El muro enclaustra un asentamiento en la ladera de una montaña, cuya cima está cubierta de nieve.
Más allá de dicha pared pueden observarse copas de pinos y abetos cubiertos de nieve, además de finas volutas de humo blanco dispersas, cuyo origen es incierto.
Al llegar se escucha el sombrío tañido de una campana que proviene de una ominosa abadía de piedra incrustada en la ladera de la montaña, por encima del asentamiento.
Lo curioso de este lugar con respecto a todo el paisaje y poblaciones dejadas atrás es que el humo en el aire parece dar una bienvenida. Este cambio de "actitud" del paisaje es algo que se agradece al acercarse la comitiva de karasu camuflados devotos de Andral y los aventureros aliados, pues emite un evidente contraste con la silenciosa bruma de bosques y ciudades, a cuyo carácter triste y oscuro el grupo empieza a acostumbrarse -por desgracia-.
Es difícil saberlo a la distancia desde la entrada, pero parece existir un camino serpenteante que recorre los acantilados, conduciendo desde el recinto amurallado hacia la abadía en las cercanas alturas.
(Una visión nocturna de Krezk)
Otra de las llamativas peculiaridades es que, en la zona al oeste más allá de la villa, el camino continúa quizás algo más de un kilómetro hasta sumergirse por completo en una espesa cortina de niebla que se alza muy alto en el paisaje, como si las nubes decidieran caminar por el suelo. La presencia de ese elemento no es grato a la vista tan cercana.En cuanto el grupo se acerca al recinto, el frío de la montaña crece y la muralla parece más alta. Dos grandes torres cuadradas de tejados puntiagudos flanquean un arco de piedra en el que se hallan un par de puertas de madera con bandas de hierro a 3 metros y medio de altura. Tallada en el arco por encima de las puertas está la palabra: Krezk.
Los muros se extienden desde las torres de entrada con 6 metros de altura. En lo alto del parapeto se ven cinco figuras con gorros y capas de piel, portando lanzas. Sus miradas son muy atentas.
Katy e Ygrein son conscientes de que el comportamiento de los guardias es bastante nervioso, amen de curioso. Mientras el resto de aventureros ojea el entorno, Katy trata de quitar hierro al asunto, expresando que vienen en son de paz con un cargamento de vino.
Por su parte, Zhia se percata de que desde las almenas de las torres con techo de pico sobresalen una larga punta de "lanza" de cada una, sospechando que en realidad se trate de la munición de balistas cargadas. Además de ello, la mida asesina observa que, por el borde de la puerta y la parte inferior de la misma se observa el movimiento de dos pares de botas que se alejan del centro de las puertas, y al pasar junto a los lugares de anclaje de las mismas, de pronto se ven dos troneras (una en el extremo de cada puerta más cercano al muro) abrirse, por las que asoma una punta de flecha cargada en cada una, apuntando al exterior.
Zhia se acerca a Bukko para informarle de la situación.
Bukko, al ver el despliegue, se acerca a Davian Martikov, consultando si la villa son clientes del Mago de los Vinos, lo cual el Karasu anciano corrobora. Al preguntar sobre la situación de tensión, Davian quita hierro al asunto exponiendo que los habitantes de Krezk son muy desconfiados. Aceptando su palabra, Bukko se tranquiliza y espera eventos.
En ese momento, Davian alza la voz, informando que traen vino para la ciudad... en concreto, para la abadía.
Los guardias observan a los recién llegados. Desde las alturas, dos soldados cuchichean por los parapetos, hasta que uno se marcha y el resto guarda silencio, vigilando a los recién llegados. En esta situación, los Karasu relajan su actitud y simplemente esperan. Ante la pregunta de Bukko de si la ciudad había recibido algún ataque reciente, Davian indica que los burgomaestres simplemente son gente precavida. De hecho, la ciudad está muy protegida.
Tras unos 20 minutos de espera, por el parapeto asoma un hombre de edad madura, aunque su actitud y su aspecto muestran que está curtido en la lucha, con un elaborado guardapolvo de grandes solapas abrazando su rostro y una espada desenvainada apoyada en su hombro. A su lado, una mujer de edad similar, con ropa parecida y un tocado funcional observa al hombre y hacia la entrada junto a él, sopesando un hacha de combate entre sus manos, al tiempo que le susurra algo.
En ese momento, con un gesto entre hosco y risueño, el hombre alza su voz desde las alturas: "¡Davian, viejo cuervo!¡Cuánto tiempo sin verte!¿Qué te trae por aquí?¡Pensábamos que habías muerto en tu pajarera!"
"¡No, Dmitri!", responde el aludido. "¡Tenía asuntos sin resolver en la viña, pero estos caballeros y señoritas...!", indica, señalando a la comitiva de Bukko, Zhia y compañía "¡...me han ayudado con mis problemas!¡Si no te importa, abre las puertas!¡Traigo vino para la villa y la abadía!"
Con una intensa mirada clavada en el grupo, sopesa su decisión, consultando con la mujer a su lado. "¡Tus compañeros!¿De dónde son?¿De dónde sois?"
"Voldor", responde Bukko.
"Hasta ahí llegamos. Estamos en Voldor. Pero, ¿de dónde exactamente?", pregunta Dmitri.
"De las calles de Azur", dice Katy.
"No me suena ese nombre", contesta Dmitri. "No seréis descarriados del templo, ¿verdad?"
"No conocemos esos términos", contesta Bukko, confuso.
"Pues precisamente vais de camino allí", dice el burgomaestre.
"Hemos oído hablar que aquí hay criaturas a las que confunden con nosotros, pero desconocemos por qué", indica Bukko.
"Bueno, podría decirse que son parecidas, pero está claro que vosotros tenéis una dicción mucho más elaborada y más educación. Esos pobres desgraciados no son capaces de hilvanar más de tres palabras seguidas. De hecho, vuestro aspecto es muy... ¿cómo decirlo? homogéneo. Bueno... cuando lleguéis al templo veréis de qué os hablo", concluye el burgomaestre.
"Nosotros venimos de una tierra más lejos de lo que pueden llegar nuestras palabras... más allá de la niebla", responde el paladín.
Con expresión sorprendida, Dmitri responde: "¿Más allá de la niebla?¿Eso existe?"
"En efecto", continúa el paladín. "Pero podríamos hablar más tranquilamente en otro lugar."
"Sólo una pregunta", concluye el burgomaestre. "¿Qué os ha llevado a ayudar a Davian?"
"Por supuesto, los mandatos divinos de Waroui", dice Bukko.
"¿Divinidad... Waroui?", se extraña Dmitri.
"En estas tierras es aliada de aquel al que conocéis como Andral", añade el paladín.
"En cierto sentido, son distintos aspectos de una realidad benévola con el mundo y que cuida de sus fieles. No tengáis prejuicios o dudas".
"¿Cual es vuestra relación con los Vistani?", corta Dmitri la explicación.
"Son buena gente", dice Katy.
"Depende de quién", añade Panit.
"No todos son trigo limpio", corrige Bukko. "Hay mucho rufián entre ellos."
"¿De verdad pensáis eso?", pregunta con suspicacia Dmitri.
"Sabemos que los Vistani son siervos de El Gran Enemigo", continúa el paladín.
"Así que ya habéis oído su nombre", dice Dmitri, entrecerrando los ojos.
"No te preocupes. Si temes a Strahd, nosotros estamos aquí para devolverle el castigo", expresa Katy desenfadada.
Ante tal exposición, la guardia se observa y mira de reojo al burgomaestre y la señora a su lado, quien sonríe con levedad y dice: "Dmitri. Deja pasar a estas gentes. Está claro que tienes asuntos que atender en la abadía, y quizá no haya problema. ¡Abrid las puertas!"
Ante la voz de la dama, las pesadas puertas empiezan a abrirse tras destrabarlas, con un gruñido de esfuerzo en las bisagras.
En el paso hacia el interior, Bukko pregunta a Dmitri si están en época de guerra, a lo que el hombre contesta que protegen su humilde villa contra las fuerzas de Strahd. Ante ello, Bukko expone que con su acto acogen en ese momento a buenos aliados.
El burgomaestre comenta que si él es aliado de Andral, está seguro de que así será, pues es enemigo mortal de Strahd. En el intercambio de palabras, Bukko solicita audiencia formal con el burgomaestre, mientras éste anima a toda la comitiva a entrar veloz antes de que sellen de nuevo las puertas. Además de ello, comenta que en cualquier momento podrían reunirse en sus aposentos tomando algo, mientras los Martikov se dirigen a dejas sus suministros en la abadía... salvo que todo el grupo tenga mucha prisa por sus obligaciones.
Cruzando el enorme umbral, los aventureros ahora son conscientes de dos cosas: una, que el interior de la villa está exento de la bruma que azota las murallas exteriores, y otra que hay una enorme cantidad de árboles -frutales entre ellos, cosa que descubre el grupo al ver a las mida salir un momento de las ramas con unas jugosas y enormes manzanas que mordisquean ávidas-, tanta que parece un bosque. Entre los árboles hay casas de madera recias de diferentes tamaños, y caminos que serpentean entre los árboles para alcanzar las distintas entradas de las casas.
Enloquecidas por la visión de una comunidad llena de árboles, de pronto Zhia y Panit se desatan, corriendo a cuatro patas hasta saltar hacia los árboles, brincando y trepando por ellos, sobresaltando al burgomaestre. Ambas mida se mueven gráciles y felices por un instante, sobresaltando incluso a algunas personas que encuentran más allá del velo de espesas ramas, asomadas a las ventanas de sus hogares.
El burgomaestre consulta si ese comportamiento es normal, a lo que Bukko explica que su naturaleza es poderosamente arbórea. Katy añade que necesitan 'desfogar' de las vicisitudes del camino. Al consultar si en la villa hay fuente de agua, como río o lago, el burgomaestre explica que junto a la muralla oeste hay un lago que surte de agua fresca para beber. Cuando Bukko pide permiso para hacer uso de él para asear su cuerpo, el burgomaestre cambia su actitud y su mirada se endurece, explicando que las aguas están reservadas para consumo, y que para ello hay que extraerlas primero y, una vez así, asearse. El gobernador podría ceder una alberca con agua para que el paladín se asease. Igualmente, en la villa había zonas de aseo. Con un gesto decepcionado, Bukko aceptó a regañadientes usar otro lugar de aseo... aunque no fuese lo mismo.
Hambriento por la dura jornada, Bukko espera educadamente a que conduzcan al grupo en dirección a la casa del burgomaestre.
Otra de las cosas sorprendentes de la villa es que los habitantes -todos humanos- tienen áreas de cultivo entre los árboles junto a sus casas. Todos los ciudadanos con edad para combatir SIEMPRE van armados (una espada aquí, un hacha allá...) y habitualmente llevan armaduras de cuero mientras se desplazan por la villa. Aunque los guardias que escoltan al burgomaestre y su esposa están visiblemente mejor armados y acorazados, toda la ciudadanía tiene una actitud de capacidad defensiva bastante evidente: todos son bien capaces de defenderse.
Al mismo tiempo, el grupo observa que los vecinos comparten entre sí bienes, charlan amablemente entre ellos, y cuidan en común a sus menores.
Una vez dentro de la villa, y siguiendo al matrimonio de los burgomaestres y su escolta, el grupo es consciente del tamaño y cercanía del monasterio en las alturas.
A su vez, la esposa del burgomaestre no puede evitar preguntar en el camino de nuevo si de verdad no son miembros de la comunidad del monasterio, porque algunos miembros del grupo son muy parecidos. Bukko asegura que es la primera vez que se encuentran allí y no tienen nada que ver con el monasterio.
En el avance casi prácticamente al centro de la comunidad, hay animales de granja también cuidados por los vecinos, bastante libres de cercos.
En general, el grupo se percata de que ésta es una comunidad auto sustentada, lo que les hace pensar si se preparan para la guerra o han sufrido mucho azotes enemigos.
No sólo eso. De vez en cuando pasan personas con pequeños carros llenos de grandes cántaros de agua que reparten entre las casas. Katy se sorprende que este comportamiento sólo pueda reconocerlo en lugares de montaña con comunidades muy aisladas de asentamientos mayores y mejor comunicados... cosa que no parece suceder aquí, pues un camino más o menos principal alcanza Krezk.
Por primera vez los viajeros pueden escuchar niños reír y jugar, en lugar de otros lugares donde sus sonidos, o son ausentes... o son lastimeros. Algunos de los pequeños que pasan junto al grupo se sorprenden de su presencia, señalando a las razas no humanas y preguntando a sus madres o padres por ellas con curiosidad y algo de temor.
Bukko y Katy saludan a los niños, mientras Zhia los asusta saliendo de pronto de las ramas de los árboles, mientras Ygrein les lanza miradas amenazadoras. En general, la actitud del grupo espanta un poco a los pequeños a una distancia prudencia.
Otra de las peculiaridades es que, al llegar a la mansión de los burgomaestres, no hay sonido de niños. Es muy silenciosa.
Bukko expone que se respira mucha paz en ese edificio, y se pregunta si es por la ausencia de algo fundamental, a lo que el burgomaestre explica que están demasiado preocupados por atender a sus ciudadanos y las obligaciones que a éstos les atan como para preocuparse por una descendencia.
Cuando Bukko pregunta a Ireena e Ismark sobre estos gobernantes, los hermanos comentan que sólo los conocen de oídas. En concreto Ismark dice que sabe de viajeros que llegaron hasta Uarowia que la villa de Krezk es un lugar muy fortificado y protegido contra las agresiones de Strahd.
Ismark valoraba que, más que incluso Valaki, Krezk podría proteger mejor a Ireena hasta que el peligro de Strahd hubiese pasado.
Al escuchar las palabras, los burgomaestres explican que no pueden hacerse cargo personalmente de Ireena, aunque no le impedirían estar allí.
Una curiosidad del domicilio de los burgomaestres es que, tras la casa parece haber un cementerio familiar de tumbas con los apellidos: Krezkov.
Al percatarse de su descortesía, el burgomaestre presenta a su mujer como Anna Krezkova.
Al observar las tumbas con más detenimiento, la más reciente pertenece a una tal Illya Krezkov, muerta a la edad de 14 años, tras una enfermedad que duró 7 días.
Ygrein echó un vistazo más profundo para descubrir que la niña falleció hacía ya unos 30 años.
Antes de llegar a la puerta, Dmitri comenta a Davian que lleve el vino a la bodega. La comitiva de los karasu camuflados se dirige a un lateral de la gran mansión, donde se encuentra un portón enorme, el cual al abrirse da paso a una pequeña bodega con una pila de grandes barriles vacíos. Desde dentro, tras la llamada de Davian, un sirviente ayuda a la entrada del producto. Mientras los Martikov trabajan, Dmitri comenta en voz alta que pueden llevarse los barriles vacíos tras descargar.
Mientras están trabajando, Dmitri os invita a todos a comer.
El interior de la mansión es elegante, grande y cómodo, pero no es ostentoso.
No transmite sensación de poder o muestra de fuerza y riqueza, sino simplemente pragmatismo y simplicidad. Tal espacio indica que es mucho mayor de lo que dos personas de la edad de los burgomaestres necesitarían. En el momento en que los burgomaestres entran con tan nutrido grupo de acompañantes, los dos sirvientes que los esperan dentro de la mansión cambian su actitud sobria a una algo más animada. Al parecer, disfrutan de que sus líderes tengan compañía. Dicha actitud se muestra en su diligencia al preparar la estancia con un buen fuego, bebida y comida. En el fondo, los Krezkov durante la comida, demuestran que no desean afear la visita con información que cause pesadumbre. En su lugar, su conversación podría tacharse de frívola, si no fuese porque su tono no lo muestra así, preguntando por cuestiones livianas del viaje, motivos del mismo, tiempo en Uarowia... o necesidades básicas de la visita, como gustos en comida o bebida, así como asuntos más cotidianos.
Sin embargo, Bukko trata de derivar la conversación al origen del conflicto de Krezk con Strahd. Realmente, su conflicto en un principio surgió tiempo atrás cuando se negaron a servir a los designios del señor de Uarowia, declarándose villa independiente. Como a Stradh no le fue grata esa actitud, comenzó una táctica de presión mediante sus siervos. Al ver que los miembros de la comunidad podrían quedar aislados tras decidir fortificarse ante los ataques, utilizaron una fuente de agua pura de las montañas, crearon un lago artificial, plantaron árboles, crearon cultivos, criaron animales, construyeron la muralla, y se sometieron al auspicio de la abadía de San Markov, fundada por un extraño elfo que apareció hace siglos.
Alrededor de la abadía, la comunidad prosperó. De hecho, algunos de los habitantes creen a día de hoy que era como un oráculo del Dios del Sol. Un elfo iluminado, que predicaba por Andral, al que llamaba Ahuraz, aunque terminó por cambiar el nombre a Andral. La abadía se ganó su nombre, siendo bautizada como Abadía de San Markov.
Todavía se recuerda su apellido.
Markov Lordel.
(Ver primeros capítulos de la Campaña, tanto a nivel de la Familia Lordel como la visión en la Bruma al entrar en Uarowia)
El detonante de la separación que Krezk realizó ante Uarowia fue que el culto de San Markov los prevenía contra Strahd. Al hacerlo, y poco tiempo después sufrir el azote del Conte, los arrojó a independizarse. El azote, principalmente, comenzó con lobos, vistani, oleadas de murciélagos... y luego pasó a ser fuerzas oscuras: muertos vivientes, e incluso hombres lobo.
Tiempo después, siendo la abadía un convento hospitalario para tratar diversas dolencias, en la actualidad es un lugar asolado por la insánia y la locura.
Bukko preguntó sorprendido por tal destino.
Al parecer, después de que Markov y sus seguidores fallasen en un enfrentamiento con Strahd, la abadía quedó cerrada al resto del mundo, durante una campaña de busca y captura de los sacerdotes del templo. Finalmente, acabó con todos ellos.
Los pocos que quedaron vivos se aislaron allí y cerraron sus puertas. Con el tiempo llegó a saberse que confrontaron unos contra otros, y su único deseo con el tiempo fue comida y vino.
El burgomaestre sabe que, al acabarse sus suministros, la locura los invadió y se mataron unos a otros. Durante mucho tiempo después, los habitantes de Krezk evitaron la abadía por considerarla maldita, embrujada... o ambas cosas.
Cuando Bukko preguntó por esa "maldición", el burgomaestre explicó que, simplemente, al ser acosados por Strahd, el aislamiento los volvió locos, y su locura los exterminó. La villa, en ese momento, al verse impotente en su lucha contra Strahd, también se recluyó en sus hogares. Tras el abandono de la abadía y del interés de Strahd, Krezk empezó su lento crecimiento.
Pero hace un siglo, un hombre sin nombre, bastante atractivo y persuasivo, solicitó abrir la abadía, y al parecer consiguió convencer a los ciudadanos para ello.
Parece ser que aún vive en la abadía, y su aspecto no ha cambiado desde entonces.
Algunos ciudadanos sospechan que podría ser Strahd por ello, salvo por el hecho de que lo han visto a la luz del día, disipando en algunos aspectos esa sospecha.
Lo único cierto es que nadie sabe quién es ese hombre. Algunas personas han visto a través de las almenas de la abadía criaturas con aspecto animal que pululan por allí, y eso lleva a la gente a pensar que aquel lugar está embrujado.
Al escuchar todos los datos, Bukko plantea que una abadía de Andral embrujada debería ser limpiada, cosa que Katy secunda, aunque pregunta sospechosamente al burgomaestre si en la abadía hay cosas valiosas. Ante esa pregunta, el burgomaestre pregunta cual es la intención de la mujer con respecto a eso. Katy, respondiendo con rapidez, indica que recopilar las reliquias y llevarlas a un templo más seguro.
El burgomaestre contraataca indicando que, si la abadía aún estuviese en funcionamiento a pesar de los rumores de Krezk, aquello iría en contra de la fe del paladín.
En ese instante, Bukko comentó que tendría que investigar al respecto, y si hubiese un suceso de corrupción, tendría que tomar parte en el asunto, a lo que Ygrein corroboraba tales palabras, y Panit apoyaba las palabras del hipótido.
En mitad de la conversación, el grupo observa que los burgomaestres permiten al servicio unirse a las conversaciones, a lo que uno de los sirvientes comenta al respecto de la abadía, al parecer la cabeza de la misma, a quien se llama simplemente "El Abad", es verdad que llegó hace un siglo y no ha envejecido desde entonces. Ocasionalmente visita el "Altar del Sol Blanco", pero no es un gran conversador. Suele demandar vino, y nadie conoce su verdadero nombre o cual es su origen. Y, en efecto, por su longevidad, hay gente que cree que es Strahd disfrazado, a pesar de no actuar en contra de Krezk.
Al escuchar el nombre del Altar del Sol Blanco, la baronesa explica que tal altar está en el lago, junto a una de las orillas. Fue tallado con la llegada de San Markov, construido en honor de San Andral.
En ese momento, Bukko expresó su deseo de que, en cualquier momento cercano, debía acercarse a aquel lugar de oración. Cuando Panit pregunta si es de Xion, la esposa del burgomaestre indica que en realidad es de madera.
En otro de los momentos de la conversación, otro de los sirvientes de los burgomaestres se acerca y susurra algo a Dmitri. Éste le contesta suavemente "recordad que doblen la guardia por la noche". En ese momento, Katy pregunta qué sucede por las noches, a lo que Dmitri contesta razonadamente que, en efecto, si el grupo va a pasar alguna noche allí, debería saberlo. Los habitantes de Krezk nunca dejan la ciudad porque suelen ser objeto de ataques por lobos, lobos monstruosos y licántropos.
Ante la pregunta de si las criaturas vienen todas las noches, el burgomaestre explica que están al acecho de vez en cuando por si los ciudadanos (o alguien) salen de las murallas.
Tras una charla amistosa con buena comida (que Bukko repite hasta tres veces), Davian se excusa ante Lord Dmitri, indicando que debe dejar el vino junto al Altar del Sol Blanco. Bukko solicita acompañar a los Martikov. Éste acepta, preguntando si cuando se marchen de Krezk se marcharán con ellos. Katy recuerda que iban a investigar la Abadía, y Bukko también recuerda que habían prometido acompañar en su viaje para entregar vino a varios asentamientos a los Martikov. Sin embargo, él también desea investigar la abadía. Al ver cierta discrepancia de objetivos en ese momento, Bukko consulta hacia dónde se dirigen los Martikov, a lo que éstos comentan que a Vallaki. El paladín entonces acuerda quedar allí con ellos cuando el grupo termine sus pesquisas en Krezk.
Despidiéndose de los burgomaestres, éstos piden tener cuidado en la ciudad, y avisar a cualquier ciudadano o guardia si tienen algún problema, para que contacten con ellos, para ver qué solución pueden dar. Teniendo en cuenta que el grupo ha escoltado a los Martikov, después de su larga ausencia, además de ser devotos de dioses benignos aliados de Andral, así como gente de confianza de los Martikov, la pareja confía en que el grupo no se dejará llevar por engaños y mentiras de Strahd.
Akon pregunta en ese momento cómo se accede al monasterio, y Dmitri explica que a través de un empinado camino.
A la salida del hogar de los burgomaestres, hay una pequeña congregación de gente de expresión curiosa -pero no xenófoba- que observa a los recién llegados. Al ver que llama la atención del grupo, se dispersa a sus quehaceres, lanzando miradas de soslayo hacia los aventureros y los Martikov.
En el corto transcurso hacia el lago -cuyo trayecto Zhia y Panit hacen a través de los árboles-, el terreno donde éste se encuentra está completamente despejado, con una muralla hacia el oeste que delimita esa parte de la villa, protegiéndola.
Lo curioso del lugar es que, aún con el cielo gris, conforme el grupo se acerca, el estanque puede verse brillante con reflejos luminosos.
Cerca de una de sus orillas, hay un viejo cenador (GAZEBO) -pabellón- con columnas, hecho de madera, que da la impresión de estar a punto de caerse. En su interior, una estatua de madera de un hombre de expresión triste con el pecho descubierto languidece, con colores y trazos de pintura agrietados y casi despegados por su superficie en el centro del pabellón. Sus brazos están abiertos, como esperando ser abrazado.
Al acercarse, Panit se acerca muy interesada en usar su poder para reparar aquel lastimero objeto, digno de devoción. Bukko, sin embargo, frena su mano, indicando que espere un momento.
Las aguas, al verlas, son cristalinas. Se ve el fondo, con peces nadando en ellas.
El lago es profundo, y en un lateral de la montaña justo por debajo de la muralla hay una oquedad por la que es de suponer que el agua brota -manantial-, en apariencia cruzando bajo la muralla en un punto muy profundo.
En efecto, Ygrein y Bukko, tras empaparse de la zona, se acercan al altar, siendo conscientes de que se trata de una imaginería muuuuy antigua representando a Ahuraz.
Pero al mirar la estatua, Bukko se percata de que su rostro lo ha visto antes: se trata de Markov Lordel, el elfo al que vio en una visión dentro de las brumas al entrar en Uarowia por primera vez.
La estatua mira al este (por donde nace el sol), en dirección a la abadía de la montaña.
No obstante, la estatua es una representación que mezcla a Markov con Ahuraz.
La familia Martikov, mientras tanto, pone dos grandes barriles de vino junto a la estatua. Al preguntar qué sucede con ellos, Davian explica que los habitantes del monasterio bajan en un momento del día -o la noche- a por los barriles, y se encargan ellos mismos de transportarlos hacia la abadía.
Antes de realizar la reparación del pabellón, Panit purifica con un jabón mágico a Zhia, Katy y Bukko, pues se disponen a explorar el agua y el hueco por donde se alimenta la laguna a través de un venero.
Desnudándose, los tres aventureros entran en el agua, la cual sienten fría y en calma. Panit e Ygrein adosaron luz mágica en Katy y Bukko para orientarse bajo el agua en caso de necesidad.
En la exploración, Bukko alcanza la grieta, estrecha como para que apenas una persona de tamaño pequeño pudiese pasar. De la misma brota una suave corriente.
Katy, escurriéndose por la grieta tras oxigenar bien, observa que al otro lado hay una caverna completamente sumergida que se estrecha progresivamente, después de cruzar, hasta que llega a un punto en que la grieta que queda es apenas de un palmo por el que sólo el agua tiene facilidad para fluir. Allí, la corriente es algo más fuerte.
Revisando que todo estuviese en orden, gracias a la luz mágica, mientras tanto, Panit comienza su reparación mágica del pabellón a Andral.
Así, al volver del viaje submarino, Bukko y sus compañeros son conscientes de que el altar está bastante más apropiado, con grietas selladas, estructuras alineadas, pintura recuperada, a unos niveles bastante aceptables.
Antes de que los Martikov se marchen, Bukko consulta sobre la llegada de los abades a por el vino, a lo que el bodeguero explica que suelen hacerlo tras la puesta de sol.
Después de la investigación del lago y la reparación del altar, el grupo se divide (Ismark, Ireena, Viktor y Savid se quedan al cuidado del carro), quedando algunos aventureros al cuidado del carruaje, mientras otros se deciden a subir por el empinado camino de la montaña en dirección a la abadía de San Markov.
En el ascenso por el sinuoso camino de 10 pies de ancho, el grupo puede notar la peligrosidad de las rocas agrietadas y la gravilla suelta del paso. El ascenso por el estrecho camino es peligroso, y el aire se enfría cada vez más conforme se llega a la cumbre. El camino desde la villa se alza sobre las brumas hasta la amplia cornisa sobre la que se sustenta la abadía. Una ligera capa de polvo de nieve cubre los árboles y la tierra rocosa. El camino de grava cruza entre dos pequeñas dependencias de piedra, a cada lado de la cuales hay un muro de tres pies de grosor y cinco de alto de rocas adjuntas con mortero. Bloqueando el camino hay una verja de hierro insertas a las dependencias por bisagras oxidadas. Parece que se encuentran abiertas. Observada a través de las puertas, la abadía permanece en silencio. Es tan profundo, que sólo se oye el rumor de la villa más abajo. Sus dos alas se unen por un muro cortina de quince pies de alto, tras el cual está claro que existe un patio interior. Un minarete sobresale del techo del ala norte más cercana, el cual posee una chimenea expulsando un suave humo gris.
Concentrándose en sus sentidos sobrenaturales, Bukko percibe -intermitente- una presencia celestial por los alrededores.
Acercándose a la reja metálica, comienza a golpearla, llamando a alguien en la abadía. Pero el primer golpe hace moverse la reja, chirriando sonora y estridente al moverse en sus bisagras, hasta golpear contra la piedra de la caseta lateral contra la que resonó sonoramente.
Katy, cuidadosa, pasa por la reja, y Zhia la acompaña con más indolencia.
A la derecha del camino de entrada pueden observar un cementerio. Pinos crecen sobre un lecho rocoso. El lugar se encuentra a ras de los cimientos de la abadía.
Las ventanas del área norte están agrietadas, con cristaleras emplomadas.
Viejas lápidas surgen de una fina capa de nieve en el suelo.
Más allá del bajo muro que rodea el cementerio, el suelo cae de golpe. Es la zona por la que puede observarse el camino, y la bajada hasta la villa, cuya imagen es impresionante.
Por el camino que llega hasta el muro en cortina pueden observarse, de pronto, dos figuras que se acercan en dirección a Zhia y Katy, envueltas en grandes y pesadas capas. Una de ellas mide metro 55 y la otra apenas llega al metro y medio. La primera camina a menudo en cuclillas. En su mano lleva una pala. Por su tamaño, es apenas más grande que un enano. Conforme las dos criaturas están más cerca, Zhia siente cierto temor al verlas por sus rasgos. La criatura en cuclillas lleva una capa de lana basta. La otra lleva una capa de hilo más oscuro. Conforme se ven llegar, la más alta parece un "enano" sin barba, con trozos de piel de burro que cubren su cara y cuerpo. Una de sus orejas es humana, pero la otra es de lobo. Su boca es como las prominentes fauces y dientes de un lobo. Sus brazos y manos son humanas, pero sus piernas y pies son leoninos, y posee cola de burro. La otra silueta es aún más horrenda. El lado izquierdo de su rostro y cuerpo están cubiertos con escamas de lagarto, mientras el derecho tiene parches de pelaje de lobo gris. Entre esos parches hay una pálida piel humana. Uno de sus ojos es felino, y sus dedos y manos parecen zarpas de gato con pulgares oponibles.
Al pasar junto a Zhia, Panit se da cuenta de que su hermana se queda muda y paralizada al ver la imagen. Katy, por su parte, está horrorizada por la aberración.
Ygrein, al ver la imagen, siente lástima por tan lamentables criaturas.
Cuando Panit se fija con detalle en los seres, queda en shock al percatarse de por qué confundían a las mida y al hipotido con excluidos de la abadía, al ver que las criaturas que observaban poseían en sus cuerpos trazas de felínidos, hombres lagarto, e incluso rasgos licantrópicos y humanos.
Al llegar Bukko a la altura de sus compañeros, al ver a las criaturas siente una profunda tristeza. Avanzando hacia ellos, Katy se sobresalta, pidiendo a su amigo con histeria que no se acerque o lo destrozarán. Bukko tranquiliza a su amiga, susurrando que no parecen hostiles. Katy y Zhia se ocultan en una de las garitas junto a la entrada (curiosamente, en su interior hay unos ganchos en la pared sobre los que hay unas mantas con hojas y ramas cosidas y pegadas, a modo de camuflaje). Bukko alza la voz hacia las criaturas, saludando y preguntando si son amigas de Markov. La criatura de hocico lobuno se sobresalta, comentando con voz similar al rebuzno de un burro "Vizitantez... Otto ve vizitantez... Zygfrek... tenemoz vizitantez...". El ser a su lado, con voz ronca, responde "ya veo Otto".
"Estamos felices de ver visitantes en nuestra humilde morada. ¿Quienes sois, quienes sois? Bienvenidos a la abadía de San Markov. ¿Quienes sois, visitantes?". Los dos seres observan con mucha curiosidad. "Amigos de San Andral", responde Bukko.
"Amigos y sirvientes de San Andral", responde el llamado Zygfrek. "Entonces quizá queráis ver al Abad". Con una risa, Otto continúa: "Zí... quieren ver al Abad. ¡Ver al Abad! (risa de asno) ¡Venid!¡Venid con nozotroz!¡Eztamoz muy felicez, zi!¡Felicez de tener vizitaz! Hace mucho tiempo que naide del pueblo venía. ¡Venid, venid!". Otto gesticula con la pala, señalando hacia el muro cortina. "Zupongo que habeiz venido a admirar la belleza de Otto", continúa Otto con una sonrisa, mesándose el cabello y gesticulando para exponer su rostro con una risa bobalicona. Zygfrek gruñe mirando en su dirección: "Espero que te traten bien, amigo mío. No me gustaría tener que reprenderlos severamente, o enviarlos con un castigo al Abad". Otto continúa: "Bueno, bueno... pero estoy seguro de que zabrán apreciar la magnificencia de ezta perzona. ¡Venid!¡Venid con nozotroz!".
Otto sigue exponiéndose y señalándose mientras se dirige a los aventureros. Cuando Bukko llama su atención, Otto se alegra al verlo, comentando que no se había percatado de la raza de algunos de los recién llegados, preguntando si son primos lejanos. Bukko comenta que, precisamente deseaba saber el origen de las dos criaturas, a la vez que Otto, más alegre, sigue llamando a acercarse al grupo. Con voz de secreto, Otto se acerca reptando e indicando que nacieron en la abadía. Bukko, extrañado, pregunta por el nombre de su raza. Sin entender la pregunta, Otto responde que son los "nacidos en la abadía de San Markov".
Zygfrek pregunta si la respuesta es importante. Bukko explica que ellos vienen de un lugar donde las razas están bien diferenciadas, no como en este sitio.
Mientras se explica, Bukko se señala a sí mismo y a las hermanas mida. Al hacerlo, Otto se emociona al verlas, acercándose a Panit con gran curiosidad, agarrando con fuerza su brazo, acariciando su pelo. Indica que es muy suave... igual que Otto, lo que intenta demostrar usando la mano de Panit para que acaricie su propio pelaje grasiento. Mientras Panit roza con grima aquel pelaje, Otto se alegra de ver que "son iguales" y ríe. Otto de pronto indica que le gusta tener una amiga, y pregunta a Panit si ella también. De pronto le pregunta de dónde viene, y vuelve a acariciar el pelaje de la mida. Al olerlo, admira que está recién duchado y huele muy bien.
Otto ríe de placer con tal examen.
La cercanía de Otto y Zygfrek trae con ellos el fuerte aroma del almizcle animal.
Panit pregunta si quiere estar también limpio y suave. Otto se emociona con tal propuesta y pregunta si se puede, porque seguro que aquello "aumentaría la belleza de Otto". Entonces, Panit lo roza con su jabón mágico, eliminando todo resto de suciedad y mal olor del extraño. Cuando su cuerpo queda limpio, fresco y con buen olor, Otto queda maravillado, olfateándose y acercando su brazo a su compañero, pidiéndole que huela a Otto, cuyo aroma ahora es estupendo. Al olerlo, su compañero se sobresalta, acercándose a Panit para pedir también esa limpieza con cierta insistencia. Con el roce del jabón mágico de Panit, Zygfrek también queda aseado y de buen olor, acercándose a Otto.
Así, mientras los extraños interactuan con los aventureros, Katy y Zhia reducen su nivel de horror, sustituyéndolo por un tolerable sentimiento de repugnancia.
Zygfrek acerca a Otto su mano, indicando que huele bien, y Otto aplaude con alegría ese hecho, indicando con más entusiasmo a los aventureros que los acompañen. Bukko aprovecha para solicitar a Otto que les presente a su padre y su madre, a lo que éste responde entre alegría y extrañeza que desconoce esa información, comentando que fue el Abad quien los cuida y los trajo al mundo. Ante la insistencia sobre quién es su madre, Otto repite que desconoce quién fue. Cuando Bukko pregunta si el Abad le dijo quién era su madre, Otto vuelve a negar. Zygfrek, preguntado, también responde que el Abad nunca se los dijo.
Bukko cambia su perspectiva, preguntando si hay más como ellos, a lo que Otto responde que hay más en el ala este de la abadía. Al preguntar sobre la edad de ambos, Otto muestra una considerable incapacidad para aclararse sobre la misma, confundiéndose con los dedos, aunque posiblemente podría indicar unos 27 años, y Zygfrek unos 30... aunque no queda muy claro.
Cuando Bukko pregunta si pueden llevarlos con su señor, Zygfrek expresa hosco que podrá en cuanto Otto deje de tontear con las manos.
Entonces, cuando Katy y Zhia asoman la cara tras la garita, Otto se sobresalta, llamando a Zygfrek, y preguntando si son amigos del grupo o invasores. Antes de escuchar, empieza a gritar con la pala en alto que quienes son. Cuando Zhia y Katy alzan las mano diciendo que son amigas, Otto endulza la mirada al ver a otra "pelosuave" como Panit. Entonces se anima y empieza a llamarla entusiasmado. Otto entonces avanza como un gorila a cuatro patas hacia Zhia, agarrándola brusco, alabando su suavidad, y arrastrándola con los compañeros.
Zhia siente repugnancia ante él. Fijándose también en Katy, que camina cerca de Zhia para no acercarse a la criatura, Otto se asombra de que no tenga parches.
Preguntando si está suave, no espera a su respuesta para coger brusco la mano de Katy y comprobar que, en efecto lo está. Acto seguido, las invita con el resto a ir con ellos, confirmando que son amigos de los otros.
Zygfrek, en la distancia, azuza a Otto que se de prisa para llevarlos ante el Abad. Antes de marchar, Katy pregunta sobre las capas de la garita e intenta coger una, a lo que Otto pide que la suelten, porque usa eso para moverse con libertad fuera de la abadía. La insistencia del monstruo es tan cansina que la capa vuelve a su gancho. Mientras Zygfrek avanza con tranquilidad, Otto corretea a su alrededor feliz, avanzando a trompicones, aplaudiendo y comentando que al fin tienen visita, riendo y empujando a Zygfrek. De vez en cuando, se acerca a los aventureros y pregunta con alegría si traen vino. Bukko explica que hay vino en el altar.
Zygfrek gruñe como un león, expresando con placer que al fin hay vino.
Acto seguido, vuelve a llamar a los invitados.
Mientras el grupo avanza cerca del ala norte del edificio, puede observar ventanucos de cristal emplomado. Cuando el grupo deja de atender a las criaturas y se fija en la construcción, Zhia se acerca a una ventana -sobresaltando al resto-, y Panit la sujeta del hombro, tirando de ella (andevás). Zhia señala con ambas manos y rostro de ansiedad la ventana. Pasado el extraño momento, el grupo sigue avanzando, salvo Akon, que observa con intensidad la construcción. Los ojos del brujo se maravillan al descubrir que, insertas entre las grietas de piedra y mortero del monasterio, parece haber estructuras mucho más antiguas. El edificio, al igual que las murallas al llegar a la región de Uarowia, parece estar construido sobre otra estructura más antigua. Hebras de cristal forman una red de estructuras que se encuentra tras la piedra del muro, viajando hasta introducirse en la tierra. Akon se encuentra sorprendido al entender que podría ser una construcción de los Peregrinos. Akon cree entender que se construyó en un lugar elevado donde absorber la mayor cantidad de luz solar posible que canalizar hacia los cimientos.
Katy, percatándose de que el brujo se ha quedado atrás, pregunta qué ocurre.
El brujo, sin llamar demasiado la atención, comunica a Katy el origen de la estructura bajo la construcción antigua, pidiendo que hable con Ygrein y se acerque a echar un ojo. En el lapso de llegada de la sacerdotisa, cuando el brujo cambia su perspectiva de observar la estructura, se percata de que los cristales de las vidrieras... son de Xion, con una levisima vibración luminosa sobre su superficie, imperceptible con la luz del nublado día.
Cuando la clériga se acerca, sus ojos se abren con asombro al percatarse de lo descubierto.
Informando a Bukko, éste pregunta si alguien de los eruditos en Peregrinos sabe manipular artefactos de los mismos. Al mismo tiempo, Akon e Ygrein perciben que no toda la estructura oculta está bajo la abadía. Sólo hay una parte. El resto es edificio común, como si se hubiese ampliado un edificio original.
Bukko sospecha que quizá el templo se edificó sobre la estructura para ocultarla y que nadie le diese mal uso.
Katy, por su parte, también llevó la información a Panit, que se acercó sigilosa a ver la construcción, con ojos chispeantes.
Akon, curioso, preguntó cuándo llegó el abad allí a Otto, a lo que éste indicó que el abad ya estaba allí cuando ellos nacieron. A la pregunta de si les contó algo sobre su pasado, el deforme indica que sólo cuida a los suyos, les ayuda, les enseña... Aprovechando la atención, Akon preguntó a Otto si la estructura Peregrina la construyeron ellos, a lo que el monstruo, reverente, explicó que estaba ya cuando ellos llegaron.
Al percatarse del corrillo mirando la estructura, los monstruos se miran entre sí y preguntan a los aventureros que por qué no los siguen. El grupo inventa una excusa de que se han detenido a observar las maravillas de la estructura y su arte exquisito. Bukko, mientras tanto, expone otra posibilidad en la que la estructura podría estar reciclada de la antigua construcción... simplemente.
Y lo más curioso es que... está funcionando.
Panit, estudiando la estructura, queda confusa. Al estudiar los patrones bajo la piedra, cree que los mismos son patrones de Transmutación muy poderosos y antiguos.
En la biblioteca de la Orden del Desentramado, esa magia está en el apartado de notas olvidadas o de dudosa utilidad.
Bukko, al ser informado de dicho poder, considera la estructura una aberración, porque parece que se están realizando experimentos con humanos para mezclarlos con animales... por respeto a la raza de Ygrein (humana).
Apartando de su mente elucubraciones que no tienen que ver con la visita inicial a la abadía, Bukko pregunta el nombre del abad, pero ni Otto ni Zygfrek saben cual es. Nunca se lo ha dicho. Sólo lo llaman "Abad".
Al hablar sobre el abad, el cuidado de los deformes y su origen, Otto de pronto recuerda que ellos poseen un apellido... que al parecer forma parte de un linaje, pero desconoce si es de sus verdaderos padres o porque nacieron allí.
El apellido es Belview.
Continuando el paso, al llegar al muro cortina, hacia el este hay otro muro con una entrada y otra garita al norte de la misma. El camino llega hasta allí.
Katy, en el transcurso del camino, estudiando el lenguaje de las criaturas y sus expresiones, se percata de que su aislamiento les reporta una gran locura contenida.
Más allá de la entrada al este, se ve un jardín... o quizá un huerto.
En el muro cortina, los recién llegados observan la puerta de recia madera adosada a la estructura de 15 pies, menor a las murallas de Krezk. Se encuentra reforzada con bandas de metal de 10 pies de largo. A ambos lados hay dos torres defensivas.
En las almenas sobre las torres pueden verse a dos guardias con lanza, casco y armadura, cuyos rasgos no pueden verse con claridad debido a la bruma que flota en el aire.
A la derecha de la puerta hay una placa de cobre deslustrada por el tiempo, que reza: "Que su luz sane toda enfermedad". Al leerlo, Bukko susurra "amen".
Zhia, Katy y Bukko se percatan, tras observar la entrada, que los vigilantes sobre el muro son espantapájaros con armaduras de malla corroídas, lanzas medio podridas y cascos abollados. Bukko, disimulando, da las buenas tardes a los guardias, lo que provoca que ambas criaturas se miren entre sí, observen a Bukko, y se dirijan a las puertas.
Apoyándose en las hojas de madera, las abren con un lento empujón que las hace crujir por el peso.
Desde el interior de las puertas, al entrar en el patio, puede observarse que lo que parecen torres defensivas en realidad son dos edificios adosados a la muralla para darle soporte. Las puertas interiores de los mismos no parecen cerradas.
En el patio cerrado por los muros de cortina noreste y sudoeste, el espectáculo es extraño. Hay una espesa niebla que llena el patio y se arremolina, como deseando salir de allí. Varios "guardias" destacan de espaldas al interior del patio sobre el muro defensivo. Al norte y al este, unas puertas dan acceso a las dos alas de la abadía. En el centro del patio hay un pozo de piedra con una polea de hierro sostenida con un arco metálico, una cuerda y un cubo. A lo largo del perímetro, bajo la cornisa del muro, hay varios cobertizos (o gallineros) de piedra con puertas de madera cerradas con candado, así como tres alcobas poco profundas que poseen abrevaderos de madera. Hay dos postes de madera clavados en la tierra rocosa con anillas de hierro atornilladas a ellos, y encadenado a una de ellas hay un pequeño humanoide que provoca aversión: posee alas de murciélago en sus brazos y mandíbulas de araña (DE ARAINA).
El silencio, de pronto al entrar, es roto por horribles gritos procedentes de la criatura del poste. Katy pregunta qué es esa criatura a Otto mientras cruzan por el patio. Éste, por su parte, pide que no se acerquen al pozo y se peguen a ellos bordeando por el muro noreste de la muralla. Sorprendida, Katy pregunta qué hay allí, y Otto responde que una chica que se portó muy mal. Cuando Katy pregunta si la tiraron por ello, Otto comenta que el abad la castigó. Con ello, Otto y Zygfrek guían al grupo hacia la puerta del edificio norte. En el avance, ante el chillido de la criatura de los postes, otro responde desde el pozo.
Katy, con una sonrisa, coge sigilosamente una piedra y la arroja certera por el hueco del pozo. Al instante, vuelve a escucharse un chillido gorjeante desde allí.
Katy observa a Otto que al parecer la muchacha está sufriendo, pero éste obvía el sonido, diciendo que no la molesten, continuando su camino.
Y, durante un momento, por el borde del pozo se asoma una cabeza de una chica humana vista desde el lado izquierdo. Pero al girarla y exponer el derecho, en él hay tres ojos rojos de araña que miran en dirección al grupo. Al abrir su boca, una lengua de sapo sale disparada al aire, chillando de nuevo. En ese momento, Zygfrek se va hacia ella, gritando "Vamos, Mishka. Al pozo. Miskha. ¡Al pozo, Mishka!", agitando un brazo en su dirección. Ante esos gestos, la criatura le chilla y se introduce en el pozo. Katy, socarrona, comenta que deberían vigilar mejor a sus reprendidos. Aparte, pregunta a Otto si los chillidos de las criaturas es porque les duela algo. Otto comenta que es la única forma que tienen de expresarse, porque no saben decirlas de otra forma... no como él, que es muy listo... muy limpio... muy guapo... y muy simpático... y por eso el grupo está con él (expresiones que provocan sonrisas entre Katy y Panit)... y por supuesto, como es tan agradable, explica en voz baja que preferirán su compañía al ser tan agradable, el lugar de la de Zygfrek... porque su compañero es un poco quisquilloso... todo lo contrario que él, que es muy simpático.
Y como es tan simpático, puede pedir al grupo que se quede en el patio delante de la puerta del ala norte, que va a ver al abad. Cuando Katy comenta que deben acompañarlo, Otto entra en una rutina de repetir varias veces que él va a ver al abad, y el grupo se quedará ante la puerta (hasta el punto de la compulsión obsesiva), dejando expresiones confusas a los aventureros, que no pueden razonar con él. Durante el extraño comportamiento, Akon pregunta qué aspecto tiene el abad, a lo que, confuso, Otto comenta que es una persona elegante.
A pesar de los intentos de camelo por parte de Panit e Ygrein, Otto se mantiene absolutamente firme de que el grupo se quede fuera mientras él va a por el abad, dejando a Zygfrek con ellos. "Son las órdenes del abad", concluye Otto.
Zhia empieza a estudiar los muros y murallas con pensamiento de treparlos, junto a Panit. Cuando Otto se marcha hacia la puerta y escucha los pasos de Zhia y Panit en dirección a un muro, se gira y recalca lo que había dicho antes, con algo más de seriedad.
Mientras Otto entra en el ala norte y cierra las puertas, a espaldas del grupo Zygfrek está abroncando al pozo, y después pasa a hacerlo con la persona atada al poste. La persona (una chica) del poste, aletea y le chilla.
Al terminar sus reprimendas, se acerca a los aventureros, preguntando qué es lo que ha dicho el tonto de Otto. Cuando le explican su tendencia de sentirse guapo y agradable, Zygfrek sacude la cabeza, expresando en voz alta que no puede creer que semejante monstruosidad no pueda darse cuenta de lo horrible y desagradable que es. Y no sólo eso... es tonto.
Usando una lógica en la que a Zygfrek lo apodan como "listo", le piden ver al abad... pero éste también se cierra en banda con ello... pues son órdenes del abad. Y como es quien los cuida, debe cumplirlas. Pidiendo una descripción del abad, el monstruo explica que es un hombre majestuoso, de cabello dorado, con cabello dorado, los ojos azul profundo, alto, delgado, con la piel de alabastro, ropas elegantes... Bukko pregunta cual es la función del abad. Zygfrek explica que cuida de todos.
Al consultar si es a cambio de algo, Zyfrek comenta que no. Lo hace por voluntad propia. Ellos se lo agradecen porque, en el fondo, cuida de que nadie los amenace, porque si salen al mundo exterior, la gente podría matarlos por su aspecto.
Después de tantas preguntas, Zygfrek pregunta inquisitivo qué hace el grupo allí.
Bukko le explica que visitan al abad por motivos religiosos... y Panit desea una consulta arcana por su parte. Zygfrek asiente, repitiéndose a sí mismo "cosas de brujismo... entiendo, entiendo". Panit señala al oir al monstruo que el brujo es Akon. El monstruo asiente, repitiendo que Akon es el "brujor... brujador... brujero".
Entonces... si el grupo va a hablar de cosas antinaturales con el abad, sabrán que la brujería está mal, les comenta Zygfrek. En ese momento, el monstruo entra en una cadena de verborrea en la que pregunta si el grupo entero son brujadores.
Al señalar a Akon, el monstruo explica que, en ese caso, no debería estar en la abadía. Panit comenta que es maga. El monstruo también comenta que ella no debería estar allí. Ygrein explica que ella es sacerdotisa. El giro del monstruo es que ella sí debería estar allí. Está claro que los razonamientos de la criatura cuando le cortan una explicación... son cortitos.
Bukko pregunta si la criatura ve mucho al abad rezando. Ésta responde que sí... cuando lo ve. Katy pregunta qué es lo que reza, y la criatura responde que no lo entiende, porque habla en un idioma incomprensible.
Lo siguiente que preguntan al monstruo es su obligación allí: cuidar la puerta, el jardín, el huerto, dar de comer a sus hermanos y hermanas, vigilar que no se desmadren, vigilar el cementerio para cuando mueren hermanos y hermanas enterrarlos, limpiar las tumbas...
Cuando el paladín pregunta si viene alguien a la abadía, Zygfrek explica que no, porque la gente es muy mala.
Pensando Panit que quizá el xion de los ventanales podría afectar a los cadáveres, pregunta al monstruo si los muertos se levantan. Éste razona que por qué lo harían, si están muertos, y la maga comenta que quizá sea por las ventanas. Con una sonrisa, el monstruo admite que las ventanas brillan por la noche... y por el día. Son muy bonitas. Panit vuelve a preguntar que por qué no se levantan zombis con las ventanas... y Zygfrek pregunta que qué son los "zombis". Panit prefiere no contestar.
Durante la conversación, de vez en cuando se oyen murmullos y gritos apagados en el interior de los cobertizos cerrados, dejando preocupado al grupo.
En un punto de la conversación, las puertas del ala norte de la abadía (el salón principal) se abren, y Bukko percibe una poderosa esencia celestial que lo hace girarse para ver quién ha llegado.
Un hombre atractivo, con una túnica elegante marrón de monje, se acerca al grupo, con un símbolo sagrado de madera pintado sujeto sobre su pecho, con la forma de un sol naciente (símbolo de Andral), adosado a una cadena alrededor de su cuello.
Se mueve con la gracia de un hombre santo.
Tras el hombre que atrae toda la atención, dejando por un momento anonadados a los aventureros, se ve de lejos una mujer vestida de rojo con cabellos castaños, a la que en ese momento la presencia del abad la encumbra por completo.
¿Quién será este hombre sagrado? ¿Por qué está imbuido en la esencia celestial? Y, ¿por qué lo acompaña una mujer? ¿No es célibe? ¿Es una creyente?
CONTINUARÁ























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