Descansando del castigo sufrido contra Rahadin en aquella noche, tomando aliento y recobrando parte de las energías,
los compañeros deben hacer frente al hecho de que X'ing apenas puede valerse por sí mismo, y Yoreil apenas se tiene en pie, además de que Ygrein, Panit e Ismark también han sufrido bastante castigo tras el último encuentro.
Durante el reconocimiento mágico de Panit, los siguientes 40 minutos son de reposo, intentando recobrar el aliento para enfrentarse al Mal Supremo de esta tierra maldita.
Pasando la investigación de los objetos que Rahadin poseía, los compañeros se percatan de que los objetos del mismo, a pesar de la maldad de su alma, podrían ser de utilidad para todos ellos.
Permitiendo la retirada de Ismark e Ygrein a un punto seguro en el que planificar una estrategia de grupo, Bukko, Panit, X'ing y Yoreil fueron conscientes de que podrían hacer una avanzadilla para batir el terreno y ver si sus evoluciones habían dejado en calma las criptas del castillo, generando menos peligro. Gracias a ello, el grupo fue consciente de un movimiento al norte del área donde se encontraba. El monje, de agudos sentidos, puso en alerta a Panit y sus aliados sobre una oleada de monstruosidades y elementos mágicos acechando al grupo, dispuestos a lanzarse sobre ellos.
Gracias a la puesta en aviso de X'ing, la mida liberó la salvaje energía del fuego sobre un numeroso grupo de garras reptantes que se acercaban en horda junto a un grupo de escobas voladoras, envolviendo en una explosión de llamas al nutrido grupo.
Cuando el fogonazo de llamas pasó, el área socarrada se encontraba limpia de enemigos. Por desgracia, el resto de monstruos, trozos de cuerpo no muertos y objetos animados continuó su avance implacable.
En efecto, manos arrancadas de muertos y escobas animadas se abalanzaron sobre el grupo apenas preparado para el choque, vapuleando a los aventureros sin piedad entre escobazos implacables y garras que arrancaban carne viva con avidez.
En ese momento, la arremetida veloz de X'ing y la fiereza solar de la Espada de Andral en manos de Bukko comenzaron a vaciar filas entre los seres atacantes, partiendo mangos de escoba y abrasando manos reptantes incansablemente.
Pero, con fuerza imparable, tras los objetos, una pequeña avanzadilla de soldados nomuertos de gran poder que robaban la vida con su mero contacto llegaron por fin ante los aventureros, momento en que uno de ellos intentaba absorber la energía a través del contacto de X'ing a la vez que intentaba ensartarlo con su vieja espada, pero el monje fue mucho más veloz apartando ataque tras ataque.
En ese instante, convocando la fuerza de la naturaleza a través de su brazo, Yoreil convocaba un poderoso bastonazo mágico para tratar de derribar -sin éxito- a una escurridiza escoba voladora. Por su parte, Panit liberó una oleada de fuego místico sobre sus adversarios, abrasando escobas y garras, pero no pudiendo rechazar el avance de los muertos vivientes.
Sin embargo, esa cólera ígnea no evitó que una nueva carga de escobas y garras diese buena cuenta a golpes y cortes de Panit, X'ing y Bukko, haciéndolos flaquear paso a paso.
En un cruce de golpes, espadazos y patadas, en esta ocasión en monje fue mucho menos eficaz en su impetuoso ataque, permitiendo a su adversario muerto viviente evitar y apartar impacto a impacto sin apenas molestias. Por su parte, la poderosa Espada de Andral termino por despedazar otra de las escobas para seguir caminando hacia adelante en busca de los muertos vivientes a los que el arma deseaba convertir en cenizas.
Una vez más, rechazando toques gélidos y espadas ancestrales a base de quiebros, desvíos o choques de metal y xion, los héroes eran capaces de contener el poder de la muerte de los tumularios.
Nuevamente, el intento de rechazar a los enemigos llevó a Yoreil a arrojar un estallido de fuego sobre el pecho del muerto viviente que intentaba acuchillar a X'ing, mientras tras él, al ver que estaba sufriendo un castigo importante, Panit levantaba una barrera protectora a modo de armadura para causar una mayor dificultad en sus enemigos a alcanzarla. Por su parte, las criaturas que cercaban al grupo no amainaban su presión, golpeando y desgarrando sin piedad, donde la maga, el monje y el paladín seguían sufriendo golpetazos sin descanso.
Harto de las arremetidas de los enemigos, X'ing afinó sus técnicas de lucha con la espada mágica que Ismark le había cedido amablemente, y en una tromba de patadas y cuchilladas, destrozó el mango de la escoba que apaleaba a Panit e incrustó de forma letal su espada en el rostro del tumulario, inutilizando a ambos enemigos.
Bukko, atravesando de lado a lado al tumulario que frenaba su avance, lo hizo estallar en llamas blancas, devorado por la Espada de Andral. Apartado su obstáculo, avanzó con decisión y cólera hasta su siguiente adversario.
Cruzando armas con el tumulario al que se había acercado, impidiendo a éste causarle mal alguno, permitió por su parte que Yoreil lo flanquease en apoyo, aplastando con pasión a una de las escobas que se encontraba cerca suyo, intentando inutilizarla.
Harta del asalto continuado de la pequeña bestia desmembrada nomuerta ante sí, Panit barrió con una furiosa andanada de proyectiles de energía al monstruo, convirtiéndolo en pedazos sin despeinarse.
Aprovechando la ausencia de enemigos cercanos, Panit optó por una retirada estratégica para alejarse de enemigos que la vapuleasen sin descanso. Así, cuando de nuevo revolotearon las escobas mágicas, éstas sólo se estrellaron dolorosamente en la osamenta de X'ing, pues en esta ocasión Bukko logró rechazar los bastonazos en su armadura. Cuando X'ing trató de entablar una encarnizada lucha de espada contra escoba, el objeto mágico en esta ocasión demostró ser un diestro espadachín, apartando cada lance sin dificultad.
Cambiando la estrategia al ver el número de adversarios disminuir, Bukko castigó duramente al muerto viviente ante él que casi se iluminó en su interior al ser asaeteado por el Xion blanco llameante, echando humo por la boca mientras chillaba de sufrimiento. Por su parte, Yoreil, convocando el poder de la naturaleza sobre su bastón, partió en dos de una vez a la insidiosa escoba encantada, acercándose a Bukko para ofrecer su apoyo táctico.
Calmando un poco los nervios por tan continuado castigo, agotada la maga mida, liberó una andanada de proyectiles de fuego sobre la escoba que no dejaba descanso al monje, haciéndola estallar en una hebra de llamas hasta caer al suelo en cenizas.
Con un único enser mágico desbocado en la batalla, la pieza animada sólo pudo golpear inútilmente la espalda de Bukko, quien dejaba que impactase en las áreas más protegidas para no perder de vista al no muerto ante él. Y mientras el artefacto se ensañaba, el monje aprovechaba la oportunidad para despedazarlo desde otro ángulo a espadazos y puñetazos, hasta que sólo trozos inertes llenaron el suelo. Acto seguido, buscó un ángulo de lucha para favorecer al paladín contra su último adversario.
Por fin, la cólera divina encarnada volvió a dar un poderoso lance sobre el muerto viviente que aún se debatía en el combate, incrustando profundamente la gloriosa espada en su pecho, haciéndolo estallar en llamas blancas y cenizas, para regocijo de la propia espada sintiente.
Deshechos por este segundo encontronazo apenas terminada la anterior trifulca con Rahadin, recurrieron a pócimas curativas y las benditas manos sanadoras de Bukko, así como a las plegarias naturales de Yoreil para recuperar algo de su salud.
Pero Strahd no se iba a dar por vencido con molestos invitados, más aún sabiendo de la presencia del Espada del Sol, una amenaza que no iba a tolerar demasiado tiempo.
Sin embargo, Strahd era consciente de que parte de la fuerza del Espada del Sol radicaba en sus aliados, y mermar la fuerza de los mismos sería sencillo, utilizando el poder que su extraña transformación derivada del Ritual fallido le concedía, para debilitar el número del paladín. Así, apareciendo en las tinieblas como espectro inmaterial, y sólo a la vista de Yoreil, convocó a los Poderes Oscuros para robar la energía de la naturaleza del alma del druida. Sin embargo, la voluntad del mismo pareció rivalizar con el poder del Vampiro Definitivo, y con un gruñido el servidor de la naturaleza se resistió a las artes oscuras del monstruo, quien se retiró a las tinieblas una vez más.
Preocupados por lo sucedido al ver el extraño comportamiento de Yoreil, los aventureros le preguntaron por lo sucedido, y mientras el druida explicaba lo que había pasado, la voz de Strahd se manifestó desde todas partes y ninguna. Se jactaba de su poder y que sólo estaba jugando con ellos, pero les ofrecía tesoros sin parangón si se sometían a su voluntad. A Yoreil le ofrecía la mitad de su reino. A X'ing le otorgaría conocimientos prohibidos de los Peregrinos, y a Bukko le ofrecía una tregua para replantearse su relación. Pero los compañeros rechazaban sus halagos y ofertas con desprecio o desdén, mientras lo instaban a salir a la luz y combatir como un caballero, en vez de huir como un cobarde.
Dicho y hecho, en una artera maniobra de subterfugio, Strahd apareció desde una pared ante X'ing. Aunque éste y Yoreil fueron conscientes de la maniobra, la inhumana velocidad de Strahd los tomó por sorpresa cuando éste, aferrando por el pecho con fuerza titánica al monje, lo sujetó con presa de hierro. Sus dientes perforaron su cuello, y lo drenaron peligrosamente de sangre hasta casi la muerte. En una furiosa reacción, Yoreil no fue consciente de que liberaba una descarga de energía eléctrica explosiva desde una tormenta sobrenatural que convocó en todo el área... pero dicho ataque fue más una fatalidad que una ventaja, pues no calculó bien el área de su poder, sacudiendo al moribundo con la fuerza de su magia igual que al monstruo que lo sostenía y que gruñó entre furioso y divertido. Strahd, sin liberar su presa, vació de sangre los restos de X'ing y lo arrojó sobre el suelo, muerto, marchando en un segundo después igual que había llegado... como un fantasma.
Horrorizados, los aventureros intentaron atacar al monstruo, pero al ver que había huido con la velocidad del viento, sólo pudieron atender al cadáver. Rezando por evitar la partida de su alma, Bukko logró retornar ésta a su cuerpo, sanandolo en brevedad, a la vez que Yoreil rezaba a la naturaleza por la curación del hombrecillo que parpadeaba confuso, mirando aquí y allá sin saber qué había ocurrido.
La situación ya suponía demasiado peligro, viendo como jugaba con ellos al gato y al ratón Strahd... cuya risa levantaba ecos entre las criptas.
Rezando al corazón de la espada, entre los truenos de la tormenta de Yoreil estalló un corazón de luz solar desde la misma hoja de Xion, iluminando alrededor de los aventureros, en cuyo resplandor buscaron cobijo mientras pensaban sus opciones.
Y las opciones, en efecto, pasaban por abrirse paso hacia el exterior, antes de que el monstruo los convirtiese en su próximo festín, buscando un muro que debilitar -a sabiendas que conocían la estructura, en líneas generales, del castillo, según los conocimientos adquiridos en el Templo de Xion de Erekar en las Montañas Ghakis-. Así, eligiendo avanzar por una ruta pegada al muro este de las catacumbas, cerca del exterior, tratarían de llegar a un área de la pared lo bastante fina como para que la magia obrase su poder, abriendo una vía de escape.
Pero, por supuesto, Strahd no sería tan benevolente como para dejar escapar ahora a sus juguetes en sus momentos de diversión.
Con ello, una vez más su presencia fue indetectable, surgiendo de las mismas rocas del suelo tras la indefensa Panit, a la que pretendía envolver con un conjuro asfixiante que la convertiría en la próxima posible víctima.
¡Pero no había contado con la dorada luz solar que envolvía la Espada de Andral, su némesis! Con un siseo, humo y quemaduras brotaron de su piel, causándole un terrible sufrimiento y un chillido de dolor, que alertó al grupo de su presencia, aunque no con demasiada premura.
Pero no por ello su plan se quedaría atrás. Hablando en el lenguaje ancestral de la magia, envolvió a la peligrosa maga en una bruma mental que la ahogaría en sus propios temores, causándole una angustia en el alma que, llegado el momento, la llevaría a la muerte. Mientras una niebla asesina envolvía el cuello de la maga, el propio Strahd volvía a desvanecerse en la nada. ¡Por todos los diablos, sucia rata traicionera! Era ya una espina en el costado difícil de extraer. Atendiendo a Panit, mientras esta tosía y se asfixiaba con sus propios demonios interiores, de pronto, la presencia de Bukko, Paladín de la Libertad, empezó a alejar de la mida los miedos que la atenazaban, causando que la magia sólo hubiese sido un mal pasajero. Con unas suaves palmadas en la espalda, el paladín reconfortó a la maga, pues debían seguir adelante, bordeando el muro interior más al este de las criptas.
A toda prisa, con un plan bien cuadrado en la cabeza, los aliados buscaron el lugar apropiado en el muro para poder abrirlo mágicamente y escapar de allí... ...cosa que Strahd en absoluto permitiría. Se estaba divirtiendo demasiado.
De nuevo, las tinieblas que cubrían las criptas soltaron su lazo del cuerpo del vampiro, y éste surgió a toda velocidad, canturreando un conjuro que muy bien reconocía Panit, pero que no tuvo el suficiente tiempo de poder contrarrestarlo, hasta que un violento estallido de fuego infernal envolvió a todos los aventureros.
Aunque la veloz agilidad sobrenatural de X'ing lo apartaron del camino del fuego, y Bukko junto a Yoreil rodaron sobre sí mismos para evitar el peor castigo de las llamas mágicas, no así Panit, que irónicamente fue castigada con dureza por su conjuro preferido en los primeros momentos de su aprendizaje avanzado, envolviéndola en las tinieblas de los moribundos. Sin poder evitar más que apartarse de la furia del fuego, los aventureros no fueron capaces de percibir como Strahd una vez más se envolvía en tinieblas y desaparecía entre las piedras de su castillo, entre carcajadas burlonas.
¡Por todos los dioses...! ¡Los aventureros habían perdido a su baza mágica para abrirse camino hacia la huida! Pero no todo estaba aún perdido. Yoreil una vez más buscó en su fe por la naturaleza, envolviendo a Panit en un bálsamo curativo que la despertó sobresaltada, apartándola de la muerte. La mida, confundida y luego asustada en su apresuramiento, se incorporó, pues había trabajo mágico que hacer.
Con prontitud, la mida, escudada por sus compañeros, se concentró en la ancestral piedra de la fortaleza del Peregrino, enarbolando sus recién adquiridos poderes en el Templo de Xion de Erekar. Con ellos, en su mente dibujó una puerta de piedra con bisagras, y ésta se manifestó poco a poco, moldeándose de la mismísima roca de la fortaleza.
Sobresaltados por el poderoso efecto, los compañeros se apresuraron a abrirla, salir escoltando a la maga, y verse azotados por el frío del acantilado envuelto en la noche húmeda de tormenta en plena montaña que formaba los cimientos del castillo. Allí, Panit extrajo de entre sus ropajes un extraño objeto con forma de moneda con una pluma grabada, y la arrojó al aire.
Con un estallido multicolor, un chillido descomunal de ave de presa desgarró el aire, y un águila titánica aleteó, esperando instrucciones a pocos centímetros de la cornisa.
¡¿A dónde?! chillaba la voz de Panit en el exterior, apagada por la tormenta mágica que aún rugía en el interior de las criptas. ¡Hemos de reagruparnos en la aldea de Uarowia! gritaba Bukko. ¡Tenemos que recuperar las fuerzas y planear un asalto más elaborado, contando con otros factores! ¡Entiendo que eso entonces nos llevará hasta Uarowia! gritaba X'ing. ¡Es el sitio más cercano para hacerlo, y hay un Templo de Andral allí! ¡Y ¿a qué estamos esperando?! alzó la voz Yoreil. ¡Cabalguemos ese trueno hasta el suelo, y volvamos aquí con fuerzas renovadas para acabar con esa monstruosidad!
Corriendo hacia el ave, saltaron sobre su agitado lomo sin miramientos, recordando que el resto de sus compañeros... Ezmerelda, Katy, Ismark, Ygrein, Zhia... y el pobre bobalicón Parry... deberían buscar un camino alternativo para huir, ya que los cuatro fugitivos ahora se habían convertido en el foco de la Furia de Strahd.
Y así, descendiendo como un ascua del sol en la noche por la ladera de la pronunciada montaña a lomos de un gigantesco ave de presa, los aventureros miraban hacia el castillo, dejando atrás momentáneamente una crisis que no sabían muy bien cómo enfocar, pues Strahd había demostrado que su poder en su sanctum era absoluto, muy difícil de confrontar si no era a plena luz del día. Acercándose lentamente, Uarowia se vislumbraba en las tinieblas de la noche como un lugar envuelto en bruma en el que ahora se adivinaban pequeñas luces como estrellas bajo un cielo repleto de nubes.
Allí, con suerte, habrían huido Savid y Viktor, esperando volver a verse con el resto de los aventureros. O quizá, en caso contrario, no esperarían su regreso pero podrían organizar una resistencia, movilizando mensajeros para reunirse con las fuerzas de Krezk, los Martikov, los elfos Crepusculares, e incluso el propio Rictavio.
Y, en la distancia, quizá... sólo quizá... reconocieron la silueta de Strahd sobre el acantilado, cuya mirada era una promesa de sufrimiento y fuerte lenta. Un festín para el Vampiro que una vez fue un Peregrino.
CONTINUARÁ
CONSUMO DE RECURSOS DEL DÍA EN COMBATE
TIEMPO HASTA CONJUNCIÓN >>11 Días 6 Horas + 24 Horas<<
DESCANSO CORTO (Dados de Golpe Usados)
X'ing 8D Gastados
Panit 5D Gastados Recuperación Arcana 5-3 Quedan 2 Slots
Yoreil 7D Gastados Recuperación Natural 6-3 Quedan 3 Slots
DAÑOS
Bukko PG 80 de 120 // (4N1xx - 3N2 - 2N3x) CONJUROS // CARGAS -1 Carga Amuleto Córvido // -45PG Imposición de Manos
Panit PG 7 de 46(43) (3 de los cuales son Necróticos Vampíricos, afectando a los PG Generales) // (4N1xxx - 3N2x - 3N3x - 2N4x) CONJUROS
Ygrein PG 49 de 60 // (4N1 - 3N2x - 3N3x - 2N4x) CONJUROS // PODERES -1 Ataque extra Dekaeler
Yoreil PG 19/44 // (4N1x - 3N2xx - 3N3x - 1N4x) CONJUROS
Ismark PG 26 de 62 // (-1 Flecha cargada de Magia) // -1 Flecha // (4N1x - 3N2) CONJUROS




















































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