jueves, 12 de diciembre de 2019

D&D 5ed - EL TUERTO Y EL DESTINO - SESIÓN 11 FINAL - CAMPANAS... Y CAMPANAZOS - ["10 minutos para la Media Noche" ... Mis jugadores lo comprenderán]

Avanzando con cautela al escuchar los cánticos sacros, los aventureros, revelada la enorme estancia, más allá un extraño foso entre dos de los espacios de la reverente ubicación, cargada de simbología funeraria enana, una gentil fuente de agua cristalina deja caer por un lateral ligeramente hundido con respecto al resto de los bordes una suave cascada de agua que se pierde en las profundidades del pozo, provocando un sedante sonido.
Más allá de la misma, una extraña nube de criaturas etéreas con reminiscencia a demonios alados armados con tridentes de llamas translúcidas gira entre lejanos ecos de aullidos alrededor de una figura no fácil de distinguir, pues no sólo tiene el aspecto de una persona alta y fornida en pie, sino que parece sostener en su mano otra criatura más pequeña y fornida, que cuelga lánguida.
Junto a ambas siluetas, un imponente mausoleo con una tumba de piedra inmensa se halla adosado a la pared del fondo, todo ello acompañado de un fantástico relieve con las hazañas de Moradin al inicio del mundo en forma de mosaico, cuya silueta se encuentra en el centro del mismo, suspendida sobre la propia tumba.
Justo al otro lado de la magnífica tumba, también labrada con el aspecto de una silueta regia en piedra sobre la tapa de la misma, varias cajas apiladas con cierto desorden parecen revelar -por fin- lo que parecía el alijo robado a Ulma... pero con una extraña particularidad. Cerca de las mismas, una especie de parpadeo anaranjado se mueve rápidamente por el suelo, como un pequeño reguero efímero de chispas, acercándose a las mismas desde la silueta rodeada de espectros demoníacos.
La figura envuelta en ánimas infernales empieza a reconocerse como una hembra orco a la que los aventureros reconocen como la mujer orco que dejaron huir de la taberna de Daarmaar. La criatura sujeta por el cuello con la mano cuyo brazo protege con un escudo da la impresión de ser un enano. La otra mano de la hembra orco está alzada, con una maza sujeta en su mano y un símbolo sagrado rodeando su muñeca. La cabeza alzada de la mujer mantiene los ojos entrecerrados, murmurando plegarias y oraciones a su salvaje dios.
Sobre la cabeza de la hembra orco, un cruel martillo ensangrentado de bordes puntiagudos, oscuro y translúcido, con el símbolo de Gruumsh a ambos lados de la cabeza, espera las órdenes de la mujer para atacar a sus enemigos. A la derecha de la sacerdotisa que se encuentra enfocada mirando en dirección a los héroes, en un área a la que no tienen aún acceso visual, se escucha un rugido de una criatura pesada, una especie de provocación de guerra. Opuesto a ese sonido, y también más allá de la vista, otro sonido llama la atención: el rasgar de algo que podría estar hecho de piedra, grande y pesado, moviéndose lentamente.
Al percatarse por fin de que los Héroes de AnderVille han concluido su lucha con la avanzadilla al otro lado del foso del mausoleo, la mujer orco gruñe en voz alta:
"Al fin... los héroes de AnderVille han venido. Os esperaba mucho antes, pero al parecer habéis estado entretenidos hasta vuestra llegada (risas malévolas)".
"Lo bueno se hace esperar", responde con sorna Rando.
"Yo soy Arando", anuncia la mujer orco. "¿No me recuerdas?"
"No recordamos a gente que no nos importa", bromea Kirk.
"Eso es lo que vosotros seréis cuando acabe vuestro tiempo en este lugar", concluye la sacerdotisa.
"Pero, ¿quién es esta señora?", pregunta dubitativo Shail.
"Pues no estoy seguro", expresa confuso Rando.
"No me suena, pero creo que era la fulana de Divor", comenta con extrañeza Kirk.
Ante esos comentarios, la sacerdotisa orco observa a los aventureros extrañada al verse despreciada de esa manera. Pero tras la sorpresa y el enfado, el rostro de la adversaria cambia a una sonrisa malévola.
Los aventureros, en ese momento, son conscientes de que la adversaria parece, a pesar de su risa, atemorizada por su llegada, y desea en lo más hondo de su corazón que se marchen de allí para permitirle seguir con sus planes.
Sin embargo, tras el trío heroico, Egravor grita a pleno pulmón: "¡¿Qué haces con el cadáver de Vardan?!¡Suelta a mi compañero!". El grito sobresaltó a los aliados, que en ese momento cayeron en que, si el cadáver estaba allí, habría sido imposible celebrar la misma ceremonia que con Egravor. En ese momento, el enano regresado ruge y comienza una lenta y pesada carrera en dirección a Arando la sacerdotisa orco, con intención de acabar con su vida, liberando el cuerpo de su amigo, hasta detenerse a unos pies del foso, observando impotente más allá de la profunda caída del mismo.
Siendo consciente de que el mausoleo posee una tenue luminosidad, más potente en dos extrañas esferas de roca lisa de color negro que emiten un brillo de color violeta claro adecuado para una buena visión a unos pasos a su alrededor, Kirk piensa en sus opciones. Meditando a la vez que avanza con cautela, sus ojos se fijan en el chisporroteo en la lejanía, y se abren como platos al percatarse de que se trata de un preparado sólido de combustión rápida que utilizan algunos enanos en artefactos de carácter explosivo. Intuyendo lo que podrían tener los embalajes de Ulma, Kirk grita: "¡El cargamento que vinimos a buscar contiene pólvora y una mecha encendida! ¡Este lugar va a volar por los aires!".
Esperando que sus compañeros escuchasen sus palabras, Kirk empieza a moverse a toda velocidad con sus botas acelerantes, ocultándose tras una estatua de la perspectiva de Arando. En ese momento, saca de su equipo un polvo que esparce sobre sí mismo, el cual hace desaparecer su imagen durante un breve lapso de tiempo. Una vez oculto, empieza a correr para tomar impulso y saltar el foso... pero en su vuelo, se da cuenta de que no ha calculado bien la distancia y se dispone a caer hacia el abismo.
Cuando el terror se apodera de su mente, al abrir la boca para gritar, se da cuenta de que se encuentra pisando suelo firme... y el foso se trataba de una ilusión como protección del mausoleo para acceder a la tumba principal. Realmente el estanque poseía su propio sistema de drenaje, nada que ver con el supuesto chorro de agua que caía por uno de sus lados más bajos, que en realidad se encontraba al mismo nivel que el resto. Suspirando y observando al resto de aliados -pensando "menos mal que no me han visto, si no habría hecho el ridículo"-, continúa avanzando cerca de la sacerdotisa, hasta apostarse justo al límite de los guardianes demoníacos para calcular mejor sus opciones, teniendo también cerca las cajas de embalaje. Desde allí, pudo observar la zona que el grupo era incapaz de ver desde el otro lado de la ilusión. Allí, desde el origen de los rugidos, un enorme orco miraba y avanzaba en su dirección, como tratando de averiguar qué sucedía en aquella zona, sin poder verlo, mientras al otro lado se hallaba una inmensa estatua de un guerrero enano que, lejos de estar inerte, se agitaba como tratando de adoptar vida. Sus ojos refulgen con una luz sobrenatural, cuyo ritmo se acompasa a la voz de la sacerdotisa y sus entonaciones.
Al perder de vista a Kirk, Rando decide sortear el foso ante él, y tomando carrerilla, vuela por encima de la sima, hasta caer al otro lado. Cuando aterriza, es consciente de la presencia del imponente orco a su izquierda, momento en que desvía su trayectoria en dirección al enemigo, digno de su atención para una lucha cuerpo a cuerpo, máxime porque sus furiosos gruñidos alentaban al combate singular. Tal muestra de amenaza hizo a Rando convocar sus propias energías interiores, gritando de rabia en respuesta a las bravuconadas del monstruo ante él, con su casco demoníaco impregnando sus ojos en un terrible brillo escarlata.

Éste sería un combate de titanes.
Impulsándose en sus poderosas piernas, tras ver la proeza de Rando, Egravor salta a su vez también sobre el foso, cayendo al otro lado sobre el agua, y salpicando por todas partes con el chapoteo. Cuando se incorpora tras el salto, su mirada se desvía hacia la estatua de piedra, momento en que sus ojos se desorbitan, girando de hito en hito el rostro entre la estatua y Arando -más concretamente, al cuerpo de Vardan que ésta sostiene-. Entonces exclama: "¡Apartad el cuerpo de Vardan de esa bruja!¡Si no, el golem nos matará a todos!". Continuando su camino pesadamente por la fina superficie líquida hasta el límite de los espectros demoníacos, deja caer su enorme martillo, echando mano de otro más pequeño y equilibrado, que lanza con un grito en dirección a Arando. El objeto la golpea con dureza en el torso, haciendo que se tambalee por el impacto perdiendo el resuello, pero la dama no ceja en concentrarse en su poder, rezando imperturbable, tras lo que exclama: "¡Moriréis todos!¡No sobreviviréis!".
Rezagado, pero no por ello inactivo, Shail corre hacia sus amigos, saltando por encima del foso insondable, y al caer al otro lado del mismo, se concentra en la sacerdotisa.
Entonces, susurrando una plegaria a Lathander, convoca el silencio del amanecer junto a la hembra orco... invadiendo de una aureola de ausencia de sonido un enorme área alrededor de la misma, quien queda confundida por el efecto del poder del sacerdote, abriendo y cerrando la boca sin pronunciar una sola sílaba.
Silenciado por el poder de Lathander, el orco brutal frente a Rando sólo puede realizar un gesto que indica un grito salvaje con el que salpica de saliva a MataLobos, y levantando su hacha monstruosa se lanza descuidadamente contra el guerrero humano, imprimiendo todo su impulso en tratar de destrozar a su enemigo. La imparable fuerza del arma choca contra el cuerpo de Rando una... dos veces... y tras cada pasada, un chorro de sangre escarlata brillante surge del aventurero, manchando el suelo y la hoja del hacha. Aunque el hombre no parece acusar demasiado las heridas, éstas podrían haber echado a abajo a cualquier otro. Con el impacto de su arma, los ojos de la criatura pasan de ensangrentado a prácticamente blanco del éxtasis por derramar sangre.
Arando, confusa y enfurecida con Shail, suelta el arma de su mano y, extraiéndola de entre sus ropajes, se toma un bebedizo extraño que provoca su musculatura crecer y tensarse bajo su piel, dibujando una cruel sonrisa en el rostro de la hembra. Acto seguido, señala con su símbolo sagrado al elfo, hacia el que vuela el martillo espectral. El vuelo del arma pilla por sorpresa al elfo que conjuraba su magia, al que un martillazo en el pecho le hace trastabillar inseguro junto al borde del abismo.
A pesar del ataque, Shail mantiene su poder sobre el silencio sagrado, y éste continúa ejerciendo su influencia.
En el silencio de la magia divina, sólo una vibración en el suelo permite a los aventureros percatarse de que, tras ellos, la estatua de piedra cobra "vida", y se dirige hacia Shail, con gesto imperturbable. Levantando sus puños implacables, los descarga como una avalancha de roca contra el elfo, el cual castañetea los dientes con cada golpe, sintiendo toda su osamenta temblar, junto a un dolor atroz que recorre músculos, huesos y órganos. Aunque es capaz de contener su magia para que siga activa, las rodillas del sacerdote de Lathander, por primera vez en bastante tiempo, flaquean con el deseo de claudicar, en respuesta a semejantes puños de piedra.
Kirk, rezando una plegaria a Kelemvor, se encomienda al destino, adentrándose en la nube de espectros demoníacos, para quienes la invisibilidad del mediano no supone problema alguno. Atravesando el cuerpo de Kirk con sus tridentes de fuego etéreo, el paladín de Kelemvor siente en sus entrañas el castigo infernal por osar acercarse a la sacerdotisa de Gruumsh. Aún así, paso a paso llega hasta ella, mientras desenvaina de nuevo su espada corta normal, aquella cuyo veneno y magia de la tiza encantada enterró entre las costillas de un brujo orco hacía unos instantes. Consciente de que la sacerdotisa no había reparado en su presencia, entierra de un certero golpe su arma entre las costillas de la mujer, a la que sólo su expresión puede revelar el dolor de tal ataque, momento en que la figura de Kirk se hace visible con una dentuda sonrisa a su lado, sujetando el arma que acababa de golpearla. Cuando la mirada de la hembra orco se cruza confundida con los ojos de Kirk, la nube de espectros demoníacos se evapora de la presencia de la sacerdotisa, dejándola desprotegida. A la vez, la mano que sostenía el cadáver de Vardan flaquea con la cuchillada, dejándolo caer al suelo.
Cuando el viejo cadáver enano golpea el suelo, el brazo del gólem que se alzaba para aplastar definitivamente a Shail se detiene a medio camino de su trayectoria. El silencioso rostro del elfo expresa un suspiro silencioso, junto a una gota de sudor que cae de su frente.
Agachándose para recoger el cadáver enano, Kirk lo arrastra aún imbuido en su velocidad sobrenatural, evitando que la mujer orco lo aplaste de un escudazo en la espalda por unos centímetros. En respuesta, al llegar ha los pies del gólem en retirada, Kirk desenvaina una daga, lanzándola por los aires hasta Arando, a quien causa un profundo y doloroso corte en el hombro del arma, provocando una expresión de dolor frustrado en el rostro de la hembra.
Con el rostro imbuido de ira, Egravor se agacha para coger el martillo que había dejado caer para lanzar otro hacia la sacerdotisa, y en el mismo movimiento de aferrar el mango, lo impulsa de forma ascendente para encontrar en un fantasmal silencio el escudo de la enemiga. En un segundo intento con un martillazo descendente, el arma también halla el escudo protegiendo a la mujer. Aunque los golpes son silenciosos, levantan chispas de metal contra metal en el aire, reflejando el odio acérrimo del enano contra la hembra orco.
En otro lugar, otra silenciosa escena de cólera envuelve el intercambio de golpes entre humano y orco, en el que Rando incrusta su hacha en un costado del orco con mirada fiera, haciendo brotar un chorro de sangre hasta el suelo. Reaccionando al dolor, cuando Rando trata de aprovechar la oscilación de su poderosa hacha para volver en un segundo golpe, el monstruoso orco lo intercepta con el propio mango de su arma, trabando con una silenciosa vibración el impacto del ataque. Ambos rostros se encuentran uno frente a otro, invadidos por la ira.
Sacudiendo la cabeza, aturdido aún por el último ataque, el sacerdote de Lathander decide involucrarse directamente en la derrota de la sacerdotisa de Gruumsh, y se arroja contra ella en combate. A pesar del poder de su maza castigadora, la enemiga interpone su escudo ante la misma, causando una silenciosa vibración al chocar ambos objetos. En el momento de no sentir sonido alguno, Shail maldice en silencio al recordar que sus oraciones requieren de su voz para convocarlas, sabiendo que su propio poder es el que le roba esa oportunidad.
El inmenso orco, empujando a Rando para alejarlo y buscar distancia, barre también con su hacha al guerrero humano, y dos profundos cortes en el torso y la pierna de Rando, junto con un baño de sangre salpicando por los aires dan constancia de que el gigantón no humano aún disponía de muchas ganas de pelea y furia en su sangre, sorprendiendo dolorosamente a Rando con tal proeza. Al apartar al humano de su camino, el orco observa la situación con respecto a su líder. Viendo que se encuentra en serio peligro, avanza en su dirección, despreciando a MataLobos, para tratar de dar apoyo a la hembra orco.
Ésta, viéndose arropada por su secuaz, se agacha para coger el arma que ella misma había arrojado al suelo antes de tomar el bebedizo mágico, y con un vibrante impacto, alcanza a Shail en el abdomen, doblándolo y haciéndole perder el resuello. El inesperado golpe por encima de sus defensas lo deja tan perplejo... que pierde el control de su poder, y la aureola de silencio se desvanece. Al mismo tiempo, su martillo sobrenatural vuela sobre Kirk, pero al tratar de golpearlo el arma zumba sobre su cabeza, al apartarse el mediano de la trayectoria.
Kirk, rodando para quitarse del impacto del arma sagrada, se lanza hacia Arando, y al pasar a su lado, aprovecha para extraer su espada de poder solar y golpear con un tajo abrasador a la mujer en el abdomen, haciendo a la sacerdotisa aullar de dolor.
Buscando el flanco del orco bestial, Rando corre al lado del mismo para acercarse junto a él hacia la sacerdotisa, y encumbrando la figura del mediano, se coloca junto a Kirk para alzar su hacha, harto de la lucha, dejándola caer... golpeando el escudo de la hembra orco con sonora contundencia... e inutilidad. No obstante, la fuerza del impacto hace descender el brazo que sostiene el escudo lo bastante como para, girando los brazos para coger impulso, el hacha siegue en dirección al cuerpo de Arando... momento en que el hacha la golpea tan fuerte y profundo, que la enemiga vuela por el aire, dejando una estela de sangre, estrellándose con un sonido de metal contra roca en el suelo junto a la tumba, totalmente fláccida, salvo por una leve respiración. Al hacerlo, el martillo fantasmal interrumpe su movimiento, quedando inerte en medio del aire. Cuando el impacto del hacha de Rando se aleja del cuerpo de la sacerdotisa, seguido por una estela de sangre, el guerrero humano utiliza la fuerza de dicho tajo para tratar de alcanzar al orco brutal tras él. Sin embargo, una vez más, el hacha del monstruoso orco se interpone a la de Rando con una chasqueante vibración sentida en las manos de ambos contendientes.
Kirk, señalando a la sacerdotisa caída, grita: "¡Rematadla!".
Al ver por el rabillo del ojo a Egravor avanzar hacia ella con mirada de determinación, Kirk recuerda en voz alta: "¡Usurpó el cuerpo de tu amigo!". Resollando por la nariz, Egravor alza su brazo con un impulso definitivo... y el martillo cae, aplastando la cabeza de la sacerdotisa con un feo crujido, hundiendo el rostro y salpicando sangre y materia cerebral por todas partes, acompañado el golpe con una expresión de satisfacción en su rostro. En el momento de la caída del martillo, el arma espectral que había quedado inerte en el aire al ser derribada momentos antes la sacerdotisa desaparece en un parpadeo, como si nunca hubiese existido. Y, sin mediar palabra, mientras a su alrededor se desata la sorpresa y la repugnancia, con un rugido, Egravor maniobra para girar sobre sí mismo y estampar un sonoro martillazo en las costillas del orco gigantesco, quien, con un crujido, se resiente del poderoso impacto.
Al caer la sacerdotisa, la espuma escapa por los labios del orco guardián quien, tan obnubilado se encuentra en su emoción, que no se percata de que Shail se aleja para tomar distancia, al tiempo que lanza una llamarada de fuego sagrado sobre el enemigo, que estalla sobre su pecho, haciéndole parpadear de dolor e ira por el impacto imprevisto. Al mismo tiempo, la voz templada y firme del sacerdote canta un himno curativo para cerrar sus heridas, sanando algunos de los peores daños que su cuerpo había sufrido hasta el momento.
Con los ojos prácticamente en blanco, sin saber quién es el más culpable de la muerte de la sacerdotisa, el monstruoso orco descarga entre aullidos una lluvia de hachazos imprevista sobre Rando, como quien cortase con rabia el tronco de un árbol. Tal es la saña que, aunque el guerrero interpone el astil de su hacha, la fuerza de los ataques hace retroceder el arma del defensor, permitiendo a la hoja del atacante alcanzar la carne, derramando sangre a raudales en el suelo a los pies del MataLobos: su propia sangre.
Jugando con las distancias entre las piernas del MataLobos, Kirk finta desde varios ángulos hasta que consigue imprimir velocidad y eficacia a la puñalada de su espada solar, la cual penetra en la carne iluminando el interior de las entrañas del enemigo, abrasando músculo y vísceras con un siseo humeante, provocando un estremecimiento de dolor acompañado de un bramido al orco. "¿Ésto sí duele, verdad bestia?", se jacta el mediano. Al retirarse de su lado, Kirk siente el hacha del orco zumbar junto a su cabeza, sacudiendo su pelo con la cercanía del tajo fallido, provocando un escalofrío en la espalda del mediano. Pero la maniobra tenía otro objetivo: acercarse a la mecha ardiente junto a los embalajes, al tiempo que desenvainaba una daga equilibrada.
Con el movimiento acelerado y una precisión impecable, Kirk arroja la daga hacia los embalajes, clavándola en uno de ellos... cortando con ello la mecha aún sin consumir.
El trozo ardiente, en un instante, se consumió hasta el extremo cortado que había caído en el suelo... librándose de la amenaza explosiva, dejando sólo a un combatiente letal al otro lado de la pileta de agua cristalina removida por las pisadas en el combate.
Rando, salvaje y confiado en la superioridad junto a sus compañeros, arremete con su hacha, ahora envuelta en llamas al activar un cristal mágico situado en el astil entre ambas hojas metálicas de la misma. Un rastro de llamas surca el aire, fallando en su intento de decapitar al monstruo, quien esquiva hábil el tajo. Pero al hacerlo, inclinándose hacia atrás, deja al descubierto su vientre, lo cual aprovecha el MataLobos para hender sin piedad la carne, cortando y abrasando piel y músculo con un siseo que hace sufrir al orco, chillando herido a la vez que furibundo. Más pendiente de la herida que de su enemigo en ese momento, la bestia permite a Rando tomarse un pequeño respiro en la batalla, fundamental para no caer rendido también por el inmenso castigo sufrido.
Frente a frente, ambas bestias de guerra se observan y se miden, entre rabia y respeto, al ver cuan destrozados se encuentran por la lucha.
Aprovechando el momento de cruce de miradas, Egravor se lanza contra el orco gritando: "¡Tú serás el siguiente!¡Tu señora ha muerto!". Al fijar su atención en el enano, el orco sólo atiende a ver cómo sortea su guardia, golpeando rápida y repetidamente en el tórax del enemigo, causando un feo crujido en sus costillas que hace tambalearse al agredido por los impactos.
Desde su posición en la lejanía, Shail arroja un estallido de fuego sagrado contra el orco, quien se recupera lo bastante de los golpes como para interponer su enorme hacha en el ataque, en la cual explota inocua la llama antes de golpearlo. Con un bufido frustrado, viendo que su ataque no había causado el efecto deseado, el sacerdote se percata del lamentable estado de su aliado Rando, a pesar de lo que éste trata de aparentar a sus amigos, y canta para él una hermosa tonada sanadora, que repara algunos de los daños y heridas en el cuerpo de su amigo, quien mira de reojo a Shail con gesto orgulloso, como tratando de decir que aquella cura no era necesaria, pues se encontraba perfectamente en el fragor de la lucha.
Molesto por el apoyo en la distancia del elfo sacerdote que había llevado a su señora a ser derrotada, el orco descuelga de su cinto un hacha que lanza con un giro de muñeca hacia Shail. El arma, lejos de parecer torpe, golpea certera con un profundo tajo en la cintura del elfo, quien trastabilla y expulsa un suspiro, sintiendo que sus fuerzas empiezan a abandonarle, con lo que la firmeza de sus piernas se tambalea, y necesita apoyarse en el gólem desactivado para evitar caer al suelo, sintiendo como la sangre corría cálida por una pierna hacia el suelo. Alzando la vista, el golpeado pudo observar que el orco, con un molinete, aferro de nuevo su monstruosa hacha con ambas manos, imprimiéndole tal violencia que el golpe alcanzó a su objetivo -Rando- con una fuerza descomunal, haciendo al guerrero humano alzarse un dedo del suelo con el rostro descompuesto por la dolorosa sorpresa. Una risa siniestra se escapó de los colmilludos labios del atacante. "¡Por Gruumsh!", gritó a los cuatro vientos.
Escurriéndose por un costado, Kirk evita ser el foco del poder destructivo del enemigo, y con un molinete brillante, su espada de luz solar arremete con un nuevo tajo abrasador que recorre todo un costillar del atacado, el cual farfulla algo ininteligible al ser alcanzado por el tajo fulgurante.
Rugiendo su cólera desesperada, Rando salta para imponer una fuerza adicional en su hachazo, y con un surco de fuego en el aire, el hacha desciende implacable para clavarse profunda, dejando un hedor a carne quemada en el impacto, en uno de los hombros del orco, haciendo que la sangre que brota a borbotones sisee al evaporarse al contacto con las llamas mágicas, acompañando al bramido de dolor del atacado. Pero, al caer y alzar el hacha para tratar de castigar de nuevo al orco en sus últimos instantes, la rabia del mismo le permite apartarse a tiempo, viendo como el hacha del MataLobos choca con un chasquido metálico contra el suelo, levantando chispas.
Y entre la nube de chispas de fuego, Egravor salta atravesándolas con el martillo en alto. Con su garganta gritando "¡Por Moradiiiiiin!" se abalanza contra el orco agazapado.
Con el impulso de su avance, un martillazo ladea el rostro del orco al alcanzarlo con dureza, esparciendo sangre y un par de dientes por el suelo. No satisfecho con el primer golpe, y viendo por primera vez el rostro agotado de su enemigo, Egravor alza el martillo implacable sobre su cabeza, y con un bramido lo deja caer en la frente del orco postrado. El golpe es tan brutal que se escucha un feo crujido donde hueso se resquebraja en la nariz y cabeza del orco, provocando un aluvión de sangre brotar por la nariz aplastada de la criatura, que parpadea como si no supiese donde se encontraba, agotada por el castigo continuado.
Desde la lejanía, sosteniéndose el costado sangrante, Shail tose y se incorpora, trazando una señal mística con su dedo, de la que brota un fino rayo de luz deslumbrante, la cual no calcula bien la trayectoria entre el forcejeo de los enemigos, y pasando entre todos ellos, se estrella contra una de las tumbas de piedra al fondo de la sala.
Secándose el sudor con la mano, el elfo siente que el daño sufrido por su cuerpo le está pasando factura para concentrarse con claridad en sus plegarias. Aún así, queda suficiente energía divina en Shail para enviar un nuevo cántico sanador a Rando, al que las ondas sónicas restablecen varias de las heridas sufridas a un mejor estado de salud. Respirando con pesadumbre, el guerrero humano agradece para sí mismo la atención de su compañero sacerdote.
Al ver que el orco se alza del suelo, empuñando con fuerza y desesperación su hacha, Kirk empieza a provocarlo para ser el objetivo de sus ataques a base de insultos y burlas a su falta de fuerza y precisión, indicándole que se meta con alguien de su tamaño... como el mediano.
En su estado enajenado, y tan cerca de una posible muerte, el orco es incapaz de pensar con claridad o sentir emociones más allá de la pura ira y determinación, con lo que su atención se enfoca en el objetivo más grande ante su vista. Girando el astil de su hacha entre las manos, se dispone a incrustarla en Rando. Pero, recobradas parte de sus fuerzas, Rando ve como el hacha del enemigo oscila ante él sin llegar a alcanzarlo, momento en que, aprovechando la inercia del golpe, el guerrero humano ve dar un paso al orco cuando trataba de golpearlo, y recorriendo la distancia que lo separa del enemigo con la guardia abierta, Rando levanta su hacha ígnea sobre su cabeza, y la deja caer de forma tajante contra la espalda del orco, tan contundente que se entierra entre los omóplatos en un estallido de fuego.
El impacto es tan contundente que, sumado a la fuerza del tajo del orco, hace que el enemigo alcanzado vuele por el aire, cayendo de bruces en el suelo, quedando allí inmóvil, despatarrado, con una herida de muerte humeando en su espalda.

(NOTA DE ERRATAS EN JUEGO: De no ser porque el DJ tiraba 2D6 en los golpes del orco, en vez de haberlo hecho con 2D12 -de lo que se dio cuenta demasiado tarde-... hoy estaríamos ante el entierro de Rando -aunque tampoco es así, porque Shail disponía de un Revivir para poder alzar de entre los muertos a su compañero-)

Al caer en el suelo, Rando alza su hacha al aire, gritando un aullido de victoria, aun sintiendo el sufrimiento en su cuerpo.
Observando a sus compañeros para compartir su victoria, y señalando el cuerpo del enemigo caído para que Egravor se deleite rematándolo, no obstante MataLobos se sorprende al ver que Egravor queda paralizado por alguna extraña fuerza que hace detener su avance. Alzando con esfuerzo un rostro desencajado, el enano sólo alcanza a pronunciar con temor unas palabras entre susurros: "Marchaos... Corred... ¡Huid de aquí!"
Justo en ese momento, con movimientos mecánicos, el enano se gira hacia las cajas de embalajes, caminando con determinación antinatural.
"Las cajas me las tengo que llevar", dice Kirk, observando extrañado al enano. "¡Marchaos!", vuelve a gritar Egravor, desesperado en su avance incontrolable.
"¡Tenemos que llevarnos las cajas!", protesta firmemente Kirk.
"¡Marchaos!¡No puedo detenerme!", sigue gritando el enano, con voz afectada.
"¡Ese no era el trato!", intenta protestar el mediano.
Impotente al ver la marcha del enano firmemente hacia su objetivo, y confundido en qué hacer, mientras Shail piensa en qué poder entre sus oraciones podría detener su avance, Kirk pronuncia en voz alta la fórmula de súplica al Señor de Diente Helado -en cuyo mausoleo se encuentran-, esperando que con esa convocación suceda algo que pueda ayudarles, al mismo tiempo que Rando se lanza sobre el enano, tratando de frenarlo:
"¡El Diente tritura a sus enemigos, y Alimenta a sus amigos!"
Tras esas palabras, de repente todo el mausoleo se sacude con un suave temblor. Por todo el lugar se derrama una voz grave y poderosa, cargada con la fuerza de la inmortalidad y el más allá:
"¡ALTO, EGRAVOR!¡ESTOS AVENTUREROS HAN LOGRADO HONRAR EL RECUERDO DE DIENTE HELADO!¡DETÉN TU MANO!"
Con esas palabras, Egravor frena su avance, y gira su cabeza hacia la tumba del Señor de Diente Helado.
Sobre la misma, una figura fantasmal imponente comienza a manifestarse. Se trata de un enano de aspecto regio, sin mácula de corrupción alguna, como si aún existiese como soberano de la fortaleza montañosa. Al verlo, Egravor se arrodilla respetuoso ante él, acompañado por Kirk y Shail, mientras que Rando se apoya sobre su hacha. "Mi señor", expresa temeroso el regresado. "No pude proteger la fortaleza. Ha sido mancillada y horadada por enemigos ancestrales".
"NO IMPORTA, EGRAVOR. PERO HAS CUMPLIDO CON TU COMETIDO. A PESAR DE TODO, TU PALABRA NO SE HA TRUNCADO. ESTUVISTE HASTA EL FINAL, Y ESO TE HONRA. AHORA, DEBES CUMPLIR TU ÚLTIMA PALABRA... AQUELLA QUE LE DISTE A ESTOS AVENTUREROS. PERO NO UTILICES SUS MEDIOS. HAY OTRA FORMA, Y SE LO DIJISTE A ELLOS".
Egravor alza el rostro, comprendiendo. "Es cierto. Os dije que a través de los mecanismos de la forja podría destruir este lugar, pero no lo recordaba. Mi mente se había quedado ofuscada al morir el último de los enemigos".
Kirk, aún con la cabeza gacha, expresa "es normal". Y en su mente, piensa que, hasta que no le de permiso, no se alzará ante el rey.
"ALZAOS, AVENTUREROS. NO TENÉIS NADA DE QUE PREOCUPAROS AQUÍ. PERO CREO QUE TENÉIS UN DESTINO QUE OS AGUARDA. DE HECHO, ESTAS PALABRAS HE DE REVELAROS. UNA SOMBRA SE HA CEÑIDO SOBRE ANDERVILLE. LA TRAICIÓN DE ALGUIEN A QUIEN CON DESCONOCIMIENTO HABÍAIS DADO VUESTRA PALABRA. CUANDO VOLVÁIS, TENED CUIDADO. Y SALVAD VUESTRA CIUDAD".
Alzándose humildes Kirk y Shail, el mediano comienza a hablar. "Dimos la palabra a Vardan de que llevaríamos el Ojo de la Montaña a los descendientes de ForjaEscudo".
"ESTOY AL CORRIENTE. MORADIN ME HA OTORGADO ESE SABER". Con un gesto de su mano fantasmal en dirección a su tumba, la losa de piedra descomunal tallada sobre la misma se eleva en el aire con suavidad -tan contundente que sólo la magia podría haberla alzado-. En el interior de la tumba, el esqueleto engalanado del rey enano se mueve, aferrando con ambas manos su corona -El Ojo de la Montaña-. Levantando una de ellas, en la que queda sujeta la misma en vilo, el fantasma sigue hablando.
"CON MIS BENDICIONES, QUE SIRVA A LOS DESIGNIOS DEL CLAN FORJAESCUDO".
Kirk se adelanta despacio, y toma la corona, dejando que el esqueleto vuelva a adoptar su posición de reposo. "Ha sido un honor conocerle", susurra el mediano.
"EL HONOR HA SIDO MÍO. QUE DIENTE HELADO NO CAIGA EN EL OLVIDO".
Con esas palabras, la losa vuelve a colocarse en su lugar correcto, sin apenas ruido. Por su parte, el fantasma se desvanece poco a poco, dejando sólo a Egravor en pie ante la tumba, rozando con reverencia la losa que la cubre, a punto de romper a llorar.
En la lejanía, un lamento acompañando una oleada lejana de frío recuerda a los compañeros que, antes de combatir en el mausoleo, habían expulsado a un espectro pero no estaba derrotado. Así, girándose en dirección a la entrada del lugar de enterramiento, el grupo percibe a la criatura que avanza a toda velocidad ante ellos, envuelta en un gemido de ultratumba. Pero, justo cuando Shail alzaba su maza para tratar de golpearlo, el ser se detiene en el aire a varios pasos frente al grupo. Sorprendidos, los Héroes de AnderVille son testigos de una asombrosa transformación. Los jirones de tinieblas que rodean a la criatura como una capa hecha jirones al viento empiezan a cambiar, así como el contorno oscuro de la criatura. De repente, sus rasgos se consolidan como los del fantasma de un enano. La criatura, al servicio de la protección de la tumba, observa a aquellos que ahora gozan del favor del Señor de Diente Helado, y con una solemne reverencia ante ellos, se despide, deshaciéndose su silueta en la nada, dejando tras de sí a un grupo sorprendido y aliviado.

Después de la lucha, los aventureros se permiten tomarse un respiro, apartando los cadáveres enemigos hasta un punto donde no sean un estorbo -los cuales después retirarían del mausoleo para quemar donde no fuesen un estorbo-, registrando sus pertenencias para quedárselas como trofeos o útiles necesarios para lo que habría de venir, encontrando gran cantidad de objetos mágicos que poder identificar en el Libro del Saber de Dumathoin, junto con un importante alijo de dinero entre oro, plata y cobre, y varias gemas y joyas.
Tomando los restos de Vardan, Shail y Kirk celebran una solemne ceremonia para honrar sus restos. Al buscar en el mausoleo del Señor de Diente Helado, el grupo se da cuenta de que hay una tumba reservada para él... aunque se encuentra vacía, probablemente porque el enano, al morir, no pudo ser enterrado convenientemente allí. Así, todos colaboran -junto a un triste Egravor- para oficiar la ceremonia y dejar el cuerpo inerte de Vardan en su verdadera tumba.
Tras ello, Shail entona un cántico protector para imbuir de energía vital extra a sus compañeros Kirk y Rando, así como a sí mismo.
Por su parte, Kirk prepara una espada corta sin magia con el encantamiento de la tiza sobrenatural, además de la vaina de la misma, cargada y lista con un poderoso veneno hallado en sus aventuras, que utilizar con dicha espada envainada. Además de tener lista otra espada corta de su arsenal, también solicita a Rando un hacha de mano, encantándola con la magia de la tiza sobrenatural, agotando el poder de la misma, la cual se deshace en una voluta de polvo blanquecino.
Disponiendo su viaje a través del portal portátil entregado por Ulma, el grupo recoge y ordena los embalajes "robados", en los que los aventureros encuentran que, en el interior, además de un alijo de armas largas y cortas con munición diversa, éstas han sido enterradas en pólvora -quizá barriles de los que los orcos y los ManoHierro ya se habían deshecho-. Además de las armas, Kirk se percató de que existía un libro encuadernado en el alijo: un tratado alquímico para fabricar armas, munición y pólvora, el cual el mediano decidió quedarse consigo. Al ojear el volumen, mientras Rando retiraba un arma larga, otra corta, un saquito de pólvora y un buen puñado de munición, Kirk se dio cuenta de que bajo la cubierta había una nota escrita, la cual también observó Rando mientras guardaba los objetos sustraídos del alijo. Al tomar ambos el papel y abrirlo con curiosidad, una nota del puño y letra de Ulma (idéntica a la de los contratos 'confusos' firmados antes del viaje hacia aquí) rezaba: "Recuerda Divor: No deben salir vivos". Estrujando el papel en su puño, Rando estuvo a punto de destrozarlo, pero con un carraspeo, Kirk se lo arrebató y lo alisó con cuidado.
Era preciso mantener aquella prueba intacta.
Por su parte, Shail extrajo un pergamino de entre sus tesoros, el cual comenzó a entonar con un solemne rezo para contactar con Lathander, para consultar su fortuna en el momento en que cruzasen el portal de Ulma y entregasen la mercancía robada... porque quizá podría suceder algo en su contra. En su comunión mística, las sensaciones recibidas por Shail de Lathander fueron que, tras pasar el pórtico místico, hallarían gozo y problemas por igual, lo que, al transmitir a sus compañeros, los apremiaba aún más a prepararse para lo que fuese al otro lado del transportador mágico.
Por su parte, Kirk se preparó para que, en cuanto que se abriese el portal, gastaría la última dosis de su polvo de invisibilidad sobre sí mismo, por si, cuando llegase al otro lado, alguien los esperaba, y así no ser objeto de un ataque por sorpresa.
Entendiendo la preparación de Kirk, Shail rebuscó entre sus objetos y tesoros reunidos en sus aventuras, sosteniendo en su mano una extraña gema, cargada de energía elemental, en cuyo interior se ocultaba el alma durmiente de un poderoso elemental de tierra a la espera de ser liberado.
Colocando el activador del portal en el suelo junto a las cajas, los aventureros sienten la intensa presencia de Egravor a su lado, que los observaba desde hacía un buen rato en sus evoluciones, momento en que, sabiendo el destino final del enano y la fortaleza, a todos se les hizo un nudo en la garganta.
Casi no sabiendo qué decir, las palabras apenas fluyeron, pero las emociones sí dieron rienda suelta, despidiéndose de ellos el enano con sincero acepto, tomando la mano de todos entre las suyas.
Con una sonrisa y algunas lágrimas, en un cuerpo cada vez más vivo y, progresivamente, más viejo a ojos vista -fruto de la magia que se liberaba poco a poco para cumplir su última palabra antes de morir definitivamente-, el último guardián de Diente Helado les deseó la mejor de las suertes, y les indicó que tendrían tiempo de sobra en el trayecto que a él le esperaba subiendo los escalones desde el mausoleo hasta la forja para activar el mecanismo que haría que ésta provocase la destrucción final de la fortaleza, el cual podrían utilizar para abrir el portal que les llevaría hasta AnderVille.
"He podido contar con compañeros verdaderamente honestos y honorables entre vosotros. Espero que ese sentimiento os acompañe y os guíe en vuestro futuro. Siempre habrá un lugar en los Salones de Moradin para recordaros. Marchad raudos a casa, amigos. Otros os esperan para ayudar en vuestro hogar".
Con aquellas últimas palabras, Egravor se giró hacia su destino, apoyándose esta vez en su poderoso martillo, pero más como si se tratase de un viejo bastón que soportase su cansado cuerpo que una poderosa arma de guerra que le había llevado a cumplir su última palabra de proteger Diente Helado.
Con un sentimiento agridulce en el corazón, Kirk, Rando y Shail comenzaron a activar el portal cuando la imagen de Egravor desapareció en las escaleras de subida, y sólo sus pasos cada vez más lejanos se escuchaban en el silencio de las cámaras del Señor de Diente Helado.
Al sentir la crepitante energía del portal de Ulma, los aventureros se apresuraron a empujar rápidamente los embalajes preparados para el transporte a través del mismo, los cuales eran suavemente succionados por su poder, hasta que desaparecían rumbo al otro lado.
Al terminar el envío, el grupo emite un profundo suspiro y, sin mirar atrás, salta hacia el transporte mágico.
Al otro lado, los viajeros observan que acaban de llegar al patio de la mansión de Ulma -en lugar de sus dependencias de trabajo... más concretamente, uno de sus almacenes, donde la gnoma dijo que el portal de acceso para retorno estaría afincado-, el amplio espacio entre su casa y las oficinas, almacenes y dependencias de trabajo, donde se percatan de que es noche cerrada, bien entrada la madrugada.
Más allá de sus altos muros, fulgores rutilantes dispersos aquí y allá lejos en la villa se alzan hacia el cielo. Acompañando esos resplandores, los aventureros escuchan un tumulto... gritos... voces... ruidos de órdenes de la Guardia de Ander y la Milicia Urbana... y en algún momento puede escucharse trifulca con choques de armas, más órdenes, y otras voces que se identifican con frases como: "¡Retirada!¡Retirada". "¡A la fortaleza!". "¡Corred!. ¡Por allí!. ¡Están avanzando!".
Y, superpuestos a esos sonidos, el grupo escucha rugidos de voces inhumanas que es incapaz de reconocer, en ocasiones con amago de voces guturales que, en cierto sentido, empiezan a ser familiares. En contraste, el hogar de Ulma parece a oscuras, y desierto. Ninguna luz, por pequeña que sea, surge de ventana alguna, ya sea en el hogar o los edificios traseros.
Pensando en una forma sencilla de localizar a Ulma, aunque a Shail se le pasa tratar de usar una oración para situar el broche de su posición social que lleva siempre consigo, Rando piensa que podría llevar encima su Piedra de Comunicación, para lo que abre un canal con ella. Tras un segundo intento de conectar con la gnoma Gremial, ceja en su empeño.
Por su parte, Kirk -aún invisible- trepa a lo alto de uno de los muros del área al aire libre entre ambos edificios para tener mejor perspectiva de lo que sucede en AnderVille. Desde allí, observando el interior de la Calle del Sudor -el nombre otorgado al barrio Gremial de la villa-, el mediano observa como un escuadrón de enanos se mueve rápidamente -y con sorprendente sigilo-, pertrechados con armamento de guerra, zigzagueando entre callejones, como si buscasen un punto de emboscada.
Ampliando su arco de visión, más allá del avance enano, Kirk se percata de que varios grupos numerosos de orcos en actitud ofensiva se dispersan por calles y callejones, gruñendo órdenes y letanías de guerra, buscando por esquinas, pertrechados con antorchas y enormes hachas, y tratando de cercar a cualquier ciudadano que pudiesen ver al alcance para cazarlo. Entre las filas de orcos, Kirk distingue a una figura más imponente, impartiendo órdenes por doquier: aquel orco que acusaba a los elfos de haber matado a su hermano. Ahora formaba parte del liderazgo de la horda, coordinando sus esfuerzos con eficacia. Tratando de comprender sus palabras, Kirk activa su yelmo traductor, y escucha:
-"¡Rastread las calles se esa zona!"
-"¡No debe haber resistencia!"
-"¡Turk necesita toda la ventaja posible antes de que lleguen!"
Sobresaltado con un palpito, Kirk mira en dirección a su hogar. Por suerte, moviéndose a cierto ángulo, es capaz de observar el edificio desde allí. Y, por fortuna, no parece haber nadie en su interior, ni siquiera luz. Aún así, al recorrer el paisaje con la mirada, se percata de que hay formas por doquier corriendo de un lado a otro, en fuga o persecución, gritando de terror, farfullando amenazas o dando órdenes para moverse en la lucha. Lo peor de la situación es escuchar una frase repetida en orco desde varias direcciones: "¡No cojáis prisioneros!"
La congoja se apodera poco a poco del corazón de RamaBaja, mientras sigue observando todo lo que sucede. A lo lejos, la luz de lo que parece un foco de fuego se encuentra localizado aproximadamente en el alcázar de la Guardia de Ander. Otro resplandor ígneo refulge en la ubicación del Cuartel de la Milicia Urbana. Un tercer conato de incendio parece devorar el área cerca del Fortín de la Moneda. Y un último fulgor anaranjado se sitúa en dirección del Ayuntamiento. Todo ésto se acompaña de carreras precipitadas por todas partes hacia esas zonas, principalmente de botas orcas.
Susurrando a sus compañeros todo lo que observa con voz preocupada, el mediano de pronto observa por una calle más amplia que un numeroso grupo de orcos avanza rodeando a una figura perturbadora: lo que parece un orco por sus rasgos primarios, en realidad es mucho más. La piel del mismo parece sembrada de púas oseas que brotan de su carne con aspecto amenazador. Una monstruosa hacha con múltiples salientes afilados se apoya en un hombro, empapada en sangre. Los colmillos prominentes de su mandíbula inferior son tres veces más grandes y afilados que los de un miembro promedio de su raza, y un fulgor escarlata puede adivinarse a través de la distancia en sus ojos, como una llama interna. Las espinas oseas coronan sus sienes y frente en una ristra más pequeña, pero también presente, e incluso pueden hallarse en sus codos y nudillos. Sus rasgos se encuentran deformados desde una naturaleza de orco, hasta el punto que, aunque son distinguibles, atemorizan aún más de lo que cualquier espécimen normal entre los suyos podría lograr. El avance de su tropa está supeditado a las órdenes de la bestia.
En un momento, todo el grupo se detiene cuando el monstruo ruge un grito de guerra, señalando en una dirección con su hacha, momento en que todo el grupo pasa de caminar a correr a toda velocidad en esa dirección, perdiéndose de vista.
Intento tras intento de localización, Rando finalmente halla respuesta en la Piedra de Comunicación. Escucha un suave: "¿Sí?" en la voz de Ulma.
"Ulma. ¿Qué está ocurriendo? Hemos llegado a AnderVille. Hemos conseguido..." comienza a hablar Rando. Ulma lo interrumpe: "¿Habéis llegado?" "Sí", susurra Rando, preocupado.
"Escondeos en mi casa", dice la gnoma. "¿Cómo hacerlo? ¡Están atacando AnderVille!", contesta airado el guerrero. "Lo sé. Un numeroso grupo de orcos ha llegado a primera hora de la noche, sorprendiendo con un ataque a Villa Ander. Han sido guiados por Turk. ¡Nos han engañado! Su intención era tomar la ciudad, y ahora Guardia y Milicia combaten con ellos, mientras han cercado a alguno miembros del Consejo de Gobierno en el Ayuntamiento. ¡Tened cuidado!¡No os arriesguéis!¡Escondeos hasta que pueda enviar a alguien por vosotros". Las palabras de Ulma parecen muy preocupadas.
Escuchando su voz, el grupo percibe mentira... y verdad... en sus palabras.
"¿De verdad vamos a atender las palabras de Ulma?", se preocupa en voz baja Shail, tras cortar la comunicación con Ulma. "Rando", dice Kirk. "Vamos a la taberna a por Mila. ¿Vienes?". "¿Cómo dudas?", se ofende Rando. "Mi sobrino está allí".
Resolviendo ocultar las cajas de embalajes entre las sombras del patio donde acababan de llegar, los aventureros sortean uno de los muros de la mansión, para tomar rumbo a la Posada Humo de Roble.
En primera posición, y susurrando a sus compañeros cuándo moverse o cuando pasar desapercibidos, la invisibilidad de Kirk abría camino a sus compañeros callejeando desde los recovecos de la Calle del Sudor dirección la Posada.
En el avance, aunque la situación es peligrosa, sorprende percibir que la masa de orcos no es tan grande como para que la ciudad haya sido dominada. De hecho, hay abundantes sonidos de lucha en las calles. Cada cierto tiempo, la voz de un oficial o soldado de la Guardia de Ander ordena en alto retirada a zonas protegidas.
Sobresalta percatarse que, en alguna ocasión, en el área cercana a la escuela, una deflagración de un brillo anaranjado o un flash de luz eléctrica azulada descargan sin piedad, acompañados de gritos de dolor y muerte.
En su avance, los aventureros encuentran persecuciones de orcos (de 6 a 10) a ciudadanos por las calles, o pequeñas zonas de resistencia ciudadana contra el ataque orco.
Pensando en cómo afrontar el caos en la villa, Rando piensa en los posibles protocolos que aplicarían el Comandante de la Milicia y el Capitán de la Guardia que, en caso de un ataque, normalmente estarían cerca de Mancy Moore -la Alcaldesa-. Y, si era cierto lo que decía Ulma sobre que estuviese cercada en el ayuntamiento, el guerrero decidió enviar un ave mágica en su posesión, la cual enviaría un mensaje al Capitán para obtener alguna señal.
"Ya estamos aquí. Si estáis en peligro, dispara una flecha de fuego al cielo. Si está Mila y Bebé dos."
Después de enviar a la criatura mágica, los compañeros siguieron su avance, vigilando el cielo, manteniendo un perfil bajo para evitar combatir inútilmente sin recibir un aviso.
Entre las sombras, el grupo alcanza los aledaños del Fortín de la Moneda, sorprendidos por la evolución del asedio en el lugar: más de una veintena de orcos trata de hallar un punto de acceso en los resistentes muros del sólido edificio, cerrada su firme reja metálica exterior, mientras los mercenarios de LenguaRápida los acribillan sin piedad desde grandes ballestas fijas en las torretas almenadas junto a la entrada y en las esquinas de la construcción, resistiendo un bombardeo de frascos de fuego alquímico hacia las alturas por parte de las fuerzas de asedio. Desde el interior, la potente voz de Jaime LenguaRápida imparte órdenes sin descanso: "¡Proteged el flanco! ¡Tratad de abrir brecha! ¡Intentad que se alejen de la puerta! ¡Hay que dejar paso para los ciudadanos! ¡Luchaaaad!"
La confusión reinante pasa por intercambio de virotes desde las alturas a flechas disparadas por los orcos, gritos de batalla y rugidos de las tropas de asalto... todo lo cual va quedando atrás al percatarse los Héroes de AnderVille que, por lo que parece, el edificio resiste bien cualquier intento de romper sus defensas. Aunque tres cadáveres de soldados yacen cerca de los muros, algo más del doble de enemigos se encuentran atravesados por varios virotes dispersos entre los atacantes.
Unas decenas de metros alejándose del edificio asediado, y ya cerca de la posada (con el Ayuntamiento también a la vista), de pronto una flecha ardiente se eleva desde un punto que podría identificarse como el Alcázar de la Guardia de Ander.
Preocupados por el significado de la misma, el grupo desvía su camino en dirección a aquel lugar, persiguiendo obtener aliados con los que hacerse más fuertes... entre ellos los elfos de Tuviel "Brisa de Hielo", cuyo conflicto podría salpicar con un tenso resultado entre él y Shail de Lathander.
Observando con cuidado cada acceso en su avance -con la invisibilidad mágica de Kirk ya perdida en el camino-, al llegar cerca de la posada, todos se percatan de que es la Taberna Humo de Roble donde el caos de la horda se ha desatado a su alrededor, junto con el fuego de un incendio creciente.
Como contraste, el ayuntamiento se halla en silencio absoluto, como si estuviese abandonado a su suerte. Ni un ruido o movimiento parecen surgir de él.
Fijando la atención en la posada, Kirk traga saliva al escuchar un rugido más temible que la simple voz de un orco entre el griterío, además de otra voz imponente bramando "¡Muerte para Gruumsh!¡Sangre para Gruumsh!"
Tanto el mediano como sus compañeros, protegidos por las sombras, fijan su atención en la voz más perceptible, la cual pertenece al orco que días antes se había mostrado como un portavoz responsable de sus hermanos de raza, respaldando y cediendo la palabra a Turk "El Tuerto". Sin embargo, su aspecto ahora dista mucho de ser el orco andrajoso y pobremente pertrechado de aquel momento, y en su lugar, presenta una imagen mucho más temible e imponente, armado y acorazado como un auténtico líder de batalla, acompañado de un grupo de seis orcos guerreros. En la armadura de su pecho, el símbolo de Gruumsh se muestra con orgullo remachado a su armadura. Y ahora resalta en su rostro una cicatriz que cruza de arriba a abajo sobre el ojo izquierdo, aunque éste está intacto.
Más allá, la monstruosidad demoníaca orca -ahora bien definida- impone su voluntad entre violencia y gruñidos guturales, acompañado de una masa de diez orcos guardianes que siguen sus órdenes ciegamente.
Dentro de la posada se escuchan llantos de niños, lucha de ciudadanos, disparos de arcos y ballestas desde las ventanas superiores, acompañadas en un momento puntual por el recitar de unas palabras arcanas que libera una deflagración ígnea hacia los orcos desde la planta de las habitaciones que hace saltar por los aires a algunos orcos, mientras otros huyen del fuego mágico rodando por el suelo o corriendo desesperados.
Aprovechando la confusión, Shail extrae de entre sus ropajes un extraño diamante amarillo, el cual pulsa con energía elemental contenida. Susurrando una orden al mismo, el diamante se agrieta lentamente, hasta deshacerse en esquirlas de polvo arrastradas por el tiempo. Justo en ese momento, las fuerzas del extraño orco demoníaco que se reagrupaban cerca de la posada son sacudidas por un extraño temblor de tierra, y cuando uno de los guardianes mira hacia el suelo, un gigantesco puño de roca sale disparado desde el mismo hacia arriba, golpeando al curioso y lanzándolo por los aires. La sorpresa atrapa a todos los enemigos por igual. El orco demoníaco comienza a impartir nuevas órdenes dirigidas a rechazar a la criatura, a la vez que ésta seguía brotando del suelo y comenzaba a golpear y aplastar enemigos a diestro y siniestro.
Una parte de los atacantes ya se encontraba entretenida. Ahora quedaba uno de los orcos más allegados a Turk de los que ocuparse, aquél del símbolo de Gruumsh.
Cuando los aventureros empiezan a acercarse despacio hacia el grupo del elegido, de pronto éste, como si algo lo avisase de su llegada, se gira mirando en dirección al sorprendido grupo.
Señalándolos con su arma, vocifera a sus secuaces: "¡GRAGH exige vuestra ayuda!¡A ellos!"
Adelantándose a la provocación, Shail se alza firme junto a sus compañeros, y entonando un poderoso salmo de súplica a Lathander, de la palma abierta de su mano surge una pequeña esquirla de energía anaranjada brillante, la cual cae entre los orcos que empiezan a girar y avanzar contra el grupo, estallando en el núcleo de los adversarios.
Salvo uno de los orcos que logra saltar por los aires, rodando por el suelo para apartarse del estallido, la brillante explosión convierte en una nube de cenizas entre breves chillidos de dolor a toda la escolta de Gragh, quien, protegido por la bendición de Gruumsh, se arroja al suelo, apartándose de las llamas mágicas lo bastante como para no perecer junto a sus seguidores, aunque su piel arrasada refleja en su rostro el sufrimiento recibido, cambiados sus rasgos al instante por una ira incontenible. La explosión encumbra la voz del elfo que grita "¡Fuera de aquí!" con la liberación de la magia.
Levantándose del suelo, Gragh gruñe con una mirada penetrante "Gruumsh me ha elegido. Y vosotros moriréis hoy".
Entonces, surgiendo junto al elfo, Rando grita furioso [entrando en Furia... aunque al Jugador se le olvidó declararlo en ese momento] avanzando con el casco de ojos rojos brillantes, gritando que hará alfombras con las pieles de los enemigos.
Aunque su cólera desatada le hace parecer un enemigo descuidado, Rando mide sus zancadas agitando el hacha para confundir a su enemigo, momento en que lanza un poderoso tajo flamígero impulsado desde la cadera hacia arriba, el cual produce un profundo corte siseante en el costado del siervo de Gruumsh, a pesar de que su armadura rechina por el impacto. Confundido por la herida, el siervo de Gruumsh intenta desviar un segundo ataque con su escudo, pero la posición del objeto no es lo bastante eficaz como para desviar correctamente el hacha de Rando, la cual chirría sobre su superficie, cayendo contra un muslo del enemigo con otro tremendo tajo que vierte más sangre hirviendo por el suelo.
Aprovechando la atención de Shail por su poder destructivo y de Rando por su peligroso hachazo, Gragh no es consciente de que el pequeño Kirk se desliza entre las sombras de las calles que rodean la posada, y cuando revela su presencia, es demasiado tarde, pues desenvaina su espada encantada por la tiza mágica, e impregnada de ponzoña mortífera, atraviesa con ella el bajo-vientre del líder hasta incrustarla en la columna del líder, arrasando sus entrañas con el letal veneno de la hoja.
Con una mirada desorbitada, el orco observa al pequeño mediano que le ha robado la vida y el aliento, cayendo sin una palabra como un pesado fardo al suelo.

Con la hoja aún ensangrentada en su mano, Kirk grita "¡Gragh ha muerto!¡No tenéis nada que hacer aquí!". Los orcos que aún quedan en pie en los alrededores, al ver lo sucedido, alzan un aullido clamando venganza para enfrentarse a los recién llegados, a lo que Rando exclama: "¡Si éste es vuestro líder, temo por vosotros!"
A lo lejos, concentrando su atención en lo ocurrido, salvo tres orcos reducidos a pulpa por el elemental de piedra, el resto de la tropa que acompañaba al orco con rasgos extraños -junto a su líder- carga sobre los aventureros, así como aquel que había escapado por los pelos de la explosión de fuego divino, escolta de Gragh.

De pronto, una carga orca se acercaba como una estampida de reses, dispuesta a pasar por encima del trío.

Frente a la carga, el orco enorme y deformado con protuberancias oseas alza su inmensa espada salvaje, pero no calcula la velocidad y tamaño del mediano al que trata de aplastar. Además, Shail provoca un estallido de luz perturbadora frente a sus ojos, haciendo que el espadón se entierre unas pulgadas en el suelo, causando un escalofrío en el paladín mediano. Quizá Kelemvor empieza a susurrar a su oído. Sacudiendo el rostro confuso, el monstruo lanza un babeante mordisco contra Kirk, que mastica con un crujido parte de la armadura del hombro de su objetivo, arañando la carne, dejando varios surcos sanguinolentos a su paso que relame con placer entre los labios.
Con un ojo entrecerrado, Kirk se burla del monstruo diciendo: "¿Ésto es todo lo que tienes, demonio?" Ante él, la criatura brama "¡Gruumsh me llama!¡Moriiid!"

En ese momento, la oleada irrumpe en el lugar del combate.

Dos orcos tratan de cercar a Kirk, y mientras uno lo azuza con su lanza por un costado, otro trata de aplastarlo con su inmensa hacha, aunque Kirk logra desviar en el último momento el golpe con el escudo, lanzando la inercia fuera de su posición.
En la posición de Shail, un orco golpea amenazador el aire frente al clérigo, obligándolo a recular, mientras grita "¡Muchachos!¡A por él!", momento en que, aunque otro de los combatientes intenta decapitarlo sin éxito, al chocar su espada contra el escudo, un tercero rodea el flanco menos vigilado del elfo, incrustando la hoja de su hacha en la espalda del sacerdote, provocando un feo corte en las costillas, aunque Shail consigue mantener el tipo.
Otros tres orcos tratan de imposibilitar la defensa de Rando, rodeándolo, y mientras uno lo acosa con una enorme lanza, otro yerra en el tajo de su espada con un zumbido donde el guerrero se encontraba hacía un instante. Entonces, Rando tira de la guarda de la espada con su gran hacha en llamas, atrayendo al orco fallido, pasando junto a él para incrustar su hacha en su costado, dejando un reguero de sangre humeante y a un enemigo derrumbándose destripado a su espalda. Aprovechando la sorpresa, giró sobre sí mismo, incrustando su enorme hacha en en el pecho del orco que lo azuzaba con la lanza, haciéndolo caer de espaldas con un gemido seco y olor a carne quemada. Pero ese movimiento es aprovechado por el tercer orco para acercarse a la trayectoria de MataLobos, hundiendo varios milímetros de su hacha en el vientre del humano escurridizo, lo que produjo un gruñido molesto en Rando, junto con un bramido: "¡Ya os he dicho que vuestro líder ha muerto!" intentando intimidar a los restantes enemigos, enloquecidos por la muerte de Gragh.
[FAIL DE DJ: El Jugador de Rando utilizó "Free" un "supuesto" encantamiento en el Gran Hacha que llevaba, como si estuviese encantada con la Tiza Mágica, pero el arma que en realidad estaba era el Hacha de Mano... lo cual al DJ -yo- se le pasó, y con eso mató a un Orco "masilla" sin tener que haberlo hecho, manteniendo aún el encantamiento del Hacha de Mano. Gajes del oficio de DJ]
Reaccionando para perseguir a los orcos que huían de él, Shail decidió detener el avance del elemental con una orden mental, enviándolo a patrullar alrededor de la posada y eliminar a cualquier orco que encontrase a su paso, protegiendo el edificio. Entonces, la criatura se fundió con el suelo, y su avance se convirtió en una ondulación del mismo, alejándose de la trifulca por el otro lado de la construcción. A su paso, más allá de lo que la vista percibía, de vez en cuando se escuchaba un breve conflicto en el que, de pronto, algún orco salía volando por los aires, visible por encima del tejado de la posada, estrellándose en algún lugar lejano con un grito de terror acompañando el vuelo.
[FAIL 2 DE DJ: Se suponía que los PJs habían hecho un Descanso Corto, pues era de noche cuando se encontraban en Diente Helado, y seguía siendo de noche al llegar a Villa Ander. Sin embargo, estaban usando sus recursos a full en esta batalla, con lo que llevaban una gran ventaja. Sin embargo, decidí permitirlo porque cada combate les desgastaría un poco dichos recursos, y quizá en el último no tendrían suficientes para no sufrir pérdidas... iluso de mí. La próxima no me pasa]
Justo en el momento en que enviaba su orden, convocó el poder de fuego sagrado con un estallido de su maza contra su escudo, envolviendo a todos los enemigos con llamas divinas, causando una oleada de chillidos de dolor.
Parpadeando por el súbito estallido de fuego que sólo alcanzaba a sus enemigos, Rando aprovechó la oportunidad en la que el enemigo que quedaba más cerca suyo había sido alcanzado para correr entre las llamas. Con un tajo ascendente, envió vísceras y hueso envueltos en fuego -por su hacha flamígera- de la criatura por los aires, mientras el cuerpo de la misma caía de espaldas muerto sin remedio. La inercia del impacto le permitió girar sobre sí mismo, lanzándose a la refriega del mediano, en la cual golpeó tan profundo sobre la espalda del orco que azuzaba a Kirk que su hacha se trabó por un momento entre las costillas de su enemigo -dejando escapar burbujas de sangre entre las llamas de la hoja-, cuyo peso amenazó con arrastrar el arma al caer muerto al suelo. Pero el guerrero humano extrajo su hacha del cadáver antes de perder el agarre, oscilándola para que cayese en el cuello de otro de los orcos, al que decapitó limpiamente sin permitir ni un gañido, cauterizando la herida.
Molesto por la presencia de dos enemigos -aunque sorprendentemente poco socarrado por las llamas de Shail-, y sin apoyo cercano, el orco demoníaco vio de reojo al mediano dejar caer la espada de su mano, mientras maniobraba para rodearlo, al mismo tiempo que extraía su espada de energía solar, activándola, lo que preocupó a la criatura. Agitándola con un zumbido, una finta y la atención del monstruo entre dos adversarios, el mediano logró enviar un lance exitoso que abrasó el interior del cuerpo enemigo con una estocada brillante (en el amplio sentido), arrancando un rugido de cólera del ser, que sentía como su desafío de fuerza era apropiadamente respondido por sus enemigos. Una inusitada oleada de ira provoca una respuesta veloz e inesperada en el monstruo, que ante el ataque lanza un tajo veloz, el cual sólo es evitado por la rapidez y el tamaño de Kirk, que percibe el silbido de la hoja cortar algunos cabellos de su melena.
Aunque el paladín se siente afortunado por su rapidez, sus ojos se percatan de un anillo y un cinturón de extraños rasgos arcanos en el cuerpo del monstruo, cuyas runas empiezan a emitir un brillo sutil de color púrpura. Con un potente impulso, el orco infernal lanza un exitoso tajo que alcanza al mediano, aunque un quiebro ágil de su cintura consigue que la letal hoja corte menos profundo de lo que se esperaría. Sin embargo, apartarse del tajo acerca lo bastante a RamaBaja hacia el monstruo quien, de un mordisco que hiende su brazo armado, lo eleva del suelo, zarandeándolo y escupiéndolo al suelo con desprecio.
Mientras dos orcos se concentran en Shail, uno de ellos provocando al elfo para conseguir que el otro lo alcance con un molesto tajo de su espada, el tercer orco decide que su monstruoso líder precisa su ayuda, con lo que trata de alcanzar al paladín mediano sin éxito con un zumbido de su hacha que resuena cerca del rostro del mismo.
En el vaivén de la batalla, reculando y avanzando, por un momento en el aire se escucha un grito orco de terror, tras el que su dueño se estrella con un feo crujido cerca de la contienda, quedando allí muerto y doblado en un extraño ángulo.
Aprovechando la confusión rodeando a Kirk, Rando se acerca decidido por la espalda del orco demoníaco, hendiendo su espalda con un cruel hachazo. A pesar de la herida, la criatura se revuelve con una velocidad antinatural, aparentemente no sorprendido por las llamas del hacha, haciendo girar su espada con un zumbido en el aire contra su atacante. El sorprendente impacto en el costado del guerrero, aunque efectivo e hiriente, sólo azuzó la cólera iracunda de Rando mientras la sangre manaba de su carne.
Con la rabia ardiendo en su interior, Rando imprimió nuevas fuerzas a sus ataques, dejando caer de nuevo su hacha como si de un leñador partiendo troncos se tratase, cortando profundamente el cuerpo de la criatura, a pesar de que, una vez más, las llamas no parecían hacer especial mella en su carne. Por suerte, aquel último ataque parecía haber sentenciado el destino final de la criatura, que acusaba todo el daño sufrido, bamboleándose en algunos momentos al tratar de equilibrar su arma, con la mirada perdida.
Furioso por la presencia de una criatura del submundo, Shail decide maniobrar para acercarse al enemigo que Rando y Kirk tratan de someter. Alzando su portentosa maza aniquiladora, el sacerdote intenta destruir de un golpe definitivo al monstruo... pero éste mueve su brazo con más velocidad, aferrando con golpe seco en la palma de su mano el astil de la maza, convirtiendo en estrepitosamente ineficaz el ataque, además de humillar al clérigo con una media sonrisa.
Sin embargo, aquel movimiento costaría la existencia a la criatura pues, desatendiendo a otros enemigos, el mediano se escurrió entre las piernas de Rando. Alzándose a toda su estatura, Kirk lanzó una estocada de su luminosa espada que atravesó por debajo del esternón al monstruo, brotando por su espalda, provocando un chillido de muerte en el moribundo. "Los orcos no tienen nada que hacer aquí...", susurró el mediano.
Sin esperar a ver caer desplomado al orco monstruoso a su espalda, Kirk rueda sobre sí mismo para alejarse de posibles represalias, corriendo en dirección a la posada, impulsado por sus botas sobrenaturales, evitando por los pelos el lanzazo de uno de los orcos que quedaba cerca de Shail.
Al ver que su monstruoso líder cae en lucha, uno de los orcos que azuzaba a Shail trata de escapar aterrado, lo que aprovecha el sacerdote para aplastarle un hombro por la espalda al sentir su arma liberada de la garra del orco demoníaco. El feo crujido del impacto derriba al enemigo, que cae inmóvil y despatarrado por el suelo.
Con la arremetida, Rando empieza a girar sobre sí mismo, realizando una lluvia de molinetes con su hacha, al tiempo que grita a Shail que corra tras Kirk. Dicho ataque sorpresa deja sorprendido al orco que estaba más cerca del guerrero quien, aunque es capaz de esquivar el primer tajo, no sobrevive al segundo, muriendo con la garganta abierta en dos y abrasada por la hoja llameante. Por su parte, el segundo orco, observando la evolución del enemigo, logra interponer su espada ante el hacha, evitando el fuego de la misma. Tratando de interponerse a la fuga del sacerdote, destraba su espada del hacha, pero el elfo es más veloz y la hoja del arma sólo alcanza el aire entre el fugitivo y su atacante.
Enfurecido por haber perdido su presa, el orco restante se enzarza en combate singular con Rando, y tras un par de lances en los que las armas entrechocan, el enemigo corta profundo un brazo del furioso guerrero, iluminando su piel con un reguero de sangre que refleja el fuego cercano a la posada.
Mirando la herida, un resoplido brota de la nariz de MataLobos quien, con un vaivén despreciativo de su hacha, alcanza la entrepierna del orco, vertiendo sus entrañas por el suelo mientras su dueño chilla con aguda voz moribunda al caer.

En una veloz carrera, en primer lugar Kirk, seguido de cerca por Shail, y a la zaga de ambos Rando, se dirigen a la puerta de la posada. El mediano grita mientras avanza "¡Soy Kirk!¡Abriiiiid!". Frente a él, un sonido de algo pesado arrastrándose se escucha en la puerta, la cual muestra un severo castigo y varias aperturas en la madera reforzada. Abriéndose, permite el paso del recién llegado. Cuando los presentes van a cerrarla tras él, el mediano avisa de dejarla abierta unos momentos más, pues Rando y Shail se acercan justo tras él. A la carrera, los tres compañeros consiguen entrar en el lugar, antes de que la puerta sea de nuevo trabada por una pesada barricada de muebles.
En el interior del edificio, los recién llegados encuentran que el lugar está protegiendo a todos los niños que el colegio de Zantaman tenía a su cargo, además del propio mago, cuatro Soldados de la Milicia, cinco Guardias de Ander, tres enanos gremiales, junto al personal de la posada. A lo lejos, Mila HumoDeRoble, sucia, con la cara tiznada y con algunos moretones, al ver a Kirk, comienza a llorar a lágrima viva. Sin esperar respuesta, el mediano corre hacia ella, fundiéndose ambos en un profundo abrazo, momento que aprovecha el muchacho para besar de forma prolongada a la mujer... siendo correspondido sin resistencia. Después del instante, Mila mira a los ojos del mediano, recorriendo con la mirada a sus dos compañeros. Preguntando dónde se encontraban, Shail la interrumpe para preguntar por su propio hijo. La posadera, indicándole que se encuentra con otros niños más pequeños en el sótano, provoca que el elfo salga disparado hacia allí, reuniéndose con él en un mar de lágrimas. Sorprendentemente, no llevaba el sombrero puesto... y nadie parecía preocupado al respecto.
Kirk explica a su pretendida y al resto que la villa ha sido traicionada. A lo lejos, Rando busca desesperado algún dulce que quede medio comestible, provocando una leve sonrisa en uno de los enanos. Cuando Kirk informa de la traición de Ulma, Mila se muestra confusa y sorprendida, acompañada por un resoplido de los enanos y una mirada preocupada de los guardias. A la noticia, el mediano añade que los orcos que acogieron en la ciudad también forman parte de la traición. Los recién llegados informan que, antes de llegar, han logrado acabar con el supuesto líder de la horda orca. A pesar de esa información, Mila sigue sin comprender la noticia de Ulma.
Viendo que todo el mundo en la posada está bien, Rando decide decapitar a Gragh y tomar su cabeza como estandarte. Por su parte, Kirk indica que deben marcharse de la posada para moverse hacia el cuartel de la Guardia, pues tienen noticias de que el Capitán Preston está en peligro. Si consiguen llegar y ayudar a dar un giro a la situación, el el alcázar será un buen refugio. Confundida, Mila no comprende a dónde deben ir en ese plan. Kirk explica que deben seguirlos hasta el alcázar, y después al Fortín de la Moneda.
Discutiendo Shail y Kirk sobre esas opciones, junto a aquello que ya han encontrado en el camino, Rando considera -desde el exterior- dejar todavía un poco más a los presentes atrincherados en la posada, ya que no habían sido superados y aún estaban seguros en su posición hasta que el trío de aventureros regresase.
Mientras tanto, las trifulcas del elemental alrededor del edificio eran audibles de vez en cuando.
Entrando en razón, RamaBaja coincide en dejar atrincherados a los supervivientes, custodiados por el elemental. Cuando uno de los enanos pregunta sobresaltado por ella, Shail indica que está bajo su control y es un aliado valioso. Entonces, el enano comenta que Marno, el hijo de uno de los líderes enanos, iba a prestar servicio de protección a Ulma. Y si ella había traicionado a la ciudad, Marno estaría en peligro. Cuando preguntan dónde se encuentra, el enano responde que su última referencia era que viajaba a casa de Ulma. Al comentar que allí no hay nadie, el enano entonces, preocupado, niega saber dónde puede encontrarse.
Y, en toda esa conversación, Rando echa un vistazo a la plaza frente a la posada, calculando el espacio que hay en la misma.
En una ingeniosa idea, lanzó el cubo que habían obtenido hacía tiempo, conjurando su torre mágica en un apartado libre de espacio. Cuando la torre se ancló al suelo, indicó que aquél sería su bastión para protegerse, en lugar de la posada.
Dando instrucciones, el grupo indicó que debían meterse todos -junto con todos los víveres transportables de la posada, además de los que habían almacenado del transporte "robado a Ulma"-, y protegerla desde las almenas superiores. Allí podrían apostar sus armas, además de utilizar todos los pertrechos "coleccionados" por Rando en el transcurso de su viaje. No sólo eso.
Cediendo un orbe mágico luminoso, Kirk explicó que sobre la torre había un soporte para colocar el orbe -revelando su palabra de mando-, el cual permitiría iluminar las cercanías para ver acercarse a cualquier enemigo o enviar avisos luminosos a la noche para pedir ayuda. A pesar de que la orden para abrir y cerrar su puerta exterior sólo estaba en manos de los aventureros, si no regresasen, los refugiados siempre podrían descolgarse desde las almenas con una cuerda mágica que Rando cedió para su uso.
Así, guiando a todos al interior del edificio, antes de dejarlos a buen recaudo, resolvieron crear turnos entre los Guardias, Milicianos, Enanos, Mila, su personal y Zantaman para proteger la torre desde las almenas, edificio que difícilmente sería tomado por la fuerza, pues los enanos reconocieron el maravilloso y resistente metal del que estaba hecho aquel portento mágico. Mila, a pesar de ceder a la idea, se lamentaba sobre su pobre posada, que acabaría consumida por el fuego. Pero sus rescatadores le dijeron que el edificio siempre se podría reconstruir... pero las vidas de los que se habían protegido allí no serían tan sencillas de reparar si no se protegían mejor. Aún así, podrían ver la posada desde la torre.
Zantaman comenta, antes de que los aliados se marchen, que conoce de la existencia de otros núcleos de lucha peligrosos. Aunque ellos han resistido hasta ese momento, desconoce cual es la situación más allá. La respuesta que recibe es que el trío de aventureros sabe que uno de los focos más problemáticos es el alcázar de la Guardia de Ander, y allí se dirigen para reforzar la defensa. No sólo trataran de ayudar al Capitán, sino liberar a los elfos que vinieron del Pabellón Esmeralda para que ayuden en el contraataque. Después, si sobreviven, les pedirán disculpas por los errores cometidos. Confuso, Zantaman comentó que sólo un elfo estaba prisionero junto a un orco. El resto quedó bajo la custodia del templo de Corellon Larethian en la ciudad, mientras esperaban el juicio. Despidiéndose, indicando que entonces salvarían a ese elfo, recomendaron protegerse bien unos a otros.

Dejando a los refugiados entrar y cerrar la torre, y observando a los enanos apostarse con sus ballestas en las almenas, el grupo pone rumbo al Alcázar de la Guardia de Ander, dirección nordeste desde la plaza de la Posada, solicitando una rápida sanación de Shail antes de partir, junto con una poderosa canción vivificante que otorgaba una vitalidad extraordinaria contra el daño.

En el camino hacia el Alcázar, a pesar de que todos usaban las sombras y el ruido de fondo para tratar de pasar desapercibidos, Rando no se molestaría en ocultar su hacha llameante ni la cabeza de Gragh sujeta en la otra, mientras que Kirk se fundía con las sombras, flanqueando a su compañero, con Shail tras ambos.

En un cruce de callejones, una voz orca indicó que había visto a "un fugitivo": Rando.
A lo lejos, cruzando una esquina, un pelotón de cuatro orcos junto a un cabecilla marchaba a toda prisa para aplastar al enemigo rezagado.
Al verse al descubierto, Rando alzó la cabeza de Gragh, mientras amenazaba con sus refulgentes ojos escarlata tras su casco demoníaco: "Si no queréis formar parte de mi colección, ya podéis estar corriendo". Ante esas palabras, salvo el líder, el resto de orcos empieza a frenar. Su líder, percatándose, los acusa de cobardes, azuzándolos a vengar la muerte del líder de la horda, señalando a Rando con un "¡A por él!".
Aprovechando su posición, Kirk avanzó sigiloso hasta situarse junto al líder, momento en que surgió de las sombras, desenvainado una espada normal de su arsenal. De un tajo, dejó un reguero de sangre por el aire al hacer una pasada junto al enemigo, y un chorro a plena potencia manchó una pared cercana, desde el cuello del cabecilla.
Sujetándose la herida con una mano, trató de golpear al fugitivo con su maza en la otra, pero Kirk salió sobrenaturalmente disparado de vuelta a las sombras, sufriendo sólo un molesto mazazo de refilón en su espalda (aunque bastante doloroso) que amortiguó al dejarse empujar por el impacto, rodando por el suelo. Ninguno de los orcos se percató de lo sucedido, confusos por la herida a su líder y el borrón que había pasado junto a él. Desde otro ángulo, Shail surgió de las sombras, dejando caer un estallido de fuego sagrado sobre el orco cabecilla, al cual cauterizó la herida de su cuello... además de abrasar su carne con energía divina entre chillidos.
Entre la luz de las llamas, Rando avanzaba decidido hacia los orcos, musitando: "Os lo había avisado". Viendo la evolución de la situación, los orcos se miraron entre ellos, y cuando su cabecilla gritó: "¡RETIRADA!", todos huyeron despavoridos sin mirar atrás.
Cuando por fin alcanzaron los aledaños del Alcázar de la Guardia, la moral de los aventureros sufrió un revés al descubrir la batalla campal que se desplegaba ante sus ojos.
Al menos 25 orcos formando algo parecido a una media luna, en cuyo centro de la masa se encontraba Turk aullando órdenes, cercaban el frontal del edificio, con múltiples lugares de su exterior ardiendo por impactos de proyectiles llameantes y otros flancos tomados por más orcos. Entre sus seguidores, quizá unos cinco líderes de guerra imparten órdenes, además de dos sacerdotes de Gruumsh que convocan el poder del Dios Tuerto en sus tropas.
En el interior del edificio, a través de las arpilleras varios soldados rechazaban con disparos de arcos a los enemigos, mientras entre las llamas el Capitán Preston impartía sus propias órdenes para rechazar el asedio junto al SemiDrow Talion, quien lucha junto a la Guardia para proteger el edificio, pues al parecer ya hay orcos en el interior de la fortificación, que luchan contra sus defensores, por los sonidos brotando del interior.
Lo único que no se escucha en la batalla es la voz de Mancy o Ulma entre el griterío.
Ocultos tras una esquina, aunque la visión es desoladora, pronto un rayo de esperanza asoma en la noche, en forma de una avanzadilla de elfos desde un callejón adyacente lejano rumbo al alcázar, a cuya cabeza Shail puede observar a Tuviel, desenvainando elegante su espada para señalar a los orcos en silencio.

En otra calle que también confluye en el alcázar, un grupo de ciudadanos, trabajadores de las huertas, ganaderos y granjeros, armados con herramientas (fundamentalmente hachas, mazos y picos), acompañan a un mediano, miembro del Consejo de Gobierno de Mancy, así como líder del Consejo Agrario, llamado Torm ÁrbolDuro, vestido con un uniforme de trabajo, bastón, zamarra, sombrero y mochila.
Cuando se encuentra a una prudente distancia, seguido con bastante sigilo por sus conciudadanos, el mediano alza su mano, momento en que, mágicamente, gruesas ramas brotan del suelo, envolviendo a varios orcos para zarandearlos o inmovilizarlos, tras lo que alza su bastón y grita "¡A ellooooos!", momento en que toda la turba se lanza al combate contra los orcos, ante los preocupados ojos de Shail.

Aunque la contraofensiva parece haber comenzado en aquel lugar sin los aventureros, desde algún lugar indefinido, más sonidos de orcos avanzando en aquella dirección se escuchan, indicando que una confrontación de grandes proporciones va a ocurrir justo en aquel lugar.

Azuzado por la llegada (imprudente, según él) de los ciudadanos, Shail convoca el poder de Lathander en forma de un enorme muro de llamas de 15 metros de longitud y 6 de altura, bloqueando la entrada hacia el alcázar, el cual escupe una cortina de llamas hacia el exterior, tratando de alejar a la horda asaltante.
Dieciocho orcos quedan expuestos a las voraces llamas mágicas, provocando chillidos de sufrimiento en muchos de ellos. Sorprendidos por el fuego, Turk, dos cabecillas, un sacerdote y diez orcos soldados quedan expuestos a las llamas y, aunque varios de ellos sobreviven al ataque mágico, cinco soldados gritan sus últimas palabras de sufrimiento antes de convertirse en masas socarradas de negra carne muerta y humeante. El resto huye despavorido del fuego, alejándose del alcázar.
En el momento en que Turk es envuelto por las llamas y se escabulle de ellas, sus ojos se clavan en el callejón desde el que Shail ha convocado el muro de fuego, y su mano se agita vigorosa. Como respuesta, una explosión de fuego violáceo envuelve al sacerdote, provocándole un daño aterrador en su carne -a pesar de que una parte queda absorbido por la protección de su canción sanadora-, tan terrible hace volar por los aires al clérigo, causando a su mente perder el control del muro de llamas, que se deshace en la nada. Con un gruñido, Turk exclama: "¡Gruumsh os tendrá!"
Con un grito de cólera, Rando agarra por el cinturón a Kirk, y lo arroja con toda su fuerza volando en dirección a Turk. Tratando de no ofrecer resistencia por el aire, el mediano cae en un área algo más despejada entre las tropas enemigas, rodando y haciendo piruetas para evitar chocar con algún orco. Sorprendidos, los orcos apenas pueden responder a la aparición del pequeñajo entre sus filas, quien se escurre en dirección a Turk como una exhalación. Cubierto su avance por la turba enemiga y el fuego que los mantiene nerviosos, Kirk se escurre hasta Turk, al que, saliendo de la nada, apuñala en un costado con su restante espada encantada por la Tiza Mágica, hundiéndola hasta la empuñadura en las entrañas del orco. Éste, gimiendo por la terrible herida, observa a su responsable, quien le susurra en ese instante: "Te ofrecí mi casa y me has traicionado", para luego salir disparado con velocidad antinatural, perdiéndose entre sus enemigos, tratando de ser golpeado por alguno de ellos llegando al límite de la horda para acercarse a sus aliados.
Enfrentado al borde de la horda orca, Kirk se siente algo abrumado, pero tras él escucha el grito de batalla de Rando, quien encumbra al paladín y se arroja sobre un cabecilla orco junto al mediano.
Lanzando la cabeza de Gragh por delante entre las filas de orcos, con su hacha deja una estela de llamas al causar un corte abrasador al cabecilla, aunque éste parece ser una buena pieza en cuanto a soportar castigo. Tras el impacto, Rando se aparta un momento de su enemigo, ignorando al resto de adversarios, y con un nuevo impulso esta vez su hacha alcanza desde abajo al orco herido, que trastabilla por el nuevo corte, pero aún posee fuerza para responder al daño.
Shail, levantándose del suelo tras las llamas infernales arrojadas por Turk, decide tomar represalia enviando una nueva explosión de fuego justo sobre el líder orco.
Pero en esta ocasión, la horda está preparada contra los ataques desde su espalda.
La explosión no los pilla tan por sorpresa, y aunque sufren daño por el fuego, consiguen rodar por el suelo y amortiguar las llamas, evitando lo peor de la magia. No obstante, varios orcos de las filas más comunes sí que son asolados por el fuego, cayendo convertidos en "carne a la brasa" entre chillidos de dolor -entre los que se encontraban tres junto a Kirk-, al tiempo que el elfo se burla comentando "Parece que tu ejército va disminuyendo, ¿no, Turk?". Sin embargo, la mayoría de los orcos más poderosos siguen en pie, soportando el castigo. Una vez más, Turk ofrece una imagen de sus ojos relampagueantes, agitando su garra frente a él, y otra explosión de llamas infernales desplaza hasta el muro de un edificio cercano al elfo, quien comienza a sentir la presión de la lucha, ya que su protección vital había caído en el anterior impacto.
Entre las piernas de Rando, Kirk avanza con decisión, dejando caer la espada con la que había apuñalado a Turk. Desenvainando y activando la luz de su hoja solar, embiste con una estocada al orco que Rando estaba acosando sin descanso, quien siente el abrasador tajo del arma en su vientre. Sujetándolo con su mano, recula tropezando, aunque aún queda vida en él para responder a la amenaza.
En la distancia, concentrándose en su poder, Turk eleva su brazo al cielo, abriendo la palma de la mano. Ésta brilla con una luz violeta, y con un gesto la hace descender bruscamente, junto a una sonora palabra de poder.
Al mismo tiempo, una columna de llamas de color púrpura desciende estallando en medio de los aventureros, su fuego impío alcanzando de frente a Shail y por la espalda a Rando, quien escuda con su cuerpo a Kirk.
Pero en esta ocasión, las llamas abrazan y envuelven por completo a ambos aliados, provocando una oleada de agonía ígnea en ellos. A lo lejos, el orco tuerto exige a los orcos que aún están en pie que lo protejan, moviéndose entre ellos para perderse de vista.
Aunque Rando consigue soportar la fuerza de la magia... junto al callejón por el que habían llegado hasta la batalla, Shail se desploma, inconsciente por el castigo sufrido.
Percatándose de la caída de su aliado por el agónico grito, seguido del golpe en el suelo, guerrero y paladín deben hacer frente aún a tres enemigos peligrosos a su alcance.
Uno de ellos, un servidor de Gruumsh, entona una plegaria que envuelve en un halo de penumbra a sus aliados como a sí mismo, haciendo que su poder combativo y resistencia se incrementen. A su lado, otro acólito conjura una horrenda lanza sobrenatural en el aire, la cual se arroja hacia Rando, al tiempo que él mismo carga sobre el guerrero con una oración de guerra en sus labios. Al mismo tiempo que su lanza etérea trata de alcanzar sin éxito por un lado a MataLobos, su controlador intenta otra lanzada por el lado contrario, con tan mala fortuna que Rando la aparta con su hacha, aprovechando el flanco abierto para golpear con un potente empujón flamígero de su hacha el pecho del sacerdote, quien recula con un feo tajo cauterizado, asustado por la respuesta del enemigo.
Junto a sus compañeros, el cabecilla orco envuelto en tinieblas alza su hacha, gritando "¡Gruumsh nos lleve a la batallaaaaaa!". Su grito parece provocar una oleada de agitación y frenesí en sus aliados más cercanos, antes de cargar sobre Rando. Sobresaltado por el grito de guerra, MataLobos parece titubear en su defensa, momento en que el motivado cabecilla oscila su hacha tres veces a derecha e izquierda, causando el mismo número de terribles tajos en un costado, un brazo y un muslo de Rando, a cual más peligroso para el herido, que los observa gruñendo y apretando los dientes, seriamente preocupado.
Viendo su propia sangre correr, el guerrero humano arremete contra su atacante, y sorprendiendo su guardia, le entierra su hacha de fuego en el torso, silenciando de golpe los cánticos guerreros del cabecilla, que se desploma envuelto en el vapor que brota de su herida. Arrancando el hacha de su cadáver, Rando utiliza el impulso del movimiento para oscilarla en dirección al orco que había concedido protección y fuerza extra a sus aliados, momento en que un surco de fuego separa su cabeza del cuerpo. Al abandonarle la vida, la lanza espectral con la que acosaba a Rando se desvanece. El impulso del hacha continúa su recorrido hasta detenerse en el brazo del orco que había bendecido a sus aliados, sacudiéndolo y haciéndolo trastabillar.
Concentrando sus ataques en el mismo objetivo que el guerrero, el paladín lanza una estocada de su espada de luz, surgiendo por entre las piernas de Rando. Con una vibración en el aire, la espada se entierra en las tripas del orco, iluminando sus entrañas y garganta. Al sentir escaparse la vida rápidamente, el orco exhala su último aliento y se desploma, momento en que la bendición otorgada por el mismo se desvanece del único aliado cercano al que había otorgado tal gracia.
En la distancia, al frente del avance de los ciudadanos, Torm, que mantenía a varios orcos a raya a través de las raíces convocadas en la calle, alza un puño al aire en una oración, haciéndolo descender de golpe con la mano abierta. Ante el gesto, una columna de llamas verdosas explota sobre los orcos aprisionados, que vuelan por los aires convertidos en teas ardientes moribundas.
Habiendo caído tantos de entre los suyos, Turk al fin es expuesto junto a las escasas tropas que quedan a su lado. Con el rostro arrugado por la cólera, parece intentar urdir un plan desesperado.
Señalando con la palma de su mano abierta hacia Rando y Kyrk, su garganta convoca un oscuro poder, concluyendo la frase con: "Gruumsh os lleve...".
Una oscura onda de energía se desplaza desde su extremidad, viajando veloz por el aire, y alcanzando a ambos. Entonces, una oscura nube coronada de pequeños relámpagos rojos se forma alrededor de los compañeros, envolviéndolos rápidamente... lanzándolos hacia una insondable tiniebla repleta de susurros horrendos junto a gruñidos y frases guturales de orcos por millares. Un sentimiento de violencia y venganza tan abrumador como el propio tiempo aplasta la voluntad de los aventureros apresados por el poder de Turk en un mundo entre mundos, que chillan sin remedio, uno de ellos dominado por su propia cólera, y el otro tratando de rezar tan alto como le es posible a Kelemvor para que lo arranque de aquel lugar de pesadilla, en el que la cuenca vacía de un ojo cósmico desbordada de energía escarlata los observa en un juicio inmortal.

Shail de pronto suspira con fuerza al sentir vitalidad de nuevo en su ser.
La mano de Torm roza su pecho, pues el mediano parece haber sanado algunas de sus heridas más graves. "¡Arriba Shail!", grita el druida mediano. "¡Tus compañeros han desaparecido!¡No sé dónde están!". "Es posible que hayan sido planarmente desterrados", trata de razonar el elfo, sentado en el suelo. "¡Pero los enemigos que quedaban han huido!", explica el druida. "¿Hacia dónde?", intenta frenarlo Shail para obtener más datos. "¡Hacia el ayuntamiento!", contesta el pequeño. "Maldita sea... ¿Al ayuntamiento? Pero si hemos pasado por allí hace un rato y no había nada", comenta el sacerdote.
"Bueno", se lamenta. "Reunámonos con las tropas para ver qué hacer". Levantándose tembloroso, apoyado en la pared, el clérigo eleva una plegaria sanadora para sí mismo, rozando con el símbolo sagrado su frente, sintiendo la gracia de Lathander entrar en él para deshacer sus heridas, recobrando la salud.
Mientras eso sucede, de la puerta del Alcázar se escucha un tumulto en el que una lucha ha concluido, acompañado de la aparición del Capitán Preston Sulliver (cojo de una pierna y con un feo corte sangrante en el brazo izquierdo), a cuyo lado corre el elfo aprisionado por intento de asesinato de la comitiva de orcos (con la punta de su oreja derecha cortada junto a un puñado de su melena quemado). El rostro de ambos combina cansancio y cólera.
En ese momento, brotes de alborotos combativos se escuchan por varias zonas cercanas.
Junto a cánticos de guerra enanos, el ruido de los obreros avanzando por otra calle también llega hasta Torm y Shail. Girándose el mediano en una dirección, indica con un gesto un movimiento de avance mientras grita: "¡Por allí!¡Subid por esa calle!¡Apoyad a los enanos!". Otra voz lejana responde: "¡Vienen elfos!¡Vienen elfos!".
El druida vuelve a gritar órdenes: "¡Necesitan apoyo!¡Dividíos en dos grupos!".
En ese momento Shail puede ver cómo el contingente de trabajadores, ahora a la vista cerca de una esquina del alcázar, se divide en dos grupos, avanzando por dos salidas distintas. Oyendo la voz de Torm, Preston mira en su dirección. Al ver el aspecto del sacerdote, pregunta si se encuentra bien. También pregunta por la ubicación de Kirk y Rando. El clérigo explica que "en uno o dos minutos estarán de vuelta", confundiendo un poco al capitán. Al preguntar Preston si están combatiendo en algún lado, Shail sólo puede explicar que cayó inconsciente, y hasta ahora no ha despertado. Preocupado por dónde se encuentran, el Capitán se alarma por las palabras de Shail que comenta no saber si se los han podido llevar, así que le pide buscarlos.
Explicando que hay luchas en las calles adyacentes al alcázar, el Capitán indica que debe marcharse para coordinarlas, así que cuando los encuentre, que se una a la resistencia. Ante la explicación de Shail de perseguir a los cabecillas antes de que se hagan fuertes, Preston insiste en rechazar los focos más grandes de lucha antes de salir en su persecución, para lo que necesitará que el sacerdote encuentre a sus amigos y todos ayuden.
Durante la breve conversación, un batallón de Guardias de Ander sale en formación del alcázar, dividiéndose en dos grupos -acompañado uno de ellos por el Capitán y el elfo, a la vez que Torm se une a un grupo de ciudadanos en su marcha- para lanzarse a las calles, aumentando al poco tiempo la cantidad de ruido de combate.
Cuando aquello ocurre, una nube oscura salpicada de pequeños relámpagos rojo sangre se forma frente al alcázar, y de ella surgen tambaleándose Kirk y Rando, con la mirada confundida, lanzando golpes al aire.
Aclarándose ante la nueva situación, el momento de confusión cambia al lugar actual, en el que el alcázar está más silencioso, pero se escucha más batalla en las calles que lo rodean.

Rando grita a la noche: ¡"TUUUUUURK!¡BASTAAAAARDOOOOOO!" (Nota del DJ: CIERTO).

Shail, con aspecto cansado, se acerca a ellos y les explica la situación actual, incluyendo las luchas y el destino de los fugitivos hacia el ayuntamiento.
"Entonces hay que ir allí", comenta Kirk, más calmado.
Shail lo frena, explicando que el Capitán antes necesita ayuda para sofocar las revueltas de la zona.
Aunque Kirk insiste en correr hacia el ayuntamiento, Shail razona que si sofocan las luchas cercanas, podrían armarse de refuerzos para superar a Turk y quienes queden a su lado. En ese momento, a la memoria de los aventureros llegó la existencia de un sacerdote que acompañaba en todo momento a Turk y los suyos. Así que ese elemento podría ser determinante para sanar al Tuerto, devolviéndole las ganas de luchar. Cuando Shail ve el problema en esa baza de los orcos, considera junto a sus compañeros que quizá sería mejor tomar algunos hombres para que fuesen con ellos hasta el ayuntamiento, arriesgándose a debilitar a los aliados en la zona de conflicto actual.

Buscando un grupo de guerreros más libres, el trío se topa con los elfos del Pabellón Esmeralda, con Tuviel "Brisa de Hielo" a la cabeza, desatados en un frenesí de sangre contra una hueste de orcos. Al cruzar la mirada con Shail, detiene su espada, como apartado del flujo del tiempo, para escuchar al sacerdote. "Los líderes se hacen fuertes en el ayuntamiento. Después resolveremos nuestras disputas. Ahora hay que ir a por ellos". Su voz, dura como el glaciar, contesta: "En efecto, luego hablaremos, Shail". Rechazando al reducto de enemigos, los elfos observan de hito en hito a su líder y al clérigo. El cabecilla señala al recién llegado y dice: "En marcha".
Sin pronunciar palabra, Tuviel junto a diecisiete camaradas elfos cierran filas alrededor del trío, encaminándose todos en un espectral sigilo hacia el ayuntamiento.
En la distancia, durante la caminata, empiezan a brotar voces de que todos los Héroes de Ander se encuentran ya en la ciudad, y ese rumor otorga nuevos ánimos a los defensores, que arremeten con energía renovada a sus invasores. La lucha aumenta su fragor, azuzada por la respuesta de los ciudadanos y sus protectores.
Durante el tránsito, Shail se concentra, susurrando una plegaria para que se revele la presencia de la Piedra Comunicadora de Ulma... la cual, infaliblemente, es señalada precisamente en la dirección -y a la distancia- del ayuntamiento. "Ulma está en nuestro destino", susurra el sacerdote a la tropa y sus amigos.

Ya cerca del edificio, en esta ocasión sí puede oírse actividad en el lugar, incluyendo voces de orcos que discuten, junto a un grito furioso de Mancy Moore "¡bastardos!", pero el sonido lo interrumpe el chasquido de una bofetada junto a la voz de Ulma ordenando silencio a la alcaldesa. La voz de Turk sobresale entre las femeninas de forma acusadora: "¡Ésto no tenía que haber salido así!¡Han vuelto demasiado pronto, Ulma!¡¿Qué es lo que ha pasado?!"
La escena queda acompañada por una imagen algo ridícula de reojo: ya que al elemental Shail no le había explicado que debía proteger la Torre Mágica, la criatura continúa su patrulla incansable alrededor de la posada en llamas, cada vez más consumida.

Antes de continuar con el plan, Shail solicita una oración de ayuda a Lathander para ayudar a superar el combate. Mientras el sacerdote canta y reza, transmitiendo la calidez del amanecer a él, sus amigos, Tuviel, su hijo de la oreja cortada y uno de sus guardaespaldas, Rando se dirige a su amigo elfo. Apoyando su mano en el hombro del clérigo, MataLobos bromea con una sonrisa: "Más te vale no volver a caer. No vuelvas a dejarnos solos. Aquí el único con derecho a caer en la gloria de la batalla soy yo".
Retomando el camino, Kirk observa de reojo el rostro de Tuviel, como si estuviese tallado en piedra. A pesar de su gesto impasible, en sus movimientos se detecta ira contenida. "Te pido disculpas por lo que sucedió en la casa", dice el mediano. "Nos engañaron a todos. Pero la cabeza pensante de todo ésto fue Ulma. Por mí puede caer aquí también".
Tuviel baja la mirada, entrecierra los ojos, y susurra: "Ahora no es el momento de las disculpas. Ahora es el momento de la sangre. Quizá una vez acabemos con ésto, no sólo acepte vuestras disculpas, sino posiblemente no retire mi apoyo a VillaAnder porque, al final, esta hueste de orcos también ha pasado cerca del Pabellón Esmeralda. Así que nosotros también venimos para ajustar cuentas".
"Os pido disculpas, hermanos", expresa quedamente Shail. "Teníais razón. Por mis actos pagaré si así lo deseáis, cuando acabe todo ésto".
"Shail. Al menos estás aquí para ayudar a tu pueblo", confiesa con un gesto de asentimiento Tuviel. "No es necesario que nosotros te castiguemos por la culpa. Si te redimes con tus actos, posiblemente encuentres tu lugar. Ahora es el momento del combate".

Finalmente, con Rando tomando un reconstituyente mágico bastante poderoso en el último tramo, la comitiva alcanza el ayuntamiento. Con un grito, Kirk expresa que a quien esté dentro no le servirá de nada esconderse, pues allí acabarían todos sus planes. Ninguno saldrá con vida de aquel edificio, y sólo Kelemvor tendrá la potestad para pasar por allí y recoger los despojos de los orcos. Por su parte, Shail vocifera que Lathander terminará lo que los orcos empezaron. Su luz abrasadora no tendrá piedad con los habitantes de la noche.
Desde dentro, un gruñido orco brama "¡No oséis enfrentaros a la furia de Gruumsh! ¡Si lo hacéis, quizá os arrepintáis el día de mañana! Saldremos de aquí con vida... ¡o no saldrá nadie!"
"¡Gruumsh no os está apoyando!¿No estás viendo que han fracasado todos tus planes?", grita Kirk con confianza desde el exterior.
"De otros lo esperaba, pero... ¿usar artimañas vosotros? Yo hubiese atacado de frente", comenta con desprecio Rando. "Sois unos cobardes".
En el interior, un revuelo se eleva con voces confusas. "¡Turk!¡¿Cómo permites que nos hablen así?!¡Salgamos a la lucha!¡Vamos!". La voz de Turk se escucha entre el griterío. "¡No, no!¡Quietos, quietos!"
Pero unos pesados pasos apresurados se dirigen a la entrada del ayuntamiento. La puerta se abre violentamente, surgiendo cuatro orcos de aspecto poderoso (aunque uno de ellos bastante castigado en heridas), en apariencia cabecillas entre las huestes comunes. Tras ellos, Turk grita al último, uno de los acompañantes originales más viejos del Tuerto "¡Padre!¡Padre!¡Cierra la puerta!".
"Parece que algunos de vosotros sí sois valientes", exclama Shail, en el momento en que la puerta se cierra de nuevo.
Tuviel, al ver a los recién llegados, desenvaina sonoramente su elegante espada, señalándolos con la punta.
"¿Los queréis?", pregunta Kirk de soslayo. "Nosotros iríamos a por Turk. Ya que el problema fue nuestro, solicito ejecutarlo". Tuviel mira de reojo al mediano, y asintiendo, habla: "Turk es vuestro".
"Parece que algunos de entre vuestra raza aún conserváis algo de honor", solivianta Rando a los orcos en la entrada.

Al hacerlo, los cuatro alzan sus armas, gritando al unísono: "¡POR GRUUMSH!".
Los elfos, en respuesta, cantan con voces amenazadoras: "¡CORELLON!".
"¡RANDOOOOO!", grita MataLobos, imitando a ambos grupos.

Y los dos bandos cargan uno contra el otro.

En el choque de ambas fuerzas, Kirk activa el poder de sus botas veloces, moviéndose como una mangosta escurridiza cerca de los orcos para llegar hasta la puerta tras ellos, evitando en todo momento ser alcanzado por sus tremendos ataques.
"¡Suerte camaradas!", grita Shail, imitando la táctica del mediano para alcanzar también la puerta. "¡Corellon os guíe!", se escucha en respuesta entre los elfos, junto con los gritos de lucha, ira y dolor.
A la zaga de sus amigos, Rando se mueve en último lugar, deseando por un instante participar en la liza de los elfos, pero la intención y la razón no siempre van de la mano, y en esa ocasión la mejor opción es seguir la acción de Kirk y Shail, evitando a los enemigos para llegar hasta la puerta.
Al escuchar la carga del guerrero a sus espaldas, el elfo y el mediano se apartan lo suficiente para permitir la embestida del humano contra la puerta reforzada del ayuntamiento, la cual hace saltar la cerradura por los aires... momento en que una ráfaga de poder sagrado trata de controlar el cuerpo del recién llegado al interior... pero sin éxito, pues la determinación del luchador supera el control del poder ejercido sobre él. Acompañando a los cánticos sagrados, una figura enorme y pesada carga a la carrera contra Rando a través del salón principal del ayuntamiento, dispersando varios frascos vacíos a su paso, acompañado de un grito de guerra orco: "¡A la cargaaaaa!".
Con un choque de metal y carne, un orco bastante viejo y lleno de cicatrices, y aún así fiero como él solo, hace recular de un hachazo en el pecho a Rando. Se trata de otro de los acompañantes de Turk -aquel más responsable en cuanto a razonar- que, cuando su arma corta profundo el cuerpo de su adversario, clava sus ojos en los de éste con una silenciosa amenaza. A pesar del golpe, Rando desprecia la embestida con un controlado gesto de dolor. "Por lo menos sabes que tienes que cogerla por la parte que no corta", escupe sus palabras el humano al orco.
A lo lejos, Turk, dañado pero algo más recuperado del combate en el alcázar, agita sus manos concentrando una extraña energía escarlata, para arrojar dos ondas luminosas que golpean con una explosión por cada flanco de Rando, sacudiéndolo como si fuese un muñeco de trapo. El hombre, a pesar de su entereza, estaba casi superado por las heridas, aunque no quería mostrarlo a sus adversarios. En su interior, rezaba porque el brujo tuerto cayese pronto, o aquél sería su último combate.
Entre el tumulto, al fondo podía escucharse la voz de Ulma gritando: "¡Que no pasen!¡Retenedlos!", junto a los gritos iracundos de Mancy Moore.

Puesto que Rando se había convertido en el foco de atención al entrar, y Kirk estaba eclipsado por su silueta, entró al ayuntamiento junto a Shail, ocultándose por el mobiliario, avanzando sigilosamente en dirección al Tuerto. A la altura de Turk, el mediano extrae su hoja del sol, cuyo destello sobresalta al brujo orco antes de que la hoja intente cortar... sin éxito... la carne del orco. Pero en su lugar, el tajo sólo hace volar por el aire un trozo quemado de la manga de su enemigo, que observa intensamente al reciente paladín de Kelemvor.
Calculando sus opciones, Rando descarga todo el peso de su cuerpo en el vaivén de su hacha, cuya velocidad supera la rapidez de su enemigo, y el corte desparrama una gran cantidad de sangre de orco desde el torso del dañado, junto a un gemido del mismo. El momento de confusión en los ojos del enemigo es suficiente para repetir la misma táctica de ataque, forzando la situación en un nuevo impacto que causa otra hendidura profunda en la carne del orco, salpicando el suelo abundantemente una vez más, en esta ocasión liberando un grito de dolor cuyo dueño era Borbag, auténtico padre de Turk. Confiado en exceso por su logro, Rando trata de seguir castigando a su enemigo, pero en esta ocasión dos tremendos choques del hacha del mismo desvían con un temblor y un tañido metálico los golpes del guerrero humano, haciendo inútil su impulso de adrenalina. El atacante exhala un suspiro frustrado viendo como su enemigo parecía recuperarse de tan terribles cortes.
Desde el umbral de la puerta, un resplandor solar se concentra en la mano alzada de Shail, quien con poderosas palabras sagradas envía un rayo dorado hacia Turk, alcanzándolo con una dolorosa descarga cegadora que abrasa su carne entre chillidos y resalta su silueta con un fugaz brillo, convirtiéndolo en un objetivo perfectamente preparado para ser golpeado con eficacia. "¿Ya no hay respuesta, maldito?", se burla tras el ataque el sacerdote. "Te has librado por los pelos, traidor", masculla vengativo Kirk. "Gruumsh me protegerá", farfulla dolorido Turk.
Convocando la ira de Gruumsh en una arenga de batalla, Borbag es imbuido por una ferocidad antinatural que acelera sus movimientos por un instante, lanzando una tromba de hachazos sobre Rando. Éste, luchando como nunca había hecho ante un adversario tan formidable aparta golpe tras golpe de alcanzar su carne con desesperación, creando una cacofonía de tañidos metálicos junto a chispazos de metal contra metal.
"Aunque creas que vas a vencer... no eres rival para mí", gruñe Turk ante Kirk, mientras sus manos se envuelven una vez más de una aureola escarlata que descarga una y dos veces sobre el mediano. No obstante, la rapidez del objetivo confunde al orco cuando se aparta de una explosión, desviando la otra con su retumbar en su escudo. "Así no conseguirás nada", sonríe el paladín, causando un gruñido de frustración en el brujo.
A unos pasos junto a Turk, el sacerdote de Gruumsh que había acompañado a los orcos a Villa Ander (y a buen seguro se trataría, según la distorsionada historia original de Turk, del consejero de Gragh... Karkat) señala con su mano en dirección a Kirk, momento en que junto a él vuela una extraña maza translúcida envuelta en relámpagos encarnados, mientras que reza a su Señor de Un Solo Ojo para que provea a Turk de un escudo de energía divina que aparece frente a él, flotando para protegerlo. La maza se arroja a toda velocidad sobre el mediano, intentando aplastarlo, aunque el golpe silba apenas alcanzando un hombro del mediano, que absorbe parte del impacto dejándose llevar para girar sobre sí mismo, recibiendo menos daño del esperado.
Bailando frente al tuerto, Kirk agita su espada luminosa ante él, concentrado en que ahora parece más sencillo buscar un punto por donde atacar, momento que aprovecha para golpear con una estocada que atraviesa parte del brazo del brujo y abrasa uno de sus costados, chirriando el arma contra la ineficaz protección mágica sagrada.
Turk brama de dolor, parpadeando confuso a sentir sus piernas flaquear.
Observando de reojo el combate de su pequeñajo compañero con ansiedad, tal atención cuesta a Rando un tajo fallido sobre Borbag, que se aparta con facilidad. Molesto por su descuido, el guerrero concentra todo su enfoque en el orco, y en la segunda ocasión sí que supera la defensa del mismo, hundiendo el hacha en el vientre del mismo... mordiendo esta vez carne y saboreando sangre con el filo de su arma, haciendo al enemigo doblarse de dolor. Llevándose una mano al corte, Borbag la empapa con su sangre, frotándola sobre su arma, la cual empieza a brillar con una extraña energía sobrenatural preocupante.
Dando un paso adelante, Shail alza su símbolo sagrado y envía un estallido de abrasadora luz solar por todo el interior del salón, cuya energía alcanza a los orcos del exterior, a Borbag... y a Turk.
De espaldas a Shail -Rando- (y de lado Kirk), todos pueden ver como la luz llena por un instante toda la estancia, y su poder alcanza a Turk, quien en ese momento empezaba a señalar a Kirk con una mano cuyo dedo comenzaba a volverse negro -y el interior de la carne volviéndose translúcido, mostrando los huesos brillantes- con una terrible maldición aún no dirigida al paladín. El fulgor lo sacude como una bofetada, haciendo que alce su brazo ante él con un chillido de terror. Entonces, como si del viento contra la arena se tratase, la luz convierte a Turk en una silueta de ceniza, acallando de golpe su grito de agonía, esparciendo lentamente sus restos por el suelo.
Borbag, por su parte, aunque es azotado por la misma luz castigadora, sufre en sus carnes terribles quemaduras, aunque aún tiene deseos de luchar en su ser.
Karkat grita: "¡Nooooo!¡Tuuuuurk!" al observar el terrible destino de su líder.
Aprovechando el suceso y la luz momentánea, el paladín mira al fondo de la sala, donde se percata de que Ulma forcejea con Mancy por el control de una daga con la que la gnoma trata de apuñalar el cuello de la humana.
Al ver la situación, el sacerdote calcula sus posibilidades, y mirando a Kirk, canaliza su voluntad divina a través de su voz, gritando al mediano: "¡HUYE!".
Y, por una vez, Kirk obedeció, corriendo en dirección a la puerta, confuso por su deseo, hasta hallar un refugio cerca de Rando pero lejos de su lucha. Aprovechando el momento, el sacerdote orco se marcha escaleras arriba por uno de los accesos al piso superior, perdiéndose de vista.
Siendo testigo también de los hechos, Borbag busca llevarse consigo a la desesperada a un adversario, arremetiendo contra Rando. Cuando el humano evita un tajo que le habría arrancado la cabeza, el orco usa la inercia de su ataque para voltear el hacha y dejarla caer sobre la espalda del guerrero, provocando una terrible herida que le hace hincar la rodilla en el suelo, mientras grita: "¡Morireeeeiiiiiis!".
Entre el sonido cada vez menor de lucha en el salón, la voz de Ulma sobresale, amenazando que si el grupo sigue avanzando, matará a Mancy. Lo mejor sería que no se acercasen más.
[NOTA: En este momento, en la Iniciativa del jugador controlado por una Orden Imperiosa, éste debería haber huido de la lucha, en vez de haberlo hecho justo en el momento en que el orco lo ordenaba, así que no podría haber realizado acción alguna salvo marcharse de allí. FALLO DE DJ con las prisas por acabar]
Sacudiéndose la orden de la mente, Kirk se percata de su situación alejada de Ulma y cercana a la lucha de Rando. Tratando de escabullirse para que la gnoma no le vea venir, el hacha de Borbag pasa a unos centímetros de su cabeza con un silbido, justo cuando el mediano huye de allí para moverse en dirección a la lucha de ambas mujeres.
Apresurándose gracias a la magia de sus botas, la determinación que el odio por la traición de la gnoma bombea por su sangre hace al mediano ponerse al alcance de la consejera gremial. Su espada de luz brilla con un surco en el aire, cortando y abrasando la carne en la espalda de la enemiga, quien chilla por el golpe mirando hacia su atacante, al tiempo que Kirk susurra: "Zorra... sucia traidora".
Evitando nuevas embestidas del orco aún en pie, Rando gira por el suelo buscando un flanco del enemigo, momento en que su hacha danza entre sus manos, alzándose para encontrar otra vez el vientre del adversario. Con un resoplido, éste siente el metal morder su carne, abordando el terror a su mirada. Y extrayendo de un tirón el arma del cuerpo del orco, Rando realiza un molinete sobre su cabeza, tras el que el hacha ahora desciende implacable, incrustándose varios dedos de profundidad en un hombro de Borbag, quien gorgotea en un estertor de muerte, al sentir su sangre escapar como un manantial por la herida que casi lo decapita. Sin percatarse de que la criatura se desploma entre espasmos a sus pies, el guerrero humano sale disparado en dirección a la lucha entre ambas mujeres y Kirk, mientras extrae de su cinturón un hacha arrojadiza, que lanza impetuoso para tratar de derribar a la gnoma. Pero el arma cruza zumbando justo entre ella y el mediano inofensiva, golpeando la pared del fondo.
Continuando su solemne camino hacia el interior de la enorme estancia, Shail comienza a cantar un salmo cuya intención es frenar los movimientos del objetivo, enfocándose en la gnoma.
Y Ulma, orgullosa pero desesperada, en ese momento siente como sus músculos dejan de obedecerla, quedando bloqueado su movimiento en el lugar donde se encuentra.
Shail, al terminar el salmo, extrae de entre sus vestiduras un objeto que arroja a los pies de la traidora: una cadena con esposas.
"¡No la matéis!", grita el elfo. "Esa sería la salida fácil para. Debe pagar por todo lo que ha hecho".
En el súbito silencio, el rumor de unos pasos apresurados en la primera planta deja de escucharse cuando éstos se acercan a un muro posterior del edificio.
Después... sólo silencio. Al parecer, Karkat había encontrado la forma de escapar realmente.

Ulma, a pesar de las reticencias de Rando y Kirk, acaba engrilletada.

EPÍLOGO

Tras una intensa investigación después de la batalla, el grupo descubre que todo lo que estaba sucediendo era un plan con el que Ulma pretendía aumentar sus beneficios de ventas, incrementando al mismo tiempo la agresividad a ambos lados de una frontera en disputa, para aumentar la demanda de pertrechos de guerra.
Al parecer, había pactado con los orcos para lograr fines comunes, desviando la atención con una mentira hacia sus ayudantes -Secretaria y Albacea-, quienes se sintieron realmente sorprendidas de aquellas acusaciones, máxime cuando la documentación que demostraba la implicación de Divor "ManoHierro", junto con el testimonio de los supervivientes de su grupo de mercenarios en relación a los negocios con los orcos de la sacerdotisa Arando se presentó como otra prueba más.
Divor era su enviado y contacto con los orcos... y no sólo eso: la invasión de la Horda de Gruumsh era algo orquestado en la falsedad, tratando de promoverlo precisamente a través de esos tratos con los orcos y golpes de efecto perpetrados por éstos.
La tranquilidad al otro lado de la frontera con las Llanuras del Ocaso Perpetuo era prueba palpable de tal mentira pues, en caso contrario, la actividad orca habría sido abrumadora.
Todo obedecía también a rumores esparcidos junto a los ataques aislados de orcos, para mover al populacho a reaccionar, armarse y pedir a las autoridades actuar en consecuencia, movilizando tropas listas para responder, con lo que ese movimiento de soldados sería tomado como una provocación a los orcos, quienes de seguro responderían con sus propias tropas en marcha para acercarse a las fronteras.

En el fondo, sólo eran negocios: el negocio de la guerra.

Y los aventureros, al ser nombrados "Los Héroes de Ander", pretendían ser lanzados como punta de lanza para que, al ser eliminados en la incursión a las tierras orcas, provocasen un levantamiento en armas por la cólera de tal atrevimiento, tratando también de crear el ambiente perfecto para una venganza en masa que atrajese más violencia. La muerte del hijo de Tuviel había sido otra maquinación para arrojar a los elfos a la lucha, tratando de impulsar escaramuzas a pequeña escala que se propagasen, aumentando progresivamente hasta llegar al deseado escenario de una guerra propiamente dicha.

Y con ello, Ulma crearía un lucrativo emporio de armamento con el que mover los engranajes de la guerra, alimentando sus ingresos.

Y los Héroes de Ander serían la chispa que haría saltar todo por los aires, convertidos en mártires.

Durante la situación posterior, los elfos del Pabellón Esmeralda cesan sus sentimientos de hostilidad, reconciliando su relación al estado original con AnderVille. Con respecto a Shail, con lo que ha sufrido, deberá llevar su propia carga en cuanto a la acusación que hizo a los elfos, pero al considerar su pueblo que el sacerdote eligió su camino, no le retendrán, para que así pueda hacer lo que deba o desee.

AnderVille comienza un duro camino para reconstruir los daños -físicos y emocionales- de todo lo que ha pasado. Los orcos que quedaban en pie, tras la derrota de sus líderes, huyeron hacia el oeste, en pos de sus tierras, aunque en su mayoría son interceptados y cazados por la Guardia de Ander. De hecho, al tener los invasores conocimiento de que todos los Héroes de AnderVille se encontraban en la villa, su empuje decayó, causando que sus fuerzas se debilitasen hasta provocar su derrota.
Junto a ello, los líderes de la comunidad fortalecieron su resolución en la lucha por la misma noticia, junto a los protectores de la ciudad, que redoblaron sus esfuerzos gracias a saber que tenían apoyo por parte de los regresados.
El grupo también sabe de la actuación de Jaime LenguaRápida quien, al constatar que los orcos empezaban a replegarse, salió del Fortín de la Moneda con sus propias tropas para unirse a la contienda y rechazarlos junto al resto de los combatientes.

Talion también luchó con valentía y arrojo en la batalla en nombre de Ander y Eilistraee, y gracias a ello, los elfos de la Villa... e incluso del Pabellón Esmeralda... le ofrecen un lugar entre ellos si así lo desea.

Las gestas de lucha de esos días, la traición de Ulma y la invasión de los orcos corren como la pólvora por todo el Condado de Andervelius, desde SternTale a AlzaEscudo.
Dichos rumores establecen formalmente a varios de los habitantes de la villa, entre ellos Kirk, Rando, Shail, Talion y Zantaman... como los auténticos HÉROES DE ANDER.

Cumpliendo los deseos de los últimos pobladores (vivos o muertos) de la Fortaleza de Diente Helado -en particular, por la promesa hecha de Kirk a Egravor y Vardan-, los enanos de ForjaEscudo reciben todo el conocimiento recopilado en las ruinas, junto con El Ojo de la Montaña, para formar parte del recuerdo y la sabiduría enana que no debía haber quedado abandonada en aquel perdido lugar. Además de ello, los secretos de la fabricación de armas de fuego, munición y pólvora recuperados del cargamento de Ulma en Diente Helado también es depositado con el conocimiento de los enanos para ForjaEscudo -después de que Kirk se haga una copia para sí mismo-. Extremadamente agradecidos por todo lo entregado, los enanos de ForjaEscudo entregan varios lingotes de platino a los tres amigos, por valor de 1000 monedas de platino cada uno.
Pero, debido a que había sido una cuestión de honor, Rando y Kirk rechazan la recompensa... no así Shail, que tenía planes personales para invertir su parte de ese dinero.

En el momento en que los compañeros se encuentran reunidos, reposando tras tan intensas vivencias, por fin pueden mirarse unos a otros con una sonrisa ante la calidez de una hoguera, decidiendo que, de todos los tesoros y la magia obtenidos, sólo algunos formarán parte de su recuerdo y su legado, mientras que el resto se dispersarán como hojas al viento, vendidos razonablemente para quienes deseen tener una parte de la historia de AnderVille en sus manos.

POR FÍN... AQUÍ ACABA LA HISTORIA DE "EL TUERTO Y EL DESTINO"

Pero todas las historias no habían terminado.

Kirk debe hacer frente a que su hogar, a pesar de no encontrarse en mal estado general, en su interior hay cierto estropicio, además de notas grabadas en la madera de las paredes y las mesas sobre los movimientos que las tropas de orcos harían sobre la ciudad.
Considerando los daños, parte del patrimonio de Ulma es destinado a reparaciones de la ciudad -y aunque se desea incluir la casa de Kirk, éste rechaza el sucio dinero para usar sus propios ahorros, con los que no sólo repara su casa, sino que añade una planta más... y aprovecha parte de dichos bienes en pedir matrimonio a Mila HumoDeRoble-.
Aunque Kirk rechaza la ayuda económica, Mancy Moore, agradeciendo la ayuda prestada a la comunidad -y tras consultar con otros consejeros-, cede la casa de Ulma a Kirk RamaBaja (con todos sus secretos... incluyendo la posesión -para Kirk, Randy y Shail- de las Herraduras Mágicas de Ulma, junto con las Piedras de Comunicación y el Transportador Mágico). El mediano, comprometido con su futuro y el de su ciudad, destinaría parte de los bienes que quedaban de Ulma para reconstruir la posada de Mila.
Con ello, la casa de Kirk (y la Torre Mágica para la que se cede un espacio junto a la misma) se convierten en un pequeño alcázar de vigilancia cerca del acceso Oeste de la villa, con el beneplácito del Consejo de Gobierno... para ser utilizada en un futuro no muy lejano por uno de los nuevo oficiales de la Guardia de Ander.

Otros honores recaen sobre Kirk, Rando y Shail.

El mediano es propuesto como nuevo Sumo Artífice de la Calle del Sudor.
Rando es nombrado oficial de la Guardia de Ander.
Shail, si lo desea, puede fundar un templo propio de Lathander en Villa Ander... lo cual el elfo rechaza respetuosamente, pues tiene sus propios planes.
En privado, Shail explica a sus amigos que, desde que supo de la existencia de un hijo propio, todo lo que había hecho y conseguido -sobre todo sus logros económicos-, había sido para proporcionar un futuro estable y seguro a su heredero cuando él ya no esté. Así, los objetivos del sacerdote se enfocaron en obtener una posición de prestigio y privilegio que luchasen contra los rasgos raciales de su hijo en un futuro en que éste tuviese que desenvolverse solo. Y aunque se le había concedido la posibilidad de convertirse en el líder de un culto espiritual, la ciudad de Ander se había convertido en un foco de atención que Shail no deseaba para él o su hijo. Por lo tanto... Shail se marcharía de AnderVille con su hijo... sin decir a dónde se marcharía a nadie. Una noche de un día cualquiera, tras una cena agradable y tranquila con sus amigos, Shail se despediría efusivamente de éstos hasta el día siguiente... y no volverían a verle. Pero, debido a su amistad, conociéndose tan profundamente, sus amigos preveían tal contingencia... y dejaron caer una de las dos Piedras de Comunicación de Ulma en la mochila del elfo. En su partida hacia lo desconocido, una mañana su hijo descubriría en la mochila la Piedra, entregándola a su padre, y preguntando: "Papá... ¿ésto qué es?", lo que arrancaría una sonrisa de nostalgia en su padre, seguida de una risa de complicidad.

Poco después de la batalla de AnderVille, el grupo descubre que Marno había sido emboscado en una trampa orquestada por Ulma y Turk, para eliminar parte de las fuerzas más importantes en batalla de la villa, con la excusa de que debía reunirse con ella para proteger a la alcaldesa y otros miembros del consejo.
Por su traición, y toda la información revelada sobre ello, los enanos de los Gremios, con Marno al frente, piden la cabeza de Ulma, pues habían confiado en ella, otorgándole el control de todos los Gremios, y la gnoma les había pagado con una flagrante traición.
Durante la confusión posterior dentro de los estratos de poder en la ciudad, Kirk recibe una carta de Aubrey LenguaRápida, en la que éste explica que había descubierto que, sin saberlo, tenía en su poder -en poder de su antiguo albacea- cierta información al respecto de quién había destruido el taller del mediano. No fue obra de enanos asociados a los LenguaRápida, ni el propio cabeza de familia, sino Ulma quien, moviendo sus propios hilos, deseaba quitarse competencia no deseada de alguien que despuntaba en un negocio similar al de ésta, pues ella necesitaba tener la exclusividad de ciertas técnicas para poder obtener beneficios únicos en dicha rama del negocio.
Después de que Ulma fuese interrogada para conocer todos los detalles de su operación, y acusada por la responsabilidad de llevar a la muerte a varios de los habitantes de AnderVille -menos de los esperados, gracias a la excelente defensa en la que todos cuantos pudieron participaron-, además de movilizar incluso a la Guardia del Trono y otros líderes de comunidades cercanas para formar frente común contra una "supuesta" invasión de orcos en ciernes, Ulma es juzgada, a pesar de sus justificaciones, y sentenciada a muerte. Entre otros agravantes para su sentencia, se encuentran evidencias de que, a través de Azura, asalariada de Divor "ManoHierro", se iba a implicar al culto de Tempus desde SternTale para promover la guerra con los orcos.
Como un siervo de Kelemvor, Kirk solicita -y le es concedida-, la ejecución de Ulma por sus crímenes, realizada en el Alcázar de la Guardia de Ander frente a Preston y Rando como maestros de ceremonias, dada muerte a la traidora mediante la espada solar.
En la boda de Mila y Kirk, dos años después (por todo lo alto -gracias a otra ración de dinero de Kirk, las riquezas de sus viajes... y otra parte del dinero de Ulma-), sorprendentemente, Shail volvió (él solo) para oficiarla y hacer una visita a sus amigos, bastante cambiado -más maduro y mucho más reservado... con un anillo ceremonial en la mano-. Aunque lo bombardean a preguntas, sólo comenta que es el día de la pareja y van a celebrarlo, con independencia de otros asuntos.
De hecho, no se celebra la boda de los medianos... sino un compromiso de otras dos personas. Pero, a pesar de que algunos esperaban que Rando pidiese la mano de una muchacha... el guerrero se presenta de la mano de otra mujer: Azura de Tempus.

El día de la celebración dio para mucho: una boda... una pedida de mano... y un matrimonio secreto.

Entre risas, Kirk y Rando reprochan a Shail que no han sido invitados a ese evento... o ni tan siquiera han celebrado una despedida de soltero. Kirk, falsamente ofendido, restriega Shail que él si ha contado con el elfo para su boda. Y mientras, Rando advierte que no piensa pasar mucho más tiempo sin ver a su sobrino... así que si él no va a AnderVille, Rando irá a buscarlo donde esté.
Shail descubre que, desde su partida, Kirk ha engordado un poco, sonríe más... y por su parte Rando está más serio y formal, con más responsabilidades.
Durante la celebración, se sucede otro hecho curioso: un soldado de armadura oscura pregunta por Rando Lothar. Al hallarlo, le entrega una misiva, y se marcha marcialmente.
La misiva es una invitación formal para, cuando así lo estime, entrar a formar parte de la Guardia Silenciosa de SiempreMuerte... con la repercusión de ABANDONAR CUALQUIER LAZO FAMILIAR.
No obstante, recordando hechos pasados, el grupo rememora que Andervelius, el primer líder de SiempreMuerte, renegó de su cargo para establecerse en una joven AnderVille, donde conoció a su esposa, se casó, tuvo descendencia... y mucho tiempo después volvió al alcázar para reclamar de nuevo su puesto, cuando su familia ya quedó establecida al resguardo de la ciudad.

La noche siguiente de la boda, Shail se reúne fuera del pueblo con sus dos amigos.
Allí, de un carruaje cerca del sacerdote, dos personas bajan: una alta, delgada y elegante, de suaves curvas femeninas, y otra más pequeña de aspecto infantil, algo más alta de lo que se la recordaba... con la edad de 7 años.
El pequeño Naëris corre hacia Kirk y Rando, saludándolos con alegría.
En cuanto a la otra figura, cubierto su rostro por un velo sujeto a una sencilla tiara de plata, aparta la gasa para revelar que se trata de Ha'leen Do'hnastir.
La mujer no posee la dura expresión ajada que enarbolaba la primera vez que la conocieron a las afueras de la Colonia Drow de Annahereim, en la InfraOscuridad bajo ForjaEscudo. Un anillo en su dedo, similar al de Shail, explica algunas cosas... así como un collar ceñido a su hermoso cuello... con el símbolo de Eilistraee.
Entre sus manos, sujetándolo con decoro, porta un sello refulgente -del tamaño de un puño- de color violeta claro, en cuyo centro aparece una estilizada araña de plata, que dista mucho de los símbolos grandilocuentes y agresivos de Lolth.
A pesar de su gesto distante y silencioso, su expresión corporal muestra una gran tranquilidad y, por respeto al pasado, se mantiene en segundo plano durante la reunión de los amigos.

Entre amigos, en la noche, arropados por las lejanas luces de Villa Ander, la historia de Kirk, Rando y Shail se cierra... esperando que otra se abra en el futuro, para continuar una saga DE HÉROES.

FIN
P.P.DATA: Aquí os indico algunos de los secretos OffTheRecord de la Campaña.

El primero de ellos es que Karkat, el Sacerdote Orco que huyó del combate final, se trataba de un viejo enemigo de los aventureros de su anterior campaña. Un sacerdote al que humillaron en un par de ocasiones, utilizado por los Drow -en concreto, por Ha'Leen Do'hnastir- para capturar esclavos y llevarlos hasta SiempreMuerte, donde los Drow los recogían y se llevaban hacia las profundidades por mediación de otros siervos Trasgos y GranTrasgos, el cual escapó de las zarpas de los aventureros -sobre todo porque decidieron no viajar hacia la guarida donde él y sus compinches mantenían prisioneros a algunos soldados de la ciudad, escoltas de Aubrey LenguaRápida en un viaje inesperado fuera de VillaAnder [que los aventureros nunca llegaron a rescatar al no ir a por los orcos]. Su rencor fue tan grande que, al final, la cabeza pensante real de azuzar a Turk contra VillaAnder y sus Héroes fue él, orquestando también el trato con Ulma. Parte de las notas de la gnoma artífice incluía algunos bocetos de los tratos con Turk, siempre supervisados por Karkat con sumo interés y diligencia, pero ello no implicaba directamente la verdadera planificación del orco... como todo buen villano entre bambalinas sabría hacer.
El segundo es que Shail, en realidad, se mudó a SternTale, donde utilizó su fortuna para formar una nueva compañía de soldados: Los BrisaNocturna, con el beneplácito de Falk Vilner, además de un templo de Lathander, tal y como había sugerido el alcalde de aquella ciudad que sería provechoso para sus ciudadanos.

El tercero es que Rando, después de volver de Diente Helado, dejó olvidada a una hermosa mujer de la noche a la que había prometido volver a por ella cuando todo acabase, junto con una carta y un regalo... pero jamás volvió. Cuidado con la furia de una mujer despechada.

El cuarto es que Falk Vilner, alcalde de SternTale, era amigo de Ulma. Sin embargo, al caer Ulma no se investigó su relación real con éste.
No obstante, debido a su comportamiento y la forma de ayudar a los aventureros, además de su gestión para con su ciudad, protegiendo a los suyos, junto con la forma de acoger a gente que había tenido un pasado rebelde o de rechazo de los demás para formar parte de la ciudad, entregándoles su confianza, pudo llegar a suponerse que, aunque se llevase bien con Ulma, la realidad era que se trataba de una simple cuestión de negocios... como él mismo dijo en la primera visita de los aventureros a SternTale, cuando al llegar el grupo él comentó que se encargaría de avisar a Ulma de la llegada del grupo a su ciudad, además de que si necesitaban algo, él mismo lo proporcionaría pues, si eran amigos de Ulma, eran amigos suyos. Tal comportamiento era una oferta sincera de alguien que protegía un enclave valioso en un área peligrosa, en lugar de una jugada orquestada en la distancia. De hecho, parte de las fuerzas de Divor habían sido miembros de los Aceros Prestos que se habían marchado con deshonor de sus fuerzas. Teniendo en cuenta que Falk estaba orgulloso de haber formado a los Aceros Prestos, en caso de haber formado parte del plan de Ulma, aquello no tendría por qué haber sucedido, ya que los Aceros Prestos de Falk también servirían en segunda instancia a Ulma por relación de económica y de poder.

Y, como colofón, una pequeña dedicatoria a PendleWorth (Petricor) y su lobo MarnUlf (Manberulf) -rebautizados-.
En la gélida montaña, alejado de la batalla, vigilante y presto, el elfo explorador y su lobo inteligente fueron testigos de los últimos momentos de Diente Helado, en los que vieron como Egravor se dirigía hacia las forjas del alcázar para realizar ciertas manipulaciones del mecanismo. Al preguntar sobre lo que hacía y sus compañeros, Egravor explicó que éstos habían partido apresuradamente para salvar a su ciudad de un complot que trataba de acabar con ella desde dentro.
Comprendiendo que su relación con el grupo había concluido, antes de marchar, Pendleworth se despidió del enano, quien le arrojó un pequeño obsequio por su ayuda desde las almenas.
Y mientras el cazador y su hermano lobo se marchaban, en la lejanía una explosión que sacudió la ladera de la montaña desde su mitad provocaba un terrible derrumbamiento de roca y nieve desde las alturas, enterrando para siempre el secreto de Diente Helado bajo toneladas de piedra e hielo.

A lo lejos, dos figuras solitarias viajaban rumbo sur, en dirección a SternTale, donde con el tiempo se reunirían de nuevo con sus amigos y conocidos, para volver a Daarmaar cuando estuviesen listos, y seguir con su vida de rescatador de los caminos, sin saber que un nuevo vecino, tiempo después, se establecería en SternTale, al que había conocido hacía ya mucho tiempo.

Pero eso ya era otra historia.

IMÁGENES DESHECHADAS DEL DUNGEON PLANIFICADO DIENTE HELADO








No hay comentarios:

Publicar un comentario