lunes, 18 de noviembre de 2019

CROSSOVER STRAHD & ERDD - SPINOFF - AKON & YGREIN "JUSTICIA O VENGANZA" - Sesión 3 - LA MANSIÓN ATERRADORA (o AporreaDORA)

Camino de su siguiente visita punitiva en la aldea de Uarowia, el tiflin brujo y la humana clériga, acompañados del pequeño y esquivo Judge (Familiar de Akon), toman la vía principal de la villa tras alejarse de la Iglesia del Señor del Amanecer.
Cruzando en la noche por la silenciosa plaza principal, en la que ahora la calma es mucho mayor, con gran cantidad de cadáveres esparcidos junto a un callejón y frente a la puerta de la posada, pueden admirar todo aquello que han dejado a su paso, como los cinco luminosos focos de llamas esparcidos por toda la villa que, por suerte y a causa del húmedo y frío clima, no parecen expandirse más allá de las casas "ajusticiadas".
Continuando por el camino del este, Akon recuerda su paso por esa zona cuando llegaron a esta villa, y pensando en las vagas indicaciones del Padre Donavic, pide a Judge que haga una revisión de todas las casas indicadas en el área aproximada, por si encuentra una concentración inusual de niños, para volver e informar a la sacerdotisa y el brujo.
A mitad de camino entre la plaza y la zona de búsqueda, Akon repasa con la mirada la casa donde se enfrentaron a unos zombis que la habían tomado, cuya puerta seguía reventada desde dentro, aunque los cuerpos habían sido retirados de la zona. Akon también observa los restos de lucha en ese lugar, aunque al no tener información de su compañero, desconoce la naturaleza de dicho estado, aunque se preocupa de encontrar algo así.
Por su parte, Ygrein experimenta por primera vez el decadente estado del lugar, con casas habitadas, sin habitar y en declive total, cuyos habitantes cierran los postigos de las ventanas al paso de los aventureros... al menos aquellos que no han huido de los incendios.
Al percatarse de aquello y del lugar por el que han pasado, además de rememorar la batalla al paso por la plaza, la devota de Dekaeler empieza a sentir el cansancio en su cuerpo derivado de las numerosas heridas sufridas, decidiendo que es buen momento de implorar a su Dios para la salud que le permita la excelencia en la batalla, sanando así con el contacto de su símbolo la mayoría de los daños de su cuerpo... aunque extrañamente siente que Dekaeler se encuentra en un punto muy lejano de su conciencia y su devoción, algo difícil de alcanzar con sus oraciones.
Una vez alcanzada la linde este de la villa, los viajeros comienzan a echar un vistazo sobre cual podría ser el lugar al que se refirió el Padre Donavic.
Entre todas las casas cercanas, al norte del camino de entrada a Uarowia, Ygrein percibe una imponente casa de 4 plantas, sobresaliente por encima de la mayoría de los tejados, con una extraña bruma rodeando su base (que no se encuentra por ninguna otra vivienda)... extrañamente similar a la que la llevó hasta el cadalso en el camino donde halló a Akon y al niño Lucian Jarov.
Señalando a Akon la visión, éste la reconoce como un efecto característico de este lugar, lo cual no le gusta nada. Con la duda de si esa podría ser la casa en los labios de Ygrein, Akon piensa que hay grandes posibilidades de que sea su destino, aunque Judge aún no ha vuelto para confirmar nada.
Pensando en que quizá lo apropiado sería volver a comulgar con la divinidad (por parte de Ygrein) y renovar su energía arcana (por parte de Akon), el tiflin lleva a la mujer hasta la casa de puerta destrozada, donde está casi seguro de que no hallará presencia molesta y, una vez dentro, adecentan la pequeña sala donde se encuentran, bloquean la puerta, retiran los deshechos y se disponen a descansar para recuperar el aliento y algo de vitalidad.

Pensando en cómo podrían estar mejor pertrechados para investigar la extraña casa y si tiene relación con niños desaparecidos, después de su pequeño reposo los aventureros recuerdan haber visto un almacén de mercancías frente a la posada, y se dirigen allí por si pudiesen adquirir útiles necesarios para su periplo.

Cuando llegan al deprimente edificio bautizado como "Almacén Mercantil de Bildrath", observan que hay luz a través de unos postigos cerrados con pesadas cortinas tras ellos, por lo que es casi seguro de que alguien lo regenta. Ygrein, con un suspiro, se gira hacia la posada, donde los cadáveres aún se encuentran esparcidos -nadie se ha ocupado de llevárselos-. Pensando en que han caído en combate, la mujer deja un hueco en su recuerdo para, a posteriori, apilarlos y concederles un digno último suspiro.
Pero, de vuelta al edificio, ambos aliados se dirigen a la puerta del comercio, llamando, y siendo recibidos por un sospechoso hombre arrugado y mayor, con mirada de usura en sus ojos y frotándose las manos.
Ygrein solicita la atención del caballero (el señor Bildrath, teóricamente) para adquirirle ciertos bienes. Cuando Akon pide entrar para ver los bienes, Bildrath les concede paso, mientras alza la voz y se dirige al fondo del establecimiento, a alguien llamado "Parry" para que siga limpiando el fondo del almacén, mientras él se ocupa de unos clientes. Del lugar al que se ha dirigido, una voz profunda y bonachona contesta afirmativamente, y se escucha movimiento pesado entre la gran cantidad de estanterías y la penumbra del fondo del almacén. Cerrando tras de sí, el hombrecillo acompaña a la mujer y al tiflin (camuflado mágicamente como "humano") para mostrarles sus mercancías.
Los bienes parecen abundantes, aunque bastante comunes, y no parece haber nada fuera de lo normal o "estrictamente mágico" entre el arracimamiento de objetos y paquetes.
La atenta y avara mirada del regente de la tienda, en ocasiones, resulta algo incómoda, así como sus insistentes preguntas sobre lo que necesitan sus clientes.
Cuando Akon pregunta sobre preparados, el señor responde que en su haber tiene agua sagrada, líquido corrosivo, fuego alquímico y algunos bebedizos curativos.
Eligiendo los bebedizos, Bildrath se aleja hasta el mostrador, tras el que toma un arcón de madera que resuena con ecos acristalados, abriéndolo para enseñar el amplio surtido en su poder.
Al mostrar la mercancía y ser consultado por el precio, el valor del mismo hace que Ygrein parpadee por lo exorbitante del mismo, a la vez que Akon abre los ojos con incredulidad. Cuando exponen que aquella transacción les parece un hurto, el dueño expone que "si es algo que necesitan, pagarán lo que valga". Aunque los compañeros intentan razonar sobre que el tendero está extorsionándolos, éste se encoge de hombros e indica que "esos son sus precios. Si no les gustan... pueden buscar otro lugar, o no comprar".
Akon razona que, si los precios de los materiales son esos, las armas serán un robo, a lo que el tendero comenta que comercia con ellas igualmente.
Cuando Ygrein sugiere que los próximos Vistani que vengan a someter la villa tendrán paso franco para apoderarse de lo que deseen sin que nadie los detenga, Bildrath se ríe entre dientes. Su reacción hace entender que los bárbaros no le atemorizan en lo absoluto, y que sólo son más clientes con los que negociar sin ningún problema.
Cuando Bildrath vuelve a preguntar si los aventureros desean algo, Ygrein de malas pulgas refunfuña: "que nos baje los precios", recibiendo de nuevo la negativa del dueño. A pesar de que el hombre ofrece una rebaja por comprar todas las pociones sanadoras, la reducción de su precio en absoluto compensa lo desorbitado del mismo.
Pensando en que Akon podría fabricar las pociones más básicas por sí mismo, pues dispone de conocimientos para ello y un set de preparación alquímica, por desgracia no dispone de los componentes necesarios, y probablemente los que pudiese haber en este almacén serían extremadamente caros y no merecerían la pena.
Tratando de averiguar si hay algo de interés especial que pueda hallarse enterrado entre los bienes normales, Akon da una vuelta por los estantes, con el tendero a lo lejos indicándole que si no están interesados en nada, pierden el tiempo allí. Ygrein, al escucharlo hablar, se acerca a él y, con un susurro rasposo, le comenta que lo que no están interesados es en ser timados, provocando un respingo en el dueño de la tienda.
"¿Timar, por qué?", pregunta con gesto ofendido Bildrath. La sacerdotisa explica que el valor de las pociones se eleva más de cinco veces su coste normal. El hombre vuelve a responder que "ese es su precio", encogiéndose de hombros y recuperando la compostura.
Conociendo las capacidades de Akon sobre fabricación de preparados, Ygrein hace un último intento, preguntando por componentes para preparados, pero la respuesta con respecto al precio vuelve a desmoralizar a la mujer, que casi se lleva las manos a la frente al escuchar el coste.
Akon, regresando a su lado, le susurra que posiblemente tengan aún suficientes pociones en su haber de las que Akon, con sus conocimientos, materiales y equipo ha ido fabricando durante el camino hasta llegar aquí, así que lo mejor sería salir de aquí en lugar de dejar que el mequetrefe dueño de la tienda siga mangoneándolos.

Bastante molestos por la inútil visita a Emporio Mercantil, regresan a la casa abandonada que atrancaron, para disponerse a un largo descanso, no sin antes Ygrein ore y bendiga agua para su uso posterior, caso de ser necesario, y después descansar sin siquiera de vigilar su sueño -y quiso la noche y la mañana que no fuesen molestados por ningún problema, sobre todo porque Akon realizó un pequeño ritual de aviso que los despertaría si visitas inesperadas se acercasen demasiado a su escondrijo-.
Cuando el reposo los llevó a comulgar de nuevo con Dekaeler (por parte de Ygrein) y meditar sobre sus planes (por parte de Akon), al salir encuentran una leve bruma acompañada por una ligera cortina de lluvia en su camino hacia la extraña mansión.
Lo sorprendente fue encontrar a Judge junto a Akon, observándolo con curiosidad al despertar, sin haber perturbado la magia de aviso, susurrando al tiflin que había encontrado algo extraño de su interés, y necesitaba que lo acompañase después de recomponerse y salir de aquella infecta ratonera que habían usado de cobijo.
Se trata de una casa bastante grande y extraña, con unos niños tristes cerca de la misma.
Cuando Akon solicita el camino de llegada, el pequeño ser demoníaco los lleva, precisamente, a la casa de cimientos brumosos.
Al acercarse al lugar, los recién llegados observan dos niños en un callejón solitario haciendo esquina tras la casa, apartados de la sombra que ésta emite en la mañana. Las elegantes (y anacrónicas) ropas de ambos los señalan como fuera de lugar, aunque la muchacha da la impresión de ser más mayor (unos 10 años), mientras que el niño parece más joven (aproximadamente 7 años) con un extraño peluche entre sus brazos. La chica acaricia con cariño al niño en la cabeza, tratando de consolarlo (a pesar de su mirada triste) por algún motivo, pues la expresión de éste se muestra apagada.
Con su disfraz humano, Akon se acerca junto a Ygrein a los niños.
Al hacerlo, la muchacha se sobresalta y lleva al niño tras ella, en actitud protectora, aunque con una mirada atemorizada. El pequeño oculta su rostro en la capucha de sus ropajes, sollozando en silencio. Sin dejar que los recién llegados se acerquen más, la joven susurra "hay un monstruo en nuestra casa", mientras señala la imponente mansión de cimientos brumosos. Una casa que, ahora visto de cerca, a pesar de su mole, da la impresión de, en algunos lugares, haber visto días mejores. Sus ventanas están oscurecidas, la puerta en la planta baja está abovedada, y la oxidada verja ante la misma parece algo desencajada. Un camino de grava lleva desde la calle hasta la entrada. Las pequeñas casas que la flanquean tienen sus puertas y ventanas tapiadas, abandonadas hace tiempo.
Cuando Akon pregunta por qué no han ido a pedir ayuda, la niña responde que, al ser su casa, no desean marcharse. Cuando Ygrein pregunta por sus padres, la niña indica que están en el sótano, donde mantienen "al monstruo atrapado".
Cuando Akon expresa abiertamente su deseo de entrar, Ygrein le recuerda que el Padre Donavic les había comentado la desaparición de unos niños... niños que están "ahí". Al preguntar a los niños por sus nombres y apellidos, recordando que el de la familia es Durst, la niña se presenta como Rosa Durst y al muchacho como Espino Durst. Sorprendida de haber "encontrado" a los niños desaparecidos, Ygrein pregunta si tienen más hermanos.
Rosa contesta que no, pero hay un niño en la habitación para bebes en la tercera planta.
Ante el intento de acompañar a los niños a la iglesia, o pedirles que se marchen si, cuando Akon e Ygrein entren, no salgan de la casa, la joven se niega, indicando que "aquella es su casa" y no quieren marchar. Si es necesario, esperarán, pero no se irán... todo ello a pesar de que Ygrein les avisa de lo peligroso de las calles de la villa.
A pesar de lo extraño en su reacción, los compañeros de El Jade no sienten en sus entrañas que la niña esté mintiendo en su deseo o intenciones.
Con un hondo suspiro, acompañando a Akon, Ygrein lleva su mirada por última vez a los niños, deseando que tengan cuidado, para después llegar hasta Akon.

La extraña y solitaria visita a las dos primeras plantas de la casa pasa por descubrir algunos lugares de lo más insólito (utilizando luz mágica y encendiendo los pebeteros con antorchas, velas y lámparas de aceite que van encontrando en el camino). Además de encontrar el escudo familiar de los Durst (un estilizado molino dorado sobre un campo rojo), los dos visitantes descubren que, al entrar en su interior, las nieblas que se encuentran en sus cimientos se alzan poco a poco, inundando todo el exterior con una intensa espesura, hasta que impiden cualquier visibilidad más allá del pequeño porche de la puerta. Así que, impedidos de abandonar de momento la mansión, se encuentran con zonas de lo más variopinto, como una sala adornada como la posesión de un cazador, con pieles de animales y lobos disecados (de la que se llevan una ballesta pesada, otra ligera y otra de mano, junto a 20 virotes), una cocina bien aprovisionada con un montacargas de mecanismo llamador conectado a otras plantas, un elegante comedor de cara cristalería y vajilla, las habitaciones del servicio, una gran escalera de mármol rojo en espiral que conecta las dos primeras plantas, en la primera de las cuales se encuentran un juego de armaduras y lanzas de adorno flanqueando toda una sala conectando las diferentes habitaciones de la primera planta, una habitación para tocar música con un gran clavicordio, o un salón con un enorme retrato de la familia Durst en la que se encuentran la madre Elisabeth, el padre Gustav, sus hijos Rosavalda y Espinardo, y un niño en manos de Gustav, al cual la mujer mira con rencor.
Lo más perturbador de toda la exploración, al margen del silencio y encontrar en perfecta conservación todos los muebles y enseres de las dos primeras plantas, es el hecho de encontrar que, entre las exquisitas tallas en los paneles de madera que recubren las paredes, motivos alegres con ocultas tallas macabras camufladas entre ellos, como la impresión de que niños bailen entre las flores del bosque cuando en realidad huyen de serpientes entre la hierba, o árboles frutales con madura fruta que oculta formas de cráneos y ojos en las tallas, entre otras extrañezas.
Al investigar la biblioteca de la primera planta, sobre la mesa principal de la misma los visitantes hallan una llave de hierro, y cuando Akon investiga una de sus paredes, halla un paso secreto tirando de un falso libro en una estantería.
Al abrir dicha habitación, la sorpresa les lleva a hallar otra pequeña habitación con estantes llenos de extraños libros, además de un pesado cofre de madera al fondo con la tapa entreabierta, la cual se ha derrumbado encima de un esqueleto medio tragado por el cofre.
Pasada la sorpresa, Akon investiga los libros mientras Ygrein hace lo propio con el esqueleto. El tiflin encuentra una gran cantidad de información errónea y absurda sobre invocaciones demoníacas y diabólicas -camelos- de un extraño culto llamado los Sacerdotes de Osybus, a la vez que Ygrein se percata de que el esqueleto es de alguien que trató de abrir el cofre -protegido por una trampa de dardos-, y las defensas se incrustaron en el esternón del fallecido, haciéndole morir sobre el cofre abierto.
En la mano del esqueleto, una interesante carta de letra exquisitamente elaborada y culta muestra un texto perturbador:
'Mi más patético sirviente. No soy un mesías enviado a vosotros por las Fuerzas Oscuras que envuelven estas tierras. No he venido a guiaros en el camino hacia la inmortalidad. Sin importar cuántas almas hayáis sacrificado en vuestro oculto altar, no importa cuántos visitantes hayáis torturado en vuestro subterráneo, sabed que vosotros no me habéis traído a estas magníficas tierras.
Sois apenas gusanos retorciéndoos en la tierra bajo mis pies. Decís estar malditos, y vuestras fortunas dilapidadas. Abandonasteis amor por locura, buscasteis consuelo en el regazo de mujer ajena, y trajisteis al mundo a un niño muerto.
¿Malditos por la Oscuridad? De eso no tengo duda.
¿Salvaros de vuestras felonías?
Más bien no. Os prefiero dolientes tal cual sois.
Vuestro terrible Amo y Señor, Strahd Von Zarovic'.
(La carta termina rubricada con el Sello del Peregrino Strahd)
Al leer el texto, Ygrein se lo acerca a Akon ("echa un vistazo. Es interesante"), quien mientras tanto ríe para sí mismo mientras ojea y tira un libro tras otro al suelo.
Apartando el esqueleto y comprobando que la llave hallada no coincide con el cierre del mismo, Ygrein permite a Akon alzar la tapa con su bastón, antes de revisar su contenido y apropiarse de él:
lo más importante de todo (al margen de ciertos pergaminos de poderes divinos) son las escrituras de propiedad de la casa, un molino (el Viejo MachacaHuesos), y un testamento legando a Rosavalda y Espinardo por parte de sus padres Gustav y Elizabeth -a su muerte- la casa, el molino y demás propiedades de la familia Durst.

Después de haber rastreado toda la segunda planta y sus peculiaridades, Akon e Ygrein ascienden por las escaleras hasta la amplia balconada de la tercera planta, donde se produce un cambio significativo. Al superar el límite entre ambas plantas en el ascenso por la amplia escalera de caracol, ésta pasa de una conservación inmaculada a un agrietamiento y avejentamiento fulminantes,  y una espesa capa de polvo sobre los escalones, por el pasamanos y la baranda que protege el borde de la planta superior de la caída por el hueco de la escalera. Espesas telarañas se aferran a las esquinas, cubiertas también de polvo, y el espacio donde desemboca la escalera, sin subir más arriba (aunque desde el exterior existía una última planta). Los tallados de escenas de árboles, hojas cayendo y diminutas criaturas entre los troncos en los paneles de madera de las paredes ocultan imágenes de diminutos cadáveres colgando de los árboles y gusanos brotando del suelo.
El amplio balcón con cuatro accesos (puertas) hacia el interior de la planta se encuentra rematado por una sombría armadura negra de placas con una espada de oscura guarda envainada a su lado (ambos objetos cubiertos de polvo y telarañas), además de lámparas de aceite adosadas a las paredes (que Ygrein prende para iluminar).
Sorprendidos por el radical cambio de ambiente entre plantas, los visitantes avanzan con cautela, pero en el momento en que pisan las planchas de madera del suelo de la balconada en dirección a las dobles puertas más grandes a la derecha, provocando un sonoro crujido, la armadura tiembla, poniéndose en movimiento, y la espada vuela por sí sola fuera de su vaina con un agudo sonido metálico, lanzando un par de estocadas al aire. Ambos objetos se disponen a atacar a los recién llegados con firme determinación.
El tajo inicial de la espada voladora rebota contra el escudo de la sacerdotisa quien, sorprendida, no ve como la armadura que se desengancha de la pared le propina un sonoro (y muy doloroso) puñetazo en el rostro que, de su potencia, la desplaza lo bastante como para evitar que un segundo puñetazo la alcance.
Escupiendo sangre al suelo, Ygrein aprieta su mano en el mango de la maza.
Convocando la ira de batalla de Dekaeler, acelera su velocidad para lanzar una lluvia de impactos contra el objeto, aunque uno de ellos es desviado de un palmotazo por la misma, mientras que el segundo golpea abollando el torso de la misma, perforando el metal.
Agachándose buscando cobertura con la baranda de la escalera, Akon convoca dos explosiones de energía arcana sobre la armadura, aunque la velocidad de ésta impide que hagan blanco, explotando en el techo y la pared junto a la misma. Girando su casco en dirección al tiflin, la armadura hace un gesto con su mano señalando en su dirección, con lo que la espada vuela certera hacia el brujo, lanzando tajos por el aire. Tratando de esquivar los golpes, Akon alza las manos y un profundo corte cruza por sus antebrazos, salpicando sangre en la pared junto a la escalera, causando un gemido de consternación en el brujo.
Al mismo tiempo, un poderoso puño de la armadura se estrella contra el escudo de la clériga, pero al alzarlo, ésta desprotege su torso, por cuyo hueco en la defensa pasa otro puño acorazado castigando las costillas de la mujer, dejándola magullada y sin resuello.
Redoblando sus esfuerzos con una oración susurrada al Dios de la Guerra, Ygrein se incorpora con un gruñido, y su maza empieza a castigar sin flaquear a la armadura, golpeando con dureza y sonoramente, abollando al objeto animado, además de provocar que uno de los hombros quede sin la protección de hombrera, la cual sale disparada rebotando contra una pared, quedando inerte.
Tratando de moverse ágilmente, acosado por la espada voladora, Akon conjura su poder explosivo nuevamente contra la armadura que bloquea a Ygrein, pero la dificultad para evitar el arma impide la certeza de su poder, que explota en el suelo cerca de la armadura y la pared junto a la misma, inofensivamente. Por suerte, la agilidad del tiflin le permite evitar un lance contra su cuello al agacharse oportunamente.
Sobresaltada por las explosiones, y aunque evita un puñetazo de la armadura, el giro de su cintura coloca a Ygrein en la trayectoria de un palmotazo metálico que le cruza la cara, provocando un molesto pitido en su oreja y un molesto mareo.
Realizando un giro amenazador con su muñeca para calibrar su maza, una sonrisa de determinación se graba en el rostro de Ygrein. Redoblando sus esfuerzos, salta sobre la armadura y trata de aplastarla golpe tras golpe, aunque el objeto se las apaña para desviar los ataques de la mujer, que empieza a sentir la febril ansia de batalla en sus venas.
Molesto por la situación, Akon comienza a concentrar sus sentidos sobre la armadura, buscando puntos débiles en su estructura, conjurando una magia que le conceda efectividad sobrenatural a sus ataques, al mismo tiempo que, en un molinete, la espada animada le causa un largo tajo a la altura de las costillas, daño que no impide al brujo completar su magia, provocando una profunda atención sobre cada movimiento del voluminoso objeto que trata de someter a Ygrein.
Dicha atención se ve sobresaltada por un increíble juego de piernas, acompañado de un certero Uno Dos que coloca dos sonoros directos en el rostro de la sacerdotisa por parte de la armadura, causando un temblor en las piernas de la mujer, augurando la posibilidad de que la dama esté cerca de sucumbir al asalto del objeto.
Superada por el poder físico de la armadura mágica, Ygrein suplica a su dios por una ayuda en combate, creando una maza mágica de aspecto amenazador tras la armadura, y cuando arremete contra el objeto que la está poniendo en un aprieto, la armadura negra se aparta de su golpe con un paso atrás, no calibrando las distancias, con lo que se pone al alcance de la maza convocada, la cual de un sonoro porrazo la estrella contra la pared, haciéndola girar sobre sí misma con la espalda hundida y medio casco deformado.
Con sus sentidos enfocados en la gran armadura, Akon, con independencia de los lances de la espada que revolotea a su alrededor, crea una explosión mágica sobre el pecho de la armadura... haciendo estallar en pedazos la misma, lanzándolos por todas partes, y neutralizando la amenaza. En el momento en que la espada intenta aprovechar su ventaja táctica, el brujo abre su mano ante él, y antes de que el objeto lo rebaje como un trozo de pan, una nueva explosión hace que la espada se doble en un ángulo de 90 grados y se retuerza, girando en el aire como un boomerang atontado.
Con sus dimensiones alteradas por el impacto, cuando el objeto intenta cortar la carne de Akon, donde debería haber una hoja recta, la espada doblada pasa inofensiva ante el rostro del brujo sin alcanzarlo.
Agradecida por la intervención de su compañero, Ygrein carga contra la espada que lo acosa, seguida por la maza sobrenatural, y con un curioso juego de carambolas, su brazo impacta de un mazazo a la espada voladora, haciendo que vuele descontrolada hacia la maza levitante, la cual remata la jugada con un golpe descendente que parte en dos el objeto animado, cuyos trozos salen despedidos rebotando contra las paredes y cayendo al suelo entre ecos metálicos, quedando inertes y anulados, al igual que la armadura.
Respirando pesadamente, y guardados por la maza sobrenatural que flota protectora junto a ellos al borde de la escalera, Ygrein y Akon se apoyan con dificultad en la pared hasta sentarse en el suelo. Akon refresca su garganta con un bebedizo curativo, y por su parte Ygrein cree en la necesidad de algo más contundente, por lo que deja correr por su garganta un par de ellos, sintiendo los compañeros que sus cuerpos se reparan mágicamente con rapidez, recuperando el resuello y observando como sus heridas se cierran, dejando sólo a su paso, surcos de sangre, algunas cicatrices y pequeñas amorataduras.
Cruzando miradas de comprensión, con los hombros hundidos por el cansancio y gestos de frustración, los compañeros de El Jade empiezan a pensar que la visita a esta casa no ha sido una decisión del todo acertada.

Pero no queda más remedio que continuar.

Y CONTINUARÁ...

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