lunes, 9 de septiembre de 2019

DUNGEON WORLD - LA BÚSQUEDA DEL LEGADO DE RAYLIN (II) - Sesión 3 - TIPEJOS... TIPEJOS EVERYWHERE

A través de la decadente ciudad de población menos abundante de lo que se esperaría para el tamaño de tal urbe, los aventureros se percatan de que la ciudad está estratificada en varios niveles ascendentes

(sí, vale... pero NO es Minas Tirith, ¿ok?)

que se dividen en el escalón de los trabajadores -o pueblo llano-, el escalón de las cofradías, el escalón militar, el escalón de la nobleza y la cúspide del gobierno. Caminan a través de una vía principal de lo que da la impresión de ser el área urbana más modesta -el barrio obrero, por así decirlo-, percatándose de que la gente los observa de reojo, en parte con desconfianza, pero también cierta fascinación por lo extraño.

Avon, mesándose el rostro indica, mientras todos avanzan con cierta indecisión, que después de haber gastado unos cuartos en el sargento de guardia para evitar males mayores, aunque se esté pensando en visitar el Alcázar Recio (baluarte de los gobernantes de Nesovia), después podrían echar un vistazo en el templo de los usureros de Egrevius y ver qué se cuece por allí, por si hay alguna relación con lo que está sucediendo con la "mujer planta" o es un simple daño colateral de la penosa ciudad que ahora pisan.

Ratón, abriendo la oreja, asiente ante tal decisión, comentando que habrá mucho dinero esperando. Pendrell, refunfuñando, niega categóricamente que se vaya a hablar de robos, porque probablemente haya que volver más adelante a Nesovia, y eso sería un problema.

Avon comenta que Ratón ya sabe que, posiblemente, esos hijos de malamadre ostenten el poder... y quien ostenta el poder puede hacer con quien le toca las narices un espeto que luego clavar en la plaza mayor de la ciudad como advertencia y escarmiento... "imagina por dónde empieza el espeto, Ratón", dice con una mirada penetrante Avon.

"No me detectarán", exclama seguro Ratón. "Hasta que te detectaron", añade Pendrell, enviando un guiño como recordatorio a las últimas desventuras, silbando después unas notas divertidas, acompañado por la Prestidigitación mágica del mago que emula un redoble corto de tambor, con unos platillos de colofón.

"En CimientoFirme... no te detectaron, ¿verdad?", dice Avon.
"Eso fue culpa de la ventana", contesta Ratón encogiéndose de hombros.
"Y cuando te cortaste con el estuche del pergamino y casi te vuelves loco...", continúa el mago.
"Eso fue culpa del gusano", responde con una sonrisa el ladrón.
"Siembre es culpa de alguien menos tuya, ¿verdad?", añade el bardo.
"Todos son responsables de algo, menos tú, ¿no?", observa con las cejas fruncidas Avon.
"Soy transparente. Si es culpa mía también lo es de alguien", trata de excusarse Ratón.
"Eso no es exactamente así, Ratón. Tu culpa es tuya", alecciona Pendrell.
"Lo único que te excusaría al decir eso -y no digo que sea excusa-, es que te apellidases 'Alguien', a la hora de confesar que la culpa 'es de Alguien'", razona con sarcasmo Avon.
Haciendo un mohín, Ratón se acerca a Pendrell para solicitar su ayuda sónica para poder curar su costado, magullado tras el último rifirrafe.
Pendrell, como observación, le responde que eso ocurre por meterse en peleas con quien no debe.
Avon, con un suspiro, se dirige al ladrón, explicándole la relación directa entre importunar a un guardia y recibir un vapuleo, con la consiguiente herida -como la que Ratón ahora sufre-... o incluso acabar con sus huesos en el calabozo, pero Ratón no parece hacer mucho caso a las palabras del mago, excusándose en que él no pretendía entrar en la pelea, sino sólo ayudar a sus compañeros.
El mago concluye en que espera que Ratón entienda la relación entre causa y consecuencia, como una forma en que el mundo funciona, sobre todo porque le va en la integridad física y la salud aprender esa lección, a lo que el ladrón asiente, con apariencia de comprender... no demasiado convencido (por los hechos que se verán después).

Tosiendo y esperando la ayuda de Pendrell, el grupo se detiene en mitad de la calle, y el bardo comienza a cantar una melodía sanadora de extrañas palabras.
Durante la interpretación de Pendrell, Frael observa a unos soldados, a los que se acerca para consultarles sobre la presencia de alguna armería. Cuando lo hace, el soldado observa al bárbaro, y le inquiere si hace un rato no ha sido él quien ha levantado en volandas por el cuello a un compañero vigilante. Cuando Frael se encoge de hombros ante la pregunta, tratando de desviar la atención indicando que habrá más elfos en la ciudad, el guardia comenta que, por supuesto, todos los elfos que visitan la ciudad tienen ese aspecto fiero y esos tatuajes por el cuerpo. Así, el soldado pide explicaciones sobre lo sucedido, esperando que la explicación sea tan buena como para convencerlo a él igual que al otro soldado.
Frael comenta que, posiblemente no de ninguna explicación al soldado como la que dio a su compañero. Y, de hecho, ya que el grupo va a visitar al gobernador de la ciudad, si el soldado los retrasa puede que se quede sin trabajo, teniendo en cuenta que Frael no tiene que dar explicaciones de quién es él, habida cuenta de que el soldado tampoco sabe quién es.
El soldado responde que, quizá subirse a la parra con un guardia implique una patada en el culo directa a las mazmorras del baluarte de la guardia, así que lo mejor sería que el elfo hablase con más respeto a un agente de la autoridad.
Frael trata de evadir el problema, indicando que tiene el tiempo contado para llegar al Bastión Recio, y que retenerlo puede tener peores consecuencias.
El soldado, cada vez más contrariado, vuelve a pedir explicaciones, a lo que Frael sigue negándose, argumentando una reunión privada.
El soldado enseña la insignia de protector de la ciudad a Frael, lo que le da la autorización para pedir explicaciones y lo que estime necesario para mantener la ley. Eso significa que, con independencia de que, aunque Frael diga lo que le salga de los cojones, responderá a las preguntas que el guardia le haga PORQUE ÉL LO DICE.
Frael argumenta que está en derecho de no decir la información que sólo compete al gobernador, ya que no tiene por qué revelarla a un mindundi cualquiera como un vigilante raso. El soldado, ya envarado en su posición de autoridad, bastante mosqueado, pide que, en ese caso, Frael lo convenza en firme sobre sus razones, lo cual el bárbaro se niega a hacer, por los motivos que argumenta una y otra vez, volviendo a la amenaza de que un retraso en su llegada será progresivamente más perjudicial para el vigilante.

Mientras Frael sigue en sus trece, el tipo silba mirando hacia una calle, desde la cual se acercan a lo lejos tres vigilantes más que han escuchado el aviso.

Pendrell, interrumpido en la interpretación, se acerca junto a Ratón para ver que sucede, tratando de tranquilizar al guardia sobre el posible malentendido, exponiendo que lo apropiado sería hablar como las personas adultas que todos son.
El vigilante comenta al bardo que indique a su compañero elfo, que si no fuese un salvaje descerebrado, por la pinta que tiene, a lo mejor entendería que la ley está para algo, y no sólo para cachondearse de ella.
"El problema", indica Pendrell, "es que mi compañero lleva una información extremadamente importante, no sólo para el gobernador, sino para todos los habitantes. Y necesitamos que el señor de la ciudad la sepa para poneros a todos sobre aviso, lo cual pone a mi compañero muy nervioso. Además, hemos recorrido un largo camino hasta aquí..."
En ese momento, el vigilante lo interrumpe, indicando que, quizá el compañero del bardo no ha pensado que, de habérsela contado a él en vez de ponerse tan chulo, podría haberle servido de escolta.
"Hay veces que a mi compañero se le va la boca más de lo que otros desearíamos", argumenta Pendrell. "Como te decía, hemos hecho un largo camino desde CimientoFirme, y en la travesía hemos descubierto que hay una especie de chamán que manipula la naturaleza, y nuestro grupo ha tenido que enfrentarse a las cosas que esa criatura ha dejado a nuestro paso, hasta llegar a Nesovia. Por ello, queremos poner sobre aviso a la ciudad, pues una de las amenazas, unas plantas que crecen e invaden todo con rapidez, no parece que dejen de crecer y se dirigen hacia aquí. Nosotros nos hemos encomendado la tarea de detener esa amenaza, pero no antes de informar a la ciudad", termina de explicarse Pendrell, ante la mirada interesada del soldado.

Cuando el bardo concluye su explicación, los hombros del soldado se relajan, y mira al bárbaro.
"Mira Frael", comenta con un tono calmado. "Sois de la misma raza. Deberíais entender lo mismo, en el sentido de que hablando con educación yo os cedería el paso de inmediato sin molestaros.
¿Por qué? Porque tu compañero se expresa y explica de forma comedida, sin levantar la voz, y sin exponerse a problemas con la autoridad..."
"Él es él, y yo soy yo", refunfuña Frael mientras tanto.
"...entonces, Frael, cuando tú sigas siendo tú, acabarás tarde o temprano en una celda de por vida. Podéis seguir vuestro camino", concluye el vigilante con un gesto, deteniendo el avance de sus compañeros.
Ratón, por su parte, se acerca a la conversación sujetándose el costado con gesto dolorido, a lo que el soldado, sorprendido, y ante la observación de que haría bien en visitar a un curandero, lo orienta hacia uno en el barrio de los gremiales, donde podría acceder a un sanador, un cirujano o un médico para que le echasen un ojo.
"Pues sí. Estaría bien visitar un lugar de gente con estudios", comenta Ratón, mirando de reojo a Avon. Éste, con su intensa mirada, responde "sí... y también estaría bien visitar un lugar con gente hábil y que sepa hacer las cosas en condiciones sin cagarla".
"Yo sé hacer cosas", dice Ratón.
"Ya... MAL, fundamentalmente", responde Avon.
Y así, mientras el ladrón y el mago refunfuñan y discuten, Pendrell aleja a todo el grupo de allí para evitar males mayores, dejando atrás a un extrañado grupo de vigilantes de Nesovia.
"¿Por qué os empeñáis en pelearos con todo el mundo?", clama al cielo el bardo.
Farfullando, Avon se acerca a Ratón para echar un vistazo a su herida, a la vez que Pendrell reanuda su oda curativa.
Ésta, además del efecto vivificante a la fuerza del ladrón que ya había impreso con otra anteriormente (otorgando +1D4 al daño en la próxima ocasión en que realizase un movimiento para causar daño), inunda de confianza a Ratón (otorgándole un bono al movimiento de Ayudar para cuando se utilizase contra él en la próxima ocasión), y unido a todo ello, las vibraciones musicales recomponen poco a poco la salud del fornido torpón, cerrando heridas y devolviendo la vitalidad.
Al mismo tiempo, la gente sonríe al paso de Pendrell, observándolo al pasar, tarareando la melodía. Durante unos instantes, en la sombría y triste ciudad de Nesovia ha aparecido la luz y la sonrisa.

Avon, conforme el grupo sigue su camino, comenta su deseo de una corta visita al gobernante, porque quiere echar un ojo a las arcas de Egrevius, sobre todo porque desconoce cual es la naturaleza de esa diosa, aparte de su nombre.
Entonces, Pendrell, echando mano a su repertorio de 1o de Bardo de la Universidad Bárdica, comienza una suave melodía que relata la aparición de los dioses en el mundo y en la historia.

(En 1o de Bardo, normalmente lo que la gente que quiere ser Bardo, se estudia ésto)

"Los cuentos que se remontan a las primeras enseñanzas de la Universidad Bárdica -en el Libro de Cantos de Pete el Loco, que Pendrell robó de la Biblioteca de Libros Prohibidos de la Universidad Bárdica, por lo que fue castigado a cantar durante una semana completa, en la obertura de las clases, el Himno de la Universidad... la canción más aburrida de la Universidad. Canción que se aprendió a la fuerza tan bien que, a veces cuando se emborracha en una taberna, suele cantarla, dejando a la gente bastante extrañada, aunque suele culminar en una fiesta de borrachos- explican la creación del mundo y cómo los dioses pisaron la tierra. Allí, se explicaba las funciones de los diferentes dioses existentes, además de cómo poblaron el mundo de las criaturas y el poder que ahora se esparce por él".
"Los dioses gobiernan aspectos del mundo concretos o abstractos, pero, al igual que los seres vivos, los seres evolucionan y adquieren poder según las nuevas áreas de influencia y poder que se generan en el mundo. Antes de que el dinero existiese, no había dioses que representaran la riqueza. Pero tras la aparición del comercio, el concepto de la economía hizo que se generasen nuevos cultos en base a dichos conceptos. A raíz de ahí, los distintos aspectos de las divinidades fueron forjándose. Pero al igual que los dioses aparecen cuando evolucionan hacia un nuevo aspecto del mundo y la realidad, también evolucionan con los conflictos. Y al mismo tiempo que hay un dios de la justicia, lo hay de la guerra. Y a la vez que hay un dios de la vida, existe el de la matanza o de la muerte. En este caso concreto, cuando el dinero empezó a generar conflictos, nació Egrevius, la Diosa de la Codicia".
Después de recordar las notas y cánticos de los Dioses, Pendrell medita en que quizá la diosa no sea peligrosa, pero su culto sí, pues posiblemente, a lo largo del tiempo, dicho culto haya promovido guerras, conflictos armados o juicios injustos en su nombre (vaya... de qué me suena eso...). Quizá ni siquiera fuese el nombre de la diosa, pero se le ha dado ese nombre por la actitud del culto que la sigue.

Ratón, muy entretenido en la historia, y siguiendo el curso de pensamiento de sus compañeros, que aún tienen dudas sobre si dirigirse al Bastión Recio o al Templo de Egrevius, propone que quizá deberían ir... a una taberna a dormir.
Pendrell propone que, después de las discusiones en el camino por ir a ver al Gobernador, si el grupo no va, lo mismo podría salir calentito de Nesovia... sobre todo porque más de un guardia podría informar en un tiempo breve de que el grupo viaja para visitar al gobernador con mucha prisa y malos modos... y después de tres días no aparecen... con el consiguiente mosqueo de todos los implicados en la espera, las noticias y las trifulcas.
Ratón, ante tan contundentes argumentos, considera que quizá sea más prudente visitar al gobernador.

Al atravesar los diferentes escalafones de la ciudad en cuanto a estatus social, el grupo observa que, además de en la zona de los comunes donde los comercios son de bienes de primera necesidad -fundamentalmente alimentos-, cuando llega a la zona de los gremios, las patrullas de soldados están muy pendientes de los comercios, entrando en algunos de ellos, y al salir, los dueños de dichos establecimientos se quedan en la puerta observándolos marcharse con el rostro cabizbajo y un gesto de negación en la cabeza, antes de entrar en sus tiendas preocupadas.

Ratón considera que la guardia está "siendo pagada" para la "protección" de los comercios. Pendrell, pensando en voz alta, expresa que seguramente será un poco complicado montar un negocio en la ciudad de la Diosa de la Codicia.
Ratón, ante la observación, da un codazo a Pendrell y le comenta que posiblemente los guardias que se marchan lleven un buen saco de monedas, con una sonrisa vil. Avon, con su mirada inquisitiva, pregunta al ladrón que si puede ver a través de sus ropas. Cuando Ratón niega que eso sea así, Avon le dice que cierre la bocaza y deje de ser un buscalios por un ratito.
Pendrell añade que, en el caso de hacer algo, ¿qué pasaría si los guardias no llevasen nada? Avon concluye la pregunta del bardo haciendo una nueva gala de "Las Lecciones de Cómo Funcionan las Cosas" -Vínculo-, explicando que si el ladrón mete la pata, puede recibir una soberana paliza, como poco. Aunque Ratón trata de excusarse con que aún no ha metido la gamba y sólo ha expresado una idea, Avon se encoge de hombros y le recuerda que se vaya haciendo a la idea de todo lo que le ha comentado.

En un momento de incómodo silencio de su camino hacia la cúspide de la ciudad, los aventureros se percatan de que tres tiendas en diferentes localizaciones (y género) a la vista, con una cantidad de bienes similar a la observada en el escalafón más bajo de Nesovia, de pronto abren sus puertas, surgiendo de ellas los aprendices de los dueños cogiendo el cartel de ofertas y precios, entran en los establecimientos, y en unos minutos vuelven a salir, colocando otros carteles, con precios más elevados de los que había unos momentos antes.

Pendrell, observando la situación, se da cuenta de que, probablemente, la evolución social del lugar tiene mucho que ver con lo que está sucediendo en esos momentos, por lo que quizá sería apropiado encontrar a quien pudiese explicar el por qué de cambios de precios y reducción de bienes en venta.
Ratón, por su parte, es consciente de que, a través de los soldados del culto de Egrevius por las calles, y quizá mediante el Senescal de la Moneda de Egrevius Lord Randolph Cavern, el Culto de Egrevius es quien empieza a dominar este lugar... cada vez más abiertamente.
Sería necesario encontrar información para orientarse en todo este asunto, ya sea entre la población directamente afectada o incluso los mercaderes forzados a un comercio abusivo.

Interesados por la situación, en un vistazo, Ratón y Pendrell se percatan de un grupo de tipos vestidos de negro encapuchados de ropas oscuras, totalmente normales: con ropajes oscuros normales, capuchas normales, capas normales, pantalones oscuros normales, camisas oscuras normales y mangos de armas a un cinto bajo la capa normales... todo absolutamente normal. Parecen encontrarse en un callejón poco iluminado del area de tiendas gremiales, a cierta distancia prudente de la zona de paso principal. Todo muy normal.
Tan normales tan normales como Ratón.
De hecho, tan normales, que la intensidad de sus miradas observando su entorno resulta Anormalmente NORMAL.
Ratón, al verlos, los saluda de lejos efusivamente.
Los tipos, en una reacción normal, se percatan del saludo del ladrón y, uno de ellos lo señala específicamente con un dedo, haciendo un gesto de "ven, ven"
Ratón, mientras se pone en marcha, comenta: "si no vengo, meted fuego a la ciudad. Esperadme un momento". Pendrell se golpea el rostro con la mano y le dice "da la impresión que te van a ostiar. Haz el favor de no ir". Ratón niega con una sonrisa, comentando que, posiblemente, tengan algo interesante para él.

(y, pensando para sí mismo, dice "aunque sea una cuarta de metal... como una ornamentación metálica, en forma de espada afilada, grabada profundamente en mi pecho, algo muy de moda en los círculos más 'selectos'")

Cuando el ladrón se reúne con el grupo, comenta que sus ropajes son muy interesantes, a juego con los de él mismo.
"Sí sí", comenta uno. "Hemos visto que sois nuevos en la ciudad. No tenéis pinta de ciudadanos de Nesovia". Mientras habla, sus seis acompañantes se apiñan mucho entre sí, observando al recién llegado con intensidad... como personas totalmente normales. La mirada de estos tipos es tan profunda que Ratón siente que le pica la nuca, de lo que se clava en él.
"Está claro que sí, soy nuevo en la ciudad", dice Ratón.
"Entonces", continúa con una sonrisa el portavoz, "no estarás enterado de la situación actual del mercado y las últimas novedades en oferta a los clientes potenciales desde haceeee... 10 minutos, ¿no?". Mientras habla, con un gesto señala a uno de sus compinches, que se aparta del resto y extiende una de las alas de su capa. En hábiles arneses bajo dicha prenda, se despliega una interesante colección de virotes y ballestas de mano. La voz alegre del portador comienza a informar: "Alto rendimiento en disparo. Reformas automatizadas para mejorar la cadencia de fuego en situaciones de peligro. Cuerda resistente y suave, hecha de cabello de dama fallecida. Puntería asegurada. Muerte instantánea. ¿Qué le parece? Es una ganga".
"Pero no tengo dinero", responde Ratón.
El hombre, de inmediato, deja de sonreír y mira a su portavoz, confuso, para después observar a sus acompañantes y, tras un instante, comenta "un momento". Acto seguido, todos los hombres normales se reúnen muy de cerca y comienzan a hablar entre susurros.
Ratón, curioso, siente la imperiosa sensación de acercarse al círculo de siete personas encapuchadas y embozadas para escuchar que dicen, cuya táctica es apretujarse entre todas empujando suavemente con la cadera a uno y otro lado para hacerse sitio. Al hacerlo, de pronto levanta sus brazos a ambos lados de la cabeza, para mostrar una daga apuntando a cada lado de sus costados, surgidas de los ropajes de los dos tipos que lo flanquean. En sus oídos, el ladrón escucha un susurro: "¿Qué-haces-aquí?"
"¿No decíais que teníais más ofertas?", contesta con voz casual.
"Sí. PERO tú no puedes estar AQUÍ. O das cuatro pasos atrás y metes las orejas en tu culo, o te haremos DOS CULOS NUEVOS EN LAS COSTILLAS."
"De acuerdo. Lo de dar pasos atrás, perfecto. Lo de las orejas en el culo, lo siento pero no puedo doblarme tanto, aunque los pasos los daré AHORA MISMO." Tras responder, Ratón se aleja despacio y prudentemente.
Pendrell siente una profunda punzada de dolor de cabeza al observar la situación, ya que su ceño está extremadamente fruncido, lo bastante como para sujetar una colección de lápices de colores entre las arrugas de la frente.

En cuanto Ratón se aleja, uno de los reunidos se gira con respecto al resto del grupo, vigilando a Ratón, haciendo un gesto de amenaza (harto conocido) de "te estoy vigilando" (con dos dedos hacia sus ojos y luego hacia Ratón) y otro gesto (también conocido) de "te corto el pescuezo si me tocas las pelotas" pasándose un índice por la garganta como advertencia.

Todo muy normal.

Ratón se acerca un poco y comenta: "¿Y si en lugar de a mí, es a otro..." frotándose los dedos índice y pulgar de una mano.
Confuso, el tipo reformula la pregunta: "Y si en lugar de a tí es a otro... con dinero... ¿qué?"
"No. Quiero decir. ¿Habría trabajo?"
"Explícate".
Tras ellos, el cuchicheo continúa.
"Quiero decir. Que si hay trabajo para un grupo de aventureros diestros."
"Sí, claro." Pensativo, al tipo se le ilumina la mirada, y comienza a hablar. "De hecho, habría un trabajo para vosotros... un grupo de aventureros diestros. Pero..." dice, bajando la voz y acercándose a Ratón, "es un trabajo muy secreto. Super secreto. Ultra secreto. Extremadamente secreto. Tan secreto... que yo no lo sé. Pero sí se de alguien que sabe algo."
Ratón, con gesto confiado, comenta que su grupo tiene algo que hacer, pero si se ven en esta zona más avanzado el crepúsculo, podrían explicarle los términos.
El pillastre comenta que lo llevaría a alguien que los supiese. "Pero mientras tanto ¿no quieres comprar nada?", continúa en su ofrecimiento el desconocido.
"Ahora mismo no tengo dinero".
Frael, con gesto hosco, se acerca en busca de Ratón.
Ratón, por un momento, siente una sombra cernirse sobre el sol y un hedor a sudor de elfo bárbaro a sus espaldas.
"Tranquilo compañero. Está todo controlado", sonríe Ratón a Frael.
"Venía a saber si ibas a seguir perdiendo mucho el tiempo, porque tenemos cosas que hacer", dice con un gruñido el bárbaro.
Ratón, tras esas palabras, trata de despedirse del tipo, comentando que más tarde se encontrarían, pero el hombre observa al bárbaro y, desviando su conversación, le pregunta si es nuevo en la ciudad, a lo que Frael sólo contesta con un seco "¿Quién lo pregunta?".
"Una honrada compañía de mercaderes", contesta el interpelado.
"Es de debida educación presentarse antes de preguntar, amigo", dice Frael casi con un esputo.
"Sí claro, pero usted tampoco se ha presentado al acercarse, con lo que estamos a la par".
"Yo no venía a presentarme, sino a llevarme a mi compañero".
"Y yo soy un comerciante, y debo ofrecer mi mercancía. Oh, por cierto. ¿Qué necesita? Tenemos...".
Antes de que el extraño siga hablando, Frael desenvaina su monstruoso espadón, apoyándolo en el suelo, preguntando: "¿Algo mejor que ÉSTO?".
Con ese gesto, el portavoz observa a sus compañeros encapuchados, que se miran unos a otros, y uno de ellos, con una enorme nariz achatada, ojos de rata y voz nasal se asoma, comentando "yo tengo algo mejor que eso. Es más pequeño que eso, pero contiene algo que podría ser más grande que eso".
Frael, parpadeando, mira con extrañeza al tipo. "Mi... no entender..."
Ratón, ante ese galimatías, queda intrigado.
Pendrell, resoplando por la tardanza, también se acerca a la reunión cada vez mayor.
"¿Qué es?", termina preguntando Frael.
"El Mapa de un Tesoro", dice Rata Nasal.

De pronto, tras el grupo, la voz de Pendrell se escucha decir: "Hola, chicos. Ejem... ¿Qué hacéis aquí? ¿Por qué tardáis tanto?"

Ratón contesta que intentan venderles el mapa de un tesoro, mientras vuelve a escucharse la retahíla de "somos un honrado gremio de comerciantes ambulantes". Enfocándose a Pendrell, la voz continúa "Hemos visto que sus compañeros son nuevos en la ciudad, y usted también. ¿Está usted interesado en comprar mercancías exóticas?".

Frael, agobiado, informa que no tiene interés alguno en tesoros. Él sólo se dedica a reventar mandíbulas. Como respuesta, el portavoz vuelve a hablar "ah, sí. Respecto a eso. Su compañero ha dicho que estaban interesados en convertirse en espadas de alquiler".
"Por qué", dice Pendrell, con gesto adusto, en dirección a Ratón

(traducción: DEJA DE METERNOS EN LÍOS, CABRÓN)

Frael comenta que deberían pasar desapercibidos, que es lo que necesitan en ese momento, y no meterse en más fregados.

En ese momento, el portavoz pregunta si el grupo conoce al hombre de ropas extrañas, pelo salvaje y mirada intensa, que, precisamente, lo está mirando con una MIRADA MUY INTENSA.
"Ah sí", dice con un susurro Pendrell. "Es nuestro compañero... EL MAGO".
Como un resorte, al escuchar esa palabra, el portavoz contesta que entonces sin duda estará interesado en el MAPA DEL TESORO. Un mapa con conocimientos ancestrales, interesante y valioso.
Pendrell entonces pregunta que cómo pueden asegurar que ese tesoro es real.
"Porque el tipo al que se lo compré", comienza la explicación, "que lo adquirió de otro tipo, que se lo robó a otro tipo, que se lo arrancó de la mano muerta a otro tipo, que lo había conseguido en el lugar del que viene... ME ASEGURÓ que era valioso, importante, y relevante".
"Y, sobre todo... nadie ha ido a por el tesoro, ¿verdad?", apunta Ratón por encima de la conversación.
"Eeehm... No. Porque si ha pasado por siete manos, posiblemente sea más valioso venderlo que ir a por él..."
..."o timar a alguien", añade Ratón.
..."No. Nosotros somos mercaderes. No somos aventureros", concluye su explicación el "mercader".
Mientras Ratón pregunta cuánto piden por el mapa, Frael razona que cómo va a ser más valioso vender el mapa que ir a por el tesoro.
La respuesta del tipo vuelve a ser la misma. Son mercaderes. No son aventureros. Pendrell apunta que ir a por el tesoro requiere un riesgo, y venderlo es dinero seguro en el bolsillo.
Cuando el bardo comenta ello, el "vendedor" lo reconoce como un verdadero hombre de mundo que entiende la situación perfectamente.
Ante la insistencia del precio del mapa por parte de Ratón, el "vendedor" dice que apenas 50 monedas, lo que provoca una carcajada de sorna en Frael. Por su parte, Ratón comenta que cuando disponga de esa cantidad después de ganarla al azar en algunas mesas volverá, indicando que el precio le parece "un robo".

(NOOOO... ¿SÍ? QUÉ COSAS)

Frael sigue preguntando si tienen algo mejor que su arma, consiguiendo sólo que el "mercader" blanda con insistencia el mapa del tesoro, rechazado por el bárbaro al que no le vale de nada un trozo de papel.
Por detrás, el hombre del muestrario de ballestas vuelve a cantar la retahíla de dicha exposición.
Frael, frotándose las sienes, comenta "Vamos a ver. ¿Qué parte de 'MEJOR QUE ÉSTO'", dice, sacudiendo su espadón en el aire, "no habéis entendido? No quiero proyectiles ni cuchillitos." El "vendedor", tratando de explicar que una ballesta llega antes que una espada, sigue ofertando su mercancía. Frael le contesta que eso sería así siempre que le diese tiempo a sacarla.

Y, ante esa frase, se oye el chasquido de 5 ballestas apuntando desde 5 encapuchados a Frael, con 5 enormes sonrisas y 5 pares de ojos estrechados por las sonrisas.
"¿Es suficiente velocidad?", comenta el aludido.
Frael, desesperado, intenta razonar que es un bárbaro y no le gustan los proyectiles, sólo algo que DESMIEMBRE.

Con un incómodo silencio de confusión, el "mercader" de las ballestas mira a sus compañeros armados, intercambiando gestos de incomprensión, mientras, por última vez, el portavoz vuelve a preguntar si el grupo tiene interés en el mapa del tesoro. Ante la negativa de Frael, el tipo comenta que entonces, si tienen interés en otros negocios, podrán verse en este lugar tras el ocaso.
Cuando Ratón pregunta si no son honrados mercaderes con un puesto fijo en el mercado para encontrarlos sin disponer de horario, el hombre responde que son honrados mercaderes itinerantes, y deben concertar citas para no perder su itinerario.

Pendrell, de pronto, recuerda el aspecto del lacre del mapa, y su mente rebusca entre la información que posee del pasado. Pensando en el pergamino que el grupo había hallado en el estuche de la mansión robada en CimientoFirme, el lacre de este mapa, sin embargo, pertenece a Cabe Zon, hermano de Ray Lin, esposo de Ti La la Tranquila (que a menudo se dormía en mitad del trabajo... por lo que tardaba tanto en hacer los sombreros junto a su marido... lo que, curiosamente, les otorgaba aún más prestigio, al margen de pensar que eran mágicos, al ser de origen Cabe Zon, hermano de Ray Lin).
Cabe Zon, empeñado en detener el master universitario de Ray Lin sobre Dominación del Mundo, los Viajes Temporales y el Arte de la Cazuela a Leña, precisaba fondos económicos, así que se convirtió en un prestigioso diseñador de sombreros para elfos -con sus correspondientes y exclusivos orificios para las orejas puntiagudas- (de los cuales el propio Pendrell luce uno, herencia de su padre, que a su vez lo obtuvo de su padre... una marca exclusiva de gran éxito, a pesar de la muerte de Cabe Zon, la cual da al bardo un toque de distinción sin par), amen de dispersar pistas por el mundo sobre cómo detener a su hermano en caso de que él dejase inacabada su obra. Así que, probablemente, lo que haya en ese mapa es realmente relevante y valioso para la búsqueda de las pistas y secretos sobre el pasado de la región y sobre el propio Ray Lin (y también podría llevar a descubrir los tesoros de Ray Lin).
Ya que ambos eran hermanos, consecuentemente, el lacre del sello de Cabe Zon es idéntico al de su hermano, pero en disposición inversa.

(¡¡SÍ AMIGOS!! ESTÁIS ADENTRÁNDOOS EN LA VERSIÓN DE LOS CHINOS DE CIERTAS CRÓNICAS CON DRAGONES, MAGOS, BORRACHOS Y UN SIN FIN DE OTRAS MEMECES. YA PODÉIS PRENDER FUEGO A VUESTRA PANTALLA Y A VUESTRO CEREBRO)

Avon, observando a Pendrell, elucubra que el bardo lleva demasiado tiempo en silencio, a lo que pregunta qué se le pasa por la cabeza.
Pendrell, contra todo pronóstico, se acerca al tipo extraño y, con una seguridad aplastante, le comenta que está intentando venderle el mapa DE UN MODISTO. "Lo sabes, ¿no?", añade con sorna.
"Eeeehhh... claro claro", responde con una sincera expresión de NO TENÍA NI PUTA IDEA el tipo raro.
"Como puedes ver", sigue en su exposición el bardo, "éste gorro", dice, quitándose su espectacular sombrero y enseñando la etiqueta "tiene el mismo sello que ese lacre. Con lo que ese mapa puede llevar a la receta de los sombreros. Y por eso no me vas a cobrar 50 monedas, ¿no crees? ¿Qué haría con eso? Pero, por el aprecio a esa ropa, te lo compraré por 25... y te lo estoy quitando de encima. Quien sepa lo que es no va a querer verlo ni en pintura. Yo lo hago por su valor sentimental".
Ratón, mirando de arriba a abajo a todos los encapuchados, comenta que todos saben de dónde ha salido ese mapa... con esos ropajes y esas pintas... y entre 'compañeros de profesión'...
"...entonces tú también eres 'mercader'", dice el hombre al que Ratón se está dirigiendo, mientras él y todos sus compañeros lanzan grandes guiños normales.
"Este hombre no me representa, caballeros. Sólo me guarda las espaldas, fíjense en su tamaño", trata de amortiguar posibles golpes Pendrell, en el momento en que los seis tipos que no están conversando rodean estrechamente a Ratón, quien vuelve a sentir dos cuchillas en sus costillas.
Con un susurro al oído de Ratón, uno de ellos dice "ese mapa era de mi hermana... y estás llamando a MI hermana ASESINA. Y llamar a MI HERMANA asesina es jugar con la muerte, amigo".
"Te llamaba asesino a tí, no a ella", susurra en respuesta a la amenaza.
"Vuelve a llamar indirectamente a MI hermana asesina, y te convertiré en un rapé expuesto al sol".
Avon, dirigiéndose a Ratón, a la vez que Pendrell sigue sus negociaciones, observa al ladrón y comenta que, según sus cuentas (sacando un ábaco), éste es su quinto aviso sobre Cómo Funcionan Las Cosas, y no habrá un sexto aviso, porque la siguiente vez alguien coserá a puñaladas a Ratón y Avon no moverá un dedo.
Entonces, la voz de Pendrell sobresale entre todo el murmullo, comentando que ofrece 30 monedas... y el malentendido de su amigo será olvidado.
El hombre extiende su mano, y comenta que, cuando esté llena de 30 monedas, el pergamino será de Pendrell y... "¿Cómo? ¿Quién? No recuerdo nada sobre nadie que me haya importunado. ¿Qué pasó? No lo recuerdo. Seguro que no fue importante... Ya sabes cómo funciona ésto", termina el amigo de lo ajeno.
Tras el tintineo del dinero que pasa de Pendrell al tipejo, antes de que éste cierre su mano y entregue el pergamino al bardo, Frael sujeta la mano de las monedas y le dice "¿Quieres ganar 5 monedas más?", sosteniendo en vilo ese dinero sobre la mano de las monedas.
El hombre, sorprendido, lo mira de arriba a abajo al bárbaro, entrega a Pendrell el pergamino, y espera una reacción del bárbaro, chasqueando la mano libre.
Ese chasquido provoca que las sombras que rodean a Ratón se aparten rápidamente de él y se reúnan de forma casual cerca, saludándolo amigablemente, deseándole buen día como si nunca lo hubiesen visto, dándole la bienvenida a Nesovia y comentando que si necesita un guía, pueden llevarle a donde desee.
"Ya que usted pertenece a esta ciudad, y estoy seguro de que se mueve por muchos rincones que nos son ajenos", comienza el bárbaro, "estaría interesado en que fuese un confidente sobre cualquier información útil que se cociera sobre este asentamiento. ¿Le parece apropiada mi oferta?".
La mano se cierra veloz sobre el dinero, desapareciendo entre los ropajes del informador, y éste pregunta qué información desea el bárbaro. Éste comenta que hay algo que no funciona muy bien en la ciudad, a lo que el ratero (vale, ya voy a usar el término apropiado) indica que todo va de perlas -mientras Ratón le corrige con el NORMAL comportamiento de tres tiendas y sus precios-. El rufian mira a Ratón y le dice que eso es normal, ya que, si se vende, los precios suben. Ratón sigue sin estar convencido, habiendo visto ese comportamiento en tres tiendas a la vez en el mismo momento. El rufián sigue explicando que el precio sube cuando se vende en abundancia, el producto escasea y la gente sigue necesitándolo.

Es la ley de oferta y demanda.

Pendrell aporta información sobre la situación, comentando que, efectivamente, si se compra materia prima, los bienes escasean, y quien acuña la moneda probablemente adquiera bienes, ya que al ser quien la fabrica, sólo tiene que esperar para que, controlando la moneda, pueda controlar el mercado. Consigue los bienes y la moneda, y obtiene todo el poder del comercio.
El rufián, interesado, pregunta a quién se refiere, a lo que Pendrell contesta que el sospechoso de esas actividades es el Culto. Entonces, el rufián corrobora las sospechas, indicando que está claro que Egrevius es quien lo está adquiriendo todo para tener bajo un puño de hierro cuanto pueda gobernar con el dinero.
Ratón, al igual que Pendrell, ven una solidez sin fisuras en ese argumento.
Frael se percata de que el resto de rufianes miran con cara de alucine a su portavoz, se miran entre ellos confundidos, vuelven a mirar a su portavoz como si no creyesen lo que oyen, una vez más se miran entre sí aturdidos y rascándose la cabeza... y el ritual sigue hasta que se encogen de hombros y, como una turba de colegas, repiten como borregos "¡Es verdad, sí, correcto! ¡Es el Culto de Egrevius!". Y, acto seguido, miran a los aventureros y les indican que, si necesitan mercancías, ellos saben dónde conseguirlas, más baratas que en el Culto de Egrevius. Sea lo que sea. El Culto son personas ruines... avaras... nada dignas de confianza.
Pendrell percibe que, en el fondo, esta gente son WENA HENTE.

(Conclusión. Sólo Frael... sí... EL BÁRBARO... es consciente de que quienes controlan el mercado son ESOS TIPOS)

Ratón, confiando en el criterio de los rufianes, les pregunta si conocen posadas a las que NO DEBEN IR, por si están controladas por malas personas. Entonces, Frael apoya (apretando fuerte) su mano en el hombro de Ratón, y comentando que estas personas tienen asuntos importantes que atender, empieza a arrastrarlo de allí, que ya han quedado más adelante, y ellos mismos se encargarán de buscar una posada decente.
Mientras la reacción del elfo provoca que Ratón (obligado) y Pendrell (confundido) lo sigan para continuar su misión, de fondo se escucha a Avon negociando con los rufianes sobre libros de magia y la posibilidad de existencias, a lo que éstos parecen estar contentos de buscarlas para él, pero cuando el mago se ve abandonado, empieza a llamar a sus compañeros y decir "Eh... EH... ¡EEEEHHH! Pero, ¡no os larguéis sin mí! Este... hasta luego señores... volveremos a hablar de negocios... ¡ESPERADMEEEE!", y recogiendo el repulgo avanza para alcanzar a sus compañeros. Detrás se escucha a los tipejos "¡Oiga!¿Señor?¡Señor!" en un tono de voz extrañado, hasta que se pierde en la distancia.
Ante la reacción del bárbaro, en el camino Pendrell pregunta que qué puede saber él que el bardo no sepa, de TODO lo que él conoce, mientras le pega con el pergamino en la cabeza.
Frael, contundente, explica que son ELLOS los que manejan el mercado, y cualquier información que se aleje de ellos es sólo una cortina de humo. Y no sólo eso, sino que quizá tengan chanchullos con la guardia, manejando mercancías que la guardia no puede, a cambio de un porcentaje y dejar que realicen sus actividades.
Razonando la respuesta, Pendrell parece atar cabos, pero Ratón añade que, con independencia de ello, podrían seguir haciendo negocios con ellos para ganar un dinerillo.
Cuando Avon, con el repulgo de la túnica recogido, llega hasta el grupo, pregunta por qué no siguen conversando con esas personas tan interesantes o haciendo negocios con ellas, Frael comenta que no son apropiados para ello o para ser contratados por ellos.
Avon, extrañado, señala en su dirección, diciendo que realmente son gente muy cordial. En este momento están atendiendo a un caballero.

Cuando el grupo mira en dirección al lejano grupo de rufianes, éstos están rodeando a una persona contra una pared que parece bailar break dance con gran habilidad, a la vez que la capa de uno de ellos se mueve rítmicamente como si algo sobresaliese bajo ella y volviese a desaparecer, justo bajo el hombro de uno de los tipos más cercanos al "bailarín". Una normal actitud de alguien que, seguro, está dando un recital de violín a un transeúnte. Pero parece que el bailarín se casa pronto y se derrumba sobre sus posaderas, sudando un espeso sudor oscuro que pronto mancha la calle. Pendrell hace mención a ese recital como prueba de su buena fe, mientras Ratón sigue insistiendo en que ahora tienen 30 monedas más y material de disparo diverso que el grupo podría obtener, aunque la propuesta es desechada en consenso, dando una colleja al ladrón. Avon, en ese momento, y ya que Pendrell guarda el pergamino sin hablar demasiado de él, comenta que ambos deben hablar, puesto que el bardo se guarda demasiadas cosas últimamente. Lo primero, de momento, sería el pergamino. Pendrell comenta que, como poco, ese pergamino ha salvado la vida de Ratón.
Avon, con gesto de sorpresa, añade "...en los últimos cinco minutos".
Pendrell, comentando que no sólo guarda cosas, sino canciones de conocimientos sobre lugares Y PERSONAS -ejem ejem momento Vínculos-, también ha usado ese pergamino para salvar a Ratón... que parece meterse en líos con frecuencia al respecto de pergaminos... y luego escurre el bulto con la excusa de no acordarse. De hecho, y recordando el otro pergamino, es posible que Ratón, si no viaja al lugar de su visión podría morir. Y este pergamino podría ayudar con el otro.
Cuando Ratón recuerda ambos pergaminos, y empieza a hablar de posibles tesoros, escucha un carraspeo de Avon, quien le susurra "el ábaco... acuérdate del ábaco. No metas más la pata".
Desviando el hilo, Pendrell explica una parte del origen del pergamino y la posibilidad de enlazar con los secretos de Ray Lin, incluyendo en ello una posible forma de desvincular a Ratón del otro pergamino... y después Avon ya podría hacer lo que le apeteciese con ellos... porque Ratón, probablemente, podría morir en el lugar de la visión, teniendo en cuenta que su voluntad no parece demasiado fuerte como para soportar los peligros mágicos.
De hecho, las virtudes de Ratón (como dijo a los rufianes) eran otras. En el grupo, unos son más fuertes, otros más listos...
"Hablando de resistencia", dice Avon, mirando a Frael. "Últimamente estás más pálido. ¿Te encuentras bien?".
Frael dice que estar demasiado tiempo entre personas civilizadas sin golpear ni matar algo por placer le estresa.
"Entonces... ¿esa vena en el cuello negra?", sigue el mago. "Ahí no estaba ayer". Pendrell, una vez más, empieza a sudar.
Frael, creyendo que se refiere a sus tatuajes, es corregido por el mago que le asegura que eso no es uno de sus tatuajes. Ratón comenta que tras la visita al gobernador, deberían ver a un sanador. Avon lo confirma, después de observar que, además, a Frael le ha sangrado la oreja, porque tiene una costra reciente.

Pendrell, en un chispazo de "lucidez", saca el bote del gusano, el cual parece estar sentado leyendo algo entre sus patitas. Y cuando es expuesto a la luz, disimula guardando entre sus pliegues eso, y se pone a actuar como un gusano, dejando a Pendrell con la boca abierta. Pendrell, con un juego de manos, trata de esconder al gusano para, cuando la criatura creyese que iba a volver a su bolsa, sacarla a toda prisa. Al hacerlo, volvía a sacar esa cosa extraña entre sus pliegues, quedándose el bicho muy quieto a medio camino del gesto, y volviendo a guardar a toda prisa ese pliegue, y vuelve a intentar disimular.
Ratón pide el bote a Pendrell, y el gusano, preocupado, mira a ambos, sobre todo cuando Pendrell pide a Ratón que no lo mate ni abra el bote.
Ratón empieza a sacudir el bote suavemente, provocando que el gusano golpee sus paredes y adopte posiciones extrañas en su rostro de bicho, que parecen indicar DEJA DE TOCARME LAS PELOTAS, CABRÓN, mientras su color cambia de amarillo intenso a verde mareado.
Frael, cogiendo el frasco, se acerca a una antorcha y empieza a calentarlo. El bichejo trata de huir del calor, y empieza a sudar, cambiando de verde enfermizo a naranja vivo, con los ojos cada vez más abiertos, a la vez que Frael pregunta "¿Qué eres? Si no me lo dices, te aso". Con unas fauces más grandes y dentudas de lo que representaría su tamaño, el gusano trata de morder sin éxito el cristal, en busca de una salida.
Apartando el bote, Frael pregunta al gusano sobre lo que esconde, y éste saca ese extraño tejido algodonoso, comenzando a comérselo y haciendo un gesto de "comida", mientras lo enseña mordisqueado a Frael.
Ratón y Pendrell se miran extrañados, incrédulos por lo que están viendo y entendiendo.
Observando el comportamiento del gusano, Frael llega a la conclusión de que quizá no sea una oruga pudridora, y sí una criatura mágica que infectase el libro y se estuviese desarrollando. De hecho, es más grande que la última vez. Antes era como una oruguita, y ahora como un pulgar. Si ese proceso sigue así, la criatura crecerá más y se transformará en algo más peligroso. Pero, a pesar de todo, y por la procedencia del gusano, podría ser de alguna utilidad.
Frael, totalmente confuso, piensa que lo que va a hacer es una auténtica locura, pero aún así, y creyendo que la criatura los entiende, pregunta al gusano si sabe dónde se encuentra el Libro de Piedra de Ray Lyn. El gusano, poniendo cara de pensativo (para un insecto) durante un rato, niega con la cabeza.
Pendrell, sospechando cierta relación, coge el pergamino y, orientando el lacre hacia el bote, lo pasa junto a él. El gusano reacciona tratando de huir del lacre de forma muy nerviosa.
"¡¡HIJO DE PUTA!! ¡Tú sirves al mago!", expresa en una violenta reacción el fino, educado y cortés Pendrell. El gusano, con una extraña expresión de fingida ofensa, hace gestos que podrían interpretarse como un "¿Quién?¿Yo?¡No!¡Qué va!¡Yo nunca!".
Frael, molesto, acercando de nuevo el bote a la antorcha, comenta que si vuelve a mentirles acabará siendo un bonito asado de gusano.
Entonces, y de forma sobrenatural, la criatura se enrosca sobre sí misma, y sobre su lomo se forman unas palabras comprensibles: "No te mentiré si no me haces daño". Y mientras Frael retira el bote, todos se percatan de que, para poder formar las palabras en su lomo, ha tenido que estirarse y crecer media pulgada más, convirtiéndose en un buen espécimen de gusano de unos 8 cm. Ya descubierta su mascarada, forma más palabras pidiendo de comer.
Cuando Frael pregunta qué come, el gusano responde sarcástico "qué crees que come un gusano". Frael intenta defenderse argumentando que es mágico, y que eso lo desconcierta. El gusano, con cierto sarcasmo, entonces responde que busque una hoja normal... "o mágica".
Ratón coge una dosis de veneno para la confianza y la unta en una hoja que introduce en el bote, y cuando el gusano la olfatea, la aparta con disgusto mirando al ladrón. Sobre su lomo, aparecen las palabras "¿Crees que un siervo de Ray Lin va a caer tan tontamente en un truco tan simple como ese?". Y, al desarrollar tanto texto, crece aún más, hasta los 10 cm.
Frael, al verlo, con rostro enfadado, comenta: "Por favor. Haced preguntas de SÍ o NO".
Pendrell avisa que si sigue creciendo él no piensa cambiarlo de recipiente, así que él verá, a lo que el gusano responde "¿Es una pregunta?". Y Frael coge la batuta comentando "es una afirmación".
Entonces, el gusano vuelve a escribir sobre sí mismo "para expresarme, tengo que crecer".
Pendrell, no deseando marear más la perdiz, da una hoja "sin aderezo" al gusano, quien, mientras con unas patas coge la hoja buena, con otras empieza a echar del bote la hoja "tóxica", empujándola. Acto seguido, comienza a comer, mirando "muy seriamente" a Ratón.
Frael, mosqueado con Ratón, le dice que tratar de intoxicar a una criatura que come vegetales con una hierba tóxica es de estúpidos, a pesar de que el ladrón trata de excusarse con "es sólo una hierba para el buen rollo".
Por su parte, Avon pide guardar el bote del gusano, pero nadie desea dejárselo, a pesar de que Avon explica que el único versado y capacitado en la magia para tratar apropiadamente con esa criatura, conocer sus necesidades y gustos...
..."y que no desee destriparlo para investigarlo, gracias", concluye Frael.
Por la mente de todos, por un instante, pasa un gusano del tamaño de un camino, y Avon cansándolo a preguntas.

Pendrell comenta que lo mejor será hablar del tema por la noche, que aún hay mucho que hacer.
Unos minutos después, aún en el camino hasta el Bastión Recio, Pendrell escucha un susurro cerca suyo y un tintineo en su bolsa. Cuando se gira para ver qué ocurre, ve a Avon, realizando unos sencillos pases mágicos, y el bote brotando despacio de la bolsa, como si la mano de un ladrón intentase birlarlo.
Con una mirada de reproche, Pendrell lo señala comentando que no debería tocar las narices al único con el que no tendría que jugar del grupo. Justificándose Avon en que la criatura tiene conocimientos sobre Ray Lin y necesita hablar con ella, Pendrell lo confirma, pero el mago sólo conseguiría que su mente fuese intoxicada y envuelta en sus engaños. Avon responde que el único intoxicado fue Ratón en un mordisco.
Frael comenta que lo mejor sería hacerlo en un lugar discreto, so pena de que los encerrasen a todos en el loquero. Avon, ofendido, pone brazos en jarras, haciendo que su voz resuene amenazante, diciendo "¡¡QUIÉN SE VA A ATREVER!?¡¿QUIÉN VA A OSAR?!"
"Los guardias", dice Pendrell.
"¡¿Esos a los que puedo convertir en mis lameculos con un chasquido de dedos?!"
Frael, viendo que Avon se está yendo por las ramas, le da dos sencillas bofetadas, diciéndole que se tranquilice, que se le está girando la almendra.
Avon clava su mirada en Frael, y una mano mágica cruza la cara del bárbaro. Tras unos segundos de silenciosa tensión, Avon comenta: "lo tendré en cuenta. Pero la próxima vez, sin bofetadas".
"Se te estaba poniendo el símbolo de la varita mágica en los ojos, puñetero", dice Frael.
Y, con las venas del cuello hinchadas, Avon susurra: "...pero es que es mágicoooo...".
Pendrell susurra con el mismo tono: "¿Pero es que no ves que te va a engañar?".
Y Avon, elevando otra vez el tono de voz, vocifera: "¡¿A mí?! ¡¿A mi intelecto superior?! ¡Esa alimaña no puede competir...!"
Y Pendrell corta la retahíla diciéndole: "¡Pero si te engañó el ladrón y se vinculó con el pergamino y el gusano antes que tú!".
Cortando la palabrería a medio camino, a Avon sólo se le escapa decir: "...no me engañó. Sólo fue más rápido".
"Que sí, que sí... pero vámonos yaaaaa...", dice Frael, empujándole en la espalda con rostro quejicoso.
Y mientras ambos discuten, Ratón se entretiene tratando de robar el estuche del primer pergamino, a lo que Avon responde: "No metas la mano en mi bolsillo, no vaya a ser que te muerda... el bolsillo".
Pendrell, intentando acelerar el camino, comenta que el grupo debería dejar de pegarse, morderse y amenazarse, porque sería más provechoso para todos. Avon, orgulloso, susurra que quizá el bardo no se atrevería ni a eso con él, provocando que una de las cejas del elfo se alce con incredulidad.

Y, en el camino, Avon, buscando entre sus bolsillos, pregunta si el grupo no ha visto un medallón familiar de sus abuelos que perdió de vista poco antes de llegar a CimientoFirme -VÍNCULO-. Es una reliquia familiar y empieza a echarlo de menos. Aún no ha logrado la capacidad de localización mágica, pero cuando lo haga, si lo encuentra...
...y Ratón corta la frase comentando que podrían haber sido los guardias del Culto. Seguro que cuando desarrolle el poder del que habla, lo encontrarán.
Avon empieza a rezongar sobre lo que hará si las manos de los cultistas han manchado su reliquia, acompañado por el parloteo del ladrón que comenta ir al culto a preguntar... azuzando al mago en otra dirección que no sea la de SUS BOLSILLOS -VÍNCULO-, despertando la sensatez de Pendrell sobre por qué diablos ese culto querría una reliquia familiar de Avon. Aún así, espera que, con los conocimientos del terreno y contactos que Pendrell y Ratón poseen (cada uno en su campo), espera que, cuando sea posible, le ayuden a encontrar el objeto. Pues si consigue antes que eso el poder mágico para localizarlo, quien lo haya robado LO PAGARÁ MUY CARO (acompañada la parrafada con unos ojos mágicamente relampagueantes).
Pendrell, con un carraspeo, puntualiza que no le gustaría ser él quien tuviese el medallón, y sigue andando. Avon no duda de su palabra, pues confía en él desde hace tiempo -VÍNCULO-, aunque tienen cosas personales de que hablar... como de ese pergamino.
Esperando que, tanto con ese objeto como con otras cosas, Pendrell siga siendo de confianza y no le guarde secretos.
Pendrell indica que, si el mapa lleva a un tesoro, espera llevarse la parte más grande, pues ha pagado el pergamino de su bolsillo.
Avon solicita quedarse con aquello relacionado con conocimientos mágicos... pero Pendrell comenta que también podría vendérselo por un buen precio. Avon recuerda las anteriores palabras del bardo sobre repartición de bienes, y el bardo asume lo dicho, aceptándolo.

Continuando el camino, el grupo atraviesa el estrato militar de la ciudad, donde sus moradores, principalmente soldados y vigilantes de la ciudad, observan al grupo malencarados y con desconfianza.

Dejando atrás tan "cordial" lugar, por fin los aventureros coronan la cúspide de la ciudad, alcanzando el área de los gobernantes, hasta alcanzar las puertas del alcázar conocido como RocaRegia, Bastión Regio o Alcázar Regio. Frente a la enorme puerta enrejada con un puente levadizo que lleva hasta la amurallada, alta y estrecha fortificación, dos guardias dan el alto, uno con aspecto de aburrido y otro de facciones enormes, ojos de rata y nariz grande y achatada, con voz nasal.
Cuando el soldado da el alto, Pendrell pregunta si tiene un primo en la ciudad, a lo que el guardia, sorprendido, comenta que así es: su primo pequeño... y él es el guapo de los dos primos.
Pendrell empieza a conversar con el guardia, informándole de que necesita informar de una información de suma importancia que no puede esperar para el gobernador. Extrañado, el soldado comenta que, habiendo repetido "información" tres veces, realmente debe ser importante.
Ya que la conversación va por unos derroteros algo surrealistas, el soldado sugiere que el grupo debería darse la vuelta y no molestar al gobernador con memeces.
En cualquier caso, retorciendo las palabras, Pendrell consigue volver a la conversación, solicitando que se les anuncie para la entrevista:

-Pendrell el Bardo
-Frael el Irascible
-Ratón el Normal Absoluto
-"¡Y Avon el Magnífico!", concluye el mago con una lluvia de chispas y colores mágicos envolviéndose en una voz retumbante.

El guardia, observando tales nombres y aspecto de los visitantes, vuelve a dudar sobre que en realidad quieran informar de amenaza alguna, aunque Pendrell explica que llevan todo el camino hacia Nesovia enfrentándose a ella. En ese caso, el soldado solicita saber de dicha amenaza para sopesarla. Ratón comenta que un sargento de la guardia, dando su nombre (del cual Avon comenta que es un amigo de la infancia al que visitaron hacía unas horas), conoce dicha amenaza, y podría consultarlo con él llegado el momento.
De hecho, Avon confirma que es él quien los ha guiado hasta el Bastión. Entonces Frael comienza explicando que están tratando de sacar ventaja a la amenaza que se acerca, viajando veloces tras varios días, y no pueden detenerse a explicarla a un subordinado para el que no es su función conocerla. Quien debe saberla es el gobernador, que es quien toma las decisiones apropiadas para la ciudad.

(momento en que Avon se da un golpe en la frente con cara de circunstancia, pensando "dónde he oído yo eso, y a dónde nos llevó")

También argumenta que el guardia del Bastión es una más de las personas que retrasa al grupo para llevar la información al gobernador, y cuanto más tarde llegue esa información, más se tardará en tomar medidas sobre esa amenaza. Así que, es decisión del soldado dejarlos pasar o no, porque ellos han venido hasta aquí a informar y después se marcharán sin mirar atrás.
Asintiendo con parsimonia, el guardia sólo parece haber pillado algunas pinceladas, lo que demuestra al repetir "...y después os marcharéis. Hmmmm. Lo quiero por escrito".
Frael, resoplando contenido, complace al soldado, escribiendo todo el texto correctamente... y firmando con una X. "No me puedo creer que, después de escribir más de dos líneas, no sepas escribir tu nombre. Firma bien, muchacho. No seas cateto", dice el soldado.
Frael, a punto de taladrar la hoja, firma correctamente y casi estampa el papel en el pecho del soldado con su mano abierta.
Satisfecha su petición, el soldado comenta que no armen follón en el fortín, y que la Fortaleza Recia nunca ha caído ante un enemigo externo, así que esa "amenaza" no será la primera en hacerlo.
Con un silbido, la voz nasal del tipo solicita a alguien llamado "Marvin" que abra el enrejado, y una voz gutural y algo cortita contesta "vale Rufus", momento en que el gigantesco rastrillo que protege el portón frente al puente levadizo sobre un pequeño abismo rematado en agua oscura y estancada se abre para dar paso a los aventureros.
El interior del castillo, que en principio parecía ostentoso y grandioso en sus murallas externas bien cuidadas, al acercarse da la sensación de que se trata de una gloria pasada con más necesidad de reparaciones y reformas de lo que podría suponerse en una ciudad con un Culto a la Moneda.
Al parecer, el Alcázar hace tiempo que vio momentos mejores, pero ahora es de una decadencia evidente.
Quizá el dinero se invierte en otras cuestiones desconocidas por el gobernador, o directamente se desvía a otros ámbitos que la corona no consigue alcanzar, ocultando dicha decadencia al pueblo mediante esa fachada externa.
Desde un pasillo superior al patio interior del recibidor del alcázar, un grupo de soldados con más pinta de matones que de verdadera fuerza militar vigila al grupo, como percibe Frael, a pesar de un aspecto externo (armaduras y armas de buena calidad -la mejor vista hasta el momento-) de soldados.
Ratón susurra que lo mejor sería acabar pronto y largarse rápido.
Justo en ese momento, un mediano orondo, pelirrojo, vestido de ayuda de cámara y con el rostro manchado con sutiles restos de comida y bebida de una comida muy reciente, se acerca eructando al grupo, sacude los restos de comida con un ojo algo más cerrado que otro, las mejillas coloradas y las venillas de la nariz algo varicosas, y da la bienvenida al grupo con una voz que levanta ecos en su propio paladar, como si su cavidad bucal absorbiese el sonido, impidiendo pronunciar algunos sonidos nasales. Les informa que se encuentran en el Bastión de los Nesus, y será un placer que el Señor de Nesovia, Ardo Nesus, los reciba, si le indican a quién debe anunciar.

"Lord Avon el Mago", escribe con ostentosa magia en el aire Avon, haciendo que los matones se alejen durante un momento, con rostros de sorpresa.

Por su parte, el ayuda de cámara pone los ojos como platos y sus pies trastabillan un poco entre sí. Cuando recupera la voz, pregunta por el resto de nombres.

Pendrell continúa la presentación, nombrando a:

Rat el Más Normal (confundiendo con la pronunciación al mediano, creyendo que se trata de un marinero -"mar normal"-, y cuando le aclaran el nombre, pregunta al ladrón si es un matemático -haciendo un chiste malísimo del que sólo él se ríe-).

Pendrell el Bardo, lo cual alegra al mediano, que comenta no tener entretenimiento en meses en el fortín, asegurando que el señor se complacerá por su llegada.
Ratón comenta que entretenimiento es lo que van a tener en la ciudad como el grupo tarde mucho en explicar lo que está ocurriendo fuera de Nesovia, provocando un gesto de CÁLLATE, BOCACHANCLA por parte de Pendrell, además de una risilla nerviosa en el mediano, que desconoce de qué se trata esa "broma", y explicando que "ese chiste no lo ha entendido".

Cuando el mediano se gira hacia el elfo tatuado, éste se presenta como Frael el Irascible. Y, cuando dice eso, Ratón pregunta si hay tila para él. El mediano comenta que, aunque ha escuchado ese nombre antes, desconoce lo que es.

(tila y Ti La... sí, sí... los juegos de palabras de la narración y la mesa)

Tras escuchar los nombres, el mediano se marcha para ver si el gobernador se encuentra disponible, aunque alguien lo detiene.
Pendrell, entonces, pregunta que si Lord Cavern no era el gobernador.
El mediano responde que en absoluto, ya que Lord Cavern es el Chambelán de la Moneda del Templo de Egrevius, asistente personal del gobernador.
Cuando Pendrell comenta que le bailó el nombre, el mediano comenta que bailarlo es lo normal para un bardo... concluyendo con otra estúpida risa y un guiño a Pendrell, que ríe en genuina falsedad.
Comentando que, ya que a él le encanta el humor de los aventureros, Lord Ardo estará encantado de entretenerse con ellos, dicho lo cual, se marcha en su busca, renqueando ligeramente.

"Ardo", dice riéndose Ratón, cuando el asistente se marcha, y mira a Avon, quien crea unas llamitas entre sus dedos con una sonrisa, diciendo "puede que sí... puede que arda. Depende de lo que me toque las narices".

Mientras el grupo espera, Frael percibe que los guardias parecen los peces de una pecera y el grupo (Él, principalmente, que es quien más está curioseando por el lugar) son el dedo en el cristal: siguen al grupo allá donde vayan desde la distancia, por el patio interior.
Ratón se entretiene en observar los diferentes accesos al patio, como son el portón de entrada, un par de accesos a las áreas de refuerzo de los muros laterales, un acceso al cuerpo interior del edificio y un acceso lateral a una zona más ancha de la muralla, así como unas escaleras que suben hacia el pasillo superior del patio interior, y un hermoso jardín asalvajado.

Ratón empieza a impacientarse, Pendrell trata de frenarlo para que no vaya a buscar al mediano, y Avon le comenta que el ladrón desconoce el protocolo, así que podría meter la pata. Mejor dejar que las cosas funcionen como deben... Y NO CAGARLA OTRA VEZ. Entonces, Avon aprovecha para ejercer un bombardeo de información protocolaria que aturde a Ratón... y hasta a las plantas más cercanas del jardín.
Pendrell incluso se siente mareado por tal volumen de información... a pesar de haber dado esa asignatura en 2o de Bardo: Protocolo Básico para Bardos en Corte.

Frael, deambulando por el patio, observa entre las sombras en una esquina a dos personas reunidas. Una de ellas, vestida de ropajes oscuros, no permite que se vea su cara y, cuando el elfo se acerca, se gira en su dirección, da la impresión de que lo mira (a pesar de que las sombras de su capucha ocultan su rostro), para acto seguido salir de allí, fundiéndose con las sombras. La otra persona está vestida con elegantes ropajes y un costoso medallón, con insignias tanto en su ropa como en su colgante del Culto de Egrevius. Dicha persona, cuyos rasgos puede observar Frael cuando cruza su mirada con ella, quien lo observa con desinterés, es un hombre que, tras verlo, se marcha a través de los soportales del patio exterior, hasta llegar a una pequeña puerta de madera en un lateral del cuerpo interior del edificio.
Justo cuando Frael vuelve de su deambular por el patio para hablar con sus compañeros, un revuelo se escucha en el exterior de la entrada al fortín, y al abrirse el rastrillo, bajo él pasa un grupo de soldados en formación -con actitud muy distinta a la de los matones- del Alcázar- acompañados de una mujer de cabello rubio platino, ojos azul hielo, con uniforme de oficial y armadura de caballero de la Guardia de Nesovia. Al pasar junto a los aventureros, los observa de reojo, aunque sus maneras y su cara de pocos amigos apuntan a que tiene cosas más importantes que entretenerse con ellos.
Tras detenerse en el patio, alza la voz.
"¡En nombre de la Guardia de la Ciudad¡ ¡Quiero hablar con Lord Ardo Nesus!".
Tras unos instantes, el ayuda de cámara mediano vuelve con gesto amistoso, comentando que no es necesario tanto escándalo, y preguntando qué sucede. Sin miramientos, la mujer hace un gesto, ordenando al "bufón" que se aparte, ya que Ardo debe saber qué está ocurriendo en Nesovia.
Ofendido, Pendrell se hace valer ante la mujer, indicando que hay un orden para cosas importantes, y su grupo llegó primero.
La mujer se gira hacia el bardo, clavándole sus gélidos ojos azules, y su dorado cabello largo y ensortijado por debajo de su casco, para después pasar su mirada fiera por el resto del grupo.
"Creo que los asuntos de la Guardia de la Ciudad son ÍNFIMAMENTE más importantes que...", comienza a hablar con voz suave y aterciopelada, "la visita de unos ¡PORDIOSEROS DEL EXTERIOR!", y termina con un golpe de voz como un látigo que hace vibrar las orejas.
Pendrell hace valer ahora sus ropajes para negar tal afirmación, mientras Frael se interesa por el aspecto distinguido y diferente al de otros guardias de la ciudad.
"En efecto, porque yo aún no sirvo a dos señores. Sólo soy fiel a la Ciudad de Nesovia y sirvo con fervor la Corona de Nesus, junto a su linaje, que la ha gobernado desde generaciones".
"Me mola esta tía", dice Frael en voz alta.
"Pero a mí no me gustan los elfos, de momento", responde con voz cortante la mujer.
Pendrell pregunta si viene a hablar de algún tipo de chamán, y la mujer pregunta por qué ese interés. Ante la ausencia de respuesta, Pendrell dice que lo suyo es más importante. En ese momento, la oficial se pone en jarras y pregunta si es más importante eso que se saquee a los ciudadanos. Pendrell responde que lo mismo no hay ciudadanos si el grupo no trata sus asuntos primero, porque quizá un día se levanten Y SE LOS HAN COMIDO LAS PLANTAS.
El comentario hace dudar a la mujer, al no comprender la alusión, y pregunta de qué le hablan. Pendrell responde: "de magia".
Frael detiene las palabras de Pendrell, comentando que puede que haya un cruce de intereses en ciernes.

Viendo que la mujer no es atendida, informa que se marchará a atender los asuntos de su rango y cargo... "esperando sentada", bromea Ratón. La mujer se gira y se acerca a él, amenazando con cruzar la cara a quien vuelva a burlarse de Myrtle, la Capitana de la Guardia de Nesovia.
"Maese Myrtle", se dirige Frael a la mujer. "¿Tendría a bien reunirse con nosotros en privado, mientras la invito a un trago?".
La Capitana se gira al mediano, preguntando si Lord Ardo va a ser tan lento como las ascuas de una hoguera en la mañana deshaciéndose en cenizas para atenderla, a lo que el mediano comenta que llegará cuando termine sus asuntos personales.
La mujer mira a Frael y comenta que puede detenerse a comer algo, a sabiendas de que Lord Ardo probablemente no terminará sus asuntos personales hasta después de comer. Y, dirigiéndose directamente a Pendrell, comenta que si esa amenaza es tan importante, quizá pueda compartirla con la Capitana de la Ciudad, añadiendo detalles.
Comentando que no vive muy lejos, el grupo puede acompañarla a su casa y hablar de esos asuntos "tan importantes", lo cual parece correcto a todo el grupo. Pero antes, se gira para hablar con el ayuda de cámara, amenazando que, después de comer, volverán todos y Lord Ardo los atenderá SÍ o SÍ.
Así, la mujer solicita que la acompañen, y todos son escoltados por su guardia personal.
Justo antes de llegar a su casa, el grupo cruza cerca de la posada más lujosa de la zona gobernante, antes de descender al nivel de la guardia, comprando bebidas a un precio desorbitado. Cuando el tabernero entrega la cuenta a la capitana, ésta se enfurece por el precio, rezongando entre dientes sorprendida por encontrar que "esos extorsionadores" han llegado ya hasta este lugar. El tabernero comenta a Lady Myrtle que el almacén se está agotando y no disponen de repuestos en ese momento, así que deben subir los precios de lo que queda.
"¿Extorsionadores?¿Hasta aquí ha llegado el Culto?", dice Ratón. Myrtle y el tabernero miran con extrañeza a Ratón, y Frael le da un codazo en las costillas (susurrando que se guarde su opinión en público), mientras Pendrell acompaña a las miradas con un gesto similar en dirección a Ratón... disimulando.
Volviendo su mirada enfurecida al tabernero, la Capitana comenta al hombre que hasta que Lord Ardo Nesus no la atienda, no podrá resolver oficialmente el asunto.
En el camino a casa de Myrtle, Frael aprovecha para comentar a sus compañeros lo observado en el patio interior. Avon comenta que podría colarse en el castillo e investigar... invisible. Cuando Ratón comenta que podría entrar trepando por la muralla, Avon se carcajea con sorna, comentando que sería más fácil destruir el muro hasta los cimientos para que el ladrón pudiese escalarlo... aunque... qué sabrá él, que sólo es un mago. Cuando Ratón comenta que, si la muralla es derribada, él podría entrar, percibe que quizá el ladrón lo esté incitando a que desarrolle su poder para hacerlo algún día.

El hogar de Myrtle en la zona militar es como una casa de retiro elegante, bonita y austera, de mobiliario espartano -funcional-.
Acomodando al grupo tras acomodarse sin su armadura (pero aún con su espada -bien afilada y usada- y escudo), demuestra que es una mujer muy hermosa pero muy seria (podría partir nueces con la tensión de su entrecejo). Sirviendo comida, empieza a conversar con el grupo, poniendo información en común, comentando que cualquier información que llegase a Ardo tarde o temprano ella la recibiría, y con eso tendría que devanarse los sesos sobre si es veraz o no, investigarla y perder tiempo en el proceso. Así que lo más fácil será conocer los detalles de primera mano, lo que podría ahorrarle papeleo.

Ratón mira a Pendrell, y haciendo un extraño gesto con el que se rasca donde tiene la cicatriz del corte del pergamino de Ray Lin, señala a Pendrell. Éste, comprendiendo, saca el bote de cristal.
Myrtle, sorprendida, pregunta si el grupo tiene un problema de plagas en su casa. Al salir, el gusano demuestra haber desarrollado una protuberancia en el lomo, por debajo de la cabeza y bajo la piel.

Al mirarse, gusano y capitana ponen rostro de extrañados, mientras Ratón susurra "amor a primera vista". Entonces, la mujer se exalta diciendo "¡Pero matad a ese bicho!". Sin embargo, Pendrell comenta que el bicho podría ser o un poderoso hechicero antiguo, o su servidor, así que... Frael termina la frase comentando "digamos que no es un insecto normal".

Entonces, girándose de espaldas a la mujer, la criatura despliega de debajo de su piel cuatro alas (dos pares) extrañas, en las cuales comienzan a aparecer palabras, dejando a Myrtle boquiabierta.
Ante el comentario de "matar al bicho", éste responde "¿Por qué no te cortas tú el cuello, guapa?". Frael se da cuenta de que la criatura ha encontrado una forma de comunicarse sin crecer a lo largo, ya que los aventureros le habían dicho que no iban a cambiarle el bote.
La capitana pregunta con extrañeza si eso es una especie de broma.
Y Pendrell vuelve a comentar que en verdad es el siervo de un poderoso hechicero, acompañada su explicación de las afirmaciones del resto del grupo.
Frael comenta que el asunto del gusano, por muy llamativo que sea, no es ni apremiante ni urgente, pero Pendrell comenta que ésta es una muestra de que hay magia en juego en asuntos que le contarán...
..."y cosas muy feas", afirma Myrtle.
A lo que el gusano responde en sus alas "¿Te digo yo quién es fea, monina?", lo cual empieza a poner aún más nerviosa a la oficial.
Ratón comenta que, cuando le dicen que conocen problemas graves, es que a su lado, ESO (señala al bicho) es una menudencia.
"¿Esa cosa asquerosa es LA menudencia?", dice la mujer con una voz cada vez más desconfiada.
Pendrell se apresura a guardar al bichejo justo cuando las palabras "¡Asquerosa será tu pu...!" empezaban a aparecer en sus alas.

Pendrell comienza a contar la historia de la mina agotada, una mujer de cuernos de ciervo llamada Tarn, y los efectos que creaba en la vegetación, la cual parece avanzar hacia las poblaciones, Nesovia incluida, siendo capaz de atacar (e incluso consumir) a los seres vivos (PERSONAS). Ese es el aviso para el gobernador y todos los ciudadanos, para que no crean que "ha llegado la Primavera". Frael añade que las plantas se alimentan de tejido vivo o muerto -como un cementerio o una familia cerca del mismo-, como prueba de su agresividad. Ratón concluye que, siendo Nesovia una ciudad, para las plantas hay "mucha comida".

(en el juego comenzaban los primeros trazos de otoño, de ahí el chiste)

Con toda esa información, Myrtle parece empezar a sufrir un proceso de shock mental, aunque no muestra síntomas externos. Entonces, con la historia y el incendio, Myrtle pregunta sobre el humo que se vió el amanecer pasado hacia el oeste, a lo que el grupo lo confirma, dando detalles sobre la pira funeraria de la familia y los muertos arrebatados de sus tumbas, y ella comenta que pensaban en un incendio descontrolado.
(A pesar de los detalles, el grupo se reservó contar el problema del pantano y el dinero saqueado de los muertos)
El grupo añade como nota que posiblemente la tal Tarn podría estar entorpeciendo el avance del grupo, añadiendo una maldición a éstos, pero aunque la misma parece ya erradicada, para ellos queda por saber si Frael sufre alguna enfermedad (como la que ocurre en CimientoFirme), para lo que consultan a la Capitana (sin darle explicaciones) si hay buenos médicos en la ciudad, lo cual ella confirma -médicos, apotecarios, cirujanos, herbolarios, etc.-.
Avon, con mirada preocupada, señala que el bárbaro tiene mayor cantidad de sangre seca en su oreja, y los "tatuajes venosos" alcanzan casi la mitad de su cara y cráneo.
Ya que el grupo parece observar con interés a Frael, Myrtle ve lo mismo que el resto, comentando que el tatuaje de la cara es espectacular y algo grotesco.
Ratón mira a sus compañeros, y el grupo parece no saber muy bien qué decir sobre el tatuaje.
Myrtle, dejando pasar ese "pie de página", empieza a recopilar datos sobre las plantas, sobre Tarn, sobre el "monstruo de Ray Lin" y su antiguo señor mago, sobre una lesión en la oreja de Frael...
En ese momento, Pendrell cree que podría ser una maldición, y empieza a usar su música para erradicarla. Ante la extrañeza de Myrtle, Avon comenta que puede hacer algunos trucos con su música, pero nada como la magia de Avon (y el mago comienza a hacer gala de su poder delante de la fascinada Capitana).
Curiosamente, la música de Pendrell se transmite hacia Frael, y todos (fascinada Capitana incluida) observan que las venas oscuras empiezan a retraerse, junto con la herida de la oreja, pero no desaparecen, sino que menguan y se amortiguan, dejando a Frael con mejor estado de salud. Su rostro está menos pálido, y su sudor se frena. Entonces Pendrell se percata de que el mal que lo aflige, efectivamente, no es una maldición, pero puede paliarse con magia -lo que no implica que pueda curarse permanentemente-, así que es necesario hallar un remedio permanente.
Myrtle, al escuchar a Pendrell, se sobresalta preguntando si le han traído a una persona infectada por algún tipo de enfermedad peligrosa.
Antes de que el bardo se explique, Myrtle empieza a examinar al resto con mucha atención, observando que nadie salvo Frael parece haber contraído esa enfermedad, con lo que da la impresión de que la infección (si es así) responde a unas pautas muy concretas.
Pendrell explica que, posiblemente, sea algún tipo de enfermedad mágica que quizá, a través de las plantas, la druida podría haberle transmitido, ya que el grupo ha estado expuesto a ataques de esas mismas plantas. Como tal, la magia o algún efecto similar podría combatirla, pero las habilidades del bardo son limitadas.

Después de todo el despliegue de información, y a riesgo de cometer algún error, Myrtle decide exponer la situación a los aventureros.
Habida cuenta del peligro existente, propone que podría ofrecerles apoyo oficial si se encargan del problema de las plantas, contratados bajo el servicio de la Guardia de Nesovia, y así ella no tendría que disponer de efectivos de momento para tratar con el problema, lo que le dejaría la opción de tratar con un asunto que azota a la ciudad, a sus habitantes y al comercio, en forma de sustracciones de bienes a los comerciantes y aparición de estraperlo asfixiante, debido a la falta de bienes que lleguen a las tiendas por la escasez de proveedores que se asustan del pillaje en los comercios.
Cuando el grupo es informado, comentan que quizá ellos también tengan información al respecto, contando que un grupo de malhechores (y asesinos, comenta Pendrell... y violinistas, añade Avon) intentaron contratar al grupo para "un trabajito" hacía unas horas, malhechores que parecían estar bien informados sobre los asuntos que preocupan a Myrtle y la guardia.
Cuando la capitana recibe esa información, se sobresalta y desvía toda su atención a la misma.
Recordando que el grupo le había comentado que quizá el avance de las plantas no pondría en peligro a una ciudad como CimientoFirme hasta dentro de cinco días... y teniendo en cuenta que habían acabado con un foco cercano a Nesovia, lo que le daba algo de tiempo a la ciudad, la Capitana solicita los servicios del grupo para tratar de recabar toda la información posible de ese grupo, asistiendo a la cita esa misma noche en la que los rufianes tenían "trabajo" para aventureros, y quizá eso podría permitir a la Capitana desviar efectivos en ayuda de los aventureros.

Así, y comentando los pormenores, altibajos y entresijos de una posible planificación y colaboración con la Capitana de la Guardia de Nesovia, la noche se hace en la ciudad...
(Archivos Clasificados de Nesovia)

...y el ocaso se cierne en esta sesión de Dungeon World.

CONTINUARÁ

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