Cuando éste y el resto de presentes la observan inquietos, con miradas algo hostiles, ella señala a su lado al pequeño Judge, explicando que, en cuanto Bukko partió de la iglesia de Andral, la criatura la sobresaltó, y al preguntarle qué estaba haciendo allí, el pequeño familiar de Akon explicó precipitadamente que el grupo posiblemente iba a meterse en problemas e iban a necesitar refuerzos.
Molesta por haberse sentido "el último mono" en la situación, y suponiendo que su ayuda cuando había problemas era bastante fundamental, preguntó a la criatura a dónde había que dirigirse, a lo que ésta le informó y se marchó acto seguido, porque tenía que guiar al Paladín Hipótido al encuentro con Akon y el resto de compañeros.
Refunfuñando, a medias entre preocupación y molestia, Panit avanzó entre las callejuelas medio abandonadas (sobre todo por el evento del incendio ocurrido en la tienda de ataúdes, que copaba toda la atención local), y en ocasiones incluso utilizó los tejados bajos de las casas para avanzar con más rapidez, hasta hallar la Mansión Wacter, donde observó una gran actividad en el interior, con pasos apresurados y conversaciones exaltadas sobre intrusos que habían producido cierta tensión con lady Wacter en el sótano.
Al escuchar esas palabras, la maga mida dio un rodeo a la mansión, encontrando una pequeña caseta de madera con la puerta hundida hacia dentro (a lo que Bukko indicó que él se había encargado de esa "entrada"), y al sospechar de lo reciente en la rotura, se adentró en las profundidades... hallando a sus compañeros y la complicada situación en la que se encontraban.
Entre los sonidos que se oían por toda la mansión y la explicación de Panit Yae, todos se mantuvieron en un tenso silencio, hasta empezar a reaccionar.
Después de unos incómodos segundos de falsa tranquilidad, en los que el grupo es consciente del ruido de fondo en el que hay excesiva actividad por encima de sus cabezas y más allá del sótano, comienzan a pensar tácticamente en vigilar las dos únicas entradas que parecen llegar al sótano donde se encontraban, tanto por las escaleras por las que habían descendido como aquellas en el centro de la estancia que, por ubicación, podrían subir hasta el cuerpo del edificio que era la Mansión Wacter.
Sin embargo, el cadáver de Fiona Wacter, además de los restos de los esqueletos y los huecos removidos en el suelo por los que éstos habían brotado, no suponen una visión muy positiva para cualquier seguidor de la mujer que llegue en los próximos minutos.
Bukko, pensando rápidamente -al mismo tiempo que Akon observa el aspecto de Lady Fiona-, pregunta por las cualidades sobrenaturales de alguien capaz de adoptar la forma de la mujer, momento en que Akon, en cuclillas junto a la dama, levantaba el brazo sin siquiera alzar la intensa mirada en el cadáver.
Pensando con rapidez sobre la excusa a poner a quienes llegasen para ver el espectáculo, Akon comenta que, transformado como Lady Fiona, explicaría que había puesto a prueba a los personajes para comprobar que eran las personas que ella esperaba.
Zhia, parsimoniosa, con una patente languidez y falta de emotividad, se dispone junto al marco de la entrada que el grupo había utilizado para bajar hasta el sótano, justo en el descansillo de las escaleras frente a la misma, con intención de convertir en pinchos morunos instantáneos a quienes pasasen a su lado. Al ver el estado de la ubicación, prefirió apostarse sujetándose en el borde de la puerta, colgando hacia atrás para ofrecer menos visibilidad de su cuerpo, enganchada al marco con su mano y su cola, y al borde de la escalera más cercano a una caída directa hasta el suelo apisonado del sótano en equilibrio con las punteras de sus pies.
Bukko, por su parte, derramando su energía sagrada sobre sus heridas, prefirió recuperar parte de su salud imponiendo sus manos sobre su cuerpo, dispuesto a una nueva batalla en la que proteger a sus compañeros.
Ygrein, vigorosamente, entierra por su parte a Lady Fiona en uno de los huecos dejados por los esqueletos, para disimular la muerte de la misma, eliminándola de la escena visible. Dejar el resto de las oquedades a la vista daba mayor realismo a la situación.
Por su parte, Panit se aposta en la base de las escaleras -cuya cúspide estaba siendo vigilada por Zhia-, preparada para "abrir fuego" si la situación así lo requería.
Akon, pensando en cómo tomar la delantera a quienes se acercaban rápidamente por todas partes, se apostó en la base de la escalera que parecía conducir al interior de la mansión, controlando esa zona y a quienes bajasen por ella.
Tras recuperarse de sus heridas, Bukko decidió rezar una poderosa oración protectora por sus compañeros, que los llenase de vigor y confianza por si debían combatir, eligiendo a Ygrein, Zhia y Panit para ser objeto de sus oraciones, además de orar específicamente para restablecer parte de la salud de Zhia y de sí mismo.
Al hacerlo, unas siluetas translúcidas de aspecto espectral, similares a aquellos a los que la oración de protección estaba eligiendo, se forman a su alrededor, hasta envolverlos como una segunda piel con un escalofrío inocuo.
Cuando sus oraciones curativas eran impuestas sobre las heridas, las manos de Bukko resplandecían con un color blanco luna desde el interior, mostrando la silueta de sus huesos, y al tocar la piel herida, ésta producía un hormigueo y cierto escozor molesto mientras recuperaba su salud.
Desde su posición "en vilo" (casi literalmente), Zhia consumía tranquilamente hasta tres reconstituyentes sobrenaturales para cerrar y sanar algunas de las heridas sufridas en el combate previo con Lady Fiona y sus esqueletos. Sus extraños movimientos y la palidez de su piel no cubierta de pelo comenzaron a levantar cierta sospecha en Bukko, aunque de momento éste se encontraba más pendiente de la situación. Por otra parte, cuando el hipótido escuchó susurrar entre dientes a Ygrein como si murmurase una extraña canción, empezó a sentir que la incomodidad del momento se agravaba por aquellos extraños comportamientos... que decidió ignorar... por el momento.
Panit, procurando incrementar las cualidades combativas de sus compañeros, concentró su voluntad y sus aptitudes de artesana arcana para potenciar las armas del hipótido, su hermana, la sacerdotisa... e incluso la capacidad para impactar con su magia natural a Akon, concediéndoles potencia y precisión adicionales.
Al mismo tiempo que Ygrein sentía que su maza era envuelta por el poder arcano de Panit, por su parte rezó para mejorar aún más las cualidades combativas del objeto a Dekaeler, envolviendo el objeto con una energía escarlata que lo hacía aún más amenazador.
Mientras el grupo se prepara para lo inesperado, Akon y Bukko contemplan las opciones tanto de convencer a los seguidores de Lady Fiona para que se marchen y no entrar en combate, como destruirlos a todos, saliendo de allí a sangre y fuego... aunque esa elección no parece la más adecuada para el paladín... mientras que Akon se relame de placer al pensar en acabar con la vida de todos esos enemigos mediante las llamas.
Gracias a las cualidades físicas de la sacerdotisa de Dekaeler, la mujer consigue realizar un decente trabajo de ocultación del cadáver de la anfitriona bajo el suelo removido que enterraba los esqueletos protectores.
Atento a la evolución de sus aliados y compañeros de trabajo, Akon indica que es preferible mantener la calma ante la primera opción que van a realizar: -el engaño-, para ser lo más convincentes posible ante los enemigos que están en camino. Mientras comienza a adoptar el aspecto de Lady Fiona (de una forma perturbadora en la que su magia lo envuelve como una sombra de aspecto demoníaco, la cual en un momento se escurre de su carne como una espesa mancha de líquido negro que se deshace en humo al tocar el suelo, mostrando la nueva imagen ilusoria a su paso), Bukko se ubica en una distancia similar de alcance a ambas escaleras, por si su presencia es necesaria en uno u otro lado, flanqueado por Ygrein, con similares intenciones.
La sacerdotisa, al tiempo que se coloca junto al paladín, conjura un mazo sobrenatural flotante junto a ella, cuyo aspecto plateado translúcido envuelto en un resplandor escarlata aparece de una forma temible, ya que sus cuchillas etéreas parecen estar cubiertas de sangre fresca.
De pronto, Bukko es consciente de que, de todos ellos, Katy no se encuentra al alcance de su visibilidad, y cuando gira la cabeza en dirección al muro falso, observa a la mujer que, con una sonrisa condescendiente, empieza a cerrar la puerta secreta tras ella, mientras susurra "muchachos, ganaos el sueldo". Sorprendido de la extraña actitud de su amiga de tantos años, el hipótido considera que no es el momento de atender a esa excentricidad, para la que después se ocupará del asunto.
Entonces, el paladín comienza a percatarse de que algo se le escapa de toda la situación, desde que llegaron a Uarowia y la extraña región que se encuentran visitando desde las brumas del río cerca de los terrenos de la familia Lordel:
las manifestaciones arcanas y divinas de sus compañeros estaban quedando alteradas progresivamente, como observar un rostro demoníaco entre las llamas de la magia de fuego de Panit, o lo más reciente, unos extraños tics como espasmos en el rostro y las manos de Akon, de los cuales no parecía ser consciente, incluyendo movimientos totalmente ajenos a las circunstancias en las que se concentraban... como el hecho en aquellos instantes de preparación frente a un posible choque violento, de que el tiflin inclinaba momentáneamente la cabeza con los ojos completamente abiertos y una sonrisa macabra mientras explicaba sus planes, o unos gestos antinaturales con sus dedos al planificar su acción de engaño sobre los sectarios (incluso en su aspecto ilusorio).
En ese momento, su mente viajó a toda velocidad percatándose de ciertos "detalles" que no parecían encajar del todo en sus compañeros, como el hecho de que Zhia, tras haber sanado de su ataque vampírico, no había recuperado por completo su tono sano de piel, quedando ésta ligeramente pálida, y su expresión era bastante anodina y carente de información, como mecánica en sus gestos y acciones... además de que al tacto -al curarla- estaba más fría de lo habitual.
Por último, al analizar rápidamente otros comportamientos, Bukko cayó en la cuenta que, desde que Ygrein llegó, de vez en cuando sus ojos se ponían en blanco y quedaba momentáneamente "ida", hasta que, tras parpadear, recuperaban su aspecto normal y se comportaba como si nada hubiese sucedido.
Poco después de volver a atender a la situación presente, el grupo es sobresaltado por un numeroso grupo de pasos y puertas que se abren por los accesos hacia el sótano, notando que quizá una decena o más de personas están descendiendo por ambos accesos hasta donde los aventureros se preparan para recibirlos.
Ya a la vista del grupo, éstos perciben que al menos 10 personas (hombres y mujeres) armadas con mazas o hachas en una mano, y cuchillos en la otra, bajan con cara de pocos amigos en el rostro.
En el momento en que tienen a la vista a los personajes, frenan su avance tumultuoso, descendiendo gradualmente más despacio, hasta que los primeros que llegan hasta las escaleras se percatan de la presencia de Lady Fiona entre el grupo de visitantes "hostiles".
El que parece el cabecilla de la horda pregunta a Lady Fiona con preocupación y respeto a partes iguales por lo sucedido, incluyendo el revuelo en el "lugar de culto" -sótano-.
Akon/Lady Fiona, con tono despectivo, critica la llegada sin ser avisados de los sectarios con acento Vallakiano. Éstos, con gesto sorprendido, se miran unos a otros sin parecer entender lo que ocurre. Antes de que reaccionen a la circunstancia, Akon/Fiona continúa indicando que acaba de poner a prueba a los recién llegados para saber si eran quienes estaba esperando. Acusando de estar poniendo en peligro su prueba a los recién llegados, ordena que se marchen de inmediato con gesto prepotente.
Por unos segundos, todos los presentes se observan con una tensión que podría cortarse con un cuchillo, las manos apretando con fuerza las empuñaduras de las armas, los ojos observando de uno a otro lugar, como por ejemplo la extraña ubicación de Zhia o las confusas miradas furtivas entre los sectarios.
La expresión del grupo mayor que parece venir directamente del interior de la mansión parece empezar a relajarse un poco con las explicaciones. Por su parte, aquellos provenientes del área junto a las cocinas, aunque también muestran síntomas de tranquilizarse, aún no se encuentran completamente satisfechos por las explicaciones.
En ese momento, Bukko toma la palabra, y humildemente pregunta a Akon/Fiona si han demostrado suficientes aptitudes para ser aceptados en el culto. Sobresaltado por la voz del hipótido, el brujo disfrazado expresa con desdén que si los inútiles que acaban de llegar se marchan por donde han venido, podrán continuar con la iniciación, y la "mujer" les entregará sus símbolos y túnicas identificativos.
Los seguidores más recelosos del área externa, observando por unos momentos la situación, preguntan una vez más si todo está bajo control, aunque su tono de voz ya se encuentra más calmado. La señora de la casa contesta que "todo está bien" (SPOILER SPOILER VALLAKIANO), y ella se encuentra a salvo.
Aunque Panit y Zhia parecen convencerse de que los recién llegados pretenden marcharse en paz, Bukko e Ygrein se percatan de que, aunque en general el grupo tiene intención de marcharse, los llegados desde el exterior de la mansión observan atentamente todo el lugar y la ubicación de los detalles, por algún motivo ignoto. A pesar de su actitud de sospecha, terminan marchándose y dejando a su albedrío a todo el mundo en el sótano.
Una vez la amenaza se ha marchado, el grupo investiga tranquilamente todo el lugar en busca de algo interesante. Si bien los libros que leían los cultistas eran falsos rituales demoníacos (como así asevera Akon), Ygrein a pesar de todo decide que deben ser eliminados a fuego, para evitar posibles tentaciones junto a Bukko.
Y, por un momento, mientras Akon se ríe de los falsos rituales de los libros, todos se percatan de que su rostro se retuerce y ríe sin motivo, para luego seguir hablando como si nada hubiese sucedido... o incluso como si él mismo no se percatara de lo ocurrido.
Mientras el brujo estudia el círculo "arcano" (y expresa en voz alta) con interés para descubrir qué se invocaba allí, una voz grave (de la que él no se percata) de ultratumba surge de su garganta diciendo "siii... vamos a verlo...". Ante la sorpresa creciente de sus compañeros (sobre todo Bukko), el brujo resuelve que el pentáculo ritual es otra de las estupideces pseudoarcanas sin sentido que se encontraban en aquel lugar. Sin embargo, y mientras todos investigaban sin éxito los alrededores por si hallaban algo interesante, Akon expresó un interesante pensamiento: ¿cómo se había comunicado de forma mágica la mujer con el tiflin en una de las casas francas de cultistas... si toda aquella parafernalia era un fraude? Ygrein y Bukko comentaron que, como había visto en la lucha, la mujer en sí poseía poderes sagrados así que, probablemente utilizaría sus propias cualidades sobrenaturales para contactar de aquella forma.
Curioso por saber cual era el origen de tal contacto mágico, Akon desenterró el cuerpo de la mujer y buscó entre sus ropajes, hallando un extraño espejo de mano, en cuyo dorso había una representación en filigrana de un auténtico pentáculo arcano con ciertos rasgos de puzzle. Al parecer los diferentes puntos en los ángulos de la filigrana podían moverse de formas concretas.
Al estudiar con sentidos sobrenaturales el objeto, éste irradiaba magia de contacto.
Cediendo el objeto a Panit, quien es capaz de conocer las propiedades místicas del objeto, ésta comienza a canalizar sus propios poderes adivinatorios en él.
Por su parte, él también utiliza sus propias artes de estudio místico, momento en que su rostro emite un espasmo descontrolado (ajeno a su percepción), y sus ojos se vuelven negros como la brea. Mientras eso sucede, unas palabras susurradas de idioma desconocido se manifiestan brotando del objeto, en dirección al tiflin.
Así, tanto él como la mida averiguan que el objeto es un comunicador remoto que, al manipular las piezas del pentáculo tras el espejo en cierto orden y secuencia, ésto activa la magia del objeto y lo pone en contacto con un lugar concreto asignado a dicha secuencia, al que está mágicamente vinculado por algún ritual.
De hecho, la comunicación sólo puede realizarse entre el objeto y un lugar al mismo tiempo. Cuanto más ahonda el poder identificador, ambos usuarios de magia descubren que el objeto mantiene un vínculo con cuatro lugares dentro de Vallaki.
Después de conocer los secretos del aparato, Akon comienza a explicar su utilidad a sus compañeros, quienes progresivamente lo observan con gestos más extrañados y confusos. En un momento en mitad de la explicación, Ygrein detiene la explicación e indica al brujo que ya no le hacen gracia los extraños gestos que hace con su rostro. Akon le dice que a él tampoco le hace gracia su comentario inapropiado, que dejará pasar para seguir con su explicación. Pero cuando la renueva, instantes después la sacerdotisa señala su rostro ante los demás, poniendo algo en evidencia que todos observan con atención y perturba a Akon.
Ya que la percepción de Bukko no era algo errado, pues todos son conscientes de lo que está sucediendo, el paladín decide enfocar sus sentidos sagrados en la esencia de Akon. Al hacerlo, poco a poco su presencia va revelando uno... dos... y hasta tres aspectos fundamentalmente demoníacos, cada uno de ellos progresiva y exponencialmente más poderoso al anterior. Especulando sobre la naturaleza de Akon y su pequeño sirviente Judge, el desconocimiento de la tercera esencia hace preguntar al hipótido en voz alta al tiflin sobre quién está con él, aparte de su sirviente.
"Te lo pregunto, porque por mi condición y fe tengo la habilidad de percibir en las cercanías a criaturas infernales, demoníacas, muertos vivientes y otros seres ajenos al mundo que conocemos. Y aunque ya conozco tu mitad esencial demoníaca, además de a tu pequeño siervo... estoy detectando una tercera esencia en tí que se sale de lo que he percibido hasta el momento, completamente desconocida y muy poderosa. ¿Puede ser al señor al que sirves? ¿O es algo diferente?"
Akon, extrañado por las palabras del hipótido, replicó que él no ofrecía servidumbre a ningún amo. Conocía la trayectoria de su linaje, pero no al ser en concreto del que extraía mi poder.
"Te lo pregunto", continúa Bukko, "porque todo el grupo estamos observando un extraño comportamiento por tu parte, del que no estoy seguro si eres consciente. Me da la impresión de que estás perdiendo el control de ti mismo en algunos momentos y ni siquiera lo sabes".
Cuando Akon vuelve a decir que no sabe a qué se refieren, Bukko insiste en que todos han sido testigos y se lo pueden decir... lo cual Panit ratifica... e incluso Ygrein se ofrece a realizarle un exorcismo.
Por la extrañeza el tiflin, Bukko toma el espejo mágico y muestra su rostro (de Fiona) reflejado a Akon, quien después de unos momentos hablando y observándose, percibe que su imagen refleja un extraño espasmo antinatural... la cual no percibe a través de su piel, como si no existiese.
Intrigado por lo que sucede, el brujo se desprende de su disfraz mágico para observar su rostro real...
... y por un breve instante, no es su rostro el que se manifiesta, sino una cara demoníaca completamente diferente, con dos juegos de oscuros cuernos en el cráneo (un par mayor y otro menor) frente a unos largos cabellos que se agitan al aire como si tuviesen vida propia, junto a varias espinas corneas negras en pómulos y barbilla, además de unos ojos inhumanos dorados brillantes con una piel de rugoso cuero color tierra húmeda.
La duración de esa imagen expande en un suspiro la transición mágica desde la ilusión de Lady Fiona al verdadero Akon, hasta que el auténtico rostro del tiflin aparece por completo.
Dicha transición fue observada por todos (salvo Akon, que ni siquiera la percibió en el espejo).
Aunque un escalofrío de temor momentáneo recorrió la espalda de los presentes, Panit emitió un grito de temor que la envió de un salto hacia la puerta secreta de entrada, aterrada y apoyada contra la pared, mirando con los ojos desorbitados a Akon. Por su parte, Judge chilla con el sonido de una rata asustada y se postra reverente ante el tiflin, suplicando perdón a un señor inexistente, excusándose por no saber que se encontraba allí.
Zhia, inexpresiva, se acerca despacio por un flanco de su compañero de trabajo, con la mano en la empuñadura de su cimitarra. Akon, al verla, se extraña mirándola con una expresión de "¿qué haces?" en su rostro.
Bukko, con un susurro, comenta a Ygrein que hay que poner fin a esa situación.
Akon empieza a ser consciente de que sus compañeros podrían tener razón, así que trata de concentrar sus pensamientos hacia el interior de su mente, para contactar con quien quiera que se encontrase allí, para saber si alguien está tomando el control de su voluntad o sus actos.
En ese momento, su rostro queda inmóvil, con la mirada perdida en el horizonte.
Pasados unos instantes, una mitad de su rostro empieza a transformarse sonoramente (con chasquidos de hueso y rasgar de tejidos) en la imagen vista cuando Akon abandonó su imagen ilusoria por su aspecto real, momento en que empieza a hablar.
Al hacerlo, hay momentos en que la voz del rostro es íntegramente la de Akon, y en otros instantes la voz inhumana y cavernosa vuelve a la garganta del tiflin.
Akon: "¿Quién se encuentra en mi interior, y cual es su intención?"
Voz Ajena: "Sólo soy un vehículo de tu voluntad. Te recuerdo que sus intenciones no han sido muy positivas últimamente".
Akon: "Te equivocas. Lo que he hecho ha sido quizás en contra de la naturaleza que debería seguir realmente".
Voz Ajena: "¿Entregándome almas para castigarlas?"
Akon: "No lo he hecho por entregarte a ti almas. Si te sirven, no es mi problema.
Lo que yo he impartido ha sido una justicia digna a la situación que acaecía en ese momento."
Voz Ajena: (Risa malévola) "No sabes nada de este lugar. No hay nada que escape a mi percepción, ni nada que escape a mi presa cuando deseo poseer un alma. Pero aún así estoy aquí para servirte".
Akon: "¿En qué sentido?".
Voz Ajena: "Tendrás todo lo que desees. Su conocimiento. Su poder... siempre que me entregues en momentos concretos tu cuerpo voluntariamente".
En ese instante de revelación, los ojos de Bukko se abrieron como platos.
Akon: "¿Con qué intención quieres usar mi cuerpo?"
Voz Ajena: "Para beneficio mutuo, por supuesto".
Akon: "Pero, ¿para qué necesitas un cuerpo físico?"
Voz Ajena: "Realmente no lo necesito, pero siempre viene bien un heraldo de mi voluntad".
Akon: "Necesito saber qué pretendes hacer cuando estés en posesión de mi cuerpo".
Voz Ajena: "Nada que tú no harías por tí mismo".
Akon: "¿Acaso necesitas de un cuerpo terrenal para disfrutar del mismo en ciertos momentos?"
(Una perturbación en la aventura, merced a los poderes Oscuros que Akon convoca)
Tras unos segundos de silencio.Voz Ajena: "Tengo mis planes... y tú formas parte de ellos".
Akon: "Compártelos conmigo pues, si yo accedo..."
Voz Ajena: (interrumpiendo) "Si lo hiciera, no sería divertido".
Akon: "El cuerpo es mío. Si deseas usarlo, comparte tus planes".
Voz Ajena: "Hablaremos de ello en otro momento".
Cuando la voz concluye su "diálogo", el medio rostro infernal recupera paulatinamente el aspecto completo de Akon.
Zhia, con una expresión anodina y una voz monótona, pronuncia al aire:
"Katy... ¿a quién cojones contratas?"
(Ay ay ay Akon... ¿con quién te codeas en privado... que dejas a tu grupo anonadado?)
De entre las sombras, la ausente líder de El Jade surge, alisándose la ropa, y comentando que, hasta la fecha no había sucedido nada con su consejero arcano.De hecho, ella contrata a quien es necesario para su negocio. Y, con una voz tranquila y pausada, comenta -sin rastro de jocosidad alguno- que si el tiflin ha dejado de ser útil, se le puede cortar la cabeza.
Akon recuerda a Katy que aún está a su servicio... mientras le pague... y le debe pasta, al igual que a otras de los presentes.
Katy resta importancia al asunto, indicando que está al corriente del acuerdo, y que un trato es un trato, y ya que Akon es un activo beneficioso, debe pagarle por ello.
Al observar de fondo la postura de la mujer, todos se percatan de que su forma de comunicarse es más serena, sin su expresión siempre furibunda a flor de piel y sus gestos explosivos. Buscando la complicidad de Bukko, le pregunta si está de acuerdo con ella. El hipótido comenta que Akon está perdiendo el control ante una entidad ajena que se está apoderando de él. Si realmente todos desean que siga funcionando como parte del equipo, deberían estudiar qué le ocurre.
"Sin problema", dice Katy. "Zhia. Si Akon pierde el control", comenta la mujer, dirigiéndose a la mida, "ya sabes lo que tienes que hacer".
Bukko, acercándose a su amiga de muchos años, le susurra que el brujo ha hecho cosas bastante positivas, y es un gran aliado en combate, por lo que es útil para la causa, aunque a Panit la conoce antes que a Akon, por lo que a ella le debe cierta deferencia. Katy, afirmativamente, indica que Akon es un asalariado, y se gana el sueldo con sus actos. Si no actúa como debe, en cualquier momento puede recibir un "despido fulminante", y acabar con el problema de raíz, pues no podría protestar... al tener la cabeza lejos de su cuerpo.
Zhia, con gesto indolente, comenta que en este lugar no hay nada de valor salvo el objeto tomado del cuerpo muerto de Lady Fiona, así que lo mejor sería marchar.
Bukko secunda la idea, indicando que además, para limpiar de infección impía el lugar, Panit podría prender la casa con su magia desde los cimientos, aunque Katy expresa que, probablemente, Akon podría divertirse más con tal tarea, lo que provoca una mirada extrañada de la maga mida, tan aficionada a la piromanía arcana.
Abandonando el sótano por el cobertizo cuya puerta había sido derribada por Bukko, el grupo espera a Panit por unos momentos.
Antes de que la mida surja tras ellos por las escaleras, una deflagración ígnea se expande por todo el sótano.
Tras los pasos de la mida, una luz anaranjada provocada por lenguas de llamas corona su silueta, y al reunirse con todo el grupo, marchan de vuelta a la iglesia de Andral, dejando atrás una nueva columna de humo, y gritos de "¡Fuego! ¡Fuego!", con la sensación del dulce aroma de la venganza.
A lo lejos, la imagen se pierde entre cultistas que escapan de la casa como ratas huyendo de un barco hundiéndose.
(SPOILER: Y los jugadores la liaron, cargándose -probablemente- tramas, información y otras curiosidades)
FUNDIDO EN NEGRO: Al alejarse de la Mansión Wacter, los cultistas y ciudadanos de las cercanías parecen más preocupados por el nuevo incendio en Vallaki, que atrae la atención de los más rezagados en dirección al primer incendio, provocando un flujo adicional de ciudadanos y guardias a la zona, aunque entre la oscuridad del plomizo cielo y las sombras de las callejuelas, los aventureros se alejan sin ser vistos.
En medio de la huida, el grupo decidió dividirse. Mientras Bukko se dirigía embozado hacia la iglesia en busca de Viktor, el la Banda del Jade junto a Panit guiaban sus pasos a la Posada del Agua Azul... donde, en la lejanía observaron como 10 guardias conversaban con la posadera. Acercándose cada vez con más lentitud, su movimiento alertó de reojo a la posadera, quien al mirar en su dirección con gesto de sorpresa, provocó que un guardia siguiese su mirada para ver también al grupo. Al hacerlo, alertó a sus compañeros, señalando a los aventureros al grito de "¡Allí están!¡A ellos!"
Ante la sorpresa del grupo, al tiempo que planificaban posibles respuestas, los vigilantes se acercan a ellos en actitud marcial, y aunque portan sus armas oficiales en mano, no exhiben una actitud marcadamente hostil. Quien parece el oficial de la comitiva alza la voz, indica sin agresividad que el grupo se detenga y los acompañe. El alcalde quiere verles. Desconocemos el motivo por el que les reclama, aunque tenemos entendido que lo que desea preguntarlos está relacionado con un suceso ocurrido recientemente.
Al ceder en acompañar a los vigilantes, quienes los rodean en forma de escolta, mientras avanzan junto a la posada, la dueña de la misma adopta gesto preocupado, negando con la cabeza, entrando al edificio y cerrando la puerta.
Por una de las ventanas, Ireena e Ismark observan asombrados la situación.
La posadera se sitúa a su lado e intercambia palabras con gesto preocupado, encogiéndose de hombros, momento en que los hermanos vuelven a mirar hacia los aventureros, y su rostro cambia de asombro a temor. En ese momento, la posadera cierra la ventana, cortando toda comunicación visual entre los dos hermanos y el grupo.
Por su parte, Bukko llega a la iglesia. Al encontrarse con el padre Lucian, éste le indica que la guardia ha estado allí, preguntando por el grupo, porque el alcalde quiere interrogarlos bajo la sospecha de que tienen algo que ver con la desaparición de Henrik Van der Voor, a lo que el padre Lucian no ha dicho nada al respecto, habiendo escondido a Henrik en la sacristía.
Dirigiéndose a donde se encuentra el retenido, sin mediar palabra, el paladín se echa a un amordazado Henrik al hombro, llamando a Viktor a su lado, pues van a marcharse de allí. Al confesar al Padre Lucian que por fin van a llevarse el problema de su templo, éste responde que el servicio de los aventureros ha sido más importante que la situación presente, y no ha representado ninguna molestia.
Deseando mutuas bendiciones de Waroui y Andral, ambos hombres sagrados se despiden.
Bukko, Viktor y Henrik (obligatoriamente) toman el camino de la posada, dejando a los pocos viandantes que se cruzan con ellos en dirección a la Mansión Wacter sorprendidos por la imagen del gigantón con un fardo humano al hombro y el niño a su lado.
En el camino, la pareja es consciente de que la actividad ciudadana se ha multiplicado, fundamentalmente interesada por los incendios que se suceden en dos puntos alejados de la ciudad.
Al llegar a la posada, los recién llegados la hallan en calma, por lo que llaman a los dueños. Cuando la mujer observa a los recién llegados, se sobresalta, pero trata de recuperar la compostura y explicar a Bukko que cuatro de sus compañeros acaban de ser interceptados por la guardia de la ciudad y conducidos a la mansión del Burgomaestre. Cuando el hipótido consulta sobre el paradero de Ireena e Ismark, la mujer informa que se encuentran en una de las habitaciones alquiladas por los aventureros.
Solicitando llamarlos, ambos hermanos llegan a la entrada. Muy alterados, preguntan por lo sucedido al paladín. Sin dar explicaciones, Bukko comenta que en el camino les informará, después de que recojan todas las cosas del grupo, tomen los caballos y se dirijan a por el carro para continuar dirección la mansión del Burgomaestre.
Echando como un fardo a Henrik sobre una de las sillas de montar, el grupo se pone en marcha, después de que Ireena informe a Bukko que ha dejado a los huérfanos rescatados con los dueños de la Posada del Agua Azul. La mujer percibe buenas vibraciones de parte de esa familia, y los pequeños de seguro estarán a salvo y seguros con los hijos de los dueños, al margen de toda la situación.
En el camino, ocultando sus rostros de los viandantes interponiendo los cuerpos de los caballos y procurando tapar a Henrik con una lona, los hermanos, Bukko y Viktor pueden observar la bulliciosa actividad de la ciudadanía y la guarda, moviéndose entre ambos incendios y organizando grupos de búsqueda por algún motivo.
Hete aquí que, al llegar al parador de carruajes de la villa, los recién llegados observan como una patrulla de soldados interroga a sus ancianos regentes sobre el grupo.
Cuando el anciano se percata de la llegada de los aventureros, comenta que, "precisamente, ahí llegan (dice señalando con un arrugado dedo) los señores".
Cuando Bukko saluda a todos los presentes, un guardia pregunta (con respuesta afirmativa del hipótido) si es el dueño del carruaje que lleva aparcado allí dos días. Los hermanos se tensan ante el escrutinio de la guardia de Vallaki, y cuando Ireena aferra el pomo de su espada, Bukko sujeta su muñeca negando con la cabeza y los tranquiliza. Al recibir dicha respuesta, la guardia comunica que, en virtud de la autoridad del burgomaestre de Vallaki, la guardia ordena con amabilidad y firmeza que sea acompañada por los recién llegados sin ofrecer resistencia. Al ser informado, Bukko no sólo indica que lo hará encantado, sino que también trae a un detenido, sorprendiendo a los guardias. Antes de que alguno realice una pregunta confusa, el oficial al mando directamente comenta que las explicaciones sobre el asunto las dará al Burgomaestre a su llegada.
Cuando Bukko solicita llevarse su carro y caballos con ellos, el oficial insiste en que se queden en las cocheras (tanto carro como caballos), que estarán a buen recaudo, aunque Bukko debe acompañarlos.
Cuando Bukko se extraña de si la Mansión del Burgomaestre no posee lugar donde dejar caballos y carro, los guardias confirman tal hecho como algo normal el que no tenga cocheras o establos, por lo que no es posible dejar los caballos en ningún recinto de ese lugar, con lo que es preciso dejarlos donde se encuentra el carro hasta aclarar la situación.
En la lejanía, ambos grupos de escolta terminan por captarse unos a otros dirigiéndose hacia la Mansión del Gobernador, el grupo de Bukko más alejado del de la Banda del Jade. Aunque Bukko muestra una actitud tranquila, con su prisionero al hombro, Ireena en contraste expresa un rostro furibundo que no es capaz de ocultar.
Mientras el grupo avanza por la calle que lleva a su destino, puede escuchar rumor de un grupo numeroso concentrado de personas, y al alcanzar por fin la plaza frente a la que se encuentra el gran edificio, ambos grupos se percatan de la congregación de curiosos que ha llegado ante la misma, al parecer alertados por los rumores entre los vecinos de que una situación anómala relacionada con extraños recién llegados estaba en un vuelco de ser resuelta. Entre los presentes, un grupo de soldados trata de apartar un espacio de paso amplio desde el centro de la plaza hasta la entrada de la mansión, formando un cordón. Con la aparición de la guardia escoltando a los personajes, todos los presentes reducen su volumen de conversación a un suave murmullo, y fijan sus múltiples miradas en ellos.
Los aventureros observan la gran construcción de dos plantas sobre la planta base, con muros de enlucido sobre roca, aunque hay diversas cicatrices en las que la cobertura se ha desprendido, dejando al aire la base rocosa de los muros, a causa del tiempo y la negligencia. Hay pesadas cortinas cubriendo cada ventana, además de un enorme arco techado de madera que cubre la entrada de grandes puertas dobles a la mansión, frente al cual una escalera desciende hasta el suelo apisonado de la plaza.
Avanzando entre la multitud, los soldados de ambos grupos confluyen en uno solo que rodea a todos los aventureros, hasta un punto en que un pequeño camino queda perfilado hasta la entrada de la mansión, al inicio del cual la escolta solicita a los aventureros que se detengan y esperen, dejando que pase un rato en el que pueden conversar en susurros entre ellos, a la vez que sienten las intensas miradas de la multitud clavadas en sus nucas.
Cuando la espera se vuelve incómoda, una de las hojas del gran portón doble de la mansión se abre, y tras la misma surge un hombretón malencarado sin cabello, con una gran hacha sujeta a su espalda, envuelto en una gran capa blanca de cuello cubierto de pelo animal, la cual envuelve una armadura militar, otorgando al porte y al aspecto cierto grado de "autoridad" marcial, como si se tratase de un mando entre las fuerzas del orden.
El hombre se mueve procurando que su brazo derecho siempre esté cubierto por su capa, lo cual resulta inquietante. Aun así, una leve ráfaga de viento agita la prenda lo bastante como para adivinar -más que ver-, que la piel de aquella extremidad es escamosa y los dedos terminan en afiladas garras. Cuando Akon observa aquél apéndice, reconoce su naturaleza demoníaca al instante.
Mientras el hombretón desciende por las escaleras y se aparta a un lado de la puerta, lanzando una mirada de amenaza a los soldados presentes, quienes adoptan una posición más marcial, las dobles puertas de la mansión se abren de par en par con pompa y circunstancia, tras las cuales surgen un hombre, una mujer y dos grandes mastines flanqueándolos.
El hombre, de cabello revuelto y gesto solemne, con sonrisa forzada, observa a la plebe, los soldados y los aventureros.
En el momento de la aparición del Burgomaestre, Bukko se concentra para armonizar con las energías sobrenaturales del entorno, entre las que descubre que, más allá de la presencia de Akon y sus circunstancias concretas, la extremidad del oficial es de origen demoníaco. No sólo eso... algo oculto a la percepción normal del paladín transmite una energía diabólica, no fácil de situar, aunque la información que su poder es capaz de captar indica que se trata de un lugar, no de una persona.
Aunque toda la atención es atraída hacia los recién llegados de la mansión, la concentración del paladín le lleva a, buscando el origen de la fuerza maléfica, fijar su mirada en una de las ventanas en la primera planta, en la que observa el rostro de un hombre medio oculto tras el pliegue de una cortina que está observando con atención la escena frente a la mansión. Se trata de alguien bastante elegante, levemente pálido, de rasgos angulosos y cabello corto, lacio y fino con expresión ceñuda quien, al percatarse de que está demasiado expuesto y eso le ha puesto en el punto de mira del paladín, se retira, dejando las cortinas en su sitio -los sentidos sobrenaturales, no obstante, no lo marcaban como "infernal"-.
El momento de atención en la persona oculta es desviado cuando el Burgomaestre alza la mano, convocando el silencio de los presentes, y dice en voz alta "¡Todo estará Bien!".
Tal expresión provoca que, sin mucho ánimo o ímpetu, un suave aplauso desde los soldados a los ciudadanos se extienda a todos los presentes, incluyendo susurros repetidos de "todo estará bien" en algunos miembros de la población.
"¡Queridos ciudadanos! Me complace ver que la actuación presta y rauda de nuestros protectores ha cumplido su cometido, y aquí están las personas de las que se sospecha son responsables de la destrucción de la propiedad de Henrik Van Der Voor".
"En efecto", alza la voz Bukko, "le traigo al sospechoso de múltiples crímenes en este pueblo. Aquí lo tiene". El paladín arroja al suelo al hombre atado y amordazado que portaba sobre su hombro -a quien libera de sus ataduras y mordaza, el cual, aterrado, sólo gime y se aleja unos pasos de su captor-, al que la población reconoce con un suspiro extendido.
"Viene a confesar sus delitos", concluye el hipótido.
Cuando la población empieza a murmurar por la interrupción, el Burgomaestre alza la mano, reduciendo el murmullo y continuando su monólogo.
"Criatura", dice.
"Hipótido es mi raza", interrumpe nuevamente Bukko.
"Hipótido, sea pues", retoma el Burgomaestre educadamente. "Veo que habéis apresado a Henrik, quien a pesar de no ser una persona muy sociable en nuestra MARAVILLOSA y ESPLÉNDIDA villa de Vallaki, es un ciudadano honorable que paga sus impuestos..."
"...y roba muertos", expresa a viva voz Zhia.
"...y tiene vampiros en su buhardilla", incluye Bukko.
"...y yo tengo la prueba en forma de polvo de restos vampíricos", añade Panit.
Con tales interrupciones, de nuevo el vulgo aumenta su murmullo, con expresiones de distinta índole en sus rostros, desde asombro a ira o desagrado.
Cuando el Burgomaestre, interrumpido, empieza a cambiar su expresión a profundo desagrado, Bukko incluye en su explicación que Henrik ha cometido un terrible crimen contra la iglesia, momento en que el Burgomaestre alza la voz de nuevo, pidiendo calma a todos los presentes, añadiendo "¡Todo estará bien!" un par de veces seguidas.
"¡Permitidme continuar!", trata de retomar el gobernador.
Al solicitar atención el líder de la comunidad, los soldados se giran, encarándose a los ciudadanos. Sus expresiones severas son un aviso de que la gente debe calmar los ánimos.
Por su parte, el oficial de la extraña mano sube unos peldaños de la escalera, carraspeando y mirando a los ciudadanos. Al hacerlo, los que se encuentran más cerca lo observan y guardan prudente silencio.
"Aclararemos toda esta situación," retoma el gobernador, "y si las acusaciones son reales, habremos de indultar a los extranjeros. Pero, en caso contrario, si han cometido algún delito o crimen contra la ciudadanía y nuestro sagrado estado de bienestar, serán castigados como corresponde."
"Y, ¿quién nos juzgará?", pregunta Akon con fingido interés.
"¡Yo, por supuesto, como el Burgomaestre de Vallaki!", responde el gobernador.
Cuando Akon trata de seguir sus palabras, el hombre alza la voz sobre la del tiflin. "¡Si te callas y me permites continuar, creo que este proceso será mucho más rápido!".
"Por supuesto", interrumpe Bukko. "Nos someteremos a las leyes de la ciudad que nos ha acogido con sus brazos abiertos, pero también nos hemos visto obligados..."
"Pero rapidito", susurra entonces Zhia con desgana. Un guardia cercano a ella la mira, bajando ligeramente la punta de su lanza, que hasta ese momento estaba apoyada completamente vertical sobre el suelo.
"¡Muy bien!", zanja el Burgomaestre. "Pero primero escuchemos, ya que al parecer tienen muchas cosas que decir, a nuestros recién llegados. Y después oiremos a quien pensábamos que estaba muerto por la explosión e incendio de su casa, el señor Henrik Van Der Voor. Por favor, ¿quién es el portavoz del grupo?"
La mirada de todos los presentes se cierne sobre los aventureros con gran intensidad.
Dando un paso al frente, Bukko toma la palabra.
"Yo no hablo en nombre de nadie, salvo mi iglesia, pues cada uno es responsable de sus actos".
"Pero, ¿os nombráis portavoz ante estas circunstancias?", inquiere el Burgomaestre.
Cuando Panit trata de protestar, el Burgomaestre se dirige a ella diciendo "Silencio, criatura. Dejad hablar al hipótido", generando una expresión de ira contenida en el rostro de la mida.
Bukko expresa que cada miembro del grupo aportará una parte en lo relevante al asunto que él comenzará, a lo que el Burgomaestre indica que, en dicho caso, soliciten la palabra cuando así se requiera para continuar el relato. Una vez resuelto el orden, el Burgomaestre ordena comenzar la explicación.
"El tema principal que nos ocupa," comienza el paladín, "es un terrible sacrilegio cometido contra mi iglesia, que tiene sede en su población. Provengo de tierras muy lejanas, pero adoro al mismo dios que se adora oficialmente en una de las iglesias de este lugar, aunque hemos sabido que hay otros cultos bastante negativos. El caso es que este individuo se atrevió a profanar el templo..."
Murmullos.
"...y robar las reliquias de un santo."
Más murmullos.
"Cuando fuimos a recuperarlas, descubrimos que ocultaba los ataúdes de una horda de vampiros."
Muchos más murmullos.
"El incendio que se produjo en su casa fue consecuencia del combate que allí se dio para recuperar las reliquias y acabar con esas malignas criaturas. Me parece, además, terrible que, un pueblo que debía estar bien protegido, haya conseguido ser infectado por el mal, y tener vampiros bajo su techo. Es una gran vergüenza".
Tras esas palabras y el revuelo que provocan, el oficial junto a los gobernantes agita su hombro derecho, provocando que el hacha a su espalda se mueva ligeramente, lo que hace sospechar que la ha desenganchado de su arnés para tenerla lista.
"¿Osas hablar mal de la felicidad y la cordialidad de mi ciudad?", dice con gesto molesto el Burgomaestre.
"Oso hablar mal de la seguridad de tu ciudad", contesta Bukko.
"Mis soldados son fieles y expertos, y por eso os han encontrado".
"¿Y cómo han consentido que se infecte la ciudad con vampiros?".
"Porque quizá esa conspiración se había producido en una circunstancia ajena al vox populi, o en un momento en que no se había investigado porque no había ningún caso de infección".
"De todas formas no pretendo cuestionar la efectividad de su seguridad," continua Bukko.
"Por supuesto. Os han encontrado y traído ante mí".
"Efectivamente," sigue el hipótido. "Pero lo que yo espero de las autoridades de este pueblo es justicia".
"Y así se hará", responde dignamente el Burgomaestre.
"La justicia que se merece este criminal y sacrílego," señala con su mano Bukko al derribado Henrik, "al que hemos traído aquí para que juzgues. Nosotros no somos acusados, pues no hemos cometido ningún delito. Sólo hemos ayudado a que se cumpla la justicia".
"Pero habéis destrozado una propiedad", expresa con más calma el Burgomaestre.
"En un combate en defensa propia", replica Bukko. "Que hable el acusado y se explique".
"Muy bien," resuelve el Burgomaestre. "Izek", dice, dirigiéndose al oficial de capa blanca con pelo, quien se gira hacia el Burgomaestre. "Trae ante mí a Henrik".
El hombre llamado Izek aparta de mala manera a soldados y ciudadanos que están entre él y un Henrik completamente asustado y sometido. Al llegar a su altura, lo aferra con su mano izquierda normal, levantándolo sin miramientos, arrastrándolo a traspiés hasta el Burgomaestre, y lo arroja a sus pies con desprecio sobre las escaleras con actitud de matón, más que de oficial.
Cuando el gobernador interroga al hombre sobre los hechos, éste confiesa la veracidad de todo lo que se ha dicho, elevando un terrible clamor de sorpresa y desagrado en los ciudadanos.
En su información incluye que un noble desconocido llamado Vasili Von Horst llegó una noche a su casa hace tiempo, le propuso un negocio por el que volvería más adelante a cerrar un trato con él a cambio de una bonita suma de dinero, pues estaba al corriente de que tanto su trabajo como su vida en Vallaki eran bastante penosos. Henrik accedió, y cuando llegó el momento, encargó a Henrik robar las reliquias de San Andral de la iglesia, a través de un intermediario: un huérfano que trabajaba de enterrador para el sacerdote de nombre Milijov. El joven robó las reliquias, al mismo tiempo que un cargamento de ataúdes de criaturas de la noche eran transportados hasta su almacén, para custodiar las reliquias hasta recibir nuevas noticias de Vasili.
La gente del lugar reunida allí, después de la sorpresa y el desagrado, comienza a abuchear a Henrik. Tras los abucheos, empiezan los insultos, entre los que se incluyen que sospechaban que se trataba de un hombre repugnante, pero ahora además es un traidor; o bien que ya tienen bastante con sus vidas como para que alguien como él desacralice suelo sagrado robando una reliquia importante.
Los ánimos del vulgo empiezan a exaltarse.
Cuando el tono se alza demasiado, el Burgomaestre alza las manos, pidiendo silencio a los ciudadanos, apoyándose en la ayuda de sus soldados.
En el momento en que la voz se reduce a un susurro, se escucha el tono monótono de Zhia comentar "y además los alimentaba todas las noches".
Aquella revelación vuelve a azuzar la chispa de la revuelta, devolviendo el clamor al silencio.
"¡Silencio he dicho!¡Ciudadanos de Vallaki, callaos!¡Dado el testimonio verbal de la persona a la que estos extranjeros han acusado de un crimen tan apabullante como para ser incluso un sacrilegio para nuestro Festival del Sol Llameante, en honor a la protección de esta ciudad... el sol del que Andral proviene, ésto no puede quedar sin castigo!"
"Y no sólo eso," comenta Akon, "sino que también hemos destapado una conspiración demoníaca por parte de una de vuestras nobles".
Ante esas palabras, el tiflin camuflado mágicamente es objeto de todas las miradas silenciosas, que pasan acto seguido al Burgomaestre y a su mujer.
Con mirada ceñuda, el Burgomaestre pregunta "¿qué estás insinuando?"
"¿Conocéis a la señora Fiona Wacter?", pregunta con interés Akon.
"Sabemos del reciente y desgraciado accidente de su mansión. Por suerte, la mayoría de los sirvientes han salido con vida. Pero a ella no se la encuentra", comenta sorprendido el Burgomaestre.
"Primero, no eran sirvientes. Eran sectarios. Se trataba de una secta organizada oculta dentro de su casa. Esa señora era una invocadora de demonios", sentencia el tiflin.
El revuelo vuelve a recrudecer, salvo una silenciosa mirada fría de Izek a Akon.
"Hemos realizado otro servicio en pos de la paz y la tranquilidad de esta ciudad", concluye Akon, no sin antes añadir que "si la guardia captura e interroga a esos sectarios, seguro que encontrará sus confesiones muy interesantes".
"Y eso sólo en unas horas", añade Zhia. "Porque por el camino de la entrada, al llegar encontramos una casa en cuyo salón había una mesa trabajada para realizar rituales demoníacos de contacto con entidades malignas".
"Como puede usted ver," toma la palabra Bukko, "hemos descubierto desde que llegamos que tienen ustedes aquí un grave problema".
"¿Realmente alguno de sus domicilios se salva?", pregunta Zhia.
Cuando todas esas acusaciones están siendo lanzadas, una voz entre la multitud exclama "¡Es mentira! ¡Ellos han orquestado la muerte de Lady Fiona! ¡Son los responsables del incendio!". Otra voz resuena desde otro lugar "¡Es cierto! ¡Yo los vi entrar en la casa! ¡Después de eso, la mansión salió ardiendo!". Junto a esas voces, se suman otras con acusaciones similares, agitando al vulgo.
Bukko también grita, acusando a quienes hablan de esa forma como los adeptos de la secta.
"Señor Burgomaestre", alza la voz Akon. "Cierre todos los accesos de la plaza frente a su hogar... porque los sectarios están aquí. Son quienes alzan su voz contra nosotros".
En el cruce de acusaciones, hay voces encontradas desde ambas posturas.
(Barón - Burgomaestre Vargas Vallakovic)
Tanto alboroto provoca que el Burgomaestre se altere, su expresión se vuelva desesperada, empezando a gritar "¡Basta, basta!¡He dicho que Todo Estará Bien!¡Todo Estará Bien!¡Ciudadanos, calma!¡Todo Estará Bien!". Su rostro comienza a retorcerse y a cambiar de color, del blanco al rojo, y progresivamente al púrpura. "¡Esto no puede salirse de control!¡Estábamos esperando a celebrar un maravilloso festival del Sol Llameante, y de pronto me encuentro con estos problemas delante de mi casa!¡Basta, basta... basta!¡Callaos... callaos todos!"Sujetándose el pecho, el Burgomaestre señala a los aventureros con una mano temblorosa.
"¡Vosotros, que habéis traído y acusado fundadamente a este hombre, aún así habéis provocado un incendio en casa de Lady Fiona! ¡¿Eso es verdad?!"
Un escueto "sí" surge de los labios de Panit.
"Ha sido circunstancial", comenta Akon.
"Yo no he provocado nada", expresa fríamente Zhia.
"Hemos purificado un lugar diabólico", remata Bukko.
"¡¿Entonces admitís haber producido el incendio de la casa de Lady Fiona?! ¡¿Con qué derecho?!"
"Lo hemos hecho porque sólo las llamas son lo suficientemente sagradas y puras como para limpiar un terreno tan impío", dice con una sonrisa Akon.
"¡Pero, ¿por qué motivo?!"
"A causa del pentagrama maligno que tenía grabado en su sótano", expresa Zhia fríamente.
Bukko, observando a la multitud agitada, se fija en uno de los sectarios camuflados, y convocando el poder de su dios, anula toda posibilidad de mentir a su alrededor, tras lo que se lanza contra el agitador para agarrarlo con un "ven, ven, que vamos a hablar tú y yo", arrastrándolo hasta la zona de influencia sagrada.
Al traerlo entre gritos, Bukko alza la voz, desvelando que el hombre al que ha apresado es uno de los sirvientes de la casa de Lady Fiona. "¿Es verdad lo que digo? ¡Confiesa! ¡Por el poder de Waroui, di la verdad!", pregunta directamente al hombre, mientras dos soldados se acercan a la trifulca, tratando de separar al paladín de su presa.
El hombre, con los ojos muy abiertos, observa atemorizado al hipótido, y guardia silencio.
"¡¿Ahora callas, rufián?!¡Habla ahora!¡Di lo que estabas diciendo antes!", le exhorta Bukko.
El hombre, tratando de contener sus palabras, de pronto dice "¡Es cierto!¡Yo serví a Lady Fiona como uno de sus fieles!", tras lo que, sobresaltado, pone ambas manos sobre su boca, callando de nuevo. El forcejeo de la guardia se detiene con esas palabras.
La gente alrededor del conflicto manifiesta nuevamente su sorpresa y desagrado.
"¡Y estabais en comunicación con demonios!", grita Bukko.
"¡Es verdad!¡Es verdad, lo confieso!", vuelve a hablar, sorprendido, el apresado.
"¡Yo... y él... y ella... y aquél... y ese!", dice, mientras empieza a señalar a algunas de las personas del gentío.
Mirando al Burgomaestre, Bukko dice: "¡¿lo ves?!"
El Burgomaestre, con expresión desesperada, grita casi en un sollozo, seguido de chillidos neuróticos: "¡Pero Todo Estará Bien!¡Soldados!¡Prendedlos!¡Prendedlos a todos!".
Junto a él, los mastines empiezan a gruñir y ladrar, ante la confusión de la situación.
(Baronesa Lidia Petrovna)
En ese momento, la esposa, que hasta el momento se había mantenido con gesto calmado en segundo plano, muda su expresión a temor y nerviosismo, agarrando a su marido por el brazo y tirando de él hacia el interior de la casa, mientras los perros ladran con fuerza tras ellos a todo aquel que se acerca.Izek, con expresión adusta, se dirige a los soldados de la plaza, conminándolos a obedecer las órdenes del Burgomaestre. Acto seguido, señala a un grupo de vigilantes y les ordena que entren en la mansión, además de a los aventureros. A otro grupo, le indica que prenda a los acusados.
En ese instante, la situación se vuelve un caos.
Soldados persiguiendo a ciudadanos.
Gente que cae al suelo atropellada por la turba.
Ciudadanos que se dispersan por doquier, o se mantienen arracimados en grupos cerca de las viviendas colindantes, cercados por algunos guardias que ordenan que si hay algún acusado salga de inmediato de entre la muchedumbre.
Ciudadanos que saltan sobre ciudadanos para apresarlos.
Niños y mujeres que gritan desconsolados.
Peleas de ciudadanos y guardias en la plaza.
En medio de la confusión, Akon se acerca a Izek lo bastante como para poder decirle unas palabras cargadas de intención, sin que otros oídos indiscretos las escuchen: "Me he dado cuenta del brazo que escondes. Deberíamos hablar tú y yo en privado".
Izek mira suspicazmente a Akon, pero al instante, su mirada deja de enfocarse en él para concentrarse en un punto a su espalda que provoca que sus ojos se abran como platos. Cuando eso ocurre, avanza pasando junto a Akon, apartándolo de un empellón con su mano demoníaca, y cruza entre los aventureros en dirección a Ireena con pasos pesados y veloces, quien lo mira desconcertada.
De pronto, grita a la mujer "¡Ven conmigo!", con lo que la dama se sobresalta, sin comprender esa reacción.
La sorpresa no sólo es de la muchacha, sino de su hermano y los aventureros que la acompañan.
La atención del sicario está tan concentrada en su objetivo, que no es consciente de lo que los aventureros realizan a su alrededor.
Atendiendo a lo que sucede, Panit enfoca su atención en el hombre y, alzando una mano que, momentáneamente, adopta un aspecto de placas quitinosas y púas oscuras y venenosas entre éstas, lanza una espesa bola de jugo que se expande hasta formar una enorme tela de araña. Parpadeando por la sorpresa de esa manifestación de su magia, la mida observa que la tela atrapa en su superficie tanto a Izek como a dos ciudadanos, convirtiendo a los objetivos en una pesada maraña que se contorsiona hasta caer al suelo entre gritos y farfulleos.
Akon observa a Izek, que forcejea con expresió desencajada mientras grita repetidas veces IREEENAAAA, momento en que la muchacha y su hermano se miran, poniendo rumbo a la mansión, cuya puerta se cierra tras su paso. El tiflin aprovecha para encadenar al matón, aunque éste trata de resistirse. Por suerte, ninguno de los soldados se percata de lo que está sucediendo.
Ygrein, después de haber presenciado todo el SinDios desde que llegaron a la plaza, percibe que la situación puede convertirse en un momento muy violento, y se prepara por si debe reducir de forma igualmente violenta al apresado.
Bukko agarra la cabeza de Izek, y le pregunta qué es lo que le sucede con Ireena.
El hombre empieza a repetir de forma demencial que la mujer es suya, porque se le prometió. Bukko vuelve a preguntar por qué es suya y qué tiene que ver con él.
En su obcecación, Izek sigue repitiendo que es suya... Bukko entonces indica que en todo caso "sería de Strahd"... si es que es Strahd el que habla por su boca.
El hombre murmura con voz demente que la mujer se le aparece en sueños en los que se le ha prometido, y es para él. Bukko intenta razonar con el hombre, tratando de hacerle comprender que su mente es fruto de un engaño.
En ese momento, Izek trata de hacer fuerza, gritando que suelten a un oficial de la guardia de Vallaki, a un miembro de la autoridad al que están reteniendo ilegalmente.
Ygrein y Akon entonces desvían el interrogatorio a la mano, deseando saber su origen.
Desesperado, el retenido dice que despertó con ella una noche, y no sabe nada de su origen. Ygrein, con una sonrisa, le enseña un hacha, ofreciéndole "liberarle" de la influencia de la mano. Entonces, Izek grita que "su mano no".
Zhia, entre conversación y forcejeo, desliza suavemente el filo de su cimitarra por el cuello del hombre, comenzando a hacer presión. Al mismo tiempo susurra al oído de Izek: "como sigas gritando, te hago una boca nueva".
En ese momento, aunque el hombre va deteniendo su forcejeo, en su expresión demente hay un cambio en el que se concentra, agitando sus dedos, que empiezan a brillar.
Con un tono firme, imprimiendo en su voz un tinte sagrado, Bukko mira fijamente a los ojos del prisionero, diciendo: "DESISTE".
Ante tal imposición, el brillo rojizo que surge del interior de la carne demoníaca de su mano empieza a apagarse.
Panit, por su parte, se dirige hacia la puerta de la mansión para abrir la puerta, llamando a sus compañeros que se refugien, trayendo al apresado, y se alejen del caos.
Con una sonrisa en su rostro, mirando el brazo, Akon se concentra, y la mitad de su rostro de nuevo cambia al aspecto demoníaco ya observado con anterioridad, junto con una mano que se vuelve rojiza, garruda y escamosa, la cual toca la espalda del apresado, y éste cae inconsciente a plomo ante ese contacto. Una voz ya conocida por los aventureros se escucha surgiendo de la garganta de Akon: "Ya es tuyo... pero me debes una". Tras ese breve instante, sus rasgos vuelven a su aspecto ilusorio humano.
Zhia, al percatarse de la debilidad de Izek, gira el filo de la cimitarra hasta que el borde romo se apoya en su cuello, y tira de su mandíbula, ayudando a arrastrarlo hacia la mansión, arrancándolo de sus ataduras de telaraña. Ygrein, viendo que la mida compañera de trabajo necesita ayuda, imprime su propia fuerza para arrancar y arrastrar el cuerpo desmayado de Izek del suelo y los ciudadanos a los que estaba adherido.
Bukko, al ver que la situación está bajo control, entra junto al resto de sus compañeros en la mansión, cuya puerta se cierra tras ellos gracias a unos soldados de la mansión que se ocupan de ello, alejándose de los aventureros para proteger las estancias de cualquier intrusión externa, y una vez dentro del edificio, mira a Ireena, preguntando si conoce al hombre, a lo que ella responde que es la primera vez que lo ve.
Durante la conversación, Zhia aparta el hacha del hombre y la arroja a una zona segura, después de bromear con Panit sobre entregársela para ejecutarlo, aunque después le dice que la examine, momento en que la hermana maga comenta que no parece mágica, aunque su manufactura es excelente.
Asintiendo ante la respuesta de la mujer uarowiana, Bukko mira fijamente a Akon con gesto reprobatorio, preguntándole qué es lo que le ha concedido su "señor".
El tiflin le explica que el don permite tener temporalmente bajo control a Izek.
"Conténtate con eso", añade.
Bukko: "Me contentaré con lo que yo precise. Te estoy preguntando por lo sucedido".
Akon: "Y yo te he contestado lo que ha sucedido".
Bukko: "Y, ¿qué significa que lo tengas bajo control?".
Akon: "Pues, de momento, calmar sus emociones y dejarlo indefenso para no causar problemas".
Bukko: "¿Eso significa que antes estaba controlado por otra entidad, y ahora lo controlas tú?".
Akon: "No. La criatura con la que yo trato lo ha liberado de cualquier influencia que tuviese. No está bajo ningún influjo".
Bukko: "Me quedo con esa explicación".
En el intercambio de palabras, de pronto la luz exterior poco a poco se apaga aún más de lo que el día ya resultaba sombrío. Akon y Zhia, a su vez, perciben como un silbido de viento aumenta progresivamente entre los resquicios de la casa, al tiempo que las ventanas empujan con la presión del aire externo.
Por su parte, mientras Panit escucha a su espalda la conversación que se va atenuando, se acerca a una ventana, apartando las cortinas de la misma, y mira al exterior.
Allí, el cielo se ennegrece espesándose con nubes aún más oscuras a una velocidad antinatural, y a lo lejos se observan rayos y relámpagos que encumbran el horizonte, acercándose lentamente.
Cuando uno de los rayos especialmente brillante sacude el cielo, una silueta lejana se recorta en la luz emitida. Tras un segundo rayo, la silueta vuelve a vislumbrarse más cercana. Un tercer rayo la ilumina aún más cerca... formando en principio un punto en el cielo que, conforme avanza, se transforma en una pequeña línea, que después se perfila como una silueta tras la que ondea una capa sacudida por el viento, cuando en un segundo, la silueta se expande en una tormenta de pequeñas motas que brotan en espesas nubes de movimiento errático, las cuales vuelan entre chirridos agudos hacia la ciudad.
Cuando otro relámpago estalla en el cielo, sobre los tejados de las casas, una avanzadilla de criaturas pálidas de cabello salvaje salta con movimientos antinaturalmente veloces, alcanzando distancias imposibles.
Un último relámpago permite a Panit, al fin, descubrir que la silueta de la capa avanzando lentamente por el cielo es STRAHD con los brazos completamente extendidos a ambos lados de su cuerpo, y una carcajada que no puede escucharse por el ruido de la inminente tormenta.
P.D.: Sí. Para quien se pregunte por Katy, la asesina humana líder de El Jade entró con el grupo a la Mansión del Burgomaestre... pero su estado mental es progresivamente más oscuro, silencioso... y maquinador.
CONTINUARÁ






























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