lunes, 26 de agosto de 2019

D&D 5ed - EN LO PROFUNDO - Sesión 8 - AÚN MÁS PROFUNDO Y ARDIENTE


Preocupados por los sonidos de más al fondo, el grupo de los cinco aventureros avanzó cauteloso al encontrar tras la segunda tumba-entrada secreta una gruta natural que dejaba atrás las catacumbas de arquitectura enana, llegando hasta un área de aspecto apenas trabajado de grutas,

las cuales se abrían a varias estancias controladas por un nutrido grupo de fornidos orcos, quienes saqueaban varias estancias nuevamente de manufactura enana -similares a las dejadas atrás-, incluyendo entre sus motivos dos hileras de estatuas de soldados uniformados frente a frente,
una de guerreros enanos y otra de caballeros humanos. Junto a la primera sala, un segundo acceso conducía a otra sala en construcción, y más allá dos accesos se desviaban hacia lo desconocido... todo ello aderezado con un buen cocktail de invasores orcos que se afanaban en cargar algunos fardos de saqueo en un rincón de la gruta natural principal, ayudados por dos extraños esqueletos que trabajaban incansables para acelerar el trabajo.

Antes de que los invasores se percatasen de la prolongada ausencia de los orcos que protegían el acceso secreto, Kirk el Mediano se adelantó entre las sombras para atacar a uno que parecía usuario de poder arcano, en el momento en que el resto se alejaba hacia lo profundo de las catacumbas.
Cuando el Pícaro sajó la carne del orco, una gélida descarga escaló por la hoja de su espada corta hasta su mano, causando una abrasiva sensación de frío intenso que hizo apretar los dientes al atacante, y justo cuando éste sacudía la mano para desentumecerla y deshacerse de la capa de escarcha sobre la piel, para "caldear" su piel, el orco atacado gruñó una sencilla orden mágica en la que unas llamas infernales envolvieron a Kirk, haciéndole aullar de dolor.
Con esta refriega, los orcos quedaron alertados del asalto, y se dispusieron a contraatacar, armándose.
Utilizando el factor sorpresa, el resto de aventureros se dispersaron desde la boca de la caverna mayor, abiertos en abanico, abriendo fuego con flechas para cubrir el avance de otros, como Zantaman que liberaba cortinas de llamas mediante manos ardientes sobre los orcos.
Tras él (a una prudente distancia), Therai descargaba proyectiles arcanos para desviar la atención del mago, desconcertando a los enemigos. Ésto ayudó a que un avance precipitado por parte de un poderoso orco furioso junto a un peligroso orco con aspecto de caudillo avanzasen en ayuda del aliado que trataba de rechazar al mediano y sus peligrosos ataques.
En pos de Kirk, Shail BrisaNocturna, con una plegaria de Lathander en sus labios, corrió para ayudar en el combate, justo en el momento en que los esqueletos de carga dejaban los pertrechos y se unían a la refriega.
Por desgracia, el avance de los monstruos distrajo al mediano lo suficiente como para que éste cayese fulminado por un estallido de poder místico del orco al que acosaba sin descanso.
Kirk se derrumbó, agonizante.
Enfurecido por la derrota momentánea de su aliado, Rando cargó furioso y descuidado hacia adelante, dejando claro que su poderío en combate era muy superior al de sus enemigos, cuando en un par de maniobras veloces, desvió con su hacha los ataques del caudillo orco, y de dos tajos dejó un profundo surco en el pecho del mismo... y una cabeza en vuelo parabólico de colisión contra una pared de roca desnuda.
En su avance, Shail envolvió en llamas sagradas al esqueleto, al tiempo que, desde retaguardia, Therai bombardeaba con conjuros de virotes ígneos al orco furibundo, y Zantaman despachaba certero al conjurador brujo, en su caso también con magia de proyectiles ígneos.
A pesar de que la situación parecía estar controlada, desde una abertura a lo lejos por donde parecía haber una de las salas construidas en estilo enano, los cánticos de un chamán orco atraían a su lado a dos poderosas bestias de combate, para lanzarlas como arietes contra sus adversarios: un peligroso jabalí de ojos inyectados en sangre y colmillos enormes como dagas... y un enorme oso-lechuza, que con un chillido desafiaba a los adversarios a combatir contra él.
El objetivo más cercano de la cólera de las bestias fue, por desgracia, Zantaman, que había avanzado demasiado temerario al combate con su lluvia de llamas. Con ello, mientras las criaturas cargaban contra él, por su parte, el chamán lo hacía contra el grupo concentrado alrededor del hechicero orco derribado, y con un estallido sónico que brotó de su cuerpo, lanzó por los aires a uno de sus enemigos (Rando) dando tumbos, afianzando su posición entre quienes habían resistido el impacto, pero también habían sido vapuleados por la magia.
Por suerte, la rápida reacción de Shail con un cántico sanador, Kirk volvió a la conciencia y, de un salto, aprovechó la cercanía del orco furioso y el chamán, y descargando una rápida serie de cuchilladas y tajos precisos, degolló al chamán con un gorgoteo y apuñaló en el costado sin piedad al orco rabioso, que esputaba sangre a cada puntada, sintiendo que la oscuridad de la muerte lo llamaba.
Una hilera de proyectiles ígneos cruzó el aire (cortesía de Therai), castigando las viejas osamentas animadas de los dos nomuertos, hasta que estallaron en pedazos entre humo y fuego.
Por desgracia, mientras todo ésto sucedía, Zantaman era vapuleado a tajo, mordisco y picotazo por parte de las bestias, asustado de acabar siendo una fresca cena de los monstruos. Aún así, en un acto de represalia, fruto del temor, convocó una esfera de llamas frente al oso-lechuza, que al golpearlo en el pecho, lo envolvió como un ávido incendio, convirtiendo entre chillidos de agonía a la criatura en un despojo llameante.
Por su parte, el jabalí, superado por los aventureros, cayó en una orgía de hachas, dagas y espada, rodeado y fulminado por el grupo en ayuda de Zantaman, observados desde una prudente distancia por Therai.

Agotados, vivos y por fin sonrientes, los compañeros tuvieron tiempo de echar un vistazo más profundo de todo lo que los rodeaba.
Además de estudiar concienzudamente los cadáveres -y las bolsas de saqueo que los esqueletos arrastraban, encontrando qué tesoros podrían pertenecer a SiempreMuerte y qué otros podrían ser aprovechados para propio uso-, dejaron de lado una pequeña fortuna en forma de los recuerdos y reliquias de las tumbas saqueadas.
Después, empezaron a estudiar las habitaciones adyacentes.
Aquella de las hileras de estatuas poseía, además, un arcón de roca maciza imposible de abrir y un símbolo de Moradin tallado en el suelo al que se aferraba un cadáver.
La otra habitación contigua también poseía otro símbolo de Moradin tallado en el suelo con otro cadáver aferrado al mismo, además de una pared derrumbada al fondo, como tratando de excavar en las profundidades de la roca buscando alguna veta minera, a la vez que, a las espaldas del derrumbamiento, un acceso natural comunicaba con lo que parecía la luz natural del exterior, arrastrando la brisa un extraño aroma húmedo a roca y tierra.
Al parecer, los dos cadáveres (humanos) llevaban allí más de dos semanas, habiendo intentado activar los sellos mediante un mecanismo de palanca que los giraba, como si se tratase de algún tipo de "seguridad".
Así, entre dudas, Rando utilizó su fuerza para, en efecto, mover apropiadamente la zona de los sellos a la que uno podía aferrarse, provocando un sonido mecánico de rocas en movimiento, como una gran maquinaria que activase algo en el exterior (cuyo sonido podía percibirse más allá de la abertura natural junto al segundo sello), y cuando los compañeros atravesaron esa zona, salieron a un área de lo más peculiar.

Una especie de claro bajo la propia estructura del alcázar en ruinas parecía encontrarse, precisamente, oculto por la mole del edificio más allá en las alturas, que estaba construido junto a una grieta que podía observarse desde aquel lugar, mirando hacia arriba y observando que el edificio prácticamente se encontraba a un par de metros de la roca natural, creando una sima que descendía hasta un hermoso mausoleo de manufactura enana, cuyas puertas de acero se habían abierto merced al mecanismo de las catacumbas.
El lugar, tallado en bajorrelieves por el exterior e interior, mostraba diversas escenas de enanos trabajando en una ciudad bajo una montaña de ríos de fuego canalizados a través de complejos mecanismos, para ser utilizados en provecho de las forjas de los enanos.
Cuando el grupo penetró en el mausoleo, no sólo encontró más grabados, sino también un obelisco en el centro de una gran habitación que hacía las veces de cámara mortuoria enana, el cual se encontraba desplazado a un lado, con un hueco en su centro por el que descendían unas firmes escaleras de caracol.
Al estudiar los textos del obelisco, el grupo descubrió que las seis tumbas de este mausoleo pertenecían a antiguos miembros del Clan AlzaEscudo (del mismo nombre que la ciudad que habían visitado para reabastecerse hacía unos días), moradores de la antigua fortaleza volcánica llamada ForjaEscudo (lo que ahora se conocía como la montaña Sudario Sombrío). Además de esa revelación, la piedra vertical mostraba la verdadera historia del Alcázar SiempreMuerte y el Clan AlzaEscudo:

Hace siglos, el volcán ahora conocido como SilentShroud exhaló su última erupción, dejando una cima tranquila en la que, décadas después, un ermitaño ex militar y algunos de sus más leales hombres encontraron la entrada subterránea a un asentamiento enano en un momento en que los habitantes sufrían un asedio DE SOMBRAS (la lectura del obelisco, por parte de Shail BrisaNocturna, le hizo cambiar la palabra Elfo Oscuro por SOMBRA... habida cuenta de su pasado, del cual aún no deseaba hablar) desde las profundidades. Invocando a su dios, el soldado y sus escasos seguidores retirados del servicio corrieron en ayuda de los enanos, y juntos lograron rechazar el ataque.
La gratitud hizo que los enanos forjaran una amistad con los supervivientes, incluido el Capitán Andervelius de los Guardianes del Trono, concediendo a los humanos una alianza y conocimientos para construir un Alcázar en la superficie estable del volcán, con un acceso formado por un firme puente de piedra tallada sobre un río seco de lava enfriada. Los soldados retirados se convirtieron en vigilantes de la superficie de la comunidad enana de ShieldForge, y los enanos vivirían tranquilos sabiendo que su existencia se mantendría en secreto bajo aquel volcán rico en materiales.
Con el tiempo, Andervelius fue nombrado conde de la Región (que fue bautizada con su mismo nombre: Condado Andervelius), y bajo su auspicio, ayudado por algunos enanos que decidieron establecerse en la superficie, nació el primer asentamiento a dos días al sur del monte: Villa Ander, en un entorno privilegiado de comunicación y fertilidad, con un pequeño puerto fluvial en el río IceSilver y junto al Camino Alto Castillo, principal camino de comunicaciones de la Corona.
A su vez, el caballero Dirolg SwiftTonge se convirtió en el primer Consejero Económico de EverDeath, como mano de confianza de Andervelius, controlando las finanzas y flujo de riquezas desde ShieldForge hasta el exterior, suministrando bienes y potenciando la economía de lo que, en el futuro, sería el próspero asentamiento de AnderVille, además de proteger el secreto de la existencia de los enanos del Clan UpShield ante el mundo.
El tiempo quiso que Andervelius se retirase a vivir en su ancianidad de nuevo al alcázar bautizado como EverDeath, tras haber encontrado el amor, forjado una familia y creado una Orden de Caballeros que velase el alcázar y su entrada secreta, así como dar instrucción a otra Orden externa, afincada en Villa Ander, para continuar la tradición de proteger desde la superficie el enclave enano. Así nació la Guardia de Ander.
Una de las notas más sorprendentes es que, al parecer, Andervelius y un descendiente de los UpShield, según las fechas, ya que no yacían en ninguna de las tumbas enanas, podrían haber creado un linaje en el exterior, existiendo una rama viva de los Andervelius y los UpShield.

Sorprendidos por el hallazgo, y maravillados por el secreto revelado, los aliados decidieron, después de un descanso, descender por el hueco de escaleras. Aunque la estructura era firme, a pesar de su antigüedad, de vez en cuando brotaba de las profundidades un leve olor a sulfuro, lo cual preocupaba, a sabiendas de que el lugar era un antiguo volcán... muerto, en teoría.
Los aventureros se maravillaban en el descenso de la estructura enana de gran calidad en los muros, aunque pronto empezaron a ver en paredes y escalones restos de lava enfriada, así como polvo y tierra de lava.
Entonces, en el silencio del descenso, algunos escucharon en las profundidades voces... orcas... las cuales parecían estar preparándose para algún tipo de evento.

Así, a sabiendas de lo encontrado antes de descender, los viajeros aumentaron su cautela, hasta llegar al final del recorrido de las escaleras.

Allí, desgraciadamente, la bienvenida en el salón enano al que el grupo llegó, adornado por los restos funerarios en forma de estatuas enormes tumbadas en las que, de seguro, se ocultarían los cadáveres de enanos del pasado, además de vetas de lava seca por paredes y luego, fue un grupo de orcos de aspecto peligroso, bien equipados, que dieron el alto a los recién llegados. La sorpresa pasó a un violento intercambio de palabras en el que los orcos informaban de que, si los aventureros se rendían, serían tomados como rehenes e interrogados sobre sus motivos para haber llegado hasta allí.
En el intercambio de palabras, el grupo se percató de que los orcos pretendían utilizar estas ruinas como un nuevo hogar. Y, mientras las palabras cruzaban, un Hijo Rojo de Shargaas, un asesino consumado entre la raza orca, utilizó el subterfugio para acercarse, ya que ningún grupo daba su brazo a torcer en la agresiva discusión sobre quién debía rendirse.

El asesino, en un peligroso ataque, consiguió derribar a Shail de Lathander, al tiempo que la imagen translúcida de un orco se manifestó tras las fuerzas enemigas, dando órdenes e instrucciones en común a sus compañeros, tras lo que levitó hacia el líder de la avanzadilla orca, fundiéndose con su cuerpo, y transmitiéndole un gran poder, manifiesto en el azulado brillo de sus ojos. Al parecer, el orco translúcido era un Sacerdote de Gruumsh que utilizaba su poder para manifestarse en la distancia y bendecir a los suyos.
Justo en ese momento, un Caudillo Orco y un Protector Orco acataron las órdenes del Líder Bendecido y se abalanzaron en tromba contra los aventureros, atacando en el centro de la formación y desperdigando al grupo con heridas y daños considerables.
La situación se convirtió en un verdadero problema cuando el Hijo de Shargaas conjuró un manto de oscuridad alrededor de la refriega, provocando una situación de confusión de la que sólo él se beneficiaría, a expensas de sus propios aliados, aprovechando para golpear a Rando, quien se había convertido en el foco de la mayoría de los ataques orcos.
Pero en aquella oscuridad, a pesar de su ceguera, Rando percibió la fuente de dichos ataques y lanzó una tromba de hachazos, encontrando un destino en cada golpe, quebrando hueso y despedazando carne, hasta que el asesino orco cayó, a pesar de que la oscuridad seguía ejerciendo su poder. Por suerte, el guerrero pudo afrontar, merced a su buen oído, la cercanía de los otros orcos, para mantenerlos a ralla.

La confusión fue el elemento más peligroso de la situación entre tinieblas, con el agravante de que Shail podría morir en cualquier momento.
Sin embargo, y a pesar de que los ataques orcos mellaban a cada instante la voluntad y la salud de los aventureros, además de que la magia de Gruumsh martilleaba sin piedad contra el grupo, por fin Shail fue sanado por Rando gracias a una poción curativa que consiguió deslizar hasta su boca y verter en su gaznate.
Pero aquello costó caro, ya que el Líder Orco, ataque tras ataque, había derribado a la mitad de aliados, a pesar de que Therai y Zantaman lo bombardeaban con proyectiles de energía mágica y flechas de fuego místico sin descanso, justo en el momento en que Zantaman también caía de un brutal ataque orco.
Pero la habilidad y la fortuna logró que un golpe afortunado de Kirk arrebatase la vida del Líder orco bendecido, con una espada entre sus costillas, enterrada en sus pulmones, después de haber logrado degollar al Caudillo orco unos momentos antes.
Al haber derrotado a dos peligrosos focos de fuerza, Kirk se envalentonó lo bastante como para, con una amenaza implícita, lograr que el Protector orco frenara su mano e intentase huir.
Y aunque, tras (por fin) la desaparición de la sombra sobrenatural, la silueta translúcida del orco sacerdote brotó del cadáver sin vida del Líder orco e intentó amenazar a los aventureros de que abandonaran aquel lugar, si no querían ser sometidos por el avance arrollador del resto de su horda, sus palabras apenas tuvieron eco en los valerosos corazones del grupo. La propia amenaza de Kirk se repitió al "fantasma" del sacerdote, quien se desvaneció, preocupado por las palabras del pequeño asesino.
Así, y superado por la situación, el Protector orco trató de escapar, pero su huida se vio frenada por la rabia contenida de los aventureros por el mal cariz que había tomado el combate, arrollando prácticamente al fugitivo.
Respirando por un momento, y atendiendo con sus bendiciones Shail a Zantaman, además de curar con una plegaria en grupo al resto de sus aliados heridos, en la calma posterior a la lucha se escucharon unos pesados pasos acercarse desde un acceso lateral al salón de recepción enano, momento en que una puerta de piedra que accedía desde la zona de los pasos hasta el salón se abrió bruscamente, y de ella surgió un extraño orco de grandes dimensiones, tras el cual la silueta fantasmal lo azuzaba una vez más contra los aventureros.
La criatura, ávida de sangre, penetró en tromba en el área, aprovechando el momento de reposo del grupo, aunque la superioridad numérica y táctica de los aventureros (aunque heridos y magullados) logró mantener en jaque al recién llegado, hasta someterlo y derrotarlo.
Con la muerte del fornido secuaz, la silueta se desvaneció con una nueva retahíla de amenazas a las que el grupo prestó más bien poca atención, apenas sí respondiendo con burlas, y pasado el momento en que todo parecía más tranquilo, empezaron a apilar cadáveres metódicamente hasta llevarlos fuera del mausoleo enano, y una vez allí, cerraron el obelisco desde el exterior, saqueando tranquilamente a los enemigos y decidiendo acampar en un lugar bien protegido como era aquel edificio enano, pensando en qué nuevas sorpresas encontrarían en aquella fortaleza enana subterránea olvidada, arrasada por la lava de un volcán muerto.


CONTINUARÁ

P:D.: En esta ocasión, en lugar de ilustraciones a cascoporro, he decidido utilizar las imágenes de las miniaturas usadas en las escenas de combate. Además de ello, doy las gracias por tener a mano el juego de mesa Wrath of Ashardalon y Dungeon Command (Blood of Gruumsh), además de un escenario de aventura de Mapa de D&D para poder desarrollar la Sesión. Es un pasote poder usar escenografía medianamente decente para esta campaña. SALUDOS.

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