"No... el Conde Strahd nunca se ha dignado a venir por aquí... pero tampoco es que lo queramos. ¡Strahd es el diablo!", responde nervioso el Burgomaestre. Bukko entonces explica que, si llegase a las puertas de la casa, haga el favor de negarse a que entre en caso de que se lo pidiese. Ni se le ocurra darle ningún permiso para que pueda entrar en la casa, pues ahora mismo no podrá entrar si no le invita. Zhia, al escuchar a Bukko hablar sobre Strahd, comenta lánguidamente, señalando en dirección a la ventana que si es A ÉL a quien se refieren para que no entre. Ante esa afirmación, el Burgomaestre palidece hasta el extremo y escapa junto a su mujer hacia la planta superior, seguido de su mujer y sus mastines, y escoltado por dos guardias.
Escuchando atentamente a Bukko, Akon realiza la interesante observación de que quizá Strahd ya haya podido estar invitado a entrar en la casa. Ante la negativa del paladín utilizando las propias palabras del Burgomaestre, Akon comenta que "por él no...".
Bukko se reafirma en que sólo los dueños de la casa tienen potestad para una invitación formal de ese tipo, mientras Akon comenta que el líder de la guardia, "mano derecha" del Burgomaestre, podría haberlo hecho, dado su estado mental. Aparte, Akon comenta que Strahd quizá no sea un "vampiro común", dado su poder y naturaleza.
Cuando Panit recuerda que posiblemente Strahd desee a Ireena, quien se encuentra en la casa, Zhia susurra que, si la matasen, probablemente el vampiro ya no tendría motivos para llegar hasta ellos. Panit, con una mirada de reprobación a su hermana, le contesta con otro susurro que "está feo eso". Ygrein, acercándose a las mida, por una vez considera que la posibilidad de Zhia tiene opciones positivas, pero Panit lanza otra mirada de condena a la sacerdotisa, tratando de hacer entender que no deberían pensar en hacer esas cosas (aunque, pensando que trata con miembros de una organización criminal... ¿qué otra cosa esperaría?). Akon, que también está pegando la oreja, medita sobre esa opción, pero si sus pensamientos se dejan arrastrar por el mal y la oscuridad, podría acarrear graves problemas. Ante la insistencia de que Zhia podría matarla, Ygrein murmura que "sería una buena forma de iniciar una guerra... para Dekaeler".
Viendo que las soluciones empiezan a desvariar, Panit comenta que podrían atar a Ireena, esperar a que Strahd se vaya, y una vez resuelto ese asunto, podrían encargarse de las demás situaciones que tienen en el tintero. Y al comentarlo en voz alta, Ireena lanza una mirada asesina a la mida. Cuando Bukko pregunta por esa idea, Panit recuerda que la mujer podría ser influenciada por Strahd y abrir la puerta o cualquier otra acción peligrosa para el grupo, como pasó en la mansión del Burgomaestre de Uarowia.
Al recordar tal situación, Panit también echa una mirada de sospecha sobre Akon, quien también tuvo un problema similar allí. Ante el escrutinio, Akon levanta las manos a modo de defensa, comentando que "ahora hay alguien más que escuda su mente ante esa influencia", cosa que no tranquiliza demasiado a la maga mida o al paladín hipótido.
Bukko, en medio de este intercambio de impresiones, se dirige a Ismark, indicando que, si su hermana parece afectada por alguna influencia externa perjudicial, trate de tenerla controlada. Al girarse el muchacho en dirección a la chica, a ésta le tiembla el pulso, aunque trata de controlarlo. Intenta parecer valiente, pero está muy nerviosa.
Akon toma un trozo de trapo en la mano, sugiriendo que podría vendar los ojos y tapar los oídos de la muchacha, para con ello bloquear influencias visuales o auditivas externas. Aunque parece un disparate en principio, Bukko parece convencido, pues la mirada de un vampiro podría doblegar su voluntad, y sus palabras convertirse en órdenes para la chica. "Ireena", dice Akon a la muchacha. "Permíteme que, por precaución, tome estas medidas. ¿Te parece bien? Tu hermano cuidará de tí". Ismark está de acuerdo en ocuparse de su hermana... justo cuando Ygrein aparece alzando la maza tras Ireena, desde un ángulo que ésta no puede percibir. Cuando todos observan anonadados a la sacerdotisa, ésta se encoge de hombros comentando: "Si duerme no pasa nada, ¿no?".
Ismark, al detectar las miradas, gira su rostro a Ygrein, sobresaltándose al verla en tal actitud, y dice: "¿Qué haces?". En ese momento, la clériga señala hacia los ventanales, diciendo: "¡Es Strahd!". Con un sobresalto, Ismark e Ireena desvían sus ojos a las ventanas... y la sacerdotisa golpea contundentemente el cráneo de la muchacha, enviándola a una oscura inconsciencia, derribándola sobre el suelo.
Akon, con las vendas aún en las manos, mira a Ireena y a Ygrein.
Ismark, con los ojos desencajados, trata de sostener a Ireena cuando cae, y mira con asombro a Ygrein, gritando: "Pero... ¡¿qué haces?!". Con tranquilidad, la sacerdotisa responde: "es mejor que esté dormida ante lo que viene".
"¡Pero no hacía falta golpearla!", responde el hermano airado.
Zhia, silenciosa, pasa su mano sobre el hombro de Ismark, con intenciones poco claras, y le susurra: "tranquilo", mientras lo aleja de la chica, aunque el muchacho sigue mirando hacia atrás, diciendo: "Pero... ¡que la acaba de tumbar! ¡Que es mi hermana!".
"Tranquilo, tranquilo", sique impasible la voz de Zhia con el muchacho entre sus manos, alejándose unos pasos "Tú ven conmigo". El hombre, con la mirada atemorizada, exclama: "¡¿Es que piensas hacerme lo mismo?!". Zhia se encoge de hombros, sin responder.
Akon arroja las vendas por encima del hombro, y se reúne con el grueso del grupo, donde Bukko ha observado la escena pasmado. "Pero... ¿ésto qué es?", susurra. Confuso, mira a través de los ventanales, percatándose de que, entre la tormenta, Strahd se acerca poco a poco. Bukko se acerca a las ventanas, preparándose para lo que ha de llegar, con sus armas listas para la lucha. Mientras se pertrecha, su visión le informa de las criaturas que rondan por los tejados y las dispersas nubes de murciélagos que se dirigen a distintos puntos de la villa.
Junto a Bukko se arremolina el resto del grupo, observando el exterior, viendo el mismo espectáculo que el paladín tiene ante sus ojos. Cuando Zhia pone sus ojos en las criaturas saltarinas, por un segundo recupera el color de su piel con un estremecimiento, para volver a su palidez un instante después. Panit, a su lado, se fija en la reacción de su hermana. Y al ver a las criaturas, se sobresalta al descubrir que se trata del mismo tipo que dejó seca en el desván de Henrik a la asesina mida.
"Bueno", dice con voz monótona Zhia. "Creo que es hora de prepararse". Con ésto, trepa por una de las grandes y pesadas cortinas junto a la puerta, agarrándose a sus pliegues, y mientras se envuelve en su tela para pasar desapercibida, mantiene con una mano su cimitarra preparada, observando la puerta.
En ese momento, cuando Ismark se ve libre de la presencia amenazante de la mida asesina, se dirige hacia su hermana inconsciente, adoptando una posición defensiva a su lado, atento a protegerla de cualquier mal.
Mientras Ygrein trata de sugerir que, en vez de quedarse encerrados en el edificio, se lleven a Ireena a otra parte para alejarla de allí, Bukko observa que las criaturas siervas de Strahd tampoco podrán entrar. Por su parte, Akon trata de planificar un "ataque aéreo" a Strahd, con él como proyectil volador, lanzando una bola de fuego en pleno rostro del vampiro al llegar a su altura.
Bukko, con gesto hosco, comenta que, de momento, es imposible enfrentarse a Strahd, porque el grupo no ha conseguido ninguno de los posibles recursos que podría derrotarlo.
En cualquier caso, dentro de la casa se encuentran seguros, y pueden esperar a ver qué trae a Strahd a la ciudad, por si quiere parlamentar.
Así que una confrontación directa es inútil.
Panit, a la escucha, observa a las criaturas de los tejados, viendo su disposición para calcular una ofensiva en la que éstas se encuentren en algún momento lo bastante cerca unas de otras, para lanzar un ataque en área que las barra a todas.
En una evolución de su propia idea, Ygrein solicita con voz autoritaria al poco servicio que trata de huir y ocultarse por la mansión que le traigan ropajes de mujer, pues planea hacer un maniquí similar a Ireena para engañar a Strahd, largándose de la casa con el maniquí para que el vampiro persiga a su portador, alejando su atención de la mansión. O al menos, para que sus siervos persigan al portador del maniquí y dejen espacio de huida. La única duda que pesa a la sacerdotisa es si, al estar cerca, las criaturas se percatan del engaño y vuelven sobre sus pasos o se quedan para luchar.
Desde su puesto de combate, Zhia comenta que Akon puede disfrazarse de quien desee, sin necesidad de tales artificios. Y el brujo podría plantar defensa. También comenta que, si Strahd posee algún vínculo sobrenatural con Ireena, no importa que una falsa Ireena (maniquí o Akon disfrazado) salga de la casa, porque Strahd seguiría percibiendo a la mujer dentro de la mansión, lo que no supondría ningún cambio, salvo la división del grupo.
Durante la conversación, Panit solicita a Zhia, Ygrein, Bukko y Akon que se acerquen para imbuir con su poder de mejora de combate las armas que éstos deseen encantar, a lo que los solicitados se acercan, entregando sus mejores pertrechos. No obstante, en el caso de Akon, Panit toca su frente, para concentrar su poder en la precisión al impacto de las explosiones sobrenaturales que el brujo convoca a través de su voluntad.
(Y, a todo ésto, Katy no está donde debería... de hecho, nadie había preguntado por ella en todo lo que llevábamos de partida. Sí que es cierto que en la anterior Sesión se refugió con el grupo en la Mansión... pero desde entonces no hay ni rastro de ella... Y los personajes no se preocupan. Cuidado con las balas perdidas)
Una vez mejoradas las armas mágicamente, Bukko toma a Ireena, inconsciente, y se sitúa junto a la puerta, con su espalda dando hacia la esquina sur de la misma, y el cuerpo de Ireena a su espalda, pegado a sus pies. El paladín adopta posición defensiva, a la espera de lo que pueda llegar, junto a la ventana para ver cualquier cosa que se acerque.
Pensando el resto de los aventureros en el plan de Ygrein sobre un "maniquí", Ygrein empieza a pensar que el guardaespaldas personal del Burgomaestre, Izek -que parece conocer bien la casa... o quizá vivir en ella-, si estaba tan obsesionado con Ireena, podría tener prendas de ropa que se ajustasen a ella.
Bukko, por otra parte, comenta que posiblemente sea una pérdida de tiempo ponerse a disfrazar un maniquí con ropa fetiche del tipo en el suelo, porque Strahd está a punto de llamar a la puerta cual vendedor ambulante. Ellos mismos.
Akon comenta que, en su lugar, podrían quitar la ropa a Ireena.
Bukko trata de explicar que, con independencia de si consiguen ropa de Ireena, o utilizan la de ella, el tiempo para fabricar un maniquí con el que engañar a Strahd sería demasiado.
Y mientras tanto, Akon estudia concienzudamente el aspecto de la muchacha, fijándose en cada detalle, por si debe adoptar su aspecto como parte del plan.
Mientras el grupo discute y elucubra, Panit consulta a uno de los sirvientes aterrados dónde se encuentran las dependencias de Izek, a lo que éste, tembloroso y farfullante, explica a toda prisa que NADIE entra en la habitación de Izek, y si él explica la ubicación, sufrirá las consecuencias. Panit explica que es una situación apurada, pero el sirviente no desea morir a manos del matón, por lo que no quiere hablar. Panit, con voz amenazante, explica que, habiendo llegado a la entrada de la Mansión acusados de haber quemado dos casas, la situación le importa tan poco en este momento como para añadir al cargo a una persona quemada si no habla de inmediato. El sirviente, en shock, abre los ojos como platos, palidece, y lleva a la mida a toda prisa hasta la puerta de la habitación en el primer piso. "Esa es la puerta", dice el sirviente aterrado. "Lo que haga de puertas para dentro ya es cosa suya". Antes de que Panit replique, el sirviente huye.
Y, mientras tanto, Zhia se ha fijado en su hermana, abandonando su puesto en las cortinas junto a la puerta. Siguiendo al sirviente con Panit, trepando por donde puede, cuando el sirviente se marcha, la asesina se oculta, y una vez perdido de vista, se deja ver por su hermana.
(Bukko, antes de la corrección de HACHA -> MARTILLO)
Desde la puerta, Bukko observa a Strahd mientras flota por el aire. El vampiro alza su mano izquierda, y unas líneas de luz blanquecina corren desde la piel de su mano formando extraños patrones, iluminando por debajo de su ropa, hasta llegar a la mitad izquierda de su rostro, donde su ojo izquierdo brilla enrojecido.Cuando eso sucede, realiza un gesto con su mano, como si aferrase algo en el aire y lo atrajese hacia sí... momento en que uno de los últimos ciudadanos rezagados que huye de la plaza frente a la Mansión del Burgomaestre se despega del suelo... y flotando entre chillidos de pánico viaja por el aire hasta el brazo extendido y brillante de Strahd. Cuando lo alcanza, la garra implacable del monstruo lo aferra por el cuello.
Aunque el pobre ciudadano trata de forcejear, la sonrisa y la mirada implacable del vampiro hace que quede fláccido, momento en que Strahd acerca el hombro del prisionero hasta su boca, y con un gesto hambriento, muerde la carne, haciendo que la sangre se desparrame por la piel de la víctima hasta la boca del vampiro. En ese momento, la víctima recupera la conciencia, chillando de puro terror, tratando de librarse inútilmente de la presa, pero en pocos momentos las fuerzas lo abandonan. Cuando el prisionero ya no parece albergar vida en su cuerpo, Strahd lo arroja lejos de sí con un gesto de desdén. Allí donde el cuerpo cae, tres bestias que saltaban por los tejados se arrojan sobre los restos, exprimiendo el festín con gestos de lujuria de sangre entre chillidos de júbilo. La imagen deja helado al paladín, que observa como Strahd sigue avanzando lentamente por el aire.
Zhia y Panit miran la cerradura de la puerta, tratando de abrirla, y al ver que está cerrada con llave, lánguidamente Zhia extrae sus herramientas de forzar cerraduras, y con facilidad consigue abrir la puerta. Con un gesto desconfiado, la asesina empuja suavemente la puerta, brincando para apoyarse sobre el marco. La puerta da paso a una habitación en la que el shock sacude a Panit.
Allí hay... muñecas.
Una habitación llena de pequeñas muñecas bonitas de piel blanca como el talco y cabello castaño, algunas de ellas vestidas exquisitamente, otras con vestidos lisos. Algunas llenan un largo estante de libros, y otras están colocadas pulcramente en hileras sobre estantes fijados a las paredes. Y aún hay más apiladas sobre una cama y un pesado cofre de madera. Lo más extraño es que todas las muñecas, aparte de sus ropajes, parecen la misma.
Parecen Ireena Kolyana.
Además de las muñecas, dentro del baúl hay un vestido de novia de tamaño natural, con las dimensiones de Ireena. Con la sorpresa en el cuerpo, Panit se fija de reojo que, bajo la cama hay muchas botellas vacías de vino de la marca Uva Púrpura Prensada No3.
Cuando Zhia se asoma a la escalofriante habitación, Panit supera su sensación de extrañeza tomando el vestido y llevándoselo a toda prisa hasta la puerta, dejando a Zhia imperturbable, bajando del marco de la puerta, tras lo que entra en la habitación y revisa las muñecas, retorciendo y arrancando cada cabeza, para mirar en el interior de los cuerpos y las cabezas, sin hallar nada extraño. Lo más revelador que la mida asesina observa en las muñecas es la etiqueta que todas poseen: una tira de tela en la que hay anotada la frase "Si no es Divertido, ¡No es Blinsky!".
Hastiada por el hallazgo, Zhia se acerca a la ventana, la abre...
...y a un centenar de metros observa que, en el aire, Strahd flota. La criatura gira su rostro hacia Zhia, y en la mente de la mida resuenan las palabras:
"volvemos a vernos"...
...y fundido en negro hasta el resto de aventureros.
(Segunda vez que Zhia decide quedarse a solas en una primera planta, mientras el resto de sus aliados están cerca en una planta baja... Y SEGUNDA CAGADA)
Panit llega hasta el grupo con un hermoso vestido del tamaño y talla de Ireena.
Bukko, que observaba la evolución de Strahd, ve cómo el monstruo mira en una dirección diferente de la puerta hacia la Mansión, y sus labios se mueven como si hablase, gesticulando con su mano. Extrañado por lo que hace la criatura, trata de comprender lo que está haciendo, cuando por el rabillo del ojo ve en el exterior una silueta familiar con cola en la plaza casi vacía que se dirige hacia la entrada principal de la Mansión.
Parpadeando confuso, Bukko avisa de pronto al resto que Zhia pretende abrir la maciza doble puerta de madera de la entrada.
Aunque Akon razona que no tiene potestad para dejar pasar al vampiro, Bukko y Panit no desean averiguar la veracidad de esa afirmación, no deseando que la mida abra.
Así, Bukko se dirige a la puerta, bloqueándola al apoyar su cuerpo contra ella, justo en el momento en que escucha como Zhia está forzando la cerradura para abrir desde el exterior.
"Zhia. ¿Qué haces?", pregunta Bukko preocupado.
"Abrir la puerta", contesta la mida tranquilamente.
"No no no. No abras", indica el hipótido.
"Claro. Viene un invitado a cenar", dice la mida con parsimonia.
"No viene ningún invitado a cenar", comenta cada vez más inquieto Bukko.
En ese momento, desde fuera, Zhia trata de empujar para abrir la puerta, aunque Bukko se interpone a ese intento activamente.
Acercándose rápidamente, Ygrein coloca un travesaño bloqueando ambas hojas para reforzar el cierre.
"Bukko... abre la puerta. ¡Tenemos invitados!", dice Zhia con impaciencia.
Entonces, después de unos suaves susurros que Akon parece emitir a nadie en concreto, una monstruosa voz demoníaca surgida de la garganta del tiflin dice:
"Ya me deberías una segunda".
Al escuchar esa voz, Ygrein se gira hacia Akon, y su rostro está dividido en vertical en dos partes: una es la ilusión humana que mantiene, y la otra es la de una criatura demoníaca con dos cuernos -uno más largo que otro- sobre la sien, junto a seis espinas negras como la obsidiana que brotan de su mandíbula, y un ojo brillante como una llama, todo ello rodeado de piel recia y escamosa de color rojizo.
En ese momento, Akon vuelve a su estado de esquizofrenia sobrenatural con personalidad múltiple, en la que ambas mitades de su rostro conversan la una con la otra. La voz demoníaca pregunta "¿qué quieres de mí?".
El sobresalto que abraza el corazón de Ygrein contrasta con la frialdad de Bukko que ignora la situación a su espalda, dirigiéndose a una ventana junto a la puerta, para tener a la vista a Zhia.
Una vez ve lo que está haciendo, intenta sorprender a la mida abriendo la puerta de golpe. Sin embargo, la mida se percata de que la puerta está siendo abierta desde dentro, y sus músculos se tensan de anticipación...
(porque Stradh IS YOUR FRIEND, baby)
...cuando ve a Bukko aparecer, tratando de extender la mano para tocar a la mida.
Entonces, con una ágil pirueta, Zhia extiende su cuerpo como un gran muelle fino que trata de cruzar por el hueco entre la axila y la cadera del hipótido... momento en que la manaza del paladín la aferra por el rabo y la alza en vilo, descargando una oleada de poder sagrado que pone el pelaje de punta a la mida, arrancando de su mente el encantamiento de Strahd.
Sacudiendo la cabeza, tras librarse del encantamiento, la mida encuentra el rostro del hipótido mirándola fijamente, momento en que manotea el puño de éste aferrando su rabo mientras dice "suelta... suelta".
Bukko la alecciona explicándole que Strahd la había hechizado para que lo llevase dentro de la Mansión. La única respuesta de Zhia es seguir diciendo "suelta... suelta", hasta que Bukko la suelta, y al librar su mano del agarre, el paladin aprovecha para dirigir su mano a tratar de cerrar de nuevo la puerta de un portazo.
Tras Bukko, Ygrein es más rápida, aferrando la hoja de la puerta abierta para empujarla hasta el cierre, momento en que ve en mitad de la plaza aterrizar a Strahd, y puede ver su imagen por primera vez, con los extraños rasgos de piel distópica en su mano izquierda y parte izquierda del rostro, con pequeñas runas y líneas sobrenaturales grabadas en esas partes de su cuerpo a la vista. El vampiro se encuentra sonriente y exultante.
Al verlo, la sacerdotisa escupe una maldición en su dirección, y cierra la puerta, acompañado su movimiento con el empuje de la mano ahora libre de Bukko, provocando un sonoro portazo.
"No escuchéis lo que tiene que decir ese ser", dice en voz alta Bukko.
"Ésto va a ser suuuuper divertido", susurra Zhia.
Por su parte, Bukko solicita a Ygrein que recen a sus dioses para que protejan al grupo contra el mal. Aunque la sacerdotisa expresa que su religión es más de actuar que de rezar, entiende que el poder de la criatura en el exterior es lo bastante grande como para necesitar rechazarlo con el puro poder de la fe.
Y mientras esas palabras son pronunciadas, una hoja de la puerta de entrada empieza a crujir de forma extraña, hasta que se descuelga por sí misma de sus bisagras y salta de la cerradura, cayendo de plano como un planchazo contra la espalda de Zhia, "aplanchetándola" de un golpetazo.
(COMENTARIO DEL JUGADOR de AKON: "¡Leña al mono que es de goma!"... los hay cabrones)
Sin embargo, la mida consigue apartarse de la mayor parte de la trayectoria, recibiendo un impacto de rozón en el costado que le causa un tremendo dolor. Por el hueco libre de la puerta, Strahd se ríe gesticulando en dirección a la casa.
En el momento de la trifulca, Akon mira hacia Strahd, y se dirige a su parte demoníaca, comentando: "Entre tú y él... ¿qué puedes hacer? Lo digo porque conozco a criaturas infernales... pero sé que tú eres el Infierno".
Una risa demoníaca brota en la estancia, seguida de una frase lapidaria: "Conozco su secreto".
Akon comenta con su mitad "humana" sonriente: "Creo que tú y yo nos vamos a llevar muy bien".
"¿Qué quieres que haga?", dice la voz infernal.
"¿Qué puedes hacer?", pregunta Akon.
"Que huya de aquí", contesta la voz contundente.
"¿Tal cual?", dice Akon con asombro.
"Sí... pero ya sabes que me debes dos", expresa la voz de forma melosa.
Sacudiendo la cabeza por el impacto, al sentir que la puerta viviente se cierne sobre ella, Zhia rueda sobre sí misma, apartándose del alcance del objeto. En su movimiento se fija que, a través del hueco libre de la entrada, Strahd se encuentra en medio del patio, lo que aprovecha para sacar su arco y una flecha, y disparar hacia el vampiro. Bukko, por el rabillo del ojo, reprocha el disparo inútil a la mida, gruñendo que es necesaria magia para lograr algún efecto en tales criaturas, pero Zhia no parece prestar atención.
La criatura, cuyos sentidos están más allá de lo natural, al ver la trayectoria del proyectil, hace un gesto con sus dedos, y la flecha rebota contra una barrera invisible, volviendo por donde había venido, clavándose profunda en el marco de la puerta junto al rostro de Bukko.
Akon pregunta a su "otra mitad" si podría dañar a Strahd, a lo que la voz infernal contesta que sus métodos son mucho más interesantes. Al escuchar eso, Akon simplemente pronuncia una extraña palabra en un lenguaje ancestral de otras épocas y planos:
"AVANTI".
En ese momento, Akon se retuerce de dolor desde el interior de su alma, cayendo de rodillas, al mismo tiempo que su sombra se expande, y de ella surge una silueta cuyos rasgos son la imagen completa del medio rostro infernal que brotaba de Akon, y pronuncia unas palabras que rasgan el alma, señalando con una mano hecha de tinieblas hacia Strahd.
Zhia, aunque no comprende las palabras, sabe que es el lenguaje de los Peregrinos mezclado con acento infernal.
Panit abre los ojos como platos, al comprender las palabras de la criatura, junto con Akon.
Aunque el tiflin está sufriendo la manifestación del infernal, sus ojos se abren como platos al escuchar las palabras de la criatura de la sombra.
Tras las palabras de la criatura sombría, desde el exterior se escucha la voz inhumana de Strahd chillar de frustración, lo que provoca la atención de todos los presentes en el recibidor de la Mansión, momento en que el monstruo se transforma en una nube de murciélagos y vuela huyendo dirección hacia el este.
Al hacerlo, una horda de nubes de murciélagos cambia su rumbo de acosar la ciudad a marchar junto a la nube que es Strahd transformado.
(Una de las entradas de Vallaki, con cabezas de lobos en picas)
No obstante, las criaturas enjutas que pululan por los tejados de las casas, tratando de cazar a los habitantes de las calles, saltando sobre ellos, no se marchan. No sólo eso, sino que avanzan a dos o cuatro patas hacia la plaza frente a la Mansión, con sus labios y garras manchados de sangre.Y, cuando tal situación se sucede ante los ojos de los aventureros, un sonoro golpe pesado los sobresalta. Al mirar en dirección al ruido, ven que la puerta que hasta hace un momento era una amenaza ha caído inerte en el suelo, su magia de animación desaparecida.
Mientras Ygrein calcula que, si Bukko se lanza al combate hacia los monstruos del exterior, ella lo protegerá con sus bendiciones, también se preocupa de curar parte del daño recibido por Zhia de parte de la puerta.
El paladín, por su parte, vuelve a colocarse frente a Ireena, protegiéndola de cualquier amenaza, junto a Ismark.
Zhia, ojeando su arco y flechas, mientras piensa "yo disparaba mejor", observa las criaturas del exterior, valorando si podría causarles algún daño, pero al recordar las palabras de Bukko, decide guardar su arco y flechas, desenvainar sus armas, y rodar por el suelo fuera de la vista de los seres hasta un lado de la puerta abierta, para tratar de emboscarlos.
En el exterior, de las ocho criaturas en la plaza frente a la mansión, siete comienzan a correr como galgos en distintas direcciones, dispersándose por las callejuelas, y saliendo del ángulo de visión de los aventureros. El único que queda, brinca a cuatro patas en dirección a la mansión: un ser de cabello ralo y harapos, con largos colmillos tras labios retraídos, huesudo y pálido, de ojos enrojecidos y grandes ojeras. Deteniéndose a unos metros ante la puerta, mira en su dirección, gruñe y comienza a hablar con una voz rasposa.
"Quizá os interese que Strahd no os quiere muertos. Sólo quiere hacer justicia con el burgomaestre de este maldito lugar".
"Eso no es asunto nuestro", vocifera Bukko.
"Entonces... ¡sacad a ese desgraciado aquí, antes de que provoquemos una masacre en la población. Nos encargaremos de él...", trata de continuar el monstruo, pero Bukko lo interrumpe escupiendo sus siguientes palabras. "Tu señor ha huído como una rata. Haz lo mismo".
"Pero nosotros también somos los ojos, las manos y los oídos de nuestro señor", recobra el argumento el monstruo.
"Porque es un cobarde, y no puede hacer el trabajo por sí mismo", expresa Bukko con desprecio.
Con un temblor iracundo, la bestia envara la espalda, y ruge "¡No hables así de Strahd!¡Ni siquiera conoces su poder, Espada del Sol!¡Y tú has venido aquí invitado por su generosidad!¡No provoques su ira, puesto que su generosidad puede convertirse en rabia, y su rabia en tu muerte!¡Sacad de esa casa a esa rata escondida, a ese cobarde, a ese traidor del linaje de Strahd! Y quizá perdone la vida a todos los que están bajo su dominio. Y si no... ¡veréis morir a sus ciudadanos uno tras otro!¡No tendremos piedad!¡Los convertiremos en nuestro alimento!".
"¿Quieres decir que el Burgomaestre es descendiente de la línea directa de tu señor?", pregunta Bukko, curioso.
"No", escupe con desprecio el monstruo. "Eso es lo que él quisiera. Había una mujer con ese privilegio en esta ciudad, pero... hace poco que murió".
"¿Qué problema tiene exactamente tu señor con el burgomaestre?", desea saber Bukko.
"Se atreve a creer que el dominio de mi señor no llega más allá de la sombra de la montaña", explica el ser.
"Porque todo va bien aquí, ¿verdad?", bromea Bukko con sorna.
Al escuchar esas palabras, la bestia ríe cruel. "¡Eso es lo que el burgomaestre dice!¡'Todo va bien'! Pero como puedes ver... todo va bien ¡para Strahd, y no para él!"
"Toda la gentuza que teníais infiltrada en Vallaki ha sido eliminada, y los sirvientes de Strahd han sido castigados y ejecutados. La reliquia ha sido repuesta y sus esbirro enterrador cobarde y miserable ha sido juzgado", expone con firmeza Bukko.
Al decir esas palabras, el monstruo sisea al hablar. "¡Hhhhssssssss!¡La reliquia no debería haber vuelto a su lugar!"
"¡El poder de Waroui acabará con vosotros!", expresa Bukko, exaltado. "No podréis vencer al sol que os quemará".
"¡Calla de una vez!¡Entregadnos al burgomaestre!", grita con desesperación el monstruo.
"¡O la ciudad sucumbirá, de la vida a la muerte, y de ésta a la muerte en vida!"
En ese momento, Bukko alza su símbolo sagrado ante el monstruo, rezando a su divinidad, momento en que el monstruo alza sus brazos, chillando ante tal visión, y gritando:
"¡Lamentarás la muerte de la ciudad de Vallaki!". Acto seguido, empieza a correr para alejarse de la presencia del paladín y su símbolo, perdiéndose de la vista.
Bukko, frotándose la frente, se gira hacia sus compañeros, y les explica que, si el burgomaestre no es entregado a Strahd, arrasarán con la población.
Cuando Bukko trata de llamar al burgomaestre para exponerle la situación, Akon lo detiene, para tratar de exponerle un plan. En ese momento, el paladín recuerda los hechos con Strahd, y pregunta al brujo qué es lo que ha hecho su antepasado demonio para expulsar al vampiro. Akon intenta desviar el asunto, diciendo que lo que les acontece con el burgomaestre es más importante.
En la discusión, Zhia se acerca a Izek inconsciente, y coge su mano, estudiándola, apoyando el filo de su espada sobre el brazo demoníaco, a la espera de que se mueva de forma independiente para cortarlo. De reojo, Akon observa el comportamiento de Zhia, y la reprende por jugar con "cosas que no entiende y escapan a su control", lo que provoca una mirada lánguida de desinterés por parte de la mida. Desde la distancia, Ygrein comenta entre susurros "quien con demonios se acuesta, orinado se levanta", mientras observa cómo los engendros vampíricos se han dispersado por la ciudad.
Panit, cuando Akon se dirige a Bukko, lo interrumpe mirándolo fijamente con expresión entre sorprendida y aterrada. "No, Akon. ÉSTO sí que es urgente, y mejor que lo digas YA, porque lo que has dicho es de importancia vital".
Akon responde con cierto despecho que ahora hay cosas más importantes, y no concierne a la mida decir lo que ha oído.
"¿Que no me concierne?", expresa Panit sorprendida.
"No. Sólo me concierne a mí", intenta explicar el tiflin.
"¿Quieres que les diga lo que he oído?", amenaza Panit.
"Se van a quedar igual y no va a solucionar nada. Es mejor acometer el asunto del burgomaestre ahora, y yo ya lo explicaré en adelante con más detalle", trata de zanjar Akon.
Panit, ignorando sus palabras, explica a Bukko que, básicamente, el demonio que ha tomado conciencia a través de Akon sabe cual es el secreto de Strahd.
Bukko, extrañado, pregunta si con esa información le ha amenazado para que se vaya, bajo pena de revelar su secreto si no lo hacía. Panit transmite las palabras del demonio, para aclarar lo dicho:
"El Ancestro infernal está en poder del futuro de Strahd. Y si quiere tener alguno, mejor que se marche".
Zhia, por su parte, mira hacia la puerta abierta, observando que no quedan siervos vampíricos al otro lado, y pregunta: "Si en la habitación de Izek había un vestido de novia sin dueña, Strahd ha comentado que había muerto una mujer hace poco relacionada con él en la villa, y se desconoce el origen de Ireena... ¿de quién es hija Ireena?¿O de Ismark?".
Bukko comenta que Ismark es hijo del burgomaestre de Uarowia, pero Ireena es adoptada por dicho hombre, y no se conocen sus padres. Ante esa información, Zhia sospecha de que quizá el origen de la chica podría ser conocido por el burgomaestre, ya que tenía un vestido de talla exacta a la suya. En ese momento, Akon interviene indicando que esa información podría provenir de Strahd, ya que "alguien" prometió a la chica a Izek, sin que eso fuese de conocimiento del burgomaestre.
Mientras Akon y Zhia disertan sobre el origen de Ireena, Bukko se acerca a su hermano junto a ella, y la despierta. La chica, al recuperar la consciencia, se sobresalta preguntando a Ismark qué ha ocurrido, a la vez que ese frota la nuca dolorida. Su hermano
le comenta que sus aliados querían evitar que Strahd controlase su mente. Incorporándose enfurecida, la mujer observa su entorno, especialmente a Zhia que se encoge de hombros, quien susurra "seguridad". Ireena, con el rostro enrojecido, bufa "por esta vez lo paso. Pero la próxima deberíais avisar... sobre todo por si os permito que me golpeéis... o no".
Bukko, por su parte, comenta seriamente que la próxima vez que alguien le ponga la mano encima a la mujer, se las verá con él. Ygrein, con los ojos clavados en la dama, susurra a Zhia que al menos no le ha pasado nada malo.
Cuando Bukko intenta llamar otra vez al burgomaestre, Akon explica un plan alternativo, en el que, tras apartarse de la visibilidad desde la puerta, él podría adoptar la forma del gobernador, y mientras Bukko lo saca al exterior como si estuviese retenido, podría engañar a los monstruos para atraerlos a la plaza y apartarlos de la población, donde acabarían con ellos.
A pesar de que el plan es bueno, Bukko desea saber por qué las criaturas quieren al burgomaestre, a lo que Akon comenta que el gobernador podría no ser consciente de por qué quieren atraparlo. Quizá lo mejor sería acabar con casi toda la amenaza salvo uno, y a ese que sobreviva, interrogarlo para saber qué quiere Strahd del burgomaestre.
Pensando en que la vía más rápida para saber algo pasa por hablar con el gobernador, Bukko se lanza al encuentro del mismo, seguido de sus compañeros. Puerta tras puerta, hallando servidumbre aterrada, finalmente el paladín halla el dormitorio del burgomaestre cuando uno de los criados lo guía hacia el lugar, cerrado a cal y canto. "Señor Burgomaestre. Su pueblo reclama que restablezca el estatus de 'todo va bien', así que debería salir de su escondite, porque necesitamos hablar con usted", dice Bukko.
Frente a la puerta, la manaza del hipótido golpea suavemente.
"Señor burgomaestre...", dice Bukko.
"¡¿Quién va?!", responde la voz aterrada del interpelado.
"Soy el paladín de Waroui, al que acusaban de secuestro y asesinato", contesta Bukko.
"¡¿Uno de esos locos que ha traído el mal aquí?!", vuelve a hablar el burgomaestre.
Otra voz más rotunda y masculina exige: "Alejaos de la puerta, señor. Esta entrada está protegida por la guardia".
"No venimos a hacerle daño, sino a aclarar las cosas. Han llegado criaturas de Strahd buscándole a usted", trata de explicar el paladín.
"¡Habéis traído a Strahd a las puertas de mi casa!¡Habéis traído el mal!¡Habéis traído el caos!¡Marchaos de mi casa!¡Marchaos de aquí!", chilla alterado el burgomaestre.
Junto a esa voz, la acompañan gruñidos de grandes perros.
"Nosotros somos parte de la solución. No somos el problema", expone Bukko.
"¡Haced lo que queráis, pero largaos de mi casa!¡No sois bienvenidos!", chilla descontrolado el burgomaestre.
"¿Por qué te busca Strahd?¿Cual es tu problema con él?", desea saber Bukko.
"¡Strahd es el mal!¡Y yo trato de alejar su influencia y su maldad de mi ciudad!¡Intento proteger a los habitantes de Vallaki!¡Procuro que la felicidad y el bienestar alejen la mancha de la oscuridad y la corrupción de aquí!", explica enloquecido el burgomaestre.
"Entonces estamos en el mismo lado", dice el hipótido.
"¡Pero vosotros habéis traído el caos!¡Habéis desatado muertes, asesinatos y corrupción en mi ciudad!", desvía su atención el burgomaestre, tratando de justificar sus razones.
"¿Acaso no ha escuchado la confesión del esbirro de Strahd que le trajimos para que revelara todas las maldades que ha hecho en Vallaki?", intenta convencer el paladín.
"Pero... ¡eso significa que mis esfuerzos han sido en vano! (sollozos)¡Marchaos!¡Dejadme en paz!¡Haced lo que queráis!", se lamenta el burgomaestre.
"Si Strahd te considera su enemigo", frena Bukko las palabras del hombre, "te vuelvo a repetir que estamos en el mismo bando, y hemos venido a ayudar".
"Y... ¿qué queréis de mí?", pregunta angustiado el burgomaestre.
"Que simplemente nos digas por qué te busca Strahd. ¿Porque no acatas sus órdenes... porque le llevas la contraria... o qué es lo que pasa exactamente?", intenta razonar Bukko.
"Posiblemente así sea", se lamenta el burgomaestre, "porque no me doblego a su voluntad ni a la de su linaje. De hecho, quizá sea porque me negué a que Lady Fiona reclamase el gobierno de Vallaki como supuestamente legítima descendiente del linaje de Strahd.
Pero mis ancestros ganaron el derecho a gobernar esta ciudad, ¡y así lo pone en los estatutos de Vallaki!¡Mi familia, desde su afincamiento en Vallaki, fueron los gobernantes legítimos!¡Y no importa lo que esa mujer dijera!¡Yo soy el actual heredero al gobierno de Vallaki, no ella!"
"Ella está muerta", dice monótona Zhia.
"Hemos acabado con la usurpadora", contesta Bukko. "¿Qué más razones quieres?"
"Entonces habéis provocado la ira de Strahd", se lamenta el burgomaestre.
"De todas formas ya la habías provocado tú al negarte que ella fuese la heredera", dice Akon condescendiente.
"Además estaba conspirando contra tí y tu ciudad organizando una secta", continúa Bukko.
"¿Conspirando contra mí?", pregunta extrañado el burgomaestre.
"Hemos eliminado a la usurpadora y evitado que se extendiese su dominio sobre la ciudad...", comienza a explicar Akon, pero el burgomaestre lo interrumpe exclamando: "¡Habéis quemado una casa para eso!" "Pero era la sede de la secta", contesta Akon. "Hay que romper algunos huevos para hacer una tortilla", puntualiza Bukko.
Ygrein, harta de tanto teatro, alza la voz: "¡Maldito cobarde que te escondes en un rincón bajo la cama con tu mujer mientras tu pueblo sufre!¡Deberías estar fuera enfrentándote al mal con los tuyos!". La ira comienza a inundar las palabras de la sacerdotisa, recriminando una retahíla de faltas al honor y a la defensa de su ciudad y ciudadanos cuando una amenaza se hallaba correteando por sus calles, en vez de estar fuera peleando por lo que se supone que es suyo. Bukko acompaña la reprimenda exigiendo que el burgomaestre se haga cargo de su responsabilidad y salga de ahí.
Ante tal asalto verbal, se escucha al otro lado de la puerta el llanto del burgomaestre, desbordado. Entonces, la mujer pide al grupo que se marche de allí, que deje a su marido tranquilo y que haga lo que considere oportuno. Su marido no está en condiciones en ese momento para tratar con ellos. "Entonces venga usted", dice Bukko. "¡Debo cuidar de mi marido!", responde la dama. "Creo que usted podría tener más valor que su marido", añade el paladín. "¡Dejadme en paz!", llora el hombre.
Mientras Akon desea que salgan y afronten la realidad, Ygrein es consciente de que, en el fondo, se trata de dos desgraciados que lo único de que disponen es fachada.
"Una cosa. Hay ocho vampiros masacrando tu ciudad, porque te están buscando. Así que sal que solucionemos ésto. Pon en movimiento a tu guardia, pues debemos cazar a ocho monstruos, pues deben ayudar en la batalla. Haz tu trabajo", expone firme Bukko.
"¡Hablad con Izek!¡Que él organice la guardia!", chilla el burgomaestre.
"Izek es un traidor y tiene su cuarto lleno de muñecas. Está loco", comenta Bukko.
"¿Cómo?", pregunta asombrado el hombre tras la puerta. "Luego te lo explicamos", responde el hipótido. "A tu capitán deberías encarcelarlo".
"Está bien", dice la voz, tratando de recomponer el tono. "¿Cómo os llamáis, señor?"
"Yo me llamo Bukko y..."
"¡Os nombro Capitán en Funciones de mi guardia!¡Ocupaos del asunto!", interrumpe el gobernador, sin dar tiempo al paladín a seguir hablando.
Todos se quedan mirando al hipótido con cara desconcertada.
Zhia sacude la cabeza, sintiendo que el hombre tras la puerta, sencillamente no tiene agalla alguna.
Y Bukko ahora siente caer la sensación sobre su mente de que el matrimonio es tan pusilánime como intratable.
Akon expresa que mejor se ocupen ellos del asunto, porque los gobernadores no tienen valor ni conciencia para hacerlo por sí mismos. "Y de paso, que llore como mujer lo que no ha sabido defender como hombre", rubrica el tiflin.
"Perfecto", dice Bukko. "Asumo el cargo y convocaré a la guardia para que nos ayuden".
"Muy bien, muy bien", dice el burgomaestre. "Toma la insignia de mi Capitán, y utilízala como consideres oportuno". Ante esas palabras, se escucha una voz "pero... mi señor... ¿Así vais a...?" "¡Sí, sí!¡Dejadlos hacer!¡Dejadlos hacer!", responde el gobernador, histriónico "¡Parecen personas competentes!".
Akon, después de haber escuchado suficiente, comenta que mejor retomar el plan de hacerse pasar por el gobernador para atraer a las bestias, y destruirlas.
Entonces, Zhia comenta que la información que posea el burgomaestre no debería tenerla Strahd, así que sugiere matarlo. Aunque Ygrein susurra a Zhia que no la líe más, tras la puerta, se escucha la voz decir "¡¿A mí?!¡¿Por qué?!" Bukko comenta que es un desgraciado, y Zhia expone que es un desgraciado MENOS. Bukko duda sobre la información que pueda dar a Strahd en su estado, aunque Zhia expone que de alguna forma es valioso. Bukko deduce que sólo lo desea por venganza, porque todo lo que ha explicado el burgomaestre Strahd ya lo sabe, incluyendo la conspiración de Lady Fiona. Ygrein apunta que, efectivamente, con la toma del burgomaestre, Strahd no sólo lo castiga, sino que escarmienta a cualquier otro posible rebelde.
Hartos de perder el tiempo, el grupo se dirige a la entrada, mientras Akon comienza su transformación en el burgomaestre.
Zhia se cubre con una capa con capucha tomada de una habitación, mientras toma una poción para restaurar su salud.
Bukko utiliza una oración para escudarse contra el daño.
Ygrein ata un vial de agua bendita a la cabeza de su martillo.
Akon conjura una protección contra criaturas no humanóides de distinta naturaleza, para protegerlo contra su influencia, de sus poderes y sus ataques.
Y, una vez preparados para el engaño, Bukko toma por un brazo al falso burgomaestre, quien trata de forcejear y quejarse de su apresador, provocando el suficiente ruido como para que, desde la puerta de la mansión, atraiga la atención deseada.
Por su parte, Bukko e Ygrein gritan para llamar a las criaturas que habían pedido su presencia allí con el "burgomaestre".
En la retaguardia, Ismark e Ireena protegen las espaldas de los compañeros, al tiempo que sus costados eran flanqueados por Ygrein y Zhia.
Y, desde las sombras en la entrada de la mansión, Panit controla la situación, manteniendo en la distancia el encantamiento de las armas de sus aliados.
[NOTA: Aunque en este punto de la Sesión ningún jugador recordaba un detalle, del cual no estoy seguro si quedó reflejado en las sesiones anteriores, Ygrein había utilizado una Plegaria de Curación sobre el grupo que les concedía +10 Puntos de Golpe indefinidos, hasta que se perdiesen de forma violenta]
Durante 6 largos minutos (de magia y poderes en acción incluidos), no hay respuesta, salvo el sonido de fondo de la ciudad envuelta en la confusión, las persecuciones, llamadas a las armas de los vigilantes, carreras y algún que otro chillido de terror o sufrimiento, todo ello envuelto en el oscuro manto de las nubes, que hace casi de noche todo el paisaje.
Después de ese tiempo, una de las criaturas asoma por un tejado en la plaza frente a la mansión, chillando con voz rasposa: "¡¿Os habéis decidido ya?!"
"Ya lo ves", contesta Bukko con el "Burgomaestre" sujeto en su brazo.
(Risas malévolas del monstruo)
"¡¿Vais a entregarme a estas repugnantes criaturas?!¡Me niego!¡Exijo que me devolváis a mi mansión!", trata de interpretar Akon/Burgomaestre.
Zhia, por su parte, alza la voz comentando: "¿Qué me das a cambio?" en dirección al monstruo.
El vampiro observa la escena, regocijándose en la pronta captura, sin notar las incongruencias.
(Más risas malévolas de la criatura) "¡Al fin habéis entrado en razón! Muy bien... muy bien".
Tras ello, lanza un agudo y largo gañido al aire, como una bestia llamando a su manada.
Por su parte, Zhia susurra: "Y en Razón se estuvo incómodo...", comentario que ninguno de sus compañeros comprendió nunca jamás.
(PERO LOS JUGADORES SE DESPOLLARON)
A la llamada de la criatura, por los tejados de la plaza empiezan a aparecer otros monstruos de similar origen, hasta que las ocho criaturas desbandadas por Vallaki se encuentran de vuelta, atentas con mirada famélica en dirección a los aventureros.
"¡Pero, ¿por qué me buscáis?!¡Yo no sé nada!", grita el "Burgomaestre" a la defensiva.
"¡Calla cobarde!", abuchea Ygrein desde atrás.
"¿Lo queréis vivo o muerto?", sentencia Zhia con parsimonia.
"Preferiblemente vivo. Mi señor tiene algo especial preparado para él", expresa con voz sibilina el portavoz vampírico. Los vampiros recién llegados observan la escena con gesto de anticipación, deseando lanzarse sobre el grupo. Lo único que los mantiene a ralla parece ser el autocontrol del que parece su portavoz.
Bukko empuja hacia adelante al "burgomaestre", al mismo tiempo que el monstruo portavoz exige que los aventureros se aparten de él. De un empujón, Bukko lo hace avanzar un par de pasos. "¡Ahí lo tenéis!¡Ahora marchaos!".
"Nooo...", susurra el monstruo. "Nos marcharemos... con él, por supuesto".
Entonces, de un ágil brinco, el monstruo portavoz cae a cuatro patas con suavidad en la plaza, seguido por sus aliados. El grupo avanza entre dos y cuatro patas rápidamente hacia el "burgomaestre", con las oscuras lenguas sacudiéndose hambrientas entre sus dientes y colmillos.
"¡Me niego a ir con semejantes criaturas!", chilla el "burgomaestre" desesperado.
Bukko, con sorna, dijo a sus espaldas "¡Todo va bien!¡Todo va bien!¡No te preocupes!".
A lo que el "burgomaestre" respondió: "¡No me robes la frase, criatura traidora!".
Cuando las bestias se encuentran a pocos pasos de Akon disfrazado, el portavoz envara su espalda, y con sus ojos refulgiendo en un extraño brillo, su voz melosa susurra "acompáñanos", como si una voluntad superior a la suya tratase de arrastrarlo en contra de sus deseos, aunque la fuerza de la magia protectora del tiflin repele el intento de control mental.
Entonces, como respuesta, el "burgomaestre" alza su mano ante él... y una pequeña esfera luminosa vuela a la masa de los monstruos...
"Arderéis en las llamas del infierno, malditas bestias impías"
...arrasándolos con una explosión de fuego que el propio Akon recibe con una risa malévola que, aunque lame su piel levantando ampollas y abrasando carne, le produce más éxtasis que dolor.
Justo tras el instante de la explosión, en la que la mayoría de las criaturas consiguen rodar y apartarse del impacto masivo del fuego, salvo un par de despistados, provocando gruñidos de ira por una parte, y aullidos de sufrido dolor por otro, Bukko carga con un grito de batalla en la garganta, buscando entre las lenguas de fuego efímeras una de las criaturas sacudidas por las llamas. Parpadeando confuso por el brillo del fuego, su primer martillazo no consigue conectar con su objetivo, aunque una vez limpiados los ojos por las lágrimas que los humedecen y alivian la irritación, el martillo cae como un juicio de los dioses, golpeando un hombro de la bestia, el cual desplaza unos centímetros hacia abajo con un crujido, haciendo encogerse con un chillido a la bestia dañada.
Azuzada por el avance de su compañero, Ygrein eleva una plegaria a Dekaeler al entrar en liza, buscando al mismo objetivo que el paladín. Pero tal ímpetu le lleva a alzar el martillo para golpear a la criatura junto al paladín, que el vial de agua bendita atado a su cabeza vuela por los aires al soltarse del arma, rompiéndose junto a Zhia. El despiste causado por el descuido hizo a Ygrein perder el hilo de su ímpetu, y al lanzar su siguiente intento de golpear, el engendro vampírico ante Bukko sonrió con dientes predadores y, aunque el golpe lo alcanzó, sacudiéndole la osamenta, la criatura no pareció acusarlo con demasiado sufrimiento.
Junto a la carga de Ygrein, su voz expresó un contundente: "¡Mona!¡Mueve el culo, me cago en los infiernos!", habiendo observado la parsimonia de la mida en las últimas horas.
Zhia, con una serie de movimientos elegantes, rueda por el suelo y brinca ante uno de los vampíros más afectados por el fuego, quien queda sorprendido ante el ataque, con el que la mida deja caer veloz su cimitarra contra el costado del monstruo aún en llamas, hundiendo profundamente la hoja en la carne y causando en el monstruo una arcada de dolor.
(El resto de los vampiros, recordando el ataque en la casa de Henrik, corean al unísono: "¡Hombre!¡El Bote Pesicola!")
Junto a Zhia, Ismark corre para lanzar un tajo ineficaz contra el monstruo al que ésta acababa de atravesar, pero el espasmo de dolor la alejó de la hoja, impidiendo el impacto.
Por su parte, Ireena, rugiendo un grito de batalla, desenvaina su espada y se mueve junto a Bukko, para tratar -sin éxito- de atravesar de parte a parte al monstruo que Ygrein y el paladín tratan de despedazar.
Sorprendidos por el ataque y las embestidas de los aventureros, los monstruos reculan por un instante, aunque sus carnes socarradas y heridas por fuego y arma empiezan a recomponerse a una velocidad asombrosa a ojos vista, y comienzan su asalto lanzándose enloquecidos contra los enemigos que intentan enfrentarse a ellos, con garras extendidas y dientes desnudos, ávidos de sangre y violencia.
El monstruo acosado por paladín y clériga, a pesar del daño, enfoca su violencia lujuriosa en Ireena, a la que agarra férreamente de un brazo, tirando hacia él y mordiéndola en el brazo, succionando la sangre de la herida como un animal famélico, ante la mirada dolorida y aterrada de la mujer.
Ygrein, por otro lado, consigue desembarazarse del agarre de otro monstruo quemado, el cual por inercia intenta morder con un chasquido inútil a la sacerdotisa frente a sus narices, provocando un escalofrío en la mujer.
Bukko, sin apenas esfuerzo, se zafa de un empujón contra el vampiro que intenta aferrarlo, haciendo al monstruo trastabillar con gesto de sorpresa.
Una oleada de tres vampiros se arroja vengativa sobre Akon, uno de ellos fallando un intento de agarrarlo, al verse rechazado por una extraña energía protegiendo al tiflin, a la vez que otro lo sujeta por una muñeca, pero su intento de morderlo se ve repelido por la misma energía que a su aliado impedía alcanzar a Akon. Sin embargo, sujeto ya por un vampiro, el tercer enemigo consiguió aferrarlo por el otro brazo y morder el antebrazo, succionando con avidez de la sangre del tiflin, aunque lo que realmente succionó fue una energía vital que Ygrein había concedido con anterioridad para proteger del daño a sus aliados. Al sentir el ataque exitoso de la criatura, la naturaleza demoníaca de Akon hizo hervir la sangre del mismo, hasta el punto en que una explosión de llamas envolvió al vampiro que lo había mordido, sacudiéndolo el fuego infernal en un castigo que lo llevó a chillar como un animal apaleado.
En otro lugar, dos vampiros tratan de forcejear para aferrar a Ismark y Zhia, y aunque uno de ellos consiguió agarrar al hijo del burgomaestre, éste logró maniobrar para evitar el mordisco del monstruo, a pesar del aferre, mientras que Zhia fue capaz de retorcer un brazo que trataba de agarrar su adversario, escapándose como una serpiente de la presa del mismo.
Al ver la situación en la que el grupo se encontraba, Ygrein decidió convocar la Bendición Lordel, quedando envuelta en la energía Heróica de Ahuraz, momento en que liberó con una oración salvaje una explosión de espíritus translúcidos de alas y mazas de fuego y armaduras de acero rojo escarlata, que empezaron a rodear a la sacerdotisa, castigando con sus espadas etéreas a casi todos los vampiros, abriendo heridas terribles en sus carnes, las cuales parecían no querer sanar, habiendo sido tocadas por la energía de lo divino. Los chillidos de miedo y dolor de la manada vampírica no se hicieron esperar, con aquellos cercanos a Ygrein más dañados por la carga salvaje de la convocación sagrada, salvo uno que estaba demasiado lejos de la clériga y demasiado cerca de Zhia como para huir de aquella energía, trabado en combate con su presa.
(Los "maravillosos" petardillos sobrenaturales de Akon. Un crítico... y dos 1 en los D10)
Invocando también el poder de Ahuraz concedido por Lady Lordel, Akon se revuelve de las presas de los vampiros que lo retienen, y tratando de alejarse, uno de ellos consigue morderle, robandole energía sobrenatural de la bendición, mientras que un segundo vampiro cerca suyo le lanzó un garrazo que rasgó parte de su carne, aunque el poder de la bendición seguía protegiéndolo lo bastante como para saltar más allá de los vampiros fanáticos.Al retirarse dirección a la Mansión, por el rabillo del ojo el tiflin observa el estado de daños del vampiro encarado con Zhia, y hacia él envía una andanada de energía sobrenatural, parte de la cual estalla contra la misma herida en el costado donde Zhia había acuchillado al monstruo, provocando un nuevo chillido de dolor iracundo.
Sintiendo que el combate podría ser demasiado complicado para resolverlo sin algo de ayuda, la mida asesina que había visto a su enemigo recibir un doloroso impacto mágico solicita la Bendición Heroica de Ahuraz convocada por Lady Lordel, y cuando el poder sagrado inunda su ser, se zafa con ágiles fintas del monstruo, rodeándolo y atravesándolo una vez más con su cimitarra, provocando un nuevo aullido de dolor y una mirada temerosa -por primera vez- en la criatura no-muerta al sentir tal cantidad de daño.
Furioso, Bukko empieza a temer que la situación podría desbordarles. Así, su primer mazazo con su martillo dudó en sus manos por un instante, zumbando cerca de un móvil enemigo que observaba al paladín con una mezcla de odio y temor. Pero el ojo calculador del hipótido, acostumbrado a peleas de taberna, permitió anticipar los movimientos para descargar un demoledor martillazo sobre el pecho que hizo crujir las costillas del enemigo, causando un intenso vómito de sangre y toses entrecortadas a la criatura, temblando las piernas de ésta por el impacto.
Tratando de forcejear con el vampiro que la sujeta por la muñeca, Ireena apoya su bota en el pecho del monstruo, alejándolo de un empujón y apartándolo de su presa.
Ismark, por su parte, utiliza su espada en un intento de dejarla caer sobre el monstruo para intentar entre cortarlo en dos y aplastarlo, aunque la criatura se aparta de un ágil brinco del lance, chocando el arma contra el suelo con un tintineo.
Reculando un instante por el choque de los aventureros y aliados, tratando de maniobrar para utilizar su superioridad numérica contra los enemigos, aunque la criatura que se encontraba luchando contra Zhia empieza a recobrarse de los daños sufridos, el resto sienten frustrados que sus cuerpos no responden como ellos están acostumbrados, por lo que tratan de devorar a sus enemigos, a pesar de sufrir una nueva oleada de sacudidas sagradas de la oleada espiritual bendita que rodeaba a Ygrein, provocando nuevos aullidos de sufrimiento por las heridas producidas de las mazas ígneas etéreas. Aunque algunos monstruos parecen más frustrados que dañados, casi la mitad sufre realmente el daño del poder sagrado, sintiéndose confundidos con el entorno, incómodos por la amenaza inesperada. Frenéticos, el vampiro que forcejeaba con Ireena vuelve a agarrarla con ambas garras, tirando de ella para morder esta vez cerca del hombro, haciendo a la mujer chillar en esta ocasión de verdadero miedo cuando sentía la vida escaparse de su ser.
Cuando Ygrein intenta ser aferrada por un vampiro, ésta realiza un hábil molinete con su martillo que aparta los brazos del monstruo de la trayectoria de su cuerpo.
Bukko, por su parte, siente que una garra trata de rasgar su armadura para agarrarse al hipótido, pero las zarpas resbalan sin encontrar asidero, chirriando contra la protección sagrada del paladín, impidiendo que la criatura encuentre asidero para morder.
Un frente de tres vampiros cargan contra Zhia e Ismark, pero ambos aliados cierran filas, retorciéndose y forcejeando con las garras de los vampiros, logrando apartarlas del agarre y rechazando los intentos de presas y mordiscos de los mismos.
Y ante Akon, dos vampiros cargan enfurecidos contra él. Aunque son capaces de sujetarlo por ambos brazos, ya sea por entorpecerse el uno al otro o quizá por la energía protectora de Akon, dudan antes de intentar morderlo, siendo incapaces de encontrar un punto claro para clavar los colmillos.
Buscando un hueco en el eje del maremágnum enemigo, Ygrein alza su escudo justo cuando ve una garra tratando de desgarrarle la carne, chirriando las zarpas contra el metal, evitando el impacto. Entonces, la sacerdotisa de la guerra observa que un enemigo junto a Zhia e Ismark, y con una palabra de odio sobre la criatura, una llama bendita explota sobre el monstruo, arrasando su carne con energía divina, causando un chillido de miedo y dolor, al sentir el vampiro que su cuerpo podría quedar reducido a una voluta de vapor. Al mismo tiempo, una oración de orgullo en la guerra atrae el poder de una maza espiritual que revolotea solitaria en el aire contra la criatura castigada por el fuego sagrado, pero el objeto no consigue colocar el golpe de gracia sobre el enemigo, alejado de su impacto al recular por el dolor del estallido.
Forcejeando para intentar escapar de la presa de los vampiros que intentaban devorarlo, Akon tomó un vial de agua bendita, que intentó estrellar en la cabeza a uno de los vampiros, pero éste aparto la cara a tiempo como para evitar el impacto, así que el vial siguió intacto en manos del brujo, a la espera de una oportunidad en otro forcejeo en que la criatura se colocase a tiro.
Zhia, por su parte, sólo logró intimidar -aunque no alcanzar- a su adversario con una temible ejecución de danza de hojas frente al mismo, amenazando con decapitarlo... pero quedando sólo en eso... amenaza.
Agitando su martillo al viento, Bukko lo gira sobre su cabeza, lanzando dos mazazos como un molinete, y aunque el primero fue evitado por la agilidad inhumana del monstruo, al alzarse tras apartarse del primero, el segundo lo golpeó en un costado, sacudiendo todo su cuerpo como un árbol golpeado por un hacha, crujiendo el área aplastada con un feo sonido de huesos rotos.
Aterrada por los continuos ataques exitosos del vampiro frente a ella, Ireena forcejea sin éxito para intentar librarse del monstruo, cuya boca se acerca ávida de más sangre.
Ismark, sin ser capaz de percatarse de los hechos al otro lado de la lucha, lanza tajo tras tajo contra su adversario, pero la velocidad antinatural del mismo impide que su carne sufra un sólo rasguño.
Azotados por la tormenta de espíritus sagrados, los cuerpos de los monstruos son golpeados sin descanso por las mazas etéreas llameantes que los bambolean de un lado a otro, provocando que los vampiros rodeando a Akon sufran especialmente del ataque del poder divino. Los chillidos y bufidos de frustración son la tónica en esta oleada de daño por doquier entre los monstruos.
Incapaz de librarse de la presa de acero, Ireena sufre un tercer mordisco que le roba la vida, causando que sus piernas flaqueen hasta casi el punto de caer al suelo, sin hacerlo sólo porque el monstruo la sujeta para terminar su aperitivo con ella.
Tratando de soportar el dolor de la furia espiritual, un vampiro se arroja contra Ygrein, recibiendo entre sus mandíbulas un escudo sobre el que se cierran con un crujido inocuo los colmillos, causando una cara de estupor en la criatura.
Tratando de sujetar a la bestia hipótida, un vampiro escurre sus garras impotentes ante la barrera sagrada que protege el cuerpo de Bukko.
Ismark, de nuevo siendo aferrado por un brazo, da un poderoso tirón que desgarra parte de su manga, dejando los restos en la garra de la criatura que los mira frustrada.
Zhia, por su parte, cual anguila marina, gira y finta con una cintura de látigo, evitando una zarpa feroz por un flanco, y aunque otra la aferra de la muñeca, un movimiento de giro sobre sí misma provoca una flexión en la mano que la sostiene, abriéndola por palanca y permitiendo a la mida escabullirse indemne.
Por su parte, los vampiros que sostenían a Akon tratan de morderlo, pero la barrera de fuerza mística que lo protegía los rechaza constantemente, generando un estado de ira frustrada creciente en los monstruos.
Justo en el momento en que uno de los vampiros de Zhia volvía a la carga sobre la mida, la maza espiritual de Ygrein lanza un balanceo letal que destroza la espalda de la criatura, convirtiéndola de inmediato en una nube de vapor que ahoga el chillido de muerte del monstruo, la cual empieza a huir del lugar de la lucha dirección noreste.
Acto seguido, en un molinete, la maza avanza hacia el enemigo más cercano, con intención de ser verdugo del mismo. Al mismo tiempo de arrojar la maza sobrenatural contra los vampiros que acosan a Zhia, Ygrein carga con energía renovada y veloz contra uno de los vampiros junto a Akon y Bukko, descargando un mazazo potente contra la espalda del mismo, quien al sentir el terrible impacto, se aparta como un relámpago del segundo golpe con un siseo, haciendo que el arma golpee el vacío.
Aprovechando el rechazo antinatural de su protección, Akon recula para librarse de la presa de los vampiros, y consiguiendo su objetivo, se aleja lo bastante como para lanzar una andanada de explosiones sobrenaturales contra el más cercano de sus apresadores, y aunque el monstruo se aparta con una sonrisa socarrona de la primera, la segunda aprovecha su finta para golpearlo en pleno rostro con consecuencias terribles para su carne y huesos, que vuelan por los aires con un daño atroz.
Zhia, continuando con su danza terrible -sin impactos- de espadas, empieza a confundir a los vampiros restantes, que dudan si realmente el haber golpeado al primero compañero había sido eficacia combativa... o pura suerte. Aun así, la finta de su primer lance oculta una estocada mortífera que corta profundo el abdomen del monstruo más cercano, quien se siente con un chillido inhumano.
Bukko, viendo la circunstancia de superioridad numérica de los enemigos, decide extraer una poción que, al tomarla, provoca una súbita transformación en el hipótido, que empieza a crecer en proporción, hasta convertirse en un coloso dispuesto a aplastar a sus enemigos.
Ireena, junto a Bukko, empieza a sentir desvanecimiento forcejeando con su enemigo, pero la presa del monstruo es tan certera que la mujer no puede evitar sentir el fin cerca.
Ismark, junto a Zhia, maniobra lanzando estocada tras estocada (inocuas, pero determinantes para ofrecer a la mida la oportunidad de convertir sus ataques en letales tajos) a los vampiros, procurando llevar a las criaturas hacia la cuchilla mortal de la mida.
Arremolinados alrededor de la horda de monstruos, los espíritus celestiales de Ygrein comienzan una oleada de castigo sagrado que al parecer, las criaturas en ese momento acusan gravemente, arrancando trozos abrasados de su carne y dispersándolos como cenizas al viento al poco de escapar de sus cuerpos, produciendo una cacofonía de chillidos y lamentos de dolor en todos los monstruos, quienes por fin empezaban a ser afectados por el poder conjunto de los aventureros.
El vampiro que se encuentra junto a Ireena, la envuelve en un letal abrazo, y a pesar de estar sufriendo intensamente el poder sagrado de Ygrein, abraza con fuerza a la mujer y sigue bebiendo ávido su sangre, con la dama ahora lánguida entre sus brazos, con aspecto de estar en su último suspiro.
Desbordados y dolientes, los vampiros comienzan a moverse de una forma caótica. Dos de ellos tratan de lanzarse contra Akon que huye, siendo castigados con dureza en su avance por Ismark a estocadas, aunque su sufrimiento es menor a sus ansias de atrapar a quien se hace pasar por el burgomaestre. Rechazado uno por la barrera sobrenatural de Akon, el otro lo aferra de una manga, pero un tirón firme del tiflin deja al monstruo con una tira de ropa rasgada en su zarpa.
El caos provocado hace que los ataques de los vampiros sobre Zhia, Ismark, Ygrein y Bukko se vuelvan imprecisos, cayendo en la incapacidad para apresar a sus enemigos, castigados por los espíritus celestiales de Ygrein.
Fortalecida por el castigo causado a los monstruos, Ygrein carga renovada en su esfuerzo por destruirlos, aplastando de nuevo la espalda del monstruo entre ella y Bukko, mientras su maza sobrenatural vapulea sin piedad a la criatura cercada por Zhia e Ismark, ataques que hacen a los monstruos gemir de dolor, comenzando a entender que, posiblemente, estos enemigos sean más peligrosos de lo que sospechaban.
Tras Bukko y cercado contra la puerta de la mansión, Akon en esta ocasión estrella con la palma de su mano un frasco de agua bendita
("Qué ironía, un demonio atacando con agua bendita", comentó un jugador)
provocando una voluta de vapor siseante en el rostro del vampiro impactado, y salpicaduras abrasivas en el vampiro que intentaba cazar al tiflin, contentándose sólo con una tira de tela.
Rodeado por Ismark, Zhia y la maza sobrenatural, uno de los vampiros atacantes intenta controlar la situación a su alrededor, pero los lances del arma solitaria y el muchacho permiten sorprender a la criatura por el costado, logrando la asesina mida volver a atravesar sus entrañas con otra certera estocada que provoca un borbotón de sangre en la boca del monstruo, quien a la vez emite un gañido de sufrimiento al sentir el arma en sus entrañas.
Enfurecido y potenciado por la energía mágica de la poción que lo convirtió en un titán, Bukko alza su imponente martillo ante el monstruo al que había castigado con dureza asalto tras asalto, y cual herrero implacable sobre un acero rebelde, descargó su arma una... dos veces... y con cada impacto, el estallido de huesos junto al desgarrar de carne acabaron con otra de las criaturas cayendo al suelo, convertida en un amasijo de cenizas que pronto se alzaron como una voluta de humo en el aire.
En ese momento, un chillido de terror hizo a todos girar por un instante la mirada hacia la mujer que lo había propinado:
(Daños a tutiplen acumulados y regenerados por los Vampiros)
Ireena yacía pálida e inerte en los brazos de un monstruo de labios escarlata y húmedos, impregnados en la sangre de la chica, relamiéndose con placer, observando al resto de los presentes como una bestia mira un festín de presas antes de saltar sobre ellas.Y, junto a la bestia, las volutas de humo que eran los enemigos tratando de huir convertidos en niebla, para buscar su lugar de reposo donde reponerse, fueron arrasadas por los espíritus celestiales que rodeaban a Ygrein, convirtiéndose por segunda -y definitiva- vez en una nube de polvo ceniciento, cuyos restos bañaban el suelo entre los aventureros.
Un grito de horror surgió de los labios de Ismark, al percatarse de lo sucedido, mirando hacia su hermana moribunda con la mano extendida:
¡¡IREEEENAAAAAAA!!
CONTINUARÁ







































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