Aterrados y asqueados, Bukko, Ireena, Ismark, Katy, Panit y Viktor miran con desconcierto el dantesco espectáculo que se desarrolla entre los escombros, y se preparan para enfrentarse a las criaturas que se están manifestando, las cuales el sentido divino del paladín detecta como una manifestación infernal.
La repugnancia que le causan las criaturas a medio formar hace que Zhia dispare una flecha contra una de ellas, que atraviesa uno de sus ojos y la hace gorgotear de dolor, quejándose de que él ha venido allí a causar dolor, no sufrirlo, y eso no el juego limpio. Katy, casi al mismo tiempo, dispara sobre la misma criatura, atravesando su garganta cuando el monstruo protestaba, convirtiendo el légamo a medio formar en una explosión de líquido que se deshace en polvo negro, el cual se disipa poco a poco en humo gris. Bukko, observando la evolución de sus compañeras, extrae dos jabalinas de su espalda y las lanza certeras, atravesando los hombros de una segunda criatura que clamaba venganza por su acompañante destruido, provocándole un terrible dolor y plagando el lugar de quejas insufribles. Las ocho formas a medio aparecer, llenas de cacofónico odio, de pronto ven como una esfera informe de légamo gris brota de la nada entre las manos de Panit, y ésta la lanza sobre ellas, expandiéndola hasta formar una grumosa red de telaraña que atrapa a seis, de las cuales, la herida por las lanzas de Bukko maniobra para alejarse con un rastro de pringue tras ella para evitar quedar atrapada, mientras las otras cinco mezclan su icor viscoso con la pegajosa telaraña, formando una negruzca malla goteante que aumenta el horror del espectáculo. Los chillidos de las criaturas atrapadas, mezclados con lastimeros llantos y quejas, hacen de la imagen una mezcla entre grimosa y jocosa. Por su parte, Viktor se refugia entre los hermanos Uarowianos, los cuales se convierten en una muralla protectora que da cobijo a los niños recién rescatados y al joven acólito de Ahuraz.
Tras su malla de telaraña mágica, Panit conjura una flecha ígnea con la punta en forma de calavera llameante y la arroja desde un fantasmal arco de llamas violáceas formado con un movimiento de arco de sus manos contra uno de los seres casi formados, de carne verdosa o pardo claro, a través de la cual en algunos parches translúcidos se ven los aberrantes órganos internos demoníacos. La criatura alza una mano en la que estalla el proyectil, que apenas sí deja la piel oscurecida y agrietada. El monstruo sonríe y chilla '¡El fuego es amigo!¡Nací en él!¡Ésto es caricia!', produciendo un sonido succionador al terminar de salir del charco y escurrir el líquido negro por su piel, apoyado sobre unas pequeñas y contrahechas gruesas patas inferiores y unos largos y delgados brazos con inmensas manos garrudas desproporcionadas. A su alrededor se producen sonidos similares de las criaturas que están libres de la telaraña, aunque las atrapadas, cuyo líquido también se ha escurrido, no pueden escapar de los escombros.
Cerca de Panit, Zhia hinca rodilla en suelo y clava una flecha en profundidad en un monstruo sano, el cual se queja con un aullido de que ahora no podrá comer a gusto.
Cuando las criaturas, ya formadas y libres, se lanzan al ataque, se forma una miasma llena de insectos que rodea a todos, dejando atrás a sus compañeros atrapados y quejicosos.
Evitando la pureza espiritual de Bukko, se mueven contra el resto de aliados. El hedor de la bruma sucia que los rodea se aferra a las fosas nasales de a quienes se acercan, generando nauseas y lágrimas, nublando la vista.
El primero de ellos, con ambas jabalinas aún clavadas, envuelve a Katy, tratando de manotearla y morderla, pero la humana es muy ágil y evita sus torpes intentos de dañarla. El monstruo protesta porque la mujer se mueve y no lo deja pegarle.
El segundo salta sobre Panit, y entre la bruma, una bofetada y un quejido indican que el torpe ser se ha golpeado en su ataque fútil, aunque a tientas consigue agarrar una pierna de la mida, mordiéndola con sus pequeños dientes afilados.
El monstruo que se arroja contra Zhia, tratando de alcanzarla sin ningún éxito, protesta porque ella ha disparado demasiado y ha eliminado a un compañero. Eso es trampa y hay que castigarle.
Al ser envuelta por el hedor del monstruo, tose pero resiste la nausea, lanzando una estocada al área más concentrada de miasma. Al clavar profunda en la carne del monstruo, de golpe la bruma se colapsa sobre sí misma con una implosión, desapareciendo con un estallido acuoso que derrama légamo negro en el suelo, deshecho por momentos en tierra oscura, junto a dos jabalinas, permitiendo a Katy acercarse sin la amenaza del ser hasta Panit, para cubrirle las espaldas.
Bukko, rezando una oración de batalla a Uarowi y la libertad, aplasta ('¡Ay!¡¿Por qué me...?!', balbucea al ser golpeado, antes de desaparecer) a martillazos contra el suelo al monstruo, haciéndolo estallar en un charco de icor, resistiendo el hedor nauseabundo de la bruma que se esfuma con su destrucción. '¡Vuelve al abismo, engendro!', concluye el hipótido, manchado del voluble icor junto a Katy y Panit.
Crispando los dedos de una mano, y manipulando con la otra y su voz el tejido de la magia, Panit genera tres proyectiles de magia con forma de cráneos brumosos, estrellando uno de ellos contra la nuca del ser que se encuentra con Zhia, atravesando su cráneo hasta que su rostro explota, y en su destrucción vierte el fluido de su cara contra la mida asesina, en mitad de una frase amenazadora. Los otros dos proyectiles golpean el rostro abotargado de otro de los monstruos atrapado, amoratando su carne verdosa y provocando lágrimas grises de dolor y miedo en el ser gimoteante, que protesta por ser el objeto del dolor, en vez de el causante de torturas.
Zhia, envalentonada, se acerca con su cimitarra a una de las criaturas intactas, aprovechando su aprisionamiento, y después de enterrar profundamente su cimitarra en el cuello de la misma, haciéndola gorgotear y quejarse de que no le han permitido matar ni un poquito, tras lo que extrae el acero y aplasta el rostro del monstruo de una patada con un feo crujido, manchándose los pantalones en la implosión de fluidos, aguantando la respiración.
Impotentes en su intento infructuoso de escapar de la telaraña, los seres sólo son capaces de gimotear diciendo que han escapado del infierno sólo para encontrar otra prisión pegajosa en la que no pueden matar a nadie. Uno de ellos recrimina a los demás que no tendrían que haber entrado por el portal que se abrió ante ellos, incitador y sugerente, en el Abismo.
Aunque dos de ellos cerca de ella lanzan zarpazos y mordiscos a una Zhia bravucona, éstos son retenidos y dificultados por la telaraña, haciendo a la mida aún más burlesca en su actitud ante ellos, sobre todo por no responder a sus peticiones de que se acerque a ellos para que puedan morderla.
Katy, con sus espadas en mano, avanza hacia el monstruo herido por la magia de Panit. Al entrar en su nube de miasma, en lugar de atacar sigue caminando dando tumbos, seriamente afectada por la bruma, lanzando tajos sin ton ni son. Por suerte, cuando la hoja toca a la criatura, la mente enturbiada de la asesina humana recupera la suficiente lucidez como para, con crueldad, hundirse despacio en el monstruo ante la sonrisa sádica de la mujer y la protesta del monstruo ('¡¿Pero a mí por quéee*?!'), hasta que el monstruo se deshace, salpicando las manos y el rostro de la mujer. Ésta, prudentemente, se aleja con una ágil maniobra para evitar ser pasto de la violencia de los estúpidos seres.
Bukko, con el ceño fruncido, levanta su martillo de alarma sobre uno de los monstruos restantes, y negándose a someterse al hedor del mismo, de dos fulminantes martillazos lo destroza, transformado en otro charco de icor, después de que la criatura señale a otro de sus compañeros, pidiendo que en lugar de pegarle a él, pegue al otro. '¡Regresad al inframundo, bestias inmundas!', responde a esas palabras el paladín. La voz chillona de uno de los restantes monstruos dice en llanto '¡No podemos!¡Hemos sido convocados y no se nos permite huir hasta que la magia acabe!'.
(El rostro tras "BUKKO")
Panit, sorprendida por tan patético comportamiento, no es capaz de contenerse y estalla en carcajadas.Sorprendida por la reacción de su hermana, Zhia se gira contra uno de los dos seres restantes, al que lanza un tajo certero en el cuello, segando su gaznate pero no llegando a matarlo, aunque convierte su voz en un gorjeo húmedo, después de lo cual, tras aspirar profundamente el hedor a causa del cansancio del combate y la necesidad de oxígeno, siente un pesado mareo y, diciendo 'estoy bien...', cae desplomada en el suelo, consciente pero sin fuerzas.
Una de las dos bestias atrapadas es capaz de escurrirse entre la telaraña, y gritando '¡Libreee!¡Por fín puedo causar dolooor!', avanza contra Bukko, al que lanza un tajo de una garra a uno de sus muslos y un mordisco contra el otro, provocando más enfado y sangre que verdadero daño en el paladín. La otra criatura, entre protestas y llantos, se queja de la suerte de su aliado tras él.
Katy, confiada en ser capaz de acabar con el ser atrapado, se mete en la bruma del monstruo, y su sonrisa se transforma en una mueca confusa acompañada de toses, cuando su visión se vuelve borrosa y se aleja dando tumbos.
Bukko, apretando sus manos alrededor del astil de su martillo, mira con furia a su enclenque enemigo, que empieza a gritar '¡Puedo hacerte sufrir m...!' ¡¡WHAM! Un fulminante martillazo corta su frase al golpearle en la mandíbula y hacer volar un diente. Sacudiendo la cabeza, el monstruo intenta volver a hablar '¡Aún así, todavía pued...!' ¡¡CRACK!! Otro mazazo destroza varios dientes. La criatura, con los ojos girando en sus órbitas y la voz pastosa, murmura '...todavía no has acabado conmigo...', mirando en una dirección en que no se encuentra el hipótido con cara estúpida.
Recuperándose de sus carcajadas, Panit observa la situación.
En la palma de su mano vuelven a concentrarse tres proyectiles de energía mágica espectral. A la voz de '¡La última en reír disfrutará más!', Panit hace estallar la sien del adversario de Bukko como si la hubiese atravesado una bala, dejando en el monstruo una expresión de incredulidad y una media frase inacabada en su boca ('¡Todavía puedo lu...!'), antes de descomponerse con la mano y el dedo alzados. Los otros dos proyectiles impactan en la criatura atrapada por la red, dispersando su cuerpo y esencia ante los ojos parpadeantes y llorosos de Katy, que cae derrumbada, sentándose sobre los escombros.
Cuando todo queda en calma y los combatientes se giran para ver qué ha sido de sus aliados, ven como Ireena e Ismark abrazan a los niños rescatados, cubriendo sus rostros para evitarles el horror del combate. Los pequeños sollozan de miedo, aunque los hermanos Uarowianos poco a poco los calman como unos amorosos padres.
Viktor recoge todo lo que puede ser de alimento con resignación e ironía.
Pasando el rato en minuciosa investigación, los aventureros también hallan dos extrañas piedras negras alargadas cónicas como aquella que Morgantha llevaba con ella, además de otros dos saquitos de almas, los cuales Bukko destruye en las agonizantes llamas del molino, y en la cremación, cinco almas de niños envueltas en bruma escapan hacia el firmamento cubierto de nubes grises.
Lo último que son capaces de encontrar son varios ajuares baratos que podrían utilizar como moneda de cambio en algún mercado, pues su valor monetario es poco, pero de utilidad, cerca de varias vasijas rotas y vacías de elixir, uno de los cuales estaba etiquetado como "Juventud", otro como "Risas" y el último como "Leche de la Madre".
En un pequeño baúl destrozado, 55 monedas de oro muestran la horrible evidencia de que 55 niños o niñas han sido vendidos para comprar pasteles "de la felicidad". La gente de la región de Uarowia está llena de desesperanza, y la vida de unos niños tiene sólo el valor de los sueños vacíos.
Finalmente, lo más llamativo de la búsqueda es un gran caldero con toscas runas mágicas rodeando su borde, el cual, aun siendo de metal, está rasgado y abollado, y el fondo de su interior aún contiene un pequeño charco de icor inactivo.
Después de haber registrado las ruinas y calmado a los niños, al preguntar quienes son, el niño dice que su nombre es Freek, y la niña se llama Mirtle. Ambos son de la aldea de Uarowia.
Al pensar la distancia que hay hasta la aldea, Katy comenta que si los niños no les son útiles, lo mejor sería dejarlos allí tirados. Bukko, escandalizado al ver que empiezan a hacer pucheros cuando la mujer les dice eso, se lleva a Katy a un lado para evitar su lengua malhablada, y comenta al resto que lo propio sería llevarlos hasta Vallaki, donde contratar a alguien que los lleve de vuelta a su casa. Viktor se ofrece a llevarles a su casa. Katy, con el ceño fruncido, se encara al acólito y le dice que mejor debería callarse y dedicarse a su trabajo. Ante ese brote de agresividad verbal, el joven acólito de Ahuraz dice en voz baja que la mujer no puede engañar a nadie, porque bajo esa máscara de desprecio hay una buena persona, así que perdona su actitud, tomándola con gentileza de la mano. Katy, quedándose sin habla, balbucea y se aleja murmurando maldiciones.
Mientras Bukko trata las heridas de sus compañeros y las suyas propias, además de consumir un par de pociones menores de Remedio del Humilde, Zhia comenta el descubrimiento de unos extraños monolitos en la linde del bosque.
Moviéndose todos a través del bosque, para evitar sorpresas de quien se quedase rezagado, cruzando la espesura abrazada por jirones de brumas, en un claro a unos metros más allá, cuatro inmensos dólmenes (coronados por una nube de cuervos que gira en el cielo a decenas de metros sobre el lugar) rodean un círculo de tierra e hierba con un pequeño pedestal de un palmo de alto en el centro.
Las piedras y la roca tallada están muy castigadas por el tiempo y la naturaleza, aunque en su cara interior puede verse una talla tosca que parece representar una estación del año en cada una, así como una ciudad. Percibiendo una interacción extraña entre fuerzas sagradas e impías, Bukko no sabe a qué atenerse dentro de aquellas inmensas rocas.
Ismark e Ireena explican (rozando las rocas con reverencia) que los símbolos están dedicados a unas antiguas deidades que protegían la región antes de casi quedar relegadas en el olvido.
Ismark revela que la roca del este representa a Andral, el Señor de la Mañana.
Ireena continúa contando que la roca del oeste reverencia a Ashes, Madre Noche.
Ismark, llegando junto a la piedra del norte y mirando hacia su cúspide, indica que está consagrada a Kulthuk, el Poder del Invierno.
Ireena, concluyendo su explicación, se apoya con ambas palmas de sus manos en la roca del sur, susurrando que aquel monumento se refiere a Prays, la Bendición del Verano.
Bukko, atento a las palabras de los hermanos, se percata junto al resto de que, mientras estaban dentro del círculo, los cuervos han empezado a posarse en los árboles de alrededor, hasta hacerse un pesado silencio. Alzando su voz y rompiendo aquel pesar, Bukko grita a los animales: '¡Strahd!¡Sé que nos observas a través de ellos!¡Pronto iremos a por ti!'. Las criaturas se miran unas a otras, confundidas en apariencia, parloteando suavemente, además de mirar con atención al hipótido. Katy, por su parte, escucha un golpeteo junto a uno de los dólmenes, donde un cuervo devora un pastelito, y continuando su inspección, descubre que en el interior del pedestal cubierto de runas y glifos circulares, hay un pequeño objeto blanco y pulido apoyado en su centro. Panit, curiosa, se acerca, descubriendo que se trata del diente de un niño.
Aunque Bukko, después de un estudio más profundo, tiene claro que el lugar es suelo sagrado de alguna forma, Panit parece reconocer que el diente está interfiriendo de alguna forma con la santidad del mismo, así que lo coge y lo aparta del pedestal, sacándolo del círculo, momento en que Bukko percibe un sutil cambio en el aura de la zona, que parece estar menos cargada.
El paladín, en un intento de purificar aquel lugar, solicita ayuda a Viktor. En esta ocasión, el muchacho se prueba muy entregado a dicha tarea, realizando un prolongado ritual en el que no sólo santifica con sus palabras y limpiando la zona, ayudado por Bukko, sino que, desde el centro del mismo sobre el pedestal, sus oraciones emanan verdadero poder, que hace deshacerse el musgo y malas hierbas poco a poco de las rocas, vivificando levemente la hierba fresca de su interior, y mostrando una imagen más presentable de los grandes monolitos.
Sorprendentemente y, por una vez, el acólito muestra una saludable dosis de devoción divina en forma de poder real, en lugar de su habitual prudencia (o cobardía, como Bukko y Katy creen entender).
Tras acabar el ritual, Bukko señala a los cuervos, diciendo: 'Igual que hemos limpiado este lugar, limpiaremos de tu maldad esta tierra, Strahd'. Como respuesta, los cuervos parlotean y graznan más fuerte.
Abandonando por fin aquel lugar de perdición, y mientras los hermanos nobles de Uarowia acomodan con sus palabras y comportamiento a los niños, el grupo decide que, a pesar de que llegarán bien entrada la noche a Vallaki, viajarán lo más deprisa posible para no descansar a la intemperie.
Descendiendo por la ladera de los montes Ghakis hacia el norte por el serpenteante camino, desde el carromato se observa al norte el inmenso Lago Zarovic, con lo que parece un minúsculo grupo de canoas en su orilla sur y una silueta flotante en medio del mismo (lo que los aventureros suponen que se trata de un pescador demente que labora tan tarde).
Sin preocuparse demasiado, al internarse en el camino que ya es abrazado de nuevo por los Bosques Svalic dirección oeste, cubierto de niebla y lenguas de bruma, al norte del mismo, entre las laderas boscosas de los montes que se adivinan en esa zona (los Montes Baratok), tras un tramo en plena noche, Katy percibe una silueta furtiva y enjuta que se mueve entre los espesos árboles, observándolos en la lejanía. Solicitando detener el carro, señala en aquella dirección, donde Panit se percata, efectivamente, de la forma de lo que parece un hombre muy mayor y desaliñado por una posible vida salvaje oculta parcialmente tras un tronco. Cuando se mueve para seguir el rumbo del carro deteniéndose, Bukko también lo ve, con su cabello largo y encrespado, y los ojos desorbitados por la locura, comportándose huidizo como un animal, como si algo asediase su mente perturbada.
Panit exige que el hombre se muestre o recibirá una dura reprimenda. Al verse descubierto, el hombre enjuto entrado en años se sobresalta y empieza a huir entre los árboles hacia el norte. Panit, pillando desprevenidos a sus compañeros, arroja sobre él una bola viscosa y gris que se transforma en una telaraña y lo deja atrapado entre los troncos de los árboles. Pero, increíblemente, el prisionero empieza a brillar con una mortecina luz azul, escurriéndose entre la maraña y transformándose en un ciervo, que salta más allá de su confinamiento y trota embravecido con los ojos rojo brillante, raspando el suelo y echando vaho por la boca. En un instante vuelve a convertirse en un hombre asolado por la ira reflejada en su expresión demente.
Confundidos por los aparentes poderes druídicos del anciano, Katy le hace un mohín burlesco. Bukko pregunta a voz en grito cuales son sus intenciones al espiarlos, y Panit comenta que ella había avisado de lo que podría ocurrir.
Ante tales provocaciones, la voz del viejo se alza con un chirrido, gritando: '¡¿Creéis que mi magia es débil?! ¡Estáis equivocados!'. Mientras habla, sus dedos gesticulan generando un vórtice de energía ígnea entre sus manos crispadas, reconocido de inmediato como una poderosísima bola de fuego por Panit, cuyos ojos se abren como platos.
Es la manifestación más poderosa que la maga mida ha podido ver en su vida.
Zhia y Katy, viendo aquello, se ocultan a toda velocidad en el lado opuesto a donde se encuentra el hombre en la lejanía. Bukko, desconociendo aquel poder, indica que el hombre debe detenerse, porque no desea guerrear con un guardián de los bosques, ya que él es un paladín de la justicia.
La respuesta del hombre es, gritando: '¡DEJADME SOLO!', lanzar una inmensa bola ígnea que estalla a pocos metros del carruaje, arrasando en la explosión hasta dejar en cenizas (sin tan siquiera generar una llama) un enorme hueco de árboles. Las llamas, sin embargo, no se extienden más allá por la humedad ambiental, la bruma, el denso y verde bosque... y quizá una fuerza sobrenatural que protege los aterradores paisajes salvajes de estos lugares.
El azote abrasador del aire provocado por la explosión peligrosamente cerca del carro deja sin aliento y llenos de temor a todos. Ireena e Ismark abren uno de los ventanucos, al sentir la sacudida y el resplandor, preguntando qué es lo que ha ocurrido, que hasta los niños se han despertado aterrados.
La respuesta de Bukko es jalear a Viktor para que salga a toda prisa de allí, a lo que éste tarda unos segundos en reaccionar, congelada su postura boquiabierto al ver la destrucción causada.
Del hombre, más allá del humo y cuando los ojos dejan de hacer chiribitas en los presentes, no queda rastro, esfumado entre los árboles no dañados.
El carruaje, efectivamente, se aleja a toda prisa sin mirar atrás, con Bukko murmurando 'por semejante destrucción del paisaje... ESO no era un druida'.
(No. Seguro que ESO no era un Druida... ¡JAJAJAJAJA!)
Por fin, en plena noche cerrada, y con un silencio sepulcral que ha caído entre los aventureros tras la reciente experiencia con un mago demente, su carruaje arriba a las puertas de la Villa de Vallaki. Altos maderos -gruesos como torsos de una persona- de puntas afiladas de 4 metros y medio atados firmemente entre sí con gruesas cuerdas y sellados con mortero, atravesados por unas recias verjas de metal cerradas con grandes cadenas y candados. La niebla espesa presiona contra el muro, como si quisiese rebasarlo. Dos vigilantes con ballestas y largas picas, observan a los viajeros llegando desde la lejanía en plena noche, con miradas ceñudas suspicaces desde lo alto de la muralla sobre pasarelas de travesaños adosadas al interior de la misma que permiten sobresalir su cuerpo hasta sus hombros, y otros dos se apostan tras las puertas de la empalizada, saliendo de una pequeña caseta de guardia al lado de la misma. Junto a la entrada, a unos metros de la misma y flanqueando la entrada, hay una docena de picas con cabezas de lobo empaladas, como si mostrasen algún tipo de advertencia. En el arco sobre la puerta hay un letrero sucio y viejo en el que se adivinan las palabras "Puerta de la Mañana".'¡Buenas noches nos den los dioses!', se atreve a comenzar Bukko, ante tan lúgubre bienvenida nocturna. 'Buenas noches', contesta un guardia con voz grave. '¿Se puede entrar a la ciudad?', continúa el hipótido. '¿Y cuales son vuestros motivos para entrar en la ciudad? Pues las puertas de Vallaki se cierran cuando cae la noche', responde el mismo guardia.
'Buscamos comida y cobijo', trata de acelerar la conversación el paladín. 'Aparte de esos motivos, ¿hay alguno más?', inquiere, con fingido interés, el guardia. 'Nuestro camino nos trae desde Uarowia, acompañando a Ismark, el hijo del Burgomaestre, y a su hermana. Además, hemos rescatado a unos niños de un cruel destino y un cautiverio en el camino, a menos de un día de camino'.
Viendo la mirada desconfiada del guardia, Ismark toma la palabra, comentando a los buenos soldados que el grupo no busca problemas. Esta parada los ha traído desde un largo viaje con ciertos inconvenientes, y sólo desean entrar, gastar su dinero honradamente en alguna fonda, y seguir adelante con su camino. Los niños que vienen con ellos son muy jóvenes y están perdidos, y el buen caballero Bukko sólo decía la verdad.
Los guardias, después de escuchar desde la empalizada, solicitan a los que se encuentran junto a la puerta que se abra la misma. Manipulando las cadenas y los candados, los guardias de a pie dejan paso y cierran tras ellos.
Bukko, al pasar junto a ellos, los aborda educadamente preguntando sobre la alta seguridad de la villa. Uno de ellos responde con voz sardónica y una risa desganada, responde 'No, claro. Toooodo estará bien'. Otro de ellos, mirándolo, corrige con tono formal a su compañero de armas, comentando que sólo es por seguridad, para evitar que el demonio Strahd y sus huestes ataquen pillándolos desprevenidos. Además de que Katy se preocupa de estudiar el lenguaje de los guardias para asegurarse de su sinceridad, Panit advierte no sólo eso, sino que, además, la guardia está bastante harta de su trabajo, porque hay algo que les obliga a hacer a desgana.
Una mujer guardia, estudiando los rasgos de Bukko con cierta sorpresa, comenta que el grupo no parecen mercaderes, así que ¿qué podrían buscar en Vallaki antes de seguir su camino, aparte de lo dicho por Ismark?
Bukko, repitiendo su necesidad de detenerse por alojamiento, hace que la mujer les recomiende la Posada del Agua Azul más adelante, siguiendo la vía principal de la villa. La familia Martikoff la regenta. También les recomienda pasar por la mansión del Burgomaestre para presentarle sus respetos al día siguiente. La villa está en fiestas y quizá se podría molestar por encontrar visitantes que no se hayan presentado formalmente.
Con las palabras de la vigilante, Panit estudia el entorno, percatándose que "la festividad" no se percibe en lo más mínimo en el entorno de la entrada a la villa.
Preguntando por la celebración, Panit es informada de que dentro de poco se celebrará la Festividad del Sol Llameante.
Panit, mirando el cielo, comenta que no comprende el significado de la festividad, debido al poco sol que se ve habitualmente. La vigilante se encoge de hombros, en un gesto de comprensión. Después de ello, hace un gesto con el brazo, indicando que el carromato puede seguir su camino.
Otra mujer vigilante, observa con atención el símbolo sagrado de Bukko, con una expresión de cierto reconocimiento percibida por éste. Acto seguido, se gira y vuelve a su trabajo.
Avanzando con el carro, el grupo se percata de la soledad de las calles, apenas vigiladas por guardias. Por la vía principal, la mayoría de las casas (de bastante mejor calidad y estado que en Uarowia, aunque curtidas por el tiempo) se encuentran iluminadas desde dentro en algunos casos y otras sin luz, con los postigos de madera firmemente cerrados, y susurros familiares en el interior.
En general hogares de una planta, aunque varios hay de dos, más que en Uarowia, lo que demuestra un mayor poder adquisitivo en algunos casos, en algún caso los viajeros encuentran manadas de ratas que entran y salen por las aberturas de alguna que otra, revelando que, en el fondo, éste lugar también se encuentra bajo la zarpa de la pesadumbre ambiental de este entorno. Al avanzar varios metros entre las viviendas, Katy y Panit perciben que del interior de una casa pobremente iluminada, surgen voces, pero éstas no conversan, sino que su cadencia es grave, musical y rítmica. Panit pone al corriente de sus compañeros la posibilidad de que esos cánticos sean alguna manifestación mágica, posiblemente una convocación. Katy pide detener el carro y baja por detrás, aunque Zhia se convierte en una sombra en la noche, invisible e inaudible, subiendo grácil al tejado de la casa. Katy, tratando de emularla, es silenciosa al avanzar, pero cuando trata de subir al tejado (incluso ayudada por un equipo de escalada), le cuesta más trabajo del que quiere admitir, raspando la pared con las botas, terminando por ser ayudada por su asalariada mida (su vida de líder criminal quizá la ha aburguesado un poco). Siguiendo las evoluciones de sus compañeras, y pegando el oído a los cánticos, Panit entiende que el ritual es maligno. Al informar a Bukko, quien no debería permitir esa malignidad en un hogar, éste protesta porque tiene sueño y hambre y quiere llegar a la posada ya. Al tratar de volver a atender los cánticos, éstos se han detenido y se ha hecho el silencio. Bukko, resoplando, pide que el grupo se marche YAAAAA que tiene HAAAMBREEE y SUEEEÑOOOO, que ya lo investigarán mañana.
Una de las ventanas del carruaje se abre, e Ireena pregunta suavemente, tratando de que los niños no se despierten, que qué hacen ahí fuera, y por qué no han llegado ya a la posada.
Bukko encoge los hombros, explicando con desgana el asunto, y la mujer resopla con comprensión, cerrando la ventana tras volver a entrar. Viktor, con cara de circunstancia, mira a sus compañeros, esperando a ver qué deciden.
Siguiendo el camino después de la pérdida de tiempo, algo más adelante en la vía principal se percatan de que, al sur de la misma hay un enorme corralón vallado con una entrada y una garita, en cuyo interior hay espacios delimitados (cobertizos).
El lugar, llamado "Corrales Arasec", parece una fonda donde sólo se guardan carros y carretas, con un enorme almacén más al fondo. Pensando en que el grupo podría dejar allí su carro, el grupo se percata de un único carro aparcado al sur es muy llamativo: robusto, colorido (con pintura descascarillada), con adornos y grandes letras desgastadas por el tiempo que rezan "Carnaval de las Maravillas de Rictavio". De vez en cuando, el carro se agita desde dentro, como si una criatura lo moviese con su gran corpulencia. Un pesado candado con una buena cerradura bloquean la puerta trasera. Las ventanas también aparecen bien aseguradas. Llegando hasta la puerta y pensando en dejar el carro allí, el grupo encuentra a un afable hombre mayor en una garita de la entrada, que sale a atenderlos. Su rostro está algo tristón y su nevado cabello clarea por la cabeza. Bukko lo reclama, y el hombre se acerca. Tras quedar muy sorprendido por el aspecto del hipótido, Indica que su nombre es Gunter Arasec, y su esposa, que ahora está descansando, es Yilena. Son los dueños de esta fonda para carretas. El paladín desea dejar allí el carro para que el hombre lo vigile, y cuando Zhia se deja ver, Gunter queda bastante más sorprendido al ver que, según parece, todos los visitantes son inhumanos.
Además de ello, Bukko pregunta si la posada tiene algún lugar donde dejarlo, a lo que Gunter comenta que la posada del Agua Azul posee caballerizas y establos, pero no espacio para un carro. Podrían dejarlo aquí y llevar los caballos hasta la posada. Acordando hacerlo así, el anciano informa que son 3 Cobres la noche, por si desean pagar diariamente o hacer un abono por adelantado si piensan estar más tiempo.
Bukko comenta que, de momento, irán pagando día a día, porque puede que estén poco tiempo en Vallaki. Generosamente, el paladín le entrega 4 Cobres, a lo que, en agradecimiento, Gunter comenta que no es recomendable aparcar junto a la caravana de Rictavio, porque, al no saber lo que hay dentro (que se mueve mucho y hace ruidos extraños... y gruñe), podría haber problemas. Así, tras aparcar la caravana, vaciarla de los pertrechos más importantes (dinero, objetos) y cerrar asegurando todas las entradas, Gunter observa al grupo desenganchar los caballos y marcharse, oyendo tras ellos como el hombre se despide de ellos con un 'Buenas noches. Todo estará bien', para después alegrarse de su suerte por tener más "negocio" del esperado con un cliente nuevo. Bukko replica que 'todo estará bien si los dioses lo desean', y con una risita el hombre contesta que 'si Andral lo quiere, todo estará bien'.
Continuando el camino a pie con los 4 caballos del carro, más adelante, por una calle estrecha que sale hacia el sudoeste de la vía principal, los viajeros observan un tétricamente llamativo edificio de dos pisos de altura, con un letrero en forma de ataúd sobre la puerta principal. Al observarlo con más atención, se percibe que todas las cerradas están cerradas a cal y canto. Con curiosidad, Bukko echa un vistazo más largo, justo en el momento en que la puerta se abre, y de ella sale un hombre de hombros anchos y cabello alto, de espaldas a él, el cual se gira hacia la luz mortecina que sale del interior del umbral. Los ricos ropajes y la capa del extraño denotan nobleza y porte regio. Echando mano bajo la capa hasta la cintura, extrae una bolsa de lo que parecen monedas, y la tiende hacia la puerta, de la que salen unas manos curtidas unidas a unos hombros hundidos y una cabeza con una espesa melena blanca. El hombre que recibe el dinero se inclina en actitud servil sosteniendo un apolillado sombrero de ala ancha, pero aquel que le ha pagado ya se está marchando, sin mirar atrás.
Entonces, el hombre de la casa, mirando la bolsa con avaricia y a la calle con suspicacia, cierra rápidamente la puerta. La silueta del pagador descendiendo hacia el sudoeste de pronto se detiene, y su rostro gira hacia un lado, dejando ver un tenue brillo rojizo en el ojo que se percibe, así como adivinar una sonrisa en sus labios, cuando de repente la figura se desvanece en un jirón de bruma como un sueño al soplar una ráfaga de viento que sacude su capa.
Bukko, parpadeando, piensa que tiene mucho sueño y hay que llegar pronto a la taberna.
Sacudiendo la cabeza y siguiendo el camino, el grupo atraviesa a su izquierda la plaza de la villa, la cual aparece decorada con guirnaldas lánguidas hechas jirones, y cajas de madera pintadas con pequeñas flores muertas. En el lado norte de la plaza hay una línea de cepos con candados vacíos. En el centro hay una fuente casi en ruinas por la que corre agua limpia, y sobre la cúspide de la misma hay una estatua de un hombre impresionante mirando al oeste, con polainas, calzas, pantalón corto, chaleco, casaca y el cabello recogido en una coleta.
En su base no hay ninguna placa conmemorativa. Por todas partes en la plaza hay carteles y proclamas pegados que dicen: "Venid, venid todos, a la mayor celebración del año: LA FRANCACHELA DE LA CABEZA DEL LOBO. Se requiere asistencia y niños. Se proveerán picas. TODO ESTARÁ BIEN. -El Barón-"
Finalmente, después del tedioso paseo a pie con los caballos, el grupo llega a la posada del Agua Azul, al norte de la vía principal. Humo gris brota de la chimenea de este enorme edificio de madera, mortero y piedra de dos pisos con cimientos de roca, y techo de placas y tejas, sobre el que varios cuervos se apoyan y observan a los viajeros. Una placa de madera colgando sobre la entrada principal tiene pintada una cascada azul.
A través de las principales ventanas de la posada se ven luces.
A la derecha de la entrada principal hay unas escaleras que suben hacia la primera planta, con una puerta recia de aspecto cerrado. Junto a dicha escalera hay un establo bastante espacioso y, en conjunto, todo el edificio parece bastante bien cuidado (con cariño y esmero) con respecto a la ciudad observada hasta el momento.
Al llamar a la puerta por parte de Bukko, se escucha la voz de una mujer acercarse.
Antes de que se asome por una plancha corrediza, Zhia trata de coger una piedra para arrojarla a un cuervo. Pero al intentarlo, un manotazo de Ireena la sobresalta. 'Es de mal agüero atacar a un cuervo en Uarowia. Hacerlo podría derramar sobre el infractor una maldición'. Panit, recordando las palabras de los Vistani, apuntilla que, si la maldición es merecida, se sufrirá en plenitud.
Sin dar tiempo a concluir el intercambio de palabras, una mujer surge de detrás de la planta corrediza de la puerta, saludando con un sobresalto a tan extraños viajeros. Se trata de una dama de cabello negro y gris y mirada intensa, con una sonrisa afable y un copete anudado en plumas negras.
La dama da la bienvenida, presentándose como Danika Dorakova, y al consultar las necesidades de los recién llegados, el inmenso bostezo lagrimeante del hipótido no deja lugar a dudas. Abre la puerta, preguntando si el grupo trae caballos, y al confirmarlo, la mujer pronuncia los nombres de Brom y Bray. Al momento, dos diablillos rondando los diez años con elegantes capas de piel y ropas costosas salen tras ella jugueteando y bromeando, más aún al ver a las mida y al hipótido -sorprendidos de no haber visto a nadie como ellos desde que les hablaron del Monasterio de San Markov, y si hay más como ellos, el monasterio va a tener mucho trabajo-. El cabello corto de ambos, uno grisáceo y otro negro como la noche los distingue, además de que el más mayor parece más fornido, pero aún así ambos se ven bastante joviales, contrastando en gran medida con el lúgubre ambiente hasta el momento.
Obedeciendo a su madre, toman los caballos y, jugueteando, los llevan rápidamente a los establos, dejando paso al grupo al salón principal de la posada, que abonan 5 piezas de cobre (NOTA DEL DJ: En realidad eran 5 piezas de plata. Metedura de pata del DJ) por noche de alojamiento y persona más 1 de plata por caballo.
La sala común de la posada es bastante agradable, y concurrida.
Capas húmedas cuelgan de perchas en el pórtico de la entrada.
La taberna está llena de mesas y sillas, con pasos estrechos corriendo entre ellas. Una barra se sitúa a lo lardo de un muro bajo una balconada que puede alcanzarse por una escalera de madera adosada al muro norte. Otra balconada se sitúa sobre la entrada al este. Todas las ventanas están construidas con sólidas contraventanas de madera y barras de metal. Las lámparas que cuelgan sobre la barra y descansa sobre las mesas iluminan la estancia con una apagada luz naranja y crean sombras contra los muros, muchos de los cuales están adornados con cabezas de lobo montadas sobre placas de madera.
Dentro de la sala principal, lo primero que se percibe es una deliciosa cena de estofado con carne y especias que abre el apetito a todos, sintiendo que, por primera vez, se olfatea comida que (aparte del estofado Vistani) huele deliciosa y hogareña. En el lugar hay seis personas, además de los dos chicos. Uno es un hombre de cierta edad, con el corto cabello oscuro, una cicatriz sobre el ojo derecho, una profunda barba larga negra con hebras blancas, y vestido con ropas de trabajo, los brazos remangados y las manos con aspecto de haber estado ocupadas con aliño de comida, además de un mandil de tela.
Danika, tras entrar con los aventureros, se acerca a él y lo besa, mirando al grupo de reojo, susurrándole 'clientes, cariño'.
El hombre mira a los recién llegados, limpiándose las manos con el mandil, agradeciendo el aviso a su mujer y marchando a la cocina. Posiblemente, al ser el marido de Danika, también sea dueño de la posada.
El resto de los parroquianos del lugar incluye a dos hombres de aspecto curtido y poco aseados, vestidos con capas de pelo y trozos de pieles cosidas. Hablan poco, susurrando, y miran de reojo a los recién llegados, estudiándolos, además de comer con desinterés. Por el aspecto de las armas que hay junto a ellos, se ve que son peligrosos de ser provocados, pero su actitud no indica que vayan a saltar a una pelea a la primera de cambio.
Otros dos visitantes son un par de hombres jóvenes de aspecto similar, actitud altiva y ropas elegantes, indicando que pertenecen a la clase acomodada. Beben con cierta languidez, y parecen ya algo ebrios. Al entrar los nuevos visitantes, los observan con una media sonrisa, y cuchichean sin parar bajando la voz cuando el grupo se acomoda. Parece que la llegada les ha librado de cierto tedio y la están aprovechando.
Finalmente, un hombre de edad avanzada (quizá mayor de 50 años) que cena en solitario es el más peculiar de todos.
Su ropa es vistosa, con un chaleco tostado con colores a la espalda de cuello alto, una camisa blanca de corte similar y un elegante bastón de puño de águila. Sus ojos están cubiertos por unos anteojos oscuros, y juguetea con un libro de notas. Cuando observa a los recién llegados, sonríe y los mira con curiosidad. Cuando cruzan miradas con él, los saluda efusivamente como nuevos visitantes, indicándoles con voz musical que se sienten y disfruten de la compañía de sus anfitriones. Siguiendo el movimiento del grupo con la mirada, se incorpora, y con un florido saludo, revela su nombre: Rictavio. 'Mías son las historias que viajan de aquí a allá, regalando oídos y fabricando maravillas en las mentes de quienes las escuchan. Soy el hacedor de historias, el creador de cuentos, el contador de aventuras y el cantante de batallas. Sentaos, sentaos, y contad qué os trae por aquí'.
Bukko, parpadeando de hambre y sueño, se sienta en una espaciosa mesa y pide de comer en abundancia, porque su estómago amenaza con rugir más que una tormenta. Cuando todos se acomodan por fin, sintiendo realmente el peso del viaje, Bukko aprovecha para invitar a Rictavio a sentarse a su mesa para cenar con ellos. Éste acepta la invitación, y se sienta, asintiendo con comprensión a la explicación de Bukko que podrán charlar cuanto desee mientras comen, porque el hipótido está famélico.
Así, después de abonar una generosa cantidad de dinero por la que los aventureros son servidos de viandas generosas y vino de una calidad muy recomendable, comienzan a charlar con el locuaz Rictavio. Por su parte, la posadera, al ver a los niños, y después de preguntar por su origen, con un gran gesto maternal se acerca a Ireena, habla con ella en susurros mientras toca gentilmente los rostros de los dos muchachos rescatados, y no aceptando dinero alguno por la comida de ellos, se los lleva a la cocina, a la que corren también sus propios hijos, y al poco empieza a escucharse una saludable algarabía de juventud y risas, extrañamente apacible después de tantos días de pesadumbre emocional en estas tierras. El gesto tan generoso y afable hace que el corazón de Bukko recupere una parte de su alegría por encontrarse en estas tierras. A pesar del momento de felicidad, éste es emborronado durante un instante cuando Katy trata de engatusar a Rictavio de que los invite a la comida, a lo que éste indica su estado precario de economía. En el momento en que la mujer trata de engañarlo con que son simples viajeros, el feriante señala con sus dedos los "simples" pertrechos que llevan con ellos, de "simple" manufactura (como son más de un objeto mágico), con lo que la simpleza que ésta trata de vender es un engaño muy poco elaborado. Escurriendo un poco el bulto de la metedura de pata ante un hombre de mundo como éste, la conversación vuelve a distenderse, con Bukko bendiciendo la mesa. Rictavio escucha con cierta atención (más de lo habitual), la oración, estudiándola con detalle.
Bukko, interesado por la profesión de su invitado, escucha que éste revela ser un maestro de los caminos, cantante, escritor, cuenta cuentos, entretenedor y maestro de maravillas.
'¿Vendedor de humo?', dice Zhai con sorna.
'Y cerrador de bocas', responde el aludido con un guiño.
Con un chasquido de sus dedos, de pronto la comida se vuelve de color violeta, y otro la devuelve a su color normal, sobresaltando a los comensales.
Bukko, con una seria mirada, le indica 'con la comida no se juega'. Rictavio, con una risa, mira a Bukko y le indica 'cuidado con lo que muerdes, quizá no sea lo que parece'.
Y con otro chasquido, un trozo de carne que tenía el hipótido entre las manos adopta la forma de su cara sonriente.
En un momento de tensión momentánea, Bukko se incorpora, repitiendo en tono más grave 'con la comida no se juega', a lo que Rictavio le dice con una sonrisa 'tranquilo, buen señor. Como ya te he dicho, yo sólo entretengo'. Un último chasquido devuelve su aspecto a la carne, y Bukko, muy serio, se sienta de nuevo a comer, mirando fijamente al extraño, hasta que el sabor del manjar relaja su expresión.
Aunque a algunos de los compañeros de viaje el comportamiento de éste hombre les empieza a parecer cargante, Katy sospecha que el hecho de nada más verlos entrar por la puerta le hiciese acercarse a ellos hasta sentarse a su mesa resultaba llamativo.
Aunque es normal para un bardo que se busca la vida, lo que no lo es tanto es que, con las muestras de entretenimiento que está realizando, no ha pedido dinero alguno.
Bukko, a su vez, ha sentido que aquel hombre, al verlos, se ha acercado porque ha visto algo en ellos que le es muy interesante, como reconociendo "algo".
Panit, siguiendo las evoluciones y gestos del caballero, de pronto es consciente de que está envuelto en una magia que lo disfraza.
Tratando de pasar desapercibida en medio de la conversación, la maga mida realiza un sencillo truco que le permite enviar sus palabras en susurros hasta Bukko, a lo que éste asiente levemente al conocer la información de la muchacha.
Al margen de ello, Bukko y Zhia, al ir reuniendo información progresiva sobre el comportamiento del hombre, perciben que está estudiando intensamente a Bukko, Panit y Zhia (los aventureros antropomórficos), como reconociendo lo que son.
Panit, al ver la intensidad de su mirada, le pregunta si tiene monos en la cara, a lo que el hombre se ríe de buena gana.
Zhia, por otro lado, pregunta con frialdad si al hombre le gusta lo que está viendo, con lo que éste le responde que no es placer lo que siente, sino intriga. Y por eso agradece la presencia de EXTRANJEROS (remarca esa palabra con cierto peso) en aquellas tierras que viajan desde muy lejos. Panit siente que esa palabra está cargada de un sentido que el hombre cree que ellos van a captar sin problema. Sabe que ellos no son de esas tierras. Bukko, percatándose de la situación, replica que posiblemente él también habrá viajado "muy lejos", acompañada su afirmación por Panit. Rictavio reconoce que, efectivamente, viene de muy lejos y viaja muy lejos. Su espectáculo está por todas partes. El bardo se interesa por saber de dónde viene el grupo, y Bukko revela "de un lugar muy lejano", sin querer mostrar todas sus cartas en aquella extraña conversación de secretos a medio velar, afirmando tras ello creer que Rictavio también proviene de "allí". Desviando la conversación, el hombre de mundo pregunta sobre qué divinidad ha sido la nombrada al bendecir la mesa: Andral, o Madre Noche. Cuando Bukko responde que Waroui es a quien sus plegarias se alzan, Rictavio asiente en silencio con solemnidad y comprensión. Entonces propone al grupo ofrecerles un espectáculo privado, amenizando su cena con música y haciéndolos sentir más cómodos en aquella "hermosa" ciudad.
En ese momento, uno de los borrachos de alta alcurnia asegura que, desde luego, con las pintas de los aventureros, "embellecerán" seguro la fiesta del sol llameante, tras lo que ríe con sorna y es acompañado en la carcajada por su compañero de bebida. Éste señala a Zhia, Panit y Bukko, y comenta que sus caras van a ser las más representativas de la fiesta, "iluminando" lo más llamativo de la Festividad del Sol Llameante del Barón. Con una mirada hacia los hombres ebrios llena de mohines por parte de los recién llegados, Katy comenta 'pues la verdad es que sí, porque son bastante monas', a lo que los borrachos se parten de risa, comentando que seguro están "recién salidos y ensamblados de San Markov, desde luego". El primero, mirando a Katy, le pregunta si le dejan salir con ellos sin correa del Monasterio.
Aludida, Katy se acerca a ellos, acompañada de Panit, con cara de pocos amigos. El último en hablar pregunta por cuánto ha conseguido a esas mascotas en el monasterio, y Panit lo amenaza con estrangularle los testículos con la correa de la que hablaba antes si sigue diciendo tonterías. Reculando ligeramente de su posición de bravucón, el hombre alza las manos en son de paz, comentando que, por lo menos su pelo seguro que es muy útil en invierno. Además, ellos no quieren problemas. Si se toma una copa, se lo pasará mejor y se le quitarán las malas pulgas.
El resto de los compañeros observa que, cuando los dos nobles se ven atendidos por todo el grupo, tratan de recular a una posición menos ofensiva, intentando quitar hierro al asunto.
Panit los acusa abiertamente de cobardía cuando empiezan a agachar la cabeza, y Katy susurra '¿Por cuánto crees que me han salido?'. El otro hombre dice, con la sonrisa borrada: 'No queremos saberlo. Tus asuntos sólo son tuyos'.
'Puede que me hayan salido por más de lo que sepáis contar', replica Katy, bastante molesta. El hombre al que habla utiliza su dedo para contar a todos los aventureros, y al hacerlo la mujer le comenta que se alegra de que haya gente capaz de desarrollar esa habilidad entre estúpidos como ellos. El aludido, después de que su compañero le susurre algo al oído y se ría, comenta 'sí, sí... cierto, cierto. Bueno, señora, beba tranquila y no la molestaremos más'. Katy, al girarse, amenaza con no querer escuchar más los borrachos.
Bukko, susurrando a Rictavio, le pregunta por la fiesta de la que hablan. Rictavio le explica que el Barón utiliza diversas festividades para tratar de hacer felices a los habitantes de Vallaki, y la siguiente festividad es la Fiesta del Sol Llameante... que Bukko no reconoce como ninguna festividad de su culto. Al parecer, continúa Rictavio, se fabricará un sol de tela y madera para, en el cenit de la festividad, hacerlo arder con esplendor y que ilumine el día.
Cuando el hipótido se interesa sobre si tienen costumbre de quemar algo o a alguien, Rictavio, con una media sonrisa, niega tal información, aunque sí comenta que se castiga a las personas que traten de boicotear las festividades.
Con ese dato, Bukko comprende la función de los cepos de la plaza mayor. Rictavio finaliza la explicación diciendo que lo mejor es que intenten no fastidiar las fiestas mientras están en Vallaki. La curiosidad de Bukko le lleva también a preguntar sobre la estatua, de la que el trovador desconoce el origen y a la persona representada.
En un giro de la conversación, el paladín se interesa por saber si en la ciudad hay un gremio de bodegueros o fabricantes de vino (en alusión a una de las cartas de Madam Eva). Al hacer esa pregunta, con sorprendente oportunidad, el cocinero y co-dueño Urwin Martikov se acerca al grupo y comenta que su padre el el dueño del Mago de los Vinos, un viñedo y bodega al sudoeste. Al interesarse por la pregunta del paladín, éste le indica que está interesado en comprar el mejor vino de la región, porque lo necesita para sus rituales sagrados. Urwin confiesa que será complicado, porque el vino últimamente escasea en las bodegas. Sorprendido por ello, Bukko dice que siendo su padre un gran vinatero cómo no le provee, Urwin suspira indicando que no hay una buena relación últimamente con el "viejo cuervo", y al parecer sus desavenencias le han hecho dejar de suministrarle. El vino de la mesa que han tomado es de lo último que posee en la bodega de la posada antes de que se reponga más. Bukko solicita poder visitar al vinatero, porque quizá su iglesia esté interesada en negociar con él, sorprendiendo a Urwin. Éste confiesa que si es capaz de convencerlo y, de paso, que vuelva a suministrar vino a la posada, el dueño del Agua Azul estaría en deuda con él. Para llegar allí sólo hay que seguir el antiguo Camino Svalic hacia el sudoeste. Como última petición, Urwin pide al paladín no revelar a su padre que va de su parte. Bukko se entristece de haberse percatado que entre él y su padre no hay buena relación. Ante esas palabras, Danika se acerca por detrás de su marido y, abrazándolo y besándolo, comenta que no hay que hacer caso a ninguno de los dos, porque sus riñas de padre e hijo, aunque pueden mantenerse durante años, al final terminan por desaparecer como plumas al viento y se demuestra que ambos son una familia unida. Entrecerrando los ojos, el marido acaricia el rostro de su mujer, y con un beso le dice suavemente 'siempre sabes cómo ablandar su corazón'. Bukko se maravilla de la belleza de ese amor.
La recién llegada comenta que, si el paladín es capaz de tal proeza, su marido podría regalarle uno de sus mejores vinos (lo que provoca una mirada preocupada en éste, protestando que son bienes y beneficios). Danika sonríe pellizcando el moflete de su hombre, añadiendo que un caballero tan distinguido como el que ha aceptado la propuesta está segura de que cumplirá su palabra y, como tal, merece una recompensa. Cediendo a las palabras de su mujer, el hombre resopla, pero comenta que, aunque el Dragón Púrpura es uno de los vinos más selectos, bien merece la proeza de convencer al "viejo cuervo" de reenviar suministros entregar una botella.
Las palabras y actitud del matrimonio convencen a Bukko de aceptar hablar con el vinatero, cuando continúen su camino.
De pronto, de fondo se escucha a los nobles ebrios que cómo es eso de dejar de servir vino, y que si eso es así que les sirvan a ellos y dejen de hablar con esos clientes perdiendo el tiempo. Urwin se marcha hacia ellos para atenderlos, y su esposa también se aleja a sus quehaceres.
Rictavio inquiere sobre qué quiere decir el paladín con "derivaciones". Éste añade que a esta región, posiblemente llegaron hace muchísimos años antepasados de su religión, y el hipótido desea conocer cómo se desarrolló el culto tras su llegada.
Rictavio se siente intrigado por esas palabras, y pregunta '¿En qué año estamos?'
Bukko contesta el año en que estaría la región alterada en el tiempo, según sus cálculos, pensando un poco en la respuesta. Con esas palabras, Rictavio baja la mirada, aparentemente esperando otra cosa. Aún así, el trovador presiona sobre si el paladín está seguro de esa respuesta.
Éste dice estar completamente seguro, a menos que Rictavio desee saber algo sobre la fecha "actual" (referida -y expresada por el paladín en números- a la real en el presente de Voldor).
Con esa respuesta, el hombre se acerca, bajando la voz, y pregunta:
'¿De dónde venís?'
'Sé que estás ocultándote mediante ciertas artes mágicas para no mostrar quien eres. Hablaré claro contigo cuando sepa con quién estoy hablando', revela solemne Bukko. 'No sé si hablo con un enemigo o aliado de Strahd'.
'¿Qué tal si te quitas ese disfraz?', susurra Katy.
Rictavio, con expresión grave, mirando el símbolo sagrado del hipótido, pregunta: '¿Qué relación tienes con la iglesia de Waroui?'
'Yo soy quien imparte justicia y libertad en estas tierras en su nombre'.
'¿Qué más?¿Cual es tu título?¿Cual es tu rango?'
'Yo soy LA ESPADA DEL SOL'.
Rictavio, con un susurro y el ceño fruncido, comenta: 'La última vez que escuché ese título, hablaba de un elfo muerto'.
'Ese es uno de los precedentes de mi culto'.
'La siguiente', continúa el hombre, 'de un hijo fallecido y convertido al mal'.
Esas palabras golpean con fuerza en el grupo, ya que el hombre habla con palabras que sólo los aventureros y la familia Lordel conoce.
'Está claro que no eres un buhonero cualquiera', dice Bukko.
Rictavio coge un papiro en blanco de su libro de notas, arranca un pedazo y escribe sobre él. 'Permitidme escribiros gratuitamente y sin coste por mis servicios un pequeño poema', dice el viajero, desviando la conversación de pronto. Cuando pasan unos momentos, termina la escritura, lanzándola a los aventureros. 'Tomad, una pequeña muestra de mi arte'.
Cuando Panit abre el papiro y lo lee, hay una pequeña frase:
'SOY RUDOLF RICTEN LORDEL, Y AQUÍ ESTAMOS A SALVO, PERO NO ME GUSTA QUE MIS PALABRAS CAIGAN EN OÍDOS MAL AVENIDOS'.
Cuando Panit pasa el texto al paladín y éste lo lee, pregunta:
'¿Has hallado ya tu venganza?'
'Mi venganza está en un castillo envuelto en brumas'.
'Ese también es nuestro objetivo', revela el paladín.
'Pero esa sólo fue la voz que dio la orden. Los ejecutores viajan por los caminos, coloridos y llamativos, envueltos en mentiras'.
'No todos son aliados de Strahd. También hay buenas gentes entre ellos', continúa Bukko.
'Tarde o temprano todos caerán, y entonces mi hijo descansará en paz'.
'Siendo así, te invito a unirte a nosotros', concluye el hipótido.
'Aún no he dado caza a todos los responsables de la maldición de mi hijo. Cuando lo haga, me uniré a vosotros', responde con voz grave Rudolf.
Interrumpiendo las palabras, Zhia pregunta qué hay en su carro.
El hombre espera que el grupo no se haya acercado, porque dentro hay una mascota... un gato bastante grande, que ataca a quien se viste con colores demasiado llamativos y chillones. Es una sorpresa para los "malnacidos".
Continuando con sus revelaciones, el trovador sigue lapidando a los Vistani que aún no ha podido atrapar, pero que lo hará pronto, cumpliendo su venganza por su hijo, convertido en un monstruo y ejecutado por sus propias manos, por culpa de los que se lo llevaron.
La curiosidad lleva a preguntar al paladín si Madam Eva forma parte de su venganza, pero para Rudolf esa mujer es un enigma, a lo que Bukko añade que es enemiga de Strahd, y sería prudente no ir contra ella. 'Pero es una de ellos', dice el cazador. 'Y está contra el demonio', comenta Katy. Preguntando sobre por qué lo saben, Zhia indica que han hablado con ella y les ha ayudado. '¿Engatusándoos con sus engaños?', escupe entre dientes el descendiente de los Lordel. 'No. Con información', habla Zhia de nuevo, 'y una intrigante lectura de Tarotte'.
'Y su estofado', añade Bukko relamiéndose.
Rudolf confiesa que Madam Eva les haya hecho una lectura de Tarotte es muy extraño, siendo una sierva fiel de Strahd.
Con la contundencia de las palabras del grupo, el hombre parece bastante confuso. Arremetiendo con más razonamiento, Bukko hace dudar a Rictavio explicando que, en principio, podría estar equivocado, porque Madam Eva tiene, ante todo, una actitud neutral llevada por la preocupación que le causa su pueblo.
Juega a dos bandas, pues su comprometida situación haría que, de posicionarse en contra de Strahd le acarrearía graves problemas, lo que la hace moverse entre bambalinas. Katy añade peso indicando que el hombre debería dejar de llevarse por un momento por la venganza contra los Vistani, y quizá tendría unas miras más amplias y claras para ver que lo que le están diciendo es cierto. Rictavio, ante esas palabras, tuerce el gesto hacia la mujer, comentando que, si hubiesen matado a un hijo suyo, quizá las miras de ésta se encontrarían más cerca de las suyas propias. Katy, entonces, con un gesto despreciativo, comenta que aprendió pronto a que nunca tendría un hijo.
Tratando de sacar de su triste morbosidad, el hipótido le inquiere sobre cuándo llegó a las tierras de Uarowia. El trovador confiesa que lleva unos 200 años allí, según su cálculo. Eso intriga mucho a Panit y a Bukko, pues es mucho tiempo para que alguien como él siga vivo, si fuese un humano.
Rictavio sonríe con sarcasmo al escuchar esas palabras, diciendo en un susurro que está seguro de que ellos saben que no es humano, lo que el paladín corrobora confesando que conoce su verdadera condición de semielfo. Continuando su hilo argumental sobre toda la conversación, Bukko invita a Rudolf a unirse a ellos contra el verdadero enemigo Strahd, pues matar Vistani no le llevará a nada, ya que sólo mata peones en una partida. Rictavio razona que si elimina los dedos de la mano que se mueven por el terreno de juego, no podrá seguir tejiendo su red de control. Katy pregunta si va a matar a todos para ello, a lo que Rictavio escupe entre dientes que a los dignos de ello. Encogiéndose de hombros, Katy empieza a enumerar que si eso incluye destruir a todos los nomuertos que anima, a los animales que envía, a los Vistani con los que tiene pactos, etc. El hombre cruza su dura mirada con la de la asesina, explicando que, por suerte, las criaturas y los animales no pueden salir de aquí, pero sus Vistani sí, volviendo al mundo al que él no puede llegar para traer más prisioneros y víctimas para su señor.
No sabiendo cómo seguir tratando de convencer a Rudolf, Panit decide desviar el asunto y preguntar sobre el viejo loco del bosque. Rictavio, sorprendido, pregunta si realmente han visto al viejo mago, a lo que Katy expresa que no sólo verlo, sino hacerle una peineta. Rictavio, con tono grave, recomienda prudencia porque está loco y por ello es muy peligroso. Confiada, Katy comenta que a pesar de lanzar una poderosa magia al grupo, ésta no llegó a afectarle. Rictavio cree en la posibilidad de que exista algo de conciencia en esa cabeza azotada por la demencia. Haciendo referencia a esa locura, pregunta si el grupo ha escuchado la leyenda de Strahd y el Mago. El grupo, recordando dicha leyenda, empieza a comprender de quién se trata el mago loco del bosque, lo que Rictavio corrobora confesando que cree que se trata del mismo, pero con su poder sumado a su locura lo convierte en alguien extremadamente peligroso.
De pronto, y recordando algo, Bukko recuerda al trovador que no le ha respondido a su pregunta sobre un lugar protegido por la estatua de un imponente dragón de piedra. El aludido, comprendiendo, dice que posiblemente se refiera a Arginvolst, la Mansión Olvidada. Zhia pregunta si eso está en Vallaki, lo cual desmiente el trovador, comentando que se encuentra mucho más al este, entre las montañas. Bukko se interesa mostrando el mapa de los Vistani, para que el hombre lo señale aproximadamente, y éste, sorprendido del detalle del mismo, pregunta de dónde ha salido. Con una media sonrisa, el hipótido confiesa que 'de un vistana'. Katy añade que, de hecho, lo hizo de noche y medio borracho. Atendiendo al mapa, el hombre señala que la mansión se encuentra en las faldas norte de los Montes Ghakis, viajando al oeste desde Vallaki, tras cruzar un puente, se encuentra un sendero abandonado al sur. Ese es el camino que os llevará al lugar, pero hay que llevar cuidado allí, porque el lugar es posible que esté maldito. Viendo el conocimiento de la zona, el grupo continúa preguntando sobre los viñedos de la familia Martikov (que también son indicados en el mapa), así como el monasterio de San Markov donde se hallan las criaturas-bestia, el cual Rictavio indica que se encuentra en la mismísima ciudad de Krezk.
Cuando el trovador ve gran interés en viajar por los caminos de los aventureros, comenta que los tramperos Szoldar Szoldarovic y Yevgeni Krushkin podrían ser buenos guías, a pesar de sus modales de brutos y su aspecto desaliñado (dice, señalando a los hombres que sólo observan sin hablar demasiado, con pieles y aspecto rudo). El único inconveniente es que cobran muy caros sus servicios. Pero podrían guiar al grupo a donde necesitase, ahorrando algún contratiempo en el camino. Observando que todo lo que necesitan está al alcance del camino, Bukko comenta que, de momento, no necesitarían ningún guía. El trovador añade que eso sería necesario en caso de necesitar atravesar bosques para hacer un camino más corto o directo. El paladín lo piensa y dice en voz alta que luego hablarán con ellos. En cualquier caso, el grupo viaja con un carro, y Zhia añade que alguien les ha dicho que no abandonen los caminos para viajar.
Mientras Rictavio trata de retomar la conversación, Bukko comenta que, al ser el falso trovador miembro de la familia ordenada como los formadores de la orden sagrada cerca de Azur, le une a dicha orden un voto de obediencia para continuar su labor en estas tierras. Rictavio, con una carcajada sarcástica, comenta que su fe ya no abraza su alma y Ahuraz ya no llena sus pensamientos. Quedó olvidada hace muchos años atrás, cuando se dedicó a su cruzada personal llena de odio y venganza. Ahora, eso es su sustento, algo pragmático que le ayuda en su existencia. Bukko, preocupado, en ese momento cree que el alma del semielfo se ha ensombrecido con sus experiencias en estas tierras, pero podría volver a brillar bajo la luz de la auténtica fe.
Rudolf, comentando que si el grupo desea saber lo que pasó, él se lo puede mostrar.
Con un gesto desdeñoso, coge el diario que ha sostenido durante toda la conversación entre sus manos, y lo arroja en medio de la mesa, diciendo: 'echad un vistazo'
Con suavidad, tratando de impedir que su voz se filtre a su alrededor a oídos no deseados, lee para sus aliados.
En un inciso en el apartado de cuando Rictavio decide entregar a los Vistani "lo que quisieran" a cambio de no haber podido ayudarles con su compañero, éstos tomaron literalmente sus palabras, y se llevaron a su hijo Erasmus, cuando el semielfo realmente hablaba de sus pertenencias materiales. Sin embargo, los Vistani fueron irónicamente malvados, interpretando literalmente que su hijo era "suyo", y lo añadieron al epígrafe "cualquier cosa" intencionadamente.
Tras apartar a un lado el diario de Rictavio, Bukko se frota los ojos, y comenta que su historia es muy triste, y su alma está condenada. Rudolf, asintiendo, dice: '¿Entiendes por qué ya no estoy bajo el amparo, el auspicio... ni el deseo de protección de Andral?' 'Siempre puedes redimirte si te arrepientes', dice el paladín.
Tomando un cariz diferente y ominoso, Zhia comenta: '¿Nadie se ha percatado de la parte en la que dice que su maldición acabará con todos los que lo rodeen?' Entonces, encogiéndose de hombros, el semielfo disfrazado mágicamente de humano dice: '¿Por qué creéis que os he dicho que cuando mi venganza acabe, os acompañaré? Porque ésta nunca acabará, y así os libraré de mi presencia y el peligro que atañe dicha maldición'.
'Abandona tu empresa', pide Bukko, pero Rictavio se niega.
'Acompáñame a un templo, reza conmigo, y pide tu perdón, para redimirte', insiste.
'Si buscas un templo de tu clero, ve a San Andral, aquí mismo en Vallaki', contesta sin interés el trovador.
'Todavía estás a tiempo de volver al camino recto', lo intenta de nuevo el paladín.
'Mi camino ya ha sido dictado', niega con suavidad el aludido. 'No es el tuyo, Espada del Sol. Para ello tenemos nuestro papel en esta vida, y el mío ya se escribió cuando nací'.
'¿Si tanto sufres, por qué no te suicidas?', comenta cínica Katy.
La mirada del hombre se torna iracunda y se clava tan hondo en la mujer que ésta, por un instante, siente un escalofrío de temor por su espina dorsal, aunque trata de no expresarlo. En ese mundo hay alguien aún más lleno de odio que ella.
'Mi vida sirve a un propósito', dice a la mujer, tras su ardiente mirada. 'Destruir a todos los Vistani'.
'Hablando desde mi propia experiencia', comenta con más suavidad la líder criminal, 'te recomendaría que parases, porque sólo seguirás haciéndote más daño a ti mismo'.
Negando con la cabeza, y mirando de reojo al grupo, el aludido desvía la atención comentando que San Andral se encuentra al oeste de Vallaki, cerca de la Puerta del Ocaso, por si desean visitarlo, pero él ya no es bienvenido allí. Dirigiéndose a Bukko, trata de hacerle entender que no lo convencerá con sus palabras, a pesar de entender su fe y devoción a su deidad, pero esa ya no es la suya. Él ya eligió su camino. Quizá algún día pueda sentir la redención cuando todo aquello haya terminado.
Las palabras de Rictavio entristecen el corazón y el alma del paladín. Pero, si va a seguir en su empresa, el hipótido pide que al menos divida entre justos y pecadores, porque cree firmemente que entre los Vistani hay gente justa.
Cuando Bukko habla sobre Vistani justos e injustos, los aventureros perciben que hay algo que oculta sobre ellos, oculto muy profundo. Katy pregunta si está siendo totalmente sincero con ellos al respecto de lo que cuenta. Rictavio responde 'todo lo sincero que puedo ser para protegeros de mi maldición'.
Con el paso de los minutos, la solemne charla poco a poco va concluyendo a asuntos más triviales, dejando paso a un momento en que el cansancio empieza a golpear con fuerza en todos.
De hecho, los nobles hace tiempo que se han marchado de la posada, y los cazadores se han retirado a sus habitaciones.
Cuando Rictavio empieza a excusarse para marchar, recogiendo sus notas y relatos, Bukko pregunta sobre los cánticos en una casa y los dioses a los que adoran en Vallaki por las noches, como si hubiese algún ritual extraño, que Panit apuntilla como "aparentemente malvado". Rictavio desconoce otros rituales que no se celebren en San Andral.
Cuando el hombre pregunta la localización y se la indican, comenta que se pasará a echar un vistazo lo antes posible por si encuentra algo de interés.
Después, los aventureros empiezan a retirarse.
Cuando se encuentran juntos en sus habitaciones, comentan algunos asuntos cuyos flecos colean, antes de dormir.
Susurrando posibilidades con Panit, Bukko no está muy seguro de si en en el Desentramado hay algún poder para eliminar la maldición de alguien, a lo que Panit aún desconoce esa información, dejando un aire de frustración en el seguidor sagrado, que propone llevar a Rudolf más adelante con los magos para que puedan tratar de eliminar esa maldición. Pensando en que podrían necesitar dinero para eliminar el pesar de la maldición en Rictavio, Panit cree que podrían utilizar las piedras curativas de las sagas como reclamo para recaudar dinero por sus servicios y con ello obtener lo necesario para el tratamiento del "trovador". La idea queda archivada como una posibilidad.
Por su parte, Katy cree que la mejor idea es ejecutar a Rictavio, susurrando a sus amigos.
Y, en la noche y el silencio del descanso, Zhia es la única de sus compañeros que se da cuenta de que, bajo el viento que sopla más allá de las recias y confortables paredes de la posada, se escuchan (filtrados hacia sus sueños) por doquier pequeños ruidos de patitas, aleteos y gorjeos que acompañan el sueño, como si un nido de aves envolviese el lugar.
CONTINUARÁ

























No hay comentarios:
Publicar un comentario