Tras cruzar palabras no demasiado amables entre sí al respecto del destino de algunos de los prisioneros menos útiles, aquellos que sí parecían más apropiados para entregar a Eliah "DarkCloak" quedaron a buen recaudo en la posada subterránea, bien atados e inmovilizados, tras interrogarlos con poco éxito en el caso del Hermano Wildart o la Hermana Uthil, más allá de que esta última reveló que serían pasto de las maquinaciones de su Alto Señor de las Sombras y Muy Reverenciado Ardem Tech Vislumbrador del Abismo. El mediano prisionero, sin embargo, siguió optando por servir al mejor postor (en este caso, los aventureros) para lo que gustasen, si ello salvaba su vida.
Valorando esa opción, el grupo optó por bloquear una vez más los accesos de la taberna, incluyendo puñados de tierra empapada en aceite en sus accesos como medidas preventivas para acceso de criaturas que quedasen impedidas en su movimiento por tal mezcla grasienta. Al tiempo que Bredda amenizaba el descanso, vigorizando con su música a los compañeros, éstos mantenían cierto grado de vigilancia sobre sus únicos prisioneros vivos -a quienes de paso dieron algo de comer, pero sobre todo, mucho vino y cerveza para emborracharlos hasta la extenuación y que no pudiesen valerse por sí mismos mientras el grupo exploraba-, al tiempo que aquellos que no habían sido pasto de los orcos del foso eran apiñados en la cocina de la taberna.
Una vez descansados, Rauch empapó una de las cajas que bloqueaba el acceso hacia el interior del complejo, subiendo la otra sobre ésta, para llegado el caso, utilizarlas como trampa de peso y bloqueo de la puerta, si fuera necesario.
Tras ello, asegurando a los prisioneros, el grupo continuó su camino hacia el interior de los subterráneos, después de una nueva discusión entre Bolgahr y Rauch, pues donde el primero deseaba dar una muerte digna a los orcos prisioneros (utilizando el veneno que Rauch había extraído de las glándulas de las arañas), condicionados exclusivamente a la lucha, el segundo ahora abogaba por no matar gente indefensa -de forma contradictoria a su anterior decisión de masacrar a los supervivientes a manos de los orcos-. En una inútil trifulca de intercambio de opiniones, finalmente el grupo siguió avanzando (después de que Valyar intercediese al explicar que si lo que Bolgahr pretendía era salvar las mentes y almas de aquellos brutos, había formas más sencillas, como llevarlos a un templo para tratar sus heridas y devolverles la cordura), encontrando con que el complejo por el que se desplazaban estaba adornado por diversas estatuas, frescos y tallados en las paredes que representaban antiguas religiones, aunque no por ello de corte maligno o demoníaco. Simplemente demasiado ancestrales como para que sus conocimientos llegaran a ubicarlas.
El aspecto del lugar tenía toda la pinta de haber sido un hallazgo fortuito por parte de los primeros dueños, con el que pasar desapercibidos construyendo sobre él una vivienda con el paso del tiempo para ocultar su existencia.
Avanzando por un pasillo serpenteante, los compañeros se detuvieron frente a una puerta abierta al percibir los pasos cadenciosos de alguien que parecía estar realizando una ronda de vigilancia.
En efecto, ocultándose más atrás de lo que parecía una pequeña zona de control antes de dicha puerta, desde una esquina pudieron observar como un matón de aspecto cultista cruzaba frente al umbral por lo que parecía un pasillo transversal, caminando despacio hasta salir del campo de visión.
En ese momento, Rauch se deslizó silencioso para obrar su 'magia'.
Caminando como una sombra, el esgrimista genasi aprovechó cuando el vigilante había cruzado más allá del umbral por el que se accedía a su zona de paso y lo abordó rápidamente por la espalda. Su espada corta se hundió profunda en el costado, y cuando el hombre con un gemido se giró para aporrear a su atacante, severamente herido, éste ya había rodado hacia atrás, evitando su maza.
En ese instante, todos los aventureros avanzaron con decisión sobre la trifulca para cubrir la escapada del pícaro espadachín. Al mismo tiempo que Drum se apostaba en el flanco con una pirueta, lanzando una poderosa patada que golpeó en la mandíbula al desprevenido matón, Bredda y Valyar se apostaron en la entrada del acceso, disparando sus ballestas contra el enemigo, aunque sus proyectiles no fueron del todo eficaces por la precipitación del ataque. Por su parte, Bolgahr maniobró para acercarse a toda velocidad, esperando colocarse lo bastante deprisa junto al enemigo como para impedir su huida.
Aprovechando la táctica, una vez más Rauch avanzó por el flanco del cultista, lanzando una veloz estocada en la zona de la misma herida, causando otra fea herida sangrante que hizo trastabillar al hombre.
Por su parte, mientras Bredda intentaba ataques ballestazo tras ballestazo sin descanso para no permitir ni un respiro al enemigo (estrellándose los virotes en el gran escudo del vigilante), a pesar de su falta de eficacia, a su vez Valyar y Bolgahr lo acosaban cuerpo a cuerpo sin descanso junto a Drum, la espada del semiorco golpeando severamente el martillo del hombre, la propia maza de Valyar estrellándose contra su pesada armadura y Drum con su letal danza de combate atacando aquí y allá, a latigazos y patadas, aunque parecía que en esta ocasión el adversario ponía el máximo empeño en mantenerse con vida, acorazado en sus recias protecciones.
De hecho, tratando de atacar a la desesperada, el hombre huyó hacia un pasillo lejano de la posición defensiva, siendo abrumado por más ataques ineficaces contra su armadura y escudo, mientras daba voz de alarma pidiendo ayuda.
Rauch, comprobando que el recio enemigo había quedado demasiado cerca para su gusto, trató de superar sus defensas, pero esta vez el soldado estaba preparado y su escudo fue un muro de metal y madera impenetrable. El pícaro decidió que una retirada táctica para aprovechar la superioridad numérica era lo más apropiado.
Por su parte, Bredda una vez más avanzó con valor para seguir disparando sin descanso e informar de la posición del enemigo, a lo que nuevamente Valyar, Drum y Bolgahr acudieron raudos a rodearlo e impedir que, si acudían refuerzos, el defensor siguiese vivo para apoyar su llegada.
No obstante, al hacerlo y seguir acosando sin descanso -golpe tras golpe, estampido de metal a estampido contra las defensas impenetrables del adversario-, el grupo en ese momento fue consciente de que se escuchaba ruido más allá del pasillo por donde avanzaban, momento en que una habitación se abrió con otro cultista de protecciones más ligeras surgiendo por la llamada a las armas de su sofocado compañero.
No obstante, a pesar de que éste lo ponía en aviso sobre las fuerzas atacantes, de pronto Rauch se acercó a toda velocidad con una daga en su mano y, saltando sobre las cabezas del grueso de la lucha, realizó una elegante maniobra de arrojo de proyectil al desprevenido recién llegado, que recibió la daga enterrándose en un hombro hasta la empuñadura con un gruñido de dolor.
Al caer sobre sus pies, como un resorte el pícaro rodó hacia un lado, quedando más allá de la visibilidad del recién llegado junto a la esquina más cercana a su pasillo, donde estaba protegido por el grueso del combate atascado en aquel lugar.
Y mientras Drum era golpeado con un poderoso martillazo en las costillas por el enemigo al que no dejaban respirar, escupiendo sangre ante el impacto, el nuevo luchador trató de hacer lo propio contra el semiorco, tratando de alcanzarlo con éxito desprevenido por un costado, pero una maniobra de la mediana en la lejanía lo pilló por sorpresa, y un virote voló certero entre la multitud, para incrustarse en su garganta. Un gorgoteo sanguinolento lo llevó a caer al suelo, muerto en un instante.
Superado por la muerte de su aliado, aunque el hombre trató de dar lo mejor de sí mismo en la lucha, mientras Valyar invocaba el poder de Tempus para alentar a sus compañeros, descargaba una andanada de mazazos sobre el enemigo, sometiéndolo junto a la ayuda de su contratista Drum, donde ambos por fin dejaron caer una implacable lluvia de golpes, hasta dejar inconsciente a su enemigo.
Sin embargo una sorpresa alcanzaría desprevenido a Drum, quien había dejado desatendida su espalda al rodear al duro adversario, momento en que un mediano avanzó en silencio desde la penumbra. Por suerte, los sentidos combativos del monje lograron reaccionar a tiempo, apartando con su látigo la certera puñalada de su enemigo, quien se sorprendía por la reacción inesperada.
A su vez, Rauch observó la llegada del sigiloso adversario, a quien vio un oponente peligroso por usar técnicas similares a las suyas, y colándose entre sus aliados trató de alcanzarlo de una estocada, pero el enemigo fue más veloz y se escurrió de su ataque, rodando hacia atrás y alejándose del impacto, intentando poner tierra de por medio en una rápida huida.
Aquella veloz maniobra no dejó indiferente al espadachín, quien una vez más buscó la protección de sus aliados alejándose del cuerpo a cuerpo, a sabiendas de lo que unos ataques similares y tan certeros como los suyos podrían hacer.
Pero aquello siguió sin arredrar a Bredda.
La muchacha, avanzando con una risotada, lanzó una lasciva provocación al huidizo adversario, a la vez que le disparaba un ballestazo, y esta vez el virote se incrustó profundo en una pierna del mismo, que chilló al sentir la herida, asustado de aquella puntería.
Aprovechando el sobresalto, Valyar, Bolgahr y Drum se arrojaron contra el mediano enemigo, y mientras Drum lo castigaba con dureza con sus látigo, aunque sus piernas no alcanzaban a impactar al veloz objetivo, el semiorco llegó con más contundencia donde las patadas del humano no pudieron: su espada descendió sin piedad, partiendo casi en dos desde un hombro hasta el torso al pequeñajo.
Asegurándose durante unos instantes de que no parecía haber más enemigos en las cercanías, el grupo guardó silencio para verificarlo, escuchando de pronto como Rauch ignoraba aquel momento de atención para entrar en una de las dos puertas que se encontraba en medio de aquel pasillo, hallando una despensa con diversidad de viandas y elementos de alimentación, y otros enseres como bebidas, conservas y demás. Podrían aprovecharlo más adelante, pero la situación requería acción rápida y ellos estaban algo cansados de la lucha reciente.
Rauch, sin esperar a informar a sus compañeros, entró en la otra puerta, hallando una modesta habitación con camastros, donde debían reposar los cultistas que mantenían guardia en el complejo y no salían de allí en un tiempo relativamente prolongado. Registrando sus propiedades, las pocas monedas y objetos valiosos que poseían acabaron en los hatillos del pícaro, momento en que el grupo decidió dejar los dos cadáveres sobre dos camastros para no llamar la atención en el pasillo -más allá de la sangre derramada- y al superviviente lo encerraron en un gran arcón de enseres y ropa diversa, junto a una armería de armas y armaduras bastante comunes -no merecían demasiado la pena de utilizar, salvo como repuestos en caso de una emergencia-.
Sopesando las opciones sobre si continuar su búsqueda en el complejo para limpiarlo e impedir que más efectivos pudiesen llegar desde la superficie para reforzar el lugar, o hacerse fuertes en los dormitorios, finalmente cedieron a continuar su investigación, no sin antes tomar Bolgahr una poción para recuperarse de la lucha.
Al seguir avanzando, cruzaron una puerta con otro acceso de armamento de calidad pobre... pero al cruzar la segunda puerta del pequeño descansillo que estaban investigando, Rauch lanzó un suspiro.
Allí, junto a una mesa donde se encontraba un almuerzo abandonado hacía poco a medio devorar, encontraron un almacén bien provisto de materiales alquímicos de diverso tipo. Ni que decir tiene que el gremial de los Alquimistas de AguaProfunda Rauch no dudó un instante en apoderarse de todos los componentes y preparados que pudo transportar y con los que planificaba fabricar un buen surtido de material para él... y quizá un excedente de sobra para el resto del grupo.
Resoplando por la falta de tacto del genasi, Bolgar avanzó hacia la puerta pequeña más alejada de la entrada por la que habían pasado, donde escuchó dos voces que gruñían en un idioma desconocido. Sin embargo, el tono y timbre de las mismas le reveló que se trataba de dos osgos discutiendo por algún motivo.
Avisando con un gesto silencioso a sus compañeros, los instó a alejarse en silencio para explicarles lo que estaba escuchando.
Pensando en cómo abordar aquel asunto, Rauch dejó verter aceite frente a la puerta y que se filtrase bajo ésta para entorpecer la salida de los enemigos, mientras el resto de compañeros se apostaban: Valyar y Bredda listas sus ballestas, Bolgahr y Drum junto a la puerta para frenar cualquier avance, y Rauch oculto para aprovechar la circunstancia de golpear sin ser visto, maximizando su eficacia.
Sin embargo, al parecer los osgos se percataron del movimiento al otro lado de la sala, y uno de ellos salió a ver qué sucedía, resbalando en el aceite y cayendo en el mismo umbral de la puerta, despatarrado, sorprendiendo al que parecía su líder, y quedando a merced de dos de los aventureros.
El primero en reaccionar fue el espadachín, que acuchilló dolorosamente al derribado con una fea herida. Sin esperar instrucciones, Bredda salió precipitada contra el derribado, al que trató de acuchillar aprovechando la ventaja de su posición de indefensión. Sin embargo el atacado pudo defenderse con cierta habilidad desde el suelo, impidiendo los golpes. En ese momento, el atacado se incorporó y, a sabiendas de quién había sido el más letal en su ataque, propinó un severo espadazo contra Rauch que éste sintió -y sufrió- en sus carnes con especial intensidad. Mareado por el impacto, de inmediato se planteó una huída rápida para guardar las distancias. Por desgracia para los monstruos, el líder no pudo atravesar la puerta que su compañero bloqueaba, y comenzó a gritar improperios ininteligibles a sus enemigos, tratando de evitar que huyesen para trabarse en cuerpo a cuerpo con ellos.
Ni que decir tiene que la sorpresa se saldó con el grupo tratando de lanzar una andanada devastadora de golpes y disparos contra el que ahora ya estaba en pie, para acto seguido recolocarse prudencialmente a distancia los tiradores junto a Rauch para dejar un bloqueo frente a la puerta de quienes más se arriesgaban a sangrar en primera línea: Drum y Bolgahr.
La ferocidad del ataque hizo que, de pronto, el osgo sintiese como su carne había sido cortada, vapuleada y alfileteada más de lo que era capaz de soportar.
Así, cayó desplomado al suelo sobre el aceite... facilitando el paso de su líder para no resbalar sobre el mismo bramando de ira.
Bolgahr, segundos antes, liberaba su propia furia, dispuesto a vender caro su pellejo de una vez por todas con un digno combate, reluciendo de forma fantasmal sus extraños tatuajes en brazos y cuello.
Poco duró la euforia de un enemigo derrotado, cuando mientras Valyar y Bredda recargaban y apuntaban hacia la puerta, por ella salió como un toro embravecido el osgo restante, más grande, fuerte y malencarado que su predecesor, en busca de venganza.
Sin embargo, poco le duraría su bravura, cuando aquella estampida alocada le valió ser objeto de un nuevo ataque calculado por Rauch, acercándose ágil hacia él y lanzando estocadas certeras en la carne del monstruo, acompañado de otra andanada de latigazos, puñetazos y patadas sobrenaturalmente veloces de Drum, dejando atónito y dolorido a cada impacto al enemigo, y a la vez provocando la ira de Tempus en el joven clérigo de alquiler, quien se arrojó con un grito de batalla sobre su adversario, descargando mazazo tras mazazo contra el mismo, enfervorecido por la lucha.
En ese momento, al tiempo que Rauch buscaba un resquicio por el que alejarse del mostrenco que amenazaba con aplastarlo si seguía frente a él, la criatura trató de lanzar tajos a su alrededor sin éxito, provocando sólo que el grupo se apartara momentáneamente de su arma para evitar ser partidos por la mitad.
Una vez más, los aliados maniobraban casi en una danza de guerra a su alrededor, alentado Bolgahr por la voz poderosa de Bredda, que lo animaba a aplastar a aquel estúpido y solitario bravucón.
Y mientras Bolgahr lo golpeaba sin descanso, Rauch se acercaba una vez más por su costado, lugar que había abandonado hacía unos instantes Drum tratando de castigar sin éxito con una ráfaga de latigazos y patadas al osgo, hendiendo la carne del ser con su espada corta, dejando a éste resoplar con un gemido de sufrimiento por la certera estocada.
Aprovechando la sorpresa, en el momento en que el pícaro se alejaba del enemigo, éste se revolvió como un león moribundo y estampó un espadazo demoledor contra Drum, quien sintió como la profunda herida lo debilitaba, casi lanzándolo por los aires. Quizá había agotado demasiado pronto su energía, exponiéndose demasiado a su adversario a pesar de sus elegantes movimientos defensivos.
Pero la mediana, harta ya de esperar por un resultado, buscó un punto favorable en las defensas del monstruo... y liberó un certero virote.
El proyectil se clavó justo entre el cuello y la clavícula, con un fulminante efecto. Al hacerlo, la bestia se movió con un espasmo, a la vez que sus ojos quedaban en blanco. Tras ello, sus pies se convirtieron en gelatina, y su cuerpo se derrumbó hacia adelante con un estruendo, quedando completamente inmóvil.
Cuando la lucha hubo terminado, el grupo suspiró aliviado entre gemidos de cansancio, caminando hacia el interior de la estancia guardada.
Allí, la sorpresa sacudió parte del agotamiento al encontrar un almacén especialmente bien provisto de equipo de mejor calidad que el hallado más arriba.
Estaba claro que aquellos productos, amen de otros objetos como túnicas y enseres propios del culto, estaban destinados a miembros más prestigiosos de aquella hermandad, tejidos con mejores telas -en el caso de los ropajes-.
Mientras hacían un reconocimiento de la sala, los aventureros fueron conscientes de que junto a la misma se hallaba una habitación que se encontraba en absoluto silencio.
Sabían por los taberneros que dejaron huir al principio que se trataba de la estancia de la Hermana Uthil, sierva del líder del Culto, en cuyo caso no debería estar ocupada. Pero la prudencia hizo mella en los compañeros, pensando que, con toda probabilidad, podría contener más problemas, y lo prioritario ahora era tomarse un pequeño respiro antes de seguir adelante.
CONTINUARÁ
















































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