viernes, 7 de agosto de 2020

D&D 5ed - AguaProfunda - El Refugio de las Conspiraciones Oscuras - ACTO II - Sesión IV - Veda Abierta

A pesar de los intentos de planificación en el refugio de retiro rural de Yagra, la noche atrapó a los aventureros quienes, finalmente, se fueron a dormir con la tensión acumulada del día, que tenía que ser liberada descansando frente a la chimenea sobre varias pieles extendidas por el suelo. Desde luego, un techo confortable y una buena hoguera eran mejores que el insalubre almacén abandonado que llevaban utilizando desde hacía relativamente poco, para asegurarse no ser objetivo de la búsqueda Zhentarim. A la mañana siguiente, quiso la oportunidad que olfateasen el desayuno en la mesa del espacioso y polvoriento salón (salvo la propia mesa, limpiada aquella misma mañana), donde Yagra les había dejado una nota, en la que comentaba que había salido a arreglar unos asuntos y volvería a media tarde. Caso de que aceptasen el encargo que les había propuesto con respecto al centro de información secreto de la Red Negra en el Distrito Sureño, si se marchaban mientras ella no había regresado, esperaba que le dejasen una nota a pie de página en aquel mismo pergamino sobre la aceptación del mismo y sus condiciones. Pensando en que, en realidad, la caza del hombre que la Red Negra había organizado sobre Yagra también los había salpicado de alguna manera por haberla sacado de la ciudad e incluso haberla salvado del ataque de la Cofradía de Xanathar, la verdad es que si el asunto iba a implicar pegarles una patada en el culo y sacar tajada... quizá mereciese la pena hacerse incluso con sus papeles y utilizarlos más adelante en provecho propio. Posiblemente, los contactos de Idris en la ciudad podría ayudar a encontrar a los Magos Rojos jóvenes que habían sobrevivido al ataque de la mañana anterior, y su apoyo táctico sería de ayuda... pero, claro. Su intervención seguramente requería -aunque debían un favor a los aventureros- que los muchachos sintiesen la tentación de hacerlo por algo más que pagar una deuda a unos desconocidos, así que barajar la opción de entregarles los documentos de la Red Negra en vez de quemarlos como les había pedido Yagra pasaba por una opción un tanto dudosa. Independientemente de aquello, estar en el refugio de Yagra ya suponía un problema para sus propios planes, y la idea de un sórdido almacén abandonado se antojaba más interesante que seguir en aquel caserón abandonado. Por lo tanto, urgía un plan para volver a la ciudad.
Ideando realizar una pequeña cacería para volver con "carne de presa" para sus señores, los "campesinos" tenían que acceder, en principio, a dicha carne, así que Valam se fue de cacería. Cuando volvió prácticamente a la 1 de la tarde, después de haber pasado casi 4 horas en el bosque cercano al caserío, consigo traía en parihuelas improvisadas un tierno cervatillo... y un enorme toro de las praderas.
Con los ojos abiertos como platos, el grupo miró a Valam, que se encogió de hombros comentando que si querían caza mayor, es lo poco que había logrado conseguir. Llevándose las manos a la cara, Idris calculó las opciones para pasar con aquel mostrenco muerto por el alcázar que vigilaba la muralla externa de la Puerta Sur, cuando recordó que Marton les había dejado un "documento de propiedad" como siervos de la Casa Zhay en el Distrito del Castillo, documento que podrían aprovechar para volver de su trabajo. Así, preparando la vieja carreta y dejando los aperos de labranza en el refugio de la semiorca, el grupo se dispuso a volver a la ciudad, sabiendo que les quedaba un largo camino hasta la muralla.
Cuando prácticamente las 6 de la tarde rondaban el cielo, los aventureros se percataron en la distancia que el trasiego hacia las puertas de AguaProfunda comenzaba su periplo de regreso de los labradores, hortelanos y granjeros de las tierras de la urbe.
Aprovechando el flujo hacia el interior, el grupo se acercó con confianza y su enorme cacería. Cerca de la entrada al alcázar, un sorprendido Guardia de la ciudad (que no era del mismo turno que les había permitido salir el día anterior) los detuvo, preguntando cual era el motivo de traer aquellas enormes piezas a la ciudad.

Mientras Valam explicaba que se trataba de un encargo de sus señores para provisión de la casa, el Guardia preguntó si habían pagado las tasas de cacería, a lo que Idris presentó el documento Zhayino que les había dejado paso hacia el exterior el día anterior. Al ver el sello del documento, el Guardia realizó un gesto preocupado, comentando a los aventureros que, lamentablemente, tenía que informarles de que uno de los miembros de dicha casa había fallecido en un asalto la mañana anterior, y la guardia estaba investigando el asunto. "Sorprendidos", los "trabajadores" preguntaron qué había sucedido, porque ellos habían salido el día anterior para la cacería y no sabían lo sucedido. El Guardia explicó que, según los jóvenes implicados, unos desconocidos los asaltaron, matando a un compañero, pero por suerte otros desconocidos los ayudaron a solventar ese problema. Así, la Guardia buscaba a los responsables del asalto que habían salvado a los muchachos, para cerrar la investigación del asunto ya que, habían ayudado a frenar un asalto, se había producido un altercado con muerte y los Magistrados debían entender si había motivo de castigo o una simple notificación de trifulca callejera con diferentes consecuencias.

Apenados y agradecidos por la información, los "trabajadores" continuaron su camino, no sin antes Valam regalar una pierna de cervatillo al Guardia por sus noticias. Éste indicó que no necesitaba regalos, pues sólo hacía su trabajo. Sin embargo, Valam insistió indicando que un buen despelleje y especiado haría las delicias del turno cuando pudiesen cocinarlo. Era lo menos que podía hacer por, al menos, haberles informado. Dándoles las gracias, el Guardia les permitió continuar.
Ya en las puertas abiertas de la Puerta Sur, los aventureros se percataron de que la presencia de Guardia era bastante abundante, preguntando aquí y allá en grupos, al parecer por el asunto relativo al percance del día anterior.
 
De hecho, un oficial bastante elegante, de gesto hosco y altivo, supervisaba las preguntas, enviando con gestos a uno y otro lado a los diferentes Guardias para que detuviesen a la población entrante y comenzasen una rueda de preguntas.
Preocupados porque aquello les supusiese un problema, los aventureros decidieron desviarse hacia el lado sur de la Avenida del Dragón, para internarse en las callejuelas del lado más apartado del Distrito del Puerto.
Sin embargo, al hacerlo, aunque Valam y Chen lograron adelantarse sin ser vistos entre la muchedumbre, unos guardias detuvieron a Idris y Kurgan para hacer algunas preguntas sobre si habían visto algo la mañana anterior en la Avenida del Dragón. Idris explicó que volvían de un encargo de la Casa Zhay para llevar carne de presa a sus alacenas, así que no estaba al corriente de lo sucedido. Kurgan, por su parte, parecía confuso sobre lo que le estaban preguntando.

En ese momento, uno de los guardias observó al enano, comentando que, según parecía, alguien vio a un grupo de personas marchándose del asalto tras la muerte de los asaltantes, una de las cuales era un enano. Preguntando si sabía algo al respecto, el intelecto no demasiado agudo del enano por suerte fue suficiente como para, al ver que se expresaba pobremente sobre el desconocimiento del asunto y el encargo que tenían que realizar, el guardia al parecer dejó de prestarle atención, centrándose ambos Guardias en Idris, progresivamente más nerviosa. Cuando le explicaron la situación, Idris escuchó la situación, tras lo que explicó que ellos pertenecían a la Casa del muchacho asesinado, por lo que los Guardias les dieron el pésame por la muerte. Sin embargo, tomaron sus datos -falsos- para dirigirse a la Casa Zhay si tenían más preguntas, tras lo que dejaron marchar a la pareja... aunque uno de los Guardias dio unos pasos tranquilos en dirección a por donde se perdían entre los callejones, frotándose la barbilla, pensativo, antes de que el oficial llamase a su compañero y a él mismo para continuar la investigación.

Desde una esquina, ocultos en las sombras, Valam y Chen miraban con preocupación y reproche a Idris y Kurgan, haciendo gestos de que había prisa y no podían entretenerse. Protestando por los reproches, el grupo pasó por una modesta tienda de carnes, tras cuyo edificio una gran chimenea expulsaba suavemente una columna de humo gris, cuyo nombre rezaba: Casa Ahumada.
Pensando que debían deshacerse de las piezas de caza antes de llamar más la atención, entraron en la tienda, donde un inmenso humano calvo de fornidos brazos y voz que revelaba una cierta inteligencia lenta de reflejos se limpiaba las manos llenas de sangre y grasa con un trapo lleno de restos secos de flujos animales. Al recibirlos y ver las presas que traían, se sorprendió de que negociasen con él para venderle la carne -y el carrito con sobre el que venía- por un precio justo y una buena pieza de carne para comer. Saliendo de la tienda con 8kg de carne precocida y especiada y unas cuantas monedas de oro, los compañeros se felicitaron porque también se habían deshecho de una carreta que podría identificarles como los participantes de la trifulca de la mañana del día anterior.
Cuidando sus movimientos por el área más cercana al puerto, y tratando de que éstos fuesen meditados, el grupo se adentró en un callejón bastante amplio en el que podía observarse una elegante mansión con una alta torreta en el mismo -cosa sorprendente en aquel lugar-, momento en que todos fueron conscientes -salvo Kurgan, que sólo tenía sentidos para la carne especiada- de que en los tejados colindantes, un cuarteto de extraños seguía a los aventureros con la vista, preparándose para cuando pasasen cerca de ellos.
Pero la atención de los aventureros les permitió prever una emboscada. En el momento en que los emboscadores asomaban para observar a los recién llegados, uno de ellos -apostado sobre la torre de la mansión- recibió un disparo de Valam, quien luego buscó cobertura bajo el soportal del mismo edificio al que había disparado.

Por su parte, Idris trató de trepar en la acera contraria por el lateral del edificio usando las ventanas de sus plantas para intentar alcanzar el tejado, pero uno de sus pies falló el apoyo, momento en que tampoco su mano le permitió aferrarse a un punto que impidiese la caída, recibiendo un doloroso impacto en los talones al llegar al suelo, maldiciendo con ello. Por su parte, Chen también abrió fuego hacia la torreta, aprovechando que el tirador había quedado expuesto, alcanzándole en un hombro mientras el hombre se ocultaba, seriamente dolorido, acercándose al cazador hasta apoyarse contra la pared que le ofrecía cobertura contra los tiros desde las alturas.
Kurgan, por su parte, miraba asombrado a uno y otro lado por el despliegue a su alrededor que había dejado en segundo plano a su olfato, aunque demasiado tarde, pues desde los tejados -con más pena que gloria en el caso de un torpe mediano que resbaló del agarre de una cuerda que le había permitido subir al techo de la mansión y se estrelló contra el suelo, aunque sin llegar a morir por ello- tres asaltadores -dos elfos y un mediano- cayeron al suelo, tratando de acabar con la vida del grupo que marchaba para ocultarse en su ya respetado almacén abandonado -de hecho, a pesar de la torpe caída del mediano, éste tuvo tiempo de cruzar daga contra escudo de Kurgan, molestando más que dañando al enano-. Valam aprovechó que los emboscadores habían caído al otro lado de la calle para abrir fuego sobre uno de ellos y atravesarle el muslo, retirándose hacia una esquina opuesta al torreón, buscando cobertura de aquellos disparos peligrosos desde las alturas, como demostró momentos antes el tirador abrir fuego sobre Kurgan, aunque éste apenas tuvo problema en detener la flecha con su escudo -sorprendido incluso en la situación-.
Idris, intercambiando un choque de espadas con su atacante más cercano recién aterrizado, al ver que su embite no tenía éxito, se retiró a la defensiva junto a Chen, buscando una posición más táctica. En ese momento, Kurgan se enfureció por haber sido apartado de sus apetitos, cargando contra el enano con un gruñido de cólera, enterrando su hacha en el hombro del mismo mientras farfullaba "nadie-me-molesta-cuando-tengo-hambre". Chen, igualmente, volvió a aprovechar su ventaja táctica de ver acercarse de lejos al enemigo al que Valam había alcanzado de un flechazo, disparando a su vez para entorpecer su avance con otra flecha bien clavada en la armadura de su abdomen.
En ese momento, nuevamente desde las alturas una flecha inútil voló hacia Kurgan, que apartó el cuello para dejar que ésta volase más allá de su posición, al mismo tiempo que uno de los emboscadores -un elfo de rasgos maliciosos- se acercó a toda velocidad, tratando de trabarse en combate con el enano, aunque éste hizo un volatín con su hacha frente a sí mismo, apartando el estoque del elfo de su maligna trayectoria. Sin embargo, aquel engaño le costó recibir una puñalada por la espalda del mediano, quien aunque hurgó con fuerza en las costillas de su adversario, sólo consiguió un quejido iracundo que lo puso en atención de su enemigo... a pesar del veneno inyectado en las venas gracias a la cuchillada.
En otro lugar, otro elfo taimado se acercaba a toda prisa para trabarse en liza con Chen, ignorando a la elfa que había huido de él y su compañero, a pesar de que los lances del enemigo sólo hallaron una esquiva cintura que se apartaba de ellos en el guerrero humano. En ese momento, dos cimitarras se desenvainaron justo a la altura del mediano, poniendo a Valam a su altura, quien de sendos tajos cruzó de forma sanguinolenta la espalda del mediano con un chillido, pensando en que su ventaja táctica entre el enano y él le ayudaría con su problema. Aprovechando el grito de dolor del mediano, que llevó al elfo junto a Chen e Idris a mirar por el rabillo del ojo, la elfa fintó a su adversario, rodeándolo hasta encontrar un punto débil en su defensa, momento en que atravesó con rabia sus defensas con su espada corta, sintiendo como la carne era mordida hasta el hueso con un gemido de dolor y asombro en el elfo. A pesar de ello, éste se retiró lo bastante a tiempo como para que el golpe de la cimitarra de la pícara fuese desviado a la desesperada por el estoque del esgrimista atacante, asustado por el daño recibido.
Cuando Kurgan observó la sangre corriendo por las piernas del mediano, giró con un molinete su hacha, lanzando un golpe ascendente que se incrustó en las costillas del mediano, quien expulsó el aire de los pulmones con un burbujeo sin ser capaz de emitir gemido alguno. El enano lo había herido de muerte, y lo demostraba con un bramido de batalla al percibir la sangre llegar hasta la mano que empuñaba el hacha. En un momento, el mediano se desplomó en el suelo, perdidas las fuerzas y la vida. Chen, hallando un resquicio en la defensa del elfo sorprendido por su compañera, le golpeó las rodillas para que cayese hacia atrás, y cuando el mismo trastabilló perdido el equilibrio, el soldado sólo apoyó su peso en las cimitarras que había desenvainado tras tirar su arco al suelo, empujando con fuerza. Así, entre el peso del atacante y el filo de sus armas, el enemigo quedó ensartado por ambas, sobresaliendo éstas por su pecho con un bufido sin voz que expulsaba sangre a borbotones por la boca del enemigo moribundo. Desde las alturas, una nueva flecha silbó cerca de Kurgan, acompañada de un agudo dolor en su cintura cuando un estoque se clavó en sus lumbares unos centímetros, lo bastante como para hacerlo sangrar y llamar su iracunda atención. El atacante lo acometía ahora con cierto respeto, a la vez que sacaba de entre sus ropas un frasco de cristal con intenciones desconocidas. De pronto, Chen y Valam se miraron al unísono, cogiendo sendos arcos y corriendo hacia el centro de la calle, donde cargaron sus armas apuntando a las alturas. Esperando... Esperando... Esperando... Mientras tanto, Idris corrió junto a Kurgan, rodeando a su enemigo para encontrar un punto débil en sus defensas. Cuando lo encontró, cortó con rabia con su cimitarra y atravesó carne hasta el hueso con su espada corta, con una precisión quirúrgica, tanto como para dejar a su enemigo sorprendido por el ataque, y temeroso de su muerte, pálido y sangrante, con las piernas temblorosas. Poco hubo de esperar para encontrarse con su creador, cuando con un impulso ayudado por un gruñido, Kurgan le partió en dos el cráneo de un hachazo, bufando mientras limpiaba la hoja de su hacha en la espalda del desgraciado.
Y mientras el tirador de las alturas se asomaba una vez más -en su táctica de dispara y escóndete-, dos flechas volaron certeras, cada una atravesando una cuenca ocular sin vacilación. Antes de inclinarse hacia adelante, con su cuerpo totalmente desplomado, el hombre en las alturas ya había muerto por el shock del impacto en su cráneo. Saqueando con toda la precisión y rapidez posible a sus adversarios -bajando de su almena al tirador-, los compañeros descubrieron dos cosas bastante preocupantes: cada uno de los asaltantes formaban parte de quienes habían tratado de quemar la posada donde hallaron los aventureros a Yagra, además de que todos poseían un tatuaje Zhentarim oculto en su cuerpo, así como que cada uno disponía de un frasco de fuego de alquimista entre sus pertenencias. Chen explicó que lo mejor para ocultar aquella situación era arrojar los cadáveres de las alcantarillas y salir de allí por piernas, antes de que algún testigo al ocaso se hubiese fijado en ellos pues, si bien las calles de los Muelles empezaban a vaciarse, siempre podía haber ojos avizores que viesen algo apropiado y pusiese al grupo en un problema.
Por fin, cuidando su avance, los compañeros llegaron con los últimos rayos del día al almacén, donde se desplomaron cansados y aturdidos del combate, preparándose poco después para tomar los últimos restos de bebida que Idris había traído cuando aún se encontraban planificando cómo sacar a Yagra de la ciudad. Preparando una improvisada -y oculta- hoguera, de los ocho kg de carne de lomo y costilla que traían, los aventureros dieron buena cuenta de hasta kg y cuarto de ella asada a la llama, descansando en aquella ya familiar penumbra abandonada del puerto. Cuando Kurgan dormía ya a pierna suelta entre la cerveza y su medio kg de carne y costilla, los restantes aliados comenzaron a planificar cual sería su incursión a la guarida secreta de los Zhentarim en el Distrito Sureño.

Durante un rato, la noche abrazaba sus susurros, hasta que Valam hizo guardar silencio a sus compañeros al escuchar algo extraño: entre los restos de muchedumbre que marchaba a sus casas o sus asuntos en la calle del Distrito junto al almacén abandonado, una voz aguda y desesperada pronunciaba sus nombres. Aquí se escuchaba un "¿Es usted Idris? ¿No? Perdone... la he confundido". Allá un "¡Valam! Va... ¿Valam? Oh, disculpe mi torpeza". "Maldita sea... ¿dónde están esos pobres diablos?".
"Chen... Chen... ¡Chen Kao! ¡Usted es Chen! ¡Sí que lo es! Tiene que serlo... perdone, perdone... no, ya me marcho". La voz parecía desesperada por encontrar a quienes nombró sin error alguno como los aventureros... pero parece que la gente lo alejaba por como sonaba su voz apesadumbrada. Valam, sigiloso, se asomó por entre los tablones de la entrada, pudiendo ver a un gnomo deslustrado, con capucha, pelo enloquecido y grandes ojos desesperados acercarse a las pocas personas que paseaban por la calle, acercándose a uno y otro lado a quienes de alguna forma podían tener resemblanza con los aventureros, llamándolos por el nombre de éstos, a la vez que murmuraba algo como "no hay tiempo", o "¿dónde se habrán metido?". Comentando la situación a sus compañeros, Idris se escurrió entre las sombras fuera del almacén por una calle lateral, acercándose sin un ruido, usando a las pocas personas que podían cubrir su acercamiento al gnomo, a quien de un golpe en la nuca derribó sin problemas. Cuando lo sujetó al caer, alegó a quienes habían observado aquel brusco movimiento que su compañero no estaba en sus cabales y posiblemente había bebido más de la cuenta. Los viandantes, preocupados sólo por sus asuntos, pronto dejaron en paz a la elfa cargada de un estrafalario gnomo con un bastón, lleno de colgantes y abalorios extraños, que era arrastrado a peso muerto a un callejón.
Así, el grupo introdujo en el almacén al extraño gnomo, a quien Valam curó el prominente chichón de su nuca, sólo para provocar que el recién llegado se despertase sobresaltado y reculase al ver a desconocidos que lo rodeaban. Pero entonces, sus ojos parecieron reconocer a sus captores, comenzando a llamarlos por su nombre y a decirles que estaban en peligro, que debían ponerse a salvo. Sus palabras surgían atropelladas y confusas, dejando anonadados a los compañeros, quienes le pidieron calma y que se explicase. Entonces, cuando el gnomo pareció más calmado, les explicó que su maldición era ser vidente, y se apenaba de que siempre que preveía la muerte de alguien a quien podía avisar, esta persona hacía caso omiso y moría poco después sin que el gnomo pudiese hacer nada para salvarla.

Y ahora había previsto la muerte de los aventureros entre flechas, espadas y fuego... justo la noche del día siguiente. ¡Y debían dejarle que los salvase! ¡No podía fallar otra vez! Su lastimera insistencia fue tal que, después de que lograsen obtener su nombre -Bloggo-, le permitieron indicarle dónde vivía para alojarlos temporalmente allí y librarlos del lugar donde serían asesinados: un sórdido callejón emboscados por personas de mala calaña -a quienes los aventureros creyeron entender que se trataba de los Zhentarim a los que pretendían emboscar... en el callejón donde se encontraba su refugio secreto.

Despertando a Kurgan -aún borracho-, sin explicarle demasiado, el grupo recogió cuanto pudo para seguir al Gnomo, quien comentó que vivía en la esquina de Telshambra con Avenida del Dragón, en su pequeña casa donde a veces atendía a clientes de su videncia, y era un sitio lo bastante lejano de callejones oscuros como para impedir la muerte de los aventureros.
Nervioso y vigilante a todas partes, mirando a uno y otro lado, el gnomo partió con los aventureros por la Calle Caracol hacia el norte, mientras Idris y Chen bromeaban con él para ponerlo más nervioso, a la vez que Kurgan maldecía por lo bajo sujetándose la cabeza por la resaca. Entonces, Valam fue consciente de que dos sombras a su derecha saltaban de calle en calle entre los callejones, siguiendo su rápido avance por una calle poco transitada.
El explorador informó con un susurro a sus compañeros, momento en que Chen se percató de un extraño movimiento de manos en Bloggo, justo en el instante en que éste gimió y se llevó la mano al pecho, del que sobresalía el astil de un virote, dejando una mancha oscura en su túnica, donde ese objeto se había clavado.
Valam entonces informó de que eran fruto de una emboscada y debían prepararse, aunque Chen sospechó que el comportamiento de Bloggo justo cuando Valam dio el segundo aviso era un tanto extraño.
No obstante, a la vez que Valam corría buscando un soportal entre callejuelas en el que parapetarse -escuchando un grito lejano de "¡por ahí escapa uno!"-, Idris lanzó apresurada una cuerda con gancho a un tejado, trepando tan rápido como le era posible hasta buscar una posición elevada para apoyar a sus compañeros. Desde allí fue consciente de que, tras recibir el aviso del elfo de que se acercaban enemigos por su derecha, ella también se percató de que por la izquierda de la calle también avanzaban más enemigos. Entonces, Chen agarró del cuello a Bloggo, quien gimió desgañitado e impotente, arrastrándolo hacia unos matorrales desde donde presentar defensa utilizando el entorpecimiento en la visibilidad de sus enemigos. Y Kurgan, con su borrachera, se tambaleaba en medio de la calle sin saber que hacer, viendo como sus compañeros se dispersaban como hojas en el viento. "Eh... ¡eh, bastardos! ¡Que no estoy tan borracho como para que me dejéis tirados, malditos perros! ¿Dónde vais? ¡Volved!" Kurgan no tardó demasiado en ser consciente de lo ocurrido, cuando cuatro sombras surgieron por cuatro puntos alejados, dos a cada lado de la calle, una de ellas corriendo a toda prisa hacia la posición de Valam, mientras otra aún quedaba oculta por un callejón a la derecha de Chen.
Al surgir de los callejones, los tipejos de aspecto malencarado miraban a uno y otro lado, justo cuando Bloggo se liberó del brazo de Chen y empezó a gritar como un descosido que una de ellos se había subido a un tejado y tenían que tener cuidado con ella. De pronto, la actitud del gnomo pasó de la preocupación a la desesperada indicación de que formaba parte de aquella encerrona, mientras gesticulaba en dirección a Idris. Pero aquello no sirvió de mucho, cuando Valam abrió fuego contra el más cercano, a quien no sólo le alcanzó certera su flecha, sino que una enredadera espinosa y letal brotó de entre las losas de la calle y aprisionó a su enemigo, provocando dolorosas heridas al abrazarlo con sus ramas.
Mirando con ira al gnomo, Chen tomó su arco y abrió fuego contra un atacante que había salido justo por un callejón a la izquierda de Idris, frenando en seco su avance de un certero impacto que le atravesó parte del vientre, forzándolo a renquear por un instante.
Idris, desde la oscuridad de la noche en su tejado, observó el avance de otro matón con una ballesta que se acercaba presto a disparar a Valam al otro lado de la calle. La precisión de su disparo alcanzó bajo la clavícula al malhechor, que gimió de dolor y sorpresa, momento en que la elfa se tiró en plano sobre el tejado, apartándose de la visión del atacado.
Kurgan, tambaleándose, se lanzó en pos del asaltante que Chen había atravesado momentos antes, pero su falta de coordinación estrelló su hacha contra la esquina del edificio junto al que había aparecido el recién llegado. Mirando confuso su hacha, el enano empezó a enfurecerse más consigo mismo que con su enemigo.
En ese momento, Bloggo se giró sobre sí mismo, murmurando que si alguien quería algo bien hecho, tenía que hacerlo él mismo, a lo que lanzó un feroz chorro de llamas sobre Chen que lo pilló desprevenido, abrasándole con un dolor blanco, humeando sus ropas.

En ese momento, los asaltantes -salvo uno que acababa de llegar a toda prisa junto a Chen, incapaz de calcular correctamente distancias para entrar en liza- trataron de afrontar el asalto. Al mismo tiempo que un disparo ineficaz de una ballesta lejana intentaba alcanzar a Valam, quien corría hacia su prisionero en espinas, otro atacante frente a Kurgan mostraba la misma aptitud torpe para el combate que el enano... solo que el asaltante estaba sobrio... o eso parecía. Al mismo tiempo que el guerrero era devorado por el fuego mágico, Valam aprovechaba la presa implacable sobre su primer enemigo, lanzando tajo tras tajo contra él. El apresado sólo podía observar que el cazador cortaba su carne con precisión asombrosa, dejando a la sangre empapar sus enredaderas espinosas, mirando en la distancia al tirador que intentaba atravesarlo sin éxito.
Chen, enfurecido y humeante con el gnomo, lanzó sobre él una tromba de tajos de cimitarra tras tirar su arco al suelo, a lo que el traidor vidente alzó frente al guerrero un escudo mágico sobre el que chocaron las hojas de espada con chirridos mágicos, aunque al menos una forzó el poder de la protección, hasta que ésta flaqueó lo bastante como para incrustar la punta de la hoja profundo en el costado del gnomo, quien gimió aterrado. Tanto como para no ver como la elfa apuntaba con cuidado en su dirección... y una flecha lo atravesaba de lado a lado, con un gemido sordo que lo hizo desplomarse sobre el suelo.
A su izquierda, en el callejón junto a su atalaya, la elfa escuchó el forcejeo del enano y su enemigo, y en ese momento un crujido a la vez de un bramido indicó que el hacha de Kurgan había encontrado carne y hueso en el costado de su adversario, quien resopló con el impacto, debilitado por el golpe.
Y mientras el enemigo apresado por Valam se retorcía, clavándose aún más las espinas que lo atrapaban y desangraban, otro cargaba contra Chen a traición por la espalda, golpeándolo sin cesar con su cimitarra, derramando sangre golpe tras golpe. En otro lugar, un disparo nuevamente desafortunado hacia Valam desde las sombras silbó inofensivo cerca de él. Por su parte, el hombre con quien Kurgan luchaba y a quien parecía intimidar con sus rugidos consiguió acertar un golpe de suerte con su espada, cortando el pecho del enano, quien observó aquella herida sangrante con las cejas juntas y un rugido creciente en su garganta. El disparo al cazador bastó para llamar su atención, momento en que, sin mediar palabra, pasó junto al hombre apresado en sus espinas cortándole la garganta, avanzando hacia el tirador, a quien también lanzó un profundo tajo anulando sus defensas, dejando una profunda hendidura en su vientre.
Sacudiendo la cabeza, Chen encontró fuerzas renovadas en la lucha. Con una risa demente, se encaró a su atacante, quien pudo observar que quizá la herida causada al guerrero había sido sobre estimada. El antiguo soldado agitó sus espadas en el aire, apartando a golpes el arma de su enemigo, a la vez que lo cortaba aquí y allá con tajos precisos que lo debilitaban y sometían poco a poco, provocando una temerosa mirada en los ojos que hacía un momento parecían fanáticos. Idris, desde la distancia aprovechó las espadas trabadas entre Chen y su enemigo, para lanzar una letal flecha que se clavó en la cadera del adversario hasta casi salir por sus posaderas, provocando un gemido agudo en el hombre y una mirada de absoluto terror. Aquel grito enalteció a Kurgan, el cual bramó en concordancia lanzando un nuevo hachazo implacable contra su adversario. El golpe fue tan cruel que hizo al enemigo trastabillar unas pulgadas hacia atrás, casi desequilibrado, por la potencia del mismo, que además al retirarse el hacha, ésta nuevamente goteaba sangre fresca. Su enemigo se sujetaba el pecho gimiendo de temor y rabia. Dicho dolor le impidió alcanzar un golpe preciso, que el enano apartó con desprecio con su propia hacha, a la vez que Chen, al ver que su adversario intentaba atravesarlo sin éxito con su cimitarra, se apartó con una finta, desviando con una de sus cimitarras el arma del enemigo, mientras otra se clavaba hasta el estómago de éste, provocando un suspiro de muerte en su garganta, que pronto se apagó desplomado su cuerpo sobre Chen.
Alentado por la precisión de su compañero de armas, Valam giró sobre sí mismo evitando un lance de su enemigo, y con un tajo de revés le cortó el cuello por el lado, provocando una lluvia de sangre repentina. Aprovechando que había dejado atrás a un enemigo muriendo sin remedio, corrió junto a Kurgan, y colándose junto a su extraño compañero de venganza, sacó el brazo de su arma en otro tajo preciso que cortó la femoral del adversario al que Kurgan trataba de aplastar sin piedad. El enano sólo pudo ver impotente como su enemigo lo llenaba de sangre por la herida que sangraba a borbotones, a la vez que el desangrado caía sin fuerzas en su pierna, derrumbado y muerto en pocos instantes. El enano observó con ira contenida a su aliado elfo, y aunque alzó el hacha, sólo la enterró profunda en el moribundo, ahorrándole una muerte agónica.
En un instante, la lucha había acabado de forma horrenda para los enemigos, y dolorosa para los aliados, quienes en el silencio observaron a su alrededor en la ya silenciosa calle. Quizá pronto aparecería la guardia, pero antes de ello arrastraron los cadáveres hacia una boca de alcantarilla cercana donde, después de saquearlos y encontrar el curioso tatuaje de la Hermandad de Xanathar en sus brazos, los arrojaron a las entrañas hediondas de la ciudad, para después huir por segunda vez en aquel día a su refugio en el almacén abandonado.

Allí, molestos por lo sucedido, aunque comprendiendo que, quizá, al haber ayudado a Yagra contra la turba de Xanathar que intentó matarla por primera vez, se habían convertido en objetivo involuntario de aquellos matones enloquecidos, lamieron sus heridas e intentaron encontrar un momento de paz en la noche, descansando.
Pero la última sorpresa de la madrugada llegaría en la guardia de Valam, en la que escuchó como un enorme mastín famélico olfateaba los restos de su comida ya fría desde la puerta del almacén, en la que rascaba gimiendo en busca de un bocado.

Apiadado por aquella bestia, Valam lo llamó desde una ventana preparada para que el grupo entrara y saliese, camuflada por Idris, y cuando consiguió que el animal entrase, aunque éste parecía temeroso -habida muestra de las cicatrices de peleas callejeras, parches sin pelo y costillas sobresalientes- del elfo, pronto, al alimentarlo poco a poco con pequeños trozos de carne preparada y huesos sobrantes, el animal progresivamente comenzó a mostrar un creciente agradecimiento.
Amansándolo y calmándolo, Valam avisó a Idris cuando llegó la guardia de ésta, mostrando al perrazo, a quien la piedad de la elfa dándole agua -que el animal bebió con tanta ansia como comió la carne que Valam le ofreció- le valió para que el perro también mostrase agradecimiento a la mujer. Los lametones pronto se repartieron entre ambos elfos, y cuando Valam se durmió con el animal a su lado, los ronquidos de la bestia pronto hicieron compañía a los de Kurgan durmiendo la mona.

Y, con la llegada del alba, Idris aprovechó la apertura temprana de algunas tiendas (El Herrero Escamoso y Las Hojas Silbantes) para trapichear con los pertrechos limpios y saqueados de sus combates para conseguir un buen puñado de monedas, además de deshacerse de sus propios pertrechos obsoletos, hasta que, al volver, el día y el despertar de sus aliados la encontró contando monedas y mirando a sus hermanos de armas, quienes estaban en general a punto de conocer a un nuevo compañero de viaje en el enorme chucho a la hora del desayuno (con 6'5 kg de carne esperándolos para comenzar bien el día).

CONTINUARÁ

NOTA: La Guardia ha registrado los rostros de Idris y Kurgan como personas sospechosas con aquella extraña entrevista en la Puerta Sur.

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