lunes, 8 de abril de 2019

Conan D20 - HACERSE UN HOMBRE - Expedición - Sesión 3



A pesar del sobresalto y el terror desatado por los monstruos en el interior de las ruinas secretas abandonadas, Li Po tragó saliva y, calculando distancia, arrojó un frasco de aceite de su mochila, que se estrelló en el primer monstruo y empapó en el estallido a los dos monstruos (sí, un total de 3, pues el tercero salía de las sombras, levantándose del suelo torpemente al descubrir a los invasores) que estaban junto al que se había estrellado el frasco.

Sorprendido por un movimiento a su lado, Tiberio vio como Ramma agarró su antorcha de la mano y la lanzó contra las criaturas, tan certera que se incrustó en la boca abierta en una mueca estúpida del primer muerto revivido, provocando que, además del impacto que causó un feo chasquido en la mandíbula y el cuello, una explosión de llamas envolviese tanto al alcanzado como a sus acompañantes, convirtiendo a la comitiva en una parodia fantasmagórica de tufo a carroña quemada.

Animado, a pesar de su miedo, por las llamas provocadas, Durkan decide probar suerte, cargando una roca en una honda, y lanza un disparo hacia las criaturas, con una puntería espantosa que hace a la piedra chocar entre las paredes del interior, pasando inofensiva junto a los seres.

Entonces, con un grito de batalla en honor a Mitra, Tiberio cargó contra el muerto viviente más cercano (que tenía la antorcha incrustada en su boca desencajada), gritando "¡Os enviaré de vuelta al Aralu del que habéis sido vomitados, monstruos!", alcanzándole en su carrera con su escudo alzado en el pecho, hundiéndolo con un crujido húmedo, al tiempo que descargaba su hacha en uno de los hombros del monstruo, desgarrando y cortando parte de la extremidad, dejando fluir el aceite ardiente hacia el interior de la cavidad torácica, creando un efecto lumínico espectral en el interior del cuerpo. Las llamas, más extendidas, también pudieron revelar las deshilachadas prendas de ropa ornamentales que ahora revelaban motivos serpentinos y escrituras incomprensible de lo que parecían adoradores menores de... supuestamente... uno de los hijos animales-serpiente de Jhebbal Sag. Con el devastador impacto del hacha, Tiberio hace caer al primer enemigo ante su arrolladora fuerza y decisión.

Observando la situación, Ramma evalua sus posibilidades, y no prefiriendo entorpecer el combate de Tiberio, desenfunda dos dagas y las arroja hacia uno de los dos nomuertos que quedan en pie, con tan mala fortuna que una rebota contra el hombro de Tiberio que sostiene el escudo, haciendo que éste mire momentáneamente por encima del hombro, sorprendido y molesto, mientras que la otra daga se entierra profundamente en el abdomen de uno de los monstruos llameantes ante Tiberio, con un sonido succionado, dejando escapar un chorro de légamo negro y una bocanada de llama del interior de su tórax, al tiempo que las llamas parecen haberse vuelto famélicas por devorar la carne de las criaturas.

Los sacos de carne tambaleante avanzan hacia Tiberio, y mientras uno de los dos estrella un puño inútil contra el escudo de Tiberio, rompiéndose los nudillos podridos contra él (haciendo que mire con rostro estúpido su mano destrozada), el otro le ataca con una espada oxidada y rota, la cual también golpea sin éxito el escudo del Soldado, saltando por los aires un trozo de espada, entrechocando contra el suelo con un tintineo.

Preocupado por lo que está sucediendo, Li Po hace funcionar su mente a toda velocidad, y con los ojos desorbitados, se conciencia con horror de lo que está sucediendo: cuando se colocó el sello serpentino en el cierre de la puerta secreta, deberían haberse pronunciado unos sonidos de salvo conducto -como inteligentemente indicó Li Po a Ramma-, pero al no hacerlo, la magia que protegía este lugar antiguo se activó, poniendo en marcha todas sus defensas sobrenaturales, lo que incluía la reanimación de cadáveres guardianes, así como la bocanada de brujería que Li Po percibió al abrirse la puerta secreta, y todo lo que el grupo pudiese encontrar más adelante cuyo origen sea la brujería.
Desgraciadamente, todo el engranaje sobrenatural que había activado las protecciones del complejo ahora sería imposible de detener sin las palabras y rituales apropiados, y mucho menos porque, de seguro, estas defensas estarían preparadas para rechazar a cualquier incursor una vez activadas, hasta seguir su curso hacia su conclusión.
Apretando los dientes con temor, emite los sonidos guturales propios de su Maldición, sacando un papiro largo y estrecho lleno de glifos de hechicería, el cual, envuelto en sombras, vuela hacia el muerto viviente que está encarado con Tiberio. Éste observa el prodigio con asombro, aunque Li Po se percata de que su brujería no tiene el efecto deseado, cuando el papiro sobrenatural, al intentar envolver al zombi en llamas, es barrido por el fuego y convertido en cenizas en el aire, rechazado por la voluntad mecánica del monstruo, quedando éste indemne de la magia.
"Padre Oscuro... Yogag de las Estrellas Nocturnas... no me abandones en estos momentos de necesidad...", murmura Li Po, pensando que el temor en su mente provocado por estas criaturas está haciendo que su poder vacile.

Al ver que aquel papiro arcano no parece haber ejercido ningún efecto sobre el nomuerto en llamas, Tiberio se acerca con su escudo alzado hacia el zombi más cercano, y por encima del mismo, traza un arco con su hacha y le corta un tercio del cráneo, haciendo que un ojo caiga al suelo y burbujee por las llamas. La criatura parece realmente maltrecha, aunque todavía hay brujería en su ser para manipular sus actos.

Por su parte, Durkan arroja otra roca a los muertos vivientes, golpeando con la piedra el interior del escudo de Tiberio, haciendo que el soldado lo mire con cierta inquina al decir el arqueólogo picto "¡Aparta el escudo para que pueda alcanzarlos!". Tiberio resopla con desdén y cólera.

Gracias a las llamas devoradoras, el nomuerto frente a Tiberio intenta alcanzarlo con su mano rota, aunque ésta termina por deshacerse por el fuego, y el resto de las llamas devastan a la criatura, haciendo que se derrumbe en el suelo entre gemidos, a causa del daño causado por el soldado y el fuego.

En ese momento, Ramma aprovecha la oportunidad en que sólo queda una criatura en pie y, corriendo, pasa entre ella y Tiberio -mientras vocifera "¡Tiberio, aparta!"- con un prodigioso salto que permite superar al ladrón las llamas de las criaturas derrotadas sobre las que vuela con su maniobra, para después rodear al enemigo que se revuelve con un gorgoteo, acuchillándolo por la espalda, aunque el daño que causa no es excesivo a pesar de atravesar sus pulmones, habida cuenta que la carne que cortan sus dagas ya no cumple su función normal. Aunque Ramma está seguro de que sus golpes podrían haber agachado a cualquier persona, resopla frustrado al ver que apenas producen rasguños de los que cae légamo oscuro humeante.

El ataque provocado por el Himelio hace que el ser le preste atención momentáneamente, el tiempo suficiente como para que, con un reflejo sobrenatural, la oxidada hoja del monstruo atraviese las defensas de Ramma y muerda su carne, haciendo sangrar al aventurero pierna abajo con un corte en el vientre. A pesar de la herida, Ramma lo desprecia con un insulto, y el zombi le devuelve el "cumplido" con un gemido de incomprensión, envuelto en fuego.

Iluminado el pasillo por las llamas, representando una danza de muerte entre la criatura aún en pie y el Himelio y el Aquilonio moviéndose para evitar sus avances, Li Po aprovecha para intentar derribar a la criatura arrojando un hacha que, lejos de alcanzar su objetivo, muerde las llamas en su avance, y su trayectoria pasa entre el monstruo, Ramma y Tiberio sin causar ningún perjuicio, cayendo más allá al suelo, tras golpear una columna.

Cuando la criatura se ve desconcertada y sobrepasada en número, Tiberio aprovecha para lanzar un cruel tajo, aunque las llamas y el calor confunden la precisión de la mano del soldado, y la hoja afilada sólo silba por el aire sin encontrar a un enemigo. Sin embargo, enfurecido, el Aquilonio avanza con su escudo en alto, y de un golpe contundente, deja caer el pico inferior del mismo contra un hombro de la criatura en llamas, y el crujido de sus huesos, junto con su espasmo del impacto, hacen que el nomuerto caiga sobre una rodilla, y gimiendo lánguido, se derrumba sobre su pecho, quedando envuelto en llamas, inmóvil.

Dejando que la carne se vaya consumiendo, Li Po y Ramma recogen sus armas arrojadas, mirando a las criaturas, percatándose de que entre sus nimias pertenencias socarradas, los cinturones cuarteados de las mismas parecen tener discos de plata remachados a ellos, cuyo valor en el mercado se aventura interesante. Así pues, utilizando la lanza de Tiberio, éste consigue rescatar tres cinturones socarrados, pero íntegros, con suficientes discos de plata remachados como para ofrecer algunos días de derroche.

A pesar de todo, los presentes suspiran al ser conscientes de que se han enfrentado a lo que parecían cadáveres reanimados de seres humanos, lo cual es una aberración de la brujería, a la que ninguno de ellos se había enfrentado antes. A pesar del calor de las llamas, un sudor frío recorrió sus espaldas.

Mirando a Durkan, Li Po le consulta que hacia dónde deben dirigirse ahora. Durkan, encogiéndose de hombros, señala hacia adelante, diciendo: "continuemos el camino", sin demasiada seguridad. Los ojos de Li Po se vuelven en sus órbitas, pensando que, aunque el Picto sabía a dónde tenía que ir, en el fondo no tenía ni idea de qué encontrarían una vez hubiesen llegado... y así parecía ser, según la forma de comportarse del contratador-esclavista "en falso" del grupo de aventureros.

Intentando no pensar más en ello, los aventureros continuaron sus evoluciones hacia el interior del complejo. En una sala más allá del pasillo inicial de acceso, Ramma se adelanta para inspeccionar si hay alguna trampa en su camino, viendo que el suelo parece formarse en estrados, con las zonas más alejadas descendidas por escalones, y las más cercanas al sur de las salas más elevadas en estrados. Por su parte, un techo abovedado y muy alto, sustentado por columnas, mostraba imágenes de bacanales bastante comunes en los imperios antiguos, sin ninguna señal de aberraciones extrañas.
Algo más allá de unas columnas hacia adelante, unas pesadas cortinas medio descolgadas del techo, agujereadas y deshilachadas, parecían dar paso a otra zona amplia también formada por estrados, entre cuyos cortinajes pesados se resguardó Ramma antes de seguir avanzando, seguido de cerca por el resto de sus compañeros, con Tiberio y otra antorcha en cabeza, tras el ladrón. Al acercar la luz de la misma, pudieron percibir más adelante, pasados los cortinajes, un reflejo de algo metálico. Ramma no pudo resistir su curiosidad, y se lanzó hacia adelante, mientras Tiberio proporcionaba desde la lejanía luz, aunque los sensibles ojos del Himelio le permitirían echar un vistazo con comodidad al lugar al que había llegado:
un mausoleo de alguna persona importante, cuya tumba, rodeada de antigua escritura, se encontraba junto a un pequeño alijo de tesoros depositados como ofrendas junto al sepulcro tallado de piedra con la forma de un guerrero de tiempos pasados. Revisando por todas partes aquel hallazgo, Ramma vio sobre el féretro de piedra un pebetero de plata sin antorcha, y más allá dos pequeños arcones rodeados de saquitos por el suelo, además de un gran cajón de madera. Al mismo tiempo que Durkan y Tiberio se agrupaban justo a la altura de los cortinajes y Li Po observaba desde detrás de ellos, todos seguidos de cerca por Sarah la Shemita, Ramma se entretiene en rebuscar trampas entre los cerrojos de los cofres y el cajón, además de la tumba... quedando algo decepcionado al percatarse de que no había nada más que cerraduras para proteger aquellas pertenencias.

Por su parte, mientras el Himelio se frotaba las manos buscando aquí y allá algo interesante, Tiberio acusó de su descuido al Picto Durkan, pidiéndole vehementemente que, a partir de ese momento, y ya que era su contratador, y un pésimo aliado en batalla, se mantuviese al margen de todas ellas, si es que quería que todos saliesen vivos de allí. Ofendido por las palabras soeces de Tiberio, Durkan, con el ceño fruncido, se acercaba con su enjuto rostro arrugado a la cara del muchacho, diciéndole que él estaba allí para proteger no sólo sus intereses, sino también a ellos, porque todos se necesitaban para llegar a buen fin en aquella empresa, y si no era así, por qué, por todos los habitantes del Aralu, se habría molestado en sanar a la chica Sarah? Tiberio seguía desconfiando del hombrecillo, cuando éste levantó un puño crispado pronunciando unas palabras en un idioma gutural, al tiempo que con la otra mano daba un puñado en el interior de uno de sus saquillos, extrayendo unos huesos grabados que arrojó al suelo, para después señalar con los ojos en blanco a Tiberio.
"Ante la muerte que se arrastra, prevalecerás. Tu brazo será firme. Tu arma, certera, y tu mente y actos serán los adecuados para superar ese mal. Así lo he visto."
Incómodo por lo que había sucedido, y observado de reojo por Li Po, Durkan dijo que, de nuevo, estaba prestando ayuda a los viajeros, y esperaba que el Aquilonio lo reconociese cuando llegara el momento.
Tiberio preguntó que cómo sabía lo que encontrarían más adelante en las ruinas, a lo que el Picto contestó que no lo sabía, sino que su poder lo guiaba cuando era necesario, mostrándole atisbos de los posibles futuros.
Insatisfecho por las palabras, Tiberio giró sobre sí mismo, y se dirigió hacia Ramma.

Tan absorto estaba en su búsqueda el Himelio, no se dio cuenta de que una sombra enorme se arrastraba tras él, acercándose en silencio, para abalanzarse encima del muchacho. Sin embargo, la aguda vista de Tiberio bastó para dar la voz de alarma: "¡Rammaaaaa, que te van a pillaaaaar!", al tiempo que corría para ayudar a su aliado. Entonces, cuando la luz iluminó a lo que se cernía sobre el Himelio, el aspecto del ser estremeció a los que lo observaban, aunque Tiberio ya se había fijado que la criatura era una inmensa babosa tentaculada de piel correosa de color gris verdoso, y ni siquiera eso lo había arredrado de arrojarse al combate.

Entonces, reverberando extrañamente claras las palabras de Durkan en su mente de hace unos minutos, Tiberio siente en su ser que el destino reciente estaba a punto de manifestarse ante la predicción del picto ermitaño, se movió con mucha más decisión, y con dos certeros golpes, incrustó el pico del escudo en el lomo del monstruo y partió la carne de la babosa de un hachazo en un costado, vertiendo flujos viscosos por el suelo. Aunque la criatura parecía que iba a atacar al sobresaltado Ramma, que ahora se percataba de la sorpresa, el monstruo farfullante, al sentir el dolor a su espalda, se giró hacia su atacante, para tratar de deshacerse de él, agitando sus tentáculos. La criatura, frenética, arroja los tentáculos de alrededor de su boca contra Tiberio, chocando éstos contra el escudo que el soldado Aquilonio alza veloz frente a él. Un siseo viscoso gotea del lugar del impacto, preocupando al guerrero. Al mismo tiempo, un empujón contra la protección del objeto revela que una boca de lamprea llena de dientes como uñas de felino gigante mordisquean el borde inferior, tratando de sobrepasar la defensa para alcanzar a su presa. Desde atrás, Durkan intenta avisar a Tiberio que, cuando le avise, se aparte, a lo que el Aquilonio, irritado, le dice que su función es utilizar ese poder del que dispone... y del que no informó al inicio de la expedición... en lugar de tirar pedradas que pueden descalabrar a cualquiera, además de al bicho.

Cuando Li Po trata de estudiar -desde una prudente distancia, para evaluar sus opciones- al engendro baboso, se percata de que el origen de la criatura es puramente accidental, un deshecho imperfecto y fallido de oscuras brujerías, que ha sobrevivido por puro instinto. No sólo eso, su especial naturaleza arcana los convierte en criaturas totalmente ajenas al daño físico, que sólo pueden ser erradicadas por el fuego y la plata. Así, tratando de nuevo de convocar una maldición de torpeza sobre el monstruo, lanzando sus hebras de textos codificados que vuelan de forma extraña envueltos en humo oscuro contra la criatura, y viendo como, inútilmente, su magia se deshace en polvo (como disueltos los textos en ácido) cuando toca al ser, sin efecto alguno, grita que el monstruo sólo puede ser vencido por fuego o plata. Efectivamente, cuando sus palabras se dejan escuchar en el fragor del combate, las heridas causadas por Tiberio empiezan a retraerse rápidamente, y a una velocidad asombrosa se están cerrando en dos feas cicatrices abultadas, sin más daño que la molestia causada a la descomunal babosa tentaculada. Li Po grita "¡Quemadlo! ¡Aceite sobre esa bestia del Aralu!".

Tiberio, con la mirada desesperada, mira hacia todas partes, intentando descubrir algo de plata en las cercanías, y antes de que el ser se revuelva una vez más contra él, utiliza la antorcha sujeta en la mano sobre cuyo brazo está encintado su escudo para arremeter contra las heridas que se están cerrando, incrustando el extremo llameante contra una de las heridas a punto de cerrarse, bloqueando su curación vertiginosa y socarrando la carne viscosa. El ser, ante el contacto del fuego, chilla y ulula con un sonido agudo inhumano, tratando de evitar el contacto mortal del fuego, que ennegrece y deja abierta y cauterizada la profunda cicatriz de su lomo, provocando que múltiples burbujas crezcan a toda velocidad alrededor del impacto.
Mientras la babaza se retuerce por el impacto, por el rabillo del ojo, iluminada y refulgente en algunas zonas, Tiberio se da cuenta de que un pebetero -sostén para antorchas clavado a la pared- vacío sobre el mausoleo que Ramma estaba investigando, parece hecho de plata en su totalidad.

Durante los forcejeos de Tiberio, Durkan el Picto rodea a los contendientes para buscar un ángulo, y mientras grita "¡a un lado, Tiberio!", acojonando al Aquilonio cuando escucha tales palabras, arroja una botella de líquido contra el monstruo, estrellándola en su lomo, y empapándolo de aceite.
Preocupado, Tiberio mira al arqueólogo porque podría haber alcanzado a Ramma o a él mismo, e inmolarlos con la antorcha que el guerrero tenía en su mano. "¡Ahora, ahora! ¡Quemadlo!"

Enfurecido, dolorido y confundido, el monstruo busca objetivos a los que agarrar y morder para reducir a sus enemigos, y se lanza contra Tiberio balbuceando y babeando una vez más, golpeando con sus tentáculos y mordiendo el escudo de Tiberio inútilmente, aunque la fuerza de la criatura que se deja caer sobre el soldado es considerable, tanto como para sentir que el metal del escudo gruñe ante la presión de los ataques.

Mientras el monstruo se enzarza con Tiberio, entretenido en su furia ciega, Ramma destraba uno de los cinturones cuarteados de los cadáveres nomuertos, remachado en discos de plata, y con un sonido que corta el viento, descarga un latigazo certero contra el lomo del monstruo. Tal es la fuerza del impacto de la plata, que el cuero del cinturón se parte contra el lomo del monstruo, no sin antes clavar profundamente varios discos de plata en la carne de la criatura, que reacciona violentamente ante su contacto, resecándose y ennegreciéndose entre volutas de humo, como si la carne estuviese expuesta al fuego. La criatura balbucea de dolor, y espasmódicamente lanza sin control sus tentáculos a todas partes, pero su final es definitivo, cayendo su cuerpo fofo sin vida contra el suelo, deshaciéndose lentamente en una masa de piel correosa deshinchada y un gran charco de limo gris verdoso. Con un gesto de repugnancia, Ramma recoge los discos de plata de entre los restos.

Ansioso por investigar la tumba junto a Ramma, Li Po observa una escritura en Aqueronio rodeando la base de la imagen tallada a modo de un guerrero en armadura de malla sosteniendo una gran espada, con el rostro en paz.
El texto reza: "A nuestro guardián y protector de los Secretos, que la Gran Serpiente te bendiga como una nueva de sus Escamas". Tiberio consulta el texto a Li Po, y cuando el khitano duda si revelar la información, Durkan pone en tela de juicio la confianza que deben ofrecer los aventureros en el mismo, a lo que Tiberio se encara con el Picto, indicándole que ese hombre es más digno de confianza que él. Ante esas palabras, Durkan le recuerda que, siendo iguales en esta empresa de descubrimiento y saqueo, al menos él se ha preocupado de tratar las heridas del grupo y de mantener con salud a alguno de ellos (señala a Sarah y a la herida cosida en su pecho), además de colaborar tanto como ha podido en los combates que han tenido, no sólo en los que se han topado en las ruinas sino incluso con los caballeros del Gobernador de Lanitia. Sin embargo, Li Po le recuerda que sus conocimientos son los que han permitido superar la última lucha, a lo que Durkan recalca que el aceite que prende el cuerpo de la criatura, a la que en ese momento Tiberio prende fuego para terminar de reducir sus restos a la nada, es suyo, símbolo inequívoco de su colaboración, recordando a Li Po que él también dispone de conocimientos como los suyos, sólo que el khitano se adelantó a poder revelarlos él... pura suerte.
Ignorando la discusión estúpida e inútil, Ramma se dispone a saquear los cofres y el arcón junto al mausoleo.
En uno de ellos, encuentra viejas ropas deshilachadas de aspecto elegante, bajo las cuales encuentra ocho láminas de plata de gran valor.
Al mismo tiempo, con esfuerzo, Tiberio levanta la tapa de roca de la tumba, encontrando en su interior un esqueleto bien conservado de un hombre, envuelto en profusas telas que no dejan adivinar qué hay bajo ellas. Al retirarlas con la punta de su lanza, Tiberio encuentra que este entierro es digno de un guerrero poderoso, ya que sus manos sostienen una exquisita Espada de Guerra de doble puño con la empuñadura tallada a modo de serpiente de la que la hoja brota como si fuese su lengua, con finas escrituras a lo largo de la misma, además de hallarse un anillo de oro con un relieve similar al medallón encontrado en el exterior de las ruinas, que permitió abrir su puerta, pero sin las muescas alrededor del signo de la serpiente, y una fabulosa armadura de mallas junto con un casco de acero sobre el pelado hueso, todos los objetos conservados de forma impecable... lo que hace dudar de si su origen es arcano... o sencillamente las condiciones de estas ruinas cerradas y el sarcófago han permitido evitar su deterioro a través del tiempo.
Con los ojos muy abiertos, Tiberio evalúa las posibilidades del arma y la armadura.
Por su parte, Ramma continua buscando en un segundo cofre, encontrando algo similar a un ajuar, formado por exquisitos objetos ornamentales: copas de plata enjoyadas, cubertería de plata grabada en oro, dos dagas sin utilidad en combate de exquisita manufactura artesanal para adorno, y otros enseres dignos de la mesa y las paredes de la nobleza. Tanto su valor como el de los lingotes de plata grabados con sellos serpentiformes es bastante elevado, y Ramma empieza a hacer cálculos sobre en qué va a gastarse la fortuna aquí hallada, sopesando en silencio la opción de no continuar con la expedición y marcharse ya de allí con sus aliados.
Por su parte, el arcón sin cerradura, al ser abierto, revela que sólo hay comida reseca y descompuesta, sin ninguna utilidad, como algún tipo de ofrenda al muerto.

Tiberio empieza a redistribuir ambas armaduras para ajustarlas sobre sí mismo, al tiempo que coge el anillo y se lo arroja a Li Po, ya que la pieza parece ser similar a la que encontró el khitano para abrir la entrada. También levanta la espada con ambas manos, admirando su manufactura.
Tras él, Ramma, mientras saquea lo encontrado, observa de reojo la espada y bufa con desdén. De seguro ese cacharro lo único que tiene es un baño alquímico para parecer de utilidad, y debajo simplemente es un armazón de plomo para mantener la integridad, pero se partirá en pedazos o se doblará como un bizcocho en el momento en que golpee algo más duro que sebo de cerdo. Por su parte, Li Po admira el anillo de oro recién encontrado, ya que sus entrañas y su sensibilidad mágica le dicen que esa pequeña belleza podría ser afín a su poder mágico de alguna manera. Guardándolo, decide que más tarde será objeto de su estudio.

Aunque habían sido eventualmente conscientes de que más allá de este mausoleo, en el interior de estas cavernas de aspecto de templo, parecía haber otra tumba de piedra, mientras el resto saquea los recursos del guerrero ancestral, Li Po decide echar una ojeada más de cerca a la nueva tumba. Sin embargo, al acercarse y ver los escritos que hay a su alrededor, un escalofrío le recorre la espalda al darse cuenta de que ese féretro está maldito, y una criatura en su interior, animada por magia muy oscura, podría alzarse de entre el Aralu y devorar las almas de los vivos, quizá con un poder que escapa a su control, con lo que decide retirarse y avisar a sus aliados del peligro de tocar tal construcción.
Durante la investigación de Li Po, Ramma coge las piezas de plata remachadas con un orificio en su interior, y reúne dos montones atravesando dos cuerdas, formando algo que simula dos látigos con una ristra de discos de plata, por si necesitase usar ese metal contra otras criaturas de las ruinas.
Justo entonces, Li Po vuelve informando de la oscura magia que protege la tumba de más adelante, que quizá tenga poder para alzar nuevos muertos vivientes como los de la entrada. Suspirando por todo lo descubierto y el agotamiento de su espíritu, Li Po decide tomarse un descanso dentro de la tumba abierta, apartando el esqueleto de su interior y metiéndose dentro. Ramma, sorprendido por la actitud del brujo, decide que va a llevarse el pebetero de plata sobre la tumba en la que éste se ha acostado, y haciendo palanca con un par de trozos de hierro, con paciencia termina desencajándolo de la pared de roca con una facilidad asombrosa, y añadiéndolo al saqueo. Tiberio y Ramma, orgullosos de lo encontrado, se plantean marcharse de la tumba, incomodando a Durkan, quien recuerda que, de lo encontrado, una parte le corresponde a él, pero aún no han terminado su investigación, y quizá más hacia dentro del lugar no sólo hallen cosas más valiosas... sino también los secretos curativos para los que han venido aquí.
Tiberio, observando el comportamiento extraño de Li Po con respecto al féretro de piedra que hay más al interior, decide armarse de valor y, usando su propia fuerza, levanta la tapa con un gruñido empujando con una pierna y la deja caer con un sonido contundente que levanta ecos por todas partes, al tiempo que Durkan lo acusa de loco al hacer tal temeridad.
Lo que encuentra en su interior, le revuelve las tripas.
Dentro, en un depósito de légamo verdoso gris, flotan algunas esferas viscosas más oscuras, de un color similar. Una visión que levanta el estómago.
Cuando el aquilonio se aleja de la imagen, el himelio se acerca a las cortinas raídas que daban acceso a esta sala, y de varios tirones las arranca. Acto seguido, arroja los restos sobre el légamo, y prende fuego a todo con una antorcha. Cuando el fuego empieza a devorar la tela, el légamo reacciona violentamente, evaporándose y burbujeando, y cuando las llamas se vuelven más intensas, las esferas se agitan como con vida propia, estallando entre humareda, y liberando larvas cocidas que chillan en agonía, como la criatura a la que el grupo antes había ejecutado. Los pequeños monstruitos mueren cocidos entre las llamas. Era el nido de la enorme babaza. Más allá del légamo y los restos de huevos, no queda ni siquiera algún hueso.
Ramma, con los pedazos de tela raída que quedan, fabrica más antorchas.
Encendiendo dos más de ellas, y dejando atrás a Li Po descansando junto a Sarah de guardia, Tiberio y Ramma avanzan, escoltados por Durkan, más allá de la sala-templo, hasta que, en un recodo, encuentran un enorme portón con manijas y sin cerradura, con unos grabados en aqueronio e imágenes interesantes sobre su superficie. Sin esperar, Ramma ata las manijas para evitar que nada salga de él, antes de examinarlo y descubrir que está tan plagado de trampas de presión en los relieves que, intentar desactivarlas, podría causar una catástrofe.
La imagen es de dos personas con cabeza de serpiente que señalan hacia el centro de la puerta, donde un sol rojo amanece delante de una silueta humanoide gigantesca con dos cetros cruzados ante su pecho, cuyo cráneo es una bola de fuego incandescente. Ramma se asegura de que, más allá de la puerta, no se escuche ningún sonido. Investigando a un lado de la puerta, y según el aspecto de la zona, la parte sin investigar que queda a este lado de la puerta incluye dos muros con aberturas sin puerta, tras los cuales parece haber unos vestuarios para acólitos, con paredes talladas a modo de estanterías donde colocar ropajes.
Debido al aspecto de ese mosaico, el grupo se acerca a Li Po y lo despierta, para que ojee lo descubierto, aunque después de que todos descansen dentro de la construcción, para recuperarse tanto física como mentalmente de todo lo sucedido. Antes de dormir, Durkan ajusta las cuentas del pago diario a los aventureros, entregando 3 monedas de plata a cada uno.

En sus sueños lúcidos, Li Po camina por los conocimientos prohibidos de las Maldiciones y la Hechicería Oriental, conectando sus recuerdos y experiencias, y desarrollando poco a poco nuevas habilidades para canalizar su poder. Así, mientras su voluntad se fortalece en el aprendizaje de los secretos de sus Sendas de Hechicería para soportar los rigores del aprendizaje, en el paisaje de su mente realiza interesantes avances en su poder, los cuales, cuando sus ojos se abren con la luz del alba, se manifiestan en el frente de su consciencia como nuevos poderes de su Brujería.

Cuando, por fin el grupo ha descansado y la luz del sol se filtra a través de la entrada abierta, la cicatriz de Sarah está realmente mejorada, quedando tan solo un verdugón cosido del que sólo hay que retirar las costuras, además de que la herida de Ramma en el vientre es sólo una molestia con una costra por encima que Durkan también trata convenientemente para que no se infecte. Sarah, a pesar de los prejuicios contra el viejo, agradece su ayuda, y él contesta que parte de su trabajo como contratista de la compañía es que sus asociados sobrevivan lo bastante como para encontrar lo que buscan y huyan de allí.
Cuando Li Po vuelve de sus meditaciones capilares matutinas a Yogag, mientras el resto se dispone para continuar la investigación, empieza a estudiar algunos de los objetos obtenidos. Estudiando el anillo con el símbolo de la serpiente, Li Po recuerda una historia de unos viejos pergaminos del sur que cuentan que fue fabricado por un hobre que deseaba hacerse notar, y en quien lo usa realza su magnetismo natural. Es el Círculo del Mesmerista.

(+1 Característica CARISMA a quien lo porte)

Mientras Li Po se concentra en sus quehaceres, Tiberio se acerca a él, arrojando la espada recién encontrada, y le dice "eh, tú, khitano. Echa un ojo a ese pertrecho. Parece un poco raro, y a lo mejor tiene algo que tú podrías decirme qué significa en esa escritura". Por el rabillo del ojo, y con un resoplido, el brujo se detiene a observar detenidamente la espada, junto con Ramma quien, curioso, también ojea la exquisita arma. Para el himelio está claro que, a pesar de las condiciones de aislamiento de las ruinas, la espada está demasiado bien conservada como para ser normal. Por su parte, Li Po empieza a leer el texto de la hoja, que reza: "Colmillo de Serpiente". Sintiendo una vibración arcana en el tacto de la hoja, se la ofrece a Tiberio, que empieza a golpear el aire con ella, dejando un sutil rastro de brillo verdoso a su paso. La sorpresa hace que Li Po le pida la espada y, tras atrapar vivo a un pequeño ratón en el valle, indique: "observad". Apenas la espada toca con su filo la carne del animal, que ni siquiera hace un corte letal, sino un simple roce que provoca una gota de sangre, el pobre roedor chilla como si un atroz sufrimiento lo azotara, y queda rígido y muerto poco después. Tanto de la punta de la hoja, como de la herida, aparece un resto de líquido espeso que nada tiene que ver con los fluidos del animal. "Esta espada envenena a quien hiere. Cuidado de a quién cortas con su filo".

(Mágica - Permite atacar a criaturas inmunes a armas Normales. Venenosa - 2 Cargas al día. TS FOR CD 20 cuando hiere a un enemigo vivo [nomuertos, elementales, constructos y demonios son inmunes a tal veneno, así como toda criatura con 10DG o más]. Si el objetivo no Salva, sufre un Daño de 1D6 a CONSTITUCIÓN. Si Salva, durante 1 minuto recibe una penalización a todas sus tiradas de -1, y después es inmune a sus efectos durante 24 horas)

"Esta espada es un regalo para su portador", continua Li Po, "...pero quizá su origen oscuro no lo sea tanto, y sus verdaderos dueños deseen su retorno, o tal vez algo más tenebroso ronde a quien no comulgue con las creencias del origen del arma". Intrigando a sus compañeros con sus conocimientos, el khitano termina su investigación en el medallón-llave serpentino. Haciendo memoria en las formas y dibujos del mismo, el brujo recuerda un viejo cuento estigio sobre una infame hechicera, temida por su rencor y represalias cuando era ofendida, que conseguía que los hombres que la vilipendiaban sufriesen un sino horrendo o fuesen asesinados de una forma cruenta por algo con una fuerza descomunal y sin posibilidad de derrota. Este medallón, que posteriormente ha servido como salvaguarda y llave para estas ruinas, afina los poderes que manipulan el destino de los demás, además de permitir cierta afinidad en el control de las criaturas del Vacío Exterior... y su nombre es "El Ojo de la Cobra".

(+1 a las Tiradas de Ataque Mágico para Conjuros de Estilo de Hechicería de Maldiciones y Convocaciones)

Ensimismado en sus pensamientos e investigaciones, Li Po debe ser sacado de las mismas un poco de una sacudida, porque el resto de la compañía lo espera para que estudie los grabados de las puertas, que necesitan ser identificados de alguna manera. Mientras Ramma se percata, ya descansado, de que cometió un error la noche pasada, y que la puerta no sólo no tiene trampa alguna sino que, efectivamente, carece de cerradura, y sólo es necesario abrirla con un buen empujón, Li Po empieza a leer con interés los textos antiguos, acompañado por la curiosidad de Durkan. Aunque el estudioso duda de las palabras de Ramma, quien se excusa en que "una persona puede cambiar de opinión cuando lo desee", coincide con Li Po en su observación, y ambos estudiosos se encuentran asustados por el hecho de que la puerta posiblemente esté resguardada por un poder sobrenatural inmenso, sin embargo el actual escepticismo de Ramma se deja caer con una mirada sobre Tiberio, quien lo mira a él y a los dos "interpretes de textos" con cara de pasmo, como esperando alguna respuesta coherente. Sin embargo, la interpretación religiosa de los textos es bien distintos. La entrada es una alegoría de "acceso a los primeros discípulos... o iniciados... de Set". Implica que, "quien la cruza está preparado para los primeros desafíos con los que obtener el siguiente nivel de aprendizaje en el culto a Set".
Observando el rostro fascinado de Li Po, Tiberio espera una respuesta que no llega del sabio, pero aunque Durkan indicó sobre el medallón que este lugar estaba dedicado a uno de los hijos-reptil de Jhebbal Sag, Tiberio no parece muy convencido, y los rumores y habladurías sobre los cultos de Set empiezan a hacer mella en su mente con tantos iconos de serpientes, haciendo que se ponga realmente nervioso con todo ésto. Entonces, ofendido por las dudas de Durkan sobre sus observaciones de la puerta, Ramma se acerca a ella y empieza a tocarla y a patearla, sobresaltando a Durkan, que grita "¡No la toques nooo!".
"¿Ves, viejo? No... hay... trampas...". El Picto, espantado pero progresivamente más convencido, asiente con el rostro pálido. "En cuanto a eso de que hay brujería protegiéndola", continua Ramma, "tampoco estoy muy seguro de eso, Li Po. Creo que estás un poco trasnochado y tu mente necesita más descanso".
Cuando Li Po se percata de la astucia y perspicacia de Ramma sobre estos asuntos, le revela que es posible que sea necesario algún tipo de sacrificio de un ser vivo -según Li Po cree que sería necesario para protegerse de lo que los glifos aqueronios quieren decir sobre poder pasar- si no desean agitar el poder de esa puerta o que hay tras ella. Tiberio, mosqueado por los cuchicheos de sus compañeros, y harto de todo, se gira y, quitando los cierres que había colocado Ramma para que la puerta no se abriese, apoya ambas manos en las hojas de la misma, empujando con fuerza, y la abre sin ningún problema, a pesar de su enorme tamaño. Del interior del oscuro pasaje, aún no iluminado por antorcha alguna, brota una bocanada de aire fresco y húmedo. "Mitra... dame fuerza para enfrentarme a los horrores más allá de este umbral".
Con las antorchas acercándose a lo que hay detrás, el grupo observa un pasillo circular muy pulido (un pulido realizado artificialmente), salvo el suelo que es liso y recto, con un mosaico de empedrado extremadamente suave ocupando casi todo el suelo con apenas polvo sobre él, salvo unos estrechos laterales con forma de losetas lisas sin mosaico de piedras. No hay escritura alguna por ningún lado, y el mosaico de empedrado del suelo tiene como un dibujo de varios colores que se repite cada cierta distancia, como un patrón abstracto.
El mosaico parece el dibujo del lomo de un animal. Es el lomo de una serpiente venenosa del sur, una víbora coral azul de la selva. Por su parte, Durkan da un respingo, haciendo un gesto de protección en el aire con una mano, mientras recita algo en una lengua oscura, susurrando con voz gutural: "serpiente venenosa", aunque Li Po no dice absolutamente nada.
El pasillo, según se observa desde el umbral de la puerta, desciende avanzando primero hacia la izquierda, para luego más adelante empezar a girar en curva hacia la derecha de forma muy amplia, descendiendo sin parar.
Extrañados por el diseño del túnel, y tras las palabras de Durkan, Tiberio decide acercarse al mosaico y pisarlo, pero el himelio lo detiene y le dice que se espere a que examine más de cerca el diseño.
Ramma se acerca al suelo, y casi toca con su oreja para mirar más de cerca el mosaico, pidiendo a Tiberio que acerque la luz de la antorcha al suelo.
Es entonces cuando se percata que, entre las piedras pulidas del mosaico hay un sin fin de pequeñas púas de roca intercaladas por todo el recorrido que, por sí solas, quedan justo a la altura del borde pulido de las rocas que las rodean, aunque posiblemente, si alguien tocase descalzo esas piedras, o apoyase las manos, podría pincharse con esas púas.
No sólo eso. Da la impresión de que, por un extraño olor sutil a alquimia que sale del suelo, y de una extraña capa melosa que recubre las púas del suelo, quizá los picos afilados estén impregnados con alguna substancia peligrosa.
Informando a sus compañeros para que caminen por los bordes enlosetados sin mosaico ni púas, por el peligro que correría resbalar por el mosaico tan pulido (de hecho, Ramma está seguro de que el diseño del mosaico está realizado a propósito para que, quien camine sobre él, tenga muchas posibilidades de resbalar y, al caer, raspe con el suelo), el grupo empieza a avanzar. Pisando con cuidado, el camino parece ser bastante sencillo, aunque tras unos metros, Li Po y Sarah resbalan con las losas pulidas de los bordes del camino, y caen sobre el empedrado, apoyando él las palmas de las manos, y ella cayendo sobre un hombro y un brazo.
La caída los hace deslizarse unos metros y rasparse con las púas entre el mosaico de rocas, hasta que su descenso se detiene más abajo. Durkan, con cuidado, observa sus heridas, así como el propio Li Po y Sarah. Por suerte, parece que, debido a la cantidad de tiempo que el fluido que impregna los picos afilados se encuentra ahí, ha perdido prácticamente su potencia, y ahora sólo provoca un molesto picor en las heridas, que duelen más por los raspones de las púas afiladas que por la propia toxina. Li Po, socarrón, dice "a pesar del veneno de las púas, mi cuerpo es fuerte y lo ha rechazado. Pero los demás... tened cuidado". Tras él, Durkan hace una mueca de extrañeza mientras estudia las heridas de Sarah, como pensando que lo que ha dicho el khitano no se lo cree nadie. Al ver la mirada de Durkan, Li Po le pide algo para curar los rasguños, y Durkan le dice que cuando se detengan, hará lo que pueda por él y Sarah, pero en mitad de ese resbaladizo pasillo no es el mejor momento.
Así, cuando Tiberio se acerca a preguntar si están todos bien y ve que todo parece estar bien, azuza al resto para avanzar. Siguiendo la curva de la gruta pulida, el grupo continua despacio, pisando con cuidado, aunque no pudiendo apoyarse en las paredes (la curvatura de las mismas también parece diseñada de forma que, si alguien cayese sobre ellas, lo deslizarían hacia el mosaico en la caída, para rasparse) hasta llegar a otra puerta, tras haber girado unos 180 grados en su avance. Quizá esa puerta se encuentre justo debajo del acceso superior del túnel del mosaico.

En esta ocasión, la nueva puerta también tiene otro grabado con dos siluetas de cuerpo humanoide y cabeza de serpiente, pero en esta ocasión llevan unos látigos cuyas tiras de cuero son serpientes enfurecidas, y entre ambas siluetas enormes hay una fila de siluetas humanas más pequeñas, con trajes de culto, en posición humillada de sumisión y adoración, haciendo una fila, y avanzando entre ambos gigantes con látigos. El texto, en esta ocasión, dice lo siguiente:
"Humillaos, dignos de Set. Éste es vuestro segundo paso en el camino. Sed respetuosos. Adorad a vuestro señor, e inclinaos ante su poder. Y, por encima de todo, guardad silencio."
Tiberio especula sobre posibles opciones para interpretar el texto, mientras Ramma busca de nuevo algún mecanismo extraño en la misma, a lo que encuentra un bajorrelieve justo en el centro de la misma, junto a la cabeza de uno de los penitentes, en el centro de la hilera de cultistas, con el aspecto de una serpiente... una imagen muy similar a la del medallón de apertura del complejo, aunque de un diámetro similar al del grosor de un dedo, y sin las extrañas punteaduras que daban la cualidad al medallón de "llave". Tratando de descubrir de qué se trata aquel bajorrelieve fuera de lugar en todo el mosaico, Li Po recuerda que el relieve del anillo encaja con el bajorrelieve de la puerta.
Así, al presionar uno contra otro, el bajorrelieve cede con un chasquido, y se hunde un poco. En el momento en que se produce ese sonido, desde el interior de la habitación cerrada empiezan a escucharse sonidos de engranajes y cadenas moviéndose, como si un mecanismo se pusiese en marcha con alguna finalidad.
Tiberio, sobresaltado, tira de sus aliados gritando "¡agachaos!". Durante unos tensos segundos en los que nadie habla y permanece en silencio, después de tantos sonidos extraños, se hace el silencio, y la puerta se abre ante todos lentamente, mostrando lo que hay más allá. Al iluminar el hueco creciente que las puertas van dejando con las antorchas, más allá de la habitación completamente cuadrada revelada por la luz, otra puerta de similares dimensiones a la que los aventureros están mirando, también se abre a la misma velocidad, desvelando otro pasillo que continúa hacia el interior del complejo. La habitación, de unos doce metros de lado, posee cuatro estatuas exactamente iguales a los grabados de la puerta, una en cada esquina, cuyos látigos de serpiente parecen formar unas cadenas que descienden hacia el suelo y se introducen bajo él por unos orificios tallados en las losetas. Las estatuas más cercanas a la puerta frente a los aventureros tienen sus cabezas orientadas mirando a ésta, mientras que las más lejanas miran hacia la otra puerta. Observando el suelo, éste tiene un mosaico de patrones de tres losetas diferentes, repitiéndose los dibujos por todas partes, unos de ellos como escrituras en aqueronio, otros como aspecto de nubes de tormenta y rayos, y otros como nidos de serpientes.

Inseguros sobre los mosaicos y la posibilidad de que haya trampas en ellos, sobre todo tras percibir cómo se ha abierto la puerta, dejan que Ramma se acerque sin entrar para ver mejor el entorno, percatándose de que todas las losetas del suelo tienen aspecto de placas de presión. Así pues, seguramente, si se pisase sobre las placas inapropiadas, podría activarse algún efecto nocivo.
Tiberio coge un saco y lo llena de monedas y objetos lo más pesados posibles, anudándolo con una cuerda, y se acerca al borde de la puerta, sin pisar en el interior. Lanzando la bolsa mientras sujeta la cuerda en varias direcciones dentro de la habitación, ve que las losas de la tormenta ceden ligeramente bajo el peso de la misma, aunque apenas se hunden un poco hasta un tope, y vuelven a su posición al quitar el peso, sin activar ninguna respuesta.
Ésto, posiblemente, deja entender que, al abrir la puerta con el medallón, las defensas de la habitación han quedado inutilizadas, y el paso es seguro.
Comprobando todas las losas de la habitación, asegurando que son inocuas, los viajeros respiran aliviados, y continúan hacia el interior del complejo, inquietos por ser conscientes de que ésto, probablemente, sólo es el principio de un peligroso viaje.

CONTINUARÁ

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