viernes, 17 de julio de 2020

DUNGEON WORLD - LA BÚSQUEDA DEL LEGADO DE RAYLIN (II) - Sesión 5 - SALIR DE LOS COCODRILOS PARA ENTRAR EN EL DRAGÓN... o "NO ES BUENO BEBER EN EL TRABAJO"

Tras salir de casa de la Capitana de la Guardia Myrtle, el grupo pensó que el enfoque que debía tomar era directamente viajar hasta los lugares secretos del Castillo Nessus. Según habían aprendido, uno de los caminos bajo el Castillo llevaría hasta la Mansión del ManoSombra fugado, mientras que el otro estaba extremadamente protegido y no estaba claro su destino.
Recordando que los aventureros se habían llevado al guardia interrogado de su puesto, prometiendo llevar vino a los compañeros que le iban a cubrir su turno, fueron conscientes de que, dada la economía de la ciudad, debían tener cuidado sobre dónde comprar algo de vino decente sin perder el hígado con el precio.
De pronto, Pendrell recordó que en su visita a una mujer "de gustos variados", se llevó un par de botellas de vino de su despensa, tras hacer un trato con su dueña para recuperar una diadema en manos de los ManoSombra. Por lo tanto, el grupo disponía de vino de su marido -Reserva Iclito el Mercader- como recompensa por su ayuda.
Con un sentimiento de cierto rencor hacia Pendrell por su creación de la balada de "El Hombre Intermitente", Avon le arrebató sin miramientos una de las botellas en pos de resarcir la deuda con la guardia.
Por un momento, el grupo recordó que los ManoSombra les habían tratado de arrojar a un grupo de aventureros en una villa de medianos cercana. Pensando en tal situación, en ese momento no supieron qué camino tomar, pues quizá ese encargo sería una circunstancia, amen de peligrosa, algo turbia.
Pero Ratón hizo un clamor a la sensatez -OH MY GOD- y recondujo los objetivos para encaminar al grupo hacia la puerta del Castillo Nessus.

Al llegar allí, algo llamó la intención a los recién llegados.
Desde la posición elevada del Castillo en la ciudad de Nesovia, al observar el terreno más allá de las murallas de la ciudad, la vegetación en el horizonte norte y este -sobre todo en el este, donde la vegetación asfixiaba todo el paisaje- se había vuelto muy espesa, avanzando sin control. Lo más inquietante de aquello era percatarse de que los ciudadanos no prestaban atención a la situación, obtusos en su propia problemática.
Calculando el avance de la vegetación, desde que abandonaron CimientoFirme, en tres días el verdor envolvería por completo la capital de la región.
Ratón: "O encontramos un buen herbicida... o tenemos un buen problema"
Observando el horizonte, otra de las sorpresas es que de repente, en una de las murallas del norte, un frondoso árbol se ha agarrado a la piedra de la muralla de la ciudad. Un árbol en una muralla. ¿Cuándo se había visto que un árbol creciese EN LA PIEDRA de una muralla? Es más... que arraigase a esa altura... Mal asunto. MUY malo.
Ratón se percató de que Avon parecía preocupado por ese evento. Al consultarle, el mago comentó que en realidad le importaba un pito lo que pasase en aquella ciudad de corruptos... pero si el crecimiento seguía así, algún día llegaría a donde los aventureros se hubiesen asentado en paz... y entonces sí que sería un problema para ellos. Ratón propuso entonces asaltar las catacumbas y después largarse de la ciudad antes de verse inmersos en un enorme... ¿verde? ¿marrón? Como fuese -total, los dos colores estaban implicados-.
Frael se hermanó en su indiferencia con el destino de la ciudad que había expresado Ratón, pero Avon comentó que había que impedir aquella expansión por consecuencias futuras. Algún día llegarían a la casa que los aventureros tuviesen. ESO sería un problema. No sólo había que acabar con su expansión.... sino con quién las estaba azuzando. Llegado el momento, necesitaría realizar un ritual arcano para averiguar o bien cómo detener las plantas, o dónde se encontraba quien las estaba expandiendo -y quizá matar así dos pájaros de un tiro-.
Al pensar en la fuente de poder que se podría usar para canalizar el ritual, Ratón comentó que podrían rajar al gusano mágico que tenían atrapado, y utilizar sus vísceras como potenciador del ritual.
En ese instante, empezó a escucharse un pequeño golpeteo con un sonido de cristal. Al mirar el vial donde el gusano estaba encerrado, éste mantenía la mitad de sus patitas cruzadas entre sí, con expresión -o algo, en su rostro insectoide- totalmente malhumorada, y en sus alas podía leerse: ¿QUÉ MIERDA ES ESO DE RAJARME, CABRONES?
Avon, sujetando el vial, comentó al bicho que era demasiado pequeño e insignificante en la escala evolutiva como para ponerse flamenco, así que mejor se mantuviese al margen. La respuesta de la criatura en sus alas -con cierto sarcasmo- fue: PREGÚNTAME ALGO -jejeje-.
Consultando a sus disidentes compañeros sobre la posibilidad de realizar un ritual para averiguar cómo acabar con la amenaza de la plaga vegetal, posiblemente encontrando a la fuente de la misma, los ingredientes para el mismo pasaban por la asistencia de alguien proporcionando los elementos en el momento adecuado, para lo que cualquiera de los compañeros era suficiente, además de un objeto vinculante a la fuente de la invasión vegetal -una rama fresca recién obtenida en pleno crecimiento sería suficiente-, y una fuente de poder grande -el pergamino de RayLin podría ayudar, pues para que el gusano mágico tuviese bastante energía había que provocar que creciese, y eso quizá crearía otro problema al margen de la situación actual.
Pensando en si realmente el gusano sería un problema o no, Frael decidió preguntarle a quién le debía lealtad, a lo que las alas de la criatura expusieron: A RAYLIN (borrado RayLin, y reescrito) MÍ MISMO.
Frael entonces pensó que quizá, si lo sacaban del vial y lo alimentaban un poco, posiblemente podría convertirse en un aliado de Avon del que extraer magia. Ratón entonces expuso que su valor como aliado y mascota era igual que meterse una piraña en los pantalones.
Avon y Ratón tenían claro que la criatura no tenía en muy buena estima a los aventureros, y probablemente, de liberarla podría ser un elemento del caos muy peligroso.
Así que dejaron la realización del ritual para un momento más adecuado, y finalmente volvieron a retomar su camino en dirección al Castillo Nessus.
Por su parte, el gusano extrajo de entre sus anillos un diminuto pergamino, y comenzó a leerlo, muy entretenido... provocando todo tipo de suspicacias en sus portadores. Cuando Avon le preguntó qué leía, las alas de la criatura expusieron: ¿A TÍ QUÉ TE IMPORTA?
Ante tal comportamiento, el mago comenzó a utilizar el vial como maracas, concediendo una variedad expresiva a la cabeza del gusano nunca vista.
Ratón comentó por lo bajini que aquello era bastante placentero, mientras observaban rebotar de un lado a otro del cristal al bicho, totalmente vapuleado. Cuando la tarea le resultó cansada, Avon cedió el vial a Ratón, quien empezó a jugar con el bote como si fuesen acrobacias con una de sus dagas. Las alas del gusano comenzaron a llenarse de extraños jeroglíficos incomprensibles -quien haya leído alguna vez Mortadelo y Filemón en momentos en los que los personajes insultaban a causa de la furia, comprenderá lo que esos glifos significan- e incapaces de expresar nada lo bastante insultante. Al acabar semejante tortura, observando el vial, el grupo encontró a un desmayado gusano, con los ojos en blanco y una respiración entrecortada. Al verlo, Ratón aprovechó para destapar el bote y con la punta de una daga intentó coger el papelito que leía. Sin embargo, como un relámpago, el gusano se incorporó y agarró el pergamino con todas sus ganas, gruñendo para que no se lo quitasen. Pero, por un momento, su mirada artera se dirigió hacia la salida abierta del vial. Entonces, Ratón hizo el amago de preparar un abundante escupitajo, lo que provocó que el gusano se retirase -sin soltar el papiro- hacia lo más profundo del bote, con gesto asqueado.
Dejando de perder el tiempo, el grupo alcanza la entrada del Castillo Nessus, no sin antes permitir a Ratón preparar una dosis de Veneno Colega en el vino.
Al llegar, sólo un guardia protege la entrada. En aquel momento, el soldado se dirige al grupo: "¡Eh, vosotros!", dice mirando a Avon. "¿Dónde está Rufus? ¿Tan importante era lo que tenía que hablar con la Capitana?"
Avon: "Sí. Sigue con ella. Aparte, nos ha dado un regalo para ti"
Guardia: "¿Ah sí? ¿Habéis traído vino?"
Avon: "No, amigo. Ésto no es vino. Esto es la orgía del paladar. Está canela fina. Huele huele".
De pronto, desde lo alto de la muralla, una voz bobalicona expone que el vino era para todos. Otra voz grave y sibilina la acompañó comentando que habían escuchado perfectamente la oferta de traer vino para todos.
Ratón, simulando ingenuidad, comentó susurrando que era una lástima que se habían acordado, y ellos no podían quedarse con el vino.
Avon entregó el vino al guardia, quien comentó que no se preocuparan.
Les dejaría un trago. Desde arriba, la voz bobalicona gritaba: "¡Espera, espera!", y unos pasos apresurados se escucharon bajando desde la muralla hasta el portón. Avon recordó que debían cubrir al compañero como parte del acuerdo. El guardia dijo que sin problema, pero esa era su hora del bocadillo, e iba a refrescarse el gaznate.
Caminando hacia la puerta, al otro lado se vieron dos figuras acercándose rápidamente, una de ellas comentando que el vino era para todos. La otra simplemente reclamaba sin muchos modales un trago de la botella. Alabando el olor y el sabor, comenzaron a hacer más caso al vino que a los aventureros, refiriéndose a ellos como "gente que se gastaba pasta".
Observando a los tres guardias justo delante del rastrillo de la entrada, el grupo recordó que para acceder a la entrada secreta, el grupo debía acercarse al otro lado del puente levadizo hasta donde estaban ellos, recorrer un pequeño tramo paralelo al exterior de la muralla hacia la derecha, donde había un tramo de escaleras oculto que descendía hacia el foso, y desde allí, a través de una repisa, se accedía hacia el otro lado del foso y el castillo, donde podría encontrarse el acceso a las catacumbas.
Ratón, aprovechando que los guardias estaban escanciando vino, trató de acercarse a ellos alabando las cualidades del vino, intentando ser la primera persona a la que tuviesen acceso cuando el veneno hiciese su efecto, para convertirse en su "amigo eventual". Sin embargo, ya que los guardias estaban mirándose unos a otros al beber y brindar, de pronto uno de ellos alzó su taza de madera, brindando "por la amistad", dirigiéndose a ellos. Progresivamente, su actitud amistosa empezó a crecer entre risas y tragos, ignorando al ladrón que se había acercado a ellos.
Aprovechando el momento, Ratón empezó a susurrar buenas palabras a los guardias, despistando su atención del resto de los aventureros, quienes intentaron cruzar hacia el acceso secreto hasta las catacumbas.
Viendo la avidez y prontitud con la que los guardias estaban trasegando el bebercio, Ratón se percató de que quizá la atención de éstos por la bebida pronto se vería superada por su avidez de más, así que calculando los riesgos, cuando Avon se acercaba hacia el puente, el ladrón le hizo un gesto con la mano a modo de bebida, señalando la bolsa en la que llevaba la otra botella, y el mago, con un gesto de disgusto, le arrojó la misma, que Ratón atrapó para ofrecerla -después de beber un trago- como gesto de buena voluntad por el favor que estaban haciendo a su compañero Rufus, antes de que los guardias fuesen a buscar algo más para picar. Enseñando la botella, y diciendo que la otra se iba a acabar pronto, de nuevo la atención se fijó en la botella sin estrenar, y el alcohol volvió a correr con alegría. Mientras tanto, Ratón hacía un gesto con la otra mano a lo "venga venga venga" para que sus compañeros se apresurasen.
Frael, tratando de moverse con cuidado para evitar la atención de los guardias, de pronto fue visto por el rabillo del ojo de uno de ellos, quien lo invitó a compartir su vino, ya que disponían de una ración generosa recién llegada con su compañero Ratón. Frael, tratando de congraciar para que lo dejasen marchar luego -los guardias lo felicitaron por ser otro de los que habían traído buenas noticias a Rufus-, fijando más su atención en el vino que en él, se arriesgó a beber no sabiendo si el vino que le ofrecían estaba envenenado o no.
Por suerte, cuando su paladar saboreó la bebida, fue consciente a los pocos instantes de que no se hallaba bajo la influencia de la toxina de Ratón. Aquello le haría perder tiempo, pero al final sería productivo para pasar sin que la guardia los detuviese.
Avon, por su parte, tratando de evitar la atención de la guardia, también fue objeto de su llamada, intentando que compartiese la alegría los vigilantes y se acercase. De pronto, el mago miró con asombro en una dirección, a la vez que susurraba un sencillo encantamiento y agitaba una mano oculta tras su silueta. "A por vino voy, a por vino. Allí hay más".
Sin embargo, su encantamiento sólo provocó -a causa de la tensión del momento-, que un chisporroteo mágico se sacudiese entre sus dedos sin mayor efecto. Los guardias, animados por la presencia -supuesta- de más vino en la dirección señalada por el mago, al ver que no había nada donde en teoría éste había mirado, de pronto mostraron su cariz más violento, gruñendo que el tipo de la túnica los había engañado. Cuando Avon trató de excusarse comentando que cerca había vino, el guardia de la voz bobalicona le dijo que entonces fuese a comprarlo para traerlo, porque les estaba interrumpiendo la fiesta. Lo mejor sería que se diera prisa.
Paralizado por la confusión de la situación, por encima del hombro de los guardias que lo azuzaban a comprar más vino bueno, quienes no se darían por vencidos hasta que ese vino no viniese, Avon se percató de que la expresión de Ratón estaba cambiando a la de "voy a hacer un pincho moruno de guardia PERO YA".
Justo cuando el mago se giraba frustrado para hacer el amago de traer vino, Frael se abrazó a los hombros de dos guardias, cantando cual beodo feliz, momento en que empezó a apretar los cuellos de éstos con más entusiasmo del debido. Las voces de los guardias cantarines pronto provocaron un gruñido estrangulado, ahogado por el torrente de Frael tratando de amortiguarlo. El tercer guardia, extrañado, preguntó qué ocurría que se estaban quedando sin voz para cantar.
En ese momento, Avon se extraña de aquel sonido, girándose justo para ver cómo mientras Frael estrangulaba hasta la inconsciencia a dos guardias, tras él Ratón aprovechó que el otro guardia fijaba su atención en sus dos compañeros, para intentar derribarlo con una maniobra hacia el agua del foso... con tan mala fortuna que ambos resbalaron en el forcejeo sobre el vino derramado en la euforia del momento... cayendo por el borde del puente levadizo.
Frael, escuchando el grito alejándose hacia las profundidades, saltó hacia el borde mientras dejaba caer a los dos guardias inconscientes.
Con su brazo extendido, agarró el cuerpo del ladrón... pero sus pies tropezaron con uno de los travesaños de madera del puente que parecía sobresalir combado por el tiempo.
Avon, totalmente asombrado por los acontecimientos, sólo podía ver de forma ralentizada como, en el salto de Frael para frenar la caída de su compañero, éste también era arrastrado por el peso de los dos cuerpos hacia las estancadas aguas del poso a causa de una mala pisada.
(Por triplicado): "JOOODEEEEEeeeeeee..."
Desde las alturas, el mago observó el impacto de los tres cuerpos en el agua, agitando su verdosa y tranquila superficie. En el silencio posterior al impacto, Avon escuchó desde un lugar indeterminado un extraño sonido como un gruñido bajo reverberante, seguido de un chapoteo. Al mirar en aquella dirección, se percató de la caída de tres extraños troncos que se desplazaban despacio por la superficie de las aguas estancadas... hasta que el extremo de uno de ellos se abrió con una enorme boca llena de dientes, gruñendo aún más, todos avanzando sin demora hacia los tres cuerpos caídos en el agua.
¡Cocodrilos!
La estela de sus cuerpos se percibe entre el verdor del agua estancada hacia los desplomados, dejando preocupado a Avon con la sensación de que un buffet libre está desplegado sobre el agua, con Ratón chapoteando junto al guardia y a Frael, tratando de evitar hundirse.
Ratón comenzó a forcejear con el guardia, tratando de interponerlo entre él y los cocodrilos, como un delicioso aperitivo que evitase convertir al ladrón en segundo plato de gusto para los peligrosos animales. Desde las alturas, observando la estresante situación, Avon comenzó a conjurar sus rayos mágicos para abatir a las bestias y salvar a sus compañeros. Al hacerlo, la energía pulsa desde la mente del mago hacia sus manos, desprendiéndose de su recuerdo a la espera de volver a ser preparada, momento en que sus manos expulsan un chorro de energía eléctrica, golpeando a uno de los animales, provocándole un espasmódico baile de chispazos y chasquidos sobre el agua, sacudiéndolo sin perdón. Aprovechando la furia del animal herido, Ratón forcejea con su prisionero, empujándolo con los pies y aprovechando su cuerpo para apoyarse, permitiendo con una pirueta impulsarse hacia la cornisa resbaladiza de un pequeño camino que bordeaba el foso por la zona pegada a los cimientos del castillo, camino secreto que llevaba a la entrada buscada por los aventureros dirección a los secretos de los ManoSombra y la Orden de Egrevius.
Frael, por su parte, alza sus manos unidas en una maza improvisada con la que golpea el morro de un cocodrilo, cuyo impacto es tan atroz que no sólo provoca un feo crujido en la mandíbula del animal, sino que causa a sus ojos un giro de aturdimiento, hundiéndose la pobre bestia dejada KO por el puñetazo inhumano. Mientras uno de los animales se hundía y el otro humeaba espasmódico, el tercero se arrojó contra el guardia confuso por la situación con hambre atroz, haciendo chillar de puro sufrimiento al atacado, aferrado de un mordisco por el vientre.
En aquella situación, mientras Ratón se desenvolvía buscando los apoyos necesarios para subir por el borde escurridizo, Frael usó un poderoso impulso al zambullirse y salir disparado hacia la superficie del agua, prácticamente llegando al bordillo de pie a la vez que Ratón se incorporaba en él.
Desde las alturas, Avon observaba sorprendido la situación, mientras Ratón señalaba al guardia medio devorado y le decía "si es que no se puede beber trabajando".
Corriendo hacia el otro lado del puente junto a la puerta del alcázar, Avon bajó por la escalera oculta tallada en la pared bajo el puente que llevaba a la pequeña cornisa, camino que les llevaría a la entrada secreta a los cimientos del castillo, mientras Ratón y Frael se adelantaban, habiendo salido unos metros más adelante del agua.
La piedra resbaladiza suponía un pequeño problema para el avance (por el peligro que suponía, así como caer de nuevo al agua y ser atacados por los animales en la misma), sumando al hecho que el foso, aunque en profundidad, no estaba completamente oculto a la vista... ni quien recorriese la cornisa visto desde el ángulo de entrada del alcázar.
Ratón, en cabeza, demostró una agilidad casi sobrenatural, comentando en su avance mediante hábiles piruetas: "Lo que hay que hacer es no detenerse, hacerlo todo del tirón". En su recorrido, el ladrón se pierde de vista, pues al girar la curva que lo ocultó de sus compañeros, se percató de la entrada secreta hacia las catacumbas de las profundidades. Tras él, un convencido Avon comienza a susurrar "puedo hacerlo, puedo hacerlo...", remangándose los faldones, y a saltitos veloces consigue alcanzar la misma entrada a la que Ratón había llegado momentos antes. Tras ellos, Frael avanzaba confiado a toda prisa, creyendo en la misma técnica... pero su exceso de inercia le llevó a no poder frenar a tiempo en la curva junto a la entrada a las catacumbas, chapoteando una vez más en el agua estancada. A unos metros de distancia, el rugido apagado de los cocodrilos volvió a sonar, seguido del silencioso avance por el agua.
Harto de la situación, cuando el cocodrilo más chamuscado brota del agua esparciendo salpicaduras por doquier y la mandíbula abierta, Frael desenvaina su espada gritando "¡ven aquí, bolso con patas!". Con un grito de furia, mientras el mordisco de la criatura apresa implacable una pierna del bárbaro elfo con un feo crujido que hace al elfo gritar de ira y dolor, éste empieza a golpear el lomo de la bestia con su espada, creando una progresiva mancha de oscura sangre en el agua, no suficiente como para frenar al monstruo.
Tras él, la otra bestia avanzaba hambrienta contra aquella presa violenta.
"¡Maldito bichoooo!", grita Frael.
"Calla, calla", chilla Ratón, mientras agazapado junto a la entrada secreta dispara un flechazo al cocodrilo que le rebota en el párpado de un ojo, cayendo en el agua. Ratón, preocupado mientras coge otra flecha, mira a Avon en busca de ayuda. Al hacerlo, se percata de que el mago une sus manos mientras murmura unas palabras arcanas. Entre las palmas de las mismas, un brillo anaranjado que agita los ropajes de sus mangas crece, hasta que el poder contenido es liberado apuntando las palmas de las manos en dirección a un área en el agua entre el cocodrilo que ataca a Frael y el que se acerca en su dirección. Hacia allí vuela una pequeña mota de luz refulgente... y al alcanzar un palmo sobre el agua del lugar elegido... un estallido de fuego mágico envuelve la zona, arrasando con ambos animales (y, por suerte, deja al margen al magullado elfo), creando un horripilante tufo a carne quemada, además de una nube de vapor de agua hirviendo que se alza en el aire.
"¡Nos vemos en el infierno, soldados!", grita fervoroso Avon.
El cocodrilo que se acercaba a rematar al bárbaro, envuelto en el fuego arcano, estalla en una nube de llamas que lo hace rugir de dolor, hasta que un chapoteo menguante hace que la criatura se quede silenciosa e inmóvil, hundiéndose al instante con una parte de su cuerpo volatilizada por la explosión. El monstruo que agarraba a Frael también queda envuelto en el fuego mágico pero, a diferencia de su compañero, aunque las llamas le causan un considerable daño, la criatura aún viva huye bajo el agua, escapando del sufrimiento, dejando atrás a su presa.
Frael chilla de frustración, maldiciendo al cocodrilo que huye a la vez que se queja de su herida. "¡Que sepas que te ha vencido un cocodrilo!", grita jocoso Avon desde la entrada, entre risas. Ante la respuesta de Frael de "¡No me ha vencido!¡Aún sigo vivo!", el mago añade "¡Y él también!", lo que provoca manotazos frustrados del bárbaro en el agua.
Con un nadar renqueante, llega hasta la cornisa. Al alzarse con las prisas de la fuga para salir del agua, un mal apoyo le hace resbalar uno de los brazos, cargando todo el peso en el otro repentinamente, dislocando el hombro. El bárbaro aprieta los dientes, sujetándose el brazo. Quejándose por el dolor de su pierna y su hombro, Frael dice: "¡Vamos para adentro y dejemos atrás este maldito foso!".
Por fin, ante la entrada de las catacumbas secretas, el acceso es bastante oscuro, y la visión apenas penetra unos metros en las tinieblas.
Observando a Frael con una mezcla de sarcasmo y piedad, Avon apoyó sobre el hombro y la pierna heridos sus manos, murmurando para orar por la fuerza curativa que su especial naturaleza había heredado hacía ya algún tiempo.
Sintiendo como la magia abandonaba su mente, la fuerza de la misma reparó en parte las heridas y huesos del elfo. Con una sonrisa, éste palmeó el dorso de las manos al mago, agradecido por su ayuda.
A la vez que éste se apoyaba con los ojos cerrados, relajado, contra la pared de la cavernosa entrada, Avon extrajo su libro de conjuros, dispuesto a pasar unos minutos repasando su magia para disponer de ella de forma efectiva durante el camino que habrían de recorrer en las oscuras profundidades.
Cuando el grupo espera unos momentos de descanso, Pendrell dobla la esquina de la entrada, caminando con gran prudencia, silbando mientras agita la mano y señala con la otra hacia el agua, sorprendido, y al percatarse del estado de Frael, se frota la barbilla. "Muchacho... ha faltado poco para que hagan un vestido a pespuntes con tu muslo", susurró falsamente afectado por la herida, observado de reojo por el bárbaro. "Deja que te eche una mano", concluyó.
En el tiempo en que Avon preparaba su magia, el bardo comenzó a chasquear sus dedos, palmear las manos contra los muslos y murmurar una suave música sin voz con la vibración de sus labios. Envuelto por la suave melodía, Frael suspiró aliviado, ya que aquel sonido armonizaba con su vitalidad hasta sentir que recuperaba la salud hasta el punto casi de la plenitud. Con un guiño de complicidad, Pendrell sonrió en una pausa de su música. No podía dejar que su mostrenco cayese en batalla y perder el escudo de carne más efectivo que habían tenido como grupo. Frael se frotó lo que ahora no eran más que leves cicatrices, agitando su hombro completamente recuperado. "Al final no eran más que rasguños", dijo. "Ya va siendo hora de que nos movamos para poner patas arriba a esa panda de desgraciados ManoSombra".
Al tiempo que Ratón avanzaba en cabeza por la estructura mezcla de caverna natural y paso manufacturado, Avon convocó su luz mágica sobre el extremo del bastón, soplando sobre el mismo. Como las intenciones del mago, la luz brilló blanca y pura, despejando el camino.
En cabeza, atento a trampas y subterfugios, Ratón avanzaba observando cada recoveco. Tras él, la luz del mago despejaba las tinieblas, y en retaguardia, Frael vigilaba que nada sorprendiese por detrás a los aventureros... y les abriese un agujero nuevo... o ensanchase el existente.
El tortuoso camino estrecho serpenteaba descendiendo lentamente, en ocasiones cubierto de humedad o viejo légamo seco. El hedor a humedad y los ecos no deseados de los pasos resultaban incómodos. Las sombras generadas por la luz mágica en ocasiones sobresaltaban a la comitiva, despertando sospechas de posibles emboscadas, descartadas instantes después.
El camino termina por percibirse como tallado para aparentar una tosca caverna natural. El peligro más evidente de este camino era que el foso creciese en su volumen más de lo esperado, y el agua desbordase por el camino, convirtiendo el paso en un peligroso camino resbaladizo.
Tras una media hora de avance hacia las profundidades, el grupo se percata de que las palabras de Rufus son una realidad. Las paredes del paso están tapizadas con calaveras y osarios de antiguos habitantes de la ciudad de Nesovia, mayormente miembros de la familia real, causando una sensación de desasosiego. Durante un momento, aunque Pendrell trata de animar el camino silbando y chasqueando los dedos, su abrupto es respondido por el sobresalto general y miradas molestas que indicaban nervios a flor de piel. Por ello, el bardo guardó prudente silencio. El camino continúa con el bardo tarareando suavemente entre dientes en algunos momentos, sintiendo que es la única forma de relajarse.
Más adelante, el estrecho paso se ensancha hasta un área cuyo suelo posee una gran cantidad de charcos de agua estancada, esparcidos por doquier de las diversas subidas y bajadas antiguas del foso alrededor del alcázar Nessus.
Aunque la caverna no es muy grande, hay que moverse con trazos sinuosos para rodear los charcos para llegar al otro lado de la misma, donde se abre otro camino, probablemente para llegar a la bifurcación que se dividía en dos caminos. Rufus, aún así, no informó de este lugar.
Ratón, cuidando de no pisar en los fosos, susurró "no perturbéis el agua".
Tras las últimas palabras del ladrón, se escuchó un siseo que levantó ecos en la caverna. "Baja la voz, insensato", susurró Avon a Ratón.
Un ruido de golpeteo rápido y otro siseo volvió a escucharse en otro lugar de la oscura caverna. Mientras el ladrón prepara su arco, acariciando la cuerda del mismo, el mago alza más alto el extremo de su bastón, concentrándose en aumentar un poco más la intensidad de su luz. Al hacerlo, dos puntos luminosos quedan revelados en la zona más alejada de la gruta en la que está el grupo.
Al ser descubiertos, parpadean y desaparecen.
Un instante después, una voz rasposa habla desde ningún lugar: "¿Quién se ha acercado a mi guarida? ¡Marchaos de aquí... o dejad un tributo, si no queréis que devore vuestras almas!"
Avon y Ratón, concentrándose en los ecos y el sonido, se sorprenden bastante al percatarse de que... maravilloso... en lo profundo de la gruta, dentro de un nicho ahora descubierto cuando Avon movió la luz, revelándolo parcialmente, se encuentra... un dragón...
"¿Un dragón?", dijo en voz alta Avon.
...del tamaño de un perro.
(Avon, al verlo en todo su "esplendor", empezó a pensar qué partes de la diminuta criatura podría aprovechar una vez muerta para sus experimentos mágicos)
Al alcanzarle la luz, parpadea molesto, siseando.
Lo más interesante es que la luz que ilumina el nicho y la criatura, por un momento, se revela un brillo metálico, indicando una pequeña cantidad de objetos tras él: en su gran mayoría, monedas muy brillantes, pulidas, recién acuñadas, con el símbolo de Egrevius... aparte de otros objetos de metales preciosos y gemas.
El dragón, al ser alcanzado directamente por el resplandor, siseó gruñendo a los recién llegados que apartasen de él aquella luz y se marchasen de allí.
Evaluando al ser, Avon recordó que en los Estudios de Magia de la hechicera Jarry Misi Poter, se hablaba sobre dragones y sus clasificaciones. La criatura allí encontrada era una cría de dragón. Éstas, una vez sobrevivían a su nacimiento, y tras varias décadas buscando una guarida en la que refugiarse y convertir en su hogar permanente y área de influencia, empezaban a acumular tesoros, exigir pleitesía, y expandir su área de control poco a poco. En general, los dragones -por el conocimiento de Avon- se manifestaban como criaturas avariciosas, petulantes y arrogantes.
"¡Si no os marcháis de aquí... o me rendís pleitesía... seréis pasto del Hielo Profundo!", continuó la bestia.
"Bichito", comentó Ratón. "Nosotros sólo estamos de paso. Pero a ti se te va a acabar el chollo dentro de poco".
Con gesto de extrañeza, el dragón preguntó al ladrón "¿por qué dices eso, mortal?".
"Porque se acercan unas plantas que se llevarán por delante la ciudad entera", contestó Ratón.
"Y a tí", añadió Avon.
El dragón se rió entre dientes. "Una criatura tan antigua y poderosa como yo no teme a la vegetación...".
"...que se ha llevado ya a varias ciudades por delante", interrumpió Ratón.
"Tú mismo. Nos vamos". Con esas palabras, el ladrón hizo gesto de marcharse hasta la siguiente salida a las profundidades.
El dragón agitó sus alas y saltó de su nicho, interponiéndose frente a ese acceso. "¡Quieto! ¡Ya os he dicho que si queréis pasar debéis pagar tributo!"
Tras su grito, la criatura abrió la boca, exhalando una ráfaga de aire que se transformó en una cellisca de hielo en dirección a Ratón, sembrando de esquirlas afiladas y gélidas -de medio palmo de alto- un parche de suelo frente al ladrón.
Frael, furioso, gritó al ver el despliegue de poder: "¡a esa lagartija con alas voy a convertirla en una brocheta, si me dejáis!"
"Estoy contigo", murmuró Avon, mientras lo tomaba del hombro, alejándolo, al tiempo que agarraba de una mano a Ratón y también se lo llevaba, reuniéndose con Pendrell en retaguardia.
Susurrando al grupo, el mago comentó que, siendo una criatura poderosa como un dragón, era lo bastante pequeño como para acabar con él. Sus restos valdrían mucho dinero en el mercado adecuado. "Además, se cree más listo que nosotros... y nadie es más listo que los 4 Macarras del Apocalipsis". Al margen de su desprecio, Avon susurró lo que sabía de los dragones a sus aliados, alejado del oído -teóricamente- de la criatura. Pendrell comentó que, en 3o de Bardo, una vez escuchó una leyenda sobre las Fauces del Frío. El dragón pequeñajo le recordaba a las Fauces del Frío. Pero creía recordar que las Fauces del Frío tuvo pocas crías, conocidas como los Pequeños Glaciares. Al parecer, según sus datos, estos pequeñuelos solían quedar maravillados por las gemas de color azul, y de hecho podrían hacer cualquier cosa por conseguirlas.
Ratón se encogió de hombros, comentando que no tenía nada parecido.
Avon hizo hincapié en que prácticamente todo en aquel bicho era aprovechable, salvo los intestinos... comentario que corrigió Ratón comentando que podrían hacer exquisitas y exóticas morcillas de dragón... provocando la hilaridad en Frael y Pendrell.
"¡Estoy esperando, mortales!", volvió a sisear el dragón, lanzando esta vez cellisca hacia el techo, creando un parche de afiladas esquirlas de hielo colgante, provocando peligrosos crujidos en la roca.
Ratón, rebuscando entre sus pertenencias, comentó que tenía que buscar el tributo apropiado, a la vez que dejaba caer "casualmente" algo de dinero al suelo, mientras se alejaba un poco de donde había dejado el dinero, para observar la reacción de la criatura. Ésta siseó y gruñó con desprecio.
"¿Crees que con esas simples fruslerías ¡vas a comprar este pasaje?!"
"Tenemos poco más...", comenzó a decir Ratón.
"¡No me ofendas!", chilló el dragón, lanzando su aliento a las monedas, congelándolas en el sitio. "¡Por vuestra ofensa, ahora pagaréis un tributo mayor! ¡Procurad vaciar vuestros bolsillos antes de que os convierta en escarcha! ¡Y es mi última advertencia! (rugido)"
Descarado, Ratón preguntó al dragón qué comía, respondiendo éste "carne como la vuestra".
Al ver el rostro del ladrón, Avon susurró que ni se le ocurriera darle de comer al gusano, no sucediese que creciera, se comiera al dragón y luego al grupo. Pendrell, por su parte, expresó (sin haber oído al mago) que el grupo podría lanzar el gusano al dragón. Quizá les ahorrase un problema al enfrentarse ambas criaturas. Avon hizo un gesto de negación rotunda. "Temo más a ese maldito gusano que al dragón", comentó el mago.
Ratón, intentando desviar la atención, pareciendo más inocente al hurgar entre sus bolsas para 'vaciar dinero de las mismas -buscando un tributo-', se dispuso a entrar en liza con la criatura. Al acercarse, llegando a una distancia en la que el ladrón empezaba a acariciar la empuñadura de su estoque, el dragón es consciente de ese momento, adoptando una posición defensiva. Considerando las alternativas, Ratón debía correr a toda velocidad hacia el monstruito, mientras que a su espalda Avon calculaba las opciones para convertir a ese bichejo en un charco de agua y escamas humeantes con su magia.
Al hacerlo, el ladrón fue consciente demasiado tarde en su movimiento que, bajo el agua de un charco se removió algo que, al asomar por la superficie, reveló la presencia de un dragón mucho más pequeño... prácticamente una cría de pocos años, no más grande que un lagarto común del campo con pequeñas alas translúcidas, que esperaba el momento oportuno para reaccionar protegiendo a su señor. Tan veloz como le fue posible, el ladrón lanzó una vertiginosa estocada que rasgó parte del costado del dragón más grande, causando un chirrido en sus escamas con algunos rasguños sangrantes -provocando un rugido de sorpresa dolorida en la bestia-, mientras chillaba con cierta preocupación a sus compañeros: "¡Ahora chicos!", a la espera de recibir el apoyo apropiado.
A lo lejos, la palabra "IGNITIUS" reverberó con ecos mágicos en la caverna, de la voz de Avon, provocando una gota de sudor frío por la frente de Ratón ("mierda... las cejas"), al ser consciente de que estaba justo en la trayectoria de aquella explosión de fuego... salvo que Avon fuese un artista de la magia para colocarla donde no causase percances. Por desgracia, la velocidad de la magia no impidió que de la boca del dragón mayor brotase una lluvia de dagas heladas sobre Ratón, a la vez que de la cabeza asomada del agua surgiese una bocanada de alfileres gélidos, también lanzados hacia el ladrón. Éste, rodeado por el frío, fue asaeteado por doquier con heridas que se entumecieron después de causar un tremendo dolor, aunque la rapidez de reflejos del escurridizo Ratón le permitió evitar algunas de las esquirlas voladoras heladas, que se estrellaron indefensas contra las rocas de las paredes.
En ese instante, una luz iluminó con fuerza las manos de Avon, liberando el poder de su magia de fuego.
IGNITIUS!"
Conjurando el fuego mágico, ambos dragones se giraron para observar al usuario de aquella magia. El dragón mayor gritó: "¡Un pirómano de la magia! ¡A muerte con él!", justo en el instante en que la bola de fuego estalló en una oleada salvaje que lamió el costado del ladrón, envolviendo de pleno a ambas criaturas, levantando burbujas siseantes del charco donde estaba la más pequeña, además de derretir la escarcha sobre la piel de Ratón. La explosión sacude la caverna con la reverberación. Con la mitad de su cuerpo socarrada, el diminuto dragón se sumergió bajo el agua, aterrado, mientras que el mayor sintió parte de su cuello y rostro levantar ampollas por las llamas, mirando con odio al mago responsable. En ese instante, Frael gritó: "¡Esa lagartija con alas no se interpondrá en nuestro camino! ¡Deja de enfrentarte a mis compañeros: YO SOY TU ENEMIGO!"
Girándose hacia él por un instante, el dragón asumió una expresión de burlesco desdén, riéndose con desaire. De pronto, la vergüenza de ser ignorado por aquel bichejo repugnante convirtió el rostro del elfo en un tomate maduro, restando seguridad a la mano que empuñaba su arma.
Pendrell, mirando al dragón, comienza a chasquear los dedos, realizando un solo de zapateado, cantando al ritmo: "saca la espada-de repente-y clávasela-A LA SERPIENTE".
(NdDJ: Sí, sí. Lo sé. Cierto genio de color azul va a venir a pedirme royalties en cualquier momento)

La voz del bardo alcanza en oleadas vibrantes a Ratón. A la vez que éste siente una poderosa determinación a la hora de luchar contra su enemigo, las heridas de su cuerpo comienzan a sanar a una velocidad asombrosa, fruto de los encantamientos sónicos de Pendrell.
Ratón, al ver que Avon se convertía en el objetivo ciego del dragón, dió un paso a un lado, haciendo una reverencia a la criatura mientras señalaba con el brazo al mago, para comentar alegremente: "todo tuyo".
El dragón, con un bufido, se dispuso a volar raudo hacia Avon, golpeando con una bofetada de su cola el rostro desprevenido de Ratón, causándole un repentino pitido en la oreja... pero la astucia del ladrón se manifestó atacando cual rata traicionera por la espalda a la bestia en respuesta, aprovechando el blando y blanco vientre del monstruo.
Sujetándolo del mismo rabo que había usado el bichejo en su bofetada, con su estoque causó un profundo y largo tajo en el vientre del monstruo, que aulló de sufrimiento al sentir la profunda herida sangrar manchando el suelo de la caverna, mientras abría la boca para intentar lanzar una bocanada de aliento gélido sobre Avon. A través de la garganta de la criatura, iluminada por una azulada luz previa a su ataque, un objeto opaco atravesó la cavidad, brotando por el lomo del dragonzuelo, que chilló en un estertor de muerte.
De la herida, de pronto brotó un estallido de hielo en carámbanos a toda velocidad, cubriendo todo el cuerpo de la criatura, momento en que ésta estalló en dos pedazos al morir, cayendo al suelo inerte, rompiéndose en varios pedazos.
Avon, viendo el estropicio, gritaba: "¡¿Qué haces? No lo rompaaas! ¡Que es como los cochinos! ¡Hay que aprovechar todo lo que se puedaaaa!"
Del fondo del charco, con un chillido lastimero: "¡Señoooor!", asomó la cabecita del dragón más diminuto, lanzando una vengativa bocanada de frío contra el ladrón, más cercano a su posición. Una lluvia de espinas gélidas se clavó en las piernas de Ratón, quien sintió una punzada de aturdimiento en las mismas por el agudo frío, trastabillando con un gemido.
Avon, al ver a la bestezuela, palmea sus manos conjurando su magia al grito arcano de "CANDELA, CANDELA, CON LA LUZ DE LAS CANDELAS". El palmoteo místico provocó al monstruo centrar su atención de nuevo en Avon, con un gesto de ira, seguido de una expresión de terror al ver brotar una onda de calor en dirección a la criatura, que al alcanzarla se convirtió en un nuevo estallido de fuego abrasador sobre ella.
Tal fue la fuerza de las llamas arcanas, que evaporaron el charco en el que se escondía el dragón... y el propio dragón... para estupor frustrado del mago. Sin embargo, sacado pronto de su sensación de pérdida, el mago rebuscó en su túnica, extrayendo un gran cigarro de la misma. Encendiéndolo con un dedo mágico, tras una calada, susurró humeando: "huele a victoria... huele a NAPALM. Me flipa matar un dragón con una bola de fuego cuando me levanto por la mañana".

(NdDJ: Nada... que hoy estábamos con las referencias peliculeras)

"Seguro que sabía a pollo", comentó entre dientes con una sonrisa el ladrón.
Cuando el combate concluyó, el mago comenzó a estudiar los restos del dragón helado, pensando en cómo llevárselo sin que se pudriesen, una vez descongelado por el camino.
Mirando de reojo a Pendrell, el mago se sacudió un hombro, habiendo demostrado al bardo que, a pesar de sus canciones de burla, Avon era un excelente mago.
Acercándose al nicho del dragón, Frael, Pendrell y Ratón comenzaron a contabilizar el pequeño botín que había guardado para sí mismo, constando de una enoooorme cantidad de dinero (más de la que los aventureros habían visto junta en su periplo como rufianes). Preparando un buen saco para la pasta, Frael se tomó la molestia de calcular que echárselo a la espalda no le supondría problema, aunque su gesto dejó claro que se encontraría al límite de lo que era capaz de llevar sin que le molestase demasiado para moverse o viajar.
Además del dinero, mientras removían las monedas, Ratón se percató de que algo sólido y fijo estaba anclado entre las mismas. Al tirar, pensó que el montón de dinero lo retenía, así que apartó las gemas, cubertería de metales preciosos y el dinero... hasta revelar un cetro metálico grabado en runas, con dos extremos, en los que había dos pequeños relieves (negro y blanco). El relieve negro parecía más hundido que el otro... y el conjunto estaba... suspendido en el aire, inmóvil. Por más que Frael trató de moverlo al agarrarlo, fue imposible, hasta que el ladrón lo apartó y pulsó el relieve blanco, hundiéndolo, al tiempo que el negro sobresalía, momento en que, mágicamente, el cetro cayó sobre la base del nicho con un retumbar metálico.
Asombrado por el prodigio, Ratón experimentó agitando el cetro en el aire a la vez que pulsó el botón negro, momento en que sintió un tirón doloroso en su muñeca cuando el objeto quedaba fijo en el aire, imposible de mover.
Mientras Frael llenaba un saco con el tesoro, Ratón observó que el guano reseco sobre el cetro le suponía ser el posible soporte de descanso para el dragón mayor, así que al limpiarlo, se lo guardó para un uso posterior.
Al mismo tiempo, Avon convocó a un servidor translúcido para utilizarlo como mozo de carga sobre el que echar los restos del media cría de dragón de los hielos destrozado y casi helado. Pensando en cómo conservar el cuerpo, intuyó que podría realizar un ritual con la gélida sangre del mismo, canalizando el poder de la guarida de la bestia, impregnada de su magia desde tanto tiempo como la habitase.
Ensimismado en el ritual, Avon por suerte fue asistido en la poca ayuda que podía prestarle Frael, además de sus herramientas para la magia, mientras Pendrell curioseaba el trabajo y tomaba notas, aunque al verlo el mago, procuró ocultar su labor con su capa, con una mirada de soslayo y murmurando "antes me considerabas un inútil en tus canciones... y ahora espías mi trabajo para aprender mi magia... largo de aquí, oportunista". Encogiéndose de hombros, el bardo se alejó unos pasos... aunque siguió atento a lo que sucedía.
Por su parte, Ratón se ocupó de montar un par de trampas de alarma con cachivaches metálicos de poco uso de entre las posesiones del grupo y un juego de cuerdas que los haría sonar en caso de que alguien entrase por cualquiera de los dos accesos de la caverna, tras lo que se dedicó a inspeccionar la gruta, a la espera de que Avon concluyese su investigación.

Mientras observaba las paredes iluminadas por la luz del mago, se percató poco a poco que, lo que parecían sombras, relieves y salientes en la roca, en realidad se trataba de... glifos, runas y escritura arcana... el mismo tipo de texto que encontró días atrás en el 1er Pergamino de Ray-Lin.

Aquella cueva era, en realidad... ¡el 2o 'Pergamino' de Ray-Lin!

Sintiendo la invasión en su mente de la codicia y la emoción de la lectura del primer pergamino, el ladrón dejó vagar sus ojos y su mente por los escritos... y poco a poco su conciencia se perdía entre las escrituras, viajando hacia un lugar ignoto.

Por su parte, en el proceso que alejaba a Ratón de la realidad, Avon concluía su ritual de conservación mágica, canalizando la magia de la sangre del dragón y la fuerza mística del enclave donde se encontraban, preparando un ungüento aceitoso con el que cubrió los restos que aún quedaban de la bestia, momento en que el cadáver podía verse con un cierto brillo aceitoso de color azulado, frío al tacto, y de un bonito tono levemente refulgente. Había sido una tarea estupenda, se congratuló Avon, aunque hubo de sacrificar la valiosa sangre de la criatura para ello.
Mientras todo ésto sucedía, Pendrell, curioso, observó el extraño cambio de comportamiento en Ratón. Acercándose a Frael y Avon, comentó al mago que el ladrón estaba haciendo cosas raras, y lo mejor sería echarle un ojo. Al fijarse en el ladrón, el grupo se percató de que balbuceaba mientras con una daga rasgaba la piedra de la pared. Cuando Avon preguntó qué estaba haciendo, Ratón comentó "nada... nada que a tí te interese". Después, continuó su quehacer, susurrando: "Ésto es mío... sólo mío... es el secreto del poder... es sólo para mí..."
Girándose a Frael, Avon comentó si sería apropiado que utilizase su magia: "el abrazo del sueño", para agarrar al ladrón por el pescuezo igual que a los guardias del portón... y dejarlo KO. La propuesta pilló desprevenido a Frael, quien no entendía el por qué de la misma, a lo que el mago comentó que, al parecer, al muchacho se le había ido la olla.
Durante ese intercambio de palabras, Ratón sacó el cetro mágico, situándolo a metro y medio sobre el suelo frente a la pared, y anclándolo al aire, se subió sobre el mismo y continuó su tarea de raspar la pared con su cuchillo, murmurando: "sólo para mí... sóoolo para míiii...".
De pronto, Avon fue consciente, al observar el comportamiento del ladrón y los rasguños provocados sobre la pared, que ésta en realidad... era un texto arcano del propio Ray-Lin: el 2o Texto del Conocimiento hacia sus secretos... y Ratón pretendía destruirlo, rascando las runas y glifos, con algún fin depravado. "Tranquilo, Ratón, tranquilo", acertó a susurrar el mago, viendo el comportamiento del ladrón.
Pensando en que la situación sería un problema para todos, Frael se acercó al cetro sobre el que se apoyaba Ratón. Pulsando el botón que liberaba el objeto, ambos: ladrón y cetro, cayeron al suelo, donde Frael sujetó a Ratón para evitar que se revolviese. Sin embargo, sus ojos se cruzaron con los textos... y su mirada se perdió, anonadada en su extraña magia hechizadora.
En ese momento, ambos aliados comenzaron a forcejear sin apenas fuerzas y torpemente, reclamando como "mío", "no, mío", "no, no es tuyo, es mío", "no, es para mí"... el texto de las paredes.
Confuso por la situación, en un instante la mente de Avon se aclaró al ver los glifos. En su interior, las paredes de piedra se transformaron como en una cúpula de cristal transparente, donde todas las letras y glifos comenzaron a moverse, generando párrafos y textos distintos.
En medio de esa cúpula de cristal, Avon observó las imágenes translúcidas de Frael y Ratón, como si se encontrasen atrapados por una jaula de cristal de la que no pueden salir, sacudiendo los barrotes cristalinos e intentando alcanzar con sus manos los textos de las paredes.
Más asombroso era que, desde la perspectiva de Avon, la cúpula de cristal parecía encontrarse dentro de un laboratorio arcano. En ese instante, el mago también se percató de que los textos de las paredes se encontraban del revés, como reflejados en un espejo. La mente de Avon atrapa la imagen especular, impotente al ser consciente de que, precisamente, sin un espejo, no podría leerlos apropiadamente. En aquella prodigiosa mente, Avon comprendió que tanto el laboratorio como los textos quedaron atrapados con éxito, aunque no sería capaz de comprender el significado sin la forma adecuada de plasmarlos y leerlos frente a un espejo. En su mente, está el secreto para transcribir el 2o Pergamino de Ray-Lin.
En ese momento, las mentes de Frael y Ratón quedan liberadas del extraño efecto hechizador... pero con ello, fueron conscientes de que 'algo' las ataba al pensamiento de Avon... una imagen borrosa e incomprensible de un recuerdo en la punta de la lengua, incapaz de brotar por completo.

(VÍNCULO Nuevo para AMBOS PJS: "Avon tiene el secreto del 2o Pergamino de Ray-Lin. Debo conseguirlo")

CONTINUARÁ (esperemos)
EPÍLOGO: En el final de la Sesión, el Jugador de Avon empieza a especular sobre cómo usar los trozos de dragón para crear objetos mágicos mediante un ritual. Por ejemplo, los dientes del mismo podrían ser puntas de flecha que causasen daño adicional o paralizante por frío... al igual que usando los dientes para añadirlos a una maza de pinchos, con un efecto similar... o el ojo útil que quedaba en el cadáver podría transformarse en un monóculo (o un parche) que, colocado sobre un ojo normal, ofrecería visión de la magia o visión en la oscuridad a su usuario... aunque perdería visión en profundidad al sólo poder mirar por un ojo... y en cuanto a las escamas, podrían reforzar una armadura normal de escamas para hacerla más poderosa... o resistente al frío. Los huesos de dragón se podría crear una daga... o una poción de resistencia al frío, e incluso un unguento de aliento gélido de dragón. El corazón del dragón podría ser un foco mágico para transformar un conjuro de fuego en daño por frío. Uno de los pequeños cuernos del cráneo del dragón podría servir como punta de lanza mágica o de daga, con efectos similares a las flechas creadas por dientes. E incluso... UNA MÁQUINA MÁGICA PARA CREAR CUBITOS DE HIELO forrando una caja con el pellejo superviviente del dragón.
(RECORDATORIO A PEPE Y SUS IDEAS PARA EL CADÁVER)

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