sábado, 10 de septiembre de 2022

CROSSOVER: EL RESURGIR DEL DRAGÓN & LA MALDICIÓN DE STRAHD - PARTE 44 - EL GATO Y EL RATÓN (& ANEXO "PIDE UN DESEO)

A través de los cielos, más allá de la Mansión Mística de Mordenkainen, un ave gigantesca se recortaba a medio día, observando al este la silueta perfilada de la monstruosa fortaleza de Strahd. Y en las profundidades del valle, la pequeña aldea de Uarowia era un punto fijo hacia el que el ave volaba. Los planes pasaban por recoger a Ygrein para presentar batalla de una vez por todas al demonio Strahd, dejando en la villa para su protección... y la de sus aldeanos... a su líder Ismark que cuidase de la actividad de vigilancia y coordinase a quienes pudiese tener bajo su mando, además de al joven Viktor para mantener un ojo sobre el Padre Donavic, y poder así establecer un pilar de fuerza en la fe en vez de una tiranía eclesiástica en Uarowia. En efecto, virando en dirección a la población, el grupo pudo observar a lo lejos que la población había vuelvo a cierta actividad controlada, pudiendo constatar que, en su mayoría, aunque parecía que se adivinaban indicios de conflicto por encontrar las carretas de Bildrath humeando en medio de la plaza, también fueron conscientes de que se celebraba una ejecución en la misma, echando al fuego los cuerpos de tres personas, con varios reos encadenados por motivos desconocidos. Entre la multitud, quien se sobresaltó al ver de nuevo a lo lejos el pájaro gigantesco acercándose a la villa, una silueta hacía señales separándose de la multitud: Ygrein llamaba la atención de los viajeros, junto a Katy, que también se separaba de la muchedumbre. Haciendo gestos a los recién llegados, éstos ni siquiera perdieron un instante en detenerse para recibir explicaciones. Simplemente, en un vuelo rasante, recogieron a Katy e Ygrein entre las garras de su montura, remontando el vuelo en un picado inverso hacia las alturas que podían observarse rumbo a los acantilados en la parte trasera de la fortaleza, dejando atrás una turba alborotada por lo sucedido. Con el viento silbando en sus oídos, el ave ascendía a gran velocidad, permitiendo percatarse a la luz del día la impresionante mole que formaba el Castillo Ravenloft, con sus extrañas marcas en los muros exteriores, en forma de gigantescos glifos sobrenaturales dibujados sobre un tapiz de tallas más pequeñas que disimulaban esa cualidad a corta distancia. En un loop para volver a descender hasta los riscos donde los lugares de reposo de Uarow y Rawenouia, el ave pasó cerca de una de las murallas almenadas, donde el grupo pudo adivinar cuatro estacas solitarias de madera, impregnadas en sangre, en cuyas bases aún podía verse fresca la sangre derramada en grandes charcos. Señalando aquel espectáculo, Yoreil llamó la atención de Bukko, quien al ver aquello recordó la carta de Viktor y las prendas de los desaparecidos.
Y su mirada se oscureció. No sólo eso. También un muchacho al que habían reclutado en aquella cruzada, con apenas la mente de un niño, se había extraviado en el castillo, y de él tampoco conocían su paradero.
Entonces, con un gesto, Xing señaló en el lateral de la montaña, donde los compañeros pudieron ver que, sorprendentemente, Strahd no se había molestado en sellar la apertura mágica que Panit había dejado en las catacumbas para escapar de ellas. Aquel túnel hacia las profundidades que no sólo no estaba cerrado... sino que a aquellas horas del día era como una temeraria invitación de Strahd de nuevo a sus dominios, para cualquiera que la aceptase.
Valerosos, furiosos y decididos, los compañeros permitieron que el ave aterrizase sobre los riscos, saltando de su lomo sin demasiado peligro a la superficie irregular de los mismos junto a las tumbas de Uarow y Rawenovia.
Con un gesto de su mano alzada, Panit retrajo la figura del ave titánica a su forma original: una ficha con una runa en forma de pluma en una de sus caras, y un encantamiento en la otra, cayendo sobre la palma extendida. Señalando el interior del pasaje, Bukko e Ygrein avanzaron con decisión, seguidos del resto de compañeros. Allí, encendiendo antorchas y luces mágicas, observaron que una manta de pelaje cubría los techos del lugar, y a la aparición del fulgor, las criaturas aladas alzaron el vuelo entre chirridos, alejándose de la luz hacia las escaleras al oeste de las criptas, espantadas por la luminosidad. Decididos a acabar con el Maldito, recorrieron de nuevo las silenciosas criptas, percibiendo Bukko con una sensación de estímulo aumentado que la maldad de Strahd -o al menos su poder- se encontraba impregnando cada lugar. Al llegar hasta las rejas de su tumba, el grupo las encontró sospechosamente abiertas... invitando al paso. Prudentes, e iluminando antes de entrar, pasaron con cuidado... sin que nada ocurriese.
Al entrar en el silencio del lugar, el grupo entonces fue consciente de todas las estructuras que en su huida no habían podido percibir la última vez que llegaron aquí, huyendo de una horda zombi y luchando contra tres elegidas vampíricas.
La bóveda de la tumba estaba surcada por pequeñas líneas de cristal como radios concentrados en el centro de la misma, brillando con una tenue luz venenosa. Donde todas confluían, una pequeña esfera cristalina palpitaba con un resplandor verdoso con el ritmo de un corazón. Según los conocimientos de Xing sobre los Peregrinos, parecía algún tipo de fuente de energía que alimentaba la cripta de Strahd para otorgarle cierto poder. Poder que Bukko sentía bajo el suelo de tierra que cubría toda la cripta alrededor del féretro, y que Ygrein escarbando descubrió que cubría casi un metro de profundidad. Al mismo tiempo, intrigados por la esfera luminosa, intentaron dilucidar de qué se trataba, y cuando Ygrein la golpeó dos veces con un virote, el objeto parpadeó apagándose por un instante, provocando que una bruma verdosa escapara de ella corroyendo a ojos vista la piedra en la que se encontraban incrustadas las viguetas de xion que canalizaban energía hacia ella.
"Deja de hacer tonterías", susurró Katy, sabiendo por su experiencia con sus compañeros que los artefactos de Xion podían destruirse con consecuencias catastróficamente explosivas si se manipulaban más. Al poco, la bruma que empezaba a cubrir la bóveda fue reabsorbida por la esfera, volviendo la luz a su pulsación normal. Intrigados por pensar si Strahd se encontraba en su féretro... un objeto que parecía estar formado por placas que se unían como un puzzle, con líneas de energía que surgían a través de unos tubos de piedra en el suelo que lo sustentaban, junto a las cuales unas runas de xion se encontraban encendidas, las cuales intentaron, junto a la propia piedra, ser destruidas por ácido, sin conseguirlo. Al ver aquellas runas, los aventureros recordaron que Strahd manifestaba unas similares en la piel de su mano y brazo izquierdos cuando convocaba ciertos... poderes... que le permitían las más sorprendentes proezas.
Estando allí, iluminados por la luz de la Espada de Andral que Bukko había activado nada más entrar en las catacumbas, de pronto la imagen de Strahd se manifestó en su propia tumba -acompañada del aumento de intensidad en la luz verdosa-, cerca de una esquina.
Como si retirase un velo invisible tras el cual se ocultase, se presentó ante los recién llegados con una sonrisa. Éstos, sobresaltados, comenzaron a prepararse para la lucha, consumiendo pociones y preparados mágicos que es permitiesen mejorar su potencial, incluyendo impregnar las manos de Xing en un brebaje que mejoraría su capacidad de lucha, o bebiendo Bukko una poción que haría a su fuerza equiparable a la de los gigantes de las montañas. Cruzando su mirada con Bukko, les explicó que se alegraba de verlos de nuevo en su morada, a pesar de haberse comportado de forma tan díscola en la última ocasión, e incluso con sus huestes. Sin embargo, no debían preocuparse, porque seguían siendo sus invitados... hasta que llegase la noche. De hecho, no deseaba luchar, sino que simplemente, y observando que eran seres capaces, inteligentes y poderosos, les permitiría marchar -salvo a Bukko, con quien le restaba una charla- haciéndoles unos regalos... cuatro, en concreto... que se encontraban en su castillo. Les permitiría seguir existiendo, pues su perseverancia era algo digno de admirar. Y él, como un caballero -a diferencia del comportamiento de sus invitados- cumpliría su promesa.
Katy expresó que quizá si les hacía aquellos regalos y les permitía marchar en realidad indicaba que los temía y sólo quería que se fuesen lo antes posible. Strahd asumió esa opción, añadiendo la posibilidad de que, simplemente, respetaba su poder, pero quería prolongar aquella lucha porque la disfrutaba demasiado. En ese momento, Bukko -aun extrañado por ver que la luz de su Espada de Andral no causaba mella alguna en la carne de Strahd- se lanzó sobre él con una oración que aceleraba sus movimientos y precisión, tratando de despedazarlo de un golpe. La espada... simplemente lo atravesó. Y Strahd rio de buena gana. Katy murmuró que lo mejor sería detenerse y dejar de prepararse para la lucha. Tenía la intuición de que el monstruo no estaba allí realmente. No obstante, su advertencia cayó en saco roto. Explicó que no esperarían que estuviese a plena luz del día esperándolos para que le diesen caza tan fácilmente. Pero añadió que si deseaban los regalos que les ofrecía, podían campar a sus anchas por su fortaleza, buscándolos. No les impediría hacerlo, pero no podía decir lo mismo de otros a quienes encontrasen en su camino. Él, por su parte, no iba a oponerse. Y, a la noche... volverían a encontrarse.
Con una risa, la imagen de Strahd desapareció, y la luz verdosa descendió en intensidad. Enfurecido, Bukko señaló el ataúd, donde esperaba que lo encontrarían. Sin embargo, ni intentos arcanos, ni estudios de mecanismo ni manipulaciones por la fuerza pudieron lograr nada. Katy, por su parte, expresaba en voz alta que Strahd de seguro no se encontraba allí, y aquel despliegue era un teatro para entretenerlos y dejarlos sin expectativas. Alguien como aquella criatura no cometería la estupidez de quedar vulnerable a plena luz del día sin un plan, y en su dominio, Strahd lo tendría todo planeado. Sin embargo, el grupo no cejó en tratar de entender aquel extraño féretro. Katy, después de estudiarlo junto a Panit, pensó en que, dada la naturaleza de Strahd y su poder para transformarse en una nube de niebla, probablemente podría hacer eso con su ataúd y colarse entre las junturas. Entonces, con un respingo, recordó que poseía una poción capaz de emular aquello, entregándosela a Yoreil para que entrara -si era posible- al ataúd, para ver qué había dentro.
Mientras tanto, cuando Xing expuso las runas a sus compañeros, Katy, Bukko y Panit volvieron a comentar que a veces, cuando Strahd manifestaba su poder, símbolos similares se dibujaban sobre la piel de su mano y brazo izquierdo. Quizá, comprendieron, podría tratarse de alguna forma de manipular a distancia aquel artefacto para no depender de su apertura directa.
Y así, mientras Ygrein descubría en los nichos oscuros al fondo de la tumba que éstos transportaban a una cripta solitaria que el grupo ya había investigado con anterioridad -en la que había otros dos nichos y una escritura de advertencia contra los mortales para no pasar-, Yorei penetró en la tumba. En su interior, además de percibir que estaba acomodado y era relativamente espacioso -y vacío-, la parte interna de la "tapa" disponía de una extraña colección de glifos, relieves móviles y runas que, al salir como bruma del cofre y explicar lo que había visto, Xing y Panit comprendieron que se trataba de algún tipo de código mágico que permitía controlar a distancia manifestaciones de su poder. Quizá órdenes mágicas que liberaban conjuros o afectaban a otros lugares de la fortaleza del Peregrino. Sin embargo, cuando a Yoreil se le indicó que podía haberse solidificado en la tumba, éste comentó que entonces no podría haber salido. Pensando que la tumba suponía un desafío, el druida en un arrebato dijo que el resto del grupo se apartase, e intentó manipular con su poder crudo la piedra de las piezas de la misma. Pero al intentarlo, la luz pulsante de la sala aumentó su intensidad, y una especie de resistencia mística impidió la alteración del féretro, causando un gran agotamiento momentáneo al druida. Mientras los compañeros hablaban sobre qué hacer con la tumba, Ygrein volvió a utilizar el transportador mágico -un método útil para entrar y salir de la tumba sin activar lo que consideraban los compañeros trampas a la entrada de la misma-. Y, tras ella, Xing avanzó intrigado, apareciendo junto a la sacerdotisa con un flash verdoso.
Con ambos encerrados en aquella cripta, de pronto Xing sintió que una fuerza impía lo aferraba por el pie. Al mismo tiempo que una escarcha cubría su pierna, la fuerza vital del hombre lo abandonaba, causándole un dolor atroz. Al iluminar el suelo de la cripta, ambos observaron como una mano pálida se fundía con el suelo, apartándose.
Preocupados, ambos manipularon la puerta de piedra de la cripta, al mismo tiempo que el resto del grupo, sintiendo la tardanza de sus compañeros, barajó la opción de marcharse y que los alcanzasen por el camino. Al salir, Katy escuchó el movimiento en una cripta cercana. Con una sospecha, se acercó sigilosa, viendo salir de ella a Ygrein y Xing, dolorido éste en su pierna y preocupada la sacerdotisa. Al parecer, habían sufrido el azote de una criatura como un fantasma que robaba la vida. Preocupados, se alejaron de la tumba de Strahd, viajando hacia el norte de las catacumbas para buscar una salida de allí. En el trayecto, la voz de Strahd se filtró desde ningún lugar, indicando que, por su perseverancia, merecían un adelanto de lo que suponían sus tesoros. Entonces, de la nada se filtró la voz de Parrywimple, aterrado de encontrarse en aquel castillo con un hombre malvado que lo asustaba y no le permitía descansar. Necesitaba de la ayuda de sus amigos, y se sentía muy solo. Con una risa, Strahd cortó la comunicación, explicando que posiblemente era hora de que se diesen prisa en encontrar a su amigo. Pues Strahd empezaba a tener hambre. Al llegar al otro lado, se plantaron frente a la última gran cripta por explorar, la cual ojeó Yoreil en estado brumoso para asegurarse de que no había peligro.
Acto seguido, Bukko con su poderosa fuerza alzó la pesada y sólida reja que cubría la entrada. Sorprendentemente, aquella cripta poseía una estructura similar a la de Strahd, con una bóveda de viguetas curvadas de xion sobre la superficie, convergentes en el centro, donde se adosaba una esfera de cristal. Pero en aquel silencioso y tranquilo lugar, ni la bóveda ni el ataúd de piedra blanca de piezas encajadas tenían el extraño fulgor verdoso de la energía que alimentaba la fortaleza. Además, no había tierra sobre el suelo de complejos dibujos arcanos. No sólo eso.
Junto al ataúd parecía haber unas inscripciones en el lenguaje de la magia que parecían proteger un ataúd que no disponía de mecanismo activo de apertura o cierre, tan sólo custodiado por tres nichos con enormes estatuas en ellos. Las imágenes representaban a una mujer (con un letrero elaborado en plata sobre el marco del nicho que rezaba Rawenovia) hermosa de rasgos regios a la derecha. A un hombre de porte noble y poderoso (con otro letrero de nombre Uarow)... y un nicho central con los rasgos de Strahd... aunque sin el aspecto extraño de la piel en el lado izquierdo de su rostro o su mano siniestra... y con un letrero sobre ella: Strahd. Posiblemente, aquella sería la "tumba" del Peregrino Sergei.
Con Xing e Ygrein estudiando las estatuas, y concluyendo que eran constructos inanimados sin energía -menos mal-, a la vez que el monje se apartaba de allí para leer los letreros dorados de la tumba, Ygrein trataba de derribar el constructo de Rawenovia. Y con ello, de nuevo una mano espectral surgió de las sombras del nicho, arrojando tres ondas de energía explosiva sobre la sacerdotisa. La andanada pilló a todos por sorpresa al ver que la clériga volaba por los aires aterrizando cerca de la tumba, con humo en su pecho. Sobresaltados, preguntaron por lo sucedido.
Al ser informados, los compañeros mostraron mayor nerviosismo por desear abandonar aquel lugar o tratar de hallar a Strahd finalmente. Intrigado por aquella tumba, Bukko recordó por parte de Panit que aquella tumba podía ser el lugar de reposo de Sergei, el Peregrino que comenzó el experimento sobre Tatyana en el pasada y que hacía unos días abrió una brecha planaria gracias a parte del Xion almacenado por Panit para rescatar a Ireena de aquella prisión. Tratando de esforzarse en abrir por la fuerza aquella tumba que no poseía energía alimentándola, al posar sus dedos sobre ella y empezar a tirar de sus junturas, progresivamente sintió que una energía en su interior brotaba en forma de fulgor dorado que se mezclaba con la piedra blanca, provocando que ésta se abriese poco a poco. Al desensamblarse todas sus partes, la tumba mostró un interior similar al que Yoreil había visto en la tumba de Strahd, aunque los relieves de la parte interna eran menos complejos y abundantes que la otra... junto con una hermosa armadura de aspecto brillante y plateado. Su imagen inmaculada dejaba clara su naturaleza inherentemente mágica, además de los ribetes y estructuras de xion grabados sobre el mithril que formaba la misma. El exquisito trabajo era admirado por todos los presentes, creyendo durante un instante que se trataba de una trampa. Pero, ya que los aventureros deseaban marchar de allí, y con el aliciente de Ygrein y los ataques de Strahd, necesitaban poner en orden sus prioridades. Estudiando la pauta de Strahd, fueron conscientes de que si se mantenían demasiado tiempo inactivos en un lugar -aproximadamente unos 10 minutos- éste les dejaría caer una desagradable sorpresa. Y, como Katy bien decía, si Strahd era lo bastante listo como poderoso mostraba, al estar jugando en casa, no haría ninguna estupidez como revelarse a plena luz del día para ser vapuleado por los aventureros. Esperaría el momento propicio de acabar con aquel juego del gato y el ratón, y caer sobre ellos con todas sus fuerzas. Furioso, Bukko blasfemó una plegaria a Waroui, e indicó que necesitaba retirarse a rezar al único lugar verdaderamente seguro en todo aquel castillo, como era la tumba de los primeros Peregrinos de Uarowia.
Por su parte, Panit lo acompañaría después de seguir estudiando los mecanismos inactivos de la posible tumba de Sergei. Sin comprender en parte aquel comportamiento tan encelado con la destrucción de Strahd, a pesar de haber escuchado la leyenda de la Espada del Sol, el resto de los aventureros se marcharon ojeando los planos de la fortaleza, hasta llegar a lo que suponían era una entrada a otra zona de las catacumbas, camuflada como la puerta de una cripta.
Con Yoreil revoloteando brumoso a su alrededor, Xing e Ygrein abrieron con cierto esfuerzo la misma, encontrando un pasaje de apenas metro ochenta de altura al otro lado, cubierto de bruma, la cual se espesaba en el suelo. Por seguridad, Yoreil avanzó el primero, perdiéndose rápidamente en la niebla. Tras él, Xing avanzaba unos pasos ante Ygrein, seguidos en la distancia por Katy.
Recorriendo un tramo entre la bruma, en mitad del recorrido, de pronto el entrenado tacto del monje se percató de una variación en el suelo de piedra que pisaba, deteniendo el avance del resto. Katy, estudiando la zona, se percató de que se trataba de una placa de presión que pivotaba hacia abajo, formando la tapa de una trampa de foso que después se retraía. Estaba claro que, debido a su ausencia de peso, Yoreil a la cabeza no la había activado.
Así, estudiando el mecanismo, Katy logró fijar las junturas de los bordes de la plancha con resistentes cuñas. Cuando se aseguró de que no revestía peligro, siguieron su avance con antorchas en mano hasta el final del pasillo.
Allí, cuanto más avanzaban hacia una esquina que giraba al sur para descender por un amplio tramo de escalones, oyeron que un hombre sufría como si lo torturasen: el bueno de Parri.
Sobresaltados, avanzaron hasta las escaleras, bloqueadas al final por una recia puerta metálica de doble hoja, con una cerradura que Katy descubrió completamente abierta. Pero antes de avanzar, escucharon pasos pesados al otro lado, momento en que confiaron en el avance de Yoreil como bruma para atravesar en parte la puerta por la rendija y observar más allá.
Lo que allí vio le dejó helado: dos monstruosidades metálicas mecánicas se dedicaban a acosar y golpear a un Parry encadenado a un estrado en el centro de una habitación abovedada, a cuyos lados este y oeste se encontraban dos nichos con unas extrañas construcciones metálicas parecidas a jaulas, cuyas barras parecían formar ciertas espigas que coincidían en recorrido con áreas de brazos y piernas de los gigantes mecánicos.
La habitación estaba iluminada por dos esferas luminosas de color verdoso adosadas sobre las jaulas, las cuales chisporroteaban eventualmente con pequeños arcos de energía del mismo color. Además, un cadáver putrefacto había sido colocado a modo de macabro espectador en cada esquina de la estancia, para observar a su siguiente "acompañante" en la eternidad de la muerte, acosado por los gigantes mecánicos.
Sin reparar en otros accesos a la habitación, Yoreil se marchó. Retirándose e informando de la situación, el grupo trazó un plan y lo puso en marcha. Abriendo una de las puertas por sorpresa, después de convocar magia potenciadora sobre el arco de Katy, Ygrein se colocó frente a la puerta en posición defensiva.
Al abrirse la misma, Yoreil convocó un monstruoso ser de fuego que apareció en la habitación, caminando hacia uno de los gigantes metálicos. A pesar de su velocidad, cuando la bestia de fuego estrelló sus llamas contra el brazo del constructo, éste se sacudió el impacto sin inmutarse. Al mismo tiempo, Katy disparaba -inofensiva- una andanada de flechas contra el otro constructo, pero cada impacto hizo rebotar sin éxito las flechas contra el metal.
En ese momento, Xing saltó a la velocidad del rayo sobre el monstruo metálico flecheado y, sorprendentemente, como un torbellino de espadas y puños, su velocidad sobrehumana descargó precisos impactos y aguijonazos en la estructura de la criatura, haciendo chisporrotear sus junturas y provocando sonidos de piezas desmontadas en su interior. Dicha velocidad pilló tan de sorpresa a los seres que ni siquiera Parry fue consciente que acudían a su rescate. Entonces, de nuevo la rapidez de Katy se impuso, cambiando su arco por una hermosa daga fabricada por artesanía Peregrina, saltando sobre el monstruo que Xing acosaba.
Tal rapidez se vio recompensada alcanzando un costado de la criatura en el área de la cintura. Allí, la profundidad del corte causado por la poderosa arma permitió destrozar una parte de la maquinaria interna, causando que el constructo vacilara por un momento, lo suficiente como para que Xing descargase una nueva tanda de golpes certeros, causando nuevas perforaciones y contusiones en la estructura metálica, con evidentes signos de que sufría castigo, por el comportamiento a veces inapropiado del ser. Brincando fuera de la lucha, Katy evitó ser aplastada por un inmenso puño metálico. A lo lejos, controlando la situación, Ygrein gritó al cielo por ayuda divina, descargando una explosión de llamas sagradas en el mecanismo atacado por Katy y Xing. El fuego envolvió la estructura, provocando nuevas sacudidas y pequeñas explosiones en su interior. Y al lado de la explosión, la sacerdotisa manifestó un enorme mazo místico encarnado que lanzó un imponente impacto contra la criatura mecánica, abollando su superficie. Pero en su molestia, los monstruos que acosaban a Parry, quien agradeció entre lágrimas la llegada de sus amigos y les pedía acabar con sus carceleros, a la vez que los animaba con su espíritu aún sin quebrar, avanzaron hacia la criatura de fuego y Xing. Éste, aunque sitió el viento surcar cerca, movido por uno de los puños que casi lo alcanza, fue derribado por otro demoledor puñetazo que lo hizo estrellarse contra la pared, sintiendo que el aire le faltaba en los pulmones, viendo pequeñas lucecitas delante de su rostro.
Por otro lado, el segundo ser metálico aplastó con una palmada sonora parte del cuerpo en llamas de la criatura que lo atacaba, deshaciendo una porción de fuego.
En venganza, la criatura intentó alcanzarlo sin éxito, pues sus llamas volaban aquí y allá junto al mecanismo, el cual se apartaba de ellas sin esfuerzo. Por su parte, Yoreil se acercó a la lucha para estudiar las cadenas de Parry y pensar cómo librarlo de ellas.
En una nueva andanada de impactos, esta vez Xing sintió que sus ataques no eran tan eficaces, a la vez que Katy de nuevo se escurría al lado del monje para provocar otro profundo tajo en la criatura que derramó un extraño líquido verde espeso por el suelo -merced a un grito de batalla sagrado que impregnó en la líder criminal de El Jade, por parte de su guardaespaldas, el cual la imbuyó de una precisión sobrenatural-, dejando colgar varias hebras de material flexible a través del corte. Con su mismo movimiento, la asesina rodó sobre sí misma para apartarse de un pisotón que la habría dejado pegada en el suelo. Justo cuando ella se apartaba, Ygrein cargó contra el monstruo. Escudo y martillo en ristre, la sacerdotisa golpeó con su martillo en el torax del monstruo, percibiendo que éste rebotaba inocuo en las mismas, al tiempo que su martillo místico castigaba por el otro lado al ser con algo más -poco- de éxito, remachando en exceso algunos de los apliques del autómata. Éste, en respuesta a la agresión, bajó sus puños para aplastar a Xing e Ygrein. Sin embargo, el monje se apartó esta vez de la trayectoria por un pelo, mientras que Ygrein hincó rodilla en tierra al absorber el impacto con su escudo, indemne aunque con el hombro del escudo dolorido.
En el otro lado, una nueva palmada de acero dispersó casi la mayoría de las llamas del elemental de fuego que acosaba al gólem, y aunque aún quedaba algo de energía en él, no era rival para el mecanismo monstruoso, como demostró una vez más al intentar responder sin éxito con sus puños de fuego. Por tercera vez Katy se movió como un relámpago, pero esta vez su daga mágica sólo sacó chispas chirriantes del costado de la criatura, momento en que se alejó de ella con agilidad hacia la entrada a la habitación de los monstruos, al mismo tiempo que Xing volvía a tratar de acosas a la criatura a golpe de espada y puño, causando en esta ocasión poco efecto con sus impactos. A pesar de todo, el ser mecánico parecía tener mayor dificultad para actuar, y se observaba ya que empezaba a acusar el daño. Ygrein, ante la criatura, la señaló para el castigo de los cielos, cayendo sobre el monstruo una llama mística. Pero en esta ocasión, con un gesto de su manaza, golpeó el fuego sagrado, deshaciéndolo. Y, por su parte, el martillo sobrenatural que revoloteaba junto al mecanismo sólo provocaba golpes sonoros e inocentes en sus endurecidas placas. En esta ocasión, un segundo puñetazo alcanzó a Xing, a la vez que un primer impacto castigó el cuerpo de Ygrein, siendo estampados los dos contra el suelo con un estruendo. Aquella lucha era una batalla de titanes que empezaban a dudar en si lograrían vencer. En ese momento, de un papirotazo, el golem que luchaba contra el engendro de fuego lo disipó en el aire, avanzando hacia Yoreil quien, confiado, pensaba en no ser objeto del impacto de la criatura con su aspecto brumoso. Pero el mecanismo simplemente dejó caer su puño, y la esencia brumosa sintió todo el peso del dolor causado por el mismo. Yoreil acusó mal el golpe. Permanecía en pie... pero muy dolorido.
Y en ese momento, se sobrevino la catástrofe. A pesar de los múltiples -y exitosos- intentos de reducir a una de las dos criaturas, ya maltrecha, loas circunstancias giraron en que, por más que Xing e Ygrein castigaban sin descanso a la criatura a su lado, ésta se revolvía causando más daño, mientras Katy, tajo tras tajo, intentaban causar daño a la otra monstruosidad que se encontraba delante de la puerta, intentando desmontar a bofetadas a Yoreil. Éste, por su parte, desmaterializó su aspecto brumoso para jalear a Parry a que se liberase de sus cadenas, infundiéndole parte del poder de la naturaleza, y el muchacho respondió arrancando las cadenas que lo aferraban al suelo para unirse entusiasmado a la lucha, golpeando al gólem que abofeteaba al druida. En ese instante, al tiempo que Ygrein convocaba el poder de los cielos, con una horda de espíritus sagrados castigando sin piedad a las criaturas... y robando con ello el encantamiento mágico al arco de Katy, mientras el monje y la pícara atacaban a sus respectivos adversarios, mientras el monstruo al que la sacerdotisa y el monje atacaban caía destrozado por los guardianes celestiales, el otro exhaló una andanada de veneno que derribó de muerte al pobre Xing, y casi a punto estuvo de lograr lo propio con Ygrein, que tosía abrumada por el hedor y la toxina. En ese momento, la cadena de acontecimientos pasó por una andanada de ataques y retiradas relámpago al monstruo restante, al mismo tiempo que Xing era curado por pociones mágicas. Mientras Yoreil golpeaba con su bastón místico y un poderoso impacto en el segundo gólem, éste lo alcanzaba con otro letal impacto que lo dejó casi muerto. A pesar de su estado, el druida sanó las heridas de Ygrein, pues su poder sería más necesario en un tiempo cercano, a la vez que tomaba un reconstituyente mágico para recobrarse de algunas heridas. Metido en la refriega, con Katy siendo apoyada desde lejos por Parry, el cual golpeaba con acierto -pero poco éxito- al gólem, la asesina acuchillaba sin descanso a la criatura, dejando salir sólo chispas de sus impactos, maldiciendo por la mala fortuna de no hallar un punto débil. Y mientras tanto Xing de nuevo fue tumbado por otro golpe demoledor, a la vez que Ygrein se libraba de un puñetazo por los pelos, desviando parte del golpe con su escudo. Yoreil, espantado por el curso que estaba tomando aquella batalla, materializó cuatro enormes osos blancos y los lanzó contra la criatura metálica.
Aquello dio un respiro a los aliados que lograron levantar de nuevo a Xing con más reconstituyentes mágicos, a la vez que Ygrein castigaba sin descanso con explosiones de energía sagrada y su martillo volador al autómata -a veces de forma demoledora y en otros momentos inútilmente-. Por su parte, el guerrero mecánico, que había sufrido una abrumadora carga de los osos -quienes no habían hecho demasiada mella en su estructura- partió en dos a uno de ellos con una descomunal espada que descolgó de su espalda, molesto ya por el cariz de la batalla. Sobresaltados por el brutal ataque, los compañeros arrecieron una vez más en su empuje contra la criatura, golpeando sin descanso, esquivando y cayendo ante sus ataques, para levantarse de nuevo merced a los reconstituyentes mágicos que consumían a cada momento.
Poder a poder, impacto a impacto, las fuerzas abandonaban a los héroes a la velocidad a la que el ser las mermaba con su espada. En un intento desesperado por deshacer su fuerza, Yoreil desconvocó a los osos para tratar de fundir el metal de la criatura con su poder. Sin embargo, la horrenda naturaleza místico-mecánica del ser absorbió dicho poder, recomponiendo sus mecanismos, mejorando un poco su efectividad.
Pero en un momento, Katy al fin logró conectar dos poderosos impactos en las tripas mecánicas del monstruo, a la vez que Ygrein lo acosaba con su martillo místico, sus explosiones sagradas y sus guardianes espirituales, arrancando pieza a pieza, así como Xing se mantenía amoratado e incansable en su plétora de impactos. En una revuelta de efectividad, el mecanismo aplastó contra el suelo a Yoreil, dejándolo moribundo, a la vez que nuevamente zumbaba un espadazo incapaz sobre la cabeza de Xing. Entonces, en una última carga desesperada, a la vez que Katy retorcía su puñal mágico en las entrañas del monstruo, provocando explosiones, pérdida de líquido y sacudidas de energía, Xing conectó un final puñetazo en el centro del pecho de la criatura, donde al parecer se mantenía activa la energía que animaba a la criatura, momento en que, con un temblor y un zumbido, el monstruo se quedó paralizado... y cayó desplomado al suelo con un estruendo.
Entre lágrimas de alegría, Parry se reunía con sus amigos contando el terror de haberse quedado solo en el castillo, siendo atrapado por el monstruo del mismo.
Y, sanando las heridas de Yoreil hasta que recuperó la consciencia, el grupo de aventureros, reunido con el muchacho, decidió que quizá debían recuperar la fuerza del grupo, volviendo con Panit y Bukko... y pensando que, aunque Parry había vuelto a su lado, aún quedaban tres compañeros perdidos en las entrañas del Castillo de Strahd: Ezmerelda, Savid y Zhia. ¿Cual habría sido su destino? ¿Cumpliría Strahd su promesa? Más peligroso aún... ¿cumplió su amenaza?
CONTINUARÁ
AMPLIACIÓN DE SESIÓN
Reuniéndose en retirada con Bukko y Panit, los compañeros traían consigo una pequeña esperanza de su incursión: el joven Parrywimple. Sorprendidos, mientras escuchaban la historia de su captura, Ygrein sanaba cuantas heridas podía de sus compañeros, bendiciéndolos con una protección especial que les concedería mayor aguante en su próxima lucha. Viendo que el pobre Parry sólo portaba con él las cadenas que utilizó en la anterior lucha, Ygrein le cedió la Maza de Alarma de Bukko, así como la Coraza de Xion y Mithril hallada en el féretro de Reposo del Peregrino Sergei. El joven Parry comentó que, reunido con Zhia, Ezmerelda y Savid, mientras el resto del grupo huía como podía sobrecargando el ave gigante mágica, los cuatro rezagados pensaron en salir por el paso que habían encontrado hacia la planta principal del castillo. Sin embargo una extraña bruma envolvió los pasillos, impidiendo prácticamente toda visibilidad a más de un metro de distancia unos de otros. Parry, perdiendo a sus compañeros, comenzó a vagar por el castillo cuando la niebla se disipó, viendo que se encontraba solo al suceder ésto. Escondiéndose de algunos monstruos y aplastando otros, finalmente un señor elegante al que habían visto antes, y que era bastante convincente, le pidió que lo acompañara para que aguardase al resto de sus amigos a que fuesen a buscarlo. Él lo protegería. Sin embargo, después de un paseo en el que Parry no recordó muy bien por dónde pasaba, se vió encadenado sobre un estrado, cercado por dos gigantes metálicos que chisporroteaban y hacían ruidos extraños, los cuales empezaron a asustarlo y pegarle, aunque no lo bastante como para hacerle un daño muy feo. Sin embargo, después de que Parry se deshiciese en llanto y súplicas para que sus amigos lo rescatasen o el hombre malo lo soltase, se quedó dormido. Para cuando se despertó, el castigo continuó durante un par de días. A pesar de que le daban algo de comer y beber, el castigo físico y mental era inagotable, con el hombre malo a veces riéndose ante la paliza de los monstruos metálicos. Así fue hasta que, por fin, sus amigos lo rescataron, con gran riesgo por sus vidas... llevándolo hasta el resto de amigos y la chica guapa (Ygrein). Valorando las posibilidades de continuar su incursión, a pesar de su cansancio y recursos consumidos, el grupo tuvo en cuenta la advertencia de Katy en la que, bajo su punto de vista, Strahd era lo bastante astuto y poderoso como para continuar una guerra de desgaste, dado su poder, durante todo el tiempo que fuese de día, para devastar a los aventureros. De hecho, aquella idea tomó mayor peso cuando, mientras el grupo recuperaba sus heridas y era informado de la desaparición de Ezmerelda, Savid y Zhia, una espesa niebla empezó a formarse por el suelo de toda el área, como presagio ominoso de una fuerza maligna aproximándose.
Enfurecidos, tomaron una decisión drástica.
Volviendo a Uarowia en ave gigante, prácticamente haciendo un descenso en "ala delta" a la base de la montaña, allí se encontraron una agradable sorpresa: su incursión al asentamiento vistani había erradicado la maldición de control emocional y mental de los habitantes, quienes fueron conscientes de que habían sufrido una extraña "histeria colectiva" en contra de los aventureros. Incluso Donavic, orgulloso y altivo, pidió disculpas por su comportamiento, sintiéndose mancillado por la corrupción de Strahd, la cual dejaba de sentir en el templo, gracias al trabajo del joven Viktor quien, al mismo tiempo, lo había librado de dicha corrupcción con una hábil maniobra con agua bendita. Agradeciendo la ayuda a distancia, y preguntando qué podía hacer la población por ellos, Ismark informó de que la situación estaba controlada y la población había sido organizada para una guerra de resistencia en caso absolutamente necesario. Sin embargo, el grupo tenía una petición diferente a Ismark, para que éste realmente pudiese proteger de forma definitiva a su villa:
usarían el Último Deseo de su Hoja Afortunada.
Asombrado por tal decisión, Ismark consultó si aquello era buena idea, recibiendo una respuesta firme y directa: Strahd saldría de su madriguera de forma obligatoria antes de que acabase el día, y lo aplastarían o morirían en el intento.
Así, en una larga reunión que requirió el estudio apropiado del Deseo que formularían, dada la magnitud de lo que se iría a solicitar, Panit fue consciente de que necesitaría una enorme cantidad mágica para estabilizar la estructura de la realidad, pues en caso contrario el poder liberado desestabilizaría el mundo en el que se encontraban de tal manera que el tejido mágico podría arrasarlo todo.
Después de un largo período de redacción, estudio, desechado y confirmación de solicitudes, el grupo explicó a Ismark el sacrificio personal que tendría que hacer a la hora de formular el Deseo, incluyendo la debilidad que sufriría, para la que precisaría atención médica apropiada. Viktor y Donavic indicaron que ellos se ocuparían del asunto.
Así pues, estructurando de forma precisa su deseo, Ismark tomó los pergaminos en los que había sido convenientemente redactado, y alzó la espada sobre su cabeza, pronunciando el largo texto en voz alta, con voz firme, clara, y sin titubeos.
En ese instante, las rocas de xion que formaban un círculo en el suelo alrededor de Ismark comenzaron a pulsar con pura energía, al mismo tiempo que la hoja de la espada se volvía blanca por un brillo interior. De pronto, unos finos arcos de luz volaron desde el xion a la hoja de la espada, deshaciéndose en polvo de arena los propios daditos de xion recopilados por Panit. Un suave temblor sacudió el suelo de la aldea. Cuando la energía se condensó en la hoja, ésta aumentó su fulgor de tal manera que era imposible mirarla directamente. Una explosión de luz lanzó un rayo de energía hacia los cielos desde la espada... y por un momento el tejido de la realidad se rasgó, mostrando la verdad:
el propio cielo se abrió en una fisura planaria, a través de la que todos los presentes (pues se había recomendado que toda la población y vigilantes se refugiasen en el templo, la mansión de Ismark o la posada antes del ritual) vieron que, tras las nubes y la bruma celestes se ocultaba el techo de una caverna de proporciones titánicas, tan grandes que era imposible de calcular. La fisura duró unos instantes, tras los cuales se cerró.
A los pocos segundos, una segunda fisura se abrió momentáneamente sobre la fortaleza de Strahd, cayendo sobre la misma un rayo de luz, tras el cual se cerró con la misma rapidez. En el silencio, la montaña vibró. El aire alrededor de la misma sufrió una sacudida. De pronto, un estallido de luz brotó del castillo, brillante y momentáneo. Tras la luz, a pesar de que la estructura no parecía haber sufrido ningún daño, una silueta brumosa se dibujó en el aire alrededor del castillo, expandiéndose rápidamente como una onda expansiva.
El aire resonó con un zumbido creciente. La onda arrastraba el viento como un vendaval. Algunos árboles volaban por los aires, el polvo se sacudía en torbellinos... y al alcanzar la aldea, un huracán abofeteó el mundo. Techos de madera volaban por doquier, gritos de terror se escuchaban con la furia de la magia desatada. Los propios aventureros fueron lanzados por los aires, rodando por el suelo mientras sus oídos sufrían una presión increíble. La onda pasó a través de ellos como la ola de un maremoto, alejándose en la distancia, provocando situaciones similares en la lejanía, aunque disipándose poco a poco cuanto más se alejaba del castillo, dejando el cielo completamente despejado. Al alzar la mirada hacia el castillo, el grupo vio que su deseo se había cumplido: pidieron que toda la materia sobre la que se encontraba la tumba de Strahd, féretro y estructuras de xion incluidas, hasta alcanzar el suelo del patio de armas por encima, en un área perfecta que encajase con el techo de la tumba se convirtiese en un torrente de agua bendita que inundase la tumba y las catacumbas de la fortaleza. Al mismo tiempo, el deseo incluía una segunda abertura en la que la materia -en horizontal- del muro más cercano al risco del castillo por el que ya habían entrado y salido gracias a un conjuro de Panit que abrió un pasaje en la roca, se transformase en aire -un espacio tan ancho y alto como la pared de la tumba por la que accederían gracias a su gigante Ave transporte-. Así, cuando el deseo se vio cumplido, de pronto la presión de la masa de agua sobre la tumba brotó a través del hueco en el lateral de la misma como una momentánea cascada, liberando toneladas de agua bendita sobre el paisaje. Quizá una parte de dicha agua se filtró a través de la puerta enrejada de la tumba... pero las leyes naturales prevalecieron allí donde los cálculos al pedir tal transformación de la realidad habían fallado. Anonadados, pero satisfechos de que el deseo no hubiese provocado una catástrofe, se dispusieron a cabalgar de nuevo en ave hacia el castillo, dejando atrás como protección a Ygrein quien, junto a Viktor y Donavic, cuidarían de Ismark, que había caído derrumbado, con las manos humeantes, y la espada mágica a su lado, la cual ahora parecía mucho más vulgar. Tal desgaste de poder había convertido al nuevo burgomaestre en un alfeñique que, si bien con el paso de los días recuperaría su fuerza, en aquel momento ni siquiera era capaz de mantenerse en pie. Entonces, al convocar el ave gigante, y con el poder de Yoreil transformándolo en un águila enorme para cargar a Xing, el grupo se percató de que, desde el castillo, se formaba otro prodigio que ya habían observado antes: desde la torre más alta, un relámpago verde brotó con un chasquido atronador, golpeando el cielo. Al hacerlo, las nubes empezaron a condensarse alrededor del lugar donde había alcanzado la energía, formando a ojos vista una capa de nubes cada vez más densa y oscura, surcada por doquier por pequeños relámpagos verdosos que ocultaba la luz del día. "Es el momento. No podemos esperar más", alzó la voz Bukko. Así, cargando a través de los cielos, los aventureros volaban hacia el hueco de entrada que habían fabricado con el poder liberado del mismo tejido de la magia.
Aterrizando allí, observaron el suelo de la oquedad perfectamente rectangular hacia el interior llena de tierra lavada por el agua, húmedo todo el pasaje, goteante. Entrando en la tumba de Strahd, lo único que quedaba allí era un cubo rectangular perfecto, carente de todo artefacto... incluyendo los nichos de magia transportadora, que habían sido encajados en el rectángulo de la destrucción. Iluminados por la Espada de Andral y su poderosa luz, los aventureros miraron hacia el techo de la tumba. Donde hacía unas horas se desplegaba una compleja estructura de artefactos Peregrinos, ahora se abría hasta decenas de metros hacia la superficie del patio de armas del castillo un corte rectangular perfecto. En las paredes del mismo, pequeños puntos de luz verdosas por distintas zonas quedaban al descubierto, chisporroteando levemente escapes de energía mágica del xion que había sido reducido a la nada... y fue en aquel instante cuando, a la luz de la Espada, el grupo se percató de que, unos 12 metros más hacia arriba, en un espacio que no aparecía en los planos obtenidos de la fortaleza de Strahd... se abría un área desconocida, mucho mayor que la tumba. ¿Qué sería aquél lugar? ¿Un laboratorio secreto donde el Peregrino preparase su momento en la Conjunción? ¿Un sitio seguro más allá del conocimiento de cualquier siervo? A pesar del desconocimiento, Bukko alzó la Espada de Andral y gritó:
¡¡STRAHD!!
El guante del desafío había sido lanzado.
CONTINUARÁ
MOMENTO DE LA CONJUNCIÓN
8 Días, 15 Horas, 5 Minutos - +24 Horas de Conjunción
(16:55 p.m. en Catacumbas de Strahd)

No hay comentarios:

Publicar un comentario