
En su tempestuosa discusión sobre el juicio de Bildrath, Xing y Yoreil aún se mantenían en la duda sobre tantas cosas que podían plantear para ayudar en aquel momento de inflexión sobre abordar la limpieza de Uarowia o, a expensas de ello, cargar de cabeza sobre Strahd sin pensar en las consecuencias de aquellas personas y su destino. E incluso en aquel momento, la sabiduría de Mordenkainen, tras haberse aclarado su mente, a pesar de su reticencia a la confrontación, sería de gran ayuda en lidiar con todo el asunto. Quién sino alguien con su poder podría otorgar un enfoque mucho más disciplinado en su experiencia de viajes entre mundos y planos ajenos a Voldor, y más concretamente a aquella prisión de brumas. Durante el profundo pensamiento de Xing, de pronto la sensación de haberse convertido en el foco de una extraña voluntad lo hizo volver al mundo físico. Al mirar a Yoreil, éste le observaba confuso, mirando a su alrededor, momento en que una espesa niebla se alzaba por toda la habitación, devorando el entorno y atrapando sus figuras, dejando que sólo ellos fuesen conscientes el uno del otro.
Aquella niebla de nuevo.
Pero, en esta revelación que se atenazaba al alma, otro aspecto de aquella realidad etérea se dejó entrever: envueltas en la densidad de la bruma, pequeñas chispas doradas apenas visibles por la cantidad de flujo blanquecino a veces resplandecían, dando en su totalidad a la niebla un aspecto iridiscente, casi irreal.
De pronto, sus pies ya no pisaban suelo firme, sino una superficie esponjosa más suave, como tierra levemente húmeda, y a sus narices alcanzaba el verdadero aroma de la humedad, el marjal y la tierra pantanosa, junto a una suave brisa que apenas salía de su estancamiento, momento en que el mundo a su alrededor pasaba de ser una umbra blanca a un lugar de formas y tamaños que se hacían poco a poco más presentes, como árboles, arbustos y jirones profundos de bruma.
Así, la niebla se apartaba y volvía más normal, en el momento en que ambos sentían la humedad de la misma en sus pieles, y sus ropas empezaban a empaparse un poco. Habían llegado a los aledaños de un pantano. Aunque era de día, el cielo se adivinaba pálido sobre sus cabezas, con un suave sol como una esfera blanca entre la capa continua de bruma bajo el astro. Sobre un camino, más allá de los 35 metros de distancia, la visión era apenas un amago de lo que había traído aquí a los aventureros: un muro de niebla. Sin embargo, a lo lejos parecían adivinarse construcciones imposibles de identificar. Bajos tocones de terreno rectangular en algunos casos, y una corriente suave de agua cuyo liviano rumor hacía entender que avanzaba despacio.
Desconociendo qué rumbo tomar, qué día u hora era, los compañeros comenzaron su avance siguiendo el camino bajo sus pies. A ambos lados, la tierra era húmeda y de vegetación espesa y pantanosa al sur, y más tierra esponjosa y pocas manchas de plantas al norte.
Su avance pasaba por pequeños y rápidos reconocimientos del terreno que Xing hacía guiado por la aguda visión de Yoreil. El camino continuaba incansable hacia el sudoeste, y el terreno se espesaba aún más en vegetación y humedad.
De pronto, al sur de su posición, más allá de la espesa nieblas, una luz casi imperceptible se agitaba entre unas enormes sombras. Pensando que podría ser una ilusión, aún así Xing se arriesgó a tomar una antorcha y encenderla, haciendo señas -después de que Yoreil le tapase la boca ante intentar la imprudencia de vocear en aquel silencio para llamar la atención de la luz-. Cual no fue la sorpresa de los viajeros, cuando la luz en la distancia contestó, lo cual suponía una presencia inteligente que la guiaba... o eso esperaban.
Apagando la antorcha, siguieron un rumbo hacia el sudoeste por el camino hasta que encontraron un área cercana a lo que parecía un ancho río, el cual, en efecto, avanzaba manso, apenas sin fuerza ni sospechosos remolinos que pudiesen succionar a un viajero hacia las profundidades.
Yoreil, haciendo gala de sus conocimientos, fabricó una balsa funcional con largas hojas húmedas, tiras de corteza frescas, gruesas ramas y juncos flexibles, hasta conseguir una superficie decente sobre la que las pertenencias de ambos pudiesen flotar por encima del agua mientras ellos las empujaban.
Sorprendentemente, uno de los objetos mágicos de Xing le permitió una liviandad y velocidad por el agua que aligeró mucho el camino, logrando sin incidentes alcanzar la otra orilla que a tan larga distancia se adivinaba (no menos de 45 metros en el cruce más recto).
Ya en el otro lado, se pertrecharon con prudencia, avanzando hacia la luz que se agitaba de vez en cuando, como esperando atraer a alguien.
La prudencia también les hizo avanzar sigilosos, después de apagar la antorcha de Xing apenas consumida al otro lado del manso río, hasta que ambos alcanzaron a adivinar que la silueta sosteniendo la luz se encontraba cercada por unos enormes cuerpos sombríos que la ocultaban de ser vista si no lo deseaba.
A una distancia suficiente, y dado que en aquella orilla la niebla no estaba tan presente, el druida se percató de que quien sostenía la lámpara era una mujer. Una dama con aspecto de campesina... rodeada de varias hileras de círculos concéntricos hechos de rocas ancestrales, a modo de representación sangrada antigua.
En silencio, llegando hasta el rango de su luz, los viajeros sobresaltaron a la mujer, que dio unos pasos atrás, preguntando de quién se trataba.
Ambos explicaron que habían respondido a la llamada de la luz desde el camino norte, y deseaban saber quién era ella.
La mujer, sorprendida en un principio, les preguntó qué les había llevado allí, a lo que los compañeros, someramente, le comentaron que habían llegado a través de la bruma desde el pueblo de Uarowia, donde estaban atendiendo a asuntos personales, pero de repente la bruma los dejó abandonados en medio de la nada. Preocupada, la mujer los observaba con cierta suspicacia sana. Antes de seguir hablando, la mujer realizó un dibujo en el suelo, preguntando si lo reconocían, a lo que ambos respondieron con una sincera negativa. La mujer suspiró, comentando que, en ese caso, el aspecto del elfo no resultaba tan preocupante. La mujer se presentó como Muriel Vinshaw, recibiendo la presentación a su vez de los recién llegados, y les indicó que no llamasen mucho la atención, pues en caso contrario Baba Lysaga vendría a por ellos. Extrañados por aquel nombre, Xing sólo dedujo por sus conocimientos que estaba hablando de una vieja mujer de las leyendas que devoraba niños, a lo que la dama lo corrigió, comentando que Baba Lysaga era un espíritu legendario que habitaba en las marismas después de que la tragedia de la inundación de Berez, que es como se llamaba el pueblo en ruinas al noroeste del círculo de piedras, destruyese la villa. Al preguntar por aquel nombre, la mujer explicó que se trataba de una encarnación con aspecto de bruja, viviendo en una cabaña en mitad de la aldea. Cuando no se encontraba allí, surcaba los cielos sobre un cráneo gigante mágico, y era cuando había que tener más cuidado de no quedar al descubierto. Preocupados por saber más de aquella bruja, escucharon a Muriel indicarles que, si por alguna locura se les ocurría continuar por aquella pantanosa zona, caminar por Berez era peligroso, pues Baba había creado unos terribles espantapájaros que servían al monstruo para protegerlo y vigilar su morada. Eran su "alarma mágica" particular. De hecho, no sólo se trataba de eso, sino que, por desgracia, a veces los enviaba a atacar las tierras de los Martikov, los bodegueros de El Mago de los Vinos. Al parecer, los bodegueros habían forjado una rencilla con el monstruo que éste o perdonaría fácilmente. Por suerte, hacía unos días, unos aventureros consiguieron liberar a los Martikov del yugo de una invasión de druidas que servían al Demonio Strahd, permitiéndoles recuperar el control de sus tierras. Al menos, un rayo de esperanza, y no como en aquella ciénaga gobernada por una bruja comecabras, que encerraba a los pobres animales en una cerca junto a las ruinas de una mansión. Intrigados por la historia, pues era harto similar a la escuchada a la compañía de Bukko, Panit y Katy, los aventureros estudiaron más a conciencia a la mujer, a la que Xing vio un curioso anillo de acero y plata en su mano, el cual tenía inscritas extrañas runas sobrenaturales junto a un símbolo de Andral.
Por su parte, Yoreil quedó fascinado con las rocas que se encontraban en el círculo interno del área, totalmente convencido que se encontraba en un círculo druídico, cuya fuerza ancestral dormida todavía latía en lo profundo de la tierra. Sobre las rocas, símbolos de animales tallados y glifos ancestrales adornaban las ocho principales del círculo interior: a saber un oso, un alce, un halcón, una cabra, un búho, una pantera, un cuervo, y un lobo.
Absorbido por el poder y la santidad del lugar, sólo reaccionó cuando Xing le dio un suave tirón mientras hablaba con la mujer, a la que comenzó a explicar las andanzas de la compañía a la que se habían unido, incluyendo la incursión al Castillo de Strahd, lo cual asombró a la dama, además de la derrota de los druidas del Mago de los Vinos y la erradicación de un grupo de druidas malignos adoradores de Strahd cerca de los viñedos -colina que la mujer explicó era el lugar que representaba el dibujo esquemático, y que mostró a los recién llegados, en especial a Yoreil por su aspecto druídico-.
Después, al explicar que ni su aspecto élfico, diferente al de los Bastarre, ni sus modales como druida, la hicieron asociarlo a éstos, pudo relajarse un poco.
Y, al saber de la liberación de los Martikov, explicó que ella era una miembro de su familia, y se sintió muy alegre al conocer los hechos, además de quedar sorprendida al ver el símbolo de Andral en el cuello de Yoreil, pues los druidas solían adorar a la tierra y a la luna con más asiduidad.
Yoreil, entonces, explicó que su afiliación al sol formaba parte de las fuerzas de la naturaleza que le conferían su poder, al mismo tiempo que Xing identificaba el anillo como un objeto arcano con capacidades de Polimorfismo (NOTA del DJ: Andral, al verse servido con honor por los Karasu de la región de Uarowia en su lucha contra el Peregrino Strahd, les confirió un regalo familiar en forma de anillos que les permitían Polimorfarse en Cuervo o Humano cada ciertos momentos del día, para pasar desapercibidos entre los mortales y no verse señalados como los Mensajeros del Sol). Fascinada por la historia de los recién llegados, éstos le preguntaron dos cosas. Primera, qué día y hora eran (coincidiendo en que se trataba exactamente del mismo día en que habían sido arrancados de Uarowia, y la hora era algo más tarde, coincidiendo con el tiempo pasado desde su llegada allí). Y segunda, por qué espiaba las ruinas, a lo que ella comentó que necesitaba saber las intenciones reales de Baba Lysaga para con su familia. Satisfechos por el momento, los compañeros decidieron reposar en el círculo druídico -el cual empezó a estudiar Yoreil sin mucho éxito inicial-, aunque no harían fuego, compartiendo turnos de vigilancia con Muriel. Ésta les indicó que, posiblemente, al llegar la noche, se marcharía, pero trataría de vigilar su descanso el tiempo que pudiese. Así, antes de llegada la noche, la mujer informó que terminaba su última guardia para vigilarlos, y se adentraba en las brumas formadas por el río hacia el nordeste. Unos momentos después, un ave alzaba el vuelo en el silencio de la madrugada. Bien entrada la noche, por fin los compañeros despertaron y decidieron que, si había una razón para que las brumas los hubiesen llevado allí, era hora de averiguarlo. Sin haber encendido hoguera, se sentían algo húmedos y entumecidos, pero al menos habían podido descansar relativamente tranquilos de asaltos y molestias -a pesar de estar preocupados con lo que estaría sucediendo en Uarowia al saber sus compañeros que habían desaparecido-.
No pensando en preocupaciones lejanas en ese momento, Fueron a por la balsa, cruzaron el río en dirección recta hacia las ruinas de Berez, y tras atracar en la otra orilla, Yoreil decidió deshacer la balsa para no dejar rastro.
Caminando hacia el camino que nuevamente podía verse recorriendo paralelo la orilla del río, atrás dejaban un tramo de camino desaparecido bajo un lodazal, por lo que podían caminar con relativa rapidez en vez de hundir sus rodillas en barro que enlenteciese sus pasos. Y, mientras caminaban, ya que la niebla era tan densa, Xing se arriesgó a encender una antorcha para iluminar, pues la propia densidad de la bruma también los protegía a ellos de ser descubiertos, aunque la ató a un bastón improvisado en el extremo, con la otra punta afilada para, en caso de combatir, poder clavarla en el suelo y no depender de ella. Así, en el camino, los aventureros se adentraron en lo que parecía una estrecha calle cercada por los restos de parcelas de muretes bajos de piedra ruinosos, con cabañas que apenas podían reconocerse como construcciones útiles, aunque algunas se mantenían en pie. De pronto, Yoreil afinó sus ojos, señalando más adelante en el camino.
Allí, al parecer, un hombre con una capa con capucha, apoyándose sobre un bastón, y sujetando en la otra mano algo que parecía una caja estrecha, caminaba lentamente, como dubitativo de si aquél era el camino que debía tomar. Curiosos por la presencia de aquella persona solitaria, aunque prudentes como hasta ahora -caminando en silencio y con cuidado-, se acercaron a cierta velocidad -mayor que la del caminante-, hasta que éste se giró, como si hubiese percibido su llegada.
Mientras Xing era incapaz de percatarse de sus rasgos a la distancia a la que aún se encontraban, por su parte Yoreil tragó saliva, aunque mantuvo la compostura: aquello "parecía" un hombre... salvo que no poseía en absoluto rostro. Allí donde ojos, nariz, boca o cabello deberían estar, sólo había una piel tersa sin rasgos rodeando una cabeza de proporciones humanas. Y lo más extraño es que la silueta portaba un bastón hecho de bruma concentrada, y en su otra mano llevaba algo parecido a una caja del tamaño de un libro... o quizá era el amago de un enorme libro... también hecha de niebla espesa.
Al dudar sobre la criatura, Yoreil hizo a Xing extrañarse, y el monje avanzó con decisión. Sin embargo, al llegar a distancia de visibilidad para su antorcha, con un escalofrío retrocedió unos pasos, espantado ante aquella visión que parecía un fantasma. El ente los observaba con curiosidad, y al ver que se interesaban por él, empezó a gesticular. Interpretando sus gestos en mayor o menor medida, Xing y Yoreil entendieron que no recordaba cómo había llegado allí, pero que tenía que estar, pues era imperativo. Curiosos por su aspecto, ambos recordaron que aquel ente se parecía, en rasgos generales... a Mordenkainen, el mago al que Bukko había logrado recobrar su cordura, y quien les contó la fatídica batalla con Strahd guiando a una comitiva de héroes, pero fue derrotado y perdió su bastón de mago y su grimorio de conjuros. Intrigados, pronto comprendieron que quizá aquella criatura era una emanación perdida de la conciencia de Mordenkainen -como así parecía ser, pues el ente reaccionaba como si aquel nombre le resultara familiar-, y quizá su vínculo místico con los objetos perdidos le había llevado hasta aquí para buscarlos. Al preguntarle por ello, el ser de pronto señaló en una dirección hacia el oeste.
Y hacia donde la criatura mostraba, en la lejanía sólo Yoreil pudo distinguir muy lejos una diminuta mota de luz de lo que podía ser una construcción habitada, aunque no estaba muy seguro.
Compartiendo con Xing la información, el monje supuso que, quizá, los objetos perdidos estaban allí, pues estaba claro que la representación los echaba en falta, sustituyéndolos por una ilusión brumosa que suplía su ausencia.
Comprendiendo cual era su cometido -en apariencia-, los compañeros decidieron seguirlo -a una prudente distancia, por deseo expreso de Xing, a quien el fulgor fantasmal de la figura no se le antojaba agradable-. La figura caminaba -fluía- a una velocidad normal, hasta que, entre un grupo de casas, ambos viajeros percibieron que algo los acechaba. Entonces, bajo la tierra y tras los muros, seis monstruosidades de carne enjuta y piel pálida, con grandes dientes afilados y negros, lenguas largas y finas, y garras enormes y oscuras los observaron hambrientas, gimiendo de anticipación al salivar, goteando un negro icor por sus garras. Ajeno a todo, el ente espectral continuó su camino a una velocidad más lenta, ignorado por las criaturas que saltaron sobre Yoreil y Xing, como si no existiese.
La velocidad del ataque abrumó a los compañeros, quienes se vieron superados en número y rodeados de veloces garras negras. Donde las criaturas más poderosas parecían gruñir y emitir gañidos para dar órdenes a las más delgadas, a su vez emitían una nube de hedor que revolvía el estómago. Si bien Yoreil fue capaz de desviar los ataques con fintas y su bastón, resistiendo el peste de dos de los monstruos más fuertes, Xing fue incapaz de cerrar la boca antes de sucumbir al mismo, mareándose con su efecto. Aquel error le hizo sufrir un rasguño de las criaturas, no antes de que, mientras se acercaban, clavase su antorcha-bastón en el suelo para dejar libres ambas manos.
Viéndose superado en número, Yoreil convocó la furia del trueno, y una explosión surgida de sus manos lanzó por los aires a las tres bestias entre chillidos y trozos de carne putrefacta fuertemente sacudidos por la magia, al tiempo que se acercaba a Xing para presentar un frente unido, y gritaba a "Mordenkainen" que se protegiese, a lo que éste hizo caso omiso y continuó su lento avance hacia el oeste.
Xing, a pesar de sus nauseas, dominó su cuerpo lo bastante como para entrar en trance de combate, acelerando su cuerpo hasta acuchillar con una serie de peligrosas estocadas junto a una poderosa patada en el esternón al monstruo que lo había dejado en tal estado de aturdimiento.
Las criaturas, furiosas por la inesperada respuesta, renovaron su ataque por doquier, lanzando tajos aquí y allá con sus garras. Y, si bien Xing parecía no sólo ser una brizna al viento, imposible de alcanzar, recuperándose de su malestar a pesar del hedor, Yoreil sufrió un rasguño en su pecho, donde sintió que el icor oscuro trataba de paralizar su cuerpo sin éxito. Convocando el poder del fuego en sus manos, hizo estallar una espada ígnea que agitó amenazador -pero inútil- frente a los monstruos, que se sobresaltaron por el despliegue de poder, pero arreciaron una nueva carga. No obstante, Xing aprovechó el fulgor ígneo para comenzar una letal danza de cuchillas con su espada, atravesando el pecho y cortando la cabeza de uno de los monstruos más fuertes, y mientras éste caía decapitado al suelo como un fardo, la pierna del monje se disparaba en una patada ascendente que hacía chocar ambas mandíbulas de uno de los monstruos más débiles a su lado con un chasquido doloroso.
En una nueva oleada de furia, algunos monstruos rodearon a Yoreil. Aunque uno de los más poderosos fue incapaz de clavar sus garras en él, y su hedor no doblegaba al elfo, bastó para distraerlo de un flanco, donde el segundo monstro desgarró sus hombros tratando de apresarlo. La sangre se mezclaba con el veneno que se hacía inútil a la constitución del druida, pero el dolor era ya peligroso. Por su parte, la gracia de Xing lo hacía inmune a garrazos y mordiscos, que sólo encontraban aire en vez de carne. En un nuevo despliegue de intimidación, Yoreil ondeaba aquí y allá su hoja de fuego, pero el temor hacía a los monstruos retroceder, apartándose ilesos de las llamas. Por su parte, la imposible gracia de Xing lo convirtió en una tormenta de espadas, puños y pies. Incrustando la hoja de su espada mágica en la garganta de uno de los monstruos que intentaba atacarlo sin éxito, le arrancó de la existencia después de haberlo destripado con otro tajo. Y mientras el monstruo quedaba inerte en el suelo, un molinete de pies avanzaba implacable hacia el otro monstruo más poderoso junto a Yoreil. De dos implacables talonazos el cráneo de la criatura crujió con un feo sonido, pero a la bestia todavía le quedaban fuerzas, a pesar de que sus ojos bailaban por los impactos. Y el "espíritu Mago" seguía su camino impasible.
Presionando con cólera por los camaradas caídos, aunque una garra encontró un brazo de Xing, arrancando piel en surcos sanguinolentos, el veneno oscuro fue incapaz de hacer mella gracias al férreo entrenamiento monástico, mientras que la táctica de flanqueo de las criaturas seguía apabullando a Yoreil, que esta vez sintió su costado desgarrado por un lacerante dolor. No obstante, su espada ígnea por fin lamió la carne impía de uno de los monstruos junto a él, dejando un negro surco de humo y carne abrasada junto a un profundo chillido de dolor. Por su parte, Xing afinaba cada vez más sus técnicas de lucha, hasta el punto en que una cuchillada de su espada atravesó el cráneo de otro ser que acosaba con sus garras a Yoreil, y en una maniobra de tormenta de ataques, en un momento un puño quebró la mandíbula de un atacante a su espalda, a la vez que una patada le hundió el esternón, y su espada lo atravesó por un ojo. Con un espasmo, la criatura se desmoronó como una marioneta sin hilos, en silencio.
Frenéticos, líder monstruosos y esbirro fiel, cuyo único objetivo más cercano era Yoreil, se abalanzaron en un festín de garras que golpeó por ambos flancos al elfo, haciéndolo sangrar en pecho y espalda sin piedad, a pesar de que el veneno oscuro de las mismas no lograba su propósito. Los devoradores de cadáveres se veían más frustrados que satisfechos, aunque la violencia de sus ataques perturbaba tanto al druida que era incapaz de golpearlos con su espada de fuego, asolado por el sufrimiento. Sin embargo, con una pirueta digna de un gimnasta, Xing cayó entre ambas criaturas mientras descargaba un tajo descendente en una de ellas que le separaba un hombro del tronco. Con un gemido de dolor, el monstruo miró al monje en un amago de terror, momento en que éste le separó la cabeza del cuello de un tajo. En un giro fulgurante, abofeteó con el revés de su mano en la mandíbula a la criatura que había quedado a su espalda, con tanta violencia que la patada que le lanzaba acto seguido al rostro no halló objetivo, pues había hecho retroceder con una sacudida al monstruo del primer impacto.
Enfurecido, el monstruo enfocó sus esfuerzos en el recién llegado, pero la agilidad del mismo convirtió su ferocidad en frustración al apartarse con facilidad del alcance de sus garras. Y así, mientras intentaba desgarrar al monje, el druida le seccionaba un brazo, cauterizando la carne muerta con el fuego de su espada llameante, a la vez que el monje lo terminaba de despachar con un puñetazo que le hundió el rostro en el cráneo, haciéndolo caer de culo sobre el camino, y después quedar despatarrado de espaldas.
Con un gesto furioso, Xing arrancó la estaca-antorcha del suelo, y junto a Yoreil, que trataba de curar parte de sus heridas con su magia, ambos siguieron al lento espíritu mágico en su avance, iluminados por una antorcha y una espada de fuego.
Pero, ep. Xing fue práctico y volvió sobre sus pasos rápidamente para recoger las menudencias que las criaturas poseyesen de utilidad entre sus harapos, y luego se reencontró con Yoreil unos metros más adelante de donde lo había dejado, con el fantasma cada vez más lento.
El extraño comportamiento del ser etéreo sorprendió a los compañeros, hasta que la criatura se desvaneció en un jirón de niebla, como si nunca hubiese existido o no tuviese fuerzas para permanecer anclado a aquel lugar, a pesar de que su avance era claro.
Las luces hacia el oeste eran su destino, y el de Yoreil y Xing... después de tomarse un pequeño descanso para recuperar las fuerzas, restablecer la energía mágica, y reequilibrar el ki... al tiempo que la espada de fuego en la mano del druida se desvanecía poco a poco.

Estudiada en ese momento con minuciosidad, y viendo su evolución, de pronto Xing fue consciente de un aspecto de la misma: no era natural. No era húmeda, fría u olía como la niebla normal. Sus retazos se movían con patrones que desafiaban la cordura, pero tenían un motivo. Penetrando aún más en aquellas espirales y volutas, Xing ahondó en los conocimientos de los Peregrinos, recordando de pronto dos hechos fundamentales: La Dimensión Oscura y el Reino de las Sombras. Aquella naturaleza etérea le era tan familiar a aquellos aspectos de la misma existencia que en lo profundo de su ser le aterraban.

Abrazado al hecho de una naturaleza absolutamente planaria para aquél fenómeno, el monje fue sacado de su ensimismamiento por Yoreil, que lo sacudía brevemente y le informaba que aquél suceso no le era del todo desconocido.














































CONTINUARÁ
Tiempo: pasando de las 12:30, (02:25) de la madrugada siguiente
DGolpe Gastados
Yoreil 4D
Xing 1D
Yoreil Recuperación Natural (4N de Espacios Recuperados, para un total de Energía Mágica completa)
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