En la pausa que siguió a la lucha sin cuartel recorriendo varias de las estancias del subterráneo, mientras Chen y Kurgan (severamente cabreado por la trampa que le agujereó las piernas) vigilaban la zona aún sin rastrear y se ocupaban de coger los cadáveres, repartiéndolos por los distintos lugares que rellenar -como la trampa de foso con pinchos la esquina de un pasillo, o un par de enormes cajones de embalajes-, Valam e Idris se ocuparon de saquear los cadáveres y estudiar los distintos recintos que habían dejado atrás, como la sala de Registro, en la que la caja protegida por un conjuro encerraba un valioso grimorio de magia, o bien el almacén general pasado el Registro que guardaba suministros de diversos tipos -de los cuales el grupo se llevó unas cuantas ropas de Zhentarim, con su sello cosido por el interior-.
Allí, los elfos encontraron -y sobrepasaron- una trampa en un cajón bajo una estantería de registros de bienes almacenados, donde gemas y unas pociones curativas se encontraban a buen recaudo.
Tras un último repaso, se ocuparon del salón principal del trono, donde al estudiar el cofre metálico tras el trono se percataron de que estaba protegido por magia, algo a lo que ninguno tenía acceso o podía superar apropiadamente. Frustrados por aquello, se ocuparon de echar un vistazo a los embalajes de almacenado en la sala... y oh sorpresa... los suministros de aquel lugar parecían más destinados al comercio exótico y al enriquecimiento. Armas y armaduras de todo tipo, de la manufactura más clasista (enanas o élficas) estaban preparadas para ser utilizadas como moneda de cambio, vendidas o compradas... quizá intercambiadas por otros bienes, nadie lo sabía con claridad.
Además de ello, en una estantería cercana, el grupo estudió con cierto interés órdenes de contacto en la ciudad a cargo de Davil Starsong (aquel nombre lo asociaron al elfo que hablaba con un semiorco en los muelles hacía un par de días), quien coordinaba a un grupo de los subordinados más poderosos de la Red Negra en la ciudad: Istrid Horn, Skeemo Weirdbottle, Thaslyn Yafeera y Ziraj el Cazador.
Al parecer, tanto Davil como el resto firmaban diferentes órdenes, selladas con un lacre Zhentarim de cierta calidad... pero aunque dichas órdenes eran distribuidas hasta ellos de un líder superior, el nombre del mismo no aparecía en las mismas. Entre éstas había diversas reuniones con algunos miembros de la alta sociedad de AguaProfunda, además de individuos bien posicionados de algunos Gremios de la ciudad. ¡Maldición! Frustrada, Idris prefirió echar un vistazo a las estanterías de corredera en las que Valam había detectado un acceso a las alcantarillas y una trampa con una peligrosa cuchilla, desactivando la misma con habilidades que ella misma había desarrollado con el paso del tiempo. Y mientras la elfa se ocupaba de la trampa, Valam y Chen escucharon por el acceso que aún no habían investigado más hacia el interior del complejo dos voces -una ruda y espesa como la de Kurgan, y otra musical y sutil como la de Valam- susurrando para acercarse a los asaltantes del complejo, indicando que el maestro debía quedarse en retaguardia, protegido. Ellos se ocuparían del asunto.
Moviéndose en silencio, Chen se apostó junto a la entrada al salón principal, indicando mediante gestos a Valam que informase a Idris para apostarse tras el trono, al mismo tiempo que el explorador se agachaba tras una enorme mesa, esperando acontecimientos sobre lo que saliese de aquel pasillo.
Sigiloso, un elfo con aspecto de batidor salía agachado del pasillo... recibiendo como sorpresa un fallido disparo de Valam desde su mesa, respondido por dos disparos, uno de los cuales rasgó profundamente el costado del explorador.
Acompañando a la sorpresa, Chen saltó desde la esquina junto al acceso, realizando un largo corte en el vientre del elfo, sobresaltado por el ataque, al mismo tiempo que, en lo que Idris surgía tras el sillón y disparaba una flecha que se clavaba profundamente en el muslo del elfo, un enano pendenciero trataba de superar a su compañero elfo y golpear con su bastón y una patada alta el rostro de Chen, sin conseguirlo.
Al escuchar el ruido de lucha, Kurgan gritó que nadie le arrebataría un poco de diversión después de haber dejado sus piernas como un colador, corriendo con sonoras pisadas hacia el lugar de la refriega.
De pronto, un combate fulgurante tuvo lugar en el acceso, en el que Idris y Valam acribillaban al elfo, disparando el explorador una segunda flecha que provocaría unas mágicas enredaderas espinosas abrazar al enano en el mismo acceso por el que trataba de salir, mientras éste era literalmente vapuleado en el lugar en que había quedado atrapado y trataba de liberarse inútilmente -hundiendo aún más las espinas en su carne-, por un molesto Kurgan quien, tras los aguijonazos de su compañero de combate en antiguas batallas Chen, abrió como un melón el cráneo de su primo de raza enano de un hachazo.
Limpiando los restos de sus armas, los aventureros fueron conscientes de que alguien se encontraba más adelante en aquel complejo, así que decidieron echar un rápido vistazo a la biblioteca que Kurgan había descubierto -accidentadamente-.
Chen y el enano rodearon un pasillo que llevaba hasta la puerta cerrada por otro acceso al almacén de documentos, mientras los elfos se percataban de que el suelo de la gran colección de pergaminos estaba grabado en las escrituras mágicas que también protegían el cofre junto al sillón de audiencias. Frustrados, decidieron seguir adelante... aunque la idea de buscar a los magos Zhayinos jovenzuelos a los que salvaron crecía en las mentes del grupo, por si podían ayudarles a resolver aquello. Continuando por el acceso que aún quedaba por descubrir, Valam encontró una puerta metálica cerrada, más allá de la cual unas habitaciones con la puerta abierta parecían ser dormitorios temporales para quien buscase refugio por unos días en el complejo, o sus trabajadores más habituales.
Idris, en silencio, se ocupó de estudiar la puerta, preocupada por ver que el marco de la misma TAMBIÉN presentaba una escritura mágica protectora. Aquello era más que frustrante. Era insultante. ¿Por qué no había estudiado esta escritura en su momento? ¡Demonios! Sin embargo, en el silencio se percató de que en el interior se escuchaban apagadas tres voces: una ruda voz humana varonil de pocos modales, una elegante voz élfica femenina de tono frío, y una cultivada voz humana masculina que daba órdenes a las otras dos. Sin comprender lo que decían, Valam explicó que la mejor forma de sacar animales de su madriguera era con un fuego, así que comenzó a apilar telas y paja frente a la puerta... en la que Idris además había encontrado un círculo arcano en el propio suelo... el cual por suerte aún no se había activado... y apostándose con sus compañeros a ambos lados de la entrada, prendió fuego al cúmulo de madera, telas y paja, amenazando en voz alta que quien quisiera estuviese dentro no tendría muchas oportunidades de sobrevivir si no salía de allí de inmediato.
De pronto, una voz de pronunciación sobrenatural abrió la puerta, y un estallido de llamas inundó el pasillo adyacente a la puerta, donde Valam se encontraba. Si bien éste logró evitar la mayor parte de la trampa mágica -que la puerta había provocado-, no así lo logró cuando una elfa ágil, espada en mano, saltó sobre las llamas que la basura del explorador causaba en la entrada, lanzándose como una tigresa sobre el explorador chamuscado, a quien dos certeras estocadas puso en jaque,
haciéndolo tambalearse por el dolor y las heridas... justo después de que Idris alcanzase a la mujer con un certero flechazo en el abdomen que apenas frenó su determinación, a pesar del gesto de sufrimiento en su rostro. Kurgan, contrariado por el ataque a su nuevo compañero de venganza, lo arrastró de allí de un tirón, evitando un aguijonazo de la mujer, y le estampó una poción curativa en la boca que casi lo atraganta. Momentos después, Valam tomaba otra, para recuperar otra buena parte de su fuerza.
A su espalda, Chen e Idris trotaban en dirección a la mujer que a punto estuvo de matar al elfo, a quien un certero tajo de cimitarra de Chen y un veloz aguijonazo del estoque de Idris enviaron con su creador, burbujeando sangre por los labios, murmurando "el servicio a los Zhentarim no ha sido como esperaba".
Y en aquel rápido intercambio de golpes, el mago aprovechaba para utilizar su poder apagando la hoguera frente a su puerta, sonoramente disgustado en el uso de su magia. Enfurecido, Valam corrió arco en mano hacia el pasillo, disparando una andanada de flechas hacia la puerta abierta, donde un secuaz y el mago planteaban su defensa. Cuando la primera flecha golpeó un brazo del matón, el mago alzó su mano en un gesto defensivo, conjurando un escudo translúcido que desvió el segundo proyectil. Maldiciendo, Valam se apartó hacia el otro lado de la puerta en busca de cobertura.
Siguiendo su táctica, Chen corrió tras el elfo, abriendo fuego a su vez con su ballesta, aunque el escudo místico parecía una buena defensa, desviando el impacto eficazmente con un destello. Cuando Chen se alejaba junto a Valam, un contrariado conjurador salió de la habitación tras ellos, golpeándolos con un conjuro de rayo.
Por suerte, ya que ambos corrían y se movían con cierta aleatoriedad, no recibieron la fuerza total del conjuro, aunque quedaron bastante magullados por la sacudida eléctrica. Al otro lado del pasillo, Idris observaba desde la esquina como el mago, tras el ataque, volvía como una rata a su madriguera, ordenando a su subalterno acabar el trabajo que él había empezado.
Atemorizado por la situación, el secuaz se arrojó por el pasillo hacia Chen, quien giró sobre sí mismo, deteniendo cada mazazo de su enemigo con sus propias armas, momento en que aprovechó para abrir la guardia del enemigo con una de ellas, aprovechando la otra para hender carne y hueso, derramando sangre.
El herido, sobresaltado por la efectividad de su enemigo, se retiró a toda prisa a la habitación, cerrando tras de sí la puerta de seguridad.
De pronto, se hizo el silencio.
Al otro lado, una voz medida comentaba que se encontraban en tablas, y quizá podían negociar lo que estaba sucediendo. Valam explicó, por otro lado, que podían hacerlos volver a salir con más fuego, y quizá no lo contarían.
Intrigado, el usuario de magia preguntó quién era el que los llevaba hasta allí, porque de seguro aquello era un trabajo pagado. Si así era, él podía ofrecer más dinero para que se marcharan. Cuando Valam pidió 5000 monedas de oro, la voz del mago rió sarcástica, explicando que ni siquiera un Señor de Agua Profunda ha sido fijado en un asesinato por tal cantidad de dinero. Quizá si la oferta era menor... ...y Valam contestó que en ese caso morirían allí mismo como alimañas. El mago preguntó que, por aquel tono de voz, parecía que tenían algo pendiente con el lugar. Valam explicó que, por el hecho de que los Zhentarim se empeñaban en atacarlos, aquello ya era personal. El mago trató de adivinar de qué se trataba, y haciendo cábalas preguntó si aquel grupo era el que ayudó a escapar a Yagra de su captura. En efecto, así era. En cuyo caso, el hombre expuso que, en ese caso, era un negocio por ambas partes, así que podían llegar a un acuerdo. Podría entregarles las riquezas de aquel lugar. Valam entonces explicó que ya habían accedido a muchas de ellas. En ese caso, el mago no sabía qué más ofrecer. Idris comentó a Valam entre susurros que podría abrir los sellos mágicos para ellos, y quizá así lo dejarían vivir. Valam explicó que a cambio de todas las riquezas del complejo, saldría vivo, además de abrir los sellos mágicos de los lugares protegidos.
El mago aceptó el trato.
Al salir de su habitación, ordenó a su secuaz cerrar por dentro hasta que llegase. Cuando Valam indicó que las riquezas del complejo incluían su habitación, el mago se encogió de hombros diciendo que aquello eran sus pertenencias personales. Entonces, el grupo amenazó con matarlo si no les entregaba todo... a lo que el hombre dijo que entonces no podrían abrir los sellos mágicos.
Era su elección.
De pronto, el elfo notó cierto grado de impaciencia en el mago, preguntando si estaba ganando tiempo para que llegasen refuerzos. El mago negó con la mano, indicando que lo único que alteraba sus nervios era una reunión que tendría en breve con un humano adorador de Gruumsh (algo insólito, por lo que Valam sabía de los odiados orcos), quien quería contratar los servicios de los Zhentarim para eliminar a unos aventureros que le estaban causando problemas... quizá, como callejeros que parecían sus atacantes, sabían de él. Su nombre era Golgo. Ignorando conocer a tal tipo, finalmente accedieron a recibir los bienes de los lugares protegidos.
Así, el mago caminó con cierta prisa hasta la biblioteca, donde mediante un breve ritual, los sellos del suelo se iluminaron, destellando relampagueos mágicos... hasta quedar inertes. Chen, prudente, se acercó a uno de los papiros del lugar, tomándolo en las manos sin peligro. Preguntando por los documentos protegidos, el mago comentó que se trataba de las operaciones comerciales encubiertas de los Zhentarim en el exterior de AguaProfunda, utilizando como almacén de operaciones -para apartar la información del exterior- la propia ciudad. Allí se escondían cientos de diferentes asuntos, compromisos, negocios y otros aspectos de la Red Negra. Meditando sobre la información allí contenida, Chen tomó algunos tubos de pergamino, guardándolos, y después prendió un papel con un yesquero, arrojándolo contra las estanterías.
Lo curioso de aquello fue la reacción del mago. Explicó que prefería su vida a morir por unos documentos que sólo acumulaba en aquel lugar. Al fin y al cabo... sólo eran negocios. Sorprendidos por la forma de tomarse la situación, los aventureros lo condujeron después hasta el cofre metálico tras el trono de visitas. Allí, el mago nuevamente ejecutó sus proezas místicas para desactivar la magia y abrir el cofre.
Explicó que en su interior se encontraban varias de las riquezas de Davil y su grupo, los Saqueadores de las Condenas. Podían hacer lo que quisieran con lo que había dentro. Cuando tuvieron en sus manos el alijo de dinero, gemas y objetos en su interior, se dirigieron al mago para preguntar en qué lo afectaba a él aquello.
Éste se encogió de hombros e indicó una vez más que los negocios eran negocios, pero seguir vivo le permitía continuar con su trabajo. Por último, el grupo indicó que la Red Negra debía dejarlos al margen de su relación con Yagra, y buscarse la vida para encontrarla por otro lado, sin atacarlos. Conversando sobre la semiorca, el mago comprendió que había sido ella la que probablemente les había informado sobre aquel santuario y sus accesos, lo cual el grupo ni confirmó ni desmintió, pero sí insistió en disponer de un seguro frente a los ataques Zhentarim.
El mago les indicó que ante eso no debían preocuparse. De inmediato, redactó un documento oficial, lacrado con su sello personal, en el que los eximía de responsabilidad con respecto al asunto de Yagra, y eran libres de no ser cazados por la Red Negra, por orden del Maestro Archivista Thadius Bradante. Escribiendo los nombres de los beneficiarios de tal orden (los aventureros), al entregarles el documento, les pidió que, si no tenían nada más que solicitar, podían marcharse, pues tenía mucho trabajo que hacer y una visita que atender.
Extrañados por aquel desenlace singular, el grupo se apoderó de algunos de los bienes exóticos de la sala de recepción, y se marcharon de allí. Con una cordial despedida del viejo enano en el sótano, y un saludo desenfadado de los vigilantes en la casa sobre el complejo, el grupo se marchó con la sensación de que algo no cuadraba.
Pero, aprovechando que ya se acercaba la hora de comer, comenzaron un largo periplo para adquirir una Bolsa Mágica en la que almacenar gran cantidad de objetos -en oferta en los Almacenes Waukeen, la cual no había podido conseguir Idris aquella misma mañana, rozando el alba-, además de desprenderse de toooooodas las armas y armaduras saqueada que no iban a necesitar en un futuro cercano, intercambiadas por oro en los vendedores ya habituales cerca de su apreciado refugio...
aquel almacén abandonado donde sus pasos les llevaron, cruzando entre la multitud de seres que abarrotaban las calles del Distrito de los Muelles, hasta que su entrada en el cada vez más familiar edificio abandonado fue recibida por un jovial y ladrador mastín enorme, viejo, magullado y satisfecho... con un bonito lazo rojo de ropa, rasgado de las mangas de Idris. El suelo los encontró momentos después desparramados por doquier, tratando de digerir todo lo ocurrido aquella movida mañana.
CONTINUARÁ


































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