lunes, 23 de septiembre de 2019

CROSSOVER STRAHD & ERDD - SPINOFF - AKON & YGREIN "JUSTICIA O VENGANZA" - Sesión 1 - EL FUEGO DE LA VENGANZA

Cuando Akon partió tras el encuentro con la ejecutada Morgantha, para acompañar al niño Lucian Jarov hasta Uarowia, por su mente surcaban oscuros pensamientos de duro castigo hacia sus padres, ya que la situación que había presenciado y los hechos por los que el niño había sido entregado a la bruja le hacían hervir su ya de por sí sangre infernal.
Aturdido por la situación, Lucian se dejaba acompañar por el extraño hombre de aspecto hosco, aunque su intención de volver con sus padres no estaba muy clara, debido al destino al que lo habían condenado.
De hecho, con cierta tristeza pregunta a Akon si lo va a llevar con sus padres, porque él no quiere ir con ellos, ya que lo han tratado mal, lo han abandonado, no se han portado nada bien, y de repente lo dejaron con esa extraña señora a la que lo entregaron a cambio de algo que él desconocía, cosa que no comprendía.
Akon, con voz hosca, consulta si Lucian tiene más hermanos, a lo que responde que no, que él sepa, pues desde que tiene uso de razón era el único niño en su casa, hasta sus actuales 7 años.

Después de un trecho de camino, ambos viajeros del medio día se acercan al cadalso que el grupo había abandonado a su paso, donde Zhia apareció después de haber sido tomada por las brumas (SPOILER: y Strahd), y al acercarse, las suaves nieblas que rodean las tumbas alrededor del patíbulo empiezan a alzarse y a espesarse, cosa que Lucian percibe, sobresaltándose, y ocultándose tras los ropajes de Akon.

"Un... fantasma...", dice el muchacho, señalando a las brumas.

(Podría ser Ygrein)
Cuando de nuevo caen en cascada poco a poco, tras la brevedad de la extraña manifestación, Akon y Lucian encuentran que, de espaldas a ellos, y desde las propias brumas, ha emergido una mujer de cabello rubio rojizo, cuyo aspecto es muy familiar a Akon, tanto por sus ropajes y armadura, como por su pose y cabello: Ygrein de Dekaeler.
La sacerdotisa de la guerra, confusa, aún no es consciente de que a su espalda se encuentran los viajeros.
Sin embargo, Lucian atemorizado, se aprieta contra Akon, susurrando que "es una pelirroja. ¡Son brujos! ¡Hay que huir de allí! ¡Traen mala suerte!"
Akon trata de calmar al chico, comentando que la muchacha, además de una colega, es una devota de los dioses, por lo que no debe temer nada.
De hecho, tras hablar con el chico, el brujo llama la atención de la sacerdotisa, con un alegre "¡Hey pelirroja!".

Ygrein empieza a hacer memoria en sus confundidos sentidos, tras aparecer en un lugar tan extraño, en la que se hallaba buscando a sus compañeros de trabajo, su jefa, y los amigos de ésta, que al parecer estaban investigando la desaparición de una reliquia, y las últimas noticias que tenía era que habían viajado hacia un río cercano a la hacienda desde la que habían partido dirección oeste, en persecución de unos bárbaros humanos. Cuando la sacerdotisa llegó al lugar indicado, además de un rastro de carruajes y caballos, encontró que las aguas empezaron a vomitar una espesa bruma que la envolvió...
El interior de la bruma se encontraba lleno de extrañas visiones, siluetas perseguidas que se desvanecían, y sonidos lejanos, encogido su corazón como si, por un momento, su fe le hubiese sido arrancada por la fuerza, aunque el abrazo de este sentimiento no llegó a perderse, sí, no obstante, la presencia de Dekaeler, quien se notaba amortiguado y lejano, aunque aún anclado a su alma.
...tras lo que se halló en este lugar. Un patíbulo como una terrible visión del horrible sino en su futuro. "Quizá alguien me está señalando como culpable de algo", pensó Ygrein. "Es posible que mi adhesión a la banda criminal de El Jade no sea lo que Dekaeler espera de mí".

Entonces, una voz tras ella: "¡Hey, pelirroja!", la hizo girarse sobre sus talones, encontrando la imagen humana de Akon frente a sus ojos.
Su compañero se encontraba en un camino desconocido, bajo un cielo plomizo, cuando hacía unos instantes no poseía tal cualidad, y junto a él, un niño desarrapado y asustadizo que se aferraba a su mano y sus ropajes, mirándola con temor reverente.

"¡¿Dónde está Katy?!", fueron las primeras palabras de la sacerdotisa, a lo que Akon la felicitaba por su aparición, que ya le resultaba extraña tanta ausencia. Ygrein se extrañó de tales palabras, pues según ella había seguido al grupo, que desapareció en un río dentro de una extraña bruma que también la trajo aquí.
Cuando Akon empezó a poner a Ygrein en antecedentes, antes de que ésta solicitase unirse al resto del grupo que allí no se encontraba, Akon le comentó que tenía una misión solicitada a la jefa de El Jade de escoltar al niño Lucian hasta sus padres, para un asunto "de justicia".
Ante la extrañeza de Ygrein de pensar en que las órdenes no provenían de Katy, sino que la misión había sido solicitada por el propio Akon, éste comentó que había que poner a salvo a un niño.
El muchacho, con rostro apenado, observaba a Ygrein confuso y temeroso, preguntando en voz alta si la recién llegada era una bruja.
Ygrein, extrañada, quiso saber el por qué de esa afirmación, a lo que el muchacho comentó que el pelo (rojizo) de la mujer daba mala suerte.
Akon, comedido, ante una confusa Ygrein, indicó al niño que la recién llegada era una compañera y amiga, y su presencia no representaba peligro ni problema, al tiempo que comentaba a Ygrein que en el lugar donde se encontraban, la gente tenía unas costumbres supersticiosas algo extrañas.
Ygrein, más confusa aún, pareció entender que, lo que Akon quería decirle es que

YA NO SE ENCONTRABAN EN VOLDOR.

Cuando Ygrein protestó por percatarse de dónde había ido a parar por culpa del grupo, Akon dirigió la frustración de ésta hacia Bukko, principal responsable de viajar hasta aquí a causa de su fe.
Cuando Ygrein consultó si el paladín hipótido también sabía de la misión paralela de Akon, éste confirmó que, en efecto, conocía y aprobaba la misma, para llevar de vuelta a un niño con sus padres.
Confusa por saber que Bukko había permitido a Akon (y su naturaleza) escoltar a solas a un niño, decidió que su deber, antes de reunirse con los demás, era unirse a la escolta... a tenor de los posibles problemas que Akon pudiese causar por el camino... a pesar de las reticencias y objeciones sobre las consideraciones sobre lo apropiado o no que era Akon para escoltar a un niño a solas, pues Ygrein consideraba que los designios de Dekaeler poseían una rectitud intachable... "y Akon no era, sinceramente, la persona más recta que conocía" la sacerdotisa... por mucho que Akon recordaba a Ygrein que su deber principal era presentarse ante su jefa y reportarle su presencia por el tiempo que llevaba de retraso con respecto al viaje del grupo por estas tierras.

Tras un tira y afloja sobre la responsabilidad (o ausencia de ella) en cuanto al Tiflin de acompañar al muchacho hasta su hogar, finalmente el brujo accedió a ser acompañado por su compañera de trabajo, aunque no de muy buenas maneras. Pero la firmeza de la sacerdotisa no dejó más opción que aceptar su compañía... aunque pensando para sí mismo, el Tiflin consideraba (de buena gana) que la compañía de una combatiente imbuida en poder divino no estaría de más en un lugar desconocido como éste, además del hecho de que, al haber confesado que esta misión era del conocimiento y aprobación de Katy, si la jefa se enteraba de que su Protectora había dejado desprotegido a su Consejero Sobrenatural, lo más probable es que hubiese un feo cruce de palabras.

-Por supuesto, en esta conversación, "Judge", el Familiar diabólico de Akon se encargó de dejar claro que, a pesar de alguna confusión de palabras sobre si Katy estaba al corriente de la misión, o por contra era cosa exclusiva del Tiflin, en realidad la jefa estaba al corriente, lo que otorgaba peso a las palabras de Ygrein sobre acompañar a Akon que, hasta el momento, iba en solitario alejado del grueso principal del grupo, sin ninguna protección. Y, aunque Akon pensaba que Ygrein no le dejaría dar rienda suelta a sus intenciones, "Judge" conociendo el carácter de la sacerdotisa, estaba seguro de que, mientras hubiese castigo, Ygrein dejaría a sus anchas al brujo-.

El trabajo era el trabajo.

Y, en toda esta situación, como Ygrein escuchaba en la lejanía el susurro del Familiar, activaba su Luz sagrada para buscarlo, lo que confundía a Lucian y le indicaba que, para buscar a murciélagos, había que hacerlo de noche, atraiéndolos o espantándolos con esa luz sobrenatural. Al confesar Ygrein que escuchaba una voz, asustaba al niño sobre que, por su pelo atraía fantasmas, y eso daba mala suerte. Ygrein, confusa, decidió apagar la luz, a la espera de continuar el camino.
Akon, frotándose la frente, tendría que lidiar con un niño que acusaba temeroso de bruja a Ygrein, más aún al verla usar sus poderes (aunque Akon trataba de convencerlo de que era "magia buena", término que confundía al joven, junto con otras cuestiones, como que todos los monstruos no tenían aspecto extraño "como la bruja que raptó a Lucian", y que algunos monstruos mentían sobre su aspecto -a lo que Ygrein miró con cierto sarcasmo a Akon en su forma humana ilusoria)...
y con la rudeza directa y celote de Ygrein.

Sería un laaaargo camino (además de tener a un Familiar infernal pesado preguntando cada dos por tres al oído de Akon qué tenía que hacer, cómo tenía que actuar o qué actitud tenía que tomar con quien se encontrasen por el camino).

Continuando el camino en dirección a Uarowia, en el camino oeste de entrada a la villa, los viajeros se encontraban un grupo de Bárbaros Vistani apostados en actitud lánguida, charlando. Al observar el avance de los aventureros y el niño, sin embargo su actitud cambió, incorporándose y mostrando un interés ladino en los viajeros.
Antes de que Akon, Lucian e Ygrein alcancen al grueso, varios se marchan hacia el interior de Uarowia, perdiéndose entre los callejones, pero cuatro (dos hombres y dos mujeres) quedaron atrás, esperando "recibir" a los 3 viajeros, con aspecto socarrón.
El de aspecto más intimidador se acercó para interceptar a los recién llegados, dándoles las buenas tardes y preguntando por sus intenciones.
El Tiflin, sin interés por contestar, preguntó por la identidad de quien los frenaba. El hombre se identificó como Andony, un viajero y mercader realizando negocios en la villa.
Ygrein, curiosa, observó al interlocutor por lo chocante que le producía su extraño acento, que Akon no tardó en comentar que se trataba de una vieja versión del idioma Común de Voldor (de al menos un milenio de antigüedad).
Con estas palabras, el brujo confirmaba que el lugar no era Voldor... o quizá no el Voldor del presente.

Cuando el brujo comentó su intención de acompañar a un muchacho extraviado hacia la villa, el Vistani confirmó que iban a entrar, así que indicó que quizá podrían estar interesados en bienes y consumibles de utilidad para sus viajes, para lo cual los Vistani podrían proporcionárselos. Cuando Akon comentó que, cuando saliesen del pueblo, podrían buscar los servicios de Andony, éste indicó que olvidaba añadir que sus servicios incluían permitir un paso seguro por la villa. Hace poco hubo un altercado en el lugar, lo que lo convirtió en inseguro, por lo que se les encargó la seguridad de la zona, para lo que cobraban un impuesto.
Ygrein, ante estas palabras, lanzaba una feroz mirada al hombre, cada vez más intensa.
Akon contestó que no era la primera vez que pasaba de forma segura por el poblado, ni sería la última, y ponerse en medio de uno de los caminos de acceso no haría que el Tiflin (camuflado mágicamente como humano) pagase nada a nadie, pues no necesitaba ninguna protección para moverse por la aldea de Uarowia.
Mientras el Vistani comentaba que podría sufrir un accidente en el tránsito, de pronto reaccionó con cierta rudeza a la mirada de Ygrein, preguntando nervioso por el motivo de la misma.
El brujo comentó que si el Vistani seguía diciendo esas estupideces, el accidente lo tendría él.
"Efectivamente", reafirmó Ygrein tras Akon, añadiendo que su dios protegía su camino y sus pasos, y elevaría su martillo si volviese a escucharse una amenaza.
Aunque el hombre trataba de paliar sus palabras de forma melosa, Ygrein recurría a desarrollar el asunto del "accidente" como una medida de persuasión dura para hacer pagar, y así no sufrir cosas como "caerse sobre la punta de una daga de un resbalón en numerosas ocasiones".
Asombrado por tales palabras, Andony negaba que hubiese hecho tales insinuaciones, y sólo estaba preocupado porque podrían ser atacados por maleantes en el camino...
..."como ustedes", finalizaba la sacerdotisa, palabras que ofendieron al hombre, intentando desviar dichas insinuaciones, comentando que sólo estaban allí para mantener la seguridad del lugar.
Analizando la situación por un momento, la clériga y el brujo creen entender que, posiblemente, "alguien" había puesto como vigilancia a los Vistani en este lugar, pero lo que pretendían era una clara extorsión ("si no pagas, puede que en algún momento 'cobres'").
En concreto, Ygrein sospecha de dichas intenciones, pero Akon las tenía completamente claras.
El brujo, molesto por las amenazas, indicó que si los "vigilantes" no se apartaban, les metería sus palabras por donde más les doliese.
Andony, observando a ambos aventureros de hito en hito, trató de rebajar el tono comentando que sólo se trataba de un impuesto para pagar sus servicios de vigilancia, y nada más allá de aquella intención.
Cuando Andony confirmó que los aventureros no pagarían, Akon se reafirmó en sus palabras, añadiendo que a los Vistani debía pagarles quien los había contratado, no ellos.
"¡¿Crees que necesitamos protección?!", grita enojada Ygrein, convocando una explosión de fuego sagrado junto a un sobresaltado Vistani cerca de su líder, provocando que no solo él se asuste, sino también los otros tres compañeros.
Akon, al mismo tiempo, abre su mano, lanzando dos ondas de energía que destrozan unas rocas al otro lado de los Vistani, provocando un nuevo sobresalto abrumador. "¿Crees que necesito tu penosa vigilancia?", comenta lánguido el brujo.
"Si queréis, sacamos las armas y comenzamos algo serio", acompaña Ygrein con una amenaza velada.
Preocupado, el líder Vistani calma los ánimos, comentando que sólo son unos mandados, decidiendo marcharse de allí. Akon se dirige a su nuca, concluyendo que espera no volver a verlos, observando como los matones se pierden corriendo entre las casas.
A pesar de su marcha, Akon sospecha que la forma de largarse y sus miradas por encima del hombro podrían traer problemas en un futuro cercano.
Por su parte, Ygrein es consciente de que se han creado nuevos enemigos a los que verán sin duda muy pronto.
A pesar de ello, el brujo y la clériga se alegran de ello, porque eso implica que se desfogarán combatiendo con un grupo de estúpidos, lo cual complacerá a Dekaeler.

Antes de continuar el camino, Akon vuelve a recordar a Ygrein que necesita solucionar un asunto a su manera, y la sacerdotisa responde que, siempre que sea justo, no interferirá.
La expresión del Tiflin ante la mirada escrutadora de la humana daba a entender que aquel caso traería cola... aunque no en ese momento.

Apartando al muchacho para poder hablar con sinceridad, el brujo comentó entre dientes "quizá sea una justicia poética", tratando de justificar sus deseos de castigo, pensando para sí mismo que los padres que enviaban a niños a ser "horneados"... también acabarían "al horno de leña" en sus casas.
Ya que Ygrein escudriñaba a Akon con molesto interés, éste decidió contarle sus intenciones de entregar a Lucian Jarov al cuidado y auspicio del Padre Donavic, al tiempo que él se encargaría de castigar a los padres del niño por su villanía, después de explicarle lo que ocurrió con Morgantha, el descubrimiento de que ésta fabricaba pasteles con huesos de niños, y comerciaba con niños para vender pasteles alucinatorios a sus padres, que experimentaban unas horas de felicidad más allá de sus tristes y míseras vidas.
Después de unos segundos de incómodo silencio, las palabras de Ygrein fueron claras y de tono plano:

"Habrá que hablar con esos padres, y que nos den explicaciones".
(En esta conversación, las intenciones de Akon eran claras, aunque Ygrein las tomaba desde un punto de vista 'literal' de hablar y castigar a los padres... pero no matarlos)

Terminando la conversación, y girándose para continuar al interior de Uarowia, en la distancia comenzaron a escucharse un repiqueteo de cascos de caballo y el eco del relinchar de un caballo a lo lejos.
Curiosamente, el sonido no parece provenir de ningún lugar, como los aventureros atestiguan al mirar por todas partes.
Tras unos instantes de sonido acercándose, Akon e Ygrein se percatan de que, por el sonido, un caballo y un jinete vienen desde el camino por el que ellos se habían acercado a la villa.
Sin perder atención a quien pudiera llegar, Akon contacta mentalmente con su Familiar 'Judge', y le pide que siga a los Vistani y le informe a la vuelta de lo que hacen a groso modo, sobre todo si parece que van a tramar algo. Cumpliendo las órdenes, la sombra de una pequeña criatura alada se desplaza entre los tejados, a la que Ygrein observa de reojo antes de seguir con su atención al sonido y el camino.
Pendientes de ello, los aventureros indican a Lucian que se quede rezagado junto a un edificio a varios pasos tras ellos, cuando los aledaños del camino empiezan a expulsar una bruma espesa desde la densidad del bosque, la cual crece, hasta que disparado a través de ella surge un jinete cabalgando a toda velocidad, rompiendo la nube, cabalgando en dirección a Uarowia por el Viejo Camino de Svalic.
El jinete lleva un viejo fanal encendido cuya luz parpadea contra la luminosidad del día, agitándose. La figura está cubierta por una capa con capucha que esconde sus rasgos, cubierta por una armadura, y su caballo, de aspecto bastante demacrado, también lleva un tabardo protector de malla, como el de su jinete.
Al llegar a unos 50 metros de los compañeros, el jinete se detiene bruscamente, encabritando al caballo que se alza sobre sus cuartos traseros, y cuando el animal relincha, Akon e Ygrein se percatan de que, tanto el jinete como el caballo son esqueletos con apenas jirones de piel sobre los huesos.
Los ojos del caballo poseen una luz fantasmal, y la armadura de ambos está descolorida y ligeramente oxidada.
El jinete observa con sus cuencas resplandecientes al brujo y la clériga, mostrando ahora un escudo de armas en un tabardo hecho jirones sobre el peto de malla con la forma de un ala 'reptiliana' y la cabeza de un 'lagarto' (tal y como los percibe Ygrein). Akon es consciente de que la imagen es del perfil de un dragón. Al verlo, el brujo recuerda que en este reino antiguamente poseía una orden de caballeros que servían a un dragón, lo que hace dudar al Tiflin de si es un nomuerto alzado de esa orden... u otra cosa.
Ygrein, enfurecida al ver a un nomuerto, toma las armas, y en nombre de Dekaeler vocifera que todas las criaturas deben ser expulsadas mientras avanza contra la aparición.
Pero Akon, más prudente, trata de retenerlo, pues desconoce qué intenciones posee la criatura, que sólo observa a los aventureros, mientras su caballo piafa, rasca con los cascos y se mueve nervioso.
Al ver que no hay una intención inicial al combate, el Tiflin decide acercarse... acompañado de Ygrein con el martillo firmemente sujeto en una mano y su escudo protector en la otra, rezando.
Viendo que la criatura no inicia combate, Akon llega hasta una distancia prudencial desde la que cree que la criatura podría escucharlo, y se detiene allí para hablar.
Saludando al ser, solicita saber su origen y el motivo de haberse alzado de la tumba.
El esqueleto observa a ambos aventureros, respondiendo a la actitud hostil de la sacerdotisa desenvainando silenciosamente una fea y oxidada espada señalando a Ygrein, mientras su caballo cocea al aire. La clériga se alegra de que un ser maligno la rete a duelo singular, aprestándose a una posición marcial más ofensiva, a lo que el esqueleto niega con la cabeza.
Akon solicita a su compañera cesar acciones hostiles hasta saber qué ocurre en realidad, ya que su condición de devota es una amenaza al nomuerto. La mujer humana, resoplando, apoya la cabeza de su arma en el suelo, y colocando su escudo ante el arma en descanso, una mano sujetando cada arma y protección en pie. "Si el ser da un paso más... habrá lucha".
"Trataré de que no suceda", responde el brujo.
Dirigiendose al monstruo en dracónico, Akon vuelve a saludar y a preguntar lo mismo.
Ante esas palabras, el jinete envaina su espada y comienza a gesticular, tratando de explicar algo.
Akon no entiende ni jota, aunque Ygrein cree entender que, a pesar de su forma de expresarse (señalandose a él, su caballo, al camino, interpretando movimientos como de cabalgar, abarcando con otros gestos el entorno...), intenta encontrar un destino para... ¿'salir'?... y no lo encuentra.
La mujer intenta traducir a Akon lo entendido, reafirmándose en que no le permitirá entrar a Uarowia por su condición impía, y si lo hace será destruido.
Confuso, Akon toma de sus pertenencias pluma, tinta y varios papiros.
Cuando se acerca a entregarlos a la criatura, Ygrein le recuerda que sólo un loco trataría acercarse y dialogar de esa forma con una criatura como esa, pero ella no lo retendrá de sus intenciones, aunque se mantiene firme en su decisión protectora de la villa.

A lo lejos, Lucian, bastante asustado (pero, por suerte, no reconociendo los rasgos del monstruo), se mantiene a distancia y a la espera, al abrigo de la pared de una casa.

El jinete, a pesar de su naturaleza, se acerca, mira los instrumentos, y los coge, y demuestra que sabe utilizarlos con una caligrafía impecable, al tiempo que Akon pregunta una vez más.
La criatura escribe:
'Soy Sir Meriath de Argynvost, siervo de Argynvost'.
Cuando Akon lee aquellas palabras, recuerda la visión en la pira funeraria del burgomaestre de Uarowia y el sonido de aquel nombre en el viento con la voz de un dragón, además de que aquel nombre rememoraba a una orden de caballeros que servían a un dragón plateado en esta región, quienes lucharon contra el señor de las tierras y fueron derrotados.
'El diablo de la tierra me ha sacado de mi letargo'.
Akon pregunta si el nomuerto es consciente de su situación, a lo que el esqueleto escribe que sabe perfectamente que está maldito. Ante la pregunta del brujo sobre qué busca, la criatura contesta 'escapar de aquí'. Akon le confiesa que eso es difícil. El ser contesta que aún sigue buscando, a pesar de que le restan las fuerzas porque su esperanza se debilita. Cuando el Tiflin pregunta si estuvo antes aquí y ha vuelto al mismo lugar, el esqueleto responde que no, pues hace tiempo que fue atacado por unos bandidos que destruyeron su forma física, aunque volvió a recuperarla... aunque aún no ha podido escapar.

Cuando Akon pregunta si hay algo que lo ate a este mundo, vuelve a responder:
'El diablo de la tierra'.
Ante la petición de Akon de ser más específico, la criatura añade:
'Strahd. Si Strahd no es derrotado, jamás encontraré mi descanso'.
"Te hablaré claro", hilvana Akon a las palabras del nomuerto.
"Un grupo de compañeros y yo estamos aquí con la intención de eliminar a Strahd. Así que te preguntaré ésto sólo una vez: ¿puedo considerarte un aliado o un enemigo?"
'Mientras no luches contra mí, no seré tu enemigo', responde.
'Si conseguís derrotar a Strahd... seremos libres'.
"¿Te unirías a nosotros?", continua el brujo.
'No puedo hablar por el líder de mi orden. Sin embargo, Lord Vladimir Horngaard podría responder con más claridad a tu solicitud. Yo sólo soy un siervo. Él es nuestro señor'.
"He de decirte que, hasta que no te has mostrado, tu orden y tú erais una leyenda".
Ante tales palabras, el esqueleto da muestras gestuales de sentirse algo ofendido por tales palabras.
"No te ofusques", continúa Akon. "El tiempo y espacio en esta tierra están alterados, y quizá aquí hace eones que desaparecisteis del mundo".
'¿No estamos en Voldor?', pregunta confuso el caballero.
"Sí... y no".
'¿Eso qué significa?', responde algo molesto. Ante el cambio de actitud, Ygrein se encuentra atenta a cualquier hostilidad, para responder con contundencia mediante su poder sagrado o la fuerza de su brazo.
"No se preocupe por ello, Lord Meriath. No se ofusque con ello. Me gustaría saber, no obstante, cómo contactar con su líder", trata de apaciguar Akon a la criatura.
Ésta, al cambiar la dirección de la conversación, responde que la única posibilidad es viajar hacia el oeste y llegar hasta el Alcázar de Argynvost, donde Lord Vladimir podría atender a los aventureros.
Akon comenta que los viajeros tienen asuntos que atender en Uarowia, y tras hacerlo, se reunirán fuera de la villa con el caballero -pues no es aconsejable que entre-, y le acompañarán a buscar a su Orden, pues el brujo está interesado en la información a compartir con su líder y hermanos de armas.
El caballero comenta que, desgraciadamente, no puede esperar, pues una vez que abandone la presencia de los viajeros, está obligado a seguir su camino. Aún así, sus interlocutores ya saben dónde dirigirse. Sólo hay que seguir el Viejo Camino de Svalic dirección oeste, y torcer hacia el sur en el cruce pasado Vallaki y el río Luna.
Antes de que el caballero se marche, y teniendo presente que Strahd fue un Peregrino antes de una criatura de la oscuridad, Akon de pronto siente la curiosidad de preguntar al monstruo que qué sabe de él como Peregrino.
El nomuerto responde que, en el tiempo en que era un ser vivo, el linaje Peregrino de Strahd fue de grandes señores y tiranos. Un linaje de Peregrinos que vivió en esa tierra, y un linaje de Peregrinos que la corrompió, hasta el punto de convertirla en lo que es hoy día.
Por la ambición de uno de ellos y la traición de otro, quienes pueblan la tierra allí se ven abocados a esa situación. Sólo el poderoso Andral (actualmente, la iglesia de Ahuraz, Dios del Sol) fue capaz de encerrarlo en este lugar. Estas tierras son lo que son, el Valle de Uarowia, al igual que la Villa de Uarowia.
"A pesar de las circunstancias, espero que volvamos a vernos pronto y aunemos esfuerzos contra el demonio de estas tierras", concluye el brujo a modo de despedida.
'Espero que mi alma descanse en paz tarde o temprano', responde Sir Meriath.
Y, en todo este tiempo, la sacerdotisa observa el intercambio de información mediante palabras y escritura, meditando qué ocurriría si le devolviese la vida, pues la criatura dispone de algo parecido a un 'alma' y a un cuerpo. Pero, su comportamiento educado y cordial no tiene sentido con los conocimientos sobre nomuertos que Ygrein había recibido hasta ese instante. La curiosidad hace que, en todo el intercambio, la sacerdotisa se acerque poco a poco hasta Akon y el nomuerto, momento en que, a lo lejos, se escucha la temerosa voz de Lucian preguntando cuándo se marcharán a casa, que llevan mucho tiempo allí. Con una absoluta falta de tacto, la sacerdotisa comenta al niño que siga jugando -a lo que éste la mira incrédulo comentando que tiene miedo de estar solo con sus acompañantes lejos de él-, para continuar su observación.
Al acercarse, la presencia sagrada de la mujer capta bruscamente la atención del caballero nomuerto, que deja de escribir, mirándola. Akon entonces es consciente de la presencia de Ygrein.
"Ya que llevas tanto tiempo con 'esto'", comenta la clériga al brujo, "tenemos dos opciones: si es muy interesante lo que hacen, o es expulsado o revivido".
Akon previene de actitudes hostiles a su compañera debido a que la criatura no es un nomuerto común, para lo que presenta al monstruo a la mujer de forma correcta. Ante la extrañeza de la sacerdotisa sobre por qué la criatura no descansa en su tumba, el brujo la pone en antecedentes sobre el control que en esta tierra y sobre la misma hay por parte de un poderoso ente llamado Strahd: un vampiro, quien entrelaza su historia con la del caballero y su orden, provocando el levantarlos de su letargo. Al escuchar esas palabras, Ygrein se pregunta por qué el pueblo no se ha lanzado para derrocar a ese tal Strahd, a lo que Akon comenta que, cuando observe a los habitantes de la región, se dará cuenta de su falta de voluntad de vivir o existir, provocada por el dominio absoluto en tiranía de Strahd sobre esta región.
De hecho, ese poder se sustenta también en los hechos que se suceden a medianoche en la iglesia de Andral en Uarowia con respecto a los fantasmas de aventureros y héroes ya muertos que trataron de enfrentarse a Strahd al saber de su tiranía, guiados por un poderoso mago- y ahora forman parte de su maldición, recreando su asalto y derrota a través de un espectáculo fantasmagórico.
Ygrein toma en consideración la leyenda que Akon le cuenta, sopesando que Strahd debe ser realmente poderoso... y un vampiro.
Informando finalmente que el caballero continuará su viaje -a lo que Ygrein recuerda que espera que rodee la villa, en vez de entrar en ella... y que se vaya CUANTO ANTES-, para seguir su búsqueda, ambos viajeros se retiran de presencia del nomuerto despidiéndose (recordando una vez más Akon a Sir Meriath que espera unir fuerzas contra Strahd si vuelven a encontrarse), comentando Akon a Ygrein que la orden de caballería era enemiga de Strahd desde antes de su caída... y tras la misma... lo odia.
Sir Meriath, por su parte, entrega el material de escritura a su dueño, haciendo una reverencia a ambos, monta en su caballo, el cual relincha y se encabrita, y en lugar de atravesar el pueblo, comienza a rodearlo.
Conforme se aleja, una espesa bruma lo envuelve, y cuando ésta se deshace en jirones, la criatura se ha desvanecido con ella.

De camino a la iglesia de Andral gobernada por Donavic para dejar a Lucian antes de "ajusticiar" a sus padres, Ygrein observa por primera vez el aspecto desolador de la villa de Uarowia, en la que hay casas deshabitadas, ambiente decaído, personas cabizbajas y huidizas, y hogares en los que, cuando los aventureros pasan cerca, los postigos de las ventanas son cerrados con malos modos o temor, sin vigilancia alguna en las calles.

Ya en la iglesia, Donavic, a pesar de haber perdido a su hijo vampírico a manos de los aventureros, oficia cánticos sagrados. Desde la puerta, los viajeros observan que, junto a Donavic y sus rezos, tres personas (una mujer mayor, un muchacho con cierto parentesco con la mujer, y un hombre de la edad de Akon, todos con expresión triste, aunque su mutua presencia transmite entre sí cierta calidez, como si se arropasen unos a otros) se encuentran con él, acompañándolo en los oficios eclesiásticos, además de ayudarle a reparar la iglesia, utilizando la madera útil de los bancos de rezo rotos para reparar otras cosas, dejando espacio a los pocos bancos que quedaban enteros, aunque el sacerdote mantiene su expresión triste y compungida. A pesar de que hay menos mobiliario (el que estaba en mal estado ha sido retirado), las piezas útiles del mismo están reutilizándose para las reparaciones.
En la sangre y el alma de Akon, a pesar de la tristeza vigente, percibe que la santidad de este lugar ha crecido.

Ante la observación de Ygrein sobre la tristeza de la modesta iglesia, Akon asevera que ha pasado por malos momentos, como que el hijo de Donavic fue convertido en vampiro y los aventureros tuvieron que ejecutarlo, ya que el sacerdote era incapaz.

Al percatarse de los recién llegados, Akon saluda al padre Donavic, quien le devuelve un piadoso saludo, así como a Ygrein y al muchacho que los acompaña. Donavic comenta que, desde la marcha de los aventureros, se encontraba desolado y roto en su fe, pero gracias a que los feligreses que ahora le acompañan, y que llegaron poco después hasta él, además de las palabras del hermano Bukko, Donavic no podía desfallecer en su fe para proteger a su congregación del mal de estas tierras. La llegada de La Espada del Sol fue una señal, a pesar del dolor en su alma, para decir que no todo estaba perdido.
A pesar de la pérdida de su hijo, Donavic tenía que hacer las paces con su pasado y enfrentarse al futuro con la devoción y el calor entregado por Andral.
Akon entonces preguntó a Donavic si creía en las segundas oportunidades.
Éste confesó que era muy reticente a ello, aunque Andral enseñaba que la redención siempre estaba a la vuelta de la esquina, por muy oscura que fuese la noche. Por tanto, como siervo de Andral, debía creer en ellas.

En ese momento, el brujo llamó a Lucian a su lado, provocando una mirada de extrañeza en Donavic, quien pregunta a Lucian Jarov qué le trae por la iglesia, y si sus padres saben que está allí.
Entonces, Akon continúa por el hilo de su pregunta, comentando que, tanto para el padre Donavic como para Lucian Jarov, el encontrarse aquí sea una segunda oportunidad, pues el padre Donavic se hará cargo de él, y el niño Lucian se apoyará en el sacerdote.
Cuando Donavic pregunta por los padres, el Tiflin (camuflado mágicamente como humano, como siempre) comenta que sus padres ya no están en condiciones de hacerse cargo de él. Los detalles del periplo del muchacho vendrán más adelante. El brujo recomienda no forzar al muchacho a contar lo sucedido, y que el joven se acostumbre a hablar de ello poco a poco.
Por ahora, necesita cariño y protección. Y en esos momentos, el padre Donavic, por su parte, necesita a alguien a quien querer y proteger, por lo que Akon cree que ambos se necesitan mutuamente.

Los acompañantes de Donavic quedan muy conmovidos por las palabras de Akon. Donavic mira a Lucian y a Akon, y una lágrima aflora a sus ojos. Confiesa que no creía ni en los grandes ni pequeños milagros de Andral en ese mundo, pero si lo que el brujo contaba era cierto, Lucian será bienvenido al seno de Andral, donde será cuidado, criado y protegido mientras aquel bastión de fe y su propia convicción sigan en pie.
Akon recomienda a Lucian ir con Donavic, quien lo cuidará y cobijará.
Al preguntar por sus padres, Akon le responde que ya sabe que no puede volver con ellos.
Por su parte, Donavic acoge al muchacho, y le permite entrar a la iglesia y acompañar a la diminuta congregación.
Akon recomienda a Lucian que olvide su pasado, y se centre en las nuevas personas que llegan a su vida, para que sea feliz con ellas.

Ygrein observa con estupor todo lo sucedido.

Donavic, observando al pequeño y a Akon, se pregunta en voz alta que si el muchacho está allí, sus padres habrán cometido un terrible pecado...
...por el que Akon asegura que pagarán.
Preocupado, Donavic desea saber qué hará el brujo al respecto.
Tratando de desviar el tema, Akon pregunta si el padre conoce de una extraña vendedora de pasteles en la ciudad...
...e Ygrein añade que, si en las fechas de su aparición, desaparecieron niños.
Donavic comenta que tiene constancia de que, si bien hay pocos niños en la villa, en la última semana desaparecieron 3, entre ellos Lucian, además de un niño y una niña. No sólo eso. Por las habladurías de los Uarowianos, hay una mujer que vende pasteles.
Cuando Ygrein comenta si sabe quienes son los padres de los otros niños desaparecidos... para esclarecer el asunto... (ALARMA, ALARMA), Donavic comenta dónde viven los padres de Frik (una familia) y de Mirtle (otra).
Donavic responde a Akon sobre desapariciones de niños que sólo han desaparecido esos en las últimas tres semanas, aunque anteriormente (según petición del brujo) no lo tiene muy claro, pues Donavic respeta que algunos de los padres de la villa se ocupan personalmente de los sepelios de los niños que mueren, y no cargan al sacerdote con tal tarea, por sentirse cohibidos ante tales muertes.
Akon, llevado por un repentino deseo no verbalizado de comprobar si hay restos de niños en las tumbas que esos padres hicieron, es aferrado en el hombro por Ygrein, que le prohíbe profanar ninguna tumba para comprobarlo.
Donavic comenta que las tumbas de esos niños sólo tienen cenizas. Akon solicita saber quienes son los padres de esos niños, y el sacerdote comenta que no puede decirlo, porque los registros de la iglesia, mientras él se encontraba en su estado de enajenación y tristeza, quedaron destruidos por el descuido.
Cuando Akon empieza a desvariar en privado con Ygrein sobre utilizar su disfraz mágico para hacerse pasar por la anciana pastelera para hacer salir a los clientes con el reclamo, Ygrein por un momento imagina una escena en la que toda la villa se encuentra en llamas...
...y decide cortar por lo sano pidiendo al brujo que, en primer lugar, hablen con los padres que conocen... y luego ya se verá como sigue la cosa.
Llevándose al brujo prácticamente a rastras de la iglesia y despidiéndose cordialmente de Donavic, Lucian y los congregados, Ygrein trata de alejarlo de sus deseos inquisitoriales, aunque su compañero no parece muy convencido.

Al encontrar a los patéticos padres de Lucian, éstos se muestran aún más decaídos al ser conscientes de que habían perdido a su hijo. Ygrein los interroga sobre la (falsa) desaparición que los padres explican, habiendo puesto a las autoridades (mentira) en conocimiento, y tras recibir esas explicaciones, la sacerdotisa les explica que sabe que habían vendido al niño a una bruja, momento en que los padres se derrumban y suplican perdón, cuando la sacerdotisa pregunta qué castigo creen que merecen. Ygrein, por supuesto, les dice que no deben pedir perdón a ella. Los padres tratan de negociar pidiendo que les devuelvan a su hijo, a quienes juran acoger y cuidar como debían haberlo hecho antes, porque sienten que la culpa los aplasta y lloran su pérdida desde que fueron conscientes de que lo habían entregado por un alivio superfluo y efímero.
Entonces, Akon solicita quedar a solas con ellos, para expiar sus culpas con un justo castigo: el mismo que Lucian iba a tener... las llamas.
El fuego que cocería los huesos del niño para fabricar nuevos pasteles.
Akon, ante las reticencias de Ygrein -quien desea establecer un castigo público-, le explica que las únicas autoridades quizá más comprometidas con la población son los dos hijos del burgomaestre fallecido que ahora no se encuentran en la villa, y cualesquiera guardias que la población pudiese tener, o siempre están ausentes, o si no lo estuviesen, parecen desentenderse por completo de la seguridad del pueblo.
Ante tales palabras, la sacerdotisa pone de rodillas a ambos pecadores, les da la extremaunción, esperando que expíen todos sus pecados, pues se reunirán pronto con Dekaeler y después al lugar que les corresponde si han tenido una vida pía... o en caso contrario, que acepten viajar al sufrimiento eterno.
Acto seguido, Ygrein se marcha de la casa de los padres, y en su interior queda Akon, quien adopta su verdadero aspecto demoníaco...
...y desde el exterior sólo se observan gritos de terror y dolor, junto con llamas que iluminan las paredes a través de las ventanas.

Al alejarse del lugar, la casa se va consumiendo poco a poco por las llamas.

El mismo destino corren los padres de Frik, y los padres de Mirtle, junto con sus hogares, en una "Noche de las Hogueras".

En la ruta del castigo, Akon se pasea con el aspecto de Morgantha (para tratar de descubrir a otras víctimas de sus tentaciones), y al hacerlo, ambos viajeros son conscientes de que, en ese trayecto, al menos dos familias, desde las ventanas de sus casas, la observan con una mezcla de culpabilidad y aprehensión. De dichas familias, y con el informe de Donavic, los aventureros cuadran que una de ellas hace tres meses, y otra algo más de medio año, "perdieron" a sus hijos y los cremaron ellas mismas.
Por ello, los aventureros realizan el mismo procedimiento, haciéndolas confesar que, efectivamente, habían vendido a sus hijos por pasteles.
Con toda probabilidad, todos los niños están muertos (SPOILER: aunque puede comprobarse que Frik y Mirtle fueron rescatados por el resto del grupo).

Cuando la noche empieza a romper sobre la villa, cinco hogueras arden, a pesar del frío y húmedo clima del lugar.
En el momento en que la última casa está siendo devorada por las llamas, la villa rompe en actividad.
La gente y algunos de los milicianos, en lugar de ver qué ha ocurrido con las casas, huyen hacia la plaza central y se reunen en la Posada de la Sangre del Vino, en estado de pánico.
Algunas voces exclaman que el demonio Strahd ha venido para castigar a alguien por alguna ofensa... y algunas personas huyen hacia la iglesia.
Tras pensar en cual es el siguiente paso que ambos aventureros seguirán para desenmascarar a todos los ciudadanos corruptos de Uarowia, entre las llamas de la última casa, de pronto se forma una silueta demoníaca en ellas, que mira en dirección de los aliados.
Aunque Ygrein reza para alejar el mal, la silueta se ríe y señala a Akon.
Una voz antinatural exclama "Hijo mío... te dí la bienvenida a mi hogar... y ahora encuentro que tu llegada ha sido mi bendición. Gracias por purgar este lugar y enviar las almas a su castigo. Eres... MI DIGNO DESCENDIENTE..."
Las risas tras las últimas palabras se vuelven más potentes y malévolas, tras lo cual la forma se funde con las llamas, y desaparece.
Con un gesto molesto, Akon siente la bofetada emocional de su ancestro como una burla cruel ante sus intenciones, a pesar de que Ygrein le confiesa que está claro el que esas almas recibirán su justo castigo (aunque en el fondo siente que a esas almas se les ha impuesto un castigo sin posibilidad de redención, lo cual remuerde su conciencia).
Sin embargo el brujo se siente incómodo, indicando que cuantas más almas alimenten los infiernos, más poder tendrán sus habitantes, y eso no es bueno para el equilibrio de poder, así que ahora los esfuerzos del brujo están manchados del amargor del remordimiento.

Progresivamente, Akon se encuentra cada vez más furioso.
Ygrein ahora no tiene muy claro si la justicia es tal, o si forma parte de un complejo ritual infernal del que la sacerdotisa ha sido testigo involuntaria.
Empuñando con fuerza su maza, la clériga comenta que no siente una verdadera justicia en sus actos, y como tal, necesita hacer verdadera justicia, expulsando a los maleantes que extorsionan al pueblo. Akon le debe eso, porque la ha traído hasta estos hogares para hacer justicia, pero en su lugar ha habido ejecuciones, para las que un demonio ha agradecido a Akon sus acciones.
Akon, molesto, comenta que Ygrein lo siguió porque quiso, pues él dijo en un principio que se iba a ocupar solo de ese asunto.
(Pensamiento de Ygrein: "claro... para no tener testigos")
No sólo eso. En asuntos de familia, la mujer no pinta nada.
(Pensamiento de Ygrein: "¿Cómo?")
Decidiendo apartar de momento ese asunto de la cabeza, la sacerdotisa decide pensar en la forma de hallar a los maleantes.
Akon sabe que controlaban la posada.
Entonces, "Judge" vuelve a su amo, y le comenta que hay dos grupos de bandoleros en la villa. Uno en la Posada, acogiendo a gente, y otro apostado en la antigua casa de los Burgomaestres.
(Donde Strahd poseyó mentalmente a Akon por unos instantes a través de su anterior siervo y quiso utilizarle)
Con la información recopilada por el familiar de Akon, el brujo se dirige a Ygrein, y con las manos en jarras le dice: "lo dejo en tus manos".

Sopesando que en la iglesia quienes se refugien allí podrían estar a salvo, y habría que salvar a los pobres extorsionados de la posada, la sierva de Dekaeler cree que es necesario llevar la batalla hasta ese lugar, aunque haya daños colaterales. Al fin y al cabo, quienes deseen ponerse bajo el auspicio de unos maleantes no han decidido sabiamente qué brazo los protegerá.
Pensando en un plan adicional, Akon considera que podrían acercarse usando el disfraz de Morgantha para, de paso, revelar a quienes se encuentren corrompidos por la influencia de la bruja.

Así, con el boceto de un plan en la mente, que incluye engañar a los corruptos por los pasteles, exponiéndolos mediante un falso disfraz mágico, para después revelar que "Morgantha" es en realidad quien va a castigar a los culpables, los aventureros ponen rumbo a la posada.

CONTINUARÁ

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