobre aviso a cuantas comunidades cercanas fuese posible, y que se preparasen para una posible invasión además de organizarse una defensa eficaz de los efectivos militares del reino a partir de comunicaciones desde el río PlataGélida y el camino de AltoCastillo, convocando a los Guardianes del Trono y más al norte, junto con la ciudad comercial portuaria fluvial de AlzaEscudo y a la comunidad de ForjaEscudo, así como a los Caballeros Silenciosos de SiempreMuerte. Duma, escuchando atento, coincidió con Kirk en hacerlo antes de que fuese tarde. Ulma, interrumpiendo a ambos, sugirió que podría mover ese asunto con presteza, pero necesitaría que alguien le echase una mano con un asunto...
...'¿En el consejo?', interrumpió con ímpetu Kirk. '¡Ahora mismo!'
Ulma, frenando su intensidad, continuó explicando que su necesidad era al oeste de VillaAnder, donde había una caravana de suministros que ella estaba esperando, bastante importante, y aún no había llegado a sus almacenes.
Cuando Kirk adoptó una pose digna, indicando que ellos no eran aventureros, Rando restó importancia a su compañero, diciendo que sí que lo eran, y podía seguir hablando. Kirk no quería convertirse en una simple escolta de carros con algo tan importante entre manos. Ulma intentó seguir con su explicación, indicando que si el carro se encontrase atrapado en el camino por haber sufrido algún asalto, ella necesitaría recuperar una mercancía muy importante para la comunidad, con una remesa de mineral y metal que hacían falta a los Gremios, a SiempreMuerte... e incluso al propio Kirk, para fabricar sus suministros, si fuese preciso.
Rando, impulsivo, puso su hacha al servicio de Ulma, si la Guardia de Ander se lo permitía. Duma, atento al desarrollo, miró a Rando, y le explicó que esa situación también pertenecía a la jurisdicción y obligaciones de la Guardia de Ander, y que, por supuesto, si era necesaria su presencia allá donde Ulma la necesitase por el bien de la comunidad, además de ser un encargo de un miembro del Consejo de Gobierno de la Villa, él mismo prepararía la documentación necesaria de delegación de acción por parte de la Guardia lo antes posible, que pusiese a Rando como miembro de la misma a disposición de la ciudad en la investigación para viajar hasta el destino requerido. Kirk, tratando de barrer para casa, intentó engatusar a Ulma ofreciéndose como futuro compañero del Consejo para servir en la investigación. La gnoma, con una sonrisa, le dijo que, de momento, esa era una ambición muy elevada pero, ya que ella era la Suma Artífice de los Gremios de la villa, podría hacer que el estatus de Kirk mejorase considerablemente en la Calle del Sudor. En cualquier caso, debería ser de conocimiento del mediano que, en los Gremios, todos se apoyaban unos a otros, y ayudar al Gremio era ayudarse a uno mismo, con las consiguientes recompensas a tales empresas para los suyos y quienes los servían. Cuando Shail fue consultado para tomar una decisión que lo pusiese al servicio de Ulma, éste se mostró despreocupado, pues sabía que necesitaaba salir un poco de su reclusión en la capilla, y este trabajo sería una buena excusa para ello.
Con esa decisión, Ulma agradeció también la presencia de Shail en el trabajo a encargar, y así por fin Duma empezó a dar por concluida la mañana y parte del medio día de duras decisiones, eventos y conclusiones.
Se ocuparía de contactar con Mancy y el resto del Consejo para discutir la situación y medidas a tomar, además de las aquí propuestas, mientras Brisa de Hielo era conducido a la Guardia, además de que su hijo y el asesino orco de su hermano quedasen confinados en las dependencias de la misma, mientras los orcos acompañaban a Kirk a su vivienda. Antes de partir, Rando se ofreció a ser juzgado por su comportamiento y posibles problemas causados, a lo que Duma, mentalmente agotado, le indicó que, como ya había dicho, toda la situación quedaba en suspenso hasta tomar una decisión definitiva. No debía preocuparse, al margen de su exceso de entusiasmo por proteger la casa de Brion, pero ya se vería en qué desemboca todo.
De momento, ya que había sido convocado por una miembro del Consejo, eso tenía prioridad. El resto de las decisiones quedarían al margen y aplazadas.
Tras despedirse de Ulma momentáneamente, además de Paxton, Duma, Arknor y el resto de los protectores y asistentes de la reunión, Shail, Rando y Kirk se dirigieron a sus respectivos quehaceres, momento en que el mediano acompañó a la escolta de los orcos y a éstos a su viejo hogar, haciéndoles un pequeño tour por el mismo. Los orcos, pragmáticos y toscos, curioseaban buscando las utilidades más simples a todo lo que allí había, incluyendo intentar destrozar parte de los muebles de madera para hacer fuego, a lo que Kirk se abalanzó, preocupado, sobre ellos, para explicarles que, en un almacén (su leñera) anexo a la casa, había madera suficiente como para que la usen mientras él regresaba y ellos concluían sus actividades en Villa Ander. Los orcos, pronto, se acomodaron, ensuciando todo cuanto pisaban o tocaban, escuchando a Kirk decir 'perdonad por el desorden' casi tras cada puerta, y mirándose con rostro extrañado ante la palabra "desorden" y su extraño significado para este pequeñajo. En seguida, apartaron mobiliario, despejaron espacio, y echaron mantas y pieles en el suelo del salón y algunas habitaciones, dejando un espacio privado para el sacerdote de Gruumsh y para Turk. A pesar de su tosquedad, parecían tener cierto sentido de la comodidad. Tras asegurarse de que todo estaba más o menos controlado, Kirk se despidió y se marchó. Al echar un último vistazo preocupado a su casa, vio en el tejado al borde del porche un cuervo gris que lo observaba con interés, aleteando y graznando.
Sorprendentemente, y gracias al yelmo traductor del mediano, éste escuchó en su mente unas espectrales palabras susurradas, superpuestas a los graznidos del cuervo: 'espero que mi hijo esté bien'. Al entender esas palabras, Kirk le respondió si se refería a Turk. Cuando el mediano le habló, el cuervo se sobresaltó, aleteando, graznando y se marchó volando.
Kirk, intrigado, volvió al interior de su hogar, para hablar con Turk, y preguntarle si poseía algún vínculo sobrenatural con la naturaleza, como un chamán o un druida. El semiorco le dijo que no, y explicó que, cuando era más joven, sufrió una visión en la que un ancestro le abordó y ofreció su poder para protegerle contra las depredaciones de sus hermanos orcos puros más fuertes. Se trataba de una sombra oscura, y al verla le recordaba a una gigantesca ave negra, a la que él apodó "Cuervo". Él decía que lo protegería, y así fue, enseñándole sus secretos y, con el tiempo, su magia empezó a fluir por la mente y el alma de Turk. Cuando Kirk siguió preguntando si Turk había vivido durante un tiempo en la naturaleza, el semiorco contestó que vivía en la comunidad orca que, si bien se encontraba cerca de áreas salvajes como un bosque, no podía considerarse que fuese "parte del mundo natural", sino un asentamiento construido con las técnicas de viviendas de los orcos.
Kirk se sintió curioso sobre eso, extrapolandolo de los abalorios de aves sobre su cuerpo, además de pensar que podría ser un usuario de las artes porque había visto a un familiar en el techo de la vivienda hacía unos instantes: un cuervo gris. Con esa revelación, Turk lanzó una larga mirada a Kirk, tratando de estudiarlo con detenimiento, diciendo que, en realidad, ese animal era el vínculo que lo unía a su ancestro y a la fuente de su poder. Kirk, finalmente, supuso que ese cuervo entonces lo cuidaba, porque se le veía muy pendiente de dónde se encontraba Turk. Éste, con una extraña mueca colmilluda, se sorprendió de que Kirk realmente lo hubiera visto, lo cual era extraño, porque era muy discreto y apenas se dejaba ver.
Kirk con una sonrisa, reveló adicionalmente que no sólo lo había visto, sino que le había dicho que "cuide de Turk, de su hijo". Con un gesto de asentimiento, Turk susurró 'entonces has hablado con mi padre'. Kirk empezó a presumir que, de hecho, era normal porque también había hablado con los dioses, momento en que el semiorco reveló una expresión de incredulidad, la cual mantenía cuando Kirk le habló de Kelemvor, un dios que se comunicó con él para salvar el alma atrapada de uno de sus acólitos, además de desvelar que, durante un tiempo, estuvo tocado por él, ganando el poder de saber cuándo iba a morir un ser vivo. Turk, con sinceridad, le explicó que desconocía el nombre y la identidad de ese dios, y su extrañeza reveló que no sabía si creer esas palabras o eran desvaríos de un jovenzuelo o historias para impresionar con mentiras a los demás. Después de esas palabras, Turk se mostró suspicaz al preguntar si Kirk no había desarrollado "las artes", y siendo así, era muy extraño. Explicó que, cuando alguien era visitado por un dios, o era imbuido por el Poder o el Arte, finalmente terminaba desarrollando la afinidad o la devoción suficientes como para continuar por ese camino y acabar siendo un usuario pleno de magia o bendiciones.
Kirk, totalmente convencido, continuó diciendo que creía ser un elegido de los dioses, porque siempre había alguno que le vigilaba o le protegía, a pesar de la evidencia que Turk le planteaba, sin tomarse si quiera un momento para meditar sus pensamientos, engrandecidos por su ego. Turk, tratando de evitar aún más la extraña conversación, confesó que no dudaba de la palabra del mediano, pero le extrañaba lo que le estaba contando por la cantidad de incongruencias sobre su propia experiencia al respecto, ya que cuando un dios se fijaba en un mortal, finalmente ese mortal solía convertirse en uno de sus siervos, como lo era uno de sus compañeros de viaje, un sacerdote de Gruumsh que había mostrado sus dones en el combate bajo el hogar de la villa. Quizá Kirk no fuese capaz de entender aún la fe que algún dios, si es que es así, le estaba poniendo ante sus ojos.
Con esas palabras, Kirk las sopesó y se despidió, diciendo que, bajo ese punto de vista, intentaría investigar más sobre el tema. Turk le alentó a hacerlo, porque quizá hallase las respuestas que le atormentaban y llegase a un camino diferente al que había llevado hasta el momento presente. Kirk, mientras tanto, esperaba que cuando se marchase, Turk siguiera a salvo por lo que su padre le había pedido, a lo que el semiorco le indicó que él se encontraba protegido junto a los suyos, pero que si su padre había dicho eso, tendría algún motivo. Agradeciendo la sinceridad del mediano e indicando su grata sorpresa al descubrir a alguien ajeno a su raza que no lo trataba como todos los demás, mostrando esa directa honestidad, e incluso agradeciendo su intervención para evitar un conflicto de sangre mayor del ya ocurrido, Turk, una vez más, se despidió de él para descansar, revelando que no esperaba que aún, sus compañeros de sangre pura, aceptasen lo que él ya entendía, que las cosas podían ser distintas incluso para su raza. De momento, al menos podía sentirse orgulloso de ser su guía. Kirk, incansable a pesar de los deseos evidentes de retirarse del semiorco, le dijo que les haría llegar alimentos de la grandiosa Mila, explicando los manjares que eran los dulces, despertando momentáneamente la curiosidad de Turk, quien no conocía tal comida pero, tal y como la describía Kirk, parecía una bendición del cielo... o un interés puramente carnal, por el que, en todo caso, Turk no deseaba desarrollar ninguna afinidad. Sin embargo, haría por saciar su curiosidad con los dulces, al igual que Kirk deseaba hacerlo con los dioses.
Después de la larga despedida, el mediano se marchó, recordando por última vez que la casa de Kirk era la casa de Turk y sus compañeros.
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Mientras Kirk se reune con sus compañeros, Shail discute con Rando la posibilidad de llevar a su hijo de aventuras con ellos, a lo que el soldado recomienda al sacerdote dejar al niño con alguien de confianza, eligiendo la opción más lógica y fiable de mantener a su hijo al cargo entre Mila y Zantaman, pagando los servicios completos del mago como tutor del muchacho, además de que Mila pueda estar con el chico, y ella, como deferencia, lo cuidará y le enseñará un oficio para así no tener que estar pendiente del chico y su negocio. Teniendo en cuenta que la Posada de Humo de Roble es una gran familia entre su personal, todos de vez en cuando pueden echar un vistazo al niño, que puede empezar por ayudar en tareas sencillas, como ayudar a recoger la cocina y las mesas, y limpiar zonas fáciles del establecimiento. Teniendo en cuenta que la escuela de Zantaman se encuentra muy cerca de la Posada, el niño no tendrá problemas en asistir a las clases del mago, cultivarse, adquirir responsabilidades y desarrollar tanto su intelecto como sus inquietudes y su capacidad de esfuerzo y trabajo duro. A tal efecto, ya que el niño estará aprendiendo un oficio, no será necesario que Shail pague por los servicios de Mila, pues la compensación de sus tareas puede llegar a ser suficiente. Por supuesto, un regalo de Shail para su hijo es un sombrero que le ayuda a que su apariencia sea completamente élfica, en vez de la extraña mixtura de rasgos.
Tras resolver todas las cuestiones previas a la reunión al atardecer con Ulma, y de camino a su casa, la villa es un revuelo por la presencia de los orcos, que generan muchas situaciones de alarma y tensión, aunque éstos procuran no resultar intimidantes... todo lo que un orco podría intentarlo, incluso con su escolta permanente. Aparte de ello, algunas de las informaciones más jugosas que se escuchan es que, antes de poner al orco y al elfo cuyos crímenes han sido más peligrosos en celdas separadas, éstos han ocasionado diversas trifulcas, peleas, discusiones e intentos de muerte mutua que han requerido un esfuerzo extra de la Guardia. Además, Brion, tras observar el estado de su salón, es de vox populi que el Comandante se preocupó de si alguien había destruido de forma irreparable alguna de sus pertenencias, pero no reprocha nada por lo insólito y confuso del asunto, aunque futuras reuniones extraoficiales se realizarán SIEMPRE en el cuartel de la Milicia Urbana, sea lo que sea.
Pasando de largo con discreción para no ser preguntados al respecto de los últimos hechos candentes del día, los aventureros llegan a casa de Ulma, una bonita mansión de una planta, con una puerta para la que, al acceder, es necesario pulsar una superficie cuadrangular pequeña a su lado que hace sonar un sonido siseante acompañado del gemido estridente de una trompetilla, momento en que la gnoma abre el enorme portón de madera y metal, haciendo pasar a sus invitados con una sonrisa.
El interior de la casa de la gnoma es toda una plétora de inventos, mecanismos, aparatos que funcionan por sí mismos con ruidos, chispazos, posibles descargas eléctricas, parpadeos de luz, emisiones de calor y vibraciones, y tras evitar algunos accidentes por parte de los curiosos Kirk (quien en todo momento se dedica a preguntar por TODO y ruega una segunda visita personal para estudiar TODO con detalle) y Rando (que termina huyendo de la cocina con una palanca rota en la mano de un extraño cachivache a vapor), los reúne en un abarrotado, pero acogedor salón, para explicarles por qué se encuentran allí, después de servirles... café y pastas cocinadas en algunos de sus aparatos de cocina. Después de lamentarse por la caldeada situación en el hogar del Comandante Brion, incluyendo comentarios sobre la reacción vengativa de Tuviel y su hijo aún vivo, la cual no comparte el propio Shail, aunque puede comprenderla, la gnoma decide no andarse por las ramas, después de que Rando añada que, si alguno de sus compañeros hubiese muerto en la trifulca, habría corrido mucha más sangre.
Evidentemente, y como ya sospechan, debido a la información que el semiorco Turk ha confirmado sobre el avance de la horda, le preocupa no sólo que sus allegados y trabajadores estén vivos, sino también que el cargamento "perdido" en dirección VillaAnder haya sido interceptado y caiga en manos de la horda, pues aparte de una provisión de elementos primarios para la fabricación de adamantita, esconde una información secreta, desconocida por la mayoría de los armeros al oeste del reino, sobre una invención en proyecto ya terminada de los gnomos, pero sin probar sobre la marcha, que se trata de unos tubos metálicos, sostenidos sobre una base de madera, a los que hay anexa una palanca de presión, que proyectan mediante explosión de llamas pequeños proyectiles sólidos: bastones escupefuego. Estas herramientas han probado ser problemáticas y poco eficaces bajo la propia descripción de la palabra "herramientas", aunque son mucho más eficaces y dañinos como posibles armas. Dicha información viene acompañada de un grupo de prototipos para experimentar y avanzar en el trabajo. Los prototipos son transportables por soldados individuales de una infantería, y son bastante manejables, salvo por el hecho de que a veces fallan y explotan, dañando las manos de sus usuarios, matándolos a veces. Si estos objetos cayesen en manos de los orcos, podrían intentar duplicar esa artesanía, haciéndola realmente peligrosa. Una avanzadilla de orcos con esos objetos serían temibles.
Intrigados por la descripción, siguen atentos a la explicación de Ulma.
Ella continúa indicando que, aunque en el Gremio no es un secreto este trabajo, es mejor que no se divulgue demasiado y, si Mancy no se entera del problema, mucho mejor, hasta que esté resuelto. Ella sabe que hay carruajes de comercio de este a oeste, pero no conoce lo que hay en ellos, así que, si es posible que cualquier consecuencia recaiga directamente sobre Ulma en lugar de la alcaldesa, mucho mejor. No sólo eso, ya que conoce la reputación de los aventureros, también intentará que sus nombres no se manchen si todo sale mal.
Cuando Rando expresa su confianza sobre cómo trabajar en circunstancias como esas, Ulma le dice que poseen fama a la hora de ser discretos por parte del propio Aubrey LenguaRápida, quien ha recomendado a Ulma usar sus servicios en confianza.
Antes de continuar con los preparativos para la marcha e investigación, Ulma recomienda hacer oficial la contratación por parte del Gremio que, si bien no incluirá todos los detalles del trabajo en el contrato, dejará claro que los aventureros trabajan para ella, por si alguien mete las narices buscando cabos sueltos. Así, después de redactar un contrato convincente y a gusto de todos (aunque Rando está de acuerdo en que, con la palabra dada, una explicación que incluye que serán remunerados debidamente, incluyendo gastos derivados del camino, y un apretón de manos son suficientes, lo que halaga a la Señora de los Gremios, y así lo hace saber), Ulma indica a Kirk, Rando y Shail que, tras leerlo concienzudamente y firmarlo, quedándose una copia firmada por ella, antes de partir pueden aprovisionarse en el Gremio, que hará un descuento del 10% por trabajar para ellos, al igual que ese descuento se aplica a los trabajadores directos como Kirk. El mediano, por supuesto, añade que él, como buen gremial, desea hacerlo todo como debe ser hecho dentro de su organización: con los protocolos indicados.
Antes de seguir con sus preparaciones, Ulma añade que el último informe de la caravana (mediante Piedras de Comunicación), indicó que se encontraba a cuatro días de camino, siendo el último recibido. Las notas de las Piedras de Comunicación dejaron de transmitir hace algo más de tres días, quedando sin datos sobre el camino, haciendo sospechar que podrían estar cruzando una zona sin magia, interfiriendo con el poder de las Piedras, o que éstas han sido robadas y ya no pueden ser utilizadas apropiadamente. Lo peor sería saber que los operarios han muerto. Y si eso fuese así, al menos, si no se pueden traer los cuerpos, podrían ser enterrados dignamente en el camino, para lo cual Ulma se sentiría honrada de que Shail oficiase el sepelio apropiado, llegado el caso.
Según el rito de Lathander, apuntilla el elfo.
Cuando todo ya ha sido explicado, Ulma se ofrece también a preparar un paquete de servicios mínimos para todo asalariado temporal, incluyendo provisiones y enseres para el camino, a buen precio.
Además, ya que Rando se encuentra en misión oficial, y la Guardia de Ander patrulla a caballo fuera de los muros de la villa, tiene preparado uno para Rando por si lo necesitase, y usarlo como si fuese suyo durante su periplo oficial.
En esa revelación, todo el grupo se percata de que necesita monturas, o al menos un carro para transportar su propio equipo y caballos de tiro.
Ulma piensa en ello por un momento, dejando a los aventureros hablar sobre sus opciones, y cuando pasa un rato, les indica que la acompañen.
Siguiéndola hasta un gran patio también atiborrado de aparatos, cachivaches y mecanismos de lo más variopinto, la gnoma se pierde dentro de otra habitación cerrada con varios mecanismos de seguridad, y después de una ruidosa búsqueda, vuelve con varios objetos metálicos en sus manos.
Lo primero que entrega a cada aventurero es una herradura pulida, con grabados arcanos sobre su superficie. Cuando Kirk dice que les falta una para herrar un caballo, ella explica que lo que entrega son objetos MUY RAROS y que, ya que no quedan entregados a perpetuidad a los héroes, espera que se lo devuelvan -mientras ellos comienzan a susurrar que podrían formar parte de su remuneración por esta misión-, Ulma les una y, arrojándola al suelo, pronuncia 'Veloz como el Viento'. Entonces, con un brillo de suave energía azulada, desde la herradura comienza a formarse un hermoso corcel de aspecto translúcido pero saludable, que piafa y saluda con la cabeza a la gnoma. La mujer explica que esta montura ofrece 8 horas de servicio diario a quien la utilice con cuidado, y eso puede ahorrar mucho tiempo, esfuerzo y dinero en alimentos y mantenimiento de un caballo vivo, y por tanto expera que esta adquisición sea convenientemente repuesta a su hogar en el momento en que la exploración concluya con cualquiera que sea el resultado.
Asombrados por la demostración de magia, recogen la herradura que Ulma desactiva con la misma frase, y enseña a los aventureros otro objeto:
una pequeña placa metálica rectangular, con varios símbolos arcanos en espiral desde los bordes al centro de la misma. Ella explica que se trata de un portal que permite un único acceso desde el mismo hasta su hogar, a uno de sus laboratorios secretos, protegido por magia que impide que haya accidentes fortuitos en el uso de tal magia de viaje, y que, en caso de que los aventureros no puedan transportar adecuadamente nada de lo que encuentren, incluyendo cadáveres o supervivientes que deseen que vuelvan a la comunidad, el objeto será EL ÚLTIMO RECURSO A UTILIZAR, recalcando esas palabras con firmeza. Igualmente, espera que el objeto no caiga en manos que no sean las suyas, pues no desea encontrarse con ninguna sorpresa no deseada cualquier día en su laboratorio, lo que llevaría a invertir una considerable suma de dinero en fabricar otro de esos objetos y vincularlo de nuevo a su casa.
Mientras indica las especificaciones de uso del objeto, lo coloca en el suelo, y pronuncia: 'Retorno a Casa', tras lo que un extraño portal mágico brota circular sobre la placa, rielando con una energía similar a la superficie de un estanque de agua plateada.
Pronunciando de nuevo las palabras, el portal desaparece, y Ulma lo entrega a los aventureros, recalcando una vez más el uso que deben darle, y que no deben preocuparse de dejarlo atrás al abrir la puerta, pues el objeto se repliega sobre sí mismo al cerrar el acceso, provocando que la placa metálica viaje a través del portal, y aparezca en el punto de destino. Este objeto TAMBIÉN es de uso y devolución tras la tarea, y ya que está vinculado exclusivamente a su hogar, no puede formar parte de NINGÚN pago por la exploración.
Rando, avispado en sus pesquisas, pide más información sobre la caravana de vuelta, como a quién habrían de identificar que perteneciese a ella para no equivocarse. Ulma le indica que, si aún estuviesen vivos, la líder de la caravana se llama Atreya, y es prima de Ulma. Y uno de los escoltas que protege el envío es un antiguo Miliciano retirado, a causa de un percance debido a su adicción a la bebida -ya superada-. Por ello no encontraba trabajo, pero formó una pequeña compañía de mercenarios, ofertando protección para las caravanas. Su nombre es Divor.
Rando recuerda haber escuchado entre la Milicia la historia de un hombre llamado Divor "Mano Firme" que respondía a esa información, el cual era pendenciero y problemático a causa de su alcoholismo, quien perdió a su esposa por ello y empezó a meterse en peleas sin sentido con los delincuentes, hasta ser relegado a administración dentro de la Milicia, momento en que abandonó el cuerpo por propia voluntad, solicitando su licenciatura antes de concluir su servicio. Se marchó de Villa Ander para buscarse la vida. Ahora se le conoce como Divor "Mano de Hierro", y su compañía de mercenarios es conocida como los "ManoHierro", vendiéndose al mejor postor para escoltar caravanas de comerciantes y otros viajeros.
(Divor "Mano de Hierro", tal y como se recuerda en Villa Ander)
Es un hombre peligroso y problemático, y al marcharse estaba resentido con la Milicia Urbana, pero por las habladurías de los ManoHierro, a pesar de los malos modales de su líder, son cumplidores si se les paga por lo que tienen que hacer, lo que indica que se mueven exclusivamente por el dinero. A veces han sido requeridos por Guinevre D'elaqua, Ulma GoldenFingers o Aubrey SwiftTongue, y mientras sus contratadores han pagado debidamente por sus servicios, los ManoHierro estaban controlados y tranquilos. Aunque Rando llega a sospechar que podrían llevarse bien con Aubrey, también recuerda que la propia guardia del Fortín de la Moneda, a sueldo de Lord LenguaRápida, son mercenarios permanentes y muy bien pagados, creando un vínculo de lealtad difícilmente rompible.Por fin, con toda la información obtenida y la curiosidad satisfecha, los héroes deciden realizar las últimas compras y preparativos antes de partir al día siguiente. Para ello, Shail solicita la posibilidad de comprar diamantes de cierto valor para utilizarlos en su poder de devolver la vida. Kirk, intrigado por la utilidad de ese poder sagrado, decide reunir dinero de todos para hacer la compra apropiada, y se encamina a un gnomo joyero del que tiene buena información sobre su reputación de justo y excelente trabajador. Al entrar en su fortificada tienda, Kirk saluda a un pequeño hombre de incipiente calva entre dos mechones blancos de pelo cardado, con unas grandes patillas a ambos lados de sus afilados pómulos, que enarbola una curiosa herramienta de lentes intercambiables, observando una singular cantidad de pequeñas esmeraldas sobre una mesa de trabajo. Kirk, llamándolo por el
(Stuart el Joyero Gnomo)
nombre de "Stuart", provoca un siseo de sus labios comandando silencio a través de una sonrisa maliciosa. El mediano, después de detenerse en el umbral de la puerta, hace desviar la mirada del gnomo de su trabajo y dirigirse a él con unos exquisitos modales y un marcado acento. Con la intención de adquirir diamantes adecuados para Shail, Kirk negocia duramente con Stuart, hasta conseguir reducir el descuento de su compra en un 20%, con la promesa de revisar todas las cerraduras y cierres del negocio, además de llevar en primer lugar a ese joyero todas las joyas para tasar y vender que Kirk y sus compañeros de aventuras encuentren en sus viajes, vendiéndolas por la mitad de su precio, sin regateos.Alegando Stuart que 'los negocios son los negocios', entrega la compra al mediano, quien se marcha satisfecho por el resultado en busca de Shail, para entregarle el componente sacrificial de su milagro, no sin antes ser informado por el joyero de que, después de un tiempo que Kirk ha estado fuera del negocio de las cerraduras, empiezan a salirle competidores, y debería pensar en retomar el negocio, o su fama podría irse a pique, por mucho que confíe en sus habilidades.
Satisfechos por el equipo obtenido, y después de una reparadora noche de descanso en la Torre de Kirk y Rando (ya que Shail aún no ha entrado a pagar su parte de la misma, por lo que se encarga de las tareas de mantenimiento del interior), el grupo se dirige a la Posada de Humo de Roble, para visitar a Mila y al pequeño Naeris, asegurándose de que se encuentra bien y ayudando en la cocina. De hecho, el jovencito sirve un agradable pastel a Kirk y se deja volantar por Rando, en un momento en que Mila habla con Shail para que éste se quede tranquilo por su hijo. Cuando la dueña de Humo de Roble envía un pequeño dulce de regalo de su parte a través del elfo mestizo al mediano, el rostro apagado de éste por marcharse y no ver a su posadera favorita en unos días se ilumina, al recibir la comida y un guiño de su pretendida.
Así, todos animados por la partida, recogen la Fortaleza Instantánea, convocan sus Caballos Espectrales, y cabalgan hacia el oeste, a lo desconocido.
Por su parte, Talion, decidiendo que su ayuda podría ser de más utilidad para vigilar a orcos y elfos, además de proteger las fronteras de Villa Ander, decide quedarse en la población, por si su espada necesita ser bañada en sangre de enemigos.
Durante una parte del primer día, los viajeros avanzan por el camino de Alto Castillo dirección oeste, y en algún momento podrían divisar la costa al suroeste de su avance y la frontera sur de las Llanuras del Ocaso Perpetuo. Pero, por ahora, el grupo cabalga buscando postas en el camino, a sabiendas que, posiblemente, pueda haber algún asentamiento a unos dos días de viaje al oeste, además de otros viajeros, escasos Guardianes del Trono, exploradores y vigilantes particulares formados por grupos de personas de una misma comunidad que se unen para proteger a los suyos, fronterizos encargados de la protección de las lindes del territorio, o alguna caravana (aunque no fuese la suya) con información sobre el trayecto más adelante. El día se ofrece cálido, despejado, y con una agradable brisa del sur, muestra de la entrada de las primeras semanas del otoño, y los pocos viajeros con los que el grupo topa son sorprendidos por el aspecto etéreo de los corceles de la comitiva.
Gracias a que la naturaleza arcana de las criaturas les impide cansarse de forma normal, el grupo avanza a muy buen ritmo cuando necesita apretar el paso.
Llegado el atardecer, los viajeros buscan una linde al oeste del camino entre la maleza y el monte bajo, cerca de una pequeña vaguada entre colinas de espeso matorral por cuyo terreno bajo corretea un arroyo, donde convocan su Fortaleza Instantánea y la levantan en un pequeño claro, desplazando parte de la maleza, y allí se disponen a pasar la noche, después de que sus corceles hayan agotado su poder de viaje durante ese día y desaparezcan desconvocados en sus herraduras.
Allí, disfrutando del silencio y la brisa, se disponen a descansar y preparar sus guardias, donde Rando se encargaría de la primera vigilancia desde las almenas de la torre, Kirk se ofreció para la siguiente, y Shail, aprovechando las particularidades de sus rezos matutinos y su capacidad para un fresco y pronto descanso, se encargaría de la última guardia.
Así, cuando el sol ya se ha ocultado por completo y el cielo se ha cubierto de un manto de estrellas y una luna creciente, Rando remolonea desde las alturas cuando, en mitad de su guardia, escuchando el sonido de la naturaleza nocturna, se percata de que algún tipo de animal pesado y gruñón se acerca poco a poco a la torre, pisando despacio y con fuerza, apartando la maleza a su paso mientras hoza y olfatea.
Observando una gran silueta que se mueve bajo la luz de la escasa luna entre los matorrales, Rando empieza a escuchar que, poco a poco se detiene y deja de emitir sonidos, para luego escuchar algo completamente distinto, como carne desgarrándose y huesos astillándose, además de algún tipo de gemido y gruñido apenas animal y más bestial que otra cosa. Así, utiliza un ingenio creado por Kirk, a modo de linterna sorda gigante sobre la torre, para la que carga una esfera que proporcionaba luz diurna como fuente de iluminación, preguntándose qué es lo que habría allí y, gritando para llamar la atención de quien se acercase, enfocó la luz del aparato hacia las cercanías de la linde de vegetación.
Entonces, desde la vegetación, surge un hombre enorme de rostro, pecho y brazos muy velludos de rasgos primitivos, cubriéndose el rostro ante el foco de luz, con un inmenso martillo ajustándolo a su espalda en un arnés tosco, y apenas cubierto su cuerpo con un chaleco de pieles y un pantalón corto hecho jirones sujeto por un cinto.
El hombre grita a Rando que apague esa luz y se marche con su torre a otro lado, pues esos son sus dominios, y como dueño de ese lugar exige que los intrusos se marchen, porque no tienen permiso para estar allí.
La ley de la naturaleza lo exige. Rando le explica que él está descansando allí, y que por la mañana se marchará con su torre, pero no antes. El hombre velludo, con gestos violentos y aspavientos de sus manos en dirección a la torre, sigue insistiendo en que Rando está obligado a retirar su construcción de sus territorios de caza, porque esa tarde no estaba allí y debe seguir así, sin estarlo. Al parecer, su capacidad de raciocinio tenía ciertas limitaciones, y Rando no era capaz de hacerse entender, o quizá el recién llegado no deseaba atender a explicaciones.
La discusión hace que Kirk se asome a las almenas junto a Rando, y vea la situación, extrañado y somnoliento, quejándose de que el ruido no lo deja dormir. Al escuchar otra voz, el recién llegado resopla, protestando porque hay más de un intruso en sus dominios, y renueva sus gritos y protestas para que se marchen, sacudiendo un puño al aire.
Kirk trata de explicar que ese territorio no es suyo, sino del Condado de Andervelius y del reino al que pertenece, pero el hombre salvaje no atiende a ninguna explicación y empieza a enfurecerse, amenazando con las consecuencias de no marcharse ante sus exigencias. De hecho, ni siquiera desea establecer presentaciones algunas, desechando responder a un nombre humano, pues dice no poseerlo, ya que vive entre los animales, que no utilizan nombres entre sí.
Rando, resoplando de impaciencia y explicando que acaban de establecerse para descansar, se deja caer desde las almenas al suelo con un sonido pesado mientras rueda para amortiguar el impacto, y un gruñido se escapa de su boca al sentir el castigo en sus piernas.
Levantándose, sacudiendo la tierra y las hojas de su ropa, se encara con el hombre, el cual, al ver su gesto, toma el martillo en ambas manos y lo observa, con mirada hostil. Rando responde disculpándose por su presencia.
Con semejante despliegue, el salvaje pregunta si su acercamiento es un desafío, para responder convenientemente, a lo que Rando niega que esté desafiando a nadie, pero que lo único que desean es descansar para al día siguiente seguir su camino.
Entonces, viendo las cualidades del guerrero, el salvaje dice que, si se empeñan en descansar allí, deberán ofrecer un tributo. Cazar por sus propios medios, bajo las antiguas tradiciones (lanza y persecución), una bestia del bosque, y ofrecer su carne y sangre al guardián de esos terrenos de caza: él.
Rando, aceptando con gusto el desafío para solventar la situación, se somete a cazar para el recién llegado en el plazo máximo de una hora.
Kirk, observando que ambos mastuerzos parecen haber llegado a un acuerdo, vuelve a la cama, desentendiéndose de la situación, mientras Shail curiosea preguntando por varias ocupaciones que puedan ser desarrolladas por el hombre, como druida, chamán, explorador...
a lo que el hombre responde siempre a la misma pregunta, como si el elfo fuera un mocoso retrasado: 'soy el señor de estas tierras'.
Además de ello, conforme Rando se prepara para la cacería, Shail y él lo bombardean con preguntas para sonsacar su nombre, obteniendo nula información, hasta que Rando sugiere que podrían llamarle "Señor Martillo", con lo que el salvaje parece sentirse satisfecho, aunque añade un apelativo que le resulta más aún de su agrado:
("Colmillo-Martillo")
"Colmillo-Martillo", para disgusto por su mala elección de Shail y Rando. Aún así, y después de que Rando se haya marchado, pasando bastante tiempo de su marcha, Shail decide seguir conversando con el salvaje, bajando de la torre. Soportando su fuerte hedor animal, el elfo es tan insistente en su conversación, para disgusto del corto de entendederas salvaje, que éste llega un momento en que decide que no desea hablar más, y sólo quiere esperar al hombre del hacha.El soldado, con varias jabalinas a la espalda, se interna en la espesura, dirigiéndose al margen del riachuelo, para buscar rastros de animales que hubiesen abrevado, al tiempo que cubre su cuerpo con barro para disimular su olor de ciudad. En efecto, después de un rastreo exhaustivo, descubre el paso de un animal de pezuñas hendidas que se dirige al noroeste del riachuelo, y siguiéndolo durante un buen rato, pasada casi media hora, descubre, recortada contra el cielo y sobre una loma de rocas, rodeada de bosque espeso, una silueta imprecisa de lo que podría ser un cuadrúpedo con cornamenta.
Acercándose sigiloso y con cuidado, Rando empieza a rodear la zona, internándose entre los matorrales. Entonces, más adelante, ve un movimiento entre el follaje, distinguiendo un par de grandes cuernos de cabra. Creyendo haber hallado su presa, se acerca... para descubrir asombrado que los cuernos pertenecen a un humanoide bestial muy peludo, de espesa barba, con las patas de una cabra, el cual lleva una espada sujeta por una vaina a su cintura, el cual parece estar marcando con orina los árboles cercanos.
Sopesando sus opciones, y pensando en la posibilidad de que el hombre salvaje junto a la torre no distinga esta presa de un animal propiamente dicho, Rando carga contra él después de estar lo suficientemente cerca como para evitar que la criatura huya. Sorprendido, el ser se gira justo cuando el guerrero clava profunda y repetidamente una de sus jabalinas en su costado, haciendo que la criatura emita un sonido de dolor mezcla de palabras incomprensibles y balido. En ese momento, Rando se percata de que, bajo la espesa mata de pelaje, hay una cota de cuero y pieles protegiendo -escasamente- al monstruo. Tratando que que el cornudo no pueda responder ante la sorpresa, Rando sigue arremetiendo, pero en esta ocasión con mucha menos efectividad, pues la criatura logra apartarse de los lances, con una expresión de temor e ira en sus ojos.
Furioso por el ataque sorpresa, el ser desenvaina una espada corta con una de sus manos, sosteniendo por el hombro a Rando con la otra libre, y le estampa un sonoro y doloroso testarazo con sus cuernos sobre la nariz, haciendo estallar ésta en sangre con un feo crujido.
Sacudiendo el rostro, confundido por el doloroso golpe, Rando apenas es capaz de alcanzar a su presa, lagrimeando mientras envía lanzada tras lanzada, arrancando en la mayoría de las ocasiones pelaje, o golpeando al aire, hasta que una de ellas, corta armadura y carne, dejando escapar un chorro del sangre por los aires. Con un balido articulado de dolor, el ser finta con ágiles movimientos a su contrincante, y aunque éstos son hábiles, su espada es incapaz de llegar a penetrar la carne de Rando, que se aparta veloz con movimientos calculados y aparta la hoja con su jabalina.
Con una maniobra de contraataque tras apartar la espada, el soldado usa la inercia del ser cornudo para atravesar su hombro de una punzada, que provoca un chillido casi humano en éste, dejando su sangre escurrirse a través de su espeso pelaje brazo abajo.
Sintiendo la cercanía de su sino, la criatura parece mirar con súplica a Rando cuando éste, al sacar de la herida su lanzada, vuelve a arremeter usando todo el peso de su cuerpo, atravesando de vientre a espalda al hombre bestial, quien balbucea en un sonido lastimero, como un gemido de muerte mezcla de animal herido y hombre moribundo. Así, con sus últimos estertores, la criatura muere a los pies del soldado, quien la carga sobre su hombro, y regresa junto a la torre, guardando su espada corta ornamentada en grabados de ramas y hojas como recuerdo.
Allí, un impaciente Colmillo-Martillo lo espera, cruzado de brazos con su martillo frente a sí, apoyado sobre su pesada cabeza en el suelo, soportando estoico la presencia de un cotilla Shail.
Al ver lo que Rando trae y deja caer delante de él, un gruñido de sorpresa deja paso a una sonora risotada. Por su parte, el elfo se sobresalta al descubrir que lo que Rando ha cazado es una fata, un habitante del Primer Mundo.
Colmillo-Martillo aumenta su risa a carcajadas, aceptando que esa noche comerá carne de fata, por lo que el trato queda zanjado. Así, y cada vez que los viajeros pasen por su hogar y paguen tributo, podrán descansar sin peligro en sus dominios.
Alejándose con su pieza, el humano bestial sigue riendo, hasta que desde la espesura, a lo lejos, comienza a escucharse como alguien desgarra carne y parte huesos, mientras un masticar ávido y unos sorbos repugnantes ponen la guinda del festín sangriento.
Extrañado y sorprendido por los eventos de la noche Rando, y asqueado y momentáneamente aterrado por la muerte de una fata Shail, ambos cierran la puerta de la torre al entrar con una orden mágica, y se disponen a terminar su descanso, continuando el orden de guardias.
CONTINUARÁ




















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