martes, 14 de julio de 2020

D&D 5ed - AguaProfunda - El Refugio de las Conspiraciones Oscuras - ACTO II - Sesión 3 - El Cerco burlado

Afincados en el almacén, trazando ideas sobre las posibilidades que abarcaría su fuga, en el exterior del mismo, por la Calle Presper, se escuchaba un grupo de sacerdotes caritativos al servicio de Tempus (NdDJ: Sí, Tempus... y caritativos) que predicaban por la ayuda de los despojados de sus bienes a causa de las pérdidas en batalla y las luchas personales. Así, para aliviar el sufrimiento y elevar la moral, ofrecían mantas y comida a los necesitados sin hogar, para fortalecer el corazón y el espíritu de la ciudad. Aunque tocaron la puerta del almacén abandonado por si alguien se resguardaba en su interior, el grupo guardó silencio, hasta que los clérigos desistieron y se marcharon, continuando su ruta.
Valorando las opciones más o menos eficaces, el grupo finalmente se enfocó en que, con independencia de que tendrían que atravesar el Distrito del Muelle, con los consiguientes peligros de exponerse a los Zhent que los buscaban, a pesar de que sus cabezas también estaban en el punto de mira de la Red Negra por ayudar a Yagra, consideraron que se dirigirían a la salida más cercana (la Puerta Sur) para salir por allí.
En principio, Idris valoró que podrían echar un vistazo esa misma tarde por las diferentes tabernas, para conocer la actividad de los miembros de la Guardia de la Ciudad (poniendo las orejas), pero Chen comentó que si se dedicaban a pasearse por las distintas tabernas y posadas del lugar,
como La Copa de Cobre, El Guantelete Rojo, El Pez Escupidor y El Salón de los Patrones de Barcos, inevitablemente su presencia aumentaría la atención de la guardia sobre el grupo que, en caso de pasar al día siguiente por la Puerta Sur, podrían ser identificados como "personas de interés" por algún motivo.
Kurgan, por su parte, informó de la posibilidad de tomar contacto con quien fabricase los uniformes a la guardia de la ciudad y, bien a los textiles que los construían, bien solicitar a Idris que se agenciase unos en el Mercado Negro, hacerse pasar por Guardias y salir tranquilamente sin que les hiciesen preguntas, teniendo en cuenta que se había informado de que la Guardia era un grupo ecléctico formado por varias razas, entre humanos, medianos, elfos, enanos, gnomos, semielfos o semiorcos.
Sería fácil hacerse pasar por ellos, aunque quizá el desconocimiento del protocolo interno en los cuarteles podría ser un problema, además de pensar si necesitaban algún tipo de orden para patrullar por el exterior de la muralla, orden que luego en una revisión podría reconocerse como falsa, ante lo que deberían pedir explicaciones y enfrentarse a peligrosos cargos ante la ley por suplantación de identidad y de un cargo público. Chen y Valam comentaron que existía la posibilidad de que se cruzasen con una patrulla de Guardia que les pidiese explicaciones sobre su ubicación y por qué salían de la ciudad sin una orden expresa, así que la opción empezó a quedar descartada, pues moverse por la ciudad como Guardias podría ser un problema mayor que una oportunidad.

Otro enfoque podía ser la opción de separarse para cubrir más salidas y no señalarse como el grupo que los Zhents buscaban. Tras llegar al exterior, lo apropiado sería reunirse en una posada de la Villa BajoRisco al este de AguaProfunda. Probablemente, aunque la población era pequeña, dispondrían de alguna taberna o posada para que los aldeanos del lugar no tuviesen que viajar hasta la urbe para encontrar un lugar en que encontrarse y tomar algo descansando de su jornada.
Finalmente, en lugar de divagar sobre la situación, aunque no deseaban llamar la atención, Valam e Idris salieron del almacén puesto que su plan sería salir temprano al día siguiente con el horario de inicio de los jornaleros del campo (aproximadamente las 7 de la mañana, aunque a las 6 ya empezaban a dirigirse hacia las puertas de la ciudad para salir a labrar los campos, así que el grupo planearía levantarse a las 5 para mezclarse pronto con la muchedumbre), con intención de comprar ropajes y aperos de labranza con los que simular que serían trabajadores rumbo a sus labores. Aunque el grupo era consciente de que tras cada puerta amurallada inicial había una segunda muralla de refuerzo con un alcázar para el paso de la población y visitantes, habitualmente la guardia estaba acostumbrada al trasiego de trabajadores saliendo y entrando, además de visitantes y comerciantes hacia la ciudad. Normalmente, para los trabajadores la guardia no solía hacer demasiados registros -salvo orden expresa de los Señores de AguaProfunda por un asunto de extrema necesidad-, y a menudo aunque los labriegos y jornaleros llevaban siempre sus papeles de ciudadano, la guardia prácticamente no los revisaba, y generalmente dejaba pasar a los trabajadores para no interrumpir su jornada. Si bien la entrada al atardecer podía ser un poco más problemática, pues la guardia prestaba un poco más de atención a esa entrada, era relativamente sencillo moverse por las puertas si no se hacía en actitud sospechosa. Generalmente, para cualquier entrada, la Guardia informaba de las normas básicas de la ciudad, solicitaba registro de objetos mágicos o mercancías, cobraba los correspondientes impuestos de entrada, y dejaba paso sin interrumpir el flujo de viajeros.
Con la información contrastada, Valam e Idris sortearon las calles hasta alcanzar un comercio cercano: Velas del Horizonte, donde un viejo matrimonio de lobos marinos (un hombre y una mujer) regentaban aquel modesto establecimiento que ofrecía multitud de objetos para el trabajo. Después de un rato de buscar el material apropiado tanto para el grupo como para Yagra (ropas de campesinos, carreta vieja de madera, herramientas de labranza, un gran saco de pienso por si había que ocultar algo debajo o dentro, y unas cuantas raciones extra para no tener que moverse demasiado a comer fuera del almacén), la salida del negocio llevó a los elfos a través del Callejón de los Dos Matraces hacia la Calle Presper.
Al cruzar junto a uno de los muchos pasos estrechos entre edificios, Valam se percató de que frente a una puerta de uno de éstos, un carromato se había detenido con varias cajas en su interior, y tres encapuchados las descargaban con prisas al interior de la puerta. Con el apresuramiento, una de las cajas cayó al suelo, abriéndose y revelando cientos de revistas de un diario local: Las Damas y Caballeros de Halivar. Curioseando la portada de la revista, Valam se dio cuenta de que el titular principal se refería a la edición del día siguiente, donde las noticias amenazaban con destapar los escandalosos tratos de la Familia Atriu con Yagra Puño de Piedra, un elemento criminal responsable de la muerte del hijo menor a causa de un trato no cumplido por parte de Lord Nwanhem Atriu.
Intrigado por aquella publicación, Valam se adentró en el estrecho callejón, dejándose ver por los afanados encapuchados. Al hacerlo, uno de ellos le gruñó que se ocupase de sus asuntos y siguiera su camino. Allí no había nada que ver. Sin embargo, Valam -quien en efecto dijo que no había visto nada y no tenían que preocuparse- solicitó comprar uno de los ejemplares.

Curioso, el encapuchado que se dirigía a él se dejó engatusar por el precio de 5 cobres, lanzándole una de las revistas, aunque le advirtió que no saliera a la luz hasta el día siguiente, momento en que los diarios saldrían a la calle. Acuciando a la pareja de elfos que se largase de allí, los encapuchados siguieron su trabajo y la pareja continuó su camino hasta llegar al almacén abandonado de nuevo.

Al llegar al escondrijo los elfos, el grupo continuó perfilando el plan de disfraz con los horarios de salida de los trabajadores y la distancia desde el escondrijo hasta la Puerta Sur (unas 5 millas... que podrían recorrer en unos 30 minutos aproximadamente), mientras que Valam sacaba la revista que había adquirido y jugueteaba con ella delante del grupo. Durante la conversación, el elfo comentó que tenía una primicia entre manos que echaba humo.

Al leerla en voz alta, Yagra se sobresaltó y, a la defensiva, preguntó de dónde había salido esa revista con esa información. Valam se permitió el lujo de no desear revelar la identidad de sus contactos. Yagra se preocupó de sentirse aún más señalada de lo que ya se encontraba con esa noticia, exponiéndose no sólo a la atención de la guardia, sino a la ira de los Atriu de AguaProfunda, pues la revista mostrada tenía bastante público en la ciudad. Aunque Yagra pidió a Valam quemarla, el elfo explicó que la tirada de la revista saldría al día siguiente. Aquello era sólo un ejemplar. Idris entonces comentó que, sabiendo eso, debían salir de la ciudad precisamente antes de que la revista se expandiese por la ciudad el próximo día.
Yagra entonces dijo que había que quemar todos los ejemplares, pues cuando se distribuyesen al día siguiente, el intento de escapada sería mucho más difícil. Valam preguntó cual era el horario de reparto de las revistas en la ciudad habitualmente. Al informar Yagra de que los diarios empezaban a distribuirse a partir de las 7 de la mañana aproximadamente, el elfo sonrió comentando que a esa hora, con un poco de suerte, ya estarían fuera de las murallas de AguaProfunda. Valam razonó a la alterada Yagra que, si se les ocurría prender fuego a todos aquellos folletos, sería mucho más llamativo que una fuga sigilosa, dejando atrás aquella revista distribuida. Kurgan, además, puntualizó que hasta que la revista hubiese quedado distribuida por toda la ciudad, sólo desde los puntos donde ya estuviese repartida y adquirida por los ciudadanos, quienes la leyesen estarían pendientes de la aparición de Yagra en público, mientras que el resto seguiría siendo ajeno a esa noticia, así que de la velocidad de distribución dependía la preocupación de la semiorca. Yagra trató de explicar que aquella revista pondría en pie de guerra a los Atriu, a lo que la respuesta de Chen fue que le importaba un rábano. Ellos sólo tenían que preocuparse de que Yagra saliese de la ciudad sin ser vista. Básicamente, trabajaban para salvar su pellejo, no su reputación. El cabreo de unos nobles por la mancha de su imagen en un noticiario era algo que no le suponía un problema. Idris, asintiendo ante una explicación tan coherente, pasó un trago a Chen felicitándolo.

Así, la tarde pasaba pensando que el grupo se acostaría temprano, para levantarse a las 5 de la mañana, realizando dos turnos de guardia: Valam en primer lugar, y después Idris. En la silenciosa tarde, pasando al anochecer, el elfo sólo estaba acompañado por el paso de diversas alimañas espantadas por la pequeña hoguera situada lejos de cualquier acceso por el que su luz pudiera adivinarse. En uno de sus paseos por la zona más periférica del edificio, escuchó un suave impacto contra una ventana entablonada. Acercándose sigiloso, se percató de que a través de una grieta por la que corría una suave brisa se veía el extremo sacudido de un papel tratando de entrar empujado por el viento. Al coger el papel, Valam echó un vistazo al mismo. Al parecer se trataba de una nueva obra de teatro anunciada en el Teatro Cantante Liviano al sur de El Mercado. Dicha obra reflejaba una recreación de la fundación de AguaProfunda, aunque en tono crítico y satírico que reflejaría el rumbo de la ciudad en caso de no haber existido los diferentes choques políticos y económicos de los Señores de AguaProfunda con la desaparición del primer gobernante. Dentro de la obra, se refleja la existencia de un tesoro secreto oculto por dicho gobernante, que todas las personalidades con posición e influencia en la ciudad buscan para afianzar la seguridad de su estatus. Asegurándose de que el papel sólo era un papiro arrastrado por la brisa del puerto, Valam lo guardó entre sus pertenencias y, cuando llegó su turno de descansar, avisó a Idris para que hiciese su turno de vigilancia y se fue a meditar.

Cuando llegaron las 5 de la mañana, el grupo y su escoltada comenzó los preparativos para camuflarse como obreros del campo, aunque las armaduras y algunas armas de pequeño tamaño quedarían bajo las ropas y capas de jornalero, además de que otros pertrechos estarían mezclados entre las herramientas de trabajo, bajo el gran saco de grano sobre la carreta.
Aprovechando el momento en que las calles estaban más tranquilas, todos salieron tranquilamente de su escondrijo y comenzaron a dirigirse con tranquilidad a través de la Calle Caracol, alcanzando la Calle Red, hasta que finalmente desembocaron en la Avenida del Dragón. En efecto, el trayecto dirección Puerta Sur se realizó sorprendentemente tranquilo, con apenas trasiego de transeúntes, hasta llegar a la algo más concurrida Avenida del Dragón. A pesar de ésto, en un tramo del trayecto, mientras los aventureros se arracimaban para disimular sus facciones, bajando la mirada ante ojos indiscretos, Kurgan más preparado para una situación de tensión observó un hecho peculiar: en una zona de la Avenida Dragón paralela a la Calle Muelle, tres jóvenes vestidos con túnicas rojas, cabeza rapada y tatuados en el cuello y cráneo caminaban tranquilos sin percatarse de que a ambos lados de la calle, sobre los tejados, dos tiradores embozados y encapuchados estaban a punto de acribillarlos a flechazos. Dando la voz de alarma hacia los tejados, el enano corrió a toda prisa, placando a dos de los muchachos con sus brazos. Al derribarlos, sorprendiéndolos con la maniobra, tras él escuchó el silbido de dos flechas y un golpe seco, seguido de un gorgoteo de muerte a su espalda, terminando en el rumor de un cuerpo derribado a peso muerto.
Sobresaltados por lo ocurrido, los aventureros atendieron a los tejados para ver los responsables de la muerte de uno de aquellos muchachos. Pensando en que podrían reaccionar como si se tratase de cazadores, Chen y Valam se armaron de arcos. Al mismo tiempo, Kurgan se alzó del suelo, lanzando hacia el tirador más cercano en el techo una jabalina. El proyectil se clavó con fuerza en un muslo del tirador, quien gruñó por el dolor, arrancándose el arma del cuerpo -y tirándola por el borde del edificio- para tratar de ajustar su arco y abrir de nuevo fuego.
Pero, desde lejos, Valam abrió fuego con su arco en dirección al otro emboscador situado en un tejado más elevado que el adversario a quien Kurgan había empalado. La flecha del explorador, certera, se incrustó en el pecho de su objetivo, el cual dejó caer su arma, sosteniendo el astil de la flecha, tras lo que se derrumbó rodando por el tejado y terminó cayendo a plomo hasta la calle por el borde del edificio, rompiéndose contra la calle. Por su parte, Idris preparó su propio arco y, a pesar de la distancia, clavó su flecha en el costado del asaltador que aún estaba en pie e intentaba preparar su propia arma para disparar a Kurgan. La flecha alcanzó órganos vitales, haciendo a su objetivo doblarse de dolor, para después caer a plomo desde el tejado a la avenida. Cuando la amenaza fue neutralizada, mientras Chen corría para ver quienes eran los atacantes derribados, Chen trataba de congraciarse con los jóvenes supervivientes, acercándose al muchacho alcanzado -y muerto- por una flecha, para fingir que se preocupaba del estado del mismo.
En ese momento, mientras el guerrero humano saqueaba los cuerpos y se fijaba en los tatuajes Zhents que tenían en sus antebrazos, los dos jóvenes se incorporaban nerviosos, tratando de comprender la situación. Al ver a su camarada caído, gritaron "Edward" en su apresurado acercamiento al cadáver. Lamentándose por aquella muerte, los jóvenes hablaban entre ellos, sorprendidos por los hechos, llamándose el uno al otro "Marton" y "North". A pesar de la muerte de su compañero, solicitaron el nombre de su salvador -quien reveló sólo su apellido "Nagruk"-, al cual agradecieron su rápida intervención. No podían pagar ninguna compensación por lo sucedido, pero sí que podían ofrecerle como gratitud devolverle el favor algún día. Sólo tenía que buscar a los Magos Rojos de Zhay en AguaProfunda, preguntar por ellos, y hacer su petición. Chen preguntó a los supervivientes si conocían las marcas Zhentarim de las manos de sus atacantes, momento en que los muchachos cambiaron su expresión a otra de rabia contenida. Comentaron, al ver aquellas marcas, que seguramente la Red Negra había mandado a esos asesinos a eliminar a miembros de los Zhayinos como represalia por haberles ganado por la mano en algunos de los negocios que la Red Negra empezaba a perder en AguaProfunda, negocios que los Zhayinos estaban controlando ahora, lo que a los Zhentarim no les agradaba en absoluto. Quizá aquello era un mensaje de determinación sobre lo que opinaban de aquella maniobra política, haciéndolo de forma expeditiva. Mientras Chen e Idris alejaban los cadáveres de la vía y los escondían, para evitar atención de la Guardia no deseada en aquel momento, los muchachos se presentaban formalmente a Kurgan, indicándole que su intervención y la de sus compañeros sería compensada en su debido momento, cuando reclamasen el favor de salvar a unos miembros de los Magos Rojos de Zhay en AguaProfunda.
En ese momento, Valam sugirió a Kurgan que los jóvenes quizá podrían ayudarles con su problema en la entrada de la ciudad. Exponiendo la situación de necesidad de cruzar sin preguntas la Puerta Sur de AguaProfunda, Marton comentó a North que se quedase junto al cadáver de Edward, mientras él llevaría a sus salvadores a la puerta, para ayudarles en su necesidad. Así, marchando hacia donde jornaleros empezaban a aglomerarse en la zona interior de la Puerta Sur, el muchacho extrajo un papiro en blanco entre sus ropas. Realizando una serie de extraños gestos y pronunciando unas palabras ininteligibles, de pronto el papiro cambió de forma y aspecto, mostrando los rasgos de una especie de documento oficial lacrado.
Y cuando el grupo de aventureros se mezclaba con la muchedumbre, la Guardia ante ellos se dirigía a abrir las puertas, mientras a lo lejos se escuchaba la llegada de más guardias en la curva de la Avenida donde se había dado el asalto.
Al comenzar el paso de los jornaleros, la Guardia parecía -como estaba previsto- echar un vistazo a los papeles de trabajo de los jornaleros, aunque sólo en casos concretos. Al pasar Marton cerca de un guardia, al que dedicó una ligera mirada, el chico bamboleó el pergamino ante los ojos del mismo, quien agitó su mano para que el grupo pasase. Sin dificultad en ese tramo, el grupo sopesó que el segundo -aquel donde un alcázar a través de cuyo patio de armas se hacía el segundo paso de control de población y visitantes- podría ser más complicado, pues allí los aventureros se percataron de que la Guardia era un poco -la clave es "un poco"- más exhaustiva en la comprobación de documentos ciudadanos.
No obstante, de nuevo el "documento" del muchacho abrió paso a toda la compañía. El chico expuso al guardia que, al parecer, se le había cedido una cuadrilla de jornaleros para atender sus terrenos personales, y no podía perder el tiempo. El guardia que echaba un ojo al papiro decidió que no merecía la pena perder tiempo en aquel asunto, y abrió camino a los recién llegados.
Gracias a aquella maniobra, pronto Yagra, los aventureros y Marton se encontraban a un par de millas al este del Camino Alto fuera de la ciudad, en un pequeño cruce con una fonda donde se detenía varios viajeros con intención de moverse hacia AguaProfunda.
Allí, Marton de nuevo agradeció a los aventureros el haber salvado a North y a él mismo del asalto Zhent, indicando que la ayuda del grupo sería compensada en su justa medida. Antes de marcharse, el joven entregó un modesto puñado de monedas al grupo como pequeña compensación de su ayuda -recordando que Zhay estaba en deuda con ellos- para, acto seguido, alejarse hacia el norte por otro camino, buscando un acceso distinto al recién utilizado para volver a la ciudad junto a su hermano de orden. Y así, al marcharse el mago casi adolescente, el grupo se tomó un momento para ser consciente de que su trabajo casi había sido completado.
En manos de Yagra, ésta al parecer entre más nerviosa y aliviada, informó que debía caminar unas horas dirección sur de Amphail, donde tenía una pequeña hacienda aislada que era su refugio fuera de AguaProfunda. Chen consultó si estaba segura de que aquel lugar no era conocido por nadie. Cuando Yagra afirmó saber que sólo ella conocía su existencia, Idris se burló diciendo que probablemente ella... y algunas arañas gigantes, recibiendo una mirada de reproche de la semiorca. Alcanzando el mediodía, los compañeros observaron que el lugar al que estaban llegando se encontraba sobre una colina, cercado por un pequeño mucho y una arboleda espesa hacia el noreste. Yagra comentó que los árboles eran un buen lugar en el que ocultarse si alguien venía a hacer una visita no deseada -ya que desde la colina se divisaba buena parte del paisaje-, a lo que Chen observó que la arboleda también era un lugar estupendo en el que emboscar si la dueña del caserío no se aseguraba de echar un vistazo allí. Al llegar a la verja, y después al interior del caserón de una planta, Yagra mostró que el lugar estaba protegido por algunas trampas, indicando al grupo que se apartase un poco para desactivarlas y dejarles pasar. El interior del edificio estaba frío y polvoriento, pero después de una rápida inspección, todos fueron conscientes de que estaban solos y no había sorpresas más allá de unas telarañas de tamaño normal.
Así, acompañando a Yagra hasta su cuarto, ésta destapó una de las grandes losas de piedra del suelo, bajo la cual había un cofre incrustado. En su interior, revisando varios saquitos y pequeñas cajitas, Yagra extrajo una bolsa en la que abonó 300 monedas de oro que había acordado para salir de la ciudad al grupo. Sin embargo, Idris dijo que no era suficiente, y el pago debía ser el cofre... a lo que Yagra tranquila pero firmemente se negó, pues necesitaba esos recursos para reponerse del mazazo de convertirse en una paria en AguaProfunda a varios niveles. Cuando Idris comenzaba un intento de amenaza verbal, Chen le recordó que habían dado su palabra de cobrar el pago acordado, además de haber recibido un pago adicional, y si querían más dinero era el momento de negociar por nuevos tratos de los que Yagra, Kurgan y Chen habían tomado nota mientras Idris y Valam cabalgaban una araña "on fire". De nuevo con gesto adusto, la elfa aceptó escuchar las propuestas de Yagra con el resto.
La semiorca, demostrando cierto deseo de venganza, explicó que deseaba dar un golpe de efecto a la Red Negra, castigando uno de sus enclaves secretos en la ciudad, concretamente en el Distrito Sureño. Ya que la Red Negra había causado un profundo desaire a Yagra, ésta respondería con un mensaje contundente de una magnitud similar: destruir los archivos de dicho enclave... permitiendo a los aventureros apoderarse de cualesquiera riquezas que encontrasen dentro.

Según la semiorca, se trataba de un subterráneo donde se llevaban a cabo los archivos y contabilidad de los negocios relativos a la Puerta Sur y el trasiego de mercancías e información desde aquel punto hacia la ciudad y desde la misma. Así, los documentos y el dinero allí acumulados pertenecían a una reserva de datos importantes para la Red. Cuando el grupo preguntó por las defensas del lugar, Yagra los sorprendió comentando que la mejor defensa del mismo era el anonimato. Nadie sabía que aquello existía, así que las defensas reales, precisamente, no eran gran cosa. Sí que es cierto que funcionaba con una serie de protocolos, incluyendo una clave verbal (la de aquella semana era "Alas Negras", aunque no estaba segura de si con su situación la cosa habría cambiado). Para llegar al subterráneo, se accedía desde una casa justo en el extremo oeste de la Calle Carruaje, a través de su sótano. Allí, se comprobaba que quien accedía era miembro de la Red Negra gracias a su tatuaje -Yagra podía fabricar unos tatuajes temporales o permanentes a quien aceptase la misión, como comprobante de su pertenencia a los Zhentarim... ya que, oficialmente, eran una organización legal en la ciudad- y la clave de acceso, y una vez dentro no había gran cantidad de guardias. La mayoría era personal administrativo.

Como medidas defensivas, si el lugar era asaltado, la mayoría de sus defensores planteaban una defensa desde la casa de acceso, concentrando sus fuerzas allí y cerrando desde fuera el subterráneo, y si el lugar había quedado comprometido, existía un protocolo de evacuación a través de las alcantarillas, en el que se desalojaba escalonadamente con toda la documentación que se pudiese transportar desde el área más lejana a la más cercana a la salida de emergencia de todo el personal, y quien abandonaba el último activaba un sistema de seguridad que, después de un corto tiempo, volaba en pedazos todo el complejo, derrumbando todos los accesos hasta el mismo. Para el mecanismo, Yagra también poseía una clave de activación y desactivación, así como la ubicación del mismo y los planos de funcionamiento para inhabilitarlo momentánea o permanentemente, llegado el caso. Yagra deseaba que el grupo quemase los documentos para destruir la información acumulada en aquel punto, desestabilizando así parte de la red informativa y los datos relativos a actividades de los Zhents desde y hacia AguaProfunda, provocando el caos en el interior de la organización.
Y para ello ofrecía un pago de 600 monedas de oro... además de todo el tesoro que el grupo encontrase en su interior.
Solicitando a Yagra intimidad para evaluar la situación, Idris dejó claro que ni las intenciones ni las palabras de la semiorca le parecían correctas, y abogaba por abandonarla y volver a la ciudad, pues ya estaban bastante señalados. No deseaba exponerse más a causa de una venganza. Momentos antes, recriminaba a la semiorca que si tantas ganas tenía de vengarse, podía haberlo ella misma. La semiorca, sin embargo, comentó que en la situación en la que se encontraba hacía un par de días le era imposible hacerlo por sí misma, pues no disponía de infraestructura o dinero para contratar la ayuda de quien pudiese ayudarla. Lo primero era su vida. Después, el plan. De hecho, Yagra dijo a Idris que parecía mentira que la elfa, siendo un miembro activo del gremio criminal en la ciudad, no tuviese en cuenta que, para poder urdir un buen plan, lo más importante era estar vivo. Se notaba una profunda tensión entre ambas mujeres, que los compañeros tuvieron que apaciguar para tomar una decisión sobre la oferta de la semiorca.

Barajando opciones si aceptaban el plan, incluyendo el hecho de que, seguramente siendo conscientes de que la Red Negra sabía que Yagra conocía los protocolos de aquel lugar y podían haberlos cambiado, lo que hacía el asunto más complicado cuanto más tiempo dejasen pasar, el grupo pasó por exponer directamente los documentos a la Guardia en lugar de quemarlos, después de saquear las riquezas del lugar, o utilizar los explosivos para volarlo desde fuera al activar el protocolo de evacuación de emergencia... salvo que aquella variante les obligaba a excavar entre los escombros después de que una buena explosión señalase a todo el mundo la existencia de aquel sitio.
Otra de las posibilidades pasaba por, en lugar de quemar los documentos, llevárselos para utilizarlos en algún momento contra los Zhentarim. En ese momento, el grupo recordó que un par de jóvenes Zhayinos les debían un favor, y al parecer su organización y la Red Negra estaban en confrontación por negocios robados. Podrían solicitarles ayuda para entrar, negociando con que podían quedarse con los documentos que el grupo en principio iba a destruir, y así recibirían apoyo táctico en caso de problemas.
Cuando el grupo comentó aquello, tanto Idris como Chen recordaron que los Magos Rojos de Zhay eran una organización tiránica de un país que funcionaba por secciones sociales, cada una de las cuales era controlada por una facción de magos, dominando la región con puño de hierro. De hecho, además de negociar con artefactos mágicos, los Zhayinos utilizaban otra frecuente mercancía en su negocio: los esclavos. Después de compartir esos datos, al grupo le quedaba claro que, ganase quien ganase en aquel intercambio de poderes, la ciudad cambiaría un mal por otro. Sin embargo, no estaba de más hacer que esos dos grupos chocasen para obtener beneficios. Así, mientras la tarde pasaba planificando opciones -en las que Idris constantemente comentaba que su participación en el plan podría desmarcarse, pues no se fiaba de Yagra-, Chen y Valam se quedaron a solas en dicha tarea, cuando Idris se marchó a meditar sobre la situación y Kurgan fue a dormir, pues seguramente el día siguiente sería bastante movido, tanto en tomar una decisión en firme como regresar a la ciudad sin llamar la atención. Por su parte, Yagra comentó que, si había algo en la despensa para comer, podían utilizarlo, o bien hacer uso de las raciones adquiridas en el Distrito de los Muelles, y así al menos podrían comer algo para cenar o desayunar.

CONTINUARÁ

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