A su lado, Manberulf el lobo parece encontrarse inquieto, gimiendo en dirección al portón enorme de piedra. Shail, con un suspiro, pregunta cual es su problema, y el lobo contesta que no le gusta el olor que viene de allí. Huele mal... huele como a cuando abandonaba comida, y volvía a los varios días. "Putrefacción", comenta Rando.
A pesar de todo, el grupo no parece percibir nada en el gélido aire de la montaña.
Pensando en que, en realidad, todos están aquí para recuperar el cargamento de Ulma y salir disparados lo antes posible a través del portal que ella les proporcionó, consideran que la mejor acción es una incursión relámpago, y deciden avanzar sigilosos hacia las puertas de piedra tallada.
Después de que Kirk se coloque sus anteojos de la oscuridad y Rando se tome una poción de ojos en la noche, se percatan de que esos enormes bloques de piedra no poseen ninguna forma visible de abrir las puertas, lo cual es un problema, porque quizá empujarlas no las mueva ni un ápice.
Sin embargo Kirk empieza a estudiar la entrada concienzudamente, y descubre que, entre los grabados de las dos columnas con forma de Martillo de Moradin a ambos lados de la entrada, se encuentran dos huellas de manos enanas en bajo relieve, una sobre cada columna, a una altura aproximada del hombro de un enano (un poco más altas que el de Kirk), y decide arriesgarse pulsando una de ellas.
Así, al hacerlo, la hoja de piedra correspondiente a esa columna empieza a abrirse silenciosamente (a pesar de las dimensiones y el material con el que está hecha), dejando que viento y algo de nieve se cuele en el oscuro interior, y percibiendo una bofetada de hedor a carne corrupta... justo en el momento en que se da cuenta que, tras haberse abierto apenas medio metro la hoja del portón, el mediano se percata de que hay dos cadáveres orcos tirados en el suelo tras la misma (eliminados a golpes y cortes), y más allá parece encontrarse un estrado elevado sobre el suelo de un enorme salón, el cual da la impresión de ser una elevación para dar la bienvenida a las posibles visitas.
Retirando la mano del pulsador oculto al notar ese extraño rasgo, la puerta dejó de abrirse, quedando en una posición entrecerrada, aunque suficiente para el paso del mediano.
Pero, al comenzar la apertura de la puerta, de pronto, entre el viento gélido nocturno, se escucha una voz ronca en orco desde el interior. Dando el alto antes de seguir avanzando, el Mediano y Shail activan sus cascos de conversión de idioma para percatarse de que se trata de dos orcos extrañados por que la puerta haya comenzado a abrirse sola, y quizá deberían investigar. La voz de uno de los dos, no obstante, revela que es posible que se trate de otro de los eventos embrujados que los fantasmas enanos de esa fortaleza llevan provocando desde que llegaron, aunque lo apropiado sería echar un vistazo.
("Rando" indicando que "Kirk", cuyo plan de incursión no tenía fisuras, se estaba comiendo una p.... "ASÍ" de grande... ¡¡JAJAJAJA!!)
Deteniéndose todos los aventureros en su avance al descubrir que las puertas están siendo vigiladas, Kirk decide entrar para ver qué hay más allá, observando a dos tiradores orcos apostados tras el estrado de bienvenida de la entrada, y un área hacia la izquierda que se extiende, ampliando el salón.Pensando con rapidez, el mediano rodea por la derecha el estrado, hallando otro cadáver orco en condiciones similares en el acceso al que iba a pasar, y cogiendo una pequeña roca de restos a la entrada de la fortaleza abandonada, la arroja hacia la zona de la izquierda de la entrada.
El impacto provoca la atención desviada de los tiradores, observando el lugar por donde la misma golpeó, mientras Kirk se oculta en la base del estrado, al tiempo que Shail y Rando se disponen junto a la puerta medio abierta, por si es necesario que actúen como cobertura de Kirk, al tiempo que Petricor se aposta en la base de la escalinata junto a Manberulf, preparando el arco para cualquier contingencia.
Los vigilantes orcos parecen hablar con otras dos voces orcas, preguntando qué están haciendo, las cuales representan a dos orcos que surgen tras dos columnas que pueden observarse en la zona a la izquierda del estrado, comenzando una breve conversación silenciosa sobre si éstos últimos han hecho algún ruido, a lo que, al contestar que no han causado ninguna perturbación en la tranquilidad de la entrada, uno de los tiradores informa a su compañero que informe a su directo superior porque podrían estar sufriendo una incursión, aunque no se observa ninguna fuerza invasora hostil de momento, mientras él se queda vigilando la puerta entornada.
Cuando Kirk avanzó despacio y en silencio, ocultándose tras el nuevo cadáver hallado en el paso lateral, pudo observar una reunión más al fondo de salón de entrada un extraño estrado de piedra tallada con un libro también hecho de roca, aunque adornado de runas metálicas y anillas del mismo material, junto al cual el tirador orco se reunía con otros dos orcos, uno de los cuales parecía más fornido y preparado, con un extraño yelmo.
El orco del yelmo, que al parecer se trataba de Hidgrag -uno de los orcos al servicio de los encontrados con anterioridad en la posada de Daarmaar negociando con Divor "ManoHierro"-, escuchó al tirador su preocupación, comentó socarrón que a lo mejor tenía miedo por los espíritus de la fortaleza, e indicó a otro soldado orco a su lado que se dirigiese "al archivo" (a un acceso junto al libro de piedra) e informase a Zolferg para acudir y ver qué estaba ocurriendo, y que diese una vuelta por las zonas "embrujadas" para asegurarse de que todo seguía tranquilo... también por si el grupo necesitaba refuerzos con que rechazar una incursión, al tiempo que él investigaba el acceso de la entrada y el tirador volvía a su puesto.
Suponiendo que resultaba peligroso atraer a más fuerzas a la entrada, peligrando el asalto "sorpresa" (más de lo que ya estaba), Kirk se acercó sigilosamente por la zona despejada junto al estrado central, pues por suerte el orco que parecía un oficial al mando rodeaba por el lado opuesto dicho estrado, y antes de que el subordinado abriese una puerta lateral de acceso (también de piedra tallada con el aspecto de una estantería llena de libros de hermosos lomos), cogió velocidad, se apoyó en la pared junto a la puerta y, cuando el orco ya se había percatado de su llegada, la hoja envenenada en la mano de Kirk (preparada con antelación cuando vigilaba la conversación entre los tres orcos) se incrustó en su cuello. Con la inercia del impacto, Kirk rodeó al orco por el aire, cortando todo el cuello de lado a lado, y cayendo tras él, lo arrastró hasta el suelo (sujetando la boca con una mano), amortiguando la caída con sus piernas y evitando el estrépito del derrumbar del cadáver.
Un peligro evitado.
Ahora sólo quedaba ver cómo se desarrollaba la situación en la puerta, al tiempo que el asesino mediano se escabullía por detrás de los tiradores para tratar de ejecutarlos lo antes posible.
Desgraciadamente, cuando Shail se acercó a la puerta, tratando de dilucidar qué estaba ocurriendo en el interior, la voz de un orco le dio el alto.
El clérigo, sobresaltado, se apartó justo a tiempo, retrocediendo hacia el exterior, justo en el instante en que una flecha golpeaba en la puerta de piedra donde su silueta se hallaba, quebrándose.
Cuando el orco Hidgrag se acercaba a la entrada, fue alertado por el tirador que había abierto fuego, indicando que había algo en la puerta.
El oficial, avisando a los seguidores junto a las columnas, junto a éstos se apostó a ambos lados de las puertas, mientras daba instrucciones a los tiradores de que se preparasen para atacar cuando la puerta se abriese.
Entonces, situándose al lado del portón medio abierto, Hidgrag pulsó algo oculto por las sombras de la noche y la oscuridad de las ruinas justo a la altura de la unión con la pared (al tiempo que otro de sus soldados en el lado contrario) y las hojas de piedra de la puerta, momento en que, mientras Kirk se acomodaba detrás de los tiradores, la puerta doble se abrió por ambos lados, y los orcos surgieron con un grito de batalla para defender su baluarte, a la vez que Hidgrag decía "¡DISPARAD!".
Sólo Petricor, de sus compañeros, fue quien podía observar de primera mano a los arqueros orcos, dada la continuidad de la pendiente de escaleras de entrada con el estrado de recepción en el salón de acceso a la fortaleza.
Por suerte, mientras todo ésto ocurría, Petricor, Rando y Shail ya habían tomado posiciones en el exterior, al haber delatado su posición ante uno de los arqueros orcos, pues hacía un rato que Kirk se había internado en el edificio y sólo se escuchaba el rumor de voces susurradas de orcos y ecos de pasos pesados en el salón de piedra, así que estaban preparados para recibir un asalto desde el interior.
En efecto, dos soldados orcos surgen de la puerta abriéndose en tromba, y al ver a los aventureros apostados en el exterior, uno de ellos se arroja sobre Shail, gritando "¡Invasión!¡Elfos!", mientras trata de despedazarlo con su espada larga a dos manos (sin éxito, al chocar ésta con fuerza contra el escudo del clérigo).
Aprovechando el descuido por el flanco del orco, cuando éste se arrojó contra Shail, Rando utilizó sus tácticas de combate para golpear su costado con su poderosa hacha, imprimiendo una fuerza atroz en su impacto, en el momento en que su visión comienza a enrojecerse, quedando poseído por una intensa ira barbárica. A pesar del esfuerzo, el orco consigue desviar el ataque con una filigrana y un giro de muñecas, chirriando la hoja de su espada contra el hacha, hasta que ésta sale impulsada inofensiva más allá del objetivo. El orco aprieta los dientes en una sonrisa feroz, con Rando frente a él resoplando vapor por los orificios de su nariz. Ya que el flanco de Rando también había quedado expuesto con el fuerte hachazo fallido, el segundo orco tras su compañero cargó hacia el guerrero humano, y su espada se introdujo profundamente entre las costillas de éste, dejando un largo tajo sanguinolento a su paso, que apenas provocó el encogerse los ojos de Rando al sentir la herida, preso de la furia.
Shail, acosado a espadazos, aparta el arma de su enemigo con su espada, aporreando su pecho con su maza disruptora, haciendo retroceder un instante al atacante, apenas magullado.
Bufando con la antelación del derramamiento de sangre, Rando gira su hacha para generar un mayor momento de inercia, y la descarga contra el orco que había osado atacarle hacía un momento. El golpe es tan atroz que saltan por los aires anillas de la armadura del orco alcanzado, salpicando por doquier oscura sangre, y las piernas del enemigo flaquean con el impacto, a punto de soltar la espada de la mano que aún le queda funcional, tras casi quedar destrozado su otro hombro con la profundidad del corte.
En el descuido del daño sufrido, Rando aprovecha para golpear una segunda vez en la zona herida al descubierto, y el hacha penetra tanto en la carne que casi parte en dos al orco, el cual cae con las entrañas al aire, fulminado como un trapo viejo arrojado al suelo. La inercia del ataque permite al guerrero humano girar sobre sí mismo para continuar el movimiento de péndulo de su arma sobre el orco herido por Shail momentos antes, y aunque el enemigo trata de bloquear el hacha con su espada, la monstruosa arma de Rando rachea con un chirrido metálico sobre la superficie del arma orca, alcanzando el antebrazo del mismo y cortando con un hondo tajo que hace gruñir al orco, aún con vida, a punto de quedar manco.
Shail observa de reojo que, cuando el orco que Rando ha derribado cae, exhala un último aliento, y de su boca surge una bruma sombría que se introduce por las heridas de uno de los cadáveres orcos que se encontraban junto a la puerta, sacudiéndose levemente al ocurrir aquello, comenzando a animarse para actuar.
Por su parte, Kirk, preparado para ejecutar a uno de los dos tiradores, por el rabillo del ojo observa que, con movimientos tambaleantes, el cadáver que había quedado atrás tras avanzar para eliminar al soldado que pretendía informar a otro orco en el "registro" ahora avanza rodeando el estrado hacia él.
Aprovechando la concentración de los tiradores para tratar de alcanzar a sus objetivos en vez de sus aliados, uno de ellos de pronto percibió como una afilada hoja se introdujo bajo sus costillas por la espalda, atravesando intestinos y brotando por el vientre, a la vez que una arrasadora sensación de veneno abrasivo se vertía por sus entrañas y su sangre. A la vez que Kirk "volaba" en fuga para alejarse del orco al que acababa de apuñalar, merced a sus botas veloces, el orco asesinado apenas exhalaba un gemido y caía hacia adelante, rodando escalones abajo del estrado de bienvenida de la fortaleza, hasta dar con sus huesos en el suelo frente a la entrada. Por su parte, el mediano se dejaba caer por un lado del estrado y se ocultaba pegada la espalda a su lateral, antes de que el segundo tirador apenas fuese consciente de lo que había sucedido, completamente confuso.
Pero, al percatarse de que, en la entrada de la fortaleza se sucedía un duro combate, decidió apoyar tácticamente a sus compañeros, disparando dos certeras flechas a Shail, quien acusó ambos proyectiles contra su carne estoico apretando los dientes, aunque sangre élfica acababa de ser derramada por dos heridas sobre suelo enano.
Con un rugido en la noche, Manberulf el lobo corre para apoyar a "la manada" de Petricor, saltando sobre el soldado orco que aún queda en pie junto a Rando y Shail, y aunque trata de morder su garganta, empujando con sus patas para derribarlo, éste es más veloz e interpone la vaina de su espada contra las fauces del animal, quien muerde inofensivamente el rígido objeto con saña.
Desde retaguardia, Petricor busca un buen ángulo de tiro contra el orco que se encuentra sobre el estrado, y concentrando su poder sobrenatural, visualiza al tirador orco como su objetivo fundamental en ese momento a niveles místicos, enfocándose con precisión letal, aunque sus dos disparo yerran al disparar contra el enemigo, rebotando inofensivos contra la roca.
Hidgrag el orco surge del lateral de la entrada con un gruñido furioso, sus ojos brillando con un resplandor rojizo sobrenatural bajo su extraño yelmo, y con una horrenda espada empuñada a dos manos de aspecto impecable y letal, carga en apoyo de su subordinado contra los invasores. Observando más cerca de sí a un elfo, su espada trata de hender esa carne odiada, aunque un fogonazo de luz rosa y dorada en sus ojos le hace desviar el ataque con un parpadeo, silbando sobre la cabeza de Shail. Pero la avispada técnica de combate del guerrero hace que aproveche la inercia, y girando su muñeca, ataca desde el lado opuesto, hendiendo profundo el cuerpo del elfo desde el otro flanco, a través de su armadura, mientras grita con rabia "¡Moriréis en nombre de Gruumsh!".
Tironeando ensañado, Manberulf sigue forcejeando con la vaina del orco, tratando de atravesar sus defensas para despedazar su carne en un estado frenético.
Viendo el ensañamiento del animal, el orco suelta la vaina y, aferrando el pomo de su espada con ambas manos, lanza un tajo descendente que hace salpicar la sangre del lobo, provocando un profundo chillido de dolor del animal.
Cuando Rando se percata de lo sucedido a su lado, al ver que el orco ha abierto su flanco con el impacto, provoca un hachazo ascendente contra el cuello del orco, haciendo que su cabeza salga disparada escaleras abajo, rebotando por los escalones (al tiempo que Shail observa que un vaho fantasmal se escapa de la misma y vuela raudo hasta un cadáver de orco esparcido por el área).
En ese instante, mientras un nomuerto orco intenta perseguir a Kirk, buscándolo por los aledaños del estrado enano de bienvenida, los cuerpos inertes de los orcos destrozados que el mediano halló a la entrada se estremecen y se alzan del suelo, armados con puños de nudillos de hueso y armas viejas pero letales, prestos a servir a sus hermanos aún vivos.
Uno de los puños hace retumbar con un poderoso impacto el escudo de Shail, acompañado de un gemido mezcla de lamento y gruñido de la garganta nomuerta. El otro nomuerto, sin embargo, pega un puñetazo a la mandíbula del lobo sangrando, haciendo que suene como un chasquido, y en el lamento del animal, su voz sobrenatural pide ayuda a Petricor, a lo que Hidgrag lo mira asombrado, y Rando susurra "no hables con otros que no seamos nosotros".
Shail, aprovechando la cercanía de los orcos zombis, eleva su símbolo sagrado al aire, y con una plegaria a Lathander, el símbolo emite un estallido de luz sagrada que se expande a su alrededor, y al tiempo que el orco luchador parpadea al percibir la misma y se cubre el rostro, los orcos nomuertos cerca del elfo abren sus bocas en un silencioso grito, momento en que la ola de luz los atraviesa y reduce sus cuerpos a cenizas y humo tras un fogonazo de llamas sagradas.
Kirk, ocultándose con sus atuendos élficos del orco nomuerto que lo persigue, se sorprende al divisar entre las columnas que protegían los primeros guardianes orcos en una esquina una escalera ascendente que da a una especie de estancia iluminada por una extraña luz blanca fantasmagórica, que proviene de lo que parece la figura translúcida de un enano, el cual se mueve como si flotara por la pequeña estancia de troneras abiertas hacia el exterior, en una de cuyas esquinas parecía haber un pedestal con un viejo libro abierto.
Parpadeando por el estallido, Hidgrag aclara su visión para ver como Rando se arroja sobre él, y ese descuido provoca que el hacha del guerrero muerda la carne del orco bajo la armadura, haciéndolo sangrar... aunque por un momento la piel del orco parece reaccionar al impacto, volviéndose momentáneamente metálica justo en el instante del impacto, causando que el daño del mismo sea menor al que debería. Ensañándose en su asalto, tratando de pensar que es sólo una sensación en la emoción de la batalla, Rando vuelve a arremeter con otro hachazo que, nuevamente, penetra las defensas del orco enemigo y hace verter su sangre sobre el suelo... y una vez más, la piel junto a la herida se transforma momentáneamente en algo parecido al metal... pero sólo durante un suspiro que, al terminar, deja una herida normal en su cuerpo, aunque de menor calibre del que Rando esperaba para un impacto tan salvaje.
Enfurecido por el parco resultado de sus envites, Rando desata su ira alocadamente, lanzando un asalto de descuidados hachazos, que en esta ocasión son desviados junto a tremendos chasquidos metálicos por la espada de Hidgrag, quien aprieta los dientes al ver que podría estar cercana su muerte.
Kirk, surgiendo de entre las sombras, se expone a un intento de ser golpeado por el orco zombi mientras se equipa su escudo y reza una plegaria a Kelemvor. El nomuerto manotea sin éxito el aire que deja a su paso el mediano sobre su cabeza, y a toda prisa gracias a sus botas mágicas, sube los escalones del estrado de dos en dos para encararse con el tirador orco.
Afortunadamente para el tirador, éste se percata de la llegada del asesino mediano, y cuando la espada del mismo intenta apuñalarlo a traición, el orco la aparta de un golpetazo con su arco, sintiéndose molesto por la intervención de aquella menudencia peluda.
Pero la sorpresa no acababa ahí, pues rodando sobre sí mismo, Kirk se aleja del tirador, quien trata de alcanzarlo sin éxito -ya que las botas del aventurero le proporcionan la capacidad de evitar ser alcanzado fácilmente al apartarse de la lucha por su veloz precisión- de una patada -golpeando el escudo de Ramabaja- al no tener un arma desenvainada más allá del arco y una flecha en su mano, y el mediano se descuelga ágilmente, cayendo sobre sus propios pies por el otro lado del estrado, al tiempo que deja caer de su mano la espada normal y desenvaina el mango de su Espada Solar.
No pudiendo concentrarse en más focos en su combate, salvo los objetivos que en ese momento ve para atacar, el orco tirador del que el mediano acababa de zafarse y ponerse a cubierto decide disparar al tirador enemigo para tratar de quitárselo de encima. Sin embargo, sus flechas se pierden en la oscuridad de la noche y la nieve del exterior, zumbando sobre las cabeza del combate justo en la entrada de la fortaleza.
Como si de una premonición fatídica se tratase, Petricor observa las flechas volar a su lado, y apuntando certero al orco arquero, marcado por sus sentidos de cazador, hace volar dos flechas en su dirección, que se incrustan a ambos lados del pecho, derribándolo rodando escalones abajo del estrado hacia el interior de la fortaleza.
Concentrando sus sentidos de caza y muerte, tras la derrota del tirador, éstos se enfocan en Hidgrag, quien se convierte en su nueva presa, formándose extrañas marcas de ramas y hojas entre sus hombros y garganta, como sombras fugaces que apenas son percibidas salvo por quienes ya están acostumbrados a ese poder.
Hidgrag, gruñendo, exhibe su odio por sus enemigos, golpeando su pecho con el mango de su espada. Al parecer, tal demostración de cólera lo devuelve al momento presente, ignorando las heridas sufridas, y trata de golpear con un tajo descendente a Rando. Sin embargo, el guerrero humano aparta la espada con su hacha monstruosa, tras lo que, abriendo la defensa del enemigo, traza un tajo atroz del hacha hasta el pecho del orco, chasqueando carne que refleja como metal por un instante, reteniendo parte de la fuerza del ataque que, aunque causa daño, no hace todo el que debería haber logrado.
Manberulf, acobardado por el daño sufrido, decide que marcharse será lo mejor para su salud, evitando con rapidez las embestidas de Hidgrag, para retirarse tras su compañero Petricor, gimiendo sufrido.
Al haber visto pasar a su lado a un objetivo en movimiento, el orco nomuerto se gira gimiendo, y trata de buscarlo para intentar golpearlo, aunque su lentitud hace que, a pesar de percatarse una vez más de su presencia, no pueda llegar hasta él antes de que su presa se aleje.
Alerta al combate cerca suyo entre las dos bestias de guerra de Rando y Hidgrag, Shail interviene lanzando una explosión de llamas sagradas contra el orco, las cuales lamen su carne y la queman entre fuego dorado rosáceo. El orco gruñe de dolor, y Rando se percata de que, contra ese daño, la piel del enemigo no se transforma momentáneamente para protegerlo.
Confiado por las llamas que estallan sobre el cuerpo de su enemigo ante él, Rando trata de aprovechar el momento arrojándose con descuido, pero el entrenamiento de combate de su adversario prima sobre el salvajismo del humano, y los hachazos de éste son desviados con sonoros chasquidos metálicos por la espada del orco, a lo que Rando siente que su frustración crece en conjunto a su rabia.
Kirk, aprovechando los lances entre humano y orco, se mueve sigiloso acechando al enemigo, momento en que, cuando se sitúa a su espalda, de un giro de muñeca hace brotar la luz de su hoja del sol (encumbrando la silueta del orco con su luz), con la que atraviesa de parte a parte al orco, el cual siente la abrasadora luz en sus entrañas, de la que el extraño poder apenas lo protege, pues de nuevo su carne no cambia por un instante. Al girar su rostro en agonía, observa como Kirk pasa a su lado veloz y se sitúa junto a Rando, como una amenaza inminente a la vida del enemigo y una sonrisa al empuñar la luz solar en forma de arma.
Petricor, aprovechando el movimiento de Hidgrag que trata de agarrar al mediano al pasar junto a él, dispara una flecha que se incrusta en un costado del orco, activando el extraño efecto metálico de su piel, a pesar de que la herida sangra abundante.
Justo en el instante en que el proyectil se clava en su cuerpo, un extraño colgante en el cuello del orco estalla en una nube de polvo metálico, cayendo al suelo junto a su portador, y al instante una suave brisa lo arrastra hacia la noche en el exterior.
La flecha, al haber atravesado las defensas mágicas del enemigo, consigue atravesar un pulmón, provocando un esputo de sangre en el orco que, con sus piernas temblorosas, cae de rodillas y, susurrando "Gruumsh... te entrego mi alma...", se desploma muerto a los pies del grupo, dejando escapar una extraña bruma espiritual de sus labios que vuela veloz hacia el interior de la fortaleza, perdiéndose en la oscuridad.
Avanzando en busca de una posición ventajosa para disparar al orco zombi que se acerca incansable, Petricor desvía su atención de depredador sobre el monstruo, disparando una flecha certera en su dirección, que se incrusta en el pecho de la criatura, aunque eso no frena su movimiento, a pesar de que el ser observa por un instante la flecha clavada con un gruñido.
Justo tras el arquero elfo, Manberulf se mueve lentamente hacia un lado, tratando de evitar ser el blanco de más ataques, lamiéndose las heridas y gimiendo lastimero.
Azuzado por la flecha, el zombi orco avanza lentamente contra el grupo, aunque su parsimoniosa velocidad lo expone a un porrazo refulgente de la maza de Shail, especialmente preparada para destruir criaturas no muertas y demoníacas. Sin embargo, contra todo pronóstico, su objetivo alza una mano podrida, contra la que golpea el mango del arma, y no su cabeza mágica. El golpetazo apenas es acusado por el monstruo, que por un momento forcejea con Shail al haber sujetado el arma del clérigo, evitando que ésta lo alcanzase. Los compañeros del elfo sacerdotal lo observan con una extraña mueca de sorpresa, al ver que el arma no parece ser tan efectiva como su dueño había comentado al adquirirla.
("Rando", "Kirk" y "Petricor" liándola parda)
Rando, rabioso por la resistencia de la criatura, utiliza la posición de forcejeo de la misma con Shail. Gritando "¡¿Por qué no te mueres permanentemente, criatura?!", el hacha del humano desciende sobre el costado del enemigo, partiendo a la criatura por la mitad y lanzando sus pedazos por los aires.
(Post combate, destrozos incluidos, de nuestros Aventureros...
y eso sólo en la puerta del chiringuito)
Recuperando el aliento tras la lucha, y contabilizando los destrozos provocados contra los enemigos, Kirk informa de que, durante el combate se fijó que al parecer, un enano de aspecto fantasmal parece encontrarse cerca de la entrada, en una estancia que da al exterior... aunque no da muestras de ser ofensivo.
("Shail" propone sus estrategias tras el combate a "Rando")
Pensando en que, quizá es posible que estos orcos no se encuentren solos, ya que uno de ellos tenía la intención de informar a alguien llamado Zolferg, el grupo apila los cadáveres en la base de la escalera exterior de la fortaleza, no sin antes registrarlos y apartar sus pertenencias, mientras Shail concentra sus energías en una larga plegaria que le indique si algunas de las pertenencias de los enemigos poseerían cierta cualidad mágica.Durante 10 minutos en los que los compañeros vigilan los alrededores, cerca de Shail y cubiertos por los escalones del alto atril de piedra de bienvenida, Kirk aprovecha para arrastrar uno de los cadáveres zombi para simular la presencia del mismo que se hallaba antes de que ellos entrasen, y se camufla bajo el mismo (como tan a menudo solía hacer hacía no demasiado tiempo, por lo que se ganó el apodo jocoso de "BuceaCadáveres").
En el silencio, sólo roto por las susurrantes oraciones del clérigo elfo -entre las que se incluye una protección sagrada a la salud de todos sus compañeros, quienes quedan envueltos por una vivificante carga sagrada de salud extra, además de unas oraciones curativas para sí mismo y Manberulf-, y la presencia inquietante del extraño espíritu que los observa sin mover un dedo, salvo para pasear por la sala en la que se encuentra, en el momento en que el poder inunda los sentidos de Shail, éste percibe que el orco más poderoso de la primera oleada poseía magia entre sus pertenencias: su casco (encantamiento), una gema adosada a su armadura (abjuración) y su espada (transmutación)... además del estrado junto al espectro enano (nigromancia) y el atril del enorme libro de piedra anillado en metal (conjuración).
Al percibir esas cualidades sobrenaturales, de pronto, una puerta de piedra -aquella por la que iba a huir uno de los orcos en busca de más aliados (al margen de otros accesos, como una gran escalera de caracol descendiente al fondo del salón de entrada, y otra puerta de piedra opuesta a aquella junto al atril)- se abre silenciosamente, y las voces susurrantes de dos orcos se acercan a través de ella con pisadas vigorosas, además de los familiares gemidos de más orcos nomuertos de caminar tambaleante.
Tratando de pasar desapercibidos, los compañeros se agazapan en sus posiciones, al tiempo que Kirk, Petricor y Shail tratan de escuchar la conversación para saber qué está sucediendo.
(Nuevas visitas y auras mágicas -captadas por Shail-)
Al parecer, los dos zombis orcos son acompañados por dos orcos, uno con aspecto de guardaespaldas o vigilante, y el otro con rasgos más propios de un chamán o brujo. El matón más poderoso, con un extraño acento, comenta a su compañero lo siguiente: "Zolferg. Si los guardianes muertos se han levantado, eso significa que nuestros compañeros han sido vencidos".Por su parte, el llamado Zolferg, de rasgos arcanos, se adelanta con un gesto de "espera aquí" a su acompañante, observa el entorno, y realizando un gesto con sus manos, desaparece en el aire, dejando un resto de energía mágica en el aire perceptible en el entorno, aunque no rastreable en apariencia (para Shail).
Ojeando la zona, el guardaespaldas de Zolferg señala hacia los portones de piedra de la entrada, e indica "allí parece que hay algo", provocando una reacción en los zombis orcos, que se ponen en marcha despacio en aquella dirección con gemidos roncos. Kirk, con una gota de sudor nervioso, se percata de que las criaturas avanzan en su dirección, escondido como se encontraba entre los restos del zombi derrotado que el grupo dejó allí "para aparentar".
Petricor, caminando lo más sigiloso posible, empieza a subir al estrado para apostarse en una posición elevada, a la vez que Shail, mostrándose a plena vista, se coloca en la zona de avance de los zombis, los cuales dan muestras de excitación al observarlo, avanzando hacia él con evidentes ansias de lucha. El orco tras ellos grita: "¡A por él!", a la vez que se apresta al combate, moviéndose tras sus esclavos muertos vivientes. Habiéndose situado en una ruta de visibilidad ventajosa, Shail se asegura, con sus sentidos aumentados para percibir magia, que el orco invisible no se encuentra al alcance de los mismos.
Desde su posición elevada, Petricor ve al orco matón que señala en su dirección, gruñendo "¡Ahí está el otro!", entendiendo así que su sigilo no era tan preciso como pensaba. Desde su atalaya, sólo observa tres objetivos. Extrayendo su poder de cazador del último objetivo alcanzado en el anterior combate, sus sentidos se enfocan en el orco que parece más peligroso de los enemigos que avanzan, y percibe como, de forma mística, las marcas de sombras de ramas y hojas aparecen sobre su pecho y hombros, listo para convertirse en su presa en ese momento. Así, uno de sus cercanos disparos de arco se encaja profundo en un muslo del orco, haciendo que apriete los dientes por el dolor, gimiendo. Tabaleándose, el orco ofrece un blanco fácil a Petricor, quien tras la pierna encaja una nueva flecha, esta vez en la cadera del orco, que esta vez aúlla de dolor incontenible y se apoya en la esquina cercana, mirando vengativo al elfo que lo está acribillando desde el estrado.
Tras el movimiento de Petricor, Manberulf se acerca a Shail, dispuesto a atacar a quien llegue al alcance del sacerdote.
Observando la evolución del combate, Kirk espera su oportunidad para actuar de la forma más ventajosa posible, acechando desde su escondrijo.
Rando, feliz por desatar su cólera, se lanza en veloz carrera ascendiendo por el estrado, y salta por el otro lado, dejándose caer acompañando el descenso de su hacha sobre uno de los zombis más cercano al escondrijo de Kirk. El arma, con el peso de Rando, la inercia de la caída y la fuerza de los brazos del guerrero humano, se encaja sobre el esternón del monstruo, que se tambalea con el impacto, a punto de desplomarse. No contento con el resultado, el guerrero extrae con un sonido de succión su arma... y vuelve a dejarla caer, esta vez sobre las costillas, que se abren con un crujido húmedo.
Aunque la criatura sigue activa, apenas se mantiene la nigromancia que la anima, mostrando evidencias de torpeza y falta de coordinación en sus movimientos tras el ataque.
Shail, avanzando con una oración de Lathander en la garganta, desata el poder de su maza contra criaturas impías, y pasando entre Rando y el enemigo al que casi acaba de vapulear, se arroja contra el otro nomuerto cerca del primero. De un certero mazazo, un estallido de energía sagrada crepita en el aire, y aunque la criatura queda socarrada en su piel, hundida por el impacto, no es destruida, pero sí que, al ser atacada por ese objeto, teme por su integridad y trata de huir de él.
De hecho, al girarse para escapar de Shail, le da la espalda, abriendo su guardia al sacerdote.
Así, mientras Kirk se asoma (con una Acción Preparada) tras el cadáver que lo esconde, disparando un virote contra la cabeza de la criatura a la que Rando casi destroza, y convirtiendo el cráneo del objetivo en un pincho moruno que lo lleva a dar con sus pútridos huesos en el suelo, el clérigo elfo estampa su maza entre los omóplatos del zombi en fuga, que, con un estallido sagrado, lo arroja contra el suelo, impidiendo que vuelva a levantarse más, destruido entre lenguas de llama plateadas.
(Esta bola de fuego sufrió de un "nerfeo" por culpa de una errata en el área de efecto en el Manual. Debería haber sido "esfera de 20 pies DE RADIO", y afectaría a todos los Aventureros)
De pronto, surgiendo de su oscuridad junto a la escalera de caracol al fondo de la sala, el orco que se había ocultado mágicamente provoca un estallido de fuego junto a Petricor, cuyas llamas envuelven con una salvaje tormenta de fuego a Petricor, Rando y Shail. Aunque Rando y Petricor, arrojándose al suelo y rodando evitan buena parte de las llamas mágicas, no así Shail, que siente como el fuego lo baña y arrasa su carne y ropajes, causando una agonía atroz.Sin esperar respuesta, el orco alza una vara de cristal en su puño, en la cual se concentra un virote mágico ígneo, y cuando Shail percibe que un nuevo ataque llameante se dirige hacia él, interpone un fogonazo de luz dorada y rosácea frente a los ojos del orco hechicero, que parpadea sacudiendo una mano frente así, haciendo que el proyectil ígneo se desvíe lo bastante como para golpear inocuo, estallando contra el atril de piedra junto al sacerdote. Renegando por su mala suerte, el orco arcano huye hacia la puerta de piedra -labrada con forma de un horizonte de montañas sobre un cielo estrellado- que el grupo había observado en la esquina más apartada a donde ahora combatían, abriéndola con la intención de escapar.
Y si la cosa no estaba ya complicada para el sacerdote, el orco frente a él, acusándolo de ser un pueril servidor de un falso dios, alza su espada, en cuya hoja se encuentra adosada una gema que estalla en una lengua de llamas, envolviendo el filo metálico.
Levantando su hacha de batalla, al bajarla contra Shail, el arma choca con un tañido metálico contra el escudo del elfo sacerdote, trabándose ambos luchadores en un forcejeo. Aunque por un momento el orco parece librarse de estar trabado con Shail, un nuevo impacto intenta cogerlo desprevenido por el otro flanco, y otra vez el escudo del sacerdote se interpone con otro choque metálico y un fogonazo de llamas inocuas.
Petricor, hincando rodilla en tierra, dispara una flecha que rebota en el escudo del orco matón, esta vez preparado para el peligroso tirador. Pensando en que quizá el brujo orco podría ser un objetivo más fácil, se gira hacia él, disparando otra flecha, pero de pronto un escudo translúcido de fuerza mágica cubre al chamán orco, despedazando la flecha al bloquear su trayectoria.
(Aunque parezca una mala bestia, es el lobo Inteligente "Manberulf")
Manberulf, con Petricor ordenándole perseguir al brujo orco, sale disparado tras el enemigo en fuga para cortarle el paso, atrapándolo junto a la puerta por la que trataba de huir.Cuando la situación parece controlada, aunque hay un objetivo cerca, Kirk sale corriendo y finta alrededor del orco matón, lanzando un tajo en su movimiento, que abrasa la carne del enemigo quien, poniendo los ojos en blanco, cae al suelo con un gemido y una herida cauterizada en el costado.
(imagen 34 -error de reglas-. Kirk usa Acción Adicional para activar su Espada Solar y ataca al orco junto al que está, pero no debería haber movido ese espacio extra VERDE, porque excede en 10 pies su velocidad normal en 2 casillas. Ésto lleva a que en la imagen 42 de la secuencia, si no usa su Acción Astuta para Correr tampoco llegaría hasta Rando)
(Imagen 34)
Rando, a toda velocidad, en ayuda de Manberulf, intercepta la huida del orco hechicero llamado Zolferg, interponiéndose en la arcada de piedra por la que pretendía escapar por unas escaleras en espiral hacia una planta superior de la fortaleza.Shail, tras los pasos de Rando, se acerca lo suficiente para tener a tiro al fugitivo, y lo envuelve en una lluvia de llamas sagradas que provocan chillidos de terror y dolor en el hechicero orco.
Aturdido por el daño sufrido, pero aún consciente, Zolberg observa a Rando, y susurrando "Gruumsh no permitirá que mi presa sea mi cazador", acerca su mano envuelta en un nimbo eléctrico al guerrero, descargando la energía con un chasquido y un zumbido, dejando a MataLobos temblando y confuso. Aprovechando el aturdimiento del mismo, señala con su varilla de cristal a Shail, hacia quien lanza un proyectil ígneo que explota tras el elfo, en el atril de roca del libro tallado, sobresaltando al sacerdote. Aprovechando la confusión que su magia ha causado, el orco se zafa de un mordisco de Manberulf y continúa su fuga, cada vez más cerca de la libertad por las escaleras en espiral, a la vez que, con voz ronca, da la voz de alarma a través del hueco de las escaleras.
Sorprendentemente, y contra todo pronóstico, el orco derribado por Kirk se remueve en el suelo, dejando al mediano y al tirador elfo sorprendidos, y cuando se incorpora, parece que aún puede dar algo de guerra, dejando caer una poción vacía al suelo junto a él, además de sacudir la cabeza como si se recuperase de una conmoción.
Molesto por la recuperación del orco, Petricor dispara una flecha en su dirección, la cual coge al enemigo desprevenido, clavándose en su hombro con un gruñido. Cuando el herido trata de alzar su escudo, Petricor concentra sus sentidos de cazador en él, afinando su puntería, y la segunda flecha pasa justo al lado del borde del escudo, enterrándose en el pecho de la criatura, que exhala un último aliento, cayendo muerta y desprendiendo un vaho espiritual por su boca, que escapa hacia la oscuridad.
Manberulf, furioso, carga hacia hacia el hechicero orco en fuga, y alcanzándolo de un salto, a la vez que muerde su nuca, lo derriba de un empujón con las patas, despatarrando al enemigo junto a la escalera.
Al ver que el lobo ha sido capaz de retener al orco en fuga, Kirk activa sus botas veloces, y sale disparado a toda velocidad, hasta llegar junto al orco derribado. Con su espada de luz solar, apuñala con un siseo ardiente al orco derribado, que con un aullido de dolor trata desesperadamente de escapar de su muerte inminente.
(imagen 42 -error de movimiento distancia de imagen 34 que habría impedido apuñalar al Mediano Pícaro al orco, por falta de movimiento, teniendo en cuenta que no habría llegado ni siquiera utilizando las botas-)
(Imagen 42)
Rando, moviéndose hasta encumbrar a Kirk en la zona en la que se encuentra, alza su hacha ante el orco derrotado cual verdugo en una decapitación, pero en una acción desesperada, el orco levanta un escudo de fuerza mágica contra el que se estrella el hacha con una lluvia de chispas, frenando el impacto. Sin rendir su brazo, Rando deja caer con más fuerza el hacha una vez más, y en esta ocasión la magia del escudo no impide que el golpe llegue hasta el pecho del hechicero orco, deshaciendo en una onda mística el conjuro a su paso, incrustándose con un feo crujido.El orco, con un balbuceo sanguinolento, se encomienda a Gruumsh, y cierra sus ojos.
Shail, preocupado por sus aliados, se acerca para observar si se encuentran bien, a la espera de acontecimientos, percatándose de que el cuerpo del brujo orco brilla con aureolas mágicas, a pesar de haber sido derribado.
En el breve silencio posterior al impacto, en el que sólo las respiraciones de los héroes se escuchan en los ecos de la fortaleza, unos pasos pesados y tambaleantes, con gemidos lastimeros, descienden por las escaleras en espiral. Los sonidos pertenecen a dos zombis orcos que acuden para investigar el ruido de lucha... y tras ellos, los sigue lo que parece una sombra espesa con el aspecto de un enano... muy similar -por no decir idéntico- al fantasma luminiscente de una sala cercana -que emite oleadas de frío mortal cerca de su figura-. Aunque acompaña a los orcos, no parece dar la impresión de ser peligroso, y lo único que hace es observar la situación.
Alertado por la espada de luz solar, el zombi más cercano a Kirk, Manberulf y Rando lanza una patada al mediano, aunque su bota vieja golpea el escudo de RamaBaja con un eco apagado.
Rando, aprovechando el ataque del zombi, baja el hacha en un tajo defensivo protegiendo a su amigo, arrancando un buen trozo de carne podrida del muslo del zombi.
Cuando Petricor se percata de que sigue habiendo actividad en el pasillo por el que sus aliados están desapareciendo, desciende rápidamente del estrado de bienvenida para, concentrándose en sus instintos de cazador en el nomuerto que está más al descubierto frente a las escaleras, disparar contra él una certera flecha.
El proyectil impacta en seco contra un ojo de la criatura, la cual sufre un espasmo, pero el proyectil no es suficiente para detenerla. Con un bufido, Petricor libera una segunda flecha, y esta vez, cuando atraviesa el cráneo del monstruo, éste cae a peso muerto, quedando derrotado.
Manberulf, buscando proteger a sus nuevos aliados, se arroja contra el hueco de la escalera por donde el otro zombi avanza, arrojándose sobre su pecho mientras le arranca de un mordisco un trozo de brazo, escupiéndolo con gesto asqueado.
Justo en ese momento, Kirk se acerca justo por el flanco del lobo y, con una oración a Kelemvor, abre en canal con su espada del sol el pecho de la criatura. Cuando el arma entra en contacto con la carne corrupta, a su paso el cuerpo de la criatura se va consumiendo, dejando apenas media carcasa humeante cayendo al suelo, completamente inerte.
Cuando los nomuertos corpóreos han sido derrotados, todos contienen el aliento a la espera de que la criatura sombría reaccione de alguna forma, pero ésta sólo se limita a observar, impasible.
Ese momento de duda es suficiente para que, desde el suelo, un susurro orco pronuncie unas palabras, a la vez que un anillo en su mano brille (Acción Automática), recomponiendo parte de sus heridas. Antes de poder detenerlo, el orco se descompone en una nube de bruma (Acción Adicional) que sale disparada escaleras arriba, dejando atrás el tintineo de un frasco de cristal vacío (Acción) que rueda por el suelo.
Con una maldición en los labios en más de un caso, el grupo observa la desesperada fuga del hechicero, y tomándose un respiro momentáneo, consideran replantearse el siguiente paso en el avance por la fortaleza, la cual le ha proporcionado tan inesperada y ruda bienvenida, no sin antes
investigar los objetos mágicos encontrados en los cuerpos del matón orco y el oficial orco.
¿Qué otros secretos esconderá... además de los extraños elementos fantasmagóricos que pululan por ella?
(Y así empezaba la sesión de hoy... antes de saber la que los héroes liaron... jejeje...)
CONTINUARÁ
P.D.: Pobre orco matón pulverizado en dos ocasiones, al cual ni siquiera fue revelado su nombre en la sesión. Una oración a Gruumsh por Rerwol, el Orco Batidor.
P.P.D.: A continuación, la selección de imágenes desechadas para este resumen. Veréis fácilmente en qué orden van con respecto a las anteriores cuando observéis la distribución.
GRACIAS POR PASAROS POR AQUÍ.














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