Por su parte, Katy consigue herir de muerte a un segundo lobo, mientras Akon lanza su magia sin efectividad contra los animales. Por su parte, Panit sólo espera el momento oportuno en que la enorme manada está reunida y cerca del carromato protegido, en su avance...
para lanzar una tenebrosa bola de fuego rojo como la sangre, dejando humeantes gotas tras su paso por el suelo, hasta alcanzar a la inmensa manada. Así, de un plumazo, 12 lobos eran condenados a la muerte más atroz y dolorosa, humeante y agónica, mientras que el líder de la manada sufría un daño terrible pero seguía con ganas de pelea, y sus dos enormes secuaces Beta se apartaban de la mayor parte del daño y lo observaban, esperando las órdenes que éste les indicaría de renovar el ataque a pesar de las pérdidas.
Por el rabillo del ojo, durante un momento, los rostros de los lobos parecen oscurecerse, y los ojos brillan con una rojiza malevolencia, como si algo los azuzase desde dentro, una presencia maligna.
En el intercambio de ladridos, Bukko aprovechó para lanzarse sobre el líder, hiriéndole el pecho y la cabeza con terribles golpes que causaban abrasiones en la piel de la criatura. Katy, al ver la situación, decidió tomar represalias por eventos pasados de otros licántropos, y se acercó por un costado, abriendo en canal al ser y destrozando su caja torácica. La criatura, al caer derrotada, adoptó la forma de un humano... un bárbaro similar a los feriantes de Helena, aunque desnudo. Por su parte, al caer su líder, los lobos parecieron intimidados, aunque en el fondo renovaron su ataque en venganza, saltando sobre Katy y Bukko. El paladín recibió un severo mordisco, aunque Katy esquivaba con soltura los ataques de los monstruosos cánidos, acuchillando a su enemigo. Por su parte, mientras Akon continuaba su andanada inútil de conjuros, Panit intentó sin éxito un conjuro de sueño manifestado como una bruma que emitía una nana aterradora, alrededor de atacantes y atacados.
Cuando Bukko aplastó el cráneo del gigantesco lobo que lo acosaba, hundiéndolo en el torso, se dirigió a apoyar a su amiga, quien se debatía apartándose de su adversario, el cual aún seguía buscando pelea. Éste, al ver movimiento por el rabillo del ojo, atacó con un mordisco doloroso a Bukko, y cuando su guardia se abrió, Katy continuó ensañándose en el cuerpo del monstruo, hasta que Bukko lo estrelló contra el carromato de un letal último golpe.
Comprobando que todos, salvo Bukko, estaban ilesos, éste sanó sus heridas (a través de un extraño efecto escarificante que resplandeció como el brillo del sol), echaron un vistazo al torreón lateral de las puertas amuralladas, en cuyo interior un magnífico y abrumador mecanismo Peregrino se mostró en todo su decadente y olvidado esplendor a los ojos de Akon y Panit.
Sin embargo, el grupo decidió limpiarse mágicamente los restos de los animales derrotados (tras percatarse de que en el hombro del licántropo había un tatuaje con un aspecto similar al escudo de armas Peregrino que hallaron en la biblioteca de Lady Ethelia) y continuó su marcha, no sin antes hallar un pequeño monedero hecho de piel fresca despellejada y un tendón húmedo como lazo de nudo colgado de un árbol.
Cuando alcanzaron un área del bosque que se abría, descubrieron un paisaje imponente más allá, tras la loma que se disponían a descender: montañas, valles, una llanura con un pequeño pueblo, un enorme lago lejano, y un gran picacho en cuya cúspide se asentaba la más imponente construcción en forma de castillo que habían encontrado en mucho tiempo... con todo el recuerdo a una olvidada estructura de los Peregrinos... todo ello acompañado de una mortecina luz diurna entre pesadas nubes y una ominosa niebla que ocultaba los paisajes de más allá.
Sin perder el tiempo, los compañeros siguieron el camino bajando la loma en dirección a la villa, más allá de la cual cruzaba un río.
Al acercarse a la misma, los aventureros percibieron sus estructuras de madera (algunas con algo de ladrillo y argamasa) como construcciones y arquitectura tan antiguas que ya no se encontraban en el mundo. Parecía que este lugar estaba olvidado de la mano del tiempo. El silencio y la bruma abrazaban la villa en aparente estado de abandono, de no ser por el lastimero ladrido lejano de un perro, el inquietante graznar de algún cuervo oculto, y el sollozo lejano y triste de una mujer.
Avanzando entre estructuras, de las cuales quizá sólo la cuarta parte parecía habitada, por el humo de las chimeneas, sólo tres construcciones parecían más llamativas: al noroeste, un edificio grande con un murete de roca tras él, oculto su interior por una densa bruma; un gran edificio central; y una estructura más alta y maciza al sur.
Avanzando entre estructuras, de las cuales quizá sólo la cuarta parte parecía habitada, por el humo de las chimeneas, sólo tres construcciones parecían más llamativas: al noroeste, un edificio grande con un murete de roca tras él, oculto su interior por una densa bruma; un gran edificio central; y una estructura más alta y maciza al sur.
Mientras los viajeros continuaban por una calle principal que recorría el pueblo hacia el oeste, viendo como en muy pocas ventanas se veía algún rostro mirar al exterior, para desaparecer y cerrar las contraventanas tras él, Bukko, extrañado, se dejó guiar por el poder de Ahuraz (un poder que sentía con una triste presencia aquí), el cual se manifestó como una silueta élfica Bastarre fantasmal superpuesta a él, de la cual surgían al menos doce brazos señalando en diversas direcciones. Panit, asombrada, creyó ver una posesión sobre Bukko, y sólo la rápida mano de Katy retuvo su intento de exorcizarlo, alegando la mujer que ya había visto aquel estado, aunque no ese efecto. Por su parte, Akon percibió una confluencia poderosa de interferencias planarias que estaba provocando efectos de lo más caprichoso e imprevisto.
De pronto, Bukko abrió los ojos con ira, diciendo "no muertos... este lugar está infestado". Bajando del carro, se dirigió a una casa de las de aspecto más abandonado, y mirando a Katy, señaló con un gesto la atrofiada cerradura. Tras ella, Akon y Panit se situaron en retaguardia. Katy usó una rápida técnica para forzar en silencio la pestaña de la cerradura, y abrió despacio la puerta del edificio ruinoso y ajado por el tiempo. En ese momento, la oscuridad del interior vomitó un hedor a muerte y podredumbre hacia el rostro de Bukko, justo cuando a su espalda Panit, en el lenguaje de la magia, iluminó su bastón con una mortecina luz blanca color tiza, que se derramó por el abandonado interior de muebles desparramados y descompuestos. Allí, en una esquina, una silueta tambaleante miraba la pared, pero al recibir luz, se giró hacia la puerta, mostrando medio rostro y un hombro destrozados por una vieja herida de animal depredador, cuya carne podrida salía a la superficie. ¡Un zombi! Cuando la criatura se giró y avanzó a pasos tambaleantes y gimiendo hacia la puerta, Akon cogió el picaporte y se la cerró en las narices. Así, tras la misma la criatura empezó a aporrear y gemir, pronto acompañada de dos gemidos más que aporreaban y empezaban a tirar de la puerta, arrastrando al brujo.
Por su parte, Bukko ojeaba a su alrededor, viendo como desde una ventana, una persona observaba la situación y se escondía al ser descubierta, pero antes de ir hacia allá y hablar con ella, se da cuenta de que la puerta de la casa infestada está siendo forzada desde dentro, y vuelve a ayudar a sus amigos. Akon, por su parte, como ve que están arrastrándolo al oponer resistencia, suelta la puerta, y los zombis que tiraban caen al suelo. Aprovechando la oportunidad, Bukko y Katy cargan sobre las criaturas,
golpeando a diestro y siniestro, tratando de aplastarlas y despedazarlas, acompañadas por la magia de fuerza de Akon que, curiosamente, no se ve afectada por las peculiaridades del entorno. Así, Bukko desparrama los sesos de una criatura contra la pared (no sin antes recibir un puñetazo que le saltó dos empastes, del que se tuvo que curar más tarde -CURA SANA CURA SANA-), mientras Katy decapita a una segunda criatura, y Panit hace estallar en llamas oscuras el cráneo de la tercera.
Preocupado por la situación (y de nuevo limpiándose mágicamente), Bukko decide abordar a la persona de la casa, la cual no le abre la puerta y le dice que no quiere problemas, que la villa está asolada por el mal y que la única forma de protegerse es no abrir las puertas de los domicilios durante el día. Al ser consultado por las autoridades y si conocen el problema, el pueblerino dice que COLYAN INDIROVIC, el Burgomaestre (¡¡ALERTA RECORDATORIO SESIÓN ANTERIOR CARTA DEL ANTEPASADO LORDEL!!) ha lidiado con el problema en la medida de lo posible pero lleva días sin dar señales de presencia por algún motivo, y quizá la mejor forma de localizarlo es a través del borracho de su hijo, que siempre está en la posada de la plaza central de la aldea.
Dando las gracias, el grupo continúa el camino hasta la plaza central, desde donde puede verse la posada (LA SANGRE DEL VINO), cuya cálida luz desde la entrada bajo el cartel viejo en el que se indica el nombre de la misma es como un oasis de vida en la penumbra del lugar, así como un edificio en el lado opuesto de la calle a la posada, cerrado a cal y canto en buen estado, llamado MERCADERÍAS BILDRAT, que se asemeja a una tienda o almacén de bienes y útiles de todo tipo.
Preocupado por la situación (y de nuevo limpiándose mágicamente), Bukko decide abordar a la persona de la casa, la cual no le abre la puerta y le dice que no quiere problemas, que la villa está asolada por el mal y que la única forma de protegerse es no abrir las puertas de los domicilios durante el día. Al ser consultado por las autoridades y si conocen el problema, el pueblerino dice que COLYAN INDIROVIC, el Burgomaestre (¡¡ALERTA RECORDATORIO SESIÓN ANTERIOR CARTA DEL ANTEPASADO LORDEL!!) ha lidiado con el problema en la medida de lo posible pero lleva días sin dar señales de presencia por algún motivo, y quizá la mejor forma de localizarlo es a través del borracho de su hijo, que siempre está en la posada de la plaza central de la aldea.
Dando las gracias, el grupo continúa el camino hasta la plaza central, desde donde puede verse la posada (LA SANGRE DEL VINO), cuya cálida luz desde la entrada bajo el cartel viejo en el que se indica el nombre de la misma es como un oasis de vida en la penumbra del lugar, así como un edificio en el lado opuesto de la calle a la posada, cerrado a cal y canto en buen estado, llamado MERCADERÍAS BILDRAT, que se asemeja a una tienda o almacén de bienes y útiles de todo tipo.
No obstante, Katy es atraída por el sollozo más presente en las cercanías, desde una calle al sur de la plaza central, a través de la cual en la distancia se ve el edificio más alto y sólido que se percibió al acercarse. Sin embargo, no es ese el lugar de donde proviene el sonido, sino de una casa a unos metros de la plaza, en el lado izquierdo de la calle, de dos plantas, cuya puerta y contraventanas están todas cerradas. Cuando Bukko utiliza su poder para percibir el mal, de pronto la casa parece cernirse sobre él como un rostro malévolo, cuyas ventanas superiores se asemejan a dos ojos como ascuas rojas encendidas.
Colocando el carruaje junto a la entrada, Katy trepa ágilmente y abre una de las ventanas superiores, entrando en lo que parece un cuarto de niña bien organizado pero abandonado, a oscuras, y a través de cuya puerta entreabierta se ve el brillo parpadeante de lo que parece el fuego de una chimenea. Pero no es eso lo que hace que salte de vuelta por la ventana a brazos de Bukko, sino una silueta en la oscuridad, sentada en una silla, que se mece en silencio mirando en su dirección, de la que sólo los ojos vidriosos se adivinan.
Bukko, preocupado, deja a una sobresaltada Katy sobre el techo del carruaje y sube con ímpetu hasta el cuarto, seguido con soltura por Panit. Cuando entran en el cuarto y Panit lo ilumina, la silueta es una sollozante mujer abrazando un viejo peluche estropeado. Bukko, apiadándose de ella, se acerca y la abraza, hablándole. Al parecer, la mujer es conocida como La Loca, aunque su nombre es Mary, y ha perdido hace una semana a su hija Gertrud, a la cual ha mantenido a salvo del mal del mundo siempre en su casa, impidiéndole salir para que no sufriese, pero ahora ha desaparecido, y se teme lo peor. Bukko se compromete a encontrar a su hija, viva o muerta, y traerla a ella o sus restos a la casa, a lo que la mujer le entrega la muñeca a Bukko para que se la de y le recuerde el amor de una madre por su hija. Sin embargo, cuando la mujer ve el rostro de Bukko, queda tan impactada que sacude la cabeza, y murmurando algo sobre "la falta de descanso ha hecho mella en mí", se aleja y sale en silencio del cuarto.
Bukko, preocupado, deja a una sobresaltada Katy sobre el techo del carruaje y sube con ímpetu hasta el cuarto, seguido con soltura por Panit. Cuando entran en el cuarto y Panit lo ilumina, la silueta es una sollozante mujer abrazando un viejo peluche estropeado. Bukko, apiadándose de ella, se acerca y la abraza, hablándole. Al parecer, la mujer es conocida como La Loca, aunque su nombre es Mary, y ha perdido hace una semana a su hija Gertrud, a la cual ha mantenido a salvo del mal del mundo siempre en su casa, impidiéndole salir para que no sufriese, pero ahora ha desaparecido, y se teme lo peor. Bukko se compromete a encontrar a su hija, viva o muerta, y traerla a ella o sus restos a la casa, a lo que la mujer le entrega la muñeca a Bukko para que se la de y le recuerde el amor de una madre por su hija. Sin embargo, cuando la mujer ve el rostro de Bukko, queda tan impactada que sacude la cabeza, y murmurando algo sobre "la falta de descanso ha hecho mella en mí", se aleja y sale en silencio del cuarto.
Sin más que hacer allí, los viajeros se dirigen a la posada, y al abrirla, se encuentran con un paisaje variopinto en una construcción francamente pasada de moda, como todo en esta villa:
Tres lugareños que beben en silencio y se giran hacia la puerta, tres bárbaros que charlan animadamente y detienen su conversación para mirar en su dirección, y un aburrido posadero que limpia vasos tras una barra... todos humanos. Y, aquellos que miran en dirección a la puerta, quedan asombrados y boquiabiertos al ver a Bukko y a Panit.






















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