lunes, 4 de marzo de 2019

Conan D20 - HACERSE UN HOMBRE - Expedición - Sesión 1

En la lejana Ofir hay un pequeño asentamiento de mercaderes, llamado Lanitia, situado entre la ciudad de Syreb y la frontera Aquilonia cerca de Shamar. Rodeado de prados de hierba alta, su clima es excelente la mayor parte del año, con inviernos frescos y veranos templados. Con la cercanía de un afluente del Río Tyborr de Aquilonia, y al otro lado del Río Rojo, se convierte en un asentamiento perfecto para la cría de ganado y agricultura, con una tierra generosamente regada, tanto incluso como para tener acceso a un pequeño puerto fluvial.
En el pasado, esta zona se encontraba absorbida por Aqueron y era un emplazamiento estupendo para abastecimiento de suministros como comida y agua, por lo cual su cultura agrícola y ganadera aún se mantiene muy eficaz y productiva en la actualidad.
Lanitia es un mercado de paso para caravanas de comerciantes desde Argos, Ofir, Aquilonia, Koth y Zingaria, soldados Ofireos y Aquilonios que vigilan la frontera, y las ciudades mayores como Syreb, Ianthe, e incluso la vecina Shamar.

Hasta allí ha llegado un variopinto grupo de aventureros de fortuna, buscando riquezas y posición. Jóvenes de entre 18 y 25 años, Tiberio el soldado Aquilonio y Sarah la nómada Shemita se conocen desde hace tiempo, en el que el habitante imperial durante sus escasos años de servicio patrullando por las áreas más exteriores de Aquilonia se encontró con la muchacha vagando por las zonas más baldías del sur del imperio, buscando su propio sustento y explorando el mundo desconocido para una mujer sin un clan al que pertenecer, después de haber perdido a los suyos merced a una incursión Estigia. Ambos se dieron cuenta de que sus caminos les reportarían más beneficios que perjuicio, a pesar de sus diferentes orígenes, al ser conscientes de que, por una parte, el conocimiento de Tiberio de las ciudades ayudaría a la muchacha a desenvolverse en el maloliente y atestado mundo civilizado, mientras que las capacidades en el exterior de Sarah serían de una utilidad magnífica para sobrevivir fuera de la civilización al joven Tiberio.

Así, en sus viajes a través de las áreas menos pobladas de las fronteras con Zingaria, Argos, Ofir y Nemedia, su relación de compañerismo y amistad se consolidó lo suficiente como para apoyarse mutuamente en sus fortalezas. En uno de sus viajes, en busca de un remedio para una enfermedad que acosaba al extrarradio de un pequeño pueblo al sur de Tarantia, por casualidad hallaron una extraña cueva, y a un aún más extraño habitante de la misma, rodeado de tallas de madera y extrañas pinturas junto a la entrada de la caverna. Un hombre de piel tostada, enjuto y de ojos entrecerrados, su fuerte acento del este los hizo recelar, hasta que su conocimiento de lo extraño y adverso lo reveó como un sabio ermitaño de Khitai.
Aquel hombre se encontraba tan aislado de la civilización y tan lejos del hogar, que la cercanía y la curiosidad de dos muchachos de una edad similar a la suya lo animaron a entablar contacto con ellos. Quizá el soldado del Escudo de Armas del Fénix y las 2 Espadas y la chica de rasgos viajeros asalvajados podrían volver a ponerlo en contacto con la civilización, y así alejar a los fantasmas que podrían azuzar la locura de su soledad sobre su mente.

Poco sospecharían Tiberio y Sarah que el joven Li Po sería una gran aportación a su compañía, pues su amplio abanico de saberes esotéricos se convertiría en un contrapunto sorprendentemente efectivo a la hora de tratar con supersticiones, conocimientos prohibidos y enfoques distintos a los pensamientos sureños u occidentales de los dos compañeros. Así, Li Po, a su manera, se sumó a esta rara compañía de aventureros, descubriendo que la cercanía de los muchachos le proporcionaba la seguridad y estabilidad mental que precisaba para volver a contactar con el mundo y poder obtener los bienes que necesitaba cuando tenía que entrar en una villa, comerciando con sus habitantes, sin espantarlos por su aspecto estrafalario y modales del todo ajenos a lo común y conocido en aquella región.

Cuando, en una de sus visitas a Shamar, Tiberio se sorprendió de ver que un jovenzuelo de rasgos del sudeste continental se encontraba frente a los tres viajeros, y con una sonrisa socarrona decidía invitarlos a unas copas por sentirse "generoso y compasivo" con las carencias del trío, el soldado se sorprendió de ver que el extraño himelio de origen Vendhiano, de nombre impronunciable (y al que, con el tiempo, aprenderían a llamar Ramma) era a él mismo lo que el propio complemento de Sarah era a sus habilidades urbanas y marciales. De la misma forma que Sarah lo guiaba cuando salían fuera de la civilización y Li Po lo aleccionaba en los misterios del mundo oculto, Ramma era alguien que sabía bastante del lado de la ley que Tiberio no controlaba. El muchacho, un ladronzuelo avispado y joven, pronto congeniaría con los otros tres jóvenes, en los que vería una provechosa alianza si seguía a su lado el tiempo suficiente, por los contactos con la ley y al margen de los bajos fondos que podría proporcionarle con el tiempo el soldado, así como la facilidad para viajar de forma más segura por territorios inhóspitos de la nómada, además de la protección para su mente y su agnosticismo que ofrecía de forma extrañamente peculiar el sabio... a su manera, claro.

A un año de las coincidencias que habían reunido al grupo para convertirse en unos compañeros eficaces en la aportación que cada uno hacía al resto, se buscaban la vida mientras Tiberio no se encontraba llamado a filas o en misión oficial, en la actualidad llevaban unos 8 días de viaje cerca de la frontera con Argos, en busca de un asentamiento en el que probar fortuna, mientras dedicaban parte de su tiempo a fabricar bienes como hebillas, amarres de armadura, puntas de flecha y astiles, curtidos de piel, y herramientas, cubertería y ornamentos de madera, para venderlos, al margen de ofrecer otros servicios al mejor postor (o más necesitado).
Al fin, al inicio del noveno día de viaje hacia el este, los cuatro compañeros se encontraron en los aledaños de las tierras de cultivo de Lanitia, observando las idas y venidas de los labriegos y la vigilancia de la guardia de la villa, quienes observaban con curiosidad al soldado Aquilonio con su escudo de armas del Fénix y las Espadas Gemelas acompañado de tres personajes de lo más peculiar. Aunque su mirada era inquisitiva, un intercambio formal de saludos militares les permitió seguir con sus quehaceres mientras los compañeros continuaban hacia la población, sumergiéndose más allá de las primeras casas que rodeaban el extrarradio en la plaza de mercado más grande del área: un lugar atiborrado de todo tipo de visitantes de muchos lugares, ya fuese hiboreos (aquilonios, nemedios, kothicos y ofireos), argoseanos, shemitas, pelishtios y zingarios que bullía de actividad. Tenderetes a medio levantar y otros ya en plena actividad frenética coloreaban toda la zona de casas bajas de madera alrededor de la inmensa plaza circular. Aromas de multitud de orígenes sacudían el rostro, ya fuese la condensación de la multitud como las viandas, especias, bebidas y ganado que podía encontrarse aquí y allá. Voces, cánticos, solicitudes y sugerencias de ofertas de negocio hacían las delicias del sonido de monedas de plata y cobre tintineantes que pasaban de manos sin cesar, al mismo tiempo que lugareños y ajenos hacían difícil el acceso de las áreas más atestadas, las cuales también eran motivo de vigilancia de la guardia de la ciudad.

A la espera de encontrar un objetivo para solicitudes de trabajo, los viajeros montaron un pequeño tenderete improvisado en el que vender sus escasos bienes y conseguir unas monedas, momento en que Ramma se dio cuenta de que, cuando una horda de niños deslustrados corría a su alrededor chillando, uno de ellos trataba de escamotearle la bolsa de dinero.
El himelio sujetó la mano del niño aterrado, y mientras le enseñaba una moneda, le indicaba que mejor buscase bolsillos menos atentos a sus manos ligeras, y quizá si le echaba un cable en encontrar señores y comerciantes dispuestos a contratar servicios de mercenarios, podría tener una propina. El muchacho, de nombre Vic, se dio cuenta de la oportunidad, y se alegró de la oferta, lo que dio tiempo a Ramma de darse cuenta de que parte del aspecto desnutrido del niño era una fachada maquillada e interpretativa. Aquí parece que incluso la miseria era un poco más llevadera. Antes de marcharse, Vic informó a Ramma que muchos de los contratadores comerciantes que iban y venían de la villa se hospedaban en diversas posadas alrededor de la plaza de comercio principal, y quizá allí sería lo mejor encaminarse para empezar.

Por su parte, Tiberio y Li Po llamaban la atención de un orondo comerciante Argoseano de gran papada, cabello oscuro y corto, elegante y coloreada túnica con chaleco, grandes dedos anillados en varias joyas sencillas (pero valiosas), y una escolta de cuatro fornidos guardaespaldas nemedios que vigilaba por todas partes quien se acercaba a su amo.
Al atraer la atención del Argoseano, de nombre Petre, Li Po trató de negociar (sin éxito) un precio al doble de su valor de la escasa artesanía fabricada por el camino para el comerciante, a lo que éste, con mirada condescendiente, ofertó justo el valor de los objetos, para reponer la equipación y consumibles de sus hombres. Mientras uno de los mercenarios se burlaba de la juventud de los muchachos quienes, además de vender sus mercancías, intentaban ofrecer sus servicios al comerciante, Ramma y Sarah se sintieron bastante ofendidos por ello, plantando cara al soldado de fortuna, a lo que Tiberio trato de dirimir para que se calmaran los ánimos, agradeciendo al comerciante su compra y permitiéndole marcharse.

Una vez realizadas las ventas, Ramma se informó de que el comerciante Argoseano se hospedaba en una posada llamada la Pradera Cultivada, mientras Li Po se encargaba de recoger el tenderete y observaba los símbolos sobrenaturales o divinos del entorno, encontrando fundamentalmente aspectos de Mitra e Ishtar en la ciudad. Por su parte, Tiberio se montaba en su fiel corcel Lucrecio, y era acompañado por Sarah montada en su camello, para echar un vistazo al lugar y ver si encontraban negocio por los alrededores. De una ojeada, pudieron ver al sur de la gran plaza otra más pequeña y más despejada, rodeando una fuente cubierta por un techado en bóveda, que se encontraba poblada por varios soldados de la ciudad, entre los que parecían encontrarse los mandos de los mismos, quienes despachaban a los subordinados a vigilar diferentes lugares o atender a ciudadanos o visitantes que les solicitaban alguna ayuda concerniente a las funciones de los vigilantes. También fueron capaces de adivinar edificios más extensos más allá del anillo de casas que rodeaba las plazas circulares mayor y menor del mercado, que parecían ser posadas o tabernas. Al sur de la población, se encontraba una casa algo más grande y ostentosa, de funciones desconocidas, mientras que al este parecía situarse varias casas más allá lo que parecía un alcázar de la guardia. Y aún más al noreste, una enorme edificación tenía todo el aspecto de ser la villa del gobernador del lugar. Alrededor de todos estos edificios y el mercado, el lugar parecía contener en torno a las 200 viviendas aproximadamente, así como al norte podía observarse un pequeño embarcadero que hacía las veces de puerto fluvial de comercio.
Más allá hacia el noroeste, granjas dispersas formaban los terrenos de cultivo y cercas de ganadería de Lanitia.

A su vez, Ramma ojeaba un tenderete cercano en forma de taberna a la intemperie, con una barra y un puesto de comida a su espalda con espetos de diversos tipos de carnes y aves, además de unas pequeñas carpas más al fondo con taburetes y barriles en forma de mesa para atender a clientes, donde se concentraban diversos soldados de fortuna y comerciantes, y donde una hermosa tabernera de edad madura pero aspecto atractivo servía bebidas sin parar.
En una esquina de la barra, retirado del bullicio, un hombre de edad madura, quizá algo más de 30 años, de ropajes pesados que habían visto muchos viajes, aunque se mantenían en buen estado, piel oscura y muy curtida, observaba con miradas esquivas a su alrededor, pero sobre todo a Ramma, Li Po, Tiberio y Sarah... y más a menudo de lo que parecía casual.
Ramma, sospechoso de la actitud, decidió acercarse a la taberna al aire libre, pedir algo de beber, ser flirteado por la tendera, e invitar a una copa al extraño. Por su parte, cuando Li Po hubo terminado de recoger y vió a dónde se había dirigido Ramma, se acercó a acompañarlo a beber, momento en que se fijó que el extraño al que abordaba Ramma llevaba un collar escondido entre las ropas tallado con el símbolo de Jhebbal Sag. Así, entre directos y algo impertinentes comentarios tratando de dilucidar de quién se trataba ese extraño, el desconocido se encontró realizando una expresión de desconcierto y marchándose de allí.

Tiberio llevó a Sarah a abrevar las monturas cerca de la plazuela de los vigilantes, momento en que algunos de los oficiales cruzaron miradas con el aquilonio y lo saludaron formalmente. El oficial de mayor rango, algo así como un capitán, un hombre cercano a los 35 años, bien armado, de cabello castaño corto, con las sienes plateadas y un poblado mostacho, la piel tostada y algunas cicatrices en el rostro y cuello, con una mirada estudiada, saludó a Tiberio, preguntándole qué le traía a Lanitia, a lo que el muchacho indicó que estaba de paso buscando trabajo, y que si había algún puesto entre sus soldados, estaría encantado de trabajar para él. El capitán (que se presenta como Esetru) valoró con una media sonrisa la oferta, indicando que si encontraba algún puesto de valor en las próximas semanas, si es que el muchacho se quedaba el tiempo suficiente por allí, a lo mejor encontraba alguna función para el jovenzuelo.
Mientras todo aquello sucedía, de reojo los aventureros, entre la muchedumbre, fueron conscientes como tres hombres de baja estofa abordaban de malas formas a una mujer de aspecto acomodado, protegida por un hombre armado, junto a un tenderete, a la que parecían querer asaltar.
Mientras eso sucedía, dos soldados de la villa se acercaban de lejos a pie a la zona. Por su parte, Tiberio señaló la situación a Sarah, y montando ambos, se acercaron con tranquilidad a la situación. Entonces, uno de los salteadores se percató de que estaban siendo acechados por autoridades y otros ajenos a las mismas, y avisando a sus compinches, emprendieron la huida entre la gente hacia el exterior del mercado, hasta unos callejones por donde pretendían perderse. Así, mientras los soldados, Tiberio y Sarah se acercaban a los asaltados, y el aquilonio preguntaba por lo sucedido, siendo informado de que esos hombres trataban de robar a la mujer, a la cual su protector consolaba como si se tratase de alguien cercano a ella (aunque no un amante, sino más bien un familiar), dio su palabra a la dama de que atraparía a los malhechores, saliendo al galope tras ellos junto a la shemita, con tremenda habilidad para esquivar a los transeúntes.

Por su parte, cuando Ramma y Li Po observaron la situación y a los fugados, mientras Tiberio y Sarah se encontraban con los asaltados, por su parte pagaron y se marcharon en pos de los fugitivos, adelantándose momentáneamente al galope de sus compañeros.

Así, más rápidos que los soldados, que trataban de evaluar la situación, los cuatro aliados se internaron por los callejones en la persecución, y justo al salir de la plaza, Tiberio y Sarah sobrepasaban al galope a Li Po y Ramma a pie.

Cuando los más adelantados del grupo pudieron observar lo que se cocía varios callejones más adelante, vieron como dos de los fugados forcejeaban con un hombre de vestiduras acomodadas, al cual uno trataba de apuñalar desde atrás mientras la víctima le sostenía la mano del arma, pero el segundo lo abordaba por el frente y le clavaba un cuchillo en la garganta, desparramando sangre.
Tiberio dispuso su lanza para cargar y se lanzó al galope, momento en que, desde las sombras de una esquina, el tercer salteador brotó de un salto y le golpeó sin éxito en el brazo del escudo con un tañido. Recuperando el control de su caballo asustado, Tiberio se encaró al atacante y lo lanceó en un hombro, causándole una horrenda herida. Desde la distancia, por su parte, cuando Sarah trató de seguir el ritmo al galope de su aliado, el olor de la sangre y el tañido de las armas desconcertó a su camello, que tuvo que ser con esfuerzo controlado por la chica, quien fue incapaz de disparar su arco.
Por su parte, cuando Ramma se acercaba en la lejanía corriendo como podía, arrojó dos dagas contra el atacado por Tiberio, logrando que una de ellas se encajase en la axila del mismo, sorteando su justillo de cuero, y haciendo caer lánguidamente al suelo el cuerpo moribundo por la herida.
Por su parte, Li Po dejó salir de su ser su naturaleza sobrenatural al convocar las fuerzas del infortunio sobre uno de los que habían degollado al pobre desconocido, envolviéndolo en una bruma translúcida que lo hizo temblar y estremecerse. Cuando el rufian se percató de lo sucedido, miró hacia atrás atemorizado, y azuzó a su compinche al ver la situación para huir.
Combinando esfuerzos, Sarah se dejó caer del camello y disparó sin éxito hacia los fugitivos, mientras Ramma lanzaba dos dagas más y causaba un corte superficial en un hombro de uno de ellos. Por desgracia, los hombres se escabulleron con demasiada rapidez y soltura.
Entonces, Ramma saqueó al bandido, mientras Li Po observaba al asesinado y "lo liberaba" de la carga de su abultada bolsa de monedas de plata y de una hermosa daga que escondió en las cercanías, marcando el lugar con un extraño símbolo. Por su parte, Sarah trata de ver si le resulta posible disparar a los fugitivos, pero tanto el ángulo, las esquinas, como la velocidad y el desconocimiento de la población la hacen valorar mejor el no desperdiciar más munición.

Fue entonces cuando, en la brevísima escaramuza (apenas 30 segundos más un minuto de revisar los cuerpos), dos guardias aparecieron corriendo para ver lo sucedido. Sorprendidos por lo ocurrido, Tiberio relató lo sucedido a la vez que ellos observan la situación, cuando un soldado reconoce al asesinado como Xantar, el hijo del Gobernador de Lanitia. Entonces, abrumados por el evento, exigen a voces explicaciones.
Cuando se les presentan éstas, se miran extrañados, y cuando se les explica la fuga, uno decide ir en dirección a los fugados mientras pide al otro informar al Capitán de inmediato.
Tiberio y Sarah se dirigen para comprobar el estado de la dama, y por su parte Ramma se mantiene alejado de ellos para observar la situación, aunque es sobrepasado por Li Po, quien vuelve después de haber "realizado sus asuntos".

En el mercado, Tiberio, Sarah y Li Po coinciden con cuatro guardias que están atendiendo a la dama y su protector frustrado, y se interesan sinceramente por la situación, indicando que la dama ha sido resarcida del asalto y sus asaltantes han sido puestos en fuga, con uno de ellos justamente ejecutado. Entonces, entre la multitud, mientras la dama se deshace en llanto por la tensión liberada, un soldado se abre paso entre la multitud, y a voz en grito acusa a los aventureros de participar en un asalto en plena calle, en el que Xantar, el hijo del Gobernador Jacab, se vio atrapado y murió por ello. Así pues, los aventureros son responsables de su muerte, y van a ser prendidos, por lo que se les conmina a deponer las armas (todos salvo Ramma, que está oculto entre la multitud). Tiberio monta en cólera por tal agravio, y trata de buscar apoyo en la dama a la que ha tratado de proteger y a su escolta, los cuales se encuentran tan confundidos y sorprendidos por las acusaciones que no saben qué alegar.
Cuando no ve que puedan ayudarle, pide un Juicio de Mitra contra el guardia que lo acusa en falso, a lo que éste indica que esas no son las leyes de Ofir, así que si no quieren morir, deberán deponer las armas y darse por arrestados. Entonces, Tiberio y Sarah se disponen a defenderse, mientras Li Po evalúa la la situación y trata de aclarar su mente por si debe concentrar su poder sobre alguien.

En ese momento de tensión, en el que no sólo cuatro guardias se acercan en actitud hostil con las armas en ristre desde un flanco a los aventureros, sino que otros cuatro hacen lo propio desde el lado contrario, cercando a los tres compañeros, una voz ruda y potente pone orden y exige saber qué ocurre:
la del Capitán Esetru.
Cuando Tiberio explica su postura, añadiendo al hecho que todavía falta por llegar otro guardia en persecución de dos bandidos en fuga, y uno de los guardias explica la otra parte que le concierne, el Capitán acalla a todos los presentes, y exige que, en bien de que todo se aclare, y mientras sus hombres hacen una batida, los acusados lo acompañen al alcázar de la guardia (lo acompañen, recalca) sin ofrecer resistencia, y allí se dispondrá a evaluar todos los pormenores y tomar una decisión. Ante la orden del capitán, que parece más dispuesto a investigar que a acusar a la ligera, los tres "acusados" lo acompañan, seguidos de cerca por una muchedumbre y un camuflado Ramma.

Una vez en el cuartel, el capitán solicita (SOLICITA) que, por precaución, los escoltados entreguen sus armas temporalmente, y pasen a su despacho. Allí se reúne con ellos y escucha sus explicaciones. Mientras está reunido y hace llamar a los soldados que vieron la situación de primera mano (por decir algo), un revuelo en el exterior le obliga a salir, descubriéndose que el padre de Xantar, Jacab, exige la cabeza de alguien al que castigar por la muerte de su hijo. Durante una tensa reunión en la que los aventureros escuchan de lejos la discusión y no entienden todos los términos, cuando el capitán, con la cabeza calentada, vuelve a sus dependencias, propone una solución temporal que no será del agrado de nadie, pero al menos ofrecerá cierta seguridad en la justicia a los reunidos con él. Se quedarán bajo custodia preventiva (pero no detenidos ni enjaulados) en el cuartel, para evitar represalias o linchamientos, y podrán deambular por cualquier lugar de allí, excepto salir. Se les proporcionará jergones de paja y mantas para acomodarlos lo mejor posible en unas celdas abiertas (para que no se sientan "prisioneros", aunque la situación sea tan inusual), y se les permitirá comer con el resto de los soldados y descansar hasta el día siguiente en que el capitán haya resuelto qué hacer con la situación.
A todo ésto, Ramma ha usado su sigilo para escuchar la conversación desde un ventanuco al exterior de las dependencias del capitán, y pretende hacer algo al respecto.

Cuando cae la noche, decide acercarse a las ventanas enrejadas de las celdas de sus compañeros y, usando la palabra en clave susurrada "empanadas" -una coña de los jugadores en la aventura en la que el jugador del Ladrón se escabullía entre el mercado gritando "empanadas" para que no lo trincasen, y una vez más volvía a decir "empanadas" mientras escuchaba la conversación del capitán con los aliados, en la que éstos le pedían que si les podía comprar algo de comer para pasar la noche, cuando oían la voz de su amigo diciendo eso... a lo que el capitán accedía y, con el dinero que los aventureros le dieron, enviaba a un subordinado a comprar EMPANADAS para ellos- trata de urdir con ellos un plan de arrancar las rejas de sus ventanas y escapar. Entonces, Sarah se percata que, desde las sombras del callejón, alguien está llamando a Ramma. En efecto, una silueta achaparrada lo llama: la del hombre solitario de la taberna al aire libre. El hombre le indica que no tienen mucho tiempo que perder, y que si quiere que sus amigos salgan de esta población de corruptos y usureros, es mejor que lo acompañe y le siga la corriente.
Ramma, sorprendentemente, lo acompaña hasta la entrada del alcázar, lugar en el que el hombre le pide que espere hasta que él salga. Al llamar a la puerta, el extraño habla con el guardia de la misma que le abre, y entre las palabras se escucha el tintineo de monedas. El desconocido entra, y la puerta se cierra.

[FUNDIDO EN NEGRO]

Antes de que despunte el alba, los "retenidos" son llamados de sus celdas para levantarse.
Se marchan.
Éstos, extrañados, observan como el capitán estrecha la mano de un hombre de aspecto extraño (al que Li Po reconoce eventualmente), y le entrega un documento. "Ahora son oficialmente tu problema. Pero que no vuelvan a pisar Lanitia hasta que no se tranquilicen las aguas. Largaos de aquí." El recién llegado agradece la atención del capitán, y éste despacha a todos hasta la salida, momento en que el hombre llama a Ramma y le dice "he cumplido. Ahora, marchémonos de la villa. De prisa."
En un momento de confusión, todos se preguntan lo sucedido, y qué es lo que ha hecho Ramma para sacarlos de allí. Éste se encoje de hombros, y señala con desconocimiento al extraño, que solicita con cierta premura que se alejen de la ciudad, por el bien y la seguridad de todos. A pesar de su actitud reacia a hacerlo, al final confían en Ramma para marcharse, y entienden que obtendrán explicaciones cuando se alejen de Lanitia, no sin antes Li Po enviar a Ramma (quien se pierde en un par de ocasiones y a punto está de cruzarse con la guardia a horas tan sospechosas) a recoger "unas cosillas" (básicamente, lo sustraído a Xantar).
Cuando todos, sus pertenencias y sus monturas ya llevan una hora andando hacia el noreste de la ciudad, sin recibir explicación alguna, Tiberio se cansa de tanto secretismo y pide explicaciones. El hombre, con un fuerte acento del oeste y un aspecto de viajero curtido, intenta hacerle entender que, de momento, baste con saber que le ha ahorrado un problema de venganza y justicia por la mano en la ciudad por encontrarse enfrascado en una situación confusa con la muerte de un familiar directo del gobernador, y que cuanto antes estén lejos de la influencia de la guardia de la villa, mejor para poder aclarar todo lo sucedido. Aunque Tiberio refunfuña, Sarah trata de calmarlo y Ramma parece convencido de las palabras del hombre, así que continúan caminando una hora más, hasta que llegan a una loma de vegetación espesa cerca de un afluente del Tyborr, donde el hombre por fin se detiene.
Entonces, Tiberio se percata de que es UN PICTO.
A la defensiva, exige saber quién es y qué es lo sucedido, porque le está impidiendo limpiar su nombre y su honor por una acusación en falso.
Entonces, el hombre, presentándose como Durkan Tonkaren, explica que ha negociado por su libertad (lo cual le ha costado 150 piezas de plata), y ahora los aventureros son su responsabilidad merced a un documento oficial de las autoridades. El hombre lo ha hecho porque, habiéndolos observado y sabiendo que necesitan trabajo, él puede ofrecérselo porque necesita ayuda desesperadamente.
Cuando al fin los aventureros, con mucha reticencia por parte de Tiberio, se deciden a escuchar a Durkan, éste les cuenta su historia:

"Soy Durkan Tonkaren, sanador del Clan Erkani, y viajo en búsqueda espiritual para encontrar un remedio que cure a mi pueblo de la corrupción que se extiende por doquier.
Mi investigación del pasado y documentos encontrados me ha llevado por necesidad a viajar hasta este lugar, donde las aguas del Tyborr desde el afluente al norte de la villa al parecer esconden el secreto para el vigor de un guerrero, además de una riqueza de épocas pasadas.
Por mi fragilidad corporal me veo bastante impedido para el viaje de descubrimiento y revelación de ese conocimiento y riqueza, y al percatarme de vuestra situación, vi una portunidad de que, al ayudaros con vuestro problema, vosotros en gratitud me ayudaríais, además de recibir un estipendio por vuestra ayuda en función de la riqueza encontrada, más un mínimo necesario en caso de no encontrar aquello para lo que he venido hasta aquí."
Por sus palabras de corrupción, tesoros y curación, cada aventurero sacó una conclusión.
Por su parte, Tiberio consultó a Li Po y a Sarah si conocían casos de corrupción como los que contaba el Picto (el cual le parecía extrañamente civilizado para ser Picto, aunque bien era cierto que tenía aún algunos dejes y tics propios de su pueblo, y que a veces no controlaba). Li Po tenía información de que algunas plagas nigrománticas se expandían por algunos lugares aislados tal y como comentaba el extraño, y eran representativas del antiguo poder Aqueronio que aún podía manifestarse en rincones viejos del mundo. Al ser consultado, Li Po pensó detenidamente sobre los Aqueronios, su conocimiento sobre la brujería, sus secretos, sus tesoros y sus objetos arcanos, y se ofreció a ayudar a aquel hombre necesitado de ayuda desesperada. Durkan indicó que podía pagar hasta 3 monedas de plata por día y aventurero, al margen de lo recuperado, lo cual hizo dar su consentimiento inmediato a Sarah y Ramma, pero Tiberio no estaba dispuesto a recibir dinero, sino a compartir el supuesto "remedio" contra plagas de brujería que podría encontrarse en el lugar al que iban, y que aquel sería su pago. Durkan razonó con Tiberio que, si lo que deseaba era recuperar su prestigio, sólo una cosa le ayudaría a hacerlo: el dinero.
Y si obtenían el suficiente, podría volver a Lanitia y restregar su recién adquirida posición económica contra quienes lo acusaban injustamente y limpiar su nombre, porque, según conocía Durkan, aquella ciudad sólo se movía a través de dinero sucio y poder corrupto, y sólo tener dinero aseguraría poder explicarse sin intervención directa de los gobernantes para limpiar la mancha de su honor.
Una vez que los aventureros tuvieron un consenso sobre ayudar a Durkan, decidieron que dejarían dormir unas horas a Ramma (que, efectivamente, no había dormido en toda la noche), mientras Durkan iba a coger sus cosas, que estaban ocultas a unos minutos de allí, y volvían a reunirse hasta que Ramma descansara y Li Po realizara sus rituales matutinos.

Una vez puestos en marcha siguiendo a varios centenares de metros el margen del río hacia algún lugar llamado "el lomo de la serpiente", donde deberían encontrar indicios de ruinas antiguas, Durkan trataba de congraciarse con sus nuevos aliados de la mejor forma posible, demostrando ser, a pesar de su origen Picto, un hombre relativamente sociable y culto.

Sin embargo, un par de horas después de la marcha, ya internados en una zona de bosque más espeso, los viajeros se percataron que, desde la dirección de la villa, se acercaban cuatro jinetes a trote pesado.
Extrañados y en alerta por lo que eso implicaba, decidieron enfrentarse a sus perseguidores. Por su parte, Durkan les dijo que le dejaran hablar con ellos, porque había negociado su libertad y su pertenencia para poder contratarlos, y eso no debía suponer un problema. Tiberio, al escuchar la palabra "pertenencia", a punto estuvo de montar en cólera por lo que aquello podría significar, e indicó a Durkan que hablarían de eso si salían de aquel embrollo.
Ramma, por su parte, se ocultó entre la espesura, mientras Li Po se alejaba del grueso del grupo, y Durkan sacaba un documento de su enorme mochila llena de trastos de arqueología y espeleología y hacía señas a los recién llegados para que se detuviesen: cuatro jinetes acorazados con lanzas y escudos, con el escudo de armas del gobernador de Lanitia (posiblemente, su guardia privada).
Los recién llegados indicaron que, por la autoridad de Lanitia, los esclavos fugitivos sin ajusticiar debían regresar de inmediato escoltados a Lanitia, o perecerían allí mismo. Durkan, encolerizado, mostró el documento que los convertía en su propiedad y sus colaboradores para trabajar a su servicio, expendido por el propio capitán de Lanitia, y que aquello se saltaba su jurisdicción y sus órdenes expresas. A lo cual, uno de los jinetes simplemente dijo: "¿no hay rendición? pues, ¡Cargad!"
Y así fue.
Los jinetes comenzaron su carga.
Desde la espesura, Ramma descargó sus dagas en un intento de alcanzar (sin éxito) a uno de los jinetes, en el que rebotaron las armas.
Por su parte, Tiberio se enfrentó a un jinete al que detuvo su carga y, por su parte, atacó a su caballo, al que derribó de un certero espadazo, provocando que su jinete cayese sobre brazos y piernas con sorprendente habilidad, haciendo que su lanza cayese lejos, pero aún así quedando su espada para ser desenvainada.
Al mismo tiempo, otro de los jinetes asaeteaba a la pobre Sarah, dejándola malherida, la cual había bajado de su camello para disparar sin éxito sobre el mismo.
Li Po, por su parte, trataba de convocar el poder de su brujería sobre su atacante. Aunque éste, en un principio, no pareció sufrir los efectos de la misma, de pronto su caballo fue atacado por un insecto volador venenoso que lo hizo encabritarse en medio de una carga, haciendo volar por los aires a su jinete y causándole una dolorosísima caída al volar por los aires con un frenazo. No se partió el cuello de milagro, pero quedó bastante tocado.
Cuando el jinete atacado por Ramma se internó en la espesura en su busca, sin encontrarlo, el Ladrón trató de acuchillarlo por la espalda, sin conseguir que sus armas hiciesen apenas arañazos en la férrea armadura del jinete, confundido y furioso por la dificultad de movimientos.
Entonces, cuando Tiberio cruzaba armas con su jinete descabalgado, el jinete que amenazaba a Sarah alzó la voz y, teniéndola a tiro desde su caballo de una lanzada, indicó que si el grupo no se rendía y los acompañaba, morirían todos allí.
Encolerizado, Tiberio lanzó un grito de guerra para volver a entrechocar sus armas con las de su atacante, grito que provocó que el camello de Sarah arrollase al atacante de ésta y lo desplazase, al tiempo que la mujer se enganchaba de una trabilla de la silla y era arrastrada por su montura fuera del combate.

Al mismo tiempo, cuando Li Po por fin era capaz de concentrar toda la cólera de su brujería sobre su atacante, que intentaba perseguirlo a trompicones, cuando todos escucharon una voz gutural que pronunciaba palabras hirientes a los oídos.

Entonces, de la espesura surgieron cuatro enormes felinos negros, que saltaron sobre los atacantes, desequilibrándolos y lanzándolos por los suelos. En la espesura, uno era derribado por el impacto del salto de uno de los felinos. Otro de los animales recién llegados también se lanzaba contra el jinete que trataba de perseguir a Sarah en su huída improvisada, y encabritaba al caballo del mismo, imposibilitando el avance. Por su parte, el caballero caído que avanzaba a trompicones fue agarrado por la pierna herida en la caída, y arrastrado lejos de Li Po, gritando de miedo. A su vez, el luchador que peleaba con Tiberio sintió como, sobre su espalda, se montaba de un empellón otro de los animales, y empezaba a morder el cuello de su armadura, haciendo al hombre bailar desbocado, buscando a su atacante.
Entonces, de entre la espesura, Durkan Tonkaren, con una mano sangrando de un extraño corte, y el símbolo de Jhebbal Sag en la otra, se acercaba con paso torpe, gritando: "¡vámonos! ¡Ésto no los entretendrá todo el rato! ¡Huyamos!"
Tiberio, con una mirada de reproche, dijo: "tienes que explicar muchas cosas, Picto".

Y así, el grupo se alejaba, dejando atrás un grupo de enfurecidas panteras reteniendo en la medida de lo posible a sus peligrosos atacantes.

CONTINUARÁ



PRESENTACIÓN FORMAL DE LOS AVENTUREROS

Sarah Nómada (N2) Shemita creyente de Ishtar
Tiberio (Lucrecio - Caballo) Soldado (N2) Aquilonio devoto de Mitra
"Ramma" Himelio (Vendhiano) Ladrón (N2) agnóstico de Asura
Li Po Sabio Independiente (N2 - Maldiciones, Magia Oriental) Khitano creyente de Yogah, obsesionado con el protocolo tradicional matutino y su larguísimo cabello magníficamente cuidado y acicalado.

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