lunes, 21 de octubre de 2019

CROSSOVER STRAHD & ERDD - SPINOFF - AKON & YGREIN "JUSTICIA O VENGANZA" - Sesión 2 - SANGRE Y FUEGO (En las calles)

Siguiendo el reguero de ciudadanos hacia la Sangre del Vino, Akon decide adoptar una vez más el aspecto de Morgantha, mientras Ygrein se mantiene más alejado en un segundo plano.
Ya en la plaza central de Uarowia, frente a la posada, con el Emporio Mercantil de Bildrath a su espalda, los aventureros se percataron de la inusual actividad de personas en el interior de la posada.
Por un lado, Vistani dando órdenes de malas formas a los refugiados para que se mantengan a un lado mientras ellos dan cuenta del problema que hay en la villa, y por otro los propios ciudadanos aterrorizados y bulliciosos como una manada de gallinas dementes.
Acercándose hasta la entrada, Akon (como Morgantha) observa a Ygrein apostarse junto a la entrada, fuera del ángulo de visión de los bárbaros que puedan abrir la puerta y recibirlos, dispuesta a escuchar.
"Morgantha", por su parte, abre la puerta de la posada, observando qué sucede en su interior. Al dar unos pasos en el interior, se percata de que un frente de enemigos Vistani parece guardar las entradas (la de Akon incluida) buscando cualquier enemigo que desee asolar el lugar, además de mantener vigilados a los aldeanos que se encuentran "bajo su protección"... más bien controlando que no hagan ninguna estupidez... arrinconados lejos de la entrada.
Tras abrirse la puerta y ver la figura de Morgantha, los Vistani parecen extrañados y preguntan sobre su presencia allí, pues no debería estar con ellos, pues están a la espera de la llegada de individuos peligrosos.
La anciana gruñe al vistana que la ha reprendido, explicando que ha llegado porque trae nueva "hornada" para las buenas gentes uarowianas.
Desde la esquina, un aldeano se sobresalta y pide perdón por ello, explicando que está asustado pues, según se dice en la huida en masa, cuando Morgantha ha aparecido en el último día, uno de los vecinos muertos fue atacado por unos desconocidos. En la misma explicación, empieza a avisar que van a ser objeto de una trampa. La reacción de un vistana lo lleva a mirar a la anciana Morgantha, preguntando si ha cambiado sus alianzas y ya no es bienvenida en el Castillo.
Dando unos pasos hacia otro vistana, Morgantha susurra que hagan callar a ese insensato, o les echará abajo "el negocio".
Mirando de soslayo, el vistana al que Morgantha hablaba se dirigió a los ciudadanos haciéndoles callar y recordándoles que Morgantha siempre ha estado de su parte entregándoles placer para el alma, por lo que sus sospechas son infundadas. Aprovechando que Morgantha sonríe con rostro "inocente", el líder vistana pregunta a Morgantha de nuevo por su presencia en Uarowia en lugar de estar en el camino o de vuelta al Viejo MachacaHuesos. La anciana comenta que a sus oídos han llegado las incidencias en el pueblo, y quizá los aldeanos necesiten ahora mucho más una muestra de sus pasteles. Cuando el hombre le comenta que la villa no es lugar para ella, la mujer responde que sabe de sobra que no es una anciana común y puede caminar sin riesgo alguno por donde desee. Al no encontrar respuesta a su pregunta, el vistana vuelve a insistir. Morgantha le explica que, al ofrecer pasteles a los aldeanos, éstos se relajan y son más dóciles al no alterarse. Cuando el líder pregunta por los pasteles, Morgantha informa que los tiene fuera de la posada.
Ante la petición de que los lleve dentro, la anciana comenta que mejor idea sería dejar que los aldeanos saliesen a por ellos, y así podrían ver que la cosa en el exterior no está tan mal. Le da la impresión de que encontrarlos tan arrinconados los pone nerviosos, y necesitan calmarse.
Ante esas palabras, un niño de los refugiados empieza a llorar, pidiendo a su madre que no lo lleve con la anciana. Una mujer le ordena callar y que no llore, provocando que otros aldeanos miren hacia ella y a su marido, preguntando qué ocurre a Helena (la mujer). Ella trata de quitar hierro al asunto comentando que su hijo está muy alterado por los ataques, y se ha puesto nervioso.
Ante eso, el grupo de uarowianos mira hacia los vistani bárbaros, pidiendo que si no van a hacer una batida por el exterior para protegerlos y vigilar, a ver qué ocurre.

Cuando todo esto sucede, Ygrein rodea por un callejón lateral la posada, alejándose de la visión directa. Puede observar a través del pasaje que existe una puerta lateral junto a una ventana, donde se aposta para seguir escuchando.

Continuando su charada, Akon/Morgantha tienta una vez más a los aldeanos sobre que si desean probar más pasteles (porque ya hayan disfrutado de ellos con anterioridad), pueden acompañarla fuera. Es más, no deben temer del exterior, pues si una anciana como ella ha caminado hasta la posada sola, significa que no hay peligro. Así pues, esperará fuera a quien desee sus mercancías. Ygrein, a través de un resquicio en la ventana, observa el comportamiento de los uarowianos. Desde allí puede ver que hay un pequeño revuelo entre los aldeanos, como si discutiesen sobre algo que va a suceder, tras lo que una mujer se adelanta, seguida de un hombre a pocos pasos, separándose de los demás. Tras ellos, el resto de ciudadanos se sorprende de que se marchan, y advirtiéndoles sobre los rumores que rodean a esa anciana. La mujer trata de disculparse, indicando que no se sienten orgullosos, pero intentan justificarse diciendo que ya saben lo que ella les da, el regalo que supone.
Suplicando a Helena y Anton (la pareja), el resto de ciudadanos les pide que no se dejen tentar por la anciana, recordando nuevamente que corren "historias" sobre ella. El tono de voces suplicantes sube aún más, incluso llevando a los uarowianos a dar uno o dos pasos con las manos extendidas hacia ellos... pero nada impide que salgan al exterior junto a Morgantha, aunque su hijo se queda dentro de la posada con el resto de refugiados. Con la misma velocidad con que la pareja abandona el recinto, Ygrein camina en paralelo por fuera de la posada, quedándose apostada en la esquina junto a la entrada, observando furtivamente a su compañero y los dos acompañantes (sólo Akon se percata de que está allí al salir un momento antes y verla asomarse por un momento, informando de su posición con un gesto de la mano antes de ocultarse).
Morgantha, informando que es preferible apartarse de miradas indiscretas, solicita que la acompañen hasta el callejón.
Cuando doblan la esquina, una mirada acusadora y un frío "buenas noches" de Ygrein sobresaltan a la pareja de uarowianos. Al sentirse abrumados, preguntan a la sacerdotisa quién es y a Morgantha qué ocurre. Ygrein indica que no deben temer, pues se clériga del Dios Dekaeler. Se acercaba a la posada y no pudo evitar escuchar.
Al detener sus palabras, los aldeanos preguntan sobre escuchar... qué.
"Su intención de salir al exterior a por unos lindos pasteles. ¿Dónde están esos pasteles? Tengo hambre. ¿Qué precio tienen?"
La confusión abruma a los ciudadanos, quienes preguntan si la anciana piensa negociar ante la recién llegada. Es algo que nunca había hecho.
Cuando Morgantha, ignorando a los aldeanos, les comenta que deberían contestar a su pregunta, éstos se preguntan qué ocurre una vez más.
Helena pregunta a su marido Anton qué deberían hacer, sobrepasada.
Con la misma mirada de extrañeza de su marido, la mujer se dirige a Morgantha, comentando que no es el mejor momento para hacer negocios, y sería buen momento para regresar a la posada.
"¿Teníais otro hijo?", añade Ygrein con frialdad.
El matrimonio duda antes de requerir el motivo e interés con esa pregunta.
"Creo que os encontráis en una situación en la que los Vistani os extorsionan por una protección que igual no os hace falta".
Esta vez, ambos en el matrimonio se miran con ojos confundidos, sin entender el razonamiento.
"Muy sencillo... ¿de qué conocéis a Morgantha?"
Los uarowianos contestan que es una mujer que vende comestibles.
"A costa de vuestros hijos", interrumpe la sacerdotisa como una bofetada.
Con esas palabras, ambos guardan súbito silencio con las mandíbulas colgando de sus bocas abiertas y aturdidas. Entonces, mirando a la anciana, le preguntan por qué revela ahora los secretos de su negocio... ¿es acaso su intención poner al matrimonio en evidencia ante todos? Sus preguntas crecen en volumen, sobre la identidad de la recién llegada y qué está ocurriendo realmente.
Morgantha explica que la sacerdotisa se encuentra allí para liberar a los uarowianos de las extorsiones de los vistani, a cambio de información.
"¿Va a liberarnos?", dice Anton. "¿Creéis que una sola persona va a apartarnos de lo que sucede aquí? ¿Pensáis que una sola persona puede librarnos del yugo del demonio?"
"Este pueblo será purificado por Dekaeler si es necesario", pronuncia con solemnidad Ygrein. "Sólo buscamos a los pecadores".
Las palabras de la sacerdotisa los envuelven aún más en temor y confusión, e incluso parecen no comprender muy bien los derroteros de la conversación.
Morgantha, tratando de centrar los pensamientos de los ciudadanos, comenta que si colaboran con la dama clerical, el tributo por sus pasteles quizá no tendrían que ser sus hijos. Tal contraste de información, por un lado sobre el castigo por el pecado, y por otro una tentación que existe de antiguo pero que ahora no solicita el ignominioso pago de siempre, crea un estado de perplejidad en la pareja, que no sabe qué hacer con las palabras de Morgantha e Ygrein, y se mantiene en silencio, aturdida.

En ese momento, la puerta principal y la del callejón se abren, dando paso a dos vistani malhumorados. El de la puerta pregunta qué está sucediendo y cuales son sus pretensiones, e indica a Morgantha que ya le han comentado que puede realizar sus negocios. Por otro lado, desde el callejón, la voz de otro vistana pregunta sobre la identidad de la sacerdotisa y qué hace con Anton y Helena. Aludiendo a su condición de bárbaros, Morgantha explica que la señorita es protección extra, y que a pesar de que la anciana puede valerse por sí misma, a veces le gusta acompañarse de protección extra por los caminos.
Extrañado, el vistana comenta que, siendo la primera noticia que tienen, en lo sucesivo los informe. En ese instante, una imponente maza espectral goteante de sangre por una de sus cuchillas punteadas aparece flotando tras el vistana del callejón con una emanación de luz rojiza. "Y que nadie ose atentar contra su integridad física o mental", susurra con una mano alzada, tras convocar el conjuro, Ygrein, cuyo rostro queda plano e inexpresivo tras sus dedos crispados. Mogantha, al ver que la situación puede resolverse, solicita a los vistani volver dentro utilizando un tono de calma, para que ella pueda terminar sus negocios e irse. Ygrein, complementando las palabras, utiliza un susurro rasposo entre dientes, solicitando que los vistani se marchen, pues su señora está ocupada.
Sin mediar palabra, ambos bárbaros se retiran hacia el interior de la posada, dejando a dos uarowianos muy asustados tras ellos, ante el despliegue de poder y agresividad de Ygrein.
La sacerdotisa, sobresaltando a Anton, pone sobre el hombro de éste su acorazada mano, preguntando si el resto de aldeanos de la posada "en alguna ocasión compró pastelitos". El hombre, abrumado, contesta que no lo saben ni están seguros, pero posiblemente no. "Tenéis la oportunidad de vivir... un día más", dice Ygrein entre dientes. El temor paraliza a ambos ciudadanos, al tiempo que Anton pregunta el por qué de esas palabras y qué está pasando.
Con el mismo tono monótono, Ygrein ordena entrar a ambos tranquilamente en la posada, avisar al resto de los aldeanos, y después marcharse lejos, donde ella no pueda encontrarlos, o Dekaeler los ajusticiará.
Con un gesto, Akon/Morgantha recuerda a la sacerdotisa la existencia del niño.
Ésta incluye en su sentencia que el niño se quedará con ellos.

Mientras la clériga está dando instrucciones a la pareja, por el rabillo del ojo ve a los dos vistani arqueros de hacía unos minutos que saltan por las ventanas superiores que dan al callejón, tratando de alcanzar los cercanos techos de las casas vecinas. Al mismo tiempo, en el interior de la posada se escucha movimiento de pasos apresurados.
Con sus aguzados sentidos, la sacerdotisa envía volando su maza espiritual por los aires, golpeando poderosamente a uno de los incursores, haciendo que éste se gire por el dolor del impacto en el aire y a punto esté de perder pie en el tejado en el que aterriza aparatosamente.
Al mismo tiempo, un estallido de fuego plateado obliga al segundo tirador a echar cuerpo a tierra sobre el tejado en el que ha aterrizado para no ser alcanzado por las llamas sagradas de Ygrein que hacen volar por los aires algunas tejas, tratando de frenar a ambos en el mismo momento.
Respondiendo a la contundencia de la sacerdotisa, dos disparos de arco vuelan hacia ella mientras la clériga avanza tratando de colocarse bajo los soportales donde se apostan los arqueros, siendo eficazmente desviados por el escudo de la mujer.
En el instante de intercambio de ataques, un vistana con aspecto más esotérico sale de la puerta principal de la posada, dirigiéndose hacia Morgantha y pidiendo que se aparte de su camino, apostándose a su lado para observar lo que ocurre en el callejón.
De la puerta lateral de la posada surge un peligroso vistana con un poderoso mandoble. Al ver a Ygrein, se encara con ella, explicándole que este asunto no le compete, y se ha metido en una situación irrelevante para ella. Por ello... va a morir. Espadón en mano, su primer impacto es tan potente que aparta el escudo de Ygrein, aprovechando la anulación de la defensa para, con una segunda arremetida, causar un profundo tajo en un costado de la sacerdotisa. Amagando un movimiento ofensivo, el atacante obliga a la mujer a tratar de rechazarlo con un mazazo fallido, momento en que el vistana aprovecha para retirarse, dejando paso al líder del grupo, un curtido vistana armado con espada y cuchillo y cara de pocos amigos.
"Mis muchachos y yo vamos a dar buena cuenta de ti", dice con sorna el recién llegado, a la vez que comienza un letal baile de filos, haciendo chocar ambos entre sí, aunque su despliegue sólo levanta chispazos contra el firme escudo alzado de Ygrein. Al ver la férrea defensa de la sacerdotisa, con una mueca de frustración, el líder vistana finta a su vez para alejarse del alcance de los golpes de Ygrein.
Tras el vistana de aspecto arcano, dos bandidos más pasan corriendo junto a él y a Morgantha, gritando que ambos se aparten, para girar la esquina en dirección a la luchadora que está manteniendo a raya a todos los enemigos, al mismo tiempo que un tercero trata de cercarla por el otro extremo al salir por la puerta lateral de sus líderes.
Y, justo en ese momento, una pequeña y brillante esfera anaranjada con el aspecto de un rostro demoníaco llameante sale volando de las manos de Morgantha... para estallar en un infierno de llamas con la forma de una danza de diablos al expandirse, para devorar en su interior a varios de los vistani del callejón frente a Ygrein y en los tejados.
Entre chillidos de muerte agónica, ambos arqueros y el bandido junto a los líderes quedan envueltos en letales llamas que los convierten en carne muerta socarrada.
Por su parte, los dos superiores vistani consiguen rodar por el suelo y buscar cobertura entre las columnas de los edificios, aunque las llamas los lamen con bastante peligro, haciendo humear sus ropas, además de levantar ampollas en su piel.
Tras arrojar el conjuro, y junto a un anonadado místico vistana, Akon/Morgantha rodea al tipo, tratando de buscar su espalda, diciendo que ha fallado su magia ante tanto movimiento, y no ha podido alcanzar a la sacerdotisa. El místico cambia su expresión de estupor por otra de amplia sospecha, modificando sus intenciones para con la anciana, de la que sospecha ya no se comporta como es habitual por algún motivo desconocido.
"¡Maldita Morgantha!¡A por ella!", grita el místico a quien pueda escucharla de sus aliados vistani.
Por otra parte, Ygrein de pronto lanza su maza sobrenatural hacia la mano derecha del líder, la cual vuela y trata de golpearlo, pero el vistana se aparta de su trayectoria, incrustándose el arma contra una pared cercana, haciendo saltar astillas.
Al mismo tiempo, la mujer eleva su propia maza al aire, convocando una oración de guerra para el auxilio del Divino Señor de la Guerra, recordando en sus pensamientos a Akon, para que no sea objeto de la furia celestial.
Al hacerlo, una aureola de brumosas sombras aladas envuelta en una furiosa luz escarlata empiezan a rodear en un vórtice de fuerza mística a la mujer, el cual azota colérico a todos los enemigos a su alrededor. Las formas de iracundos ángeles alados destrozan con sus ígneas espadas a uno de los bandidos que trataba de acercarse furtivamente a la mujer para acuchillarla, al tiempo que castigan severamente con sus tajos al aterrado vistana segundo al mando, aunque otro de los bandidos vistana y el líder de éstos parecen poseer una voluntad más férrea ante la cólera divina, pues el daño sobre sus cuerpos muestra ser menor que en otros de sus compañeros.
Aterrado y fascinado por el poder desplegado en el callejón, el místico vistana conjura una protección contra la agresividad de sus enemigos, mientras trata de alejarse de la extraña Morgantha quien, enarbolando un poderoso bastón rematado en una maciza cabeza de plata, intenta agredir de un contundente porrazo al fugitivo, pero el poder de la magia de éste frena en el último momento la mano de Akon disfrazado, que gruñe de frustración.
Así, apartándose con seguridad de la anciana, el vistana místico da varios pasos en la lejanía en dirección a la puerta de la posada, convocando unas llamas sacrílegas de color oscuro que caen sobre Akon, aunque éste da un salto hacia atrás, momento en que la lengua de llamas golpea el suelo inofensiva. Al ver que su táctica agresiva no surte efecto, el vistana solicita auxilio a quien pueda escucharlo de sus aliados.
Abriéndose paso por la agresiva nube de seres celestiales exterminadores, el segundo al mando, con la mandíbula apretada y sangrando por nuevos cortes provocados por el poder de Ygrein, alza su espadón ante ésta, y mientras grita entre dolor y rabia maldiciones, y un profundo convencimiento de que morirá antes de continuar sus ataques, la hoja de su arma golpea potente pero inútil con fuertes tañidos metálicos contra el escudo de Ygrein.
Trastabillando para alejarse de la sacerdotisa, la mujer aprovecha un instante en que, al alejarse, baja la guardia, para acertarle con un contundente impacto entre los omóplatos que casi lo hace despatarrarse, sólo salvado por aferrarse a una columna cercana, escupiendo sangre tras el porrazo.
La voz del líder se escucha entre el ulular del poder de Ygrein: "mujer... vas a morir y nadie recogerá tus pedazos". Junto a sus palabras, su avance se hace lastimoso entre los tajos sobrenaturales que las criaturas aladas producen en su carne, dificultando las maniobras de las hojas en sus manos.
De hecho, su primer golpe se pierde inútilmente al encontrar en su camino el escudo de la sacerdotisa, aunque una embestida que intenta acercarle a la mujer, clava profunda la daga de su mano en el costado de ésta, quien aprieta los dientes de dolor al sentir el acero en sus entrañas.
A la espalda de Ygrein, uno de los secuaces vistana trata de sacudirse de encima las formas celestiales, pero una bandada de las mismas lo rodea y lo reduce a sangrientos pedazos, tajo a tajo, entre gritos de miedo y dolor.
Intentando evitar la fuga del vistana místico, Akon deja caer su velo ilusorio, revelando su verdadero yo tiflin, al tiempo que su voluntad se impone a la magia del fugitivo: "tus defensas no son nada para mí".
Junto a él, el matrimonio se arrodilla entre lágrimas, gritando que el demonio Strahd ha enviado un sicario impío a la villa, momento en que Akon, exultante, les conmina a estar quietos y agachados como perros.
A la vez que sus ojos observan a los uarowianos, sus manos conjuran dos estallidos de energía mística contra el vistana fugitivo (también asustado por la transformación). Ambos estallidos atrapan entre ambos al hombre, cuya carne es lacerada por la energía mística, la cual lo derriba en el suelo, muerto antes de desplomarse.
Desentendiéndose por más tiempo de la entrada de la posada, Akon se acerca a su compañera para brindarle su apoyo, observando como las defensas místicas de la misma lo rodean inofensivamente.
Por su parte, al pasar con una mirada feroz junto a Anton y Helena, éstos huyen hacia la posada gritando "¡El Diablo Strahd ha llegado a Uarowia!".
Dichas palabras provocan una estampida general entre los aldeanos retenidos en la posada que huyen despavoridos por todas partes.
Confuso entre los seres alados que protegen a Ygrein, el líder de los menguantes bandidos no ve venir a la mujer a tiempo, quien agarrándolo de un brazo, le estampa dos sonoros y certeros mazazos en el pecho y el abdomen, doblándolo por el dolor, a pesar de que el hombre trataba de desviar los porrazos sin éxito con algunos molinetes de su espada y su daga.
"¡Dekaeler dictará tu juicio!", sentencia la mujer junto a sus ataques.
Tras los contendientes cuerpo a cuerpo, el segundo al mando comienza a vitorear a su líder en contra de la mujer, a la que de seguro podrá derrotar sin dificultad, momento en que uno de los protectores alados vuela a su lado, dejando una estela de sangre a su paso, tras la que la cabeza del hombre golpea en seco contra el suelo, dejando un reguero de sangre cuando se aleja rodando unos pasos.
Aunque los ánimos de su segundo al mando calan en el corazón del líder, las siluetas aladas a su alrededor continúan el duro castigo que hace sangrar por cada vez más cortes al vistana, quien sacando fuerzas de flaqueza empieza a desarrollar una letal danza de cuchillas contra Ygrein. La abrumadora lluvia de golpes es tal, que uno de los tajos de la espada pilla desprevenida a la dama, probando su sangre en un hondo tajo contra su hombro.
Usando su abrumador asalto, el líder vistana logra que Ygrein no se concentre lo bastante en un ataque contra él cuando éste se aleja de ella, con lo que se zafa del trabón que lo retenía, y empieza a huir entre los callejones de las casas alrededor de la posada. Al marcharse, promete volver para acabar con Akon e Ygrein.
Pero el brujo, henchido de poder, avanza con confianza, pasando junto a su compañera, y mientras el vistana huye a toda prisa, Akon se concentra en su siguiente ataque.
Respira tranquilo.
Reune su poder.
Y libera su energía sobrenatural.
A lo lejos, una peligrosa explosión mágica en su espalda hace trastabillar dolorosamente al fugitivo... y una segunda y bien calculada destroza parte de su espalda y brazo, derribándolo con un único y corto chillido de muerte.
Mientras Ygrein empieza a correr alrededor de la posada, buscando a los uarowianos fugitivos, Akon se encarga de recoger todas las pertenencias valiosas de los enemigos derrotados.
Tras la limpieza de sus riquezas, ambos justicieros sospechan que la iglesia de El Señor del Amanecer será el refugio final de todos los fugitivos de la posada más todos los ciudadanos refugiados allí con anterioridad, y cuando llegan al lugar (con Akon en su forma "humana" ilusoria), se confirman sus sospechas al ver al Padre Donavic desbordado.
En la puerta, Ygrein golpea con su mazo para atraer la atención, haciendo que los ciudadanos refugiados de la posada tiemblen al verlos y los señalen con el dedo ante el sacerdote, diciendo que ella es una de los dos que han luchado contra los vistani en la posada. El Padre Donavic pregunta qué es lo que ha ocurrido y qué han hecho ellos. Akon fija sus ojos en la pareja y su hijo, y con un dedo acusador revela que vienen persiguiendo a esos pecadores que venden a sus hijos a una bruja para conseguir pasteles que les otorguen una efímera felicidad. El matrimonio se gira, aferrándose a las manos del sacerdote, suplicando su ayuda porque el hombre desconocido que habla dicen que miente.
El Padre Donavic, sorprendido, se dirige a Akon preguntando que, después de haberle traido a un huerfano de padres para protegerlo en su iglesia, cómo puede afirmar que esos pobres desgraciados han cometido tal pecado. Ygrein, desde lejos, comenta que lo hace precisamente por eso, porque los padres lo vendieron a una bruja a cambio de pasteles y ellos lo rescataron.
Por su parte, Akon pide a Donavic que pregunte al niño por qué está tan asustado, y que dónde está su hermano. Cuando el niño va a hablar, el padre le ordena silencio. Al hacerlo, Akon se acerca a él y le cruza la cara de una bofetada, ante lo que Donavic le recuerda con firmeza que la violencia no ha lugar en ese templo sagrado. Mientras Akon ordena callar a Anton, éste pide al Padre que los proteja. Helena, por su parte, señala a Ygrein diciendo que un diablo la acompañaba, y ahora no está. Suplica al Padre que los proteja de ese ser maligno, ese oculto siervo de Strahd. Cuando Akon trata de hacerla pasar por loca por esas palabras, el sacerdote pregunta qué es eso de un siervo de Strahd. Akon comenta que, seguramente, en la batalla la mujer quedaría tan abrumada que imaginaría cosas. En el combate sólo estaban él e Ygrein... a lo que Helena desmiente la presencia de Akon entre sollozos, volviendo a insistir en que la sacerdotisa estaba con un diablo... probablemente convocado por sus poderes.
Ygrein recuerda que sólo seres celestiales acudieron a su lado para destruir a los vistani extorsionadores de la villa.
Donavic, cada vez más confuso y alterado por los testimonios, exige saber qué ocurre en realidad.
Ygrein pregunta en voz alta quién de entre los presentes ha vendido a hijos por pasteles, además de señalar al matrimonio de quien ya conocen su pecado.
El matrimonio trata de desmentir esas palabras, pero Donavic reconoce que la culpa se aferra a sus rostros, y el comportamiento de su hijo da peso a esa afirmación. Así, Donavic se reafirma cada vez más en que la situación es un desatino, con el agravante de no entender por qué no dejan hablar a su hijo. Además, reconociendo la gravedad del asunto, Donavic se dirige a Anton preguntando sobre su otro hijo, del que el sacerdote sabe que murió pero su padre no explicó las causas de su muerte ni permitió que fuese enterrado en suelo sagrado. ¿Por qué? ¿Qué ocurrió? ¿Qué le ocultan?
Akon se acerca al niño, y arrodillándose a su lado le pide que hable sin miedo, contando al Padre Donavic qué ha pasado sin temer nada. Anton trata de frenar sus palabras. Entonces, una brillante maza amenazadora de filos ensangrentados sobrevuela al hombre, conducida por la lejana mano de Ygrein.
"Si no guardas silencio, el Dios de la Guerra te ajusticiará", dice.
Anton frena sus intentos de callar al niño, y con la intensa mirada de Akon, el niño se siente muy asustado, mirando a sus padres y al brujo sin saber qué decir.
"Lucian Jarov", dice en la distancia Ygrein, convocando al anterior huérfano entregado por pasteles. "Habla tú sobre de quién te rescatamos en el camino".
Ante la petición, el muchacho surge de entre la multitud, y en una actitud muy seria, complace a la sacerdotisa, aunque sólo cuenta, precisamente, de quién fue rescatado, pero no su problema con sus padres. Cuando la clériga pregunta por qué acabó en poder de esa bruja, el niño añade la información sobre sus padres.
Donavic no puede creer lo que escucha, y mira conmocionado a los padres del otro pequeño. Ygrein sentencia el momento indicando que el sacerdote así puede saber por qué apenas hay niños en Uarowia. Akon añade que, más bien, por qué misteriosamente desaparecen con tanta frecuencia sin dejar rastro.
Danovic, con una mirada dolida, reparte su mirada entre los padres del muchacho, su hijo, y Lucian. Acto seguido, pregunta al matrimonio si ese era el destino que esperaba a su hijo, a la vez que Akon pregunta a Donavic si no percibe en el niño de Anton y Helena la misma mirada que en Lucian Jarov cuando fue entregado.
Donavic, mesándose el cabello, murmura que se siente rodeado de personas depravadas, carentes de fe en el Señor del Amanecer. En voz alta pregunta por qué las pobres almas descarriadas del lugar hacen tal cosa. Rompiendo a llorar, Helena y Anton se justifican explicando que los pasteles los liberan por unas horas de su penosa y dolorosa existencia bajo el yugo de Strahd. Al oirlos, Donavic se siente muy compungido, mientras que las familias que no siguen esa costumbre se hallan horrorizadas, preguntándose cómo es posible que unos padres sometan a un hijo a ese destino, mientras se separan del matrimonio unos pasos, dejando un evidente espacio vacío entre ellos y la muchedumbre.
Ygrein revela que, como noticia, ya no desaparecerán más niños.
Donavic secunda esas palabras indicando que, efectivamente, no sucederá bajo su tutela.
Akon revela que eso es así porque él e Ygrein vienen de dar caza y muerte a la bruja que comerciaba con pasteles.
Al preguntar Donavic por los avistamientos de dicha bruja en la villa, Ygrein confiesa que fueron un cebo para cribar a quienes buscaban más pasteles de quienes no lo hacían.
"La voluntad de Dekaeler ha servido para que..." comienza a decir la mujer, cuando Akon la interrumpe diciendo "nosotros".
Donavic, sobresaltado, pregunta si ellos han acabado con la vida de esas personas.
"Eran impuros y pecadores", dice Ygrein.
Horrorizado, Donavic pregunta cómo han podido perpetrar semejante masacre y tener la conciencia tranquila después de haber matado a esas personas, que deberían haber sido entregadas a la justicia.
"Han recibido justicia divina", comenta friamente Akon.
El Padre Donavic los acusa de no tener derecho legal de ajusticiar, a lo que Akon le responde que tienen el derecho divino, momento en que el mazo espectral se sitúa tras la sacerdotisa, iluminando el contorno de ésta.
Donavic dice con congoja que los uarowianos estaban protegidos por el Señor del Amanecer. Entonces, ¿por qué ahora un Dios de la Guerra tendría interés en su castigo?
"Porque el Señor de la Mañana no intercedió para impedir el rapto de esos niños", dice firmemente Ygrein.
Donavic explica que desconocía esos hechos porque se los ocultaban.
Akon vuelve a usar ese argumento para decir de nuevo que, por lo tanto, el Señor de la Mañana no intercedió por los niños.
Donavic, ofendido, ordena que Akon no blasfeme diciendo que su Dios permitió tal desatino. Fueron sus actos como hombre, no los de su Dios, los que llegaron a ese punto.
Cuando Akon acusa de que si Andral hubiese querido informar de los hechos, habría enviado algún mensaje, e Ygrein comenta que Dekaeler los ha puesto a ellos en el camino del juicio y el castigo, Donavic monta en cólera, llamando herejes a ambos aventureros y exigiendo que abandonen su iglesia antes de que sus palabras puedan arrancarle su fe. A pesar de la información de Ygrein de la purga de Vistani, que Donavic agradece, su decisión de que abandonen su iglesia sigue siendo firme, al sentirse profundamente ofendido en su fe por las palabras de ambos, sobre todo después de haber acabado con sus esperanzas de recuperar a su hijo al destruirlo en su forma monstruosa.
Antes de marchar, Ygrein espera que Donavic demuestre su fe castigando debidamente a los padres del muchacho que han revelado ser pecadores irredimibles. El Padre grita que buscará la forma, pero no será con una muerte a sangre fría.
Tras eso, continúa tratando de echar a ambos aventureros de su templo, aunque sin violencia.
Akon, en un último arrebato de descaro, comenta que no podrá echarlos de su iglesia, porque ya que su dios no envía ninguna señal a Donavic... es que no tiene dios.
Tales palabras activan un resorte colérico en la mente del sacerdote, quien, furioso, empieza a convocar un milagro similar al poder que utilizó Ygrein contra los vistani, mientras grita "¡NO OSES PRONUNCIAR TAL HEREJÍA SOBRE ANDRAL!".
Reculando con cierto respeto, Ygrein toma por el brazo a Akon, dirigiéndose a Donavic para decirle que, siendo el representante de la fe en Uarowia, espera que la próxima vez que sus caminos se crucen, la situación sea más propicia y su fe se haya propagado.
Calmando los ánimos, Donavic pide una vez más a Ygrein que se marche y se lleve a su hereje compañero con ella.
De camino a las puertas de la iglesia, Akon comenta al sacerdote que, ya que no existe una verdadera justicia que vigile la villa, espera que Donavic se encargue de esa vigilancia.
Sin embargo, antes de abandonar el edificio, Donavic dice en voz alta: "si deseáis verdadera justicia para los niños desaparecidos, deberíais saber que hay más niños desaparecidos en el pueblo, y no se los ha llevado esa bruja. Tendríais que hacer una visita al este de la villa. Hay rumores de que hace tiempo que dos niños hermanos desaparecieron de su hogar. Podríais empezar a investigar por allí para encontrar con qué saciar vuestra sed de venganza, en la casa de los Durst".

Con una mirada de comprensión mutua, ambos compañeros de trabajo toman el camino hacia el interior de la villa, pensando que, efectivamente, podrían hacer una última incursión justiciera en Uarowia, mientras, al alejarse, la voz de Ygrein comenta que la próxima vez que se encuentren con el jinete esquelético, tendrá unas palabras con su maza, a lo que Akon responde que de ninguna manera, porque a esa cita acudirá el solo.
Las últimas palabras de la sacerdotisa comentan que podrían ir al día siguiente, ya que sabe de una posada donde han quedado habitaciones libres.
Las risas de Akon y la mujer rompen la noche en la distancia.

CONTINUARÁ
P.D.: Imágenes sobrantes de la Sesión... a continuación.


1 comentario:

  1. Si tenéis curiosidad por algunas de las imágenes Hero Forge de los Vistani, han sido rescatadas de los artículos de Conan D20 de este Blog como los Personajes participantes de dichas aventuras. Lo cierto es que no tenía tiempo para fabricar los PNJs Vistani, y ví que esas imágenes eran apropiadas.

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