martes, 1 de septiembre de 2020

AguaProfunda (OTOÑO) - Refugio de Conspiraciones Oscuras - ACTO III - Píldora 2 - Sesión 3 - Masacre

Cuando los aventureros comían y descansaban, fueron conscientes de que, para poder reposar, debían bloquear los accesos desde el interior hasta la taberna clandestina.
Así pues, atrancaron con su correspondiente travesaño la puerta desde el área de entrada, junto con dos sillas en equilibrio para que cediesen con cualquier sacudida, además de un puñado de embalajes bloqueando la puerta que llevaba hacia el interior del complejo.
Poco después de conversar con cierta distensión, relajando un poco sus músculos y tomando el aliento, incluyendo un poco de bromas de la pícara Bredda al compungido Valyar, para jocosidad del resto, de pronto el bárbaro y el monje se percataron de ruidos que provenían del otro lado del acceso hacia el interior del refugio, momento en que se escuchó una voz familiar a Bredda: la de la Hermana Uthil, quien golpeó la puerta exigiendo abrirla.

Ante eso, Rauch trató de simular una voz del tabernero para indicar que estaban recogiendo y limpiando, y en seguida abrirían. La elfa no pareció creer aquella extraña voz, y preguntó si se trataba de la mujer con la que ella y el Hermano Wildart habían estado hablando sobre los posibles candidatos. Aunque de nuevo Rauch trató de fingir una excusa, la elfa indicó a quien la acompañaba que derribase la puerta.

Mientras en aquel lado, alguien golpeaba repetidas veces contra la misma, Drum y Bolgahr se apostaban estratégicamente junto a la puerta y tras los embalajes, al tiempo que Valyar tumbaba una mesa como parapeto tras el semiorco y Rauch se ocultaba en otra ya tumbada al otro lado de la puerta donde Drum se apostaba. Por su parte, Bredda se apostó justo tras la barra de la taberna para abrir fuego con su ballesta a cualquier cosa que asomase tras los golpes.
De pronto, el último impacto en la puerta abrió un acceso por donde el monje pudo ver que la mujer estaba precedida por dos protectores de aspecto rudo similar a los que vigilaban en su momento la entrada al complejo... pero aquello no era lo más perturbador.

En ese momento fue consciente de parte de las palabras del tabernero y su camarero: junto a ella, tres esqueletos armados y macabros avanzaban como una parodia de vida para apoyar la lucha de los vigilantes, tras los que se escuchaba una suave y educada voz femenina que convocaba a las Sombras Profundas para azotar a los infieles más allá del acceso bloqueado.
Entonces, una cruenta y rápida confrontación se sucedió precisamente en la estrecha entrada por donde los enemigos buscaban entrar a toda prisa para tomar la taberna en nombre de sus líderes.
Pero eso no impidió a Drum cortar de un latigazo la piel del brazo de uno de los matones, a la vez que Bolgahr incrustaba una jabalina en el hombro de otro, volviendo a sus posiciones defensivas mientras Rauch tropezaba con la mesa que lo parapetaba, causando más bochorno que efectividad en detener el ataque.
Justo entonces, la hueste de esqueletos avanzó. Aunque su paso fue recibido por una contundente y certera andanada de puñetazos y espadazos de Bolgahr y Drum, no cejaron en su empeño y acuchillaron con pericia y sin piedad a los aliados quienes, aunque no sufrieron severos daños, mancharon de sangre el suelo de la sala.
Tras los muertos vivientes, unos ruidosos rufianes hicieron su aparición a cuchillazo limpio, aunque incapaces de reducir la defensa de los contendientes más cercanos, que detenían y esquivaban sus espadas sin demasiada dificultad. Con un grito de guerra, la Hermana Uthil saltó a la batalla acuchillando torpemente en dirección a Bolgahr, quien se agachó sin problema ante la cimitarra sedienta de sangre de la mujer. Su ira de zelote fue contestada de forma contundente con dos disparos de ballesta, uno desde la barra y otro desde el parapeto de Valyar, cosiendo su costado de virotes de forma dolorosa, aunque sin conseguir derribarla.
Tras todo aquel despliegue, un cántico arcano se filtraba por la puerta en la que aparecía la mujer humana que parecía haber convocado a todos aquellos defensores, alzando una armadura de magia a su alrededor, dispuesta a la lucha.
Una vez más, Rauch saltó al combate desmontando al esqueleto más cercano a Bolgahr, corriendo para ocultarse junto a Valyar. Cercado por enemigos, Drum se convirtió en un torbellino de espada y patadas, apuñalando el pecho del matón que lo bloqueaba hacia la esquina entre embalajes. A la vez que éste caía sujetando sus tripas, la bola del talón del monje destrozaba el cráneo del esqueleto a su lado, enviando astillas por doquier.
Al mismo tiempo, Bolgahr clavó con tanta fuerza su espada en el pecho de Uthil que la envió con un gemido de muerte a caer del embalaje sobre el que se había subido para atacarle desde arriba. En una muestra de incapacidad, tanto el esqueleto que aún quedaba activo como los luchadores traídos por la bruja, desplegaron insulsos ataques de espada y cimitarra con la inútil intención de someter a sus enemigos. A lo lejos, mientras Valyar saltaba a la lucha atravesando la barrera mística de la bruja -que había avanzado, desplegando torpemente su magia en rayos abrasadores lanzados contra Drum, Bolgahr y Valyar sin acertar a sus objetivos, desconcertada por el latigazo que el monje le asestó en el cuello al pasar por el arco de la puerta- con su maza, aunque con un efecto casi irrisorio, Bredda era más certera buscando un punto débil en el conjuro, y explotando el mismo para clavar otro virote sobre la mujer, a la vez que gritaba palabras de ánimo al monje en su combate, enardeciendo la sangre para la batalla.
Aturdida por tantos ataques inesperados, la mujer fue incapaz de ver el estoque de Rauch alcanzarla en el cuello, dejándola sin respiración e inconsciente, cayendo junto al suelo al lado de Uthil quien, por fortuna, había recibido un ataque sometedor en lugar de letal por parte de Bolgahr (al igual que los causados por Drum a sus objetivos vivos). Sorprendido por la caída, el protector de las mujeres de la secta se giró justo a tiempo de encontrar a su vez la hoja plana de una espada golpearlo en la nuca y derribarlo junto a las dos mujeres, a la vez que Drum -su atacante- daba un veloz salto hacia adelante, destrozando parte de un brazo y hombro del esqueleto frente a la puerta con una patada descendente.
Por su parte, el bárbaro trató de destrozar las piernas del último de los protectores del culto, aunque su ataque fue un verdadero fiasco. Aun así, con un rugido provocó en el humano que tratase de escapar de su lado, recibiendo un latigazo por la espalda del monje al alejarse. A pesar de su miedo, el sectario cargó contra Valyar por el costado, sorprendido por la velocidad del ataque. Incapaz de verlo llegar, el clérigo sintió el frío acero hender su costado, notando la calidez de su sangre caer poco a poco hacia su pierna con un gruñido mezcla de dolor y sorpresa.
El esqueleto que Drum había vapuleado, por su parte, aprovechó su energía restante para ejecutar una eficaz maniobra que logró atravesar la defensa del látigo giratorio alrededor del monje (la cual usaba en todo momento para desviar ataques y desconcertar a sus atacantes), vertiendo sangre del asombrado mortal en el suelo tras una cuchillada.

Antes de que la maza del clérigo se alzara para responder a la herida, otro virote voló implacable hasta la espalda de su atacante, atravesándole un pulmón. Éste cayó gorgoteando hasta la muerte, sujetando las piernas del sacerdote en busca de piedad.
Cuando el enemigo cayó derribado, el sacerdote lo apartó de una patada, saltando sobre el embalaje que escudaba al esqueleto. Antes de que Rauch se acercase para rematar al muerto viviente, el clérigo reclamó la gloria aplastándole la cabeza de un mazazo, lanzando astillas por todas partes.
Agotados por el combate, algunos aventureros empezaron a bloquear de nuevo la entrada vulnerable.
Sin embargo, Rauch y Bolgahr desatendieron la ayuda grupal, curioseando más allá de la taberna a una arena improvisada para espectáculos privados bajo tierra, donde un foso con llamas en su base ardía lentamente, rodeado de columnas, un viejo cofre roto con armas viejas, abolladas y melladas... y un sencillo trono de piedra poco ornamentado a ras de arena.
Allí encontraron que en dos pequeñas rejas, dos orcos brutales los observaban con anticipación.
Acercándose a una de ellas, Bolgahr trató de comunicarse con uno de ellos, cuando de pronto sintió movimiento en una enorme telaraña adherida a una de las paredes de la arena, de la que surgieron dos arañas grandes como perros... junto a otra mucho mayor, casi tan alta y voluminosa como un toro. El sobresalto los hizo pedir ayuda a sus compañeros -con los que no habían contado para investigar la arena ni comunicado sus intenciones-, a la vez que los orcos, al ver el inicio de una pelea, empezaron a golpear las rejas de sus puertas, rugiendo como animales enjaulados y rabiosos.
Con el grito de Bolgahr, las arañas enfocaron su atención en la pieza más ruidosa y robusta, lanzando una telaraña en su dirección de parte de la criatura mayor, mientras las más pequeñas corrían hacia ella, tratando de clavar sus venenosos quelíceros... que sólo encontraron un resistente escudo frente a los impactos.
Drum, escuchando el grito de ayuda, corrió a toda velocidad para observar la amenaza, siendo adelantado por la mediana que se encontraba más cerca, la cual abría fuego desde la repisa que también formaba parte de la arena, para observar desde un puesto elevado el espectáculo en forma de terraza de taberna.
El virote se incrustó profundo en la quitina del cefalotórax de la araña, que siseó por el impacto. Aprovechando el momento de confusión de la bestia, Bolgahr dejó caer su espada en la misma zona dura del monstruo, quebrando parte de la misma con el espadazo. Justo entonces, a toda velocidad, Rauch vio el hueco de la herida en la bestia, y hacia allí envió su estoque, clavándolo en profundidad hasta llegar al área nerviosa de la criatura, momento en que ésta se desparramó en el suelo de golpe, dejando sólo espasmos de muerte en sus patas. Ya que no deseaba ser objetivo del hambre y el veneno de las bestias, realizó una serie de piruetas que lo alejaron del peligro, evitando patas y quelíceros.
Pero, con aquella maniobra, el bárbaro quedó desprotegido contra las dos arañas restantes, que lo cercaron con una lluvia de quelíceros asesinos golpeando aquí y allá en su dirección, aunque los aguijones sólo encontraban aire o escudo, gracias a la habilidad del agredido para evitar el daño o bloquearlo.
A lo lejos, al tiempo que Bredda buscaba ángulo de tiro para disparar con su ballesta a la araña más grande, Drum se lanzaba a toda velocidad, saltando con una espectacular pirueta a la arena, disparando su arco en el aire junto a un dardo tras aterrizar a la araña más pequeña. Tres proyectiles volaron, de manos de Bredda y Drum, y todos alcanzaron su objetivo. La araña menor sintió una flecha y un dardo penetrar la dura quitina hasta sus órganos internos, mientras la más grande sufría en su abdomen el pinchazo de un pequeño virote que la enfurecía.
En el ataque aéreo, ambas criaturas quedaron lo suficientemente trastornadas por el daño como para que Bolgahr y Rauch realizasen su propio movimiento, cargando el más ligero contra la araña menor para apuñalarla hasta la muerte en el tronco, dejándola espasmódica en el suelo -y sus manos impregnadas en jugos de insecto gigante-, y el más poderoso arremetiendo metódicamente su espada en el surco de unión de vientre y tórax de la araña mayor, provocando un siseo terrible en la monstruosidad herida.
A pesar de que la araña aún en pie trató de responder a la agresión, Bolgahr fue capaz de desviar las punzadas de los quelíceros con su escudo, evitando el atroz veneno.
En la debacle del enfrentamiento, cubierto por un disparo desde la distancia de Valyar, que saltaba a la arena tras su pagador provocando otra profunda herida con su ballesta en el lomo del monstruo,
Drum se adelantó a toda prisa, convertido en un céfiro de ataques de espada y piernas que rasgaron la dura capa protectora del arácnido y partieron su cáscara en poderosos impactos, crispando la atención de la criatura con siseos de dolor y miedo.
Corriendo de acá para allá en busca de un buen ángulo de tiro, desde la tarima elevada en la arena, Bredda se afanaba por buscar el disparo apropiado,
logrando un tiro eficaz de su ballesta que enterró otro virote entre los ojos de la criatura, la cual dio un espasmo de muerte, y se derrumbó sobre sus patas encogidas, temblorosas por unos segundos en sus estertores antes de quedar inmóvil del todo.

Agotados, los compañeros no deseaban más lucha, aunque Bolgahr se había empeñado en tratar de liberar a los orcos de sus jaulas,
quienes durante todo el combate se habían comportado como salvajes, aullando de ira y sacudiendo los barrotes mientras veían la lucha, pero al acabar la misma volvieron a su pose dócil y sentada sobre el suelo de sus jaulas.
Preocupado por su situación, el semiorco explicó que liberarían a los prisioneros si era su deseo, a lo que éstos explicaban con palabras someras que sólo esperaban a su siguiente lucha, mientras se mantenían tranquilos bajo las órdenes del amo.

Extrañados, los aventureros observaron a las criaturas, siendo conscientes de unas extrañas cicatrices en el lado derecho de la frente. Pensando en dichas heridas -cuyo aspecto era deliberado y calculado-, daba la impresión de que las lastimosas criaturas estaban domesticadas para ser un simple entretenimiento, así que lo único que podían hacer por ellas es llevarles comida y desear una muerte rápida y piadosa. Para ello, Rauch tuvo una idea despiadada que explicaría después, no sin antes echar un vistazo a las telarañas en las que Bolgahr había observado un brillo interesante.
Durante la conversación, Drum, Valyar y Bredda estudiaron la arena, el cofre roto y el trono, percatándose de que tras el último, una tosca rueda metálica daba la impresión de activar algún mecanismo.
La mediana, al girar un poco la misma, escuchó un chasquido en las puertas de los orcos prisioneros, así que dejó de tirar de la misma para no provocar ningún incidente.

Entonces, Rauch, indicando que debían interrogar a algunos de los prisioneros, espabilaron a dos o tres capturados, preguntándoles qué podían pagar por sus vidas si querían seguir vivos. Los sectarios, vista la situación de derrota, dijeron orgullosos y temerosos que morirían para reunirse con sus patrones en las Sombras más allá de la muerte, dedicadas sus vidas a la causa de las Sombras Profundas. El pícaro tomó la palabra de los prisioneros, indicando que los arrojaría a todos (salvo a la elfa, el hombre del mechón, el mediano burlesco y la hechicera) a la arena para deleite de los orcos... dejando que accediesen a las toscas armas en mal estado del cofre junto al foso de llamas. Valyar, en ese momento, explicó que aquella atrocidad no merecía el orgullo de Tempus. Un enemigo moría en batalla, no sacrificado en el ápice de su debilidad ante bestias que lo convertirían en su cruento placer. Rauch se revolvió comentando que tendrían una oportunidad para luchar con las armas del cofre, pero Valyar se mantuvo en su postura de no formar parte de aquel espectáculo de la misma forma que Bredda expresaba su desaprobación y Drum se reservaba su opinión... aunque Bolgahr no se oponía a aquella confrontación, explicando que los prisioneros eran superiores en número... podrían lograrlo.
Sin embargo, tras lanzar a los indefensos enemigos a la arena, dejándolos con el cofre de armas estropeadas, al abrir las jaulas de los orcos, éstos comprendieron que su hora del espectáculo había comenzado... ...y ofrecieron una cruenta matanza llena de sangre, gritos de terror, aullidos de batalla y heridas monstruosas. Tras la matanza, los orcos saludaron a sus espectadores genasi y semiorco, regresando satisfechos a sus jaulas, a la espera de que las puertas se cerrasen.

Después de la lucha, el grupo se apostó observando a los únicos prisioneros que quedaban vivos, pensando qué podrían hacer con ellos, haciendo un recuento de todo lo que habían saqueado de ellos, incluyendo los tesoros atrapados en las telarañas de las víctimas que éstas devoraban después de los combates -o eso parecía-.
Aquel más dispuesto a hablar era el mediano, quien simplemente indicó que se encontraba allí buscando trabajo y asistiendo al culto. Cuando fue consultado sobre si deseaba vivir o morir, y qué podía ofrecer por ello, éste comentó que allí no poseía riquezas para pagar por su vida... pero si lo dejaban vivir, podía suministrar información y datos útiles de la ciudad. Era una oferta sobre la que pensar.
Mientras tanto... el complejo esperaba silencioso y paciente el paso de los aventureros hacia el interior de sus secretos.

CONTINUARÁ

DADOS DE DESCANSO CORTO UTILIZADOS

Rauch 1D/3
Drum 2D/3
Bolgahr 1D/3
Valyar 1D/3

RECURSOS TOTALES Y CONSUMIDOS

Valyar: PG 8/17, Conjuros Slots 2Nv1
Bolgahr: PG 26/34, Furia 2/3 Usos
Bredda: Inspiración 1/4 Dados, Slots 2Nv1, 1Nv2
Drum: PG 17/29, Ki 1/3 Puntos (Inspirado)

SAQUEO TOTAL

3 escudos, 2 luceros del alba, 8 jabalinas, 2 camisas de malla, lanza, Maza, 94 Virotes, 6 estuches de virotes, daga, 8 cimitarras, 6 ballestas ligeras, Bastón

TESORO TOTAL

Garnelia Violeta (300mo), Cinturón de Sangrelias y Broche de Plata (120mo), Arco Ornamental Enjoyado (525mo), Hacha Ornamental Enjoyada (320mo)

7 Zafiros Crudos (10MOro cada 1), 7 Diamantes (50MOro cada 1)

Varita de Proyectil Mágico (7 Cargas, Recupera 1D6+1 cada Amanecer, a 0 Cargas tirar 1D20, y con 1 se deshace en polvo)

PRISIONEROS VIVOS

- Hechicera humana
- Bribón mediano
- Cultista Elfa de las Sombras
- Cultista Humano del Fuego Elemental (el del mechón y el iris blancos)

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