(NOTA: Para evitar 'perderse de vista' con la invisibilidad, ambas mida ascienden por la fachada aferradas por la cola entre sí)
Por su parte, el resto del grupo quedaría a la espera cerca de la entrada principal, al margen, para evitar exponerse a un peligro innecesario. Panit, mientras tuviese a la vista a sus compañeros, podría enviarles mensajes mágicos a cierta distancia y en silencio, para ir informando de sus progresos y descubrimientos.
Comenzando su ascenso por el torreón noroeste, comienzan a echar un vistazo por las ventanas de las diferentes plantas.
En la base del mismo, las ventanas que daban al interior revelaron que, a través de una cortina hecha jirones, puede observarse el interior de una sala con muebles desordenados, cubiertos de polvo y telarañas. Hay una araña de candelabros de bronce rota colgando del techo. En una pared puede observarse un mural representando dragones metálicos y coloridas aves volando sobre un manto de nubes.
En la planta superior, la estancia tras las ventanas -más allá de otras cortinas descoloridas y hechas trizas- posee pebeteros oxidados sin antorchas a lo largo de las paredes. Además, pueden verse tres literas mugrientas y tres soportes para armas y armaduras esparcidos por el suelo.
Informando de lo observado, Bukko concentra sus sentidos sagrados, percibiendo tres puntos de energía de muertos vivientes -los cuales las mida no pueden ver- en el interior de esa habitación, informando de ello para que las mida sean prudentes.
Ascendiendo más todavía, en la siguiente habitación de la planta superior escrutada, las mida se percatan de algo realmente extraño: viendo el interior de la misma, desde la perspectiva interna por las cinco ventanas entra 'luz' que ilumina la habitación. La luz cubre una cama cubierta de polvo en el centro de la habitación, con los postes de los visillos rematados en tallas de dragones de madera. Dos grandes animales disecados flanquean las puertas dobles de madera de la entrada a la habitación: un oso pardo en pie sobre sus patas traseras, en actitud fiera, y un lobo terrible con aspecto abatido y mandíbulas congeladas en una mueca malvada. Junto al lobo puede verse un cofre de madera abierto y vacío.
Continuando hacia la parte superior del castillo, ambas hermanas observan por fin las dos torres picudas justo en la perspectiva por encima de la puerta principal.
Además de ello, las almenas rodean toda una zona que bien podría suponerse un castillo en lugar de una mansión la forma del tejado de Argynvosthold.
En el momento en que superan las almenas del torreón, lo primero que observan es una balista apuntando hacia el noreste, casi enfocada a los rostros de las mida.
Por suerte, nadie maneja el arma. Al observarla con más atención, da la impresión de ser muy antigua -aunque funcional-, castigada por el tiempo.
Sorteando al fin las almenas, Panit y Zhia avanzan agazapadas y sigilosas hacia el este, percatándose del lamentable estado de todo lo que hay en la parte superior de la mansión, como una enorme construcción central de madera en el mismo totalmente devastada y hundida, como si una fuerza inmensa la hubiese aplastado, creando entre los escombros y maderas rotas un inmenso boquete en el suelo de piedra.
Directamente hacia el sur del torreón por el que accedían, podían observarse los restos de otra balista destrozada y devorada por el tiempo, entre dos pequeñas torretas de techos de pico que dan la impresión de ser torres de guardia cubiertas de la intemperie.
Tras la larga edificación devastada puede observarse otra torre desnuda hacia el este -en cuyo centro hay una segunda balista en condiciones similares a la primera hallada-, y en el centro del ala este una gran torre octogonal con dos alturas adicionales sobre el techo del edificio, rematada con cuatro pequeñas torres de techos puntiagudos que se encuentran antes de llegar a la torre más grande (a través de cuyas puertas de madera algo agrietadas de las dos torretas más cercanas al cuerpo principal del edificio pueden observarse escalinatas que descienden a lo desconocido). Una pasarela con almenas lleva desde el cuerpo del edificio principal hasta dicha torre, pasando sobre un techo inclinado a dos alas de tejas de piedra negra.
Desde su posición, ambas hermanas se percatan de que tras la mansión se encuentra un segundo edificio más bajo junto a una valla. Desde el tejado, la maga mida envía un mensaje a Bukko describiendo todo lo que se encuentra ante sus ojos, para que un grupo rodee el área norte no destruida del edificio, para echar un vistazo a la zona posterior de la mansión.
Estudiando algunos rasgos más del techo, de pronto ambas mida son conscientes de que en la zona que ha sobrevivido de la construcción de madera, justo en el borde del tejado norte se encuentra una extraña gárgola chapada en plata, cuyo lustre metálico se encuentra oscurecido y perdido. Al estudiar más detenidamente la gárgola, las hermanas son conscientes de que en realidad se trata de una cría de dragón.
Avanzando despacio, al cruzar frente a la estatua, ésta abre el hocico, exhalando un suave rugido, tras el que se escuchan unas palabras guturales: 'Cuando el dragón sueñe su sueño, dentro de la tumba que le corresponde, la luz de Argynvost brillará y librará a esta región de las tinieblas'. Acto seguido, la voz se apaga con una mezcla de rugido y siseo.
Apretando las colas y prácticamente congeladas en el sitio, ambas hermanas suspiran unos segundos después, al ver que no sucede nada más.
Continuando prudentemente, al llegar al otro lado del edificio, desde el parapeto este, ambas mida se percatan de que en el suelo hay un viejo camposanto con lápidas cubiertas de niebla, rodeado de una valla de hierro de más de dos metros de altura, en cuya esquina se levanta un tétrico mausoleo -en forma de cruz- con cuatro criaturas aladas sobre cada entrada del mismo, iguales a la cría de dragón del techo, chapadas en la misma plata deslustrada, apoyadas sobre el techo de piedra. Las paredes de mármol blanco del edificio permiten adivinar una escritura sobre una de las entradas, la cual es imposible de leer a esa distancia y en la oscuridad de la noche.
Mientras Zhia evalúa honestamente si es capaz de llevarse toda la chapa de plata posible de las estatuas, Panit envía un nuevo mensaje de información adicional a Bukko para que estudie todo lo que pueda el lateral del edificio.
Continuando el avance hacia el torreón más grande al este de la edificación, al que se llega por una pasarela de almenas sobre el techo, las mida pasan entre dos pequeñas torretas que habían observado ya en la distancia, con puertas en mal estado que permiten observar unas escaleras descendientes en su interior.
Al final de la pasarela, una gran puerta de madera bastante robusta se cierra a lo desconocido, a cuyos lados se encuentran otras dos torres más pequeñas adosadas a la torre principal, recorriendo toda la fachada de arriba a abajo, terminando en un tejado en pico en la parte superior. Sorprendentemente, no parece haber ningún acceso desde el exterior.
Trepando por la parte externa del edificio sobre el tejado, las mida ojean hacia el interior de las troneras de la torre más grande, percatándose de que en su interior hay un rellano en madera frente a las grandes puertas sólidas, en bastante mal estado, del cual parte una escalera hacia las alturas, quedando en medio un hueco en el aire que desciende hacia las profundidades.
Ojeando hacia abajo, ambas hermanas descubren unos grandes ventanales en el ala este de la torre principal. Al bajar por un lateral, miran a través de dichos ventanales para percibir una gran sala bajo la zona en vilo de la escalera ascendente superior de la torre, en la que encuentran una balconada en 'U' en cuyo centro puede verse un hermoso trono tallado, asomado a la sala inferior de dicha balconada. A ambos lados del trono, dos puertas en el muro trasero dan paso al cuerpo central del edificio, mientras que dos accesos sobre las balconadas se introducen en las pequeñas torres por las que no se observaban accesos exteriores desde la pasarela de almenas. En el techo de la estancia, una inmensa lámpara de araña de hierro con apliques con forma de pequeños dragones plateados cuelga en silencio con velas apagadas.
Fascinadas por lo que observan, de pronto son conscientes del aspecto que revelan las vidrieras: un elfo con una espada brillante en alto y un sol al amanecer a su espalda, sobre el escudo de armas de la Iglesia de Andral.
Panit retransmite lo encontrado, preguntando al paladín si percibe criaturas de la oscuridad en la zona, aunque no recibe respuesta inmediata.
Por debajo de la balconada, las mida perciben que unos pilares de madera agrietados sostienen la balconada en la que se encuentra el trono tallado. Dichos pilares se encuentran en una capilla hecha de piedra firme. Desde la parte inferior, las hermanas pueden ver los accesos bajo las balconadas por los que se asciende por dos escaleras en espiral por el interior de las pequeñas torretas hasta el piso de la balconada. En la pared norte cerca de la torreta norte de la capilla, una sólida puerta de madera se encuentra bloqueada desde dentro por una tranca de madera, que da acceso a una escalinata en dirección al camposanto.
Junto a los ventanales, un altar de piedra descansa flanqueado por candelabros de hierro. Dicho altar puede verse tallado en un sol naciente. Tras el altar, los ventanales coloreados a través de los que observan Panit y Zhia dan justo a donde se encuentra el altar de piedra. El ventanal más al sudeste se encuentra roto en una gran porción. Una espesa niebla que se encuentra en la parte posterior del edificio se filtra a través de ese ventanal agrietado al interior de la capilla, alzándose del suelo exterior como un ente vivo desde el valle.
A través de la niebla que cubre la capilla hasta casi un metro de altura, ambas espías pueden ver a tres figuras borrosas arrodilladas frente al altar -de las cuales Panit informa a Bukko-.
En su avance, Bukko se encuentra descubriendo -al rodear el ala norte- que hay numerosos focos de energía de muertos vivientes dentro del edificio, a diferentes alturas, lo que empieza a preocuparle, pues algunas de dichas auras de fuerza poseen un poder amenazador.
En su camino, el grupo del exterior supera una entrada al norte del edificio cerrada por unas rejas de hierro con una vieja cerradura. Al otro lado de la misma, puede observarse que dos escaleras la flanquean, perdiéndose tras unos muros defensivos.
Más allá, finalmente el grupo llega hasta las rejas del camposanto inmerso en bruma hasta la parte superior de sus lápidas.
Justo al alcanzar las rejas del cementerio, una sensación como de ser observados hace a todos alzar la vista hacia el torreón nordeste, percatándose de que a través de la ventana más al sudeste de la estancia en la segunda planta del torreón, un hombre bien vestido con una espesa mata de pelo color castaño claro observa a los recién llegados desde allí, sosteniendo una cortina ante él con su mano. Cuando las miradas del grupo se cruzan con la suya, suelta la cortina y su imagen se pierde tras la misma.
Bukko chistea en dirección a Panit, señalando la ventana. Ygrein, con un torrente de voz, grita: "¡CHISMOOOOSOOOOOOOO!", sobresaltando a todo el mundo -mida invisibles incluidas- en el silencio, que la observan con gesto de 'No-Me-Jodas'.
En su camino, Bukko finalmente es consciente de que un total de 26 esencias de muertos vivientes, dos de ellas muy poderosas, lo que le hace sospechar que es posible que entrar allí a las bravas podría provocar diversas bajas estúpidas en el grupo.
Desde su posición en la fachada de la capilla, las mida escuchan unos pasos entre las almenas acercándose a su posición desde el cuerpo principal del tejado.
De pronto, sobre las almenas del torreón nordeste aparece un caballero nomuerto embutido en una vieja armadura, cuyo rostro reseco se asoma a observar el entorno, y empieza a vigilar el entorno, sin percatarse de la presencia invisible de las hermanas o el grupo junto a la verja del cementerio, medio ocultos por la bruma que se alza entre las lápidas.
Susurrando mágicamente a Bukko, describe la presencia de la criatura recién aparecida.
Bukko informa a sus acompañantes, y todos tratan de echar un vistazo hacia el torreón, buscando la silueta revelada. Los ojos de Bukko quedan envueltos por la bruma, impidiendo la visión momentánea. De hecho, sólo la mirada de Ygrein percibe la silueta recortada contra el firmamento, cuya raida capa se agita en la brisa.
Al verla, la criatura evoca emociones de odio y repulsa encontradas en las entrañas de la clériga, sin saber bien por qué.
En el silencio de la noche, la voz de Ygrein vuelve a escucharse cristalina y potente: "¡UN CHISMOSO NOMUERTOOOOOOOOOOO!", sobresaltando una vez más a todos los compañeros, que pueden ver a la clériga señalando hacia las alturas.
Ante el bocinazo, la criatura mira hacia abajo.
Una voz cavernosa desde las alturas dice: "¿Sois Ygrein?"
"¡¿Y tú quien eres?!", responde la sacerdotisa sin miramientos y a pleno pulmón.
"¿No me recuerdas?", expone la criatura.
"¡Así de lejos la verdad es que no, oye!", dice ésta. "¡Pero no me das buena espina!".
"Hablamos hace días en la aldea de Uarowia", dice el ser.
Ygrein, extrañada, cruza su mirada con Bukko, preguntándole si la criatura le suena de algo.
"De hecho", continúa, "hablé con tu compañero Akon".
Todas las miradas se vuelven hacia el tiflin, al que Bukko pregunta si conoce a la criatura.
Akon responde: "Se trata de Sir Meriath de Argynvost. Es un miembro de la Orden del Dragón Plateado, que mora en este alcázar".
Ygrein, cuyo cerebro se encontraba aprisionado en sus recuerdos por las brumas de este extraño valle, empieza a reaccionar a las palabras de Akon, y alzando la voz y un brazo, pide a la criatura que baje a hablar para recordar exactamente quien es ese ser.
"Un momento", dice el monstruo, apartándose de las almenas.
Mientras la criatura desaparece -esperando todos que descienda a hablar con los compañeros, Akon explica a Bukko y sus compañeros lo necesario para conocer a la criatura (NOTA: Ver los SpinOff de Akon&Ygrein): se trata de un caballero de la Orden, la cual es enemiga de Strahd pero no adopta una postura clara de oposición contra el mismo por motivo de su líder. Bukko, interesado por tal historia, considera la posibilidad de conversar con ellos para tratar de posicionarlos en su favor.
Después de un rato, tras la puerta de la capilla que da directamente al camposanto se escucha desplazarse el madero que la traba, y el acceso se abre, del que sale la criatura envuelta en niebla en dirección a las verjas del camposanto.
En su avance, los chasquidos de metal y huesos se hacen evidentes ante la naturaleza del monstruo, hasta llegar a la valla.
Al alcanzarla, la figura del muerto viviente brota clara a través de la bruma que la rodea, permitiendo que se perciba perfectamente su aspecto monstruoso.
Bukko cruza firme su mirada con las cuencas luminosas del caballero nomuerto, sin pestañear. Akon, al observarlo, percibe que, aunque la imagen de la criatura le es familiar, transmite una intensidad de poder palpable. Katy, al ver acercarse a la criatura al hipótido, sostiene con una mano una de sus espadas, atenta a cualquier gesto extraño del monstruo. Sin embargo, Ygrein se estremece sorprendida, dando un veloz paso atrás, sintiendo como el calor y el color escapan de su rostro, y de pronto se gira de espaldas, cubriéndose con el corpachón del paladín, interponiéndolo entre ella y el recién aparecido. De reojo, Katy observa a la sacerdotisa, y resopla entre dientes por semejante actitud cobarde.
"Creo que ya os conocéis", expone Bukko, señalando a Akon.
"Lo conozco", expresa con vibrante voz de ultratumba Sir Meriath. "Pero al resto no, salvo a ella", señala el monstruo a la espalda del paladín.
"Pues ella parece no querer conocerte ahora mismo", responde éste.
"En nuestro primer encuentro, sin embargo", dice el recién llegado, "era muy brava".
"El tiempo pasa para todo el mundo", comenta Ygrein a espaldas de Bukko.
"Podrían haberle encogido los ovarios", dice el paladín con sorna.
"No lo sé. Llevo mucho tiempo muerto como para recordar sobre sensaciones de los seres vivos", comenta desinteresado el muerto viviente. "¿Qué hacéis aquí?", desvía la conversación. "Mi señor no está de muy buen humor para recibir visitas".
"Hemos venido para saber si tu Orden de Caballería...", comienza Bukko, aunque sus palabras son interrumpidas por los susurros mágicos de Panit preguntando qué deben hacer, escondida mágicamente en las alturas junto a Zhia.
"Disculpa", continúa el paladín, algo distraído. "No voy a andarme con rodeos.
Akon, si no me ha informado mal, me ha comentado que sois enemigos de Strahd".
"Lo somos", afirma rotundo el ser. "Pero por nuestra naturaleza también somos prisioneros de su poder".
"Nosotros estamos reuniendo a todos los aliados posibles, e incluso artefactos, para combatir a Strahd", explica Bukko.
"Ya le dije a tu compañero Akon que, en el hipotético caso de que fueseis capaces... si yo poseyese expresión, veríais en mí cierto gesto de sorna... de confrontar a Strahd, reuniríamos el valor para ayudaros", comenta Sir Meriath.
"Ya nos hemos enfrentado varias veces a él", interrumpe el paladín.
"¿Y seguís vivos?", expresa con voz sorprendida el interlocutor.
"Así es", responde Bukko. "¿Cual es la naturaleza de vuestra maldición?"
"O mientes muy bien", interrumpe esta vez Sir Meriath, "o tenéis mucha suerte".
"Un paladín jamás miente", afirma Bukko con sobriedad.
"Y eres paladín de...", pregunta curioso el nomuerto.
Bukko: "De Waroui. En estas tierras interpretada como Andral".
Meriath: "Reconozco tu aura de poder, paladín. Serías bien venido en nuestra capilla, si tres guardianes no la custodiasen permanentemente, y atacaran a cualquiera que se atreviese a pisar ese lugar".
Bukko: "No es mi intención profanar tu santuario, si no tengo vuestro permiso".
Meriath: "El problema es el odio que consume a todos los que aquí habitan".
Bukko: "¿Cual es el origen de ese odio?".
Meriath: "Como le dije a tu compañero Akon, nuestra confrontación con Strahd nos valió la muerte y la maldición de la no-vida que nos ancla a este lugar. No podemos escapar. No podemos continuar nuestro camino hacia la otra vida. Y vagamos sin descanso día y noche por estas tierras, tratando de encontrar un sitio a través del que salir de aquí. Todo aquel que es aliado de Strahd y al que podemos ejecutar, cae bajo nuestras espadas y nuestra ira. Pero no así Strahd, pues él es demasiado poderoso para atacarlo en nuestro estado, ya que es capaz de controlar nuestros cuerpos y mentes mientras está cerca".
Bukko: "¿Y no podéis salir del castillo?".
Meriath: "Podemos. Y lo hacemos".
Bukko: "Pero no podéis luchar contra él".
Meriath: "No directamente. Pero sí podemos debilitar a sus aliados siempre que tenemos la oportunidad".
Ygrein, dando dos pasos, alejándose de la valla, se gira de medio lado, observando de soslayo a la criatura con desagrado, empieza a hablar. "Además, había una chica que se perdió por aquí... Arabelle... del pueblo de los Vistani... y nos pidieron buscarla. Pero..."
Meriath: (interrumpiendo) "Del pueblo de ¿quién?".
Ygrein: "De los Vistani. Una chica joven, si no recuerdo mal..."
Meriath: "¿Los vistani? ¿Esos malditos traidores? ¿Esos monstruos? ¿Esos engendros que refugiaron a Strahd cuando aún era un débil Peregrino encarnado temporalmente y escapó a nuestras espadas por pura suerte?".
Ygrein: "La verdad es que vosotros, en cierta forma, habéis caído bajo sus garras..."
Meriath: "Ahora que su poder es diferente. Antes, cuando intentó convertirse en mortal, era susceptible de nuestro poder. Y bajo el auspicio de Argynvost, y con la ayuda de Andral, estuvimos a punto de derrotarlo".
Ygrein: "Cada vida que salvamos que no cae en manos de Strahd es una vida menos de poder que él tiene. Si sabes algo sobre Arabelle, nos ayudaría mucho".
Meriath: "De quién. ¿Esa chica?"
Ygrein: "Exacto".
Meriath: "Ni la he visto ni me importa. Es una vistani".
Con un gesto de hombros encogidos, Ygrein deja de mirar en dirección al monstruo, tratando de contener el extraño temor que se había apoderado de ella.
Meriath: "Y si hubiese venido aquí, habría caido bajo nuestra espada".
Bukko: "Me consta que custodiáis un poderoso artefacto que podría combatir a Strahd".
Meriath: "¿El que lleváis con vosotros?".
Bukko (con gesto de 'pillado'): "Efectivamente".
Meriath: "Entonces ya no está en nuestro poder, sino en vuestras manos".
Bukko: "Quiero decir... si lo usaseis vosotros, ¿os liberaríais de la maldición?"
Meriath: "No lo creo. El mero hecho de cogerlo posiblemente destruiría nuestra envoltura corpórea".
Ygrein (mirando hacia los bosques): "¿Y no hay forma de ayudaros con ésto... a romper vuestra maldición?".
Meriath: "He oído rumores. El Corazón de Argynvost aún vaga por estos salones. Y su poder trata de comunicarse con nosotros. Pero mi señor Horngaard cree que bajo el auspicio del alma verdadera de Argynvost podríamos volver a nuestro verdadero camino. Por desgracia, su cuerpo fue arrebatado por Strahd al morir, y se lo llevó como trofeo".
Bukko: "Y sólo su alma vaga por estos rincones".
Meriath: "Sí. Un lazo físico de Argynvost con este lugar podría ser suficiente para ayudarnos en nuestra salvación".
Ygrein: "Entonces, una parte del cuerpo valdría, ¿no?".
Bukko: "Es decir, que si traemos el cadáver de Argynvost aquí, ¿podríamos romper la maldición?"
Meriath: "Es posible".
Bukko: "Y, ¿eso os liberaría para poder ayudarnos? ¿O descansaríais en paz?"
Meriath: "Quizá. No estoy seguro".
Bukko: "Pero, si se lo llevó como trofeo, ese cadáver lo tiene Strahd en su castillo".
Meriath: "Puede ser".
Bukko (negando con la cabeza): "No estamos preparados todavía para enfrentarnos a Strahd en su propio terreno".
Meriath: "Pero entiendo que estáis buscando algo que os ayude".
Bukko: "Buscamos muchas fuentes de ayuda en realidad".
Meriath: "Si consigues un juramento por parte de Horngaard y extraer de sus labios resecos su palabra para ayudarte en vuestra lucha, es posible que consigáis algo de apoyo".
Ygrein: "¿Horngaard es el señor del alcázar?"
Meriath: "Por debajo de nuestro señor Argynvost".
Bukko: "¿Podrías avisar a tu señor? ¿O nos das tu permiso para entrar y hablar con él? O... tendremos que entrar y destruir a tus compañeros..."
Meriath: "Aunque los destruyeseis, volverían tarde o temprano. Quizá mañana... quizá dentro de unos días... una semana... o algo más. Pero SIEMPRE vuelven".
Bukko: "En ese caso, solicitamos audiencia con tu señor".
Meriath: "¿Estáis pidiendo audiencia formal con el Señor de Argynvost? ¿Lord Vladimir Horngaard?"
Bukko: "En el nombre de Waroui y Dekaeler, lo hacemos".
Meriath, observando a todo el grupo, habla una vez más. "Intentaré concederos audiencia, pero no puedo asegurar que eso no os cause pesar. Esperad aquí. No perturbéis a los muertos".
Bukko: "Hay dos compañeros míos que ya están buscándolo en el alcázar".
Meriath (girándose sobre sí mismo mientras se marchaba, deteniéndose): "Entonces son unos necios que morirán bajo las espadas de mis compañeros".
Al escuchar aquellas palabras, Bukko abre el canal mágico con Panit, repitiendo literalmente las palabras de Sir Meriath. Entonces Panit pregunta sobresaltada sobre qué ha hablado de ellos. Bukko explica que no tienen permiso para estar donde están, y si alguien del castillo los pilla, van a darles un buen varapalo.
Cuando Zhia y Panit se molestan por haber revelado su posición, Bukko explica que han pedido permiso formal de paso, y ha tenido que explicar que las dos mida estaban investigando el alcázar, momento en que el muerto viviente explicó lo que podría suceder si pillasen a las intrusas, provocando la ira de los habitantes del alcázar, cosa que no interesa a los aventureros. En ese caso, lo mejor es que las mida se marchen de donde están, y se reúnan con ellos en sitio seguro.
Al poco de explicarse Bukko y marchar sin Meriath, junto al grupo aparecen dos mida con gesto de frustración e indignación por parte de Panit, a la que han estropeado su pequeño momento de 'riesgo táctico' y adrenalina. Zhia, sin embargo, no desaprovecha para utilizar su invisibilidad desvanescente para bromear desenganchando y enganchando un arnes de los pertrechos de Ygrein, siendo observada con gesto reprobatorio por parte de Bukko.
Bukko, impermeable a las silenciosas quejas, reza una oración por las almas de las criaturas condenadas en el alcázar, mientras reconforta a una extrañamente nerviosa Ygrein que sólo se calma cuando el muerto viviente se pierde más allá de la puerta junto a la capilla.
Después de un rato demasiado largo frente al tétrico y brumoso cementerio, haciendo tiempo a la fría y nocturna intemperie, el grupo observa que Sir Meriath vuelve por la parte exterior del edificio, dirección por la verja que el grupo de superficie había observado en el ala norte de la mansión. Ya junto a los aventureros, comienza a hablar: "Sorprendentemente, Lord Horngaard está intrigado por vuestra presencia aquí, y os concederá unos minutos de audiencia antes de decidir si decapitaros y entregaros a las rapaces".
Con cierto recelo general, Bukko solicita a Sir Meriath que los conduzca ante su señor.
Así, la comitiva rodea el edificio para volver a entrar por la puerta frontal, llegando hasta el recibidor principal -antes de entrar, Sir Meriath pregunta por la procedencia del carruaje cerca de la entrada, a lo que es informado de que, efectivamente, es propiedad del grupo. En ese momento, Bukko aprovecha para gritar a Viktor que vaya preparando la cena. El joven clérigo se asoma por la ventana, viendo a la comitiva, y al observar la presencia del nomuerto, grita y se esconde en el interior del carruaje. Un momento después, se asoma por la parte posterior del carruaje con un escudo y una maza, preguntando si el grupo se encuentra bien, a lo que es informado de que van a entrar a la mansión a entrevistarse con el señor de la misma. Tras el muchacho, Ismark, Ireena, Katy y Savid surgen armados y en actitud defensiva para ver qué ocurre, alertados por el joven. Preguntan si hay problemas, sobre todo al ver al nomuerto junto al grupo, a lo que Bukko contesta que no pasa nada, pero mejor que se queden junto al carro, que es más seguro-, por cuyas escaleras del este todos suben hasta las alcobas de piedra superiores, recorriendo la del norte dirección oeste hasta una escalinata que conduce en teoría a una de las pequeñas torretas de techo puntiagudo que flanquean la entrada principal.
Durante el trayecto, Zhia pregunta a Sir Meriath su opinión sobre que Savid el Elfo Crepuscular se pasease por la mansión Argynvosthold, lo que provoca una respuesta de confusión y desconocimiento en el nomuerto. Cuando el nomuerto pregunta sobre esa criatura y la mida comenta que fue alguien que hizo una incursión en el lugar, Sir Meriath responde que, probablemente, en el caso de ser hallado, habría muerto sin remisión. Zhia concluye que, en ese caso, ha sido afortunado.
Subiendo una planta, la escalera alcanza una entrada cubierta por una cortina raída que la cubre, la cual Sir Meriath aparta en su avance. Más allá, los compañeros observan un pasillo en sombras con dos pares de puertas dobles macizas pero muy viejas a la izquierda del mismo, y en el centro del recorrido puede verse una enorme cantidad de escombros, producto de lo que parece un enorme boquete en el techo de la zona, que además también forman parte de lo que parece la esquina de una estancia que se ha venido abajo a su vez.
Sir Meriath se dirige a los aventureros, indicando que hay que atravesar los escombros, y es preciso tener cuidado. Continuando su camino, sortea el terreno dificultoso sin muchos problemas. En efecto, cuanto más se acercaba el grupo a la escombrera, más podía observar que el techo sobre la misma había sido devastado desde el exterior, pudiendo verse que, por encima, una construcción de madera y mampostería también había sufrido los terribles efectos que provocaron su colapso.
El agua gotea por algunos de los bordes del hueco, creando pequeños charcos gélidos.
Zhia, curiosa, preguntó a Sir Meriath si alguien con armas de asedio se enfureció con el alcázar, señalando extrañada el enorme agujero. Sir Meriath comentó que aquella devastación fue producto del ataque de Strahd en el pasado, cuando su orden fue erradicada.
Al atravesar los escombros, el grupo ve que un paso se abre hacia la derecha, también inundado de destrozos en la construcción, dejando ver un gran acceso justo a la derecha de dicho pasillo junto a los restos de un enorme portón hecho astillas -sin incluir la esquina destrozada de una estancia que quedaba al descubierto-, y más allá una nueva intersección.
Al llegar allí, Sir Meriath informa de que el grupo debe esperar entre los escombros, mientras él penetra por el acceso destrozado oeste del pasillo.
Más allá, la voz de la criatura se escucha firme y clara: "Mi Señor Vladimir Horngaard.
Lord Bukko de Andral y su comitiva esperan vuestra audiencia".
Otra voz quebrada y potente se escucha como respuesta, cargada de odio y muerte de ultratumba: "Hacedlos pasar".
Sir Meriath vuelve a un ángulo en el que puede ser observado, e indica al grupo que pase junto a él, señalando el interior de la habitación con el portón destrozado, pues el Señor del alcázar espera.
Con Bukko a la cabeza, el grupo entra en una enorme sala rectangular de aspecto ajado por el tiempo a través del inmenso agujero de escombros que es ahora la puerta destrozada. Armas y escudos que una vez colgaron de los muros han caído al suelo y sucumbieron al óxido. Un gran trono de madera tallado en forma de un dragón desplegando las alas se haya frente a tres altas ventanas al oeste.
Hundida en el trono se encuentra una figura flaca y con armadura, cuyos guanteletes sostienen la empuñadura de un mandoble.
A ambos lados del paso que lleva hasta el ser sentado hay seis caballeros con posición marcial y espadas en alto, tres a cada lado, aunque al observarlos, puede verse que su aspecto es translúcido en lugar de sólido.
Bukko emite un fervoroso saludo a la criatura que se sienta en el trono dragón.
La criatura, en completo silencio, observa de arriba a abajo, uno a uno, a todos los recién llegados, sin expresión alguna en su rostro nomuerto, tomándose al menos unos diez minutos para tan exhaustiva y silenciosa observación. Ante el escrutinio, el paladín lo soporta pacientemente, mientras saca algo de verdura y lo come ausente, a lo que Panit le palmotea las manos susurrando "Eso es de mala educación". Tras el estudio, se apoya con más ahínco en su gran espada, y habla en un susurro:
"Marchaos".
"Habíamos venido a hablar contigo", expone, ofendido, Bukko. "Queremos pactar una alianza".
La criatura 'suspira'.
"Creo que ambos servimos a un dios afín", continúa el paladín.
Horngaard: "Si habéis llegado a esta tierra para liberarla de la criatura que se alimenta de la sangre de los inocentes, sabed esto: no hay ningún otro monstruo al que odie más que a Strahd Von Zarovic. Él asesinó a Argynvost. Quebró la ira de los caballeros que amaba y destruyó la valiente Orden a la que he dedicado mi vida. Pero Strahd ya ha 'caído' una vez. No se le permite 'caer' de nuevo. En su lugar, tiene que sufrir eternamente en un infierno de su propia creación, del que nunca podrá escapar. Haré todo lo que se pueda hacer para llevarlo a la miseria y el descontento. Lo haré. Pero, destruiré en todo caso a cualquiera que intente finalizar su tormento".
Panit, confusa, comprende que aquellas palabras implican atormentar sin destruir a Strahd, y no entiende el por qué.
Bukko: "Finalizar su tormento".
Horngaard: "Este lugar es una prisión de su propia creación. Este lugar es una manifestación de lo fallido de su poder, que lo encerró para su desgracia y su sufrimiento. Y de la misma forma que él nos hace sufrir a nosotros día tras día, atados en estos cuerpos nomuertos, él sufrirá por sus errores y por su crimen, y aquel que intente destruirlo y librarlo de su propia maldición... también es mi enemigo, ¡pues yo quiero verlo sufrir, al igual que él me hace sufrir a mí día tras día!".
Bukko: "Eso no tiene ningún sentido porque tú sufres en la eternidad por su culpa".
Ygrein de fondo susurra 'sí que lo tiene'.
Horngaard: "Pero también soy el prisionero que ve como su carcelero sufre por su propia ignominia".
Bukko: "Creo que tu sufrimiento te ha enloquecido y te ha nublado la razón".
Horngaard: "¡NO OSES decir que estoy loco, mortal!¡¿Cómo te atreves?!¡No te atrevas a tacharme de demente!".
Cuando Zhia hace un gesto burlesco de demencia, medio oculto entre sus compañeros, el suelo vibra y tiembla ligeramente.
Bukko: "No era mi intención insultarte. Sólo me gustaría que contemplases otro punto de vista que no habías considerado".
Horngaard: "Llevo 400 años sufriendo por el caos y la muerte traídos a este lugar a través de Strahd. Sin embargo, lo que más me place es ver que cualquiera de sus intentos de logro por su estúpido ritual se convirtieron en una corrupción de sus propias intenciones y lo dejaron aquí atrapado. Sólo me complace saber que Andral cumplió con su cometido cuando mi señor Argynvost cayó ante las fuerzas de Strahd".
Bukko: "Pero, ¿y si hubiera una posibilidad de acabar con tu maldición...?"
Horngaard: "¡No la hay!¡En 400 años aquí existiendo, nadie la ha encontrado!¡¿Cómo alguien como tú, que además tiene ese aspecto, y que parece salido de los pozos de un Peregrino, puede decirme que hay una cura para el mal de Strahd?!"
Bukko: "¿Y tú sirves a Andral?"
Horngaard: "Servía a Andral. Ahora sólo sirvo a la cárcel de este engendro".
Bukko: "Pues cualquier sirviente de Andral es capaz de ver más allá de las envolturas mortales que tenemos".
Horngaard: "Pero ¡yo no soy mortal!"
Bukko: "Pues con más razón. Tú estás más en contacto con lo espiritual que nosotros. Y deberías ver que somos todos paladines de ese dios. Y que podemos destruir a Strahd y liberar a toda esta tierra del mal y de tu maldición en concreto. Yo creo que si te unes a nosotros y te alias a mi grupo y a otros aliados que tenemos por otras partes de este territorio... y con las claves que hemos encontrado para acabar con él... podrías liberar a los tuyos, a ti mismo y a tu pueblo".
Con una mirada intensa hacia Bukko, Horngaard baja el tono de voz: "Jamás he oído hablar de esas claves ni de un plan para liberar a un vampiro confinado."
Bukko: "Antes de continuar hablando con franqueza, sólo queríamos saber si estábamos en el mismo bando, pero está claro que tu intención va a ser impedirnos acabar con Strahd".
Horngaard: "Ya te he dicho que cualquiera que le ataque está en mi contra, porque sólo deseo verlo sufrir".
Bukko: "Si tu nivel de odio te ha llevado a ese punto..."
Horngaard: "¡Está justificado, mortal!"
Bukko: "Orientemoslo de otra manera. Tu objetivo en esta no-vida parece ser que es el sufrimiento del causante de tu maldición".
Horngaard: "Exacto".
Bukko: "¿Qué sería lo que más haría sufrir a Strahd, tú que lo conoces mejor que nosotros?"
Horngaard, con una extraña sonrisa, habla: "Ver como todo su mundo continúa su camino mientras él queda atrás, apartado... roto... y todas sus ambiciones son destruidas".
Bukko: "¿Qué es lo que más ansía Strahd?"
Horngaard: "A una mujer. Su nombre era Tatyana".
Bukko: "Pero está muerta".
Horngaard: "Sí. Pero al parecer él sigue pensando que alguien en este lugar continúa su legado. Es su descendiente, o algo parecido, y la buscará allí donde pueda, hasta lograr convertirla en su títere, y continuar el ritual que quedó destrozado en su momento, gracias a Andral".
Zhia: "Y ya que conocéis tan bien a Strahd, ¿sabéis algún método para detenerlo... o retenerlo de alguna forma, para que os lo podamos traer y lo torturéis por toda la eternidad? Sólo intentamos ayudar. Si lo que queréis es causarle sufrimiento, no se me ocurre mejor manera. Así... ¿cómo podríamos traéroslo?".
Horngaard parece quedar pensativo, y después contesta: "No hay mayor prisión que la que él mismo ha creado".
Ygrein susurra 'sarna con gusto no pica'.
Zhia, tras la respuesta, se encoge de hombros, dirigiéndose a Bukko con intención de marcharse, porque parece que no hay más que hacer allí.
Bukko: "Muy bien. En ese caso, aquí os dejamos con vuestro sufrimiento, y que vuestra existencia continúe sus pasos".
Horngaard: "Habéis removido mis emociones. Y eso no es algo que me plaza. Espero no volver a veros por aquí. Hoy sois el objeto de mi piedad. En otro momento seréis el foco de mi ira, puesto que ya sé vuestras intenciones, y si alguno de los míos os encuentra, no tendrá piedad con vosotros".
Bukko, antes de partir, observa con intensidad divina a Lord Vladimir, sintiendo que la esencia nigromántica de su poder lo envuelve y lo abruma, percatándose de que quizá combatirlo no sería una gran idea. Zhia, haciendo un gesto de 'vamonoooos' comenta en tono casual que 'los están esperando en Valaki'.
Bukko, antes de marcharse, vuelve a dirigirse al señor del alcázar: "Antes de irnos, ¿nos concederías a uno de tus caballeros para que nos acompañe para luchar contra Strahd, y contribuir a su sufrimiento?".
Horngaard: "Mis caballeros tienen un voto de obediencia para mí, y mis órdenes son luchar contra todos sus esbirros, pero dejar a Strahd en paz".
Bukko: "En ese caso, ¿vendría a luchar 'contra todos los esbirros a los que nos enfrentemos de Strahd' hasta dejar al vampiro sin sus huestes?"
Horngaard: "Si es de su placer, podrá hacerlo bajo su responsabilidad". Al pronunciar esas palabras, Lord Vladimir observa de reojo a Sir Meriath con un crujido de su cuello reseco, y el aludido agacha la cabeza. Siguiendo la mirada de Lord Vladimir, Bukko observa a Sir Meriath: "Sir Meriath. ¿Deseáis venir con nosotros?" Creo que te llevas bien con Akon. De hecho, hacéis buenas migas y conversáis amistosamente. Me consta".
Ygrein se estremece al escuchar esas palabras, pensando 'si cabe en el saco mágico de almacenaje...'
Zhia: "Bukko. Que Viktor creo ya está cociendo las coles, y ya tienen que estar hechas. No se vaya a poner malo el guiso".
Bukko: "Ya vamos Zhia, espera".
Horngaard: "Sea pues. Meriath, ¿tu deseo es acompañarlos?"
Bukko: "Vamos, Sir Meriath. Nos guiarás con tu compañía. Tu señor te está permitiendo partir. Creo que todos guardáis en vuestro corazón un héroe que desea expresarse".
Sir Meriath: "Mi señor..."
Horngaar: "Sea pues, Sir Meriath. Acompaña a estos ilusos y muéstrales la verdad de estas tierras desafortunadas. Que sean conscientes de que sus deseos y sus intentos locos de derrotar al Mal que no Muere vean la verdad".
Sir Meriath se cuadra formalmente ante Lord Vladimir.
Horngaard: "Y ahora marchaos. No deseo más vuestra presencia".
Bukko, al marcharse: "Queda en paz, y que Andral te bendiga".
Al girarse el grupo, tras ellos se escucha a todos los soldados moverse al unísono marcialmente, levantando ecos fantasmales, cuadrándose y envainando sus espadas, mirando hacia los aventureros que se marchan.
Al salir de allí, escoltados por Sir Meriath, el grupo se mueve exactamente por el mismo camino de vuelta por el que había llegado hasta allí.
En el momento en que cruzan frente a una puerta antes de llegar al pendón raído que cubre la entrada de las escaleras por las que los aventureros llegaron hasta aquí, ésta se abre, y en su umbral puede verse otro caballero muerto viviente que observa al grupo con 'expresión' grave. Sir Meriath se detiene ante él, saludándolo formalmente: "Sir Godfrey..."
El caballero recién aparecido habla en un susurro: "¿Vosotros sois los vivos que os habéis atrevido a hablar con Lord Vladimir?"
Panit contesta en el mismo susurro: "Claro que sí".
Godfrey (susurro): "Por favor. Acompañadme". El recién llegado entra en la habitación por cuya puerta se había asomado. El aura de poder que Bukko percibe en esta criatura rivaliza con la de Lord Vladimir, aunque no teme su llamada, pero antes de entrar pregunta a Sir Meriath si hay algún problema. El aludido indica que no ocurre nada.
Sir Godfrey es el segundo al mando de la Orden, sólo por debajo de Lord Vladimir.
Con dicha información, el hipótido se aventura a la habitación, seguido del grupo y Sir Meriath.
En la gran habitación por la que el grupo entra, a través del polvo y las telarañas, hay descoloridos estandartes de guerra que adornan la espaciosa cámara. En su centro, hay una mesa robusta de madera. Una araña de metal -lámpara- cuelga encima de la mesa, rodeada por seis sillas de respaldo alto con dragones tallados sobre dicho respaldo. En cinco de dichas sillas hay esqueletos humanos embutidos en armaduras, cuya cota de malla está hecha jirones. Cuando los vivos penetran en la estancia, las cabezas de todos ellos se giran hacia el grupo, sacudiendo sus mandíbulas medio descolgadas, provocando una cacofonía de voces de ultratumba: "¿Por qué vosotros los vivos perturbáis el descanso de los muertos?". Cuando ésto sucede, Sir Godfrey alza una mano enguantada, y los cráneos de los esqueletos vuelven a girarse para observarse unos a otros, volviendo el silencio a la fría sala.
"Pasad, por favor. No temáis de mis caballeros", comenta el anfitrión muerto viviente. Al pasar el último aventurero, cierra la puerta de la estancia con mucho cuidado, no sin antes hablar con Sir Meriath en el umbral. "Sir Meriath. Guardad la puerta. No dejéis que Lord Vladimir llegue aquí". Acto seguido, el aludido saluda y se queda en el exterior, antes de que Sir Godfrey cierre.
Zhia (susurrando a sus compañeros): "Que timba más muerta".
Al observar al anfitrión, Bukko e Ygrein se percatan de que lleva un collar con un deslustrado símbolo sagrado de Andral, que aún conserva parte del oro en su superficie chapada. No sólo eso. Bukko percibe, además de la naturaleza nomuerta, una poderosa aura sagrada en la criatura bastante afín al hipótido.
Bukko: "Creo que tu señor no posee tanta fe como tú".
Godfrey: "Es lo que me temo desgraciadamente, y por lo que os he hecho venir. Entiendo que sois los invitados de Lord Vladimir... al menos por unos momentos".
Ygrein: "Correcto".
Bukko: "Nos ha concedido audiencia (Panit: "Y para nada"), pero al final hemos comprobado que es un alma totalmente desesperada y llena de odio".
Godfrey: "Mi esposo no descansa en paz desde el momento en que nuestra Orden cayó".
[NOTA DE UN JUGADOR: No estamos en Ravenloft. Estamos en RABOloft]
"Desgraciadamente, mi esposo ha sido consumido por la ira, al igual que todos los que lo sirven. La pena me invade por todo lo que siento en su muerto corazón. A pesar de mi devoción por Andral, siento que el espíritu de Argynvost no está feliz por lo que ha sucedido con su Orden, y al entrar vosotros en este lugar, percibí un despertar en el corazón de este castillo. Su alma se ha comunicado con vosotros. ¿Qué os ha dicho?".
Panit se adelanta, explicando las apariciones en la entrada -en forma de sombra-, además de en la chimenea de la planta baja y junto a la 'gárgola' de plata en el tejado.
Bukko: "¿Para qué nos has hecho entrar en esta sala?"
Godfrey: "Tengo que explicaros algunas cosas. Supongo que Lord Vladimir os ha dicho que la Orden no os ayudará a destruir a Strahd".
Bukko: "Así es".
Godfrey: "Desafortunadamente, si alguno de vosotros conoce algún código de caballería, entenderá que un juramento otorgado al señor de la orden es un juramento sagrado. Algo que ata de por vida -o más allá de la vida, en nuestro caso-, y no puede incumplirse".
Bukko: "¿Cual es tu juramento de paladín?".
Godfrey: "Mi juramento de paladín se somete al del señor de mi Orden, que es Lord Vladimir".
Bukko: "Pues mi juramento es la Libertad. Y por mi juramento, yo estoy obligado como misión sagrada a liberaros de vuestra maldición... sobre todo a un servidor de Andral como tú".
Godfrey: "Y yo os lo agradezco. Pero sólo quería deciros que habéis tenido suerte de que Lord Vladimir no os destruya. Al menos os ha escuchado. Pero por desgracia, ninguno de sus caballeros, atado por voto de lealtad, podrá ayudaros a destruir a Strahd".
Bukko: "Salvo Sir Meriath, que vendrá con nosotros".
Zhia: "Sir Meriath se ha ofrecido a acompañarnos para destruir a los sirvientes de Strahd".
Bukko: "Anotado. A Strahd... ninguno. ¿Tú tampoco te enfrentarías directamente a Strahd, verdad?"
Godfrey: "Si pudiera... lo haría".
Bukko: "¿No puedes venir con nosotros sin el permiso de tu señor?"
Panit: "¿...y esposo?"
Godfrey: "No sólo es mi señor. Es mi marido. Y respeto sus decisiones no sólo por quién es en la Orden, sino por quién es para conmigo, a pesar de que no esté de acuerdo en sus deseos. Aún así, si puedo ayudaros en algo, haré lo que pueda".
Bukko: "La información es lo que nos puede ayudar en mayor medida. ¿Tienes algún dato sobre alguna debilidad de Strahd... algún aliado que pueda ser útil...?"
Panit: "...o dónde puedan estar los restos de Argynvost..."
Bukko: "...por ahora, estamos buscando los restos de un Símbolo sagrado..."
Godfrey: "Aha..."
Bukko: "No sé si has oído hablar de un Símbolo sagrado que podría ayudarnos a combatir a Strahd..."
Godfrey: "El Símbolo de la Orden del Cuervo... Posiblemente. Sé que ese símbolo no ha salido de esta región, porque puedo sentirlo. Pero no sé dónde está".
Bukko: "Nosotros tenemos cierta idea de dónde podría estar, pero de otro de los objetos que nos podría ayudar a combatir a Strahd... que es el Tomo de sus Memorias... no tenemos idea de dónde encontrarlo. Sólo tenemos una vaga pista sobre un lugar bajo una montaña entre los muertos... y también se habla de un tesoro. No sé si has oído hablar de algo así".
Godfrey: "Contadme con más detalle. ¿Qué sabéis?"
Bukko: "Necesitamos algo llamado El Tomo de Strahd, un Símbolo sagrado particular, un aliado que aún no se nos ha revelado..."
Zhia: "...aunque sospechamos saber dónde está".
Panit: "Cierto. En Uarowia".
Zhia: "Bajo el auspicio de un mercader que vende todo a precio de sangre".
Bukko: "También se nos ha revelado que hemos de luchar contra Strahd en un lugar muy concreto".
Godfrey: "Lo que acabas de revelarme suena como una profecía Tarotte de los Vistani".
Bukko: "Efectivamente. Algunos de ellos también se enfrentan de forma encubierta a Strahd".
Godfrey: "¿Rebeldes contra su causa? Es extraño, pues todos ellos están sometidos voluntariamente a los deseos de Strahd".
Bukko: "No creo que todo el mundo esté sometido a su poder. Siempre ha de haber quien posea almas puras... incluso entre los Vistani".
Godfrey: "Por favor. Repíteme las profecías y a lo que se referían. Quizá pueda interpretar algo para vosotros".
Bukko: "Nos hablaron del Tomo de Strahd".
Zhia: "El cual posiblemente se encontrase en el lugar del que tanto se nos habla con criaturas de aspecto animal, aunque contrahechas".
Godfrey: "¿Cual es la profecía del Tomo?"
Bukko: "Hablaba de que estaba bajo una montaña entre los muertos, y también hacía referencia a un tesoro".
Godfrey: "Los únicos lugares que conozco que responden a esa manifestación sólo podrían encontrarse entre nosotros..."
Bukko: "...en este alcázar".
Godfrey: "...o en la morada de Strahd".
Bukko: "¿En su castillo?"
Godfrey: "Allí sólo la muerte tiene cabida. Ningún ser vivo ha sido capaz de soportar el encierro entre aquellos muros".
Bukko: "Lo que implica que podría estar en la sala del tesoro de ese castillo".
Godfrey: "...o en su capilla".
Zhia: "Una pregunta. ¿Qué hay en la capilla... aparte de tres guardias?"
Godfrey: "No creo que desees saber lo que hay, puesto que tu naturaleza lo buscaría sin remedio".
Zhia: "Me acabas de decir que es algo que me interesa. ¿Qué es?"
Godfrey: "Prefiero no tentar la suerte y que mueras en el intento".
Panit: "La verdad es que no le importa mucho su vida por los líos en que se mete".
Zhia: "Panit. Sí me importa. Lo que ocurre es que soy débil".
Mesándose la barbilla, el muerto viviente explica que hay una réplica del Icono de Ravenloft en la capilla. Cuando Zhia comenta que entonces ese es el símbolo, Sir Godfrey hace hincapié en 'réplica'. Bukko pregunta si eso es el Símbolo sagrado, y el muerto viviente explica que eso no es el Símbolo de la Estirpe del Cuervo. Entonces Zhia se interesa por lo que es el objeto nombrado. Sir Godfrey explica que es una reliquia de la Orden de Andral, pero no es el original. Ese fue robado por Strahd, y llevado a su castillo. Al escuchar la historia, Zhia supone que se trata de asuntos de sacerdocio, por lo que pierde interés en la misma. Sir Godfrey mira a Zhia, comentando que la pérdida de interés es una postura engañosa, pues el verdadero Icono podría otorgar cierta ventaja en la lucha contra Strahd. Cuando Panit pide que, en ese caso, se los entregue, el muerto viviente vuelve a incidir en que ES UNA RÉPLICA. Ya que parece de cierta utilidad, Panit y Bukko solicitan un diagrama del objeto, que el muerto viviente realiza sin problemas, incluyendo en su información que dicho objeto se encuentra entre las pertenencias robadas de Strahd.
Godfrey: "Sin embargo, con respecto al Tomo, sólo hay algo que falla en mi deducción: el hecho de que este lugar fue saqueado y todos sus tesoros expoliados".
Zhia: "Una duda. ¿Qué edificio es ese junto al cementerio?"
Godfrey: "La tumba de Argynvost".
Zhia: "Es decir. Si recuperasemos los restos de Argynvost, ese sería el lugar donde llevarlos, ¿no?"
Godfrey: "Así es, sería el lugar apropiado".
Bukko: "¿También tiene Strahd ese cadáver?".
Godfrey: "Por desgracia, sí".
Bukko: "Con respecto al Símbolo Sagrado, nos consta que está en unas bodegas". Bukko expone la lectura de Madam Eva a Godfrey. "¿Qué opinas de ésto?"
Godfrey: "Sólo conozco dos lugares con bodegas tan importantes como para suponer una atención especial a la profecía de una pitonisa Vistani. Podrían ser los viñedos del Mago de los Vinos, o podrían ser las bodegas del Castillo Ravenloft. Son dos de los lugares con las bodegas más importantes de la región. ¿En qué más puedo ayudaros?". De pronto, el grupo comienza a evaluar la visión sobre lo que consideraban una relación con un viñedo, y recuerdan que se hablaba de la tumba de un miembro de una cofradía en la visión... ante lo que su perspectiva cambia drásticamente al pensar a qué se refería entonces esa profecía. En ese momento, Zhia consulta si a Lord Vladimir le molestaría que entrasen en el cementerio y el mausoleo, a lo que Sir Godfrey indica que, estando fuera de la mansión, podrían arriesgarse a echar un vistazo, siempre que no se muevan por dentro del alcázar. Bukko entonces pregunta si en el cementerio hay enterrado algún miembro de una cofradía, a lo que el no muerto responde negativamente, añadiendo que los únicos lugares dignos de ello serían precisamente el lugar donde se fabrica todo el vino de la región, o en las extensas criptas del castillo Ravenloft. "Antes de convertirse en la morada de la oscuridad que es, allí llegaron a enterrarse miembros muy importantes de la región".
Ygrein: "No hay documentación que refleje información sobre el castillo de Strahd, ¿me equivoco? Planos, etc."
Godfrey: "Desconozco tal información. Supongo que murió con los arquitectos del mismo".
Durante un momento, Sir Godfrey mira fijamente a la sacerdotisa, indicando que hay algo en ella que le resulta familiar. "¿Qué portas contigo que me llena de esperanza?"
Solemnemente, Ygrein extrae la Hoja de Xion Blanco de la Espada del Sol. Su brillo y calidez iluminan toda la habitación. Godfrey, por un momento, deja surgir una expresión de emoción contenida a su rostro muerto al ver la espada, y no puede contener el lento avance de su mano hacia la hoja, para tocarla. Al hacerlo, un siseo y un humillo escapan de su mano, aunque no la retira con rapidez. Dejando que el dolor lo abrume, cierra los ojos, y aparta los socarrados dedos despacio. Acto seguido, se arrodilla ante la espada. "El arma de Andral", dice con un susurro solemne. "Pero, está incompleta".
Bukko: "¿Dónde está el mango? ¿Por qué está incompleta?"
Godfrey, alzándose, mira al hipótido, negando con la cabeza: "No lo sé. El mango no está".
Bukko: "¿Fue dañada en combate?".
Godfrey: "Creo recordar que cuando Andral descargó el golpe final, la espada se rompió".
Bukko: "¿Pudo llevarse Strahd el mango?".
Godfrey: "No lo sé. ¿Qué dicen las profecías?".
Bukko explica la profecía concerniente al mango de la espada, y los compañeros comienzan a especular sobre la 'madre' de Strahd, a lo que Bukko pregunta dónde nació el monstruo. Godfrey, extrañado, indica que Strahd no 'nació'. Es... era... un Peregrino. "Fue convocado". "Entonces, ¿dónde apareció por primera vez en este lugar? ¿Dónde empezó todo?", consulta el paladín.
"Todos sus predecesores entraron a esta región a través del castillo", explica Godfrey. "Y tengo entendido que todas las representaciones solemnes de unos y otros han sido manifiestas en el interior de las criptas del castillo, como si se tratase de tumbas".
Ygrein: "Eso implicaría que el castillo en su momento fue como un portal".
Cuando Bukko explica la visión sobre 'el Aliado' para derrotar a Strahd, mientras Zhia comenta que ya saben de quién puede tratarse, Godfrey se queda pensativo: "Desconozco a esa persona".
Frente a la visión de 'el Enemigo', al explicar la lectura de Tarotte de Madam Eva a Sir Godfrey, Zhia termina comprendiendo que el lugar donde Strahd podrá ser derrotado definitivamente es la tumba donde debe regresar para reposar su cuerpo muerto viviente... seguramente EN EL CASTILLO.
Después de hacer acopio de toda la información, el grupo empieza a sufrir una momentánea migraña colectiva al pensar en TODOS los lugares a los que deben ir, por promesas, obligaciones y necesidades: el Mago de los Vinos por la promesa a los dueños de la Posada del Agua Azul; Krezk por la promesa a Ismark e Ireena y para investigar el monasterio de los seres-animal; Uarowia para encontrar al Aliado contra Strahd; y el Castillo para hallar todo lo necesario para derrotar al Peregrino transmutado... además de POSIBLEMENTE viajar a un templo oculto lleno de Xion (idea insistente de Panit).
Bukko, antes de dar por concluida la reveladora conversación con Godfrey, pregunta si en poder de la Orden del Dragón Plateado hay algún artefacto que permita luchar contra Strahd, a lo que Sir Godfrey confiesa que, salvo su propia espada y la de Lord Horngaard, no recuerda nada de lo que quedó tras el saqueo de Strahd que fuese de ayuda (ni siquiera libros de magia -respuesta ante la pregunta de Panit-).
Bukko: "Tenemos mucho trabajo por delante. Si no puedes ofrecernos más información, te dejaremos en paz en tu alcázar para continuar nuestro camino, con la promesa de que haremos todo lo posible por liberaros de vuestra maldición. Estoy convencido de que si derrotamos a Strahd, vosotros podréis descansar en paz".
Godfrey: "Si Andral así lo desea, quizá sea cierto". En ese momento, se acerca a Bukko, mirándolo con intensidad, y apoya su mano muerta en el esternón del paladín, que se estremece ante el contacto de la criatura de naturaleza impía y fe luminosa. Por un momento, los ojos como ascuas de Sir Godfrey brillan con un tono dorado. "Eres un vestigio", dice con un susurro. "¿Te refieres a las criaturas del monasterio?", trata de comprender Bukko. "No. ¿Has tenido recientemente algún contacto con los dioses?", pregunta Godfrey. "Siempre lo estoy con mi diosa. ¿A qué te refieres?", dice Bukko intrigado. "¿Has sido objeto de alguna profecía?", sigue hablando el muerto viviente. "Sí. Yo tengo una misión sagrada. Por eso he venido a estas tierras", expone solemne Bukko. "Tu camino está maldito", dice Godfrey. "Por desgracia para tí, eres el envoltorio de la esencia de Andral".
Bukko: "Te refieres, ¿a que soy un avatar de mi dios?"
Godfrey: "Una chispa de su poder está en tí".
Bukko: "Todos poseemos una chispa de lo divino. Somos sus engendrados y le servimos".
Godfrey: "Tú eres la Espada del Sol".
Bukko: "Fui nombrado con tal título".
Godfrey: "No eres sólo un nombre. Eres la herramienta de Su Voluntad".
Bukko: "Y, ¿cual es el problema?"
Godfrey: "Que Strahd hará lo posible por destruirte".
Bukko: "Soy consciente de ello. Pero cuento con grandes héroes para impedirlo".
Godfrey: "Pues espero que estén a la altura. Porque si tú mueres, toda esperanza para este lugar morirá".
Bukko: "Hay una poderosa clériga conmigo".
Ygrein: "Y muy valiente".
(Risillas)
Bukko: "Tus palabras inquietan mi corazón. Pero tengo mucha esperanza".
Godfrey: "Se precavido. Si tú caes, todos caeréis".
Bukko: "Reza por nosotros".
Godfrey: "Que Andral guíe tus pasos. Y no rechaces tu destino. Abrázalo como si fuera lo último que pudieras hacer en este mundo. Porque quizá así lo sea".
Bukko: "Lo haré. Queda en paz. Tenemos que marcharnos".
Godfrey: "Partid en paz".
Sir Meriath, cuando Sir Godfrey os despide, lo saluda formalmente. Ambos se desean buena suerte, y el caballero designado acompaña al grupo al exterior, dejando atrás a sus compañeros en la muerte viviente.
Cuando el grupo está a punto de salir por la puerta principal, se escucha el sonido de un carruaje acercarse bastante veloz. Provocando una reacción de alarma, el grupo abre las puertas principales.
En el exterior, el carruaje del grupo se encuentra detenido donde estaba, y a lo lejos se acerca rápidamente un carro de transporte conducido por un vistana con expresión demente, azotando a su caballo como si le fuese la vida en ello.
Al llegar frente a la mansión, realiza una arriesgada maniobra para detener el carruaje, levantando nieve y tierra. Saltando a toda prisa del estribo, sale corriendo, se detiene frente a la estatua del dragón... y orina sobre la base, mudando su expresión a una de absoluto placer... ante la atónita mirada de todos.
Ante tal blasfemia, Sir Meriath desenvaina su espada y avanza decidido hacia el blasfemo. El vistana, sobresaltado, corre hacia el caballo del carruaje, desanudándolo a toda prisa del carro de carga después de ajustarse los calzones, y sale disparado a galope lejos de allí, dejando tras de sí el carro y a Sir Meriath con la espada empuñada, agitándola por un instante, para después envainarla con un gesto hosco.
Sobre el carro hay un ataúd de madera... y nada más... pues el caballo que lo arrastraba se lo ha llevado el vistana.
Acercándose al mismo, el grupo echa un vistazo, viendo que se trata de una obra firme de exquisito acabado. En la tapa se encuentra tallado el nombre de Ygrein, y bajo el mismo hay un bajorrelieve con el rostro -bastante bien reflejado- de la sacerdotisa.
Molesta, la clériga abre la tapa, y una bandada de murciélagos la envuelve, brotando enloquecidos del interior del ataúd. Después de una marabunta de mordiscos molestos que obligan a la mujer a sacudir las manos en el aire para espantarlos, los animales huyen a toda velocidad hacia el cielo nocturno.
Después de recuperarse de la sorpresa, la sacerdotisa se percata de que en el borde inferior interior del envoltorio hay una firma del artesano: Sir Henrik Van Der Hoor: el promotor del robo de los huesos de Andral. Zhia se sorprende al ver que, siendo el trabajo reciente, no podría ser, ya que el fabricante de ataúdes estaba encerrado.
Zhia -señalando el carro-: "Sir Meriath. Tienes tu propio carro al que enganchar tu caballo".
Panit: "Adaptado a tu propio gusto con una cama apropiada".
Sir Meriath, mirando inexpresivo a ambas mida, habla: "He aceptado acompañaros humildemente en vuestra cruzada, pero mi caballo no se rebajará a convertirse en un vulgar percherón de tiro. Respetad mi código".
Zhia: "Pues más carro para nosotros".
Observando que el carro puede engancharse a la parte posterior del carruaje de los aventureros, éstos piensan que van a disponer más espacio para almacenar transporte, a pesar de que los caballos no parecen muy alegres por arrastrar un nuevo objeto, por muchas ruedas que posea.
En el momento en que el resto de viajeros sale del carro al escuchar el estruendo y todo lo que sucede después, se quedan gélidos al ver a Sir Meriath. Bukko, sin embargo, se encarga de amortiguar el choque, presentándolo como un valioso aliado y un poderoso caballero en la lucha contra las huestes de Strahd.
Viktor, con su símbolo sagrado en la mano, observa a todos los presentes mientras Bukko habla, y los hermanos Ireena e Ismark sostienen el mango de sus espadas preparados para cualquier contingencia. Savid el Elfo sólo puede preguntar con voz aterrada y entrecortada: "Pero... ¿qué hacéis con eso? Es una criatura enemiga de los vistani. ¡Me va a matar!".
Panit: "Pero tú eres un elfo".
Savid: "¡Y aliado de los vistani!".
Zhia empieza a chistear a Savid para que se calle, acompañada de Panit, que gesticula para que no siga por ese camino.
Sir Meriath: "¿Un aliado de los vistani con vosotros? Explicadme, por favor".
Bukko: "Creo que se está explicando mal. Es aliado de los vistani, pero combate a Strahd, igual que tú eres aliado de Strahd porque no quieres que sea destruido, pero lo combates. Sir Meriath, estamos en una zona gris en la que no hay bien o mal, sino sólo hay objetivos".
Sir Meriath: "La situación me es confusa".
Zhia: "Hoy es tu primer día con nosotros. Espera una semana".
Sir Meriath: "Espero que vuestras decisiones no os cuesten la vida por tener a alguien como él entre vuestras filas".
Ireena: "Te tenemos a tí entre nosotros, así que no es preocupante".
Sir Meriath: "Al menos yo sé cuál es mi sitio".
Tomando conciencia de que el grupo debe continuar su camino, ya que su momento en Argynvosthold ha terminado para todo lo que podían obtener del lugar, deciden que su siguiente parada en el viaje es el Mago de los Vinos.
Así, el camino con un nuevo y extraño compañero de viaje y otro carro de tiro sin monturas enganchado al carro de viaje permite realizar el camino en dirección al nuevo destino durante un buen trecho, aprovechando para descansar durante el camino, aunque la compañía de Sir Meriath no deja de ser escalofriante en el mejor de los casos.
Dejando atrás un sendero hacia el norte en dirección el Lago Baratok, y un camino hacia el sur que se interna en las Montañas Gakis, un trecho después los compañeros pasan cerca de un río -según el mapa de viaje que poseen, el Río Cuervo- de caudal suave, por encima del cual un viejo puente de piedra lo sortea. Entonces, la comitiva puede detenerse a observar un poste de señales bastante curtido por el tiempo que aún se mantiene en pie. Hacia el ramal norte del cruce, el poste indica Krezk. Hacia el ramal este, el poste señala Valaki. Y hacia el sudoeste, el poste señaliza El Mago de los Vinos, a través de un camino que avanza suavemente en aquella dirección.
Al ver el señalizador dirección Krezk, Ireena e Ismark consultan con el grupo si continuar solos hacia la ciudad, o esperan a seguir acompañando al grupo hasta que éste tome rumbo directo hacia allí, pues Krezk era el segundo destino posible para mantener a Ireena a salvo.
Considerando que dejar sola a la pareja a su albedrío, después de las penalidades sufridas, podría ser una falta a la palabra de llevarlos hasta un lugar a salvo, la comitiva decide finalmente que los acompañen hasta terminar sus diatribas en El Mago de los Vinos, y después se encaminarían a Krezk, donde no sólo dejarían a la chica, sino también investigarían la abadía de la que tanto habían oído hablar en su camino, sobre todo merced al aspecto antropomórfico de algunos de los miembros del grupo.
Así pues, avanzando a través del camino sudoeste, éste poco a poco deja de ser una via fácilmente transitable para carruajes, para convertirse media milla más tarde del cruce en un sendero lleno de barro que serpentea entre los árboles, descendiendo el terreno gradualmente, hasta que el bosque se va abriendo y puede verse un prado en un pequeño valle, envuelto en bruma. Una de las ramas del sendero lleva hacia el propio valle brumoso, mientras que otra continúa hacia el sur, introduciéndose de nuevo entre los árboles densos. Un poste de madera algo carcomido puede observarse unas decenas de metros a la salida del camino desde el cruce, donde se lee 'viñedo'.
Echando un vistazo gracias a la creciente luz mortecina de la mañana hacia el camino que se separa hacia el sur y vuelve a internarse en el bosque, Bukko observa que más allá sobresale entre los árboles una colina también ahogada por la bruma.
Arreando los caballos hacia los viñedos, comienza a caer una suave llovizna.
En el avance, el grupo se percata de que hay cercas de madera cruda que siguen el sendero, el cual gira poco a poco hacia el norte a través de campos de viñas, antes de hacer un nuevo giro hacia el sur en dirección a un edificio en la distancia.
La bruma adopta formas fantasmales y gira sobre sí misma cerca entre los senderos de las vides, envolviendo en ocasiones las matas.
Aquí y allá pueden verse trozos de cuerda enrollados alrededor de barriles que dan la impresión de estar preparados para almacenar uva.
Al norte del camino hay una densa barrera de árboles, y a lo lejos puede verse entre los árboles un hombre cubierto por una oscura capa y un sombrero, observando a los recién llegados con gesto de resquemor y aspecto ominoso.
Ygrein: "¡Buenos días buen hombre!".
Ante esas palabras, entre los árboles surgen ocho figuras rodeando a la primera, entre hombres, mujeres y niños. Ahora, con más atención, puede verse que la primera silueta es la de un hombre mayor de barba canosa, sombrero amplio y ropas oscuras.
El anciano da unos pasos hacia los aventureros, aunque se detiene a una distancia prudente. Tras él, el grupo de siluetas se compone fundamentalmente de un hombre más joven con rasgos similares a los del anciano, un segundo muchacho bastante más joven, también de aspecto familiar, una mujer ya adulta que comparte un gesto familiar con el segundo hombre descrito y otro hombre de rasgos muy distintos a los nombrados anteriormente, que aferra protector la cintura de la dama. Alrededor de esta pareja la rodean un muchacho adolescente, dos niños pequeños y una niña pequeña que se aferran a las faldas de quien parece su madre o la mano de quien es de suponer es su padre. Todos los aparecidos comparten tonos y tejido de ropa similares, además de anchos sombreros.
Ygrein: "Es de bien nacido ser agradecido, o algo así se dice", observa la sacerdotisa ante el silencio de los recién aparecidos.
Bukko se dirige a los extraños: "¿Son estas las tierras del Mago de los Vinos?"
El hombre mayor responde con voz grave y desconfiada: "Éstas son. ¿Quiénes sois vosotros y qué buscáis aquí?".
Bukko: "Venimos de parte de Urwin Martikov de Valaki para restablecer el suministro de vino con la Posada del Agua Azul. Parece ser que los viñedos de El Mago de los Vinos interrumpieron sus lazos comerciales con la Posada".
El anciano, con una dura mirada hacia Bukko, le responde: "¿Acaso vienes de parte de mi hijo? Y si he interrumpido mi comercio con su taberna, ¿cual es el problema?"
Bukko, algo compungido, explica que el hijo solicitó que si viajaban al viñedo, hablasen con el dueño sobre ese tema, porque estaban interesados en recuperar el comercio del vino.
El anciano, frotándose el cuello, comenta: "Mi hijo, siendo de mi sangre, podría haberse hecho responsable él mismo del viaje, y de paso molestarse en preguntarme qué es lo que ha ocurrido para llegar a esa tesitura".
Panit, curiosa, pregunta si realmente el anciano es un mago, a lo que los niños ocultan su rostro al empezar a reírse. El hombre responde que la magia de sus manos está en fabricar el mejor vino de la región.
Ygrein, carraspeando, explica que en realidad el grupo son unos 'mandados' con buenas relaciones con el hijo del anciano -en esa parte de la explicación, el anciano da la enhorabuena porque hay alguien que la tiene-, y a cambio les pidió como favor personal por no poder desatender sus negocios en Valaki que viajasen en su nombre hasta aquí. Así han llegado hasta este lugar para saber si se puede restablecer el envío de vino a la posada. Bukko añade que, de hecho, no deseaban meterse en problemas familiares, pues ni siquiera estaban al tanto de esos temas personales.
Este viaje era un sencillo favor debido a que se dirigía el grupo hasta aquí.
El anciano, refunfuñando, comenta que al menos alguien se ha molestado en ir a preguntar qué ocurre en su casa, aunque lo más apropiado debería haber sido que su hijo viniese personalmente... Pero por lo menos ha enviado a alguien en su nombre.
En ese momento, Zhia, Bukko y Panit comentan de pasada que ha habido disturbios en Valaki, con incendios y sectas en auge. Extrañado, el anciano pregunta si eso quiere decir que su hijo es responsable de esos asuntos, a lo que Zhia contesta que quizá esos asuntos hayan frenado precisamente la visita de su hijo, además de que la ciudad se está recobrando de tales problemas, con lo que la gente ahora está muy confusa. El anciano pregunta si esos hechos han sido recientes o antiguos, a lo que Zhia explica que han sido bastante recientes. Entonces, el anciano comenta que, ya que su situación familiar viene de largo, su hijo podría haber hecho el viaje que los aventureros han hecho hace bastante tiempo.
Bukko pregunta al anciano que cómo puede ser que hable tan mal de su hijo, si las relaciones familiares son algo que debe perdurar firme en el tiempo. El hombre responde que su hijo fue quien tomó la decisión de separarse de la familia, y la familia, en estos tiempos tan turbios y en la región de Uarowia, es lo más importante que existe. Bukko, conforme con tales palabras, se interesa por la separación del posadero. El anciano explica que, al parecer, su hijo ha decidido tomar parte activa en una situación que no debería competerle, a pesar de los consejos de su padre. Bukko comenta que, tanto él como su amiga Ygrein, al ser personas de espiritualidad, se sienten impulsados a intervenir en asuntos del alma en lo concerniente a la familia. Aunque no conocen en profundidad al posadero, éste les pidió venir a hablar en su nombre. El anciano pregunta si la idea fue realmente de su hijo o de la mujer de éste... a lo que Bukko cambia la historia, comentando que fue su mujer la de la idea, pues conociendo a su marido, de carácter hosco, de él no saldría la idea.
Efectivamente, el anciano comenta que su hijo es un desagradecido y un testarudo.
En la conversación, el paladín y el anciano reconocen el carácter rudo del posadero.
Sin embargo, Bukko trata de aliviar la rudeza el anciano, explicando que debe mirar más allá de esa dura cáscara, porque el hijo tiene un gran corazón que de seguro se ha endurecido con el tiempo y los avatares de la vida. Sin embargo, Bukko tiene fe en que los lazos padre e hijo pueden reconstruirse.
El anciano, refunfuñando, acepta que el grupo está allí por solicitud de la mujer de su hijo, y pregunta si buscan vino.
Ygrein y Bukko explican que, en realidad, venir a por el vino es una visita secundaria, pues su misión principal es otra.
El anciano comenta que le resulta curioso ver a personas que apenas conocen a su hijo llegar hasta allí en su nombre para pedir vino, haciéndole un favor. Curioso, pregunta cual fue el desarrollo de su relación hasta llegar a ese momento. Bukko explica que el posadero los acogió, realizando un servicio estupendo, un trato excelente y ayudando a acoger a unos pequeños huérfanos hallados en el camino.
Durante esa conversación, Zhia y Panit son conscientes de que un niño y el hombre que no parece miembro directo de la familia observan con curiosidad a Bukko.
En ese momento, Zhia se desprende de su capucha, mostrando su rostro, a la vez que Panit. Al mostrar su aspecto 'animal', la familia observa con curiosidad a esos recién llegados antropomórficos.
Al hablar Bukko y Panit de los niños, la que parece una hija adulta del anciano, se acerca a éste y le susurra algo al oído, provocando que éste frunza el ceño, baje la mirada, y después la clave en los ojos de su familiar, acariciando brevemente el rostro de la mujer con su callosa mano.
"Parece que, a pesar de todo, mi hijo aún no ha olvidado lo que es la familia. A pesar de su distanciamiento y su testarudez. ¿Qué puedo hacer por vosotros?", dice el anciano, mirando al grupo.
Bukko: "Nos dirigíamos a Krezk, pero nos hemos desviado para contactar con usted.
Ya que llevamos una larga noche en el camino, pensamos que quizá no le importaría que descansásemos con ustedes y repusiéramos provisiones. Básicamente, una pequeña parada para refrescarnos".
"En ese sentido no podemos ayudaros", dice el anciano, negando con la cabeza y encogiéndose de hombros, "porque tenemos un problema". "¿Cual?", pregunta Bukko curioso. "Sí. Unos druidas de intenciones aviesas han tomado nuestro viñedo, y después de atacarnos con sus extraños siervos, nos forzaron a huir al bosque", explica el anciano. Bukko desea saber los motivos del ataque, pues los druidas suelen estar a sus asuntos y no cruzarse con gente más civilizada. El anciano dice que no lo saben, pero está claro que no es nada nuevo porque han tomado el viñedo y lo están usando para a saber qué asuntos turbios.
Panit: "Si quemase el viñedo... sería muy grave, ¿verdad?"
El anciano mira con sorpresa a la maga mida.
Panit: "Perdón. Permitame reformular la cuestión".
Anciano: "Por favor. Hágalo, se lo ruego", dice con gesto espantado.
Panit: "Si expulsamos a los druidas y accidentalmente hay daños colaterales... lo primordial es que los druidas salgan del viñedo, ¿verdad?"
Anciano: "Eh... sí. Deseamos volver a nuestro hogar".
Ygrein comenta de pasada que quizá, antes de la actuación del grupo, debería pensar en realizar una serie de cortafuegos estratégicos, por si las moscas, lo que provoca miradas de suspicacia entre la familia.
Bukko: "Si le ayudamos con su problema, ¿restablecerá los lazos comerciales con su hijo -tanto personales como sentimentales y laborales-, y nos permitirá descansar en su viñedo después de que lo limpiemos de druidas en ocupación?"
Con sus cejas uniéndose en un velludo arco, el anciano observa a los aventureros, momento en que el hombre y mujer más adultos -y de aspecto relativo al anciano- posan las manos en los hombros de éste, lo miran sin decirle nada, logrando que el anciano se relaje. "Supongo que, el hecho de que estén ustedes aquí, de alguna forma significa que mi hijo se está preocupando porque ocurra algo en mi casa, y de manera indirecta ha recurrido a personas capaces para poder ayudarme a solventar mi problema. Es muy probable que si me ayudan con el mismo, no tendré reparo en tener una conversación con mi hijo -incluso si eso me lleva a Valaki-, y ver si es preciso restablecer el negocio. De todas formas, aunque ahora los viñedos no están operativos por el azote druida, hay tres barriles de vino en el muelle de carga, y tres más y varias botellas en la bodega, aparte de más vino fermentando en la zona de elaborado."
Bukko: "¿Sabe usted cuántos druidas son?"
Ygrein: "¿Cree que se han bebido todo el vino?"
Anciano: "Desde que fuimos expulsados de la bodega, no tenemos clara su cantidad, aunque han estado vigilando sus actividades sin tener muy claro lo que hacen".
Bukko, preguntando por los siervos de los druidas, obtiene la información de que podrían ser unos cuatro druidas -pues fueron los que se mostraron, junto a sus siervos, en el primer asalto para tomar la bodega-.
Bukko: "Según usted, los druidas han ocupado sus tierras tras echarlos sin explicación alguna por la fuerza".
Anciano: "Efectivamente. Ellos y sus sirvientes marchitos".
Bukko: "¿Qué es eso?".
Anciano: "Vegetación móvil maligna".
Zhia: "Y, desde entonces, ¿dónde han vivido ustedes?"
Anciano. "En el bosque".
Zhia: "Ahí es donde viven los druidas. ¿Sois también druidas vosotros?"
El anciano sacude la cabeza y se rasca confuso la cabeza.
Mientras Panit discute con Zhia y Bukko que podría preparar magia eficaz contra las criaturas planta, Ygrein pregunta al anciano si existe alguna fuente de agua para mantener activos los viñedos, a lo que el aludido contesta que el propio río que va desde el lago Baratok hacia el sudoeste se utiliza como fuente de agua para cultivo. Además, pequeños veneros de filtraciones acuáticas en el suelo también ayudan al regadío. Cuando el anciano pregunta sobre esas dudas, Ygrein comenta que es bueno saber esas cosas por si los druidas se encuentran en las zonas de acceso acuático para controlar los viñedos, a lo que el anciano explica que los druidas están en el edificio y las propias viñas, ocupando el área.
Cuando Zhia propone hablar con los druidas, Ygrein se niega, explicando que personas que han ocupado un territorio sin explicación sólo precisan un severo correctivo, y su brazo está preparado para aplicar el castigo.
Cuando los compañeros se deciden a viajar hacia la bodega para poner remedio a la situación, a lo lejos llega la voz de ultratumba de Sir Meriath, preguntando si necesitan que los acompañe, sobre todo porque quizá la familia no observe con agrado su presencia, debido a su naturaleza. Bukko comenta que, mientras se mantenga en silencio y el rostro cubierto por el yelmo, no tendría que haber problema alguno.
Cuando Sir Meriath señala a su montura cadavérica, Panit comenta que podría hacer un arreglo con un tabardo completo para cubrirla y que no llamase la atención.
Ygrein: "Disculpe que me dirija a usted con un exceso de familiaridad, Sir Meriath. Usted va acompañando a un hipótido, dos mida, un ser con sangre infernal... y, honestamente, ¿cree que cualquiera desconfiaría a priori de usted?"
Meriath: "Dada mi naturaleza... incluso ante un elenco tan variado... sí".
Obviando una circunstancia en ese momento menos adecuada para el asunto en ciernes, Bukko e Ygrein comienzan a organizar la ofensiva, para la que Sir Meriath decide desmontar y realizar la incursión con el resto a pie. Mientras tanto, Viktor consulta si mantienen a distancia del viñedo el carro o se acerca con el grupo, a lo que el paladín comenta que podría ser útil llevar el carro hacia la bodega, por si necesitasen algo del mismo. Cuando Savid el elfo pone en duda que puedan ser de ayuda para el asalto desde el interior del carro, Ireena le reprende comentando que lo mejor será que cierre la boca y ayude en lo que pueda, pues su origen dudoso como ex aliado de los vistani deja muchos cabos sueltos que mejor no hurgar.
Bukko deja claro que, a la hora de la lucha, todo el mundo arrimará el hombro, sin excusas.
Avanzando hacia el centro del terreno, el grupo se acerca hacia la bodega: un edificio de piedra de dos alturas con múltiples accesos. Una espesa capa de hiedra cubre cada muro, y una verja de hierro rodea el tejado. El camino en su dirección termina en un muelle de carga abierto a la altura del suelo.
Un establo de madera de construcción más reciente ha sido adosado al lado este de la bodega, junto al muelle de carga. Al oeste de la bodega hay un pozo en ruinas y un cobertizo de madera. Zhia se aferra a la ventana del carro en su avance.
Cuando el grupo tiene a la vista en su avance el muelle de carga, dentro se percata de que hay un carro con tres barriles sobre el mismo, cuyas ruedas están trabadas con cuñas para que no se mueva el vehículo. En el muelle puede verse que hay una pasarela rodeando el carro y un garfio que sobresale por un agujero en el techo del muelle, unido a una grúa de poleas para carga y descarga.
La parte frontal del edificio dispone de varios accesos de entrada, uno de ellos desde el propio muelle, otro a la derecha del mismo -visto de frente-, como el acceso por una pequeña escalera de piedra a una puerta individual, y otro en forma de porche cubierto con tres enormes barriles con escaleras para hacer el pisado de la uva, tras los cuales hay unos portones dobles.
Desde la distancia al acercarse, puede verse que por la puerta del malogrado cobertizo cuelgan diversos manojos de hierbas aromáticas, así como una luna creciente grabada en el arco superior de la puerta.
Durante el trayecto justo antes de llegar al porche de carga y descarga, Zhia que se encuentra asomada a la ventana del carruaje principal percibe entre los jirones de niebla que envuelven las matas de los viñedos el sonido de algo pequeño que cruje como madera y corre, desplazándose de un lado a otro mientras se acerca de forma indirecta a la comitiva.
De pronto, a la vista de Zhia, más de dos decenas de criaturas corren entre las vides, con aspecto de extrañas plantas humanoides del tamaño de un niño pequeño, rodeando por doquier a los carros.
Zhia da la voz de alarma, saltando sobre el techo del carro, y avisando para que Bukko avise a Viktor que bloquee el acceso del muelle de carga con ambos carros, mientras el grupo sale y se sitúa en el interior del muelle de carga para defenderse del asalto, tirando de los caballos para meterlos en el muelle antes de que los atacantes los destrocen.
Tras los carros, el grupo toma posiciones sobre y bajo los carros para evitar que las criaturas sobrepasen la barricada.
Zhia abre fuego con su arco, provocando que una de sus flechas impacte con un golpe seco en una de las criaturas, destrozándola con la flecha.
Los pequeños monstruos vegetales se van acercando en oleadas para tratar de abrumar al grupo.
Panit, situándose junto a Zhia sobre el carro, observa el panorama y planifica su magia, justo cuando el primer grupo llega cerca de la barricada, deteniéndose y lanzando una nube de espinas que se clavan en el lateral del carro. Por el lado, Sir Meriath desenvaina su espada, diciendo: "Un caballero no rehuye la batalla ni retrocede ante el peligro", y se lanza al combate cuerpo a cuerpo, desoyendo las advertencias de Panit sobre que va a situarse en medio de la línea de tiro y magia.
Ygrein, alzando su martillo y su símbolo sagrado, convoca con una plegaria una oleada de ángeles espectrales de espadas llameantes a su alrededor, mientras avanza tras Meriath, quien queda envuelto en la nube protectora, hasta que llega al alcance de las pequeñas criaturas, espada en mano. Con un barrido de su espada, una de las plantas queda completamente destrozada en astillas que vuelan por los aires. Otra de ellas se acerca por un flanco, y el caballero la patea, arrancándole un brazo: "¡Morid, monstruos repugnantes!"
Las pequeñas criaturas, extendiendo unos largos dedos afilados, rodean al caballero, tratando de desgarrar su carne muerta, aunque sus ataques chirrían en la vieja armadura del Regresado, quien se sacude como un titan entre enanos para evitar algunos de los ataques. A pesar de ello, las zarpas vegetales desgarran la carne por algunos trozos de su carne expuestos.
Desde el tejado del carro, Bukko toma una jabalina, lanzándola con gran potencia hacia la criatura sin brazo, incrustándola en el suelo, casi quebrada en dos por la cintura.
Desde el tejado del carro, Akon concentra su energía sobrenatural en ambas manos, generando dos oleadas de fuerza violacea en dirección a las criaturas que rodean a Sir Meriath, impactando en una de las pequeñas criaturas, destrozando el costado de la misma, aunque aún se encuentra activa para combatir.
Buscando un tiro claro junto a Sir Meriath, Zhia dispara con precisión a la criatura alcanzada por Akon, arrancándole la cabeza de cuajo con la flecha, derribándola.
Acto seguido, se agacha buscando cobertura y evitando visibilidad de los enemigos.
A lo lejos, más criaturas se agitan entre la bruma de los viñedos, chirriando y avanzando a toda prisa, dispuestas a someter a los recién llegados.
Ygrein, con un grito de batalla, se lanza hacia las criaturas que aún combaten a Sir Meriath. De pronto, a la espalda de la sacerdotisa, la hoja de Xion de Andral brilla levemente, y las espadas de los espíritus se inflaman en un fuego blanco y rojo. Cuando los ángeles vengadores empiezan a alcanzar a una de las criaturas cerca del caballero no muerto, su cáscara se resquebraja y su corteza vuela en pedazos. Y aunque la criatura soporta en pie el castigo, el martillo vengador de Ygrein termina aplastándola como un vulgar insecto.
Sir Meriath, acercándose a Ygrein, susurra: "Sin rencores, sacerdotisa", y empuñando el arma con ambas manos, se pone en guardia a la espera de la nueva oleada.
En el momento en que las criaturas empiezan a detenerse para abrir fuego con sus espinas, Panit aprovecha su movimiento para lanzar una telaraña sobrenatural contra ellas, atrapándolas entre sus hebras, dejándolas impotentes en su movimiento, chirriando con sonidos de protesta.
Al ver a los bichos aprisionados, Bukko salta al suelo, corriendo en su dirección para acercarse a ellos hacia la telaraña.
Aprovechando que las criaturas han quedado atrapadas, Zhia se incorpora, disparando a una de las criaturas aprisionadas, incrustándola en el suelo, donde queda inerte.
Convocando sus explosiones místicas, arroja las ondas de energía hacia otra de las criaturas enredada, la cual estalla dejando sus restos adheridos a la telaraña.
Ygrein, cargando por Dekaeler contra las criaturas aprisionadas, envuelta en ángeles etéreos, empieza a despedazar a los seres aprisionados con la aureola angélica, al mismo tiempo que su martillo desciende como un meteoro sobre uno de ellos, rezando por la bendición de combate, impulsa su velocidad en la lucha para golpear una segunda vez sobre otro ser. Dos estallidos de madera dejan sólo dos seres despedazados colgando de la telaraña que vibran con los últimos amagos de animación mágica, mientras las criaturas chasquean con vocecillas chirriantes antes de quedar inertes.
Tras Ygrein, Meriath carga sobre el monstruito: "Muere, criatura". Alzando su espada, la destroza de un poderoso tajo.
En ese instante, por la esquina junto al porche donde se encuentran las tinajas de pisado, una hueste de más de 20 criaturas más robustas a cuatro patas, como un cúmulo de raíces, musgo y ramajos, avanza sorteando el lateral de la casa con una cacofonía de chirridos y crujidos vegetales. Tras los seres, un hombre con aspecto curtido, piel arrugada y tostada por el sol, cabello grisáceo y una túnica color verde terroso, apoyado en un bastón nudoso, se asoma por la esquina.
Al ver a los aventureros que están luchando contra los seres vegetales, una voz quebrada surge de sus labios: "¡¿Qué estáis haciendo a mis criaturas?!". Señalando a Sir Meriath, Bukko e Ygrein, el suelo estalla a su alrededor, brotando una maraña de raíces contrahechas que intentan atrapar a las tres figuras. Sin embargo, el poder sagrado que envuelve al hipótido hace que las ramas no sean capaces de hallar un agarre donde poder inmovilizar a sus presas, sacudiéndose simplemente en el aire inútiles. Bukko se ríe al viento, gritando que Waroui lo protege contra los avatares de sus enemigos. El hombre contrahecho ordena a las criaturas que lo rodean que se lancen contra los enemigos y los sometan, momento en que los monstruos corren a toda velocidad a cuatro patas hacia ellos. Tras los seres, el recién llegado grita: "¡La tierra pertenece a su amo!¡Vosotros no sois dignos!"
A lo lejos, otra oleada de criaturas desde las viñas avanza con decisión. En esos instantes, dos flancos de seres parecen convertirse en una masa atroz de enemigos a abatir.
Bukko, molesto con los recién llegados, llama a la batalla a sus aliados, arrojando dos jabalinas hacia él con gran fuerza, alcanzando una en un hombro y otra en la pierna contraria. El daño provocado hace que el druida pierda el poder de su magia, y las raíces que se agitan para tratar de aferrar al trío de compañeros se retraen bajo el suelo, terminando el poder. Bukko ríe de buena gana, a la vez que el druida maldice en la distancia.
Zhia, saltando hacia una ventana, trepa a toda velocidad, y desde el tejado dispara una flecha sobre el druida, atravesando su costado y provocando un esputo de sangre, haciéndolo tambalearse.
Mirando hacia la manada de criaturas que avanzan en tromba desde detras del edificio contra sus compañeros, salta del carro para tener mejor visibilidad de donde los seres brotaron, viendo al hombre que parece estar al cargo, y al observar su estado deplorable y muy malherido, una mano de Panit se agita al viento, desde la que surge un brillo de luz anaranjado que vuela a toda velocidad contra la horda de cuadrúpedos en movimiento. Un estallido con el aspecto de una zarpa demoníaca de fuego se alza entre los viñedos, destruyendo sin remisión a algo más de la mitad de la avanzada de criaturas, dispersando al resto con temor al fuego, que poco a poco vuelven a reagruparse y seguir avanzando entre chirridos y crujidos de madera.
Bajando del carro, Akon mira en dirección a la que Panit observa el lateral del edificio, y al ver al maltrecho recién llegado, convoca la energía de su poder místico en dos oleadas de color violeta que mientras vuelan ríen con carcajadas infernales. Los impactos alcanzan al druida, causando que su torso estalle en pedazos, derribándolo de espaldas sobre el suelo, entre estertores sanguinolentos.
Cuando el enemigo cae derrotado, desde el mismo lugar en que éste se derrumba, una mujer más joven, con similares vestimentas, se acerca a donde su compañero cae, y observándolo con una mezcla de horror y decepción, alza la vista para observar a quienes han sido capaces de derrotarlo, cambiando su expresión por otra de odio. Señalando en su dirección, tras ella corren un pequeño grupo de criaturas planta como aquellas que avanzan desde los viñedos, chillando un sonido agrietado, avanzando implacables sobre los aventureros. A lo lejos, Bukko la recibe gritando: "¡Hablemos!¡O destruiremos a todas tus criaturas!¡Detenlas!". La respuesta de la mujer no se hace esperar: "¡Moriréis por el Señor de la Tierra!".
Ygrein carga a toda velocidad, martillo al viento, gritando el nombre de Dekaeler con furia. Al alcanzar la avanzadilla de pequeños cuadrupedos-planta, sus espíritus vengadores empieza a segar -literalmente- a las criaturas, hasta que la mitad de ellas queda despedazada por el poder que la envuelve, mientras el resto sufre un duro castigo, aunque aún se mantienen en pie. Enfervorecida, cantando el nombre de su deidad, su velocidad en combate se impulsa, lanzando una andanada de martillazos, aunque sólo uno de ellos alcanza un objetivo, mientras el resto de seres se aparta de la mujer destructora. El martillo, con un impacto atronador, despedaza sin remedio a otra de las plantas cuadrupedas.
El guerrero nomuerto, observando la situación, grita que se encargará de contener a las criaturas que corren desde el viñedo hacia los carros, a lo que Ygrein grita que ha acabado con más criaturas que él, así que el caballero debería apresurarse en que su brazo fuese más veloz. Con un amplio tajo, Sir Meriath parte en pedazos a dos de las plantas cuadrupedas que saltan sobre él, señalando a la druida, y amenazándola con que ella será la siguiente en caer, en voz alta.
Sobre Bukko lo emboscan cinco criaturas bípedas del tamaño de niños desde los viñedos, mientras que hacia Ygrein y Meriath avanzan otras cinco, tratando de arrinconarlos y atacar por todos los flancos.
Una lluvia de espinas vuela sobre el paladín entre chillidos y sonidos quebradizos, acribillándolo por doquier, haciendo que su piel quede convertida en un cactus sangrante.
Las criaturas cuadrupedas que aún quedaban en pie, al saltar sobre Ygrein y Sir Meriath son convertidas en astillas en el aire antes siquiera de alcanzar sus objetivos merced a los ángeles vengadores de Ygrein, mientras que las criaturas bípedas pequeñas que se acercan a la pareja se mantienen a distancia, arrojando otra andanada de astillas entre chillidos. Aunque Ygrein detiene una parte de agujas con su escudo, una andanada la alcanza en el brazo del arma y la pierna pareja, provocando un gruñido de dolor. Por su parte, una gran masa de espinas rebota en la armadura de Sir Meriath, aunque algunas impactan profundo en su carne corrompida, sin causar ni un gesto de molestia en el muerto viviente.
A lo lejos, la mujer druida comienza a entonar un cántico, señalando a Sir Meriath e Ygrein, quienes quedan envueltos de pronto por un estallido de raíces que brota del suelo, sacudiendo tierra por todas partes. Sir Meriath queda atrapado por varias raíces que lo sujetan de brazos y piernas, forcejeando con él.
"¡Maldita!¡Morirás por tu felonía!", grita Sir Meriath en su forcejeo.
Pero Ygrein salta y rueda entre las raíces, evitando sus sacudidas con agilidad.
Bukko, enfurecido por ver varios flancos en riesgo, corre en dirección a la druida, pasando a medio camino junto a las criaturas que abrían fuego sobre Ygrein y Sir Meriath, momento en que la energía sagrada que lo envuelve comienza a hacer efecto en el caballero atrapado, provocando que las vides empiecen a soltar sus extremidades.
Zhia, desde su posición en el tejado, se encuentra en ese momento fuera de la atención de la druida que acaba de llegar, y tensa su arco apuntándola mientras corre por el tejado. Por el rabillo del ojo, la mujer observa a su atacante, quien libera su flecha del arco, clavándose ésta a los pies de la mujer, que mira con ira a su tiradora, la cual huye hacia el tejado, tratando de apartarse del ángulo de visión de su enemiga.
Panit, buscando una mejor perspectiva para la enemiga recién llegada, se abre camino separándose de la bodega, y al ver a la druida, agita su mano y la cierra en dirección a ella, sintiendo como las venas de su mano se vuelven negras y liberan un vapor oscuro de miasma que vuela hasta su objetivo con un hedor acre, mientras los ojos de la mida se oscurecen como la brea. Cuando la miasma alcanza como una onda a la enemiga, ésta empieza a retorcerse de dolor, a la vez que su piel se vuelve gris y agrietada. Momentos después, la figura encogida de la mujer explota en una nube de polvo y barro, desmoronándose en el suelo en un montón de ceniza y tierra negra.
Al liberar esa destructiva magia, durante un momento la mente de Panit queda inundada por oscuros pensamientos de destruir a todo lo que ve a su alrededor liberando su magia sin control, convirtiéndose en un ente de puro poder crudo. Sin embargo, sorprendida de encontrar esas ideas en su cabeza, consigue dominarlas y las aleja de sí, asustada. A pesar de rechazar esas ideas, las venas de las manos quedan de un color negro, visibles a traves del pelaje, además de las de la palma de la mano y el interior del antebrazo libre de pelo. Avergonzada, esconde sus manos dentro de las mangas de su túnica.
Akon, frustrado por quedar sin objetivo claro, libera una perla de energía púrpura con el aspecto de una diminuta cabeza demoníaca que ríe al volar por los aires, hasta estallar con el aspecto de un gigantesco rostro diabólico carcajeante en llamas sobre un grupo de pequeñas criaturas cercanas a Ygrein y Sir Meriath.
Sin descanso, un nuevo druida más joven y vigoroso aparece por el mismo acceso que la última druida convertida en polvo y cenizas, gritando: "¡Invasores!¡Las tierras del Señor son sagradas!¡Moriréis!". Aunque Bukko exige su rendición, tras el aparecen dos enormes humanoides con aspecto de árboles, como si fuesen su escolta personal. Sus rugidos inhumanos estremecen el aire.
Ygrein, furiosa y enfervorecida, corre sin control hacia el nuevo enemigo y sus secuaces. Cuando la horda de ángeles vengadores envuelve a las plantas y al recién llegado, aunque éste consigue soportar el azote bendito, las plantas se agitan como ante un huracán, gimiendo de dolor por el castigo infligido por los espíritus de espadas llameantes que marcan sus cuerpos con negros tajos humeantes. "¡Malditos seáis!", grita el druida.
Tras Ygrein, Sir Meriath carga a toda velocidad tras Ygrein, aunque no puede llegar a alcanzar a sus enemigos.
El druida, recuperándose del dolor, eleva su mano al aire, caminando hacia Sir Meriath e Ygrein, momento en que golpea con dicha mano el suelo, y un estallido atronador sacude con terrible fuerza a sus dos enemigos. La energía sónica arranca trozos de carne nomuerta del caballero aliado, arrojándolo por los aires, pero Ygrein es capaz de absorber parte del impacto sónico con su escudo, soportando el choque sin salir despedida, aunque los huesos le duelen terriblemente.
Durante los terribles momentos de lucha, desde los carruajes vuelan flechas sin alcanzar objetivos claros, sintiéndose los aliados que están allí protegidos impotentes de no saber colaborar con eficacia en la lucha.
Al mismo tiempo, la horda restante de pequeños seres desde los viñedos corre a toda velocidad hacia el trío que en esos instantes está llevando la voz cantante en la lucha, junto a la maga mida.
Por su parte, los dos vegetales gigantones se acercan a Ygrein, lanzando sobre ella una maraña de raíces a través de sus brazos para envolverla en una nudosa trampa paralizante que empieza a aplastarla con un crujiente sonido de metal, causando un gemido de dolor en la garganta de la sacerdotisa.
Bukko, enfurecido, envuelve su martillo en energía sagrada, arrojándose contra el druida para destruirlo con su lluvia de impactos.
Con un aullido, el martillo golpea terriblemente el pecho del mismo, haciéndolo volar por los aires, evitando que su segundo martillazo pueda alcanzarlo eficazmente.
Con un feo crujido por el impacto del arma, el druida cae a unos pasos sobre el suelo, rodando y quedando inmóvil.
Ojeando el entorno, esperando encontrar -sin éxito- a algún otro druida, Zhia carga su arco y dispara sobre una de las enormes plantas entretenidas con Ygrein.
Lo que parece la cabeza de la misma es atravesada por una flecha, y la criatura afloja su presa sobre la sacerdotisa, cayendo derrumbada e inerte junto a ella a causa del ataque. Tratando de mantenerse alejada del peligro, Zhia rueda por el tejado, ocultándose de la vista de cualquier enemigo.
Observando el forcejeo de Ygrein y el monstruo, Panit concentra su energía en un instante, arrojando un proyectil de fuego sobre la criatura con aspecto de una llama sangrienta. La llama escarlata alcanza con una explosión de llamas al ser que apresa a Ygrein, estallando en pedazos humeantes. Al caer sobre el suelo, tanto esa criatura como la otra alcanzada por la flecha comienzan a ser absorbidas por el suelo poco a poco, hasta que sólo queda tierra removida allí donde cayeron derrotadas.
Akon, molesto por la situación, viendo la carga de las pequeñas criaturas en la distancia, libera una explosión demoníaca de fuego violeta, arrasando a la mitad de los seres que cargan por entre los viñedos, dejándolos convertidos en cenizas y carbón humeante.
Molesta por su error en batalla, la sacerdotisa echa un vistazo a su alrededor, y al ver en la distancia a la horda de pequeñas plantas aún en pie, se arroja contra ellas, esperando que su hueste espiritual acabe con ellas. En efecto, al entrar en contacto con la nube angélica, la mitad de la avanzada restante de monstruos-planta es segada por espadas de fuego blanco y rojo, reducidas a tocones humeantes y astillas cenicientas.
Ya que Sir Meriath había quedado a mitad de camino entre uno y otro combate, frustrado, se vuelve por donde había venido para encarar al resto de enemigos, pero su frustración le impide alcanzar a los objetivos con claridad, golpeando el suelo mientras los bichitos lo esquivan entre chillidos y gruñidos.
Buscando la distancia, las plantitas arrojan una lluvia de espinas que se clavan dolorosamente en la carne de Ygrein y Sir Meriath, pero sólo la mujer puede quejarse del daño.
Bukko, observando que otros enemigos se encuentran demasiado lejos de ser alcanzados cuerpo a cuerpo, empuña una jabalina y, avanzando, la arroja con ira hacia ellos, dejando incrustada a una planta en el suelo, aunque aún puede moverse y defenderse.
Zhia, asomándose por el tejado, dispara una nueva flecha contra la criatura medio empalada, dejándola esta vez completamente clavada e inerte sobre el suelo, para acto seguido, volver a esconderse tirada sobre el tejado.
Panit, creando un arco de fuego etéreo en el aire, lanza una nueva flecha de llamas hacia otra de las criaturas que acosan a sus compañeros cerca de la bodega.
Sin embargo, ésta golpea cerca -inofensiva- de una criatura, que salta apartándose de ella, para después reírse de la maga por haber fallado.
Sorprendido por la agilidad de la criatura, Akon concentra sus energías violeta en dos ondas de magia pura que chocan sobre una de las criaturas, haciéndola estallar en una nube de humo morado, convertida en astillas.
Ygrein, cantando una plegaria de guerra, deja caer su martillo, pero las criaturas pequeñas y rápidas se apartan del arma entre chillidos de pánico, dejando que ésta sólo golpee tierra mullida de cultivo. Una de las criaturas salta apoyándose sobre el mango del martillo con una risilla cruel antes de huir.
Meriath, frustrado por lo escurridizo de los seres, empieza a lanzar tajos por doquier, alcanzando a un sorprendido enemigo al que destroza golpe tras golpe, esparciendo astillas a diestro y siniestro.
Las criaturas restantes, desesperadas, se lanzan al cuerpo a cuerpo contra Ygrein y el caballero muerto viviente. Mientras la de Sir Meriath raspa con chirridos inocuos la armadura de éste, la de Ygrein rasga la carne de su pierna, causando un nuevo surco sangrante.
En ese instante, la nube de guardianes angélicos empieza a asolar el cuerpo vegetal de los monstruos, dejando surcos humeantes que causan chirridos inhumanos de sufrimiento en las criaturas.
Bukko, martillo en mano, se lanza al fin al combate contra los seres, dejando caer su arma contra uno de ellos, aplastándolo entre una lluvia de astillas. Acto seguido, en un cimbreo del arma, golpea de lado al otro bicho, partiéndolo en pedazos que vuelan por todas partes.
Al fin, después de tan tensos momentos, por un instante, un silencio sólo cargado de pesadas respiraciones y gemidos de los compañeros llena el aire. Bukko, acercándose pesadamente hacia Ygrein, coloca una mano sobre sí mismo y otra en el hombro de la mujer. Sintiendo la energía curativa de su contacto, el paladín se restablece de sus heridas, sanando también parte del daño y el dolor de la sacerdotisa.
Por su parte, Sir Meriath expresa en voz alta que se ha tratado de un combate totalmente desigual, porque los enemigos y las patéticas criaturas nunca tuvieron una oportunidad de vencer.
Al acercarse Panit para observar y tratar de restaurar los daños de Sir Meriath, observa sorprendida que, a simple vista, su carne empieza a escupir por sí sola las astillas, cerrando sus heridas rápidamente.
En el silencio posterior a la lucha, mientras todos se recuperan, Zhia y Bukko son conscientes de en que la planta del edificio por encima del muelle de carga, unos pasos sigilosos tratan de alejarse del frontal hacia la parte de atrás.
Bukko grita a quien se mueve que debería mostrarse y rendirse, pues tendrán piedad, ya que el combate junto a la casa sólo ha sido en defensa propia. Desde el interior del edificio resuena una risa, tras la que se escucha: "Os las vereis con el Círculo de la Montaña".
De pronto, un aleteo atrae la atención, y en el aire se alza un águila que vuela hacia el sudoeste. Zhia trata de reaccionar con un disparo de arco, pero la flecha zumba cerca del ave, inofensiva. Bukko, tras haber recorrido el campo de batalla para recoger algunas de sus jabalinas, arroja dos de ellas contra el ave, que zumban junto a la criatura, la cual maniobra para evitar los proyectiles con gran habilidad.
Ygrein, con su ballesta cargada, dispara a la desesperada, pero el tañido de la cuerda sólo permite al virote silbar junto al águila sin alcanzarla.
Akon, frustrado al ver la fuga del águila, envía dos de sus proyectiles de energía mística violeta hacia el águila. Uno de ellos pasa muy cerca, y aunque el otro la alcanza con una explosión que arranca algunas plumas, el ave sigue volando, tras recuperar la compostura.
Panit, furiosa por la huida de la criatura que escapa tras la emboscada, decide poner un punto y final expeditivo a la situación. Con un brillo anaranjado, una garra demoníaca vuela en dirección al águila desde las manos de Panit. Al alcanzar al ave que huye, la garra se cierra alrededor del animal, estallando en una esfera de llamas en medio del aire con el aspecto de un rostro demoníaco que rie cruel.
En el interior del fuego, el ave se consume, apareciendo en su lugar el cuerpo socarrado de un druida suspendido en el aire que, al instante, cae a plomo desde gran altura, impactando secamente contra el suelo con un crujido, tras el que queda inmóvil y humeante. A lo lejos, una voz burlesca de Ygrein remea: "Se lo diré al Círculo... se lo diré al Círculo..."
Después de derribar al fugitivo, Ygrein y Panit se concentraron en activar sus sentidos mágicos para percibir energía mágica en los alrededores, mientras el grupo en general registraba a los cadáveres y revisaba la bodega y todas sus estancias. La circunstancia más particular que el grupo encontró -dada la sorpresa- fue, al entrar en la estancia de las cubas de fermentación de la planta baja, a lo largo de todas las vigas del techo se encontraban gran cantidad de cuervos apostados.
Cuando los personajes accedieron al lugar, todos empezaron a graznar y agitar las alas, bastante irritados por su presencia, hasta que levantan el vuelo, huyendo de allí. Toda la zona posee diversos barriles con marcas a fuego de El Mago de los Vinos.
Al margen de la pasarela que bordea los toneles de fermentación, en la misma hay una gran cantidad de botes y tarros que parecen formar un improvisado equipo de alambique, varios de ellos desprendiendo un desagradable hedor. Tal olor no parece nada que se suponga deba tener el vino como añadido para su elaboración.
Más allá de esa sala de construcción, el grupo revisa varios lugares, como un acceso a los subterráneos donde hay una zona fresca para almacenar botellas de vino de distintos tipos, o un almacén de barriles junto a las cubas de fermentación.
Estudiando la planta superior, los aventureros ojean la parte del mecanismo de carga y descarga sobre el carro de tiro aparcado en el muelle, y más allá pueden revisar varios dormitorios de vivienda que suponen son la zona privada familiar. En el dormitorio mayor, se sorprenden de ver en el cabecero de la cama la talla de un enorme cuervo, y en la pared frente a la ventana un tapiz de la Iglesia de Andral, en el que se representa una escena de la batalla de Andral contra Strahd, donde una inmensa bandada de cuervos vuela tras Andral, cargando contra las huestes del Peregrino. Además de ello, la habitación está rematada con un espejo con marco de madera tallado con símbolos y efigies de cuervos. En uno de los muebles, el grupo encuentra diversos registros de venta del vino, pasando por lugares como la Taberna de la Sangre de los Vinos, la Posada del Agua Azul, a la Villa de Krezk, y otro registro de venta de vino a los vistani. Entre los registros hay fechas bastante más antiguas en las que la bodega vendía vino directamente a Strahd. Otro de los dormitorios más pequeño destaca por tener un peluche de un caballo-pesadilla con la etiqueta de Blinsky [un juguete para niños]. Además de todo ello, en una de las estancias, el grupo encuentra una moderna imprenta donde, después de un vistazo, el grupo se percata de que allí se preparaban octavillas de publicidad del Mago de los Vinos.
En su camino, el grupo se percata de que una zona de la bodega subterránea posee un extraño moho marrón en una pared, cuyo aspecto no augura nada bueno, así que nadie se acerca para siquiera rozar el mismo.
Durante su periplo, al margen de que Panit no descubre en apariencia nada mágico, Bukko abre sus sentidos sagrados a la presencia de criaturas de ultratumba o de los planos superiores e inferiores, no hallando nada al respecto en el camino.
Sólo en el área de las cubas de fermentación hay un resquicio de magia en algunos de los tarros malolientes... pociones de veneno mágico... el cual daba la impresión que se estaba vertiendo en una (o más) de las cubas de fermentación con mosto en preparación -al respecto, una de las mismas está vacía y agrietada, a la espera de ser reparada-.
Zhia, interesada en las toxinas, las guardó para un uso posterior -personal-.
Mientras tanto, en su rastreo por los alrededores de la bodega -incluyendo objetos o riquezas útiles de los druidas-, Panit percibió un aura mágica poderosa junto al cadáver del druida estrellado. Al parecer, tenía en su poder una vara de color negro con una especie de ramas anudadas en el extremo superior. Apelando a sus poderes arcanos, Panit descubre que la vara es un objeto maligno sintonizado con las energías druidicas. Al parecer, no sólo absorbía la vida en combate, sino que protegía de la influencia y violencia de criaturas corruptas de naturaleza vegetal. Lo más desagradable de la misma resultaba ser que una parte de su superficie supuraba de forma antinatural una especie de cienos capaces de corroer aquello que tocase... incluida la carne de su portador.
Al conocer su naturaleza, Bukko no se refrena en destruir el objeto, que al ser entregado a las llamas se consume entre un gemido susurrante que brota del mismo, y al poco se desvanece en el viento, dejando sólo los restos polvorientos de una vieja vara corrupta.
Sólo un potenciador mágico en el cuello del descoyuntado demostró ser valioso para los miembros del grupo, al margen de sus magras riquezas.
Pensando en todos los símbolos e iconos córvidos del lugar, Bukko comienza a rezar para pedir a Waroui una señal sobre el amuleto del cuervo que necesitan en su empresa, pero tal objeto no parece hallarse en este lugar.
Descartando esa pista, el hipótido comparte con sus compañeros la posibilidad de que la familia de personas de negro de los bosques podría estar realizando algo extraño en esta bodega, así que solicita a sus compañeros que le ayuden a buscar cualquier indicio al respecto.
Al margen del retrato de una mujer muy bella entre las pertenencias de la familia, lo que más enfoca la atención de los aventureros es el tapiz de Andral y las hordas de cuervos. En concreto, a Akon, Panit y Zhia les llama poderosamente la atención que en ese tapiz, en la batalla mostrada se representan claramente las huestes que los dos poderes -Andral y Strahd- comandan en su lucha. Por parte del Dios Sol, algunos elfos, Caballeros Plateados y Cuervos, y por parte de Strahd, muertos vivientes, elfos y vistani.
Bukko empieza a unir piezas, pensando que el Símbolo Sagrado de Andral representa a un cuervo, y en su viaje ha visto muchos lugares con cuervos que observaban al grupo. Por su parte, las mida y el tiflin son conscientes de que hay mucho más de un simple pasado entre Andral y los cuervos. Al pensar en ellos, recuerdan el círculo de piedras sagradas cerca del molino de las brujas, custodiado por cientos de cuervos. Además de ello, en la Posada del Agua Azul siempre se escuchaba rumor de cuervos y patitas de pájaros por el tejado durante la breve estancia del grupo, incluyendo al dormir.
Zhia, durante su periplo por el exterior, en un momento en que nadie la ve, saca el cadáver de Izek de su saco de contención -brazo, cabeza y cuerpo- y lo tira cerca de la casa. Su intención es relacionar su muerte con los druidas, como si se hubiesen ocupado de él por alguna razón.
Después de todo el tiempo invertido en la lucha y la búsqueda, tratando de encontrar algún sentido a todo lo que han hallado, al salir de la bodega, en el exterior hallan a la familia, momento en que el anciano se acerca al grupo.
"¿Habéis logrado lo que veníais a buscar?"
Bukko, ante las palabras del hombre, en lugar de responder pregunta por El Círculo de Druidas, porque parece que hay más.
"No lo sé, pero el único lugar que nos resulta más sospechoso para la presencia de estos hombres corruptos es la Colina Ancestral. Creo recordar que existen allí unos viejos túmulos adorados por gente mucho más antigua que nosotros", responde el anciano.
Bukko, sin ocultar su intención, convoca el poder de la Verdad de Waroui frente al anciano. "Vamos a dejar las cosas claras ante Waroui. ¿Has ofendido de alguna forma a los druidas?", pregunta el paladín, autoritario.
"No", responde contundente el anciano. "Y no necesitabas haber utilizado el poder de tu dios para preguntarme".
"No nos conocemos", habla el hipótido.
"Pero, sin embargo, os habéis mostrado solícitos para servir de ayuda a mi hijo, y venir a preguntarme qué sucedía", comenta con gesto hosco el anciano.
"Necesito saber con toda certeza que hemos ayudado a quien necesitaba ayuda, y que no estamos en mitad de un conflicto de intereses cruzados", expone el paladín.
"¿No habéis encontrado nada dentro que os hiciese sospechar de una actitud perversa en los druidas?", trata de apuntar el anciano.
"El vino ha sido envenenado", comenta el hipótido. "Supongo que por ellos, pero también podrías aclararme eso".
Con gesto preocupado, el anciano continúa: "Quizá el poder de un sacerdote pueda limpiar el veneno", comenta mirando a Ygrein y Bukko.
El hipótido se reafirma en exponer que el anciano desconoce todo dato sobre el Círculo Druida, con el que jamás tuvo relación, pero de buenas a primeras atacaron a su familia y propiedades.
El anciano comenta que esa información no es del todo exacta. Quizá con su poder sobre la tierra, los Druidas hayan reconocido la naturaleza de su familia, o que simplemente sospechen quienes son.
Con una mirada inquisitiva, Bukko pregunta sobre la relación de su familia con los cuervos de Andral.
"Ah. Así que ESA es LA PREGUNTA", responde con una media sonrisa el anciano.
"Esperaba que tarde o temprano alguien me la hiciera".
En ese momento, el paladín es consciente de que durante gran parte de la conversación, el anciano jugueteaba con un anillo en su mano -un anillo que poseían todos los miembros de la familia de posaderos de El Agua Azul-. En ese momento, lo desliza suavemente fuera de su dedo.
De pronto, su imagen se transforma, y revela la auténtica naturaleza de un hombre cuervo de plumas negras y plateadas -karasu- delante del grupo de aventureros.
Ygrein: "Sospechaba que era un pájaro de cuidado".
Con voz graznante, el karasu expone: "Somos los siervos voluntarios de Andral, y los guardianes de su legado".
Bukko: "¿Y por qué ocultáis vuestra forma?"
Anciano Karasu: "Porque nadie confiaría en nuestro aspecto en este lugar donde las criaturas como nosotros y algunos de vosotros son desechadas como engendros".
Bukko: "Pero nosotros somos así".
Anciano Karasu: "Lo sé. Nuestra naturaleza y la vuestra es similar. De hecho, provenimos de un origen parecido, aunque cada uno de nosotros tiene su propio ancestro y su propio destino".
Acto seguido, se coloca el anillo en su mano emplumada, recuperando su aspecto humano.
Bukko: "Viendo que las cosas comienzan a estar más claras, ¿podrías decirme dónde está el Amuleto Sagrado de los Córvidos?"
Anciano: "Lo desconozco. Perdimos su pista hace mucho tiempo. Mi familia lo vigilaba desde que antes de que Strahd se transformase en la abominación que hoy es. Pero en la guerra entre Strahd y Andral, ese objeto fue utilizado para rechazar al Peregrino. Y, en la guerra... se perdió".
Bukko: "Pues... si no está aquí, sospechamos de dónde se encontrará. Sólo nos queda descansar de esta terrible batalla".
Anciano: "La cual hemos observado desde la distancia, con su particular despliegue de magia. Esperamos que nuestro viñedo no haya sufrido demasiado".
Bukko, algo decaído, pregunta si la familia podría invitar al grupo a descansar ese día, además de a una buena comida. El anciano no sólo acepta dichas condiciones, sino que pueden llevarse el vino que su hijo había solicitado. "Pero quizá también podría pediros un favor", añade el anciano. "Si vais a volver a Valaki, quizá podáis llevar vino a los vistani del campamento en el exterior de la ciudad... o al burgomaestre de Krezk".
Bukko: "Con los vistani con los que tenemos trato son gente cuya relación con Strahd nos incomoda porque no está clara. Así que lo mejor será declinar esa parte del encargo".
Anciano: "¿Y Krezk?¿Nos ayudaríais a llevar vino allí?"
Bukko: "En esa ruta no tendremos problema, porque de hecho nos dirigíamos hacia allí".
Anciano: "En ese caso, sed bienvenidos a nuestro hogar. Podréis descansar aquí y partir con nosotros al día siguiente. Os agradezco mucho vuestra participación. Y sabiendo que entre vosotros uno porta el poder de Andral... pues puedo sentirlo... me encuentro mucho más seguro, a pesar de la desconfianza que has mostrado -dice mirando a Bukko- utilizando el poder de tu dios sobre la verdad".
Bukko: "No me fío ni de mi padre".
Anciano: "Haces bien, en esta tierra de secretos y maldad".
Bukko: "Ya hemos visto demasiadas criaturas con máscara".
Anciano: "Pero algunas la portan por seguridad. Y otras para atrapar a sus víctimas indefensas".
Bukko: "Más vale prevenir que curar".
Anciano: "Descansad pues... mañana será otro día".
Al retirarse hacia el viñedo, el grupo se presenta a la familia, cuyo patriarca es conocido como Davian Martikov, el "Viejo Cuervo".
CONTINUARÁ






























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