el dueño del Almacenes Waukeen en el Distrito Sureño, la elfa negoció con el tendero por algunos objetos mágicos de cierta utilidad que repartir entre Chen, ella misma
(2 collares de cura de emergencia) y Valam (una capa protectora), para poco después volver también con un balde y jabón con los que lavar al perrazo.
Mientras ella se había marchado, el resto preparaba el desayuno y remataba el vino que aún quedaba comprado también por la elfa, dejando un resto de 5'25kg de carne preparada que todavía aguantaría un poco el trajín de los siguientes días.
Al volver la elfa, utilizaron un enorme agujero en una zona lejana del gran almacén para recoger agua de lluvia y asearse todos -incluyendo el perrazo- con la gélida agua de lluvia, antes de desayunar un buen preparado de carne asada.
Valorando cómo plantear su acceso al complejo Zhentarim de Economía y Secretos, y esperando a que Chen y Kurgan terminasen de devorar su desayuno, el grupo coincidió en que la opción más rápida era intentar arriesgarse con la contraseña de Yagra "Alas Negras", acercándose entre la espesa lluvia hasta la puerta de Almacenes Waukeen, y desde allí al sur hasta el extremo oeste de la Calle Carruaje, esquivando las escasas personas que viajaban arrecidas por la intensa lluvia y el ominoso cielo de tormenta y truenos. Pero, por supuesto, su nuevo amigo perrazo se quedaría en el almacén, aguardando su llegada, limpio y atento. El animal, con aspecto apesadumbrado por su marcha, se acurrucó junto a las ascuas del fuego moribundo, royendo un gran trozo de costilla que Kurgan le había arrojado antes de marchar con un guiño.
Cuando llegaron al frontal del caserón, un silencioso edificio y unas ventanas cerradas a cal y canto, junto a una sólida puerta de madera indicaban que, quizá, aquel edificio en apariencia tapadera podría estar abandonado, aunque Valam fue capaz de escuchar entre el rumor intenso de la lluvia dos voces que charlaban apaciblemente en el interior -varón y mujer-.
Aprovechando el ruido constante del exterior, Idris se acercó a forzar la cerradura de entrada, preparándose sus tres compañeros detrás por si debían intervenir para protegerla. Con facilidad, el mecanismo cedió, aunque el repentino rumor y aire entrando por la entrada provocó que, pasado el descansillo de la casa, desde una puerta de un pasillo orientado directamente hacia dicho descansillo, el rostro de un hombre se asomó mirando a la puerta y preguntando quién iba. Valam, rápidamente, informó de que traían noticias a la organización. El rostro volvió a introducirse por la puerta que había salido, comentando algo con su acompañante, y sin volver a salir indicó que podían bajar al sótano a comunicarlo.
Al pasar por la puerta en la que habían visto aparecer al hombre, los aventureros se percataron de que se trataba de una cocina en la que una elfa y un humano charlaban animosamente frente a un café caliente, con tatuajes zhentarim bien visibles. Sus armas estaban apoyadas en la mesa, y su actitud no parecía hostil. Saludaron a los aventureros al pasar por el pasillo, y éstos pensaron que lo mejor sería no provocar un incidente que llamase la atención en aquel lugar, mientras se dirigían hacia donde les habían indicado. Al bajar por una puerta que llevaba a una escalera de piedra en caracol, los compañeros llegaron a un sótano en penumbra con paredes de piedra, donde se encontraba una solitaria mesa con una vela y un viejo enano tuerto de cabello y barba blancos. Éste miró a los recién llegados, quienes sin mediar palabra dijeron: "Alas Negras". El enano, al escucharlos, asintió preguntando por su visita. Chen explicó brevemente que traían noticias sobre Yagra, la fugitiva. Al oírlos, el enano tomó un martillo de guerra sujeto a su cintura, caminando pesadamente hacia una pared del fondo. Allí, tomando el martillo por la cabeza, apoyó la base del astil en un área de la piedra, momento en que se escuchó un trozo de roca ceder. Con un giro y medio del astil, un chasquido en la pared reveló una puerta secreta que se desplazaba con sonido de piedra rasposa, pivotando sobre sí misma. El enano gesticuló en silencio para que el grupo pasase, y después volvió a sus asuntos. Idris preguntó que si necesitaba volver del complejo antes de tiempo, él la abriría, a lo que el enano comentó que con dar dos golpes rápidos y secos al otro lado de la puerta era suficiente.
Cuando la pared se cerró tras los aventurero, una nueva escalera de caracol con pobre iluminación se abrió ante ellos, descendiendo brevemente a las profundidades hacia un pasillo que se doblaba en un leve ángulo algo más adelante.
Avanzando en silencio, con Idris en retaguardia ocultándose en las sombras, de pronto el grupo fue interceptado por un guardia del interior del complejo, quien les preguntó por su llegada al complejo.
Nuevamente Valam explicó que traían información de la fugitiva Idris, a lo que el vigilante solicitó -a todos, ya que se había percatado de la presencia de la elfa- que lo acompañasen al despacho del Registro para tomar nota de sus asuntos. Valam, al ver cómo se movía el guardia de forma concreta y deliberada a través del pequeño tramo de escaleras ascendentes hacia la estancia a la que se dirigían, le dio a entender que, probablemente, no utilizar aquel código de pasos podría activar una trampa. Así que, retrocediendo un instante, informó a sus compañeros entre susurros que siguiesen sus pasos literalmente al pasar por allí.
Ya en el interior, cuya estancia poseía gran cantidad de estantes con documentos acumulados, una mesa con componentes -mágicos, aventuró el explorador- de poca validez, una mesa para registros con numerosos papeles, sobre la que un elfo con aspecto de usuario de magia -junto al que se encontraba un cofre cerrado con llave-, el gestor del Registro -elfo- solicitó nombres y asunto concerniente a su llegada, a lo que los aventureros,
dudando por un instante, pensaron que su presencia registrada allí podría ser un problema, por lo que atacaron veloces:
a la vez que Idris atravesaba de un rápido flechazo al elfo, quien apenas tuvo tiempo de protegerse mágicamente, quedando incrustado en su silla, Chen, Valam y Kurgan rodearon al sorprendido guardia, que apenas tuvo tiempo de emitir un ronco gañido cuando fue literalmente vapuleado hasta la muerte en la entrada de la habitación.
Agradecidos de la rapidez y eficacia, comenzaron a registrar la habitación, encontrando dos llaves aferradas al cuello del encargado del Registro, una de las cuales abrió el cofre a su lado, en el que al parecer había una gran cantidad de estuches para pergaminos con registros en su interior, así como 20 pequeñas cajitas de madera con el sello Zhentarim, cada una de las cuales guardaba 50 monedas de oro. Además de aquello, en los diversos cajones dentro del registro el grupo pudo encontrar varias prendas de ropa con sellos Zhentarim grabados, que podrían serles de utilidad. Sacando algunas, metieron dentro de dichos arcones los cadáveres para evitar llamar la atención. En ese momento, Idris se percató de que, bajo la mesa de mago había una caja de madera labrada con otra pequeña cerradura -cuya llave no habían encontrado-.
Al tratar de abrirla, mientras Kurgan vigilaba el pasillo y Chen ayudaba a Valam a registrar el Registro (valga la redundancia), un estallido mágico abrasó los brazos de la elfa, provocando una respuesta en el pasillo que bajaba desde el Registro hacia un cruce en el interior del complejo. Alguien llamaba, preguntando si sucedía algo.
Cuando un guerrero humano pertrechado de un estoque y una daga asomó por la esquina, de pronto Chen cargó sobre él, embistiéndolo con un profundo tajo de una de sus cimitarras. Sorprendido por el ataque, el hombre también encontró que una furiosa y frustrada elfa corrió hacia el exterior, abriendo fuego con su arco, clavando una dolorosa flecha en el muslo del recién llegado. Éste, sorprendido y herido, en lugar de enfrentarse a una fuerza superior, se retiró renqueando y gruñendo para pedir ayuda por un pasillo distinto del que había surgido, momento en que a lo lejos empezó a escucharse movimiento de más de un individuo respondiendo a la llamada desesperada.
Justo en el momento en que el fugitivo trataba de alcanzar una esquina para salir de la visión de sus perseguidores, Kurgan lo embistió por la espalda, incrustando su hacha en el omóplato del Zhent, quien con un crujido de huesos y un borbotón de sangre cayó inmóvil al suelo.
Irritado por la persecución y los sonidos más allá de la esquina, el enano trató de continuar su camino, pero un temblor en el suelo ante él causó que una plancha de metal camuflada como suelo de piedra se abriese de golpe a un foso tapizado en su fondo con enormes púas metálicas.
Sin embargo, a pesar de su rotundez muscular, Kurgan logró saltar hacia atrás a toda prisa para evitar aquella letal trampa... en la que el cadáver reciente cayó sin remedio, ensartado en el fondo. El bárbaro, por suerte, tuvo tiempo de adivinar que más allá de la esquina se encontraba una gran sala sostenida por columnas en la que se preparaban para la lucha un tirador elfo, otro guardián humano, y lo que parecía un sacerdote humano que arrojaba sus plegarias sobre sus aliados cuando Kurgan escapaba de la trampa.
Al informar el enano de la imposibilidad de paso por aquel lugar, Valam no perdió el tiempo, viajando rápidamente hacia el pasillo por el que había surgido el vigilante al que habían perseguido hasta la muerte. Allí, tras una puerta abierta, el explorador se encontró una gran sala que hacía las veces de un almacén bastante más ordenado que el área de Registro inicial, donde al parecer una comida a medio terminar aún se encontraba sobre una mesa, rodeada por todas las paredes de una gran cantidad de embalajes con diversos bienes en su interior: alimento, bebida, ropas, armas, material de escritura... e incluso gran número de documentos escritos y almacenados.
Furiosa y frustrada a pasos agigantados por las tablas de aquel pasillo con trampa, Idris realizó unas hábiles piruetas contra las paredes que rodeaban el pasillo del foso, arrojando un frasco de fuego de alquimista al guardián que cerraba el paso al otro lado del foso. Con precisión, el recipiente se estrelló en el pecho del mismo, provocando un estallido de llamas y un chillido de sorpresa en el alcanzado, quien empezaba a quemarse. Molesto por la acción de la elfa, un tirador elfo al otro lado pensó en sacrificarse con la misma táctica, y a través de ágiles maniobras, saltos y piruetas, entró en el estrecho pasillo donde se encontraban los aventureros. Sin embargo, no contaba con que Chen se había apostado al inicio del mismo, aguardando a disparar su arco sobre el primer infeliz que cruzase la esquina y no fuera un aliado... y a él le tocó la rifa. Herido por el disparo del guerrero humano, el elfo se coló por encima del enano, que gruñó con frustración al ver a aquel saltimbanqui pasar por encima, momento en que desenvainó su espada corta y hendió en profundidad un costado de Idris, que escupió sangre con el ataque sorpresa.
Y mientras aquello sucedía, el sacerdote Zhentarim utilizaba su capa para sofocar el fuego que trataba de abrasar al soldado que vigilaba el acceso al interior del consejo, al mismo tiempo que Kurgan, girando veloz sobre sí mismo, clavó su hacha en la cintura del enemigo entre él e Idris, cortando casi la mitad del tronco, dejando morir a su enemigo con una mirada de dolor y sorpresa, desparramando vísceras por el suelo con una sonrisa sádica al mirar la herida causada por su hacha. Y mientras Chen volvía a preparar una flecha para otra oleada, Valam se acercaba a toda prisa informando de lo hallado más allá del pasillo por el que no parecía haber otro acceso. La elfa, dolorida por el ataque relámpago, de nuevo realizó sus extraordinarias proezas acrobáticas rebotando por las paredes junto al foso. Al mismo tiempo que arrojaba una certera daga que se incrustaba en un hombro del soldado que protegía el acceso al interior, volvió a su posición inicial. ¡Aquella encerrona era un verdadero fastidio!
Pero al parecer era igual de problemática para ambos bandos, por lo que de pronto se escucharon unos pasos alejarse, y el accionamiento de algún mecanismo a lo lejos que de pronto cerró el suelo con su foso, momento en que el soldado vigilante del acceso cargó por el pasillo hasta chocar con Kurgan en su camino.
Sobresaltado Kurgan por el estúpido valor del luchador, quien recibió un nuevo flechazo en la lejanía de Chen en pleno pecho antes de llegar al enano, el protector del complejo demostró una inusual habilidad combativa, lanzando dos veloces tajos que provocaron sendas heridas sanguinolentas en el torso del enano. Pero éste, lejos de arredrarse, empujó con su escudo contra la pared del pasillo al recién llegado, a quien abrió el cráneo como un melón de un hachazo, corriendo hacia la sala posterior sin mirar atrás aullando de furia como un poseso, dejando un cuerpo descerebrado desplomarse tras él junto a un reguero de sangre y sesos.
Tras él, aprovechando la brecha en el acceso, Valam corrió con el arco presto por si hallaba enemigos, tras quien Chen aprovechaba la carga del elfo pisándole los talones. Los tres luchadores alcanzaron una sala por la que se desperdigaban embalajes hasta llegar a una zona donde, al parecer, se organizaban las reuniones principales en aquel complejo, con un estrado que llegaba hasta un sencillo trono de madera y piedra, tras el cual un inmenso arcón se encontraba cercado por dos grandes columnas que sostenían, además de otras, la bóveda de aquel sencillo trono.
Junto a la esquina que accedía a la zona más ancha de aquel área principal del complejo, Valam y Chen observaron que el sacerdote de apoyo a los dos enemigos recién derribados acababa de manipular la palanca de un pequeño pergamino, y sin dejarle tiempo a reaccionar, ambos liberaron una flecha -Valam- y un virote -Chen-, impactando tan certeros ambos proyectiles que derribaron al hombre contra una suave escalera ascendente tras el mismo, dejándolo allí inerte.
Por su parte, mientras el elfo y el humano se percataban de que, tras unos estantes repletos de documentos tras el trono y el arcón, se adivinaba una puerta sólidamente enrejada que se alejaba en la oscuridad -¿sería quizá aquél el acceso desde las alcantarillas protegido por el mecanismo de destrucción del complejo?-, la elfa y el enano se percataron de que, a través de un amplio acceso a la izquierda del corredor de columnas que llevaba hasta el asiento de reuniones, encontraron unas escaleras ascendentes que llevaban hasta una enorme biblioteca circular... en cuyo interior una joven sacerdotisa conjuraba su magia para ponerse en acción contra los intrusos.
A la vez que el enano cargaba contra ella... descubriendo dolorosamente que aquel lugar tenía más defensas secretas de lo que parecía -merced a una placa de presión que provocó una maraña de clavas metálicas brotar del suelo y atravesar por algunos lugares las piernas del rabioso bárbaro-, Idris se tomó un instante para disparar una flecha, con tan buen acierto que el proyectil se enterró en el cráneo de la zelote antes de que lograse convocar la fuerza de su fe.
Con el desplome del cuerpo recién muerto en el suelo y la cólera menguante de Kurgan, los compañeros se percataron que de pronto los había invadido el silencio, permitiéndoles unos momentos para avanzar en su investigación del complejo, justo para encontrar a la izquierda de la supuesta sala principal del mismo otro acceso abierto hasta un nuevo y estrecho pasillo con más escaleras que se alejaba, abriendo diversos recovecos más allá de la vista del grupo. Meditando hasta dónde habían llegado los compañeros, se tomaron unos minutos para conversar en silencio, planificando su siguiente movimiento porque, según se habían percatado, el acceso -a pesar de los peligros- había sido relativamente sencillo.
En efecto, Yagra había estado en lo cierto sobre la seguridad del lugar, que se basaba fundamentalmente en pasar desapercibido, y no en la fuerza de sus efectivos. Pero, ¿era realmente aquello todo lo que encontrarían? Si lograban salir de allí, saqueando los cuerpos de todos los fallecidos y el propio lugar, lo sabrían tarde o temprano.
CONTINUARÁ















































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