Pronto, al divisar la aldea ajetreada en la lejanía, el grupo decidió aterrizar en las cercanías en lugar de en la misma aldea, para no suscitar un temor reverente a la monstruosa criatura multicolor en la que iban montados Ygrein, Ismark, Bukko, Katy, Panit, X'ing y Parrimwimple, pues para aligerar la tremenda carga del ave, Yoreil había adoptado una forma de ave rapaz, pero mucho más pequeña que la majestuosa criatura.
Ya tomando tierra, viendo que la presencia de la criatura había formado un gran revuelo en la distancia, los compañeros tomaron rumbo al Emporio de Bildrath para aprovisionarse con algunos pertrechos que, de seguro, guardaría aquel implacable avaro en los rincones más recónditos, teniendo en cuenta que habían pactado gracias a Ismark y X'ing un suculento acuerdo comercial de monopolio, y de seguro el hombrecillo arrugado y vil querría seguir obteniendo más oro.
Al llegar a la plaza central, donde la Posada de la Sangre del Vino se encontraba casi desierta, a pesar de que por las calles principales sur y noroeste de la población había un trajín casi continuo de viandantes hacia el centro de la villa, y de vuelta (en teoría, hacia el Templo del Señor del Alba y la Mansión del Burgomaestre), los aventureros encontraron a Bildrath tomando nota frente a dos carretas repletas de bienes, registrando cada viaje de ida que los aldeanos tomaban de él meticulosamente.
Al encontrar a los aventureros, su aviesa mirada reflejó ausencia de interés -más incluso molestia- por su llegada... aunque Bukko encontró que esa mirada ocultaba algo más de información que no se revelaba con las palabras maleducadas que les dedicó para darles la bienvenida. Desde el sur, acompañado por un grupo de vigilantes, uno de los oficiales de la guardia se personó con gesto preocupado en la plaza, dispuesto a la batalla, y al encontrar a los aventureros se sobresaltó, preguntando si el ave gigantesca era cosa suya o estaban bajo ataque. El grupo de recién llegados explicó que no había nada que temer, pues la criatura era su medio de transporte, y no revestía peligro. Sobresaltado, el oficial preguntó a los aventureros si había novedades sobre su incursión a la fortaleza de Strahd, para lo que el grupo indicó que habían venido a la aldea con intención de planificar una nueva incursión más precisa.
Por otro lado, mientras X'ing, Panit y Yoreil apenas intercambiaron unas palabras en las que solicitaban sus servicios para aprovisionarse, mientras que Parry lo saludaba sonriente -y Bildrath expresaba su asombro por la vuelta del muchacho, que debería estar por ahí de aventuras con Ismark, y no molestándolo-, por la calle noroeste apareció el Padre Donavic, con un pequeño séquito de guardia y Viktor (cuyo rostro compungido y asustado daba muestras de que, por su parte, había escapado por sí mismo de la Fortaleza del Peregrino... aunque no daba muestras de querer hablar del asunto).
Sorprendido por la llegada del ave gigantesca, Donavic saludó con cierto desdén a los aventureros, preguntando cómo se había dado su incursión al castillo, al tiempo que Viktor trataba de saludar con cierta necesidad a Bukko, pero una mirada reprobatoria de Donavic hizo refrenar su lengua, lo que captó el interés de Bukko a tal reacción.
Preguntando el paladín al Padre sobre los avances de la defensa de la villa, éste indicó que estaban siendo buenos y bien organizados. Cuando Bukko solicitó información a Viktor, éste así confirmó las palabras de Donavic, añadiendo que su ayuda antes de partir al castillo -y tras su vuelta en solitario- había sido útil para mantener la fe en las buenas gentes de Uarowia que agradecían su ayuda y consuelo.
Por su parte, Yoreil, Panit y X'ing observaban el trajín de Bildrath con interés, lo cual ponía cada vez más nervioso al hombre, que no cejaba de lanzar miradas de soslayo. Bukko, dejando a Ismark intercambiar impresiones con el Padre Donavic, llamó aparte a Viktor para "asuntos personales", pero en privado le consultó qué estaba ocurriendo con el Padre Donavic. El joven Viktor, con gesto molesto al mirar a Bukko, explicó que aunque el Padre Donavic se esforzaba por dirigir la logística del lugar en ausencia de Ismark y su cruzada contra Strahd, en parte estaba asumiendo más poder y autoridad, y a veces era demasiado rígido en las funciones que estaba adoptando, como si el cargo estuviese convirtiéndolo en una especie de tirano. A pesar de todo, no había causado mal alguno a las gentes de la villa... aún, y eso era bueno.
Preocupado por las palabras, Bukko volvió con Viktor junto a Donavic, y encargando al resto del grupo que se ocupasen de adquirir objetos importantes en su lucha (estacas y ristras de ajos), indicó al Padre Donavic que, para dejar a los ciudadanos seguir su labor de aprovisionamiento y logística, ellos podían ir a la iglesia a conversar asuntos más privados. Antes de marchar, nuevamente Bukko y Panit se percataron de que, con un gesto de la cabeza, dejaba a dos de sus protectores de escolta para vigilar cualquier cosa que sucediese en la plaza principal.
Bukko partió con el Padre hacia la iglesia, en cuya puerta encontró un nutrido grupo de feligreses atendidos por guardia de la villa y protectores del templo, de una forma más fortificada que hacía poco, con las obras de la iglesia más acabadas, fortificado el edificio. Al llegar allí, Bukko explicó que su grupo y él necesitaban reposar en suelo seguro aquella noche, y pedía asilo en la iglesia. Donavic, molesto por la petición, explicó que el espacio que brazos fuertes y mentes capacitadas como los del grupo del paladín ocuparían entonces, sería espacio robado a ciudadanos que, en la noche, se refugiaban allí para cobijarse de los terrores de la noche.
Bukko estaba pretendiendo dejar indefensos a ciudadanos por resguardarse a sí mismo y a los suyos en suelo sagrado, teniendo en cuenta que ellos podrían defenderse bien de cualquier amenaza, cosa que los Uarowianos veían inviable.
Molesto por las divagaciones del Padre, y a sabiendas de que la iglesia disponía de espacio para al menos cincuenta almas, Bukko explicó que en su misión sagrada para Andral y la protección de los Uarowianos, un lugar donde descansar con relativa seguridad era imprescindible para presentar batalla al mal al día siguiente. La contundencia de sus palabras y el poder de su carisma al final permitieron a Bukko hacer ceder a Donavic a su deseo de encontrar sitio aquella noche en la iglesia. Como petición adicional, Bukko solicitó fabricar algunos viales de agua bendita, pues según el Padre Donavic, la reserva que tenía se había agotado entregándola a todos los protectores de la villa en ausencia de los aventureros. Así, Bukko se ocuparía de proveer de materiales para fabricar un puñado de viales, indicando a Viktor que protegiese a los feligreses mientras él y Donavic se reunían dentro para preparar los viales de agua bendita para los aventureros (unos 6), lo cual les llevaría buena parte de la tarde, quizá hasta la hora del ocaso.
Por otro lado, X'ing, Yoreil, Ismark y Panit estudiaban al Bildrath, mientras el resto se encargaba de atender al ave de viaje y buscar un lugar donde resguardarse. Tomando más contacto con el mercader, trataron de estudiar las viandas, y al fijarse detenidamente, se percataron de que la manufactura de los carruajes no coincidía con la de la villa, más humilde y funcional. A pesar de ello, no conseguían dictaminar el origen de los mismos. Cuando X'ing trató de buscar marcas de herrado en los caballos, finalmente Bildrath fue superado por su propio nerviosismo, y echó unas mantas sobre los animales para alejar la curiosidad del monje. Éste, sin embargo, apelando a la belleza de los animales, frenó la irritación del usurero lo bastante como para que éste se ocupase de sus asuntos.
Usando palabras melosas como el recuerdo del trato económico que habían pactado entre Ismark y él, preguntando si su actividad se estaba volviendo productiva, continuó ojeando al hombre y sus actividades. Entonces, en un amago de genialidad, X'ing se acercó a él, alabando las cualidades del mercader como asesor de logística de la ciudad, y le expresó en voz baja que "se alegraba que su señor en común pronto tomase el control de la región de forma tan sutil y apropiada como una incursión subterfúgica, en lugar de tomar la tierra por la fuerza. Estaba orgulloso de formar parte de esa cruzada para pacificar toda la región". Tratando de transmitir a Bildrath que X'ing formaba parte de las fuerzas de algún enemigo de la villa, el tendero fue sorprendido con la guardia baja... y la mentira coló. Momento de susurro en un ascensor: hail Hydra
De hecho, la expresión del mismo se suavizó al mirar al monje. Cuando X'ing explicó que, de seguro, buenos clientes y de confianza (como atestiguó sacudiendo su abultada bolsa de dinero, lo que hizo chisporrotear los ojos del viejo tendero avaro) tendrían un hueco para hablar de negocios lucrativos y pertrecharse con útiles de calidad suficiente como para que el negocio fuese bueno para ambos. En ese momento, Bildrath pareció caer en el engaño, e indicó con una media sonrisa ávida que deberían pasarse en el ocaso, cuando terminase su faena, para intercambiar "impresiones".
Dejando ahí las palabras, y despidiéndose del tendero, se dirigieron a reunirse con Bukko y Viktor.
El monaguillo, con gesto ligeramente hosco, explicó que el paladín se encontraba ocupado con el Padre Donavic. Al parecer, había decidido que necesitaba pertrecharse para la lucha que abarcarían pasada la siguiente noche, y para ello precisaban de agua bendecida que llevarían a cabo en el templo el propio Bukko y el Padre Donavic.
Al margen de tal información, Viktor indicó de que se mantendría por allí para echar un vistazo al Padre Donavic y que su actitud autoritaria no sobrepasase límites innecesarios de los que luego la ciudadanía pudiera arrepentirse, pues desde que Viktor entró al clero para proteger a la población, olvidado en el Castillo por los aventureros, se encontraba cada vez menos a gusto con la actitud tan prepotente que estaba alcanzando el Padre Donavic con su cruzada personal de purificar y proteger la villa de las depredaciones de Strahd. Comprendiendo que la situación podrían manejarla mejor los entendidos en cualidades espirituales y artes de la mente, junto a Viktor el grupo dejó a Panit -que lo estudió preocupada- para ayudarlo a manejar aquel peliagudo asunto, mientras Ismark, Yoreil y X'ing se dirigían a ver qué tal se estaban desarrollando las actividades logísticas en la vieja mansión del Burgomaestre.
Sorprendidos por la ferviente actividad de ida y vuelta hacia la plaza central, los aventureros eran conscientes de que, curiosamente, aquella villa había vuelto a la vida azuzada por la esperanza que los aventureros había llevado allí... de una u otra forma, a pesar de que una parte de la misma: la posada... guardaba un respetuoso silencio.
Ya por fin frente a las puertas de la mansión, los aventureros solicitaron ayuda para guarecerse y realizar algunas actividades personales al auspicio de un techo seguro.
Confusos por aquello, los guardias en un principio negaron el acceso a los aventureros, aunque daba la intensión de que los conociesen. Pero pronto se percataron de que el nuevo burgomaestre Ismark se encontraba con los aventureros, dando peso a sus palabras, algo molesto por la actitud negativa de los soldados, a lo que accedieron de buena gana -un extraño cambio de actitud repentino, aunque quizá la presencia del burgomaestre les confería ánimos-, preguntando a los recién llegados -Ismark, sobre todo- por lo sucedido en su breve ausencia con respecto a los monstruos que plagaban por doblegar la voluntad de la villa más allá de sus fronteras.
Informando someramente al respecto de las peripecias en el castillo, los aventureros se percataron de la nutrida guardia que se turnaba en la mansión, sobre todo a la hora de tomar algo de comer y ocupar las diversas salas con la logística.
Pidiendo acceso a un lugar y a ciertos componentes para realizar unos preparados específicos (unas pociones curativas), Yoreil y X'ing comenzaban su tarea, mientras de reojo observaban que parte de las viandas que provenían de los carruajes de Bildrath eran repartidas entre los guardianes para tomar la comida.
Con una extraña -y al parecer sana- sospecha de que los bienes de Bildrath pudiesen estas sirviendo a unos fines oscuros, como que las ropas estuviesen envenenadas, las herramientas malditas, o la comida intoxicada, al acercarse uno de los oficiales para invitarles a algo de comer, X'ing aceptó, pero tomó la comida e informó de que, del lugar de donde él venía, realizaban una ofrenda con el pan y los alimentos que iba a compartir en privado con Ismark y Yoreil. Así, tomando un trozo de pan, lo llevó junto al druida, y ambos empezaron a inspeccionarlo.
Lo primero que sorprendió a X'ing fue un color oscuro no demasiado normal, a pesar de la jugosa y agradable textura del pan. Por su parte, Yoreil se percató de un sutil aroma ferroso. Al abrir el pan, encontraron unas oscuras trazas entre la miga, de las cuales provenía el aroma. Al compartir conocimientos sobre el aroma y la capacidad de mantener esa propiedad por parte del alimento, lo primero que los aventureros descubrieron era que se trataba de sangre... y por la extraña propiedad que mantenía una extraña suavidad al tacto que la sangre natural no permitía después de haber sido cocida, reconocieron que podía tratarse de... sangre de vampiro.
Yoreil, sobresaltado, compartió con X'ing una historia de su pasado en la que recordaba cómo un vampiro de antaño utilizaba gotas de su sangre para asegurar la servidumbre de mortales a su cargo. A esos siervos los llamaban "esclavos de sangre", y eran poderosamente leales, además de muy útiles por su manejo a la luz del día.
Aquél trozo de pan requisado, quedó a buen recaudo entre los aventureros, como prueba a posteriori.
Extrañados por la situación, los aventureros (por mediación de X'ing de una forma muy diplomática) explicaron que el pan no estaba en buen estado por algún problema en el proceso de cocción y elaboración, y precisaban de reunir cuanto se pudiese del almacenado en las viandas recibidas para "purificarlo".
Aquellas palabras recibieron un leve estado de alarma en el oficial al mando, quien parecía reticente a querer realizar aquella operación, pero las convincentes palabras de X'ing lo hicieron ceder con un gran esfuerzo. Cuando el oficial informó al encargado de cocina, éste ofreció mucha más resistencia hostil a dejar manipular el exquisito y fresco pan -que él mismo había estudiado a conciencia- por parte de cualquier inconsciente que pudiese estropearlo.
Al empezar la discusión entre oficial y cocinero, parte de los diez soldados que en aquel momento se encontraban allí se levantaron intrigados, comenzando una especie de tumulto por la disputa, en la que ninguno de ellos estaba de acuerdo con el oficial.
Sin embargo, la intervención de Ismark detuvo los ánimos lo suficiente como para, gracias a la presión de X'ing y el oficial, lograr que el maestre de cocina cediese una buena cantidad que Yoreil comenzaría a tratar a conciencia. Utilizando su poder druídico, así como concentrándose específicamente en eliminar rastros de contaminación nigromántica, el esfuerzo místico dio su fruto cuando, tras el ritual, X'ing partió una de las piezas de pan, y al hacerlo dejó escapar una voluta de humo en forma de bruma de su interior, como si el pan aún estuviese recién horneado. Las hebras oscuras habían desaparecido.
Apartando el pan purificado del que aún no lo estaba, se ordenó dejar almacenado aquél que aún no había sido tratado. Y por los servicios que los protectores de la ciudad estaban realizando, además de su paciencia por las molestias ocasionadas, junto a los oficiales (en total, 25 soldados y 5 oficiales), X'ing obsequió a cada soldado con 30 monedas de oro (y a cada oficial con 60), junto con la correspondiente ración de pan purificado que debían tomar hasta nueva orden.
Tras su maniobra de prevención, los compañeros se percataron de que no todo el trabajo estaba hecho, y desde luego la llegada de más viandas hacían el problema casi endémico en aquella población, por lo que debían detener el proceso de raíz. Retirándose al margen, planificaron que, mientras Ismark se quedaba supervisando a la guarnición de soldados por si encontraba conductas sospechosas, Yoreil y X'ing acudirían a la cita con Bildrath para investigar lo que estaba ocurriendo en aquél lugar de negocios... turbios.
Así, llegaba la noche en el transcurso de la investigación y la preparación de bienes de herbolario con ayuda de conocimientos arcanos. Los Uarowianos viajaban a los centros de seguridad de la villa, quedando pocos de ellos atrás, los que se resistían a abandonar sus hogares y se guarecían con sus vecinos más cercanos, desatendiendo las voces de prudencia del clero y los vigilantes.
Al norte, ante la llamada a la oración y al refugio, miembros de la guardia, protectores del templo y sacerdotes ordenados acogían a la ciudadanía para guarecerla en su santuario de fe.
Al sur, la improvisada fortaleza que era la Mansión del Burgomaestre, a su vez, acogía a otros ciudadanos más impresionados por la fuerza de las armas que por el poder de la fe. Y, acudiendo a su cita acordada, Yoreil y X'ing viajaron al centro de la villa, con la sola compañía de una antorcha en manos del monje para iluminar su camino, hasta llegar frente al emporio de Bildrath.
Allí, a la luz de unos fanales, el usurero mercante estaba ya recogiendo las carretas, ayudado por los guardias que lo flanqueaban, con una media sonrisa aviesa en su rostro, sumido en sus pensamientos. Dejando a un lado del edificio las mismas, bajo un improvisado techado vallado que hacía las veces de establo, miraba de reojo a todas partes, como vigilando para que no apareciesen ojos indiscretos, pues prácticamente, aunque todos los bienes habían sido repartido, aún quedaba algo de provecho en las carretas que podía ser motivo de saqueo.
Al ver llegar a X'ing, su sonrisa se ensanchó dispuesta a ofrecer unas palabras, aunque quedó a medio camino con la aparición de Yoreil. Sin embargo, prudentemente informó de que estaba recogiendo ya, con la esperanza de que su honrado visitante llegase a tiempo.
Sonriendo con anticipación y humildad, X'ing expresó su gratitud por la espera, pues compañeros de causa en los logros de su señor no debían permitir que circunstancias ajenas dejasen escapar un buen negocio. Mientras X'ing adulaba al hombre, estudiaba su aspecto, con la esperanza de observar alguna marca distintiva de Strahd en su cuerpo. Sólo logró distinguir un pequeño amuleto medio escondido en su cuerpo, objeto que le llamaba la atención, porque creía reconocer aquel símbolo de algún otro lugar, pero éste no se dejaba ver en la luz de su conciencia. Así pues, aclarando que los negocios no debían hacerse esperar, los recién llegados empezaron a preguntar por diferentes objetos exóticos que, a buen seguro, Bildrath poseería en su tienda.
En efecto, cuando el hombre empezó a indicar que algunas de las peticiones se encontraban en su poder (a saber, pociones mágicas, pergaminos místicos y ungüentos arcanos) y se daba la vuelta para entrar a la tienda y hacer esperar en la entrada a sus clientes, X'ing con un guiño le hizo entender que un negocio entre "entendidos" no debía realizarse a la vista de ojos ajenos que pudiesen suscitar preguntas posteriores. Bildrath, comprendiendo -en apariencia- lo que X'ing sugería -sin que éste supiese muy bien qué estaba haciendo-, indicó a los clientes que entrasen, cerrando la puerta tras ellos, no sin antes dejar de guardia en las entradas Norte y Oeste a sus dos protectores.
Una vez dentro, la actitud servil y avara de Bildrath fue más profunda, sacando un muestrario de objetos de los que los aventureros podían necesitar, algunos de entre ellos de origen místico. Contabilizando el dinero para el pago, Bildrath estaba cada vez más feliz de hacer negocios y el buen pellizco que obtendría. Así, entre tanto, los aventureros conversaban y dejaban caer segundas sobre "las intenciones de su común señor para tomar el control de las tierras que por derecho le pertenecían de una forma tan sutil y elaborada, propia del gusto sibarita de tan ilustre amo", como el hecho de infectar el pan con su sangre. A tal respecto, Bildrath dejó entrever que aquello sólo era el primer paso de varias sorpresas dentro de un elaborado plan por partes, y que una de ellas vendría más pronto de lo que nadie podía suponerse. Siguiéndole la corriente, X'ing comentó que, de seguro su señor habría hecho algún obsequio a Bildrath para reconocer su labor, tanto como a él sus tatuajes místicos. Sin embargo, al comentar tal hecho y mostrarlos, Bildrath de pronto mostró algo de recelo, el cual Yoreil notó de una forma extraña. Al percibirlo, tras haber cogido las compras y puesto el dinero sobre el mostrador, Yoreil trató de excusarse e intentó llevar fuera de la tienda a un confundido X'ing, alegando que el tendero querría descansar. Éste, sin embargo, cambió su actitud de indicar que ya les había vendido "lo mejor para compañeros de planificación", informando que aún le quedaba algo especial y único para ellos, que podrían utilizar en bien de su causa.
Justo en el momento en que el tendero se giraba, dos flechas volaron desde la oscuridad, sorprendiendo a Yoreil con dos dolorosos impactos en su espalda que casi lo derriban, mientras que dos luchadores de espadas giratorias se arrojaban sobre ambos, lanzando una tromba de espadas que produjeron múltiples heridas en ambos aventureros, peligrosamente dañados en aquella emboscada sorpresa. Al verlos aparecer, Yoreil y X'ing se dieron cuenta de que su aspecto era parecido a los rasgos de Ezmerelda... ¡Vistani!
Arremetiendo contra los compañeros, al fin X'ing pudo reaccionar con una velocidad antinatural, descargando una tromba de espadazos e impactos de patada a los escurridizos espadachines, logrando que uno de ellos recibiese tal golpe que quedase fuera de juego durante unos instantes fundamentales.
Tras los dos compañeros, un sobresaltado Bildrath trataba de ocultarse bajo el mostrador para evitar daños colaterales. El espadachín que aún estaba en sus trece danzó con sus espadas aquí y allá, provocando sanguinolentos tajos a X'ing y Yoreil, que sufrían las consecuencias letales del combate con los dientes apretados, pensando que no saldrían de aquello, aunque el entrenamiento ascético de X'ing le permitió esquivar hojas de espada y flechas voladoras. Al mismo tiempo, otra de las flechas volvía a alcanzar peligrosamente a Yoreil, aún más castigado. Éste, enfurecido, convocó una poderosa espada de fuego en su mano, con la que abrasó de un letal tajo ardiente a uno de los luchadores espadachines.
Acto seguido, se acercó amenazante con su lengua de llamas al arquero, para impedir que éste amenazase en la distancia a los aliados con su peligrosa lluvia de flechas. Curiosamente, desde el exterior, los guardianes que se habían marchado a proteger las dos puertas de acceso a la tienda en el exterior no habían hecho acto de presencia.
X'ing, de nuevo, hizo gala de una velocidad felina monstruosa, se preparó para ser objeto de un furioso ataque.
Saltando como un tigre sobre sus enemigos, volvió a ofrecer un despliegue de habilidad marcial y velocidad a éstos, acuchillando aquí y allá, lanzando patadas y puñetazos, dejando en esta ocasión a otro de los derviches contando estrellas de un fortísimo patadón en la cabeza, al mismo tiempo que el primero sufría una profunda cuchillada que le hacía escupir sangre, a pesar de mantener cierta vitalidad.
Vengativo, el atacante derviche intentó despedazar a X'ing, pero sus espadas sólo silbaron en el aire, inútiles. Por su parte, el tirador tuvo que dejar caer su arco para lanzar un tajo letal al vientre de Yoreil, quien con el dolor del mismo no pudo evitar que su enemigo se alejase de él sin poder alcanzarlo con la lengua de fuego. Y, tras el mostrador, Bildrath lograba escabullirse de la lucha, a pesar de que el monje intentaba retenerlo. Pero una rata rastrera siempre sería una rata rastrera... incluso para una huida.
Furioso por la situación, casi dejando brotar su lado animal, Yoreil estrelló sus manos una contra otra, enviando una sacudida explosiva hacia los Vistani.
Dos de ellos mantuvieron la compostura a pesar del daño, pero la onda sónica estrelló al tercero contra la pared, prácticamente destrozando su cuerpo por dentro.
Pillado por sorpresa después de la explosión, Yoreil se preocupó de que su poder desatado atrajese la atención de los vigilantes del exterior, y al ver que Bildrath escapaba, trató de interceptarlo sin éxito, por lo que volvió junto a X'ing para mantener un frente firme ante sus enemigos. Ambos bandos ya estaban bastante maltrechos, y la lucha terminaría en cualquier momento... por uno u otro lado.
Viendo que la situación era crítica, X'ing apeló a sus reservas interiores de velocidad, lanzando una última carga de golpes y tajos calculados contra el Vistana que estaba papando moscas junto a él. Después de dos tremendos tajos en el pecho, provocando la incredulidad en el objetivo, un giro de patada le partió el cuello, cayendo el enemigo a plomo en el suelo.
Iracundo y vengativo, el Vistana que al fin se libraba del aturdimiento del monje, empezó a realizar una danza de muerte con sus espadas, avanzando hacia ambos aventureros. Sus hojas esparcieron cortes y destrucción contra el druida y el monje. Yoreil, vacilante, sentía que la vida se le escapaba de las manos, apenas consciente de su entorno, las piernas flaqueantes.
A su lado, mientras la atención de los aventureros se centraba en la tormenta de espadas, el tirador Vistana, espada en mano, trató de lanzar un tajo por el flanco a X'ing, pero la consciencia preternatural y los sentidos afilados del monje evitaron el lance letal.
Sorprendido, el Vistana rodó sobre sí mismo, apartándose de los furiosos puños del monje, en dirección al arco que había tirado en el suelo.
Iluminado su rostro bestial tras la hoja de fuego, Yoreil observaba al derviche que se encontraba ante él, y la espada de llamas cayó inmisericorde sobre el Vistana, envolviéndolo en fuego, acercándolo a una muerte agónica. Al mismo tiempo, X'ing concentró su poder en terminar de rematar de una ráfaga de tajos y puñetazos al mismo, atravesando su garganta de una cuchillada, llenando sus pulmones moribundos de sangre, hasta ahogarlo en la misma. Acto seguido, realizó una pirueta acrobática para saltar sobre los cadáveres y arrinconar al tirador Vistana que, sorprendido, aún se mantenía en pie.
Pensando en la posibilidad de escapar, el tirador lanzó una fallida estocada contra un sinuoso monje que evitó la cuchillada letal, a la vez que se agachaba para coger su arco, preparándose para descargar una furiosa lluvia de flechas cuando llegase el momento propicio. Pero no se percató de que el druida cargaba hacia el con un grito de cólera, incrustando en su pecho la espada de llamas, que desde dentro inflamó los órganos del enemigo, quien murió chillando de pura agonía, con humo y llamas brotando desde su boca.
Pero, a pesar del fin de la trifulca en la tienda, con dos compañeros apenas en pie, sosteniéndose uno a otro para evitar derrumbarse en el suelo, fueron ahora conscientes de que habían dejado demasiado tiempo de fuga a la alimaña conocida como Bildrath, quien quizá si escapaba, no respondería a las preguntas apropiadas. Aguzando el oído, escucharon que, rodeando el edificio y cabalgando hacia la salida oeste, un carruaje escapaba a toda velocidad.
Por suerte, la trayectoria hacia la salida estaba despejada, y al parecer nadie la estaba protegiendo, pues en ningún momento, los dos guardaespaldas que el grupo encontró al llegar a Uarowia, los mismos que luego ayudaban a cerrar la tienda al anochecer y después se apostaron en el exterior en cada puerta de acceso habían entrado al combate, lo que probablemente implicaba que huían ahora con Bildrath el Tendero.
Sin perder el tiempo, X'ing tomó una de las pociones curativas que habían "requisado" a Bildrath en la compra inconclusa, e incrustándola casi en la boca de Yoreil, le obligó a tragar, tras lo que salió disparado hacia la puerta oeste. Al abrir la puerta de la tienda, vio pasar veloz el carro vacío con el que Bildrath y sus protectores huían de la situación, tratando de poner tierra de por medio. Algo más fresco por la poción, Yoreil corrió al lado de su compañero, viendo la situación. Su mente voló rauda sobre sus recursos y...
...con una estruendosa palmada sónica, una explosión lanzó por los aires a los guardianes de Bildrath, estrellándolos contra la pared junto al carro que pasaba de largo.
La sacudida brutal provocó que el anciano perdiese el control del carruaje, el cual quedó derribado, provocando el terror en los animales enganchados al mismo, a la vez que Bildrath rodaba por el suelo entre quejidos y lamentos.
Acercándose con rostro poco amistoso, Yoreil rodeaba el carro para ocuparse de los dos matones, espada de fuego en mano, cuya mirada animal descompuso cualquier respuesta agresiva por parte de los soldados estrellados contra la pared. Al mismo tiempo, mientras X'ing rodeaba el carro por el otro lado, le indicaba que liberase a los pobres caballos presos de las correas y bridas. Después de hacerlo, el monje se acercó con cadenas y grilletes agitándolos en movimientos circulares hacia Bildrath, mientras susurraba "vas a tener que dar muchas respuestas de todas tus felonías, amigo mío. Y quizá yo no sea quien lo haga... pero estaré presente cuando te pregunten". La mirada de Bildrath reflejaba un profundo sentimiento de fracaso en la noche iluminada apenas por la antorcha de X'ing y las luches que se salpicaban por la calles para iluminarlas pobremente.
Y, mientras a lo lejos se escuchaban los pasos marciales de vigilantes y guardianes acercándose, sobresaltados por las sonoras muestras de poder liberadas por Yoreil en el combate, X'ing engrilletaba y encadenaba juntos a Bildrath y sus dos protectores, para poner rumbo -con Yoreil protegiendo la retaguardia- junto a sus prisioneros en dirección a la guarnición de soldados.
Aquella situación debía solventarse cuanto antes, pues la noche llegaba oscura y llena de presagios.
CONTINUARÁ
RECURSOS y CRONOLOGÍA ActualesConjuros Preparados de Panit
Manos ardientes, Proyectil magico, Agrandar (C), Armadura de mago, Esfera flamigera, Abrir cerraduras, Bola de fuego, Acelerar (C), Contraconjuro, Asolar, Transformar piedra, Muro de fuego (C), Telecinesis (C), Cono de frio
BUKKO: órden de búsqueda y captura de una ristra de ajos y una estaca para cada Aventurero
UBICACIÓN ACTUAL DE AVENTUREROS
Akon: Templo de Xion de Erekar, junto a Exezhanter
Ezmerelda, Zhia y Savid: Huyendo por sus vidas del Castillo de Strahd. Paradero: DESCONOCIDO.
TIEMPO PARA LA CONJUNCIÓN
10 Días, 10 Horas, +24 Horas de Conjunción(21:00 p.m. en Uarowia -Noche-)
DAÑOS EN COMBATE:
Yoreil: 11PG de 49 Totales. Espacio de Conjuros Gastado: 1N3 2N4
X'ing: 17PG de 66 Totales. Ki Gastado: TODO.

































































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