viernes, 4 de septiembre de 2020

CROSSOVER: EL RESURGIR DEL DRAGÓN & LA MALDICIÓN DE STRAHD - PARTE 38 - QUIEN MUEVE LOS HILOS DE LA TRAGEDIA

(La cronología de fotos no es correcta. Sólo fueron 2 horas y media de partida. Un error del reloj del portátil)
Más que magullados y compungidos, Yoreil y Xing caminaban hacia la guarnición de la Mansión de Ismark, cuando desde la calle sur subían un grupo de guardias de la ciudad preocupados por lo sucedido, encabezados por una oficial.
Momentos antes, descansando en la guarnición, rodeada de rostros que observaban a la sacerdotisa entre interesados y suspicaces, la mujer escuchó dos truenos relativamente cercanos en el tiempo hacia el norte. Uno más amortiguado, pero otro en plena calle. Supo reconocer los sonidos como la magia de Yoreil, pues aquel atardecer estaba tan despejado de nubes de tormenta como todo el día de neblina en los cielos, que no estorbaba demasiado la visibilidad.
Pertrechándose, salió a la calle en el momento en que varios soldados corrían hacia el estruendo. Sin que los vigilantes la detuviesen, la mujer corrió calle arriba. A lo lejos, la sacerdotisa, envuelta en un halo de luz en la noche que le otorgaba visibilidad, se percató de quienes se acercaban en la distancia.
Más aún, se percató de la situación en la que venían... y que traían prisioneros a tres tipos. Cuando los dos grupos se encontraron, la oficial preguntó qué estaba sucediendo, momento en que Bildrath empezó a relatar que Yoreil y Xing habían entrado a su tienda para robar sus pertenencias bajo amenazas, pertenencias que llevaban con ellos. Objetos místicos que guardaba en su alijo más privado, y que codiciaban para su uso personal. Tratando de huir con sus protectores, lo atraparon en la calle y derribaron a sus hombres y su carro, dejando a otros vigilantes contratados muertos en su tienda.

En el momento en que Yoreil mandaba callar so pena de arrepentirse al tendero, Xing explicó que ellos habían pagado los objetos, cuya cantidad exacta de pago portaban en una bolsa con el sello de Bildrath en la mano como prueba, y en otra saca los objetos comprados.
Sin embargo, la historia que Bildrath contaba distaba mucho de la realidad. Una realidad en la que fueron a investigarlo con argucias para ver qué tramaba con el pan intoxicado (que Yoreil y Xing tenían guardado a buen recaudo como prueba, mostrándolo a la oficial), además de intentar ver quién era el responsable de sus negocios tras esa intoxicación en los bienes. En resumen, quién manejaba los hilos tras él.
Yoreil apuntó que, dada la situación de usurero de Bildrath, no era de extrañar que quisiese sacar partido hasta de aquella terrible situación. Estaba claro que la villa le importaba menos que su dinero. Observando la situación, parecía que la oficial estaba algo confusa por dilucidar la verdad de aquello, así que ordenó prender a Bildrath y sus guardias.
Los llevaría a dependencias de retención en la Mansión Ismark y descansarían hasta el día siguiente para someterlos a juicio. No obstante, el grupo comentó a la oficial que podría acompañarlos en una investigación a más profundidad para averiguar más pruebas contra el tendero, caso de haberlas, y necesitaban un testigo de autoridad.
Cuando ella indicó que podía llamar a unos hombres para que los acompañasen en su lugar, Ygrein le pasó el brazo por el hombro, comentando que ella estaba de sobra capacitada para ayudar en echar un vistazo, y así tendría más a mano cualquier resolución para tomar decisiones con respecto a Bildrath, y que viese el tipo de calaña que era.
Observando de reojo a la sacerdotisa, la oficial asintió a regañadientes, acompañando a los tres aventureros. Mientras Xing la ponía en antecedentes sobre la conversación tenida con Bildrath y sus sospechas de pertenencia a alguien con más poder que le había proporcionado el pan intoxicado, además de comentar que, posiblemente, el asunto del pan sólo era la punta del iceberg sobre asuntos que seguirían una escala, de los cuales uno se desarrollaría muy pronto, el grupo llegó hasta la tienda, donde aún se encontraban los cadáveres frescos.
Allí, el grupo se situó junto a la barra, continuando la explicación a la mujer. Sin embargo, al parecer, aunque ésta deseaba prestar atención a los sólidos argumentos, algo daba la impresión de que distraía sus pensamientos, como una sensación de confusión interna... quizá tratando de valorar todos los aspectos.
Durante el transcurso de la explicación, Ygrein toma buena nota de los hechos, aplicando una generosa curación a Yoreil y Xing, quienes agradecen la mejoría de la sanación sacerdotal para continuar con más vigor la exposición.
En un momento en que la situación concluye, la oficial comenta que, dados los datos apropiados, quizá ya no es necesaria su presencia allí, y podría traer a dos soldados que clausurasen el edificio para seguir investigando al día siguiente.
Tal reticencia a la investigación empezaba a ser algo incómoda. Observando el comportamiento con cierta sospecha, Yoreil e Ygrein no se sentían a gusto con tal falta de respeto continua, pero quizá lo tardío de la noche provocaba aquel malestar hosco de la mujer. Así, Ygrein insistió una vez más en que la mujer supervisase la investigación para no dejar tabla sobre tabla en la misma. A su vez, Xing comentó que todos podían dispersarse por la tienda para buscar más pistas, antes de investigar la zona trasera de la misma.
Ygrein, manteniéndose cerca de la oficial, no la perdía de vista, pues la mujer no se molestaba en ayudar, y sólo observaba con incomodidad y dejadez a los aventureros trabajar. Por suerte, la clériga halló bajo el mostrador un libro de notas que parecía de uso más reciente que el resto, ligeramente abierto, con escritos no muy viejos.
Alentada por Xing, que había comentado que, puestos a observar el comportamiento meticuloso de Bildrath al anotar todo lo que salía de los carros de suministros, podía tener más notas y papeles comprometidos en la tienda.
Al tomar el libro Ygrein, despertó en ella un aroma a tinta fresca que entregó a Xing, y de pronto los compañeros empezaron a ojearlo. Mientras Xing detectaba ciertos comportamientos anómalos en las fechas de entrada y salida de productos, en los que, a pesar de que el negocio apenas parecía tener movimiento, había muchas entradas externas, lo que hacía sospechar que no sólo se movía dinero, sino que sus proveedores lo tenían como referencia para hacer negocios al margen de la villa. Ygrein, por su parte, se percató de que un nombre le llamó la atención, como uno de sus principales contactos de negocios: Luvash.
Molesta por saber que ese nombre le resultaba familiar, en un marco de tiempo de varios días atrás, quizás de la batalla contra los vistani y los elfos a las afueras de Krezk, no estaba segura de por dónde iban los derroteros.
Por desgracia, en esos momentos ni Xing ni Yoreil se encontraban con ella, así que no eran de gran ayuda para hallar una respuesta en ellos. Por su parte, Yoreil, que estaba menos atento a las notas del libro de cuentas, sin embargo sí que observó un extraño comportamiento en la oficial, acariciando un candil de aceite con llama encendida sujeto a la pared, para iluminar la parte del almacén en el que estaban.
Elevando la voz más de lo que debía, dijo a Xing algo como "qué hace esa tipa tonteando con eso". Ygrein, ojo avizor, se percató del respingo que la oficial dio, pensando que había sido descubierta. La sacerdotisa y el druida se percataron que arrimaba rauda el brazo a su cuerpo, con el rostro sobresaltado entre la culpa y el engaño. Sin embargo, reaccionó la clériga con rapidez, indicando "perdona, no quería incomodarte arreglándome la armadura, pero es que con el calor me molesta". Al mirar de soslayo a la oficial, al parecer la argucia tuvo efecto, relajándose la observada.
Xing, al ver que algo se estaba cociendo, pues sentía cierta tensión en el ambiente entre sus compañeros, se percató a su vez de que la oficial estaba actuando algo forzada, tratando de mantener la compostura, así que empezó a actuar acorde con esa vía de sospecha, sin saber muy bien de que se trataba.
Tirando de aquel hilo, el monje organizó una última batida por el almacén, con la excusa de encontrar algo, al tiempo que la oficial indicaba que ya era hora de clausurar aquello. No obstante, Ygrein se acercó a ella, persuasiva, para acompañarla en la continuación de la búsqueda que, de seguro, ayudaría a desentrañar el misterio de la tienda, así como tenerla controlada.
Al mismo tiempo, comenzó a acercarse a la esquina donde la mujer estaba manipulando algo en la pared. La oficial, siguiéndola con la mirada, vio como Ygrein, excusándose en que tenía calor y, ya que su luz mágica iluminaba la estancia, no era seguro tener una vela encendida... que podría destruir pruebas. En ese instante, tomó el candil, lo apagó con el guante... y se lo colgó al cinto. El sobresalto y la frustración aparecieron en el rostro de la oficial, que contenía su gesto tenso. Ygrein le preguntó qué le parecía aquella actuación, además de interesarse por saber por qué se había dirigido a aquel rincón. La oficial, en efecto, comentó que supervisaba, efectivamente, que no hubiese nadie interesado en destruir pruebas, y de ahí su deseo de llamar a sus subordinados y clausurar el lugar.
Ygrein calmó su preocupación, indicando que ya el fuego no sería el causante de ningún desastre. Mientras tanto, Yoreil, ya bastante molesto con la sospechosa actitud de la mujer, decidió ir hacia la puerta oeste del almacén, con la excusa de buscar alguna otra pista, para vigilar que el extraño comportamiento de la luchadora no la hiciese huir de allí para saber qué haría al abandonar a los aliados con esas divagaciones sospechosas.
Por fin, Xing decidió que era hora de investigar la habitación del fondo. Entrando en ella, esperó al resto.
Sin embargo, Yoreil indicó que, educadamente, esperaba que la oficial pasase para supervisar la búsqueda. Sin embargo ésta confiaba en las dotes de investigación del grupo, y decidió no entrar para no estorbar con su presencia.
Ygrein, a su espalda, la sobresaltó susurrando que no era molestia, y su presencia allí aseguraba que hiciesen bien su trabajo. En un intercambio agrio de obvias mentiras, la oficial alababa el trabajo de Ygrein, a la que podía augurar un buen destino como oficial de la guardia, a lo que la sacerdotisa agradeció la oferta, pero debía declinarla por tener que dedicarse de pleno a su labor sacerdotal... aunque la tendría en cuenta, sobre todo viniendo de ella.
Con un nuevo gesto más marcado de disgusto, la mujer avanzó hasta la habitación, escoltada por Ygrein, y cuando entró en la misma, Ygrein la acompañó, al tiempo que Yoreil se situaba frente a la puerta de acceso a la tienda.
La pequeña habitación constaba de un armario, una cama, un escritorio, una silla, una chimenea, y una puerta sólida que conducía al exterior.
Dispuesta junto a la chimenea, con el rostro convertido en un rictus de incomodidad, la oficial observó la evolución de Xing en el escritorio, quien descubrió que había cajones cerrados allí.
Ygrein, por su parte, miraba en la cama sin demasiado interés, manteniendo un ojo atento en la oficial. Así, en las pesquisas, durante unos instantes, la oficial miraba de soslayo a los aventureros, hasta que de pronto se sobresaltó, indicando que había oído algo, acercándose rápida a la puerta. Tras ella, veloz se acercó Yoreil e Ygrein se giró en su dirección. Al preguntar qué sucedía, la mujer dijo que había escuchado algo en el exterior.
Quizá alguien enviado por quien controlaba a Bildrath, para eliminar toda prueba posible de lo que estaba sucediendo allí. Y si eso era así, había que detenerlo.
Conscientes ya de la mentira, Ygrein comentó una frase de refilón: "eliminar pruebas... como con una lámpara de aceite prendiendo el lugar, ¿no?" "Exactamente", dejó escapar entre dientes con bilis la oficial, mientras se giraba hacia los aventureros.
Éstos, totalmente conscientes ya de la mentira, tratando de dilucidar qué haría a continuación la dama, no fueron conscientes de que ésta había manipulado en silencio -primero al acercarse a la puerta, y luego de espaldas a ella- la cerradura, y de pronto la soldado abrió la puerta bruscamente, escapando en la noche por un callejón trasero hacia el sur.
Sin dejarse sorprender por aquello, Ygrein se lanzó en pos de la fugitiva, arrojándole un flash de fuego sagrado, que la mujer esquivó en su huida al alcanzarla en la distancia. A su vez, conjurando palabras sagradas, de pronto un martillo negro como la noche, con la cabeza escarlata, y de aspecto fantasmagórico, corrió hacia la mujer, tratando de golpearla sin dilación, pero el impacto silbó cerca de su cabeza, agachándose la guerrera para evitar el impacto.
"¡Corred!¡Capturemos a esta perra antes de que nos cause problemas!", gritaba Ygrein en persecución de la fugitiva. Veloz como el rayo, Xing fue el primero en percatarse de lo sucedido, y a toda prisa, corrió en pos de la luz de Ygrein.
Al salir por la puerta trasera y girar a la derecha, vio a ambas mujeres corriendo una tras la otra, y esprintó hacia la perseguida. Saltando a su lado al tiempo que desenvainaba su espada mágica, de un brinco lanzó una patada que silbó junto a la cabeza de la misma, al mismo tiempo que su espada chocaba con el escudo de la oficial, logrando apenas rasguños que en sí no supondrían gran diferencia a la hora de detenerla. Aún así, tanto Ygrein como él planificaron que no deseaban causarle daño permanente, y contenían sus golpes para interrogarla si lograban vencerla.
Yoreil, detrás de Xing, se acercaba pero no lo bastante, así que invocó un poder a través de una mirada de fuego en la que sus ojos ardieron como ascuas.
Con el brillo de las brasas, la armadura de la oficial se volvió rojo vivo, causando un gruñido de sufrimiento en la mujer y un siseo al quemar el metal candente la carne de la misma.
Pero la mujer no se dejaría atrapar fácilmente, y en una maniobra arriesgada, lanzó un torbellino de espadazos sobre Ygrein, además de Xing, tratando de alejarlos de ella para huir. Aunque logró alcanzar a la sacerdotisa, el monje era un mono escurridizo imposible de golpear. Pero cuando se retiraba de la lucha, buscando una vía de escape, fue acosada por el mazo de Ygrein -cedido por Bukko- y la espada de Xing. No obstante, tales lances y golpes sólo valieron para que el escudo de la mujer rechazase uno, y su cintura evitase otro, alejándose a toda prisa. Sin embargo, la sacerdotisa de guerra no la dejaría escapar tan fácilmente.
Murmurando una oración a Dekaeler, ella y su martillo sobrenatural negro y escarlata cargaron sobre la fugitiva.

Y los golpes que la alcanzaron fueron como aplastar una lata entre un martillo y un yunque. Los demoledores impactos de mazo mágico y martillo sobrenatural hicieron escapar todo el aire de las costillas de la oficial, robándole el aliento con un crujido de sus costillas.
Aprovechando el freno instantáneo de la sacerdotisa a la fugitiva, Xing corrió nuevamente para tratar de cortarle la retirada, volando por el aire con una patada que pasó zumbando junto a la cabeza de la guerrera. Al caer, un molinete doble de la espada mágica logró que, aunque el primer lance fuese detenido por su escudo, el engaño del segundo provocase un profundo tajo en la pierna de la mujer, que gruñó con la herida.
En ese instante, abrumada por el asalto, la dama no fue consciente de que Yoreil avanzaba con los ojos como ascuas, mirando su armadura, que flameó una vez más, en esta ocasión provocando un atroz dolor con la quemadura.
Incapaz de quitarse la protección, la mujer en asado no calculaba bien sus golpes, rodeada de enemigos. Un lance, dos, tres, y su espada voló inútil de sacerdotisa a monje. En su desesperación, trató de apartarse del cerco, logrando zafarse de una nueva cuchillada de Xing y un mazo zumbador que se estrelló en su escudo por parte de la guerrera sagrada. Renqueando, debilitada, corría tratando de pedir ayuda, aunque sabía que ésta aún estaba lejos. Pero Ygrein se negaba a que aquella vil traidora se saliese con la suya, y la persecución continuó implacable. Si bien su martillo místico zumbó sin demasiado éxito al tratar de golpearla, la sacerdotisa explotó en una oleada de energía sagrada que le provocó un éxtasis de batalla en comunión con su dios. Guiado su brazo por la infalibilidad de lo divino, el mazo golpeó la espalda de la fugitiva con un feo crujido, que la arrojó chocando contra la esquina de un edificio adyacente.
La mujer, sorprendida y apenas en pie, se giró para ver a su adversaria con el fulgor divino desvaneciéndose de sus manos y ojos, y una sonrisa ávida de lucha en el rostro.
Y, como una exhalación, junto a la sacerdotisa se personó el monje, quien en un despliegue de arte combativo, fintó a la enemiga con un lance engañoso para abrir su guardia, y la segunda embestida se clavó bajo sus costillas, en un punto no vital, pero lo suficientemente dañino como para hacerla caer derrotada, con un gruñido, e inconsciente.
Mirando aquí y allá, los tres compañeros la ataron y amordazaron, llevándola de vuelta a la tienda de Bildrath.
Allí, mientras la dejaban en la cama tumbada, Xing e Ygrein trataban de forcejear sin demasiado éxito la cómoda de cajones cerrados, mientras Yoreil vigilaba la tienda por si aparecían visitantes indiscretos. Molestos, en un momento de frustración Ygrein golpeó la mesa, con tan mala fortuna que su mazo rebotó en una parte más elástica de la madera, dándole un coscorrón en la frente. Apoyándose en la silla junto al escritorio, con un gesto de la mano indicó a Xing que no se molestase en atenderla, pues estaba bien... a pesar de la frustrada furia que la invadía. Escuchando las extrañas evoluciones de sus compañeros, Yoreil se acercó a la habitación a ver qué hacían, y cuando vio lo que tramaban, pensó con claridad.
Pidiéndoles que se apartasen, introdujo una pequeña semilla en una de las cerraduras, y convocando el poder de la naturaleza, la pequeña semilla creció a una velocidad antinatural, rompiendo todo a su paso con sus poderosas raíces.
"Listo", señaló con una sonrisa el druida, ante la mirada atónita de sus dos acompañantes. En el interior del escritorio destrozado, hallaron varios fajos de papeles.
Pero, dada la situación de nerviosismo... que casi provoca a Ygrein empapar en el aceite del quinquel que llevaba atado al cinturón los mismos, haciéndolos ilegibles... después de un vistazo infructuoso, el grupo decidió hacer un fajo, guardarlo, y llevarlo con ellos... junto a la oficial... a la Mansión Ismark.
Así, mientras pensaban qué excusa pondrían con la mujer que los había acompañado a investigar el Emporio de Bildrath, se alejaron del edificio, viendo poco a poco las luces en la distancia de la Mansión... donde les esperaban, de seguro, problemas con mayúsculas.

CONTINUARÁ
Conjuros Preparados de Panit

Manos ardientes, Proyectil mágico, Agrandar (C), Armadura de mago, Esfera flamígera, Abrir cerraduras, Bola de fuego, Acelerar (C), Contraconjuro, Asolar, Transformar piedra, Muro de fuego (C), Telecinesis (C), Cono de frío

BUKKO: orden de búsqueda y captura de una ristra de ajos y una estaca para cada Aventurero

UBICACIÓN ACTUAL DE AVENTUREROS

Akon: Templo de Xion de Erekar, junto a Exezhanter

Ezmerelda, Zhia, Viktor y Savid: Huyendo por sus vidas del Castillo de Strahd. Paradero: DESCONOCIDO.

INFORMACIÓN CONSEGUIDA

Libro de Notas de Bildrath (Tratos con Luvash)

Fajo de notas de Bildrath de los cajones cerrados de su escritorio (investigación inicial fallida)

GASTO EN RECURSOS

Ygrein 53/60PG Espacios de Conjuros Gastado: 1N2 2N3 -1 Canalización Divina

Yoreil 28/49PG Espacios de Conjuros Gastado: 1N2 2N3 2N4

Xing 31/66PG Ki Gastado: TODO

TIEMPO PARA LA CONJUNCIÓN
10 Días, 7 Horas, +24 Horas de Conjunción

(24:00 p.m. en Uarowia -Noche-)

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