para conocimiento Arcano ancestral, él por su edad y experiencia como mago podría proporcionarlo. Al margen, también conoció a otro mago incluso más poderoso que él en las montañas Baratoc junto al lago Zarovic en una de sus cacerías alrededor del agua, aunque se trataba de alguien esquivo y bastante demente. Al enfocar su percepción mágica sobre el loco, la fuerza que irradiaba casi lo dejó ciego. Casi afirmaría que dicho poder podría rivalizar con el de Strahd. Y, a pesar de su comportamiento errático, probablemente ese hombre podría disponer de conocimientos mucho más allá de su propia comprensión. Zhia Yae recordó de pronto su experiencia antes de llegar a Valaki, y al preguntar por el individuo al que encontraron, Kasimir confirmó la identidad.
El tercer foco de conocimiento ancestral es el Templo de "Ámbar", antiguamente un lugar de saber antiguo de los Peregrinos, donde se acumuló gran cantidad de información. Sus ancestros le transmitieron que allí se encontraba una biblioteca llena de sabiduría mágica. Al escuchar aquello, Panit decidió que aquel lugar era su siguiente objetivo.
Pensando en las opciones de visitar aquel templo, preguntaron a Kasimir si viajaría con el grupo, aunque éste recordó sus obligaciones sobre reunirse con el Consejo de Krezk para organizar un ejército que combatiría a Strahd junto a los aventureros, lo que le imposibilitaba sus opciones de moverse en aquel momento.
Gestionando sus opciones, y teniendo en cuenta que una parte del grupo podría poner rumbo aéreo al Templo del Saber, consultaron a Viktor si podría llevar con los carros al resto de la comitiva hasta Valaki (a saber: Katy, Ismark, Ygrein, Savid y Ezmerelda) hasta que Akon, Bukko, Panit y Zhia volviesen de aquel lugar. Viktor, resignado, se encogió de hombros comentando: "si no hay más remedio...". Ismark se ofreció a proteger a Viktor, aún asolado por la pena.
Ezmerelda, en conocimiento de que Rudolph se encontraba en Valaki, comentó que podría contactar con él por si podía unirse al movimiento contra Strahd. Savid, por su parte, se ofreció a hablar con el resto de los habitantes de su comunidad. Unir fuerzas a pesar de las circunstancias sería un punto a favor para que la empresa llegase a buen puerto.
Katy, con una media sonrisa sardónica, dejó claro que se ocuparía de supervisar a aquella pandilla de descastados para que lograsen algún objetivo, si es que el resto del grupo tenía clara la descabellada idea de "volar" hacia el templo en las montañas del sur en busca de no-se-qué sabiduría ancestral.
Tal exposición carente de implicación directa, más enfocada a proteger su propio pellejo, dejó preocupado a Bukko, aunque sabía que necesitaba a alguien de confianza con el grupo que viajaría a Valaki.
Una vez estaba claro el plan de acción, cuando Akon extrajo el fetiche que invocaría un ave gigantesca para volar hacia el sur, Kasimir se percató del objeto que tenía en su mano, y solicitó su devolución, ya que aquel objeto era de su propiedad. Akon se negó, pues era un botín de batalla. Molesto, el elfo bastarre comentó que si le parecería entonces bien si él lo derrotase en un duelo de magos y saquease todas sus pertenencias. Akon se encogió de hombros, indicando que no era el caso, y que no le devolvería el objeto. Panit, interviniendo, comentó que no le importaría hacer eso si tuviese más fetiches de ese tipo.
Bukko meditó la petición, comentando que si se lo devolviesen, podría huir.
Pero Kasimir explicó que había dado su palabra, con cierto deje de ofendido en sus palabras. Ante tal respuesta, el paladín comentó que lo necesitaban.
Zhia, por su parte, negoció que, si no le importaba que lo usasen durante una semana, se lo devolverían. Asintiendo ante tal petición, Kasimir se aseguró preguntando que si aquella oferta era cierta, Bukko se mantuvo en silencio ante la mirada preocupada de Zhia, que dejaba clara sus intenciones de devolver el objeto (MENTIRA PODRIDA).
A pesar de la situación, Velikov se encogió de hombros comentando que el fetiche tenía una maldición. En caso de no recibirlo en una semana... seguramente sufrirían sus efectos.
Ante el comentario de Zhia de que dentro de una semana comprobarían si la maldición funcionaba o no, Kasimir comentó que esa confianza mutua no parecía la forma más apropiada de negociar el uso de un objeto que era suyo.
Resoplando por la pérdida de tiempo, Bukko agarró a Zhia, alejándola para cortar el cruce de miradas con Kasimir, hasta llegar junto a Akon, murmurando que ya estaba tardando en convocar al ave de viaje, porque había prisa y faltaba tiempo como para perderlo en tonterías.
Al lanzar la moneda en el aire, vórtice mágico de color (sorprendente y vivo para una región de tonos tan mortecinos como Uarowia) manifestó la presencia en el aire de un ave gigantesca con plumas en los mismos tonos que la magia convocadora, chillando con un penetrante tono agudo, antes de batir sus alas y aterrizar frente a los aventureros, levantando un momentáneo vendaval.
En parte atemorizados y fascinados, los presentes observaron a la majestuosa criatura, preparada para recibir las órdenes de viaje pertinentes.
Ante los gritos de alarma desde las murallas en los que un monstruo alado gigante atacaba, cuando la guardia cargó sus ballestas y arbalestos para apuntar a la criatura, Bukko gritó que se trataba de un transporte. No había problema y no debían atacar al ave gigante.
Posada cerca de la entrada de Krezk, la criatura murmuraba, observando a los aventureros, las carretas y la ciudad, en espera de algún tipo de orden mientras se acicalaba las plumas.
Fascinado, Bukko salta sobre el lomo e, intentando trepar, es ayudado por la cabeza del ave, que lo empuja hasta acomodarlo entre sus plumas. Divertida, Panit saltó ágilmente, agarrándose a los cañones de las plumas, hasta arrebujarse junto al hipótido, seguida con idéntica agilidad por su hermana Zhia, sonriente ante la experiencia.
Ya en último lugar, Akon se encaramó al ala de la criatura, trepando con cierta torpeza hasta el lomo junto a sus compañeros, observado con atención por el ave.
Desde el suelo, Kasimir informó al grupo que debía aprovechar las grandes plumas del lomo para protegerse con ellas de la velocidad de vuelo, además de agarrarse para evitar caer en mitad del viaje.
Tomando nota, Akon ordenó elevarse al pájaro y partir rumbo nordeste.
Los viajeros sintieron el poder de la criatura para elevarse en el aire, así como el silbido del viento en sus oídos, cuando la velocidad aumentaba y se alejaban del suelo, fascinados todos (salvo, quizá, Panit) por la sensación que producía volar y ver el paisaje desde las alturas.
Con un cosquilleo en el estómago y un zumbido en los oídos, el ave comenzó su camino, permitiendo al grupo descansar entre sus plumas -a pesar del frío creciente al ascender y viajar hacia las montañas-. Bukko, prudente, indicó a Akon que la criatura no se introdujese en ningún banco de niebla durante el viaje, por prudencia.
Desde los cielos, por primera vez los aventureros fueron conscientes no sólo del tamaño del Valle de Uarowia, sino de sus límites bloqueados por la espesa niebla rodeando la tierra por todas partes.
A pesar de la fascinación del viaje, pronto el intenso frío provocó que Akon, Panit y Zhia se abrazasen entre sí y a Bukko para evitar tiritar como posesos.
El aspecto fantasmagórico del brumoso valle se une a la sensación de gravedad y vértigo que los aventureros comenzaban a sufrir en su vuelo, permitiendo apenas que pudiesen reposar un poco entre las plumas de la criatura, unido a todo un extraño taponamiento auditivo, fruto hasta el momento sólo de la subida a las montañas más altas.
Y allí en las alturas, Panit siente como su mente queda confundida por extrañas imágenes que la golpean en menos que segundos. Parpadeando, en cada abrir y cerrar de ojos, donde un instante podía observarse el cielo gris y azulado, otro revelaba una imagen inquietante: la bóveda de una gigantesca caverna subterránea envuelta en oscuridad, sucediéndose ese cambio a cada parpadeo. A causa de la confusa visión, por un instante la maga pierde agarre de sus manos, pero en el último momento se aferra a las plumas, aún sujeta con sus pies y cola, a pesar de que su vida había corrido peligro por el extraño suceso.
Sobresaltado, Akon le echó una mano al ver su lapso momentáneo, igual que Zhia. Ambos aprovecharon su cercanía y protección contra el frío para evitar un letal accidente al perder a Panit en el cielo.
Pensando en la visión intermitente, Panit intuyó que, por un momento, había entrado en contacto con algún lugar del Vajra.
Cuando Panit trató de explicar a gritos (entre el azote del viento) a Zhia que había tenido la visión de una cueva del Vajra, la asesina chilló a Akon que a su hermana se le estaba yendo la cabeza a causa de las alturas.
Apenas entendiendo las palabras, Akon decidió reducir ligeramente la velocidad y la altura, momento en que el grupo fue consciente de, mientras se acercaba a las montañas Gakis, en el suelo pudo observar la fortaleza de Argynvost... y a cierta distancia al sur de la misma lo que parecía una villa abandonada a la rivera del río.
En el vuelo del ave, más allá de dicha aldea, las montañas comenzaron su lento ascenso hacia las alturas, cada vez más cercanas.
Su viaje por el aire les permitió percibir poco a poco que, en la empinada ladera de la montaña podía observarse un camino transitable, que se transformaba en un viejo puente de piedra bien construido, a pesar de que el tiempo ha causado estragos en su bajo muro, derribando algunos trozos aquí y allá por toda su longitud. En el centro del mismo, una sombra de cierto tamaño se alzaba, inmóvil.
Más extraño que el río apenas visible a 150 metros bajo el arco del puente, oculto por una densa niebla, era la edificación parecida a un pequeño alcázar de piedra blanca que bloqueaba el camino por el oeste, impidiendo el paso desde allí hasta el puente y las alturas. Rodear la estructura era imposible, pues las escarpadas paredes de la montaña se incrustaban desde arriba por un lado al arco de una puerta de rastrillo, la cual estaba envuelta en una cortina de extrañas llamas verdosas que no afectaban al metal, mientras que el lado opuesto era una caída vertical a la que se unía el muro exterior del pequeño alcázar que protegía el estrecho paso de montaña. En dos minaretes a ambos lados sobre el rastrillo podían observarse dos enormes estatuas de buitres demoníacos con cabezas astadas. La característica más evidente del edificio era su tejado, con estatuas chapadas en oro de 3 metros de altura sobre las almenas, mirando hacia fuera -salvo una que fue derribada por motivos desconocidos-. Representaban mujeres guerreras con lanzas en la mano... entre las cuales podía observarse en el suelo un puñado de esqueletos con oxidadas cotas de malla.
Intrigados por la construcción, ausentes de las perennes nubes oscuras de tormenta que parecían rodear el pico de la montaña, observadas ya desde la distancia... salvo Panit que aún se encontraba confusa por sus visiones, el resto pudo ver que los cúmulos nubosos empezaban a moverse ajenos a las corrientes de aire. De pronto, un relámpago ilumina en el interior de las nubes una alada silueta colosal. Asombrados por el espectáculo, en un instante la oscura pared de nubes se rompe, y de ella brota con un chillido que sacude en ecos la montaña una criatura de la misma especie que aquella que montaban los aventureros en su viaje, lanzándose a toda velocidad contra ellos, garras extendidas hacia adelante.
Sobresaltados, los aventureros se percatan de que incluso su montura se estremece ante el asalto, tratando de esquivar la trayectoria de impacto.
Tratando de sobreponerse a la situación, Zhia se aferra con fuerza a su montura usando pies y cola. Surgiendo entre el plumaje, para sorpresa del adversario, deja volar una certera flecha hacia el atacante que se entierra profunda en el descomunal cuello del monstruo, que emite un chillido frustrado de dolor.
Akon, viendo la situación, realizó una maniobra de picado con la montura, provocando una profunda sensación de vértigo en el grupo. Con la velocidad de caída, el tiefling se percató de que su montura se acercaba peligrosamente a la torre de la ladera.
Bukko, sintiendo la velocidad terminal en su cuerpo, utilizó una cuerda para rodear su cintura y aferrarse a las plumas del lomo, tratando de evitar una incómoda caída con un peor destino estrellado contra las rocas de la montaña.
En el momento de la maniobra, todos pudieron percatarse del vendaval que acompañaba el corpachón del ave gigante que pasó a escasos metros de ellos, al ser esquivada por la montura del grupo. Un chillido molesto brotó de la garganta del adversario, observando escapar a su presa. Desde el lomo, el grupo sintió no sólo el escalofrío del viento, sino también de la sensación de peligro cercano.
Espabilada por el brusco cambio de inercia y los gritos de advertencia a su alrededor, Panit estudió aturdida la situación, y al ver el origen del problema, su mente calculó la posibilidad de enredar las alas del monstruo con una telaraña mágica, aunque debía esperar a que se acercase lo suficiente.
Cubriendo la preparación de su hermana, Zhia abrió fuego una vez más con el arco, aunque ésta vez apenas la flecha se incrustó un par de pulgadas en el pecho del ave que había cruzado su trayectoria con el abrupto picado de su montura.
Tratando de encontrar un lugar de aterrizaje entre el abrupto paisaje, Akon se había acercado tanto a la montaña, que al virar dirigiendo a la criatura hacia un área de arboleda sobre la que poder posarse, el ala de la montura chocó contra la rocosa ladera, sacudiendo a todo el pasaje con el impacto.
En el choque, Bukko de pronto perdió apoyo, aunque la cuerda lo mantuvo sujeto en una peligrosa situación al ave, con brazos y piernas sacudiéndose al viento.
Aunque Panit y Zhia supieron mantener el tipo bien aferrada a las plumas, de pronto Akon se vio a sí mismo girando en el aire, libre de apoyo y sujeción, cayendo a plomo desde las alturas a grito pelado.
Esforzándose en tirar de su cuerpo utilizando las cuerdas, Bukko logró llegar de nuevo a tomar pie sobre su montura, mareado por los giros descontrolados del ave tras el impacto.
Con un zumbido y la sacudida de un remolino de viento, de nuevo el ave atacante no logró alcanzar con sus garras al grupo, pues el brusco cambio de trayectoria por el impacto de la presa deshizo los cálculos de trayectoria en la instintiva mente del agresor. En ese momento, liberando sus manos del agarre, Panit convocó su magia enredadora contra el ave que acababa de pasar a ras de ellos -a pesar de los tumbos de su montura-, envolviendo las alas del atacante en una viscosa masa pegajosa.
Con un chillido de sorpresa, la criatura atacante se estampó con un estruendo contra la ladera de la montaña, causando un pequeño derrumbe de rocas y cascotes, junto a una polvorienta nube de nieve y tierra.
Recuperándose del impacto inicial, el transporte del grupo realizó una impresionante pirueta para recuperar un movimiento sin perturbaciones, lanzándose en persecución del brujo en caída libre. Colocándose justo bajo el cuerpo del tiflin, el águila gigantesca permitió que éste se aferrase lo suficiente como para que, al realizar una maniobra de remontada, Akon estuviese ya sobre el lomo, agarrado y listo para el viraje hacia las alturas.
Observando en la distancia la evolución del ave trabada, ésta forcejeaba con sus alas para liberarse, chillando con desesperación, al mismo tiempo que intentaba aferrarse con sus garras a la irregular ladera.
Por fin, con un impulso, logró partir la telaraña que imposibilitaba el aleteo, arrojándose al aire para volver a su vuelo.
Sin embargo, en el breve lapso de tiempo en que había logrado recuperar la compostura, el vehículo de los aventureros ya se hallaba lejos de ser una presa fácil de alcanzar, por lo que el ave monstruosa, frustrada, remontó el vuelo, alejándose hacia el sudeste entre las espesas nubes oscuras.
Liberados de la tensión pasada, de pronto los compañeros fueron conscientes de que, en el ascenso en vuelo por la montaña los sacudió con una caída de la temperatura cada vez más brutal, pues entre el viento y el clima apenas eran capaces de sentir sus dedos, al percatarse de que estaban alcanzando cerca de -20ºC o incluso más frío. Más allá de los estrechos ojos que protegían brevemente del frío, el grupo observó que un estrecho camino que serpenteaba ascendiendo por los riscos de la montaña hasta alcanzar una enorme repisa completamente nevada donde el camino se abría frente a lo que parecía una pared tallada de forma artificial. El frontal de la estructura, abarcando unos 15 metros de alto, poseía unas abandonadas alcobas con estatuas de rasgos humanóides de unos 6 metros de altura: cada estatua estaba tallada en piedra... y xion -aquellos lugares que representarían piel en un ser vivo a la vista, como manos, pies, brazos y rostro-, visión que dejó boquiabiertos a Akon y Panit. La representación mostraba una figura encapuchada sin rostro, cuyas manos se unían en un gesto de oración. Entre las dos estatuas centrales, un arco de la misma estatura que las tallas mostraba unas escaleras que descendían hacia la oscuridad.
Al acercarse en el vuelo, no sólo el aspecto de las estatuas fascinó a los usuarios de lo arcano, sino el hecho de verlas plagadas de escrituras del lenguaje de los Peregrinos. Incluso Zhia, fascinada por los propios Peregrinos, se encontraba maravillada.
Más allá de la pared tallada, la montaña continuaba de forma natural hacia las alturas, perdiéndose entre las nubes de tempestad inminente.
Cuando el ave tomó tierra, levantando una nube de nieve polvorienta, dejando el suelo de roca momentáneamente libre de la blanca capa que lo cubría, desnudando la piedra de la montaña a sus pies.
En el momento de bajar del ave, de pronto el grupo fue consciente de que el frío que azotaba la montaña podría matarlos en cuestión de horas si no encontraban presta una solución, la cual proponía Bukko señalando la arcada entre las estatuas que descendía hacia la oscuridad.
En aquel clima, incluso el ave protegida contra el frío parecía manifestar incomodidad.
Azuzando a sus compañeros, Bukko y Zhia se encaminaron al interior de la construcción, mientras Akon y Panit trataron de procurarse una momentánea fuente de calor con fuego alquímico y una esfera de llamas para poder leer uno de los textos de las estatuas. Akon logró entresacar que aquel templo estaba dedicado al Dios del Conocimiento: Erekar (el cual sí formaba parte del elenco divino en la actualidad). Al parecer, este lugar estaba consagrado mediante una alianza con el Dios y los Peregrinos para acumular y guardar conocimientos que sólo una mente preparada para descubrir los secretos del universo pudiese soportar. Panit, por su parte, descubrió que este templo pertenecía a una orden de sabios que se dedicó a salvaguardar las tumbas de los Peregrinos que poco a poco iban perdiendo su poder y, para quedar anclados en el mundo material, diseñaron y fabricaron féretros de xion con los que fijar su esencia en Voldor para compartir sus conocimientos con los Peregrinos que los precediesen. No sólo eso. Durante su rápido examen, la palabra "biblioteca" quedó expuesta a los ojos de la maga mida, despertando su interés más de lo que ya hacían las propias estatuas.
En la distancia, observando el fuego alquímico y la magia apagarse poco a poco, Bukko y Zhia descendieron por las escaleras. Con Zhia atenta a la estructura de extraña roca pulida -aunque castigada por las eras- y sus posibles peligros, la pareja avanzó levantando ecos con sus pisadas.
Al cruzar el arco de la entrada, las anchas y heladas escaleras al otro lado bajan hasta unos tres metros de profundad, hasta una antesala desgastada por el tiempo, con troneras a ambos lados. Más allá de la arcada, la oscuridad dominaba por completo. Bukko extrajo una antorcha, previniendo la falta de visibilidad. Al iluminar el paso, quedó patente que la estructura era una construcción de los Peregrinos. De hecho, bajo la roca de los muros podían observarse estructuras similares al templo de Krezk, con hebras de un extraño material que emitían un leve zumbido. De vez en cuando, un casi imperceptible destello de luz se desplazaba desde la entrada hacia el interior de la construcción. No sólo aquello denostaba el origen del lugar, sino las planchas de roca que cubrían los canales de energía, grabadas con glifos Peregrinos.
Continuando el paso, ambos compañeros llegaron a una gigantesca balconada de unos 6 metros de ancho, con suelo de roca negra pulida y una destrozada valla metálica protegiendo de una caída una imagen sobrecogedora:
un templo descomunal al que se descendía por escaleras del mismo mármol negro que cubría el suelo. A ambos lados de la balconada, dichas escaleras descendían 12 metros hacia una sala gigantesca. El techo en bóveda sobre la balconada se encontraba a su vez a otros 12 metros, generando una sensación de que sólo un coloso podía habitar aquí sin sentirse abrumado por el tamaño.
Los muros y techos de la construcción se encontraban tapizados con xion luminoso, dando al entorno un tono de luz suavemente dorado.
Dos juegos de puertas con vetas de xion tapizando una estructura de roca se encontraban cerradas en el lado oeste de la balconada, con otros dos juegos similares abiertos en la zona este.
Bukko entonces fue consciente de que aquel lugar parecía completamente abandonado desde hacía siglos... aunque, según Neferon, éste también había sido su lugar de reposo. Por desgracia, su antorcha era incapaz de ilustrar todo el entorno, dejando una sensación de oscuro y gélido vacío más allá de su tenue halo templado.
En ese momento, cuando Akon y Panit se reunieron con la avanzadilla, todos fueron conscientes de que, incluso en el interior de la construcción, todo transmitía un terrible frío (a pesar de que el clima exterior había quedado al otro lado de la entrada). Aquel clima les hacía sentirse entumecidos y adormilados... y si no lograban hallar una fuente de calor lo antes posible, posiblemente perecerían como bloques de hielo en aquel lugar olvidado.
Moviéndose apiñados, sus pasos levantaban ecos que se perdían más allá del halo de luz de la antorcha, haciendo intuir que el lugar era incluso mayor de lo que pudieran sospechar.
Panit, preocupada de que el clima pudiese hacer fracasar su incursión a aquel lugar, de pronto tuvo una idea:
llevando a Akon con ella hacia el exterior, pidió que el tiefling hiciese que la montura se quedase quieta, momento en que la mida arrancó un buen puñado de plumas. Causando estupor y molestia a la criatura, a la vez que Akon la desconvocaba para evitar que quedase destruida por el frío, acompañó extrañado a la maga con el enorme fardo de plumas arrancadas hasta la balconada junto a sus compañeros. Intrigados por lo que sucedía, todos observaron que Panit comenzó a concentrarse sobre la gran pila de material. En un instante, la magia brotó con un pulso envolviendo las plumas, que poco a poco comenzaron a cambiar como derretidas por una inmensa fuente de calor, adoptando formas diferentes... hasta que, al concluir el conjuro, sobre el suelo aparecieron unas confortables y pesadas capas creadas a partir de las suaves plumas del ave. Al colocarlas sobre los aventureros y arrebujarse en ellas, a pesar de sentir aún el frío del entorno, la sensación gélida del ambiente quedó frenada lo suficiente como para poder actuar con más calma. A pesar de todo, era un remedio temporal para evitar una rápida congelación, que requería una solución tarde o temprano. Sin embargo, de momento podía bastar.
Tras equiparse con aquella protección, el grupo pensó en hallar un lugar cerrado al clima donde poder establecer un campamento que les permitiese protegerse más eficazmente contra la temperatura mientras se encontraban en el templo.
Pensando en ello, volvieron sobre sus pasos hasta las troneras a ambos lados del pasillo de la entrada. Donde Zhia era incapaz de penetrar la oscuridad del lugar a través de los estrechos y alargados ventanucos, Akon echó un vistazo a lo que su ángulo de visión permitía.
Al parecer, parecían dos puestos de guardia vacíos. Sin embargo, en la asaetera (tronera) a la derecha de la entrada, en una esquina podía observarse un cadáver conservado por el frío, con una raída túnica azul y una extraña varilla de metal y madera con inscripciones arcanas aferrada al pecho. Además de ello, en el suelo cerca de la abertura parecían esparcirse piezas de lo que pudieron ser en algún momento armas Peregrinas:
armas de rayos de xion. Tal era la actitud de intenso interés en el brujo que Panit no pudo evitar sospechar de la existencia de algo interesante al otro lado de la pared. Zhia preguntó por la intensa inspección de Akon, a lo que éste respondió que había encontrado un cadáver, provocando un gesto de extrañeza en la asesina. Cuando Bukko se acercó introduciendo la cabeza de la antorcha por la asaetera, Panit y Zhia pudieron ojear el área que la luz revelaba. En ese momento, todos fueron conscientes de que la habitación iluminada parecía no tener salida. Zhia rodeo la esquina buscando por todas las paredes accesibles adyacentes a la estancia, pero fue incapaz de hallar acceso alguno, más allá del zumbido bajo la roca negra.
Zhia, siendo consciente en aquel momento de la necesidad de una fuente de luz más potente, recordó que aquella estructura tenía similitud con el templo del celestial demente al oeste, así que empezó a buscar patrones parecidos en las paredes cerca de las asaeteras. Además, sus conocimientos sobre los Peregrinos le permitieron entender que muchos de sus edificios disponían de fuentes propias de luz que podían activarse desde las entradas.
Así, justo en la zona en que las escaleras desembocaban en el paso hacia la balconada, Zhia encontró una zona en la pared con unos grabados distintos a los glifos repetitivos de las paredes. Llamando a Panit, le señaló el punto en la pared. La maga ojeó el texto: "Bienvenid@ a nuestro templo.
Ilumínate con nuestra 'sabiduría'". Donde la palabra SABIDURÍA se hallaba con unos rasgos de grabado diferentes, Panit pulsó el glifo correspondiente a dicha palabra.
Nada sucedió.
Zhia comentó que quizá podría responder a una palabra de mando. Panit, entonces, pronunció en el lenguaje de los Peregrinos 'Sabiduría'.
En ese momento, una vibración aumentó en el aire durante un instante, y las áreas de unión entre paredes y techo del complejo comenzaron a iluminarse con una fina línea brillante, suficiente para proporcionar visibilidad (aunque no luz potente) en tono dorado a las áreas del complejo, incluyendo la cúpula que hacía de domo del área principal.
En ese momento, Zhia recordó en voz alta que el lugar le recordaba a los subterráneos de la Cámara del Segundo Génesis en el templo de San Markov.
La luminosidad permitió, al menos, hacerse una idea de la magnitud del complejo hasta donde los ojos podían alcanzar.
Desde el balcón se domina un vasto templo.
Las escaleras a ambos lados del mismo descienden hasta el lugar donde cuatro gigantescas columnas de obsidiana con vetas de xion dorado soportan la bóveda del templo. En el extremo norte se alza una estructura de 12 metros de altura con una representación similar a la de las estatuas más pequeñas del exterior, incluyendo las mismas partes en xion dorado que las de aquellas, pero en proporción considerablemente más grandes. Sus manos, por contra, se extendían como si se encontrasen en mitad del lanzamiento de un conjuro.
Lo más inquietante de aquella estatua era que su rostro, en lugar de mostrar una estructura familiar de xion... era un vacío de absoluta negrura.
La imponente escultura se alzaba entre dos balcones de la ya conocida piedra negra, uno de los cuales se encontraba derrumbado en parte, habiendo caído sobre el suelo del templo, del mismo material.
Bajo el balcón derruido se encontraba una entrada abierta.
Las paredes del lugar estaban recubiertas de hebras alineadas con diseños geométricos de xion dorado, pulsantes de leves impulsos energéticos.
Las puertas que salían del lugar contenían paneles de metal -con runas y glifos tallados en xion dorado- adosados a la piedra que las formaba.
Pasillos abovedados con diseños de xion en sus superficies partían del templo a oeste y este, cuyos arcos también poseían runas y glifos de xion dorado grabados.
Flanqueando las salidas, se encontraban nichos con estatuas de mármol blanco representando sabios, sacerdotes y magos humanos ataviados con ropajes apropiados, incluyendo algunos curiosos sombreros puntiagudos y bastones dorados. En particular, una de las estatuas había caído hacía ya tiempo, quedando reducida a escombros en el suelo.
A la derecha del mirador donde se encontraba el grupo, fueron conscientes que, a diferencia del lado izquierdo, había una doble puerta de obsidiana y xion dorado entreabierta (su opuesta parecía firmemente cerrada).
Sin esperarlo, unos ecos arcanos rebotaron entre susurros por las paredes del templo. Al mismo tiempo, unos jirones de sombras y bruma envolvieron a una sorprendida Zhia quien, a medio camino de un grito de aviso, se desvaneció en el aire, dejando un pesado silencio como recordatorio de su presencia. Sobresaltado, Bukko concentró sus sentidos en el origen de la magia, pudiendo captar que procedía de la cabeza de la estatua.
Por su parte, Panit quedó impactada al reconocer la prisión temporal planaria a la que había sido sometida su hermana... irónicamente DENTRO de otro lugar planario del que no se podía escapar, que ella supiera, de momento.
Zhia, aturdida por la experiencia, sintió como su cuerpo flotaba en una bruma de pesadilla, rodeada por espectros susurrantes sin rostro que trataban de enloquecerla con amenazas de tortura eterna cuando su alma abandonase por fin su cuerpo. A pesar de ello, la mida resistía a duras penas aquella situación inesperada.
Tratando de dilucidar lo sucedido, Akon descargó dos disparos de energía sobrenatural hacia la oscuridad del rostro de la estatua, tratando de ser detenido demasiado tarde por Panit, mientras Bukko observaba boquiabierto el avance lento y certero de la energía hacia las tinieblas, su cerebro pensando a toda velocidad que si, detrás de aquella oscuridad se encontraba una pieza de xion proporcional a la de las estatuas exteriores, aquello se convertiría en una hecatombe. Sin embargo, la oscuridad absorbió la energía sin mayor problema, y de su interior se escucharon unos pequeños impactos apagados.
Tras un tenso momento, nada sucedió.
Al ver aquello, Panit reconoció la magia de oscuridad activa de forma duradera en el hueco de aquella capucha de piedra.
Bukko, perturbado por la circunstancia, con un sudor frío posterior a ser consciente de que podía haber sucedido una catástrofe, descendió por un de los tramos de escalera hacia el enorme recibidor del templo, tratando de percibir alguna esencia demoníaca, celestial o nigromántica en el entorno.
Tras él, Akon y Panit no se despegaban de su presencia protectora, precavidos por lo que pudiese acecharles.
Al descender hasta la base del templo principal, el grupo se percató de reojo de los pasillos abovedados de 3 metros de altura, cuyas paredes se tapizan por finas placas de xion que levantan reflejos creados por la luz ambiental.
En el momento de cruzar por el área, de pronto los reflejos de los recién llegados son percibidos en los paneles de xion del pasillo más cercano. Sin embargo, las imágenes no caminan igual que sus dueños, sino que miran hacia ellos con rostros desesperados, golpeando el xion desde dentro, sacudiendo los brazos en dirección al grupo, gesticulando silenciosos gritos de extrañas advertencias.
Desde allí, además se percatan de que las puertas a la izquierda de la estatua (o a la derecha, si se miraban desde la perspectiva de la comitiva) parecían mucho más firmes y seguras que las observadas en la balconada.
Con un escalofrío, en el instante en que Bukko pisó la base de las escaleras, sus sentidos divinos le informaron de tres presencias cercanas nomuertas, en cierto grado de amenaza, al acecho tras unas troneras en la planta a la altura de la balaustrada de entrada.
En el momento de alcanzar la zona inferior de la inmensa sala, los aventureros se percataron de las dobles puertas de seguridad en piedra y xion que se situaban justo debajo de la balconada de acceso al templo, tan bien protegidas como aquellas en la zona nordeste.
Resueltos a descubrir si existía algo importante en la estatua central, al continuar su avance en la gélida quietud de la construcción pudieron percatarse de que en la esquina noroeste de la gran estancia, lo que pudo ser una puerta de seguridad como las que se percibían con claridad e intactas, mostraba ser un enorme montón de escombros junto al derruido de la balaustrada justo sobre ella. Hundidos hacia el interior de la habitación tras los mismos, los pedazos de piedra negra y xion inútil daban paso a la imagen de una estancia con cascotes de puerta acompañando a restos de huesos aplastados, e incluso armas y armaduras en el mismo estado.
Confiados en una cierta sensación de seguridad aparente por no aparecer amenaza alguna, en un instante se escuchó el restallar de una explosión eléctrica junto a un rayo brotado desde la oscuridad de la enorme estatua que estalló con una cegadora explosión de luz en medio de los tres caminantes, desparramándolos por los suelos con la terrible descarga, con el foco central del impacto en el tiflin. Aunque Bukko -sorprendentemente por su volumen- logró evitar el peor castigo eléctrico, Akon salió despedido con el pecho humeando, golpeando de espaldas el suelo, y Panit se sacudió espasmódica con todo su pelaje de punta, temblando por el impacto, rodando hasta detenerse unos pasos. Cuando Bukko fue capaz de incorporarse tras quedar sentado por la explosión eléctrica, observó a su alrededor que ni Akon ni Panit se movían desde donde habían caído tras el impacto.
Apretando los dientes por la peligrosa situación, Bukko tomó ambos cuerpos, arrastrándolos en dirección al pasillo oeste para apartarlos de la vista de lo que fuese que los estaba atacando, pensando en cómo recuperar a sus compañeros para la acción.
A lo lejos, una voz quebrada por la edad levantó ecos a la espalda del paladín:
"¡Malditos seáis, invasores de Strahd! ¡No os haréis con los poderes y conocimientos que hay en este lugar! ¡Alejaos de aquí! ¡Enfrentaos a la cólera de los elementos y morid dignamente... o caed bajo el poder de mi magia!"
Bukko gritó que, al contrario de lo que aquella voz pensaba, ellos eran ENEMIGOS de Strahd. La voz hizo una pausa, para después preguntar cómo podrían asegurar tal afirmación. Bukko gritó que era un paladín de Waroui... un instante después cambió su afirmación por paladín de Andral. Confusa, la voz repitió las últimas palabras. Acompañando a sus palabras, Bukko elevó una plegaria curativa en voz alta para que sus palabras llegasen a la lejanía, al tiempo que se ocupaba de recuperar algo de la vitalidad de sus compañeros caídos. De pronto, la voz quebrada preguntó si el tal Andral era aliado del Señor del Conocimiento. Bukko expresó que su culto respetaba los designios de tal dios. En ese momento, la voz cambió su tono de amenaza a uno de reprimenda, preguntando que cómo se les ocurrió la estupidez de subir hasta el templo para morir por el clima, con el frío que hacía.
Con un bufido, la voz gruñó "¡esperad ahí, estúpidos!", con algún tipo de intención.
De repente, varios latidos más tarde, un siseo brumoso dio paso a un grito y un impacto sólido contra el suelo desde la balconada. Allí, Zhia se incorporó aturdida, percatándose de que a su alrededor la situación había cambiado.
Buscando con la mirada a sus compañeros, observó que se encontraban en la planta inferior, ocultos tras una esquina, su hermana y el brujo en bastante mal estado. Desde su posición también pudo observar como, desde la parte posterior de la estatua, una figura encorvada con movimientos decrépitos, apoyada en un bastón, se dirigía hacia ellos. Su larga y barba blanca y sus espesas y pobladas cejas contrastaban con un rostro plagado de arrugas, manos huesudas y uñas muy largas. El golpeteo de su báculo se hacía evidente, sin intención de ocultarlo. Cada paso con una evidente cojera levantaba un quedo quejido en el recién aparecido.
Al tener a la vista a los heridos, el hombre agitó el bastón en el aire.
"Pero, ¿qué hacéis, insensatos? ¿Por qué os acercáis de esa forma tan desafortunada? Es curioso que entendáis los mecanismos del templo... ¡y sin embargo no avisáis de vuestra presencia!"
Cuando Bukko comenzaba a explicar que habían entrado en paz y sin provocar conflictos, el anciano continuó sus gruñidos: "Pero este lugar suele ser invadido por descerebrados de Strahd, bárbaros y estúpidos en busca de conocimiento prohibido aquí".
Con un resoplido, Akon explicó que si en la puerta no había nadie a quién anunciarse, era imposible hacerlo. El viejo replicó que vociferar firmemente era suficiente entonces. Calmando con un gesto a un cada vez más molesto brujo, Bukko preguntó si el hombre era un sacerdote del templo. Éste contestó que su nombre era Heinrich Stolt, uno de los guardianes del conocimiento del Templo de Erekar. Al escuchar aquello, Bukko apuntó que era un mago, cosa que el hombre corroboró con orgullo, añadiendo que además era uno de los más poderosos. "Y de los menos inteligentes, por la forma de recibir aliados", comentó el paladín. El anciano se excusó en su desconocimiento de los recién llegados, pues él sólo había visto incursores que entraban al templo sin pedir permiso. Bukko replicó que aquella actitud obtusa había estado a punto de eliminar a tres poderosos enemigos de Strahd. Con una mirada inquisitiva, el mago dudó del apelativo "poderosos", pues habían caído rápidamente ante un simple conjuro. Cuando Panit, enfadada, comentó que el mismo suceso habría ocurrido a la inversa si ella lo envolvía en una explosión de fuego, el mago se burló comentando que la habría disipado con su inmenso poder.
Sacudiendo la cabeza para apartar las extrañas disputas de aquella situación, el hombre bajó el tono de voz y preguntó más calmado qué demonios hacían allí.
Qué querían. Por qué habían viajado a aquel lugar. Se iban a helar de frío con esas extrañas capas y esas pintas. Bukko respondió que deseaban recopilar más información con la que poder derrotar a Strahd.
Panit, intrigada, se fijaba mientras tanto que el hombre llevaba una simple túnica protegiendo sus delgados huesos. Al preguntarle si no tenía frío, el hombre contestó que su poder le protegía. "Yo soy el reducto más poderoso de aquellos que vivieron y murieron aquí".
"Explicadme", continuó. Y girando la cabeza, señaló a una Zhia que trataba de bajar las escaleras sigilosa, comentando "Tú. ¿Qué haces? Baja, baja, que te he visto". "Al resto, lo mejor es que no estemos aquí demasiado. Venid conmigo", se apresuró a indicar Heinrich, dirigiéndose a la estatua.
"Vamos. Si nos quedamos mucho tiempo aquí, los guardianes locos empezarán a molestarnos". Cuando Bukko comentó que había detectado presencia de muertos vivientes, el viejo mago explicó que se trataba de los espectros de los viejos guardianes que murieron protegiendo el lugar. Con malos modos, el viejo arreó como si se tratase de un rebaño a los aventureros hacia la estatua.
Al llegar a la base posterior, el hombrecillo apoyó su mano sobre un panel de piedra en la estatua, el cual se hundió ligeramente, produciendo un zumbido y un brillo que delimitó una pequeña superficie rectangular. En ese momento, en el centro de la base tras la estatua, una puerta de piedra se desplazó con un suave sonido rasposo de roca hacia un lado, dejando al descubierto un estrecho paso oscuro al interior de la talla. Sin detenerse, el hombre conminó al grupo a acompañarlo.
Al entrar, el grupo se maravilló de la circunstancia evidente a la estatua:
su interior estaba hueco, más allá de una escalera de caracol central alrededor de un poderoso pilar de piedra. La superficie interior de la estatua estaba plagada de líneas de energía de xion en pleno flujo hacia arriba y abajo de las paredes, runas de Peregrinos y extraños mecanismos ancestrales, tiempo ha olvidados por la historia. Cuando Panit observó aquello, fue consciente de que se trataba del centro de control del Templo. Dañar aquel lugar representaba una posible reacción en cadena que habría volado en pedazos la ladera de la montaña. Suerte que los estallidos de Akon no eran lo bastante potentes.
Con un gesto perturbado, Zhia entró la última, momento en que Heinrich la azuzaba, comentando que a pesar de su magia aprisionadora del cuerpo y la mente, no era excusa para ser lenta. Al tratar de tirar de ella, Zhia lo esquivó para acercarse a Panit. Tras ella, un suave pitido junto a un nuevo raspar de roca reveló que la puerta se cerraba tras ellos, sellándose los bordes de la entrada como si nunca hubieran existido.
Ascendiendo por los escalones, en el momento en que un pie presionaba uno de los mismos en la escalera de caracol, provocaba que una esfera cristalina de azul brillante se iluminase a la altura de la cabeza del caminante en el pilar que sostenía la escalera, proporcionando iluminación y visibilidad a todo el entorno, además de añadiendo un extraño detalle de tonos azulados a todo lo que observaban.
Aquella luz permitió estudiar con más detalle las runas interiores de la estatua, indicando a priori que, en efecto, eran el eje de control de los mecanismos que actuaban por todo el templo.
Donde Panit intuyó en los textos que se trataba de antiquísimas fórmulas para activar los mecanismos que controlaba la estatua, con una edad similar a la era de los Peregrinos en Voldor, Akon descubrió que los letreros de las paredes se referían más específicamente a mecanismos de mantenimiento de las Tumbas de los Peregrinos.
Heinrich, sin esperar, subió hasta la cúspide de la escalera, hasta una pequeña habitación con una pequeña mesa atiborrada de libros de todo tipo, restos de material y mecanismos, herramientas de diversas funciones, mapas de Uarowia, y mapas de regiones de Voldor que, en su mayoría, habían desaparecido de la historia o habían cambiado. Junto a ellas, un pequeño cofre sujetaba fajos de papiros y papeles, al lado de un grimorio de mago muuuuy grueso -de páginas y cubiertas anormalmente grandes- que hacía una función similar... al parecer.
Y, donde debería encontrarse un domo de oscuridad, el grupo pudo observar en bajorrelieve la enorme representación de un rostro en xion, cuyas cuencas oculares estaban vacías, a modo de ventanas de observación por las que podía verse toda la sala frente a ellas -por la que habían accedido los aventureros-... sin tinieblas que entorpeciese las vistas.
Observando a sus invitados, el mago convocó unas viejas sillas de madera tras los recién llegados, dispuesto a escucharlos. "Muy bien... sentaos... hace mucho tiempo que no tengo visitas. Decidme, ¿qué necesitáis? Ah. Y perdonad por la quemazón de la magia. Espero no haberos causado demasiada molestia", comentó con una reverencia de disculpa. Akon, intrigado, preguntó en Peregrino al mago por qué todo en aquel lugar estaba sellado con -o impregnado de- xion. Contestanto en común, el mago explica que el templo era la última parada de los Peregrinos, preparada para su descanso hasta su regreso, en el momento en que pudieran transmitir los conocimientos necesarios para que el mundo avanzase hacia un nuevo estado de prosperidad y bienestar.
Akon, comentando la inestabilidad del material, preguntó por qué había tanto acumulado allí. Heinrich lo corrigió, explicando que el xion era uno de los materiales más resistentes que existían. Panit realizó la observación de que si se lo dañaba de forma agresiva -como por ejemplo magia explosiva- podría provocar una reacción en cadena devastadora. Heinrich afirmó que eso era cierto, pero antes había que dañar el material. La reacción posterior... ya era harina de otro costal. Al hablar a Panit, el hombre la observó intrigado, preguntando si había estado recientemente en contacto con xion.
Al expresarse así, de pronto todo el grupo fue consciente de un cierto desagrado en aquellas estancias, como una energía palpable que los sobrecargase... la presencia de tal cantidad de xion era abrumadora.
Ante el comentario del mago, Panit enseñó parte de los cubitos de xion extraídos del templo de San Markov, sorprendiendo al anfitrión al comentar que se trataba de su reserva personal. Cuando la mida explicó que había logrado aquel xion de una ventana, Heinrich preguntó que dónde había encontrado una ventana de tal material. De hecho, dudaba que una ventana de xion tuviese tanto xion.
El anciano se mostró suspicaz a la explicación y la cantidad de material.
Panit trató de desviar el tema, comentando que se lo explicaría más adelante.
Durante la conversación entre magos, el grupo se percató de que el anciano portaba una extraña túnica llena de parches con diferentes formas, tejidos con cierta delicadeza... aunque muy viejos. Era una extraña forma de presentarse como un estrafalario usuario de magia.
Pero la naturaleza del bastón que portaba en su huesuda mano no dejaba lugar a dudas de que, dada la poderosa naturaleza de aquel objeto en apariencia inocuo, el poder que podría enarbolar aquel anciano era evidente para los conocedores de lo arcano como Akon o Panit.
En medio de la conversación, al sentirse ávidamente observado, Heinrich gruñó pidiendo que sus interlocutores le mirasen a la cara mientras le hablaban, en vez de mirar sus posesiones.
Aquel comportamiento lo hizo ponerse nervioso e incidir en los motivos de la llegada del grupo. Akon intentó razonar nuevamente, explicando que buscaban formas eficaces de acabar con Strahd, buscando en cualquier conocimiento ancestral a su alcance para lograr su objetivo.
"Pues la mejor forma sería investigar en la biblioteca del liche".
Ante esas palabras, Akon y Panit se miraron, parpadeando, al tiempo que Bukko frunció el ceño.
"Pero tenéis que pasar por el liche", concluyó el anciano mago. "Es el protector de la biblioteca. Y como tal, puede causaros problemas".
En ese momento, Panit se dirigió a Heinrich, comentándole que, cuando destruyesen a Strahd, todo el plano de Uarowia desaparecería. Ante tales palabras, el anciano quedó desconcertado, desconociendo a qué se refería la mida con "plano". Intentando comprender sus palabras, respondió si el hecho de acabar con Strahd haría que Voldor desapareciese. Panit explicó que, en realidad, no estaban PER SE en Voldor, sino en un semiplano con algunas características de una antigua región de Voldor. Akon entonces expuso que quizá las nieblas no harían desaparecer Uarowia, sino que la devolverían a Voldor. Panit continuó comentando que posiblemente, fuera como fuese, las almas de Uarowia se liberarían el Voldor para reencarnarse.
Heinrich observaba a ambos contertulios con una mirada confusa.
Al final del diálogo, ambos convergieron en que, a causa de la desaparición, deseaban aprender los conocimientos que el mago poseía, a lo que éste se negó a compartirlos, porque los había ganado con su esfuerzo.
A pesar de ello, Akon comenzó a insistir vehementemente.
Panit, en ese momento, corrigió a su compañero, comentando que lo más justo sería un intercambio arcano, a lo que Heinrich sí empezó a avenirse.
Así, Zhia y Bukko asistieron a una pequeña conversación entre sus aliados usuarios de lo arcano y el anciano para acordar en un futuro cercano qué magia podrían aprender unos de otros, aburridos por los tecnicismos y revelaciones de los tres contertulios, con Zhia remoloneando con sus ojos aquí y allá de aquel sencillo refugio, pasando en más de una ocasión por los papeles sobre la mesa del lugar. No sólo negociaban con conjuros... Panit también trató de persuadir al viejo mago con objetos mágicos... desgraciadamente de escaso valor.
En un momento de la conversación, la mida solicitó si el mago iría con ellos a matar a Strahd, recibiendo un contundente NO por respuesta, lo que frustró a Bukko, expresando en voz alta por qué nadie en aquel puñetero valle con una pizca de poder quería embarcarse en una lucha contra Strahd, quien estaba convirtiendo sus vidas en un infierno.
El mago contestó que él era un guardián del conocimiento, y en su Templo estaba cómodo y a salvo. Panit replicó que su vida entonces carecía de sentido más allá de aquellas paredes, a la vez que Akon comentaba que Strahd podría entrar en cualquier momento para arrasar el lugar. El mago, por contra, explicó que estaba seguro de que Strahd no entraría allí, pues disponía de los recuerdos y conocimientos de todos los Vestigios espirituales de los Peregrinos que descansaban en aquel lugar y no deseaban volver a su plano de origen.
Akon, interesado, quiso tomar la palabra, pero Bukko se adelantó preguntando si aquel templo era el origen de la transformación de Strahd en vampiro.
El mago comentó que no lo tenía muy claro.
Justo en ese instante, el mago observó el interés de Zhia por observar con atención sus pertenencias en la mesa, y la golpeó como un rayo con su bastón, sobresaltando a todos los presentes. Con un gruñido senil, escupió las palabras "no mires lo que no es tuyo" a la asesina. Ésta se excusó en que, al no saber de hechizos y cosas arcanas de las que los usuarios de magia hablaban, estando aburrida quería entretenerse en algo. El mago recriminó que, en ese caso, qué pintaba allí. Panit dijo que los acompañaba porque no iban a dejar sola a su hermana en medio del frío de la montaña, eso estaba claro.
En ese momento, en un senil gesto de recuerdo, el anciano mago observó a Akon, escrutado por una suspicaz mirada de Bukko, atendiendo a sus palabras.
El brujo preguntó que por qué Strahd, siendo un Peregrino, se transformó en un vampiro. Antes de que Panit y Bukko explicasen a Akon la consecuencia de un extraño ritual fallido en el pasado que convertiría al Peregrino Strahd en un ser de carne y hueso, el anciano mago preguntó a Akon por qué le interesaba aquella información. Akon explicó que deseaba conocer las motivaciones de su enemigo, mientras Zhia respondía que querían saber cómo matarlo, a lo que el anciano replicó que una estaca en el corazón, cortarle la cabeza, llenar la boca de ajos y exponer sus restos al sol dentro de una corriente de agua fría serían lo necesario para hacerlo. Bukko indicó que aquello no funcionaría.
Ellos tenían información precisa de que eran necesarias una serie de cosas para poder destruir su amenaza de forma permanente, pues Strahd no era un vampiro corriente. De hecho, según sus conocimientos... era el Primer Vampiro.
Mientras el mago meditaba la posibilidad de aquella afirmación, Bukko preguntó si él era enemigo de Strahd. El mago recordó que él no era enemigo de Strahd, sino que protegía su templo de las huestes del vampiro. Aquello no lo convertía en enemigo de Strahd. Simplemente frenaba a los aliados del vampiro y sus intenciones pérfidas, pues en el templo hay muchos secretos que Strahd quizá estaría interesado en robar.
Bukko entonces dijo al mago que se dejase de rodeos y contase cómo se convirtió Strahd en lo que era, y qué hizo exactamente. El mago, entrecerrando los ojos con una sonrisa, señaló con su dedo al paladín diciendo: "aaaah... eso es lo que quieres saber. Eres muy curioso (risilla malévola). ¿De verdad quieres saberlo?". "Si me sirve para destruirlo, sí", contestó Bukko. "Y si no, también", añadió Panit. Bukko la miró de reojo con reproche, pensando que a lo mejor había cometido un error al dejar aquel conocimientos en manos de aquella mida tan descerebrada con la magia.
"Si estás tan interesado, ven conmigo a la Cámara de Xion", concluyó el anciano. Panit se frotó las manos tras Bukko con una sonrisilla al escuchar aquellas palabras. "Venid conmigo todos, y enfrentad vuestros pensamientos a los de los Peregrinos", habló en general Heinrich. "Señor mago", interrumpió la maga en su movimiento para tratar de salir de la estancia al anciano.
"¿Usted me daría algo de xion?". El mago se negó en rotundo, sin más explicaciones.
Akon, al incorporarse, preguntó si había alguna forma de concluir con éxito el ritual que comenzó Strahd y quedó estropeado. El mago afirmó que así era... con la sangre de una mujer en particular. Zhia se encogió de hombros, comentando por lo bajo que ya la habían quitado de en medio.
De pronto, mientras el grupo se movía, Akon comentó que habían estado tratando de evitar que Strahd se transformase en humano durante todo el tiempo... pero si se transformaba en humano... PODRÍAN MATARLO. Bukko comentó que no sabían en qué tipo de humano o con qué poder quedaría imbuido, mientras Zhia comentaba que podrían matarlo... si se dejaba. Era una situación muy condicional y desconocida. Panit comentó que ella no estaba dispuesta a sacrificar a Ireena, y Zhia añadió que ese barco ya había zarpado. Ireena ya estaba más allá del alcance del Peregrino.
Durante el trayecto de bajada y salida de la estatua, en que el anciano azuzó a sus acompañantes para seguirlo, Panit preguntó si conocía los hechos de la creación de las razas. El mago sonrió, afirmando con rotundidad que conocía aquellos hechos. Akon, por su parte, preguntó qué había sucedido en las habitaciones al otro lado de las troneras. El mago explicó que murieron en los diferentes ataques de aliados de Strahd a la fortaleza. Por ello los últimos guardianes siguieron protegiendo el templo sin descanso. Zhia preguntó cuánto tiempo llevaba allí. El mago, pensando un momento, reveló que iba ya por unos 4 siglos aproximadamente. Akon se sorprendió de su longevidad, a lo que el mago respondió que la magia era la respuesta.
Justo al salir de la puerta inferior de la estatua, el anciano avanzó en línea recta hacia la pared tras la misma. Comenzó a dibujar extraños símbolos mágicos en el aire en forma de ondas visibles en diferentes direcciones, a lo que la pared de enfrente respondió con una iluminación de símbolos similares formando los rasgos de una puerta sobre la propia piedra negra. Aquellos símbolos provocaron que la superficie de la roca se hiciese transparente, momento en que pudieron verse los extraños mecanismos Peregrinos en el interior de la materia, moviéndose como órbitas celestes relacionadas entre sí, hasta encajar unas con otras de una extraña forma encadenada, momento en que un zumbido provocó que la puerta transparente dibujase su entorno con claridad, separándose del resto de la pared y abriéndose, a la vez que su superficie volvía a su negra opacidad.
Al otro lado, la oscuridad se iluminó con unas finas líneas de luz dorada como en el resto del templo, cerca del techo, dejando ver un estrecho pasillo con una escalera polvorienta y agrietada de roca negra que ascendía más allá de la vista.
Heinrich, señalando con su bastón el acceso, dijo que podían subir las escaleras.
Podrían estar interesados en lo que encontrasen arriba.
Zhia preguntó si había alguien dentro, y si les atacaría. Heinrich confirmó la presencia de alguien, que dependiendo de los actos del grupo atacaría o no.
Panit preguntó si el ave monstruosa era una defensa del templo, a lo que el anciano se extrañó de la pregunta, negando al monstruo como uso defensivo o de ningún tipo. Explicó que era un morador de la montaña que atacaba por hambre (cuando detecta presas). Panit comentó que si lo cazaba podría tener mucho alimento. El mago explicó que en el templo había artefactos que suministraban alimentos sin necesidad de cazar en el exterior, cosa que él no hacía. Ni cazar... ni salir.
En ese momento, además de la curiosidad de Panit por probar alimentos de los Peregrinos, a Bukko le rugieron las tripas. Sonrió confesando que tenía mucha hambre... siempre tenía hambre. Ante la observación de que eso también eran palabras de los vampiros -momento en que miró a Bukko preguntándole si lo era-, el paladín respondió que los gordos también solían decir esas cosas.
Percatándose del interés de los recién llegados, el mago proclamó que podían ir al salón de banquetes.
Ante una afirmación general a su oferta, el anciano cerró el acceso mágico, y se dirigió hacia el lado oeste de la balconada, subiendo las escaleras, hasta llegar a una puerta doble cerrada en la zona de la planta superior.
Pulsando el panel de xion sobre la misma, éste se iluminó, permitiendo abrirse suavemente la piedra... momento en que el grupo fue consciente de que, al otro lado, había una estancia de piedra negra malograda por el tiempo, iluminada por varias antorchas fijadas toscamente a las paredes. Varios petates abiertos fabricados con pieles de animales cosidas se distribuían en el suelo. A través de una abertura en la pared suroeste, se filtraba un aire frío. Por suerte, el interior también se calentaba ligeramente por una hoguera en el centro de la sala ruinosa.
En el momento de abrir la puerta, varios bárbaros de aspecto rudo e idioma incomprensible se incorporaron desde unas pieles tendidas sobre el suelo de roca alrededor del fuego, alerta y agresivos, armas en mano, señalando a la puerta y gritando a una mujer de aspecto especialmente violento que ocupaba un lugar más privilegiado cerca del fuego.
El aspecto de estos extraños se asemejaba en gran medida a los bárbaros que protegían la colina de los druidas corruptos... junto al hecho de que un gigantesco lobo negro los acompañaba, poniéndose en pie de un brinco, gruñendo amenazador en dirección a los aventureros.
Al ver a los cinco hombres, la mujer y el lobo, lejos de sorprenderse, el anciano bufó: "ya decía yo que se metían en algún lado". Al murmullo de "molestias", Heinrich agitó su mano en sellos mágicos junto a un susurro arcano en su boca, momento en que una explosión de llamas salvajes de color escarlata invadió la estancia. Los chillidos y lamentos animales tras el fuego dieron paso al silencio, y al desaparecer la deflagración... sólo quedaron cenizas donde antes había seres vivos, además de restos de equipo, pieles y petates esparcidos y humeantes.
Akon, sobresaltado, preguntó si eran aliados de Strahd. El mago, continuando su camino hacia una puerta a la derecha de la que habían abierto, comentó de pasada que sólo eran bárbaros de las montañas que de vez en cuando buscaban refugio allí, causando inconvenientes y dejando suciedad y mal olor a su paso.
Aparte, servían como espías eventuales a Strahd, sí. De hecho, recordando la presencia del monstruoso lobo, Heinrich indicó que aquel animal sí era un verdadero informador de Strahd, sometido a su poder.
Cuando el grupo entró tras el anciano, la puerta tras ellos se cerró en silencio con un zumbido, obedeciendo a una palabra de Heinrich. Acto seguido, éste se encaró a la siguiente puerta, con la cual repitió el ritual de apertura que le permitiese acceso.
Dejando atrás los restos calcinados, observados con cierto interés morboso por Zhia, el grupo accedió a un nuevo pasillo con asaeteras orientadas hacia el espacio mayor principal del templo, justo bajo las cuales se encontraban desparramadas por el suelo piezas de lo que pareció antiguamente ser armas de rayos de xion, ahora inservibles, y varias puertas sencillas a la izquierda del paso -todas ellas con láminas y relieves de xion sobre piedra negra, además de las líneas y glifos de xion por todas las paredes-. Al fondo, una puerta doble similar a la que el grupo cruzaba permanecía cerrada.
Y justo unos pasos a la izquierda del acceso por el que pasaban, un cadáver yacía carbonizado, envuelto en restos de túnica y capa de pieles casi consumidas, junto a una enorme mancha de tizne en las paredes, fruto de un intenso fuego.
Pero lo más inquietante de todo fue presenciar como unos solitarios cráneos en mitad del pasillo, al cruzar la puerta el grupo, iluminaban sus cuencas de una luz verdosa, para acto seguido elevarse flotando en el aire, estallando en llamas verdes, y mirando en dirección a los recién llegados. Sus mandíbulas comenzaron a chasquear, causando un tétrico sonido.
"¡No!", grita entonces el anciano. "Son mis invitados. ¡Volved a vuestro descanso!". Al pronunciar aquellas palabras, el fuego de las calaveras se apaga conforme descienden hasta el suelo, momento en que sus ojos dejan de iluminar y quedan de nuevo inertes, sólo con unas ligeras chispas verdosas.
Zhia, al margen del despliegue de poder de los nomuertos que Bukko había percibido, se fijó en que el cadáver parecía similar al observado tras la asaetera de la entrada. Sin dejar de observarlo, conforme el grupo caminaba hacia adelante, la asesina se percató de que, bajo las pieles y la túnica, las manos abrasadas sostenían un bastón... intacto. Deteniéndose con intención de investigar el objeto, cuando Zhia lo tomó del suelo, Heinrich se detuvo en seco, girando su rostro, susurrando en tono de amenaza: "suelta eso. Es mío". Zhia, molesta por el comentario del anciano, vio como éxte extendía su huesuda mano. "Dame", continuó el hombrecillo. Antes de que Zhia fuese capaz de alargarle el objeto, éste provocó extraños pensamientos en la mida. Unas palabras se formaron en su mente: 'conseguiré poder sobre todo lo demás, y haré cualquier cosa para obtener más'. El mago siguió insistiendo, esta vez con tono paternalista, acercando lentamente su mano al objeto, el cual Zhia retenía con cierto esfuerzo entre sus manos. Cuando la mida forcejeó tratando de negarse, el anciano solicitó a sus amigos que le abriesen las manos para poder coger el objeto, porque si no lo entregaba, tendría un problema... a causa del bastón, no de Heinrich. Bukko, habiendo escuchado las palabras del mago, preguntó por qué el mago era su dueño. Éste explicó que, siendo el guardián del lugar, se encargaba de proteger su contenido y las posesiones que en él se hallaban. Bukko razonó que aquel mago no tenía el aspecto de ser de aquel lugar. Ignorando sus palabras, Heinrich volvió a comentar que lo mejor para todos era que él se encargase de aquel bastón.
Justo en ese momento, en un supremo esfuerzo de voluntad, Zhia arrojó el bastón hacia el anciano, gritando "¡malditas basuras de Strahd!". El mago explicó que era un objeto con una prodigiosa inteligencia, y podría haber controlado la mente de la asesina. Sólo estaba hecho para los intelectos más privilegiados. Panit en ese momento intervino: "Como la mía. ¿Puedo cogerlo?".
Heinrich volvió a insistir en que era de su propiedad. Zhia, refunfuñando, señaló preguntando por los restos de armas de rayos de xion, preguntando si también eran suyas, obteniendo una respuesta afirmativa del mago. Entonces, descaradamente, la asesina dijo que si se lo regalaba, que quería llevárselo.
Cuando el carcamal preguntó por qué quería un cachivache roto, Zhia contestó que le interesaban las cosas -bajo la emotiva mirada discreta de Panit-. En ese asunto, Heinrich no se negó, y la asesina reunió pedazos que consideró de utilidad aquí y allá de las armas de rayos destrozadas. Cuando Panit preguntó si el mago sabía reparar aquellas herramientas, éste confesó que sí, pero al haber varias, no podía detenerse a manejarlas todas él solo, así que hacía tiempo que había desestimado tal tarea. Cuando Panit siguió insistiendo en la defensa del lugar, a la que el anciano explicó que sólo necesitaba su magia y su bastón, el hombre de pronto, incómodo por tanta solicitud, cedió a Panit el bastón recién recuperado -si tantas ganas tenía de cogerlo-, para que lo cogiese. Panit, agradecida, tomó el bastón.
De pronto, su expresión cambió a mirada de adoración al objeto, con una expresión de absoluta ansiedad por el poder. Aunque un instante después, fue consciente de que aquel bastón quería apropiarse de su voluntad. Y si no lo hacía en ese momento, lo haría tarde o temprano. Al percatarse de ello, negando con la cabeza firmemente, se lo devolvió al mago.
"Ya te lo advertí", dijo él.
"¿Y a ti por qué no te domina?", preguntó, curioso y suspicaz Bukko.
"Porque mi mente es privilegiada", respondió el anciano.
Akon se acercó, preguntando si podía sostener el objeto, y el mago se lo entregó, con una sonrisa y encogiéndose de hombros.
Cuando las manos del tiefling envolvieron su superficie, su rostro cambió a absoluto éxtasis de poder. En aquel momento, sus manos se cubrieron de una fina capa de escarcha, y sus ojos se volvieron de un gélido azul.
Cuando el mago pidió el bastón, los pensamientos de Akon viajaron por otros derroteros. Aquel templo era una fuente incalculable de poder... en manos de aquel anciano debilucho. Matarlo sería la mejor forma de arrebatarle el poder. Un poder que, por derecho, le pertenecía A ÉL.
De pronto, una inmensa mano grisácea le arrebató el bastón sin posibilidad de resistencia, momento en que su mente volvió a sus cabales, con un gesto confuso de su rostro expresando en silencio '¿qué ha pasado?'.
Al sujetar el bastón, la mente de Bukko se llenó de imágenes de poder: él en la cúspide del templo, sus fieles adorando su imagen, Bukko al frente de una hueste sagrada que salvaría al mundo de su corrupción... y al ser consciente de que aquellos pensamientos procedían del bastón, se lo devolvió asqueado al anciano.
En ese momento, Akon recordó las palabras de Kasimir Velikov.
Ya que el mago decía ser muy poderoso, le preguntó si sobre el fetiche que habían reclamado temporalmente al elfo pesaba una maldición. El anciano, con una simple mirada, respondió con un 'no' rotundo. Akon comentó a quién pertenecía el objeto, y con una ceja elevada, Heinrich explicó que fue un antiguo estudiante del templo, dejando descolocado al brujo con tal revelación. El carcamal continuó explicando que abandonó el lugar porque su débil mente no soportaba el conocimiento prohibido encerrado entre aquellas paredes.
Conformes con lo sucedido, los aventureros continuaron al paso tras el anciano, hasta que éste atravesó el pasillo hacia las puertas dobles opuestas, en las que repitió su ritual de apertura.
Tras ellas se encontraba una amplia sala iluminada por esferas de energía mágica de color dorado, en cuyo centro se hallaba una enorme mesa de banquetes, vacía a excepción de una excelente vajilla dispuesta frente a cada uno de sus asientos. Aquel lugar parecía ausente de abandono. Al este de la habitación, otro juego de puertas dobles de xion dorado y piedra negra se encontraban cerradas -aquellas que en ese momento los aventurero recordaban pertenecían a una balconada destrozada junto a la gigantesca estatua central del templo-.
Después de que Heinrich pidiese amablemente al grupo que ocupara un asiento, dio una palmada al aire, y un zumbido que redujo por un segundo la luminosidad de la sala provocó un agradable aumento de temperatura, además de la manifestación progresiva y rápida de suculenta comida de todo tipo sobre los platos y fuentes de la mesa. Por su parte, las paredes de la estancia mostraban extrañas runas y glifos que generaban combinaciones de encendido y apagado durante el proceso, que se continuó con pequeños resplandores atravesando el suelo hasta llegar a la base de la mesa. Sorprendentemente, la comida reflejada en la mesa era aquella que provocaría más placer a los sentidos de cada comensal.
Disfrutando del ágape con ansiedad -bajo la sorprendida mirada del anciano-, Akon, con la boca llena, preguntó cómo era capaz de manipular tanto xion sin en el templo sin que se le fuese de las manos. El mago, comentando que, ya que el templo fue uno de los primeros lugares de tal magnitud en tamaño e ingeniería en Voldor, los Peregrinos pudieron transportar y manipular xion del que en ese momento había en grandes cantidades. Gracias a sus conocimientos y poder, les fue posible fabricar todo aquello.
En ese momento, Zhia comentó que en el lago dentro de Krezk vieron grandes vetas bajo el agua. Heinrich especuló que probablemente formasen parte del experimento del monasterio.
Panit cogió el testigo preguntando al anciano qué opinaba del monasterio.
En ese momento, señalando a Bukko, Panit y Zhia, el mago explicó que ellos eran el resultado. Así que, tuvo que funcionar, porque estaban allí. Sin embargo, confesó no haber visto muchos como ellos. Casi todos los que veía eran parcheados. En ese momento, preguntó si habían visitado el monasterio, en cuyo caso quizá supiesen si el mecanismo funcionaba mal. Cuando Panit comentó que lo único que ocurría era que el mecanismo era muy viejo, el mago supuso que, posiblemente, lo único que necesitaba era mantenimiento.
"Y una ventana", susurró Panit con una sonrisa.
Durante la conversación, Heinrich alentaba a los aventureros a comer sin reservas, y después visitarían las tumbas de los Peregrinos. Aprovechando las cualidades del bastón recién adquirido, de vez en cuando golpea los vasos de los aventureros, refrescando sus bebidas.
"Ahora que estamos relajados", comentó Bukko, "¿por qué no confiesas lo que pareces estar deseando decir de Strahd? Soy un intuitivo hermano de fe que se ha percatado de esa necesidad en tu corazón. De hecho, Waroui me revela a través de su esencia que eres un hombre con información muy importante con respecto a nuestro antagonista".
Apoyándose en su bastón inicial, el mago alzó una poblada ceja mirando hacia el paladín. "¿Qué me darías a cambio de ella?"
"¿Qué quieres?", preguntó serio Bukko.
"¿Un trato?", expresó con una media sonrisa el anciano.
"¿Una entidad mágica tan poderosa como tú necesita tratos?", preguntó curioso el paladín.
"Sí... porque no suelo salir de aquí muy a menudo", replicó con rapidez el hombre.
"¿Qué necesitas?", preguntaron a dúo Panit y Bukko.
"¿Vais a matar a Strahd?", preguntó con interés el mago.
"Así es", confirmó el paladín.
"Traedme su brazo extraño", reveló el hombre. "Para experimentar".
"¿Es que quieres convertirte en un Peregrino?", dijo el paladín con mirada intensa hacia el anciano.
"¿Para qué?", respondió éste. "Tengo a mi disposición 42 retazos de Peregrinos".
"Pero no uno que casi ha convertido convertirse en humano", interrumpió Zhia, ágil de mente.
"¿Os referís a utilizar algún método alternativo que me permita obtener poder equivalente para enfrentarme a él? Podría ser. Pero, vista la situación, los Peregrinos son criaturas bastante insondables y un tanto caprichosas. Prefiero ser lo que soy".
"¿Un ser egoísta que se detiene por un simple bastón mágico?", comentó desdeñoso Akon.
"Bastón que es mío", respondió el aludido.
"Ha dicho que aquí hay Peregrinos en letargo", desvió la conversación el paladín.
Heinrich: "En su mayoría... vestigios de Peregrinos".
Bukko: "¿Y nos enseñarás sus tumbas?"
Heinrich: "Claro".
Bukko: "Y sólo quieres el brazo".
En aquél momento, Zhia captó cierta familiaridad en aquel hombre.
Por su parte, Bukko fue consciente de que el mago se comportaba con las maneras arrogantes de alguien a quien había conocido hacía poco tiempo, sintiendo algo muy desagradable en sus entrañas.
Uniendo las puntas de los dedos de ambas manos frente a su rostro, Bukko frunció el ceño, concentrándose en sus sentidos divinos.
Al hacerlo, un flash de energía demoníaca proveniente del mago sacudió sus entrañas.
Neferon.
Al hacerlo, la voz del anciano cambió por completo de chillona y decrépita a profunda y antinatural: "No me gustan esos trucos", dijo mirando al paladín.
Bukko: "Ni los tuyos".
En aquel instante, su imagen se desvaneció, revelando otra completamente diferente y ya conocida frente a todos.
Neferon reveló su verdadero aspecto. "Os he invitado a mi casa. Os he dejado entrar, y he obviado que estéis aquí por motivos ajenos a mis deseos. Habéis comido de mi mesa. Sois mis huéspedes y ninguno de mis guardianes os ha atacado.
Os he permitido libraros de objetos que podrían absorber vuestra mente... ¿Y así me pagas, paladín... con desconfianza?".
Bukko: "¿Acaso no he acertado usando mi desconfianza?".
Neferon: "Si hubiese querido os habría matado por lo que hicisteis en Krezk.
Y aún así os he perdonado. Y tú -señaló a Akon-, pequeño demonio insignificante, deberías tener cuidado con los tratos que haces... porque todavía me debes uno".
Bukko: "Creo que tú también tienes un trato".
Akon (sobresaltado, tratando de guardar el tipo): "No seré tan insignificante cuando quieres que se cumpla".
Neferon: "¿Para qué lo quiero?".
Akon: "No lo sé... pero has hecho uso de él en el pasado".
Neferon: "Tu cuerpo me es útil... aunque no es para mí".
Akon (despectivo): "Cierto. Tú eres un segundón. A quien realmente quiero conocer no está aquí".
Neferon (amenazante): "Si vas a provocarme en mi propia casa, mide tus palabras. Ya sabes lo que puedo hacer".
Bukko: "Creo que tienes un trato con nosotros... y no lo has cumplido".
Neferon (con tono de voz frustrado): "De alguna forma lo destruisteis, y el cómo lo desconozco".
Zhia (burlona): "Nosotros no hicimos tal cosa".
Panit: "Ireena, además, se fue voluntariamente".
Bukko (zizañero): "Has incumplido tu contrato porque Ireena no está con nosotros".
Neferon (progresivamente más furioso): "Rompisteis el contrato de alguna forma que no puedo entender. Así que ya no es válido".
Bukko (insistente): "Incumpliste tu trato".
Neferon (frustrado): "Busca entre mis pergaminos. Intenta encontrar ese contrato. No puedo deshacerme de él. Es mi naturaleza. Si lo encuentras... lo cumpliré". En ese momento, arrojó su bolsa de pergaminos sobre la mesa. "Y, por cierto", dijo tomando uno de la mesa. "Éste es el tuyo". Con el pergamino señaló a Akon, para después devolverlo a su bolsa. El brujo sintió un extraño hormigueo en su nuca al ver aquel objeto.
Akon, reculando con gesto preocupado, comentó que en ningún momento había firmado nada. Neferon, con una media sonrisa de desprecio, respondió que, en el fondo de su alma, el brujo sabía que mentía.
Durante toda la conversación, Bukko mantuvo su atención constante en la fuerza espiritual del ser... descubriendo que, si quisiera derrotarlo, tendría que trabajar muy duro con sus compañeros para ello, y quizá alguno no saliese bien parado.
Bukko (suspirando): "Vinimos en busca de información. Pero viendo tu forma de actuar, creo que hemos desperdiciado nuestro tiempo. Así que no vamos a perder más en tí".
Neferon (más calmado): "Ya os he dicho que podéis visitar la biblioteca, además de llevaros a las tumbas".
Bukko (prudente): "¿A cambio de...?".
Neferon: "Tú sólo me has dicho si sabía algo sobre las tumbas, pero no qué. Yo sólo te dije que te llevaría a ellas. No eres tan listo como pensabas, querido amigo".
Bukko (calmado): "No soy listo. Pero soy sabio".
Neferon: "Esa sabiduría debería haberse manifestado cuando yo, verbalmente, os indiqué que os llevaría a visitar las tumbas de los Peregrinos y no os había pedido nada a cambio, además de permitiros acceso a la biblioteca".
Bukko: "Será porque te interesa que sepamos eso por algún motivo que te beneficia".
Neferon: "En realidad no. Sólo estoy aquí por todo el poder que hay aquí acumulado. Me encuentro a gusto entre estas paredes. Y desde aquí puedo mover los hilos de aquello que me interesa, incluso de la voluntad de Strahd, si eso me place".
Bukko, en apariencia conforme, solicitó ir a ver las tumbas. Neferon, en ese momento, comentó que no podía prometer que saliesen de una pieza de ellas.
Deteniéndose, el paladín preguntó si los Peregrinos seguían activos. En ese instante, Akon interrumpió comentando que algo quedaba claro en todo aquello, y preguntó directamente a Neferon qué hacía que provocase miedo a Strahd.
Neferon rió. "Conozco su secreto. Te recuerdo que ya lo expresé a través de tí, motivo por el que huyó de Valaki... como parte de tu segundo trato".
"Entonces, si quieres que Strahd desaparezca de aquí, para controlar este lugar por completo, revelame ese secreto", respondió Akon.
Neferon: "¿Sabes? Después de todo el tiempo que has estado viajando por este lugar, deberías ser consciente de que este sitio es un maravilloso lugar en el que vivir".
Akon: "Tengo claro todo el poder que puede haber entre estos muros... pero no me interesa".
Neferon: "No. No es sólo el poder. Sino la propia naturaleza de este lugar.
Me maravilla. Me siento a gusto aquí".
Akon (pensativo): "No percibo que este lugar sea tan corrupto como para que se convierta en un sitio apacible a tu naturaleza. Pero... resumamos. Si quitamos a Strahd de en medio y te traemos tu brazo, podrás experimentar con él y estar completamente a gusto en esta basura de valle. Para ello dinos cómo acabar con Strahd, lo hacemos... y te traemos lo que te apetezca".
Neferon (con un resoplido exasperado): "Sólo tenéis que bajar y preguntar. Y... ten por seguro que, vayas donde vayas... te encontraré".
Akon: "Pero tú no eres quien me interesa. Eres sólo un segundón de a quien yo busco, que es mi ancestro".
Neferon (con un gesto paternal): "¿Sabes Akon? Tu orgullo será tu perdición".
Dando por zanjada la conversación, Neferon pidió al grupo acompañarlo para que viesen lo que deseaban, salvo que prefiriesen visitar antes la biblioteca.
Cuando Bukko preguntó qué deseaban visitar primero, y Zhia contestó que le daba igual, siempre que pudiesen ver ambos, Neferon comentó enigmático que posiblemente, según como lidiasen con uno de los dos, no pudiesen salir para ver el otro. Cuando Panit comentó visitar la biblioteca, que no parecía un lugar violento, Neferon comentó que en su lugar había un habitante un tanto... quisquilloso. Cuando Akon comentó que Neferon ya había expresado la existencia de un liche, intuyó que se trataba de aquél al que se refería.
Panit preguntó si se podía hablar con él y Neferon, encogiéndose de hombros, comentó: "Supongo. Él puede hablar". En ese momento, Panit comentó a Bukko que no se alterase porque se trataba de un muerto viviente.
Acordando visitar la biblioteca, Neferon permitió terminar la tensa comida.
Después se levantó para dirigirse a las puertas dobles al este de la habitación.
Abriéndolas, mostró al grupo la balconada derruida a medias al otro lado, y más lejos de ella podía observarse una asaetera. El demonio señalo el peligroso suelo agrietado -aconsejando saltar sobre él antes que pasar andando- y otra puerta doble sellada al norte del desastre estructural. Avanzando sobre el aire, flotando a cada paso, Neferon se situó frente a la puerta, abriéndola con su característico ritual de apertura, señalando su interior.
Panit y Zhia, ágiles y veloces, utilizaron parte de su capacidad de movimiento para brincar entre el suelo y las paredes hasta llegar a la puerta abierta portando el extremo de una cuerda, planeando la opción de que, si Bukko cruzaba andando, pudiesen ayudarle en caso de que la repisa se derruyese. Akon, gracias a su agilidad y cuerpo enjuto, saltó con gracia sobre el suelo ruinoso sujetando la cuerda aferrada en un extremo por las hermanas y en el otro por Bukko, la cual no fue necesario utilizar para que alcanzase la puerta de destino.
Entre los tres aferraron con fuerza la cuerda que Bukko se anudó a la cintura, apoyándose en los marcos de piedra para evitar sustos. Cuando el paladín trató de cruzar, pisoteó en su lugar el suelo de la repisa, provocando un derrumbamiento que lo dejó colgado cual enorme morcilla gris en el aire, causando un resoplido de esfuerzo en sus tres compañeros al evitar que se desparramase por los suelos allí abajo, arrastrándolos un poco en el esfuerzo por evitar el desastre.
Consiguiendo llevarlo hasta suelo seguro, el grupo llegó a una habitación cuyos focos de luz sobrenatural eran más visibles por su artesanía prominente, distinta al resto del templo, con aspecto de un hombre encapuchado con ambas manos unidas con las palmas hacia arriba, de las que brotaba aquella luz.
Nada más entrar, el grupo observó otro juego de puertas dobles directamente a su derecha, y a su izquierda, más allá del recibidor que con las cuatro luces ornamentadas, el pasillo avanzaba a través de dos arcos de roca que lo adornaban hasta mostrar lo que parecía un altar envuelto en telarañas y penumbra.
Estaba claro que el lugar había sido construido como una capilla.
Sobre el altar, una estatua de tamaño algo más pequeño que el de un humanoide, representaba -esta vez sin rastros de xion- una réplica a todas las estatuas de Erekar a la entrada al templo. Frente a ella, dos cadáveres resecos cubiertos por andrajos yacían desplomados. A ambos lados de la estatua parecía haber dos pequeñas alcobas entre ambos arcos del pasillo que llevaban hasta ella.
Al posar sus ojos sobre la estatua, los compañeros le prestaron una atención inusitada... pero las hermanas mida cambiaron su expresión por adoración, comenzando a susurrar "oh Erekar... Señor del Conocimiento... muéstranos tu sabiduría", mientras avanzaban reverentes hacia la figura de piedra negra.
A pesar de que Bukko proporcionó dos sonoras collejas a ambas mida, éstas no parecieron reaccionar, más allá de frotarse la nuca y seguir su camino lentamente.
Preocupado por la respuesta a su impacto, Bukko rozó a Panit en el hombro, momento en que la maga parpadeó confusa, mirando la mano y el rostro de su compañero, sin comprender lo sucedido. Por su parte, su hermana se arrodilló ante la figura, rezando y murmurando ajena a todo, acariciando sus pies.
Akon, resuelto, envolvió a la asesina en una protección mágica que la hizo salir de su ensimismamiento, momento en que Zhia se percató de que estaba acariciando un trozo de piedra en partes poco apropiadas.
Tras ellos, Neferon llamó su atención, señalando la alcoba norte junto a la estatua -entre ambos arcos-. Allí debían realizar una combinación de pulsaciones en los glifos de la pared -revelada por el monstruo- que les abriría paso a un pasadizo rumbo a la biblioteca, antes del cual había otra pared con otra combinación de pulsaciones -que también indicó Neferon-, y desde allí... rumbo a la biblioteca. Con aquella información, la criatura informó que su camino había concluido con ellos en aquel punto de la capilla. Desde ese lugar seguirían solos.
Panit, siguiendo la clave de pulsaciones, provocó un suave brillo en la pared y ésta desapareció como si nunca hubiese existido. En aquel instante, una marabunta -cientos- de cráneos se desparramó sobre la maga, sobresaltada por la inesperada presentación. Cuando los cráneos dejaron de caer, Neferon desde lejos recordó buscar el mecanismo en el muro del otro lado de aquella estancia antes de marcharse, deseando suerte al grupo. Bukko preguntó que si le daba miedo entrar. Neferon contestó que no. En realidad había conocido hacía tiempo al liche, pero en la actualidad le resultaba monótono. A lo mejor a los aventureros les parecía más entretenido.
Pisoteando calaveras y navegando por ellas, Zhia avanzó hasta que, entre ellas topó con algo fijo y sólido por debajo. Al tocarlo con las manos, se percató de que era metálico y casi llegaba al nivel de las calaveras desparramadas.
Apartando el resto de ellas, éstas siguieron fluyendo hasta revelar un enorme cofre metálico en el centro mismo de la sala, asegurado y sellado por barras de metal a lo largo de su superficie, poseedor de una única y compleja cerradura. Mirando a sus compañeros, éstos le señalaron el objeto para que lo estudiase más de cerca.
Aunque Zhia pareció confiada en que sólo una complicada cerradura protegía el cofre, Panit desconfiada se acercó a echar un vistazo, encontrando un relieve mágico diminuto rodeando toda la zona de apertura de la tapa del cofre, camuflado bajo las barras metálicas que lo rodeaban. Incómoda por el descubrimiento, pues reconocía las peligrosas runas como una trampa mágica, no era capaz de deducir de qué se trataba con exactitud.
Pidiendo a Zhia que se apartase para dejarla trabajar, Panit comenzó un ritual para reconocer los patrones mágicos que desencadenaban tal efecto, descubriendo que, si la tapa del cofre se abría por cualquier circunstancia, o se levantaba del suelo, todo el suelo de piedra desaparecería, cayendo todo lo que hubiese en aquella sala hacia la de abajo, con posibles y dolorosas consecuencias.
Pensando en echar un vistazo al cofre más adelante -y evitando problemas de caídas innecesarias más allá del tropiezo hacía un rato de Bukko-, el grupo decidió descansar antes de continuar su camino abriendo el siguiente muro, consumiendo diversas pociones curativas, pues Akon se encontraba preocupado por su salud... por si el habitante de la biblioteca se mostraba 'poco amistoso'.
Momentos después, continuaron abriendo el siguiente muro con la combinación mística apropiada.
Más allá, el grupo encuentra una habitación de unos 4 metros y medio de alto, conteniendo antiguos objetos que destacan una posición social casi de realeza: muebles ornamentados, alfombras y tapizados exquisitos, y una colección de estatuas decorativas. Todo lo que se ve se encuentra iluminado por pequeñas varillas de metal grabadas, infundidas en magia luminosa, apoyadas sobre diversas mesas y repisas. La belleza de la decoración queda ensombrecida por la acumulación de polvo y telarañas.
En el centro de la habitación, hay un esqueleto decrépito cubierto por ropajes y una túnica deshilachados. Sus ojos se iluminan como dos ascuas encendidas, girando su cabeza hacia los aventureros con el sonido de huesos chasqueando resecos. Cuando su mirada se clava en el grupo, su voz cavernosa de ultratumba pregunta educadamente: "¿Os conozco? ¿Quienes sois?".
Panit se presenta formalmente, a lo que, con mucha etiqueta, la criatura se agita sacudiendo el polvo sobre ella, acercándose. Con una leve reverencia, devuelve el saludo. Después sigue mirando al resto, preguntando por sus nombres. Cuando Akon se presenta, nuevamente el ser devuelve educadamente el saludo con tono elegante. Zhia, presentándose como 'Roberta', es respondida con idénticos buenos modales. Bukko se presenta, incluyendo su posición en la iglesia, recibiendo un trato equivalente al del resto de sus compañeros.
La curiosidad del ser le hace preguntar por Waroui, a quien considera erróneamente 'reina' o 'rey'. Bukko lo corrige explicando su naturaleza divina, añadiendo su alianza con Andral... a quien el ser también desconoce.
Extrañado por la falta de libros que conformasen una fastuosa biblioteca, Bukko preguntó por la misma, a lo que Panit recordó que ésto era un acceso a la misma. En ese momento, recorriendo el lugar con la vista, el grupo se fijó en que en un pedestal con grabados de oro se apoyaba un enorme libro -mucho mayor al de Neferon- con cubiertas metálicas laminadas en oro y escritas en grabados de plata.
Al margen de aquel llamativo objeto, la habitación carecía de otros accesos.
Observando a sus visitantes tan interesados en mirar su habitación, el liche preguntó si necesitaban algo o podía ayudarles. Cuando Panit le pidió si podían pasar a la biblioteca, el liche se extrañó de que existiese tal cosa. Panit, confusa, preguntó si la criatura se encontraba bien. Ésta sólo pudo contestar que no lo sabía. Akon, en dracónido -idioma desconocido por sus compañeros- preguntó al monstruo si sabía cuánto tiempo llevaba allí. Por respuesta -en común-, el liche desconoce la respuesta a tal pregunta. Cuando Panit, consciente de lo que podía estar pasando, preguntó si deseaba que le ayudasen a restaurar su memoria, la voz del liche cambió a interesada y esperanzada, preguntando si podían hacerlo. Panit entonces comentó que seguro que en la biblioteca habría algo que ayudaría. Si los llevaba a ella, podrían encontrar el remedio. El liche de nuevo preguntó si en realidad había una biblioteca, porque él no lo sabía.
Mientras Panit comentaba que se fiase de ella, Zhia empezó a buscar por las paredes por si hallaba algún acceso diferente del que habían pasado hacia la biblioteca.
Akon, ávido de conocimientos, se acercó a observar más de cerca el libro chapado.
Ante el concienzudo estudio de la mida, ésta descubrió dos accesos secretos sellados en la esquina nordeste de la sala. Uno hacia el norte y otro hacia el este. Sin embargo, por más que lo intentó, le fue imposible encontrar una forma de abrir aquellos accesos, cuyas casi imperceptibles líneas que formaban el marco podían verse tenuemente iluminadas por energía de xion delimitándolas.
Cogiendo una vieja piedra, Zhia empezó a marcar trazos con sonido chirriante de piedra contra piedra para identificar el recorrido de las puertas. El liche se percató de aquello, preguntando qué hacía. Cuando Zhia reveló que había una puerta, el liche se mostró muy interesado, acercándose y confirmándolo.
Zhia pidió al ser que apoyase la palma de su mano huesuda sobre ellas, pero no ocurrió nada. Si un esqueleto reseco podía expresar emociones, el liche mostró una extraña expresión de frustrada lástima cuando no ocurrió nada. "¿Seguro que hay una puerta ahí?", preguntó esperanzado. Encogiéndose de hombros, Zhia trató de hacer lo mismo, sin resultado de ningún tipo.
El brujo tiefling reconoció en las letras de la portada metálica las palabras: 'los Encantamientos de Exethanter'. Akon, recordando antiguas búsquedas de conocimientos mucho antes de entrar al servicio de El Jade, recordó que aquel nombre representaba a alguien muy antiguo y muy poderoso.
Bukko y Panit, algo más ajenos a lo que hacían sus compañeros, se fijaron específicamente en la criatura, en la que sólo sus manos y rostro quedaban al descubierto con sus macabra imagen. Sobre la criatura, al parecer podían constatar que, al margen de la ropa más deslucida, podían encontrar objetos en excelente estado que, de seguro, podrían ser mágicos pues, por su propia naturaleza, resistían el paso del tiempo: un par de anillos aquí, un collar alrededor de los huesos del cuello, unos brazaletes rodeando sus esqueléticas muñecas...
Panit, acercándose a los marcos señalados, se percató estudiándolos con atención que se hallaban bajo el influjo de algún tipo de magia de cierre arcano, la cual sólo respondía a una orden verbal concreta o algún gesto específico junto a ellas... a menos que se recurriese a magia que anulase la magia. Panit trató de usar palabras relacionadas con el templo, el dios y la biblioteca en el lenguaje de los Peregrinos, a lo que el liche preguntó qué pretendía pronunciando aquellas palabras. Frustrada, la maga respondió que necesitaba abrir las puertas y no sabía como.
Akon, reconociendo que probablemente el nombre del libro fuese el de la criatura, se giró hablando en voz alta: "¿Eres tu 'Exethanter'?".
En el instante en que esas palabras sonaron, ambas puertas vibraron, iluminándose más intensamente sus marcos, para ceder suavemente hacia adentro, quedando abiertas a la espera de que sus paneles de piedra fuesen desplazados hacia un lado.
Zhia, asombrada, miró la pared mientras Exethanter respondía desconocer tal nombre.
Sin embargo, cuando Akon preguntó si le importaba que se llevase el libro, el liche respondió que no podía hacerlo, con la misma calma que el resto de su conversación. Ante la pregunta del brujo de si sabía qué era aquel libro, el liche sólo pudo contestar que era un libro que provocaba que si el brujo se atrevía a tocarlo, tendría que matarlo (con el mismo tono cordial de toda la conversación). Akon, extrañado, comentó que el liche no sabía quién era.
Éste respondió que al menos sabía que, si el brujo tocaba el libro, lo mataría, mientras se encogía de hombros. Preguntando si lo podía abrir, la respuesta fue la misma, añadiendo que sentía el impulso extraño de que si alguien se atrevía a tocar el libro, debía matarlo.
Zhia se acercó a Akon, tratando de alejarlo suavemente del libro, bajo la certeza de que trataría en algún momento de probar al liche... con funestas consecuencias. Estaba segura de que Exethanter cumpliría su advertencia.
De hecho, aprovechó un instante en que el liche no miraba en su dirección para hacer el gesto con la mano en el cuello de 'estate quieto y no la líes' (más conocido como 'ABORTAR, ABORTAR').
Akon, ignorando a su compañera, preguntó si el liche podía tocarlo, a lo que éste contestó afirmativamente. Entonces preguntó si lo abriría para él, con lo que el liche se interesó en el por qué. Al indicar el brujo que quería leerlo, el liche respondió que debía negarse entonces a tal petición. Cuando Akon dijo que le gustaba leer, el liche se encogió de hombros diciendo que a él no le apetecía que leyese en aquel libro. Akon, molesto, preguntó que entonces por qué tenía allí un libro que no podía leer. El liche sólo pudo responder que no podía permitir su apertura o lectura por nadie, sin mayor explicación. No sólo eso. Sabía que en su interior había una necesidad imperiosa de matar a cualquiera que lo tocase.
Panit, mirando de reojo a Akon, aceptó la palabra del liche, a pesar de la tediosa insistencia del brujo.
Incómoda por la situación, Zhia preguntó al liche si necesitaba algo. Éste respondió que en realidad habían sido ellos los que habían llegado allí, por lo que suponía que eran ellos los que necesitaban algo. En ese momento, Panit preguntó qué sabía de Strahd. El liche contestó que desconocía ese nombre. Descartando otras opciones, Panit solicitó si podía acompañarlos hasta una zona del templo por si podía ayudarlos. El liche se incomodó ante la propuesta de salir de su hogar. Zhia siguió el hilo de ese razonamiento, comentando que, en efecto, estaba completamente a salvo allí, y fuera no había nada más que problemas. Panit, por contra, comentó que si encontraba algo interesante rondando fuera de la guarida, se lo traería para que le echase un vistazo o le informaría. Exethanter se animó con aquella propuesta, porque indicó que estaba muy aburrido -sin necesidades fisiológicas ni recuerdos, no sabía qué hacer para ocupar su tiempo-.
Bukko, aunque encontraba la situación realmente extraña, a pesar de ello se sentía relativamente cómodo y a salvo en aquel lugar, a pesar de su estado de abandono por el paso del tiempo.
Zhia, antes de que el grupo decidiese abrir las puertas y continuar su camino, ojeó las puertas para ver cual habría tenido más uso, sin éxito.
Un impulso llevó al liche a preguntar por la vida de los aventureros.
Estando tan aburrido, le resultaba interesante cualquier información del exterior... o de cualquier tipo, así que se mostró genuinamente interesado por el grupo y sus experiencias.
Panit, interesada por la conversación, le contó su experiencia en Krezk y el Monasterio de San Markov, mostrándole el xion en cubitos. Exethanter expresó gran interés y emoción al saber aquella información, quedando fascinado por el xion, algo que parecía desconocer por completo.
En una extraña conversación de Panit, Zhia y Akon con Exethanter, trataron de negociar con él por magia y objetos, aunque el liche se mostró totalmente desconocedor de qué intercambiar con ellos, además de dejar claro que su memoria -incluso de los días más recientes- no parecía muy fiable salvo el hecho de que sabía hablar y tenía pensamientos racionales concretos... aunque relativamente simples.
Frustrados por el estado de la mente del liche, fueron conscientes de que la única forma de ayudarle -quizá- era que Bukko recuperase su poder para limpiar de efectos místicos las mentes ajenas. Así, preguntando a la criatura si le importaba que descansasen en su habitación, ésta explicó que, mientras no tocasen su libro, no habría problema. Así entretenían su existencia allí.
Sólo esperaba que no les molestase dormir entre polvo y telarañas.
Aceptando la presencia de la criatura, que progresivamente comenzó a preguntar más cosas a sus huéspedes, quienes se acomodaron lo mejor posible... descubriendo que allí la temperatura era bastante agradable, y a pesar del aspecto del liche, no había olor a podredumbre o miasma, el grupo adecentó en lo posible su espacio de descanso, acurrucados unos contra otros, dando conversación a 'Exethanter' hasta que cayeron rendidos por el sueño.
Cuando sus mentes y cuerpos quedaron recuperados, el grupo despertó seguro y a salvo, habiendo descansado mejor en aquél momento de lo que llevaban haciendo en la carreta u otros lugares por un tiempo.
Entonces, fueron conscientes de que el liche estaba sentando en una vieja silla, inmóvil. Y cuando empezaron a agitarse, los miró, saludándolos y preguntando: "Hola. ¿Quiénes sois? ¿Qué hacéis aquí? ¿Necesitáis algo?".
Intentando buscar un ángulo ciego para prepararse por si la criatura se ponía violenta, el liche la siguió con la mirada hasta que su cabeza giró más de lo saludable, sin dejar el contacto visual con la mida. Ésta, frustrada, comentó 'Roberta', mirando de reojo a Bukko al otro lado del ángulo visual del monstruo. De pronto, el paladín llamó la atención del mismo con su voz calmada. "Atento a mis palabras, amigo mío". El liche observó atentamente cara a cara a Bukko, asintiendo con interés. "Tu mente va a ser liberada".
En ese instante, los dedos del paladín se posaron con gentileza en el huesudo hombro de la criatura, liberándose un torrente de energía mística directamente a los pensamientos del ser desde la mano de Bukko.
De pronto, los ojos del ser restallaron con energía arcana, liberando un fogonazo.
El cuerpo de la criatura se sacudió, y su cabeza se agachó por un instante.
Entonces, volvió a levantarla para mirar a su alrededor, preguntando qué había sucedido, quienes eran y qué hacían en su sanctum. Cuando Bukko explicó que Neferon les había dado permiso para entrar allí, el liche se extrañó, despectivo, de que ese demonio hubiese hecho tal cosa. El paladín comentó que Neferon les había dado permiso para ver 'su' biblioteca. Molesto porque Neferon considerase la biblioteca como suya, sin embargo, se incorporó de su asiento, comentando que por supuesto el grupo podía consultar la biblioteca de la que él era guardián. De hecho podría incluso ayudarles en sus consultas y estudios.
Sin embargo, más allá de aquel ofrecimiento, Exethanter volvió a la duda de que Neferon les había dejado pasar hasta allí sin matarles. Bukko ironizó conque eran amigos. Entonces Akon preguntó si él era Exethanter, el dueño del libro de cubiertas metálicas. Mirando al brujo, la criatura afirmó aquella pregunta. De pronto, sus manos tocaron su rostro, expresando que había recuperado sus recuerdos e identidad. Entonces preguntó cuánto tiempo llevaba allí. Sin conocer la fecha exacta, comentaron que suponían muuuucho tiempo.
En aquel momento, se mostró sinceramente agradecido con el grupo, preguntando si necesitaban algo. Akon volvió a la carga con mirar su libro, y en aquella ocasión Exethanter explicó que era material secreto. Su libro de conjuros.
Era un trabajo muy personal. Las pocas ocasiones en que eso se permitía era entre magos para intercambiar conocimientos. Cuando preguntó si Akon era mago y éste reveló que era brujo, Exethanter se sintió extraño con aquella revelación, pero Panit intervino de inmediato comentando que ella sí era maga, y podía tratar de intercambiar secretos de su arte con él. En cuanto a Akon, explicó que las fuentes de su magia eran tan dispares que de poco le serviría su libro. Akon, sin perder la comba, preguntó si intercambiaría objetos mágicos con él. El liche, aunque reticente, expresó que si se trataba de algo de un poder similar... podría valorarlo.
En ese instante, su mente se desvió a centrarse en que Panit era maga, y se presentó formalmente a ella... junto con el resto de los presentes.
En el momento en que Bukko se identificó como paladín y aquél que había devuelto sus recuerdos y voluntad a Exethanter, éste se lo agradeció con sinceridad... para después preguntar si podría curarle.
Extrañado por la pregunta, el liche añadió a la explicación que necesitaba reparar su cuerpo. Estaba algo estropeado. Panit entonces se ofreció a utilizar sus artes de reparación de constructos para canalizarlos sobre el cuerpo de Exethanter, quien poco a poco pudo observar -dentro de las posibilidades de Panit- como su cuerpo se recomponía lo bastante como para recuperar una apariencia más momificada que esquelética, desarrollando algo de carne reseca adicional sobre los restos de jirones adheridos al hueso.
En las presentaciones, finalmente Zhia reveló su nombre tras mirar al resto de sus compañeros, suponiendo que era más seguro.
Después de las presentaciones, el liche volvió a preguntar si necesitaban algo. Zhia, obviando aquello, preguntó si sabía dónde se encontraba. La criatura respondió que conocía en efecto su ubicación en Uarowia.
Bukko entonces preguntó si conocía a Strahd, con resultado afirmativo.
Cuando el paladín consultó si tenía relación con él, éste negó en rotundo cualquier afiliación con él. Ante la insistencia de Bukko de si había servido a Strahd o luchado contra él, Exethanter aclaró que era un mago del templo hasta que decidió convertirse en liche para preservar a largo plazo el conocimiento de la biblioteca en el lugar. Cuando Bukko preguntó si él desarrolló el ritual para su transformación, el liche de nuevo contestó afirmativamente. Debía mantener su existencia para su tarea.
Bukko también consultó si conocía a los Peregrinos y sus artefactos, una vez más recibiendo respuesta afirmativa.
En ese momento, mientras Bukko comentó que el grupo necesitaba información sobre Strahd y su poder, Akon reveló que deseaban conocer la fuente de donde surgió su magia y naturaleza. Exethanter se extrañó de que deseasen saber aquello. De hecho, no lo recomendaba porque podría destruir sus mentes, a pesar de que Akon comentase que necesitaban acceder a todos sus secretos.
Panit se envalentonó diciendo que correría el riesgo, a pesar de la duda que el liche expresó ante esas palabras.
Zhia interrumpió comentando que sabían que Neferon (-arcanoloth, añadió Exethanter-) logró alejar de su presencia a Strahd hablando con él de algo secreto referente a su destino. El liche comentó que probablemente porque el arcanoloth conocía los requisitos de activación y cancelación del ritual que Strahd había realizado.
Ante la palabra 'Arcanoloth', Akon y Panit recordaron que se trataba de criaturas malignas extraplanares que viajaban desde el plano de los muertos y hacia el mismo para recopilar conocimiento arcano y mágico por los planos, además de realizar tratos para negociar por almas.
Cuando Zhia escuchó atentamente las palabras del liche, afirmó que aquella información era crucial. Exethanter entonces añadió que el problema de adquirir los secretos de los Peregrinos era que, contactar con sus mentes alienígenas podría destruir la mente de un mortal sin remedio, porque no eran mentes como las de los seres vivientes. De hecho, dudaba de que los Peregrinos pudieran ser criaturas cognoscibles en sus pensamientos.
Zhia insistió en si podría explicar el proceso, a lo que el liche no se negó, pues lo conocía.
Bukko y Akon revelaron que sólo necesitaban conocer la forma de destruir a Strahd.
En ese caso, Exethanter pensó en que debían contactar con la mente del vestigio Peregrino del Don Oscuro. Acallando un momento sus palabras, el liche al momento explicó que él mismo había utilizado el conocimiento del Peregrino de la NoMuerte Inmortal... y su estado fue el resultado. Ante la duda de lo sucedido en Bukko, el liche aclaró que su transformación en liche fue producto del contacto con la mente de un Peregrino para conocer los entresijos de su naturaleza. Por eso creía que su mente terminó quedando como la encontrasteis.
Akon preguntó si había algo allí que ayudase a ganar poder a alguien como él, porque por culpa de Neferon no podía contactar con su ancestro para obtener mejores resultados en el uso de su energía mágica. Extrañado, el liche explicó que no creía en la influencia de Neferon como el problema para mejorar en sus habilidades, pues sólo la experiencia y el refuerzo del vínculo de un brujo con su fuente de poder podían lograr tal hazaña.
En realidad lo único que impedía aquel contacto era el resultado del ritual de Strahd sobre la región de Uarowia lo que, probablemente, bloqueaba el contacto con el vínculo entre la fuente de poder y Akon. De hecho, continuó Exethanter, el resultado catastrófico final del ritual de Strahd fue lo que provocó separar toda una región de Voldor del flujo planario natural del propio mundo.
Cuando Panit preguntó que si destruían a Strahd, se desharía aquel efecto, Exethanter explicó que sólo había tres consecuencias posibles: que la región quedase destruida en el olvido, que se anexionase al flujo planario espacio temporal de Voldor, o que se convirtiese en una región planaria independiente.
En toda aquella explicación, Akon expresó su deseo de completar con éxito el ritual de Strahd para poder matarlo una vez convertido en humano. Exethanter, con 'expresión' corporal pensativa, comentó que no era recomendable, porque aquello era precisamente lo que algunos Peregrinos deseaban: convertir su esencia volátil en carne firme para quedar anclados en el mundo mortal.
Parte de su ciclo existencial les obligaba a abandonar durante un período indefinido de tiempo el plano material, porque no eran capaces de quedar anclados a él. Para resolver esa situación de forma eventual, los Peregrinos ocupaban cuerpos o permitían a su esencia viajar hasta anclarse a un lugar físico que les permitiese existir y planificar a largo plazo.
Ante la pregunta de Akon de si se podía romper tal ciclo, el liche respondió con desconocimiento, pues nunca se había enfrentado directamente a un Peregrino como para saberlo. Ante la pregunta de Bukko de si Strahd completase su ritual para transformarse en humano, en qué se convertiría, Exethanter respondió con pesar: "algo mucho más poderoso, porque nadie podría expulsarlo del plano material. De hecho, perdería todas las debilidades esenciales de su actual naturaleza vampírica".
"Y con todos los poderes de un Peregrino", añadió lapidario el paladín.
"Exactamente. De hecho, ahora mismo Strahd no puede manifestar apenas los poderes de su antiguo estado como Peregrino, dada esa naturaleza vampírica". Akon aceptó esa información como interesante para saber que eso les podría suponer algo de ventaja. Exethanter continuó explicando que si Strahd se transformase en un Peregrino de carne y hueso, Uarowia podría sufrir muchísimo más. Es posible que el sacrificio de Andral tuviese un sentido en la perversión del ritual, al convertir Uarowia en una prisión para Strahd.
Cuando Bukko volvió a la tarea de que debían hablar con el Peregrino del Don Oscuro, de nuevo Exethanter informó su desaprobación, puesto que podría volver locos a quienes contactasen con él, a causa de su poderosa mente alienígena.
Panit, resuelta, propuso que sólo uno de entre ellos aceptase la carga de la locura, a lo que Akon, muy motivado, se propuso como voluntario.
Bukko, por contra, declinó hacerlo por el hecho de que, en aquel momento, sólo él podía liberar de influencias negativas las mentes ajenas, merced a su infusión divina.
Exethanter, muy preocupado, insistió en si el grupo era consciente de que iba a sacrificar posiblemente su alma.
Panit dijo en voz alta en aquel momento que lo daría todo por saber más de los Peregrinos. El liche se giró hacia ella con la velocidad de una serpiente, y con voz realmente consternada expresó: "No se te ocurra pensar eso. Estás caminando por un sendero muy oscuro, Panit. Eso significa que tu mente y tu alma serán esclavas de los Peregrinos, convirtiéndote en una marioneta o herramienta de éstos".
"Yo también quiero saberlo", expresó con aplomo Akon. El liche lo miró, comentando que tampoco era buena idea. "Es por lo que he venido aquí, y por ello existo", añadió el brujo.
Exethanter, con cierto desdén, comentó: "¿Tu existencia se basa en un mero conocimiento que podría volverte loco o arrancarte el alma?".
Akon: "Si es necesario, sí".
Exethanter: "¿No crees que eso es más una ambición que una meta?".
Akon: "Llámalo como quieras. Es lo que necesito".
Exethanter: "Si tus amigos son verdaderos amigos, deberían aconsejarte un enfoque distinto".
Akon: "No estoy aquí para escucharlos, sino para buscar lo que he de encontrar".
Exethanter: "¿Y es...?"
Akon: "El conocimiento".
Exethanter: "No soy partidario de esa argumentación, pero si lo quieres hacer sólo te digo que si te vuelves loco y te enfrentas a tus compañeros, tendría que ser yo el que te retuviese aquí. Y quizá no te gustaría el método... o quizá tus compañeros se apiaden de ti y te maten".
Akon (encogiéndose de hombros): "Lo que pase primero".
Exethanter, con un suspiro sobrenatural, cejó en su empeño, preguntando qué deseaban visitar primero. Bukko, interesado, contestó que la biblioteca podría ser el primer lugar. Panit, con una sonrisa inocente, solicitó intercambiar conocimientos 'antes de volverse loca', a lo que el liche estuvo de acuerdo.
Solicitando que lo acompañasen, el ser se dirigió hacia la puerta revelada en la pared este de su sanctum, empujándola con suavidad para revelar un pequeño pasillo polvoriento y lleno de telarañas que avanzaba unos pasos hasta una pared sin salida hacia el norte. Ignorando aquella peculiaridad, de nuevo el liche se giró hacia la pared este más cercana a la esquina norte del pasillo, pronunciando en alto su nombre, con la palma de su huesuda mano abierta señalando aquel lugar. Un brillo característico enmarcó una nueva puerta invisible, y con un suave fulgor de xion dorado, ésta se separó unos centímetros de la pared. El liche la empujó y deslizó con suavidad hacia la derecha, flanqueando el acceso con un gesto cortés hacia el hueco recién abierto, al otro lado del cual un suave brillo dorado brotó, vertiéndose por el marco hasta el estrecho pasillo.
El magnífico espacio que el grupo pudo observar más allá se trataba de una enorme biblioteca de piedra negra con paredes que alcanzaban 6 metros de altura, y bóvedas cuya cúpula superaba esa altura llegando a los 9 metros. Dicha cúpula estaba adornada con un fresco de criaturas celestiales ardiendo en el infierno.
Raíles de mármol negro se adosaban a una escalera de mármol dorado girando en espiral, descendiendo a través de un gran hueco en el norte. Contra los grises muros podían verse seis inmensas baldas de mármol negro. Sobre éstas podían encontrarse cientos de tomos bien preservados. El área sur del lugar estaba llena de cómodas alfombras bordadas con motivos geométricos extraños, sillas y extraños soportes metálicos cuya punta brillaba con una suave luz azulada que permitía la lectura sin forzar la vista.
La sorpresa en los usuarios de lo arcano recién llegados queda empañada por la frustración de ver que ninguna escalera permitía acceso a las baldas más elevadas de la sala. No obstante, otro aspecto del lugar los atrapa: el entorno está impecable. El aroma del lugar es el de un lugar de conocimiento reciente, con olores a tinta, pergamino y cuero repujado, acompañados de sutiles esencias provenientes de las alfombras. Todo se encuentra en un estado magnífico de conservación.
Cuando el grupo se introdujo en la sala, la voz del liche los sacó de su ensimismamiento, comentando que todos los textos y volúmenes a la vista poseían una 'palabra de mando' para iluminar el conocimiento dentro de cada libro.
Si no era conocida, los libros y pergaminos sólo mostrarían páginas en blanco. Zhia consultó si se trataba de una igual para todos, a lo que el liche respondió que cada texto tenía la suya propia. Dependiendo del volumen que quisiesen consultar, Exethanter les ofrecería la palabra concreta. El anfitrión añadió que, en caso de necesitar un manual de las baldas superiores, existía una vara de poder -la cual señaló que se encontraba sobre un pequeño soporte de acero y platino en medio de la sala, grabada en filigrana de los Peregrinos y runas dracónicas, con una diminuta mano abierta en un extremo y una perla de xion adosada al otro- que permitía convocar una mano sobrenatural con la que se podían alcanzar los libros o textos deseados en los lugares más inaccesibles, llevándolos directamente a los reposabrazos de los asientos de lectura. Zhia se encogió de hombros, indicando que a ella le resultaría fácil, como a su hermana, subir a por los volúmenes. El liche, con un tono de voz jocoso, comentó que 'estaba seguro de que las hermanas tendrían aptitudes'.
Como colofón a su muestra, Exethanter reveló que si cualquier cosa salía de la habitación, se convertiría en polvo. La sala estaba preservada mágicamente para que los conocimientos guardados en ella quedasen para siempre conservados sin mácula. Cuando el liche explicó que entre aquellas paredes podía hallarse todo el conocimiento mágico y arcano de Voldor conocido hasta la fecha en la que dejó de adquirirse material para ella, Akon y Panit se quedaron boquiabiertos.
Por un instante, en la mente de Panit se dibujaron las palabras 'habéis perdido a una compañera, amigos', aunque ese instante pasó rápido.
Al mismo tiempo, Exethanter comenzó un breve repaso por las distintas secciones del lugar, como un apartado para principiantes; postulaciones al uso apropiado de ilusiones; la intrusión mental: cómo combatirla y cómo afinarla; el refinado arte de los pactos extraplanarios; viajes y magia: verdades absolutas y fracasos garrafales; existencia del más allá: los preceptos de los planos; una guía en el uso correcto o incorrecto de la nigromancia; las criaturas más ávidas de magia; seres y orígenes: un volumen sobre la existencia de criaturas arcanas; hechos y tabúes sobre las fatas; no quemarse en el uso y abuso de los elementos...
Panit, de pronto, comenzó a andar despacio, sin parpadear, hasta alcanzar un asiento. Tanteando con la mano para asegurarse de dónde podía sentarse, sin apartar la mirada de los libros, se sentó lentamente. Se hizo el silencio a su alrededor por unos instantes, hasta que habló: "Lord Exethanter. ¿Le agradaría tener compañía en este lugar?". El liche respondió que para él sería muy placentero. Así no tendría que aguantar a Neferon en solitario, ni se aburriría. Panit añadió que, en efecto, era muy pesado.
Zhia, observando con intensidad el lugar, escuchó en la lejanía la explicación del liche, cuando sus sentidos captaron '...sección de construcción de objetos mágicos...', lo que la devolvió a la realidad al ver hacia dónde señalaba el anfitrión. Disparada hacia allí, observó que desconocía los textos y runas de los lomos, recordando que ella no leía el lenguaje de la magia.
Akon, por su parte, también expresó su deseo de adquirir conocimientos y quedarse en la biblioteca... una temporada.
Mirando a Bukko, el liche preguntó si deseaba algo por su parte.
"Cumplir mi misión", fue la escueta respuesta de Bukko, incómodo al percatarse de que se sentía desplazado en aquel lugar. Exethanter le indicó que le llevaría hasta la tumba del Peregrino del Don Oscuro, para que una vez ante ella, tomase la decisión más adecuada sobre lo que hacer. Zhia comentó al paladín que, mientras Akon y Panit ojeaban libros, ellos podían seguir investigando.
Preguntando si allí estaban seguros, el liche respondió afirmativamente.
Empezando a fraguar que Akon y Panit podrían quedarse unos días para aumentar sus conocimientos, al tiempo que Zhia meditaba sobre que en aquel lugar realmente estaban seguros, el liche añadió que, en caso de necesitar quedarse unos días, él podría acondicionar su sanctum para que pasasen el tiempo de descanso con él si se quedaban, además de mostrarles todo el templo -si tenían curiosidad-.
A pesar de toda la relajación del momento, Akon volvió a revelar su intención de convertirse en receptor de los conocimientos del Peregrino. Así su mente podía ser curada después de soportar el estrés del contacto.
Exethanter expresó en voz alta que, probablemente, aquello no sería tan fácil. De hecho, intuía que el poder de Bukko funcionó sobre su mente porque el contacto con la mente del Peregrino concreto al que invocó se había realizado hacía siglos -comentó una fecha que reflejaba unos 1600 años aproximados a la fecha del Voldor en el presente-, y quizá poco a poco sus pensamientos se habían ido reajustando y recuperando con lentitud, a la espera del momento apropiado -como fue el toque sagrado del paladín-. Pero probablemente, en un roce mental con un Peregrino, el uso de aquel poder quizá no sería suficiente nada más terminar dicha comunicación, por ser demasiado reciente. Además, también dependía de la fortaleza mental del contactado. Si su integridad no era la apropiada, probablemente la consciencia de la criatura en contacto podría quedar destruida por siempre.
Bukko: "Lo que deseen los usuarios de lo arcano hacer con sus mentes es cosa suya. Yo, como fiel y devoto de Waroui, creyente de la libertad, estoy de acuerdo con lo que Akon libremente decida. Si quiere arriesgar su mente por el conocimiento, no se lo impediré. Si no puedo ayudarle después a restaurar sus pensamientos, serán las consecuencias de su decisión libre. Y, por cierto, como en un principio intuí" -dijo Bukko dirigiéndose a sus compañeros- "hemos venido aquí para nada. No hemos hallado información que nos ayude contra Strahd que no supiésemos ya".
Exethanter: "En efecto, el conocimiento prohibido de los Peregrinos tiene un coste. Pero si la mente de los usuarios arcanos consigue superar el trauma por la inundación de poder y conocimientos, podrían encontrar algo que les ayudase en vuestra causa. Por supuesto... conlleva un riesgo. Recordad que me encontrasteis en mi estado mental a causa de un error de juicio. Sin embargo, no puedo privaros de vuestra elección. Sólo preveniros, como Bukko".
Zhia, con una sonrisa taimada, expresó en voz alta que estaba segura de que allí habría xion y planos para fabricar herramientas 'bonitas', así que de allí saldrían con más arsenal para luchar contra Strahd.
Conforme se barajaban las opciones de permanecer allí una semana para recopilar magia y fabricar algún objeto interesante, Bukko expresó su intención de abandonar el templo, porque allí no encontraría ningún propósito, y en el exterior seguía librándose un conflicto. Si otros deseaban quedarse, no se lo impediría, pero él tenía cosas importantes que hacer, como organizar una guerra. Zhia propuso que podrían buscar a aquél que el Tarotte reveló como el Enemigo de Strahd: 'el hombre-niño'. Bukko también propuso regresar a Krezk y organizar convenientemente todo lo concerniente a la guerra que podría avecinarse.
Sin embargo, antes de tomar una decisión final sobre si separarse temporalmente o no, el grupo tomó conciencia de por qué estaban en este lugar concreto, y solicitaron a Exethanter que los condujese a la tumba del Peregrino del Don Oscuro.
Éste, asintiendo solemne, se dirigió a las escaleras de la misma habitación, pidiendo a los compañeros que lo acompañasen en silencio, con un gesto de su mano momificada. En el breve paseo, cuando Zhia curioseó sobre lo que había en el cofre de los cráneos, el liche le respondió con cierto deje divertido que estaba vacío. Era una trampa para estúpidos. Al escucharlo, Zhia guardó prudente silencio.
Descendiendo unos nueve metros hacia las profundidades, el liche explicó que entraban en la cámara que conservaba a tres de los vestigios Peregrinos más poderosos del templo. Los rieles de mármol negro llevaban hasta el centro de una gran habitación, en la que la primera impresión por la suave luminosidad dorada fueron seis cajones elongados cuyas maderas presentaban un aspecto podrido, aunque se encontraban cerrados. Los muros de la sala estaban inscritos en runas xionicas de los Peregrinos, que se encontraban en varios lugares.
El aspecto de las mismas semejaba tentáculos que se enroscaban alrededor de bajorrelieves de mármol con forma de reinas, reyes, faraones, sultanes... atendidos por millares de esclavos de distintas razas. Tales representaciones divinas habían sido creadas por manos mortales para alabar a los Peregrinos.
Las alcobas del oeste, sur y este recibían líneas de poder más luminosas que en otras paredes, llegando hasta ellas. En el interior de cada alcoba había un bloque enorme de xion del tamaño de una tumba, rezumando poder con un dorado brillo pulsante mayor que el de las suaves luces de la sala.
En el muro sudeste, la pared de mármol negro estaba destrozada en dos grandes grietas que desparramaban escombros de piedra, maquinaria antigua y xion agotado por el suelo, dando paso a una oquedad que se perdía en la oscuridad.
Con un gesto de su brazo abarcando toda la sala, Exethanter dijo: "Éste es el santuario de los tres vestigios Peregrinos más poderosos del templo".
Justo al pisar el suelo de la sala, las tapas de las cajas salieron volando por los aires de un impacto desde su interior. De dentro, seis criaturas enjutas, vestidas con andrajos, con cabellos largos y despeinados, saltaron hasta caer sobre sus manos con grandes garras y pies huesudos sobre el suelo, siseando como bestias.
A través de su enloquecida mata de pelo, se adivinaban unos ojos como suaves brasas encendidas mirando en dirección a las escaleras sobre bocas abiertas de colmillos afilados y negras lenguas que saboreaban el aire sacudiéndose espasmódicas.
Al verlas, Zhia sintió un escalofrío helado por su espalda, paralizada por el terror: se trataba de seis vampiros.
Ante el suceso, Exethanter alzó su mano y habló con voz firme: "Atrás, siervos y esclavos. Volved a vuestro sueño. Estos invitados están aquí por mi voluntad. Dormid y calmaos".
Tras ello, los vampiros gruñen y murmuran palabras ininteligibles, reptando hacia sus cajones, en los cuales se encierran, encajando la tapa sobre la abertura, regresando a su silencioso reposo.
Mirando al grupo, el liche solicitó que no molestaran las cajas. Las criaturas no los atacarían si así era.
Señalando la tumba de xion en la cripta al oeste de la sala, el liche indicó que se trataba del lugar de reposo del Peregrino del Don Oscuro: era lo que buscaban.
Al indicar el sarcófago, Exethanter explicó que la forma de contactar con el vestigio era 'relativamente sencilla': sólo era necesario tocar la superficie de xion, y esperar unos instantes para escuchar los lejanos susurros del resto Peregrino suspendido en su interior. Éstos revelarían un resquicio de la información que podrían proporcionar, para lo que el solicitante debía después decidir si aceptaba el don que el Peregrino le concedía o no. Aceptarlo permitiría acceso al conocimiento que el vestigio poseía. Pero eso llevará al solicitante a una espiral de destrucción que finalmente lo transformará en aquello que es Strahd.
Panit, incrédula, solicitó más datos. Por su parte, Zhia afirmó en voz alta lo que sospechaba: el don del conocimiento de aquel Peregrino tenía el efecto secundario de transformar al solicitante en un vampiro. Cuando la mida asesina preguntó si esa transformación sucedía con todos los sarcófagos, Exethanter negó en rotundo. De hecho, él explicó que tocó el sarcófago del sur, cuyo resultado ya conocían. Zhia preguntó si se sabía qué sucedía con cada sarcófago, y el liche respondió que cada uno estaba imbuido en su propia carga, producto del poder del Peregrino que lo habitaba. El liche ya avisó que todos los dones que otorgaban los Peregrinos destruían la mente. Y no mintió.
Zhia comentó que, ya que estaban allí, lo lógico sería saber si aquella suposición era correcta. Exethanter afirmó con gravedad que la única forma de saberlo era que alguien aceptase el don, cuya mente quedaría impresa de todos los conocimientos necesarios para llevarlo a cabo.
Zhia asumió la respuesta como cierta, momento en que preguntó si tenía conocimientos sobre los otros Peregrinos encerrados, a lo que el liche confesó con falta de interés que no le interesaba el resto. Al encontrar la fuente del conocimiento sobre su transformación el liche, el resto perdió todo interés.
En ese momento, Exethanter miró a Panit y a Akon, exponiendo que decidiesen... y que su decisión fuese la correcta, para que su decisión y ambición no fueran la perdición de sus compañeros.
Panit constató una vez más con Exethanter que, de aceptar el Don Oscuro, se transformaría en vampiro. El liche no dejó lugar a dudas. Con ello, la maga se negó a recibir el conocimiento.
Al hacerlo, Akon avanzó con decisión, poniendo su mano sobre el sarcófago antes de que nadie lo impidiese.
CONTINUARÁ























































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