Habiéndose despedido de los Martikov horas antes -cuando éstos dejaron el vino junto al pabellón de Andral en el lago-, la familia explicó que su siguiente parada en el camino sería Valaki, aprovechando para visitar a su familia -a quien también entregaría vino-, además de llevar unos barriles a una comunidad de vistani al norte de la villa, para finalmente viajar dirección la aldea de Uarowia.
Antes de su partida, el grupo se aprovisionó de cuanto pudo con bienes y equipo necesario para ayudar en sus posibilidades de supervivencia.
Zhia encontró justillo con faldón tachonado que podría mejorar su resistencia en combate, y habiendo entrenado durante el camino en artes combativas, comenzaba a comprender el uso del escudo en la defensa, equipándose con uno y desarrollando cierto equilibrio para repartir el peso en sus movimientos entre sus golpes y uso del mismo para evitar ser alcanzada.
Tomando al amanecer también ruta dirección Valaki con la promesa de acompañar a los Martikov, el grupo se despide de los Krezkianos, con una Panit muy intrigada en el estudio del xion recopilado y los tomos de magia adquiridos de tesoros anteriores. Ismark, por su parte, se mantiene en un triste silencio junto a Viktor en la parte de guía de los caballos, escuchando al muchacho y tratando de asimilar una pérdida tan dolorosa como era la de su hermana, a pesar de haber sido voluntaria. La presencia de Ezmerelda, siendo vistana, no ayuda a relajar el sosiego por ser de una raza directamente asociada a Strahd, a lo que tanto el nuevo burgomaestre de Uarowia, así como el Bastarre (Crepuscular) Savid, mantienen ojo avizor sobre ella, quien se muestra bastante conversadora por conocer todos los entresijos de los aventureros por las tierras de Uarowia. Sólo Akon e Ygrein parecían sinceramente conversadores, a la vez que Katy estudiaba minuciosamente a una mujer que parecía más cercana a su calaña que cualquier otro -salvo Zhia- de los que se encontraban en la caravana. Por su parte, la mida asesina curioseaba sobre la recién llegada, a medias entre puro interés y precaución.
Momentos antes de la partida, apresurada por la promesa de proteger en su camino a los Martikov, como el grupo había hecho en su viñedo, Panit pidió prestada la Hoja del Sol a Ygrein. Después de un rato de delicado trabajo, devolvió el trozo trabajado de xion a Ygrein... con una hermosa empuñadura con el símbolo de Andral en el centro, y un estilizado cuerpo angelical en forma de mango y guarda. Ygrein, asombrada con el trabajo... y sin haber visto en ningún momento a la mida utilizar una forja... toma el arma con reverencia, sintiendo la comodidad del agarre y la fuerza de su poder.
Ya en ruta, en un avance más lento de lo esperado por acompañar los pesados carros de vino, con un día oscuro y nublado, Ezmerelda explica que hace tiempo ella abandonó a Van Richten porque sabía de su animosidad con los vistani. Debido a la naturaleza de la chica, ella no se sintió cómoda por la forma en que Rudolph hablaba de ellos, escupiendo veneno en cada palabra. A pesar de que, con el tiempo, ella demostró ser una valiosa aliada, Rudolph a veces le recordaba su odio por los suyos en los rudos comportamientos con ella. Durante una confrontación sobre la forma de afrontar el problema con los vistani y la venganza de Rudolph por su hijo perdido, la discusión llegó a un nivel que no pudo resolverse fácilmente. Así, ella optó por marcharse de su lado para que el hombre se calmase, dejándolo en Valaki para que se calmase y, con el tiempo, volver a reunirse... de lo que ya hacía varias semanas.
Investigando los puntos débiles de Strahd y esquivando a sus esbirros, en un momento de su separación la vistana tuvo que encaminarse a la abadía San Markov en Krezk, pues allí pensó que encontraría refugio y ocultación frente al monstruo.
Sin embargo, al llegar allí, al ver el carnaval de horrenda locura que se desataba en su interior -a pesar de que el abad la protegía frente a los otros habitantes y era alguien calmado, permitiéndole deambular sin restricciones por toda la abadía-, después de escuchar la discusión del grupo con el sacerdote... comprendiendo cual era su objetivo final, decidió abandonar el lugar y unirse a un grupo con las ideas bastante claras sobre cómo abordar el problema de Strahd sobre la región de Uarowia, máxime al descubrir la postura de Bukko sobre la aberración que planteaba el abad.
Al compartir sus ideas con Bukko, parecía que la muchacha y él enfocaban el enfoque del abad como, efectivamente, una mezcla de locura y aberración.
Atentos al camino, la conversación con los Martikov también era distendida, curioseando éstos por la visita a la abadía, aunque los gestos de aprensión de los aventureros dejaban entender que no tenían mucha intención de hablar del asunto.
Otra de las dudas que atrapaba las mentes de los karasu camuflados fue el trueno en la montaña al anochecer. Aquella descarga chocó contra el lago y estremeció la aldea con un flash de luz verdosa. Los vecinos, atemorizados, sólo se asomaron a las puertas de su casa sin atreverse a salir a las calles, pero nadie les echaría la culpa.
El grupo, en cabeza y despejando el camino, los aventureros observaban su entorno a la espera de no tener que encontrar nada desagradable durante el camino.
Aunque la atención del grupo se mantenía sobre el camino, los ojos de Zhia, acostumbrados al secreto y el subterfugio, se movían a uno y otro lado del camino esperando una posible emboscada... cuando una sombra entre la espesa maleza de los alrededores del camino le dio una pista.
Afinando su percepción, de pronto fue consciente de que un nutrido grupo de asaltantes había rodeado un área apropiada del territorio más espesa y cercana al Viejo Camino Svalic a modo de emboscada.
Con una sonrisa malévola, la asesina mida gritó en voz alta: "¡¡FIESTAAAAA!!", sobresaltando a toda la comitiva.
Al hacerlo, el grupo vio salir del grupo a tres individuos de entre los arbustos, acercándose lentamente hacia la carreta del grupo.
Uno de ellos al parecer era un Bastarre con rasgos apesadumbrados y abalorios representativos de un usuario de magia arcana... y cierto aire vistana en sus colores y telas. Su rostro juvenil escondía la expresión de alguien que había vivido demasiados años... o muy duros. A ambos lados del mismo lo flanqueaban dos vistani con aspecto arrogante. Su apariencia implicaba cierta sensación de confianza, y su apostura marcaba una posición de superioridad sobre el elfo que se encontraba ante ellos.
El más robusto levantó su mano, dando el alto a la caravana.
Nicola Wacter
Justo al hacerlo, dos hombres se libraban del abrazo de los arbustos, surgiendo torpemente a través de ellos, sacudiendo las hojas pegadas a sus ropajes de cazador de alta cuna, refunfuñando por tener que moverse en aquel entorno. Señalando a los aventureros, los identificaban con sus voces airadas.
Carl Wacter
Al verlos, varios de los aventureros reconocieron a los hijos alcohólicos de Lady Fiona Wacter, a quienes hallaron por primera vez en la Posada del Agua Azul y tuvieron que sacudirles con firmeza el polvo de los chalecos para que su lengua no se desatase de forma impertinente.Uno de ellos afirmaba en voz alta algo como "Ernst nos dijo que eran esos".
Cuando Panit preguntaba de quién se trataba, Zhia contestó "siervos de Strahd" en voz alta. La mida, susurrando, comentó que probablemente estaban buscando morir esa noche. Akon acompañó el comentario susurrando que lo mejor sería 'purificarlos'.
A la voz de los nobles Wacter, los vistani con aspecto de líderes gritaban al grupo que se rindiese y depusiese las armas.
Al mismo tiempo, los nobles gritaban señalando a los viajeros del primer carruaje que los aventureros eran los asesinos de su madre. Con voz pastosa, añadían que los vistani podían hacer lo que quisieran con ellos, mientras les dejasen apuñalarles las entrañas durante un rato. Haciendo caso omiso (al parecer) de las voces nobles, el vistana con aspecto más fornido ordenó a los aventureros que depusiesen las armas y los acompañasen, pues tenían cosas de que hablar. De hecho, al parecer los vistani también informaron que tenían un contrato que cumplir. Así pues, si deponían las armas, los aventureros no sufrirían ningún daño más allá de la humillación de los dos borrachos (incluyó el líder, señalando con un gesto despectivo a los nobles).
Cuando Bukko replicó que los borrachos querían apuñalarlos, el vistana portavoz señaló que las palabras de éstos le eran indiferentes. Su contrato era más importante. Después, si querían, se verían las caras con ellos.
Intrigado, el paladín preguntó por dicho contrato.
Akon, desde el carruaje, comentó que ya que la noble había muerto, no tenían que validar ningún contato.
La respuesta del vistana fue que los dos nobles vivos validaban dicho contrato. Mientras Panit observaba la posibilidad de eliminar a sus hijos para invalidar dicho contrato, Akon volvía a hacer hincapié en que si Lady Fiona estaba muerta, el contrato ya no tenía validez. El vistana se reafirmó en la posición de que, estando vivos sus hijos, el contrato seguía en vigor. Haciendo eco de las palabras de Panit, Akon preguntó que si estuviesen muertos, el contrato se invalidaría. Mesándose la barbilla, el vistana comentó en voz alta que habrían de discutirlo. A pesar de que Akon trataba de intentar volver a sacar a colación el asunto, las palabras de vistana dejaban claro que no tenía intención de hacer oídos a éstas.
En ese momento, Ygrein sale por la parte posterior del carro, espada en mano, gritando: "¡Por Dekaeler! ¡Ninguno saldrá con vida si no nos dejáis pasar!"
Al momento que la sacerdotisa alzaba la voz, el mazo mágico del paladín comenzó a vibrar, y sus ojos giraron en todas direcciones, observando las mismas siluetas que hacía unos momentos Zhia había sido capaz de percibir con ojo clínico.
"Entre la vegetación puede que haya unos 20 tipos apostados", dijo la asesina mida, al mismo tiempo que vistani y nobles se estremecían ante las palabras de la clériga de la guerra, mirándose unos a otros con duda. Una fracción de segundo después, Zhia mostraba su espada a su hermana, pidiendo que mejorase las capacidades del arma lo antes posible.
Bukko, harto de mediar con siervos de Strahd sibilinos y tramposos, saltó por la parte trasera del carruaje, corriendo hacia el elfo mago: "¡Rendíos!", gritaba martillo en ristre. De pronto, un chispazo de luz sagrada imbuía su arma, que se agitaba en el aire dejando un rastro de energía a su paso. Sorprendiendo al elfo, quien apenas tuvo tiempo de reaccionar, Bukko elevó una plegaria de guerra: "¡Caiga sobre ti la ira de Waroui! ¡Apartaos de nuestro camino!".
Con una velocidad insólita para una criatura de su tamaño, el paladín lanzó un golpe descendente contra el hombro del elfo, girando sobre sí mismo para añadir inercia a un martillazo ascendente. Con el primer porrazo cargado de energía sobrenatural, el elfo se tambaleó con los ojos desorbitados. El segundo impacto remató al enemigo, lanzándolo por los aires sobre el charco que el paladín estaba pisando junto a él, salpicando agua por todas partes mientras los ojos del caído quedaban en blanco. "¡Rendíos vosotros!"
A cierta distancia junto a la carreta de vino, Savid gritaba una advertencia: "Pero, ¡¿qué hacéis?!"
Ante el grito del paladín, los elfos Bastarre entre los árboles y la espesura gritaron: "¡VENGANZA!"
"¡Maldita sea!", gritaba uno de los líderes vistani. "¡Muere rufián!", afirmaba, cargando con una cimitarra y una daga hacia el paladín. Cuando Bukko alzaba su mazo para detener el rechinar de la cimitarra con el mango de su arma, el vistana aprovechó la guardia abierta para apuñalar el vientre del hipótido, haciendo gruñir a éste con un corte sangriento. Al ver que el adversario sufría el daño, la velocidad del vistana le hizo intentar un segundo tajo con la cimitarra, pero Bukko estaba preparado para apartarla de un martillazo con un tañido metálico.
A lo lejos, al otro lado del camino y entre los arbustos, otro vistani con aspecto rudo y pinta taimada abría fuego con una ballesta, provocando un silbido agudo cerca de la cabeza del paladín. Al ver que su disparo fallaba, el vistana maldecía en voz alta.
De pronto, por el rabillo del ojo, Zhia e Ygrein se percataron de que un tipo embozado corría entre la maleza, y mientras se acercaba a la carreta, lanzó una daga peligrosamente que silbó cerca de la cara de Zhia. Al fijarse en el atacante que avanzaba desenvainando una espada corta, Zhia se percató de que se trataba del hombre al que había amenazado en el callejón de Valaki, el espía de Lady Fiona, quien en teoría la había vendido delante de los aventureros con pruebas: la carta de contrato de la que hablaban al principio.
Al momento, un nutrido grupo surge desde los árboles y la espesura, cargando contra los viajeros por todos los flancos. Al mismo tiempo que una lanza vuela cerca de Bukko, por la espalda un elfo clava parte de la punta de su lanza en la espalda del paladín, causándole un gemido de sorpresa y dolor.
Saltando junto al estribo delantero del carro, donde Panit se apostaba, otro de los elfos clava su lanza en una pierna de la maga, quien chilla por el agudo dolor que la sorprende. Al mismo tiempo, un elfo se encaraba con Ygrein desde la parte trasera del carro, y aunque su lanza parecía certera, la sacerdotisa de la guerra la detuvo con facilidad. El resto de los elfos se acercaba con cierto aire de rabia contenida por todas partes, aunque su velocidad no les permitió poder unirse al combate en ese instante, avanzando entre la maleza, apartando la espesura para poder moverse.
Al mismo tiempo, un nutrido grupo de vistani bandidos se arrojó contra Bukko, desenvainando sus armas para tratar de apuñalar y cortar en pedazos al paladín.
Uno de ellos, agitando con torpeza su arma, la estrelló de rebote contra la cabeza del mazo del hipótido.
Un vistana de la turba intentó atravesar con su cimitarra a Zhia, pero la mida asesina con nuevos talentos para la lucha interpuso su escudo en el ataque, haciendo rebotar la hoja contra el mismo.
Sobresaltada por la muchedumbre, entre los elfos Bastarre se introducía otro vistana cimitarra en ristre, causando un leve tajo en un hombro de la maga, que lo miraba con rabia y dolor.
Envalentonados por el alcohol y el apoyo, los herederos Wacter cargaban con sus propias espadas contra Bukko, pero la confusión les impidió hacer un impacto claro contra el enemigo, chasqueando sus armas entre las lanzas y cimitarras de sus aliados, para frustración de los tipejos ebrios.
Molesto por la interrupción, Akon saltó sobre el techo del carruaje, concentrando su poder entre sus manos, invocando fuego del abismo. Al acumular suficiente fuerza, liberó la oleada en un punto tras Bukko, y un estallido de llamas con el aspecto de un cráneo demoníaco risueño envolvió a varios elfos, vistani, al líder vistana, los nobles Wacter... y Bukko. Cuando el fuego envolvió todo el área con furia salvaje, sobresaltado el paladín se cubrió con el cuerpo de uno de los vistana.
Las llamas arrasaron una gran cantidad de enemigos, incinerando hasta la inconsciencia entre alaridos de agonía a 4 elfos, dos bandidos y ambos nobles, al tiempo que el líder vistana quedaba envuelto entre chillidos en unas llamas de las que brotaba una risa demoníaca.
Savid, en la distancia, gritaba: "¡Noooooo!", al mismo tiempo que Akon sonreía con una colmilluda mueca al único enemigo humeante en pie.
Desde la zona posterior del carruaje, Ygrein apeló a la ira celestial, rodeándose de una hueste de espectros alados con rostros cadavéricos, de espadas radiantes de blanco fuego fantasmal y susurros de muerte. Subiendo sobre el techo del carro, clamó a la ira del dios de la guerra, al tiempo que su hueste castigaba sin piedad a todos sus enemigos alrededor, robando la vida con sus espadas, derribando a elfos y vistani por igual, aunque Erns el espía, sufriendo el impulso del poder sagrado, conseguía salir del apuro a duras penas.
Percatándose de que quedaban tres objetivos (a lo lejos un vistana que había abierto fuego con una ballesta y un elfo preparando un arco para disparar, y junto a ella el espía Ernst Lanark), Panit convocó el poder de la llama entre sus manos, y con un chasquido de sus dedos una explosión de fuego con el rostro de una calavera llameante en expansión cubrió al asesino y a Ernst sin piedad, a pesar de contener la fuerza de su magia para que sólo quedaran derrotados en vez de muertos -igual que Akon con su propia llama-. Mientras Ernst el espía caía envuelto por el golpe de fuego sofocante, inconsciente, el vistana de la ballesta ejecutó una acrobática pirueta que lo lanzó bajo la explosión hacia una pequeña depresión del terreno, evitando por completo la fuerza explosiva, dejando boquiabierta a Panit.
Zhia, sorprendida por aquella amenaza a la alturas de sus expectativas, saltó ágilmente entre los enemigos derrotados, corriendo para alcanzar al adversario en fuga, evitando aquí y allá cuerpos derribados, saltando sobre una elevación del terreno y rebotando sobre la misma hasta alcanzar a su objetivo, cimitarra en mano. Con la inercia del movimiento, lanzó un tajo descendente hacia el vistana escurridizo.
Cuando el bandido provocaba a la mida gruñendo "¿vas a jugar con juego, amiga?", la mida asesina contestaba: "como mi hermana", al tiempo que ambas armas entrechocaban, deteniendo el asesino con su espada corta la cimitarra de la asesina.
Encarado a uno de los dos líderes vistani, Bukko no pierde el tiempo, lanzando un potente martillazo que es esquivado por su enemigo. Sin embargo, el pivotaje de éste lo expone a un movimiento de vaivén del mazo del paladín, el cual lo alcanza por el costado de un tremendo golpe que provoca el sonido de chasquidos en su osamenta y un gesto de dolor contenido. Al mismo tiempo que lo alcanzaba, Bukko liberó una explosión de energía mental que bañaba al objetivo a través de su mazo, momento en que los ojos del mismo se volvían blancos, quedando el vistana en un estado de confusión y aturdimiento por el golpe sobrenatural: "¡Waroui te castigue!", gritaba el paladín al mismo tiempo. De los labios del hombre confundido sólo pudo brotar un gruñido que parecía algo como: "mal... dito bicho gor... do y ca... bron... bastardo..."
Por su parte, el asesino que luchaba con Zhia, mientras deja caer a su lado la ballesta que llevaba consigo, salta por los aires por encima de la depresión de terreno sobre la que luchaba contra Zhia con una ágil pirueta que lo aparta del alcance de sus golpes, corriendo para ayudar a quien parecía el líder de su grupo de vistani.
Desde lo lejos, una certera flecha élfica se clavó en el costado de Panit, quien emitió un grito de dolor, doblándose sobre el estribo, tratando de evitar que la sangre empapase toda su ropa. Al fijarse en la situación y ver que todo parecía perdido, después del disparo -y al parecer desobedeciendo cualquier plan de combate- el elfo tirador se batió en retirada.
Desde el techo del carruaje, Akon concentra su energía arcana en sus manos, arrojando con desdén dos esferas místicas contra el vistana que se acercaba a Bukko, huyendo de Zhia. Mientras con su movimiento esquivaba una de ellas que estallaba inofensiva en el suelo cerca del paladín, la otra lo alcanzó de lleno en el techo, frenándolo en seco por un instante con la pequeña conflagración provocada. Un resoplido vació los pulmones del enemigo al sentir el dolor en sus vísceras.
Avanzando entre aullidos espectrales, Ygrein cargó contra el vistana recién golpeado, espada en ristre, invocando la velocidad del guerrero. En ese instante, cruzándose en el camino del asesino, la espada de la mujer fulguró en el aire. Aunque uno de los cortes abrasó un tanto la piel del vistana a cierta profundidad, el otro a punto estuvo de eviscerarlo, causando que se frenase en seco con una mano en el vientre y una mueca de dolor frente a la luchadora feroz.
Zhia, persiguiendo como un perro de presa al asesino, brinca sobre el promontorio con agilidad simiesca, y sin perder velocidad se situó junto a su perseguido, tratando de empalarlo con su cimitarra por la espalda. No obstante, la atención entrenada en combate del hombre logró ver por el rabillo del ojo a la mida, y con un giro de su muñeca apartó el arma de un golpe tintineante, quedando nuevamente Zhia asombrada de la habilidad marcial del enemigo.
Nuevamente, sujetándose la herida del costado, Panit decide intervenir como eje crucial en la resolución del combate, arrojando una telaraña mágica contra el líder vistani de aspecto más rudo (aunque aturdido), y aunque su compañero en el liderazgo (el asesino) consigue apartarse a tiempo de la pegajosa red, el matón líder queda atrapado en ella, fijado contra los arbustos y ramas de alrededor, imposibilitando su movimiento mientras aún se encuentra confuso sobre dónde se encuentra. Acto seguido, la mida maga rueda sobre sí misma, saltando sobre el techo del carruaje, para tratar de colarse por la puerta trasera, alejándose del peligro.
Bukko, apretando con fuerza el mazo con ambas manos, gruñe al asesino que se rinda si no quiere acabar besando el suelo. "Depón tus armas y no morirás".
Apenas sin percatarse de la situación, mientras el combate daba sus últimos coletazos, el cielo comenzaba a oscurecerse al mismo tiempo que una espesa bruma verdosa se condensaba entre los árboles más espesos. Entre la misma, una oscura figura tomaba forma sólida, ocultándose de la luz del sol, semejando en su silueta a... Strahd.
Una voz atronadora e imponente decía: "¡ALTO, SIRVIENTES! ¡ESTAS PERSONAS ESTÁN PROTEGIDAS POR MI VOLUNTAD! ¡¿POR QUÉ HAN SIDO ATACADAS SIN MI PERMISO?!".
Al escuchar aquella voz nacida de la tormenta, el asesino vistana siente que todo color abandona su rostro, quedando paralizado por el sonido. Lentamente, se gira en dirección al sonido, arrodillándose al mismo tiempo. Sin embargo, aquel movimiento lo puso directamente frente a la cimitarra de Zhia, la que lo ensartó hasta la mitad de la hoja, provocando un gruñido de sorpresa en el vistana, que empezaba a decir: "Seño-agh..."
Al mismo tiempo, la asesina se giraba hacia Strahd con gesto de confusión y disgusto, por interrumpir su diversión.
Con el gesto torcido por la frustración de verse interrumpido, el ojo izquierdo de Strahd restalló con una luz verdosa. Alzando su mano izquierda, una secuencia extraña de runas con un brillo similar a su ojo giró alrededor de los nudillos de la mano, al tiempo que el vampiro chasqueaba los dedos.
Un fulgor verdoso rodeó a Zhia, tratando de comprimir su forma y transformarla en una aberración lastimera para placer del señor de Uarowia entre chasquidos de huesos y gritos de agonía que la llevaron a hincar rodilla en tierra. Sin embargo, la mida, sacando fuerzas de una reserva interior indómita que provocaba su carácter irreverente, sacudió la influencia del antiguo Peregrino de su interior, y sujetando su cabeza que le martilleaba por el dolor, instantes después se irguió sudorosa, con una apretada sonrisa de triunfo mostrada como trofeo ante el vampiro.
Alzando levemente su ceja izquierda, Strahd susurró: "Interesante. Como iba diciendo, supongo que mi invitación os ha llegado en su momento. Así que no debéis preocuparos más por el azote de mis siervos. Sois invitados a mi castillo. A partir de este momento y durante el resto del viaje no seréis molestados por estos petimetres.
Por favor, aceptad mis disculpas y permitidme que os lleve mis felicitaciones por vuestras actuaciones en mi dominio... hasta este momento".
Bukko, parpadeando confuso, preguntó por qué deseaba lanzar aquella invitación.
Strahd: "Porque deseaba conocerte en persona a ti... Espada del Sol. Eres alguien que realmente intriga mis sentidos y perturba mis pensamientos".
"Ya nos conoces", continuó el paladín. "No es la primera vez que nos encontramos".
Strahd: "Pero deseo un encuentro más placentero y pacífico, en lugar de encontrarnos en circunstancias tan extremas y violentas. ¿Aceptaréis mi invitación a mi humilde hogar?"
Bukko: "Pero... tú sabes que deseamos acabar contigo, ¿no es cierto?"
Strahd: "Oh... eso son menudencias, mi sagrado protector del sol".
Bukko: "Sabes también que la espada que lleva mi compañera acabará clavada en tu corazón, ¿no?"
Strahd: "O en mis estantes como colección".
Bukko: "Es posible. Pero la primera opción es bastante evidente".
Strahd: "También existe esa posibilidad. No obstante... todo se puede negociar. Y, dicho ésto... ¿visitaréis mis dependencias sin armar revuelo en el camino?"
Akon: "Siempre y cuando no nos veamos obligados a usar la fuerza..."
Strahd: "No te preocupes, sirviente de los demonios. Eso sólo te compete a tí y a aquel ante quien respondes".
Bukko: "Creo que no somos los únicos que combaten en tus propias tierras. No deberías ser tan confiado".
Strahd: "De ello estoy seguro".
Bukko: "Supongo que conoces el apellido Van Ricten".
Strahd: "Pues... lo cierto es que he oído hablar de él... pero el apellido que más me suena es 'Lordel' (NOTA del DJ: Rictavio Lordel, el SemiElfo que se hace pasar por un humano, usando un Anillo de Disfraz, en Uarowia, cuyo pseudónimo es Rudolph Van Ricten), de la familia de aquel que inicialmente vino aquí para instaurar una capilla del dios del sol y proteger a los suyos. Y hasta ahora sólo ha conseguido migajas y fracasos".
Ygrein: "No creas. Bukko... ¿le has comentado que Ireena ya está fuera de su alcance?"
Al escuchar aquello, Strahd profiere un rugido que hace temblar el suelo, y su rostro se transforma momentáneamente en el de una bestia inhumana de ojos rojos refulgentes, con grandes colmillos en su boca, cabello encrespado como el de un lobo a punto de atacar, y orejas puntiagudas y elongadas... en lugar de unas de aspecto humano. Pero aquel aspecto se retrajo hasta recuperar las nobles facciones humanas de las que disfrutaba.
Strahd: "Aaaagh... mis disculpas. Ha sido un arrebato emocional... algo a lo que no estaba muy acostumbrado desde hacía tiempo. En fin. No quiero entreteneros más, puesto que el viaje hasta mis aposentos todavía es largo".
De pronto, rompe a llover desde el cielo plomizo.
Strahd: "Suplico perdonéis mi estallido de furia. Espero que, con fervor, me acompañéis hasta mis dependencias... para cenar".
Akon: (carraspeo) "Disculpa. No tomamos sangre. Preferimos un buen filete de carne".
Strahd: (risas) "Es una broma muy divertida, demonio. Hasta entonces, espero que volvamos a vernos pronto".
Durante sus últimas palabras, su figura comienza a deshacerse en la extraña niebla verdosa lentamente, abandonando su aspecto sólido. Su silueta se transforma en una bruma, uniéndose a toda la que invadía el bosque a su alrededor, retirándose lentamente al interior de la espesura hasta desaparecer.
Akon, desconfiado por naturaleza, quizá fue quien más quedó impresionado de todo el grupo al percatarse de que, a pesar de su naturaleza evidentemente maligna, la invitación de aquel monstruo había sido... genuina y sincera.
Cuando Zhia suelta al asesino apuñalado, quien cae de rodillas al suelo, se acerca al otro vistana atrapado por telarañas mágicas, tratando de investigar sus bolsillos, al tiempo que Akon se ocupaba de ver si el elfo mago había sobrevivido a los golpes de Bukko.
A los oídos de la asesina mida llegó un susurro "si no es molestia... deja a mis esclavos en paz...". Zhia, con rostro extraño, miraba a uno y otro lado.
Por suerte, cuando Akon estudiaba al elfo con rasgos de usuario de magia, informó de que seguía con vida. Automáticamente, Bukko se giró hacia él para atender sus heridas a regañadientes.
Por su parte, la asesina mida señalaba el camino y el bosque con una mano, susurrando entre dientes al asesino vistana "vete. Largo de aquí", mientras le levantaba la barbilla con la hoja de su cimitarra aún manchada de sangre.
Al intentar, renqueando, liberar al otro vistana de la telaraña mágica, Bukko y Zhia se lo impidieron. La asesina alzó la voz, conteniendo su mano: "vete YA".
Susurrando al vistana "nos veremos pronto, hermano", el asesino se marchó cojeando hacia la espesura, mirando por encima del hombro con odio.
Acercándose rápidamente, Savid se lamentaba por lo sucedido al ver a otros Bastarre dispersos por los suelos, fruto de la aplastante reacción de los aventureros.
Esperando antes de liberar de la telaraña al supuesto líder, mientras los transportistas se mantenían a cierta distancia de las actividades, el grupo de aventureros empezó a reunir a los asaltadores derrotados, separándolos en dos grupos de vistani y elfos bastarre.
Tras ello, Panit liberó de la telaraña al líder. Procurando desarmar y atar a cuantos pudieran con sus cuerdas, el grupo trató de que ninguno de los prisioneros quedase descuidado, decidiendo mientras tanto qué harían con ellos. Por su parte, el mago apenas vivo fue apartado de sus componentes mágicos para evitar su magia en la medida de lo posible.
Al registrar a los enemigos, los aventureros se sorprendieron de encontrar una estatua de metales preciosos de Strahd entre las pertenencias del capitán, y un collar de oro con un gran rubí engarzado en el cuello del elfo lanzador de conjuros.
No sólo eso. Entre los líderes vistani y el cabecilla elfo, el grupo encontró diversos objetos mágicos, entre pociones, elixires, aceites y un collar de plumas con una ficha engarzada de piedra, tallada en símbolos arcanos junto a una gran pluma en su superficie.
Al cogerlo, Panit se sorprendió de que el objeto podría contactar con alguna criatura mágica de gran poder. En efecto, mientras el grupo se encargaba de que los prisioneros no pudiesen huir de las ataduras, la maga se encargó de realizar rituales apropiados para comprender el poder de los objetos hallados.
Mientras Ygrein comentaba que los prisioneros podrían ser interrogados por algún tipo de información esencial, Akon señaló de reojo al elfo con supuestas capacidades mágicas, indicando que posiblemente podría sonsacarse de forma privada, pues su actitud ante la lucha dió la impresión de ser distinta.
En solitario es probable que hablase sin los vistani delante. Zhia, por su parte, comentó que directamente el destino de todos los prisioneros debería ser Krezk -la villa más cercana- y allí decidir sobre ellos, en vez de hacerlo en el camino, pues llevarlos a Valaki podría ser una pérdida de tiempo, ya que Savid había indicado que una comunidad de vistani y elfos Bastarre vivía en las afueras, por lo que, además de la mala imagen que el grupo había ganado en aquella villa, podrían encontrarse con sorpresas desagradables al llegar con tales prisioneros.
En ese momento, un vistana miró a uno de los elfos, señalando con la cabeza a Savid, quien se acercaba a los aventureros, y los acusó de que habían traicionado a los vistani seguramente porque, cuando les encargaron buscar a una de las pequeñas de los vistani, el elfo huyó atrayendo a aquellos matones.
Mirando a los aventureros, el vistana refunfuñó comentando que incluso ellos sabrían donde se encontraba aquella muchacha, tras renegar contra ellos.
Al preguntar sobre la chica, Ygrein obtuvo respuesta del líder de los vistani, indicando que la chica de la que estaban hablando era hija suya, y se llamaba Arabelle.
Molesto por aquellas palabras, Bukko indicó que estaba seguro de que Arabelle estaba en poder de Strahd, y al hacerlo podría coaccionar sin duda alguna a los vistani. El líder vistana negó categóricamente, por imposibles, aquellas palabras. El paladín preguntó el por qué. El vistana comentó que el señor de Uarowia siempre había cumplido la palabra pactada entre los vistani y el vampiro. De hecho, ellos no eran sus enemigos. Bukko insinuó que, quizá si el vampiro se había encaprichado de la muchacha, posiblemente ya la habría devorado. Con un gruñido, el vistana respondió: "¡Mientes! ¡Strahd ha honrado su palabra desde siempre! ¡Lo protegimos en el pasado... y él nos protege en el presente!".
Ygrein, señalando a los prisioneros y en la dirección en que el vampiro había aparecido y se marchó, se sostuvo la barbilla comentando: "No. No os protege".
De pronto, un hedor a orina sacudió la nariz de los aventureros más cercanos a los hijos Wacter. Éstos habían manchado sus pantalones. Ernst, por su parte, se encontraba cabizbajo y silencioso.
Akon, en un momento de la conversación, apartó al líder elfo del grupo para hablar con él. Mientras tanto, el resto observaba al espía, preguntándose cómo había podido escaparse de la justicia en Valaki. Cuando Ygrein dijo en voz alta que podrían entregarlo de nuevo para que respondiese por sus crímenes y fuese ejecutado, el hombre de pronto alzó la cabeza, gritando que no había huido. Los hermanos Wacter lo habían liberado de prisión, utilizando su influencia. Al escuchar aquello, los hermanos Wacter se sobresaltaron, gritando en dirección a Ernst que era un traidor, pues tenían un trato entre manos en común. Él les ayudaría a atrapar a aquellos asesinos, y ellos los matarían.
Con gesto brusco, Ygrein levantó a los tres hombres de Valaki, y los apartó a empujones del grupo de prisioneros.
A cierta distancia como para que su voz fuese escuchada por el resto de aventureros, susurró con una mirada penetrante que aquél de los que hablasen en ese momento que la convenciera, seguiría vivo. Y el que no... la espada de Ygrein salió de su vaina.
De fondo, Zhia desenvainó su espada corta y su daga, y empezó a frotarlas entre sí para afilarlas.
En ese momento, con voz asustada, ambos hermanos sollozaron qué quería saber.
Ernst Lanark
Ygrein: (A Ernst) "Quién te soltó". (A los Wacter) "Qué motivaciones teníais para soltarlo". (A todos) "Y por qué queríais seguir adelante con un contrato que no tenía validez porque vuestra madre y tu señora estaba muerta".Ernst: (Hiperventilando) "Me soltaron ellos. Avisaron a los vistani, y ayudados por éstos, consiguieron que huyera, a cambio de guiarlos hasta vosotros para que pudieran mataros, por haber matado a su madre".
Los Wacter: "¡Cállate canalla! ¡Todavía podemos salir con vida de aquí! ¡¿Qué queréis?! ¡¿Qué necesitáis?! ¿Queréis dinero? ¿Propiedades?"
Bukko: (Alzando la voz) "¿Por qué quiere Strahd llevarnos a su castillo?"
Los Wacter: (Desesperados) "¡No lo sabemos!". Señalando al líder vistana: "¡Preguntadlo a él!"
Ygrein: (A Bukko) "Capitán de la guardia de Valaki. Creo que deberíamos matarlos".
Bukko: (Señalando al líder vistana) "¿A éste?". Poniendo los brazos en jarras frente al mismo: "¡Habla!".
Vistana Líder: "Supongo que Strahd tiene sus planes para vosotros. Si quiere que lo visitéis es porque desea tener una conversación de algún tipo. Si no, directamente habría lanzado a todas sus huestes en vuestra contra para mataros. Ésto sólo ha sido una muestra de poder."
Bukko: "¿Has estado en su castillo?"
Líder Vistana: "Sí".
Ygrein (desde lejos): "¡Pues ve dibujando un mapa!"
Líder Vistana: "No". Ante la mirada curiosa de Ygrein, contestó que no podía traicionar a su señor. Continuó diciendo que acabasen con su vida... que cortasen su cabeza o vaciasen sus entrañas si era su deseo, pero no traicionaría a su señor.
Bukko, entonces, propuso que los llevasen a Krezk para que sus habitantes los ajusticiasen como prisioneros de guerra. Ellos decidirían, ya que no estaban lejos de la villa. Así les permitirían tomar parte en la lucha contra el vampiro y quizá eso los motivase. Al escuchar aquello, el líder vistana amenazó que, de hacer aquello, no quedaría un alma con vida en Krezk. Eso lo aseguraba. Si no dejaban a sus hombres en paz, empezarían algo que no podrían terminar. Strahd acabaría con todos. Los mataría. Los desecaría como la tierra muerta, y se reiría de sus cadáveres en el camino de vuelta a su castillo.
Líder Vistana: "No sabéis lo que estáis haciendo. Si nos entregáis, ¡no quedará alma con vida en estas tierras! ¡No seáis locos! ¡No os enfrentéis a la voluntad de Strahd! Quizá con suerte podáis huir de aquí si os hace beber su sangre y os permite escapar."
Bukko: "Estáis locos si creéis que aliaros con Strahd va a salvar vuestro pellejo. Sólo sois esclavos".
Líder Vistana: "Mejor reinar en el infierno que ser esclavo en el cielo".
Bukko: "Desconoces la Gloria".
Akon: (a lo lejos) "No tenéis ni idea. Moriréis aquí o ante vuestro amo. Sois igualmente esclavos, y de hecho os ha abandonado a vuestra suerte, estúpido. Hete aquí que se ha tomado el tiempo suficiente como para permitirnos derrotaros a todos sin intervención alguna. Si hubiésemos deseado vuestra muerte, no estaríamos hablando ahora, antes incluso de que vuestro amo se interesase siquiera de que estabais en este camino".
Vistana Líder: "Nuestro señor sabe cómo utilizar sus herramientas sabiamente. Quizá estaba entre sus planes el que fuéramos derrotados. Pero si no os derrotábamos en vida, lo haríamos en la muerte.
Nos alzaría de nuestras tumbas y nos lanzaría contra vosotros, hasta que no quedara ni uno. Y en la muerte, ni siquiera podríais conversar con nosotros. Seríamos sus marionetas, arrojados una y otra vez sin miedo a por vosotros... sin cansancio o necesidad de razonar".
Zhia, girándose hacia Panit, le preguntó si tenía bastantes botecitos de sirvientes de Strahd. La maga mida le comentó que su colección de cenizas de vampiro era decente.
Bukko, sujetándose las sienes, empezaba a estar harto.
Después de barajar opciones sobre entregar a los vistani a la Orden del Dragón Plateado para que los ejecutase, juzgarlos Bukko como cargo de Capitán de Valaki, o hacerlo Ismark como burgomaestre hereditario de Uarowia, el paladín comentó que la única autoridad legal con libertad de juicio -no sometido a Strahd- era el pueblo de Krezk y sus barones. Aquella era la opción más justa. Zhia compartió su interés por aquella idea, comentando que deberían atarlos a los carros para llevarlos andando... no tendrían el placer de ser transportados encima... eso sí. Como escarmiento, quitarles los zapatos para el camino. Bukko, con un suspiro, observó que aquello les haría tardar más en llegar a su destino, retrasando todo el viaje.
Ygrein y Bukko comentaron que no eran torturadores. Aquello no era apropiado.
Acordando llevar atada y vigilada a toda la trupe de prisioneros a Krezk, en el transcurso del camino -no sin antes despedirse de los Martikov, quienes tenían que seguir su camino, acompañados del resto de aventureros para protegerlos (Savid, Ezmerelda, Ismark, Katy y Viktor) hasta Valaki, donde se quedarían con la familia de la Posada del Agua Azul- la parte que se dirigía de nuevo a Krezk (Bukko, Panit, Akon, Ygrein y Zhia) apartó al elfo líder, pues Akon no había sido capaz de mantener una charla con él. Con aspecto deprimito y decaído, el elfo esperaba su interrogatorio. Reveló que se llamaba (por si a alguien le importaba) Kasimir Velikov. Aquel apelativo sorprendió por su claro origen vistani.
Kasimir: "¿Qué queréis de un ser tan desgraciado como yo?"
Bukko: "¿Tu desgracia deriva de una incompatibilidad sobre tu conciencia y tu servidumbre a un ser de ultratumba?"
Kasimir: "Quizá", suspiró.
Bukko: "Entonces estás con las personas adecuadas, porque tenemos aliados entre vosotros, entre vistani traidores a Strahd, y todo aquel que se oponga a su yugo".
Kasimir: "¿Cómo es eso?".
Bukko: "Venimos de un mundo más allá de las nieblas para liberar a estas tierras de su servidumbre".
Kasimir: (Confuso) "¿Qué otro mundo hay más que Voldor?"
Bukko: "Nosotros venimos de allí. Ésto no es Voldor en realidad. Se trata de una prisión entre planos, un reino de pesadilla donde estáis atrapados".
Kasimir: "Y, como atrapados que estamos... también estamos malditos".
Bukko: "No. Porque Waroui y Andral liberarán a estas tierras del mal".
Kasimir: "Aun así, nuestra raza está condenada".
Akon: "Más bien os habéis conformado con vivir esta vida sin luchar por ella".
Kasimir: "¿Qué podemos hacer más que servir a los esclavos de Strahd para evitar la destrucción completa?"
Akon, tomando una piedra pequeña, se la tiró al elfo, preguntando si le dolía. Ante la negativa del élfo, el brujo tomó un puñado de piedrecitas y las arrojó contra el elfo, quien se quejó por la metralla. Cuando el tiflin preguntó si dolían, este confirmó la sospecha. Entonces, Akon concluyó su exposición comentando que una simple piedra no era nada... pero una avalancha podría causar grandes cambios.
"Buena metáfora", compartió Bukko. El elfo se llevó la mano a la barbilla, pensativo. "¿Es vuestra intención destruir a Strahd?", preguntó con una mirada esperanzada. "Es nuestra misión sagrada", apuntilló el paladín. "...De algunos".
Kasimir: "¿Y estáis empeñados en hacerlo... cueste lo que cueste?"
Tras una silenciosa afirmación, el elfo en ese caso recomendó que viajasen hacia el sur, hasta el Templo de Ámbar. El paladín, sacando el mapa que habían conseguido hacía días, preguntó dónde se encontraba aquel lugar. "Allí es donde Strahd forjó su poder. En aquel lugar quizá podáis encontrar... su derrota".
Bukko: "¿Ese es el lugar al que debe regresar Strahd (haciendo mención a la lectura de Madam Eva)? ¿Donde tiene que ser derrotado?"
Kasimir: "No. Strahd es un vampiro, y cada amanecer debe regresar a su tumba".
Bukko: "¿Allí es donde fue creado?"
Kasimir: "En aquel lugar es del que extrajo el poder para ser creado".
Bukko: "Pero los objetos que deben usarse para derrotarlo no están allí. Sólo encontraremos información más extensa de lo que ya sabemos... como que fue un Peregrino".
Kasimir: "Sabéis que es un Peregrino..."
Bukko: "Así es".
Kasimir: "Entonces sabréis que allí están las tumbas de todos los que lo precedieron".
Bukko: "¿Se encuentra allí el Tomo de Strahd, el Símbolo Sagrado de los Córvidos o el mango de la Espada Solar con la que separaríamos la cabeza del cuerpo de ese monstruos? Si no es así, es otra pérdida de tiempo."
Kasimir: "Pero es una fuente de conocimiento fabulosa. Uno de los focos de mayor poder de esta región, además de la fortaleza de Strahd. Pero claro... quién soy yo... sólo un elfo derrotado por sus enemigos y por el tiempo."
Zhia veía en aquel lugar una oportunidad.
Akon: "¿Sabes qué información tiene en su poder el demonio Neferon sobre Strahd?"
Kasimir: (Sorprendido) "¿Conoces a Neferon? Es el guardián del Templo de Ámbar."
Akon, frotándose la barbilla, suspiró resignado. "Siendo así, ¿qué sabe de Strahd como para que éste tema que la revele?"
Kasimir: (Con mirada perdida) "Sus más profundos y oscuros secretos. El origen de su poder. La redención o la condena, y todos los experimentos que Strahd realizó antes de tratar de convertirse en un mortal... pero no quiero entreteneros. ¿Qué puedo saber yo más que tratar de ayudaros en vuestro destino para que acabéis con ese monstruo?"
Bukko: "¿Y cuál es tu problema con Strahd?"
Kasimir: "Es una venganza por lo que hizo contra nuestro pueblo. Nos dejó perdidos sin un destino, sin poder perdurar en la historia o el tiempo."
Cuando Bukko pidió al elfo unirse a su comitiva, éste reveló que, si lo hacía, Strahd mataría al resto de los Crepusculares. El paladín razonó que, con la guerra que pretendían iniciar, igualmente habría muchas muertes. El elfo preguntó que, en caso de ayudar, dónde se protegerían hasta la batalla. El hipótido reveló que el único santuario sería Krezk. Kasimir preguntó cómo podría informar al resto de elfos que habían quedado en la comunidad de Valaki. A eso el paladín comentó que disponían de palomas para enviar mensajes, con las que indicar que podrían encontrarse en Krezk con sus semejantes.
Resolviendo el viaje de vuelta, el grupo reveló a todos los prisioneros elfos que quienes deseasen unirse a su lucha, quedarían al auspicio de Krezk -con el beneplácito de sus barones-, mientras que el resto pasaría por la justicia de la villa como enemigos declarados. Por su parte, Ygrein exaltaba los corazones de los elfos con una llamada a las armas, al mismo tiempo que Savid utilizaba sus cualidades para la persuasión explicando todo aquello que había aprendido junto a los aventureros, para dar peso a las palabras del grupo. En secreto, la mayoría de los bastarre empezaron a despertar su secreto odio por Strahd, escuchando con avidez la llamada a la guerra.
Al llegar una vez más a la villa amurallada, en una nueva reunión con los líderes -que aún no habían podido hablar del asunto concerniente a la alianza contra Strahd- explicaron lo sucedido con los vistani y los Bastarre. La inusual comitiva de recién llegados hizo intercambiar múltiples miradas de curiosidad y rechazo a partes iguales por parte de la comunidad.
Al quedar claro que los vistani y elfos traerían problemas con respecto a Strahd, los vistani -incluyendo al líder, Ernst y los nobles Wacter- fueron ejecutados por traidores (tras juicio y pruebas testificales), mientras que los Bastarre quedaron al auspicio de la comunidad, avalados por los aventureros, para ayudar en todo lo posible en la pronta guerra contra el señor vampiro, después de participar en la reunión que el pueblo de Krezk tendría al respecto de su decisión final sobre el conflicto.
Panit, en toda la situación, aprovechó para hablar con Kasimir por su cuenta e intercambiar conocimientos.
Éste le explicó que, si las decisiones tomadas en aquella reunión llegaban a buen puerto, volverían a hablar para intercambiar conocimientos. De momento, necesitaba su grimorio para proteger a su propia comunidad.
El día avanzó poco a poco, y mientras la comunidad de Krezk se enfrentaba a un nuevo reto de decisiones, más allá de lo que les había acontecido hasta entonces, los compañeros tomaban un respiro para pensar en su próximo paso en esta larga confrontación contra Strahd.
CONTINUARÁ
































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